Ph'nglui mglw'nafh JK Rowling R'lyeh wgah'nagl fhtagn.


Capítulo 33

–¡Oh Dios, soy una idiota!

Sus abuelos acababan de irse y los Granger estaban empacando para ir una semana a la casa de Sirius… o se suponía que lo estaban haciendo.

–¿Hermione? –dijo Harry.

–¿Hermione, qué ocurre? –preguntó su madre con preocupación mientras la familia se reunía en su cuarto.

–Harry, mira esto –dijo, sosteniendo un pedazo de papel y sonando bastante molesta.

Harry tomó el papel. Era un inventario de la bóveda de Harry en Gringotts.

–¿Mi lista de libros raros? –dijo.

Léela.

Harry leyó la lista hasta que sus ojos cayeron sobre un nombre y se abrieron como platos.

–Nicolas Flamel –exhaló.

–¿Flamel? –dijeron sus padres.

–Ahora lo recuerdo. Es un antiguo libro de alquimia… de hace siglos. Estaba al lado del de Paracelsus.

–¿Es sobre la cosa que protege el perro? –preguntó su padre.

–Sí. Debí adivinarlo hace meses. Flamel era un alquimista bastante conocido, pero no uno moderno. Sólo pensé en buscar aquí porque vamos a estar en Londres por una semana y quería ver la lista de nuevo para ver si había algo que valiera la pena sacar de la bóveda.

–Pues yo creo que sí –dijo Harry–. ¿Y por qué dijo Hagrid que lo que estaba protegiendo el perro era un asunto entre Dumbledore y Nicolas Flamel? –sugirió Harry.

–No lo sé. Tenemos que ver ese libro.

Sus papás rieron un poco. Hermione hubiera dicho eso de cualquier modo.


–Sí, pensé que estaría aquí –dijo Hermione.

Habían tomado Livre des figure hiéroglyphiques de Flamel en Gringotts (la versión original, no la redacción del siglo XVII que los muggles conocían), y habían hablado con Sirius y Remus sobre lo que habían encontrado una vez que llegaron al número 12 de Grimmauld Place. El francés era bastante antiguo, pero Hermione logró descifrarlo.

Sirius estaba contento de que Harry y su familia habían declarado su casa un lugar agradable. Considerando que era el hogar ancestral de la familia Black, era casi un milagro. Apenas y mencionaron algo sobre ser oscura y deprimente.

–¿Qué descubriste? –preguntó Dan.

–La piedra filosofal –dijo Hermione con entusiasmo–. No dice cómo hacerla pero describe sus propiedades, y son las mismas que la literatura muggle menciona: puede transmutar metales base a oro y producir el elixir de la vida, el cual impide el envejecimiento y puede salvar al que lo beba de la muerte.

–Increíble… –dijo Harry–. Apuesto a que…

–¡Espera un momento! –gritaron Dan y Emma al mismo tiempo. Los niños se dieron la vuelta para ver a sus padres furiosos–. ¿Quieren decir que los magos tienen la fórmula para la inmortalidad y la están usando? –gruñó Dan.

Las cejas de Hermione se elevaron y comenzó a examinar las páginas con rapidez. Sirius y Remus lucían confundidos por su enojo, pero lentamente comprendieron.

–Bueno, eso… –comenzó Remus–. Nunca lo pensé de ese modo, pero supongo que no tiene sentido. Debe de haber algún tipo de… ¿costo? ¿un castigo?

–¿Quizás hay límite en su poder? –sugirió Sirius.

Hermione continuó dando vuelta a varias páginas y comenzó a murmurar en francés:

Limitation, compte, dépense, peine…

–Hay todo tipo de castigos como resultado de magia muy poderosa –dijo Remus–. Quizás es más costoso de lo que la mayoría de las personas están dispuestas a pagar.

–¡Ajá! –dijo Hermione, triunfante–. Escuchen esto: "El poder de la piedra filosofal, a pesar de su grandiosidad, es limitado. Una sola piedra puede producir el elixir de la vida, pero sólo suficiente para una familia". No específica cuantas personas. "Además, la cantidad de magia requerida para producir una piedra se incrementa con cada una que es producida en proporción a…" Bueno, hay bastante escrito sobre álgebra anticuada. Creo que es exponencial… Sí, más abajo dice que es imposible que existan más de siete piedras filosofales en el mundo al mismo tiempo… Así que es bueno que no la están usando. ¿Pueden imaginarse si una docena de lords ricos e inmortales controlaran el mundo mágico?

–Ya es suficiente malo con el Wizengamot –dijo Emma. Sirius tembló ante la idea y asintió.

–Hay más –dijo Hermione–. Dice que el elixir de la vida desplaza permanentemente el agua en el cuerpo. Quizás se pueda usar un poco para emergencias médicas, pero no para impedir el envejecimiento porque una vez que se beben… tres o cuatro litros, se tendrá que seguir tomando o… bueno… –Se mordió el labio nerviosa.

–Morirían de deshidratación –dijo Dan con pesimismo. Todos los Granger temblaron ante eso.

–Y con eso sabemos porque no la usan –dijo Emma.

–Pero apuesto a que es lo que Fluffy está protegiendo –dijo Harry–. Y si Flamel creó la piedra filosofal y descubrió cómo funciona aún podría estar vivo, y así es como Dumbledore lo conoce.

–Claro que lo está –dijo Sirius. Los Granger lo miraron como si tuviera dos cabezas–. Dumbledore estudió alquimia bajo Flamel. Todos lo saben. Está en su tarjeta en las ranas de chocolate… Vamos, Lunático, ayúdame.

–Lo siento, no hemos consumido tantas –dijo Harry.

–Oh… bueno… –dijo Sirius decepcionado–. De cualquier modo, cuando era niño, existía el rumor de que los Flamel vivían en una mansión oculta en Devon.

–Pero la verdadera pregunta es, ¿es una buena idea tener algo así en una escuela? –dijo Emma–. Quiero decir, sabemos que no estaba a salvo en el banco, y sabemos que alguien está tras ella.

–Dumbledore piensa que está a salvo –notó Remus.

–Es lo que me asusta.


Comenzaron a trabajar después de eso. Remus dio a los niños una revisión rápida de hechizos con varita y pociones para el beneficio de Dan y Emma, y después comenzó con la primera lección en duelos. Los padres no lucían tan entusiasmados con esa lección como los niños, pero mostraron su determinación con resignación. Después de todo, querían que los niños aprendieran a defenderse desde que tenían cinco y seis años, y ese era el siguiente paso.

–Bien. Andromeda les enseñó las formas ceremoniales en caso de que tuvieran la mala suerte de ser desafiados. –O ser como James y realizar el desafío, pensó Remus–. Ahora, en un sentido táctico, un duelo es básicamente una pelea con reglas. Y hay más reglas de las que puedan imaginarse… muchas de ellas implícitas, como "no ataques hasta que se indique el comienzo", "permanece dentro del área de duelo", y "sólo ataca a tu oponente". Más explícitamente, las reglas estándar son, "no mates o hieras de manera permanente a tu oponente", "no toques a tu oponente", y "detente si tu oponente está desarmado o incapacitado". Claro, en una pelea de verdad, ninguna de esas reglas importa, excepto por "no maldiciones imperdonables".

–Pero sé que su estilo natural es diferente, así que comenzaremos ahí. Ahora, ¿estoy seguro de que pelean en casa de vez en cuando? –dijo con voz seca, lanzando una mirada a Dan y Emma.

Los padres asintieron.

Ohhh, sí –articuló Emma.

–Bueno, voy a darles una manera legítima de dejarlo salir. Vamos a comenzar igual que como lo harían en casa… sin varitas. Pueden utilizar magia, o cualquier tipo de habilidad física. Pero sin lastimarse seriamente, ¿entendido?

Harry y Hermione asintieron en dirección a Remus y sonrieron con maldad el uno al otro. La magia ya estaba echando chispas en la punta de sus dedos. Durante la semana de limpieza, Sirius había movido todo lo que quería guardar del ático a su bóveda de Gringotts y convertido el espacio en un cuarto de entrenamiento mágico en el que los niños se estaban separando lentamente, algo que probó ser una buena idea.

–A la cuenta de tres. Uno… dos… ¡tres!

Los niños saltaron a la acción. Aunque habían peleado en casa antes, nunca habían tenido la oportunidad de dar todo de sí. Hermione, siendo mejor para la magia, lanzó varios hechizos brillantes con sus manos e intentó bailar alrededor de los hechizos más torpes de Harry. Ya que Harry era mejor para el karate, él estaba intentando reducir la distancia entre ellos, pero era difícil con los varios hechizos punzantes en el aire, además de las muchas chispas conjuradas como distracción y algo que no parecía un hechizo de verdad, pero era similar a un Flipendo, para intentar hacerlo caer.

Ambos eran rápidos para su edad… no a un nivel profesional, pero hechizos sin varita eran mucho más rápidos de lanzar, y el hecho de que lo estaban haciendo sin varitas, y en su mayoría sin decirlos en voz alta, era lo que hacía que fuera tan sorprendente para los ojos de un mago.

Y no había manera de que se desarmaran.

Harry luchó para llegar hasta Hermione y comenzó a atacarla con movimientos de karate, y tanto Sirius como Remus perdieron el aliento. Ninguno de ellos estaba acostumbrado a ver a brujas y magos luchar mano a mano. Estuvieron a punto de intervenir para evitar que Harry golpeara a una niña, pero se maravillaron aún más cuando vieron lo bien que Hermione se defendía. Hechizos punzantes aún brillaban entre ellos en combinación con los movimientos de karate, pero Harry tenía un nivel más avanzado en karate y más fuerza, y logró lanzarla al suelo. En karate, eso era el límite, pero ahí la meta era incapacitar, así que saltó sobre ella e intentó mantener en el suelo con movimientos de lucha libre improvisados.

Hermione respondió con un par de hechizos punzantes en el pecho y, cuando eso no funcionó, logró colocar una mano en la cara de Harry.

¡Mucus ad nauseum!

El agarre de Harry se aflojó mientras comenzaba a estornudar con frecuencia y casi se atragantaba con su mucosidad. Hermione golpeó su pecho con sus manos en su ataque similar a un Flipendo, obligándolo a dejarla libre y caer sobre su espalda. Antes de que pudiera reaccionar, Hermione dio un salto, le dio la vuelta, y atrapó sus manos detrás de su espalda, con cuidado asegurándose de que sus palmas no estuvieran en su dirección.

–¡Dilo! –ordenó Hermione.

–¡Ah! –soltó Harry.

–¡Dilo! –dijo ,agarrándolo con más fuerza.

–¡Ah! ¡Que viva la reina Hermione!

–Bien –dijo con entusiasmo. Se levantó y ayudó a su hermano.

Dan y Emma observaron a sus hijos horrorizados, y ellos se sintieron incómodos y miraron a sus pies bajo sus miradas. Ambos lucían como si hubieran perdido una pelea contra un nido de avispones. El cabello de Hermione apuntaba a todos los ángulos, Harry tenía mocos en su camisa, y ambos respiraban con dificultad.

–De acuerdo… esto es por lo que los duelos no permiten el contacto físico –dijo Remus–. Uno no se lastima tanto cuando no están tan cerca del otro y hay más oportunidad de evadir los hechizos. Ahora, ¿ese es el "karate" del que estaban hablando?

–Pues… algo así –admitió Harry.

–Y yo pensaba que las peleas entre James y yo eran pesadas –dijo Sirius–. Recuérdenme no hacerlos enojar. Esa maldición de los mocos en su cara fue un gran golpe, Hermione.

–Gracias –dijo Hermione mientras Harry intentaba limpiar su nariz con un fuerte ruido.

–Bueno, vamos, déjenme limpiarlos –dijo Remus llevándolos a la estación de primeros auxilios. Los hechizos eran fáciles de arreglar, pero las punzadas se curarían mejor con ayuda de una crema, y ambos tenían varios moretones gracias a los golpes–. Creo dejaremos de lado el contacto físico por un tiempo… Creo que eso ya lo tienen controlado. Comenzaremos con hechizos de duelo sencillos: El encantamiento de desarme, el maleficio sumeriano, y algunos hechizos y encantamientos de bloqueo…

–Recuerdo el maleficio sumeriano –dijo Sirius melancólicamente–. Era un hechizo muy popular en nuestro segundo año.

–¿Y de quién fue la culpa? De cualquier modo, la mayoría son hechizos de segundo año, pero no espero que ninguno tenga problema con ellos… probablemente incluso sin varitas considerando su nivel. Lo importante es enseñarles a tener un duelo informal sin lastimarse.

–Sí. Sin lastimarse sería bueno –Emma estuvo de acuerdo.


Remus dio fin a la lección ese día, pero al día siguiente comenzó a enseñar a Harry y Hermione el encantamiento desarmador, el cual era el primero que los duelistas usualmente aprendían. Harry estuvo feliz y Hermione sorprendida al notar que era uno de los pocos hechizos que él había aprendido con más rapidez que ella, aunque ninguno lo podía hacer con consistencia. Y la necesidad de supervisión pronto fue obvia ya que un Expelliarmus mal hecho podía lanzar contra la pared a un oponente, poner el cabello de punta como si estuviera electrificado (Hermione no lo encontró entretenido), o incluso incendiar sus mangas, sin mencionar que no tenían buena puntería. Aun así, Remus estaba feliz con su progreso al final del día.

El día siguiente tuvieron que poner pausa a sus lecciones debido a la reunión del Wizengamot. Ciertamente iba a ser un gran evento, y los Granger se vistieron con sus mejores atuendos para la presentación de los premios. Pero pudieron notar al minuto en el que llegaron al Ministerio a través de la red Flu que esa no era la historia principal en la mente de las personas. La producción de Navidad de El mago y el cazo saltarín tenía a las personas hablando sobre los muggles como no lo habían hecho en años, y la revelación de la verdadera identidad de la mujer que había actuado el papel de Alcina en la obra había creado una gran reacción, provocando críticas de los conservadores y elogios de las voces más liberales. El Diario el Profeta había balbuceado algo, pero los comentarios positivos ya habían sido publicados, así que lo peor que pudieron decir fue que el Teatro Diagonal no había podido encontrar a una bruja adecuada para actuar un papel muggle.

La reunión, como Sirius les había advertido, fue larga y aburrida. Harry pudo notar que Hermione hubiera preferido leer un buen libro a sentarse a escuchar debates exhaustivos sobre el presupuesto, pero no sería bueno que faltaran al respeto, especialmente ese día. Y como tal, Harry hubiera preferido estar en cualquier otro lugar, pero no, había reportes de fin de año que aprobar, asignaciones a comités que renovar, y un pequeño grupo exigió, como cada año, que se eliminara la prohibición de alfombras voladoras.

Uno de los momentos más brillantes ocurrió cuando Albus Dumbledore abrió la sesión para asuntos familiares y Sirius se puso de pie para hacer su anuncio.

–Yo, Lord Sirius Orion Black, declaro una alianza entre la Casa de los Black y la Casa de los Potter.

Harry realizó su papel y respondió:

–Yo, Lord Harry James Potter, acepto la alianza con la Casa de los Black. –Nada de eso era inesperado, por supuesto, pero las expresiones de los conservadores en el Wizengamot, quienes lucían como si hubieran chupado limones al mismo tiempo, no tenían precio.

El otro momento brillante llegó cerca del final de la reunión, cuando el Wizengamot discutió el tema continuo de la Ley de Defensa de los Muggles. Esa nueva ley no sería una votación sencilla, les había explicado Andrómeda, y tomaría meses llegar a una decisión final. En verdadero estilo parlamentario, muchas provisiones serían aprobadas con votos individuales, y varias enmiendas tendrían que ser aprobadas antes de ser parte de la ley final. La obra de Navidad ciertamente estaba ayudando al debate, aunque no siempre para bien.

–Creo que la compañía de Lord Brocklehurst hace un buen punto –dijo un simpatético mago anciano llamado Tiberius Ogden–. La mayoría de la comida viene del mercado muggle, y la infraestructura muggle apoya a la mágica en otros sectores, como el autobús noctámbulo, el expreso de Hogwarts, el expreso oriental mágico en transporte, y más.

–A mí me parece que esto argumenta el caso para nuestra autosuficiencia –pronunció Lucius Malfoy con perspicacia. Sin el lugar de los Black, Narcissa y Draco fueron relegados a la sección de espectadores. Podían ser vistos en primera fila, directamente en frente de los Granger. Narcissa lucía aún más disgustada de lo normal, y Draco y Harry pasaron una gran parte de la reunión lanzándose miradas molestas.

–¿Autosuficiencia? ¡Ja! –habló Ethelred Brocklehurst–. Cualquier estudiante de historia puede decirle que la autosuficiencia es una fantasía y siempre lo ha sido. La población mágica nunca ha sido lo suficiente grande para lograrlo.

–¿Y por qué no? –respondió Malfoy–. Con los avances en el campo de la automatización mágica en años recientes, sin mencionar la Herbología, ¿por qué no es una meta razonable?

–No parece necesario –dijo Lord Denbright–. Hemos coexistido con los muggles, en su mayoría en paz, por siglos, con y sin el Estatuto del Secreto. Y aún durante las peores persecuciones, en ningún momento nuestra suficiencia material fue un problema. ¿Por qué invertir nuestros recursos cuando serían mejor gastados en otra cosa?

El debate continuó por un tiempo en ese tema, sin regresar al tema fundamental sobre los méritos de otorgar la igualdad a seres dotados de razón. Aun así, hubo varios votos que parecían estarse acercando al lado de los liberales, así que la obra pareció tener efecto, aunque el más importante, Lord Greengrass, continuaba manteniendo su postura un secreto.

Otro asunto importante en la reunión fueron los reportes departamentales de fin de año, y uno en particular causó que los Granger se preocuparan mientras Amelia Bones se ponía de pie.

–Quisiera traer a la atención del Wizengamot la continua falta de personal en la oficina de aurores, la cual se intensifica aún más considerando los pocos solicitantes. Desde el final de la guerra, sólo hemos aceptado a cinco aurores nuevos y reclutas, lo cual es la mitad de lo que se necesita para mantener la unidad, y mucho menos para compensar las pérdidas durante la guerra.

–No creo que sea culpa del Ministerio la baja cantidad de solicitantes –objetó Cornelius Fudge–. Es natural que menos personas estén renuentes a unirse después de los horrores de la guerra.

–El problema no sólo es con los aurores, Ministro –dijo Hippocrates Smethwyck–. La cantidad de sanadores nuevos es tan poca que San Mungo ha comenzado a ofrecer entrenamiento adicional para abrir más oportunidades. Sin embargo, hemos descubierto que la cualificación más común que está ausente en los posibles reclutas es Pociones, y muchos reportan su falta de interés en la materia. Sospecho que es el mismo problema en la oficina de aurores.

–Nuevamente, no es problema del Ministerio –dijo Fudge–. La autoridad educacional cae casi por completo en el Consejo de Hogwarts. Ahora, si creen que el Ministerio necesita controlar más los temas de educación…

–¡Absurdo! –rugió Elphias Doge–. Hogwarts ha actuado independiente del gobierno por mil años.

Una bruja de aspecto mayor llamada Griselda Marchbanks se puso de pie, temblando.

–Si puedo hablar… He notado que la cantidad de personas que intentan y obtienen un EXTASIS en Pociones se ha reducido desde el final de la guerra, mientras que otros temas continúan sin cambios, a excepción de Defensa Contra la Artes Oscuras por su naturaleza impredecible, por supuesto. Esto parece ser la fuente del problema, y es algo que he discutido con el Consejo por varios años, pero nunca han tomado acción para resolverlo. Quizás deberían de prestar más atención ahora que estos problemas han salido a la luz. –Lanzó una mirada feroz a Dumbledore y después a Malfoy. Todos los que tenían hijos que habían estudiado en Hogwarts en la última década sabían precisamente que acción estaba implicando.

–Supongo que deberíamos examinar el problema –dijo Malfoy con tono aburrido–. Estoy seguro que podemos encontrar algún… cambio que ayude a mejorar la escuela.

Dumbledore lanzó una mirada de sospecha al presidente del Consejo, pero cambió de tema ya que era poco lo que pudiera decir en ese lugar sobre el tema.

–Ahora, creo que el asunto final en nuestra agenda de este año es la presentación especial de premios –dijo con un brillo en los ojos–. ¿Ministro Fudge?

Cornelius Fudge caminó al centro de la cámara. Parecía mucho más tranquilo que durante el juicio, ahora que había logrado que las cosas hubieran salido a su favor. Un asistente le llevó una caja con los premios.

–Lord Harry James Potter… Señorita Hermione Jean Granger… por favor, vengan al frente.

Harry y Hermione se pusieron de pie y se acercaron a Fudge.

–Estos dos jóvenes han sobresalido entre magos y brujas en todo Gran Bretaña por sus grandes acciones –entonó Fudge–. Lord Potter y la señorita Granger, al notar a un individuo sospechoso en su presencia, decidieron capturar al individuo a pesar del riesgo personal. Sus acciones llevaron a la captura de un mortífago y asesino que había estado libre por diez años, y a la exoneración de un miembro de este organismo, quien trágicamente había sido encarcelado por esos cargos. Por estas acciones, el Wizengamot otorga con orgullo a Lord Potter y a la señorita Granger, la Orden de Merlín, Tercera Clase.

La atribución fue algo exagerada, pero ya que era una presentación formal, lo dejaron pasar. Hubo silencio mientras Fudge estrechaba sus manos y colocaba una estrella de bronce rodeada por una guirnalda alrededor sus cuellos con un listón amarillo, y la cámara entera comenzó a aplaudir. Harry y Hermione forzaron una sonrisa mientras el Ministro estaba feliz de finalmente tener su sesión de fotos con el Niño Que Vivió.

Salir del Ministerio fue más difícil que la vez anterior. Había una larga fila de personas esperando para felicitar a Harry y Hermione… aunque especialmente a Harry. Un mago con túnica color lila que también usaba una medalla de Tercera Clase rodeó el hombro de Harry para otra fotografía y prometió enviarle una copia, pero los Granger no escucharon lo que tenía que decir ya que Charles Nott también se estaba acercando.

Pero Andi estaba lista para él.

–¿Qué fue lo que dijo sobre una obra no siendo capaz de hacer la diferencia, Lord Nott? –preguntó.

–¿Dos o tres votos, Madame Tonks? –respondió con prepotencia–. No es un… ¿cómo lo expresó? Cambio cultural. De hecho, aún le faltan ocho votos.

–Y a usted le faltan siete. Y recuerde, las cartas del público no han comenzado a llegar.

–¿Le parezco el tipo de hombre que es intimidado por unas cuantas cuartas? –demandó Nott.

–Por supuesto que no –dijo Andi con una sonrisa–. Pero hay personas entre nosotros que escuchan la voz de las personas.

–¡Nosotros! ¿Crees que una traidora como tú, sin título y familia merece ser contada entre los Lords?

Andi siseó y se preparó para responder a ese insulto, pero Sirius, quien había guardado silencio todo ese tiempo, habló primero.

–En caso de que no lo haya notado, Lord Nott –gruñó–, ella tiene familia. Estoy seguro de que leyó los cambios en el directorio de su abuelo.

–Agregada de vuelta por alguien que fue expulsado de su familia no cuenta, Lord Black –dijo Nott, aunque Sirius, al contrario de Andi, sí parecía ponerlo nervioso–. Pero claro, ¿desde cuándo se han interesado los Potter en las tradiciones? Buen día. –Lanzó una última mirada a Harry y después a Andi de nuevo, quienes también lo miraron con molestia, pero se fue antes de que Sirius pudiera hacer algo drástico.

Los Granger se calmaron mientras dejaban el Ministerio y regresaban a su casa, por lo que Dan y Emma pudieron enfocarse en un asunto más inmediato.

–Así que la razón por la que no hay aurores y sanadores es que el número de personas que pasa Pociones no es suficiente, o no les gusta, y por lo que hemos escuchado, parece que la culpa de todo es del profesor Snape –resumió Dan.

–Desafortunadamente, sí –dijo Andi. Se había quejado antes con los Granger sobre la falta de sanadores–. No sé a qué está jugando Dumbledore, dejándolo quedarse, pero casi todos los menores de treinta años se quejan de él.

–Ni siquiera lo intenta –agregó Hermione–. Sólo nos dice que sigamos el libro de texto.

–¿Pero está poniendo al país entero en riesgo, no? –dijo Emma–. Si no hay los suficientes aurores o sanadores…

–Es lo que le hemos estado diciendo a Dumbledore por años.

–Supongo que así funcionan las cosas cuando sólo hay una escuela –sugirió Dan–. En una comunidad pequeña y aislada como esta, un hombre puede tener bastante poder.

–Algo se tiene que hacer –dijo Emma–. Me pregunto si podemos poner la suficiente presión al Consejo por parte del público, y quizás hagan algo.

–¿Con Malfoy a la cabeza? –dijo Andi–. Buena suerte.

Pero Dan y Emma no estaban dispuestos a rendirse. Eran sus hijos quienes tenían que lidiar con Snape ahora. Era hora de que alguien hiciera algo.


Dos días después de la reunión del Wizengamot, dos figuras se encontraron en una esquina oscura del callejón Knockturn. La primera caminaba con confianza, aún si con calma, bajo la luz tenue, mientras que la otra se escondía en cada esquina.

–Así que, Sr. Malfoy –dijo la mujer, rehusándose a usar títulos incluso cuando se dirigía a los más poderosos–, recibí su carta. ¿Qué interés tiene en mis servicios esta noche?

–He admirado su cobertura del regreso de Harry Potter al mundo mágico, señorita Skeeter –dijo Lucius Malfoy con calma–. Es bueno ver que alguien está dispuesto a hacer las preguntas difíciles, incluso cuando una… persona tan querida está involucrada.

–Es para lo que me pagan, Sr. Malfoy.

Cierto, y esa espada tiene doble filo, pensó Lucius. Pero cortará a mi favor con persuasión.

–Por supuesto. Sin embargo, noté que hay algo ausente en su cobertura.

La expresión de Rita Skeeter se endureció.

–¿Y qué es?

–La familia de Potter. Se conoce muy poco de los muggles que han cuidado al Niño Que Vivió por tanto tiempo. Las personas merecen saber sobre ellos.

El rostro de la reportera se iluminó de nuevo.

–Ciertamente. ¿Por qué tanto secretismo? He escrito que Dumbledore necesita decir la verdad por meses.

–No escuchará ninguna queja de mi parte en ese punto. ¿Pero qué de la familia? Puedo ver que están bien escondidos. ¿No ha descubierto nada sobre ellos? ¿Nada que valga la pena ser publicado?

–No. Aún no. –Pero Rita parecía determinada a hacerlo–. Su ubicación parece estar bien escondida con magia… nada tan poderoso como el encantamiento Fidelio, pero parece que Dumbledore hizo que los registros fueran especialmente difíciles de ser accedidos. Las lechuzas no ayudan, todos los documentos en el Ministerio están sellados, y hay muchos registros muggles para leer con rapidez.

–Quizás está buscando en el lugar equivocado, señorita Skeeter –dijo Malfoy.

–¿Y por qué diría eso, Sr. Malfoy? –respondió con impaciencia.

Malfoy se dio la vuelta y pareció cambiar de tema, inspeccionando sus uñas con cautela.

–Me pregunto porque Potter fue removido de sus parientes sanguíneos después de años de estar con ellos.

–Obviamente algún plan de Dumbledore.

–Quizás. Pero mi hijo, Draco, ha notado que Potter no parece ser muy cercano a Dumbledore… no lo que se esperaría del anciano si estuviera a cargo de su vida.

–¿Oh? ¿Algún conflicto, quizás? –dijo Rita–. Eso sería una historia.

–Ciertamente. Y si pudiera encontrar evidencia de algo así, sería bastante valioso. Pero, regresando al punto original, ya que Potter ya no vive con sus parientes sanguíneos, sus registros son más fáciles de ser accedidos. Si hay circunstancias inusuales alrededor de Potter, es probable que su adopción sea la clave. Si pudiera encontrar la razón por la que ocurrió… –Dejó que la reportera considerara esa idea.

–Oh, esa sería la historia del año –dijo Rita con astucia–. Pero me temo que sería muy difícil de investigar, y tengo otras ocupaciones, Sr. Malfoy.

–Lo entiendo, señorita Skeeter. Sé que es una bruja ocupada. Pero quizás si tuviera los recursos financieros para conducir una investigación encubierta por… tres o cuatro meses…

Rita lo miró con una expresión llena de avaricia y respondió con dulzura.

–Lo escucho.


La víspera de año nuevo en el número 12 de Grimmauld Place fue toda una celebración. El sótano, nivel principal, y el primer piso estaban llenos de decoraciones de colores festivos del tema invernal, y los tres pisos estaban llenos de las brujas y magos más liberales de la sociedad. Los Weasley enviaron sus disculpas, pero la mayoría de los estudiantes de Gryffindor de primer año y sus familias estaban ahí, junto a los Brocklehurst, los Bones, e incluso los Greengrass, y algunos de los amigos de la escuela de Sirius y Remus. Sirius también había invitado a Victoria McKinnon y pasó una gran parte de la fiesta intentando hablar con ella. Ella pasó una gran parte de la fiesta riéndose de él. Albus Dumbledore estaba paseándose con entusiasmo en su túnica plateada, y Minerva McGonagall y Filius Flitwick estaban entreteniendo a los invitados con espectáculos de sus habilidades mágicas. Incluso Hagrid cabía cómodamente debajo del alto techo.

Los Granger lo estaban disfrutando, paseándose y conociendo a otras familias mágicas. Neville Longbottom pareció pasar gran parte del tiempo en la sombra de su abuela, y los Greengrass parecían distantes, pero Amelia Bones resultó ser bastante amigable en persona, y Dan pasó un buen tiempo hablando con el padre muggle de Seamus Finnigan.

Harry estaba escuchando a Seamus describir la escoba que su madre le había regalado por Navidad cuando un hombre mayor y muy gordo con un ridículo bigote de morsa y un elaborado traje cachemir se acercó y le dio una fuerte palmada en el hombro.

–Harry, ni niño –dijo el hombre–. Es un placer finalmente conocerte.

Harry suspiró internamente. No era la primera vez que había ocurrido esa noche, aunque era la introducción más amigable hasta el momento.

–Eh, igualmente, señor…

–Ah, Slughorn, por supuesto. Horace Slughorn, antiguo profesor de Pociones en Hogwarts.

–Ah, cierto.

Al otro lado del cuarto Sirius se dirigió a Remus.

–¿Tú lo invitaste?

–No, pensé que tú lo invitaste.

Eventualmente, Hermione tuvo que salvar a su hermano de Horace Slughorn mientras recitaba cumplidos sobre sus padres. Claro, pensó Harry, era mejor que las tonterías del Niño Que Vivió, pero aun así…

Harry pensó brevemente que Horace Slughorn era la persona más extraña que había conocido esa víspera de año nuevo, pero pronto le probaron lo contrario cuando él y su hermana se encontraron con una niña pequeña, probablemente un año más joven que ellos, con largo cabello rubio que contrastaba con su brillante vestido verde. La niña caminó a ellos con un vaso de ponche en su mano y una expresión soñadora en su rostro mientras observaba a Harry sin parpadear. Ni él ni Hermione sabían que decir.

–Hola, Harry Potter –dijo la niña finalmente. Tenía una voz aguda que la hacía sonar un año o dos más joven de lo que lucía.

–Eh… hola –dijo Harry, observando sus desconcertantes ojos azules.

La niña se dio la vuelta y la observó lo suficiente para decir, "tú eres Hermione Granger", y después regresó su mirada a Harry antes de que Hermione pudiera responder.

–Eh, sí, lo soy.

–¿Y quién eres tú? –dijo Harry mientras continuaban observándose el uno al otro.

–Mi nombre es Luna Lovegood –respondió–. Tu padrino fue muy amable al invitarnos a mi papi y a mí. –Y después, parpadeó una vez. Lentamente.

Fue entonces que Harry notó que, a diferencia de todas las personas a las que había conocido esa noche, la mirada de Luna Lovegood nunca se había dirigido a su cicatriz. De hecho, parecía entenderlo. Él le sonrió y parpadeó en respuesta sin darse cuenta de lo que estaba haciendo. Hermione los miró nerviosa.

–Gracias. Se lo haré saber –dijo Harry.

Luna asintió. Aún no estaba parpadeando mucho, otro hábito de Harry del que no pensaba mucho. Después, sin razón alguna, levantó su mirada al techo.

–Debes de tener cuidado alrededor de eso, Harry.

Harry levantó la mirada y sus ojos se abrieron como platos al ver que estaban directamente debajo de muérdago. Dio un salto para hacerse a un lado. Había las suficientes brujas jóvenes para que el niño de once años se sintiera incómodo.

–Gracias, Luna –dijo con sinceridad–. Tendré que tener cuidado.

–Ajá. Podría estar infestado de nargles.

Harry compartió una mirada confusa con Hermione.

–Eh… ¿nargles?

–Oh, sí. Son muy escurridizos. Se roban tus calcetines. Deberías colocar un amuleto para ahuyentarlos, como este. –Señaló su ramillete, el cual parecía estar hecho de una planta de rábano. Después, antes de que los niños pudieran responder, tomó un trago de su vaso y se fue.

Hermione y Harry permanecieron ahí con las bocas abiertas por un momento, sin saber que parte extraña de la conversación discutir primero.

–Pues, parece amable –dijo Harry.

–Parece extraña –respondió Hermione–, ¿y acaso te parpadeó? –susurró.

Harry se puso tenso, pero se obligó a calmarse.

–Creo que así es ella. Eh… nargles… ¿no crees?

–Nunca he escuchado sobre ellos… –Una expresión entre confusión y entretenimiento cruzó el rostro de Hermione–. Pero eso explicaría a donde van todos esos calcetines…

–¡Ejem! Disculpen… ¡Escuchen! –Todos se dieron la vuelta para ver a Sirius sonriendo sobre una plataforma improvisada que habían colocado en un extremo de la enorme cocina en el sótano–. Muchas gracias a todos por venir –dijo lo más fuerte que pudo–. Gracias por ayudarme a estrenar la nueva e impresionante Casa de los Black. Ha llegado la hora para el entretenimiento de la noche. Después de varias sugerencias de cierto reportero, escribí unas cuantas cartas y logré conseguir a alguien muy familiar para mi generación, quien estuvo de acuerdo en venir a realizar su primera aparición pública en once años. Así que, sin más espera, demos la bienvenida a… ¡Stubby Boardman!

Hubo un fuerte aplauso por parte de los invitados de la edad de Dan y Emma mientras un hombre que sí se parecía mucho a Sirius salió al escenario con una guitarra colgando de su cuello. Albus Dumbledore también lucía bastante entusiasmado por el entretenimiento. Pero todos se dieron la vuelta cuando escucharon una carcajada aguda y un golpe. Xenophilius Lovegood estaba observando con la boca abierta al ver a Sirius Black y a Stubby Boardman en la misma fiesta. A su lado, un par de pies pateaban el aire ya que Luna parecía haberse reído con tanta fuerza que había caído al suelo de espaldas en su silla.


¡Tsimpima! ¡Tsimpima! ¡Tsimpima!

¡Flipendo!

¡Locomotor Mortis!

¡Mahasu! ¡Colloshoo!

El hechizo para pegar los zapatos golpeó a Hermione en una pierna mientras intentaba esquivarlo, causando que se cayera dándole la espalda a Harry, torciéndose el tobillo. Ambos niños habían progresado bastante durante la semana al aprender las bases de un duelo típico con varitas, aunque Remus les había advertido que era probable que aún no estuvieran al nivel de niños sangre pura quienes habían comenzado temprano en el tema. Hermione canceló el hechizo y se puso de pie lentamente.

¡Expelliarmus! –gritó Harry. Se estaba volviendo muy bueno en ese hechizo.

Hermione no tuvo tiempo de darse la vuelta y verlo. Sólo adivinó lo mejor que pudo y se hizo a un lado de la sensación cosquilleante que cada vez se acercaba más a su espalda. El rayo de luz roja pasó sobre su cabeza.

Sirius y Remus soltaron un grito ahogado.

–¡Alto! –gritó Remus.

Ambos niños bajaron sus varitas y se dirigieron a su tutor.

–Buen trabajo de nuevo –dijo Remus–. Hermione, ¿cómo supiste hacia dónde evadir ese encantamiento desarmador?

–No estoy segura… –respondió–. Creo que sentí por donde venía.

–¿Usaste tu sentido de magia? –exclamó Sirius–. Eso es Defensa nivel Maestría.

–También es la magia sin varita –dijo Remus–. Supongo que si se aprende lo suficiente pronto, se aprende toda una variedad diferente de habilidades… Ahora, eso me da una idea. Canuto, ayúdame a reforzar las barreras de duelo. Hay una actividad especial que quiero probar que se usa a nivel de Maestría, en la academia de aurores, y así. Ayuda a aprender a luchar de noche, o si has sido golpeado con la maldición de conjuntivitis. Me gustaría que intentaran un duelo… con una venda en los ojos.

–¡Que! –dijeron los Granger.

–No es realmente peligroso… a menos que se estrellen contra el otro. Sólo tenemos que asegurarnos que las barreras puedan aguantar hechizos extraviados. Obviamente es más difícil que un duelo normal. Tienen que usar el sonido y la sensación mágica para saber dónde está su oponente y como evadirlo, pero es una buena habilidad, incluso si mínima, y sospecho que ambos tienen la capacidad para esta.

Los Granger podían ver el mérito así que, unos minutos después, Harry y Hermione se enfrentaron, vendados, detrás de las barreras de duelo reforzadas, elevando sus varitas a todas direcciones.

–A las tres –dijo Remus–. Uno… dos… tres.

¡Expelliarmus! –gritó Harry y de inmediato se hizo a un lado para evitar dar a conocer su posición. Hermione sintió el encantamiento pasar a su izquierda y disparó un hechizo para pegar zapatos a donde Harry había estado un momento antes. Harry apuntó por segunda vez al escuchar su voz y lanzó un maleficio de ataque sumeriano (el cual no hacía nada pero se sentía como un golpe en la nariz), pero sin poder ver, ella se dio cuenta de que podía sentirlo venir con sorprendente claridad y lo esquivó a su derecha.

El duelo fue más lento y torpe de lo normal. Dan y Emma temblaron ya que muchos de sus hechizos terminaban estrellándose contra las barreras. Los niños permanecieron de pie, escuchando y sintiendo a su oponente, lanzando hechizos de manera intermitente, y no se movieron más de lo necesario, pero aun siendo capaces de evadirse. Ambos niños pronto cambiaron a un repertorio más limitado de hechizos no-verbales para tener menos sonidos a los cuales apuntar.

Finalmente, Harry lanzó una serie de hechizos punzantes a Hermione y tuvo suerte y logró conectar un encantamiento desarmador de bajo poder. Su funda de la muñeca evitó que perdiera su varita por completo, pero su chillido de sorpresa le permitió golpearla con el hechizo para pegar los zapatos mientras pelaba con su funda.

¡Flipendo! ¡Flipendo! –gritó antes de intentar cancelar el hechizo.

¡Expelliarmus! –gritó Harry. Su encantamiento desarmador verbal fue suficiente para que Hermione perdiera su varita por completo antes de que pudiera despegar sus zapatos. Pero no se rindió, sacando sus pies de sus zapatos y lanzando varios hechizos punzantes sin varita en dirección a Harry. Harry tuvo que retroceder ante el asalto, pero se estaba iluminando como blanco. No pasó mucho tiempo antes de que la golpeara con un "¡Bracchium Wibbly!, haciendo imposible que pudiera apuntar.

–¡Y, alto! –gritó Remus–. Harry gana. Eso fue muy impresionante –dijo retirando las barreras. Hermione elevó sus manos temblorosas y logró quitarse la venda. Remus canceló los hechizos en ella mientras Harry se quitaba su propia venda y levitaba su varita hacia ella–. No creo que ninguno de los dos tendrá problemas sacando calificación perfecta en sus exámenes de Defensa cuando llegue el momento. Pero mantengan en mente que todo esto será más difícil con hechizos más avanzados. Necesitarán más práctica con esos que lo que hemos hecho esta semana.

–Creo que podemos contar eso como algo bueno –sugirió Emma–. Es algo escalofriante lo mucho que lograron esta semana.

–Estamos orgullosos de ustedes, niño –agregó Dan–. Sólo tengan cuidado y no comiencen a hechizar a personas en la escuela… incluyendo el uno al otro. –Harry y Hermione asintieron con responsabilidad.