Harry Potter le pertenece a JK Rowling. El mago y el cazo saltarín le pertenece a Beedle el Bardo, quien le pertenece a JK Rowling. Esta historia y versión de ambos le pertenecen a White Squirrel.


Capítulo 32

El último día del semestre de otoño terminó, las decoraciones fueron colgadas, hubo varias despedidas, y el expreso de Hogwarts realizó su viaje a Londres sin incidentes. Los Weasley tendrían la torre de Gryffindor prácticamente para ellos solos durante las vacaciones. Harry y Hermione no estaban seguros si sentirse mal por ellos o preocuparse por lo que Fred y George harían al lugar.

Sus abuelos llegaron el veintitrés, como siempre, pero esta vez les habían dicho que esperaran compañía inusual: el padrino de Harry, quien había sido liberado después de pasar diez años en prisión por un crimen que no había cometido, y su mejor amigo, quien estaba pasando unos días difíciles debido a una enfermedad crónica no especificada. Eso los puso algo nerviosos, pero les aseguraron que ambos amaban a Harry y que Remus mantendría a Sirius en línea.

Por supuesto, si los merodeadores eran buenos para algo era dar una impresión.

–Jo, jo, jo, ¡Feliz Navidad! –Sirius Black en traje de santa con un gran saco de regalos en su espalda era una de las cosas más extrañas que la familia Granger había visto últimamente, especialmente considerando que no era mágico. Harry y Hermione corrieron a abrazar a sus invitados.

–Sirius, Remus, es bueno verlos –dijo Emma con amabilidad–. Se ven mejor. –Y sí, Sirius ya había ganado algo de peso y caminaba mejor, y Remus, aunque no tenía aspecto festivo, por lo menos usaba ropa nueva.

–Gracias, Feliz Navidad a todos –dijo Remus con una sonrisa–. Para que lo sepan, tuvimos que registrar esta visita con el Ministerio para poder realizar magia sin que suene ninguna alarma. De hecho, los niños también podrían, y nadie lo sabría.

–Pues, creo que mejor continuamos con la magia sin varita por ahora –dijo Emma. Claro, incluso eso era bastante impresionante para los muggles. Hermione había hecho una gran demostración la noche anterior al encender todas las velas con sus llamas azules.

–Bienvenidos, caballeros –dijo Dan–. Quisiera introducirles a mis padres, Robert y Vera.

–Encantado de conocerlos –dijeron los merodeadores.

A pesar de su preocupación la noche anterior, Robert Granger llevaba sonriendo toda la mañana por algo nada relacionado. Se acercó y estrechó la mano de Sirius con vigor.

–Encantado de conocerlo, señor. Encantado de conocerlo. ¿Escuchó la noticia?

Sirius y Remus levantaron una ceja.

–¿No han escuchado la noticia? –exclamó–. ¡Gorbachov renunció!

–¿Quién?

–¿Quién? ¿Qué no leen el periódico? Mijaíl Gorbachov, presidente de la Unión Soviética. Renunció esta mañana. ¡La Unión Soviética será desmantelada! ¡El Comunismo ha caído! –dijo con entusiasmo.

–Oh, sí, he escuchado algo sobre eso –dijo Remus–. Me temo que los magos no prestan mucha atención a los medios de comunicación muggle.

–Pues esto es importante –dijo Robert en el tono explicatorio que la familia normalmente asociaba con Hermione–. Después de todo, los rusos tienen la mayor cantidad de armas nucleares.

Sirius y Remus asintieron con comprensión. Incluso los magos sabían lo que eran las armas nucleares… la mayoría, por lo menos.

–Sí –dijo Emma–, ahora no nos tenemos que preocupar de una guerra nuclear. Sólo nos tenemos que preocupar por magos oscuros.

–De hecho, es bastante impresionante, Emma –dijo Remus–. Incluso en las familias más conservadoras, la versión de "agacharse y ocultarse" era aparecerse al lugar más alejado que fuera posible.

–Sí, y creo que recuerdo algo sobre Dumbledore agregando una barrera en Hogwarts para hacer que las bombas fallen o se desvíen –dijo Sirius.

–Oh, eso sería agradable –dijo Robert–. ¿Existe la posibilidad de hacer eso para el resto del país?

–Lo siento, ni siquiera Dumbledore tiene tanto poder –dijo Remus–. Aun así, si la Unión Soviética se está colapsando, me pregunto que significará para Jugashvili.

–¿Quién? –dijeron los Granger.

–¿Jugashvili? –Dijo Sirius–. ¿Aún está por ahí?

–Sí –explicó Remus–. Konstantin Jugashvili, el Señor Oscuro de Leningrado. Es un mago muy poderoso que elevó su reputación durante la guerra de Grindelwald. Estuvo controlando a los soviéticos por años, aunque el gobierno muggle retiró su apoyo en 1986. Él es quien ha estado causando todos los problemas en el Cáucaso.

Robert elevó sus cejas.

–¿Esa es una guerra mágica?

–Sí, sí, causamos muchos problemas –interrumpió Sirius–. ¿Qué estamos haciendo hablando de política en Navidad? Vamos, hay regalos que abrir.

La familia se sentó con entusiasmo mientras Sirius vaciaba su enorme saco. Docenas de regalos cayeron al suelo.

–Vaya, esos… son bastantes regalos –dijo Dan mientras observaba la bolsa.

–Bueno, tengo diez años que compensar –dijo Sirius. Sacó su varita y levitó cada regalo hacia su destinatario. Pronto fue claro que había traído no menos de once regalos para Harry y, para no mostrar favoritismo, había traído el mismo número para Hermione, lo que explicaba la cantidad. Sin querer ser superados, Harry y Hermione levitaron el resto de los regalos de debajo del árbol, los cuales rodearon al círculo para poder comenzar a abrirlos.

Resultó que Sirius se había tomado su mandato de recompensar las últimas diez navidades literalmente ya que muchas cajas contenían juguetes mágicos para niños muy pequeños. Se rió mientras abrían cada uno de ellos. Muchos de los regalos, claro, eran típicos regalos muggle, principalmente libros. Los Granger también dieron regalos a Sirius y Remus. Dan y Emma no tenían idea de qué tipo de regalos se daban a magos, pero al final, decidieron dar a Sirius libros sobre historia reciente para ayudarlo a ponerse al corriente, y Remus recibió un libro de derechos civiles muggle, ostensiblemente para despertar su interés en la historia.

–Gracias –dijo Sirius–. Ahora, ¿podemos ser serios? –agregó después de que abrieron los regalos de broma.

–Se dice Sirius, no serios –dijo su amigo con una sonrisa mientras los Granger se reían de la broma por lo que probablemente sería la única vez… aunque él lo seguiría intentando. En los viejos días, era usualmente James quien iniciaba la broma, así que agradeció que Remus lo hiciera ahora.

Remus sólo chasqueó la lengua.

–Y espero que me perdonen por no unirme a sus tonterías, pero yo soy de la idea de que la calidad es mejor que la cantidad –y produjo dos cajas largas y delgadas que entregó a los niños.

Harry y Hermione abrieron los regalos y sus ojos se abrieron aún más. Dentro de cada caja había una funda hecha de cuero con tres correas.

–Esos son fundas de varita para duelos que se acomodan en la muñeca y permiten acceso rápido –dijo Remus–. Son preferidas por la mayoría de los campeones de duelo y muchos aurores. Pueden mantener su varita a la mano, y permiten sacarla con un chasquido de dedos. Tienen una correa que protegerá contra un encantamientos de desarme moderados, y están hechas de piel de dragón, así que resistirán hechizos que interfieran con ellas.

–Son maravillosas –dijo Hermione.

–Sí, gracias, Remus –agregó Harry.

–De nada. Dijeron que querían aprender a luchar en duelo la próxima semana, así que pensé que deberían hacerlo bien.

–¿Duelos? ¿Duelos de magos? –dijo Vera algo nerviosa.

–Más similar a una práctica de karate, Vera –aclaró Emma.

–Pero, ¿esas fundas no son más pequeñas que las varitas? –notó Robert. Y era cierto. Sólo tenían la mitad del largo para que pudieran caber en el brazo de un adulto pequeño en el de un niño de once años de estatura promedio.

Remus sólo sonrió.

–Por eso es magia.

Sirius aún tenía bastantes regalos esperando a su lado.

–Ahora, aún tengo algo para todos ustedes –dijo–. Primero, para Dan y Emma, quienes han sido tan generosos al permitirnos a Remus y a mi estar en su hogar y ser parte de sus vidas… y para Robert y Vera, por aguantarnos en Navidad… –Sirius les entregó cuatro cajas pequeñas. Cuando las abrieron, Dan y Emma soltaron gritos ahogados al ver dos anillos de aniversario con grandes esmeraldas. Vera recibió un collar con decoración similar, y Robert un reloj de oro–. Pertenecieron a mis padres –dijo Sirius–. Certificados como libres de maldiciones, y no puedo pensar en un mejor destino para ellos que el que sean usados por una familia de muggles.

Los Granger parecían algo incómodos ante la mención de su familia disfuncional, pero Sirius continuó. Entregó a Harry y Hermione un regalo del tamaño de un libro pequeño, aunque ninguno tenía la misma forma o tamaño.

–Adelante, gatita –dijo.

Hermione abrió el paquete y sonrió cuando vio que era un nuevo diario con un candado. Pero a diferencia de la mayoría de los diarios muggle de ese tipo que sólo tenían una pequeña llave, el candado de este protegía al cuaderno entero y tenía una llave de tamaño normal que Hermione pudo sentir que estaba encantada.

–¿Es un candado mágico? –dijo.

–Naturalmente –dijo Sirius–. No es impenetrable, pero debería mantener tus secretos seguros de compañeras entrometidas.

–¿Y de hermanos?

–¡Oye!

Sirius lanzó una mirada crítica.

–Por ahora –dijo–. Pero será mejor que no te confíes. Y asegúrate de que no tome esa llave.

Hermione se rió.

–Gracias, Sirius.

Harry abrió su regalo. Pero no era un libro. Era un espejo. Lo levantó y lo miró con escepticismo.

–Harry Potter –se escuchó la voz de Sirius. Harry dio un salto cuando el rostro sonriente de su padrino apareció en el espejo.

–¡Genial!

–Es un espejo de doble sentido –dijo Sirius–. Tu papá y yo los usábamos para hablar cuando estábamos en detenciones separadas. Sólo di mi nombre y podrás hablar conmigo en cualquier momento. Y la comunicación es imposible de interceptar, así que es seguro. Veremos si podemos encontrar otro par –agregó para Hermione, Dan, y Emma–, pero son muy difíciles de hacer y casi imposibles de encontrar.

–Esto es genial –dijo Harry–. Es como un teléfono mágico. Gracias, Sirius.

–Sí, será muy útil si algo… inusual ocurre –dijo Dan–. Saben, podrían hacer una fortuna si vendieran algo así.

–No tanto como piensas –dijo Remus–. Lo hemos investigado y sería bueno para los estudiantes, pero la mayoría habla a través de la red flu.

En ese momento, con todos los regalos abiertos y las cosas más tranquilas, una gata de pelaje castaño y largo se acercó y olfateó los pies de Sirius y Remus, maullando lo que Harry sabía significaba reconocimiento.

–Es una gata amistosa –dijo Remus bajando la mirada–. No le agradamos a la mayoría de los gatos… sabes… –Por su mirada, a Rowena no parecía agradarle mucho Sirius.

–Es curioso, Harry –dijo Sirius–. Tus padres tenían una gata que se parecía mucho a esta… tampoco le agradaba.

Todos los Granger se rieron. Incluso los abuelos.

Remus tomó a la gata y la olfateó con discreción.

–Canuto, creo que es la gata de James y Lily.

–¡Estas bromeando!

Los niños rieron de nuevo.

–Lo es –confirmó Harry–. La encontramos en el Valle de Godric hace cinco años, y, eh, la profesora McGonagall se dio cuenta de quién era. –Harry les guiñó un ojo.

–Ajá –agregó Hermione–. Pero no sabía su nombre, así que la llamamos Rowena.

–Es un buen nombre –dijo Remus–. Creo que Lily la llamaba Hipatia. –La gata había reaccionado al escuchar ambos nombres y ahora estaba en un duelo de miradas con Sirius.

–Debí de saber que te salvarías –dijo Sirius–. Por lo menos ya estás de vuelta con la familia.

La mañana se tranquilizó y todos comenzaron a recoger el papel para envolver, hasta que Emma los detuvo.

–Oh, espera, Harry, creo que te olvidaste de uno.

Harry se dio la vuelta y vio un paquete que no había notado antes. Era ligero y sin forma, envuelto en papel plateado.

–No es de nosotros. ¿Ustedes lo trajeron? –preguntó Emma.

–No, no fuimos nosotros –dijo Remus.

Harry observó el regalo y notó una nota pegada, escrita con letra curva de aspecto familiar.

Tu padre dejó esto en mi posesión antes de morir. Es hora de que la regrese. Úsala bien. Y Feliz Navidad… No está firmada –dijo.

–Déjame ver, cachorro –dijo Sirius rápidamente. Harry se lo entregó y él la examinó con su varita. Remus se acercó y también la examinó con su varita–. Pues, no hay ningún maleficio obvio –dijo Sirius–. Y esta es la letra de Dumbledore. Me pregunto… –Abrió el paquete en una esquina y sacó una tela plateada y escurridiza–. Lunático… –dijo con reverencia–, es la capa.

–¿La qué? –dijeron todos.

Sirius entregó el regalo a Harry con gentileza.

–Esta era la posesión más preciada de tu padre, cachorro. Anda, póntela.

Harry parecía confundido mientras la tela líquida de color plateado se deslizaba fuera del papel y caía al suelo, pero Hermione pareció comprender. Harry se puso de pie y se cubrió con la capa.

El resto de la familia soltó un grito ahogado. Harry bajó la mirada y vio que no podía ver sus pies.

–¡Ah! ¡Mi cuerpo no está! –Se dio la vuelta, intentando descubrir que estaba ocurriendo.

–Es una capa de invisibilidad –dijo Hermione con maravilla. Dan y Emma intercambiaron una mirada nerviosa.

–No cualquier capa de invisibilidad –dijo Sirius con entusiasmo–. Es la mejor capa de invisibilidad que he visto… o de la que he escuchado. En la mayoría de las cosas, los encantamientos se desvanecen después de unos diez años, pero esa capa ha estado en la familia Potter por generaciones.

Harry hizo la conexión mental y se cubrió la cabeza con la capa, desapareciendo por completo.

–Me pregunto porque Dumbledore se la regresó tan pronto –dijo Remus.

–¿Estás bromeando? –dijo Dan, colocando una mano en su frente–. Es exactamente el tipo de cosa que haría Dumbledore.

–Y si estás planeando llevar esa cosa a la escuela, vamos a tener una larga conversación sobre dónde y cómo no la vas a usar –dijo Emma en voz alta.

–Ah, vamos, Emma, déjalo que se divierta –comenzó Sirius.

Hubo un grito y el ruido de un golpe, mientras partes de Harry repentinamente aparecían en el suelo. Hermione parecía haberlo tomado del pie y lo había jalado hasta hacerlo caer.

–¿Cómo hiciste eso? –dijo Harry con indignación.

Hermione le lanzó una mirada de fastidio.

–Podía ver tus huellas en la alfombra, Harry.

Sirius ladró una carcajada.

–Además, algo me dice que nuestra gatita lo va a mantener en línea.

–De acuerdo, hablaremos de esto después –dijo Emma–. Es hora de la cena de Navidad.

Todos estuvieron de acuerdo con eso.

–Excelente comida –dijo Remus mientras mordía el jamón navideño. Sirius gruñó en acuerdo mientras daba una mordida bastante canina–. Ninguno de nosotros… eh… ha tenido la oportunidad de aprender el arte, así que no hemos consumido lo mejor, ni siquiera en el hogar de Sirius.

Sirius chasqueó la lengua y tragó su comida. Tuvo una idea.

–Me pregunto si Andrómeda nos ayudaría a cocinar para la fiesta.

–¿Y dejar pasar la oportunidad de verte hacer una tontería? –dijo Remus.

Sirius sacó su lengua.

–Oh, pero eso me recuerda –dijo a los Granger–. Andrómeda me dijo que el Wizengamot ha agendado la presentación del premio para este sábado.

–Sí, lo escuchamos –dijo Dan–. Usaremos la red flu desde tu hogar, ¿no? No debería ser gran problema ir y venir.

–No, pero será largo y aburrido –se quejó Sirius–. Es la última reunión regular del año… siempre se reúnen el último sábado de cada mes… así que habrá leyes a debatir y presupuestos que aprobar y todo tipo de cosas políticas. En serio, consideré nombrar a Remus como mi representante después de la reunión del mes pasado. Siempre fue mejor para todo eso.

Remus sacó su lengua, para la sorpresa de algunos de los invitados.

–Y hablando de eso –continuó Sirius–, oficialmente tomé mi lugar en la reunión de noviembre, pero no hice nada. Creo que es hora de causar algo de conmoción. ¿Qué tal suena una alianza formal entre la Casa de los Black y la Casa de los Potter?

Los Granger dejaron de comer, excepto por los abuelos, quienes lucían algo entretenidos. Andi les había dicho que las alianzas eran maniobras políticas significativas.

–Sé que es un gran movimiento, pero soy tu padrino, así que ya está casi dado por hecho –agregó Sirius–, pero las caras de los sangre pura conservadores al perder oficialmente a otra Casa Antigua no tendrá precio. De hecho, la familia Malfoy será la única Casa Antigua entre los conservadores. El resto se extinguió. –Sonrió ante la idea de que los Malfoy, quizás, también se extinguirían en unas generaciones.

–Mmm –dijo Dan–. ¿Tú qué opinas Harry?

Harry sacudió los hombros.

–A mí me suena bien. –También sonrió al imaginar la expresión de Draco Malfoy ante la acción.

–Bien, hablaremos con Andi, pero si no tiene objeción, no veo el problema –dijo Dan.

Emma decidió hablar.

–Ya que estamos en el tema, Sirius, tenemos algo que queremos discutir.

Sirius elevó una ceja.

–Por el momento, Andi es la guardiana mágica de ambos niños ya que queríamos… a alguien con un toque más personal que Dumbledore –dijo con discreción–, pero comprendemos que el poder como guardián de Harry fue revertido a ti automáticamente cuando fuiste liberado.

Sirius frunció el ceño y bajó la cabeza como un perro.

–¿Hay… hay un problema? –dijo tímidamente.

–Lo discutimos –comenzó Dan.

Tuvimos dudas –continuó Emma–. Especialmente por…

–¿Mi reputación en la escuela?

–Iba a decir porque vas a pasar un largo tiempo recuperándote si las historias que hemos escuchado sobre Azkaban son ciertas. –Pero sí.

–Pero Harry te quiere, y todos sabemos que Harry es un buen juez de carácter –le aseguró Dan.

Sirius se sintió mejor ante eso. Un gato era igual que un perro para eso… quizás mejor ya que no eran cegados por los instintos de manada. Y después de todo, Harry había atrapado a la rata cuando Sirius nunca lo había sospechado.

–Y mientras lo discutíamos, Harry nos pidió que diéramos un salto de fe y, eventualmente, decidimos aceptarlo –continuó Dan–. Ahora, con todo respeto a ti, Remus, pero por conveniencia, creo que sería mejor continuar con sólo Sirius. –Remus asintió. Dan fue lo suficiente amable para no mencionar las restricciones debido a su condición–. Sirius, quisiéramos pedirte si quisieras ser el guardián mágico y padrino… de ambos niños.

Remus se detuvo y observó cómo Daniel Granger había logrado algo bastante inusual: dejar a Sirius Black sin habla. La boca de Canuto estaba abierta y lágrimas caían de sus ojos ante el pedido. En verdad era un salto de fe considerando que era Sirius. De hecho, si hubiera sido cualquier otro en lugar de James, Remus lo hubiera considerado un salto de fe la primera vez.

–Feliz Navidad –dijo Emma al merodeador.

Remus se acercó y cerró la boca de Sirius con un dedo debajo de su barbilla, sacándolo de su aturdimiento.

–Yo… sería un honor –tartamudeó, y después se dirigió a Hermione–. ¿Quieres hacer esto, gatita?

Hermione asintió, aunque con algo de duda.

Sería bueno tener un padrino –dijo–. Y lazos más cercanos con una familia sangre pura poderosa no estarían mal. Además, Harry estuvo molestándome hasta que dije que sí.

Sirius se rió y lloró al mismo tiempo.

–Eres muy bueno conmigo, cachorro. No hubiera pensado en un regalo mejor si lo hubiera intentado.

Harry sonrió.

–Feliz Navidad, Sirius. Quizás entre los dos podamos enseñar a Hermione a relajarse.

–Tonto. –Hermione lo golpeó en el brazo.

–Saben, Lily siempre dijo que debería tener más influencia femenina para mantenerlo en línea –dijo Remus riéndose.

Todos se rieron.


Querido Ron:

Sirius y nosotros nos sentimos mal por perderte tu "mascota", así que decidimos recompensarte. Nos dijiste que te gustaría tener tu propia lechuza. Es algo hiperactivo, pero siempre lo puedes arrojar a uno de tus hermanos para molestarlos.

Feliz Navidad,

Harry y Hermione

PD. No te preocupes, Harry lo revisó y definitivamente es una lechuza.

No lo parece, pensó Ron mientras la pequeña lechuza volaba a toda velocidad alrededor del dormitorio, ululando como loco. Parece más una ardilla loca con alas. Estiró su mano y logró convencer a la lechuza de acercarse a él.

–¡Auch! –El ave mordió su dedo en lo que se suponía era un gesto cariñoso y voló de nuevo cuando sacudió su mano.

Ginny probablemente pensará que es adorable. Ron no estaba seguro de porque Harry pensó que querría una lechuza tan hiperactiva. Quizás era la única lechuza en la tienda que era muy rápida para él en su forma felina.

Ron sonrió. Sí, Harry está loco. Pero es un buen amigo.


–Lamentamos dejarlos esta noche, mamá y papá, pero es un evento muy importante en el mundo mágico y no está disponible para abuelos.

–Oh, no se preocupen por nosotros –dijo el abuelo–. Vayan y diviértanse. Podemos ver lo complicado que es esto de los dos mundos, así que comprendemos.

–Quiero agradecerles a todos –dijo Sirius–. Esta es la mejor Navidad que he tenido desde que nació Harry. Y sé que no lo admitirá, pero estoy seguro que para Lunático también.

Remus imitó a Hermione y lo golpeó en el brazo.

Se despidieron y caminaron a los autos. Remus había rentado uno para los merodeadores.

Tenía una motocicleta voladora –gruñó Sirius–, pero Andrómeda no me la quiere regresar hasta que la convenza de que puedo manejarla sin matarme.

Pero antes de salir, Sirius llevó a Hermione a un lado por un momento.

–Hermione, no podía decirte esto hasta que estuviéramos solos, pero te tengo otro regalo –dijo. Sacó un paquete del tamaño de un libro, envuelto en papel café, y se lo entregó.

Hermione abrió el extraño regalo y encontró lo que parecía ser un cuaderno de aspecto antiguo, lleno de notas sobre… ¿transformación animal?

Sirius sonrió.

–Son todas nuestras notas sobre cómo transformarnos en animagos.

Los ojos de Hermione se abrieron con sorpresa y soltó un grito de entusiasmo.

–¡Gracias, gracias, gracias! ¡Esto es perfecto! –exclamó, aunque no en voz alta, recompensando a su nuevo padrino con un abrazo.

–Pensé que te gustaría. Pero hay una regla muy importante, Hermione: tienes que prometer que no practicarás sin la supervisión de un animago, o Dumbledore, si lo dejas en el secreto. Y Harry no cuenta. Esa es la otra razón de los espejos. Te irá mejor con alguien que aprendió la transformación por sí mismo, así que voy a enseñarte.

Hermione sonrió aún más.

–¡Sirius, eso es genial! Aunque no esperaba que fueras el responsable.

–Oye, eres mi ahijada ahora. Tengo que ser responsable algunas veces. Feliz Navidad, gatita.

–Feliz Navidad, Canuto –dijo.

Una hora después, Harry Potter y su familia extendida llegaron al callejón Diagon y caminaron al Teatro Diagonal para la premier de El mago y el cazo saltarín de Beedle el Bardo. No era un evento de alfombra roja considerando que era un país pequeño, pero el número de magos y brujas con trajes formales, incluyendo a los Granger, dejaba claro que era el evento social del año.

Eso, por supuesto, significaba que se encontrarían con personas que no les agradaban, y no sólo reporteros que los Tonks mantenían alejados de ellos.

–Buenas noches, Lord Potter… Lord Black –dijo una voz amarga.

–Lord Malfoy –respondió Sirius con tanta reserva como Lucius Malfoy, quien estaba recargado en su bastón mágico con su esposa e hijo a su lado. Draco fijó su mirada en Harry con sospecha. Ninguno de ellos miraba a Dan y Emma a propósito, quienes tampoco lucían muy contentos.

–No esperaba verte aquí –continuó Sirius, enfurecido con el hombre que todos pretendían no era un mortífago–, considerando los… rumores escandalosos sobre la obra de esta noche.

–Lord Black, creo que podemos estar de acuerdo en que es importante ser patrón de las artes –dijo Lucius mientras Draco sonreía a su lado. Narcissa simplemente mantuvo su expresión altiva. El tono del comentario dejaba en claro que Lucius no estaría patrocinando si no disfrutaba del espectáculo.

–Supongo que hay unas cosas en las que podemos estar de acuerdo –dijo Sirius.

–¡Harry Potter! –La tensión se rompió cuando una entusiasta niña de cabello rubio con un vestido azul corrió al grupo–. Muchas gracias por venir. En verdad significa mucho para nosotros. Y usted también, Lord Black.

–¿Todo bien, Mandy? –dijo Harry–. No nos lo hubiéramos perdido con la promoción que le diste,

Mandy se rió, y después se calmó para estrechar las manos de sus invitados. Los Malfoy hicieron una mueca y se fueron cuando estrechó las manos de Dan y Emma.

–Buenas noches –dijo formalmente–. Mi nombre es Amanda Brocklehurst. Bienvenidos al Teatro Diagonal. Si no les molesta, a mi bisabuelo le gustaría conocerlos después de la obra.

–Encantada de conocerte, Amanda. Hemos escuchado mucho de ti de los niños. Creo que podemos hacer el tiempo después de la obra –dijo Emma con amabilidad, haciendo lo que podía por ignorar las cámaras a su alrededor.

–Gracias, gracias… –Mandy respiró profundamente y continuó con sus siguientes invitados, y los Granger tomaron sus asientos.

Aunque la obra de Navidad no era un musical o una ópera o algo similar, tenía una orquesta como apoyo, comenzando en la oscuridad con una sorprendente apertura. De hecho, la música era tan buena que Hermione y Harry se preguntaron si el bisabuelo de Mandy había usado películas muggle como inspiración. De acuerdo al programa, una de las canciones incluso había sido comisionada del profesor Flitwick. Se llamaba "Something Wicked This Way Comes", y cuando fue tocada cuando el hijo malvado del mago anciano salió al escenario, no dejó duda de en qué dirección iba la obra.

La historia original de Beedle sobre el cazo saltarín era bastante corta, pero había sido expandida bastante. El mago, quien fue llamado en honor al mago oscuro francés Atlantes, dejó claro incluso antes de la muerte de su padre que consideraba a los muggles despreciables, y ayudar a los muggles, como hacía su padre, estaba por debajo de él. Atlantes justificó eso repetidamente advirtiendo a su padre sobre John Hale, el cazador de brujas fanático, quien no quería nada más que quemarlos a ambos. Pero aunque los rumores de la quema de brujas, algunos de ellos incluso exitosos, se filtraron a la aldea desde tierras distantes, el padre de Atlantes había vivido en paz con los muggles, ocultando sus poderes diciendo que venían de su "cazo de la suerte", y nadie nunca escuchaba a John Hale.

Después, el padre de Atlantes murió de vejez y el joven mago dejó de ayudar a sus vecinos muggle. Una mujer de edad mayor cuya hija sufría de verrugas, un vendedor que había perdido su burro para vender su mercancía, y una joven cuyo bebé estaba enfermo, fueron a él a pedirle ayuda, y cada vez él les cerró la puerta en la cara. A diferencia de la historia de Beedle, el cazo saltarín de su padre era más lento y sutil en sus esfuerzos de persuadir a Atlantes de ayudar, y los intentos de Atlantes de callarlo fueron parcialmente exitosos, pero nunca parecían durar y siempre fallaban en el peor momento, resultando en varias situaciones divertidas para el entretenimiento de los niños (y los adultos) en la audiencia.

Mientras tanto, los aldeanos estaban cada vez más descontentos con el rechazo de Atlantes, y cuando cayó el telón al final del primer acto, John Hale estaba aprovechando la oportunidad para convertirlos en contra del mago. Sólo Alcina, la joven viuda muggle que sabía sobre magia y había estado intentando convencer a Atlantes de ayudar a sus vecinos, lo defendió ya que estaba intentando regresar a la paz y armonía en la que habían vivido cuando su padre estaba con vida.

Eso llevó a lo que Andrómeda llamó una acción brillante al incorporar la historia moderna sobre el cazo saltarín comiendo muggles mientras Atlantes intentaba hechizar al cazo para que lo obedeciera y se deshiciera de los muggles que lo estaban molestando, y después de la multitud furiosa. Pero incluso eso le produjo un terrible efecto.

Finalmente, durante el clímax, Alcina se paró en la puerta de Atlantes y lo obligó a elegir entre ayudar a los muggles de la aldea y pasar sobre ella (con el cazo saltarín apoyándola) para poder escapar del pueblo.

–¿Crees que no valemos nada? –dijo la actriz sobre el ruido del cazo–. ¿Crees que somos débiles? ¡Mira quienes te están haciendo huir de esta villa! Y la única razón por la que te están persiguiendo es porque tú los provocaste. Todos amamos a tu padre. Incluso lo protegimos de los cazadores de brujas. ¿Sabes cuántos de nosotros les dijimos que sus curas fueron causadas por milagros o remedios herbales o buen clima arriesgándonos si éramos descubiertos? ¿Y no fuimos nosotros quienes producimos tu comida, hacemos tu ropa, y construimos tu casa? ¡Quizás si te tomaras un momento para vernos como personas y no como espinas te darías cuenta de que nos necesitas tanto como nosotros te necesitamos!

Y ante eso, Atlantes elevó su varita en dirección a la mujer, sin duda para lanzar una terrible maldición o para hacerla a un lado, y se escuchó un grito, pero no vino de ella sino del cazo saltarín. Y cuando lo escuchó, Atlantes bajó su varita, porque no podía lanzar un hechizo en contra de la mujer a la que había llegado no a admirar, pero a respetar por su coraje y persistencia. Después, con renuencia comenzó a ayudar a los muggles con sus problemas. El bebé de la joven fue salvado, el burro fue encontrado, las verrugas de la niña fueron curadas, y todo lo demás también. Incluso John Hale detuvo su ataque cuando Alcina se interpuso en su camino para que Atlantes pudiera salvar la vida de su hijo, quien había sido herido en la pelea, y la paz regresó a la villa, para la celebración de la audiencia.

La preocupación de los Granger, y la de Andi también, aunque los Granger la percibían mejor, eran que incluso si la obra era "pro-muggle", fácilmente podría ser interpretada como condescendiente. "Oh, los pobres muggles necesitan de nuestra ayuda". No sólo sería degradante, pero el Estatuto del Secreto minaría el mensaje para una audiencia moderna (algo que no fue ignorado por Beedle, lo cual era la razón del "cazo de la suerte"). Pero en su lugar, los muggles eran mostrados ayudando a Atlantes y haciendo un trabajo decente de ayudarse los unos a los otros, y la historia verdadera era de amistad y apoyo mutuo, aún bajo el velo del secretismo.

Y aún mejor, los Granger (especialmente Emma y Hermione) pensaron que Alcina era la verdadera estrella de la obra… una fuerte actriz principal que pudo interponerse al mal en ambos lados. Aunque la obra no hizo más que implicar una relación amorosa entre ella y Atlantes, la mayoría de la audiencia pareció olvidar que era un personaje muggle y le aplaudió con entusiasmo durante la ovación final. Y considerando que era un grupo tan pequeño de actores y escritores, ciertamente había excedido sus expectaciones.

Después de la obra, Mandy interceptó a la familia de nuevo y los llevó a la sala de reuniones, donde se reunieron con tres generaciones de hombres y varias mujeres, la más anciana con bastantes arrugas y cabello blanco y fino en los lados de su cabeza.

–Lord Ethelred Brocklehurst –dijo el hombre, poniéndose de pie lo más firme que pudo–. Es un honor, Lord Potter, y un placer, Lord Black. ¿Espero que la obra haya sido satisfactoria?

–Bastante –dijo Andrómeda Tonks–. Tan buena como esperábamos y más.

–Nunca pensé ver el día en el que esa historia saldría al público –dijo Sirius–. No podía creerlo la primera vez que James me contó la versión original.

–Eso fue mucho mejor que el libro –dijo Harry mientras todas las miradas se dirigieron a él.

–Y no decimos eso de cualquier obra –agregó Dan con una sonrisa. El resto de la familia se rió.

–Fue una muy buena obra, señor –agregó Hermione.

–Me alegra escucharlo –respondió Ethelred Brocklehurst–. Mi proyecto de restaurar nuestra herencia cultural perdida no ha ocurrido sin detractores.

–Bueno, no escucharás quejas de nosotros por esta –dijo Sirius–. Cualquier cosa que pueda darle en la suya a mis parientes es buena, excepto por mi familia, y puede citarme sobre eso.

–Doble para mí –dijo Dora desde la parte de atrás del grupo.

Andrómeda suspiró. Cuando dijo que debía de restaurar la Casa de los Black no había querido decir hacerla una casa de bromistas y buscapleitos, y ahora Dora también estaba metida. Pero debió de haberlo sabido.

–Excelente –dijo el anciano Brocklehurst–. Ahora, ya que han sido tan buenos y se reunieron conmigo aquí, hay una joven a la que quiero que conozcan. –De repente, notaron que la joven que había interpretado a Alcina salió de las sombras en el fondo del cuarto.

–Por supuesto –dijo Emma con entusiasmo–. Cassandra, ¿verdad? Estuviste maravillosa.

–Sí, maravillosa –agregó Hermione.

–Muchas gracias –dijo Cassandra–. Esta es mi primera obra profesional y estaba muy nerviosa.

–¿La primera? –dijo Hermione con sorpresa.

–Sí, verán, aún no soy miembro oficial de la Compañía.

–¿No lo eres? –dijo Emma.

–No, hubo circunstancias especiales. Verán, mi nombre completo es Cassandra Clearwater. –Los Granger habían notado que el programa nombraba a la actriz interpretando a Alcina como "Cassandra C.", uno de los pocos papeles (aunque no el único) que no habían sido marcados con nombre completo–. Mi hermana, Penelope, es la prefecta de Mandy en Hogwarts… pero yo soy muggle.

Un grito ahogado fue seguido por una sonrisa contagiosa, y Sirius y Remus ladraron una carcajada.

–¿Elegiste a una muggle para un papel muggle? –Sirius dijo con asombro a Brocklehurst–. ¡Eres un genio! ¡Es la mejor broma que he visto desde que salí de Azkaban! ¿Cuándo lo revelarás al público?

–El día después de mañana, después de que las críticas sean publicadas –respondió el anciano–. Queríamos que fueran imparciales. Pero dadas las circunstancias únicas de Lord Potter, pensé que se merecía el anuncio con anticipación.

–Es muy generoso de su parte, señor… Lord Brocklehurst. Gracias –dijo Harry.

La familia dejó la reunión sonriendo. Era una maniobra brillante, claro, y Cassandra Clearwater en verdad era una buena actriz. Y aunque la ley pendiente en el Wizengamot no había sido mencionada, el voto de Lord Brocklehurst parecía estar asegurado. Andrómeda y Sirius hablaron con Harry por unos minutos para discutir la declaración pública que tendría que dar, y caminó a las puertas principales del Teatro. Y cómo habían esperado, en un instante, una bruja rubia con un atuendo de piel de color magenta se acercó lo suficiente para hacer una pregunta.

–Sr. Potter, Rita Skeeter del Diario El Profeta. ¿Puedo hacerle una pequeña pregunta? –Rita palideció ante la mirada molesta de Andrómeda, pero permaneció firme–. Como alguien con experiencia tanto en el mundo mágico como en el muggle, ¿qué le pareció la obra?

Harry se detuvo e hizo lo que pudo por responder respetuosamente, no había razón para darle un incentivo adicional a Skeeter de ir tras él.

–Hay muchas personas con más experiencia sobre eso que yo, como mi primo Ted, pero a todos nos gustó. Mis dos familias siempre han apoyado los derechos de los muggles y el trato justo, y estamos emocionados de ver arte que apoyan nuestros valores y nuestra herencia cultural mágica.

Y antes de que Rita pudiera hacer otra pregunta, los Tonks los habían apresurado.

–Ese fue un acto atrevido considerando que el Teatro sirve desproporcionadamente a sangre pura ricos –dijo Remus–. Y es agradable ver cualquier tipo de acción en favor de derechos civiles.

–Y esperemos que haya más con la Ley de Defensa de los Muggles –respondió Andrómeda.

–¿Y crees que una simple obra hará la diferencia? –Una familia malhumorada y disgustada con un niño de cabello oscuro se acercó a ellos en el callejón.

–Lord Nott –dijo Sirius con rigidez.

–Lord Black.

Casi al mismo tiempo, Theodore Nott lanzó una mirada seria a Harry.

–Potter.

–Nott –respondió Harry.

Pero para la sorpresa de todos, Emma dio un paso al frente antes que alguien más pudiera hablar.

–Disculpe, ¿Charles Nott? Hemos escuchado bastante sobre usted. Creo que se sorprenderá de lo que buena literatura puede hacer.

–¡No te pregunté a ti, muggle! –soltó el mayor de los Nott.

Harry dio un paso para colocarse enfrente de su madre, pero Andrómeda los cubrió a ambos.

–Esta "muggle" es la madre legal de Lord Potter –dijo–, una buena estudiante de literatura.

–Si llamas a eso literatura–. Emma y Harry lucharon contra un gruñido ante eso–. ¿Pero cómo sabría una… traidora a su sangre algo mejor? –La mirada de Charles Nott se dirigió a Ted, claramente evaluando qué insulto podría usar sin consecuencias.

–¿Por qué no dices lo que quieres decir, Nott? –demandó Andrómeda, su mano acercándose a su varita.

–¿Eh? Creo que me malinterpretaste, Tonks. –Escupió la última palabra como si fuera un maleficio–. Sólo estaba sugiriendo que tu punto de vista quizás no es tan acertado como piensas. Vámonos, Theo.

Theo Nott había estado en una lucha de miradas con Harry y parecía estar a punto de perder. Pero salió del trance y siguió a sus padres, haciendo un gesto rudo que sólo Harry notó.

–Ignórenlo –dijo Andrómeda con fastidio antes de que Sirius hiciera algo impertinente–. Nott ha estado en mi contra por años. Malfoy lo ha estado usando como su perro de ataque, por si no lo notaron. Buen trabajo enfrentándote a él, Emma.

–Bueno, siempre he pensado que el respeto debe de ser merecido –respondió con inquietud.

–Puedo creer que Malfoy evadiera justicia, ¿pero él? –gruñó Sirius–. Uno de estos días, alguien debería de revisar su brazo.

–Sí, dejaré que patrocines eso, Siri –dijo Andrómeda.

–Te dije que no me llames así.