Harry Potter es de la imaginación y voluntad de JK Rowling, y esta historia es de la imaginación y voluntad de White Squirrel.

Notas de la traductora: ¡Feliz Año Nuevo! Y ¡Feliz Aniversario! Una gran disculpa por la semana de retraso. Estaba de vacaciones y aunque el capítulo ya estaba listo, tuve menos conectividad de la esperada. Pero publicaré el siguiente capítulo el próximo fin de semana, y de ahí regresamos a un capítulo cada dos.

Muchas gracias por todo su apoyo estos dos años, en especial a los que dejan reviews, y por continuar siguiendo esta historia. Es un placer poder compartirla con ustedes y estos dos años han sido muy entretenidos y un gran proceso de aprendizaje.

Les deseo un excelente año y los veo en una semana. ¡Disfruten!


Capítulo 54

Para cuando Harry y Hermione subieron al Expreso de Hogwarts, Hermione había logrado encontrar un libro, no sólo un capítulo o ensayo académico, sino que un libro entero, sobre las nutrias. Aún perturbaba a Harry lo fácil que le era trabajar la biblioteca.

–¿Es para tu entrenamiento para tú-sabes-qué? –preguntó cuando comenzó a leer en el tren antes de que su compartimiento se llenara.

–Sí –respondió con orgullo–. Sirius dice que necesito aprender sobre la anatomía de las nutrias para poder visualizar claramente el cambio. Es muy interesante.

–Vaya. Me alegro poder hacerlo de manera natural. –Hermione sólo sacudió la cabeza.

–Quizás deberías leer sobre gatos. Comprenderlos mejor no haría daño.

–Mione, viví como un por dos meses, y… –se interrumpió cuando la puerta del compartimiento se abrió–. Oh, hola, Neville.

–Hola, Harry. Hola, Hermione. –Neville lanzó una mirada extraña al libro de Hermione, pero sacudió la cabeza y lo ignoró. Ella leía cosas extrañas a veces–. ¿Qué tal sus vacaciones?

–Muy bien –dijo Hermione–. Fue agradable alejarse por un tiempo. Sólo espero que este semestre sea menos emocionante que el anterior.

–Eso sería estupendo –dijo Harry.


El semestre sí comenzó de manera tranquila. Dumbledore anunció la nueva regla de asistencia a clases y el cierre de las mazmorras durante la cena en la primera noche. Nadie reaccionó de manera sospechosa, pero después de unas semanas, no hubo ataques nuevos así que las personas comenzaron a calmarse. Parecía que sólo los Slytherin continuaban intentando causar problemas.

–Así que, Potter, parece que mi padre logró estafar a tu padrino en un intercambio de elfos –dijo Draco Malfoy un día cuando acorraló a Harry en el vestíbulo de la entrada.

–Yo no lo llamaría una estafa, Malfoy –dijo Harry–. Sirius quería un elfo que se llevara mejor con él, y lo consiguió. Está muy consciente de como funcionan los precios.

–Debió de quererlo bastante con lo que pagó.

–Todos estamos bien con el resultado del trato –dijo Harry–. No veo razón para que tú te quejes.

–Sólo pensé que querrías saber lo malo que fue el trato, Potter.

–Bueno, obviamente no puedes esperar que este grupo tenga un buen sentido para los negocios, Draco –dijo Theo Nott.

–No creo que eso sea justo, Nott –dijo Hermione.

–Nadie te preguntó, Granger –soltó Nott.

–Disculpa –intervino Harry–. Agradecería que no le hablaras de ese modo. Y te informo que mi sentido para los negocios es lo suficiente bueno. Sirius simplemente eligió realizar ese trato por sus propias razones. Y Malfoy, si tú y tu familia están contentos con Kreacher, ¿por qué estás tratando de crear un problema?

Malfoy no tenía una respuesta para eso, pero Hermione decidió presionar más el asunto.

–Incidentalmente, Malfoy –dijo con dulzura–, examiné a Dobby después de que se mudó al hogar de Sirius. Lucía bastante maltratado, y en verdad parecía apreciar el cambio de ambiente.

–¿Qué estás diciendo, Granger? –dijo Malfoy con tono amenazante. Ella no retrocedió.

–Digo que no parece que era tratado muy bien. ¿Tienes algo que decir sobre eso? –Él titubeó, pero después habló con firmeza.

–Sólo que tenemos el derecho de tratar a nuestro elfo como queramos.

–¿Incluso golpeándolo? –presionó Hermione.

–¡No es de tu incumbencia! –dijo Nott antes de que Malfoy lo hiciera para atrás.

–Es decencia común –ella soltó de vuelta.

–Hermione, ¿este es el mejor momento? –preguntó Harry en voz baja, intentando calmarla también ya que veía que una multitud comenzaba a rodearlos.

–¿Por qué no? –respondió–. Tiene que ser dicho en algún momento. Es decencia común, Nott. En el mundo muggle dejamos de golpear a nuestros sirvientes hace más de cien años.

–¿Y por qué nos importa lo que hacen en el mundo muggle, Granger? –se burló Theo Nott, ignorando a Malfoy–. Muestra lo tontos que son los muggles.

–¡Oye! Nuestros padres son dos de esos muggles a los que llamas "tontos". Deberías mostrar más respeto.

–Mostraré respeto cuando sea merecido. eres quien debería cuidar lo que dices, Granger. El heredero de Slytherin aún sigue aquí. Sería una lástima que decidiera ir tras de ti.

–¿Qué quiere decir eso, Nott? –demandó Harry, bufando de manera involuntaria y colocándose enfrente de Hermione.

–Justo lo que dije, Potter. Si Granger quiere lucir como una idiota, no le va a ganar puntos con el heredero.

–¿Es una amenaza? –dijo Harry.

–Es un hecho, Potter. Tú recuerdas lo que el mensaje decía: "¡Teman enemigos del heredero!" Todos los sangre sucia son enemigos del heredero. –Hubo exclamaciones de sorpresa por sus palabras mientras se enfocaba en Hermione de nuevo–. Especialmente sangre sucia entrometidos, odiosos y sabelotodos como tú.

Hubo un fuerte ruido y el sonido de chispas, y de repente, Harry tenía su varita apuntando al rostro de Nott.

–¡Retráctate! –gritó.

Más rápido de lo que Harry esperaba, Nott sacó su propia varita.

–¿Por qué debería, Potter? Es exactamente lo que Granger es.

–¡No permitiré que hablen así de mi hermana!

–¡Ja! "Hermana". No creo escuchar "Potter" en su nombre –dijo Nott con una sonrisa.

–¡Eso no importa, tú, troll! Es mi hermana por ley. –Comenzó a mover su varita.

De repente, Malfoy intervino. No podía dejar que eso continuara, por mucho que quisiera. La provocación (¡exitosa!) de Nott era entretenida, pero su padre le había dado instrucciones estrictas de mantener la presión en el tema del heredero de Slytherin a menos que no fuera posible. Con la escuela dividida en el tema no necesitaba ayudar a la imagen de Potter como defensor de los sangre sucia.

–¿Conoces el Código de Honor, no, Potter? –dijo.

Harry se paralizó. El Código de Honor no era jurídicamente vinculante, pero reputación era todo en el Wizengamot y no sería bueno para él quebrantarla. Su mente se aceleró mientras intentaba recordar las diferentes costumbres arcanas.

–¿Qué sobre eso? –dijo con cautela.

Hermione jaló su manga y bajó su brazo con su varita.

–Honor familiar sólo aplica a familiares de sangre y cónyuges –dijo ella con voz baja–. Es sobre las líneas sanguíneas.

–¿Qué? ¡Eso no es justo! –susurró de vuelta.

–Tiene razón, Harry –dijo Neville, acercándose hasta estar a su lado–. Necesitas calmarte.

Harry rechinó sus dientes y siseó de manera amenazante, pero guardó su varita.

–Esto no se ha acabado, Nott –dijo.

–Lo veremos, Potter. No aprecio que me apuntes con tu varita sin razón… pero supongo que no puedo culparte por no recordar el Código de Honor considerando que fuiste criado por muggles. Aunque… hubiera esperado mejor del heredero de Slytherin. –Muchos Slytherin se burlaron de eso mientras que Harry le lanzaba una mirada molesta y se alejaba furioso..

–Esto es ridículo –gruñó Harry una vez que estuvieron lejos de ellos–. Debería poder defender a mi propia familia.

–Lo siento, Harry, así son las cosas –respondió Neville nervioso–. ¿Estás bien? Estabas actuando algo… curioso allá atrás.

–Sí, estoy bien. Sólo algo molesto. Dime, Neville, no debería haber una manera de poner a Hermione bajo la protección de mi familia o algo así.

Neville se congeló como un venado enfrente de unos faros y se dio un golpe en la frente.

Por supuesto, debí de pensarlo. Harry, tú eres la cabeza de tu casa. Tú eres la ley en tu familia. Puedes declararlo si quieres.

–¿Puedo? –dijo Harry con sorpresa.

–Claro que puedes. Quiero decir, te dirán algo si lo usas muy seguido o algo así, pero nadie lo cuestionará por una hermana adoptiva.

–Genial. Regresaré a decirles...

–Harry, espera. –Hermione lo tomó del brazo y lo detuvo–. Probablemente está bien, pero creo que deberíamos hablar con Sirius primero para asegurarnos de que no haya implicaciones políticas que no queramos. Neville, ¿cuáles son los verdaderos efectos de esta protección?

–Pues, no mucho realmente. Es como las alianzas y todas esas cosas. Un anuncio público de que te defenderá bajó el Código de Honor. No creo que haga mucha diferencia, pero probablemente deberías preguntar a un adulto primero.

–De acuerdo, preguntaremos esta noche –dijo Harry.

La noche siguiente durante la cena, Harry realizó su anuncio. Justo antes del postre, se puso de pie y miró al comedor, observando especialmente a la mesa de Slytherin. Todos dejaron de hablar y lo miraron rápidamente. Era Harry Potter después de todo.

–Disculpen –dijo–. Sólo quería hacer el anuncio formal que mi hermana, Hermione Granger, está bajo la protección de la Noble Casa de los Potter. Cualquiera que tenga un problema con eso tiene un problema conmigo. –Se sentó de nuevo sin decir más en medio de una oleada de susurros preguntándose como esto cambiaría la dinámica de poder en Hogwarts.


Tom se encontraba en un apuro. Los ataques hasta el momento habían acercado más a los hijos de muggles y los habían acercado más a Potter en lugar de alejarlo. El niño Malfoy aún empujaba el "Potter es el heredero de Slytherin", pero Tom podía ver que esa táctica era una causa perdida. Aún peor, no había llevado a Potter a investigarlo por sí mismo y no estaba más cerca de tenerlo en sus garras.

Quizás algo que lo afectara más de cerca sería mejor.

Sin embargo, eso también era un problema. Cada vez era más difícil convencer a Ginny de seguirlo. Eso le sorprendió. Le sorprendió que una niña de once años tuviera tanta fuerza de voluntad en ella, especialmente después de haberla influenciado por meses. Ir tras un blanco específico con anticipación sería más difícil. Probablemente sería mejor atacar a quien tuviera la oportunidad.

Bueno, nada más que pudiera hacer...

Ginny, creo que es hora, le dijo.

¿Hora de qué? Respondió ella nerviosa.

De continuar nuestra labor.

Tom, por favor, no. Ya no quiero hacer esto. Aún no podía recordar lo que había ocurrido durante esos ataques, pero tenía el presentimiento de que era algo malo… y que ella estaba involucrada de algún modo… un miedo profundo del que había olvidado la razón.

Harás lo que te digo, Ginny.

N...n...no…

Lo harás.

D...dije que no, Tom. No lo haré de nuevo. Sólo pensar esas palabras la hizo sentir más fuerte. No entiendo qué está ocurriendo, pero ya no quiero hacerlo. Sólo quiero que termine.

No tienes opción, Ginny. Me obedecerás.

No.

¡Me obedecerás!

¡No!

–¡No de nuevo! ¡Es todo! ¡Ya me cansé de ti! –Con sólo un movimiento, antes de que pudiera cambiar de opinión, Ginny se levantó de su asiento en la sala común vacía y lanzó el diario a la chimenea.

Chispas saltaron alrededor del diario, y se sintió satisfecha por un breve momento. Pero entonces vio, para su horror, que el diario no se quemaba.

Una risa helada y aguda resonó en su mente… una risa que despertó un recuerdo en el fondo de su mente… una que recordaba de la descripción escalofriante en la apertura de Harry Potter en el Expreso Oriental. Su corazón comenzó a latir aterrorizado mientras la voz de Tom se elevaba… desde el corazón de las flamas, desde dentro de su cabeza, no estaba segura… Tonta Ginny. ¿Creíste que guardaría mis recuerdos en algo tan frágil como papel y tinta? ¡No puedes escaparme!

N...n...no… Tom, por favor, para, rogó Ginny, hundiéndose en el piso a lágrimas.

Recoge las tenazas.

Por favor vete.

Toma el diario.

Déjame en paz.

Pero no tenía sentido. Tom ya la había quebrantado con sorpresa y asombro, y ella no pudo resistirse. Comenzó a guiarla a la entrada de la cámara. No fue hasta que llegó a la puerta del baño fuera de servicio que comenzó a salir del trance.

¡No! ¡No lo haré!

–¡No lo haré de nuevo! –gritó, esperando y temiendo que alguien la escuchara. ¡No dejaré que me controles más!– No puedes obligarme.

Puedo y lo haré.

¡Basta!

Entró al baño.

¡Déjame ir!

Caminó hacia el lavabo y fue entonces que vio su reflejo en el espejo. Sus ojos brillaban con un terrible tono rojo, pero eso sólo era el comienzo. Su piel tenía un color fantasmal. Estaba más delgada de lo que había estado en Septiembre, incluso en las vacaciones, y había ojeras en sus ojos tan oscuras que parecían pintadas. La expresión en su rostro lucía congelada entre cruel y temerosa. Podía ver claramente lo que el diario le estaba haciendo y nunca había estado más aterrorizada en su vida.

¡Abre la cámara! Ordenó Tom.

¡NO! Con todo lo que tenía dentro de ella dio un paso atrás, y otro, y otro más, y alejó la mirada de ese maldito lavabo. Corrió al primer cubículo al final de la hilera. Histérica pensó, te dejaré aquí. Nadie usa este baño nunca. ¡Nadie te encontrara nunca! Pateó la puerta del cubículo, lanzó el diario a la taza con toda su fuerza, y jaló la manija para que se fuera por si acaso. Entonces, se dio la vuelta y corrió.

Escuchó un grito furioso y un gorjeo detrás de ella. Debió de haber molestado a Myrtle la llorona. Pero ni siquiera se detuvo. Siguió corriendo, de algún modo sin encontrarse con alguien, hasta llegar a la seguridad de su dormitorio, y finalmente una ola de alivio la inundó, y comenzó a reírse con alegría. Ya podía sentir la influencia del diario desvanecerse.

¡Era libre!


–Hola, Hagrid.

–Hola chicos. ¿Qué los trae por aquí en un día tan frío?

Harry, Hermione, y Neville habían enfrentado la nieve para ver a Hagrid una vez que se sintieron cómodos con el nuevo semestre. Era una tarea delicada el obtener la información que necesitaban de él. Hagrid solía ser algo reservado sobre su vida personal, pero necesitaban seguir todas las pistas. Intentaron llegar al tema con delicadeza.

–Queríamos hablar contigo, Hagrid –dijo Hermione–. No se ve mucho en el castillo en esta época, y es difícil salir del castillo con… bueno, tú sabes.

–Oh, cierto. Lamento que estén involucrados en eso… –titubeó Hagrid, como si estuviera considerando agregar más, pero sólo dijo–, bueno, pasen. Les haré una taza de té-

Entraron y se sentaron. Harry y Hermione aún cabían juntos en uno de los sillones individuales (quizás siempre cabrían considerando que fueron hechos para Hagrid). Neville acarició a Fang con cautela bajo su barbilla mientras se sentaba en otro sillón. Incluso después de un año y medio Harry observó al perro con cautela, esperando que no fuera sospechoso: había notado que Neville lo miraba de manera curiosa en varias ocasiones.

–Así que –dijo Hagrid mientras dejaba el juego de té y bandeja con pasteles de roca–. ¿Todo bien este semestre?

–Sí –respondió Harry–. Bastante tranquilo por el momento.

–Esperemos que siga así –murmuró Hermione.

Continuaron hablando sobre nada en especial por un tiempo, pero la conversación nunca se alejó de la situación actual. Eventualmente, Harry sintió que era el momento correcto de mencionar lo que quería preguntar.

–Hagrid –dijo en voz baja–, comprendemos que no te sientes cómodo hablando sobre esto, pero creemos que podrías ayudarnos. La profesora McGonagall mencionó hace un tiempo que fuiste expulsado de la escuela en 1943. –Hagrid de inmediato se puso rígido en su asiento–. Y Dumbledore dijo que los últimos ataques relacionados con la cámara de los secretos ocurrieron también en 1943. Y nos preguntábamos… si está conectado… si sabes algo sobre...

–Pues… eh… Harry, no hay razón de hablar sobre eso –respondió Hagrid con incomodidad–. Dumbledore ya sabe todo lo que se.

–Sí, estamos seguros que le dijiste todo, Hagrid –dijo Hermione con gentileza–. Pero aún así, nos gustaría escucharlo de ti si estás de acuerdo. El profesor Dumbledore es un buen hombre, pero hemos tenido dificultades con él en el pasado… y tú también, si somos honestos. –Recordaba como Dumbledore había manipulado al hombre para que revelara información el año anterior–. Tenemos otros contactos… personas como nuestro padrino y la abuela de Neville y Amelia Bones… a quienes nos gustaría informar lo ocurrido.

–Mmm… cuando lo ponen de de ese modo… –comenzó Hagrid, pero se detuvo, cerrándose de nuevo.

–No quiero forzarte, Hagrid. Sólo estoy preocupado por Hermione –dijo Harry, colocando un brazo alrededor de los hombros de su hermana–. Acordamos que era lo suficiente seguro para regresar, pero aún así, quiero estar seguro.

–¿Y qué de ti, Harry? –respondió Hermione–. Soy tu hermana mayor. Se supone que soy yo quien tiene que cuidarte a ti.

Harry podía ver que la determinación de Hagrid se debilitaba. Sabía que el hombre era débil contra los lazos familiares y de amistad… no que eso fuera algo malo.

–Ya, ya –murmuró Hagrid. Se inclinó sobre la mesa y los tres niños automáticamente hicieron lo mismo–. De acuerdo –dijo el hombre en voz baja–, apreciaría que no le dijeran a nadie. Sólo a sus familias y ya. Podría meterme en problemas si se supiera… Quizás ya hay muchos problemas, pero aún preferiría que no se supiera.

–Lo entendemos, Hagrid –dijo Harry, hablando por los tres–. Guardaremos el secreto.

–Bien. Eres un buen muchacho, Harry. De acuerdo, en mi tercer año aquí me metí en problemas. Me había metido en problemas antes, pero nada mayor. Pero en tercer año conseguí algo grande… conseguí un huevo de acromántula. –Hermione soltó un grito ahogado.

–¡Hagrid! –lo reprimió–. Una araña inteligente, gigante, y come hombres en la escuela, en serio… ouch. –Harry le había dado un codazo para callarla.

–Oye, mira, son criaturas poco comprendidas, las acromántulas –dijo Hagrid–. Y Aragog era tan lindo cuando nació. No más grande que un pequinés.

¿Aragog? Pensaron todos los niños. Por supuesto que Hagrid lo nombraría. ¿Y un pequinés? Considerando que era una araña, eso era bastante grande.

–¿Y qué ocurrió? –preguntó Harry.

–Pues, estaba cuidando a Aragog en las mazmorras. En secreto, ustedes saben. La mayoría no lo hubiera apreciado mucho. Las cosas hubieran estado bien excepto que estudiantes comenzaron a ser atacados y petrificados.

–Hijos de muggles –dijo Hermione.

–Así es, pero todos tenían miedo. Nadie podía comprender quien o que lo estaba haciendo, excepto que estaban seguros de que la cámara de los secretos había sido abierta, justo como ahora. Intentaron más seguridad, pero continuó ocurriendo. Entonces, al final del año, una niña fue matada en lugar de petrificada. Pobre niña… era una Ravenclaw en mi año. Myrtle, eh… Myrtle Warren, creo que se llamaba. Agradable. No muy bonita, y siempre la molestaban por eso. Claro, yo tampoco lo era, pero les daba miedo decírmelo a la cara. La cosa es, aún no saben que lo hizo. Lo curioso es… creo que Aragog lo sabía, pero no me lo quiso decir. Quizás era una cosa de arañas o algo.

–Bueno, el Consejo iba a cerrar la escuela después de eso a menos que los profesores atraparan a quien lo hizo. Pero había un prefecto en Slytherin llamado Tom Ryddle, y se le metió la idea en la cabeza que Aragog era el monstruo que la mató. Le dije que Aragog nunca lastimaría a nadie, además, las acromántulas no petrifican a las personas. Les sacan los jugos, justo como las arañas normales. –Los tres se pusieron verdes al escucharlo–. Pero él… él no me escuchó, y me atacó… a mi y a Aragog. Aragog apenas escapó del castillo con vida. Tuvo que esconderse en el bosque prohibido después de eso.

Una expresión de horror cruzó el rostro de Hermione mientras Hagrid se entristecía por la criatura clase xxxxx.

–Hagrid… ¿Aragog aún está ahí? –preguntó.

–Claro que sí. Tiene una buena vida ahí. Incluso encontró una pareja, de algún modo… probablemente el mismo tipo que me vendió el huevo. Pero no se preocupen. No salen de ahí. Les digo que si quieren vivir en el bosque, tienen que permanecer en su territorio. –Hermione y Harry intercambiaron una mirada nerviosa. No sonaba muy alentador–. Así que después de que Ryddle ahuyentó a Aragog, me entregó al director Dippet y le dijo que yo fui quien abrió la cámara. El profesor Dumbledore estaba de mi lado, dijo que estaba mal, pero Dippet sólo escuchó a Ryddle, así que ellos… rompieron mi varita y me expulsaron… Pero no fui yo; ni siquiera tenían suficiente evidencia para ir a juicio, así que no había nada más que pudieran hacer. Pero aún así, ya no podía hacer magia (no oficialmente, por lo menos), y no se puede ir lejos en un mundo así, así que estaba en un verdadero apuro.

–Por suerte, Dumbledore convenció a Dippet de dejarme como aprendiz de guardabosques. Verán, le dijo que nunca quise lastimar a nadie, que había cometido un error y había aprendido mi lección… lo cual era cierto, si lo pienso. Nunca intenté criar a una acromántula en el castillo de nuevo.

No, sólo intentaste criar a un huevo de dragón en un cabaña, pensaron los niños.

–Bueno, ya no hubo más ataques así que todos estaban seguros de que Ryddle se había deshecho del monstruo… y lo dejaron así ya que Aragog nunca lastimó a nadie... y pensaron que ya no había peligro.

–Excepto que nunca encontraron al monstruo real –observó Harry–. Aún sigue en la cámara después de todos estos año, y ahora alguien la abrió de nuevo. –El rostro de Hagrid se ensombreció.

–Lo sé. Dumbledore intentó advertirles, pero nadie lo escuchó.

–¿Pero por qué se detuvieron los ataques después de que fuiste expulsado? –preguntó Hermione–. El heredero debió de estar tras más que culparte. Porque se molestaría… a menos que el heredero fuera Ryddle y no quisiera levantar sospecha.

–Espera un minuto. Ya sabemos quien fue el heredero en esa época –intervino Harry.

–¿Lo sabemos? –dijo Hermione con sorpresa.

–¿Lo sabemos? –repitió Neville.

–Sí, Hagrid, Dumbledore nos dijo que pensaba que el único heredero de Slytherin con vida era Voldemort. –Hagrid soltó un grito ahogado.

–¡No digas ese nombre! –Harry y Hermione suspiraron con pesadez–. Eh, lo siento, pero no me gusta que lo digan. Supongo que no importa ya que ya lo descubrieron, pero Dumbledore no ha hecho esto público. No se porque, debe tener alguna buena razón. Así que sólo recuerden eso. Tienes razón, Harry. Dumbledore nos dijo… durante la guerra… que Quien-Ustedes-Saben es Tom Ryddle.

Harry sólo asintió, pero Neville soltó un grito ahogado.

–¿C...conociste a Qu...Quien-Tú-Sabes en la escuela? –tartamudeó entre el asombro y el horror.

–Sí. No lo conocí tan bien, claro. Pero era un estudiante brillante. Todos los maestros lo adoraban excepto Dumbledore… incluso fue Premio Anual. Yo pensaba que era algo raro, incluso antes de que me acusara. Era el líder de un grupo de Slytherins como el niño Malfoy, pero peor.

Ahora Harry tembló. La sola idea de Voldemort como estudiante le parecía escalofriante. De repente se dio cuenta que muchas personas cercanas a la edad de Hagrid debieron de conocerlo ya que sólo hay una escuela en el país. ¿Acaso la profesora McGonagall lo conoció? ¿O la profesora Sprout? ¿O Flitwick? ¿O Kettleburn?

Pero mientras tanto, Hermione estaba considerando el lado práctico.

–Hagrid –dijo–, dijiste que te preocupaba meterte en problemas. ¿Estás teniendo problemas ahora? –Hagrid tembló un poco.

–Aún no –dijo con seriedad–, pero si estos ataques continúan, las personas comenzarán a pensar que soy yo de nuevo. No quiero pensar en lo que ocurrirá si eso pasa.

–¡Pero eso es ridículo! –protestó ella–. Has estado aquí por cincuenta años, y le agradas a todos menos a los Slytherin. ¿Por qué atacarías ahora?

–Se que son tonterías, Hermione, pero cuando las personas se asustan hacen cosas terribles, y si Dumbledore no puede descubrir quien es el verdadero heredero, yo seré al único al que puedan señalar.

–Tendremos que esperar que no haya más ataques –concluyó Harry–. Desearía que pudiéramos hacer más, pero… Hagrid, ¿Tom Ryddle nunca insinuó donde estaba la cámara? ¿Cómo entró? ¿Quién más podía entrar?

–¿O qué hay ahí? –agregó Neville.

–No, nunca escuché nada sobre eso –dijo Hagrid–. Ryddle era muy listo. Yo y Dumbledore somos los únicos que sospechamos de él. Así que sean listos los tres y manténganse a salvo.

Los tres jóvenes estuvieron de acuerdo.


El llanto de una joven se escuchó en eco por todo el segundo piso. El sonido venía de un baño que había sido marcado como FUERA DE SERVICIO por más tiempo de lo que alguien podía recordar, y todo el pasillo estaba inundado, como ocurría de vez en cuando, pero eso no detuvo a la pequeña rubia de entrar. El interior lucía aún peor, con agua salpicada por todas las paredes.

–¿Myrtle? –dijo Luna con preocupación–. Myrtle, ¿qué ocurre?

Un rostro fantasmal lleno de lágrimas salió del excusado al final de la hilera.

–¿Quién está ahí? –dijo la voz en sollozos–. ¿Has venido a lanzarme otra cosa?

–No, Myrtle, soy yo, Luna. No voy a lanzarte nada. ¿Qué ocurrió?

–Oh, Luna, eres tú –resopló Myrtle, calmándose un poco–. Oh, fue terrible. Estaba sentada en el excusado, pensando sobre la muerte… cuando alguien lanzó un libro a través de mi cabeza.

¿Un fantasma pensando sobre la muerte? Pensó Luna. Y me llaman a mi extraña. Oh bueno, hay de todos los tipos.

–Eso no fue muy amable de su parte –dijo ella al fantasma–. ¿Viste quién fue?

–No. Lancé el libro de regreso, pero salieron corriendo… está por allá.

–Mmm… –Luna vio un pequeño libro negro en el suelo y se acercó con cautela–. Parece un diario –dijo. Lo tomó y lo examinó–. 1943… T. S. Ryddle. ¿Conoces a un T. S. Ryddle, Myrtle?

–¿T. S. Ryddle? Pues, sí. Era un prefecto en Slytherin el año en que morí. Si es un fantasma en la escuela, pues no me agrada. Tendré que ver si Sir Nicholas puede expulsarlo.

–No creo que haya fantasmas nuevos en la escuela –dijo Luna–. Por lo menos, creo que Helena me lo hubiera mencionado. Quizás los nargles lo tomaron de alguien y lo dejaron aquí. Eso me ha ocurrido antes. Tendré que ver si alguien lo perdió.