Harry Potter nos permite viajar en el tiempo para observar la sabiduría de JK Rowling/

Partes de este capítulo son citas adaptadas de Harry Potter y la cámara de los secretos.

Notas de la traductora: Disculpen el retraso. En recompensa, publicaré dos capítulos este fin de semana, así que no se olviden de leer el que sigue.

¡Disfruten!


Capítulo 44

¿Qué le pareció el joven Lord Potter, Sr. Barnett?

Debido a mi contrato, Su Majestad, no puedo revelar lo que aprendí de la mente del joven. Sin embargo, puedo decir que Harry Potter es el joven más extraordinario que he conocido.


La familia Granger llegó a Kings Cross con tiempo de sobra, y Hermione y Harry estaban listos para otro año en Hogwarts… y esperaban que fuera uno tranquilo esta vez.

Como si eso fuera a pasar.

–De acuerdo, Harry, Hermione, ustedes primero –dijo Emma mientras se acercaban a la barrera para entrar al andén nueve y tres cuartos.

–Sí, mamá –dijo Hermione mientras Harry empujaba su carrito contra la barrera, y ella se acercaba detrás de él, aumentando su velocidad hasta que… ¡CRASH!

–¡Ah!

Harry golpeó una barrera sólida, y Hermione, sin tener el espacio para detenerse, se estrelló contra su espalda. Ambos cayeron al suelo. La jaula de Hedwig se cayó del carrito de Harry y rodó, provocando que la lechuza chillara.

–Por Dios, ¿están bien? –dijo Emma. Ella y Dan se apresuraron a ayudar a los niños.

–Auch… –se quejó Hermione. Su cabello estaba por todos lados mientras se sacudía la ropa.

–Estoy bien… –murmuró Harry, aun cuando prácticamente estaba atrapado entre dos carritos y la pared. Se giró y comenzó a dar golpes a la pared–. ¿Qué ocurrió?

–Es lo que nos preguntamos –dijo Dan.

–La barrera se selló –dijo Hermione, intentando presionar la pared.

–No debería hacerlo por sí sola –dijo Harry.

–¿Crees que alguien la saboteó? –preguntó ella.

–No lo sé… vi a otras personas atravesarla.

–¿Quizás alguien está intentando mantenerte fuera? –preguntó Emma.

–A lo mejor, pero alguien lo notaría… –de repente, Harry tuvo una idea–. Vengan aquí –susurró, indicando a su familia a que se acercara–. Cúbranme.

–¡Harry! –protestó Hermione, pero no fue lo suficiente rápida.

Harry se agachó tanto que estaba completamente cubierto por los carritos y su familia. Rápidamente, se encogió hasta tomar forma felina y olfateó la base de la barrera. De inmediato, sus orificios nasales fueron bombardeados por una esencia mágica que había olfateado antes. Casi se lanzó a buscar al dueño del aroma en cuatro patas antes de recordar para quien probablemente trabajaba.

Harry se puso de pie de nuevo como humano.

–¡Dobby! –gritó.

Un grito de sorpresa se escuchó de un pilar cercano. Harry se lanzó contra el carrito y corrió hacia el sonido a una velocidad ayudada por años de karate, con Hermione siguiéndolo de cerca. Rodeó el pilar y tomó un brazo pequeño y delgado con su mano antes de que el elfo pudiera reaccionar. En un instante, Hermione tomó el otro brazo, y llevaron a Dobby el elfo doméstico hasta donde se encontraban sus padres a pesar de su protesta. Los Granger podían ver a un número de brujas y magos detrás de ellos, observándolos mientras esperaban poder ir al andén.

–¡Harry Potter! –chilló el elfo–. Harry Potter no debe enojarse con Dobby…

–Dobby, ¿tú sellaste la barrera? –preguntó Harry.

Dobby se encogió, intentando esconderse de las miradas inquisitivas, y bajó su voz.

–Dobby advirtió a Harry Potter que no debía regresar a Hogwarts.

Los Granger suspiraron con fastidio, pero Emma se agachó hasta estar a la altura del elfo.

–Dobby, sabemos qué piensas que algo malo va a ocurrir en Hogwarts, pero lo discutimos, y advertimos al profesor Dumbledore y a otras personas importantes, y creemos poder enfrentar lo que venga. ¿Puedes por favor dejarnos atravesar la barrera?

–Pero…

–No puedes evitar que regresemos –dijo Hermione–. Podemos ir por red Flu o usar el autobús noctámbulo. Y estás deteniendo a otros que quieren pasar.

Dobby se encogió de nuevo al darse cuenta de la atención que estaba atrayendo. Harry y Hermione soltaron sus brazos. Bajando la cabeza, Dobby chasqueó sus dedos y un aura blanca rodeó la barrera por un instante. Entonces, chasqueó sus dedos una segunda vez y desapareció.

Emma sacudió la cabeza.

–Vaya. No sé qué ocurre con él. Quisiera que pudiéramos hacer algo… bueno, ustedes tienen que irse. Harry, ¿quieres intentarlo de nuevo?

Harry acomodó su carrito, manteniendo una mano firme en la jaula de Hedwig esta vez, y lo empujó. Atravesó la barrera sin problema alguno.

Los Granger rápidamente se despidieron y subieron el equipaje de Hermione y Harry al tren. No habían visto a los Weasley aún, pero se encontraron con Neville y saludaron a algunos de los otros estudiantes.

–Me pregunto si Luna Lovegood ya llegó –sugirió Harry–. Deberíamos agradecerle por ayudarnos a lidiar con Snape.

Hermione sacudió los hombres.

–Vamos a buscarla.

–Quisiera que pudiéramos deshacernos de Snape –murmuró Neville mientras comenzaban a caminar por el pasillo.

–Lo sé –dijo Hermione–, pero por lo menos hicimos que pasara algo. Y podemos continuar presionando este año.

–Sí. Y Binns también ocupa una patada en sus pantalones etéreos –agregó Harry.

–Creo que tenemos mucho trabajo –suspiró Hermione.

Encontraron a Luna Lovegood sentada sola en un compartimiento cerca del frente del tren, balanceando sus pies en el asiento con su nariz enterrada en una copia boca abajo del Quisquilloso.

–Hola, Luna –dijo Harry con amabilidad.

Luna levantó la mirada con sorpresa.

–Hola, Harry Potter. Hola, Hermione Granger… Y tú eres Neville Longbottom, ¿no es cierto?

–Eh, ¿sí? –dijo Neville, sonrojándose un poco. Sólo se habían conocido brevemente durante la fiesta de año nuevo de Sirius. Luna metió su nariz de nuevo en la revista.

–¿Qué tal estuvo tu verano, Luna? –preguntó Hermione.

Luna levantó la mirada de nuevo.

–Fue bastante agradable, aunque mi papi y yo no pudimos encontrar ningún snorkack de cuerno arrugado.

Harry se rio mientras Hermione luchaba contra su obvia respuesta. Neville sólo lucía confundido.

–Eh… ¿snorkacks?

–Sí –dijo Luna–. Son muy asustadizos, y buenos para esconderse. Mi papi ha estado buscándolos desde antes de que yo naciera.

–Pues… ¿cómo sabes que están ahí? –preguntó Neville.

–Oh, han sido vistos, por supuesto, especialmente en Europa del norte. Recibimos cartas de otras personas que también los están buscando.

–Cartas de broma –murmuró Hermione bajo el aliento.

Esperaban ver a los Weasley pronto, pero ninguno se apareció en la cabina hasta después de que el tren comenzara a moverse y finalmente Ron abrió la puerta con Ginny detrás de él.

–Llegaron –dijo Harry.

–Apenas –respondió Ron–. Fred y George olvidaron unas cosas, y después tuvimos que regresar por el diario de Ginny.

Ginny no pudo contradecirlo, pero eso probablemente fue porque perdía su voz cuando estaba alrededor de Harry.

–Hola, Ginny –Luna salió de detrás de su revista de nuevo.

–Eh, hola, Luna –dijo Ginny en voz baja y aguda.

–Veo que los torposoplos aún te están dando problemas –dijo Luna–. ¿Quieres que le escriba a mi papi y le pida unos sifones?

–Eh… eh… no, gracias, Luna –dijo Ginny mientras los demás intentaban no reírse.

–Bien, ¿qué está haciendo ella aquí? –se quejó Ron.

–Nosotros la buscamos –dijo Harry–. Su padre nos ayudó a lidiar con Snape el año pasado y queríamos verla.

–Pues buena suerte –dijo Ron–. Está loca.

–Eso no es muy amable, Ron –dijo Hermione. Probablemente era cierto, pensó, pero no necesitaba decirlo enfrente de ella.

Hablaron por un tiempo… en su mayoría los de segundo año. Ginny aún estaba muy tensa para hablar en la presencia de Harry, y Luna leía el Quisquilloso, excepto cuando sacaba su cabeza por un momento para realizar algún comentario extraño, aparentemente al azar, y a veces incómodo.

Mientras el día continuaba, Luna comenzó a agotar la paciencia de Hermione al hablar de varias criaturas mágicas que no existían y de ridículas teorías conspiratorias… o por lo menos esa fue la conclusión de Hermione. Harry también dudaba la mayoría de las cosas que la rubia consideraba ciertas, pero le parecía adorable. Quizás estaba acostumbrado a ser un fenómeno, pero parecía que era el único al que no le molestaban sus extraños comentarios.

El carrito pasó y Harry invitó a todos en el compartimiento sus dulces favoritos (él y Hermione recibían más dinero de sus padres que los demás). Pero poco después, Draco Malfoy se pavoneó dentro del compartimiento, seguido de Crabbe y Goyle.

–Apuesto a que piensas que eres gran cosa, ¿no es así, Potter? –dijo Malfoy. El resto de la cabina le lanzó una mirada molesta, excepto por Luna, quien lo ignoró.

–Lo siento, Sr. Malfoy, pero tendrá que ser específico –dijo Harry con calma.

–Sabes de lo que estoy hablando. Logras que pase una ley y ya crees que puedes poner tu foto en el periódico cuando quieras.

–Eh, no realmente –dijo Harry–. Me alegra hacer una diferencia en nuestra sociedad, pero estaba intentando tener un verano tranquilo. Quizás me tienes confundido con el profesor Lockhart.

–Como sea, Potter. No importa. Quizás ganaste esta ronda, pero no esperes que dure.

–¿Qué no hemos tenido esta conversación antes, Malfoy? –dijo Harry. Los demás se rieron.

–Sólo una advertencia amistosa –respondió Malfoy–. No puedes esperar llegar a mucho con la gentuza con la que convives. No todas las victorias serán tan sencillas.

Ron y Neville se pusieron de pie para enfrentar a Malfoy, pero Harry les indicó que se sentaran y se puso de pie enfrente de ellos.

–Muchas gracias por la advertencia, pero ya lo sabía –dijo con frialdad, y pasó sus dedos por su cabello para exponer su cicatriz a propósito–. Ahora, si crees que te ayudará tanto, ¿por qué no vas a jugar con tus mascotas con pedigrí a tu nivel? –señaló a Crabbe y Goyle.

Los gorilas de Malfoy se tronaron sus dedos de manera amenazante, mientras que el resto del compartimiento se reía de ellos, pero entonces, todos fueron distraídos por la risa aguda de Luna, quien soltó el Quisquilloso y casi se cayó de su asiento.

–Eso es gracioso, Harry –dijo ella sin aliento.

Malfoy los miró molesto.

–Mantén a tus mestizos y a tus lunáticos lejos de mí, Potter –dijo simplemente y se fue.

–Mascotas con pedigrí… –dijo Luna, aun riéndose.

–Gorilas, más bien –agregó Ron, incrementando su risa.

Ron fue más amable con Luna después de eso, y las cosas continuaron de manera tranquila hasta que llegaron al castillo. Al bajar del tren, los de segundo año saludaron a Hagrid mientras que Ginny y Luna se unían a los otros estudiantes de primero con ojos ampliamente abiertos y siguieron al enorme hombre a los botes. El resto de los estudiantes procedió a la estación de carruajes, donde algunos de los estudiantes mayores se acercaban desde Hogsmeade. Un quinto de la población mágica de Gran Bretaña vivía en Hogsmeade, y aunque era tradición que los de primero tomaran el tren para que comenzaran a hacer amigos y subir a los botes juntos, los residentes de Hogsmeade casi nunca lo hacían de nuevo a menos que fueran prefectos, quienes eran requeridos en el tren.

Cuando llegaron, sin embargo, Neville se paralizó por miedo enfrente de los carruajes y miró fijamente a algo que aparentemente sólo él podía ver.

Hermione necesitó un momento para comprender lo que estaba ocurriendo.

–Todo está bien, Neville –susurró cerca de él–. Sólo son thestrals. No te lastimarán.

–Oh, eh, cierto –murmuró Neville, y los siguió dentro del carruaje.

El gran comedor estaba más vacío ese año después de que la relativamente grande generación de graduados se fue. Incluso después de comer todos los días ahí por nueve meses, los muchos asientos vacíos eran un triste recuerdo del costo de la guerra que había terminado once años atrás. La clase de Ginny y Luna, ya que habían nacido casi por completo en el terrible año antes de la derrota de Voldemort, eran la clase más pequeña en siglos (la clase siguiente lo hubiera sido, pero hubo un gran incremento por los niños concebidos en noviembre de 1981 y nacidos en agosto de 1982). El cuarteto de Gryffindor tomó asiento antes de que los de primer año entraran, luciendo muy pequeños en número y tamaño.

El primer Gryffindor de la nueva clase era un niño pequeño de cabello castaño llamado Colin Creevey, quien se sentó junto a Harry y lucía más maravillado ante la grandeza del castillo que cualquiera de los otros estudiantes de primero (excepto Luna, quien lucía maravillada por todo). La Selección pasó rápidamente. Luna tardó más antes de eventualmente terminar en Ravenclaw. Harry notó que Malfoy la observó con mirada evaluadora al otro lado del comedor mientras más se tardaba, y pareció relajarse cuando finalmente fue seleccionada. Ginny fue la última y la más rápida: una Gryffindor instantánea.

Cuando la Selección terminó, Dumbledore actuó tan entusiasmado como siempre cuando dio comienzo al banquete.

–¡Bienvenidos! Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts. Antes de comenzar nuestro banquete, quisiera decir unas palabras. Y aquí están: ¡Sobreveste, plectro, nim, capón! ¡Gracias!

La mayoría del comedor aplaudió, pero Colin Creevey lucía confundido.

–Vaya, ¿está un poco loco?

–Sí –Harry y Hermione dijeron al mismo tiempo.

Rápidamente retomaron su rutina usual para el banquete: Harry sirviéndose carne y Hermione sirviéndole vegetales. Sólo recibieron unas cuantas miradas extrañas por eso ese año. Sin embargo, Colin los observaba por una razón diferente. Después de escuchar el nombre de Harry unas cuantas veces, decidió hablar.

–Eres Harry Potter, ¿verdad?

–Eh, sí, lo soy –dijo Harry.

–¡Genial! He leído todo sobre ti.

Harry suspiró.

–Si quieres decir Las aventuras de Harry Potter, son pura tontería. –Ginny se atragantó cerca.

–¿Hay una serie de aventuras? –dijo Colin con entusiasmo–. No lo sabía. Sólo leí sobre ti en Historia de la magia moderna… todo sobre cómo Quien-Tú-Sabes intentó matarte, pero sobreviviste, y él desapareció, y fuiste adoptado por muggles, y que aún tienes una cicatriz en forma de rayo en tu frente. –Ginny asintió con entusiasmo ante su descripción–. ¡Este lugar es fantástico! No sabía que las cosas extrañas que podía hacer eran magia hasta que recibí mi carta, pero…

–Calma, Colin –interrumpió Harry–. Escucha, Historia de la magia moderna tampoco es tan preciso. La verdadera historia es que mi madre biológica murió protegiéndome, y eso fue lo que me salvó de Voldemort.

Ginny gritó con miedo, y muchos otros a su alrededor temblaron.

–¿Quién? –Colin miró a su alrededor con confusión.

–Voldemort. Ese es el nombre de Quien-Tú-Sabes. Algunos de nosotros no tenemos miedo de decirlo.

–Vaya, eso es muy valiente –dijo Colin con asombro.

–No, es sentido común –le dijo Harry–. Yo también fui criado en el mundo muggle. Allá afuera, soy un niño normal, como tú. –Señaló sin importancia detrás de él–. Sabes que nadie tiene miedo de ningún nombre allá afuera, y tampoco deberías de tener miedo aquí dentro.

–Supongo que no. Pensaba que era algún tipo de nombre mágico o algo así.

–No, sólo son personas asustadas.

–De acuerdo, Harry… oye, ¿crees que podría tomarme una foto contigo cuando tenga mi cámara mañana? Tú sabes, para poder mostrarles a mis padres que te conocí. Les gustaría verlo.

Harry suspiró a pesar de sí mismo.

–¿Dije algo malo? –dijo Colin.

–A Harry no le gusta recibir mucha atención –dijo Hermione–. ¿Pero sabes qué? Nos agrada estar en contacto con las familias muggles. ¿Por qué no nos das la dirección de tus padres? Así nuestros padres pueden contactarlos en persona.

–¿En serio? Eso sería genial. ¡Gracias!

–No hay problema, Colin –dijo Harry.


Al día siguiente, después de replantar las mandrágoras en Herbología y transformar escarabajos en botones en Transformaciones, Harry y Hermione fueron a su primera lección de Defensa Contra las Artes Oscuras con Gilderoy Lockhart. Hermione aún pensaba que sería una buena clase, pero Harry se había vuelto más escéptico después de leer los libros, especialmente cuando comparaba los supuestos periodos de tiempo.

Te digo, Hermione. No hay manera de que incluso un mago pudiera enfrentarse a camaleones fantasmas en África del norte cuando estaba en camino de regreso de deshacerse de una banshee en Bandon, Tailandia, para encontrarse con una colonia de trolls en Rusia.

Bueno, quizás es un error de imprenta –respondió Hermione.

Te digo, hay algo extraño en estos libros.

Estás exagerando, Harry.

No lo creo. ¿Y haz visto cómo están escritos? La mitad parece hablar sobre lo grandioso que es. Si enseña como escribe, no creo poder aguantarlo.

Así que Harry no esperaba calidad. Simplemente esperaba que el profesor de Defensa no intentara matarlo de nuevo.

Cuando todos estuvieron sentados, Lockhart se aclaró sonoramente la garganta y se hizo el silencio. Se acercó a Neville Longbottom, cogió el ejemplar de Recorridos con los trolls y lo levantó para enseñar la portada, con su propia fotografía que guiñaba un ojo.

Yo –dijo, señalando la foto y guiñando el ojo también–, soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de bruja.

Harry sintió la repentina necesidad de presentarse como "Lord Harry James Potter, Caballero de la Orden de Merlín, tercera clase, probable futuro miembro de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y probable futuro ganador del título de Soltero Más Codiciado otorgado por la revista Corazón de Bruja", pero eso no ayudaría con su imagen de busca-fama.

Veo que todos compraron mis obras completas; bien hecho. He pensado que podríamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No se preocupen, sólo es para comprobar si los han leído bien, cuánto han asimilado…

Cuando terminó de repartir los pergaminos con el cuestionario, volvió a la cabecera de la clase y dijo:

Disponen de treinta minutos. Pueden comenzar… ¡ya!

Harry miró la primera pregunta:

¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?

Lila, pensó, seguido de inmediato por, Oh, Dios, ¿cómo es que se eso?

Parecía que se le estaba pegando la personalidad de Hermione después de tantos años ya que sabía las respuestas a un sorprendente número de las cincuenta y cuatro preguntas de Lockhart sobre sí mismo después de leer los libros. Para las que no sabía, sólo escribió cualquier tontería que le llegó a la mente:

42. ¿Qué producto utiliza Gilderoy Lockhart para limpiar sus dientes y lograr su famosa y deslumbrante sonrisa blanca?

Fe y confianza… y un poco de polvo de hadas, escribió Harry.

Predeciblemente, Hermione obtuvo una calificación perfecta en el cuestionario. Con eso fuera de lado, Lockhart continuó con lo que Harry esperaba fuera la parte práctica de la lección y sacó una jaula cubierta de detrás de su escritorio.

Ahora, ¡cuidado! Es mi misión dotarles de defensas contra las más horrendas criaturas del mundo mágico. Puede que en esta misma aula tengan que enfrentarse a lo que más temen. Pero sepan que no les ocurrirá nada malo mientras yo esté aquí. Todo lo que les pido es que conserven la calma. Tengo que pedirles que no griten –dijo Lockhart en voz baja–. Podrían enfurecerse.

Quitó la cubierta de la jaula, revelando que estaba llena de criaturas pequeñas y azules de aspecto similar a los elfos, con alas, parloteando.

Nadie gritó. Varias personas se rieron. Seamus Finnigan soltó una risotada.

–¿Duendecillos de Cornualles? ¿Es en serio?

–Pues, son criaturas clase XXX, –dijo Hermione–. Están en el currículo.

–Así es, señorita Granger –dijo Lockhart–, y pueden ser unos bichos endemoniados… ¡veamos qué pueden hacer con ellos!

Abrió la jaula y los duendecillos salieron volando por todo el cuarto. Eran como Peeves en su peor momento… destruyendo ventanas, derramando tinta, desgarrando libros, y elevando a Neville a un candelabro. Hermione intentó alejar a los duendecillos con sus brazos como todos los demás hasta que se le ocurrió sacar su varita y paralizarlos en medio del aire unos cuantos a la vez.

Pero aunque la mayoría de la clase se escondía debajo de sus escritorios, a Harry le encantó. Sin molestarse en usar magia, con o sin varita, se subió a su silla, saltando de un escritorio a otro y riéndose mientras capturaba a los duendecillos en el aire con sus manos. Incluso para los que no lo comprendían, parecía un gato saltando de un lado a otro, cazando insectos.

–Cambié de opinión, Hermione, ¡esto es divertido! –dijo.

Hermione le lanzó una mirada molesta mientras luchaba contra dos duendecillos que jalaban su cabello. Una vez que atrapó un puño de criaturas, bajó al suelo y las encerró de nuevo en su jaula.

–Te está yendo muy bien, Harry –exclamó Lockhart–. Pero intenta esto. –Agitó su varita–. ¡Peskipiski Pesternomi!

Los duendecillos tomaron su varita y la lanzaron por la ventana.

–Oh, vaya… bueno, dejaré que el resto de ustedes se encargue de devolverlos a la jaula –dijo, y huyó del aula. La mayoría de la clase también, excepto por Harry, Hermione, Ron, y Neville, quien aún colgaba del candelabro.

–Bueno, supongo que debería habernos enseñado el encantamiento congelante antes de dejarlos salir –admitió Hermione.

Entre los dos, Hermione y Harry acorralaron al resto de los duendecillos rápidamente, hasta que Neville era lo único en el aire.

–¿Por qué siempre soy yo? –dijo.

–Lo siento, te ayudaremos a bajar –dijo Harry–. Mione, dame una mano. –Ambos movieron sus manos y levitaron a Neville sin sus varitas hasta que estuvo a salvo.

–Gracias –dijo, aunque aún le estaba lanzando una mirada extraña a Harry por sus tácticas.


Esa noche, Oliver Wood realizó un anuncio en la sala común:

–De acuerdo, escuchen, Gryffindors. Vamos a realizar las pruebas de quidditch este sábado a las nueve de la mañana en punto. Haremos pruebas para todas las posiciones y seleccionaremos reservas porque nunca sabemos cuándo llegue un nuevo talento, así que todos los que quieran jugar, asegúrense de llegar a tiempo. Eso va doble para el equipo del año pasado… incluso tú, Potter.

Y así fue como un grupo de buen tamaño caminó al campo de quidditch el sábado por la mañana. Hermione estaba ahí, ya que Harry había insistido que por lo menos lo intentara, y Ron esperaba la oportunidad de ser guardián en reserva.

–De acuerdo, primero quiero que todos se dividan por posición –dijo Wood señalando a una línea–. Cazadores, golpeadores, guardianes, buscadores.

El grupo se dividió como había indicado, excepto por un estudiante de tercero alto con una expresión soberbia.

–McLaggen, ¿qué estás haciendo? –demandó Wood.

–Quiero hacer la prueba para golpeador y guardián.

–Bien. –Lanzó una mirada a Harry, quien estaba solo–. ¿Alguien más para buscador? –llamó. Nadie respondió–. De acuerdo, supongo que eres libre, Potter.

Wood comenzó con las pruebas dividiendo a los solicitantes en grupos de siete y diciéndoles que dieran una vuelta alrededor del campo. Se deshizo de una gran mayoría de los solicitantes de ese modo ya que muchos de los estudiantes que eran buenos volando no eran tan buenos en una formación estrecha, y hubo varios choques.

Después de eso, dividió a los solicitantes para cazador en grupos de tres y los hizo realizar ejercicios sencillos. Por supuesto, las cazadoras del año anterior, Angelina, Alicia, y Katie, dominaron la competencia, pero Harry celebró a Hermione cuando le fue muy bien, especialmente para estar en segundo año. Después de eliminar a unos cuantos solicitantes, Wood les pidió que dieran otra vuelta, esta vez con Fred y George Weasley con ellos lanzando una bludger alrededor del campo. Después de muchos años de karate, los reflejos de Hermione eran bastante rápidos… casi tanto como los de Harry. Incluso Wood estuvo impresionado.

Ninguno de los solicitantes para golpeador eran tan buenos como Fred y George ("un par de bludgers humanas", los había descrito Wood el año anterior). Sólo McLaggen estuvo cerca.

Finalmente, fueron las pruebas para guardián. Wood dejó que Angelina Johnson tomara el liderazgo y tomó su lugar en la fila. No tomó mucho tiempo, ya que las cazadoras sólo tenían que lanzar unos cuantos goles para ver qué tan bueno era cada candidato. Sólo Ron, McLaggen, y un mediocre de quinto año intentaron en contra de Wood, a quien Harry podía ver jugaba casi a nivel profesional. Ron no era tan malo… tenía las bases… pero Harry pudo ver que necesitaba trabajar un poco más. Al final, la decisión fue obvia.

–De acuerdo, todos, he tomado mi decisión –dijo Wood cuando el grupo se reunió de nuevo–. El equipo principal permanecerá igual que el año pasado. –Hubo varios gruñidos–. Yo como guardián, Bell, Johnson, y Spinnet como cazadoras, Fred y George Weasley como golpeadores, y Potter como buscador. Ahora… Crittenden y Whitney, ustedes serán cazadores en reserva. –Los dos estudiantes mayores sonrieron–. McLaggen… –Wood suspiró–. Tú serás golpeador y guardián reserva. –Harry suspiró un poco también. Apenas y conocía a McLaggen, pero ya había demostrado tener una personalidad desagradable, y el doble designio sólo lo haría peor.

Después de eso, el grupo se dispersó, pero Wood se dirigió a Hermione y Ron, quienes tenían expresiones decepcionadas.

–Granger, Weasley, ambos tienen mucho potencial, sólo necesitan mejorar sus habilidades. Pasen un año en el club de vuelo y regresen el próximo año. –Ambos lucieron más felices después de su consejo. Finalmente, Wood se dirigió a Harry–. Potter, aún no tenemos buscador reserva, y eso quiere decir que tienes que asegurarte de llegar a los partidos. Me asustaste el año pasado cuando estuviste en la enfermería una semana antes de la final.

–Sí, me aseguraré de luchar contra Voldemort en un momento más conveniente este año –dijo Harry en broma, causando que Wood temblara.

–Bien. Es todo. Prácticas comienzan el lunes a las cuatro, igual que el año pasado.

–Lamento que no fueran seleccionados como reserva –dijo Harry a Ron y Hermione mientras caminaban de regreso al castillo.

–Está bien –dijo Hermione–. No esperaba lograrlo. Y estoy segura de que disfrutaré el club de vuelo.

–Sí –dijo Ron–, y supongo que sólo tengo que vencer a McLaggen el próximo año. No debería ser tan difícil.

Harry sonrió, entusiasmado por una buena temporada de quidditch.


Querido Tom: Fred y George fueron seleccionados para el equipo de quidditch hoy. Ron no fue, pero Wood le dijo que lo intentara de nuevo el próximo año. Y Harry Potter también fue seleccionado, aunque nadie se enfrentó a él por la posición.

Bien por ellos, escribió Tom de regreso después de que las palabras desaparecieran dentro de la página. Pareces tener una familia con gran talento para el quidditch.

Sí. Quisiera poder intentarlo este año. Sé que soy mejor que Ron.

Estoy segura de que lo eres, Ginny. Me dijiste que has estado volando por más tiempo.

Lo he hecho. En verdad quisiera poder, Tom. Quizás si estuviera en el equipo de quidditch Harry me notaría.

¿No te nota ya? Me dijiste que besó tu mano.

No, sólo estaba siendo amable. Harry no me ve. No puedo hablar con él, y ni siquiera sabe que estoy ahí la mitad del tiempo.

Pues, si no puedes hablarle, quizás escribirle sería una mejor solución.

No puedo escribirle. Nos sentamos a tres lugares de distancia en el desayuno. Sería extraño.

Sólo una sugerencia. Si quieres gustarle a Harry Potter, deberás hacer algo para llamar su atención.

Lo sé, Tom. Pero es peor porque Harry ya ha hecho tanto, y yo ni siquiera he tenido una oportunidad. Ron incluso dice que Harry puede hacer magia sin varita.

La tinta giró en la página en lo que Ginny ahora reconocía como una expresión de sorpresa: ¿Puede?

Sí. Ron dijo que Harry y Hermione han estado practicando desde que eran pequeños. Aunque yo no lo he visto. Supongo que Harry no quiere llamar la atención.

Eso es tonto. No hay nada de malo con llamar la atención si es del tipo de personas correcto.

¡Ya sé! Tú lo entiendes, Tom. ¿Por qué debería de importarle a Harry? Él ya ha hecho tanto. Capturó a un mortífago y liberó a su padrino, y ganó la copa de quidditch el año pasado, y Ron dice que conoce todos los pasadizos secretos en el castillo y eso.

Hubo una explosión de tinta que significaba risa, y Tom escribió: Bueno, estoy seguro de que es bueno, pero Harry no es el único con secretos. Apuesto a que podría mostrarte algunos secretos del castillo que ni siquiera él conoce.

¿En serio?

Sí. Déjame mostrarte.


Una hora después, Harry escuchó algo extraño mientras estaba sentado en la tranquila sala común… un murmullo suave… o quizás un siseo… como alguien hablando en una almohada.

–¿Escuchaste algo? –preguntó.

Hermione prestó atención e intentó escuchar.

–No escucho nada.

–Quizás fue el viento.