El universo fue creado por JK Rowling, pero era tan vasto que miles y miles de galaxias son constantemente creadas dentro de este, incluyendo la de White Squirrel.


Capítulo 55

Tom sabía que lo había arruinado. Para su sorpresa, Ginny había luchado con la suficiente fuerza para deshacerse del diario. Fue pura suerte que otra niña lo había encontrado y recogido, pero aún lo dejaba en desventaja. Podía usar Legilimancia un poco desde las páginas, pero le tomaría mucho trabajo el poseer a otra niña, o incluso leerla también como podía hacerlo con Ginny ahora que estaba tan conectado a ella. No, era muy tarde en el juego proverbial para intentar trabajar con otra niña, y peor, esta Luna no parecía interesada en escribir en el diario. Por lo menos, esa era la sensación que le daba. Cuando intentó su Legilimancia en ella, le dio dolor de cabeza. No podía comprender que estaba haciendo en Hogwarts cuando claramente estaba loca. Mejor darse por perdido y ser encontrado por alguien más, y después intentar regresar con Ginny. Usó su Legilimancia en las otras niñas a su alrededor...

–Oye, mira esto, Dierdre –susurró Melanie Maxwell mientras inspeccionaba la mesa de noche de su compañera–. Lunática tiene un diario.

–¿En serio? –respondió Dierdre–. Probablemente sólo escribe sobre sus tontas criaturas.

–Sólo una manera de descubrirlo… Ah, está en blanco.

–Claro. Déjame ver… –Dierdre agitó su varita sobre el libro, pero tinta invisible no apareció.

–Sólo Lunática guardaría un diario en blanco –concluyó Melanie–. Aunque sabes, es bastante decente. Creo que me lo quedaré. –Dierdre la miró con miedo.

–No creo que sea una buena idea, Melanie. Penelope se molestará si tomamos las cosas de Lunática de nuevo. Y si Harry Potter se entera...

–Pero mira: dice T.M. Ryddle. Ni siquiera es de ella. Probablemente lo encontró. Le estaría haciendo un favor quitándoselo de las manos.


Hermione tomó la quaffle y voló entre los jugadores del equipo contrario. Con una vuelta aguda, evadió a uno de los bateadores y ascendió y se dio la vuelta a mayor altitud. Para entonces ya estaba muy alejada para que alguien la alcanzara, y tenía una trayectoria vacía hasta la zona de anotación.

Ron se preparó mientras Hermione volaba a él a máxima velocidad, jurando que no fallaría el tiro. Desafortunadamente, su escoba era su mayor debilidad. La vieja Nimbus 1000 de la escuela que estaba usando era una gran mejora de su propia Estrella Fugaz, pero estaba en mala condición y no era la mejor para juegos competitivos. Mientras tanto, Hermione era casi intocable en su Barredora 7, la cual la hacía la cazadora estrella del club de vuelo de Hogwarts, de entre los cuales pocos tenían sus propias escobas para estar a su alcance.

Voló hacia él, su cabello flotando detrás de ella en una coleta suelta, y comenzó a moverse hacia la izquierda. Hermione no era la mejor para fintas, así que Ron estaba bastante segura de que era su acción real. Comenzó a deslizarse hacia la izquierda mientras ella lanzaba la quaffle. Se lanzó, pero en ese momento su escoba se atoró, y la pelota se deslizó entre sus manos y dentro del aro.

–¡Rayos!

Hermione frunció el ceño mientras lo pasaba. Sabía que Ron era mejor que eso. Podía ver que tenía mucho potencial, pero le era difícil mantenerlo, y cuando no estaba en su juego, en verdad no estaba en su juego… Salió de sus pensamientos cuando escuchó un grito y lo vio cayendo en espiral al suelo. Su escoba debió causarle peores problemas de lo normal. Bajó en picada y logró alcanzarlo por el brazo, ayudándolo a descender hasta que cayó al suelo de golpe, aunque no con tanta severidad para causar que algo se rompiera. Madame Hooch sopló su silbato, indicando a todos en el aire que descendieran y se acercaran hasta el lugar desde donde supervisaba el club.

–Sr. Weasley, señorita Granger, ¿están bien? –dijo ella.

–Sí –gruñó Ron mientras se ponía de pie–. ¡La maldita escoba no se quedó en el aire!

Madame Hooch inspeccionó la escoba.

–Tsk. Muchas ramas rotas. He insistido al Consejo cada año que necesitamos escobas nuevas, ¿pero escuchan? Si esto hubiera ocurrido durante las clases de primer año hubiera sido un desastre… Creo que será mejor acabar por el día. Quiero revisar el resto de las escobas antes de que alguien más se suba en ellas.

Los llevó de vuelta dentro, gruñendo para sí misma sobre falta de sensibilidad a la seguridad de los estudiantes, y el estima de Hermione por el Consejo disminuyó considerablemente. No sólo estaban jugando política con las vidas de los estudiantes hijos de muggles, pero ni siquiera podían molestarse en actualizar equipo dañado y peligroso. Si se suponía que Hogwarts era la mejor escuela de magia en el mundo, no quería imaginarse como eran el resto.


–Buenos días, clase –dijo el profesor Flitwick a sus estudiantes de primero–. Hoy continuaremos nuestro estudio del encantamiento de baile… especialmente enfocándonos en encantar a un objeto para que baile en un ritmo específico. Ahora, todos en parejas… Sí, sí, muy bien… oh, señorita Weasley, ¿podrías trabajar con la señorita Maxwell por favor?

Ginny suspiró y se movió para sentarse junto a Melanie. No le agradaban mucho Melanie o Dierdre. Prefería trabajar con Morgana Dempster si tenía que trabajar con alguna de las niñas en Ravenclaw, pero Morgana estaba trabajando con Luna, y Dierdre estaba enferma, así que parecía que estaba atascada con Melanie.

–Hola, Ginny –dijo Melanie mientras se sentaba junto a ella. Sonaba lo suficiente amigable, pero estaba claramente decepcionada de que su compañera de cuarto no estaba con ella.

–Hola, Melanie –respondió Ginny, notando que la otra niña aún estaba luchando con su bolso buscando su libro de texto.

–Un momento –dijo–. Sé que está aquí en algún lado. –Parecía un poco distraída mientras finalmente sacaba todos los libros de su bolso. Casi parecía como si hubiera recibido un Confundus o algo–. Ah, aquí está –dijo contenta.

Pero Ginny no lo notó. Se paralizó por miedo al momento en que vio el libro en la cima de la pila.

¡Era el diario!

¿Cómo había salido del baño? Pensó con frenesí. ¿Cómo es que alguna de sus compañeras lo había obtenido tan rápido? ¿Y qué tanto sabía? Ginny no podía soportar pensar lo que ocurriría si alguien descubría que estaba involucrada… aún no podía recordarlo, pero podía adivinarlo… en los ataques. Tenía que alejarlo de Melanie rápido mientras aún existía la posibilidad de que no había escrito en este y descubierto la verdad.

–Eh, ¿hola? Ginny, ¿estás bien?

Ginny se recuperó y vio a Melanie agitando la mano enfrente de su rostro.

–Estoy, estoy bien, Melanie –mintió. Bueno, sería mejor ser directa–. Eh, ¿d...d...de dónde sacaste eso? –preguntó nerviosa, señalando el diario.

–¿Qué? Oh, ¿esto? –dijo Melanie sin darle importancia–. Lo encontré tirado. ¿Por qué?

–Eh, eh, eh, mio –tartamudeó. Melanie abrió la portada con escepticismo.

–¿T.M. Ryddle? –preguntó.

–Sí, me, eh, lo dio un primo. Sabes cuantos primos tengo. ¿M...me lo podrías regresar, por favor?

–¿Qué, en serio?

–S...sí, es mio. ¡Regrésalo! –exclamó, tomando el libro con fuerza de la mano de Melanie.

–Ya, ya. No te alborotes.

Ginny observó de nuevo al pequeño libro negro en sus manos.

Hola de nuevo, Ginny.

Ginny tembló y lo guardó en su bolso, prometiéndose a sí misma que encontraría una mejor manera de deshacerse de él después.

Y lo intentó. Caminó por el castillo después de clases esa tarde buscando por un lugar donde esconder el diario maldito, gritándose a sí misma todo el camino. ¿Por qué había hablado con Tom en primer lugar? ¿Qué le había dicho su papá siempre? Nunca confíes en algo que piensa por sí solo y no puedes ver donde tiene el cerebro. Pero había estado asustada y sola, y quería creer que habían sido su mamá o papá quienes lo habían puesto en su bolso. Debió de deshacerse de Tom al minuto en que las cosas comenzaron a salir mal, pero había sido una niña tonta y había hablado con él.

Pues, iba a deshacerse de él ahora, de una vez por todas… en cuanto encontrara un lugar donde esconder el diario… algún lugar a donde nadie fuera nunca. Consideró un aula vacía mientras la pasaba, pero no era lo suficiente segura. Necesitaba estar segura.

Desafortunadamente, estaba tan distraída que no notó la otra influencia guiándola a donde buscar. Tom dejó que Ginny caminara sola en su mayoría, pero con leves sugerencias, la guió hasta el baño de niñas del segundo piso. Necesitó poner su astucia Slytherin a buen uso esta vez: con sugerencias gentiles en el subconsciente para llevarla a donde quería ir, dejando la fuerza bruta hasta el final. Mientras caminaba, sintió que Ginny pasaba a Granger y a otro sangre sucia en el pasillo y tomó nota de su ubicación. Ginny apenas y lo notó, pero esta era su oportunidad, y sabía que podía ser la última. Si esto no funcionaba, probablemente tendría que ir directo al Plan B y matarla para poder obtener un cuerpo antes de estar completamente listo. Era hora de moverse. La empujó hacia la puerta del baño.

–¡No! –lloró ella.

Tom no se molestó en discutir. Empujó su mente en la de ella con fuerza y rapidez. La empujó dentro del baño y le dijo que dijera la contraseña.

–¡No! ¡No! ¡No! ¡No de nuevo! ¡No ahora!

–¡DILA!

¡Hesha-hassah!

Ginny continuó llorando y rogando y en general siendo bastante molesta, pero había destrozado su voluntad por el momento, y estaba bastante seguro de que podía controlarla lo suficiente para finalizar su tarea. Su mascota salió de la cámara y comenzó a dirigirla por el castillo con comandos en parsel en susurros. Juntos regresaron al lugar que había marcado, pero su presa se había ido. Sin embargo, su mascota podía oler a donde había ido, y la siguió y pronto llegó hasta donde se encontraba su presa.

¡Tom, por favor, no! ¡No ella! ¡Cualquiera menos ella! Lloró Ginny.

Nadie más. Debe ser ella.

¡No! ¡No lo haré! ¡No a ella! Ginny intentó gritar y advertir a la joven mayor… la hija de muggles contra quien menos quería ir, pero sus labios estaban sellados y sólo podía hablar parsel. Intentó detenerse… incluso intentó tropezarse y caer por las escaleras, pero no pudo. Lo único que podía esperar era retrasar a Tom. Pero incluso eso no fue ineficaz...


–Hola, me eh, gustaría dar otra mirada a esos amuletos de protección, Sr. McLaggen –dijo una joven Hufflepuff de tercer año nerviosa.

–Claro, señorita...

–Stewart –respondió ella–. Lydia Stewart.

–De acuerdo, Lydia, creo que puedo encontrar algo para ti… –De hecho, Finn McLaggen había conseguido una gran selección de "amuletos de protección" y otros productos cuestionables para vender de su fuente. Era una buena manera de conseguir bastante dinero para Hogsmeade. Y sobre el hecho de que muchos de sus productos eran… ¿cuál era la manera profesional de decirlo? ¿mal representados? Bueno, mientras nadie tuviera mejores protecciones (y no las tenían), no lastimaba a nadie vendiéndolos. Buscó entre su selección, determinado a elegir uno adecuado para vender a la pequeña de tercer año. Después de todo, no había razón para no mostrar a sus clientes la mayor consideración. Hacía que regresaran por más.

–Toma –dijo, tomando un amuleto de su bolso–. Este combina con tus ojos, y las piedras son de gran valor ya que protegen de criaturas oscuras de todos los tipos. Y para ti, querida, creo que podría ser convencido de dejarlo ir por… diez sickles.

Lydia palideció. Diez sickles era bastante dinero… unas treinta libras en su moneda muggle si hacía el cálculo correcto. Pero aún así, era para su protección, y no podía permitirse ser tacaña en eso.

–Bueno, eh, está bien –dijo algo incómoda. Contó las diez monedas de plata de su bolsillo y se las entregó.

McLaggen sonrió ampliamente y colocó el amuleto alrededor de su cuello.

–Ha sido un placer hacer negocios contigo, Lydia, y permíteme decirte que luce muy bien en ti.

–Gr...gr...gracias –dijo ella, sonrojándose.

–¡McLaggen! –Ambos se dieron la vuelta para ver a un furioso prefecto de Gryffindor caminando a toda prisa hacia ellos, siendo llevado por un par de niñas de segundo año–. ¿Qué te dije sobre vender falsos amuletos de protección? –demandó Percy Weasley. McLaggen no dio un paso atrás.

–Es un negocio legítimo, Weasley. Acabo de vender a la señorita Stewart este hermoso collar decorativo.

–¿Decorativo? ¿Es lo que te dijo, Lydia? –dijo Sophie Roger–. Todos saben que los amuletos de protección que vende son falsos.

–¿Qué? –dijo Lydia horrorizada.

–No apreciamos que estes estafando a nuestros compañeros hijos de muggles, McLaggen –agregó Hermione Granger–. Sugiero que devuelvas a Lydia su dinero antes de que Percy tenga que anotarte por publicidad engañosa.

–Ah ah ah –dijo McLaggen con prepotencia–, creo que la señorita Stewart puede testificar que nunca dije que el collar la protegería de algo.

–¡Qué! –dijo Lydia con más volumen.

–Y luce bien en ella. No mentiría sobre eso.

Percy se enfureció, pero no estaba dispuesto a rendirse.

–Pues tendré que buscar en esa bolsa tuya de todos modos, si no te molesta. –Arrebató la bolsa de mercancía de las manos de Finn McLaggen. Él comenzó a protestar, pero era muy tarde–. ¡Ajá! –exclamó Percy–. Justo como lo sospechaba. Tienes bastantes artículos prohibidos aquí. Tendré que reportar esto a la profesora McGonagall. No podemos estar sin saber lo que entra en la escuela, especialmente en estos días. Y también discutiremos tu venta a la señorita Stewart.

McLaggen gruñó a Percy y se alejó a pisotadas, mientras que Percy se daba la vuelta para hablar con las tres niñas antes de seguirlo.

–Lamento esto, chicas –dijo–. En verdad es peor que mis hermanos. No entiendo de donde obtiene todo esto. –Se dio la vuelta y se alejó para llevar a McLaggen con McGonagall.

–Gracias por la ayuda, Hermione –dijo Sophie–. En verdad no soporto a ese chico.

–No hay problema. A mi tampoco me agrada mucho –respondió Hermione–. En serio, intentar aprovecharse de la situación de este modo. Bueno, será mejor que vaya tras Harry antes de que se meta en problemas.

–Sí. Vámonos, Lydia. Ernie y Hannah deben de estar preocupados por mi.

Se fueron por caminos separados, mientras Lydia gruñía.

–No puedo creer que acabo de pagar diez sickles por esta basura. –Sophie la miró con simpatía.

–Bueno, es un lindo collar –dijo.

–¿En serio?

–Sí, definitivamente. Mira. –Sacó un espejo compacto y lo sostuvo para que Lydia viera...

Hermione apenas dio vuelta en la esquina cuando escuchó un extraño siseo, casi como el de una llave de agua, y después un grito detrás de ella. Temiendo lo peor, se dio la vuelta, sacó su varita, y corrió a la fuente del ruido (tonta idea Gryffindor, lo sabía), y llegó a donde había dejado al par para encontrar a Ernie y Hannah de pie a un lado de Sophie y Lydia con expresiones horrorizadas. Ambas chicas estaban en el suelo, petrificadas. Sophie tenía un espejo en su mano, y la mano de Lydia aún estaba en su cuello, paralizada mientras admiraba el inútil pero hermoso collar.

Cuando Hermione las vio, finalmente fue mucho para ella. Una lluvia de chispas explotó desde todas las antorchas cercanas mientras perdía el control de su magia. El heredero había fallado en atacarla con una diferencia de un minuto, y existía la posibilidad de que aún estaba cerca. Con un grito lleno de pánico, Hermione corrió todo el camino hasta la torre de Gryffindor con un torbellino de chispas siguiéndola, dejando a los paralizados Ernie y Hannah detrás.


¡No! ¡No de nuevo! ¿Cómo pude dejar que esto pasara de nuevo? ¡Tengo que deshacerme de esta cosa! ¡Tengo que!

No tiene caso resistirse, Ginny. Eres mia ahora. Tom estaba bastante decepcionado de no haber conseguido a Granger, aún si había logrado atacar a esas dos sangre sucia. No era bueno. Tendría que tomar a Ginny y listo. El problema era que estar atrapado en un libro sin todo el alcance de su magia hacía más difícil controlar a alguien. Era el problema que lo había fastidiado desde el inicio de su plan.

¡No! ¡Te dije que ya no más! ¡No dejaré que lastimes a nadie más!

Al momento, Ginny estaba subiendo las escaleras a toda prisa, lejos de a donde Tom quería que fuera. Subió y subió con tanta velocidad que pensó que se colapsaría, pero continuó, frenéticamente buscando por un lugar donde esconder el diario. Esta vez, se aseguraría de no bajar nunca… nunca bajar cerca del segundo piso.

Tú eres la que las lastimó, Ginny. Yo sólo te dije que hacer, le susurró Tom.

¡No!

No puedes escapar de mi.

¡No lastimarás a nadie más! Cuando llegó al séptimo piso, vio algo que la hizo detenerse por un momento: la entrada a la torre de Astronomía.

¡No te atreverías!

Después de todas las cosas terribles que había hecho, por un breve terrible momento, el aire abierto de la torre de Astronomía y su caída de doscientos pies se sintieron bastante seductores… Pero no, no podía. Nunca sería capaz de hacer eso. Tenía que encontrar otro modo. Tenía que haber otro modo.

Continuó corriendo, de un lado a otro en el séptimo piso... De un lado a otro sin atreverse a subir o bajar las escaleras. Necesito un lugar donde esconder el diario, pensó. Un buen lugar donde esconder cosas. Un lugar donde podría perderse por siempre.

De repente, una enorme puerta decorada al otro lado de un extraño tapiz llamó su atención. Estaba segura de que no había estado ahí antes. Curiosa, se acercó y la abrió, y dentro, encontró la respuesta a sus plegarias.

Era un cuarto alto y sellado del tamaño de una catedral… o por lo menos tan grande como el gran comedor… y estaba completamente lleno de cosas perdidas y escondidas: libros y pociones y artefactos y muebles, algunos que parecían tener siglos de antigüedad. Era el lugar perfecto para esconder algo que no quería que encontraran. Claro, obviamente personas venían a esconder cosas todo el tiempo, pero igual de obvio, nunca parecían encontrarlas de nuevo. Sería como buscar una aguja en un pajar. No tenía idea de dónde había salido ese cuarto, pero no iba a patear el regalo de un hipogrifo en el pico.

Tom también reconoció la sala. Estaba seguro de ser una de las pocas personas que había descubierto como funcionaba. Y sabía lo difícil que sería encontrar el diario en este desastre. Luchó con todo su poder para obligar a Ginny a retroceder, pero fue inútil. Su euforia maniaca al encontrar el lugar era muy fuerte para él.

¡No más, Tom!

Estiró su brazó y lanzó el diario como un frisbi colmilludo tan lejos como pudo en ese desastre. Cayó con un suave pero satisfactorio sonido en medio de la sala. Ahí, pensó. Ahora ni siquiera yo seré capaz de encontrarlo de nuevo. Se dio la vuelta y corrió de la sala. La puerta desapareció detrás de ella. Mejor. Ahora, sólo necesitaba llegar a la torre de Gryffindor antes de que alguien sospechara, para poder recostarse y llorar por un tiempo.


–¿No deberíamos esperar por Dumbledore para esta reunión, Lucius? –preguntó Amos Diggory durante la reunión de emergencia del Consejo la mañana siguiente.

–Diría que tiene sus manos ocupadas en este momento –dijo Lucius Malfoy a los miembros del Consejo reunidos–. Además, Dumbledore es una de las razones por las que los llamé aquí.

–Pensé que nos llamaste aquí por el nuevo ataque. Dos estudiantes más petrificados… es un total de tres de la casa de mi hijo. Y no hay manera de obtener filtro de mandrágora para ellos ahora. Está fuera de temporada a menos que estén creciendo las cosas en Antártica. Esto tiene que parar.

–Estoy de acuerdo, Amos. Pero parece que Albus Dumbledore no es lo suficiente competente para detenerlo. –Muchos miembros del Consejo soltaron exclamaciones de sorpresa.

-Malfoy, no puedes estar pensando en remover a Albus de su puesto como director –dijo Elphias Doge horrorizado.

¿Por qué era tan difícil? Pensó Lucius. ¿Por qué su amo no los mataba y ya? Eso se desharía del viejo entrometido en menos de cinco minutos. Pero Lucius Malfoy no era del tipo que se rendía. Finalmente estaba listo para realizar su plan secundario.

–Estoy sugiriendo, Elphias –dijo–, que la situación requiere medidas más drásticas de las que Dumbledore está dispuesto a tomar. Las medidas de seguridad que ha implementado hasta el momento han probado ser inadecuadas para detener que nuestros niños sean atacados...

–¿Y tú crees que alguien más sería mejor? Este es Albus Dumbledore de quien estamos hablando: quien derrotó al maldito Grindelwald y el único a quien Quien-Tú-Sabes temió. ¿Quién podría realizar un mejor trabajo que él?

Y ahora era el momento de Lucius para actuar. Abriendo sus brazos de manera amistosa, habló:

–Con el riesgo de sonar pretencioso, quizás las mejores personas para este trabajo están aquí en este cuarto.

–¿Qué? –dijeron todos con sorpresa y comenzaron a hablar los unos sobre los otros.

–Eso sería bastante irregular.

–¿Y qué de McGonagall?

–¿Y supongo que tú querrías colocarte en su asiento? –Lucius elevó sus manos para silenciarlos.

–Damas y caballeros, estoy seguro de que podemos ser civilizados. Por supuesto, Josefina, que la profesora continuaría en su puesto como subdirectora y se encargaría de todos los asuntos de día a día de la escuela. Sin embargo, se que yo, como padre de un niño en Hogwarts, me sentiría mejor de la situación si nosotros estuviéramos en control de la respuesta directa. Seguramente ustedes sienten lo mismo, ¿Josefina? ¿Amos? Y entonces quizás doce puedan prevaler donde uno ha fallado.

–Dumbledore no es ordinario, Lucius –respondió Doge con frialdad.

–Dumbledore también tiene ciento once años y no tiene familia además de su hermano con quien no se habla… sin mencionar que no tiene obligaciones políticas esta vez. Nada de eso es favorable en un protector de niños. He estado diciendo por años que es hora de que se retire, pero se ha mantenido en respuesta a la supuesta amenaza de que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado regrese. Estos incidentes recientes muestran claramente que es hora de que se haga a un lado y deje que la generación más joven se haga cargo.

–Eso quizás no es inaceptable, Malfoy –dijo Thaddeus Blishwick.

–Sí, puedo ver el mérito –dijo Madame Zabini en acuerdo.

Los miembros más neutrales también comenzaron a considerarlo, y pronto fue claro que Lucius había conseguido una mayoría del Consejo y empujado a sus oponentes a una esquina. Sin embargo, Diggory no estaba impresionado.

–¡Suficiente! –exclamó–. Quiero saber que está haciendo Dumbledore con respecto al ataque ahora.

–Yo lo tengo –dijo Doge–. Esta es una transcripción del anuncio que dio a los estudiantes durante el desayuno: "Anoche, Sophie Roper y Lydia Stewart de Hufflepuff fueron atacadas por el individuo llamándose a sí mismo el heredero de Slytherin. Fueron petrificadas de la misma manera que las otras víctimas. Estarán bien una vez que logremos revivirlas con el filtro de mandrágoras esta primavera. Sin embargo, en vista de esto, las siguientes medidas de seguridad serán implementadas de ahora en adelante: Visitas a la enfermería estarán limitadas a pacientes y familiares. Partidos y entrenamientos de quidditch están pospuestos hasta nuevo aviso. Todas las actividades después de clases están canceladas hasta nuevo aviso. El toque de queda será implementado cada noche después de la cena. Todas las actividades de fin de semana serán supervisadas por un profesor y estarán limitadas a lo que sea necesario para acomodar esto. Finalmente, todas las áreas no-esenciales del castillo serán cerradas hasta nuevo aviso. No les mentiré. El Colegio Hogwarts no puede soportar más ataques como este. Si alguien cree tener cualquier información sobre lo ocurrido, por muy trivial, les ruego que vayan con cualquiera de los maestros y los escucharemos, sin preguntas."

–Quidditch cancelado… que lástima –murmuró Diggory–. Aún así, suena a que Dumbledore está encima de todo. No veo que podríamos hacer mejor.

–Claro que podríamos. ¿No es obvio? –dijo Llywelyn–. Cerremos la escuela al instante y pidamos a los aurores que examinen cada rincón, como la última vez.

Típico de Llywelyn, pensó Malfoy. Trabaja en un escritorio en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica y piensa que los aurores son la respuesta a todo.

–Sabes que hemos estado renuentes a cerrar la escuela, Culhwch –respondió–, y también sabes porque… hay muy pocas alternativas disponibles. Es por eso por lo que la escuela no fue cerrada la última vez que esto ocurrió.

–Sí, y sabemos como terminó eso –gruñó Doge.

–Sí, una tragedia, pero aprendimos de ese incidente. Estamos incrementando la seguridad, tomando un rol más activo, y… espero… estamos removiendo a aquellos miembros ineficaces. De cualquier modo, hay mejores usos para los aurores.

–¿Cómo? –preguntó Llywelyn.

–Como contactar al Ministro Fudge y arrestar al Sr. Hagrid. Entiendo que está muy ansioso por tomar acción en base a las protestas del público.

–¿Hagrid? –dijo Amos con confusión–. Pero no tenemos evidencia de que esté involucrado.

–Nada además de su expulsión, quieres decir.

–Lo cual no es suficiente prueba para un asunto criminal.

–Sólo una medida de precaución, te lo aseguro –mintió Malfoy. Ya había convencido a Fudge de enviar a Hagrid directo a Azkaban con "cargos pendientes" en lugar de una celda del Ministerio–. Si Hagrid prueba no estar involucrado, entonces eso será el fin, pero considerando su récord, tienes que estar de acuerdo que es justo tomar precaución.

–El hecho es que tener a aurores en los terrenos comienza a sonar como algo bueno –insistió Llywelyn.

–Me temo que las consecuencias de eso serían de más amplio espectro de lo que tú piensas –respondió Malfoy con soltura–. ¿Por qué debería de confiar la población en el sistema de educación si no podemos proteger la escuela por nuestra cuenta? –Claro, estaba manipulando la situación. Los aurores había estado involucrados en la escuela durante la guerra, aunque esto era para proteger de una amenaza externa–. Y en sobre cómo podríamos hacerlo mejor, Amos, todas las medidas de seguridad hasta el momento se han enfocado en detener al heredero, no capturarlo. Yo propongo que relajemos estas restricciones, con cautela, punto a punto y sección a sección, y que mantengamos vigilancia en cada oportunidad nueva que se de para encontrar al heredero.

Esto recibió miradas extrañas de la mayoría del consejo, pero Diggory comenzó a comprender. Era un riesgo, y despiadado, pero la recompensa sería grande si eran exitosos.

–Quieres decir poner una trampa –dijo con astucia.

–Un resumen sencillo, pero sí, podrías decir eso. –Claro, no estaba preocupado de que la trampa resultara exitosa. Su Amo era más listo que eso, y de cualquier modo, el diario sería casi imposible de encontrar.

–No es una trampa física, o una fiable –notó Doge–. Es una trampa logística para reducir la lista de sospechosos… una en la que no sabemos a donde irá el enemigo, y más importante, ¡en la que usamos a los niños como carnada!

–¿Y qué más quieres que hagamos? –respondió Malfoy antes de que alguno de los otros padres pudiera hacerlo–. ¿Estamos en acuerdo, o no, en que queremos que la escuela permanezca abierta? ¿Qué otro tipo de "carnada", tan cruel como lo pones, tenemos a nuestra disposición? Más al caso, considerando lo que ya ha ocurrido, con el monitoreo adecuado, el riesgo no sería mayor del actual.

–Estás sugiriendo un truco muy peligroso...

–De hecho, creo que la idea es razonable, Elphias –interrumpió Diggory.

–¿Et tu, Amos? –dijo él sin creerlo.

–Obviamente tenemos que tener cuidado. Tomaría bastante planeación el dar al heredero el suficiente espacio para que se exponga sin lastimar a nadie, pero en ausencia de otras ideas para capturarlo… recuerden, la última vez, parecía haber desaparecido y sólo esperó.

–Dumbledore nunca estaría de acuerdo con este plan –dijo Doge.

–Y es precisamente por esto por lo que sugerí que tomemos sus deberes hasta que la crisis sea resuelta –dijo Malfoy–. Si Dumbledore no está dispuesto a hacer lo que es necesario, entonces no es la mejor persona para el trabajo. Tú y él están preocupados por poner a los niños en riesgo, pero ya están en riesgo. Si no queremos abandonar por completo nuestra habilidad para educarlos, debemos tomar un camino diferente de en el que estamos.

–Pues, no se si iría tan lejos, Malfoy –exclamó Diggory–, pero se honesto, Elphias, ¿qué tanto ha avanzado Dumbledore en encontrar la cámara o al heredero, ya sea en 1943 o esta vez? ¿Ha logrado intimidar al heredero para someterlo?

–Amos, tu hijo está en Hogwarts. ¿En verdad estás de acuerdo con Malfoy ahora?

–No como tal, Elphias, pero estoy preocupado porque no tenemos nada con que seguir. No tengo ningún problema con Dumbledore, pero esta idea, con algunas modificaciones, podría funcionar mientras que los métodos usuales no han producido ni una sola pista. Y aunque estoy bastante preocupado por mi hijo, como miembro del Consejo también estoy preocupado por la seguridad de los otros estudiantes, presentes y futuros. Esto necesita terminar de manera permanente. Si eso significa hacer a un lado a Dumbledore para ejecutar este plan, entonces quizás es lo que necesitamos hacer.

Diggory había caído justo en las manos de Malfoy con ese pequeño discurso. Siempre era el hombre con quien ir por pasión y determinación. Y una vez que ponía su mente en un curso en particular, no era fácil quitarlo. Al ver su entusiasmo, la mayoría del resto del Consejo murmuró en acuerdo y se puso de su lado… todos excepto Elphias Doge.

–Necesito recordarte, Lucius, que una Orden de Suspensión debe ser firmada de manera unánima –dijo Doge.

–Lo se, pero esperaba poder convencerte de que hay una alternativa disponible.. Que Dumbledore, aunque es un mago excelente, no es el hombre para el trabajo… o el mejor hombre.

–Pues, disculpa si no estoy de acuerdo.

–¿Y por qué no? –dijo Madame Zabini–. Lucius es un mago perfectamente capaz, y también lo es Amos. Si hay algo que he aprendido en mi tiempo es que ningún hombre es indispensable. –Varios miembros se rieron nerviosos de su broma… ahora una viuda en seis ocasiones, lo había aprendido bien.

Elphias estaba furioso. Podía sentir en él las miradas de los otro once miembros del consejo. Le estaban pidiendo que se pusiera en contra de su amigo más antiguo. Malfoy el mortífago (por mucho que lo negara) incluso había convencido a Amos de su plan. Y lo peor era que muchos de sus puntos tenían sentido. Fue dejado con una terrible decisión que tomar. Sentado once contra uno de ese modo, podían removerlo del consejo y reemplazarlo con alguien que estaría de acuerdo con ellos… y no dudaba que esa sería la siguiente acción de Malfoy. Pero si se quedaba, por lo menos podría tener algo de control sobre el bien de los estudiantes. Bueno, no era una verdadera decisión. Lo siento, Albus, pensó, y después gruñó.

–Muy bien, firmaré tu Orden, Malfoy, pero por el bien de Amos, no el tuyo. Y quiero que él este a cargo de este plan tuyo, no tú. Y juro que si obtengo una pista de otro ataque, serás contra quien pida una moción de censura durante la siguiente reunión.

–Me parece justo –respondió Malfoy con algo de desdén en su voz. Podía lidiar con eso después–. Gracias por ver razón, Elphias.


Y así, Albus Dumbledore fue suspendido como director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Era un día oscuro para la escuela, no había duda, pero no había muchos recursos. Cierto, quizás podía poner suficiente presión en Fudge para persuadirlo de que lo ayudara a revertirlo, pero con Amos Diggory tomando el lado de Lucius Malfoy y diciendo que tenía un plan práctico (aunque uno del que Albus desaprobaba), no sería fácil. Y por mucho que odiaba admitirlo, Hogwarts podía sobrevivir sin él por unos cuantos meses con el resto de su excelente personal, incluso con el heredero de Slytherin suelto.

No sería de beneficio el resistir la suspensión, no con el heredero escapando baso sus narices. En su lugar, había algo más que podía hacer por su escuela. Podía comenzar a investigar la historia de Tom Ryddle, y la de Salazar Slytherin, para intentar encontrar pistas sobre el heredero y la cámara. Y ya que estaba en eso, le daría más tiempo para investigar sobre los horrocruxes. De cualquier modo, ayuda siempre sería dada en Hogwarts a aquellos que la merecen.