Harry Potter, al recordar este evento después, se dio cuenta de que considerando su nivel de vida, había reclutado un grupo lleno por completo de lunáticos, con él al frente de la aberración y JK Rowling como la ideal mano derecha, pero ese White Squirrel sería bastante útil.


Capítulo 59

–Hola, Potter.

Harry se despertó sintiéndose como si una bludger lo hubiera golpeado y parpadeó varias veces antes de abrir sus ojos. Estaba en la oscuridad… sólo unas cuantas antorchas en las paredes, las cuales estaban a una sorprendente lejana distancia. Escuchó un gruñido a su lado y se dio la vuelta para ver. Neville estaba a su lado, también despertándose. No vio a McGonagall. La neblina se alejó de la mente de Harry y rápidamente analizó la situación. Estaban en una cámara amplia y oscura, probablemente subterránea. Vio pilares tallados con elaboradas serpientes de piedra. Estaban en la cámara de los secretos.

Estaban en problemas.

Recordó soltar el espejo, así que eso no ayudaría. Su varita estaba… no en su funda.

–Que amable que decidieras acompañarnos –continuó la voz. No, las voces, una varonil y otra femenina. Estaban hablando en inglés no en parsel, pero aún era desconcertante. Harry hizo un mueca de dolor mientras se giraba para ver a la fuente de las voces.

¡¿Ginny?!

Ahí estaba Ginny Weasley, de pie sobre los dos chicos, pero no era la Ginny Weasley que Harry conocía. Lucía cruel y despiadada, sus ojos brillando de un color rojo. Tenía una varita en una mano, apuntándola hacia ellos, y un libro pequeño en la otra, y Harry vio las varitas de él y Neville sobresaliendo de uno de los bolsillos de su túnica. Detrás de ella estaba una forma borrosa y transparente que parecía tener forma humana, y detrás se encontraba la enorme estatua de Salazar Slytherin. Era una visión imponente, especialmente desde el suelo.

–Oh, sí, la pequeña Ginny ha sido gran ayuda, aunque costó algo de trabajo. –Harry sintió un escalofrío en su columna al escuchar esas voces. Ginny hablaba en monótono y estaba parada como una marioneta. Hablaba al mismo tiempo que la figura fantasmal detrás de ella.

–¿Profesora…? –Harry miró a su alrededor.

–Aún en el baño –respondieron ambos–. Te hubiera dejado a ti también, Longbottom, pero tenías que caerte.

–¿Quién eres? –demandó Harry mientras él y Neville se ponían de pie temblorosamente.

–¿Qué eres? –Neville finalmente había encontrado su voz.

–Un recuerdo –dijeron el espectro y Ginny–. Preservado en mi diario por cincuenta años. –Eso explicaba el libro en la mano de Ginny–. Pero eso no significa mucho para ustedes. En vida, era Tom Sorvolo Ryddle.

Harry y Neville soltaron un grito ahogado. Neville cayó sobre su trasero e intentó alejarse.

–Q...q...q...quien-T...t...tu…–tartamudeó.

¡Voldemort! –bufó Harry.

–Has hecho tu tarea –dijeron dos voces–. Bien. Esto lo hará más fácil ahora que finalmente tengo tu atención.

¿Tiene mi atención? Pensó Harry. ¡Hermione! ¡Atacó a Hermione para atraparme!

–Quería hablar contigo, Harry Potter –confirmó Ryddle. Mientras hablaban, la forma fantasmal pareció volverse más sólida, sus características humanas más aparentes. Y, aunque era difícil de ver, parecía que Ginny estaba cada vez más cansada. Eso era una mala señal.

–¡La estás poseyendo! –dijo Harry–. ¡Déjala ir!

Ryddle sólo se rio… una risa fuerte y fría.

Enfurecido, Harry lanzó un encantamiento desarmador sin varita en dirección a Ginny.

¡Protego! –gritó Ginny…sólo Ginny… y el hechizo fue rechazado.

–No, no, Potter, ¿en verdad creíste que podrías atraparme con algo de magia sin varita? –Las voces hablaron al mismo tiempo de nuevo–. Aún si no hubieras hecho esa gran revelación a la escuela, yo era bastante bueno a tu edad. Si en verdad derrotaste a Lord Voldemort, debes de ser mejor que eso.

Debe de estar bromeando, pensó Harry. ¿Incluso Voldemort cree la leyenda de Harry Potter? No es como si eso fuera importante, pero le molestó bastante, y estaba listo para ponerlo en su lugar.

–Mi madre derrotó a Lord Voldemort –respondió–. Mi madre común hija de muggles te derrotó cuando murió salvándome. Y en verdad que hizo un buen trabajo.

–Harry, ¿qué estás haciendo? –chilló Neville detrás de él. Harry lo ignoró.

–Vi a tu verdadera forma el año pasado. Eras un desastre. Estabas en peor forma que la de este fantasma… o lo que sea. –Pero ese fantasma o lo que sea cada minuto lucía más humano. Notó que los párpados de Ginny caían un poco más mientras mantenía su varita en ellos.

–Ah, una protección de sacrificio, por supuesto –dijeron Ryddle y Ginny–. Una lástima. Esperaba que hubiera algo especial que fuera útil para mí. Pero no importa. Me desharé de ti y tus amigos sangre sucia pronto. Aunque el heredero de la Casa de los Longbottom es alguien interesante. –Neville tembló horrorizado–. Tendré que pensar qué hacer con él, pero por ahora… –Ginny agitó su varita y conjuro una venda alrededor de sus ojos y ató sus manos detrás de su espalda.

–¡Ah! ¡Harry!

Esto iba a empeorar muy pronto. Harry necesitaba distraer a Ryddle para poder pensar en un plan. Ryddle y Ginny comenzaron a sisear algo, pero los interrumpió con rapidez.

–¿Cómo? –Ryddle se detuvo.

–¿Qué?

–¿Cómo controlaste a Ginny? ¿Cómo la poseíste con un diario?

Ryddle, quien ahora tenía un rostro bien definido, mostró una sonrisa cruel.

–Siendo su amigo, por supuesto… imagina un diario que escribe de regreso… un diario que siempre estaba dispuesto a escuchar sus tontos problemas y ofrecía palabras reconfortantes, sin importar que. Oh, Salazar, era aburrido, pero me entregó su alma hasta que la conocí lo suficiente bien para tomar control.

Harry pensó que podía ver temblar a Ginny.

–¿Así de sencillo? –dijo él–. Debe de haber más que eso. Sus hermanos dijeron que ha estado actuando extraño todo el año.

–Oh, debo admitir que sabe luchar. Logró desafiarme dos veces… justo antes de mi ataque en enero y de nuevo después de eso. Pero siempre he sido bueno manipulando a las personas que necesito.

Harry no sabía qué hacer. Cuando había tocado a Quirrell cuando estaba poseído, se quemó y murió. No sabía si eso le pasaría a Ginny, pero no quería intentarlo. Pero Quirrell había dejado que Voldemort lo poseyera, de acuerdo a Dumbledore. Si Ginny había estado luchando todo el tiempo...

–¡Ginny! –dijo, parándose tan cerca cómo se atrevía enfrente de ella–. ¡Tienes que luchar contra él!

–No tiene caso, Potter –dijeron ella y Ryddle–. Ha estado luchando contra mí todo el día, pero permanecí en control.

–Ginny, sé que estás cansada, pero tienes que luchar contra él. No puedo arriesgar a tocarte mientras estas poseída. Podría lastimarte. Tienes que lograr esto sola. Tienes que derrotarlo. –Por un momento, pensó que vio la luz roja en la mirada de Ginny desaparecer por un instante.

–No –dijeron Ryddle y Ginny–. Eres mía ahora, Ginny. No puedes resistirme.

–¡Sí puedes! –dijo Harry–. Luchaste contra él dos veces, puedes hacerlo de nuevo. Eres más fuerte que él. Tienes que deshacerte del diario. –Sólo podía esperar que tenía que estar tocando el diario para poder ser controlada. El brazo de Ginny se movió–. ¡Sí! ¡Vamos! Así es, Ginny, déjalo ir.

–No lo hagas. Me obedecerás, Ginny. –Su mano comenzó a caer de nuevo.

–Por favor, Ginny –rogó Harry–. Tus hermanos saben que estas aquí. Todos están preocupados por ti. Pero ninguno de nosotros va a escapar a menos que logres derrotarlo. Por favor, tienes que soltar el diario. ¡Por favor!

La luz roja en los ojos de Ginny pareció flaquear de nuevo y estiró su brazo. Estaba temblando tanto que parecía estar al borde de colapsarse. Sostuvo el diario enfrente de ella con su mano temblorosa por tanto tiempo que Harry comenzó a contemplar si debía apresurarse y tomar sus manos y el diario antes de que pudiera lanzar un hechizo sin tocarla. Pero entonces, su agarre se aflojó. El diario se deslizó de entre sus dedos y cayó al suelo con un fuerte golpe, y la luz roja desapareció de sus ojos, dejándolos en su normal tono café.

–Harry, yo… –dijo sin aliento, pero entonces Ryddle se lanzó contra las varitas. Aún lucía algo borroso, pero estaba sólido. Y en ese momento, Ginny se desmayó.

–¡Ginny! –Harry se lanzó hacia ella para alcanzarla.

–Pareces ser bueno lidiando con las brujas, Potter –dijo Ryddle–, pero no importa. Ya no tiene mucha vida en ella. Poseída o no, me la quedaré. –Los ojos de Harry se abrieron más. ¿La estaba matando para obtener la vida suficiente para conseguir un cuerpo nuevo? No quería pensar en el terrible ritual que eso requeriría–. Y tú –continuó Ryddle–, veamos cómo le va al famoso Harry Potter en contra del monstruo de Salazar Slytherin. –Se giró hacia la estatua gigante.

¡No! ¡No puedes ganar! –dijo Harry con desesperación.

–¿No puedo?

–Dumbledore ya debe de saber que estoy aquí. Te detendrá.

–Dumbledore fue alejado del castillo hace meses –se burló Ryddle.

–Regresará. Y tiene aliados. ¡No lo derrotarás hasta que nos hayas derrotado a todos!

Antes de que Ryddle pudiera responder, un alarido musical llenó la cámara… un alarido que animó el corazón de Harry e hizo palidecer a Ryddle… y una hermosa ave roja y dorada descendió dentro de la cámara.

–¡Fawkes! –exclamó Harry.

Fawkes voló sobre ellos y soltó algo a los pies de Harry. Era el sombrero seleccionador. Entonces, se acercó a Neville y cortó las cuerdas que lo ataban con su pico.

–¿Harry? –dijo Neville con miedo mientras se quitaba la venda cubriendo sus ojos.

Pero justo entonces, Ryddle habló:

¡See-aachs ungatas Seleetheyin!

–¡Neville, corre! –gritó Harry mientras la boca de la estatua comenzaba a abrirse–. ¡Sai-achass haashee!

Podía escuchar algo grande y bastante letal deslizarse detrás de él. Y podía escuchar la voz de nuevo: Hora de matar.

¡Sai-achass haashee! –repitió–. ¡Sai-achass haashee! ¡Haashee seeheth!

–¡Parsel no te salvará ahora, Potter! –Se burló Ryddle–. Sólo me obedece a mí.

Harry y Neville intentaron correr a la salida en la estructura tipo catedral, pero el monstruoso basilisco era más rápido. Los iba a rebasar y bloquear la salida, capturándolos con su mirada mortal.

Fawkes voló en picada con un chillido llenó de enojo que casi hizo que Harry quisiera darse la vuelta e ir tras Ryddle con sus propias manos. Entonces, el basilisco bramó con dolor, y Ryddle gritó:

–¡No! ¡Maldita ave! ¡Ve tras los niños! –siseó en parsel–. ¡Aún puedes olerlos! ¡MÁTALOS!

–¿Olerlos? –exclamó Harry–. ¡Estás ciego! ¡Podemos enfrentarlo!

–¿Con qué? –dijo Neville.

–¡Tenemos que llegar a Ryddle! –Se dieron la vuelta y corrieron en dirección opuesta. Harry sacudió el sombrero seleccionador–. Vamos, vamos, debe de haber algo útil sobre esto. –Vio un brillo metálico dentro del sombrero y metió su mano dentro. Devolvió una hermosa espada larga con mango incrustado de joyas–. Bueno, eso es útil. –El basilisco se dirigió hacia ellos y Harry sostuvo la espada enfrente de él mientras Neville lo miraba con asombro. La serpiente era enorme… fácilmente tres veces el largo de cualquier cosa que hubiera visto en el zoológico, y lo suficiente grande para tragárselo por completo sin dislocar su quijada… un monstruo de color verde enfermizo y venenoso con escamas gruesas y protuberantes.

Se lanzó hacia ellos y Harry agitó la espada al mismo tiempo que lanzaba un Incendio a través de sus manos… el ataque más poderoso que llegó a su mente. La espada rasguñó la piel alrededor de la boca y rozó varios de sus numerosos colmillos (nada similares a los colmillos de una víbora común en esa bestia) y las llamas lo hicieron hacerse para atrás, pero sus escamas mágicas gruesas lo protegieron.

–¡Sigue corriendo! –dijo Harry. No podían seguir así por mucho tiempo, pero con el basilisco ciego y con él con una espada, quizás tendría suerte...

–Eso no es muy justo, Potter –llamó Ryddle desde la estatua–. Hay que igualar la balanza, ¿no crees? –Agitó la varita de Harry y las antorchas alrededor de la cámara se apagaron una por una, hasta que lo único que quedaba era el brillo verde turbio que salía de la estatua. En la casi oscuridad, el basilisco era invisible. Harry apenas podía ver a Neville a su lado o su espada brillando frente a su rostro.

–¡Harry, haz algo! –lloró Neville.

–¡No tengo el suficiente poder...ah! –gritó Harry mientras los dientes del basilisco hacían contacto con la espada de nuevo e intentaba un Diffindo con su mano libre, sin éxito. Corrieron lejos lo mejor que pudieron–. Necesito llegar a Ryddle.

–Harry –dijo Neville–, ahora sería un buen momento para convertirse en algo pequeño y rápido que tiene buena visión nocturna.

Harry se sorprendió tanto que casi soltó la espalda.

–¿Cómo…?

–Bufas al peligro, tu apodo es Raticida, ¿y recuerdas Halloween nuestro primer año? ¿Cuántos magos pueden hablar gato?

–C...c...cierto… de acuerdo –Harry salió de su asombro–. Ya voy. Toma esto. –Forzó la espada en las manos de Neville y se transformó en Raticida.

Sus ojos felinos podían ver mucho mejor en la casi oscuridad de la cámara de los secretos. Su nariz fue asaltada por el fétido olor a veneno y putrefacción que venía del basilisco, pero lo ignoró. El basilisco era un predador increíblemente peligroso, pero era lento, no muy ágil, y distraído, y un gato era más rápido y sigiloso que un humano.

Escuchó los gritos de terror de Neville y el ruido del metal golpeando contra los colmillos mientras el niño intentaba continuar corriendo y distrayendo al monstruo. De hecho, Neville era casi tan competente como Harry. Todo ese ejercicio durante los últimos dos años le había hecho bien, y en verdad estaba luchando. Si había alguna duda sobre si Neville pertenecía en Gryffindor, se había ido. Raticida, por otro lado, corrió en arco para llegar detrás de Ryddle. Dio un gran salto y sacó sus garras.

Raticida no había cazado en un largo tiempo. Para sus instintos felinos, se sentía bien desgarrar carne, sacar sangre. Y ya que era Voldemort con quien estaba lidiando, Harry disfrutó la sensación. Pero mantuvo la cordura. Antes de que Ryddle pudiera pensar una respuesta coherente a ser rasguñado, Raticida se subió a él y apenas y logró tomar las tres varitas con sus dientes. Pero entonces, escuchó un terrible grito de dolor. Miró atrás y vio al basilisco hacerse atrás después de otro golpe con la espada, pero este había sido muy cercano. Un colmillo se había encajado en el brazo de Neville y él soltó la espada.

Raticida corrió más rápido que nunca en su vida. Corrió hacia Neville mientras el basilisco se preparaba para otro ataque, y en un solo movimiento se transformó, tomó la espada con una mano, y en lugar de intentar bloquear los colmillos, la encajó dentro de la boca de la serpiente, mientras que tomaba las tres varitas con su otra mano.

¡Contengo! –El encantamiento de bloqueo empujó a los colmillos que se hubieran encajado en su propio brazo mientras que la espada penetraba su cerebro. El basilisco se hizo para atrás por última vez de manera mecánica y cayó de lado, muerto.

Harry cayó al suelo y se arrastró hacia Neville. Sacó el colmillo del brazo de su amigo, pero sabía que era muy tarde. Neville se había puesto tieso, se sacudía con dolor y lucía desorientado. Probablemente sólo tenía unos minutos.

–Neville, lo siento tanto –susurró Neville–. Debí ser más rápido.

Escuchó pasos acercarse.

–Y así termina la Noble y Antigua Casa de los Longbottom –dijo Ryddle con una voz que apenas podía contener su ira–. Que desperdicio de sangre mágica. Y tú aún sigues con vida, Harry Potter… pero no por mucho tiempo. ¡Accio varitas! –El encantamiento convocador sin varita de Ryddle sacudió el brazo entero de Harry, pero con su agarre de hierro, las varitas permanecieron en su mano. Ryddle lo intentó de nuevo–. Accio… ¡pff!

Fue interrumpido cuando Fawkes lo golpeó en el rostro con un ala mientras volaba en picada hasta aterrizar junto a Neville. Fawkes se inclinó sobre la herida en su brazo y comenzó a llorar. Los ojos de Harry se abrieron como platos.

–Por supuesto –respiró–. Las lágrimas de fénix tienen poderes curativos. ¡Oh, gracias a Dios! ¡Gracias, Fawkes, gracias!

¡Cah! Dijo Fawkes, aparentemente diciendo, "De nada".

Neville comenzó a respirar con facilidad y parpadeó en dirección a Harry.

–Lo lograste –murmuró.

Ryddle, sin embargo, estaba cada vez más enojado.

–Así que la línea de los Longbottom continúa –escupió–. No es gran diferencia ya que no podrás detenerme, Potter. Ginny Weasley morirá y Lord Voldemort regresará, más fuerte que nunca–. ¡ACCIO VARITAS!

Esta vez, las varitas escaparon de los dedos de Harry directo a la mano de Ryddle, pero al mismo tiempo, supo por instinto que hacer. Tomó el colmillo suelto del basilisco a un lado de Neville y corrió al otro lado de la cámara hacia donde Ginny había soltado el diario. Ryddle lanzó maldiciones hacia él, pero las sintió venir con su sentido de la magia y las esquivó. Recordando una película que había visto una vez, gritó:

¡Te expulso, espíritu maligno! –Y antes de que Ryddle pudiera reaccionar, clavó el colmillo en el diario con ambas manos.

Fue una escena merecedora del Exorcista. Tinta negra salió de la herida en el diario por litros, empujando a Harry hacia atrás, y una luz muy brillante, casi divina, salió del cuerpo de Ryddle, destrozándolo hasta que se desintegró en vapor, soltando las varitas al suelo.

Harry cayó sobre sus rodillas y llamó a Neville mientras intentaba levantarse.

–Lo hicimos –dijo, una sonrisa comenzando a formarse en su rostro–. Detuvimos al monstruo… y al heredero.

Neville comenzó a sonreír también.

–Salvamos la escuela –respondió–. Y seguimos vivos.

Fueron interrumpidos cuando Ginny dejó salir un suave y agudo gemido.

–¡Ginny! –dijo Harry. Desafiando a sus adoloridas extremidades, se arrastró hasta estar de rodillas a su lado–. ¿Estás bien?

Los párpados de Ginny se abrieron lentamente. Sus brillantes ojos café observaron a los ojos esmeraldas de Harry. Entonces, su rostro se contorsionó con temor, e intentó alejarse de él, llorando.

–¡Ah! ¡Harry! ¡No! ¡No me mates!

Harry se forzó a ponerse de pie con confusión.

–¿Eh?

–¡No quería hacerlo! –soltó, aun alejándose de él–. Tom me obligó. ¡Intenté lucharlo, pero no pude!

Harry se acercó a ella.

–Ginny, está bien… –comenzó.

Pero ella continuó alejándose hasta que su espalda se encontró con un pilar.

–¡No quise hacerlo! –sollozó–. ¡Por favor no me mates! ¡No quería morir! –Se cubrió su rostro con sus brazos, como si protegiéndose de un golpe, luciendo bastante como Harry se imaginaba él debió lucir enfrente del tío Vernon hacía años.

–¡Ginny! –dijo con fuerza, honestamente perplejo–. ¿Por qué te mataría?

Ella bajó sus brazos un poco y lo miró entre sus manos.

–P...p...pero… –dijo con voz baja–. Pero te ataqué… ataqué al Niño Que Vivió. ¡Petrifiqué a tu hermana!

Harry logró inclinarse enfrente de ella sin que ella se alejara.

–Ginny –dijo con voz baja–, todo fue culpa de Ryddle. Él te obligó. Nada de esto es tu culpa… tú eres la que luchó contra él. Nadie va a culparte.

–Pero y si… ¿y si me expulsan?

–No lo harán –dijo Harry con determinación–. No fue tu culpa.

–Pero...

–Si lo intentan, tendrán que responderme a mí… y yo soy Harry Potter.

–Lo mismo conmigo.

–¡Ah! –Ginny se dio la vuelta para ver a Neville de pie detrás de ella.

–Excepto por el ser Harry Potter –agregó.

–Hiciste un buen trabajo con esa espada –dijo Harry. Ofreció su mano a Ginny y la ayudó a ponerse de pie. Ella sonrió con timidez y se recargó sobre él, aunque aún temblaba–. Ahora, ¿cómo salimos de aquí? –dijo.

¡Cah! Dijo Fawkes.


Minerva McGonagall, Severus Snape, Ojoloco Moody, Nymphadora Tonks, Rufus Scrimgeour, Sirius Black, y Remus Lupin estaban de pie alrededor del lavabo fuera de servicio en el baño fuera de servicio sin saber qué hacer. Tonks estaba cargando un gallo en una jaula. Sabían lo que había abajo, y sabían cómo matarlo, pero no sabían cómo abrir la maldita puerta.

–Es inútil –gruñó Moody después de que cada uno intentó y falló el destrozar, explotar, o escavar hasta llegar a la entrada de la cámara de los secretos. Incluso el ojo de Ojoloco no podía penetrarla–. Necesitamos a Dumbledore… o a un rompe-maldiciones.

–Desafortunadamente, no tenemos idea de cuando regresará Dumbledore –dijo McGonagall–. Y para entonces podría ser… –perdió la voz–. Podría ser muy tarde.

Había sido despertada en el baño por Severus, quien había sido el primero en llegar, sin ninguna señal de Potter excepto por su capa de invisibilidad. Pronto aprendió que había un mensaje afuera del baño escrito en letras escarlatas de un pie de largo debajo del primero: SUS ESQUELETOS YACERÁN EN LA CÁMARA POR SIEMPRE.

–Parece que la puerta sólo se abrirá en respuesta al parsel –dijo Snape–. Desafortunadamente, Dumbledore es la única persona que conozco además de Potter que quizás sabe el suficiente parsel para abrirla.

Sirius se quejó en un sonido bastante canino. La idea de su ahijado atrapado ahí abajo con el heredero de Slytherin era tan horrible que ni siquiera le importaba el estar en la presencia de Snape. Pero entonces, algo cobró sentido en su mente.

–Un minuto –dijo–. Esperen un minuto. Harry y Hermione nos dijeron que estaban haciendo un estudio lingua… lingüi… que estaban estudiando parsel con otra estudiante. Oh, Lunático, ¿cómo se llama? Pequeña, rubia, voz chillona, cabeza en las nubes...

–Lovegood –dijeron Snape y McGonagall al mismo tiempo–. Luna Lovegood –continuó McGonagall–. Primer año en Ravenclaw. ¿Crees que sea capaz de abrirla?

–Vale la pena el intentarlo –dijo Sirius–, y no tenemos otras ideas.

–Iré por ella al instante.

Unos minutos después, McGonagall regresó al baño con una niña de ojos soñadores cargando sus notas.

–Hola a todos –dijo ella con voz aguda. Miró a su alrededor con curiosidad–. Myrtle, ¿estás aquí?

Una joven fantasmal salió de uno de los excusados.

–¿Luna? ¿Eres tú? –dijo.

–Ajá. Hola, Myrtle. ¿Cómo estás?

–Nada bien con todos estos hombres en mi baño y… –Myrtle se detuvo e hizo bizcos cuando vio a Moody picando su nariz con su varita.

–Hay que ir a la cámara, ¿de acuerdo, pequeña? –dijo Moody.

–Sí, señor. Mmm… –Luna buscó entre sus notas–. Creo que intentaré "Abre, por favor" primero. Eso suena a una manera amable de dejar que las personas entren.

Los adultos se miraron los unos a los otros con escepticismo, pero sacudieron los hombros. Con la contraseña en parsel, era tan buena sugerencia como cualquier otra.

Luna encontró el punto de entrada y susurró:

Hesha-hassah. –De inmediato, el lavabo se movió hacia atrás y se deslizó hacia abajo, revelando la entrada al pasadizo descendiendo debajo del castillo.

–¡Sí! –bramó Sirius en triunfo–. Ahora podemos...

–¡Cuidado! –gritó Moody, empujando a todos lejos de la entrada. Una llamarada dorada creció en la tubería y salió y se detuvo en medio del baño, donde se materializó en tres figuras humanas.

Las ocho brujas, magos, y un fantasma observaron con asombro. Harry Potter estaba de pie enfrente de ellos con una varita en su mano, una joven en la otra, y un fénix en su hombro, con Neville Longbottom de pie a su lado como un aliado tan fuerte como ningún otro.

Las primeras palabras que Harry soltó fueron:

–Oh, ahora se aparecen.

–¡Harry! –gritó la mitad del grupo.

–Oh, cachorro, gracias a Merlín que estás vivo –dijo Sirius. Se lanzó hacia él e intentó abrazarlo, pero la espada y Ginny estaban en su camino.

–Potter, ¿qué ocurrió ahí bajo? –dijo Moody, regresando a lo importante–. ¿Dónde está el basilisco?

–Muerto –dijo Harry.

–¡¿Qué?! –gritaron todos.

–¿Estás seguro, Potter? –dijo Moody.

–Baja y revisa si no me crees. No creo que pudiera sobrevivir mucho el que una espada atravesara su cerebro.

–¿Y el heredero? –preguntó Tonks.

–También muerto.

–¡¿Qué?! –se repitió con más fuerza.

–Potter, ¿mataste a un estudiante? –preguntó McGonagall preocupada.

–No, maté a un libro, profesora. –Neville les mostró un diario negro pequeño con un agujero en el centro.

–¿Un libro? –dijo Scrimgeour con confusión.

–Pero entonces, ¿quién era el heredero? –preguntó McGonagall.

–Oh, fue Voldemort… de nuevo.

Hubo más gritos ahogados en el baño. Tonks y Scrimgeour parecían estar a punto de desmayarse, e incluso Luna lucía temerosa.

–Oh vaya –dijo.

–¿Luna? –preguntó Harry sorprendido.

–Hola, Harry. Estaba aquí para salvar el día, pero parece que ya lo salvaste.

–Sí… Así que, ¿alguien quiere explicarme porque su pequeño problema con un monstruo tuvo que ser resuelto por un par de niños de doce años? –demandó Harry.

¡Cah! Protestó Fawkes.

–Oh, lo siento. Un par de niños de doce años, un ave cantadora, y un sombrero viejo.

Cah, gruñó el fénix.

–Yo… creo que una explicación completa está en orden… –dijo McGonagall temblorosa–. Pero primero, ustedes tres deben de ir a la enfermería. Ahora que el peligro ha pasado, contactaré a sus padres para que nos encuentren ahí.

–Genial –murmuró Harry–. Ahora ellos podrán matarnos.

Nadie estaba seguro de cómo pasó, pero parecía que los gemelos Weasley se habían enterado que Harry había salido de la cámara de los secretos y de algún modo habían escuchado que el monstruo estaba muerto y el peligro se había ido, y habían alertado al resto de la escuela. Un número de estudiantes se escabulló para intentar ver al héroe. Como haya pasado, la imagen de Harry Potter caminando por la escuela como un héroe griego de mitología, con una espada y un fénix (y Ginny) estuvo en boca de todos al día siguiente y fue parte de la leyenda oficial de Harry Potter en menos de una semana.

Por suerte, no molestaron mucho a Harry durante el camino, y el gran grupo llegó a la enfermería sin problemas. Harry de inmediato dejó la espada y soltó a Ginny para sentarse al lado de su hermana.

–Lo hicimos, Mione –susurró–. Neville y yo… matamos al basilisco y nos deshicimos del heredero.

–Me temo que no puede escucharte, querido –dijo Madame Pomfrey mientras comenzaba a examinarlo.

–¿Cuándo estará listo el filtro de mandrágora? –le preguntó.

–La profesora dice que en tres semanas más.

–¿No hay algún modo de que sea más rápido?

–No en este país. Quizás en el mediterráneo, pero importarlo sería muy caro. Lo siento, Potter, pero es lo mejor que podemos hacer.

Harry se agitó por un momento. Sin Hermione por tres semanas. Incluso en sus momentos más molestos, no creía que podría disfrutar eso. Deseaba que pudiera hacer algo más. Entonces levantó la mirada.

–Un minuto –dijo–. Soy rico y famoso, ¿no es así? ¡Y tengo una amiga por correspondencia en el sur de Francia! Sirius, ¿cuál es la manera más rápida de enviar una carta a Baton Vert?


¡Gabrielle! ¡Gabrielle! –llamó la voz de una mujer francesa en una aldea en los Pirineos.

Una pequeña niña de cabello plateado llegó corriendo.

¿Qué ocurre, Maman? –dijo.

Una carta –dijo Apolline Delacour a su hija–. Es de Harry Potter. ¡Finalmente detuvo al heredero de Slytherin!

¿Lo hizo? ¡Eso es maravilloso, Maman! ¿Cómo lo hizo?

El monstruo era una… una serpiente gigante, Gabrielle. Harry… la mató con una espada.

¡Wow!

Por todos los cielos –dijo Apolline mientras continuaba leyendo la carta–. Su hermana fue petrificada… y está pidiendo nuestra ayuda.

¿En verdad? –dijo Gabrielle con sorpresa–. Tenemos que ayudarlo, Maman.

Sí, creo que podemos, ma fille.