Capítulo 31

Siete días en la vida de Canuto y Lunático

Domingo

Al momento en el que atravesaron la puerta del número 12 de Grimmauld Place, Sirius y Remus sintieron la maldad envolverlos. Incluso una casa mágica normal atraería varias pestes mágicas después de estar sellada por seis años, pero con tanta magia oscura llenando el aire, era mucho peor.

–Ah, hogar dulce hogar –gruñó Sirius–. ¿Recuérdame otra vez porque regresé?

–¿Para destrozar todo lo que tus padres hicieron? –sugirió Remus.

–Cierto… bueno, parece que hay bastante que destrozar.

Eso era decir poco. Sirius sintió escalofríos mientras recordaba su última memoria de ese lugar: su madre persiguiéndolo a la puerta mientras gritaba sobre todas las maldiciones que usaría en su hijo traidor a la sangre cuando lo atrapara, con la promesa de que su padre haría peor. No había pensado que Grimmauld Place pudiera empeorar, pero lo había hecho. Para empezar, olía como si algo hubiera muerto dentro… probablemente muchas cosas. Y por los susurros y cuchicheos, probablemente varias cosas estaban viviendo ahí: nidos de doxys, duendecillos, y hadas, estaba seguro, chizpurfles habitando dentro de los aparatos domésticos mágicos, y sería un milagro si no había bundimuns pudriendo los cimientos, además de los mutantes que sus padres habían creado y que estaban disfrutando ser expuestos a tal magia oscura.

Y encima de todo, la casa ya era una trampa en un buen día. Paranoicos y un poco locos antes de que se fuera, tanto Orion como Walburga Black disfrutaban de lanzar maleficios cuando se les antojaba. Y no había manera de calcular su terrible gusto.

–No puedo creer que en verdad regresé –dijo–. Este lugar es tan oscuro y feo como lo recuerdo, y más. –Pateó un paragüero hecho de una pierna de troll con un fuerte ruido.

De repente, escucharon un fuerte chillido:

¡Ladrones! ¡Ladrones y traidores de sangre! ¡Sangre sucia y escoria! ¡Dejen este lugar sagrado!

Sirius se paralizó y su voz tomó un grito agudo.

–¿Madre?

Un par de cortinas comidas por polillas se abrieron de golpe en el vestíbulo, revelando el retrato de una mujer vieja y furiosa. A pesar de sus propios gritos, pareció escuchar la voz de Sirius porque gritó aún con más fuerza.

¡Tú! ¡Traidor! ¡Abominación! ¡Vergüenza de mi vientre!

Remus estaba aturdido.

–¿Qué demonios…? –comenzó el hombre lobo.

–¡Maldita sea, mujer, casi me das un ataque! –gritó Sirius mientras se acercaba al retrato–. ¡Pero apuesto a que te hubiera gustado! –Su debilidad y recuperación olvidadas por el momento, un enojo que había olvidado lo poseyó–. ¡Cállate! –Tomo el marco e intentó quitarlo de la pared.

Pero la pintura no se movió y sólo pareció gritar maldiciones más infames después del intento. Mientras su madre gritaba una lista de sus supuestos fracasos, él hizo un gesto de dolor ante el asalto e intentó levantar el retrato de nuevo. Nada. Debía de estar atascado en la pared. Sacó su varita e intentó despegarlo. Nada.

–¡Remus! –gritó sobre el ruido.

–¡Déjame intentarlo!

Remus intentó varios hechizos avanzados para bloquear maleficios, pero el retrato permaneció pegado con firmeza en la pared. Con frustración, Sirius comenzó a lanzar cualquier hechizo en el que pudiera pensar. Quemando el rostro de su madre como ella había hecho con él parecía una buena idea, pero el hechizo rebotó. De hecho, pronto aprendió que cualquier cosa útil, como hechizos para despegar o silenciar, sólo rebotaban. Quizás estaba fuera de práctica, pero ese retrato estaba haciendo un buen trabajo luchando de vuelta.

El retrato se carcajeó ante su fracaso. Un Sirius enfurecido lanzó las suficientes chispas que tuvo suerte de que el pasillo entero no estuviera en llamas, pero el retrato permaneció sin rasguño alguno. Aún no tenía idea de que como funcionaban los hechizos en el retrato, pero notó que las cortinas rodeándolo se movían en sincronía perfecta con los gritos.

Remus se rindió.

–¿Qué es esto? –gritó con sus manos cubriendo sus sensibles oídos.

–Algún tipo de alarma estúpida contra ladrones –gritó Sirius. Y se lanzó adelante e intentó cerrar las cortinas con fuerza. Era como si la fuerza de los gritos las estuviera manteniendo abiertas–. ¡Lunático, ayúdame!

Su amigo no necesitó que se lo dijeran dos veces. Con cada uno sosteniendo una de las cortinas, y con gran esfuerzo, lograron forzarlas juntas, y el retrato guardó silencio.

Eso está mejor –dijo Remus.

–Sí, por ahora –dijo Sirius mientras intentaba recuperar el aliento–. Dudo que permanezca así por mucho tiempo. Hay que intentar no despertarla de nuevo. Lidiaremos con ella después… Bueno, hay que comenzar. Parece que ambos tenemos mucho por hacer.

Ambos magos avanzaron lenta y cuidadosamente por el pasillo oscuro. Podían escuchar ruidos en las sombras, y sacudieron telarañas mientras las atravesaban. Capas de magia oscura los rodearon mientras avanzaban. Un par de candelabros con forma de serpiente comenzaron a lanzar bolas de fuego hacia ellos que hubieran sido una gran amenaza si los encantamientos no estuvieran casi agotados. Remus los detuvo con un movimiento rápido de su varita, pero no creía que tendrían tanta suerte con otros maleficios.

Sólo habían avanzado unos pasos cuando escucharon una serie de golpes y movimientos acompañados de murmullos bajos. Algo estaba bajando las escaleras. Remus se colocó en frente de Sirius, con un dedo en sus labios.

Lumos –susurró. Dio un salto al frente y acercó su varita a la escalera.

–¿Ladrones profanando la casa de mi ama? Kreacher les mostrará. Sí, lo hará.

–¿Kreacher? –gruñó Sirius–. ¿Aún estás vivo?

Un elfo doméstico muy viejo, con piel y orejas caídas, y ojos inyectados de sangre con una mirada loca, se congeló en la escalera mirando a Sirius con incredulidad, mientras continuaba murmurando para sí mismo.

–¡No! –gruñó–. El amo traidor mala sangre ha regresado. No debe de ensuciar la casa de mi ama. Oh, qué dirá. No, Kreacher está soñando. Kreacher está teniendo una pesadilla.

–Desafortunadamente para nosotros, no es así –soltó Sirius. Incluso el elfo de la familia era peor de lo que recordaba. Estaba sucio, vestido con sólo un taparrabos, y obviamente había dejado de limpiar hace años–. He regresado, y te tendrás que acostumbrar.

–La ama de Kreacher no estará de acuerdo –se quejó el elfo. Continuó bajando las escaleras–. La ama desheredó al amo malo, lo corrió de la familia. No lo aceptará de vuelta.

–Qué lástima por ella. Tu ama es un retrato, y yo soy el último de los Black, así que soy tu amo ahora y harás lo que yo diga. –Sirius sonrió ante eso.

–¡Kreacher no lo hará! –comenzó a gritar–. ¡No lo hará! ¡No! ¡No! Kreacher se irá con la ama Narcissa. Kreacher no se irá con el amo Sirius, traidor a su sangre. No lo haré… no… no…

–Se ha vuelto loco –dijo Sirius en voz alta–. Quizás lo envíe a Narcissa. Se lo merece.

–No lo aceptará –respondió Remus–. Estoy seguro de que ya tiene un elfo.

–No, no, no, no…

–Entonces lo dejaré libre. Si tenemos suerte, la sorpresa lo matará. –Kreacher estaba tan metido en su mundo que no pareció notar eso.

–Y si no tienes suerte, será libre de atacarte –le recordó Remus.

–No, no, no, no…

–Kreacher, ¡cállate! –le gritó Sirius.

El elfo se tomó su garganta, ahogándose, y levantó la mirada horrorizado, pero guardó silencio, aunque continuó articulando insultos y pisoteando con sus pies.

–Bueno, por lo menos sabemos que es definitivamente mío –concluyó Sirius–. ¿Qué piensas que deba hacer con él?

–No lo sé. Intenta que limpie por ahora. Si tenemos suerte, quizás eso lo calme.

–De acuerdo –suspiró–. Kreacher, te ordeno que nos ayudes a limpiar esta casa.

El elfo levantó la mirada con una expresión de odio profundo y, aún en silencio, articuló algo que debía ser "Kreacher debe hacer lo que el amo desee", aunque acompañado por unos cuantos insultos que sonrojarían a un marinero.

El trabajo fue lento… y peligroso. Sirius aún necesitaba detenerse y descansar con frecuencia. La suciedad mágica era tan densa que hechizos de limpieza normales apenas tenían efecto, y fue sólo porque Remus era un experto en criaturas oscuras que fueron capaces de reconocer todas las cosas que intentaban morderlos. En cierto momento, fueron atacados por tres ghouls camaleones al mismo tiempo y fueron obligados a bajar las escaleras de nuevo antes de ganar. No tenían el ánimo de explorar. Incluso en el primer nivel, tuvieron que escapar del comedor cuando las cortinas cobraron vida e intentaron sofocarlos, lo cual fue seguido de un enjambre de duendecillos volando hacia ellos.

Los merodeadores sobrevivientes durmieron esa noche en colchonetas en la cocina, colocando encantamientos de alarmas en caso de que Kreacher o algo peor se acercara de más. También colocaron encantamientos silenciadores en el área para que Sirius no despertara nada. Remus se había sentado a su lado unas cuantas noches en el hospital, y los gritos eran escalofriantes. Un lugar tan deprimente no lo ayudaría. La cocina, de hecho, fue el lugar más fácil de limpiar. Incluso Orion y Walburga sabían la importancia de no lanzar muchas maldiciones cerca de la comida, y podían tirar la mayor parte de lo que estaba ahí. Lo podrido había mantenido lejos la mayoría de las pestes y se había convertido en polvo, y muchos de los aparatos mágicos estuvieron arruinados una vez que los chizpurfles acabaron con ellos antes de seguir su camino. Sirius y Remus comenzaron una gran pila de basura con ellos en el callejón en la parte de atrás de la casa.

Ambos hombres cayeron dormidos esa noche haciendo planes para luchar contra la Casa de los Black… planes que consistían principalmente en comenzar con la cocina y hacerse camino desde ahí.


Lunes

–Canuto, quizás necesitamos ayuda profesional.

–Vamos, Lunático, luchamos contra Voldemort juntos. Creo que podemos controlar mi casa.

–No estoy seguro.

La cocina necesitó más limpieza incluso después de que estuvo segura para dormir, sin mencionar que ratas y tarántulas seguían llegando de otras partes de la casa. Sirius aún perdía el control alrededor de las ratas y hacia un desastre cada vez que veía una. Kreacher parecía haberse encerrado en el cuarto con la caldera y resistió todos los intentos de hacer más. La alacena fue limpiada de todo lo que había expirado, lo cual incluía la mayoría de la poca comida de Kreacher, la cual no parecía ser suficiente para mantener vivo al elfo. Sirius se tragó su orgullo y permitió que Remus lo llevara a hacer las compras.

–No creo que sea seguro para nadie el estar en esa casa solo –dijo.

La red flu en la cocina estaba tan atascada de ceniza y polvo que posiblemente estaba en peligro de explotar y necesitarían que alguien fuera a reconectarla. Y el pequeño retrete cerca de la cocina era escalofriante en maneras que ninguno de los dos podía describir. Algo tenía una gotera y se había convertido en una porquería, y había varias variedades de hongos de los que Remus nunca había escuchado, de los cuales varios resultaron ser carnívoros. La solución preferida de Sirius de "Por Merlín, ¡mátalo! ¡mátalo! ¡mátalo con fuego!" resultó un mal consejo, ya que estaban en el sótano, la ventilación no funcionaba bien, y Remus estaba seguro de que había algo tóxico en el humo resultante.

–Casi terminaste de regreso en el hospital y sólo es el segundo día –lo regañó.

–Estoy fuera de práctica. No puede ser peor.

Remus gruñó en voz alta. Eso era lo único que no se debía decir en esa situación.


Martes

–Canuto, no voy a poder quedarme el jueves, y creo que tú tampoco. Es lo suficiente peligroso con dos personas aquí.

El comedor estaba mucho peor que la cocina. Prácticamente todo parecía infestado, lleno de trampas, o algo. Lo único bueno es que habían encontrado el nido de tarántulas gigantes. Por otro lado, fueron lanzados al suelo por los tornillos pesados que habían saltado de un antiguo reloj de pie. También despertaron al retrato de Walburga Black varias veces.

–¿Por qué? ¿Qué hay el jueves? –preguntó Sirius mientras se revisaba el moretón en su frente.

–La luna llena, ¿recuerdas?

–Oh, cierto. Pero, ¿y tú poción?

–No la comencé a tomar a tiempo este mes. Sólo estaré domado a medias. No podré quedarme en un área poblada.

–Ah… bueno… tendremos que hacer algo sobre eso. ¿Qué te parece si vamos a la casa de los gritos para recordar los buenos tiempos? Escuché que los habitantes de Hogsmeade han comenzado a dudar si en verdad está embrujada.

Remus suspiró.

–De acuerdo. Si con eso logro sacarte de esta trampa mortal por un día, soy materia dispuesta.

–No, eres el maestro.

Remus sonrió. Aunque algo diferente, era una broma que no había escuchado en mucho tiempo… y tan lista como siempre, especialmente considerando el estado actual de su amigo.

Fueron interrumpidos de su trabajo por un ulular en la ventana, donde vieron a una hermosa lechuza blanca mirándolos desde el comedor con desaprobación.

–¿Quién te estará escribiendo aquí? –se preguntó Remus.

Sirius sacudió los hombros y tomó la nota de la lechuza. La abrió, vio dos tipos de letra intercaladas, y lanzó una mirada a la parte de abajo.

–Oh, es de los cachorros –dijo, reanimándose. Leyó la carta en voz alta, perdiendo su voz de vez en cuando.

Querido Sirius (y Remus si estás ahí):

Esperamos que te sientas mejor. Aún lucías algo cansado el sábado. Y esperamos que la limpieza no te esté dando muchos problemas. El profesor Quirrell nos dijo que pestes mágicas pueden infestar una casa mágica cuando es abandonada.

Las cosas se están relajando en el castillo. Fue algo loco anoche después del juicio, pero ahora, ya sólo se habla de las clases. Hemos estado examinando el mapa un poco. Es genial, pero Hermione no quiere usarlo para escabullirnos.

Quizás podamos usarlo para evitar a los fans de Harry la próxima vez que capture a un mortífago.

Ja, ja, Hermione.

Sirius, Andi nos envió pergamino y sobres encantados del Wizengamot para que sólo nuestros padres y ella puedan leerlo y poder enviar mensajes sobre nuestros secretos… tú sabes cuales. ¿Podrían enviarnos algo encantado para ustedes? Obtendremos el nuestro durante las vacaciones de Navidad. Así podremos hablar con más libertad. Gracias.

Con cariño,

Harry y Hermione

–Es agradable que hayan escrito tan pronto –dijo Sirius con una sonrisa.

–Por supuesto, cuando quieren algo –dijo Remus con ironía.

–¿Qué importa? Probablemente les envíe el pergamino esta semana. De hecho, creo que los espejos están aquí en algún lado. Esos serían más seguros. Avísame si los ves. Se los podemos dar en Navidad.

–Creo que les gustaría. Yo…

Fueron interrumpidos por las cortinas cobrando vida de nuevo.

–¡Atrás! ¡Atrás, he dicho! –ladró Sirius. Después se convirtió en Canuto y comenzó a morderlas.


Miércoles

–Canuto, esto no va a funcionar.

–¿Qué ocurre, Lunático? Pensé que nos estaba yendo bien. Ninguna herida seria hoy. Creo que cada vez somos mejores para esto de la limpieza.

–Sí, sé que podemos limpiar este lugar solos –dijo Remus con tono exasperado–, pero aun así no vamos a terminar el comedor hoy, y no hay manera de que este lugar esté listo para invitados en Navidad.

–Mmm –se quejó Sirius–. Gracias por el voto de confianza.

Ambos hombres se miraron fijamente, como dos perros luchando por dominar. En los viejos días, Sirius usualmente ganaría, pero con su salud aún frágil, se rindió primero.

–De acuerdo –gruñó–. Ya sé. Le pediré a Andrómeda que venga a ayudar. Siempre fue buena con los hechizos de limpieza. Le escribiré ahora mismo y preguntaré si puede venir mañana.

–No vamos a estar mañana –gruñó Remus.

–Bueno, quizás sólo una consulta –dijo Sirius al hombre lobo.

–Y si dice que necesitamos ayuda profesional, contratarás a alguien.

–De acuerdo, tú ganas, Lunático.


Jueves

Le tomó a Andrómeda veinte minutos decir:

–Necesitan ayuda profesional. –En retrospectiva, probablemente sólo los estaba haciendo esperar después de los primeros cinco minutos.


Viernes

Si se era honesto, no había sido tan difícil para Sirius el caminar a la compañía de limpieza mágica en el callejón Diagon y pedirles un estimado. Fue sólo su orgullo lo que lo había detenido.

Cuando la bruja fue a inspeccionar la vivienda el día siguiente, se preguntó si había sido un error el esperar tanto tiempo ya que una mujer alta y atractiva con rostro redondo y cabello dorado en rizos se apareció en su puerta. Pero fue más sorprendente el hecho de que le era familiar.

–¿Vicky? –dijo Sirius sin poder creerlo.

–Sirius Orion Black –dijo Vicki con una sonrisa–. ¿O qué es, Lord de la Casa de los Black? Y pensar que pensaba que eras agradable por salir de este chiquero.

Era ella: Victoria McKinnon, la última de los McKinnons, la prima de Marlene que había estado fuera del país cuando los mortífagos la habían atacado junto a unos amigos en un viaje después de la graduación. Había estado tres años atrás de los merodeadores en Hogwarts, y Sirius aún la recordaba cómo la pequeña que siempre estaba detrás de Marlene, Lily, y Mary como un cachorro perdido.

–¿Victoria? –preguntó Remus sin aliento, recargándose contra la pared después de lo ocurrido la noche anterior.

–Hola, Remus –lo saludó con la mano–. ¿Aún convives con este lunático?

–Ey, resiento eso. Vicky, ¿cuándo rayos creciste tanto? –tartamudeó Sirius. Definitivamente ya no era tan pequeña, pensó. Se parecía mucho a Marlene, de hecho, parecía ser igual de sarcástica.

–Pues, has estado incomunicado por un tiempo –dijo–. Lamento que eso haya ocurrido, por cierto. Siempre me pregunté cómo resultaste malo… Bueno, ¿van a quedarse ahí luciendo estúpidos o me van a invitar a entrar?

Eso hizo que Sirius se moviera. Desafortunadamente, se tropezó y despertó a su madre. Para su crédito, Vicky no salió corriendo cuando el retrato comenzó a gritarle por traer más traidores a la sangre y mujeres "impuras" a la casa, ni cuando le dio el tour y le mostró la suciedad. De hecho, pareció sonreír más conforme el tiempo pasaba, viendo a la casa como un desafío y una mina de oro.

–Y esto es todo –dijo Sirius cuando terminaron–. ¿Qué opinas? ¿Puedes hacerlo?

–Claro que puedo –soltó–. Pero, oh, esto te va a costar una fortuna. Vamos a necesitar a todos y a unos contratistas. Veamos… tiempo extra, seguro adicional… ¿Con qué planeas pagar esto? –Sonrió.

–Asumo que enormes pilas de galeones aún son válidas –respondió Sirius–. A menos que estés dispuesta a negociar algo diferente –agregó.

Remus le dio un codazo en las costillas.

–Galeones estarán bien –dijo Vicky–. ¿Y quieres esto lo más pronto posible?

–Antes mejor.

–Bien. Iré por el equipo y regresaré en una hora.

–Lo espero con ansias.

Vicky salió y desapareció. Sirius sonrió con ojos soñadores.

–Esa mirada, Sirius –dijo Remus.

–¿Y?

–Debes de tener cuidado en no dejar tus emociones correr tan libremente tan pronto –le aconsejó.

Sirius lo ignoró.

Como había dicho, Vicky regresó una hora después con un equipo de no menos de doce brujas y magos, todos específicamente entrenados en encantamientos de limpieza y un rompe-maldiciones, y procedieron a atacar al número 12 de Grimmauld Place con la velocidad y habilidad de aurores en batalla. Sirius y Remus intentaron ayudar, pero fueron dejados de lado por los profesionales. Kreacher sólo observó atontado por un tiempo, y después comenzó a decir comentarios cada vez más insultantes mientras intentaba evitar que Sirius se deshiciera de las cosas. Eventualmente causó tantos problemas que Sirius le ordenó que se fuera a su rincón en el sótano.

Mientras tanto, los merodeadores observaron, con sorpresa, como el equipo de limpieza daba otra vuelta y dejaba la cocina luciendo impecable, aún si deprimente, y terminaron de limpiar el comedor también ese día, estimando terminar la casa entera en una semana. Con un generoso pago por tiempo adicional de parte de Sirius, fueron convencidos de regresar al día siguiente para comenzar con el salón principal en el primer piso.

Mientras tanto, Sirius también recibió una carta muy interesante ese día:

Querido Sirius:

Muchas gracias por el pergamino y los sobres. Lo estoy usando ahora porque tenía una pregunta muy privada que hacerte. Verás, desde la primera vez que conocí a Harry, también he querido ser animaga. Me parece una habilidad muy útil. Sé que probablemente no seré un gato, pero aun así quiero aprender la transformación. La profesora McGonagall me dijo que me ayudaría si tenía una buena razón… como que mi hermano fuera el blanco para magos oscuros… pero creo que está retrasando el proceso a propósito. Creo que piensa que es más apropiado ser estudiante nivel EXTASIS. Pero ya que ya aprendí tanta magia sin varita, creo podría hacerlo más pronto.

Antes de que lo preguntes, sí, nuestros padres están de acuerdo… con que aprenda la transformación, por lo menos. Estoy segura de que preferirían que lo aprendiera de la profesora McGonagall, pero ya que tú y el padre de Harry lo aprendieron en la escuela por sí solos y sin lastimarse, me preguntaba si estabas dispuesto a enseñarme. No sé cómo funcionaría ya que no estamos en el mismo lugar la mayoría del tiempo, pero apreciaría que me ayudaras a aprender.

Buena suerte con la limpieza. Andi nos dijo que están recibiendo ayuda profesional y creo que es una buena idea.

Con cariño,

Hermione

Sirius sonrió ampliamente. Parecía que había más en Hermione de lo que había notado al principio. Y con sus habilidades para la magia sin varita, no tenía duda de que aprendería rápido. Se preguntó por un vergonzoso tiempo como le ayudaría hasta que recordó los espejos, y después sonrió de esa manera que aterrorizaba a los estudiantes de primero y a Quejicus. Sí, esa sería la manera perfecta de sorprenderla en Navidad.


Sábado

–¡Necesitamos la botella más grande de doxycida aquí!

–¿De dónde están saliendo todas estas ratas?

–¡Ah!

–¡Es un boggart! ¡Riddikulus!

–¿Qué demonios? ¿Pinzas que muerden?

El salón principal terminó siendo peor que el comedor. Ahí era donde estaba el mayor número de artefactos oscuros (todos esperaban), orgullosamente mostrados en los gabinetes de vidrio, así que era natural que ese era el cuarto que atraía más problemas. El salón por sí solo, pronto se dieron cuenta, tomaría un día entero.

A pesar de ser mucho más rápido de lo que él y Remus hubieran esperado ser, Sirius no estaba de buen humor. Eso quizás tenía que ver con el hecho de que tenía que firmar cada vez que se llevaban un artefacto oscuro para purificarlo o deshacerse de él.

–¿No pueden deshacerse de todo? –preguntó a Vicky cuando hubo un momento de tranquilidad en el trabajo.

–Lo siento, política de la empresa. No podemos deshacernos de nada que no sea basura obvia sin confirmar con el dueño.

O quizás fue que el tapiz feo probó ser tan imposible de remover como el retrato de su madre. Y los encantamientos de reparación tampoco lo arreglarían. Probablemente necesitaría llamar a un experto para modificarlo.

Estaba contemplando sus opciones con una mueca cuando el rompe-maldiciones se acercó con otro artefacto oscuro, un guardapelo de plata pesado con una "S" al frente.

–No estoy seguro de cuál es el problema con esto –dijo–. No puedo abrirlo. Definitivamente tiene magia oscura, pero no está activa, y no puedo resolver la condición de activación. ¿Es una reliquia familiar, con hechizos de la familia, o algo así?

–Mmm, no lo reconozco. No recuerdo haberlo visto mientras vivía aquí.

–Tiene una "S" –dijo Remus, acercándose detrás de él–. ¿Se refiere a alguno de tus ancestros?

–No en las últimas generaciones. Quizás lo compraron. Bueno, no tengo uso para él. Puedes tirarlo con lo demás.

–Lo siento, pero no me siento cómodo dejando sin protección magia oscura que no puedo identificar –dijo el rompe-maldiciones–. ¿Tiene algún lugar seguro dónde almacenarlo? ¿O alguien que pueda deshacerse de él de manera segura?

–Oh, estoy seguro de que puedo encontrar algo –gruñó Sirius. Tomó el guardapelo con una mano, pero cuando lo hizo, sintió una punzada de magia. Magia oscura.

La mayoría de los objetos oscuros hacían buen trabajo ocultando su magia. Después de todo, una maldición no era buena si la víctima la veía venir. Pero para personas con un buen sentido para la magia, como alguien que había practicado mucho con magia sin varita, o un animago, o un hombre loco, usualmente podían reconocer que había algo mal en el objeto.

Y había algo bastante malo en ese objeto.

–Remus, chécate esto. –Le entregó el guardapelo a su amigo.

–Sí, yo también lo siento –dijo después de un momento–. No es fuerte… bastante débil, de hecho. La mayoría de las personas no lo notarían a menos que lo usaran todo el día. Pero es… perverso.

–Es lo que pensé –dijo Sirius. –Llevémoslo a la cocina para examinarlo mejor –dijo, y después se dirigió al rompe-hechizos–. Gracias por su ayuda. Yo me encargaré de esto.

El par se encerró en el sótano. No sabían lo que era, pero habían estado alrededor de suficientes objetos oscuros durante la guerra. Usando un hechizo de detección de magia oscura básico, cortesía de Sirius, el guardapelo brilló un poco, pero de un color verde inidentificable.

–Pues, definitivamente es magia oscura –dijo con sarcasmo–. Lunático, ¿por qué no pones esa Maestría a buen uso?

El otro hombre asintió. Sirius colocó el guardapelo en la mesa y Remus lanzó uno de sus hechizos de detección de magia oscura más poderosos. Un aura negra lo rodeó brevemente.

Ambos merodeadores se miraron con terror y dieron un paso atrás.

–Esto es magia muy oscura –dijo Remus.

–Sí –respondió Sirius–, del tipo de mejor-que-se-encargue-Dumbledore. –Sonrió un poco–. Y me debe un favor.

Remus sonrió ante eso.

–Cierto, pero querrá tanta información como sea posible sobre algo como esto… sea lo que sea. Necesitamos saber de dónde viene.

–Pues, no tengo idea. Nunca lo vi antes.

–Alguien en la familia debió traerlo –notó Remus–. Probablemente después de que te fuiste… Quizás Kreacher sabe.

Sirius gruñó. Pasar la última semana en su presencia sólo había incrementado su determinación de que no quería necesitar al loco elfo para nada. Incluso insistía en que él y Remus prepararan toda la comida en caso de que Kreacher intentara envenenarlos. Pero tenía que admitir que Remus tenía razón.

–¡Kreacher! –gritó–. ¡Ven aquí!

Lentamente, la puerta de la caldera se abrió. Sirius estaba seguro de que Kreacher obedecía sus órdenes mucho más lento, usando su edad como excusa.

–¿Qué quiere el amo? –dijo Kreacher mecánicamente, y después habló en susurros–. Cerdo ingrato. Si el ama de Kreacher supiera…

–Quiero que respondas mis preguntas completamente y con honestidad –soltó Sirius mientras señalaba el guardapelo–. ¿Sabes algo sobre este guardapelo?

Los ojos del elfo se abrieron ampliamente horrorizados y, con más energía de la que había mostrado toda la semana (y eso era decir algo), comenzó a gritar.

¡El guardapelo del amo Regulus! ¡Kreacher hizo mal! ¡Kreacher no cumplió su orden! –Corrió a la chimenea y tomó un atizador.

¡Kreacher, detente! –gritó Sirius, y cuando no lo hizo, se lanzó a él y se lo arrebató–. Castígate después, Kreacher. Responde mis preguntas ahora. ¿De dónde vino este guardapelo?

Para la sorpresa de Sirius y Remus, Kreacher comenzó a llorar, y por primera vez con tristeza y no con enojo.

–El amo Regulus ordenó a Kreacher que no dijera –sollozó el elfo, abrazándose a sí mismo y temblando.

–¿Regulus? Era de él… –dijo cuándo el nombre finalmente registró–. Esto podría ser un objeto de mortífagos. Ahora definitivamente necesitamos saber. Kreacher, te ordeno que me digas de donde viene.

–El amo dijo que no dijera…

Sirius gruñó a su sirviente.

–Yo soy tu amo ahora, Kreacher, y superior a Regulus, así que te ordeno que me digas de donde viene este guardapelo.

Kreacher sollozó y se sacudió con tanta violencia que Sirius pensó que caería muerto por el dilema, pero finalmente terminó cualquier batalla interna y comenzó a hablar.

Era una historia que Sirius nunca se hubiera imaginado. El Señor Oscuro… el mismísimo Voldemort… había tomado prestado a Kreacher de Regulus el mortífago, lo había llevado a una caverna subterránea tan terrible que la descripción apestaba a magia oscura, lo había obligado a beber una poción repugnante… y lo había dejado ahí para que muriera.

El elfo tembló, meciéndose de un lado a otro mientras estaba sentado en el suelo, y comenzó a llorar como si hubiera sido arrojado dentro de sus recuerdos.

¡Amo Regulus! ¡Ama! ¡Ayuden a Kreacher! ¡Por favor, ayuden a Kreacher!

¿Por favor? Sirius no recordaba haber escuchado a Kreacher decir "por favor" en su vida. Sintió su pecho oprimirse al escuchar los gritos del elfo. Incluso dos semanas después, aún tenía pesadillas sobre Azkaban que, por lo que escuchaba, no eran peores que eso. Remus simplemente lucía horrorizado ante la historia.

Y después, Kreacher dejó salir una risa sibilante, imitando la voz de alguien que congeló la sangre de ambos hombres.

Tu amo será recompensado por su lealtad.

Kreacher estaba temblando más que nunca mientras recuperaba el sentido y continuaba su historia. Solo, y casi muerto, intentó beber del lago subterráneo, sólo para ser jalado por lo que debieron ser inferi. Fue sólo suerte que Regulus le había ordenado regresar a casa después y que Voldemort no le impidió aparecerse que no se ahogó.

–El amo Regulus fue amable con Kreacher –dijo–. El amo Regulus me ayudó a recuperarme…

Regulus siempre había sido más amable con el elfo, pensó Sirius. Nunca lo había entendido.

–Preguntó a Kreacher… –El elfo tembló en medio de otro recuerdo, y Sirius saltó y gimió como un perro mientras realizaba una mejor imitación de la voz de Regulus Black de la que hubiera esperado que el elfo fuera capaz–. Kreacher, ¿qué hizo el Señor Oscuro? –Y desde ahí, la historia fue aún más extraña. Mientras Sirius escuchaba con asombro, aprendió que Regulus no había huido. Había traicionado y luchado contra Voldemort, de algún modo copiando el guardapelo y pidiéndole a Kreacher que lo llevara al lago subterráneo con órdenes de guardar el secreto. Y entonces…

–Kreacher hubiera bebido la poción de nuevo por el amo Regulus, pero el amo Regulus no lo dejó. –Kreacher tembló violentamente mientras otro recuerdo lo agobiaba–. Kreacher, te ordeno que me hagas beber toda la poción hasta que obtengamos el guardapelo. Esta orden está encima de cualquier otra orden que pueda darte mientras este bajo su influencia. ¿Comprendes?

Sí, amo Regulus.

Kreacher estaba sollozando. Sirius notó que él también tenía lágrimas en sus ojos y culpó su recuperación. Su hermano había sido un Slytherin orgulloso, y sangre pura supremacista, y un maldito mortífago… y aun así amaba al elfo como si fuera familia. Lo amaba tanto como para hacer algo tan Gryffindor como beber una vasija llena del veneno de Voldemort. Y, por mucho que le dolía admitirlo, Kreacher había reciprocado tal amor con una lealtad que jamás había mostrado a Sirius. Prácticamente podía ver la escena él mismo mientras Kreacher concluía su historia.

Agua… Necesito… agua –lloró Regulus, acercándose al borde del lago.

¡No, amo Regulus! ¡No toque el agua! ¡Cosas malas en el agua! ¡Manos negras que jalan al amo!

Pero Kreacher no fue lo suficiente rápido porque al momento en el que la mano de Regulus tocó la superficie, los brazos de los inferi salieron y comenzaron a jalarlo… primero un brazo, después una pierna, hasta que se aferró de la orilla, sus ojos con una expresión de terror mientras los inferi tomaban su cuello para terminar el trabajo.

¡Amo! Kreacher lo sacará. ¡Kreacher lo hará! –El elfo lloró, pero incluso la magia élfica era inútil contra ese enemigo.

¡No! Regulus lo hizo a un lado y le entregó el guardapelo–. Hay muchos, Kreacher. Sálvate. Llévate el guardapelo. ¡Destrúyelo, Kreacher! ¡Destrúyelo! –Y con esa última orden, Regulus perdió su agarre y fue llevado al fondo del lago subterráneo.

–Pero sin importar lo mucho que Kreacher intentó no pudo hacerlo. No pudo abrirlo o hacerle daño. No pudo obedecer la última orden del amo Regulus… –Y comenzó a llorar y gemir con incoherencia.

Lo que ocurrió después fue lo último que Kreacher esperaba ya que Sirius, con lágrimas en su rostro, tomó al elfo y lo abrazó.

–Mi hermano… mi propio hermano… –murmuró una y otra vez. Lunático se acercó y le dio unos golpecitos en la espalda.

–Los elfos domésticos son criaturas sorprendentes –dijo Lunático.

Sirius asintió. Lunático siempre había tenido una afinidad por todo tipo de criaturas. Oh, qué importa, pensó, quizás no me mate ser un poco más amable con este cretino.

–Kreacher… –tartamudeó–. Yo… gracias. –El elfo levantó la cabeza con una expresión que claramente decía que pensaba que uno de ellos se había vuelto loco. Si tengo suerte, quizás la sorpresa lo mate–. Nunca hubiera pensado que Regulus era… fue un buen hombre… al final. No sé lo que es este guardapelo, pero debe de ser importante para… para valer todo esto. Voy a llevárselo a Albus Dumbledore… sé que no te agrada, pero… pero me debe un favor, y voy a llevárselo y asegurarme que lo destruya.

Kreacher abrió los ojos aún más, lágrimas llenándolos de nuevo.

–¿El amo Sirius haría eso por Kreacher?

–Sí, Kreacher, voy a terminar lo que comenzó mi hermano.

Kreacher lo observó por un momento, y después lloró por un tiempo más antes de irse, con su cabeza un poco más elevada.

–El traidor a su sangre finalmente recuerda a su familia –dijo en un susurro…

Viniendo de Kreacher, Sirius supuso que debería tomarlo como un cumplido.


–Ah, Sirius. Y Remus –dijo Albus Dumbledore con una sonrisa–. Buenas noches a ambos. ¿Cuál es el problema? Dijeron que era urgente.

Sirius y Remus se sentaron al otro lado del escritorio del director, sintiéndose como los adolescentes problema que habían terminado ahí varias veces. Pero ese asunto era más importante. Sirius abrió la caja en la que habían guardado el guardapelo y lo colocaron con cuidado sobre el escritorio. Remus demostró el hechizo de detección de magia oscura, y Sirius, con lágrimas, narró la historia de Kreacher sobre su hermano, Regulus.

Durante la historia, Dumbledore lucía cada vez más feliz cuando escuchó el papel de Voldemort. Después, realizó sus propios hechizos de detección sobre el guardapelo, y cuando vio los resultados, lució bastante emocionado.

En verdad es aterrador cuando se pone así, pensó Sirius.

–Mis condolencias, Sirius –dijo Dumbledore con tono calmado cuando la historia concluyó–. Pero por lo menos tu hermano fue un buen hombre al final… a pesar de las apariencias –agregó.

–Gracias –dijo Sirius–. Así que, ¿quieres decirnos por qué te tiene tan emocionado este guardapelo?

–Pues, es un asunto sensible –dijo el anciano–. ¿Qué tanto saben de Oclumancia?

–¿Oclumancia? –dijo Remus con sorpresa–. Lo suficiente para protegernos de ataques casuales. Nunca fuimos lo suficiente buenos.

–Entonces sugiero que continúen sus estudios si pueden. Tiempos peligrosos nos esperan a menos que encuentre una manera de destruir este objeto de manera segura. Incluso el conocimiento de que existe, y dónde está, podría ser peligroso. Pero ya que lo tengo bajo mi custodia, si se mantienen alertas, creo que será seguro si mantienen la información. Sin embargo, no puede dejar esta oficina… –Dumbledore sonrió ampliamente–. No puedo agradecerles lo suficiente por traerme esto. Creo que les debo una deuda aún más grande.

Ambos hombre se acercaron, en el borde de sus asientos.

–¿De qué hablas? –demandó Sirius.

–Seguramente han escuchado mi afirmación de que Lord Voldemort no está muerto. Que la marca tenebrosa permanece en el brazo de Severus es evidencia de esto. –Sirius y Remus compartieron una mirada de asco, pero asintieron–. Incluso antes de su supuesta muerte comencé a investigar las maneras en las que podría sobrevivir. Hasta ahora, no tenía ninguna pista concreta. Pero ahora, creo que me han dado la clave para destruir a Voldemort de una vez por todas.

–¡Qué!

–¿Qué hay en este guardapelo? –demandó Remus.

–Ah, es algo delicado… ¿saben lo que es un horrocrux?

–¿Horrocrux? –dijo Sirius en un respiro. Hizo una mueca pensativa–. Creo que he escuchado la palabra. Pero debe de ser bastante oscuro. Incluso en mi familia, creo que sólo se hablaba en susurros. ¿Lunático?

–Igual –confirmó Remus–. Incluso en los libros más oscuros, sólo menciones, ninguna descripción.

–Pensé lo mismo –dijo Dumbledore. Les dijo lo que significaba la palabra: un pedazo del alma de alguien, extirpado a través de un asesinato ritual, y almacenado en un recipiente casi indestructible para prevenir la muerte por cuanto tiempo sea posible. Ambos hombres se alejaron del guardapelo, y Sirius sintió ganas de vomitar.

–¿E...e...estás diciendo que… que la mitad del alma de Voldemort está en esa… cosa? –tartamudeó Remus con miedo.

–Sí –dijo el anciano con solemnidad–. Encerrado detrás de los hechizos que mantienen el guardapelo sellado.

–¿Y… y si es destruido? –susurró Sirius.

–Si Voldemort permanece en forma de espíritu, morirá. Esta vez de manera permanente.

–¿Qué estamos esperando? –Sirius se puso de pie y sacó su varita.

–¡No, Sirius! Hechizos simples no afectarán al horrocrux. Necesitaré investigar cómo destruirlo. Te aseguro que será hecho lo más pronto posible.

Sirius se sentó de nuevo, y ambos merodeadores asintieron con renuencia.

–Y ahora, creo que ambos han tenido un día agotador –dijo Dumbledore con ese tono suyo de educador feliz–. Y creo que será mejor que regresen a casa a descansar. Les prometo que tengo todo bajo control aquí.

Sirius suspiró, pero no pudo pensar en otra razón por la cual quedarse. Ambos hombres se pusieron de pie y dejaron la oficina. Quizás podamos saludar a Harry y a Hermione de camino a la salida, pensó Sirius. Aunque por otro lado, ¿cómo explicaríamos nuestra presencia en el castillo?

Dumbledore también consideró la situación mientras se iban. El horrocrux de Voldemort, pensó. Nunca lo hubiera creído, pero los hechizos no mienten. Es en verdad un golpe de suerte… o profecía. Y si nuestra suerte continúa, nuestros problemas acabarían para el final del verano, por lo menos si la parte de Harry salía bien. Quizás no había estado seguro antes, pero con el horrocrux a la mano, era la oportunidad perfecta.

El problema era cómo destruirlo. La maldición asesina podría funcionar, pero no confiaba en sí mismo con ese hechizo, y no podía pedirle a nadie más que lo realizara. Tendré que investigar qué más podría funcionar. ¿Dementor? Tampoco pueden ser confiados. ¿Fuego maligno? Sólo si es una emergencia. ¿Veneno de basilisco? Si mal no recuerdo, eso podría funcionar. Excepto que es muy difícil de encontrar. Dudo que en todo el mundo haya un basilisco vivo mantenido legalmente. Supongo que puedo investigar cómo criar uno, pero después habría que lidiar con este. De cualquier modo, puedo ver que hay protecciones adicionales en el guardapelo. Tendré que investigar cómo abrirlo antes de intentar algo más.

Albus Dumbledore subió a sus aposentos para consultar su colección de libros confiscados y se embarcó en una nueva investigación.


Una semana después

Sirius y Remus no sabían cómo Vicky y los demás lo habían logrado, pero el número 12 de Grimmauld Place era habitable de nuevo. Sirius estaba tan agradecido que los invitó a todos a la fiesta de año nuevo. Y estuvo encantado cuando Vicky le dio su dirección.

–Cuando te recuperes, envíame una lechuza.

Ambos hombres se mudaron a habitaciones de verdad y llenaron la alacena de comida. Sirius incluso consiguió que alguien fuera a reparar el tapiz, y pronto agregó a los Tonks y removió a Bellatrix, poniendo a Narcissa a prueba, aunque eso no ayudaría.

Lo único con lo que nadie pudo hacer nada fue el terrible retrato de Walburga Black en el vestíbulo. Remus había intentado descubrir que hechizos oscuros le daban poder, sin éxito. Cuando todo lo demás había terminado, abrieron las cortinas para intentar enfrentar el problema de una vez por todas. Apenas y lograron usar un encantamiento silenciador, y este no dudaría. Walburga no pareció notarlo.

–Bueno, esto es lo último por limpiar –dijo Sirius–. Necesitamos hacer algo. No voy a traer muggles aquí con esta cosa. ¿Encontraste algo, Lunático?

–Lo siento, Canuto –respondió el hombre lobo–. Aún no puedo detectar que hechizos lo mantienen pegado a la pared. Es como si no fuera magia normal lo que lo hizo.

Se miraron el uno al otro con miradas de sorpresa cuando hicieron la conexión.

–No crees… –comenzó Remus.

–Veamos… ¡Kreacher!

El elfo apareció y soltó un gruñido.

–¿Amo? –El elfo cada vez era menos antipático con Sirius y Remus, pero era un largo proceso, y dudaban que algún día se sentirían cómodos.

–Kreacher, ¿tu pegaste el retrato a la pared?

Kreacher gruñó de nuevo, con la expresión incómoda que siempre tenía cuando no quería responder algo.

–Sabes que, no importa. No me interesa. Kreacher, si despegas la pintura, puedes quedártela en el cuarto de la caldera. Si no, destruiremos el muro, y no me importan las consecuencias. –Era una amenaza riesgosa ya que ese muro era compartido con el número 11, pero se aseguró de demostrar que lo decía en serio.

Kreacher lo miró con sorpresa, y chasqueó sus dedos con renuencia. Al instante, el retrato se deslizó de la pared con un fuerte ruido. Sirius y Remus se sintieron generosos y ayudaron a Kreacher a levitar el retrato al sótano, aunque eso fue porque querían ver la mirada horrorizada de Walburga cuando la colgaron en el cuarto de la caldera.