Harry Potter no busca a JK Rowling. Ni a White Squirrel. Ni mucho menos a mí. Todos nosotros buscamos a Harry Potter.
Notas del autor: La razón de las fechas tendrá sentido después.
Capítulo 60
11 de mayo, 1993
Lo último que Hermione recordaba era ver un par de ojos amarillos en el espejo y sentirse como si su cabeza hubiera sido lanzada contra la pared. Lo siguiente de lo que estuvo al tanto fue despertarse en una cama suave. Eso quería decir… ¡había sido petrificada por el basilisco! Sus ojos se abrieron de golpe y vio los ojos esmeraldas de su hermano y un rostro sonriente sobre ella. El filtro de mandrágora debió de trabajar rápido porque se levantó de la cama tan rápido que casi chocó contra su cabeza.
–¡Harry! –dijo con urgencia–. ¡El monstruo! Es un...
–Basilisco, sí –dijo Harry sin darle importancia.
–Está moviéndose a través...
–De las tuberías –terminó Harry de nuevo.
–Y la cámara de los secretos… está...
–En el baño de niñas del segundo piso, el que siempre está fuera de servicio.
–¿Resolviste las pistas? –dijo con asombro.
–Siempre el tono de sorpresa. Soy tu hermano.
–Pero entonces… ¿y el basilisco?
–Oh, ¿eso? Lo maté.
La quijada de Hermione pareció caer al suelo.
–Me voy a dormir otra vez –dijo cuando encontró su voz de nuevo–. Obviamente estoy soñando.
–Eso quisiera, cariño –dijo una voz femenil.
Los ojos de Hermione se abrieron más y miró al otro lado.
–¡Mamá, papá, Sirius, Remus! ¡Están aquí!
–Por supuesto que estamos aquí –dijo Emma Granger con lágrimas en sus ojos–. Estábamos muy preocupados por ti.
Hermione abrazó a cada uno y miró alrededor de la enfermería. El lugar estaba más lleno de lo que nunca lo había visto, lleno de familias de estudiantes que estaban despertando mientras el profesor Snape y Madame Pomfrey administraban el filtro de mandrágora.
–Harry, ¿tú mataste a una serpiente gigante de cuarenta pies de largo con mirada letal?
–¿Cuarenta? –se burló Harry–. Más como cincuenta. Era el basilisco más antiguo que se ha registrado. Papá lo investigó y probablemente es la serpiente terrestre más grande que ha vivido, incluyendo especies extintas. Y bueno, Neville y Fawkes me ayudaron.
–¿Neville?
–Oh sí, debiste verlo. Estaba muy preocupado por ti y quería ayudar. Quiero decir, fue un accidente que termináramos ahí, pero él estaba a mi lado, agitando la espada y todo. –Se acercó más a ella y le habló en susurros–. Oh, y adivinó lo del gato.
–¡Harry James Potter!
–Je, eso fue lo que mamá y papá dijeron… –respondió algo incómodo.
–¡Harry James Potter, estás castigado! –gritó Emma en su mejor imitación de Molly Weasley–. Dejaste que alguien descubriera tu habilidad animaga y dejaste que alguien te pusiera una trampa y casi te matara de nuevo. Te criamos mejor que eso.
–Bueno, te lo mereces –dijo Hermione. Y vivimos en un mundo extraño cuando lo que mamá dijo tiene sentido, pensó.
–Sí, creo que sí –dijo Harry–. Por lo menos Neville respondió bien al asunto...
–Así que… ¿la habilidad animaga es algo del Niño Que Vivió o solo otra cosa rara que haces? –preguntó Neville.
–Eso quizás sea algo del Niño Que Vivió –le dijo Harry–. No es la primera vez que ocurre, pero es bastante raro. McGonagall piensa que cambié por primera vez por magia accidental.
–¿Magia accidental? ¿Cómo es eso posible?
–Ni idea, pero debes admitirlo, es útil.
–Claro que sí. ¿Quién más lo sabe?
–Sólo mi familia, Dumbledore, y McGonagall… y Ron lo descubrió por accidente. –Neville asintió.
–¿Lo de Pettigrew? El que podía transformarse en rata… Por Merlín, ¿lo atrapaste como gato?
–Ajá. Pero bueno, apreciaría si...
–Tu secreto está a salvo conmigo, Harry –dijo Neville con firmeza–. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has hecho por mí.
–Creo que ayudar a luchar contra un basilisco lo cubre, pero gracias, amigo. ¿Crees que alguien más lo haya descubierto? –preguntó Harry nervioso.
–Mmm… quizás, pero Ron y yo pasamos más tiempo contigo, y no creo que Dean y Seamus presten tanta atención, así que estarás bien si tienes cuidado.
–Neville es un buen chico –concluyó Harry–. Y definitivamente tiene profundidades ocultas.
–Siempre lo he creído –dijo Hermione–. ¿Qué dijo su abuela cuando se enteró?
–Pues...
–Neville Harfang Longbottom, ¡no te atrevas a asustarme de ese modo de nuevo! ¿En qué estabas pensando actuando de ese modo cuando sabes que hay un mago oscuro suelto en la escuela? Te crie mejor que eso.
–Neville actuó genial, Madame Longbottom –Harry intentó calmar las cosas para su amigo–. En verdad puede luchar. Estaría muerto si no fuera por él.
Eso hizo que Augusta Longbottom se detuviera por un momento.
–¿En verdad, Lord Potter?
–Sí, Madame. Incluso fue él a quien se le ocurrió como recuperar nuestras varitas del heredero.
–Bueno… entonces… –dijo con orgullo–. Me alegra ver que tienes la fuerza de tu padre, Neville. Y sé que tus padres estarían muy orgullosos de verte ayudar a tus amigos… Sólo desearía que hubieras buscado una manera menos… excesiva de mostrarlo.
–Pues, supongo que eso es bueno para él… creo –dijo Hermione–. ¿Harfang?
–Era el nombre de su bisabuelo, aparentemente.
–Eh… ¿Y quién era el heredero entonces?
–Oh, cierto, resultó que era Voldemort.
–¡¿Qué?!
–Sí, pero es complicado. Había un libro maldito con los recuerdos de Voldemort, y poseyó a Ginny Weasley para que hiciera su trabajo.
–¿Ginny?
–Sí, eso fue algo incómodo...
–¡Ginny! –lloró Molly Weasley–. ¡Gracias a Merlín que estás bien! El reloj te mostró en Peligro Mortal por más de una hora, e intentamos contactar a la escuela, ¡pero nadie quería hablar con nosotros! ¿Qué ocurrió?
Esto provocó que Ginny intentara responder entre lágrimas, así que Harry y Neville tuvieron que llenar los agujeros en la historia provocados por sus sollozos hasta que los horrorizados señor y señora Weasley no sabían a qué niño abrazar en agradecimiento.
–¿En verdad hicieron todo eso? –dijo George.
Harry y Neville asintieron con poca energía.
–Demonios –dijo Ron–. No sé si yo hubiera podido… –dijo, terminando con un escalofrío.
–Harry, Neville, amigos, si alguno necesita algo, sólo pídanlo –les dijo Fred.
–Ginny, ¿por qué no contaste a alguien sobre esa… cosa? –preguntó el señor Weasley.
–Lo siento, papi. Tenía tanto miedo… y pensé que me había desecho de eso por completo.
–Nada de eso fue culpa de Ginny, señor Weasley –dijo Harry–. Sé que yo hubiera tenido miedo de decir algo si me hubiera pasado a mí. De hecho, debería estar orgulloso de ella. Luchó contra su control tres veces. Apuesto a que no cualquiera puede hacer eso, especialmente a su edad.
El señor Weasley suspiró y se acercó a Harry.
–Lord Potter –dijo–, hoy, le debemos una deuda que nunca podremos pagar… por traer a Ginny de regreso a nosotros después de atacarlo… la culpe o no… y por mantenerla a salvo, aun cuando usted estaba en peligro. –Harry sólo sacudió su cabeza tratando de no darle importancia.
–Tiene razón… Yo… te debo una deuda de vida, Harry… –dijo Ginny con timidez.
–¿Una qué?
–Una deuda de vida –repitió el señor Weasley–. Y ciertamente así es.
Harry miró a su padrino.
–Lo siento, no conozco esta.
–Una deuda de vida –dijo Sirius–. Es un lazo mágico que ocurre cuando una bruja o mago salva la vida de otro. No es muy fuerte... como un impulso mental a pagarlo… así que puede ser resistido, pero la mayoría querría pagarlo si se da la oportunidad. Puede ser pagado con ayuda o favores, pero sólo puede ser completamente pagado salvando la vida de regreso del que salvó la vida en primer lugar.
–Eh… –dijo Harry confundido–. ¿Qué no eso ocurre seguido entonces? ¿Con los aurores o los sanadores?
–No… de hecho no es muy común –aclaró Sirius–. Tiene que ser un acto completamente altruista… no nacido de amistad o deber familiar o laboral. No aplica a los aurores o a los sanadores porque es su trabajo salvar a las personas.
–Oh, bueno, entonces no cuenta –dijo a Ginny.
–¿Qué?
–Fue por amistad. Quiero decir… supongo que no te conozco tan bien, Ginny, pero eres la hermana de Ron y Ron es mi amigo, y Sirius dijo que no hay deudas de vida entre amigos.
Los Weasley se sorprendieron de que Harry pudiera rechazar una deuda de vida de con tanta facilidad. Incluso si tenía razón, era una muestra sorprendente de generosidad.
–Eso fue muy amable de tu parte, Harry –le dijo Hermione–. Pero hay algo que no entiendo. ¿Cómo es que Ginny obtuvo el diario en primer lugar?
–Pues, no podemos probarlo, pero estamos seguros que Lucius Malfoy lo puso entre sus libros de la escuela cuando fuimos de compras antes de comenzar las clases.
–¡Malfoy! Ese maldito can… ¿Así que en verdad era su plan?
–Sí, Dobby lo admitió sin admitirlo después de que le dije que lo había descubierto, aunque él no lo hizo fácil...
–Pero hay algo que no entiendo, Dobby –dijo Harry–. Cuando viniste por primera vez a advertirnos, nos dijiste que Quien-No-Debe-Ser-Nombrado no estaba involucrado, pero sí era él.
–Era una pista, Amo Harry, señor –dijo Dobby como si fuera obvio–. El Señor Oscuro, cuando era joven y creó el diario, podía ser nombrado, señor.
Hermione gruñó.
–Es el colmo. En Navidad le voy a regalar un libro sobre cómo escribir buenos acertijos. –Con todas sus preguntas urgentes respondidas, miró a Harry nerviosa–. ¿Y qué pasó exactamente? ¿...Quiero saberlo?
–Probablemente no, pero… –Harry le explicó todo lo que había ocurrido desde que fue petrificada hasta que él destruyó el diario. Sirius intervino en un momento y se quejó de lo difícil que iba a ser encontrar otro par de espejos de comunicación, pero Remus lo hizo a un lado. Hermione lo miró con asombro y lloró cuando Harry le dijo lo cerca que él y Neville estuvieron de morir, e incluso su madre aún tenía lágrimas en sus ojos. A pesar de lo ocurrido el año anterior, no podía creer que los niños hubieran hecho todo eso.
–Oh, y por cierto, el hablar parsel no me ayudó cuando Voldemort me atacó con una serpiente gigante –concluyó él.
Hermione sacudió la cabeza.
–Así que decidiste usar una espada. –Miró alrededor de la enfermería y suspiró con resignación–. ¿He estado aquí por tres semanas entonces? –preguntó.
–No, sólo han pasado tres días.
El corazón de Hermione dio un salto.
–¿Tres días? Pero la profesora Sprout dijo...
–Hay ventajas en ser Harry Potter. –Sacó una carta de su túnica y comenzó a leer–. Ejem...
Querido Harry:
Claro que te ayudaremos a adquirir filtros de mandrágora para Hermione y los otros estudiantes petrificados. A muchos en Francia nos sorprendió que Hogwarts no comprara ninguno en otoño. Hablaremos con la directora y el profesor de Herbología en Beauxbatons y veremos si podemos conectarte con los cultivadores o boticarios en el área. Creemos que podemos conseguirte un buen trato con el intercambio que mencionaste.
Estamos muy contentos de saber que estás a salvo después de enfrentar a ese basilisco, en especial Gabrielle. Debió de ser aterrador. Esperamos que Hermione mejore pronto y que tú y tú familia estén bien.
Sinceramente,
Los Delacour
–Harry –exclamó Hermione–. ¿Tú pagaste por los filtros de mandrágora? No debiste hacerlo. Fue un gasto muy grande por mí… ¿ocho dosis importadas de Francia? Eso es mucho, incluso de tu bóveda.
–Mione –lo interrumpió él–. Vales más que eso. Además, no fue tanto como tú crees. Lo obtuve a una fracción del precio prometiendo que algunos de los cultivos de Hogwarts y semillas una vez que fueran cosechados.
Las cejas de Hermione desaparecieron en su cabello ante eso. Harry sacudió los hombros.
–Dumbledore dijo que podía. Lo hubiéramos gastado despetrificando a todos de cualquier modo.
–¿Dumbledore está de regreso? –preguntó.
–Así es, lo estoy, Hermione. –Albus Dumbledore entró a la enfermería, luciendo tan tranquilo como siempre–. De hecho, Elphias Doge comenzó a actuar para traerme de regreso en cuanto escuchó que tú y la señorita Clearwater habían sido atacadas. –El director levitó una silla cerca de su cama sin usar su varita y se sentó enfrente de su familia–. Me alegra informarles que, aunque no hay evidencia en su contra, Lucius Malfoy ha sido removido del Consejo del Colegio. No podrá mancillar la reputación de esta orgullosa escuela desde su interior.
–Eso es genial, profesor –dijo Hermione–. Y con suerte no podrá intentar matarnos a todos de nuevo.
–Espero que no. Dudo que Lucius Malfoy tenga en su posesión otro artefacto tan oscuro como ese diario. Debo agradecerte por destruirlo, Harry. Has hecho un servicio aún más grande de lo que te das cuenta.
Los ojos de Sirius y Remus se abrieron ampliamente.
–Quieres decir que era… –Remus miró a los Granger– ¿...un tú sabes qué?
–Lo era –dijo Dumbledore, bajando la voz–. Hablaremos más sobre esto más tarde. Mientras tanto, podemos enfocarnos en los eventos más felices aquí en Hogwarts. Creo que un banquete es necesario ahora que los estudiantes petrificados han sido curados.
Harry soltó una risita.
–Ya tuvimos uno el sábado después de que nos deshicimos del basilisco. Y McGonagall nos dio un ridículo número de puntos que las otras casas no van a poder alcanzar.
–Sí, supongo que no podrán –dijo Dumbledore con un brillo en sus ojos–. Además, tú y el joven Longbottom recibirán el Premio Especial por Servicios a la Escuela, y creo que el Ministro Fudge está hablando sobre promover su Orden de Merlín a Segunda Clase la próxima sesión del Wizengamot, Harry. –Harry sacudió la cabeza.
–Claro. Bueno, más vale que se la dé a Neville también. Fue tan importante como yo.
–Me aseguraré de informar al Ministro. Ahora, quidditch, entiendo que tuvo que ser cancelado de nuevo. He recibido varias peticiones desde mi regreso para terminar la temporada a pesar del apretado calendario, y creo que sería una idea excelente para incrementar la moral. Deberíamos poder tener los tres juegos restantes este sábado, el siguiente, y el cinco de junio.
–Genial, señor –dijo Harry–. Apuesto que Wood estará muy feliz por eso. Se puso como loco cuando quidditch fue cancelado la primera vez.
–Hagrid también –dijo Hermione–. Ama el quidditch. ¿Ya regresó?
Harry bajó la mirada con tristeza e incluso Dumbledore lucía deprimido. Hermione frunció el ceño.
–Él… ¿no sigue en Azkaban, verdad?
–No, no lo está, Hermione –dijo Dumbledore–. Hagrid en este momento se encuentra en San Mungo. Cuatro meses en Azkaban lo desgastaron mucho, y bajo las circunstancias, le di el resto del año escolar libre.
–Fudge tiene mucho por lo que responder –gruñó Sirius.
–Sí –dijo Harry con seriedad–. Profesor, ¿cómo ocurrió esto? ¿Cómo es que ni el diario ni Ginny fueron descubiertos, y cómo es que nadie encontró la cámara? –Incluyéndolo a usted estaba claramente implícito.
Dumbledore estaba claramente incómodo al ser puesto en la mira, pero respondió.
–La interferencia de Lucius Malfoy probablemente hizo las cosas peor. Sin embargo, admito que he tenido un mal año en lo que respecta a mi habilidad para descubrir las cosas. En mi defensa, el diario y la posesión de la señorita Weasley eran prácticamente indetectables a menos que alguien familiarizado con magia oscura pusiera sus manos en ellos. Y sobre la cámara y el basilisco, habían permanecido ocultos por mil años, incluso para los directores Slytherin. Tenía mis sospechas, pero no más. Y necesito recordarte que tú, Harry, como el único hablante de parsel natural en la escuela, no tuviste la información suficiente para identificar al monstruo como un basilisco hasta el fin de semana pasado.
–De acuerdo, Dumbledore –habló Dan Granger–. Comprendemos todo eso, incluso si no nos agrada, pero eso no explica porque nuestro hijo de doce años tenía que ser quien derrotara al mago oscuro que se infiltró en la escuela de nuevo. En el mundo muggle, tenemos oficiales de seguridad en las escuelas donde los problemas suelen ocurrir. En América, incluso tienen detectores de metal… eh, máquinas que detectan armas.
–De nuevo, la interferencia de Lucius Malfoy –dijo Dumbledore–. Un problema que ha sido resuelto. Aunque admito que podría haber sido más rápido tomando medidas para mantener a los estudiantes a salvo, él bloqueó todos los esfuerzos para lidiar con la amenaza directamente. Es mi esperanza que ahora que su plan falló, lastimará su influencia social aún más. En lo que respecta a que Harry fuera involucrado, sólo puedo indicar mala suerte… o quizás destino.
–Y se suponía que el profesor Lockhart era un gran cazador de criaturas oscuras –agregó Hermione–. Debería haber sido perfecto para el trabajo, y por supuesto, fue un inútil… ni siquiera estuvo ahí.
Todos a su alrededor intercambiaron miradas incómodas.
–¿Qué? –dijo nerviosa–. ¿Qué? Tienen que mantenerme al tanto de todo esto.
–Me temo que el profesor Lockhart ha sido despedido por mala conducta –dijo Dumbledore.
–¿Mala conducta? –exclamó Hermione.
–Sí, fue la noche después del banquete –dijo Harry–. No sé todos los detalles, la verdad.
–Bueno, como yo lo escuché… –comenzó Sirius de manera conspiratoria.
–Sirius –lo retó Emma–. No estoy segura de que sea apropiado.
–Será mejor que les digamos –respondió–. Estará en el periódico… ¿o fue bloqueada Albus?
Dumbledore suspiró.
–No podremos encubrirlo. No hemos podido hacerlo en incidentes similares con otros profesores de Defensa. –Se puso de pie y fue a hablar con las otras familias, conspicuamente alejándose de la conversación.
–De acuerdo –dijo Sirius–. Aparentemente, alrededor de medianoche el sábado, el profesor Lockhart fue descubierto en una posición bastante comprometedora con una Slytherin de séptimo año por una prefecta de Hufflepuff de quinto año.
Hermione soltó un grito ahogado.
–Sí, pero eso no fue lo peor. Lockhart tomó su varita y borró la memoria de la prefecta al instante. Y entonces, también intentó borrar la memoria de su, eh, acompañante. Por supuesto, a ella no le gustó eso… dijo que quería recordarlo, pero claro que no debía hacerlo en un principio… aún es su maestro así que no es aceptable, incluso si es mayor de edad. No quería que ella le pudiera decir a nadie. Bueno, ella luchó cuando él intentó borrarle la memoria, y ella básicamente le pateó el trasero.
–Sirius –dijo Emma de nuevo.
–Lo digo como lo veo.
–Supongo que no es sorprendente –dijo Hermione–. Que le ganara, quiero decir. Él en verdad era un inútil.
Ahora, Remus intervino.
–No tienes idea, gatita. Una vez que la razón de porque habían estado luchando se descubrió, McGonagall llamó a los aurores y ellos se llevaron a Lockhart para interrogarlo. Aparentemente, él había estado teniendo… encuentros con otras estudiantes todo el año… todas ellas mayores de edad, pero aún era lo suficiente malo para despedirlo varias veces.
–Obvio –dijo ella indignada.
–Sí, pero eso no es lo peor de todo –dijo Sirius–. ¿Todas esas historias maravillosas en sus libros? Robadas. Las robó de otras personas y les borró la memoria. Estará en Azkaban el resto de su vida por eso.
–¡Por todos los cielos! –exclamó Hermione–. ¿Cómo es que obtenemos maestros tan terribles?
–Desafortunadamente, Lockhart fue el único que envió su solicitud para el trabajo. –Ella dio un saltó cuando Dumbledore regresó a ellos al otro lado de donde había comenzado su ronda–. Con la mala suerte asociada con el puesto, es muy difícil conseguir a alguien dispuesto a hacer el trabajo.
–Eso por eso por lo que hemos estado diciendo que un auror debería hacerlo, profesor –dijo Harry.
–Sí, una buena idea en principio, Harry –dijo Dumbledore–. Sin embargo, como mencioné antes, me gustaría por lo menos hacer el esfuerzo de encontrar a alguien fuera del Ministerio. De hecho, tú tienes una Maestría en Defensa, Remus. ¿Quizás estarías interesado…?
–Oh, no, Albus –dijo Remus rápidamente–. No con esa maldición en el puesto sobre mi cabeza. Piénsalo: La manera más fácil para que la maldición se deshaga de mi sería si mi pequeño problema peludo fuera expuesto –susurró–. No voy a arriesgar eso.
Sirius creyó ver a Dumbledore mirar en su dirección, así que lo cortó de golpe.
–No me mires a mí, Albus. Además del hecho de que estoy en el Ministerio, ser un mago golpeador es seguro la mayoría del tiempo. Podría morir enseñando Defensa… Oye, Harry, ¿no me dijiste una vez que Snape ha intentado ser profesor de Defensa? Oye, Snape –llamó con una sonrisa–, ¿te gustaría enseñar Defensa el próximo año?
Snape miró a Sirius con molestia desde el otro lado del cuarto y se deslizó hacia el grupo.
–Muffliato –lanzó–. No aprecio tu tono, Black. Y te agradecería no discutir decisiones sobre los puestos en público. –Lanzó una mirada de desaprobación en dirección a Dumbledore.
–Oye, es un punto válido –insistió Sirius–. Siempre estuviste interesado en las artes oscuras en la escuela.
Snape parecía listo para usar esas artes oscuras en Sirius, pero se contuvo.
–Si debes saber, Black, el director no ha creído adecuado aceptar mis solicitudes.
–Oh, por supuesto que no –respondió Sirius–. Bueno, valió la pena.
–No, espera un minuto –dijo Emma–. Profesor Snape, ¿quiere decir que ha solicitado en múltiples ocasiones el puesto de profesor de Defensa… el puesto que se supone está maldito?
–Andi dijo que nadie ha permanecido en el puesto por más de un año desde 1958 –confirmó Hermione en voz baja.
–Pero eso no tiene sentido –dijo Emma–. ¿Por qué haría eso a menos que…? ¡A menos que quiera ser despedido! ¿Es eso?
Snape la miró con molestia, pero no fue efectivo. No estaba acostumbrado a lidiar con los padres frente a frente. Tendían a regresar la mirada. Suprimió su reflejo de hacer un comentario cortante como hubiera hecho con un estudiante y respondió con dureza.
–La docencia no es mi profesión preferida. Desafortunadamente, el director cree...
–Que con Voldemort suelto, necesito al profesor Snape en Hogwarts, cerca de mí y cerca de Harry, en caso de que sus servicios sean necesarios.
Eso los hizo considerarlo por un momento. Snape era el espía de Dumbledore y por lo tanto la mejor fuente de información en el círculo de Voldemort. Era un recurso increíblemente valioso por eso, pero costaba de manera significativa a la escuela.
–¿En verdad lo vale, Dumbledore? –preguntó Dan–. No es un secreto que a casi nadie le agrada que el profesor Snape de clases… incluyéndolo a él, aparentemente. ¿Y recuerda todas esas quejas sobre no otorgar suficiente cualificaciones en pociones? Ha sido un problema por años, y está afectando a la comunidad entera. ¿No hay un arreglo alternativo que pueda hacer?
–Les aseguro que he considerado mis opciones con cuidado, Sr. Granger –dijo Dumbledore–. Lamento que no sea adecuado para el trabajo… se honesto, Severus, no lo eres… pero no he encontrado otra solución.
–¿Y usted, profesor Snape? –preguntó Emma–. ¿No hay… no lo sé, algún otro trabajo aquí para el que sea más adecuado?
–Si lo hubiera, ¿cree que estaría dónde estoy? –dijo Snape con frialdad–. La única otra materia para la que estoy capacitado para enseñar es Aritmancia, y la profesora Vector es una maestra popular con varios años de experiencia y ninguna otra cualificación.
–¿E historia, profesor? –sugirió Hermione. Todas las miradas se dirigieron a ella con sorpresa–. Casi nadie aprende algo del profesor Binns, y él ni siquiera puede recordar nuestros nombres. Honestamente, profesor, no creo que podría enseñar peor la materia si lo intentara.
–Cuidado, gatita –dijo Sirius–. Lo tomará como un desafío. –Snape, sin embargo, sólo lucía horrorizado ante la idea de tener que dar una lección.
–Es una buena solución, Hermione, pero con una falla importante –dijo Dumbledore–. Para continuar como espía, y te lo digo confiando en discreción, el profesor debe mantener la apariencia de seguir la ideología sangre pura… algo que no puedo permitir en el aula de historia, por obvias razones.
Pues, estamos atrapados, pensó Emma. Y aún tenemos que lidiar con la clase de Historia en algún momento, pero esto es más urgente. Mejor seguir con una estrategia directa.
–De acuerdo, pero aún tenemos que lidiar con esto.
–¿Disculpe, Sra. Granger? –dijo Snape elevando una ceja.
–Sí. El hecho es, profesor Snape –dijo Emma–, que no es bueno dando clases, y no le gusta dar clases. No nos agrada la idea de que alguien así eduque a nuestros hijos, y tampoco a la mayoría de los otros padres. Lo toleraremos si es necesario por seguridad, pero esperamos una mejor calidad de la que se supone que es la mejor escuela de magia en el mundo. Y aún si continúa, probablemente tenemos la suficiente influencia para conseguir pasar más reformas en la clase. –Los ojos de Snape mostraron su sorpresa–. No estamos pidiendo tratamiento especial. Sólo pedimos que intente hacer su trabajo.
Snape se sentía atrapado. Nunca sobreestimes el poder de una madre, pensó. Debió aprender eso de Lily hace años.
–Sra. Granger, soy un Maestro de Pociones bastante cualificado… –dijo con prepotencia.
–Puede preparar lo que sea; eso no lo hace un buen maestro.
–Tiene razón, Severus –dijo Dumbledore–. Con la atención incrementada de los medios de comunicación y Lucius Malfoy fuera del Consejo, es probable ya estés bajo escrutinio incrementado.
Rayos, tiene razón, pensó. Los Granger habían sido una gran molestia por más de un año con su justificada campaña para mejorar la calidad de los maestros. Eran la peor pesadilla de Snape como profesor: padres muggles, y por lo tanto acostumbrados a calidad y más dispuestos a cuestionar las circunstancias; pero lo suficiente conectados al mundo mágico para hacer algo al respecto. Y ahora, habían tomado pasos que no podían ser retrocedidos, incluso si querían.
–Muy buen, profesor –gruñó entre dientes–. Lo tomaré bajo consideración. –Dejó la barrera de privacidad activada y se alejó de peor humor de lo normal. Ahora, en verdad tendría que esforzarse en intentar aprender a enseñar de manera adecuada. Mmm… pensó. Los muggles deben de tener algunos libros sobre cómo enseñar química.
Harry, Hermione, Sirius, y Remus lo observaron irse con sorpresa.
–Mamá, ¿te das cuenta de que te acabas de convertir en la envidia de tres cuartos de la escuela? –dijo Harry. Emma sacudió la cabeza.
–Sólo hice lo que cualquier padre debió de hacer hace años.
–Es posible que haya hecho un gran favor a esta escuela, Sra. Granger –confirmó Dumbledore–. He intentado recalcar en Severus por años la importancia de buenas prácticas de enseñanza. –Agitó su varita y canceló la barrera de Snape–. Bien, si Madame Pomfrey no objeta, creo que estás lista para irte, Hermione. El banquete comenzará pronto… –El brillo regresó a sus ojos–. Como muestra de solidaridad, creo que sería apropiado invitar a los padres de las víctimas revividas. Sirius, Remus, me gustaría hablar con ustedes en privado.
Madame Pomfrey lanzó a Hermione su usual mirada seria, pero le permitió irse. Las demás víctimas también fueron dadas de alta pronto.
–¡Harry! ¡Oye, Harry! –Colin Creevey corrió hacia él con su hermano menor siguiéndolo. Estaba tan hiperactivo y entusiasmado como siempre, como si nada hubiera ocurrido–. ¿Es cierto que luchaste contra una serpiente gigante con el fénix de Dumbledore y un espada?
–Eh, sí, Neville y yo –dijo Harry.
–¡Genial! Y esa cosa era enorme. Es mala suerte que mi foto no saliera. Hubiera lucido muy bien con Ginny a su lado.
Harry y Hermione le lanzaron una mirada extraña, pero él no pareció notarlo.
–Oye, Dean Thomas pinta, ¿no? Quizás pueda convencerlo de que lo pinte.
–Eh, claro Colin, adelante –dijo Harry. Se acercó a Hermione mientras los chicos Creevey corrían de regreso a sus padres–. Bueno, él es raro.
–Acabas de describir a la mitad de la escuela, Harry, pero sí, puedo ver porque lo dices.
–Hola, Harry –dijo una voz tímida detrás de un pilar.
–Hablando de –susurró Harry–. Hola, Ginny.
Ginny aún estaba temblando un poco mientras se acercaba a los Granger, aunque eso quizás era por el comentario de Colin.
–Hola, Hermione. Me alegra ver que estás mejor… Lamento mucho...
–No fue tu culpa, Ginny –le aseguró.
–Lo sé. Es lo que todos se la pasan diciéndome. Pero es mejor ver que todo se ha acabado. Harry… –dijo con excesiva dulzura, acercándose a él–. No hemos tenido oportunidad de hablar desde… Te escuché hablando sobre lo que pasó ahí abajo, pero… no tuve la oportunidad de agradecerte… por ayudarme a luchar contra Tom, quiero decir. En verdad pensé que me ganaría esa vez. Yo sólo… desearía que hubiera sido más pronto para poder ayudarte… –No dijo más, sonando como si su voz estuviera agotándose.
–Bueno, no sabemos que ese fue el caso –dijo Harry algo incómodo–. Quizás lo hubiera debilitado o algo… y… –Recordó a Quirrellmort de nuevo–. Y creo que quizás salvó tu vida cuando destruí el diario… Sabes, ahora tenemos algo en común.
–¿En...en verdad? –chilló Ginny.
–Sí… nos hemos enfrentado a Voldemort tres veces y ganado… y una de las mías fue un accidente. No muchos pueden decir eso.
–V...v...vaya… –respiró, luciendo como si estuviera a punto de desmayarse. La familia de Harry también lucía algo pálida ante eso.
–Lo digo en serio. Fue bastante impresionante como luchaste contra él ahí abajo –insistió.
–Pues… eh… gracias –Ginny alejó la mirada, acariciándose los brazos de manera inconsciente y rápidamente sonrojándose. De repente, se inclinó y dio un beso a Harry en la mejilla, y entonces se dio la vuelta sin titubear y salió corriendo.
Harry se quedó ahí, paralizado por la sorpresa, y también sus padres ya que Ginny había hecho eso enfrente de ellos. Casi parecían petrificados. Sólo Hermione mantuvo la cordura. Chasqueó sus dedos dos veces enfrente del rostro de Harry.
–Hola, tierra a Harry –dijo.
–¿Eh? –dijo saliendo de su asombro.
–Vamos, donjuán, hay que ir a cenar.
Harry se sonrojó.
–Mione, si me vuelves a llamar así, tendré que retarte a un duelo.
–No es una respuesta muy amable hacia Ginny, Harry.
–Es una buena niña, pero aún es una fan. Sólo espero que pueda madurar… Supongo que no puedo culparla, no después de salvarla de ese modo… Sabes, cuando se despertó por primera vez en la cámara, estaba aterrorizada de que iba a matarla.
–¿Qué? ¿Por qué? –dijo su madre. Harry se dio la vuelta para verla.
–Pues, como lo vio ella, había atacado a Hermione y después a mí. Creo que pensó que querría venganza o algo.
–Pero eso es ridículo –exclamó Hermione–. No es como si eres un mortífago o algo así. Nunca harías eso, especialmente no cuando es tu culpa.
–Lo sé, pero estaba aterrorizada. Fue terrible verla así. Me recordó a… bueno… a mí… cuando vivía con mi tío Vernon. Me sentí… no se… sucio, al verla tan asustada de mí. –Tembló con algo de incomodidad.
Emma tomó a su hijo en un abrazo y lo acarició detrás de las orejas.
–Eres una buena persona, Harry –susurró–. No lo olvides. El hecho de que no podías verla así es prueba de que tienes un buen corazón.
Harry se separó lentamente con una sonrisa.
–Gracias, mamá –dijo.
El gran comedor no había visto un banquete como ese en muchos años, o quizás nunca. Diez padres muggles y un hermano muggle, Cassandra Clearwater, sentados con las seis víctimas restauradas del heredero de Slytherin en tres de las mesas de casas. Muchas personas los rodeaban dándoles buenos deseos, entusiasmados al poder verlos de nuevo. Cassandra tenía su propio grupo de admiradores, siendo ahora una popular actriz en el Teatro Diagonal. Un número de Slytherin claramente resentían tantos muggles caminando por el castillo como si fueran bienvenidos, pero no se atrevían a decir nada en ese momento, no con todos los maestros tomando el lado opuesto. Y tampoco habían olvidado lo que Harry hizo a Theo Nott la semana pasada. Las cosas iban a cambiar con él y Granger sabiendo magia sin varita.
Sirius y Remus siguieron a Dumbledore a su oficina, donde podían hablar con libertad sin riesgo de ser escuchados. La escuela quizás estaba segura, pero tenían trabajo por hacer.
–¿Así que el diario era un horrocrux? –dijo Sirius ansioso–. ¿Y estás seguro de que Harry lo destruyó?
–Muy seguro –dijo Dumbledore–. Mi examinación ha confirmado que está muerto.
–Así que son dos eliminados de quien sabe cuántos –comentó Remus.
–Sospecho que sólo unos cuantos –respondió el anciano–. El alma de Voldemort no podría aguantar más que eso, lo cual quiere decir que estamos progresando. Sin embargo, la razón por la que deseaba hablar con ustedes es que creo haber determinado la ubicación de otro.
Eso llamó su atención.
–¿En verdad? –dijo Sirius.
–Sí, y como sugirieron, creo que sería más seguro si ustedes dos me asisten en conseguirlo… si están dispuestos.
–¿Arruinar el plan Voldemort? ¡Claro!
–Yo también ayudaré, Albus –confirmó Remus–. ¿Cuándo iremos?
–Una vez que termine el año escolar, creo. No hay prisa, y hay mucho que hacer mientras tanto. Y, afortunadamente, el joven Harry sin saberlo me ha dado una manera más sencilla de destruirlos.
–¿La espada de Harry? –dijo Remus mientras Dumbledore mostraba el arma mortal.
–Mira más de cerca.
Letras cerca de la mano decían GODRIC GRYFFINDOR.
–¿La espada de Gryffindor? –exclamó Sirius–. ¡Por las medias de Merlín! ¿Harry sacó eso del sombrero seleccionador?
–Así es. Creo que podemos estar seguros de que tu ahijado es un verdadero Gryffindor. –Dumbledore dio la vuelta a la espada sobre sus manos–. Hecha por duendes –dijo–. Resiste incluso los agentes más corrosivos y absorbe aquello que la hace más fuerte.
–Como el veneno de basilisco –razonó Remus–. Así que ahora puede destruir horrocruxes.
–Precisamente. Un método superior al fuego maldito, si puedo decirlo. –Sirius asintió.
–Suena a que tenemos un plan. Oh, y por cierto, ¿has pensado más sobre el… problema de Harry? –Dumbledore bajó la mirada.
–Aún no sé nada con certeza –dijo–. Sin embargo, el hecho de que Harry pareció saber de manera instintiva como destruir el diario es… preocupante. Estoy investigando opciones.
Sirius se obligó a respirar con lentitud para calmarse.
–Bien –dijo–, continúa con eso.
