Dato curioso: Si preguntan a tres fans de JK Rowling que significa ser Harry Potter, obtendrán tres respuestas diferentes. Especialmente si son lectores de fanfiction.
Capítulo 52
El siguiente acto de Tom era uno difícil. Había logrado empujar a Ginny para que no se resistiera cuando tenía miedo o incluso curiosidad, pero para esto, necesitaría tomar control con pura fuerza de voluntad. Ya era malo que cada vez sospechara más de él. Si iba a actuar pronto, debía hacerlo hoy para que ella pudiera pensar que era porque no se sentía bien después de la reunión del club de duelo. Era mucho más difícil porque no tenía muchas opciones como blanco para alguien a quien ella estuviera dispuesta a perseguir. Quizás pudiera persuadirla de que la chica Lovegood era una rival por el amor de Harry (aún cuando Potter claramente tenía muy poco o nada de interés en las niñas por el momento), pero Lovegood era sangre pura y por lo tanto era alguien a quien no quería lastimar si podía evitarlo. Y de todos modos, quería culpar a Potter por el ataque, lo cual quería decir que su mejor opción era intentar "vengarse" de Finch-Fletchley, quien lo había derrotado anoche.
Pero Harry no es así, insistió Ginny. No hace cosas así. Ron dijo que ni siquiera quería venganza de sus terribles parientes.
Eso quizás es cierto, respondió Tom, aunque sospechaba que Potter buscaría venganza rápidamente por alguien que le importara, pero ellos son muggles. Ya no pueden lastimarlo. Pero una derrota a manos de otro mago será percibida como una señal de debilidad. Con su influencia política, no debe dejarlo ir sin responder.
No creo que le importe eso, Tom. Justin es su amigo. Escuché que se conocieron en la orientación para hijos de muggles. Y tampoco le gusta causar problemas. No creo que quiera vengarse para nada.
Lo que Harry quiere no es el punto. Él no puede evitar haber sido criado por muggles. Ambos sabemos como la política funciona en el mundo mágico. Alguien como Draco Malfoy podría usar esto para su ventaja. Ayudaría a Harry el tener a alguien a su lado que es capaz de ayudarlo de este modo.
No lo creo, Tom. No creo que a Harry le gustaría.
Estoy seguro de que si se lo explicas, lo entenderá.
En verdad no lo creo, respondió Ginny algo nerviosa. Ron me contó todo sobre Harry, y estoy segura de que no piensa así. Los muggles en verdad son… supongo que liberales… tú sabes, comparados con el resto del Wizengamot. No buscan venganza de ese modo. Sólo se que Harry se molestaría si fuera tras Justin por él.
No parecía que podría persuadir a Ginny esta vez. Parecía que era más inteligente de lo que Tom había había pensado. Pero claro, Tom sabía que su argumento era una exageración comparado con lo que había intentado antes. Aun así, tenía otros trucos. Ginny no había notado que estaba deambulando de nuevo hasta que llegó al baño de niñas del segundo piso.
Tom, no, por favor. No quiero regresar ahí de nuevo, pensó. Ni siquiera estaba segura de porque lo había pensado, pero su miedo crecía más cada minuto.
Me temo que debo insistir, Ginny.
¡No, por favor! ¡Tengo miedo, Tom! No entiendo lo que ocurre, dijo en su delirio. ¿Por qué la gente sigue saliendo herida? ¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Qué me está pasando? ¡Por favor hazlo parar!
Parará cuando la escuela sea purgada, dijo Tom. Incluyendo a Potter, pensó para sí mismo. Pero por ahora, debemos continuar.
No… Ginny pensó con timidez, pero de repente, empujó con más fuerza. ¡No, no lo haré!
Lo harás.
¡No lo haré!
¡Lo harás! Me obedecerás… Tom empujó más con su hipnosis. Me obedecerás...
La clase de Herbología fue cancelada esa mañana, y el castillo estaba en silencio después de la tormenta de nieve, así que Harry consideró una buena idea estirar sus piernas… las cuatro. Con su cicatriz completamente cubierta, salió y se paseó alrededor sin destino en mente, sólo para conocer mejor el castillo desde la perspectiva felina y para ver quien estaba paseándose. Dio una vuelta por la biblioteca y pasó a Hagrid en el pasillo cargando a un gallo muerto. Consideró detenerse a preguntar porque, pero decidió que no quería saber. Estaba bastante lejos del pasillo cuando lo escuchó.
–Ven a mi… sí, ven a mi… hora de matar… hora de matar...
Harry se congeló con indecisión. ¿Correr tras la voz o alejarse de esta? ¿Acercarse o alejarse?
Bueno, era un Gryffindor después de todo, y tenía la sigilez de su lado. Se apresuró por el pasillo y subió las escaleras más rápido que cualquier humano en Hogwarts podría hacerlo, excepto quizás Hagrid. Continuó por otro pasillo y llegó a la fuente del sonido, pero parecía que la acción ya había terminado (lo cual probablemente era mejor para él). Lanzó una mirada a la escena y salió huyendo en la dirección opuesta, hacia el aula de Transformaciones.
Justin Finch-Fletchley estaba en el suelo, paralizado y tieso como un tronco, con una expresión de sorpresa en su rostro. Pero mucho más aterrador era la persona a su lado, también congelada con una expresión de sorpresa… porque esa persona ya estaba muerta: Nick Casi Decapitado.
Harry miró a ambos lados y se transformó en el nicho más cercano al aula de Transformaciones. Rápidamente se limpió la tinta de su frente con un encantamiento de limpieza sin varita, dio la vuelta en la esquina y metió su cabeza por la abertura de la puerta del aula.
–Profesora –susurró. La profesora McGonagall lo miró con sorpresa.
–¿Potter? ¿Cuál es el problema? –preguntó.
–Profesora, necesito hablar con usted. Ahora.
–Un momento –dijo a su clase de sexto año–. ¿Qué ocurre? –preguntó McGonagall cuando se acercó a él.
–Acabo de encontrar a Justin… –comenzó Harry. Pero se encogió cuando escuchó la voz chillante de Peeves el poltergeist en eco por todo el castillo:
–¡ATAQUE! ¡ATAQUE! ¡OTRO ATAQUE! ¡NINGÚN MORTAL O FANTASMA ESTA A SALVO! ¡CORRAN POR SUS VIDAS! ¡ATAAAAAQUE!
–Eso –terminó Harry con un gruñido, bajando la cabeza.
–Rápido, Potter, muéstrame –dijo con alarma y Harry se lanzó corriendo por el pasillo con McGonagall siguiéndolo.
–Había alguien más, profesora –le dijo Harry–. Era… –Llegaron a la última esquina y McGonagall se paralizó por la sorpresa.
–¡Dulce Morgana!
–Nick Casi Decapitado.
Para entonces el pasillo se estaba llenando rápidamente de personas rodeando a las dos víctimas, pero McGonagall se abrió camino al frente, jalando a Harry con ella con una mano sobre su hombro, para inspeccionar al par. Con un fuerte ruido saliendo de su varita, comenzó a dispersar a la multitud, pero era difícil ya que más estudiantes estaban llegando de partes más lejanas del castillo. Incluso cuando la mayoría comenzaron a alejarse, los amigos de Justin, Ernie, Hannah, y Sophie, llegaron corriendo, claramente alarmados por la ausencia de su cuarto miembro.
Ernie Macmillan lanzó una mirada a la escena y señaló a Harry dramáticamente:
–¡Potter! ¡Lo sabía! ¿Lo ves, Hannah? ¡Atrapado en el acto!
–¿Qué? –dijo Harry con confusión
–Ciertamente no, Macmillan –soltó McGonagall–. Potter fue el primero en informarme sobre el ataque.
–Sí, porque quiere que piense que es inocente. ¡Es un maldito hablante de parsel, profesora!
–¡Suficiente, Macmillan! Y cinco puntos de Hufflepuff por ese lenguaje. Si quieres ser útil, ayúdanos con tu amigo.
Pero aún así, Ernie y Hannah observaron a Harry, pálidos por el miedo, y vio a Sophie encogerse y ocultarse detrás de ellos y lejos de él. Eso le dolió más que las absurdas acusaciones. ¿Qué no habían sido él y Hermione los primeros en hacerse amigos de ella y Justin y los otros hijos de muggles cuando fueron introducidos por primera vez al mundo mágico?
Al final, Ernie y Sophie llevaron a Justin a la enfermería bajo supervisión de un maestro para que residiera junto a Colin y la Sra. Norris, y, después de unos minutos de discusión, la profesora McGonagall conjuró un abanico para que Hannah llevara en el aire a Nick Casi Decapitado detrás de ellos. Entonces, ella tomó a Harry por un brazo y lo llevó en una dirección diferente.
–El director querrá hablar contigo, Potter –dijo.
–Profesora –dijo Harry con preocupación–, ¿usted no creerá que yo…?
–No, no lo creo, Potter, pero necesitarás decirnos todo lo que viste.
Para cuando llegaron a la oficina de Dumbledore, el profesor Snape estaba ahí para recibirlos, presumiblemente como parte de la investigación.
–Potter –dijo con frialdad.
–Profesor –respondió Harry.
–Sorbete de limón –dijo McGonagall, y la gárgola de piedra se hizo a un lado para permitirles la entrada. Harry de nuevo se encontró entre los muchos aparatos chirriantes en la oficina de Dumbledore (Snape parecía un poco molesto por el ruido). Por supuesto, hubiera preferido tener ahí a Hermione como compañía en lugar de Snape, pero no dejó que lo molestara más de lo que ya estaba. Para distraerse, se dio la vuelta para saludar al familiar de Dumbledore y se alarmó al ver que el fénix lucía como un pavorreal semi-desplumado que estaba soltando un enfermizo graznido que hizo la garganta de Harry se sintiera irritada y sus músculos dolieran.
–Ho...hola Fawkes –dijo nervioso–. ¿Aún te sientes mal?
Fawkes dejó salir ese enfermizo graznido de nuevo y de repente, se prendió en llamas.
Harry dio un salto en pose defensiva y bufó cuando el fénix dejó salir un alarido que pareció encajarse en la piel de Harry como una quemadura. Aparentemente, todos los tipos de llamados de un fénix afectaban físicamente a las personas. Harry casi lloró por el dolor, pero entonces Fawkes se desintegró en una pila de cenizas, y el grito se detuvo. Hubo silencio por un momento, y entonces, un pequeño chillido llenó el aire con la calma e inocencia de un bebé.
A pesar de las circunstancias preocupantes, Harry se rio en voz alta bajo la influencia del ave:
–Por la barba de Merlín, Fawkes, avisa la próxima vez.
–No prestes atención a Fawkes, Harry. –Harry se dio la vuelta para ver a Dumbledore bajando las escaleras con una sonrisa breve que murió en cuanto los chirridos del fénix terminaron–. Ya era hora de que lo hiciera. Parece ser más sentimental y terco con la edad.
Suena a que ustedes dos hacen un gran par, pensó Harry. El director se sentó detrás de su escritorio y enfocó su mirada azul en Harry. Harry no creía que estuviera usando Legilimancia, pero sólo su mirada era suficiente para instintivamente comenzar a practicar sus técnicas de Oclumancia. Dumbledore le indicó que se sentara, lo cual hizo, aunque Snape y McGonagall continuaron de pie cerca de sus hombros.
–Profesor –dijo–. Juro que yo no ataqué a Justin y a Nick...
–Te creo, Harry –lo interrumpió el mago anciano.
–¿Usted… me cree?
–Por supuesto. Supondría que a estas alturas tu oposición tanto a las creencias del heredero de Slytherin como a sus métodos sería irreprochable.
–No todos lo piensan, profesor –murmuró Harry.
–Entonces están siendo voluntariamente ciegos por sus prejuicios, o están mintiendo. –Harry se dio la vuelta para ver con sorpresa a Snape defendiéndolo–. Seguramente no puedes ser tan tonto para creer que cualquier persona con cerebro podría creer que atacarías a tus propios amigos. –Vaya, gracias, creo, pensó Harry–. Aunque, –continuó Snape–, sería interesante saber porque estabas deambulando por los pasillos en medio de la mañana.
Harry se tensó por un momento. No podía mencionar su habilidad animaga a Snape, pero rápidamente se dio cuenta de que no necesitaba hacerlo ya que no era relevante para la historia.
–Clase fue cancelada esta mañana y se me antojó caminar un rato, profesor. –McGonagall asintió su confirmación.
–Pomona no quería ser molestada mientras atendía a las mandrágoras hoy. –Snape cruzó sus brazos, pero gruñó con comprensión.
–Sea como sea –dijo Dumbledore con una mirada de advertencia dirigida a Snape–, debo preguntarte si hay algo que puedas decirme sobre este ataque… cualquier cosa. –Harry sacudió la cabeza.
–No vi nada. Sólo los encontré, pero… escuché una voz. –Los tres profesores se inclinaron con interés.
–¿Una voz? –preguntó Dumbledore.
–Sí, era como… un susurro… como alguien hablando solo.
–¿Solo? –notó Snape–. ¿Estás seguro, Potter?
–Sí, bastante seguro. No lo reconocí, pero definitivamente sonaba como un chico.
–¿Qué dijo la voz, Potter? –preguntó McGonagall.
–Dijo… –cerró sus ojos y pensó un poco para asegurarse de que lo recordaba bien–. Dijo, "hora de matar". –McGonagall bufó con preocupación.
–¿Hora de matar? –dijo en un respiro.
–Es lo que escuché: "Hora de matar". Supuse que era el heredero. Creo que casi lo encontré. –Snape dejó salir una exclamación de burla.
–Típico Potter, lanzándose al peligro. Deberías considerarte afortunado de que no lo encontraste.
Harry dio un salto ante la idea, pero respiró profundamente. Aún creía que hubiera tenido una buena oportunidad con su sigilo felino, a pesar de lo que había ocurrido a la Sra. Norris, pero no podía decir eso a Snape.
–Eso es suficiente, Severus –dijo Dumbledore–. Pero el profesor Snape tiene razón, Harry. Bajo las circunstancias, sería muy peligroso especialmente para ti el acercarte al heredero, especialmente si ahora está interesado en matar, a pesar de haber fallado esta mañana. Es de suma importancia que si escuchas esta voz de nuevo, informes a alguno de los profesores al instante y no investigues por ti mismo. –Harry podía vivir con eso.
–Sí, profesor –dijo.
–¿Hora de matar? –dijo Hermione con preocupación en la sala común.
–Es lo que escuché –le dijo Harry.
–Pero… pero no mató a Justin, ¿o sí? –Harry negó con la cabeza.
–No, sólo está petrificado, como los demás. También Nick, por lo que parece.
–¿Pero qué podría lastimar a un fantasma de tal modo? ¡Ya está muerto!
–Creo que es lo que todos quisieran saber. Pero bueno, quiero regresar...
–¡¿Qué?!
–...para olfatear el rastro. No tuve la oportunidad de hacerlo las primeras dos veces.
–Harry James Potter, ¿estás loco? ¿Qué tal si te encuentras con el heredero? Además, ¿no crees que la profesora McGonagall ya pensó en eso?
–Sí, pero todos saben como es su forma felina. La mía no la conocen. El heredero no sabrá si estoy haciendo algo.
Hermione abrió la boca para discutir, pero se detuvo. Conocía esa expresión en el rostro de su hermano.
–No voy a convencerte de lo contrario, ¿verdad? –preguntó.
–Probablemente no –dijo Harry con una leve sonrisa. –Ella gruñó por un momento.
–De acuerdo, pero hazlo rápido.
Harry no perdió el tiempo. Corrió a su dormitorio y se transformó en Raticida y Hermione cubrió su cicatriz con la tinta negra. Unos minutos después estaban de regreso en el cuarto piso donde habían encontrado a Justin, y se puso a trabajar. Encontró el rastro rápidamente y lo siguió al final del pasillo. Hermione lo siguió a distancia como si estuviera deambulando por los pasillos. Eso sería sospechoso en un lugar y época como esa, pero era lo mejor que podía hacer.
El rastro de olor terminó no muy lejos del baño de las niñas. Raticida se detuvo en la puerta, miró a Hermione, y maulló una vez. Ella se acercó a él, elevando su varita por si acaso, y dio una mirada dentro.
–Esto probablemente es una mala idea –dijo, pero una mirada rápida reveló que no había nadie ahí. Raticida pasó entre sus piernas dentro y examinó rápidamente el cuarto, pero de inmediato salió. Maulló de nuevo e inclinó sus orejas hacia las escaleras. Hermione estaba más que feliz cuando regresaron a la relativa seguridad de la torre de Gryffindor.
–De acuerdo, bola de pelos, ¿qué encontraste? –preguntó una vez que Harry regresó a la "normalidad".
–Honestamente no estoy seguro. Nunca había olido algo como eso.
–¿Animal? ¿Mineral? ¿Vegetal? –Harry sacudió la cabeza.
–Animal, pero había mucha magia para notar más. Lo único que pude descubrir es que tiene una piel mágica muy resistente… y creo que es venenoso. Sé que olí algo bastante asqueroso ahí.
–¿Y a dónde crees que fue? ¿Notaste el aroma del heredero? –Él negó con la cabeza.
–No, perdí el rastro del monstruo en el baño, y muchas niñas han entrado ahí… lo curioso es que no olí a ningún niño.
–Es el baño de niñas, Harry. ¿Qué tiene eso de curioso?
–Porque, Hermione, ¿recuerdas que dije que la voz del heredero sonaba como la de un chico? –Hermione frunció el ceño.
–¿Entonces crees que el heredero es una niña?
–No lo sé. Supongo. ¿Quizás disfrazó su voz? –especuló.
–¿Pero por qué? –Una mirada de miedo cruzó su rostro–. ¿Crees que hay más de uno?
–Lo dudo. Malfoy no parecía creerlo… aunque quizás eso es parte del plan… –Se sacudió para salir de eso. Lo llevaría a la locura–. De acuerdo, una pregunta mejor… ¿Por qué un baño? ¿Cómo es que no pude seguir más el rastro del monstruo?
–Mmm… –Hermione pensó, mordiendo su labio–. Quizás el heredero necesitaba un lugar oculto para convocar al monstruo. Quizás ella lo trajo por la ventana o encontró una manera de trasladarlo de la cámara… no, eso nunca funcionaría. Sólo Dumbledore puede crear trasladores en la escuela.
–¿Y qué tal la manera en la que se mueven los elfos? ¡Mione! ¿Y si el Sr. Malfoy está obligando a Dobby a ayudar al heredero? –dijo Harry triunfante.
–¡Dobby! –exclamó–. ¿Lo olfateaste dentro? –Harry hizo una mueca.
–No, no lo hice… pero sí pude oler a algunos elfos de la escuela. Quizás está usando a otro elfo… con un Imperio o algo.
–Usar a un elfo para aparecer al monstruo cerca de la víctima –dijo Hermione–. Eso podría funcionar… Pero me pregunto porque un baño. Hay menos riesgo de que alguien entre si lo hiciera en un aula sin uso.
–Sí, supongo –dijo Harry–. Pero no veo como más podría haber ocurrido.
–Bueno, espero que los maestros tengan mejor suerte –dijo Hermione.
–Sí, eso espero.
–Esto se está saliendo de control, Malfoy –dijo Amos Diggory–. Tres ataques ahora: dos estudiantes y uno de los fantasmas del castillo, sin mencionar el gato. Debemos de hacer algo.
–Estoy de acuerdo, Diggory –respondió Lucius Malfoy lentamente.
La atmósfera era contenciosa al comienzo de la reunión de emergencia del Consejo, y más que todos era Lucius Malfoy. Por fuera, el Jefe del Consejo mantuvo un aire de calma; pero internamente, la mente de Lucius daba vueltas. ¿Por qué estaba alentando todo su Amo? ¿Por qué no mataba a alguno de los sangre sucia para poder convencerlos de reemplazar a Dumbledore de inmediato? ¿Acaso tenía otra meta…? Por supuesto, ¡Potter! Pero de todos modos, ¿por qué no matar? Potter no podía enfrentarse al monstruo de Slytherin… ¿o sí? Lucius dio vueltas a esa idea todo el día. Después de todo, Potter ya había derrotado a su Amo una vez. Y aún así, no había mostrado una habilidad extraordinaria desde entonces. La víspera de todos los santos de 1981 había sido sólo suerte… ¿no?
Quizás su Amo estaba siendo cauteloso y estaba poniendo a prueba las habilidades de Potter. Quizás intentaba culpar a Potter por los ataques. Ese sería un buen truco, pero Lucius no estaba seguro de que funcionaría. Y demonios, el plan había sido deshacerse de Dumbledore. Ese siempre había sido el plan: poner a la escuela bajo el control de los sangre pura. Eso prometía más ganancias a largo plazo que lidiar con Potter, por muy valioso que pudiera ser. Sí, Lucius se adheriría al plan, pero su Amo ciertamente no se lo hacía fácil.
–A plena luz del día, Dumbledore –dijo Malfoy, probando su nuevo ángulo–. Parece que las cosas han escalado. Cualquier número de estudiantes podría haber sido capturado por el heredero. Tiemblo de pensar en lo que podría haber ocurrido si mi hijo hubiera estado cerca, o el de Amos, o el de Josefina...
–Me temo que estoy en desacuerdo, Lucius –respondió el mago anciano–. El ataque ocurrió en medio de las clases. Sólo unos cuantos estudiantes estaban por los pasillos porque la clase de Herbología había sido cancelada. Los ataques del heredero son cuidadosamente planeados. En ese aspecto, tenemos suerte.
–Pero si sólo unos cuantos estudiantes estaban en los pasillos, ¿has logrado reducir la lista de sospechosos? –preguntó Elphias Doge con cautela. Dumbledore negó con la cabeza.
–Desafortunadamente, en el entusiasmo causado por nuestro poltergeist, varios maestros no pudieron tomar asistencia. No podemos saber con certeza que estudiantes estaban fuera de clase a la hora de los ataques.
–¿Y qué de Potter? –se atrevió Malfoy–. En su reporte él fue la primera persona en ver a las víctimas, y sin testigos, si puedo agregar. –Era un paso muy lejos. Incluso Diggory respondió con una carcajada.
–No puedes pensar que Harry Potter atacaría a estudiantes hijos de muggles después del discurso que dio el año pasado, Malfoy.
–Simplemente estoy señalando que las circunstancias son sospechosas –dijo para salvarse.
–Dumbledore, ¿qué sabemos sobre los ataques? ¿Qué tienen en común?
–Muy poco además de lo obvio. La gata del Sr. Filch fue encontrada en el segundo piso, el joven Creevey en el sexto, y el joven Finch-Fletchley y Sir Nicholas en el cuarto. Los tres fueron encontrados en el ala oeste, pero además de eso, no hay ninguna otra conexión en sus ubicaciones. Potter reportó escuchar la voz de un varón diciendo "hora de matar" antes del ataque más reciente, pero además de eso no tenemos nada que nos pueda indicar quien estuvo involucrado.
–¿Y la cámara? ¿El monstruo? –preguntó Madame Zabini–. ¿Tienes alguna idea sobre eso? –Dumbledore pareció encogerse una pulgada en donde se encontraba.
–He estado buscando por todo el castillo por alguna indicación, pero no he encontrado ninguna pista. Mi investigación no ha dado indicaciones de quien pudiera ser responsable.
–Vamos, Dumbledore –presionó Diggory–. No puede haber tantas cosas que causen petrificación.
–¿En el mundo, Amos? –respondió el director, elevando una ceja–. ¿Cuántas especies de criaturas mágicas hay, sin mencionar los híbridos ilegales? Agrega la posibilidad de artefactos malditos y pociones y maldiciones oscuras. Recuerda que no tenemos prueba de que el "horror de la cámara" es, en verdad, una criatura, o hablando más estrictamente, que la cámara está involucrada. Quién sabe que se pueda encontrar en el lor de los magos oscuros del pasado y estudios arcanos como los que Lord Voldemort buscó por todo el continente durante su juventud. O qué métodos el heredero podría haber diseñado. Deben de ver, entonces, que hay mucho más que investigar para encontrar la respuesta. –El rostro de Diggory se ensombreció, pero fue obligado a conceder el punto.
–¿Entonces qué podemos hacer? –preguntó.
–Digo que hay que continuar con la idea original del director de revivir a los estudiantes que fueron atacados –dijo Elphias Doge–. De acuerdo a mis contactos, las mandrágoras aún están en temporada en las Islas Maldivas y en la Tierra del Fuego. Si actuamos con rapidez, podemos adquirir un suministro y esperar que puedan decirnos algo.
–Y el costo es aún más grande que antes –contestó Blishwick–. Suministros a final de temporada son extremadamente limitados, y aún hay poca esperanza de éxito, como Lucius señaló el mes pasado.
–Me siento mal por los niños, Diggory, pero el costo del beneficio simplemente no es ideal –respondió Madame Zabini.
–Necesitamos actuar ahora. No tendremos otra oportunidad –gruñó Doge.
–¿Y si hay más ataques? De cualquier modo, las víctimas serán obligadas a esperar hasta la primavera –dijo Malfoy con calma como un sutil cambio de tema–. Lo más importante es evitar que estos eventos se repitan, ¿no es así, Dumbledore? Dinos, ¿qué planeas hacer si no tienes pistas o sospechosos?
–Continuaré mi búsqueda –respondió con firmeza–. Además, los maestros serán más rigurosos sobre tomar asistencia, tomando nota de todos los estudiantes que entren o salgan de sus clases. El toque de queda será estrictamente ejecutado, y los profesores patrullarán los pasillos durante los periodos libres en rotación. Significará más trabajo, pero es un pequeño precio a pagar por la seguridad de los estudiantes.
–Eso puede que sea bueno por ahora –habló el Sr. Llywelyn–, pero aún no se deshace de la amenaza. Lo más inteligente sería el cerrar la escuela por completo durante las vacaciones de Navidad. Enviar a todos los estudiantes a casa y que los aurores examinen el castillo de rincón a rincón. –Aún no, pensó Malfoy.
–¿Por qué necesitamos a los aurores cuando tenemos al campeón que derrotó a Grindelwald en el caso? Seguramente puedes manejar esto, ¿o no, Dumbledore? –dijo con sarcasmo mientras sonreía con malicia. Había estado esperando por años el poder meter al viejo entrometido en una encrucijada como esta.
Y Dumbledore lo sabía. Con el heredero evadiéndolo y Malfoy presionándolo de ese modo, rápidamente estaba siendo manipulado, y no le agradaba. Si no demostraba confianza, le daría más armas a Malfoy contra él. Pero la verdad era que estaba seguro de que Tom Ryddle había sido asustado y detenido sus ataques en 1943. Pero ahora, con Malfoy apoyándolo en el exterior, el heredero quizás no sería asustado tan fácilmente.
–Estoy dando todo mi esfuerzo –respondió acorralado, pero con honestidad.
–Eso espero –continuó Malfoy con el mismo tono sarcástico–. Porque si no puedes remover la amenaza, quizás deberíamos encontrar a alguien que puede.
–Es mi sincera esperanza que eso no tendrá que ocurrir.
–¡Absurdo! -exclamó Doge–. ¿Quién podría hacerlo si tú no, Albus?
–Sugiero que comiences a buscar, Elphias –interrumpió Malfoy–. Porque si el director actual no puede resolver la situación y no hay un reemplazo disponible, el castillo entero tendrá que ser declarado como peligroso, ¿no es así? –El Consejo entero tembló y él dejó que el ultimátum permaneciera en el aire. Era difícil ver como la escuela, por muy antigua que fuera, podría sobrevivir un desastre como ese.
–¿Haz notado cómo es que cada vez que tengo detención, usualmente es porque estoy tratando de ayudar? –dijo Harry.
–Sabes, ahora que lo mencionas, lo he notado –respondió Sirius en el espejo–. No estoy seguro de si estar orgulloso o decepcionado.
Después de que Dumbledore regresó de la reunión del Consejo, Harry y Hermione se reunieron con él para aprender el resultado e informarle del descubrimiento más reciente de Harry. El mago anciano estaba preocupado de aprender que la descripción de Harry del heredero ahora era "se escucha como un chico, pero huele a niña", pero estaba más interesado en el hecho de que Harry estaba bastante seguro de que el heredero estaba usando un animal para sus ataques.
–Gracias, Harry –había dicho–, eso ayudará a enfocar mi investigación.
La profesora McGonagall, por otro lado, estaba más preocupada por el hecho de que Harry había tomado tantos riesgos para aprender esa información. Quitó diez puntos a Gryffindor y le asignó detención por su comportamiento tan imprudente. Sin embargo, también le dio diez puntos por su ingenuidad y dedicación a sus compañeros. Harry tenía el presentimiento de que estaba avergonzada por no haber pensado en olfatear el rastro primero.
–Pues, no es menos de lo que te merecías –exclamó Hermione–. Yo probablemente también merezco una por seguirte la corriente.
–Sí, como sea –dijo Harry con fastidio–. Aún digo que valió la pena. Sólo desearía que la mitad de Hufflepuff no creeyera que soy el heredero de Slytherin.
–Bueno, como dije cachorro, era probable que ocurriera –le dijo Sirius con amabilidad–. Me temo que así es como funcionan los chismes. ¿Y cuál es la situación de las víctimas?
–El Consejo aún no comprará la poción de mandrágora para ayudarlos –gruñó Harry–. Claro.
–Aunque creo que tienen algo de razón hasta cierto punto –dijo Hermione, para los sorpresa de los demás–. Mira, no me gusta dejarlos así tampoco, pero es cierto que si algo ocurre después, la poción no estará disponible.
–Sólo desearía poder hacer algo por los que están así ahora –dijo Harry–. Bueno, tengo mucho dinero. ¿Creen que yo podría comprar la poción?
–¿Tan tarde en la temporada? –dijo Remus en el espejo. El hombre lobo aún lucía desaliñado después de la luna llena dos noches antes–. Probablemente podrías pagarlo, pero va a ser mucho dinero… y no hay descuento: tu nombre no llega tan lejos en el extranjero. Y es como Hermione dijo, no hay nada que detenga al heredero de intentarlo de nuevo.
–Pero podría ayudarlos ahora.
–Harry, no creo que sea una buena idea –dijo Hermione con renuencia–. ¿Qué tal si el heredero viene tras de ti para vengarse? ¿Qué tal si comienza a matar a las personas en lugar de petrificarlas como venganza? Si el heredero fuera detenido, diría que lo hiciera, mientras mamá y papá estuvieran de acuerdo, pero no creo que deberías intentarlo hasta que estemos seguros en que estás a salvo. –Harry suspiró.
–Sí –admitió–. También tú, Mione.
–Así que, entonces, ¿crees que el heredero es una niña? –preguntó Sirius.
–No sé que pensar –dijo Harry–. Nada tiene sentido. ¿Hay alguna pista por su lado?
–Desafortunadamente, no –respondió Remus–. Sólo tengan cuidado, ambos. Es lo importante.
–Sí, muggle o no, tu mamá nos mataría si dejáramos que algo les pasara –agregó Sirius. Los niños sonrieron débilmente.
–Lo sabemos –dijo Harry–. Tendremos cuidado. –Hermione asintió.
–Oh, hablando de eso –agregó–, también quisiéramos que dijeran a nuestros padres que traigan a los padres de Justin lo más pronto posible. El Consejo aún está intentando evitar que alguien los contacte de nuevo.
–Claro. Lo haremos esta noche –dijo Sirius.
–Creo que también están evitando que sea publicado en el periódico –agregó Remus.
–¿Quizás deberíamos escribir una carta al editor? –sugirió Harry.
–Dudo que la publiquen. Por lo que he escuchado, suena a que Lucius Malfoy está manteniendo todo callado para poder controlar el proceso hasta poder despedir a Dumbledore. Y por supuesto, tiene bastante influencia en el Profeta.
–¿Pero por qué haría eso? –preguntó Hermione–. ¿Por qué lo necesitaría?
–Quizás no piensa que tiene la opinión del público para lograrlo de manera abierta –sugirió Sirius–. Tiene una mejor oportunidad sólo si tiene que controlar al Consejo.
–Pues, no podemos permitir eso –dijo Harry con firmeza–. ¿Y qué del Quisquilloso? Logró comenzar nuestra campaña contra Snape bastante bien, aún si no muchas personas lo leen. –Remus lo pensó por un momento.
–Mmm… podría funcionar. Claro, no puedo ver como podría permanecer secreto durante las vacaciones de Navidad con todos yendo a casa. Bueno, vale la pena intentarlo. Tendremos que pensar qué decir, pero sería útil.
–Genial. Parece que tenemos trabajo que hacer.
El día siguiente, una pareja muggle vestida de manera elegante y con una expresión de aturdimiento estaba siendo escoltada por el castillo para ver a su hijo, mientras que Dan y Emma Granger visitaban rápidamente a sus niños. En los días siguientes, las cosas no se tranquilizaron en la escuela. Después del ataque contra Justin y Nick Casi Decapitado, los estudiantes estaban casi en pánico. Si antes se aseguraban de no caminar solos, ahora prácticamente estaban en manadas, especialmente los Hufflepuff, quienes evitaban a Harry lo más que podían. Y a pesar de que cada vez hacía más frío, muchos estudiantes pasaban su tiempo afuera en el patio interior, quizás pensando que ahí sería más fácil ver venir la amenaza. Sin embargo, con tantos estudiantes en ese espacio, era una mezcla volátil, y cuando Harry, Hermione, y Neville decidieron caminar por ahí para respirar algo de aire fresco el domingo, incluso en su forma humana Harry pudo olfatear los problemas venir.
La primera persona con la que se encontraron fue Finn McLaggen. El Gryffindor de séptimo año estaban forzando sus productos en los estudiantes hijos de muggles alrededor de la escuela, y pronto cometió el error de ir tras Harry y Hermione.
–Oye, Hermione –dijo con voz suave–, tú eres hija de muggles. Que terrible asunto, ¿no? Si estás preocupada por el heredero, puedo ofrecerte un amuleto de protección por un buen precio. –Sostuvo un collar de aspecto extraño para que el trío lo viera.
–¡Oye, no le muestres nuestras protecciones a Potter! –gritó alguien. Se dieron la vuelta para encontrarse con el familiar grupo de Hufflepuffs acercándose para confrontar a McLaggen. Ernie Macmillan y Hannah Abbot parecían actuar como guardaespaldas para Sophie Roper, mientras que Susan Bones estaba parada cerca con incomodidad–. Él es el heredero, ¿qué no lo sabes? –dijo Ernie–. Si le muestras los amuletos, puede descubrir como cancelarlos.
–No soy el heredero de Slytherin, Macmillan –dijo Harry.
–¿No lo eres? –Harry, Hermione, y Neville se dieron la vuelta para ver que Fred y George Weasley se habían acercado a ellos. También notaron a Ginny detrás de ellos, quien sin éxito intentaba alejarlos de ahí.
–Supongo que eso explica porque no has atacado a este idiota –dijo Fred, señalando a McLaggen.
–Creíamos que sólo estabas esperando tu próxima hora del té en la cámara de los secretos con el monstruo de Slytherin –agregó George.
–¡Oh, basta! –dijo Ginny histéricamente.
–Es pura diversión, Gin –le dijo Fred.
–Mas te vale que tú tengas cuidado, McLaggen –dijo George–. Apuesto a que al heredero no le agradará que estés ayudando a los hijos de muggles.
–Si es lo que en verdad estás haciendo –continuó Fred con sospecha.
–Puedo cuidarme solo, Weasley –dijo McLaggen con prepotencia–, y te informo que estos amuletos de protección son excelentes.
–¡Entonces aléjalos de Potter! –Ernie se lanzó hacia él e intentó tomar el amuleto, pero los reflejos de Hermione fueron más rápidos. Tomó el collar de la mano de McLaggen y dio un paso atrás para alejarse de ellos. Ernie se lanzó hacia ella, pero Harry se colocó enfrente, sacando su varita con un chasquido de dedos.
–Sólo inténtalo, Macmillan –dijo.
–Sí, necesitas parar –dijo Neville nervioso mientras él también se colocaba enfrente de Hermione. Mientras Ernie consideraba sus opciones, Hermione cuidadosamente inspeccionaba el "amuleto de protección" que había tomado.
–Es un aro de Spimster –concluyó–. No te protegerá de nada más poderoso que un maleficio de tropiezo. –Sophie Roger, quien estaba usando un collar similar, soltó un grito ahogado y sus amigos la rodearon. Harry se dio la vuelta para enfrentarse a McLaggen.
–¿Estabas intentando estafar a mi hermana? –dijo con tono amenazante.
–Pues, yo… –respondió mientras comenzaba a sudar.
–¿Acaso no sabías que la mitad de nuestra familia y amigos vienen de antiguas familias sangre pura, y Hermione tiene una memoria casi fotográfica?
–¡Ja! ¡Así que lo admites! –interrumpió Ernie.
–Admito que sabemos de artefactos, y sabemos descubrir una estafa –respondió Harry–. ¿Y qué no se supone que tú también eres parte de una familia sangre pura antigua?
–Así es. Se puede rastrear el origen de mi familia por nueve generaciones de brujas y hechiceros y...
–Y estás en el directorio sangre pura, lo sé. Y no me importa, sólo me preocupa que no reconociste que Sophie usaba un amuleto falso… o no le dijiste.
–¡Deja a Sophie fuera de esto! –gritó Ernie, sacando su varita.
–Sophie es mi amiga… espero –le dijo Harry. La punta de su varita comenzó a brillar por sí sola–. También estoy intentando protegerla. –Ernie comenzó a responder, pero en ese momento, Susan Bones intervino y bajó la mano que sostenía su varita.
–En caso de que no lo hayas notado, Harry ha estado intentando ayudar a los hijos de muggles desde que llegó aquí.
–Sue, ¿qué no lo entiendes? –respondió, bajando su voz–. Habla parsel. Todos saben que es la marca de un mago oscuro. Es un acto. Probablemente sólo pretendió hacerse amigos con todos los hijos de muggles el año pasado para descubrir quienes eran. Ya se deshizo de Justin por ganarle en ese duelo. No voy a dejar que también ataque a Sophie.
–Oh, por todos… ¡sólo porque hablo parsel no quiere decir que soy el heredero de Slytherin! –gritó Harry con el volumen suficiente para que el patio entero lo escuchara. Su varita comenzó a lanzar chispas, haciendo que Ernie diera un paso atrás. Hermione podía sentir su magia en al aire–. No estoy atacando a los hijos de muggles. Me agradan los hijos de muggles. Mi hermana es hija de muggles, y conozco a los demás porque fuí a la orientación con ella, ¿lo recuerdas, Sophie? Y no soy tan orgulloso que atacaría a alguien porque me ganó en un duelo, Macmillan. –La nieve comenzó a moverse a su alrededor, y Neville dio un paso atrás con preocupación.
Con Harry en peligro inminente de perder control de su magia, Hermione hizo algo que no había hecho en mucho tiempo. Colocó una mano en su nuca y lo agarró con firmeza. Sus extremidades de inmediato se pusieron tiesas y se sintió tambalear. Su magia se calmó al instante, mientras respiraba profundamente y se tranquilizaba hasta que ella lo soltó.
–Eso es suficiente, Harry –siseó mientras Neville los miraba con confusión.
–¿Problemas, Sr. Potter? –dijo una nueva voz, y Harry gruñó en voz baja cuando vio a Draco Malfoy llevar a un grupo de Slytherin a que se unieran a la multitud.
–Nada que sea de su interés, Sr. Malfoy –dijo Harry con tono neutral.
–Oh, no estoy seguro de eso, Potter. Están ocurriendo una serie de cosas terribles, y tú siempre pareces estar en medio de todo.
–¿No crees que estás exagerando un poco?
–Oh, vamos, Potter –interrumpió Nott–. ¿Qué crees que estás haciendo trayendo muggles al castillo?
–Nosotros creemos que los padres tienen el derecho de visitar a sus hijos cuando son seriamente heridos, Nott. Estoy seguro de que nadie lo pensaría dos veces si fueran los padres de algún sangre pura en este círculo, Merlín no lo permita.
–¿Así que ahora estás tomando ambos lados? –interrumpió Ernie.
–¿Puedes parar, Macmillan? ¿Qué no puedes aceptar no soy yo quién está haciendo todo esto?
–Vaya, qué modales, Potter –se burló Malfoy–. Eso de hecho es una buena idea, tomando ambos lados para que las personas tengan que adivinar. Por supuesto, sabes lo que dicen, la sangre revelará la verdad.
–¿Y eso qué quiere decir? –dijo Harry enfurecido–. ¿Mi familia adoptiva no es lo suficiente buena? Además, mi sangre es de una familia antigua de la luz y una hija de muggles, no es exactamente el historial de un heredero de Slytherin.
–Obviamente la sangre Slytherin es más fuerte si hablas parsel.
–Hay otros hablantes de parsel, Malfoy –interrumpió Hermione.
–¿Ah, sí? –se burló Nott–. Yo que tú desearía que tu supuesto "hermano" sea el heredero, Granger. Sino, irá tras de ti también.
–Nott, te lo advierto… –Harry elevó su varita en su dirección.
–¿Qué? Si en verdad no eres el heredero, sabes que lo hará.
–O quizás sí es el heredero –mencionó Malfoy.
–Sí, así es. ¿Estás haciendo una excepción para tu pobre, asustada, hermana san… muggle? –agregó Nott.
–¡Dije que es suficiente…! –comenzó Harry, pero Hermione empujó su mano abajo.
–Puedo cuidarme sola, Nott –dijo ella.
–Veremos. –Pero Malfoy continuó.
–Claro, quizás Potter no es el heredero –dijo a la multitud creciente con indiferencia–. Después de todo, tendría más sentido que el heredero estuviera en Slytherin… a menos que lo eso es lo que quiere que todos piensen. –De repente, Neville se unió a la discusión.
–¿Y cómo sabemos que tú no eres el heredero, Malfoy? –Malfoy se paralizó, pero se recuperó rápidamente.
–¿Y qué… si lo soy? –se burló–. Y quizás tú también deberías cuidarte, Longbottom.
De repente, Harry comenzó a reírse en voz alta. El sonido era tan incongruente que todos se detuvieron y lo observaron.
–¡Ja! Parece que Potter finalmente se volvió loco –dijo Malfoy.
–Oh, vamos, Malfoy –le dijo Harry–, ¿te das cuentas de que eres la persona menos probable en esta escuela relacionada a Salazar Slytherin?
–¿Disculpa? ¿Estás diciendo que mi sangre no es lo suficiente pura para ser el heredero de Slytherin? –dijo con aire ofendido.
–No, es muy pura. Eres Draco Malfoy. Heredero de la Casa Noble y Antigua de los Malfoy. Tu madre es una Black, su madre Rosier, y así… todos los miembros de las Veintiocho Sagradas Familias, los más puros de los sangre pura. Tu familia probablemente es la mejor documentada en el país, y si hubiera una gota de sangre Slytherin, los Ravenclaw lo sabrían. –Hubo murmullos de acuerdo de algunos testigos Ravenclaw.
–Pero en el mundo muggle, las cosas son diferentes. Las familias mágicas usualmente han tenido dos hijos por generaciones, pero los muggles tuvieron cuatro, cinco, o seis en una familia siglo tras siglo, y la mayoría nunca fueron documentados… bueno, no todos. Estaban muy preocupados intentando permanecer vivos.
–¿Y? Todos sabemos lo patéticos que son los muggles –dijo Malfoy, pero sonaba algo nervioso, como si tuviera el presentimiento de a dónde iba la conversación. Aunque sus compatriotas no parecían tener idea.
–¿No lo ves? –continuó Harry–. ¿Todas esas generaciones desconocidas? Lo único que hace falta es un tataranieto squib, y Salazar Slytherin podría ser ancestro de todos los muggles en Europa. Y sólo tomaría un hijo de muggles tatarabuelo hoy en día, y él podría ser el ancestro de todos los hijos de muggles, mestizos, o sangre pura en Gran Bretaña… excepto tú, Malfoy. Tu sangre es muy pura para estar relacionado con él… a menos que sí tengas a algunos hijos de muggles en tu árbol genealógico de los que no quieras decirnos. –Algunos en la audiencia soltaron exclamaciones de asombro. Dándose cuenta de a qué punto había llegado Potter, Malfoy no tuvo otra opción mas que retroceder.
–Sí, estás loco, Potter. En verdad espero que no seas el heredero –dijo sin efecto–. Estás tan loco que no creo que podrías distinguir a los hijos de muggles del resto de nosotros. –Se dio la vuelta y se fue.
–Sí, pues, ¡quizás es algo bueno! –llamó Harry detrás de él. Se dio la vuelta y miró a Ernie con molestia–. Así que, Macmillan, ¿en verdad vas a creer a Malfoy en todo esto? –preguntó. Ernie le regresó la mirada.
–Quizás no –admitió–, pero aún te estaré vigilando, Potter. Vamos, Sophie.
Sophie aún miraba a Harry con miedo, y cuando Ernie se dio la vuelta para irse, ella también se dio la vuelta y se apresuró detrás de él, permaneciendo cerca de él y Hannah. Harry gruñó en voz baja.
–Odio ver a Sophie temerme de ese modo.
–Lo siento, Harry –comenzó Hermione–. Ernie es...
–¿Prejuicioso?
–Iba a decir paranoico. No pudo ayudar a Justin, y está preocupado por Sophie. Muchas personas tienen miedo.
–No deberían tener miedo de mi –murmuró.
–No tienen idea de quien más podría ser el heredero. En verdad me preocupa no saber quien es, y se que a ti también. –Se acercó y tomó su nuca de nuevo, aunque con más ligerez… la misma presión que una madre gata aplicaba a su gatito tomándolo de la parte de atrás de su cuello–. ¿Estás bien?
–Ya no tengo cinco años, Mione –murmuró en su oído.
–No importa. Funciona en todos los gatos –susurró ella, pero lo dejó ir, y se dirigieron de vuelta al interior del castillo.
–Vaya –dijo Neville mientras caminaba con ellos–, no puedo creer que ganaras el argumento contra Malfoy de ese modo. Nunca pensé sobre la sangre de ese modo, pero es cierto. Debe de haber muchas mezclas que no conocemos. –Harry y Hermione asintieron.
–Es un muy buen punto, Harry. –El trío se sorprendió cuando vieron a Luna Lovegood dando pequeños saltos a su lado. ¿De dónde había salido? Parecía tener la tendencia de ocultarse en el fondo–. ¿Crees que estarías interesado en escribir sobre el tema para el Quisquilloso? Creo que a nuestros lectores les gustaría una perspectiva alterna sobre el tema de la pureza de sangre.
–¿Al lado de los nargles? –murmuó Hermione. Desafortunadamente, Luna la escuchó. Se dio la vuelta y miró a Hermione con sus inescrutables ojos plateados.
–Quizás no creas en los nargles, Hermione, ¿pero cómo explicas dónde terminan todos los calcetines perdidos durante el lavado?
–Lo más probable –respondió–, es que un par de calcetines es dividido en dos cargas, y las personas lo interpretan como dos calcetines perdidos. –Luna no parecía feliz, pero Harry se interpuso para evitar una pelea.
–Pueden discutir sobre los nargles después. Luna, yo… quizás estaría interesado en escribir sobre eso, si tú me ayudas. Pero creo que me gustaría ver la reacción del público a los ataques primero. Deberíamos de enfocarnos en una cosa a la vez.
–Lo entiendo. Aprecio que estés dispuesto a trabajar con nosotros, Harry –dijo Luna. Se acercó y le susurró de manera conspiratoria–. La mayoría de las personas piensan que soy algo extraña. Dicen lo mismo de mi papá.
–Pues, ¿para qué son los amigos? –dijo Harry–. Además, ser normal es sobrevaluado.
Luna le mostró una leve sonrisa mientras daba saltos a su lado. Harry pensó que significaba mucho para ella ya que su expresión usualmente no cambiaba de su mirada soñadora. No podía negar que era extraña, pero en su opinión, era bastante divertida.
