La definitiva respuesta a la vida, el universo, y Harry Potter es JK Rowling. Para saber más de esta historia, recomiendo su lectura en la versión original en inglés de White Squirrel.
Capítulo 42
Exactamente qué había ocurrido entre Harry y Hermione y el difunto profesor Quirrell se suponía que era un secreto, así que naturalmente todos lo sabían. De acuerdo, esa era una exageración, pero los rumores sí salieron de los muros del castillo, yendo de una persona a otra a través de susurros en callejones oscuros y pubs turbios. Las personas susurraban que no era un cerbero el que había matado al profesor de Defensa de ese año. Aquellos con las mejores conexiones en el vientre de la sociedad mágica comenzaron a poner las piezas juntas: la piedra filosofal, el intento de robo en Gringotts el verano pasado, el involucramiento de Potter, su molestia con Dumbledore, y, más revelador, el testimonio de un Slytherin de séptimo año que se había escabullido dentro de la enfermería y había descubierto que el cuerpo de Quirrell no había sido destrozado, sino completamente quemado. No había evidencia concreta (el segundo rostro de Quirrell no era identificable), pero aquellos que estaban dispuestos a seguir sus narices podían oler la participación del Señor Oscuro.
La reacción arrolladora a estos rumores fue la negación… negación nacida del miedo. Aquellos que no habían seguido al Señor Oscuro naturalmente temían su regreso, y aquellos que lo habían seguido sabían que no estaría contento con todos los que habían mentido para evitar Azkaban. E incluso si estaba de regreso, parecía que se había ido de nuevo, así que era mejor dejarlo ir.
Pero había dos personas en el mundo mágico de Gran Bretaña que no pensaban de ese modo. Ante los ojos del mundo, eran el hermano y hermana buenos para nada de una prominente figura de sociedad, quienes vivían juntos en una casa abandonada en el norte, sus fortunas terminando de la peor manera después de la caída del Señor Oscuro. Aunque para aquellos que sabían la verdad, eran dos de los más sadístico y brutales mortífagos con vida, no al nivel de los Lestrange, pero rufianes nivel A. Y no estaban contentos con dejarlo ir.
–¿En verdad crees que regresó, Amycus, después de todos estos años? –dijo la hermana a su hermano.
–Te lo digo, Alecto, todas las señales apuntan a eso –explotó Amycus Carrow–. ¿Quién más intentaría robar Gringotts? ¿Quién más haría tanto por robar la piedra filosofal bajo la nariz de Dumbledore?
–Bueno, discúlpame por ser meticulosa –dijo Alecto–. ¿Sabes lo que significa si regresó, no?
–¡Por supuesto que sí! Cualquiera que lo rechazó después de la guerra va a ser castigado.
Amycus y Alecto Carrow definitivamente habían perdido la lotería genética: chaparros, burdos, de ojos malvados, y con un aspecto como de cerdo, ambos, sin mencionar que no eran muy inteligentes, y eran completamente opuestos a su apuesto y respetado hermano, Anteros. Agreguen personalidades volátiles y sadísticas, y eran candidatos perfectos para unirse a los mortífagos: ambiciosos, buscando gloria, brutos, e interesados en formas más refinadas de crueldad.
–¿Qué vamos a hacer? –demandó Amycus.
–Mantener la calma… por el bien de los dos. Tengo una idea.
–¿Qué es?
La boca torcida de Alecto sonrió de manera malévola.
–Vamos a ayudarlo.
–¡Qué! ¿Perdiste la cabeza, mujer? –Apuntó su varita en su dirección.
Pero Alecto era más rápida, lanzándolo contra una silla con un hechizo punzante.
–Usa tu cerebro por una vez. El Señor Oscuro regresará de una manera u otra. Es muy poderoso para ser detenido por siempre. Nos llama, nos arrastramos a él, ¿y qué nos hace?
–Nos tortura por traidores, obviamente.
–¡Sí! Todos somos de segunda clase para él… a menos que podamos ofrecerle algo.
–¿Qué quieres decir?
–Quiero decir, mi hermano idiota, que busquemos al Señor Oscuro, lo ayudemos a regresar al poder… y acusemos a todos los que lo abandonaron. ¿Lo entiendes? Regresamos a servirle cuando el resto está en casa, tomándose su whiskey de fuego. Entonces, estaremos por encima de todos… por encima de Malfoy.
Ahora fue el turno de Amycus de sonreír de manera torcida.
–Me gusta cómo piensas, hermana.
–Naturalmente. Yo soy el cerebro de esta operación.
–¿Cuál es el plan?
–¿El plan? –El supuesto cerebro de la operación tuvo que detenerse a pensar cual era el plan–. De acuerdo, el Señor Oscuro no se quedará en Gran Bretaña. Tenía contactos a lo largo del continente, y el tonto de Dumbledore lo estará buscando. Le daremos una semana y le diremos a los vecinos que nos iremos en unas largas vacaciones a Francia, pero no iremos a Francia. Iremos clandestinamente a Escandinavia… empacaremos una tienda de campaña y robaremos comida a los muggles. Será algo incómodo, pero valdrá la pena al final.
–No será más incómodo que este basurero –dijo Amycus–. Comencemos a trabajar.
Tanto los vecinos como sus compañeros mortífagos solían realizar insinuaciones sobre la relación de los Carrow, pero la verdad era que vivían juntos porque era lo único que podían pagar. Dada la opción, hubieran vivido separados, ya que sin sangre sucia a quienes torturar, estaban en los nervios del otro cada semana. Por supuesto, la mentira de sus largas vacaciones juntos en Francia sólo causaría que los vecinos hablaran más, pero esta vez, pensaron: Que lo hagan. La venganza será dulce.
Había otro hombre en la zona mágica de Gran Bretaña que estaba tomando acción drástica en respuesta a los eventos recientes. Ese hombre esperó hasta tarde la noche de la reunión del Wizengamot, después de que su esposa e hijo se fueran a dormir, y abrió la bóveda debajo de su estudios… tantos artefactos oscuros que tendría que vender antes de que Weasley obtuviera algo para actuar en contra suya… y removió un diario de cuero negro que había sido comprado por primera vez en una tienda muggle en 1938.
Bajo la luz de una sola vela, dejó el diario abierto en el escritorio en una de sus muchas páginas en blanco y escribió, Hola, Amo.
Lucius siempre había tenido cuidado de no escribir mucho sobre sí mismo en este diario. Era un sirviente fiel, pero no tenía un complejo de mártir, y su Amo sabía que tenía más valor con vida. No que sabía todo lo que el diario podía hacer. Tom Ryddle no era un tonto, después de todo.
Las palabras desaparecieron y fueron reemplazadas por un tipo de letra diferente: Hola, Lucius. ¿Confío en que la reunión fue un éxito?
Mientras las palabras desaparecían, Lucius suspiró, quizás con mucha fuerza, y se preparó para lo que seguía: Lamento reportar que no fue así. Potter dio un discurso de corazón en apoyo a sus padres adoptivos, el cual puso al público y por lo tanto al Ministro de su lado. Aun así, pensé que lo teníamos, pero Potter logró conseguir a Greengrass en el último minuto. No sé qué fue lo que le dio para lograrlo, pero debe haber sido bastante.
La tinta giro con enojo en la página, algunas veces salpicando como si fuera lanzada desde el otro lado, como si la mente contenida dentro quisiera maldecir a Lucius a través del papel. Esto es bastante desagradable, escribió Tom Ryddle. Me aseguraste que la ley sería derrotada.
Lo hice, Amo. No anticipé que Potter recibiera tan buenos consejos, ni su suerte extraordinaria al ganar la alianza del asiento de los Black.
¿Y los prospectos de repeler esta ley? La letra de Tom lucía temblorosa e impaciente.
Habrá otras oportunidades, Amo, escribió Lucius. El voto fue cerrado. Si puedo encontrar una oportunidad para desacreditar a Arthur Weasley, eso sería un golpe severo para un compromiso tan delicado. Además, siempre hay caminos alternos a considerar. Creo que aún puedo exigir restricciones en padres muggles bajo el disfraz de prevenir abuso infantil.
Escribes palabras elocuentes como siempre, Lucius, ¿pero cuántas de tus iniciativas han triunfado en los últimos diez años?
El control de Dumbledore es fuerte, como sabe, aunque en años recientes ha estado en riesgo. Aun así, hemos tenido unas cuantas victorias.
Pequeñas victorias. Hubo una pausa, pero las palabras no desaparecieron, indicando que Tom estaba pensando en qué escribir después. Continúa con tu ley favorita. Mientras tanto, investiga lo que Potter dio a Greengrass. Debemos tener una vista clara del ambiente político con él involucrado.
Sí, Amo.
Mencionaste una vez que Greengrass tenían dos nietas jóvenes, mencionó Tom. ¿Crees que una propuesta de matrimonio estuvo involucrada?
Lo dudo. Como escribí antes, Potter fue criado como muggle, y los sangre sucia eran grandes oponentes de los matrimonios arreglados.
Muy bien, pero aún sospecho algún asunto familiar. Incluso como estudiante, Adrian siempre puso a la familia sobre todo.
Lo entiendo, Amo. Esta vez, casi distraídamente, Lucius sostuvo la punta de su pluma en la página, causando que sus propias palabras se quedaran plasmadas.
¿Hay algo más, Lucius?
Lucius estaba murmurando para sí mismo, debatiendo en voz alta si continuar con lo que quería escribir. Decidió tirar su buena noticia primero. Quizás le sea de interés que aseguré la posición de Severus por otro año más: un compromiso mínimo para silenciar las críticas.
Eso sería más alentador si Snape fuera confiable. ¿Qué es lo que en verdad querías decirme?
Lucius murmuró un comentario grosero sobre la astucia de su Amo que nunca se hubiera atrevido a mencionar si lo pudiera escuchar, pero no podía arrepentirse ahora.
–El plan es bueno –intentó asegurarse a sí mismo en voz alta–. Entregar el diario a un estudiante. Lo obligará a abrir la cámara de los secretos, el monstruo de Slytherin de desharía de todos los sangre sucia, y Potter, y el Consejo despediría a Dumbledore. Funcionaría… ¡era su plan! –Pero por supuesto, el plan sólo podía ser realizado con la aprobación de su Amo… su verdadero Amo, y por mucho que se negaba a admitirlo, la marca oscura en su brazo aún lo hacía titubear. Aun así, matar a Potter contaría bastante si regresaba.
¿Bien? Agregó Tom de forma amenazante.
Lucius tomó un gran respiro y comenzó a escribir de nuevo. Los problemas entre Potter y Dumbledore han debilitado seriamente la posición del viejo entrometido, y hay llamadas continuas a una investigación sobre su manejo del infante Potter. Su posición política es más vulnerable que nunca desde su riña con Barty Crouch hace más de una década. Un escándalo más alrededor de Potter y podré removerlo del castillo
El diario estuvo inactivo por un tiempo mientras Tom parecía considerar la información. Finalmente, escribió de vuelta. ¿Qué estás sugiriendo, Lucius?
Quizás es hora de poner nuestro plan en acción, Amo, escribió Lucius esperanzado.
La página permaneció en blanco por un largo tiempo.
¿Estás seguro de que no estás sugiriendo esto por tu beneficio, Lucius?
Lucius estaba sudando ante eso, pero no era tonto. Pensó una respuesta rápidamente. No negaré que mis propios intereses están en juego, pero mantengo que el ambiente político no ha sido igual de favorable desde el final de la guerra. También podría amenazar a Potter mientras está ahí. Sólo estará en segundo año, y Draco me informa que aunque es dotado, no es extraordinario… no es el gran mago oscuro que los rumores lo hacen parecer.
Una propuesta interesante, respondió Tom. Pero es un acto arriesgado. Mi diario debe de permanecer a salvo mientras hago mi trabajo. Necesitaríamos un blanco que no sospechará de mi diario, pero que lo usará y no lo tirará. Preferiblemente alguien con pocos amigos y otras conexiones en la escuela. Una niña de primer año sería ideal.
Lucius lo pensó por un momento. Descartó su primer impulso de darle el diario a Potter, o a su hermana. Seguramente estaban bien entrenados por Black y Tonks, y quizás Dumbledore. Pero entonces, una sonrisa malévola cruzó su rostro. No era la candidata más aislada, pero quizás mataría dos pájaros con una piedra: Se justamente quien.
Mientras finalizaba sus planes, Lucius Malfoy no prestó atención a la criatura con orejas de murciélago que lo observaba desde las sombras.
Albus Dumbledore, Sirius Black, y Remus Lupin también estaban actuando. Se reunieron en la oficina del director al día siguiente para discutir el camino adelante.
–De acuerdo, Albus, destruiste un horrocrux –dijo Sirius–. Ahora, ¿estás diciendo que hay más?
–Eso temo. Es la única explicación posible.
Sirius se estremeció.
–Horrible –susurró–. ¿Cuántos más, entonces?
–No lo sé. Había pensado que ni siquiera Voldemort estaba tan desesperado para dividir su alma más de una vez. Debo comenzar a investigar su pasado seriamente en busca de pistas.
–Haznos saber en cuanto encuentres algo –pidió Remus.
–Sí, creo que has estado haciendo las cosas solo por mucho tiempo –dijo Sirius–. Estarás mejor si tienes algo de ayuda.
–Quizás tienes razón –dijo Dumbledore con cautela. Los mantendré informados. Mientras tanto, quizás pudieran ver si hay información adicional sobre los horrocruxes en tu colección de libros familiares.
–No hay problema, Albus. Comenzaré al instante.
Fue una semana ocupada para todos. Incluso los Granger estaban tomando medidas para ayudar a prepararse para el futuro, aunque en el caso de Harry y Hermione, era más diversión que trabajo.
–¡John-sensei! –Los niños corrieron a su antiguo instructor en el dojo, deteniéndose lo suficiente cerca para hacer una reverencia, antes de que Hermione lo abrazara y Harry estrechara su mano.
–Hola, ¿cómo están dos de mis mejores estudiantes? –dijo John-sensei con una sonrisa–. ¿Ese internado escocés suyo los está tratando bien?
–Sí, la escuela es genial –dijo Harry. Excepto por casi ser asesinados por un maestro, agregaron mentalmente él y Hermione–. Hermione es la primera en la clase.
–Y Harry el tercero –dijo ella.
–Me alegra escucharlo. Siempre pensé que si eran tan dedicados en sus clases como son aquí, irían lejos. Ahora, espero que ambos practicaran su karate mientras estaban lejos.
–Pues, realizamos varios katas e hicimos ejercicio todos los días –explicó Harry–, pero no podemos practicar karate de manera adecuada en la escuela, sólo tienen… esgrima, así que comenzamos a aprender eso.
–Ah, no es un mal deporte. –John-sensei sólo parecía un poco decepcionado–. Es bueno hacer cualquier cosa que mantenga sus reflejos en forma.
–Lo sabemos –dijo Hermione–. Pero queremos mantenemos en forma lo más que podamos. Sólo tenemos un mes porque iremos a Francia, pero esperábamos poder tomar un curso de actualización.
John-sensei sonrió.
–Pueden unirse a la clase de primer dan. Ninguno de los dos tendrá problema alguno en ponerse al corriente. Será bueno tenerlos de vuelta.
–Gracias, John-sensei –dijeron los niños.
–Ya que están aquí, ¿les molestaría ayudarme con unas lecciones de nivel principiante? He descubierto que es bueno recibir consejos de estudiantes que empezaron jóvenes.
–Si solo son unas cuantas, creo que podemos –dijo Hermione.
–Excelente. La siguiente clase de primer dan es esta tarde.
Era bueno practicar karate de manera correcta de nuevo. Pero ambos habían olvidado lo divertido que era. Claro, habían perdido algo de práctica durante el año, pero aún estaban en buena condición física, y estaban seguros de que se pondrían al corriente. Y enseñar, lo poco que hicieron, fue una experiencia iluminadora. Pero sólo era el comienzo. Aún tenían un verano ajetreado esperándolos.
Con todas las cosas que estaban ocurriendo, los Granger sólo podían realizar unos cuantos viajes de un día para ver a sus amigos de Hogwarts. El primero fue a la mansión de los Longbottom. El señor Weasley llevó a Ron, y Madame Longbottom los recibió en la puerta, luciendo tan formidable como siempre en su sombrero de buitre disecado. Neville la seguía con resignación.
La mansión de los Longbottom era grande y espaciosa… y estaba vacía. Solo estaban Augusta y Neville ahí, aunque Algie y Enid Croaker visitaban con frecuencia, y algunas veces también visitaba el primo Saul.
–Buenos días, Sr. Potter, señorita Granger… Sr. Weasley –los recibió Madame Longbottom, menospreciando un poco a Ron–. Pasen por favor.
–Hola, chicos –dijo Neville–. ¿Cómo ha estado su verano?
–Nada mal –respondió Ron.
–Ocupado –dijo Hermione–. Pero nos estamos divirtiendo. ¿El tuyo?
–Bien. He… intentado continuar con esos ejercicios que me mostraron.
–Sí, debo decir, es bueno ver a Neville finalmente poniendo algo de esfuerzo en hacer algo de sí mismo –interrumpió Madame Longbottom.
Neville miró a sus pies. Su abuela parecía tener el mismo poder que el profesor Snape para remover su confianza en sí mismo en un instante. De hecho, Neville lucía un poco mejor que un año antes, su espalda erguida y demostrando más confianza, y era más coordinado… no se caía o tropezaba tan fácilmente. El ejercicio que Harry y Hermione le habían enseñado había ayudado un poco con eso, y, realizado con frecuencia, probablemente comenzaría a deshacerse de su grasa infantil. Aún tenía un largo camino, pero era un buen comienzo.
A petición de su abuela, Neville les dio el tour de la casa. No parecía haber mucho que hacer en la mansión de los Longbottom. Parecía una de esas casas diseñadas por adultos para adultos. Sin embargo, Neville insistió en que disfrutaba trabajando en el invernadero, el cual estaba al mismo nivel que los invernaderos de Hogwarts. Mencionó que también había estado estudiando el lenguaje de las flores.
De cualquier modo, era agradable sentarse y hablar durante la tarde, especialmente después de la dificultad de organizar una reunión.
–Esperaba que pudieran venir el fin de semana pasado –dijo Neville–. ¿Recibieron mi carta?
–¿Tu carta? –dijo Hermione–. No, no llegó.
–¿En serio? –preguntó Ron–. ¿Y qué tal la mía?
–No hemos recibido ninguna carta de alguien de la escuela –respondió Harry–. Nos estábamos preguntando sobre eso.
–Extraño –dijo Ron–. Pensé que Errol la había perdido, pero si la de Neville tampoco llegó…
–Deberíamos revisar con Andi por si fueron reenviadas por accidente –dijo Hermione.
–Buena idea –respondió Harry.
Pero cuando los Granger regresaron esa noche, encontraron las cartas de Neville y Ron esperándolos en el buzón.
La Madriguera era el opuesto de la mansión Longbottom: alta e inclinada en lugar de amplia y extensa, un poco apretada, pero llena de vida y risas en lugar de solemnidad y vacío. A Harry le encantó, aunque Hermione pensó que preferiría algo más de paz y tranquilidad, y Neville lucía abrumado.
–Es bueno verlo de nuevo, Sr. Potter –los recibió el señor Weasley.
–Sólo Harry, por favor –respondió Harry.
–Neville –su amigo agregó mientras estrechaban las manos de los Weasley.
El señor Weasley asintió.
–Quería agradecerte de nuevo… Harry. Ya encontramos varios objetos oscuros y trampas con la Ley de Defensa de los Muggles, y… –Bajó su voz hasta que fue un susurro–, me podré quedar con mi auto volador (la señora Weasley hizo una mueca).
Harry siguió la fila, saludando a los Weasley con un saludo formal, a Percy y golpes en la espalda a Fred y George, hasta que se encontró cara a cara con Ginny.
–Eh, hola –dijo Harry mientras Ginny se ponía tan roja como su cabello–. Sabes, nos hemos encontrado tres veces, pero no creo que nos hayamos introducido formalmente. Hola, soy Harry Potter. Es un placer conocerla, señorita Weasley. –Y después, besó la mano de Ginny.
Ginny se desmayó. Harry y Hermione se estiraron y la alcanzaron, rápidamente entregándola a sus padres. La señora Weasley lucía angustiada, mientras que Ron y Percy lucían avergonzados, y Fred y George ocultaban su risa.
–Eh, lo siento –dijo Harry.
–Creo que debes de bajar el tono si vas a afectar a las niñas de ese modo –bromeó Hermione.
–No es mi culpa que los libros me hagan parecer un gran héroe.
–Lamento eso –dijo el señor Weasley–. Me temo que Ginny ha estado obsesionada con esos libros desde antes de poder leerlos.
–Eh, no te preocupes –dijo George–. Ya se tranquilizará cuando te conozca.
–Es bastante divertida cuando no se está desmayando –agregó Fred.
–Sí. Normalmente nunca se calla –dijo Ron.
–Ginny fue recostada en el sillón mientras los niños mostraban a sus visitas su casa. Una vez se despertó Ginny, comieron un agradable almuerzo que la señora Weasley había preparado y salieron a la parte trasera.
–¿Quién quiere jugar quidditch? –dijo Fred.
–Yo tengo mi escoba –dijo Harry (Ron le había escrito y había aconsejado que la trajera). Todos excepto Neville estuvieron de acuerdo. Incluso Percy decidió unírseles, y Hermione, quien había mejorado mucho durante el último año, estaba interesada en intentarlo.
–Tenemos una escoba más –dijo Ron a Neville–. ¿Seguro que no quieres jugar?
–No, creo que pasaré esta vez.
–Vamos, Nev, necesitamos a otro cazador para que sea un equipo completo –dijo Fred.
–¿P...por qué no le preguntan a Ginny?
–Ginny no sabe volar –respondió Percy con frialdad.
–Vamos, Neville, yo te ayudo –insistió Hermione.
–Eh, pues… está bien.
Neville definitivamente prefería permanecer con sus pies en el suelo, pero con la ayuda de Ron y Hermione, ya no estaba en riesgo de lastimarse cuando subía a una escoba. Los Weasley estaban felices de tener un equipo completo por una vez. Normalmente, no lograban eso incluso con Ginny ya que sólo tenían seis escobas. Después de eso, Harry comenzó a planear cómo lograr que aceptaran una extra en Navidad.
Harry se despertó el treinta y uno de julio de buen humor… poco sorprendente considerando que tendría dos celebraciones de cumpleaños ese día, una con sus amigos muggles en el almuerzo y otra con Sirius, Remus, y los Tonks durante la cena.
Era un hermoso día soleado, y Harry y Hermione decidieron pasar la mañana en el jardín antes de que llegaran Paul y Tiffany, jugando con una pelota (para practicar quidditch), haciendo sus ejercicios rutinarios, pateando un balón de fútbol, y, en el caso de Hermione, leyendo un libro en el columpio. Mientras la mañana continuaba, se relajaron un poco más. Harry estaba recargado en un árbol, observando al seto, cuando lo vio: el seto lo estaba viendo de vuelta. Dos enormes ojos verdes, del tamaño de pelotas de tenis, lo estaban viendo desde un hueco en el seto. Vio pequeños dedos pálidos sosteniendo las hojas a su alrededor.
–¡Mione! –llamó y señaló al seto–. ¿Estás viendo lo mismo que yo?
Hermione levantó la mirada justo a tiempo para ver a los ojos parpadear una vez y desaparecer.
Ambos se miraron y asintieron. No lo habían alucinado. Habían visto ojos de ese tipo unas cuantas veces antes.
No se escuchó el ruido de hojas moverse en el seto o de alguien desapareciéndose. Así que, decidiendo que hacer, Hermione se paró en frente del seto.
–Puedes salir. Nadie más está viendo.
Se escuchó un leve quejido, y un elfo de aspecto de aspecto derrotado salió lentamente de entre los setos.
–Hola, ¿cómo podemos ayudarte? –dijo Hermione.
El elfo miró a Harry con reverencia.
–¡Harry Potter! –chilló–. Que honor. –E hizo una reverencia tan baja que parecía que su larga nariz iba a tocar el suelo–. Tanto tiempo ha querido conocer Dobby a Harry Potter, señor.
Hermione suspiró ya que "Dobby" parecía estar ignorándola.
–Eh… gracias, Dobby –dijo Harry–, ¿pero cómo me encontraste? Esta dirección no está disponible al público.
Dobby se estremeció.
–Harry Potter no debe enojarse, señor. Dobby lo siguió cuando regresó de Hogwarts.
–¡Oh! –exclamó Hermione. Por supuesto que era la solución obvia. Estaban seguros de que nunca habían sido seguidos por magos yendo y viniendo de Londres, pero los elfos eran otro asunto.
–Oh, genial –gruñó Harry. De acuerdo, ¿por qué no entras? A nuestros padres les gustará saber esto. –Él y Hermione caminaron a la puerta trasera, con el elfo siguiéndolos algo titubeante–. ¡Mamá! ¡Papá! ¡Vengan! –llamó Harry.
Emma se asomó desde la esquina.
–Harry, tengo que preparar el almuerzo y… –Era una escena bastante familiar, excepto que la criatura desaliñada en frente de ella no era un niño pequeño… con cicatrices, temblando, y vestido con lo que parecía ser una funda de almohada sucia, sí, pero con esos ojos enormes y orejas de murciélago, definitivamente no era un niño pequeño.
–Harry, qué… –Dan comenzó mientras entraba al cuarto–. ¿Ese es un elfo doméstico?
–Sí –dijo Harry–. Su nombre es Dobby, y aparentemente nos siguió a casa desde la estación del tren el mes pasado.
–¿El mes pasado? ¿Dónde ha estado todo este tiempo, entonces?
–Probablemente tuvo que regresar a casa –dijo Hermione–. Andi dijo que los elfos domésticos no salen mucho.
–Más importante, ¿qué hace aquí? –preguntó Emma.
Dobby dirigió en su dirección sus enormes ojos llenos de miedo.
–Dobby tenía que hablar con Harry Potter, señora Granger. Dobby debe, incluso si su familia no estaría de acuerdo. Es muy importante.
Emma suspiró y revisó la hora. Tenían menos de una hora antes de que llegaran los amigos de sus hijos.
–De acuerdo, Dobby –dijo en un suave suspiro–, toma asiento. ¿Podemos servirte algo?
Pero para la sorpresa de los Granger, Dobby se soltó a llorar en alaridos.
–¡S...s...sentarme! Nunca... nunca, nunca…
–Lo siento –dijo Emma rápidamente–. No quise ofenderte. Puedes continuar de pie, si lo prefieres.
–¡Ofender a Dobby! –lloró el elfo–. A Dobby nunca le habían ofrecido sentarse con una bruja y mago, ¡como si fuera su igual!
Las bocas de Dan y Emma se abrieron un poco, luciendo paralizados ante la declaración.
–No somos como la mayoría de los magos y brujas, Dobby –explicó Hermione–. No pensamos bien de las personas que tienen a elfos como esclavos.
Dobby comenzó a sacudir su cabeza en acuerdo, pero entonces, una expresión de terror cruzó su rostro y, sin advertencia, corrió a la pared, golpeando su cabeza repetidamente en contra de esta y gritando.
–¡Dobby malo! ¡Dobby malo!
Harry y Hermione lo tomaron de sus pequeños brazos y lo alejaron.
–¡Para! –lloró Hermione.
–¿Qué estás haciendo? –dijo Harry.
Dobby se quejó y se tambaleó un poco.
–Dobby tenía que castigarse, señor. Dobby casi habló mal de su familia.
Dan y Emma soltaron un grito ahogado.
–¿Castigarte? –dijo Emma. Y parecía que era algo frecuente–. Es un milagro que puedas ver bien. ¿Es legal tratar a un elfo doméstico de ese modo?
–No lo sé –respondió Hermione–. Tendría que investigarlo. Aunque no debería serlo.
–De acuerdo, Dobby, por favor toma asiento. Niños, asegúrense de que no se lastime. Regreso en un momento. –No me importa que reglas haya con los elfos domésticos, pensó. Voy a darle a esa pobre criatura una taza de té de lavanda.
Hermione y Harry llevaron al miserable elfo al sofá y se sentaron a cada lado de él para que no pudiera escaparse. Él se sentó temblando en un cojín ante el tratamiento tan poco familiar. Le recordó bastante a Dan sobre cómo Harry se había sentado en el mismo sofá siete años antes, excepto que Dobby lucía como su hubiera sido tratado aún peor.
–Dobby –dijo Hermione con gentileza–, ¿quién… tienes permitido decirnos para quien trabajas?
Dobby tembló por un momento ante la idea de la desaprobación de sus amos.
–Dobby lo lamenta, Hermione Granger, señorita. Dobby no puede.
–¿Hay algo que puedas decirnos sobre ellos?
Él sacudió su cabeza frenéticamente.
–¡Dobby no puede! ¡Dobby no puede!
–¡De acuerdo! Dobby, está bien.
–Escucha –dijo Harry–, no queremos que nadie sepa donde vivimos, así que apreciaríamos que no le dijeras a nadie.
Dobby miró a sus pies, sus orejas caídas.
–Dobby debe decir a sus amos se lo preguntan, pero no saben que deben preguntar, señor.
–De acuerdo, eso es bueno.
Pronto, Emma regresó con una bandeja de té.
–Dobby, te traje algo de té –dijo–. Por favor bebe; debería de calmarte.
Predeciblemente, esto provocó que Dobby comenzara a llorar de nuevo, como si nunca le hubieran dado té antes, y tomó bastante persuadirlo de que bebiera, pero una vez que lo hizo, comenzó a tranquilizarse un poco.
–De acuerdo, ¿de qué querías hablar conmigo? –preguntó Harry.
Dobby dejó su taza sobre la mesa con sus manos temblorosas para poder mirar en dirección a Harry.
–Dobby ha venido a advertirle a Harry Potter, señor, incluso si debe atrapar sus orejas en la puerta del horno más tarde, que Harry Potter no debe regresar a Hogwarts.
Todos los Granger parpadearon un par de veces. Eso era nuevo.
–¿Por qué no? –dijo Harry.
Dobby estaba temblando aún más. Probablemente no debía de hablar de eso con nadie.
–Hay un plan, Harry Potter. Un plan para que las cosas más terribles ocurran en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería este año. Harry Potter estará en peligro mortal si regresa. No debe de ponerse en tal peligro, señor. ¡Es muy importante!
–¿Y yo que soy? ¿Un cero a la izquierda? –demandó Hermione, finalmente cansada del culto a héroe del elfo.
Pero él se dio la vuelta para verla.
–Pido disculpas Hermione Granger, señorita. También será peligroso para ella, así que tampoco debería regresar.
–¿Cuál es el plan? –demandó Dan con fiereza–. ¿Quién lo planea?
Dobby de repente sonaba como si se estuviera ahogando. Entonces, se puso de pie e intentó soltar sobre Hermione para alcanzar la lámpara en la mesa, pero los reflejos de Hermione eran más rápidos. Mientras sostenía al elfo lloriqueante, se dirigió a sus padres.
–No puede decirnos. Eso quiere decir que sus amos están involucrados.
–¿Puedes decirnos si tiene que ver con Voldemort? –preguntó Harry.
Pero Dobby dobló sus largas orejas contra su cabeza.
–¡No diga el nombre, señor! ¡No diga el nombre!
–Lo siento. ¿Quién-Tú-Sabes, entonces? –Normalmente, los Granger no tolerarían eso, pero Harry pensó que era mejor no discutir.
Dobby sacudió la cabeza lentamente, aunque sus ojos se abrieron un poco más de lo normal.
–No, no Quien-No-Debe-Ser-Nombrado, señor.
Harry y Hermione se miraron el uno al otro con confusión. ¿Quien-Debe-Ser-Nombrado, entonces?
–Harry Potter no debe regresar a Hogwarts –repitió–. Es muy grande, muy bueno para perderlo. Salvó la vida de las criaturas más humildes en Gran Bretaña del terror del Señor Oscuro.
–Un accidente –dijo Harry sin darle importancia–. Lo que sea que hayas escuchado de mi grandeza… espera un minuto. ¿"Señor Oscuro"? –Miró a Hermione–. Sólo he escuchado a familias de mortífagos llamarlo así… Snape, Pettigrew, Malfoy, y Nott.
Dobby lucía horrorizado de que había dejado salir algo. Intentó saltar, pero Harry y Hermione lo tomaron de los brazos y lo sostuvieron.
–Escucha –dijo Harry, intentando calmarlo y pensando rápidamente–. No vamos a prometer que no iremos a Hogwarts, pero Hermione y yo ya estábamos considerando transferirnos a Beauxbatons. –No realmente, pero no es una mentira como tal–. Y no vamos a decidirnos hasta haber visto la escuela. Pero vamos a decirle a Dumbledore de este plan. Y tenemos otros aliados poderosos… Sirius Black, Amelia Bones, y Augusta Longbottom.
–Y Andi también es una gran ayuda –agregó Hermione.
–Exacto, así que tenemos muchas personas que pueden ayudar a detenerlo.
El elfo resopló un poco con su larga nariz.
–Harry Potter conoce a muchos magos y brujas buenos –dijo–, pero señor, hay poderes oscuros trabajando… poderes que ni siquiera el gran director Dumbledore… poderes que ningún mago decente…
Saltó para castigarse de nuevo, y, de repente, Harry tuvo una idea. En lugar de sostener a Dobby por el brazo, como Hermione lo había hecho, estiró su brazo con rapidez y tomó el frágil doblez de la funda de almohada. Como había esperado, una parte se rompió sin que el elfo lo notara.
–De acuerdo, comprendemos que es un plan muy peligroso –dijo Hermione mientras lo sentaba de nuevo–. Por favor déjanos hablarlo con nuestros aliados y decidirlo por nosotros mismos.
Dobby miró de un niño al otro. Parecía listo para protestar, pero quizás el té de lavanda había hecho su trabajo.
–De acuerdo, Hermione Granger, señorita –dijo–. Dobby dejará que Harry Potter y Hermione Granger hablen con sus aliados. Dobby debe de regresar con sus amos ahora, antes de que noten que no estoy.
–¡Espera! –interrumpió Dan–. Sólo un minuto más. –Se apresuró fuera del cuarto para ir por una cámara–. Dobby, en el mundo muggle, cuando una persona es abusada se toman fotografías para probarlo en corte. Me gustaría hacer eso contigo para poder ayudarte después. Prometemos que no las mostraremos a nadie a menos que puedan dar ayuda legal, así tus amos no se enterarán que estuviste aquí.
A pesar del horror de la posibilidad de ser descubierto, Dobby comenzó a llorar lágrimas de gratitud.
–La familia de Harry Potter quiere ayudar a Dobby… Dobby había escuchado de su grandeza, señor, pero de su bondad, Dobby nunca…
–Bueno, dijimos que no somos como las brujas y magos normales –dijo Emma con amabilidad–. Además, Dan y yo somos muggles, pero aun así… ¿nos dejarás tomar las fotografías entonces?
Dobby no parecía confiar en sus palabras, así que asintió. Unas cuantas fotografías de su piel quemada y llena de cicatrices, de su terrible atuendo, y los moretones de cuando se había golpeado contra la pared, y terminaron.
–Adiós, Harry Potter –chilló y, con un chasquido de dedos, desapareció.
–Me pregunto cómo será tener una vida tranquila –comentó Hermione.
–No tengo idea –respondió Harry–. Pero obtuve una pista.
–¿Qué?
Abrió su mano para reverlas el pedazo de tela que estaba escondiendo.
–Rompí un pedazo de lo que estaba usando. Quizás tiene el aroma de su amo.
–Con cuidado –dijo su madre–, ¿cómo sabes que no nos sigue observando?
–Lo dudo –dijo Hermione–. Probablemente en verdad necesitaba regresar con sus amos. Anda, Harry, veamos si puedes olfatear algo.
Harry asintió y se transformó en Raticida. Olfateó la funda de almohada con cautela antes de transformarse de vuelta.
–No pude descubrir mucho –dijo–. No reconocí el aroma, pero no conozco los aromas de muchas personas.
–Probablemente no tiene mucho contacto físico con ellos –dijo Hermione–. ¿Descubriste algo? Quizás podamos reducir las opciones.
Harry cerró los ojos y pensó.
–Un hombre y una mujer… un hijo, cercano a nuestra edad… es todo lo que descubrí.
–Pues, eso sí limita las posibilidades –dijo Hermione–. Mortífagos o por lo menos partidarios, lo suficiente ricos para tener un elfo, un solo hijo, o por lo menos solo un hijo en casa, un hijo probablemente en Hogwarts. Eso sólo deja a una docena de familias.
–Sí… Sirius quizás lo sepa. Le preguntaré esta noche.
Dan y Emma estuvieron de acuerdo y también sugirieron que Harry y Hermione escribieran a Neville y Susan Bones sobre el incidente antes de que se fueran al día siguiente.
Media hora después, los Granger intentaron poner expresiones normales cuando Paul y Tiffany llegaron a almorzar. Con tantos secretos, y estando cada vez más aislados del mundo muggle, no había muchas posibilidades para que Harry pudiera tener una gran celebración por su cumpleaños, pero a él no le molestaba. Paul y Tiffany habían sido buenos amigos durante la primaria, y con un verano tan ocupado, la oportunidad de pasar un tiempo con ellos es tarde era un beneficio extra.
Paul había crecido bastante y se había unido al equipo de fútbol en la secundaria local, y Tiffany había cambiado su aspecto de niña pequeña por un guardarropa más adulto y un corte de cabello impecable (intentó dar consejos a Hermione, pero recibió una mirada cansada en respuesta).
Intercambiaron historias sobre sus años escolares, provocando varias risas. Harry y Hermione habían creado un código para lo que ocurría en Hogwarts que habían estado usando en las cartas a sus amigos para poder hablar con libertad. Supuestamente, el Colegio Hogwarts para Jóvenes Dotados era una escuela orientada a las ciencias. Pociones era Química, Encantamientos era Física, y Herbología era Biología. Astronomía e Historia eran lo mismo, pero Transformaciones terminó como Arte (ya que frecuentemente tenían que ser creativos con sus objetos transformado), y Defensa, por falta de una mejor alternativa, terminó como Inglés. Pero no mencionaron que su maestro de Inglés había intentado matarlos. Sin embargo, lo que sí mencionaron fue que el padrino de Harry había sido exonerado de un crimen que no había cometido y finalmente lo había conocido.
–Increíble, eso podría ser una novela de misterio o algo así –sugirió Tiffany.
–Sí, supongo que sí –dijo Harry. La verdad era que la historia ya había sido mencionada en varios libros, pero ninguno era particularmente realista, para su consternación–. Por supuesto, causó unos problemas porque él y mi papá tuvieron muchos problemas con Snape cuando eran estudiantes.
–¿Snape es tu infame maestro de química? –preguntó Paul.
–Sí. Hermione pensó que era malvado, pero resultó que sólo es poco amigable.
–Y un terrible maestro –agregó Hermione–. Intentamos que lo reemplazaran, pero es amigo del Presidente del Consejo de la Escuela.
–Eso no es justo –dijo Tiffany.
–Dímelo. El Presidente en verdad es malvado.
Sus amigos muggles los miraron con confusión.
–Es una larga historia –dijo Harry. No podían cambiar a los mortífagos al Ejército Republicano Irlandés en su código.
–¿Y cómo es la escuela en general? –preguntó Paul–. Suena bastante difícil.
–Oh, tú sabes –dijo Harry–, evadir monstruos, combate aéreo, luchar contra cuasi-dictadores malvados… lo normal.
Hermione lo golpeó en el brazo mientras que Paul y Tiffany se reían.
–Incluso hemos estado aprendiendo esgrima, para estar listos.
Se rieron de nuevo.
–Lo digo en serio.
–Deja de actuar como nuestro padrino –dijo Hermione. Ambos se dieron un golpe en el brazo a juego.
–Bien, bien –concedió Harry–. Pero nuestro amigo, Remus, en verdad nos está dando lecciones de esgrima. Y la escuela en verdad es agradable. Hay unos cuantos maestros que no son buenos, pero es bastante divertido la mayor parte del tiempo. Y ayudé a ganar el torneo escolar de fútbol. –(Harry había sido lo suficiente bueno en la primaria para poder decir eso, pero nunca tan bueno como era buscador.)
También hablaron sobre sus otros amigos y sus veranos. Paul y Tiffany no estaban felices por la falta de contacto además de las cartas.
–Apenas y los hemos visto este verano y se van a Francia –se quejó Paul.
–Sí, lo sentimos, pero hemos estado bastante ocupados con cosas de la escuela.
–¿Cosas de la escuela? ¿Como qué?
–Hay un… como… un modelo del Parlamento que es realizado durante el verano, y hemos visitado a algunos amigos de la escuela, y nos estamos poniendo al corriente en karate, y tenemos nuestras lecciones de esgrima.
–Increíble, ustedes nunca paran –dijo Tiffany.
–No realmente, supongo –dijo Hermione.
–Bueno, saben lo ambiciosa que es Hermione –dijo Harry.
–Tonto. Además, tenemos que entrenar para derrotar al malvado cuasi-dictador –bromeó Hermione.
Paul y Tiffany se carcajearon ante eso, aunque les costó un poco de esfuerzo a Hermione y Harry poder hacer lo mismo.
Más tarde, Sirius, Remus, y los Tonks llegaron. Incluso Dora se había librado de su entrenamiento para ser auror por esa noche. Hizo el esfuerzo de sentarse al lado de Remus en la mesa, aunque el hombre lobo parecía no haberlo notado. Ninguno de los invitados estaba feliz de saber sobre la visita de Dobby.
–Probablemente no podremos mantener su dirección en secreto por siempre –dijo Andi–. Me sorprende un poco que Rita Skeeter no haya pensado lo mismo aún. Si es revelada, las cosas serían un poco desastrosas por un momento, pero las patrullas del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica y de la Oficina del Uso Incorrecto de la Magia deberían de ser capaces de arreglar las cosas rápidamente.
–Yo le diré a Ojoloco sobre el elfo –dijo Dora. Hogwarts es el recurso estratégico número uno en Gran Bretaña al tener la mitad de los niños en el país ahí. Se tomará una amenaza así con seriedad. ¿Pero el elfo no dijo qué o quién estaba detrás de todo?
–No –respondió Harry–. Sólo dijo que no tenía nada que ver con Voldemort… pero lo dijo de manera curiosa, como si estuviera intentando darnos una pista.
–¿Un mortífago, entonces? –sugirió Remus–. ¿Alguien asociado con él?
–Es lo que estábamos pensando.
–Si es un mortífago y el amo del elfo, eso pone a los Malfoy y a los Nott como los sospechosos principales –dijo Sirius–. A menos que todo sea una mentira, intentar espantarte para que no regreses… no, en ese caso, los Malfoy y los Nott aún son los sospechosos principales. Andi, ¿sabes el nombre del elfo de los Malfoy?
Andi sacudió la cabeza.
–No, no es el tipo de cosas de las que hablamos, en lo poco que hablamos.
–¿Lo sabría Kreacher? –preguntó Harry a Sirius.
–No lo sé, pero puedo preguntarle. ¡Kreacher!
Se escuchó un ruido, y un elfo se apareció a un lado de la mesa.
–¿Sí, amo? –dijo. Ya que Sirius había hecho el esfuerzo de ser amable con el elfo, Kreacher ahora sólo sonaba un poco fastidiado y no venenoso, y había dejado de murmurar. Sirius también lo había obligado a usar una funda de almohada en lugar de un taparrabos.
–¿Conoces a un elfo doméstico llamado Dobby? ¿Ojos verdes, nariz larga y delgada?
–No, amo. Kreacher no conoce a ningún Dobby.
–De acuerdo, avísame si escuchas sobre él. Eso es todo.
–Sí, amo. –Y Kreacher desapareció.
–Bueno, desafortunadamente muchas personas no dejan que sus elfos salgan de su casa –dijo Sirius–. Dudo que tengamos mucha suerte en eso.
–Mmm… incidentalmente, Dobby tenía muy mal aspecto –habló Dan–. Y estaba intentando "castigarse" golpeando su cabeza contra la pared. Si encontramos a quien le pertenece, ¿hay alguna ley en contra del abuso de elfos domésticos?
Todos los magos adultos en el cuarto se miraron los unos a los otros con sorpresa.
–Yo… honestamente no lo sé –dijo Andi finalmente–. Uno pensaría que la hay, pero nunca he escuchado sobre alguien yendo a la cárcel por eso… y eso significa que aún si la hay, sería difícil que los amos pagarán las consecuencias… Aunque puedo investigarlo.
–De cualquier modo, deberían decirle a Dumbledore la próxima vez que lo vean –dijo Remus.
–Lo haremos –respondió Emma–. Y ya hemos contactado a los Bones y a los Longbottom. Sea lo que sea, tenemos la intención de estar listos.
