Cuando entró al estudio, lo primero que recibió al llegar fue un azote de humo y alcohol que hizo cosquillear su nariz, se tapó con el dorso de su mano y se ajustó su bolso a su hombro buscando con la mirada a su amigo Angel. Esperaba que hubiera terminado ya su show para que le ayudara con su maquillaje, aún no era del todo buena con eso y de todos sus compañeros, Angel era el único que sabía cómo pintarla sin que pareciera demasiado exagerado, odiaba tener tantos kilos de maquillaje en su rostro y su amigo le ayudaba con esa tarea a menudo para que no pareciera una Drag Queen. Aunque siempre la mascara que llevaba cubría la mayor parte de su rostro.

Debes lucir bien, para actuar bien. Había dicho una vez Angel.

Suspiró cruzando la cortina de humo que se había formado delante de sus ojos.

Esta noche tenía que presentar un show de cierre en el 'Estudio Porn Valentino' siempre lo hacía cada fin de semana en las noches. Pero hoy Valentino estaba sentado en su trono junto con dos chicas a sus lados restregándose a él como gatas en celo.

Eso solo significaba una cosa.

"Reunión de Socios"

Cómo cada seis meses.

Bufó recordando como cada medio año, Valentino y sus secuaces infiltrados en la mafia o en la prostitución, tenían la costumbre de reunirse en uno de los tantos negocios de Valentino, para discutir sobre sus ganancias, presumir de sus nuevas adquisiciones, o planear su siguiente movimiento para obtener más dinero.

Todo eso lo sabía por Angel. Ella nunca había tenido la oportunidad de presenciar una reunión de ese tipo, desde que llegó ahí hace tres años, no había conocido a ninguno de los socios de Valentino. Su jefe tenía cientos de negocios por toda la ciudad. Y cada seis meses, escogía uno para realizar su reunión de socios.

Este año, había escogido el mismo estudio.

Miró con desagrado en la parte de arriba como una de las chicas se tiraba en el regazo de su jefe como una gata haragana y la otra se dedicaba a acariciarle el pecho por encima de ese espantoso abrigo de pieles que tenía la costumbre de portar. No tenía la intención de presenciar que harían después, haría el show de cierre y listo. Terminaría con eso para poder ir a casa a descansar como Dios manda.

Caminó dificultosamente por la multitud aglomerada que impedían su pase rápido hacia detrás del escenario, y sin preverlo chocó duramente contra una figura alta y delgada que la hizo trastabillar hacia atrás.

—N-No puede ser, d-disculpe — tartamudeó Charlotte encontrándose en su campo de visión un par de ojos color marrón cubiertos parcialmente por unos lentes, pero de igual forma eran los más encantadores que había visto y casi la hicieron tambalearse hacia atrás si no fuera por la reacción rápida de éste.

—Descuida, cariño. Fue sólo un tropezón, debes ir con más cuidado — dijo el misterioso caballero ayudando a la dama estabilizarse, preguntándose secretamente en su mente que hacía una criatura tan dulce y frágil en un lugar como ese. La chica tendría como mucho unos 20 años, su rostro era dulce y sonrosado, tenía unas cuantas facciones aniñadas y su cuerpo era menudo, pero bien formado. Su largo cabello rubio hasta la espalda que enmarcaban su piel lechosa y tersa, la hacían ver cómo una adorable e indefensa conejita en medio de una jauría de lobos hambrientos, debía estar perdida. Sí, esa era la explicación más lógica.

Por otro lado, Charlotte quedó prendada al ver su porte y elegancia, se le hacía extraño que un hombre tan bien puesto como el estuviera en un estudio pornográfico. Su traje era demasiado elegante para el lugar en el que estaban y su forma de hablar era tan elocuente y animada. No se veía del tipo de persona que iba a ese lugar por cuenta propia.

—Y dime tesoro, ¿Qué estás haciendo en un lugar como este?... acaso, ¿Te has equivocado de dirección, cariño? — preguntó sonriendo sutilmente hacia la hermosa doncella delante de él.

La rubia parpadeó sorprendido y de inmediato tartamudeó una respuesta negativa.

—Eh-Ah, n-no... la verdad es que yo... yo… trabajo aquí — murmuró tan débilmente que el hombre alzó una veja entre curioso y extrañado.

—¿Perdón tesoro? No te he entendido bien — dijo ladeando la cabeza con intriga, sin perder su característico entusiasmo.

La chica respiró hondamente antes de hablar.

—Trabajo aquí — repitió Charlotte. El sujeto quedó en silencio asimilando las palabras dichas por la chica y luego abrió la boca para decir lo que pensaba.

—¿Eres mesera, cariño?

Un temblor desagradable recorrió el pequeño cuerpo de Charlotte y simplemente se preparó para que el hombre la repudiara en cuanto le mencionara su oficio. Ya muchos lo habían hecho, esta vez no sería diferente.

—La verdad es que yo...

—Oh, con que ahí estas, ¡Date prisa niña! — de repente dijo una voz a lo lejos llamando la atención de ambos individuos — ¡Ya casi es tu turno! Deja de perder el tiempo y corre a cambiarte — gritó una mujer de baja estatura con ropa extravagante, que tenía un claro ceño fruncido mientras sostenía el telón rojo del escenario tras de ella.

—M-Me tengo que ir, lo lamento mucho señor— dijo inmediatamente dejando el castaño parado en su sitio sin tener oportunidad de decir algo más.

Sus lentes brillaron mientras observaba a la chica salir disparada hasta un telón rojo que sabía muy bien para quienes estaba destinados. No pudo evitar sentir asombro por aquella chica, lucía tan vulnerable, tan indefensa. Este lugar no estaba destinado para una criatura cómo ella, sin embargo, había venido por negocios con Valentino. No había ido para ver el nuevo personal de Val.

Aunque su interior realmente deseaba indagar más en la vida de aquella hermosa y frágil criatura.

Sonrió de vuelta y regresó a la mesa asignada para los socios exclusivos de Valentino, no sin antes pedirle al malhumorado de Husk una copa de Whisky con dos cubos de hielo flotando en la dorada bebida. Supongo que los negocios y la bebida alcohólica que ofrecía el estudio era lo mínimo que verdaderamente merecía su tiempo.

El olor desagradable de tabaco inundó sus fosas nasales y desafortunadamente se limitó a la idea de aspirar el fastidioso humo hasta que todos los espectáculos se dieran por terminados. Val tenía la costumbre de hablar sobre sus negocios después de disfrutar de los shows de sus propios empleados, en un sillón VIP que estaba ubicado en uno de los palcos de arriba del estudio, como recalcándoles a todos que su negocio no tenía nada que envidiarles a los otros, autoproclamándose silenciosamente como el rey del lugar mientras disfrutaba los espectáculos y las bebidas alcoholicas.

Dio un sorbo a su bebida y casi de inmediato un brazo se enroscó alrededor de sus hombros obligándolo a mirar al poseedor de aquella extremidad, identificándolo como Vox, el cliente-socio comercial más cercano a Valentino. Le sonrió como siempre lo hacía desprendiendo algo de incomodidad al tener su brazo aún enroscado a su cuello, si algo detestaba más en el mundo que a los perros, era que lo tocaran. Veía tan innecesario el contacto físico con otras personas, era sumamente desagradable y para nada cómodo, a menudo lidiaba ese problema con Vox y esa chica Velvet, quien siempre andaba con ese fastidioso teléfono móvil sacándose selfies y tomándose algunas con él sin su autorización.

Suspiró cansinado y retiró el brazo del pelinegro de su hombro ofreciéndole un saludo cortés.

—Buenas noches, mi estimado Vox. Te ves muy bien esta noche — se dedicó a halagarlo viendo cómo una sonrisa narcisista se dejaba ver en su rostro mientras se sentaba en una silla a un lado de él.

—Siempre tan adulador, Alastor. Creí que esta noche no te vería por aquí — reflexionó.

—Lamento informarte que esta noche no será así mi estimado Vox.

—Con que dándotelas de misterioso, eh. No nos hemos visto en un par de años. ¿El respetado y firme Alastor sentado en un club nocturno? ¿Qué pasó con tu recato?

—Tengo mis razones para estar aquí — habló encogiéndose de hombros dándole un gran sorbo a su bebida.

—Ya lo creo que las tienes — se rió Vox recargándose en el respaldo de su silla — aunque imagino que no estas por las mismas razones que estos hijos de puta — dio una sonrisa ladeada señalando hacia el público que esperaba ansioso la próxima y última función de la noche aglomerados alrededor del alto escenario.

Las luces se atenuaron y en su lugar un par de luces de colores iluminaron el lugar repartiendo en el aire la sexualidad y el misterio que muchos buscaban

Un hombre de mediana edad salió con un micrófono en mano y una sonrisa cordial mientras veía entre las penumbras los rostros de varios clientes ansiosos y otros con una botella en mano gritando ansiosos. Sin darle más cabida a la espera, se llevó el aparato a su boca para comenzar a hablar.

—Y con ustedes, como cada noche de fin de semana, tenemos como acto final a nuestra encantadora arcangel — anunció el hombre de ropas elegantes hacia el público masculino — ella bajó desde el mismo cielo para encandilar a todo aquel que mire su hipnotizante danza... — la audiencia grito aún más y finalmente el hombre provocó un chasquido con su lengua antes de pronunciar — Por favor reciban con un fuerte aplauso a la estrella de esta taberna, la única, la inigualable. Un cálido recibimiento para la maravillosa... '¡Angelus!' — gritó apartándose del escenario para que el telón se abriera y apareciera en su lugar una hermosa joven entallada en un vestido transparente que se apegaba a su cuerpo y dejaba a la vista el color de ropa interior color blanca de encaje, hermosamente adornada con detalles plateados. Parecía una hermoso diente de león en flor.

Una suave música comenzó a sonar de manera hipnótica mientras la joven que estaba agazapada en el suelo comenzó a levantar su cabeza cubierta por una máscara blanca, dejando en incógnita su identidad. Sus brazos desnudos acariciaron el frío suelo del escenario antes de que cuerpo se levantara con ella lentamente, siguiendo el ritmo de la melodía, provocando que su vestido ondeara de manera preciosa al entorno de su cuerpo.

Cuando las primeras letras de la canción comenzaron a escucharse, Charlotte comenzó bailar de manera lenta y encantadora, agarrándose del tubo para girar junto con los bordes de su vestido.

I see that look in your eyes

It makes me go blind

Cut me deep, these secrets and lies

Storm in the quiet

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Su vista se posó lentamente en el caballero de lentes que estaba sentado en una mesa no muy lejos del escenario, había detenido su charla con su acompañante para mirar intensamente su baile. Algo que Charlotte aprovechó para poner más empeño en sus movimientos.

Feel the fury closing in

Sus blancas manos comenzaron a servir de soporte para su cuerpo mientras sus pies la levantaban y quedaba suspendida en el aire dando vueltas al rededor del tubo de metal como un grácil trompo de cristal.

Are resistance wearing thin

Nowhere to run from all of this havoc

Sus piernas se abrieron haciendo un Split sin dificultad echando su cabeza hacia atrás, donde sus largos rizos tocaron el escenario con suavidad.

Nowhere to hide from all of this madness, madness, madness

Madness, madness, madness

De un salto se recompuso y se agarró del tubo, esta vez subiéndose a él, no sin antes tirar de los lazos de su vestido dejándolo caer al suelo revelando su ropa interior de encaje, haciendo enloquecer a la audiencia cuando de una patada arrojó la prenda hacia los espectadores. Sus manos se pasaron por su grácil cuerpo antes de tomar impulso y girar con mucha gracia ayudada del tubo de metal.

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Detuvo abruptamente las vueltas para bajar resbalando acompasada de la siguiente estrofa, cayendo lentamente al suelo sentada de manera sensual con la cabeza gacha.

Feel the fury closing in

Levantó su cabeza y miró hacia a la audiencia de manera rápida abriendo sus piernas para levantarse y caminar alrededor del tubo como si estuviera acechando ferozmente a alguien.

Are we sisters wearing thin

Sus pies se deslizaron por el escenario hasta dar tres giros cómo si se tratara de una bailarina de ballet, pero estos movimientos hechos con los tacones no hicieron más que asombrar y excitar al público masculino, quien no perdió ni un solo instante la mirada del exótico y sensual baile.

Nowhere to run from all of this havoc

Nowhere to hide from all of this madness, madness, madness

Madness, madness, madness

Su pierna se elevó hasta su rostro y la bajó haciendo un giro para tomarse del tubo y dar vueltas llenas de energías siguiendo el ritmo rápido que había adquirido la música.

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Ooh, ooh, ooh

Las acrobacias que hizo alrededor del tubo mientras bailaba y se sostenía con fuerza animaron a la audiencia que gritaba con fervor.

Nowhere to run

Sus piernas abrazaron el tubo de manera encandilante y su mirada posada en el hombre que tenía cerca de su boca un vaso de cristal lleno de una bebida dorada, sin duda ocultando una sonrisa mientras la veía bailar tan concentrada. O al menos eso hacía entender a la audiencia, nadie sospecharía que lo que menos pensaba Charlotte, era en el baile.

There's nowhere to hide

This is madness, madness, madness

Madness, madness, madness

Charlotte finalmente trepó el tubo sin dificultad hasta dejarse caer hacia atrás con los brazos extendidos con sus piernas desnudas abrazando el tubo y sosteniéndola en un magnífico final cuando la canción terminó.

Madness, madness, madness

La audiencia estalló en aplausos de júbilo mientras que Charlotte se bajaba cuidadosamente del tubo y daba un coqueto saludo a la audiencia que no hacia más que gritar y extender sus manos hacia arriba del escenario, tratando de tocar al menos un poco de esa cremosa piel que dejaba a la vista.

Charlotte dio un giró con ayudada del tuvo y desapareció entre las cortinas rojas de terciopelo ignorando los gritos de la audiencia pidiendo más.

El sudor recorrió su frente y por un instante tuvo el impulso de retirarla con su mano, pero una vez qué llegó hacia el borde del escenario en la parte trasera, Angel se acercó de manera rápida hacia ella con una sonrisa de oreja a oreja adornando su exageradamente maquillado rostro.

—¡Bebé, este fue el mejor show que has dado! — felicitó el albino a su compañera ayudándola a bajar del escenario — casi pude sentir el fuego saliendo de ti nena, fue intenso — dijo tocando su cadera con su dedo índice e imitando el sonido de una llama apagándose.

—Muchas gracias Angel — agradeció la rubia a su amigo caminando de manera cuidadosa debido al alto de sus tacones — aunque no sé a que te refieres con "intenso" — rectificó Charlotte mientras se deshacía del antifaz y arreglaba su largo cabello rubio con sus delgados dedos pasando una y otra vez por su cabeza para lucir un poco presentable — hice mi show como siempre, no fue nada especial.

Angel soltó un jadeo colocando su mano en su pecho luciendo ofendido.

—¿Bromeas? ¡Estabas totalmente motivada! Ya no eras la tímida Charlotte... eras la auténtica Princesa del Infierno en todo tu esplendor, ¡La reina del lugar! Te movías tan bien — dijo haciendo un movimiento brusco, provocando que su largo flequillo se moviera con el — te apuesto a que dejaste a más de uno con la polla en alto.

—¡Angel, deja de decir esas cosas tan indecentes! — chilló colocando sus manos en sus orejas y las mejillas sonrosadas, odiaba cuando su amigo soltaba ese tipo de comentarios tan bruscamente — son imaginaciones tuyas, solo hice mi trabajo — dijo Charlotte colocando su máscara en el tocador evitando chocar la mirada con la de su amigo, solo para no admitir lo obvio. Que la única razón por la que había bailado con absoluta pasión y entrega en el escenario esa noche, fue por la presencia de ese apuesto caballero con el que chocó al llegar al Estudio. Sentado a solo unas cuantas mesas cerca del escenario, con su intensa mirada siguiéndola a través de los lentes, provocando que su cuerpo se moviera de manera decadente siguiendo el ritmo de la música lenta y sensual llegando hasta agregar pasos que ni siquiera había ensayado en su coreografía, salieron de manera natural, como si los hubiese practicado miles y miles de veces.

Y cuando sus ojos marrones chocaron con los de ella por una fracción de segundo, sintió una corriente eléctrica recorrer su pequeño cuerpo de manera automática. Nunca se había sentido tan osada en su vida como para dedicarle un baile erótico a un hombre, principalmente porque nunca había tenido la necesidad de poner empeño en un simple baile donde terminaba en paños menores y con la audiencia masculina gritando palabras obscenas hacia su persona.

Lo hacía porque no tenía opción, tener que fingir que le gustaba lo que hacía, dejarse tocar por las asquerosas manos de los hombre que iban a ese lugar a saciar sus necesidades y sus más profundos deseos carnales. Era algo a lo que no terminaba por acostumbrarse del todo, pero aún así tenía que hacerlo, su vida ahora era propia de Valentino, y no podía hacer nada más que seguir sus ordenes hasta saldar su deuda con él, soportando los malos tratos y los abusos que sufría su cuerpo por ser la "favorita" de su jefe.

—Oh no, no, no, no, a mi no me engañas mi querida Charlie — arrulló su nombre contra sus labios acercándose más a su compañera logrando acorralarla con sus deducciones — si algo aprendí en este lugar, es a identificar cuando tratan de captar la atención de alguien en especial — Charlotte ignoró los comentarios insinuosos de su compañero y se dedicó a ponerse una fina bata para cubrirse. Angel estaba en lo cierto, le había dedicado un baile a ese hombre de una manera discreta, moviéndose para él, disfrazando sus verdaderas intensiones y anhelando que la tomara entre sus brazos y la rescatara de ese infierno en el que vivía día a día.

Tomó su ropa cuidadosamente doblada en una esquina para colocarla en su bolso yendo directamente hacia su camerino, necesitaba una ducha caliente. Resopló al escuchar a Angel parlotear sobre su intenso acto y hacia quién estaba dedicado. Una vez se descalzó de sus zapatos, salió detrás del biombo y se reencontró con su afeminado compañero mirándola con ojos brillantes y cargados de curiosidad.

—¿Qué?

—¡Vamos, Charlie! ¿Dime quién es, sí? — pidió haciéndole un puchero a la rubia viendo como esta lo esquivaba y se asomaba por la cortina roja detrás del escenario para ver en dirección a las mesas, observando un lugar específico entre la multitud a su hombre misterioso. Su corazón bombeó a mil cuando lo ubicó soltando una carcajada de algo que había dicho el hombre sentado junto a él, la música era demasiado alta, pero pudo captar el sonido fresco y burbujeante de su risa sincera y algo escandalosa, tan malditamente hermosa.

—Ya veo, ¿Así que te gusta el 'señor sonrisas', encanto? — sonrió Angel asomando la cabeza encima de la suya haciéndola sobresaltar.

—¿Lo conoces? — preguntó casi en un chillido colocando sus manos en sus mejillas sonrojadas.

Angel sonrió de lado dejando ver su diente de oro orgullosamente.

—Meh, lo he visto un par de veces hablando con Val sobre negocios y esas cosas —dijo encogiéndose de hombros — aunque para serte franco, jamás lo he visto interesado en disfrutar los actos que ofrecemos, solo se sienta ahí con esa espeluznante sonrisa de oreja a oreja a beberse unos cuantos tragos — expresó con una mueca de indignación — ni siquiera volteó a verme cuando hice mi fabuloso acto del tubo, es un completo rarito —se detuvo un momento y miró de reojo hacia la multitud haciendo relucir su diente de oro — sin embargo, tengo que aceptar una cosa, ¡Qué buen gusto tienes, dulzura! — gimió Ángel mordiendo su labio lascivamente sin despegar su mirada de Alastor — con algo de suerte, para la próxima dejará que le chupe el pito — ronroneó con lujuria observando al hombre sentado a varios metros en una mesa con el que sabía era el otro socio de su jefe Valentino, si mal no recordaba, su nombre era Vox.

—¡Angel! — regañó Charlotte a su compañero provocando que este soltara una carcajada haciéndola rabiar.

—Veo que ya empiezas a dejar marca en tu territorio — provocó haciendo que Charlotte frunciera más el ceño ganándose una sonrisa de autosuficiencia — tranquila muñeca, era solo una broma. Pero insisto en que tienes buen ojo a la hora de escoger hombres. Para él iba dedicado tu baile... ¿No es así monada? — inquirió cruzando sus brazos contra su pecho observándola con diversión.

Charlotte dejó de prestar atención a su amigo para mirar entre la multitud al atractivo hombre de lentes, estando solamente enfrascado en charlar con su compañero de mesa o en beber un trago de su whisky a rebosar con hielo. Lucía como alguien totalmente inalcanzable, y en cuanto Angel le informó que era socio de su jefe Valentino, lo confirmó. Debía dejar de hacerse falsas esperanzas con un hombre que se notaba era un auténtico caballero en todo el sentido de la palabra. Su acento, su apariencia y sus destacados modales gritaban mucha distinción entre todos los hombres que había conocido, desde luego en esta época era muy difícil encontrar a alguien que siquiera pudiera dedicarle un "Hola" sin que empezara a escanear su cuerpo con descaro o empezaran a decirle muchas palabras que le producían unas inmensas ganas de vomitar.

Y es ahí dónde sus anhelos porque ese hombre la notara se desvanecieron.

¿Por qué él miraría con buenos ojos a una vulgar prostituta?

Se notaba a leguas que él era un caballero y jamás se maquinaría en su mente la escena de "Alastor" denigrando a una mujer en presencia de otros. Ser caballeroso, no era lo mismo que mostrar un interés especial hacia ella, la pared que los separaba era demasiado extensa, lo suficiente como para aceptar que no merecía que alguien cómo Alastor le hablase o siquiera la mirase.

Ella estaba rota, sucia, usada. Su cuerpo no servía para otra cosa que no fuera para dar placer, eso le había dicho Valentino la vez que llegó al estudio. Se lo repitió tantas veces que terminó creyéndoselo.

Su mano se deslizó por la cortina de terciopelo rojo y se dejó caer el pedazo de tela obstruyendo la vista de lo que podría haber sido un fugaz encuentro con un verdadero hombre de ensueño.

«A veces si que puedes ponerte el listón demasiado alto Charlotte»

—¿Ya te vas a casa, dulzura?

—Sí. Mi show terminó, así que no veo porque he de quedarme aquí. Nos veremos mañana, Angel — dijo Charlotte tomando una chaqueta color café y colocándola dentro de su bolso, la había dejado en el estudio la última vez, así que esta era su oportunidad de recuperarla.

—Vas a dejar a muchos chicos con el corazón roto esta noche. Mira que privarles de tu compañía a esas desagradables bolsas de mierda identificadas erróneamente como hombres.

—Pues para eso estás tú — sonrió burlona —el maravilloso Angel Dust puede sin problema encargarse de complacer a esos cerdos, mientras que yo los motivo para ti — dijo dándole una mirada de autosuficiencia a su compañero.

El albino chasqueó la lengua y se cruzó de brazos entrecerrando los ojos.

—Eres una perra.

—Adoro tus peculiares muestras de afecto, Angie.

—Mejor vete antes de qué considere echarte yo mismo a la calle, no estoy dispuesto a ver como mis clientes se dejan atraer por tu apariencia inocente — expresó señalando con su largo brazo hacia la puerta donde se hallaba su camerino, no sin antes abrir un ojo y observar a su dulce compañera de trabajo con un deje de preocupación — oh y… em, ya sabes… cuídate — murmuró débilmente esquivando intencionalmente la mirada de la chica.

—Gracias, Angel.

—Ni lo menciones.

La chica sonrió y le dedicó una última mirada a su amigo antes de partir hacia su camerino, después de una relajante ducha de agua tibia se iría a casa, y podría al fin descansar de los sucesos de esta noche. Quería repetirse en su mente que todo estaría mejor mañana, que no volvería a estar hundida en ese profundo pozo al que había caído, pero estaría mintiendo. Hoy, mañana, pasado y siempre, se estaría repitiendo la misma faena, y no había nada que pudiera hacer al respecto.

Los suspiros de placer que soltó al estar sumida en el agua y el vapor que acarició su rostro con delicadeza la hicieron casi olvidar que estaba solo tomando una ducha rápida para poder irse a casa.

Cerró los ojos mientras las deliciosas aguas recomponían sus músculos cansados y agarrotados por esa sesión tan intensa de baile. Si que había estado fuera de sí en el escenario, y todo se lo debía al hombre de mirada castaña que la había hecho temblar con una sola mirada, haciéndola sentir tantas cosas, cosas que se negaba a aceptar.

No se consideraba una persona que pudiera enamorarse fácilmente, en ese negocio era imposible poder concretar una relación con alguien sabiendo el tipo de servicio que ofrecías. Ni siquiera estaba segura de que tuviera alguna oportunidad de todas formas.

La última vez que estuvo en una relación con un chico, fue antes de llegar a este mundo de miseria y oscuridad. Y no sentía la necesidad de presumir su antigua relación como la más maravillosa que había tenido, porque no lo había sido. Sin embargo, había vivido esa experiencia lo suficiente cómo para saber que no quería involucrarse en otra relación problemática. No, señor. Ya estaba harta de los hombres, lidiaba con esos imbéciles casi a diario.

Salió de la tina con un largo suspiro de satisfacción y cogió la bata de baño para envolver su cuerpo desnudo y enredarse una toalla en el cabello, cuando escuchó a alguien tocar la puerta.

—¿Angel? ¿Eres tú? — preguntó Charlotte escuchando unos toques en la puerta. Inmediatamente se negó a creer que era Angel quién tocaba. Él nunca lo hacía, sólo entraba y listo, no era de las personas que respetaban la privacidad de otros en lo absoluto.

«Debe ser algún tipo que logró colarse a los camerinos»

Charlotte avanzó hacia la puerta con el ceño fruncido y dispuesta a reprocharle a quien quiera que se atreviese a molestarla después de acabar su último show.

—¡Ni creas qué podrás salirte con la tuya pedazo de...! — despotricó tomando el pomo y abriendo la puerta de golpe y encontrándose de lleno con una hilera de relucientes dientes blancos e intensos ojos cafés que la miraban con curiosidad y quizás algo de burla.

En seguida su rostro se desencajó en una muestra de asombro.

—¡Ho-! — Charlotte se quedó rígida y casi al instante cerró la puerta en la cara del hombre mientras colocaba su mano en su boca pasmada y volvía a abrir la puerta para verificar que no estaba viendo mal.

—¡-La! — apresada por el pánico y la sorpresa, volvió a cerrar la puerta recargando su espalda en ella y ahogando un grito con sus manos sin saber que hacer.

«Maldición, ¿Qué hago? ¿Qué hago?»

Tragando saliva dificultosamente, se dio la vuelta serenando un poco su mente y calmando el corazón que latía fervientemente en su pecho. Decidida, abrió la puerta.

—¿Puedo hablar ahora? — preguntó el hombre divertido mirando como la chica se sonrojaba de inmediato haciendo un adorable mohín.

—Puedes — concedió desviando la mirada mientras que el sujeto tomaba sin esperarlo una de sus manos y la llevaba hacia su boca.

—Es todo un placer conocerte, dulzura. Me llamo Alastor — habló con cortesía besando suavemente el dorso de la dama — disculpa mi inesperada visita, encanto, Pero vi tu último show hace poco, y debo ser honesto contigo querida, ¡Qué gran actuación! Definitivamente una de las mejores que he visto desde que vengo a este lugar tan vulgar, el escenario realmente parece amarte, cariño. Eres toda una reina en la pista.

—Emm, ¿Gracias?

—Sin duda alguna, querida. No pude resistirme de venir personalmente a felicitarte a ti y a tu increíble presentación. Eres lo más puro que hay, cariño, verdadera pasión en tu vocación, un y ángel y un demonio fusionados. Valentino tiene suerte de tener a alguien tan sofisticada en este lugar tan... desagradable. Me atrevo a decir que, de no ser por ti, hubiera muerto de aburrición en este lugar — argumentó con una gran sonrisa.

—Entonces, ¿Vino sólo a decirme que mi Show le gustó? — preguntó confundida escuchando una carcajada de su parte.

—En efecto, me gusta ser franco y decir las cosas de frente, dulzura. Y dado a la impresión que me diste al llegar — Charlotte se sonrojó el doble al notar que hablaba de cuando chocó con él al entrar al estudio — imaginaba que eras una chica tímida y con escrúpulos, nunca me imaginé que fueras toda una profesional encima del escenario. Bien dicen que las apariencias engañan.

—Y-Yo… yo… no sé que decir, me halaga señor Alastor, pero no creo que deba estar aquí —dijo con algo de temor — este lugar es solo para el personal del estudio y… si mi jefe se entera…

—Valentino no se enojará contigo, dulzura. Él y yo tenemos un pequeño contrato que idealizar… y no creo que le moleste si doy un recorrido rápido por sus dominios como su socio y camarada. — sonrió ampliamente — ¿O acaso estas incómoda conmigo, dulzura? — inquirió ladeando la cabeza y acercándose más ella.

La chica retrocedió unos pasos cuidando de que su albornoz no se abriera y miró al hombre con nerviosismo.

—¡N-No, no! No es eso, es sólo qué… bien, yo… — se mordió parte de su mejilla — e-estaba a punto de irme a mi casa y… como ya ve, quisiera poder terminarme de arreglar antes de partir — dijo esperando alguna reacción.

Alastor jamás perdió su sonrisa al escucharla hablar, ni tampoco lucía incómodo al tenerla solo en bata o parecía perturbado.

—Eso es entendible, querida. Sería un verdadero privilegio que me permitiera llevarla sana y salva a tu morada — sugirió haciendo una ligera reverencia hacia la dama — me encantaría conocer el hogar de la estrella más brillante de esta taberna — el rostro de Charlotte fue de sorpresa pura.

—¡No se moleste, señor! — exclamo escandalizada — yo puedo tomar el autobús de regreso, n-no tiene porque perder su tiempo conmigo.

—No es una perdida de tiempo, cariño. Yo insisto. Esperaré hasta que termines de cambiarte para ponernos en marcha, no te tardes tesoro — y sin poder reprochar, Alastor se retiró dando pasos hacia atrás para cerrar la puerta ante una anonada Charlotte.

¿Qué carajos acababa de pasar?

Sin esperar más, fue hasta donde estaba su bolso y tomó su ropa para cambiarse finalmente. Se retiró la toalla de la cabeza y comenzó a cepillarlo suavemente separando las cerdas húmedas y arreglándolo de manera rápida. Ni siquiera sabía porque le ponía tanto empeño a su apariencia. Ese hombre solo la llevaría a casa, no tenía por que esmerarse tanto en su aspecto.

Sin embargo, fui inevitable no revisar por cuarta vez su peinado con su cabello ya seco y chequear que ninguna arruga estuviera presente en su vestido. Se colgó su bolso en el hombro y tomó el pomo de la puerta para abrirlo, esperando encontrar al joven de sonrisa imborrable.

Cerró la puerta detrás de ella y miró hacia ambos lados sin dar con el hombre, así que bajó los hombros desilusionada creyendo que se habría arrepentido de du decisión de llevarla a casa.

—Tardaste un poco más de lo esperado, querida — contestó una voz detrás suyo haciéndola saltar con una mano sosteniendo su pecho.

—¿C-Cómo hiciste eso? — preguntó sorprendida al verlo parado con las manos cruzadas detrás de su espalda.

No había sentido su presencia en ningún momento, y podía jurar que estaba completamente sola hasta que escuchó la voz del hombre desde atrás.

—No sé de que me hablas querida — ignoró su comentario — ven, permíteme trasladarte a tu vivienda, ma petit lady — dijo ofreciéndole su brazo.

Charlotte dejó la sorpresa a un lado para tomar con delicadeza la extremidad y apretar su torso contra él.

La sensación que invadió a Charlotte al salir del estudio tomada del brazo del señor Alastor, fue de completa emoción. Tardó extensos segundos en darse cuenta de que ya estaban fuera de los estudios y caminaron varias cuadras hasta llegar al auto de su acompañante.

—Sube, cariño. No tengas reservas — indicó abriéndole la puerta caballerosamente haciéndola pasar.

Cuando Alastor cerró la puerta, ella se acomodó lo mejor que pudo en el asiento, removiéndose inquieta sobre la acolchonada silla sin saber como sentirse al respecto. Alastor rodeó el auto para abrir la puerta del conductor y treparse sosteniendo el volante

—Lindo auto — dijo de pronto Charlotte para deshacer el silencio en el que estaban sumidos.

Se escuchó una leve risita del señor Alastor antes de contestarle.

—Muchas gracias, cariño. Alguna vez fue de mi padre — comentó felizmente — y cuando murió me lo heredó a mi. Así que tiene un valor sentimental muy importante.

—Oh, lo siento yo… no sabía…

—Descuida, querida. Lo sé — dijo pellizcando una de sus sonrojadas mejillas sin parecer afectado por su comentario.

Sin esperar más, la joven se removió algo incómoda en el asiento mientras a su lado el hombre ponía en marcha el auto, haciendo que las manos de Charlotte se convirtieran en puños estrujando la falda de su vestido para contrarrestar los nervios.

Después de pensarlo mucho se dio cuenta, que era la primera vez en cuatro años que subía a un coche sin la necesidad de hacer cosas obscenas dentro de él, simplemente estaba sentada muriéndose de nervios al lado de un sujeto a quien a penas conocía y que además era socio de su jefe.

—Vas muy callada. ¿Algo te molesta tesoro?

—Emm, no…

Alastor rió levemente.

—Cariño, supongo que este sería el mejor momento para preguntarte cual es tu dirección — sugirió sonriente mirándola sobre su hombro — no quisiera que pensaras que te estoy raptando — terminó diciendo con una pequeña risilla brotando de sus labios.

—Oh, sí, c-claro. Lo siento mucho — se disculpó indicándole la dirección de su apartamento. A lo que este dio un silbido de asombro.

—Vaya, esta algo lejos de aquí.

—Normalmente tomo dos autobuses para llegar — contestó con normalidad.

—Pues estoy honrado de poder llevar a la asombrosa 'Angelus' a su casa. No me perdonaría si algo te hubiera pasado en el trayecto.

—Yo soy la que esta honrada señor Alastor, no todos los días se puede viajar en un Fiat 518, se nota que lo cuida mucho — murmuró tocando con delicadeza la puerta.

El asombro fue casi imperceptible en el rostro del castaño.

—Es increíble que sepas también de autos antiguos, querida. En efecto, es un Fiat 518, estoy gratamente sorprendido de que lo supieras.

—A mi padre le encantaban mucho este tipo de autos. Incluso los coleccionaba — relató — me enseñó todo lo que debía saber de autos, lo llevo en la sangre.

—Tu padre se escucha como un sujeto agradable y con buen gusto debo agregar — dijo con ánimo — a puesto mi vida a que es muy exitoso.

—Sí — suspiró — lo es, le gustaba mucho cuidar de sus autos, y casi siempre le gusta nombrarlos, era muy divertido, incluso me dejó escoger un nombre para dos de sus autos — exclamó emocionada.

Se detuvo ahí antes de hablar demás. No podía relatar mucho de su vida, el señor Alastor lucía como alguien inteligente y podría deducir sin problema alguno quien era su padre, y por lo tanto descubriría su identidad.

—Me llena de emoción que pudieras contarme algo sobre tu vida, cariño. Todo se escucha absolutamente maravilloso, se nota que tu padre es alguien a quien estimas mucho.

Charlotte asintió en silencio.

—¿Y usted? ¿No debería ahora mismo estar con mi jefe, señor Alastor? Tengo conocimiento de que hoy le tocaba reunirse con sus demás socios.

—Nada que no pueda esperar, tesoro. Te preocupas demasiado por los demás — se jactó.

—Me es inevitable hacerlo, señor. Por mi culpa tuvo que hacer esperar a mi jefe — susurró con la cabeza gacha y su boca apretada en una fina línea demostrando angustia.

—Fue mi decisión llevarte a casa, cariño. No debes culparte a ti misma por las decisiones de otros — habló tomando su mentón y manejando el auto con su mano libre — ahora sonríe, dicen que nunca estas completamente vestida sin una sonrisa.

El comentario del señor Alastor hizo que los labios de la rubia se extendieran hacia arriba en una hermosa sonrisa, para satisfacción de Alastor.

—Así esta mejor — soltó con delicadeza el rostro de la muchacha y volvió su visión a la carretera, donde Charlotte le indicó que debían girar hacia la derecha en un callejón con varias casas y edificios. —¿Es aquí, tesoro? — preguntó recargando su brazo en el volante y observando la sonrisa de su acompañante.

—Sí, muchas gracias señor Alastor.

Perdón por haberle quitado su tiempo trayéndolo hasta aquí.

—Pierde cuidado, tesoro. Es lo mínimo que puedo hacer por la estrella más brillante de todas.

Charlotte se rió suavemente y abrió la puerta del auto para salir, no sin antes voltear hacia atrás y dirigirle una mirada de agradecimiento a su conductor.

—Hasta luego señor Alastor.

—Espero verte muy pronto, querida. Quizás nos reencontremos algún otro día.

Charlotte asintió dándole la razón. Aunque lo veía muy poco probable.

—Quizás.

—El tiempo apremia, cariño. Me quedaré hasta que entres sana y salva a tu casa — dijo seguro — adelante.

La rubia caminó hasta un condominio en frente y sacando las llaves de su cartera abrió la puerta y entró sigilosamente despidiéndose de Alastor a la distancia con una sonrisa pintada.

Una vez que Alastor la entregó a salvo a su casa como prometió, partió devuelta a los Estudios Porn, tenía una reunión pendiente y se había tardado un poco mas de lo acordado, aunque no le sorprendería tampoco que hubiesen empezado la reunión sin él.

Charlotte subió las escaleras con euforia y al llegar a la puerta de su apartamento la abrió y se dejó recargar en ella para suspirar felizmente con las manos en su pecho.

No podía ocultarlo, estaba tan feliz.

Cerró con seguro la puerta de su apartamento y encendió las luces pateando sus zapatos, quitándoselos en el proceso.

Pasó caminando hacia su cuarto y encendió las luces para echarse a su cama boca abajo abrazando su almohada contra su pecho y ahogando un gritito eufórico. Rodó por la cama hasta sacar de su cartera su celular y chequear las notificaciones.

Había un mensaje de Angel y una fotografía. Rápidamente entro a la última conversación para leer los nuevos mensajes que habían llegado hace menos de dos minutos.

Angel:

Espero que hayas llegado bien a casa.

Fat Nuggets te manda besos.

Más abajo había una selfie de Angel cargando a Fat Nuggts cerca de su cara y haciendo un puchero con un sticker de corazón cerca de su boca.

Rió ante la adorable imagen y rápidamente quiso teclear una respuesta de agradecimiento, pero estaba tan agotada. Había pasado por mucho esa noche, como todos los días en particular. Pero nada se comparaba con esa noche, fue una absoluta sorpresa que el educado hombre socio de su jefe, se ofreciera llevarla a casa y encima que disfrutara tanto su show. Si era verdad lo que había dicho Angel sobre que Alastor jamás se entusiasmaba con los actos que ofrecía Studios Porn, significaba que había logrado lo que nunca otra persona ha hecho. Llamar su atención.

Sacudió la cabeza deshaciendo las locuras que decía su mente. El señor Alastor había ido por una reunión con Valentino, y el que la llevara a casa solo reafirmaba lo caballeroso y educado que era. El primer hombre además de su padre que la hizo sentir como si no fuera solo un objeto para dar placer y el que la felicitó por su desempeño en el escenario, más no por su cuerpo.

Dejó el teléfono cerca de su tocador y se cubrió con las frazadas para conciliar el sueño. Estaba pensando demasiado, tenía que dejar de hacerlo y para eso, tendría un sueño reparador. Mañana sería otro día duro y necesitaba descansar hoy más que nunca.

Cerró los ojos suspirando y abrazando a una de sus almohadas, recordando vagamente la frase dicha por Alastor. Y sin darse cuenta, algo nuevo sucedió esa noche, algo que nunca había pasado desde que entró a los Estudios porno. Se fue a dormir, con una enorme sonrisa decorando su dulce rostro.


El lugar ya estaba completamente vació. Uno que otro borracho se retiraba dando tropiezos y tambaleándose hasta la salida, mientras que las bailarinas llevaban a uno que otro cliente a su camerino para pasar la noche y ganar un dinero rápido.

Los asientos estaban volcados y las mesas estaban hasta el tope de vasos y botellas de cristal que eran recogidas por los meseras y las mesas eran limpiadas y acomodadas por los empleados.

Sin embargo y a pesar del desastre del lugar, Valentino sonreía felizmente a sus camaradas mientras disfrutaba de un buen cigarrillo y veía a sus empleados limpiar su establecimiento. Verlos trabajar a esas horas de la madrugada sin lugar a descanso lo hizo sentir nuevamente poderoso, le encantaba saber que era superior a esos insignificantes empleaduchos.

—Val, los espectáculos de hoy estuvieron increíbles — exclamó Velvet extendiendo sus brazos con energía — esa chica de cabello rosa si que sabía mover su vientre y sus caderas al ritmo de la danza árabe. ¿Crees que ella pueda cumplir aquella fantasía que te comenté?

—Si le pagas, esa pequeña mierda hace lo que le ordenes — masculló apagando su cigarro contra la mesa y luego se dirigió a su compañera con una sonrisa — pero querida, sabes que tienes completa libertad de servirte lo que quieras en cualquiera de mis locales — ofreció para emoción de la chica — tiene los mismos derechos de disfrutar lo que ofrecen mis establecimientos. Gano mucho dinero en ellos como para no compartir mis bienes, más que nada ahora que mi dulce ángel entro al juego esta noche, nos fue particularmente bien gracias a mi pequeña estrella — habló golpeando su abrigo, donde guardaba los billetes que habían recolectado sus acompañantes luego del show.

—Y que hay de ese chico italiano, ese tal Angel Dust — dijo esta vez Vox con una mueca — ¿No era él tu más grande orgullo y por el que te jactabas siempre de tenerlo bajo control?

Valentino sonrió y dejó su vaso de tequila asentándolo en la mesa con fuerza de la acostumbrada.

—Oh, no me malentiendas Voxy, Angel hace un excelente trabajo manteniendo satisfechos a los clientes — dijo tomando una calada de humo — pero mi dulce Charlotte es quién los atrae como polillas a luz — sonrió enormemente soltando el humo de su cigarro en dirección a Vox. Quién con su mano disipó el humo cruzándose de brazos con aparente indiferencia.

—Eso has dicho los últimos tres años — bufó — no veo mas que los mismos resultados de cuando la trajiste en primer lugar.

—Sin embargo, cada maldita noche éste lugar pasa lleno — rectificó — y eso es lo único que me importa.

—Si esa chica no aumenta las ganancias en tu negocio, ¿Entonces por qué aún la tienes aquí? — habló entre dientes — creí que te habrías desecho de ella por fin este año.

—¿Y perder a mi mejor adquisición? Se nota que algunas veces no usas el cerebro por completo, Voxy — Velvet rió mientras escribía rápidamente en su celular — Charlotte es más que el entretenimiento de este lugar, es también mi entretenimiento. Uno nunca se deshace de lo que adquiere tan pronto — respondió — y creéme cuando te digo que mi querida Charlotte a aprendido cual es su lugar en los últimos años.

—Dices eso porque te encaprichaste con esa niña.

Val lo miró con diversión mientras tomaba un sorbo de su bebida.

—¿Celoso, Vox?

—¡Cierra la boca! A diferencia de esa niña, has tenido a ese chico Angel trabajando para ti desde hace ocho años, ¿No te parece que ya es mucho tiempo?

—Es bastante manipulable y sumiso, eso hace que lo mantenga con vida. Aún.

Vox rodó los ojos mientras tomaba un enorme trago de su cerveza fría, a veces Val podía ser tan jodidamente difícil de entender.

—¿Han visto a Alastor esta noche? Sé que detesta el lugar donde realizamos nuestras reuniones, pero hoy me juró que vendría — preguntó Val revisando su teléfono esperando encontrar alguna llamada perdida de su socio o algún mensaje diciéndolo que no podría asistir.

—¡Oh, Oh, yo lo vi junto a Voxy al entrar! — gritó Velvet emocionada alzando su brazo.

—Oh, sí — expresó Vox con aburrimiento — Lo encontré en una de las mesas cercanas al escenario antes de iniciar el show, luego dijo que iría al baño y nunca regresó — concordó.

Valentino alzó una ceja extrañado y guardó su celular en su chaqueta sin hacer preguntas. Alastor en verdad era un tipo extraño, pero era excelente en su trabajo, así que no estaba para juzgar.

—Bien, entonces tendremos que comenzar sin él — dijo encogiéndose de hombros. La puerta del local se abrió y se cerró en un segundo, como si alguien hubiera entrado, los tres individuos voltearon hacia la puerta sin ver a nadie.

—¿Me perdí de algo, compañeros?

El grupo giró sus cabezas hacia su costado mirando con asombro al castaño sentado en una de las sillas con una sonrisa y sin hacer caso a las reacciones asombradas de sus compañeros.

—¡Hijo de puta, no vuelvas a hacer eso!

—Lenguaje, Vox. Hay una dama presente. — regañó en tono jocoso dejando su chaqueta en el respaldo de la silla para poder sentarse normalmente en una posición despreocupada.

—Te esperábamos, Alastor.

El hombre rió de buena gana sosteniéndose contra la mesa hasta casi hacer caer sus lentes. De un movimiento elegante los empujó hasta el puente de su nariz y miró a Valentino con sorna.

—Mi querido Val, sabes que eso no es cierto, daban por hecho que no vendría, así que iniciaron la sesión sin mi, eso es de muy mala educación, mi estimado — dijo recargando su espalda en la silla y reposando su tobillo en su pierna.

—También lo es el llegar tarde — masculló Vox contratacando.

—Un minuto más, un minuto menos. Sea como sea, estoy aquí, y eso es lo que importa, ¿no?

Vox rodó los ojos con fastidio, ese tipo jodía como el demonio. Siempre con su sonrisa lunática y su actitud estúpida y animada. Era imposible que una persona totalmente cuerda pudiera sonreír cada puto minuto, de cada puto día. Era un tipo de lo más raro.

—Ya que nos has honrado con tu presencia, Alastor — habló Val viendo como el chico dirigía su interés hacia él sin perder esa sonrisa que lo caracterizaba — quisiera hablarte sobre mi próxima jugada. Requeriré de tus 'servicios' para deshacerme de una pequeña sabandija que ha estado retándome últimamente.

Alastor amplió aún más su sonrisa y reposó sus brazos sobre la mesa interesado por el rumbo que estaba llevando la conversación.

—Tú dirás, Val.


¡Hola a todos!

Uff, al fin pude terminarlo, llevaba días tratando de acabar el prólogo que dará rienda suelta a esta historia cargada de muchas cosas distintas, pero más que nada, relatará el amor de una parejita muy especial.

¡Charlastor For Ever!

Desde que vi Hazbin Hotel por primera vez, me cautivó por completo la animación, la originalidad de los personajes, los temas a tratar, y sobre todo, me enamoró la pareja de Charlie y Alastor, y no es por ser homofóbica ni nada, creo que Vaggie y Charlie son adorables. Pero la química que veo en Charlie y Alastor es innegable para mi corazón, y cada día me cautiva más al ver en Twitter tantas imágenes de artistas talentosas, gifs, fics.

Y hablando de fics, quisiera dedicarle este capítulo a una persona muy talentosa.

AngelusM19

Esta chica, por si no la conocen, ha hecho en mi opinión, la mejor historia con la temática a de Hazbin Hotel. ¡Se los juro! Cada capítulo es una bomba de emociones y capturó la esencia de cada personaje a la perfección, y las canciones, la trama es tan ¡Wooow! Los que ya hayan leído "El Taxidermista" estarán de acuerdo conmigo con que es una joyita de historia.

Sin duda alguna merece todo el cariño y apoyo que está recibiendo, y por eso espero, que si esta leyendo esto, sepa que soy una gran admiradora suya y que espero que algún día mi humilde historia este a la altura de la suya, ya que fue una gran inspiración para mi para realizar una historia de mi pareja favorita. Y cabe recalcar que tuve que esforzarme mucho para encontrar un pseudónimo adecuado para Charlotte, mi más grande temor es que me etiqueten por plagio, y por eso traté de hacer mi historia lo más original posible, evitando ponerle de nombre artístico 'Ange Blanc' porque sé que lo utilizaste en tu historia, espero y no te moleste que usado tu nombre "Angelus" porque también es una referencia de ti.

Tambien quisiera agradecerle a mi gran amiga TheDreamyLadybug quien fue la que me apoyó principalmente con este nuevo proyecto y me asesoró en algunas cosillas. Eres la mejor Bugaboo, no sé que haría sin ti :"3

Como pudieron observar aquí, Charlotte sufre el mismo destino junto a Angel en manos de Valentino. Y tiene que lidiar con sus malos tratos y abusos cada vez que a este se le antoja. Sin embargo, no ha perdido esa chispa que la vuelve encantadora e inocente a los ojos de los demás y ahora con Alastor en el juego, él se asegurará de que su sonrisa jamás se extinga, porque recuerden.

"Nunca están completamente vestidos, sin una sonrisa"

Sigan sintonizados ;) .