JK Rowling et Alma Inamabilis Sciurus dormiens nunquam titillandus.
Nota de la traductora: Disculpen la tardanza. Tenía toda la intención de de publicar el capítulo el sábado, pero las vacaciones me distrajeron más de lo que esperaba. ¡Espero que disfruten de este nuevo capítulo!
Capítulo 34
El viaje en tren a Hogwarts regresó a Harry y a Hermione a su rutina normal: saludar a sus amigos, intercambiar unos cuantos comentarios sarcásticos con Draco Malfoy, aguantar las miradas al Niño Que Vivió y Capturó a un Mortífago a los Once Años; aunque por suerte, las miradas a Harry ya no eran tan frecuentes.
Lo nuevo fue que, los niños se entusiasmaron al ver, sus compañeros discutían con intensidad la obra de Navidad mientras hablaban sobre sus vacaciones.
–¿Así que esa en verdad es la versión original?
–Nunca me hubiera imaginado que algo de Beedle el Bardo fuera… bueno, mira a Babbitty Rabbitty.
–Fue un truco sucio el poner a un muggle a actuar como muggle sin decir a nadie.
–Pensé que eso fue brillante al final. No me importaba quien fuera. Sólo quería que alguien pusiera a Atlantes en su lugar.
–Pues, yo soy mestizo, y muchas personas tienen padres o abuelos muggles, y podemos decir que los muggles son más inteligentes de lo que muchos magos piensan.
La respuesta fue en su mayoría positiva, lo cual era bueno, junto con bastante sorpresa, lo cual era, aunque triste, incluso mejor en términos prácticos. Como miembro de una Casa Noble que había sido criado por muggles, Harry había recibido varias preguntas sobre la obra y la idea general detrás de ella, a lo cual respondió que los muggles eran personas como los demás y que habían sido una maravillosa familia para él, ¿y por qué no deberían tener los mismos derechos?
Después de saludar a la mitad del tren, finalmente encontraron a las personas que estaban buscando. Las dos niñas Slytherin, convenientemente, tenían un compartimiento para ellas solas.
–Buenas tardes, señorita Greengrass, señorita Davis –dijo Harry con formalidad–. Lamentamos no haber tenido la oportunidad de hablar con ustedes durante la fiesta de año nuevo. ¿Cómo estuvieron sus vacaciones?
–Muy agradables –respondió Daphne Greengrass con fineza–. Espero que las suyas también, señor Potter, señorita Granger. –Ambos asintieron–. Nos preguntábamos cuando vendrían.
–Sí, ya era hora de otro debate –agregó Tracy Davis.
Harry y Hermione suspiraron internamente. Era una tragedia que no podían hablar con ellas dos sin que fuera de política… aunque eso también era su culpa.
–Lo sentimos –dijo Hermione–. Si estamos interrumpiendo algo… –Pero Daphne y Tracy parecían estar disfrutando hacerlos sudar.
–No, ¿saben qué? Siéntense, los dos –dijo Daphne–. Cierren la puerta. Hemos querido hablar con ustedes también.
Harry y Hermione no tuvieron que escucharlo dos veces.
–Así que… ¿por cuánto tiempo han sabido sobre la obra de Navidad? –preguntó Daphne con intensidad.
–Ah –dijo Harry, sorprendido por un momento por el tema de discusión–. Pues, Mandy nos dijo sobre la premisa básica en septiembre. Mi representante obtuvo una copia avanzada del guion en noviembre. Hubiera sido antes, pero tuvimos el juicio.
–Oh, no me lo recuerdes –dijo Daphne–. Mis padres se molestaron bastante por ese desastre en el Wizengamot.
–Eh, sí. Así que teníamos una buena idea de lo que estaba ocurriendo antes de que algo fuera publicado en el periódico.
–No habíamos escuchado sobre la versión original hasta que Mandy nos dijo –mencionó Hermione.
–Sí, he escuchado que los Brocklehurst están haciendo una fortuna por reimpresiones de la versión original de Los cuentos de Beedle el Bardo –dijo Tracy–. Incluso yo tengo una copia. Es sorprendente lo mucho que es diferente.
Daphne hizo una mueca ante el entusiasmo de su amiga.
–¿Y qué de la actriz muggle? –preguntó–. ¿Sabían sobre ella?
–No, no hasta la noche de estreno –dijo Harry–. Esa fue una sorpresa… Aunque fue buena.
–Sorpresa es poco. Los conservadores están molestos porque no pueden arrepentirse de lo que dijeron en sus reseñas.
–¿Por qué dieron reseñas positivas entonces? –dijo Hermione–. ¿Considerando el tema?
–No positivas como tal, pero muchas de ellas fueron decentes antes de saber otra cosa. La Casa de los Greengrass tiene la suficiente integridad para darles buenas reseñas de todos modos. Pero el punto es, queremos saber cuánto planearon con ellos.
Harry y Hermione intercambiaron una mirada nerviosa.
–Honestamente, no lo hicimos –dijo Harry–. Sabíamos sobre el guion y nos aseguramos de estar ahí, la recomendamos a unas cuantas personas, pero eso es todo.
Daphne y Tracy intercambiaron una mirada, como evaluándolos.
–¿Así que todo fue cosa de los Brocklehurst, como todos lo piensan?
Ambos Gryffindor asintieron.
–Así que Lord Brocklehurst estuvo del lado de los muggles todo el tiempo.
–Mandy sería una mejor persona con quien hablar de eso –dijo Hermione.
–Oh, no te preocupes. Hablaremos con ella también –respondió Tracy–. Pero en verdad pensé que fue una obra maravillosa.
–Sí, especialmente porque me ves sufrir por ella –la regañó su amiga.
–¿Y a ti qué te pareció la obra, Daphne? –preguntó Hermione.
–¿Qué más hay que decir? –dijo la niña rubia–. Bien actuada, historia entretenida, y, sí, Tracy, en verdad sentí por los muggles al final. También confundió a mi abuelo. Ya te dije cómo se siente. No esperábamos que una historia tan a favor de los muggles fuera tan… "absorbente", dijo.
–Oye, es una buena historia, ¿por qué no? –sugirió Tracy.
–Puedo admitir que es una buena historia, Tracy, pero sabes que está causando mucho revuelo. Mi abuelo está manteniéndose al margen hasta que las cosas se tranquilicen y pueda ver en qué dirección sopla el viento… Así que ahí está su respuesta si la estaban buscando –dijo mirando a Harry y Hermione.
–Bueno, eh, gracias –dijo Harry. Sintió que nunca se iba a acostumbrar a todas esas cosas políticas. Afortunadamente, las jóvenes Slytherin eran capaces de hablar de otras cosas, mientras Hermione logró llevarlas a una conversación sobre las clases. (Daphne y Tracy trabajaban duro–. Ponemos esa ambición Slytherin en buen uso –dijo Tracy.)
El resto del viaje en el tren fue razonablemente agradable.
Al regresar a la escuela, los estudiantes de inmediato tuvieron que regresar a clases, y muchos de los profesores les regresaron sus calificaciones de medio año. Hermione recibió las calificaciones más altas en todo, excepto Pociones, y a Harry también le fue bien, incluyendo una E en Defensa, aunque ninguno pensó mucho sobre el tema hasta la cena cuando escucharon gritos desde la sala de profesores mientras caminaban a cenar.
–¡Esto es una atrocidad!
Draco Malfoy sonaba más molesto de lo normal. Hermione y Harry se acercaron con calma y se sorprendieron de ver que un número de Slytherins había acorralado al profesor Quirrell afuera de la sala de profesores, incluyendo a Daphne Greengrass. Los dos Gryffindor se acercaron para escuchar lo que la había hecho trabajar junto a Malfoy. Uno de los estudiantes mayores lanzó una mirada en su dirección, pero se ocultaron detrás de una esquina cercana y escucharon con atención.
–¿Qué quiere decir, Sr. Malfoy? –dijo Quirrell con voz suave.
–Queremos decir los resultados de estos exámenes, profesor –dijo un estudiante mayor–. No somos tontos, ¿sabe? Podemos comparar con los de otras casas.
Hermione lanzó a Harry una mirada de sorpresa. Sonaba a que los Slytherin habían recibido calificaciones más bajas en comparación con las otras casas en el examen de medio año de Defensa. Quizás el profesor Snape no era el único que tenía favoritos en Hogwarts.
–No veo nada malo con estos resultados, Sr. Jugson –dijo Quirrell.
–¿Flint reprobó? –demandó Malfoy–. ¿Y Higgs? Puedo entender de Crabbe y Goyle, pero además de ellos, casi no hubo ninguna E en Slytherin. Greengrass y yo, herederos de dos Casas Antiguas, ¿sólo recibimos S?
–Sr. Malfoy, ¿está bajo la impresión de que merece tratamiento especial por su nombre?
Harry y Hermione se rieron en voz baja. Malfoy tartamudeó un poco, pero no era un tonto.
–Estoy bajo la impresión de que los Malfoy conocemos nuestra Defensa Contra las Artes Oscuras, profesor –dijo–. Y reconocemos calificaciones injustas cuando las vemos.
–¿Y por qué las calificaciones que otorgué son injustas? –insistió Quirrell–. Si no están satisfechos, quizás debieron pasar más tiempo estudiando y menos paseándose por los terrenos o haciendo lo que sea que hacen en los almacenes de escobas.
Hubo varios gruñidos y murmullos mientras los Slytherin se enfurecían ante lo escuchado. Cada uno de ellos sabía bien que eran exactamente los mismos argumentos que Snape usaba para justificar su favoritismo. La boca de Hermione se abrió. ¿Acaso Quirrell estaba criticando a Snape?
–¿Sabe que tiene su trabajo gracias a la disposición del Consejo, no es así, profesor? –dijo Malfoy–. Mi padre se enterará de esto.
Harry articuló lo último al mismo tiempo que él, causando que Hermione se riera lo suficiente fuerte que tuvieron que salir corriendo. Sólo alcanzaron a escucharon la respuesta a medias de Quirrell:
–Creo que estoy bajo un contrato de un año, Sr. Malfoy…
–Sólo estoy diciendo que con la capa y el mapa no hay manera de que nos descubran. Podríamos permanecer lejos de las rondas.
Harry había estado ansioso por probar su nuevo regalo de Navidad toda la primera semana de regreso, pero Hermione era más difícil de convencer. Claro, podía escabullirse sin ella, pero esperaba poder corromperla un poco.
–Eso dices –regañó Hermione a su hermano–. ¿Qué tal si el profesor Dumbledore tiene algo como el mapa?
–Fred y George nunca fueron descubiertos… bueno, casi nunca. Y Dumbledore me dio la capa. Y dijo "úsala bien". Probablemente quiere que la use para algo.
–Probablemente quiere que la tengas por seguridad.
–¿Y qué hay de divertido en eso?
–Creo que hay maneras seguras de divertirse. Tú sabes, que no te lleven a ser expulsado.
–Pero sólo estaremos en problemas si nos descubren –insistió Harry. Le mostró el mapa del merodeador de nuevo.
–¿Y si les digo a mamá y papá? –dijo Hermione–. Nos dijeron que no usáramos la capa para causar problemas.
–No lo harías.
–Sí, lo haría.
–Vamos, hermanita, vive un poco. Sirius estará muy decepcionado si no logro que rompas las reglas por lo menos una vez este año.
–¿Qué? Tú… tú lo estás pidiendo, hermano. En verdad lo estás pidiendo. –dejó que algo de magia chispeara en sus dedos.
Harry dio un paso atrás.
–Sabes que no podrás detenerme siempre –dijo.
–Puedo intentarlo. Además, ¿por qué quieres salir? ¿A dónde crees que vas a ir?
–No lo sé. Quizás sólo explore un poco… ver si algo es diferente de noche.
–Dudo que algo sea tan diferente. Y si es lo único que estás haciendo, ¿cuál es el punto? –Harry sacudió los hombros.
–¿Qué tal si digo que es buena práctica para las emergencias?
Hermione lo observó e intentó pensar una buena respuesta antes de decidir que no valía la pena. Así fue como, tarde esa noche, un par de niños invisibles se escabulleron a través del retrato de la torre de Gryffindor.
–No puedo creer que dejé que me convencieras.
–Vamos, sabías que querías venir desde un principio.
Hermione estaba pegada a Harry debajo de la capa de invisibilidad, observando el castillo como a través de un velo, sus ojos lanzando miradas periódicas al mapa del merodeador para asegurarse que nadie más estaba cerca.
Deambularon por el tercer piso, lo suficiente lejos de Fluffy, sin buscar algo en particular. Harry se preguntó si el humor de Hermione mejoraría si descubrían que la capa les permitiría entrar a la biblioteca de noche.
–Oh no. Mira –susurró Hermione de repente. Harry miró a donde estaba señalando. Otro punto estaba subiendo las escaleras y se acercaba a donde estaban. Estaba marcado con el nombre "Albus Dumbledore".
–¿Qué está haciendo? –susurró preocupada.
–Es Dumbledore. ¿Necesita una razón? –susurró Harry de regreso.
–¿Qué hacemos?
–No te asustes. Nos esconderemos en una de las aulas hasta que se vaya.
Entraron en el cuarto más cercano lo más silenciosos que pudieron y miraron a su alrededor mientras esperaban a que Dumbledore pasara. Sólo era otra aula vacía, como muchas en el castillo, con sillas y escritorios contra las paredes, excepto…
–¿Qué es eso? –susurró Hermione. Harry lanzó una mirada y vio la única cosa que no pertenecía ahí: un espejo grande de estilo barroco recargado contra la pared.
–Qué extraño. ¿Me pregunto por qué está aquí? –susurró de vuelta.
–No lo sé. –Hermione salió de debajo de la capa y se acercó al espejo–. Qué raro. No veo nada… –dijo. Se acercó más y dio un salto por la sorpresa–. ¡Oh! ¿Mamá? –habló con voz más alta, Dumbledore completamente olvidado–. No, es… ¿soy yo?
–¿Qué? ¿Quién es?
–No muestra un reflejo normal… me veo a mi misma, pero mayor… como de veinte años… ¡Ah! –Se dio la vuelta y examinó el cuarto con miedo.
–¡Qué!
Hermione se dio la vuelta para ver de nuevo al espejo.
–Es Dumbledore… También está en el reflejo, pero no está aquí. Está… está entregándome algo… –Se acercó y entrecerró los ojos por la luz tenue–. ¡Vaya! Es un Doctorado en Hechicería.
–¿Qué? Déjame ver –dijo Harry con incredulidad. Se acercó más y se paró junto a su hermana. Después, soltó un grito ahogado.
–Lo ves.
–No –dijo en un respiro–. Veo… veo a mis padres.
–¿Qué?
–Yo… nos veo a nosotros, como estamos, y mamá y papá están detrás de nosotros… y también mis padres biológicos.
–¿Pero cómo…?
–No lo sé. Hay más personas en el fondo. Creo que veo a Sirius y Remus.
–Pero eso no tiene sentido –dijo Hermione–. Veo algo que parece el futuro… o podría serlo. Y tú ves… –Algo que no es real, pero no pudo decirlo–. ¿Qué tipo de espejo es este?
Harry no dijo nada, pero quitó su mirada de la imagen y miró al marco.
–Mira –dijo señalando la parte superior. Había una inscripción: "Oesed lenóz aro cut edon isara cut se onotse"–. ¿Qué idioma es ese?
–No lo sé –respondió Hermione–. No parece nada que haya visto antes… –Intentó pronunciar las palabras–. Oesed… cut… cut se onotse. –Su voz se escuchó con un extraño acento mientras observaba el espejo, y sintió una chispa en su mente–. Por supuesto, está al revés. Esto no… no es tu… tu cara sino… de tu corazón… el deseo. Oh, así que nos muestra lo que queremos ver. –Sonaba decepcionada.
–El deseo de tu corazón –dijo Harry–. Así que tu deseo es obtener un Doctorado en Hechicería. –Hermione no respondió–. Y el mío es…
–Tu familia viva y… y amigos de la… mía –dijo ella con reverencia. Hubo un silencio incómodo. Hermione no podía recordar la última vez que uno de ellos había hablado de sus padres como sólo siendo de Hermione. Su propio deseo se sintió bastante tonto. Levantó la mirada y soltó un grito de sorpresa.
–¿Qué?
–Cambió.
–¿Cambió? ¿Cómo?
–Pues, Dumbledore y yo aún estamos ahí, pero ahora también estás tú, y también mamá y papá y tus padres biológicos.
–¿Pero por qué cambió?
–No lo sé. Estaba pensando sobre tu deseo y… mmm… supongo que el deseo de tu corazón puede cambiar con tu estado de ánimo.
–Eh. Quizás…
Ambos niños guardaron silencio. Observaron el espero por varios minutos, embelesados por las visiones en éste. Fue sólo cuando escuchó el sonido de las manos de Harry presionando el vidrio que Hermione reaccionó y se dio cuenta de que no tenía idea de cuánto tiempo había pasado.
Colocó una mano con gentileza sobre el hombro de su hermano.
–Harry, creo que deberíamos irnos.
–¿Irnos? ¿Por qué?
–Algo se siente extraño sobre este espejo… No creo que sea saludable, observar a algo que sólo nos muestra lo que queremos ver. Creo que deberíamos de dejarlo.
Harry continuó observándolo y parecía en peligro de caer de nuevo en la fantasía, pero quitó sus ojos con renuencia de la visión.
–Sí, probablemente tienes razón, hermanita –admitió–. Vamos a ver si ya se fue Dumbledore. Podemos hablar con Sirius a través del espejo cuando regresemos a la torre.
Afuera del aula, Albus Dumbledore sonrió y canceló su encantamiento supersensorial y se fue. Era bastante afortunado, pensó. La hermana de Harry parecía ser el tipo correcto de buena influencia para él: dispuesta a ir con él en sus aventuras nocturnas, pero manteniendo la cabeza. Parecía que su plan resultaría bien.
Unos cuantos días después del comienzo del semestre, la lechuza de Andi, para su sorpresa, entregó a Harry un elegante paquete durante el desayuno.
–¿Esperabas algo? –preguntó Hermione.
–No, te lo hubiera dicho. Espera, hay una nota.
Querido Harry:
Esto llegó a tu oficina dirigido a ti, y me costó bastante trabajo convencer a la lechuza de dármelo a mí. Lo iba a tirar, pero pensé que lo querrías en caso de que alguno de tus amigos fuera fan de Lockhart.
Andi
–¿Lockhart? –preguntó Harry.
–Oh, mi madre leyó todos sus libros –dijo Ron–. ¿Pero por qué te está enviando algo?
–No lo sé. –Tomó el paquete de la lechuza y lo abrió. Había una fotografía en movimiento a color de él con un mago alto y rubio con una sonrisa blanca sobrenatural y una túnica de color lila, con su brazo alrededor de su hombro. Ambos estaban usando sus medallas de bronce de la Orden de Merlín. El Harry en la fotografía estaba luchando por escapar. En la parte de abajo, la foto estaba firmada con fina letra cursiva: Gilderoy Lockhart.
–Oh, ese tipo –gruñó Harry–. Me acorraló al final de la reunión.
–Oh, sí –dijo Neville inclinándose a ver–. Lockhart se ha tomado una fotografía con casi todos los miembros del Wizengamot. Intentó hacerlo con mi abuela una vez, pero ella atrapó su nariz con una trampa para ratones.
Todos a su alrededor se rieron.
–¿Una trampa para ratones? –preguntó Hermione entre risas.
–Es una larga historia.
La risa había atraído atención adicional y varias personas se acercaron a ver que estaba viendo Harry.
–Por Dios, ¡te tomaste una foto con Gilderoy Lockhart! –chilló Lavender Brown.
–Eso supongo –dijo Harry–. ¿Quién es él?
–¿Quién es Gilderoy Lockhart? –Lavender sonaba escandalizada–. ¡Sólo es el mejor cazador de criaturas oscuras en el mundo!
–Y bastante guapo –agregó Parvati Patil.
–Ha ganado el Premio a la Sonrisa Más Encantadora de la revista Corazón de Bruja por cuatro años seguidos.
–Puedo verlo –dijo Hermione con interés, examinando la foto con atención. Harry se burló.
–Pero es brillante –dijo Ron. Comenzó a contar con sus dedos–. Ha luchado banshees, espíritus, trolls, vampiros, hombres lobo, y yeti.
–Y todo sin arruinar su sonrisa –dijo Parvati con entusiasmo.
–No lo sé –sonrió Harry–. No estoy seguro de que sea saludable que sea tan blanca.
Hermione lo golpeó en el brazo.
Harry decidió guardar la fotografía en su baúl antes de ir a clase de Encantamientos para no tener que aguantar más críticas. Él y Hermione ya habían logrado aprender cómo aprender nuevos hechizos en Encantamientos, a pesar de su diferente modo de controlar su magia. Era la materia favorita de ambos (y de la mayoría de los estudiantes de primero ya que involucraba más práctica). Pero ese día había algo más: después de noventa minutos de aprender el encantamiento básico para reparar, se acercaron al profesor Flitwick en el aula vacía.
–Ah, Sr. Potter, señorita Granger –chilló el pequeño hombre–. Debo decir que estoy muy impresionado por su progreso este año. Creo que sus propios estudios les ayudarán ahora que ya están acostumbrados.
–Gracias, profesor –respondió Harry sonrojándose un poco–. De hecho, queríamos hablar con usted de otra cosa.
–Por supuesto.
–Un amigo de la familia nos enseñó las bases de duelos durante las vacaciones –dijo Harry–. Remus Lupin… quizás lo recuerde.
–Oh, sí, por supuesto que recuerdo a Lupin –dijo Flitwick–. Prefecto para Gryffindor, excelente en Encantamientos y Defensa, hubiera sido una gran adición para el Departamento de la Aplicación de la Ley Mágica si no fuera por… bueno…
–Sabemos sobre las restricciones, profesor –dijo Hermione en voz baja.
–Oh, ya veo. Así que, ambos están interesados en duelos. ¿Me pregunto si quizás puedo ver una demostración de lo que han aprendido?
–¿Qué? ¿Aquí? –dijo Hermione sorprendida.
–¿Por qué no? –Flitwick agitó su mano unas cuantas veces, causando que la puerta se cerrara y los escritorios dejaran el espacio en medio del aula–. No por nada fui Campeón de Duelos de la Conferencia de Europa Occidental en 1968, ¿saben? –Cambió los movimientos de su varita por los que Hermione y Harry reconocieron como los que usaba Remus para crear las barreras de duelos–. Ahora, conocen las posturas, ¿verdad?
Harry asintió y chasqueó sus dedos. Su varita saltó a su mano. Hermione hizo lo mismo y se movieron a sus lugares dentro de las angostas barras.
–Ah, fundas para varitas. Excelente –dijo Flitwick con entusiasmo–. Ahora, una reverencia… y a la cuenta de tres. Uno… dos… ¡tres!
Ambos niños comenzaron a lanzar hechizos el uno al otro, esquivando lo mejor que podían. Con las fundas, incluso unos cuantos encantamientos desarmadores no los detendrían, y los hechizos continuaron volando por un tiempo. Pero finalmente Hermione logró separar a Harry de su varita. Él comenzó a lanzar hechizos sin ella, para el entusiasmo de Flitwick, pero no pudo mantener el ritmo y el duelo pronto terminó con Hermione lanzando un hechizo de parálisis de cuerpo entero, y cayó al suelo, tan tieso como una tabla.
–Maravilloso –dijo Flitwick, retirando las barreras mientras Hermione ayudaba a su hermano a levantarse–. Diez puntos para Gryffindor. Si no supiera mejor, diría que vi un duelo de dos estudiantes de segundo año. Mis felicitaciones para el Sr. Lupin.
–Gracias, profesor –dijo Hermione mientras Harry recuperaba su aliento.
–Sí –agregó Harry–. Profesor, nos estábamos preguntando, ya que los duelos no son gran parte del currículo de Defensa, ¿sería posible crear un club de duelo?
–¡Un club! –chilló Flitwick–. Eso sería estupendo. No ha habido un club de duelos desde la década de 1960… es esa terrible maldición en el puesto de Defensa. Por supuesto, yo fui presidente del club cuando era un estudiante. Sí, creo que sería una idea excelente.
Harry y Hermione sonrieron.
–Pero, desafortunadamente, me temo que no podría hacerlo solo –continuó–. Estoy muy ocupado con el Coro de Ranas, y no hay mucho tiempo para que esté listo este semestre de todos modos. Pero hablaré con otros profesores para ver si pudieran ayudar, y creo que podríamos comenzar en septiembre u octubre. Y, si me permites decirlo, Potter, creo que contigo involucrado, será un éxito.
–Yo… gracias, profesor –dijo Harry–. Lo esperamos con ansias.
