Esta historia, sin importar el idioma, es indistinguible de White Squirrel… tanto como Harry Potter es indistinguible de JK Rowling… o algo así.
Notas de la traductora: ¡Alto! Publiqué dos capítulos al mismo tiempo debido a mi largo retraso, así que asegúrense de haber leído el Capítulo 44: Segundo año antes de leer este.
¡Disfruten!
Capítulo 45
Queridos Harry y Hermione:
Tuvimos la oportunidad de conocer a los Creevey este fin de semana. Es algo lejos de donde vivimos, pero es manejable.
El Sr. y la Sra. Creevey son muy agradables y estuvieron felices de invitarnos a almorzar. Estaban agradecidos de que Colin fue capaz de ponerlos en contacto con personas con unos cuantos años más de experiencia con el mundo mágico. Obviamente fue algo sorprendente para ellos que sus ilusiones fueran correctas. Es aún más claro con ellos que lo que vimos en la orientación a Hogwarts el año pasado sobre cómo ocultan los aspectos más desagradables del mundo mágico de las familias muggles. Su madre piensa que quizás tienen un punto ciego en lo que respecta al tratamiento de los hijos de muggles y las razas no-humanas. Nos preguntamos si sería útil el poner en contacto a cada estudiante hijo de muggles en contacto con uno que ya está atendiendo la escuela además de la orientación.
De cualquier modo, los Creevey se lo están tomando bastante bien y están felices de recibir más información. Creemos tener una idea de lo que están experimentando con Colin en este momento. Tiene un hermano menor llamado Dennis que es una fuerza indomable tanto como Hermione era a su edad, y aún más entusiasta. Si tienen suerte, estar alrededor de la magia por dos años lo calmará un poco antes de comenzar en Hogwarts.
Nos alegra escuchar que comenzaron bien el año. Harry, felicitaciones en ser elegido para el equipo de quidditch de nuevo, aún si no tuviste rival. Hermione, no te preocupes; estamos seguros de que tendrás una buena oportunidad si trabajas duro. Buena suerte con el profesor Lockhart. Suena a que la necesitarán… sólo tengan cuidado a su alrededor. Y no se metan en problemas.
Con amor,
Mamá y papá
–Hola, chicos, ¿qué tal estuvo el club de vuelo? –preguntó Harry mientras Hermione y Ron se acercaban a la zona de entrenamiento.
–Fue bastante divertido –dijo Hermione–. Es principalmente jugadores de quidditch en reserva y personas que quieren hacer la prueba, así que jugamos un poco.
–Me fue mal –gruñó Ron.
–Sólo fuiste inconsistente –dijo Hermione–. Eso es para lo que sirve la práctica. Oh, y Harry, adivina que. Madame Hooch dijo que Ginny voló muy bien en su primera lección. Supongo que en verdad sabe cómo volar.
–Sí, supongo –dijo Ron con fastidio.
Comenzaron a subir a la torre de Gryffindor, pero en el camino, vieron a una pequeña niña rubia saltando por los pasillos. Eso quizás no hubiera llamado mucho la atención, excepto que conocían a esta niña en particular, y Harry notó que estaba saltando descalza.
–Hola, Luna –la llamó Harry.
Luna se dio la vuelta y dio salto hacia ellos.
–Hola, Harry, Hermione, Ronald.
–Hola –dijeron Hermione y Ron.
–Eh, Luna… ¿dónde están tus zapatos? –preguntó Harry con preocupación.
–Parece que desaparecieron –dijo. Su voz permaneció en la misma calidad de sueño, como si no hubiera nada fuera no lo normal–. Sospecho que los nargles son culpables.
–¿Nargles? –dijo Harry–. ¿Estás segura?
–Oh, ciertamente hay otras posibilidades… pero en general, sospecho de los nargles.
Hermione lanzó a Luna una mirada escéptica, la cual ella pareció ignorar.
–¿No tienes frío en tus pies? –dijo Harry.
–Un poco, pero aún hace calor en esta época.
–Bueno… ¿quieres que te ayudemos a buscar tus zapatos? –preguntó Hermione.
–No, gracias. Estoy segura de que aparecerán dentro de poco. Bueno, voy a la biblioteca –dijo Luna con una sonrisa, y se fue dando saltos.
Ron sólo sacudió la cabeza ante la inconstante niña, pero Harry y Hermione la observaron con preocupación.
–No creo que sean nargles –susurró Hermione.
–No, yo tampoco –respondió Harry.
Después del incidente con los duendecillos, el profesor Lockhart no intento llevar más criaturas a la clase. En su lugar, prefirió leer o actuar escenas de sus libros, pretendiendo que la mejor manera de aprender era dando el ejemplo. Harry no veía como los estudiantes podrían aprender si siempre era las criaturas oscuras que tenían que ser derrotadas, sin mencionar que Lockhart no les estaba enseñando ningún hechizo o táctica, o… nada, realmente. Quirrell quizás estaba poseído por Voldemort, pensó Harry, pero por lo menos les enseñó algo útil.
–Pero por supuesto, todos saben lo tontos que son los trolls. Simplemente saqué mi varita y lancé un Wingardium Leviosa a su bastón, y entonces, mientras lo estaba buscando, lo elevé y… ¡BAM! ¡Lo solté sobre la cabeza del mismo troll! –Lockhart movió sus manos con entusiasmo mientras describía sus aventuras controlando trolls–. Y como todos saben, cuando los trolls están juntos, se convierten en animales de manada naturales, así que cuando derroté al más grande y terrible, los otros decidieron que yo era el más grande y comenzaron a seguirme. –Se rio un poco–. Y así es como se domestica a una manada de trolls. Es una estrategia que me ayudó durante el resto del año, y de nuevo durante mi viaje al Tíbet… para más detalles, vean Un año con el Yeti. ¿Alguna pregunta?
Abrir espacio para preguntas era un embuste. Harry había notado que Lockhart amaba responder las preguntas fáciles sobre sí mismo (principalmente de las niñas en la clase), pero tendía a evadir cualquier cosa difícil, como detalles sobre criaturas oscuras que había confrontado. Pero Harry vio una apertura y la tomó. Levantó la mano.
–Sí, Harry –dijo Lockhart, mostrando su falsa sonrisa blanca.
–Profesor, habla mucho sobre su tour en China en Un año con es Yeti. Especialmente me gustó el capítulo sobre su visita a Xanadu en el camino de las Almas. –Lockhart sonrió con orgullo–. La cosa es, de acuerdo a Harry Potter en el Imperio del Sol, yo estaba en Xanadu al mismo tiempo que usted, camino a Japón, luchando contra los gusanos de la muerte de Mongolia. Ahora… –Harry le lanzó una breve sonrisa–... Y yo no recuerdo eso. ¿Usted sí, profesor?
La mayoría de los Gryffindor se rieron ya que habían escuchado a Harry quejarse de que los libros eran mentira el año anterior, pero para su sorpresa, Lockhart comenzó a sudar.
–Pues… eh… eso sería una gran coincidencia. Eh… creo que quizás no nos vimos. No recuerdo que estuvieras ahí, y ciertamente no recuerdo nada que tú… eh… no.
Harry ni siquiera se tomó la oportunidad de decir a Lockhart que nunca había estado en Xanadu y que ciertamente nunca había luchado contra gusanos de la muerte de Mongolia ahí, pero sí dejó saber su opinión después de clase.
–Es una cosa si no sabe que Las aventuras de Harry Potter son falsas. Pero actuaba como si ni siquiera conoce sus propios libros.
–Bueno, ha hecho tanto, quizás los confunde a veces –dijo Hermione.
–Vamos, Hermione, ¿vas a defender a este profesor de Defensa también? –preguntó Harry–. Quizás no está poseído, pero es terrible en su trabajo, y algo extraño.
–Admito que no es un muy buen maestro, Harry, pero eso no quiere decir que no es un cazador de criaturas oscuras. Deberías de ser más amable con él.
–Lo haré si me enseñara algo más que como "controlar mi fama". El cretino no sabe aceptar un no como respuesta.
–¡Harry! –lo regañó Hermione, aun cuando podía comprender lo molesto que estaba Harry con Lockhart. Le había estado ofreciendo ayuda para "controlar su fama" prácticamente cada vez que podía estar a solas con Harry.
Durante la cena esa noche, Colin Creevey se sentó enfrente de ellos con su usual "¿Todo bien, Harry?" Harry había logrado calmarlo después de su primer encuentro, pero el pequeño de primer año aún se emocionaba con facilidad.
–Hola, Colin –respondió Harry.
–Oye, Harry, ¿en verdad luchaste contra gusanos de la muerte de Mongolia?
Harry suspiró con pesadez. Ese rumor nuevo había estado circulando en el castillo todo el día.
–No, Colin –dijo–. Te dije que esos libros eran basura –agregó, más para sí mismo–. Honestamente, cuando Voldemort sea derrotado y pueda revelar mis secretos, voy a escribir Las verdaderas aventuras de Harry Potter para aclararlo todo.
Hermione se rio de él.
–¿Qué? ¿No crees que pueda escribirlo? –dijo indignado–. ¿No crees que luchar contra Quirrellmort y todo eso el año pasado sería un buen libro?
–Vaya, yo leería eso –dijo Ron.
–Podría ser bueno –comentó Neville.
–¿Lo ves?
–Si tú lo dices, Harry –dijo Hermione.
–Lo digo en serio. Quizás comience esta noche. Ya lo veo: Harry, Hermione, y la maldición del profesor de Defensa.
Hermione sacudió la cabeza.
–Ese título es ridículo.
–¿Qué tiene de malo?
–Es algo engorroso, ¿no lo crees? Y no es específico del año pasado. Y no necesitas incluir mi nombre, no hice tanto.
–Claro que sí. Hiciste bastante.
–No tanto como tú. Además, si quieres atraer la atención de los lectores, debes de hacerlo sonar similar a los libros originales.
–De acuerdo –aceptó Harry–. Qué tal… Harry Potter y la piedra filosofal.
Ron, Neville, y Colin asintieron su acuerdo. Hermione lucía pensativa.
–Supongo que no suena mal. De acuerdo, niño escritor, escríbeme un capítulo o dos y veremos si te creo.
Harry sabía que Hermione pensaba que aún estaba bromeando, pero le mostraría. Esa noche, tomó su cuaderno extra y escribió en la parte superior de la primera página: Harry Potter y la piedra filosofal.
Ese sábado, Harry se encontró con Luna deambulando por el castillo descalza por segunda vez. Pero esta vez lucía un poco desaliñada, principalmente porque su largo cabello estaba alborotado sin ningún intento para arreglarlo.
–Hola, Luna –dijo Harry.
–Hola, Harry –respondió mientras colocaba algo en la pizarra de anuncios. Con curiosidad, Harry se acercó para ver mejor:
PERDIDOS
Zapatos (talla 2)
Un par de pantuflas rosas peludas (talla 2)
Un par de botas de montaña (talla 2)
Una botella de champú y acondicionador con esencia de lavanda
Un cepillo para cabello turquesa (con cerdas naturales)
Tres plumas moradas (pájaro carpintero, con decoraciones)
Una botella de tinta que cambia de color
Si las encuentran, por favor regresen a Luna Lovegood
Gracias
El rostro de Harry se ensombreció. El champú y cepillo perdidos explicaba el cabello, y sabía que las cerdas naturales no eran baratas. Tenía que ser importado de América, por lo menos. Rápidamente alcanzó a la niña, que buscaba un lugar donde colocar otra copia de la lista.
–Luna, ¿te falta todo esto? –dijo.
–Desafortunadamente –dijo ella, de algún modo manteniendo su tono calmado–. Mis zapatos sí regresaron por unos días, pero desaparecieron de nuevo. Los nargles han estado muy activos últimamente.
Harry suspiró.
–Luna, en verdad no creo que sean los nargles quienes están haciendo esto.
–Bueno, supongo que podría ser una broma. Puedo ver cómo alguien pensaría que es gracioso.
–Eso no es cierto. Deberías de decirle a un prefecto, o al profesor Flitwick.
Luna se dio la vuelta y le sonrió sin parpadear.
–Eso es muy amable de tu parte, Harry, pero estoy segura de que aparecerán pronto.
Harry observó con frustración mientras la pequeña Ravenclaw se alejaba dando saltos. No le gustaban los bravucones desde su niñez con Dudley. Quería hacer algo, pero no había mucho que pudiera hacer si ella no quería su ayuda.
De repente, se apresuró para alcanzarla con una diferente idea en mente.
–Oye, Luna, vamos a tener una fiesta de cumpleaños para Hermione en nuestra sala común. ¿Quieres venir?
Luna se detuvo y lo observó con sus ojos plateados. Harry no pudo evitar su reacción natural de observarla de vuelta.
–No he sido invitada a una fiesta de cumpleaños en mucho tiempo… –dijo–. ¿Habrá pudín?
–Eh… no lo creo, pero habrá pastel.
–Supongo que será divertido, si a Hermione no le importa.
–No, estará bien. Deberías venir.
–De acuerdo, Harry, creo que me gustaría.
Era difícil decir con Luna, pero Harry pensó que sí le gustó, aún si puso incómodos a algunos de los otros invitados con su cabello alborotado, pies descalzos, y su extraña personalidad. Incluso Hermione hizo muecas a espaldas de Luna, pero su hermana estuvo perfectamente feliz con su fiesta. No fue hasta después que Harry explicó lo que había visto en el pasillo.
–Apuesto a que la están molestando porque es tan extraña. Es lo que Dudley hacía conmigo cuando era pequeño.
–Quizás –dijo Hermione–. ¿Quieres decirle al profesor Flitwick? No sabemos quién tomó sus cosas, pero quizás pueda ayudar.
–No lo sé. Ella no quiere, pero quisiera que pudiéramos hacer algo para ayudarla. Lo que me gustaría hacer es decirles a esas personas todo lo que pienso.
–Lo entiendo, Harry, pero probablemente no ayude, y aún no sabemos quiénes son de todos modos.
–Sí… si tan sólo pudiéramos entrar a la torre de Ravenclaw sin ser notados… De hecho, quizás yo pueda.
–No estoy segura de que sea buena idea usar la capa de invisibilidad para entrar a la torre de Ravenclaw. ¿Qué tal si te quedas atrapado en la entrada o si alguien se tropieza contigo?
–Sí, supongo que tienes razón –dijo Harry–. Sería arriesgado vigilar la entrada… quizás si fuera más pequeño.
Los ojos de su hermana se abrieron más cuando se dio cuenta de lo que estaba sugiriendo.
–¡Harry, no! Cualquiera te reconocería a una milla con esa cicatriz.
–Pero si me quedo en las sombras…
–No, Harry. Es muy arriesgado. Sabes lo que mamá y papá y Dumbledore y McGonagall dirían. Además, Luna es extraña, pero es obvio que nota cosas que otras personas no. Ya suficientes personas conocen tu secreto. Nada de escabullirte, hermanito, ¿entendido?
Harry la observó fijamente intentando cansarla, pero Hermione era tan buena como él después de tantos años.
–De acuerdo –gruñó–, nada de escabullirme.
Pero Harry no estaba listo para rendirse. No sabía qué hacer, pero después de pensarlo por un tiempo, tuvo una idea. Corrió a tomar su espejo y llamó a Sirius.
–Profesor, noté unas inconsistencias entre sus aventuras en Viajes con los vampiros y Paseos con los hombres lobo –dijo Harry.
El profesor Lockhart hizo una mueca.
–¿Cómo? –dijo.
–Pues, en Viajes con los vampiros dijo que en marzo de 1989 estaba en Escandinavia con el Clan Draugr preparándose para su migración equinoccial. Pero en Paseos con los hombres lobo, dijo que estaba en Armenia en marzo de 1989.
–Ya veo… verás… –tartamudeó Lockhart–. Errores pueden aparecer hasta en los libros, incluso en los mejores.
Harry sonrió de manera depredadora.
–Eso fue lo que pensé al principio, señor, pero en Viajes con los vampiros menciona observar las luces del norte durante la tormenta solar de 1989, y en Paseos con los hombres lobo menciona tener que lidiar con la interferencia de la misma tormenta solar.
–¿Eso puse? –dijo Lockhart con una sonrisa nerviosa. Tomó la copia de Susan Bones de Paseos con los hombres lobo y comenzó a hojearla. Harry notó que comenzaba a sudar–. Eh… ya veo… yo… creo que confundí unas cuantas páginas de mis notas –dijo–. Recuerdo estar a las prisas esa semana. Eh… cinco puntos para Gryffindor por señalar ese error.
–Gracias, señor –dijo Harry, aún si no le creyó.
Las cosas continuaron de manera tranquila durante la semana siguiente. A Harry y Hermione les estaba yendo bien en sus clases. El profesor Snape tenía su humor usual, pero parecía estar acostumbrándose a su clase más grande de EXTASIS después de ser obligado a aceptar a estudiantes con S. Harry estaba evitando al profesor Lockhart lo más que podía. Neville se había comprometido a sí mismo a unirse a Harry y Hermione en sus ejercicios por lo menos tres veces a la semana, y estaba progresando lento pero continuo. Oliver Wood estaba programando lo que probablemente eran una cantidad excesiva de prácticas de quidditch.
Y el viernes, Harry recibió el paquete que estaba esperando de Sirius y estaba entusiasmado por usarlo. Durante la semana, Luna había recuperado algunos de sus artículos y otros más habían desaparecido, y Harry estaba seguro de que escuchó a algunos de los Ravenclaw refiriéndose a ella como "Lunática Lovegood", y estaba listo para hacer algo al respecto.
–Ya lo tengo, Hermione. Lo tengo –dijo a su hermana en susurros esa tarde.
–¿Qué tienes? –preguntó con confusión.
Harry sonrió.
–Mi ticket para entrar a la torre de Ravenclaw.
–¡Harry! –siseó–. Te dije…
–Nada de escabullirme, sí. Porque la gente reconocería mi cicatriz… pero no van a reconocer mi cicatriz. –Abrió el paquete y le mostró lo que había dentro.
Hermione levantó una ceja.
–¿Tinte para cabello negro de henna?
–Es perfecto: si cubrimos mi cicatriz, nadie me reconocerá. Sólo sería el gato de alguien de primero. Sólo necesito que me lo pongas.
Hermione bajó su voz hasta que fue un susurro.
–¿Quieres que ponga tinte en tu pelaje con un producto que hombres de edad media usan para cubrir su cabello gris para poder entrar a la torre de Ravenclaw y descubrir quién está robando las cosas de Luna?
–Sí, ya lo entendiste. Supuse que sería más confiable que un encantamiento para cambiar el color.
–¿Lo dices en serio…? ¡No lo digas!
–De acuerdo. Pero Sirius dijo que él quizás lo usaría. Sabes que obtuvo unos cuantos cabellos grises en Azkaban.
Hermione sacudió la cabeza.
–¿Y qué vas a hacer cuando descubras quien está molestando a Luna? –preguntó.
–Probablemente decirle a un prefecto en privado. Sé que Luna no quiere que haga un alboroto, pero no quiero dejarlo así nada más.
–Esto es arriesgado, Harry. Si te descubren, todos lo pagaremos.
–No me van a descubrir, Mione. Nadie va a notar a otro gato deambulando además de otros gatos. Además, sería agradable explorar el castillo sin ser notado.
Hermione suspiró.
–¿En verdad vas a hacer esto? –Harry la desafió en silencio a otro duelo de miradas, y esta vez, ganó–. De acuerdo, te ayudaré. No quiero que intentes que Ron ponga el tinte en tu pelo… por muy gracioso que eso sería. Pero que permanezca en récord que no estoy de acuerdo.
–Tu desacuerdo es notado –dijo Harry–. Intentemos mi dormitorio. Dudo que haya alguien ahí.
Harry subió las escaleras al dormitorio de segundo año, con Hermione siguiéndolo. Y sí, estaba vacío.
–De acuerdo, acabemos con esto –dijo Hermione, tomando unos cuantos pañuelos desechables y sentándose en la cama de Harry.
Harry se sentó en frente de ella.
–Me pregunto si el encantamiento en contra de niños entrando a los dormitorios de las niñas funciona para los animagos –exclamó.
Hermione se congeló.
–Más vale –dijo nerviosa–. De otro modo, ¿qué hubieran hecho tu papá y Sirius?
–Sí, probablemente. De acuerdo, hagamos esto. –Harry se inclinó sobre sus manos y rodillas y se transformó en Raticida. Su forma de gatito (si aún podía llamarlo así) había crecido un poco más durante el año y ya parecía tener ocho meses en años felinos, pero tenía la misma apariencia que siempre: negro con patas blancas, los ojos más verdes que su familia había visto en un gato, y una marca de pelo blanco en su cabeza con la misma forma de rayo que su famosa cicatriz.
Eran esos pelos blancos los que tenían que cubrir para que pudiera explorar el castillo con libertad sin ser descubierto. Los ojos brillantes quizás lo darían a descubrir si alguien lo estaba buscando, pero no había razón para eso. Tomando los pañuelos para limpiar cualquier mancha y manteniendo un ojo en la puerta para asegurarse de que nadie entrara, Hermione tomó el pincel para teñir cabello y comenzó a cubrir el pelaje blanco, pero al momento que lo hizo, Harry se hizo para atrás, sacudió su cabeza, y cubrió su nariz con sus patas delanteras.
Hermione colocó su mano libre en su cadera.
–Harry, no creo que pensaste bien este plan. Va a oler. Si quieres hacer esto, te vas a tener que aguantar.
Harry maulló con molestia. En lenguaje de gatos, estaba diciendo Sólo hazlo, pero Hermione no lo sabía.
Hermione continuó, cubriendo la cicatriz poco a poco.
–Supongo que debí ver venir esto –dijo–. Raticida, la siguiente generación de merodeadores… por supuesto que vas a explorar el castillo en cuatro patas, buscando problemas. –Harry maulló algo que no pudo traducir, pero conocía tan bien a su hermano que no lo necesitó–. No intentes negarlo. Sé que es por buena causa, pero estoy segura de que causarás problemas en un momento u otro. Y será tu culpa si la profesora McGonagall te descubre. Estoy segura de que te notará, aún si nadie más lo hace.
Harry maulló de nuevo.
–En cuanto me convierta en animago, lo pagarás.
Harry soltó un largo maullido en protesta.
–Sí, supongo que lo veremos… Oh, Merlín, mírame, estoy teniendo una conversación con un gato.
Harry le bufó.
–Tú también. –Hermione cerró la botella de tinte y agitó su mano, lanzando sin varita un encantamiento de secado al pelaje de Harry. El olor había disminuido… no por completo, pero suficiente para poderlo aguantar. Harry no creyó que alguien lo olería a menos que se acercaran a su rostro.
–De acuerdo, bola de pelos, estás listo –dijo.
El gato negro de patas blancas, ojos verdes, y ahora pelaje completamente negro en su frente maulló felizmente y caminó a la puerta. Hermione guardó el tinte en su baúl lejos de miradas curiosas. Fue justo a tiempo ya que se encontraron con Neville subiendo las escaleras. El niño algo torpe casi se tropezó con Harry mientras el gato bajaba, y casi se estrelló contra su hermana.
–Oh, ho...hola, Hermione –dijo sorprendido–. ¿Qué estás haciendo aquí arriba?
–Sólo, eh, buscando algo para Harry –dijo rápidamente–. Nos vemos luego–. Rápidamente se apresuró a bajar las escaleras, siguiendo al gato a la sala común.
Al no ver a muchas personas alrededor, Harry decidió intentar las escaleras de las niñas. Se acercó con cautela, moviéndose cerca de la pared en la sala común. Hermione le susurró que regresara, pero estaba determinado a intentarlo. Lanzando una última mirada a su alrededor para asegurarse de que nadie lo estaba viendo (Hermione lo estaba encubriendo de cualquier modo), con cautela colocó su pata en el primer piso. La alarma no sonó sólo por eso, pero sintió despertar la magia hostil y de inmediato se hizo para atrás, bufando. Definitivamente no lo dejaría subir.
–Te lo dije –dijo Hermione.
Hermione soltó un maullido de fastidio y continuó al retrato de la entrada. Hermione lo abrió con renuencia.
–Regresa antes del toque de queda, Raticida. –Él asintió y saltó con gracia fuera de la puerta.
Explorar el castillo era diferente en forma felina… Harry no había apreciado de verdad sus breves excursiones el año anterior. Para los ojos felinos, los colores eran apagados, especialmente los rojos, pero el campo de visión más nítido, la exquisita detección de movimiento, y la visión siete veces mejor en luz tenue más que compensaban por eso. Era una perspectiva del castillo completamente nueva. Podía ver todos los detalles que normalmente ignoraba… el polvo y las telarañas en las esquinas, las molduras elaboradas en cada pared y base, algunas incluso con bajorrelieves con historias en ellos, todos los ratos escurriéndose en todos los pisos… ¿desde cuándo había tantos ratones en el castillo?
El oído felino de Harry agregó aún más. Los gatos podían escuchar una octava y media sobre el rango de un humano, una octava sobre el rango de un perro. Podía escuchar los chillidos de los ratones, los murmullos de los murciélagos, y el zumbido de los insectos con más claridad que en forma humana, sin mencionar los sonidos distantes de los estudiantes en los pasillos.
Pero los olores… eso era lo más interesante. Incluso después de tantos años ponían a Harry al límite de sus sentidos. Los humanos sólo podían detectar unas cuantas esencias a la vez antes de que se suprimieran las unas a las otras, pero un gato podía enfocarse en una nota particular, la esencia de una sola persona que había pasado por el área, casi tan bien como un perro. En cualquier lugar del castillo, Harry podía olfatear la historia reciente de las personas y los animales que habían pasado. Y estaba constantemente inundado por la magia del castillo. Llenó su nariz y lo rodeó como una niebla, pero también podía oler los aromas específicos de los hechizos que habían sido lanzados recientemente en el área.
Harry pudiera haber pasado toda la noche explorando la versión felina de Hogwarts, pero tenía trabajo por hacer. Después de unos minutos, se dirigió a la torre de Ravenclaw. No estaba muy lejos, incluso para un gatito, pero pasó a varias otras personas en el camino… quienes por suerte no le dirigieron una segunda mirada. Su disfraz estaba funcionando. Pronto llegó a la entrada de la torre, donde se encontró con su obstáculo principal. Al contrario de la torre de Gryffindor, había una puerta, pero no había perilla… sólo una aldaba de bronce con forma de águila. Se sentó a un lado de la puerta, maullando ocasionalmente, como si fuera el gato de un Ravenclaw que se había quedado afuera.
Después de unos minutos de esto, un estudiante mayor llegó a la puerta y golpeó la aldaba de bronce una vez.
El pico del águila se abrió y habló:
–En medio de una laguna hay un pato, y en su cola sentado un gato. El pato se zambuía y el gato no se mojaba. ¿Por qué?
Eso es ridículo, pensó Harry. Ningún gato se acercaría al agua, o mucho menos se sentaría en… Espera, ¿no hay contraseña?
–El gato no se moja porque está sentado en su cola, no la del pato.
–Bien resuelto –respondió la aldaba y la puerta se abrió.
El Ravenclaw abrió la puerta para Harry, quien bufó con indignación a la aldaba antes de deslizarse dentro.
La sala común de Ravenclaw era más espaciosa que la sala común de Gryffindor, con ventanas altas en forma de arco, y rollos de seda azul y bronce colgando entre ellas sobre altos libreros. Directamente enfrente, sobre un nicho pequeño, había un busto de quien Harry supuso era Rowena Ravenclaw.
Harry se dio la vuelta sin prisa, paseando entre patas de mesas y sillas y piernas humanas, observando a los estudiantes. Encontró a Luna sentada sola contra una pared, haciendo su tarea. Se sintió mal por ella, sentada sola de tal modo, pero se contuvo y no se acercó, en caso de que la perceptiva niña reconociera sus ojos distintivos. En lugar de eso, permaneció cerca de las limitadas sombras y observó a su alrededor para ver quién lanzaba más miradas en dirección a Luna. Al momento, nadie sobresalió en particular, y era posible que sus tormentores principales no se encontraran en el cuarto. Aun así, tenía bastante tiempo antes del toque de queda. Encontró un buen lugar desde donde observar, y se sentó y esperó.
En minutos se dio cuenta de su error. Había pasado mucho tiempo desde que había pasado un periodo extensivo como gato. Los gatos dormían de doce a dieciséis horas al día y podían tomarse una "siestecita" en un instante. Después de cabecear por unos minutos, se despertó de golpe y sacudió su cabeza con confusión, para la diversión de un par de niñas de tercer año sentadas cerca. Se levantó e intentó dejar que sus instintos felinos tomaran control, paseando alrededor de la sala común y jugando como un gatito… uno tímido; rápidamente se alejó cuando alguien intentó tomarlo, mientras que mantenía sus orejas atentas para escuchar el nombre de Luna. Lo escuchó unas cuantas veces, tan seguido como era referida como "Lunática", pero sólo en comentarios aislados.
Finalmente, cuando se le estaba acabando el tiempo, lo escuchó. Dos de las compañeras de cuarto de Luna entraron a la sala común y, entre otras cosas, comenzaron a discutir sus pequeñas "bromas" en susurros.
–Mira, Lunática encontró sus zapatos de nuevo –dijo una niña con un fuerte acento irlandés. Por las conversaciones con Colin y lo que podía haber extraído de Ginny, Harry fue capaz de identificarla como Dierdre Cholmondeley.
–Sí, es algo extraño –susurró otra niña, quien Harry estaba seguro se llamaba Melanie Maxwell–. No creía que los encontraría después de lo que les hizo Marietta, pero parece que Lunática es mejor para encontrar lugares inusuales para sus cosas que ella.
–Probablemente por estarse paseando todo el tiempo –dijo Cholmondeley–. ¿Y a dónde es que va?
–Quien sabe –dijo Maxwell–. Probablemente cazando nargles o algo así.
–Oh, Merlín. ¿Y qué se supone que son los nargles?
–No lo sé y no quiero saberlo. Puede que me contagie de su locura. De cualquier modo… –Maxwell se acercó y susurró en el oído de Cholmondeley, pero Harry la escuchó–. Creo que puedo obtener algunas de sus joyas extrañas.
Cholmondeley se rio y susurró de vuelta.
–Genial. ¿Crees que simplemente deberíamos tirarlo esta vez?
–No, es más divertido verla buscándolo por todos lados. –Ambas se rieron.
Harry se enfureció de que las compañeras de Luna fueran tan crueles. Escuchó por unos minutos después hasta que (en su mayoría) cambiaron de tema, y las noticias no mejoraron. Pudo ver que había otras personas involucradas, algunas a quienes podía identificar y otras a quienes no, pero basándose en lo que sabía por observar a Luna, estas dos parecían ser las peores. En ese momento, decidió que era hora de irse, y se sentó junto a la puerta y maulló un par de veces, y pronto, alguien lo dejó salir de la torre.
Con poco tiempo, Harry no perdió tiempo explorando más y se dirigió directamente a la torre de Gryffindor. Desafortunadamente, su suerte no fue tan buena como esperaba porque en el camino pasó a la profesora McGonagall en el pasillo, y ambos cometieron el error de detenerse e intercambiar miradas.
Ambos continuaron antes de atraer atención indeseada, pero McGonagall se metió en un nicho cercano y se transformó fuera de su mirada, antes de salir y caminar al lado de Harry.
Maulló en su dirección. Gatito, ¿qué estás haciendo? Era difícil que un gato sonara con tono severo, pero ella lo logró.
Harry alentó su andar para maullar de regreso, ayudo a niña-amiga con niños-humanos malos.
Sin perder el tiempo, la gata calicó respondió, deja que los humanos-maestros se encarguen de los niños-humanos malos.
Harry se quejó un poco y respondió, no uso magia. Quiero saber quiénes son.
No debes estar en los pasillos como gato, dijo McGonagall.
Humanos no me conocen así. Señaló su frente con una pata. Ayudante de progenitor y antiguo amigo de progenitor y compañera de manada ayudaron.
McGonagall sacudió la cabeza. Ten cuidado o te detendré.
Sí, maestra-gata.
La gata calicó entrecerró los ojos. Era fácil adivinar dónde había estado por la ruta que había tomado. No debes de ir a donde no está permitido. No debes estar en la casa de ave de presa, era una corrupción de la palabra felina para "casa", pero ambos animagos lo entendieron.
Normalmente, sí, pensó Harry, pero aún estaba confundido sobre la entrada a la torre de Ravenclaw. Casa de ave de presa no necesita palabra-oculta. Todos los niños-humanos listos pueden entrar.
Ella resopló con fastidio. Casa de ave de presa no se pelea con otras casas como la casa del gato grande y la casa de la serpiente. Niños-humanos deben quedarse en sus casas.
Harry bajó la cabeza y gruñó. Sí, maestra-gata.
Bien. Regresa a casa de gato grande antes de que acabe el día.
Harry asintió y continuó caminando mientras que la profesora McGonagall continuó en otra dirección. Estaba decepcionado, aunque no sorprendido de que la profesora quería controlar sus paseos felinos. Probablemente recibiría un regaño de mamá y papá por todo eso cuando acabara, pero valía la pena en su mente. Alguien necesitaba hacer algo por Luna. Y no había daño en explorar el resto del castillo de ese modo mientras mantuviera sus ojos y orejas abiertos.
Fueron esas orejas las que descubrieron un quejido en maullido antes de llegar a la torre de Gryffindor, y antes de poder reaccionar, de una esquina se acercó la única criatura con la que quería encontrarse en Hogwarts menos que la profesora McGonagall.
Para los humanos, la Sra. Norris lucía poco saludable: delgada y de color sucio, como su amo, con pelaje desaliñado y grandes ojos amarillos. Muchos humanos adivinarían que era más vieja que sus cinco años de edad. Pero al nivel de un gato, lucía mucho mejor: delgada, pero no baja de peso; despeinada, pero no sarnosa. Harry pensó que olía más como un gato del exterior: físicamente activa y propensa a pasearse en áreas comunes del castillo y algunas veces en los terrenos. Y a pesar de su apariencia, olía bastante saludable, y, por supuesto, tenía el fuerte aroma de Filch en ella, fácil de identificar como el único squib del castillo.
Cuando la Sra. Norris notó a Harry, caminó hacia él, maullando. Gato nuevo. Gato extraño. Olfateó con cautela. Conozco tu aroma. Magia huele como la de la mujer-gato. Aroma huele como el de niño-humano malo.
Harry observó a la gata con cautela y respondió, no soy malo.
La Sra. Norris continuó dando vueltas a su alrededor. A sirviente-humano no gustar tu sirviente-humano.
Se dio cuenta que sin verlo transformarse, su cerebro felino no podía hacer la conexión de que él era el sirviente-humano y no sólo un gato de olor extraño. Y no apreció su comentario. A tu sirviente-humano no agradar ningún humano, dijo de vuelta. A niños-humanos no agradar él.
Probablemente sólo comprendió un poco de eso, pero aun así respondió. Sirviente-humano caza niños-humanos malos. Yo ayudo.
Harry inclinó su cabeza con confusión ante tal conocimiento de la mente de la Sra. Norris. Los estudiantes algunas veces bromeaban sobre que Filch estaba casado con su gata, y ocasionalmente escuchó a un estudiante de sexto o séptimo reírse de lo triste que había estado cuando su antiguo gato murió. Harry había estado así de cerca de decirle algo en principio. No le agradaba Filch, pero nunca se burlaría de un amante de los gatos. Pero nadie había especulado sobre cómo la Sra. Norris se sentía sobre Filch, sólo quejándose de lo bien que la había entrenado. Con algo de curiosidad, Harry preguntó, ¿te agrada tu sirviente-humano?
La Sra. Norris lo observó. Sirviente-humano bueno, dijo. Me cuida bien. Disfruta de cazar niños-humanos malos. Yo ayudo a cazar.
Harry se sorprendió. Disfruta era una palabra fuerte ya que los gatos no eran buenos con la empatía, pero era el mismo término que usaría para describir jugar con Hermione en forma felina. Esto era un lado completamente diferente de la Sra. Norris. No necesitó preguntar si también disfrutaba cazando los estudiantes desobediente… era un gato, después de todo… pero el hecho de que tenía un lazo tan grande con Filch era sorprendente. ¿Cuál es tu nombre? Preguntó Harry, genuinamente interesado.
La Sra. Norris maulló algo que no podía ser traducido, pero que evocaba su habilidad de pasearse por el castillo de noche y sorprender a los estudiantes ignorantes.
Yo soy Muerte a las ratas, respondió Harry, ya que su nombre de merodeador sí se traducía de manera decente al lenguaje felino.
La Sra. Norris parpadeó con reconocimiento. Él regresó el gesto, y ella finalmente continuó su camino.
Acabo de hacerme amigo de la Sra. Norris, pensó. Cosas extrañas pasan cuando eres un gato.
Su paseo terminado por el día, y justo a tiempo para el toque de queda, Harry maulló cerca del retrato de la Dama Gorda y golpeó la base del marco tres veces con su pata. Unos segundos después, el retrato se abrió y dio un salto dentro, directo a los brazos de Hermione.
–¡Medias! ¿Dónde has estado? –dijo indignada, alertando a Harry al hecho de que había otras personas en la sala común. Harry maulló en protesta para que lo bajara.
–¿Es tu gato, Hermione? –preguntó una joven mayor cercana–. No pensaba que tuvieras uno.
–No, no es mío –dijo Hermione rápidamente–. Aunque creo que me ha adoptado. Mmm… me pregunto si mamá y papá me dejarían tener mi propio gato. –Harry maulló de nuevo–. Tenemos una gata, pero es muy vieja para venir a Hogwarts.
Hermione bajó a Harry y él corrió a las escaleras de los niños, a su dormitorio (por suerte sólo Ron y Neville estaban ahí y no estaban prestando atención), y después al baño, donde se transformó y cerró la puerta. Se miró en el espejo. Tenía una mancha de tinte negro en la frente sobre su cicatriz. Y entonces, se dio cuenta de su otro error: no se quitaba con jabón y agua. El color se aclaró después de varias lavadas, pero necesitaba que desapareciera para evitar levantar sospechas. En desesperación, intentó un hechizo sin varita para remover las manchas de tinta. Probablemente era imprudente lanzar ese hechizo en su propia cabeza, pero, por suerte, funcionó. Aun así, decidió que debía buscar un tinte soluble en agua, o quizás probar ese encantamiento de cambio de color por largos periodos. No sabía los efectos que ese encantamiento podía tener en su piel con uso repetido. Aun así, fue capaz de salir del baño libre de tinte.
–¿Harry? –dijo Ron–. No sabía que estabas ahí –dijo Ron.
–Oh… pues, lo estaba –dijo Harry.
Ron entrecerró los ojos con sospecha, preguntándose en que aventuras se estaba metiendo Harry ahora. Neville sólo lucía confundido.
Hermione demandó escuchar todos los detalles de la excursión felina de Harry tan pronto como encontraron un momento en privado. Estaba igual de molesta por el comportamiento tan desalmado de las compañeras de cuarto de Luna, aunque lo hizo prometer no hacer nada drástico al respecto. Registró un firme te-lo-dije en respuesta a su encuentro con la profesora McGonagall, y se sorprendió por su conversación con la Sra. Norris.
Harry también recibió un regaño por parte de la profesora McGonagall más tarde, en el cual le advirtió sobre los peligros de pasearse en forma felina, pero no le prohibió directamente el hacerlo de nuevo, mientras no fuera a algún lugar prohibido, incluyendo las salas comunes de otras casas.
Al final, Harry decidió hacer dos cosas sobre Luna. Lo primero era el mencionarle de manera amable a Mandy Brocklehurst que Luna Lovegood no parecía tener amigos cercanos y se beneficiaría de tener a una joven de segundo como guía.
Lo segundo era hablar con un prefecto en privado. El prefecto de Ravenclaw con quien Harry estaba más familiarizado era Penelope Clearwater, la hermana de la actriz del teatro Diagonal. Estaba seguro de que no estaba involucrado en el abuso; si lo estaba, era un problema más grande y lo llevaría directamente al profesor Flitwick, así que en primer lugar, la encontró con sus amigas en la biblioteca.
–Disculpe, señorita Clearwater, ¿puedo hablar con usted en privado por un momento?
Sabía que Penelope era una hija de muggles que no se impresionaría por su tono formal y su estatus como el Niño Que Vivió, pero había estado en el mundo mágico por cinco años, y sus amigos sangre pura tenían más incrustados la leyenda de Harry Potter, por lo cual, por una vez, contaba con que le ayudaría si era necesario.
–¿Qué necesita, Sr. Potter? –dijo Penelope una vez se movieron a una esquina aislada.
–Señorita Clearwater, ha llegado a mi atención que Luna Lovegood está siendo molestada por sus compañeros de casa, y dos de sus compañeras de cuarto en particular. Han estado robando sus cosas y escondiéndolas, y un número de personas la llama "Lunática Lovegood".
El rostro de Penelope se ensombreció.
–¿La señorita Lovegood te dijo esto?
–No, no me lo dijo. Lo adiviné por mí mismo. No quiere hacer un alboroto, por eso te lo estoy diciendo en privado.
–Pues, me temo que no es mucho con lo que pueda actuar…
–Entiendo que no puedes hacer algo sin evidencia. Sólo te pido que mantengas un ojo en ellos.
La prefecta suspiró. No le agradaban los bravucones, pero le gustaría tener más con que trabajar.
–De acuerdo, ¿quiénes son? –preguntó.
–Hay varias personas involucradas –dijo Harry–, pero las principales son sus compañeras de cuarto, Dierdre Cholmondeley y Melanie Maxwell.
–De acuerdo, las vigilaré, Potter, y me encargaré de ellas si noto algo. Pero tengo que pedirte que no te tomes el asunto en tus manos.
–Por supuesto que no. Gracias por tu ayuda
–Claro que sí. –Penelope se dio la vuelta para irse, pero se detuvo por un momento–. Por cierto, si Lovegood no te lo dijo, ¿cómo sabes todo esto?
Harry le sonrió.
–Por favor, señorita Clearwater… Soy Harry Potter.
Durante la siguiente semana, nuevos y extraños rumores comenzaron a circular en el castillo sobre Harry Potter, y mucho más en susurros de lo normal. Decían que Harry Potter era un vidente, o que leía mentes, o era un espía mágico, o que se estaba metiendo a los dormitorios invisible, y que se había embarcado a una cruzada en contra de los bravucones. Hermione al mismo tiempo estaba consternada por el nivel de falsa información e impresionada por la negación de la imposibilidad del verdadero truco de Harry. Pero cuando nada público ocurrió durante los días siguientes, los rumores murieron, reemplazados por una nueva ola de chismes. Lo único que había ocurrido era que Luna Lovegood encontró todas sus posesiones perdidas sospechosamente rápido.
Notas de la traductora: Si están interesados, el acertijo original de la aldaba era:
"One Two Three Cat and Un Deux Trois Cat had a swimming race from England to France. Who won?" "One Two Three Cat because Un Deux Trois Quatre Cinq".
No pude encontrar una buena alternativa, pero si alguien tiene alguna sugerencia mejor a lo que yo coloqué, estoy más que dispuesta a editarlo.
