Son JK Rowling y la RAE quienes muestran quienes somos más que nuestras habilidades.

Notas del Autor: Varios comentarios se han quejado de que estoy haciendo a Hermione más poderosa o en general mejor que Harry. Primero, Hermione es mejor para la magia. La misma JK Rowling dijo que Hermione hubiera ganado contra Harry en un duelo, aunque él la sobrepasó en tercer año. También, Hermione es más lista y es la voz de la razón, especialmente en los primeros libros. No creo que nada de eso es controversial. Sin embargo, si alguno de ustedes duda que Harry no es un personaje eficiente, sólo lean este capítulo y en especial el siguiente.

Notas de la Traductora: Partes de este capítulo son citas adaptadas de Harry Potter y la cámara de los secretos.

Disculpen el retraso. Estuve de viaje de trabajo las últimas dos semanas y no tuve oportunidad de editar el capítulo hasta ahora. Espero que lo disfruten!


Capítulo 58

La mayoría de la escuela se despertó temprano el sábado en la mañana pensando que era un hermoso día para un partido de quidditch y hablaban con entusiasmo sobre ver a Harry Potter en el cielo de nuevo. Algunos aún hablaban sobre la sorprendente victoria sin varita de Harry contra Theodore Nott. Ginny Weasley, sin embargo, tenía algo diferente en su mente.

¡Había visto a Percy con su diario!

No podía creer como alguien podría haber encontrado el diario en ese cuarto enorme, aunque después de escuchar a su hermano, tenía el presentimiento de que Finn McLaggen tenía algo que ver. ¡Pero ahora lo tenía Percy! Peor aún, ¡no lo había entregado aún! Debía de estarle haciendo algo para prevenirlo. ¿Estaba escribiendo en él? ¿Sabría algo? La idea la hacía sentirse enferma. ¿Cómo es que no podía deshacerse de la maldita cosa?

Había tenido que esperar dos días para que Percy se distrajera a su alrededor. No podía hacer nada que lo pusiera sospechoso. No fue hasta el desayuno ese sábado, cuando estaba dirigiendo a los emocionados estudiantes que se estaban alistando para el partido, que lo vio bajar la guardia. Se escabulló detrás de él, estiró la mano a donde el diario se salía de su bolsillo, y lo tomó con rapidez. Percy se dio la vuelta para ver quien había rozado su túnica, pero Ginny ya se había desvanecido entre la multitud.

Corrió.

Un piso, dos, tres, un pasillo… Tenía que deshacerse de él de nuevo, pero algo más había pasado. Necesitaba un lugar nuevo donde esconderlo, pero de la mazmorra más profunda a la torre más alta, no podía pensar en un lugar mejor que esa sala.

Es muy tarde, Ginny, susurró Tom en su mente. Muy tarde. Serás mía.

¡No! Vas a regresar a la sala, pensó, y esta vez, encontraré la manera de tirar una de esas enormes pilas de basura sobre ti. McLaggen se graduará pronto. No habrá manera de que te encuentre tan rápido.

No puedes resistirme.

Pero aún lo estaba intentando. De hecho, quizás lo hubiera logrado, excepto que cierta niña cruzó su mirada. El poder de control de Tom fue alimentado por la emoción, al igual que su resistencia, y el ver a esa niña de nuevo le dio la iniciativa para actuar. Esta vez, no podría escapar.

Date la vuelta, pensó él. Obedecerás.

¡No! ¡No de nuevo!

¡Soy tu amo y me obedecerás!

El cuerpo de Ginny la traicionó de nuevo y fue llevada de su camino elegido al baño de niñas del segundo piso. Lloró y rogó todo el camino que no quería hacerlo de nuevo, o incluso que dejara que alguien más lo hiciera, pero Tom había acumulado su fuerza con todo el tiempo esperando. Habló las terribles palabras que hacían cosas terribles y se dirigió en busca de su presa.

Encontró su blanco de camino a la biblioteca con otra chica, pero algo había cambiado. Ambas lucían preocupadas y nerviosas. Estaban mirando abajo constantemente y escuchando cualquier actividad. Más revelador, estaban mirando en cada esquina con la ayuda de un espejo. Sabía muy bien lo que eso significaba.

Que conveniente, pensó Tom, aunque a esta altura le importaba muy poco sin Granger vivía o moría. Lo importante era asegurarse de que Potter haría todo para llegar al fondo de todo.

¡No, Tom, por favor, no! Pensó Ginny con desesperación. ¡No Hermione! ¡No Hermione! ¡Por favor, no Hermione!

No puede ser alguien más, Ginny, y no fallaré esta vez. Ve por ella.

No lo entiendes. Harry destrozó a Nott por insultarla. No hay manera de saber lo que hará si es atacada.

Oh, estoy contando con eso. Hazlo. Ordena a la criatura.

¡No lo haré!

¡Hazlo, niña tonta! ¡Hazlo ahora!

¡No Hermione, por favor no, llévame a mi! ¡Déjame hacerlo! Por favor, Tom. ¡Harry me odiará para siempre si ataco a su hermana!

No, tengo otro propósito para ti. No cambiaré de opinión. Dejé que te salieras con la tuya varias veces, Ginny, pero ya no más. No tienes otra opción. ¡Petrifica a Hermione Granger!

Ginny intentó luchar, intentó llorar, pero una vez más, su cuerpo no la obedeció. Habló las palabras horribles que nunca quería decir de nuevo y envió al monstruo a la siguiente esquina.

Escuchó un siseo, un breve grito, y dos golpes.

–¡NOOOO! –gritó. Elevó el diario e intentó arrancar las hojas con su mano, pero sin importar cuanto lo intentó no se rompieron, y lo único que logró fue darse varias cortadas por el papel. Su sangre cayó en las hojas y fue absorbida en el papel.

Corrió de nuevo, llorando mientras lo hacía. No podía destruírlo, y no podía deshacerse de él. No podía mostrárselo a nadie. No había manera de saber que le pasaría a ella, o a todos. Estaba condenada. Eventualmente, corrió de regreso a su dormitorio, rogando que nadie más estuviera ahí. No había nadie, y se encerró y se colapsó en la cama en lágrimas.

¿Qué le estaba pasando?


Harry Potter estaba muy nervioso, y no era por quidditch. Ni siquiera estaba seguro de que habría un partido de quidditch. Mientras caminaba de regreso del desayuno a recoger su escoba, escuchó algo… como un susurro. Algo que sonaba bastante como la voz que había escuchado en Navidad: Hora de matar. Excepto que ahora reconocía la inflexión.

–¿Parsel? –exclamó Hermione.

–Estoy seguro –dijo él–. Deberíamos haber pensado antes en eso. Es Slytherin, después de todo. Tenemos que advertir a la profesora McGonagall. ¿Tienes idea de qué tipo de serpiente podría ser?

–No, nada me llega a la mente en este momento… pero puedo averiguarlo. –Se apresuró en otra dirección.

–Hermione, Dumbledore dijo… –la llamó Harry.

–No voy a ir tras el heredero. Voy a la biblioteca. Quiero revisar un libro de serpientes mágicas. Te veré en la oficina de McGonagall.

–Hermione… -Comenzó a correr las escaleras detrás de ella–. ¡Hermione, espera!

–¡No hay tiempo!

–Por lo menos encuentra a un prefecto que vaya contigo.

–De acuerdo, ya voy –dijo ella mientras desaparecía de su vista.

Harry continuó observando la esquina por unos segundos, sacudiendo la cabeza, antes de dirigirse a la oficina de la profesora McGonagall. Una vez ahí, necesitó unos minutos para explicar de manera adecuada que estaba ocurriendo y el plan de Hermione. McGonagall no aprobó sus acciones más que Harry, pero estuvo de acuerdo con esperar a que llegara, suponiendo que no tardara. Si podía identificar al monstruo en la cámara, sería invaluable.

–Hay muchas especies de serpientes mágicas en el mundo, Potter –explicó McGonagall–, algunas muy raras e inusuales, pero Salazar Slytherin hubiera tenido acceso fácil a ellas. Y hay maneras de encantar a una serpiente común. Podría adivinar varias opciones. Si tu hermana puede identificarla positivamente, nos ahorraría mucho esfuerzo.

Harry podía ver la lógica, pero no podía deshacerse de sus nervios. Tanto Hermione como él eran blancos, y no era bueno para ninguno de los dos pasearse por el castillo en este momento… o para cualquier otro estudiante, de hecho.

–Pero la mayoría van camino al campo de quidditch en este momento… fuera del castillo –dijo McGonagall–. Sería más peligroso traerlos de regreso en este momento. –Sin embargo, alertó a los retratos que informaran al resto.

Harry cada vez estaba más nervioso, y con buena razón, porque unos minutos después un pequeño ratón plateado atravesó la pared y habló con la voz del profesor Flitwick:

–Minerva, por favor encuentra a Harry Potter y tráelo a la enfermería al instante.

Harry se puso de pie de golpe.

–¡Por Merlín, no! –Salió corriendo de la oficina.

–¡Potter, espera! –dijo McGonagall, pero Harry no la estaba escuchando. Podía comprender que era un hermano protector y consternado, pero iba a recibir una reprimenda cuando todo terminara. Corrió detrás de él, pero rápidamente se dio cuentas de que no era tan joven como antes, y Harry estaba bastante en forma para un niño de doce años. Solo había una manera de mantener el paso.

Harry apenas y notó a la gata gris atigrada corriendo a su lado y maullándole mientras se apresuraba a la enfermería, esperando… rogando que hubiera malinterpretado las cosas. Que no era lo que él pensaba. Pero por supuesto, lo sabía. Cuando entró a la enfermería, ella estaba en la primera cama, ojos cristalinos como de piedra, un brazo extendido enfrente de ella en un ángulo extraño, y una expresión de miedo en su rostro.

–¡Hermione!

Varias antorchas se prendieron, un número de objetos sueltos cayeron al suelo, y la ventana más cercana explotó hacia dentro. Harry corrió hasta su lado y casi se lanzó sobre ella, llorando sobre su hombro. Un momento después, hizo su cabeza hacia atrás y dejó salir un alarido que sonaba como un gato maullando con dolor.

McGonagall se transformó de vuelta en humana y se acercó a su estudiante.

–Potter… ¡auch! –gritó y se encogió de dolor cuando intentó colocar una mano sobre su hombro. Su magia estaba tan fuera de control que sintió un choque estático–. Potter, por favor intenta calmarte –dijo–. No te hará bien si te agotas mágicamente. Tu hermana estará bien una vez que las mandrágoras maduren.

Sí, lo cual no será por tres semanas más, pensó con remordimiento. ¿Qué iba a decir Hermione cuando descubriera que se había perdido tanto tiempo para estudiar? Respiró con profundidad un par de veces y tranquilizó su magia que se movía en torbellino a su alrededor.

–Hermione, ¿por qué hiciste eso? –sollozó–. ¡Debí detenerte! Sabía que el heredero iba tras de ti… ¡Debí detenerte!

–Potter, lo siento mucho. –McGonagall finalmente logró colocar una mano sobre su hombro.

–Lo resolvió. Se que lo hizo. Iba a decirnos. Quizás el heredero llegó a ella por eso. Profesora, ¡tiene que hacer algo!

–No había habido más de un ataque cada vez –razonó ella–. Ordenaré a los estudiantes que regresen a sus dormitorios y restableceré las medidas de seguridad. Comenzaremos una búsqueda de nuevo en base a los cambios de seguridad más recientes.

–¡No es suficiente! –gritó Harry. Las sillas comenzaron a moverse de nuevo, y respiró lentamente y se forzó a calmarse.

–Haré lo que pueda, Harry, pero sin ninguna pista de donde está el monstruo, aún no tenemos idea de donde encontrar la cámara –suspiró–. Me temo que la escuela quizás no pueda permanecer abierta a este punto.

–¿Potter? –dijo una voz chillona.

Harry giró la cabeza de golpe para ver al profesor Flitwick de pie junto a la segunda cama. Ahí se encontraba, también petrificada, la prefecta hija de muggles de Ravenclaw, Penelope Clearwater. Por supuesto, pensó, Mione tenía tanta prisa que tomó a la primera prefecta que encontró y no pensó en si también podría ser un blanco.

–Las encontré cerca de la biblioteca –dijo Flitwick–. Tu hermana estaba sosteniendo esto. –Le mostró un pequeño espejo de mano–. ¿Tienes alguna explicación…?

Harry sacudió la cabeza.

–No, no tengo idea.

–Muy bien –dijo McGonagall–. Te llevaré de regreso a la torre de Gryffindor.

–Me quedaré aquí, profesora.

–Harry, me temo que debo insistir.

–¿La enfermería aún está abierta para la familia, no? –exclamó Harry–. No tengo nada más que hacer hoy. Me quedaré aquí.

–En verdad, bajo las circunstancias, no puedes… ¡auch! ¡Potter! –Le había lanzado un shock de electricidad, excepto que más controlado… un maleficio punzante sin varita, sospechaba.

–Por favor, profesora –dijo mientras comenzaba a llorar de nuevo–. Necesito tiempo con ella. Por favor déjeme quedarme con ella...

El corazón de McGonagall se rompió mientras veía al niño tan molesto. Cuanto quería a su hermana… no podía separarlo de ese modo. Si continuaba no podría ser saludable… pero por hoy, lo dejaría.

–Poppy, ¿podrías vigilar a Potter, por favor? Harry, no puedes dejar este cuarto sin compañía. –Él asintió, y McGonagall y Flitwick se apresuraron a lidiar con el resto de los estudiantes.


Harry se quedó al lado de Hermione por lo que parecieron horas… ciertamente lo suficiente para que los estudiantes fueran reunidos e informados de lo ocurrido. Rehusó la oferta de Madame Pomfrey de comer almuerzo, y cuando repitió el pedido, le dijo que no de manera tan vehemente que estaba seguro que la medimaga había estado a punto de restringirlo en una cama, pero no le importó. Lo único que podía hacer era sentarse junto a su Hermione y jugar con su cabello… la única parte de ella que no estaba sólida como piedra.

–Hermione, lo siento tanto. Debí estar ahí para tí –dijo por lo que sintió era una décima vez.

–No es tu culpa.

No era la voz de Madame Pomfrey. Harry se dio la vuelta con un fuerte bufido y un maleficio sin nombre brillando en su mano estirada, pero no había nadie.

–¿Quién está ahí? –demandó. Hubo un brillo en el aire y la capa de invisibilidad cayó al suelo… revelando a Neville Longbottom.

–¿Neville? –exclamó Harry con incredulidad. Neville no era del tipo de desobedecer a un maestro, o de robar la capa de invisibilidad de Harry como debió hacerlo, o de escabullirse por la escuela de ese modo–. ¿Qué estás haciendo aquí?

–Vine a verte –dijo el chico de rostro redondo–. A ti y a Hermione. McGonagall me dijo que seguías aquí, y no podía dejarte. Ambos han sido muy buenos amigos y...

–Y… ¿tomaste mi capa de invisibilidad y te escabulliste aquí? –Harry mantuvo un ojo en la oficina de Madame Pomfrey en caso de que saliera.

–Lo siento. –Neville bajó la mirada y le entregó la capa–. Espero que no te moleste...

–Está bien. Yo… me alegro que vinieras.

–Gracias. De cualquier modo, no es tu culpa. Fue el heredero quien hizo esto.

–Sabía que el heredero estaba tras ella. Debí quedarme con ella.

–Entonces él… ella, dijiste… también te hubiera atacado. Además, yo también debí estar cerca. Estaba muy preocupado cuando el heredero casi la atrapó antes, y les dije que podían permanecer cerca de mi.

Harry lo recordó y se golpeó a si mismo por olvidarlo, pero no importaba ahora.

–Lo se. Es sólo que había pasado tanto tiempo...

–Lo se. Me pregunto porque el heredero comenzó de nuevo ahora –respondió Neville.

–Quizás pensó que íbamos a descubrirla –dijo Harry. Le explicó la idea de Hermione sobre la serpiente.

–Mmm, quizás –dijo el otro chico en acuerdo–. ¿Sabes si descubrió algo más?

–No, no trajo un libro. Sólo ese espejo. –Señaló la mesita de noche–. Es extraño. Normalmente no lleva un espejo… no lo creo. Debe de ser de Penelope.

–¿Crees que estaba viendo algo detrás de ella? –sugirió Neville.

–No lo sé… ¿por qué lo haría? –Intrigado, Harry se puso de pie, tomó el espejo, y lo colocó en la mano estirada de Hermione. Algo no lucía bien sobre el ángulo–. No creo que estaba viendo detrás de ella. –Se inclinó sobre ella e intentó ver bien desde su perspectiva, pero no podía acercarse lo suficiente–. Espera, déjame moverla –dijo.

Neville y él movieron a Hermione al borde de la cama, y Harry se acostó a su lado y colocó su cabeza a un lado de la de ella. Corrigiendo por la posición de sus ojos, pensó que la vista en el espejo lucía bastante como la de un ángulo de noventa grados.

–Estaba viendo… alrededor de la esquina –concluyó.

–¿Una esquina? –dijo Neville–. ¿Por qué?

–No lo sé. Es… –Harry se detuvo mientras su mano rozaba algo. En la mano izquierda de Hermione, apretado contra su lado, estaba un pedazo arrugado de pergamino. Soltó un respiro cuando notó que era la página de un libro. Debía ser importante. ¿Acaso Hermione Granger había maltratado un libro?

–¿Qué es? –preguntó Neville.

Harry leyó el pergamino con anticipación.

–...¡Es la respuesta! –leyó la página en voz alta.

De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco, conocido como el rey de las serpientes. Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuantos fijaren su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal.

–¿El monstruo es un basilisco? –exclamó Neville horrorizado–. Pero… pero si la mirada mata, ¿por qué no murió nadie?

–¡Por los espejos! Hermione y Penelope lo vieron en este espejo. Sophie y Lydia también fueron encontradas con un espejo. Colin tenía su cámara. Justin… Justin debió verlo a través de Nick Casi Decapitado, y la Sra. Norris… el baño estaba inundado, ¿recuerdas? Había agua en el piso, y ella vio su reflejo ahí. Todos vieron o el reflejo o una imagen obstruida. Nadie lo vio directamente. Por eso es que nadie ha muerto.

–Pero no puede ser una coincidencia –dijo Neville con astucia–. No tantas veces. ¿Por qué el heredero petrificaría a todos a propósito?

–No lo sé… pero por lo menos ahora sabemos a que nos estamos enfrentando.

–Pero… pero Harry, dice que los basiliscos son gigantescos. Uno tan viejo tiene que ser muy grande. ¿Cómo se está moviendo por el castillo?

–Hermione también respondió eso. –Señaló a la parte de abajo de la página, donde había una sola palabra escrita: Tuberías.

¿Tuberías? –dijo Neville–. ¿Se está moviendo en las tuberías?

–Si las tuberías son lo suficiente grandes, tendría sentido.

–¿Y qué, entonces la entrada a la cámara de los secretos está en un baño o algo? –dijo Neville con escepticismo–. Hubiera pensado que Salazar Slytherin sería más digno.

Harry se desanimo.

–Sí, tienes razón –dijo–. No tiene sentido. –Se sentó y descanzó su mano en su barbilla, su mirada periódicamente regresando al pergamino–. Aunque todo lo demás tiene sentido –murmuró–. ¿Por qué se abriría la cámara a las tuberías y no a algún pasadizo secreto? –Continuó pensando hasta que estuvo seguro de haber llegado a un callejón sin salida, y entonces otra idea llegó a su mente–. Espera un minuto –dijo en voz baja–. Espera un minuto. –Se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro–. Historia de Hogwarts dice que el sistema de drenaje moderno no fue instalado hasta el siglo XVIII. Así que lo que parece un baño ahora...

–Quizás no lo era cuando la escuela fue construida –concluyó Neville–. Brillante. ¿Cómo recuerdas estas cosas, Harry? Yo nunca puedo recordar nada.

–Creciendo con Hermione, uno tiene que aprender a mantener el paso.

–Genial –dijo Neville–. Pero no puede ser un baño que sea usado mucho. De otro modo, todas las víctimas estarían ahí, ¿no es así?

Neville es mucho más inteligente de lo que le dan crédito, pensó Harry.

–Buen punto, tendría que ser uno que es poco conocido y poco usado. Neville, ¿sabes lo que esto significa? ¡Podemos reducir los puntos de búsqueda de la cámara!

–Pero Harry, hay muchos baños en la escuela. Ni siquiera se donde están todos. –Una sonrisa atravesó el rostro de Harry por primera vez en horas–. Se de un par que sí… Rápido, bajo la capa. Tenemos que regresar a la torre. –Lanzó una última mirada a su hermana y besó su frente–. Te sacaremos de esta pronto, Mione –susurró. Pensando rápido, también tomó el espejo. No podía dejar de ser cauteloso.

Ambos chicos se cubrieron con la capa de invisibilidad y pasaron sin ser vistos por la oficina de Madame Pomfrey (McGonagall no había dicho que su acompañante tenía que ser un maestro). Harry escuchó por cualquier murmullo en parsel todo el camino, y también usaron el espejo para mirar a su alrededor de las esquinas. Harry salió de debajo de la capa (nadie sabía que Neville se había ido) justo afuera de la torre de Gryffindor y dio la contraseña a una nerviosa Dama Gorda.

Todos observaron a Harry por un momento cuando se detuvo en la abarrotada sala común, antes de que todos los Gryffindor se lanzaran a su alrededor ofreciéndole su simpatía. Dejó salir una chispa de magia que hizo que todos dieran un paso atrás nerviosos mientras examinaba la sala. Al ver a las personas a las que necesitaba, aún en sus túnicas de quidditch, los llamó:

–¡Fred! ¡George! ¡Emergencia de merodeadores!

Fred y George Weasley saltaron al escucharlo y, con un gesto, siguieron a Harry arriba.

–¿Harry? ¿Qué está ocurriendo? –dijo Ron y los siguió.

Para cuando los gemelos llegaron al dormitorio, Harry ya se había quitado la capa de invisibilidad de Neville y sacado el mapa del merodeador y su espejo de comunicación de su cajuela. (El espejo de comunicación de Hermione estaba en su cuarto, donde no podía tomarlo.)

–¿Qué necesita, Sr. Raticida? –dijeron Fred y George al mismo tiempo.

–¿Raticida? –preguntó Neville, elevando una ceja.

–Nombre de familia –dijo Harry sin darle importancia–. Tengo una idea sobre donde está la cámara de los secretos, pero necesito su ayuda. –Dio un golpe al mapa con su varita–. Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. –Y tocó el espejo–. Sirius Black.

En segundos, Sirius y Remus aparecieron en el espejo.

–Harry, acabamos de escuchar de McGonagall. Lo sentimos tanto –dijo Sirius con frenesí.

–Sí, aunque Hermione me dejó un pista –respondió Harry.

–¿Lo hizo? –dijo Remus.

Harry levantó la página del libro y explicó como habían conectado las pistas.

–Demonios, ¿un basilisco? –exclamó Remus–. ¿Por qué no pensé en eso? Es tan obvio cuando conoces el secreto.

–Pero, ¿las tuberías? –dijo Sirius con incredulidad.

–El sistema de drenaje en Hogwarts solo tiene doscientos cincuenta años –dijo Remus–. Eso dice...

Historia de Hogwarts –dijeron él y Harry al mismo tiempo–. Exacto. Pero la única manera en la que tiene sentido es si la entrada a la cámara de los secretos está en un baño que nunca use nadie. Ustedes dos y Fred y George conocen el castillo mejor que nadie. Tenemos que descubrir que baño es.

–¿Tiene que ser un baño? –sugirió George–. ¿Y si son las cocinas o la lavandería?

–No, muy poblado –respondió Remus–. El basilisco hubiera matado ya a la mitad de los elfos. Harry tiene razón. Tiene que ser un baño. Ahora, podemos eliminar las partes de las escuela que estaban cerradas hoy. Entonces, comencemos con las mazmorras y de ahí hacia arriba.

–Inclina el espejo un poco más hacia afuera, Harry… –dijo Sirius–. Bien.

–Hay uno en las mazmorras –señaló Fred–. No puedo imaginar que muchas personas irían ahí.

–No, muy cerca de las aulas de Pociones –respondió Sirius–. Me rehúso a pensar que Quejicus es tan ciego.

Ron soltó una risotada. Fred y George se observaron con sorpresa ante el apodo, pero acordaron en silencio que su continua salud estaría mejor si olvidaban lo que habían escuchado. El grupo de siete continuó examinando el resto del mapa, hablando sobre que baños eran poco usados y podrían servir como puntos de acceso para el basilisco en base a donde los ataques habían ocurrido. Encontraron varios candidatos, pero uno resaltaba claramente.

–El baño de niñas del segundo piso en el ala este –dijo Remus–. Ha estado embrujado por un fantasma llamado Myrtle la Llorona desde antes de que nosotros estuviéramos en la escuela. Siempre está fuera de servicio.

–Y es justo donde ocurrió el primer ataque y fue escrito el mensaje –agregó Harry.

–Vaya, tiene que ser ese –dijo Ron–. Todo tiene sentido ahora.

–Sí –dijo Harry en acuerdo–. De acuerdo, tengo una idea… sólo escúchenme. Quiero ir a revisar ese baño.

–¡¿Qué?! –gritaron Sirius y Remus, y comenzaron a hablar uno sobre otro––. Harry, ¡no puedes ir donde está el basilisco! –terminó Sirius.

–No, escuchen, no quiero entrar. Sólo quiero intentar encontrar la entrada. Suponemos que solo se abre con parsel, ¿no? Así que tengo que ser yo. Neville y yo podemos ir bajo la capa, pero iremos con McGonagall primero. Usaremos el espejo para todas las esquinas, y prestaré atención para escuchar el parsel. Y si encontramos la entrada, llamaremos a los aurores de inmediato.

–Me preocupa que eso no será suficiente, cachorro… –dijo Sirius–. Pero supongo que es el mejor plan que vamos a tener, y Merlín sabe que nosotros hicimos cosas más peligrosas. Así que supongo que no podemos detenerte físicamente… pero más vale que te cuides si haces eso.

–Lo haremos, lo prometo –dijo Harry con firmeza–. Neville, ¿estás preparado? Sería bueno tener a alguien de una Casa Antigua.

Neville lucía nervioso, pero apretó la quijada.

–Sí, lo haré –dijo.

–Yo también voy, Harry –dijo Ron. Harry sacudió la cabeza.

–No, Ron. Será más rápido con sólo dos, y sin ofender, pero si alguien va a hacer que el heredero piense dos veces si atacar es el último hijo de los Longbottom. Además, te necesito aquí. Necesito que los tres… –Señaló a Ron, Fred, y George–... vigilen el mapa. Si algo sale mal, informen al maestro más cercano. Sirius, Remus, si no llamo de regreso en media hora, llamen a los aurores.

–Puedes contar con eso –dijo Sirius.

–También puede contar con nosotros, Sr. Raticida –dijeron Fred y George al mismo tiempo.

–Bien. Gracias a todos. Hagamos esto.


En una inusual casa en la pequeña aldea de Devon sonó un reloj inusual. La única ocupante de esa casa se apresuró a ver que nombre era señalado y se apresuró a la chimenea a realizar una llamada frenética por la red Flu… una llamada que no sería contestada por varias horas.


Impulsada por una voluntad que no era suya, Ginny Weasley subió las escaleras con dificultad al escuchar a los niños salir del cuarto. Tom estaba feliz. Harry había descubierto donde estaba la cámara, justo como quería. Y cuando Tom era feliz, no era bueno para ella. Parecía estar más en control. Continuó intentando luchar contra él, pero aún estaba cansada de luchar toda la mañana. La obligó a esperar en silencio hasta que el duo invisible salió por el agujero del retrato. Después, la obligó a usar un débil encantamiento de ocultamiento… sólo lo suficiente fuerte para que nadie notara que se estaba moviendo si no la estaban buscando, y fue tras ellos.

Fue obligada a seguir a Harry y Neville a la oficina de McGonagall, donde ellos frenéticamente explicaron su idea, y ella con renuencia los llevó al baño donde estaba la cámara. Tom estaba escuchando sus pasos y siguiéndolos lo suficiente lejos para no ser detectado. Ginny quería correr hacia McGonagall y decirle todo, pero ya no podía detener a Tom. Sólo podía esperar que quizás Harry y Neville triunfarían en su misión, y entonces, los aurores irían a deshacerse del basilisco. Si podía detener a Tom por un tiempo… pero se sentía tan cansada… agotada. Y era como si él tuviera cada vez más fuerza. Su mente se sentía revuelta mientras que la de él era cada vez más perspicaz. Apenas podía luchar.

Tom, por favor, Harry es mestizo. No tienes que ir tras él, rogó con cansancio.

Oh, tengo razones diferentes para querer hablar con Harry Potter, dijo Tom con una sonrisa malévola. Es hora de probar su habilidad para luchar contra magos oscuros.

Ginny sintió su sangre congelarse. Por favor, ¡no me obligues a hacerlo! ¡Haré lo que quieras! ¡Por favor! Ya está molesto por Hermione. ¡Me mataría si lo ataco a él!

Te aseguro que seré capaz de mantenerte a salvo, Ginny.

Estaba afuera del baño ahora. Podía escuchar a Harry y Neville dentro, hablando con Myrtle la Llorona sobre como había muerto y eso. Entonces escuchó una palabra en susurro que le dio escalofríos, y el ruido de algo pesado moviéndose. Harry había abierto la cámara.

Chico listo, dijo Tom. Ahora es nuestra oportunidad. Abre la puerta. En silencio.

¡Por favor, no!

No puedes resistirme.

¡No! ¡Ya he lastimado a tantos!

Abrió la puerta. Harry y Neville le daban la espalda y estaban usando un espejo para mirar dentro de la tubería. McGonagall estaba detrás.

Muy listos. Pero bajaron su guardia. Podemos atacarlos a ambos antes de que tengan tiempo de reaccionar.

¡No! ¡No! ¡No!

Lumos –dijo Neville. Harry lanzó unas cuantas bolas de fuego dentro de la tubería.

¡Lanza el hechizo!

–Pues, no hay nada ahí ahora, pero tiene que haberlo. Respondió al parsel.

Ginny levantó su brazo.

¡Harry no! ¡Harry no! ¡Por favor, Harry no!

–Sirius Black.

¡AHORA!

–¿Qué ocurre, cachorro?

McGonagall comenzó a darse la vuelta.

¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desmaius!

–¿Harry? ¡Harry!

Sirius Black y Remus Lupin observaron con horror cuando la vista en su espejo comenzó a dar vueltas sin control y explotó en un caleidoscopio oscuro.