JK Rowling es el alma de Harry Potter. White Squirrel es el alma de esta historia.

Notas de la traductora: Aquí está, la confrontación. Muchas gracias a todos por sus comentarios. Y gracias a todos los que están siguiendo esta historia.


Capítulo 39

La hora había llegado. Quirinus Quirrell caminaba por los pasillos del castillo de Hogwarts tarde el viernes por la noche, listo para poner su plan en acción. Snape no sería tan fácil de engañar esta noche. Había notado lo que había ocurrido durante la semana y estaría observando como un halcón por cualquier cosa fuera de lo normal. Esta vez, Quirrell necesitaba una distracción mayor, una que el Maestro de Pociones no podía ignorar. Ya había comenzado el primer paso de su plan: reorganizar el horario de los prefectos para que un miembro de la casa y género correcto estuvieran patrullando.

Encontró a los dos prefectos de Gryffindor en el quinto piso: Percy Weasley y Audrey MacDougal. Por su devoción a sus deberes, Weasley no era el mejor para entablar una conversación. Desafortunadamente para su compañera, eso significaba que tampoco prestaba mucha atención a otras cosas a las que debería haber hecho.

Justo cuando los prefectos pasaron el lugar donde estaba escondido, Quirrell salió de entre las sombras y apuntó su varita a la espalda de MacDougal.

Imperio –susurró.

La joven se paró en seco. El joven se dio la vuelta para preguntar qué estaba ocurriendo cuando Quirrell se acercó a ellos y carraspeó su garganta.

–Buenas noches, profesor –dijo Weasley con tono formal–. ¿Podemos ayudarlo?

Paso dos: tomar al estudiante que sería capaz de obtener la piedra filosofal del espejo de Oesed… alguien lo suficiente noble para no ser persuadido por las riquezas, lo suficiente inteligente para saber las limitaciones del Elixir de la Vida, pero que estaría interesado en las tentaciones más abstractas, como la seducción del conocimiento.

–Sí –respondió Quirrell–. Hay unos asuntos qu...que re...requieren atención –dijo. Casualmente se recargó contra la pared para apoyarse en su debilidad. Su tartamudeo estaba regresando con venganza–. Señorita MacDougal, re...regrese a la torre de Gryffindor al instante, p...por favor. Encuentre a Hermione Gr...Granger, dígale que la profesora McGonagall necesita hablar con ella de inmediato y tráigala aquí.

–Sí, profesor –dijo MacDougal sin emoción. Se dio la vuelta y caminó a la torre.

Como era de esperarse, Percy Weasley aceptó esto sin cuestionarlos. Su confianza implícita en todas las figuras de autoridad funcionaba para la ventaja de Quirrell. Sin embargo, tenía algo de curiosidad.

–Profesor, ¿puedo preguntar qué está ocurriendo?

–Puedes preguntarlo –dijo Quirrell con una sonrisa astuta. Entonces, apuntó su varita al joven… el joven que sin saberlo había resguardado al cobarde Pettigrew por la mayor parte de la última década. Apenas tuvo tiempo de mostrar una expresión de sorpresa.

Desmaius –dijo Quirrell.

Paso tres: obligar a Snape a dejar su deber de guardián invocando uno de sus deberes más importantes como Maestro de Pociones.

Quirrell se acercó más al prefecto inconsciente y con cuidado le colocó los contenidos de un pequeño frasco dentro de su boca. El joven alto comenzó a temblar y retorcerse en el suelo como si estuviera experimentado dolor.

Unos minutos después, la prefecta regresó a él, con Granger detrás de ella. Naturalmente, esperando ver a McGonagall, sintió que algo estaba mal.

–¿Profesor Quirrell? –dijo Granger con confusión.

Desmaius.

Granger comenzó a moverse, pero no fue lo suficiente rápida y cayó al suelo. MacDougal ni siquiera lo notó. Continuó sin moverse hasta que Quirrell se dirigió a ella de nuevo.

–Encuentra al profesor Snape en el pasillo del tercer piso e infórmale que Percy Weasley ha sido envenenado. No le digas que me viste o a la señorita Granger.

–Sí, profesor.

La joven mayor se fue, dejando a Quirrell sólo con los dos estudiantes inconscientes. Fue fácil para él cargar a la niña sobre sus hombros (por cuanto tiempo pudiera aguantar el peso) y esperar en las sombras la llegada de Snape y su transporte del joven a la enfermería. Sabría que algo estaba ocurriendo al instante, pero el corredor del tercer piso no estaría protegido por varios minutos.

Paso cuatro: una chispa de los días como profesor de Estudios Muggles de Quirrell regresó a él.

–Una vez más en la brecha –susurró.


Harry Potter observó medio dormido bajo la luz de su varita a un pequeño punto moviéndose de un lado a otro en un pergamino viejo. Necesitarán estar especialmente vigilantes mientras no estoy el viernes por la noche, había dicho Dumbledore. Hermione no estaba convencida, pero estaba seguro que era un mensaje en parte para él. Después de todo, vigilar por ladrones en el mapa del merodeador quizás no era oficialmente permitido, pero ciertamente no haría daño, ¿o sí? Hasta el momento, el punto marcado como "Severus Snape" se había estado moviendo de un lado a otro en frente del pasillo del tercer piso por la última hora. La mayoría del castillo estaba dormido.

De repente, vio algo más moverse. Un punto marcado como "Audrey MacDougal" se acercó al de Snape. Ambos no se movieron por unos segundos, y entonces ambos se alejaron del pasillo prohibido a toda velocidad.

Harry se despertó al instante. ¿Qué alejaría a Snape de su puesto tan rápido? ¿Y qué iba a ocurrir ahora que el pasillo no estaba siendo vigilado? Observó la zona. Ciertamente, alguien iba a intentar entrar ahora. Y sí, encontró a dos puntos, prácticamente uno encima del otro, ambos acercándose al pasillo prohibido; y los nombres hicieron que su sangre se helara: "Quirinus Quirrell" y "Hermione Granger".

Estaba a punto de dejarlo todo y correr ahí de inmediato, pero algo de sentido común irrumpió su terror y se detuvo por un minuto para patear a dos de sus compañeros en sus camas.

–¡Ron! ¡Neville! –siseó.

–¿Eh? ¿Quoi…? –gruñeron sus amigos con tono estúpido.

–¡Sh! –les dijo–. Escuchen. Esto es importante. Quirrell tiene a Hermione y la está llevando al pasillo del tercer piso.

–¡Qué!

–¡Sh! Creo que de algún modo la va a usar para robar la piedra filosofal. Voy detrás de él.

–¿Vas a ir? –dijo Neville temeroso.

–Iré contigo –respondió Ron.

–No. Necesitamos la ayuda de los maestros. Todo queda… mi cicatriz doliendo y todo. Creo que Quirrell trabaja para Voldemort.

Ron y Neville soltaron un grito ahogado. Seamus roncó y se dio una vuelta en su cama.

–Necesito que vayan y busquen a un maestro… cualquier maestro… y le digan lo que está pasando. –Revisó el mapa de nuevo, sin importarle quien lo viera–. McGonagall está patrullando el sexto piso. Intenten con ella primero.

–Pero nos meteremos en problemas –gimoteó Neville.

–Cúlpenme a mi si eso pasa, pero necesito llegar a Hermione primero. Tomen, usaremos esto para salir de la torre. –Con eso, Harry tomó su capa de invisibilidad y rodeó a los tres con ella.

–¡Genial! –susurró Ron–. ¿Cuándo conseguiste esto?

–Navidad. No le digan a nadie. Ahora, por favor, apresúrense.

Neville aún lucía renuente pero fue con ellos. Bajaron a toda prisa las escaleras, pasando a quienes aún estudiaban tarde para sus TIMOs y EXTASIS en la sala común, y salieron por el agujero del retrato sin problemas.

–Gracias, amigos –dijo Harry. Entonces, quitó la capa de sus dos amigos y se cubrió él solo. Antes de que pudieran protestar, lo escucharon gritar–. ¡Encuentren a McGonagall! –Y escucharon sus pasos corriendo invisibles por el pasillo.

Harry llegó al pasillo del tercer piso sin saber lo que encontraría. Quirrell y Hermione habían desaparecido del mapa por completo, y no había nadie más a su alrededor. Corrió a la puerta sin molestarse en sacar su varita y lanzó un Alohomora. Con un movimiento de su mano, la puerta se abrió. Por primera vez, agradecía que Dumbledore no hubiera usado algo más fuerte. Se lanzó dentro del cuarto…

Y se congeló al instante…

En su prisa había olvidado por completo que había un colosal perro de tres cabezas en ese pasillo. "Fluffy" (en verdad iba desquitarse de Hagrid por eso) era más grande de lo que había temido… del tamaño de un pequeño elefante. No podía ver a Harry, pero ciertamente podía olerlo. El monstruo comenzó a gruñir y Harry se colocó en posición defensiva, temblando bastante. Esto debía ser como un gato de verdad se sentía cuando se enfrentaba a un Rottweiler. ¿No puedo enfrentar a Voldemort mejor? Pensó.

Fluffy gruñó y comenzó a mover sus patas con enojo. Harry luchó contra su miedo para recordar lo que Hagrid había dicho sobre el perro: Tocas algo de música y se va a dormir. Tocas algo de música y se va a dormir.

Hagrid le había dado una flauta a Harry poco antes de Navidad, pero no había pensado en tomarla. Estaba solo, así que respiró profundamente e hizo lo único que se lo ocurrió en esa situación: comenzó a tararear el tema de Doctor Who. Estaba desentonado y no era la mejor canción de cuna, pero a la primera nota, los seis ojos locos de Fluffy comenzaron a cerrarse y se recostó en el suelo de piedra, completamente dormido.

Harry no perdió el tiempo. Abrió la puerta de la trampilla y, sin molestarse en mirar, saltó dentro.

Cayó un largo camino. Después del primer medio segundo, instintivamente se transformó en Raticida y se acomodó para caer sobre sus patas, esperando no sufrir una muerte dolorosa. Pero no necesitaba preocuparse de eso ya que cayó en algún tipo de material suave con hojas, sin una herida. Cambió de vuelta a forma humana, pero fue todo lo que tuvo tiempo de hacer.

La planta se estaba moviendo. Zarcillos se deslizaron alrededor de sus brazos y piernas como algo de una película de Tarzán y comenzaron a contraerse dolorosamente. Intentó sacudirlos, pero lo apretaron con más fuerza, y más zarcillos se deslizaron alrededor de su pecho y cuello. No sabía con seguridad que tipo de planta era, pero podía adivinar: Lazo del Diablo. Su debilidad, sabía, era el fuego. Intentó chasquear sus dedos para sacar su varita de su funda, pero notó horrorizado que un grueso zarcillo se había enroscado alrededor de su mano derecha, haciéndolo imposible. Tampoco podía mover su brazo izquierdo, y no podía arriesgar transformarse por temor a que su pequeño cuerpo felino fuera destrozado en un segundo.

Mientras el zarcillo comenzaba a rodear su cuello, Harry se enfocó lo más que pudo en su magia sin varita. Después de todos esos meses, aún no había logrado realizar ese hechizo sin varita, sin importar lo fácil que era para Hermione, pero era lo único que le quedaba.

¡Lacarnum Inflamari! –gruñó–. ¡Lacarnum Inflamari! ¡Lacarnum Inflamari!

Sintió su magia. Llamaradas de fuego azul salieron de sus manos y comenzaron a soltar humo al contacto con la planta mortal. El lazo del diablo se retrajo por la luz y el calor, liberándolo. Harry se sacudió y corrió, cubriéndose con su capa de invisibilidad mientras llegaba a un pasillo.


La primer cosa que Hermione notó después de que fuera golpeada por esa luz roja fue ser lanzada al suelo en un cuadrado de mármol negro. Nota mental, pensó con remordimiento, trabajar más en esquivar mejor. Miró a su alrededor. Después de un momento de confusión se dio cuenta de que estaba en el lado de la reina negra, en la casilla de una torre en un tablero de ajedrez gigante, con figuras de ajedrez de tamaño real sin rostros. Se dio la vuelta y se encontró con el profesor Quirrell.

Genial. Harry tenía razón.

–¿Pro… profesor?

–Buenas noches, señorita Granger –tartamudeó Quirrell. Estaba sudando y parecía no poder estar en pie, pero aún era peligroso con su varita apuntada en su dirección–. Esperaba no tener que despertarte aún, pero parece que vas a tener que jugar conmigo.

–¿Qué… qué está ocurriendo, señor? –dijo Hermione, tartamudeando tan mal como él. Hizo un movimiento con su mano derecha escondida detrás de su pierna y chasqueó sus dedos.

Nada ocurrió.

–¿Buscando esto? –Quirrell sacó su varita de su túnica–. Muy a...astuto, usar una funda de duelos, pero no lo suficiente. Ahora, harás lo que te d...digo, Gr...Granger.

Hermione lo pensó rápidamente. Aún tenía su magia sin varita, pero sabía por sus prácticas de duelos que la magia con varita era superior, aún si hubiera estado al nivel de Quirrell. Y aún si tenía el elemento de sorpresa como ventaja, no sabía dónde estaba o cómo salir.

–¿Qué va a hacer? –preguntó.

Nosotros vamos a jugar ajedrez.

Quirrell se hizo a un lado, manteniendo su varita en Hermione mientras tomaba el lugar del caballo de la reina.

–Amo, ¿está listo? –dijo nervioso.

–Lo estoy –respondió una terrible voz siseante.

Quirrell se dio la vuelta para que su turbante estuviera de frente al tablero.

–Ahora, es momento de que mi amo haga su trabajo –dijo. Y, manteniendo su varita en Hermione con su mano derecha, se quitó su turbante con la izquierda.

Hermione gritó.

¡Silencio!

Hermione se sintió gritando, pero ningún sonido salió. Sólo podía observar con horror a la segunda cara en la parte de atrás de la cabeza del profesor de Defensa: tan pálido como la tiza con brillantes ojos rojos y rajas como orificios nasales. Conocía la descripción de Historia de la Magia Moderna. No era una exageración.

Lo siento tanto, Harry, pensó.

–Ha...harás lo que se te diga, señorita Gr...Granger –dijo Quirrell, mientras parecía temblar más–. ¡Lord Voldemort te lo ordena!

Mientras hablaba, un peón blanco de tamaño humano se deslizó dos casillas.

–Peón a e5 –siseó el rostro de Voldemort al instante, y el juego comenzó.


Harry Potter aterrizó la escoba de la escuela tambaleante, después de finalmente encontrar la llave correcta. La colocó en la cerradura y abrió la puerta con cuidado.

Las personas en la cámara siguiente no parecían haber notado el ruido. El corazón de Harry dio un salto cuando vio a Hermione viva y bien, de pie en la última fila de un enorme tablero de ajedrez. Entonces, observó el resto del tablero, y su estómago sintió un golpe. Quirrell estaba al borde del tablero, pero no estaba observando las jugadas. El que lo hacía era el rostro en la parte de atrás de su cabeza.

–Reina a e4 –siseó el rostro. Hubo un fuerte ruido mientras la reina negra se movía.

Harry apenas y pudo controlar su grito de terror. Sintió un dolor agudo en su cicatriz y sus sentidos fueron nublados por un momento, reemplazados por una visión de un rayo de luz verde y una risa aguda y sibilante.

¡Voldemort!

Tenía que sacar a Hermione de ahí, y rápido, ¿pero cómo? Quirrell literalmente tenía ojos en la nuca. Incluso si corría y la cubría con la capa, ¿podría sacarla del cuarto sin que Voldemort lo notara? ¿Qué ocurriría si interrumpía el juego? ¿Y qué de la piedra filosofal? Si Voldemort la obtenía, todo estaba arruinado. Decidió que tendría que esperar y confiar que la trampa final de Dumbledore era tan buena como había dicho y sería distracción suficiente para que pudieran escapar.

Pero había algo más que podía hacer. Caminó a la esquina más cercana del tablero, donde se encontraba su hermana paralizada por el miedo, e hizo un leve ruido con su pie. Ella miró de golpe en su dirección. Entonces, Harry con cuidado se deslizó la capa para que Hermione pudiera ver su rostro y Quirrell no pudiera ver nada.

Hermione pareció soltar un grito de sorpresa, pero no se escuchó. Harry colocó un dedo sobre sus labios y se cubrió de nuevo. Ella asintió levemente y se relajó un poco. Quirrell ni siquiera lo notó.

El juego continuó.


A pesar de las acusaciones de algunos, Albus Dumbledore era un hombre humilde. No le molestaba el rentar un cuarto en el Caldero Chorreante para pasar la noche cuando la situación lo demandaba, como era el caso esa noche. Había sido un día largo de maniobras políticas, campañas, y tratos para intentar conseguir el número de miembros suficientes para posponer la votación sobre la Ley de Defensa de los Muggles hasta el siguiente mes. El mencionar el nombre de Harry Potter algunas veces pareció ayudar, pero aún era un lento proceso.

No ayudaba que era la última reunión del año escolar, lo cual significaba que era la última mejor oportunidad para que Voldemort hiciera su intento de robar la piedra filosofal. Aún peor, el comportamiento errático en incremento y la salud en decadencia del profesor de Defensa confirmaba que Voldemort estaba en el castillo… en el cuerpo de Quirinus Quirrell. Por esta razón, Albus había viajado ligero, preocupado por tener que regresar rápidamente a su trampa en un instante.

Pero a pesar de sus cuidadosas preparaciones, las cosas no fueron como las había planeado. Justo cuando se estaba preparando para ir a dormir, hubo un golpe urgente en la puerta. La abrió con cuidado y uno de los empleados más jóvenes del lugar le entregó una nota.

–Jefe de Magos –dijo–. La profesora McGonagall acaba de traer esto para usted, señor. Dijo que era una emergencia.

–Gracias, joven. –Albus abrió la nota y la leyó. Se congeló. ¿Quirrell había secuestrado a Hermione Granger? ¿Harry Potter lo había seguido? Esto no era bueno–. Tengo que regresar –respiró. Caminó pasando al mensajero, corrió al piso principal, y se apresuró a la chimenea para conectarse a su oficina, todo tan rápido que nadie tuvo la oportunidad de preguntarle que estaba ocurriendo. Mientras el dueño le lanzaba una mirada interrogatoria, Albus apenas tuvo tiempo de decir–, ponlo en mi cuenta, Tom –antes de desaparecer en las llamas verdes.

Al llegar a su oficina, el director no se apresuró de inmediato al tercer piso. En su lugar, se dirigió al ave del tamaño de un cisne de colores rojo y dorado, quien estaba parpadeando para despertarse.

–Me temo que ya no tenemos tiempo, mi amigo –dijo al ave–. Debemos tomar acción ahora. –Agitó su varita una vez y una escoba voló a él desde su habitación. Entonces, tomó cierto guardapelo maldito de una vitrina de cristal y montó la escoba. Se dirigió a su hermosa ave–. Debemos de irnos de inmediato, Fawkes –repitió–. La ubicación es a trescientas millas al oeste del castillo. Esto termina esta noche, espero. ¡Vamos!

El fénix voló a él y dio una vuelta alrededor de la cabeza de Albus. El mago anciano estiró su mano y se sostuvo de las largas plumas de la cola del ave, y ambos desaparecieron en un instante en menos de las llamas.

Cuando Albus reapareció, se encontraba flotando en una escoba sobre el océano atlántico. Fawkes no había estado en la ubicación a la que necesitaba ir, así que sólo podía ser un medio de transporte aproximado, pero estaba a menos de media hora en vuelo de escoba, así que todo había salido bien.

Si alguien pensaba que a Albus le gustaba este plan, estaba completamente equivocado. Odiaba abandonar el castillo en un momento como ese. Odiaba priorizar esta misión sobre la seguridad de sus estudiantes. Lo había reconsiderado más de una vez, pero era una muy buena oportunidad para ignorarla. Destruir el horrocrux antes de que Voldemort perdiera su cuerpo en Quirrell, y estaría completamente muerto una vez que Quirrell inevitablemente falleciera. Oh, pero tendría que haber destruido el maldito objeto antes. Ahora, tenía un rehén del cual preocuparse, y no cualquier rehén, pero la hermana de Harry Potter. Sólo podía esperar terminar y regresar al castillo a tiempo.

Un rápido hechizo Oriéntame e iba en la dirección correcta. Albus forzó su escoba de mediana calidad lo más que pudo, su largo cabello y barba flotando casi cómicamente detrás de él si hubiera habido luz para verlo. Finalmente, después de unos veinte minutos, aunque pareció una eternidad, llegó a su destino. Bastante dentro del océano atlántico, la cima vacía de una montaña submarina, el único punto de una cadena de montañas que salía sobre las olas y que formaba una roca del tamaño de un edificio de apartamentos, aislado de tierra firme por cientos de millas. Muchos dirían que la roca no valía la pena ser nombrada, pero los muggles lo habían hecho de cualquier modo: Rockall.

Fawkes se alejó bastante mientras Albus se acercaba a la roca. El fénix no quería ver lo que ocurriría después. Había una saliente cerca de la cima de la roca, en la cual colocó el horrocrux de Voldemort. Entonces, abrió los labios y habló un siseo escalofriante antes de volar a una distancia segura. Parsel no era una lengua fácil de aprender a la antigua, pero había resultado. El guardapelo se abrió.

Pero el guardapelo no iba a dejarse ganar tan fácilmente. Una nube sofocante salió de este, la cual pareció brillar con una luz interna malévola. Albus lo escuchó susurrar cosas terribles y vio la luz tomar la forma de Gellert, Aberforth, y Ariana. Pero alejó la mirada de la visión y se preparó a sí mismo. Incluso ahí, sobre el océano, esto era lo más peligroso que había hecho en años.

Albus agitó su varita en un patrón complejo, convocando todo la ira oscura evocada por los fantasmas de su pasado, y gritó un terrible hechizo:

¡Incendium Infernalis!

Una enorme llamarada salió de la punta de su varita y tomó la forma de una quimera. Se lanzó contra la roca a una enorme velocidad sobre sus patas de fuego y se estrelló contra esta como una ola, explotando en cientos de monstruos de fuego más pequeños que continuaron formándose una y otra vez mientras rodeaban Rockall. Una enorme colonia de caracoles de mar y varias docenas de aves marinas tristemente murieron en un instante, y la delgada capa de musgo sobre la roca fue completamente quemada, pero el guardapelo finalmente se derritió hasta ser escoria.

Con dificultad, incluso para él, Albus dispersó el fuego maligno. La última llamarada explotó en un anillo hacia afuera hasta dispersarse sin causar daño sobre la millas de océano abierto una vez se acabó su combustible.

Accio guardapelo –llamó. Un pedazo de metal torcido y medio derretido voló hacia él, y lo guardó dentro de un tarro de cerámica conjurado para conservarlo. El horrocrux de Voldemort ya no existía. Satisfecho, llamó a Fawkes a él y desapareció en una llamarada de regreso a Hogwarts.

En los días siguientes, las autoridades muggle culparían las quemaduras en Rockall a una prueba de armas fallida. La Marina Real culparía a la Fuerza Aérea Real, la Fuerza Aérea Real culparía a la Marina Real, y al final, la mayoría de los muggles asumieron, sin evidencia real, que en realidad fue MI6.


–Alfil a c5.

El alfil realizó su movimiento y la reina blanca fue inmediatamente capturada, pero ahora Voldemort estaba listo.

–A h3 –ordenó.

Quirrell se dio la vuelta y caminó a la casilla h3.

–Jaque mate –dijo Voldemort.

El rey blanco lanzó su corona a los pies de Quirrell y las piezas de ajedrez se hicieron a un lado para dejarlos pasar.

–Va...vamos –ordenó Quirrell a Hermione.

Harry consideró actuar, pero Quirrell ya iba hacia ella. No había una buena manera de escapar de un hombre con cuatro ojos. Hermione siguió con renuencia al profesor de Defensa, mirando al suelo para ignorar la terrible mirada de Voldemort. Harry los siguió tan cerca cómo se atrevió. Rogó que las piezas de ajedrez lo dejaran pasar ya que no había estado en el juego, pero no se movieron en su contra y continuó a la siguiente cámara.

Era la habitación de Quirrell y contenía sólo un enorme, feo, y oloroso troll de montaña. Harry no tuvo que preocuparse por gritar ya que apenas y podía respirar por el olor. Pero Quirrell simplemente levitó un pedazo de piedra suelto sobre la cabeza del troll y lo soltó, y la bestia se colapsó con un escalofriante golpe. Obviamente no había agregado hechizos para hacer esa prueba más difícil. Harry de nuevo buscó una oportunidad para rescatar a su hermana, pero Voldemort parecía estar anticipando un intento de escape y mantuvo sus ojos de serpiente sobre ella todo el tiempo.

Harry caminó tan silenciosamente como pudo detrás del par mientras se adentraban en la siguiente cámara. Ahí, las salidas se sellaron con llamas encantadas en cuanto entraron, unas moradas y otras negras. En la mesa en el cuarto había siete botellas de pociones y un pergamino, pero Quirrell ni siquiera miró el pergamino. Sólo tomó la botella más pequeña y tomó un trago. Tembló y se meció sobre sus pies. Harry comenzó a actuar, pero el espasmo pasó muy rápido. Con manos temblorosas, Quirrell le entregó la botella a Hermione.

–B...bebe, señorita Granger… Te permitirá p...pasar a través de las llamas n...negras.

Hermione tomó la botella, pero titubeó. Quirrell apuntó su varita en su dirección.

–¡Bebe! –ordenó.

Consciente de que Harry los estaba siguiendo, sólo bebió la mitad de lo poco que quedaba en la botella. Tembló. Por suerte, pareció ser suficiente para satisfacer a Quirrell, y le indicó que caminara y atravesara las llamas encantadas.

Harry la observó irse nervioso, esperando que estuviera bien. En cuanto Quirrell estuvo fuera de su vista, se apresuró y bebió lo que quedaba en la pequeña botella. Tembló al sentir la sensación helada atravesar su cuerpo y se apresuró a atravesar el fuego negro. La siguiente cámara… la cámara final… tenía la sorpresa más grande de todas.

Ahí, en una tarima de piedra, se encontraba el espejo de Oesed.

–V...ves, señorita Gr...Granger –tartamudeó Quirrell. Se meció sobre sus pies de nuevo–. El resto fueron m...muchas d...decoraciones, p...pero aquí puedes ver cómo D...D...Dumbledore en verdad pr...protegió la piedra filosofal. Sabes todo sobre la piedra f...filosofal, ¿no es así?

Agitó su varita y Harry finalmente escuchó hablar a Hermione.

–¿Fuiste tú todo el tiempo entonces? –dijo con una combinación de vergüenza y terror.

–P...pero por supuesto –respondió–. ¿Quién más pensaste que podría ser?

–Pero pensé que Snape…

–Ah, sí, S...Snape parece el tipo, ¿no es así? Antiguo… mortífago, y todo eso. Que c...conveniente para mí.

–¡Tú… tú… yo te defendí! –gritó Hermione.

Quirrell se rio. Era una risa débil, pero entonces Voldemort se le unió, lo cual lo hizo completamente aterrorizante.

–Lo hiciste, ¿no es así? ¿Incluso después de que te obligué a ti y a tu "he...hermano" a realizar esas… demostraciones inusuales en cl...clase? Bastante in...inteligente, ¿no lo cree, señorita Granger? ¿Comprobando sus habilidades de ese modo? P...Potter lo sospechó todo el tiempo, estoy seguro, p...pero parece que su pequeña mascota s...sangre sucia f...fue engañada.

Harry necesitó esforzarse bastante para no gritar en defensa de su hermana, y aún más esfuerzo para mantener su magia bajo control, pero lo logró por su bienestar.

Mantenlo hablando, pensó Hermione con desesperación. Tengo que mantenerlo hablando. Distraerlo.

–P...p...pero estaba enseñando en contra de las misconcepciones de los sangre pura… ¡Le dio peores calificaciones a los Slytherin!

–Obligándolos a tr...trabajar más duro para que estén mejor pr...preparados que el resto de ustedes –dijo Quirrell sin importancia.

Las cejas de Harry se elevaron. Esa era una maniobra Slytherin tan brillante que ni siquiera lo había pensado. Lo hizo preguntarse más sobre Snape… pero no, a Snape en verdad no le gustaba enseñar.

–P...pero ya fue suficiente de ch...charla –la interrumpió Quirrell temblando–. D...debo continuar con mi trabajo.

–¡Dumbledore va a detenerte! –gritó Hermione con actitud desafiante.

–Que sentimiento tan n...noble –dijo Quirrell con una mirada maliciosa. Él se tambaleó un poco–. Desafortunadamente, el tonto de D...Dumbledore está atrapado en Londres es...esta noche en servicio a tu querido "her...hermano". No hay n...nadie aquí que pueda ayudarte. Nosotros…

Pero en ese momento, Quirrell le dio la oportunidad que necesitaban: tembló y se aferró de su pecho, casi tirando su varita y colapsándose. Al verlo ahora, era obvio que su posesión estaba matándolo. Antes de que Hermione pudiera pensar en huir, él la tomó del brazo para mantenerla cerca, pero, pensando rápidamente, ella pisó su pie con fuerza y al mismo tiempo tocó su muñeca con su mano libre con un hechizo punzante sin varita como buena medida. Harry saltó a la oportunidad: lo golpeó en el estómago, una patada en la rodilla, y un Expelliarmus sin varita para alejar la varita de Quirrell de su mano. Quirrell cayó con fuerza. Entonces, colocó la capa alrededor de Hermione y la jaló con él, de regreso a las llamas negras.

–Harry, espera, mí… –susurró Hermione.

¡Impedimenta!

Harry y Hermione apenas tuvieron tiempo de sentir venir el hechizo antes de sentir como si se hubieran tropezado en una tina de melaza. Detenidos por una fuerza proveniente de detrás de ellos, fueron obligados a darse la vuelta para ver a Quirrell, temblando sobre sus pies, pero sosteniéndolos con éxito con la varita de Hermione. No había sido capaz de verlos debajo de la capa, pero sabía que el único lugar al que podían correr era la puerta. Con un movimiento de su varita, la capa de invisibilidad salió volando.

–¡P...P...Potter! –gritó.

–¡Potter! –siseó Voldemort con odio.

¡Incarcerous! –dijo Quirrell. Chasqueó los dedos con su mano libre y cuerdas se apretaron alrededor de los brazos y tobillos de los niños.

Así que también puede hacer magia sin varita, pensaron ellos. Por supuesto que puede.

¡Expelliarmus! –Quirrell quizás lucía débil, pero el hechizo era lo suficiente fuerte para arrancar su propia varita de la mano de Harry y la de Harry de su funda–. Ahora, nosotros… –comenzó.

–Déjame ver al niño –dijo Voldemort.

Una expresión de miedo atravesó el rostro de Quirrell.

–Sí, amo –dijo en voz baja y lentamente se dio la vuelta, y un dolor terrible llegó a la cicatriz de Harry mientras los ojos rojos se enfocaban en él.

–Harry Potter… nos encontramos de nuevo –susurró Voldemort. Harry Potter estaba muy aterrorizado para hablar–. ¿Ves en lo que me he convertido por tu culpa? Menos que el más insignificante de los fantasmas… sin poder o forma propia a menos que comparta el cuerpo de otro. Mi leal Quirrell ha aguantado la maldición de la sangre de unicornio para mantenerme las últimas semanas, pero todo eso cambia esta noche. Con el elixir de la vida seré capaz de crear un nuevo cuerpo para mí. Y entonces podré terminar lo que comencé hace diez años y finalmente matarte.

–¿Qué? –dijo Harry.

–¡No! –gritó Hermione.

Pero Harry estaba pensando. ¿A mí? ¿No a mis padres?

–Y tu querida "hermana" sangre sucia va a obtener la piedra filosofal por mí –concluyó Voldemort.

–¡NUNCA! –gritó ella.

–¡NO LLAMES ESO A HERMIONE! –gritó Harry, como si fuera la cosa importante en ese momento, pero Quirrell y Voldemort lo ignoraron.

–Oh, p...p...pero lo ha...harás –tartamudeó a Hermione el hombre poseído. Se dio una media vuelta y la llamó a su lado con un movimiento de su mano. Ella se deslizó, sus pies arrastrándose en el suelo. Con un chasquido de sus dedos, la liberó de su amarre–. Verás, es m...muy simple. Sólo quien desea t...tomar la piedra, pero no usarla, puede sacarla del e...espejo. Es por eso que n...necesitaba una estudiante que no fuera tentada por su p...poder.

Los ojos de Harry se abrieron ampliamente. ¿Quirrell quería a Hermione para él? ¿No por mí?

–Mira dentro del e...espejo, Gr...Granger. Dime lo que ves.

–Yo… veo… me veo a mi misma escapando de ti –respondió con honestidad.

–Escaparás si obtienes la piedra –dijo Quirrell.

Hermione continuó mirando, pero no vio la piedra, y no le diría si era el caso de todos modos.

–El espejo sólo muestra lo que quieres ver –dijo ella con voz temblorosa–. No quiero que obtengas la piedra.

–Lo harás si quieres que tu "her...hermano" viva. –Dirigió la varita de Harry a la cabeza del niño.

–¡Hermione, no lo hagas! –gritó Harry.

–¡Silencio!

Pero Harry sabía que probablemente vería la piedra ahora porque quería salvarlo. ¿Así era cómo funcionaba el encantamiento? El espejo muestra el deseo de mi corazón, pensó, y en este momento, el deseo de mi corazón es alejar la piedra de Voldemort y salvar a Hermione, así que quizás me muestre donde está. Miró al espejo y, para su sorpresa, su reflexión aterrorizada sonrió de repente y se movió por su propia cuenta. Liberándose de sus cuerdas, el Harry en el espejo sacó una piedra roja de su bolsillo. Entonces, le guiñó el ojo y la colocó de vuelta dentro, y al mismo tiempo, el Harry de verdad sintió algo pesado caer en su bolsillo real con algo de magia emanando de este.

Hermione ahogó un grito. Había visto la piedra en sus manos por un momento, pero después se desvaneció.

Harry, mientras tanto, sabía que tenían que irse. Intentó un encantamiento cortante sin varita, pero no podía cortar bien las cuerdas desde ese ángulo. Se enfocó todo lo que pudo en quemar las cuerdas que lo tenían atrapado. El encantamiento de llamas azules lo había liberado de un amarre sin quemarlo, y esperaba que lo hiciera de nuevo. Fue más difícil sin poder decir las palabras, pero el miedo mortal era un gran motivador. En unos momentos, supo que lo había logrado. Sintió las llamas cerca de sus dedos mientras consumían las cuerdas conjuradas. Se alejaría e intentaría llamar la atención de Quirrell…

Apenas y dio dos pequeños pasos cuando la voz silbante se escuchó de nuevo.

–¡El niño! ¡El niño la tiene!

–¡HERMIONE, CORRE! –Harry se liberó de las cuerdas quemadas y corrió en dirección opuesta, detrás del espejo, lo más rápido que pudo. Si puedo distraerlo lo suficiente, ella podrá escapar, pensó con desesperación.

–¡ATRÁPALO! –gritó Voldemort, y Quirrell se lanzó detrás de Harry.

Pero Hermione titubeó, indecisa por querer huir por ayuda o ayudar a su hermano.

–¡CORRE! ¡CORRE! –gritó Harry, pero entonces Quirrell tomó sus brazos.

–¡AH! –Tanto Harry y Quirrell gritaron por el dolor. Una blanca y caliente agonía atravesó la cicatriz de Harry, tan intensa que sentía como si estuviera siendo tallada en su cráneo. Las manos de Quirrell estaban llenándose de ampollas ante el contacto con su piel. Con desesperación, lanzó un Flipendo sin varita que arrojó a Quirrell al suelo sobre su espalda. Se puso de pie tembloroso y corrió a la salida.

–¡Vámonos! –gritó a Hermione, tomándola de la muñeca.

Pero Quirrell aún no estaba inconsciente. Voldemort gritó de nuevo.

–¡Atrápalo! ¡ATRÁPALO! –Y su maestro se puso de pie con una fuerza que parecía provocada por magia y corrió a los niños. Ahora, ambos niños lanzaron todos los hechizos sin varitas que pudieron pensar, pero él simplemente hizo a un lado los hechizos, saltó sobre Harry y rodeó su garganta con sus manos.

Ambos gritaron de nuevo por el dolor, y Hermione gritó por el miedo. Intentó arrancar a Quirrell de su hermano con desesperación, pero cuando sus ojos se cruzaron con los de Voldemort, un terrible dolor explotó en su propia cabeza… no como una cicatriz, pero como si alguien la hubiera golpeado con un bate de cricket. Le tomó un momento el darse cuenta que la causa fue un golpe de magia sin enfoque y lleno de odio que no pudo identificar rodeándolos a los tres. Sólo podía mirar mientras la cicatriz se habría como una herida fresca con puntadas abiertas, y las manos de Quirrell se volvían negras y se destrozaban como hojas quemándose. ¿Qué estaba ocurriendo?

–¡Amo, mis manos! –sollozó Quirrell, su breve incremento de fuerza aparentemente disminuyendo–. No puedo sostenerlo… ¡Ayúdeme, amo!

–¡Mátalo! –siseó Voldemort.

Quirrell elevó su varita para expresar las palabras más deplorables.

¡Avada Kedavra!

–¡NO! –Hermione convocó lo último de su fuerza y jaló el brazo con el que Quirrell sostenía su varita. La maldición pasó a pulgadas de la cabeza de Harry y creó un cráter en el piso de piedra.

El tiempo pareció detenerse. Los niños habían sentido hechizos y maleficios fuera de lo ordinario antes. La maldición asesina no era nada como esos. El sólo estar en su presencia se sintió como ser ahogados en algo sucio. Heló sus corazones y torció sus estómagos y los hizo sentir escalofríos por el puro odio del que estaba llena.

Entonces el tiempo comenzó de nuevo. Harry se estiró para tomar la cabeza de Quirrell. Más gritos. Hermione logró alejar a Quirrell de Harry, pero ahora, Harry no lo dejaba ir, incluso cuando el rostro de Quirrell comenzó a despedazarse debajo de su agarre.

–¡MÁTALO! ¡MÁTALO!

Pero Quirrell soltó las tres varitas. Parecía que lo único que podía hacer era intentar alcanzar a ciegas los bolsillos de Harry, aun intentando obtener la piedra. Harry intentó luchar contra él, pero estaba temblando en sus pies.

–¡Harry, detente! ¡DETENTE! –lloró Hermione, pero él no lo soltó.

Ambos se estaban debilitando rápidamente. Quirrell se colapsó sobre Harry. Hermione intentó alejarlo de nuevo, pero estaba inconsciente, y el peso muerto era mucho para que lo cargara. Harry tembló, su respiración entrecortada, y él también dejó de moverse.

–¡Harry! ¡Vamos, por favor! –rogó Hermione, intentando arrastrar el cuerpo negro y quemado de Quirrell lejos de él. Sintió un fuerte mareo.

Pero entonces, manos fuertes y ancianas levantaron a Quirrell y prácticamente lo arrojaron a un lado. Levantó la mirada y vio la ayuda que tanto había esperado. Aún en su túnica ciruela del Wizengamot y con una hermosa ave roja y dorada en su hombro se encontraba Albus Dumbledore.

–¡Profesor! ¡Gracias Merlín! –exclamó Hermione–. Harry está herido él… –Sintió su estómago retorcerse al ver a su hermano inconsciente en el suelo. Tomó su muñeca con frenesí y encontró su pulso–. Está vivo –suspiró con alivio–. Pero Quirrell le hizo algo… señor, ¡Quirrell estaba poseído por Voldemort!

Dumbledore sólo asintió. Caminó a su alrededor y volteó al profesor con su pie. Quirrell era una terrible visión, con la mitad de su rostro quemado. Con un movimiento cauteloso de su varita, pareció examinarlo.

Estaba poseído –la corrigió–. El espíritu de Voldemort se ha ido. Ambos tuvieron mucha suerte, Hermione.

–Profesor, acaso él… –comenzó Hermione.

Quirrell dejó salir un débil y rasposo respiro.

–Vivo –dijo Dumbledore con una expresión seria–. Aunque me temo que no por mucho tiempo. La posesión lo ha estado matando lentamente por algo de tiempo. Pero debemos llevar a Harry con Madame Pomfrey. Rápido… –Abrazó con un brazo al maestro moribundo y con el otro a los niños. Fawkes se movió a su mano y trinó dulcemente–... sostente de las plumas de Fawkes.

Hermione no estaba segura de poder sostenerse de Harry en su estado actual, pero obedeció. De repente, sintió el calor del fuego… como el toque de las llamas azules, pero atravesando todo su cuerpo. ¡Fuego de fénix! Pensó con maravilla. Se sintió tan ligera como una pluma… como si pudiera estirar sus alas y…

¡Estaban volando! Los cuatro fueron cargados por el fénix en un aura de luz dorada que era sentida pero no vista. En realidad no era tanto como volar, sino la idea de volar. Como si todo lo que era bueno y maravilloso de volar fuera reducido a una sola experiencia, y todo lo malo fuera purgado. Era hermoso… excitante… alegre. Parecía que había una excepción a la regla de que todas las formas rápidas de transporte mágico eran incómodas.

Hermione tenía la vaga sensación de correr a través de túneles y pasillos a una velocidad imposible, todo visto a través de una llama y brillando con colores que parecían venir directamente de la magia y la esencia del castillo en lugar de la tenue luz de las antorchas. Era como si sus visiones también fueron reducidas a la idea de estas, y cuando finalmente llegaron a la enfermería, no podía decir si habían volado la distancia o simplemente se habían desaparecido de debajo de la escuela y materializado en un instante.

–No temas, Hermione –dijo Dumbledore. Con un movimiento fluido, levitó Harry a la cama más cercana y levitó a Quirrell a otra cama con una cortina rodeándolo–. Ha terminado.