Un Harry Potter más para la gran JK Rowling. Un idioma más para White Squirrel.
Capítulo 47
La siguiente sesión del club de duelo había sido pospuesta mientras estaba en proceso de reorganización. El rumor era que Flitwick no confiaba en que Lockhart podía dirigirlo después de su despistado primer intento (aunque, irónicamente, Harry pensaba que el tonto podría haberlo hecho peor), y Snape claramente sólo había estado ahí para atacar a Lockhart en público. Algunos de los estudiantes mayores decidieron que el siguiente mejor duelista en el castillo y que tenía el tiempo para dirigir el club era la profesora Vector, la maestra de Aritmancia, de entre todas las personas. Flitwick aparentemente pensó lo mismo, y logró reclutar a Vector para el club.
–Esa podría ser una buena combinación –dijo Harry un día mientras él y sus amigos hablaban sobre la situación con Hagrid–. Lockhart es incompetente, pero conoce bien las formas, y se supone que Vector es buena para los hechizos, así que si los ponen juntos, quizás logren enseñar bien.
–Si Vector no mata a Lockhart primero –dijo Ron.
–No, creo que a la profesora Vector le agrada, por alguna razón –dijo Hagrid.
–Por ahora –agregó Harry.
–Sí –dijo Neville–. No se sobre la profesora Vector, pero mi abuela siempre dice al que la escuche lo mucho que no le agrada. Creo que molesta a las personas bastante rápido.
Hermione se burló.
–En verdad creo que no le dan el suficiente crédito al profesor Lockhart… Harry, se que no es un buen maestro, pero por lo menos puedes respetarlo por su habilidad con las criaturas oscuras.
–Pero sólo tenemos su palabra de eso –la contradijo Harry–. He estado investigando y no hay muchos testimonios que corroboren sus libros. Comienzo a preguntarme si lo inventó todo.
–¡Harry! ¿Cómo puedes decir eso? Estoy segura que Dumbledore no lo hubiera contratado si no estaba seguro de él.
–Eh… –comenzó Hagrid–, me temo que debo decepcionarte, Hermione, pero Dumbledore no tenía mucha opción. Lockhart fue el único en solicitar el empleo.
–¿Qué? ¿Nadie más quería el trabajo? –dijo Hermione.
–No, nadie. Es esa terrible maldición… hace que sea cada vez más difícil encontrar un profesor de Defensa, especialmente después de que Quirrell murió.
–¡Pero él fue poseído por Voldemort! –protestó Harry.
Hagrid hizo una mueca.
–No importa. Siempre pasa algo al profesor de Defensa. Uno de estos años quizás no consigamos a alguien y entonces el Ministerio probablemente envíe a alguien de su elección.
Hermione dejó su vaso con una intensa mirada de concentración en su rostro.
–Eh… ¿ocurre algo, Hermione? –le preguntó Hagrid.
–Hagrid… ¡eso es brillante!
–¿Eh? ¿Qué? –dijeron los niños.
–Claro que lo es –dijo Hagrid, sonrojándose–. Eh… ¿qué dije?
–Enviar a alguien del Ministerio a enseñar Defensa.
Harry observó a su hermana con confusión.
–Eh, Hermione, ¿en verdad crees que involucrar al Ministerio mejoraría las cosas?
–Lo haría si envían a un auror.
Los ojos de Harry se abrieron ampliamente.
–¡Hagrid, eres brillante!
–Estoy perdido –dijo Ron.
–Piénsalo –dijo Harry–. Básicamente no recibimos una educación en clase de Defensa porque nadie que es bueno aceptaría el trabajo.
–Cierto –agregó Hermione–. Pregunté a estudiantes mayores, y aparentemente, Quirrell era el mejor profesor de Defensa que habían tenido en años, y era malvado. E incluso cuando todos los profesores de Defensa firman contratos de un año, siempre les pasan cosas malas. Pero si el Ministerio envía a un auror diferente cada año en rotación…
Neville finalmente lo comprendió.
–Y él nunca tiene la intención de quedarse otro año porque sabe que será reasignado.
–Entonces quizás podemos lograr que maestros buenos no sean lastimados por la maldición –concluyó Harry–. No puedo creer que a nadie más se le haya ocurrido.
–Bueno, a Dumbledore no le agrada que el Ministerio se involucre mucho –dijo Hagrid–, pero supongo que un auror no sería mucho problema.
–Vaya, eso podría funcionar –dijo Ron con sorpresa–. Sería genial aprender de un auror que lo ha hecho todo antes.
–Sí -dijo Hermione–. Si a mamá y papá les agrada la idea, podemos decirle a Dumbledore y hablar con Susan para que pregunte a su tía.
Se dirigieron de regreso al castillo poco después para escribir sus cartas. Neville también iba a sugerir la idea a su abuela. Snape parecía estar bien asegurado, pero si lograban hacer algo sobre el puesto de Defensa, haría maravillas en la calidad de la educación de la escuela.
Fueron sorprendidos en sus pensamientos cuando escucharon a alguien llamarlos en la entrada al castillo y se encontraron con Parvati Patil.
–Oh, hola, Parvati –dijo Harry de paso.
–¿Vas a venir a la siguiente reunión del club de duelo? –preguntó ella. Parvati había estado cerca de Harry desde la primer reunión caótica hacía más de una semana.
–Por supuesto. Sólo espero que sea menos eventual que la última.
–Oh, no lo se, pensé que la última fue muy interesante –dijo Parvati con una sonrisa.
–No para mi –gruñó Harry.
Parvati colocó una mano con cautela sobre su hombro.
–No deberías de escuchar a esas personas que dicen que eres un mago oscuro, Harry. El hablar parsel sólo es…
–Lo se, es una habilidad que algunas personas tienen. –Continuó caminando, alejándose de ella–. Es sólo que ya soy lo suficiente famoso.
–Pues… supongo… pero deberías aceptar tus habilidades, Harry –dijo, sonando decepcionada–. Sólo mira lo que has hecho con el quidditch.
–Sí… bueno… lo pensaré, Parvati –dijo, continuando su camino–. ¿Qué está haciendo? –preguntó Harry cuando llegaron a la sala común.
Hermione lanzó a su hermano una mirada condescendiente.
–Oh, Harry, creo que le gustas a Parvati porque hablas parsel.
–¿Qué? ¿En serio? ¿Cómo lo sabes?
–Porque no estoy ciega… y comparto un cuarto con ella. ¿Recuerdas cómo dijo que los hablantes de parsel son respetados en India? Creo que es algo más que "respeto".
–Genial. Justo lo que necesitaba: alguien a quien le gusto por algo que no puedo controlar.
–Vamos, Harry, ¿cuál es tu problema? –dijo Ron–. Es genial que le gustes a las niñas.
–Pero no les gusto yo. Les gusta la persona que creen que soy. Y Hermione sólo es la hermana de Harry Potter para muchos… para los niños también. Ustedes comenzaron a estar con nosotros después de que nos conocieron. Me agrada eso más que la idolatría.
Neville asintió titubeante al comprender sus palabras. Ron lucía algo sorprendido, incluso después de tanto tiempo, pero permaneció callado por el momento.
–Harry, se que quizás no sientes nada por Parvati –intervino Hermione–, pero deberías ser más amable. Tiene mucho que perder por apoyarte de tal manera. Y escuché que Padma estaba diciendo lo mismo.
Eso no pudo ser ignorado por Ron.
–Vaya, Harry, gemelas –dijo, moviendo sus cejas de arriba a abajo. Harry le arrojó un cojín.
–Vas a tener que aprender a vivir con esto –dijo Hermione–. Parvati no es la única, después de todo. Sabes que le gustas a Ginny sólo porque eres el Niño Que Vivió.
–¡Oye! –protestó Ron.
–Sí, ella y la mitad de las otras niñas en la escuela –gruñó Harry, aunque sabía (todos sabían) que Ginny era la peor–. Aunque también está Luna… bueno, es difícil ver en ella, pero me pidió que le ayudara a aprender a hablar parsel y eso.
–No, de hecho creo que eso fue por puro interés académico –respondió Hermione.
–¿En serio?
–En serio. Creo que Luna sólo estaba siendo… Luna.
–Buenas noches y bienvenidos a la segunda reunión del club de duelo de Hogwarts –dijo Septima Vector al gran comedor. Gilderoy Lockhart estaba de pie a su lado, luciendo tan arreglado como siempre, mientras Flitwick supervisaba–. Pensé que deberíamos de repasar el código de duelo en más detalle ya que me informaron que hubo algo de confusión la última vez… –observó a los Slytherin en el grupo con cautela–... y después intentaremos algunos duelos de práctica con desarme y bloqueo básico. –Flitwick asintió con aprobación–. Profesor Lockhart, ¿quizás pueda explicar el proceso para desafiar a un duelo?
–Por supuesto, profesora Vector –respondió Lockhart, mostrando su brillante sonrisa–. Es bastante simple, por supuesto. Cualquier duelo, ya sea un duelo formal de honor o uno informal, comienza con un desafío en público. En el caso de un duelo de honor, el desafiante demandará satisfacción en respuesta a algún insulto o acto deshonroso por parte del desafiado, y le dará la oportunidad de disculparse en lugar de realizar el duelo. Si el desafiado acepta, él o ella tiene el derecho a elegir las reglas del duelo, mientras que el desafiante tiene el derecho a proponer el lugar y la hora. Cada parte también nombrará a un segundo, quienes realizarán el primer intento de reconciliar la disputa, y después se encargarán de asegurar que las reglas del duelo sean cumplidas.
Unos cuantos estudiantes más jóvenes (incluyendo Ron) lucían sorprendidos al tener tantas ideas erróneas sobre los duelos corregidas, y Harry estaba seguro de que Hermione hubiera estado tomando notas si Remus y Andi no lo hubieran explicado todo antes.
–Gracias, profesor Lockhart –dijo Vector con amabilidad–. Todos los duelos que realizaremos aquí, y la mayoría de los duelos de honor, a menos que una regla diferente sea especificada, seguirán las reglas de torneo. Las reglas de torneo varían dependiendo del nivel de experiencia, pero universalmente prohiben el contacto físico y, por lo menos, las maldiciones imperdonables, la muerte, y la mutilación. También especifican la condición más usual para concluir: el duelo termina cuando una de las partes es incapacitada, o por cualquier razón no es capaz de continuar el duelo.
Harry y Hermione prestaron atención. El estándar era algo diferente para ellos de lo que era para otras personas.
–Si cualquier parte quiere detener el duelo antes de que esta condición sea cumplida, pueden declarar verbalmente que ceden el duelo, aunque es considerado deshonroso hacer eso en un duelo de honor.
–¿Qué tal si eres silenciado, profesora? –preguntó uno de los estudiantes mayores.
Lockhart sonrió de nuevo.
–Una regla muy lista adaptada de los muggles llamada "sumisión". Simplemente den dos golpes al suelo con su mano para declarar que ceden la victoria. Si no pueden hablar o dar los golpes, entonces ya perdieron de cualquier modo. –Muchos estudiantes rieron.
–Así es –dijo Vector–. Ahora, quizás una demostración está en orden. Profesor Lockhart, lo desafío a un duelo informal.
–Acepto –sonrió Lockhart–. Y como demostración adicional de lo que enseñaremos esta noche, declaro que sólo encantamientos de desarme y bloqueo están permitidos. Noten, estudiantes, que yo puedo elegir las reglas que quiera, aún si son fuera de lo normal.
Harry tosió en silencio. Tenía la sospecha de que Lockhart había pasado mucho tiempo practicando esos dos encantamientos para que pudiera colocar esas reglas y estar a un buen nivel considerando que no había mostrado mucha capacidad como mago en clase.
–Muy bien –dijo Vector–. Profesor Flitwick, si no le molesta.
–Ejem –dijo el Maestro de Encantamientos–, varitas listas en uno… dos… ¡tres!
–¡Expelliarmus!
–¡Expelliarmus!
–¡Contego!
–¡Expelliarmus!
–¡Contego!
Lockhart y Vector lanzaban hechizos con velocidad, pero Lockhart era visiblemente más débil, y sus movimientos más lentos, y Harry reconoció la mirada en el rostro de Vector: estaba jugando con él… lo que la mayoría de las personas describiría como un gato jugando con un ratón, aunque no era tan acertado. Pero como sea que lo llamaran, ella fácilmente bloqueó todos los encantamientos desarmadores de Lockhart. Lockhart lucía como si pensara que estaba aguantando, pero de repente, Vector se quitó su sombrero y lo lanzó al aire.
–¡Contego! –Su escudo golpeó al sombrero y lo lanzó al otro lado de la plataforma, directo al rostro de Lockhart–. ¡Expelliarmus! –gritó mientras estaba distraído, y Lockhart fue lanzado de espaldas y sin varita.
El comedor entero se rio, y los Ravenclaw y los Slytherin y algunos Gryffindor celebraron. Harry pensó que Vector tenía muy buena puntería.
–Ah… sí –Lockhart se puso de pie con dificultad–. Una excelente demostración, profesora Vector. Un creativo uso del encantamiento de bloqueo sencillo. Como pueden ver, incluso las reglas más restringidas para los duelos pueden permitir trucos sorprendentes.
Vaya, este tipo es muy bueno para dar vuelta a la situación, pensó Harry. Acaba de ser arrastrado y aún se está arrastrando de pie (literalmente) con un guiño y una sonrisa.
Después de eso, la profesora Vector se aseguró de que todos pudieran utilizar los dos hechizos (algunos de los de primer año tuvieron problemas y tuvieron que quedarse de lado) y los dividió en parejas para duelos de práctica. Harry y Hermione terminaron con Zacharias Smith y Hannah Abbott de Hufflepuff.
–¿Listo para esto, Potter? –preguntó Smith.
–Por supuesto, Smith –respondió Harry–. ¿Pero estás listo tú?
–Yo siempre estoy listo, Potter. Vamos.
–Varitas listas –llamó la profesora Vector. Harry y Smith realizaron una reverencia y se colocaron en posición–. Uno… dos… ¡tres!
Harry se sintió un poco mal por Hannah Abbott. Él apenas podía aguantar contra Hermione, así que Hannah nunca tuvo oportunidad. Zacharias Smith, por otro lado, era el hijo de una Casa Noble, y tenía algo de experiencia en duelos. Sin embargo, Harry tenía la ventaja de estar más cómodo evadiendo, lo cual le dio preciados segundos para disparar más encantamientos desarmadores, y no tardó mucho en desarmar a Smith.
La profesora Vector halagó tanto a Hermione como a Harry por su rápido movimiento de varitas y rápidamente decidió que para darles mejor competencia, deberían de enfrentarse a estudiantes de tercer año (Draco Malfoy y Theodore Nott también fueron elevados de nivel). Los colocó con dos Ravenclaw: Eddie Carmichael y una joven bonita llamada Cho Chang. Cuando hizo el conteo de nuevo, Harry se dio cuando de lo mucho que les faltaba. Hermione era mejor que él y apenas pudo contra Cho, pero él nunca se había enfrentado a alguien tan bueno como Eddie. Rápidamente se puso a la defensiva, lanzando en su mayoría encantamientos de bloqueo sencillos para detener la lluvia de encantamientos desarmadores de Eddie. En esa posición, incluso con su funda de duelos como una barrera de defensa adicional, no duró mucho y su varita fue removida de su agarre.
–¡Ah! ¡Me rindo! –dijo rápidamente, como técnicamente tenía que hacer bajo el código como practicante de magia sin varita, aunque Eddie no lo sabía. Esperaba poderlo hacer pasar como un accidente por la sorpresa.
Las cosas se tranquilizaron durante las siguientes dos semanas, por lo menos dentro del castillo. Afuera, lluvia fuerte y torrencial golpeó contra los muros por días, sin ceder. El club de duelo continuó tranquilamente la siguiente reunión, con Harry y Hermione demostrando estar entre los mejores duelistas en su año y a un nivel igual al de los de tercero. La práctica de quidditch, por otro lado, fue una dura experiencia.
Harry no creía que cursos de Embrujorrápid le harían bien a Filch, pero era lo suficiente listo para no decirlo, no cuando apenas había escapado detención con el hombre. Fue un golpe de suerte que Nick Casi Decapitado estaba lo suficiente interesado en su bienestar que persuadió a Peeves de destrozar el gabinete desvanecedor que se encontraba justo sobre la oficina de Filch.
–Quisiera poder hacer algo para ayudarlo con la Cacería Sin Cabezas –dijo Harry de regreso mientras caminaba a la torre de Gryffindor.
Nick se detuvo (literalmente) en frío. Harry apenas pudo evadirlo.
–Pues, hay algo que podrías hacer –se atrevió Nick–. Pero no, sería pedir mucho…
–¿Qué es? –dijo Harry.
Nick se colocó en su postura más digna.
–Este Halloween es mi cumpleaños de muerte número quinientos. Es una ocasión trascendental, como tú comprenderás. Tendré una fiesta en las mazmorras… tengo amigos que vendrán de todo el país, por supuesto… y sería un gran honor si pudiera tener invitados vivos.
–Oh… –el rostro de Harry decayó. No podía… pero esperaba que pudiera dar la noticia de manera gentil–. Pues, verás, Nick… –dijo–, la cosa es, Halloween también es el aniversario de muerte de mis padres.
–Oh, vaya –respondió Nick decepcionado–. Lo lamento mucho.
–Gracias. Verás, no estaba seguro si iba a atender el banquete normal. Quizás sólo coma en las cocinas con Hermione y Neville… tú sabes, escaparme para una cena tranquila. –Bueno, tan tranquila como los elfos puedan hacerla.
–Claro, claro, lo entiendo –dijo Nick–. No me gustaría alejarte de tu homenaje privado.
–Gracias por comprender. Espero que la fiesta salga bien.
–Gracias, Harry. Yo también. –Nick se deslizó decepcionado, su cabeza sacudiéndose sobre sus hombros.
Harry lo observó con tristeza. Si fuera cualquier otra noche, satisfacería al fantasma, pero no creía poder hacerlo en Halloween. En verdad le gustaría poder hacer algo. De repente, una idea le llegó a la mente.
–¿Nick? –dijo.
El fantasma se dio la vuelta.
–Creo que se de dos personas que estarían interesadas en una fiesta de cumpleaños de muerte…
–Espero que a Sir Nicholas no le moleste que llegamos tarde –dijo Luna Lovegood. Miró a su alrededor con interés a las largas velas con llamas azules y a la orquesta de sierras musicales.
–Pues, en el mundo muggle, las personas siempre hablan de que la moda es llegar tarde a las fiestas –respondió Colin Creevey, luciendo igual de fascinado por el ambiente–. Me alegro que Hermione sugirió que comiéramos primero. Supongo que los fantasmas no tendrían comida en sus fiestas. Los fantasmas sí aparecen en cámara, ¿verdad?
–Sí –dijo Luna–. Los vampiros son los que no… y los heliopatas, pero eso es porque son tan brillantes que sobreexponen el rollo.
–Oh. Es bueno saberlo.
Ginny Weasley se sentía mareada mientras se sentaba bajo los murciélagos vivos y las calabazas gigantes del banquete de bienvenida. Colin ya se había ido a su fiesta de fantasmas, y comenzaba a creer que sería bueno que también se fuera temprano.
Ginny no estaba segura de que le estaba ocurriendo ese mes. Percy pensaba que estaba enferma, y sus compañeras de casa que extrañaba su hogar. Pero no podía evitar sentir que había algo más profundo. No estaba durmiendo bien, su sueño frecuentemente interrumpido por imágenes escalofriantes que no podía recordar después. Se encontró llevando el diario a todos lados y escribiendo en momentos extraños, como en clase o a veces debajo de la mesa durante las comidas. Sentía como si Tom era el único que la entendía. Le ayudaba que podía decirle todo, y que él no le diría (que no podía decirle) a nadie más.
Tom era un muy buen amigo, pensó. Siempre parecía saber que decir y nunca la juzgaba como sus hermanos parecían hacerlo (especialmente Percy). Últimamente, sentía como si pudiera escuchar su voz cada vez que escribía en el diario.
No me siento muy bien, Tom, escribió, o estaba segura que había escrito. En su mareo, no podía estar segura de que había escrito las palabras después de que desaparecieron o si sólo lo había imaginado.
Si ya comiste lo suficiente, quizás deberías de irte a descansar temprano, respondió Tom, su voz llena de preocupación… no, eso era como se imaginaba su voz. No tenía voz. Sólo escribía las palabras en la página, pensó. No estaba completamente segura de haber visto esas palabras tampoco después de que también desaparecieron.
Sí, quizás debería. Ginny se disculpó con sus compañeros y caminó a la torre de Gryffindor, pero en poco tiempo, se distrajo, deambulando por los pasillos sin destino hasta que se encontró de nuevo en el baño de niñas del segundo piso. No sabía porque siempre terminaba en ese lugar. Nadie nunca usaba ese baño porque ahí se encontraba el fantasma de Myrtle la Llorona.
–¿Qué estoy haciendo aquí? –dijo–. ¿Por qué siempre termino aquí?
No te preocupes por eso, Ginny, susurró Tom en su cabeza. Si estuviera completamente consciente de lo que estaba ocurriendo hubiera notado que sí estaba susurrando en su cabeza, pero en ese momento, parecía perfectamente normal.
–No puedo estar aquí durante el banquete –se dijo a sí misma–. Me puedo meter en problemas.
Podrías esperar aquí hasta que termine el banquete y después unirte a la multitud, sugirió Tom.
–Sí, quizás… –Justo entonces, escuchó el helante sonido de un maullido predatorio detrás de ella. Se dio la vuelta para ver a una gata delgada de aspecto desaliñado observándola–. ¡Oh no! ¡Es la gata de Filch! ¡Me descubrió! ¿Tom, qué voy a hacer?
Tendrás que hacerla a un lado, susurró Tom en su cabeza. Lo que te mostré antes. De hecho, sería bueno. Una criatura menos espiando el resto del año.
–Pero no quiero lastimar a nadie.
De acuerdo. ¿Ves el agua? Usa el reflejo.
–No entiendo. ¿Qué se supone que debo hacer?
Déjame mostrarte…
Lo que ocurrió después, e incluso la conversación hasta ese momento, sólo fue algo borroso para Ginny. De hecho, cuando acabó, no recordaba nada después de dejar el banquete temprano porque se sentía enferma, pero algo había ocurrido en la escuela durante ese tiempo.
Sirius Black y Remus Lupin estaban en un cementerio en West Country esperando a que los conmemorantes se fueran. Había menos personas ahí que el año pasado, en el décimo aniversario de esa terrible noche, y la mayoría que presentaban sus respetos en el pueblo sólo se detenían en la cabaña o la estatua. Sólo unas cuantas personas buscaban la tumba sencilla en el fondo del cementerio.
Algo que Sirius no había hecho antes de esa noche era presentar sus respetos a sus compañeros caídos. Había visitado el cementerio una vez, durante las vacaciones de Navidad cuando Harry y su familia lo habían visitado, pero al estar fuera de Azkaban por sólo unas semanas, no creyó estar listo para eso, así que permaneció atrás. Después de eso, continuó posponiéndolo, usualmente con la excusa de que estaba muy ocupado, incluso si era una mentira muy obvia. Que corazón de león ni que nada. Pero ahora, después de un año, en la noche en que murieron, no podía posponerlo más, por el bienestar de su ahijado.
Se acercó a la tumba con Remus sosteniéndolo. Ver sus nombres grabados en la piedra dolió tanto como si hubieran sido tallados en su corazón mientras todos esos años de culpabilidad y dolor regresaban a él.
–James… Lily… –susurró–. Lo siento tanto… –cayó sobre sus rodillas unos pasos lejos–. Lo siento…
Remus, aunque parecía estar a punto de colapsar, sabía que estaba ahí en parte como apoyo moral, y no podía permitir a su amigo el obsesionarse con su miseria por mucho tiempo.
–No fue tu culpa, lo sabes, Canuto –dijo.
–El ser arrestado lo fue –murmuró Sirius–. El ir tras la rata como un idiota lo fue. Debí estar ahí para Harry…
–Lo hecho, hecho está, Canuto –dijo con lágrimas–. Cuando escuché como había terminado con sus… sabía que también debí estar ahí para él, y tenía menos excusas que tú. No podemos cambiar el pasado, pero tenemos la oportunidad de compensarlo ahora… y de ayudar a una maravillosa niña hija de muggles a quien ama profundamente y que claramente está mejor teniéndolo en su vida. Por lo menos algo bueno salió de esto.
Sirius levantó su rostro con lágrimas para ver a su amigo y soltó una pequeña risa.
–Lunático, es tan extraño que estás describiendo a su hermana y no a su novia.
–Bueno, cuando obtenga una novia, estoy seguro de que podré decir algo similar. Hermione también ha sido buena para él. Estoy seguro de que saca la parte de Lily que hay en él… se deshace algo de lo más tosco de James.
–Lo sé -dijo Sirius pensativamente–. Se parece tanto a James, pero… en verdad todo está en la mirada. –Suspiró y se aferró más al suelo.
–De acuerdo, Canuto, sabes lo que Cornamenta diría en este momento -le dijo Remus con severidad.
Sirius levantó la mirada de nuevo.
–Diría que levantara mi trasero y dejara de sentirme mal. –Se obligó a ponerse de pie.
–Exacto. Ahora, nuestro amigo Raticida está esperando tu llamada por el espejo, y sugiero que no lo hagamos esperar.
–Cierto. –Sirius tomó el espejo de comunicaciones de su cinturón–. Harry Potter.
Un momento después, el rostro de Harry apareció en el espejo enfrente del fondo familiar de las cocinas de Hogwarts.
–Hola Sirius, hola Remus, ¿cómo están? –preguntó.
–Mejor ahora que Lunático me dijo que levantara el trasero. ¿Ustedes como están?
–Eh, estamos bien –dijo Harry.
–¿Sí? ¿Quién está ahí contigo?
–Sólo Hermione y Neville. –Los tres niños se acomodaron en frente del espejo para que todos pudieran ser vistos–. Y un montón de elfos. –Los ocupados elfos podían ser escuchados en el fondo.
–Ah, es bueno ver que no estás solo para esto –respondió Sirius–. Podrías haber ido al banquete, Harry. Podríamos haberte llamado después.
–Lo sé, pero después de lo que pasó el año pasado… pensé en hacer algo un poco más privado.
–Entiendo perfectamente –dijo Remus–. Eh… ¿quieres… decir algo a tus padres?
Neville dirigió una mirada incómoda a Harry y Hermione.
–Puedo irme si quieres.
–No, no, está bien, Neville. Confío en ti. Creo que lo entiendes… mejor que la mayoría, por lo menos.
Neville no dijo nada, pero asintió y permaneció en su asiento. Cuando Harry asintió su acuerdo, Sirius dio la vuelta al espejo para mostrar la tumba.
Harry parpadeó sus lágrimas cuando vio el mármol blanco. Había menos flores que en años anteriores, y el pasto no estaba tan bien cuidado, pero las palabras aún eran claras.
–Hola mamá, hola papá –dijo con voz temblorosa–. Ha… ha sido un año loco. Yo… gané la copa de quidditch. Eso fue muy divertido. Y obtuve buenas calificaciones en todos mis exámenes… incluso Historia, de algún modo… Pueden agradecer a Hermione por eso. –El rostro de Hermione tomó un tono magenta–. Pero también ocurrieron otras cosas –continuó–. Descubrí en primavera que Voldemort sigue ahí afuera. –Hubo chillidos de terror alrededor de la cocina–. Lo siento, son los elfos de la cocina. Pero aún así sigue ahí afuera, y yo… –Miró a Neville, quien no sabía de la profecía–. Pues, tengo el presentimiento de que voy a tener que enfrentarlo de nuevo. Estaba poseyendo al profesor de Defensa el año pasado. Es una tragedia… en verdad era un buen maestro. –Se rio con ironía.
Harry continuó por un tiempo, hablando sobre lo que había hecho el año pasado y durante el verano y como el año nuevo había comenzado con lo fastidioso que era Lockhart, en ningún orden en particular. No estaba seguro incluso en esa situación de si mencionar que era un hablante de parsel.
–Se que es una habilidad de Slytherin, papá –dijo a modo de disculpa–, pero aparentemente le ocurre a muchas personas. No sabemos porque. Y es bastante respetado en India… o por lo menos es lo que Parvati y Padma se la pasan diciendo. Bueno, supongo que no puedo ser normal.
Harry continuó hasta que se le acabaron las palabras y su voz comenzó a irse. Ya era tarde, y tenían que irse pronto, pero Hermione dijo unas cuantas palabras antes de que Sirius cerrara la conversación, e incluso Neville, con algo de motivación, dijo menos palabras, pero significó mucho para Harry que se uniera a su pequeño ritual, y Harry se lo dijo. Al final, sintió que fue una experiencia catártica para todos los involucrado, aún si agotadora.
–De acuerdo, buenas noches, cachorros –concluyó Sirius–. Los veré más tarde. Espejo apagado.
Por silencioso acuerdo, los tres Gryffindor decidieron que era hora de ir a dormir. Los elfos ya había retirado los platillos principales de las largas mesas y comenzaban a enviar los postres, así que sabían que el banquete terminaría pronto. Recogieron sus cosas para irse de la cocina y con suerte evitar la multitud.
Justo cuando llegaron a la puerta, Harry se detuvo.
–Oigan, ¿escucharon algo?
–¿Escuchar qué? –dijo Neville.
–Lo único que escucho son los elfos –agregó Hermione.
–Creí escuchar una voz extraña… supongo que lo estaba imaginado.
Subieron al vestíbulo de la entrada, desde donde pudieron escuchar los murmullos del banquete en el gran comedor, y comenzaron a subir la gran escalera. Neville aún lucía incómodo mientras caminaban.
–No tenían que invitarme –dijo.
–Quisimos hacerlo –respondió Harry–. Esta noche significa prácticamente lo mismo para ti que para nosotros.
–Pues… podría presentarles a mis padres algún día, si quieren.
Harry y Hermione intercambiaron una mirada de sorpresa. Neville nunca hablaba de sus padres si no tenía que hacerlo.
–No tienes que hacerlo si no quieres, Neville –le dijo Harry–. Sabemos que es diferente para ti.
Neville consideró su respuesta, pero no tuvo oportunidad de decir nada ya que al llegar al segundo piso, Harry se detuvo de repente, su espalda arqueada, sus manos paralizadas en frente de él, y sus ojos abiertos ampliamante mientras dejaba salir un doloroso gemido.
–¿Harry, qué ocurre? –dijo Hermione con urgencia, pero él señaló con un dedo, y cuando vio a donde estaba señalando, soltó un grito ahogado. La gata de Filch, la Sra. Norris, estaba colgando de su cola del soporte de una antorcha, tan tiesa como una estatua.
Harry se quejó de nuevo y miró a su alrededor con miedo. Neville estaba preocupado. La única vez que había visto a Harry más aterrorizado fue cuando Quirrell había secuestrado a Hermione. Ni siquiera cuando Quirrell lo había apuntado con un arma muggle lo había visto así. Pero antes de poder preguntar, vio algo más.
–¡Por la barba de Merlín, miren!
Miraron a donde estaba señalando y Hermione, por lo menos, se preguntó como es que lo había ignorado al principio. Sobre la Sra. Norris había un mensaje escrito en letras rojas de un pie de largo.
LA CÁMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA
TEMER, ENEMIGOS DEL HEREDERO
–¿La cámara de los secretos? –dijo Hermione–. ¿Qué quiere decir?
–¿Qué haría eso a un gato? –dijo Harry con voz temblorosa, ni siquiera escuchándola.
De repente, escucharon los pasos y murmullos de los estudiantes mientras comenzaban a dejar el banquete y llegaban al pasillo donde los tres se encontraban. También escucharon el sonido de unos cuantos pies bajando las escaleras. Susurros nerviosos irrumpieron en la multitud, especialmente entre los Ravenclaw, quienes comenzaron a ver y señalar a Harry con mal agüero. La postura de Harry se volvió más defensiva, y dio unos pasos atrás. No tenía idea de porque lo estaban señalando, pero no creía que fuera bueno.
Justo entonces, Argus Filch hizo su camino hasta el frente de la multitud y vio la peor escena que podría haber visto: la Sra. Norris colgando del soporte de una antorcha, Harry Potter al pie de la escena del crimen, y el resto de los estudiantes señalándolo como culpable.
–¡Sra. Norris! ¡Sra. Norris! –lloró el conserje con ira y dolor–. ¡Tú mataste a mi gata! –Se lanzó para estrangular a Harry.
–¡No lo hice! –gritó Harry. Caminó hacia atrás y se estrelló contra la pared, levantando sus manos para defenderse. Hubo más murmullos en confusión ante la imagen de Harry Potter mirando con terror a Argus Filch.
–¡Heredero de Slytherin! ¡Justo bajo mi nariz! –bramó Filch–. ¡Te mataré!
–¡Sr. Filch, no! –lloró Hermione, intentando sostenerlo–. ¿No puede ver que está aterrorizado?
–¡Te mataré! ¡Me desharé de tu sucio…!
–¡Argus!
Dumbledore y el resto de los maestros llegaron al pasillo, siendo llevados por los estudiantes que habían bajado las escaleras, y la multitud les abrió paso. Detrás de ellos había una elección de Hufflepuff y Slytherin, quienes aparentemente también habían sido informados por los que habían corrido abajo.
–Temer, enemigos del heredero –leyó Theo Nott la palabras del mensaje–. ¡Ja! Ahora veremos que es que. No lucen tan petulantes ahora, ¿no es así, san… muggles? –Parecía que le costó trabajo no decir "sangre sucia" enfrente de los maestros.
–Eso es suficiente, Sr. Nott –lo regañó la profesora McGonagall con severidad. No era sorpresa para nadie que lucía algo enferma ante la visión de la Sra. Norris.
Draco Malfoy también observó la escena con cautela, pero no dijo nada. Potter obviamente no lo hizo, pero parecía para el mundo que había sido descubierto en el acto, y Filch estaba haciendo un excelente trabajo al acusarlo. Aunque no comprendía porque Potter lucía tan asustado.
Dumbledore tomó a la Sra. Norris y llevó a Harry, Hermione, Neville, y Filch a la oficina de Lockhart que era la más cercana. Filch lloró con dolor todo el camino, y las manos de Harry estaban temblando. Hermione rodeó sus hombros con un brazo como consuelo. Neville temblaba por otra razón: no le agradaba la idea de seguir en la continua presencia de un Filch molesto y destrozado.
Dumbledore se tomó un tiempo revisando a la Sra. Norris, durante el cual Filch continuó sollozando, Harry continuó temblando en el asiento, y Lockhart contaba la historia de un suceso similar que había presenciado en Ouagadougou con su usual tono prepotente. Harry estaba así de cerca de gritarle que se callara, lo cual no hubiera sido inteligente bajo las circunstancias, cuando Dumbledore habló.
–No está muerta, Argus –dijo.
–¿No lo está? –dijo Filch esperanzado.
–¿No lo está? –repitió Harry en eco con un tono similar.
–Fue petrificada, aunque me temo que no puedo determinar la causa.
–¡Pregunte a él! –lloró Filch, lanzándose contra Harry de nuevo–. ¡Él lo hizo!
–¡No! –gritó Harry–. ¡Nunca haría eso a un gato!
–¡Vio lo que escribió… él es el heredero de Slytherin! Primero vino por mi… vio… en mi oficina… ¡Sabe que soy un squib! ¡Tiene que deshacerse de él antes de que vaya tras los hijos de muggles!
–¿Qué? –dijo Harry, estremeciéndose bajo el coraje de Filch–. Por qué yo… yo no soy… yo no haría…
–Eso es suficiente, Argus –dijo Dumbledore con calma–. Ningún estudiante de segundo año podría hacer esto solo, ni siquiera el Sr. Potter. Requeriría, por lo menos, un artefacto mágico muy poderoso y ayuda de afuera.
–Sé que lo hizo. Lo atrapé con las manos en la masa con ese mensaje. Fue tras la Sra. Norris porque vio mi carta de Embrujorrápid.
–¡No lo hice! -gritó Harry-. Descubrí que era un squib hace un año.
–¿Qué? –chilló Filch.
–Es bastante obvio. Apuesto que la mitad de la escuela lo sabe. Y les aseguro que yo nunca… –se atragantó con sus lágrimas-... yo nunca haría eso a un gato.
Neville continuó sentado en silencio, pero se sentía cada vez más confundido al ver el intercambio. A la mayoría de los estudiantes les hubiera encantado la oportunidad de darle una patada a la Sra. Norris. Sabía que Harry era del tipo noble y altruísta, pero le parecía extraño que llorara por ella.
–Harry ama a los gatos más que cualquier otra persona que conozco –explicó Hermione, intentando calmar a su hermano–. Nunca lastimaría a uno si puede evitarlo. Estábamos comiendo en la cocina porque queríamos algo de privacidad. Subíamos las escaleras cuando la encontramos así. Es todo lo que sabemos, profesor.
–Sí –habló Neville finalmente–. Hermione y yo estuvimos con Harry todo el tiempo. No pudo haberlo hecho. Todos los elfos pueden decirles dónde estábamos.
Filch aún lucía furioso.
–Pero Potter habla parsel, director –gruñó–. Ya lo ha demostrado a toda la escuela. Obviamente es el heredero de Slytherin.
–No soy el heredero de Slytherin –insistió Harry–. ¿Por qué se supone que soy el heredero de Slytherin? Debe de haber algún otro hablante de parsel aquí. Además, si fuera el heredero de Slytherin, ¿en verdad cree que lo escribiría en un muro?
–No tenemos ninguna prueba de que el Sr. Potter sea el heredero de Slytherin, Argus –dijo Dumbledore–. Y tenemos testimonios que dicen que no estuvo involucrado en lo que sea que ocurrió con la Sra. Norris.
Filch se colapsó en una silla desesperanzado cuando su argumento fue invalidado.
–Podremos curarla, Argus –le aseguró Dumbledore–. La profesora Sprout tuvo suerte y adquirió mandrágoras este año. En cuanto maduren, el profesor Snape podrá usarlas para preparar un filtro restaurativo que la revivirá.
–¿Pero que no será en la primavera, profesor? –dijo Harry–. ¿No sería mejor comprar la poción de una apotecaria?
–Me temo que no, Harry. Mandrágoras maduras son muy raras y caras, y más al punto, la poción no tiene una larga vida después de ser preparada y sólo puede ser preparada cuando las mandrágoras maduren. La única opción que tenemos en este momento sería importar del hemisferio sur a un precio más caro, y lo siento, Argus, pero dudo que el Consejo apruebe tal compra para un gato.
Hubo un silencio incómodo mientras Filch comenzaba a llorar de nuevo, aunque no tan fuerte.
–Pueden irse –dijo Dumbledore a los tres niños.
Neville y Hermione se apresuraron a dejar la oficina, pero Harry se detuvo en la puerta y de dirigió a Filch.
–En verdad lo aprecia –le dijo.
–¿Qué? ¿Qué dijiste?
–La Sra. Norris. En verdad lo aprecia.
–¿Cómo lo sabes tú? –dijo Filch con amargura.
–Conozco a los gatos. Se puede ver por la manera en la que siempre está a su lado cuando está asignando detenciones a los estudiantes. Sé que no nos llevamos bien, pero tengo gran respeto por un hombre que trata tan bien a su gata. –Harry se obligó a sí mismo, y fue en contra de su instinto, para parpadear lentamente a Filch, aún si el hombre no comprendió su gesto.
El labio de Filch tembló.
–Gracias, Potter –dijo con voz entrecortada antes de darse la vuelta.
–Harry casi tuvo un ataque de pánico cuando la vio –dijo Hermione–. Filch estaba gritando que Harry lo hizo, pero Dumbledore lo convenció de que él no fue.
En cuanto encontraron un lugar aislado, Harry y Hermione llamaron a Sirius de regreso y le dijeron sobre el ataque a la Sra. Norris.
–Puedo imaginar que fue difícil para ti el ver eso, cachorro –dijo Sirius a Harry–. Incluso hoy en día gruño si veo a alguien maltratar a un perro.
–Sirius, ¿qué sabes sobre el heredero de Slytherin y la cámara de los secretos? –preguntó Harry.
–Es una vieja leyenda en la casa de Slytherin –dijo solemnemente–. Andromeda puede que sepa más que yo ya que ella vivió en los dormitorios. La historia cuenta que Salazar Slytherin no quería enseñar a los hijos de muggles en Hogwarts, pero los otros fundadores no estaban de acuerdo. Así que construyó una cámara secreta debajo de la escuela y escondió a algún monstruo dentro, y algún día el heredero de Slytherin regresará y liberará al monstruo y eliminará a todos los hijos de muggles en la escuela.
Harry lanzó una mirada nerviosa a Hermione.
–¿Eliminar quiere decir petrificar?
Sirius sacudió su cabeza.
–No en la versión que yo escuché.
Ambos niños temblaron.
–Sirius, ¿se supone que el heredero de Slytherin habla parsel? –preguntó Hermione.
–Esa es una de las teorías populares… que nadie ha encontrado nunca la cámara de los secretos en los últimos mil años porque sólo un hablante de parsel puede entrar.
–Y ya que todos saben que hablo parsel… –comenzó Harry.
–¿Van a pensar que eres el heredero? Puede ser.
–Pero saben que no tengo nada en contra de los hijos de muggles –protestó–. ¿O contra qué luchamos el año pasado?
–Lo sé, cachorro, pero las personas hablarán de todos modos. No dejes que te moleste mucho. Enfócate en lo que verdaderamente importa.
–Sirius, ¿crees que alguien está planeando algo en mi contra? –dijo Harry de repente.
–No lo se. Quisiera decir que es una broma elaborada, pero incluso yo no se que podría petrificar a algo con tanto poder que ni siquiera Dumbledore puede arreglarlo sin filtro de mandrágora. Sólo tengan cuidado, ambos.
–Siempre –dijo Harry–. Gracias, Sirius.
