Harry Potter tiene tanta cordura como JK Rowling, White Squirrel, y yo.

Notas del autor: Y esta es la conclusión oficial del segundo año del Animago Accidental. Las aventuras de Harry continúan con nuevos desafíos y nuevos enemigos, y estoy muy entusiasmado por como el tercer año está tomando lugar. Si piensan que el tercer año de Harry será fácil porque Sirius no es un fugitivo, piénsenlo de nuevo.


Capitulo 61

18 de mayo, 1993

Las siguientes semanas fueron felices para Harry y para el resto de la escuela. La euforia por deshacerse del heredero de Slytherin era todo lo que necesitaban. El derrotar a Hufflepuff en el siguiente partido de quidditch se sintió más como algo extra en el caos del resto del año. Por otro lado, aún tenían exámenes, pero a nadie parecía importarle. Incluso Hermione estaba más relajada con sus estudios. Había el rumor de que los exámenes serían cancelados, pero por supuesto que resultó falso. Después de todo, no podían cancelar los TIMOs y EXTASIS. Los Slytherin también habían sido limitados. Theo Nott tenía miedo de acercarse a Harry o Hermione, y Draco Malfoy prácticamente era un paria. Fred y George lo embromaron varias veces de parte de Ginny. Mientras tanto, Penelope Clearwater fue vista paseándose de la mano de Percy.

Neville naturalmente tenía muchas preguntas sobre todo el asunto, y Ron lo puso al corriente sobre lo que en verdad había ocurrido cuando Harry capturó a Pettigrew.

El único problema que Harry tenía con todo eso era cierta pequeña pelirroja de primer año que se la pasaba siguiéndolo, espiándolo detrás de las columnas, y que siempre corría cuando intentaba acercársele. Fue una semana después de esto que llevó sus preocupaciones a Hermione.

–Me ha estado siguiendo por una semana como un cachorro perdido –dijo–. ¿Cuál es su problema?

–Pues, sabías que estaba enamorada de ti –dijo Hermione con sabiduría sobre su libro.

–Sí, pero antes sólo eran sonrojos y pérdida de voz cada vez que intentaba hablar con ella, al igual que la mitad de las otras niñas de primero. Ahora, se pone como loca a mí alrededor.

–Salvaste su vida, ¿recuerdas? Te volviste el héroe de sus historias. –Harry gruñó.

–¿Lo hice, verdad? Pero no quiero que tenga la idea equivocada. Quiero decir, es agradable, pero...

–¿Pero no sabes si algún día se convierta en algo más?

–Sí.

Hermione cerró su libro y se puso de pie.

–Eso es muy maduro de tu parte, Harry –dijo–. Muchos chicos de tu edad se aprovecharían de su enamoramiento… De hecho, muchos chicos de séptimo se aprovecharían de la situación.

–Yo no podría hacer eso. Se siente mal. Y sus hermanos me matarían.

–Cierto. Deberías hablar con ella, entonces. –Harry suspiró.

–Supuse que dirías eso. ¿Puedes venir conmigo? Creo que resultará mejor con alguien neutral ahí.

–Una chica, quieres decir.

–Eso también.

–De acuerdo, Joven Cazador de Basiliscos. Si no puedes contra una niña solo, te salvaré.

–Oye, luchar contra un basilisco es fácil. ¿Hablar con niñas con las que no estoy relacionado? Eso es difícil.

–Técnicamente, no estás relacionado conmigo –bromeó Hermione.

–Sabes lo que quise decir. Vamos.

Ginny no fue difícil de encontrar, pero fue difícil de atrapar ya que siempre perdía su valor y corría cada vez que Harry se acercaba a ella. Después de un intento fallido, señaló a Hermione para que la rodeara e intentara cortarle el camino. Cuando la alcanzó, Ginny intentó huir de nuevo, pero prácticamente se estrelló contra Hermione.

–Oh, Hermione, no te vi ahí –chilló. Intentó pasarla, pero la joven mayor se interpuso.

–Hola, Ginny.

–¡Ah! –Se dio la vuelta para ver a Harry justo detrás de ella.

–Tenemos que hablar –dijo con gentileza–. ¿Podrías seguirnos, por favor?

Ginny tragó saliva, sin poder hablar mientras Harry y Hermione la llevaban a la relativa privacidad del balcón en la torre del reloj. Harry se sentó recargándose contra el barandal y admiró la vista por un minuto antes de darse la vuelta a verla.

–Harry… –comenzó a balbucear ella–. Dije que lo sentía...

–Ginny –dijo Harry con dulzura, interrumpiéndola al instante–, esto no es sobre la cámara o el diario ni nada de eso. Todo eso quedó atrás. Te dije que no te culpaba, y lo dije en serio.

–Puedes sentarte –susurró Hermione. Ella lo hizo lentamente.

–¿Qu...qué ocurre? –preguntó.

–Pues, he estado… preocupado… por la manera en la que me has estado siguiendo –dijo Harry con incomodidad.

–Oh… –dijo Ginny con preocupación.

–Es sólo que… –No estaba seguro de cómo sacar el tema. Por suerte, Hermione lo salvó.

–Es sólo que no eras así antes.

–Lo siento –dijo ella con rapidez–. Es sólo que cada vez que te veo, Harry, me pongo como loca. Salvaste mi vida y...

–Sólo porque tuve –la interrumpió Harry. Entonces, se dio cuenta de lo que había dicho y lo aclaró–. Quiero decir, lo haría de nuevo si tuviera que hacerlo, pero… no estaba planeando ir ahí. El plan era encontrar la cámara y llamar a los aurores. Eso es todo.

–Pero lo que hiciste ahí fue sorprendente, Harry –insistió ella–. Haz hecho tantas cosas maravillosas… luchaste contra Quirrell el año pasado, atrapaste a Pettigrew...

–También un accidente. El plan ahí también era encontrar lo que era y llamar a los aurores. Y Quirrell fue sólo porque tenía miedo de que no había tiempo para pedir ayuda.

–Pero...

–Mira, Ginny, sé que esto quizás va a ser difícil para ti, pero creo que es mejor si escuchas la verdad ahora –dijo, respirando profundamente–. Sé que has estado enamorada de mí desde antes de que nos conociéramos.

–¡Ah! –Se sonrojó y parecía estar a punto de salir corriendo, pero Hermione colocó una mano calmante sobre su hombro.

–Y también sé que leíste todos libros de Las aventuras de Harry Potter.

–Harry, sé que esos no son… –Él elevó una mano.

–Sé que sabes que no son reales… aquí. –Colocó dos dedos sobre su frente–. Pero me preocupa que comienzo a lucir como ellos me describieron. Y tú… quiero decir… –Lanzó una mirada a su hermana para pedir su ayuda.

–Estamos preocupados por ti porque aún actúas como si Harry es el héroe de fantasía de esos libros –dijo.

–No quise… pero… –Ginny buscó su coraje–, pero eres un héroe, Harry. Me salvaste, y a Hermione, y a tu padrino. Yo… no quiero que te sientas incómodo, pero es… es difícil no enamorarse de ti. –Dijo lo último tan rápido que Harry apenas pudo comprenderlo. Ella intentó ponerse de pie y escapar, pero Hermione la detuvo de nuevo, así que sólo cubrió su rostro, avergonzada.

–Ginny, no voy a dejar que huyas de esto –susurró Hermione–. Necesitamos lidiar con esto ahora.

–Es por lo que quería hablar contigo –dijo Harry, finalmente tomando el ritmo–. Porque ese no soy yo… no realmente. No soy un héroe… y si lo soy, es sólo por accidente. Mira, ya sea si los crees o no, el hecho es que leíste esos libros, y escuchaste todas esas historia, y tú… bueno, seamos honestos, te enamoraste… de un niño que… nunca existió. –Ginny levantó la mirada para verlo con confusión–. Ese Harry Potter sólo existe en historias. No soy la persona que todos piensan que soy. Nunca he hecho nada de eso. No voy de vacaciones a India para salvar la aldea de Mayapore del culto de los thugs. Voy de vacaciones a España a relajarme en la playa. Sólo he querido ser un niño normal que no tiene que lidiar con estas cosas del Famoso Harry Potter… No es tu culpa. Es la culpa del tal Wendell Somerlad que escribió los libros, pero esa es la verdad.

La pelirroja comenzó a llorar mientras su héroe de toda la vida destruía sus ilusiones una por una. El hecho de que era tan amable sólo lo hacía peor. Podría haberle dicho de manera grosera que se alejara como a cualquier fanática (aunque dudaba que haría eso a alguna fan), pero intentaba ser amable y comprensivo.

Ginny en verdad había intentado ser razonable en sus expectativas. Sabía que Harry estaba fuera de su nivel. Era rico, famoso, y poderoso, mientras que ella era nada de eso, pero entonces se había hecho amigo de Ron y reclutado a su papá en la política, y se atrevió a darse esperanzas.

–Lo siento, Harry –susurró, soplando su nariz–. Sólo pensé… por lo que hiciste por mí...

–Sí, salvé tu vida –respondió–, y me alegra haberlo hecho. Pero tienes que comprender, hubiera hecho eso por cualquiera de mis amigos. Si hay alguna parte de mí que es heroica, supongo que es eso, aunque yo lo llamaría lealtad.

–Yo lo llamo su necesidad de salvar a las personas –dijo Hermione sin emoción.

–No, lo entiendo –dijo Ginny con tristeza–. Debí saberlo desde el principio. Lamento haberte seguido de ese modo. Te dejaré solo de ahora en adelante. –Se puso de pie, su rostro ensombrecido.

–Ginny, espera –dijo Harry, poniéndose de pie para alcanzarla–. Vamos, no tiene que ser así. No estoy intentando… no estoy intentando deshacerme de ti o algo así. Pero sólo tengo doce años… y tú once. ¿No podemos… tú sabes… ser amigos?

Muy lentamente, regresó hacia él. Sus manos temblaban un poco.

–Yo… me gustaría eso… Harry –dijo, apenas pudiendo usar su voz.

Él le ofreció su mano para estrecharla.

–Bien. ¿Amigos? –Ella sostuvo su mano con ligereza.

–Amigos –dijo ella, aunque pudo ver que estaba casi a punto de llorar de nuevo. Ella rápidamente lo interrumpió–. Debo irme –y se fue por el pasillo, suprimiendo un sollozo.

Harry frunció el ceño al verla ir.

–Parece estar dolida –dijo.

–Estará mejor después de un tiempo –dijo Hermione–. Hiciste lo correcto, Harry. –Él sonrió.

–Gracias por la ayuda, hermanita.

Después de sentarse ahí y relajarse un poco, se pusieron de pie y se dirigieron a partes más habitadas del castillo. Pero para su sorpresa, no llegaron muy lejos antes de encontrarse con la profesora McGonagall.

–Oh, Potter, ahí estás –dijo–. Te he estado buscando por todos lados. El profesor Dumbledore necesita hablar contigo en su oficina. El Ministro Fudge acaba de llegar.


Ginny en verdad necesitaba alejarse de las personas en ese momento. Se alejó de la torre del reloj a toda prisa, corriendo aquí y allá y eventualmente llegando al arco detrás del patio interior, el cual estaba parcialmente al aire libre, donde finalmente pudo sentarse y pensar. Después de todo lo que había ocurrido, Harry aún quería ser amigo de ella. Parecía muy bueno para ser cierto. Después de todo lo que había ocurrido… pero no podía dejarse pensar de ese modo. En ese momento, necesitaba enfocarse en ser amigos.

Se dejó llorar por un tiempo… llorar por la pérdida de una parte tan importante de su infancia, después de que Harry la había obligado a ver la verdad detrás de la leyenda. Pero cuando terminó, se sintió más fuerte por lo ocurrido. Había visto al verdadero Harry ahora, y aún si él no se creía un héroe, era un amigo del que podía estar orgullosa.

–¿Todo bien, Ginny?

–¡AH! –Saltó ante la interrupción. A un lado de ella se encontraba quizás la última persona a la que esperaba ver–. ¿Colin?

–Ajá –dijo el niño de cabello castaño.

–¿Qué estás haciendo aquí?

–Pues, no te he visto mucho. ¿Estás bien, Ginny? No te ves muy bien.

–Yo… lo estaré –respondió ella–. Sólo estoy lidiando con unas cosas. Tú… pensé que me tendrías miedo.

–Nah –dijo Colin con una sonrisa–. Harry me lo dijo todo. No fue tu culpa.

Harry de nuevo. No creo que podré agradecérselo lo suficiente.

–Aún es terrible –dijo ella–. Estuviste dormido por seis meses. Tú… ¿vas a tener que repetir tu primer año?

–No lo creo. McGonagall, Flitwick, y Sprout dijeron que darían tutoría a todos los que fueron petrificados, y la prima de Harry, la Sra. Tonks, dijo que nos ayudaría con Pociones, y su amigo, el Sr. Lupin, dijo que nos ayudaría con Defensa, pero escuché que no aprendieron nada en esa clase de todos modos.

–Claro que lo hicimos, Colin –dijo Ginny con humor falso–. Aprendimos a blanquear dientes, arreglarnos el cabello, y mentir.

Colin se rio, lo cual de inmediato puso a Ginny en alerta. Ginny apenas y notó cuando comenzó a reírse de nuevo. Se sentía como si había pasado un año desde la última vez que lo había hecho, pero la risa alegre de Colin Creevey era contagiosa. Se sorprendió de descubrir que se sentía… bien de nuevo.

–Bueno, mamá y papá me regalaron una cámara nueva –le dijo Colin.

–Qué bien.

–Ajá. Oye, Ginny… nunca tomé esa foto.

–¿Qué?

–Esa foto que tomé de ti… tú sabes, justo antes...

–¿Qué, esa foto? –No podía creer que aún estaba interesada en eso.

–Sí, pensé que se vería muy bien. ¿Crees que podría tomarte una nueva?

–¿Una nueva? Pero… pero… –No tenía el corazón para decirle que Tom la había hecho posar para esa foto–. ¿Por qué quieres una foto de mí?

Colin frunció el ceño un poco.

–Serías un bueno sujeto. Tu cabello resalta bastante. Y también tus ojos… son muy brillantes, especialmente para ser marrones.

Ginny lo observó. ¿Acaso Colin le estaba dando cumplidos?

–Pues… yo… supongo… que… ¿puedes? –dijo nerviosa–. Pero no hoy –agregó–. Debo lucir terrible en este momento.

–Claro. Gracias, Gin –dijo Colin, y se fue corriendo entusiasmado.

¿Gin?


Harry podía escuchar las voces discutiendo dentro de la oficina de Dumbledore cuando llegó a la puerta.

–Ese basilisco es propiedad de la escuela –se quejó la voz profunda de Severus Snape–. Esos ingrediente son extremadamente valiosos y...

–Aún si puede argumentar que era propiedad de la escuela, Sr. Snape, considerando que no era una parte oficial de la escuela –dijo otra voz, la cual Harry reconoció como perteneciente a Cornelius Fudge–, la ley es clara en su desecho. Claro, puede poner la pregunta a manos del Wizengamot, pero...

En ese momento, Harry abrió la puerta y entró a la oficina.

–¿Quería verme, profesor Dumbledore? –dijo.

Pero fue Fudge quien le respondió, caminando hacia él para estrechar su mano.

–Ah, bueno verlo de nuevo, Lord Potter, y creo que hablo por todo Gran Bretaña cuando digo gracias por deshacerse de esa bestia en la escuela. Acabo de tener una pequeña reunión para resolver algo antes de la siguiente sesión del Wizengamot, ¿comprende?

Harry titubeó en decir lo que quería decir, pero se recordó a sí mismo que era, técnicamente, un Lord y habló.

–¿Quiere decir similar a como Hagrid fue llevado a Azkaban sin recibir juicio, Ministro? –dijo con tanta inocencia como pudo.

Fudge palideció. Claramente había esperado no tener que lidiar con eso.

–Pues… eso fue… simplemente un trágico malentendido –dijo.

–Entonces estoy seguro de que no tendrá problemas cooperando con la investigación que pedí a Amelia Bones que realizará sobre el incidente, ¿verdad, señor?

Fudge palideció aún más ante la idea, y limpió secó su frente con su pañuelo.

–Pues… eso… eso… Verá, Lord Potter. Esto es sobre el basilisco muerto en esa cámara.

–¿Lo es? ¿Qué hay con eso?

El profesor Dumbledore respondió.

–Fue el profesor Snape, Harry, quien señaló que un basilisco de esa magnitud sería una fuente excelente de ingredientes para pociones raras y valiosas, junto con otros materiales como sus colmillos y piel, y sugirió que fuera procesado y vendido y que las ganancias fueran donadas a la escuela.

–¿Y?

–Sin embargo, el Ministro Fudge ha presentado una complicación.

–Así es –habló Fudge de nuevo–. No esperaría que supiera tales detalles, Lord Potter, pero hay un antiguo principio en la ley mágica llamado el Derecho del Cazador. Sencillamente, dice que si un mago es atacado por una conocida criatura mata-magos y la derrota en combate, entonces el antiguo dueño pierde todos los derechos sobre la criatura y estos son otorgados al cazador. –Entregó a Harry un pergamino de aspecto legal y complicado–. Ahora, este basilisco es conocido por haber matado a un estudiante en 1943, además de ser una criatura clase 5x, y por lo tanto está cubierta bajo el Derecho del Cazador, y el cadáver le pertenece a usted.

–¿A mí? –Los ojos de Harry se abrieron con sorpresa.

–Y como tienes muy poco uso por el dinero y los ingredientes de pociones, Potter –gruñó Snape–, lo apropiado sería que donaras el cadáver a la escuela, donde se pondría en buen uso.

Pero Harry aún estaba examinando los documentos de Fudge. Para su sorpresa (considerando que era Fudge), lucía bastante cierto, pero para asegurarse:

–Profesor Dumbledore, ¿todo está en orden? –preguntó, mostrándole los pergaminos.

–Ya los he examinado, Harry. Bajo la ley de nuestro territorio, tienes el derecho principal a disponer del basilisco.

–Vaya… ¿y de cuánto dinero estamos hablando?

–¿Potter? –dijo Snape indignado.

–¿Severus? –le advirtió Dumbledore.

Snape gruñó, pero respondió.

–Un basilisco de ese tamaño podría resultar en más de tres mil galeones.

¡¿Tres mil galeones?! Pensó Harry. ¡Eso es más de ciento cincuenta mil libras! Incluso un cuerno de rinoceronte no se vende por tanto en el mercado negro, de acuerdo a la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales. Pero claro, el basilisco es más grande que el rinoceronte.

–Pues… –dijo con cautela–, no necesito el dinero realmente… –Snape comenzó a lucir feliz de nuevo (no era un buen aspecto). Harry estaba a punto de cumplir con su demanda por falta de alternativa cuando tuvo una mejor idea–. Pero me parece justo que procesemos los ingredientes y dividamos las ganancias entre todas las víctimas del heredero de Slytherin.

Snape hizo una mueca, pero Dumbledore sonrió.

–Una idea excelente, Harry –dijo.

–Sí, eso es muy generoso de su parte, Lord Potter –dijo Fudge. Y comenzó a seguir el paso–. El Ministerio podría conectarlo con algunas personas que podrían realizar la recolección y venta de ingredientes a bajo costo, y me pregunto si nos permitiría presentar las ganancias a los ocho individuos durante la reunión del Wizengamot.

–Disculpe, Ministro, ¿ocho individuos? –lo interrumpió Harry.

–Sí, por los seis estudiantes petrificados, usted, y el Sr. Longbottom.

–Creo que dije todas las víctimas del heredero de Slytherin, señor. Eso incluye a Hagrid porque fue culpado por él. También a Ginny Weasley porque tomó posesión de ella. La gata de Filch fue petrificada, y también Sir Nicholas, y creo que cuatro estudiantes fueron atacados por el heredero en 1943, así que por mi cuenta, son dieciséis individuos.

–Claro, supongo que es así. Excepto que dos de ellos no están vivos, y uno ni siquiera es humano –dijo Fudge.

Harry dirigió al Ministro su mirada felina.

–Deben tener familia… y resulta que me gustan los gatos, señor. –Fudge rápidamente dejó de luchar. Dumbledore interrumpió el silencio.

–No sé si podamos encontrar a la familia de Myrtle tan rápidamente, Harry, pero lo intentaré. En lo que respecta a Sir Nicholas… Severus, estoy seguro de que si lo pides con amabilidad, Sir Nicholas estaría feliz de donar su porción de las ganancias a la escuela.

Snape no lucía feliz al sólo obtener un dieciseisavo de las ganancias, pero era mejor que nada. Suspiró de nuevo.

–De acuerdo.


29 de mayo, 1993

La reunión del Wizengamot el veintinueve de mayo pronto se convirtió en un gran evento. Una vez las personas escucharon que Harry Potter, el cazador de basiliscos, estaría ahí, fueron en manada a verlo (genial, un nuevo apodo, pensó él), y tantos estudiantes fueron excusados de la escuela para atender la reunión que el autobús noctámbulo fue llamado para transportarlos. Harry no creía que esa era la mejor manera de pagarles por ser atacados, pero no había mucho más que pudieran hacer.

La cámara del Wizengamot estaba llena de personas, la mayoría presentes para ver la ceremonia de premiación al final, aún si tendrían que esperar y presenciar aburrida legislatura primero. Arthur Weasley puso a los Granger al corriente de los últimos actos políticos mientras esperaban. Harry notó a Lucius Malfoy y Charles Nott lanzándole miradas molestas al otro lado de la sala. Con la situación actual sobre ellos, aún sin pruebas, la influencia de Malfoy era menor que lo que había sido hace un año cuando casi había frenado la Ley de Defensa de los Muggles.

Nada tan trascendental iba a ser discutido ese día, pero un tema interesante salió cuando Dumbledore llamó a nuevos asuntos, y un hombre que Harry no reconoció se puso de pie para hablar.

–Ese es David Monroe –susurró el Sr. Weasley–, el nuevo Jefe de Cooperación Mágica Internacional y también el Embajador a la Confederación Internacional de Magos. Su padre es Lord Solomon.

Harry asintió y observó a ambos hombres. Lord Solomon Monroe usaba la túnica ciruela con borde plateado de las Casas Antiguas. Tenía una mirada seria y usaba lentes grandes, y tenía un bigote negro, y una barba blanca y corta. Su hijo, David, parecía tener casi cuarenta años y tenía cabello castaño y corto y una barbilla puntiaguda, y por alguna razón que no podía comprender, el gorro negro sobre su cabeza lucía bastante mal en él.

–Tengo un asunto que agregar a la agenda, Jefe de Magos –dijo David Monroe con voz rasposa–. El lunes, la provincia muggle de Eritrea obtuvo formalmente su independencia de Etiopía después de muchos años de conflicto. Pido al Wizengamot que haga una recomendación a la Confederación Internacional de Magos para el establecimiento de un Ministerio de Magia independiente en Eritrea.

Este era un evento raro en estos días; no había habido nuevos gobiernos muggles creados desde la caída de la Unión Soviética. Ya que el Estatuto del Secreto requería ciertos modos de interacción entre los gobiernos mágicos y muggles, era más conveniente para ellos administrarlos en las mismas áreas geográficas, pero esto no era universal, ya que los deseos de la comunidad mágica también tenían que ser tomados en consideración, sin mencionar la practicidad. Esto era por lo que Escandinavia sólo tenía un gobierno mágico con oficinas de campo para los cinco países muggles en su jurisdicción, mientras que India tenía por lo menos diez gobiernos mágicos operando completa o parcialmente dentro de sus fronteras.

–Estoy de acuerdo –dijo Dumbledore–. El Wizengamot debería realizar una recomendación. ¿Tiene un reporte del estado de la comunidad mágica en Eritrea, Embajador Monroe?

–Sí, Jefe de Magos. La comunidad mágica en Eritrea principalmente apoya a un ministerio independiente. Comprendo que el argumento principal en favor es que Eritrea y Etiopía hablan idiomas diferentes… junto con la solidaridad con sus primos muggles. Sin embargo, la dificultad es que Eritrea es muy pequeño. Es similar en población a Albania con una población mágica de sólo unos cientos de magos y brujas. Esfuerzos a gran escala como aplicación de la ley mágica requerirían de asistencia fuera del país, como en Albania… asistencia que muy probablemente continuaría siendo provista por Etiopía. Una separación incompleta como esa podría causar más problemas de los que resuelve.

Unos cuantos miembros del Wizengamot intercambiaron puntos. El mismo David Monroe se rehusó con vehemencia a indicar una preferencia. Harry susurró a sus padres, preguntando que sabían sobre la situación. Algo de lo que escuchó le preocupó, así que cuando el debate pareció estar llegando a su fin, se puso de pie.

–¿Lord Potter? –le dio Dumbledore la palabra.

–Tengo una pregunta para el Embajador Monroe, señor. El gobierno muggle en Etiopía era conocido por intentar tomar control excesivo sobre Eritrea, lo cual llevó a la guerra muggle de independencia que duró treinta años. Me gustaría saber cómo fueron las relaciones entre los Ministerios de Etiopía y Eritrea durante ese tiempo.

Eso sorprendió a muchos de los espectadores. Muy pocas personas esperaban que Harry Potter se involucrara en la política tan joven… especialmente política internacional. Pero el Embajador Monroe sólo asintió contemplativo.

–Lord Potter, por lo que se, las tensiones nunca fueron tan grandes como en el mundo muggle. Sin embargo, ha habido dificultades durante los años, en particular por la barrera de lenguaje que mencioné. –Harry asintió.

–Gracias, Embajador –dijo, sin dar su opinión. Sin embargo, cuando el voto llegó, asintió en dirección a Andi para que votara a favor de un Ministerio en Eritrea… en línea con lo que las personas querían. Como tal, el Wizengamot completo votó sólidamente a favor, incluyendo a ambos Monroe.

Una vez fue acordado, Harry se puso de pie de nuevo.

–Jefe de Magos, tengo un asunto nuevo para la agenda.

–¿Sí, Lord Potter? –dijo Dumbledore.

–En 1943, un Rubeus Hagrid de trece años fue arrestado por varios ataques contra estudiantes hijos de muggles en Hogwarts. –Harry lanzó una mirada amable a Hagrid, quien estaba sentado con poca energía entre la audiencia. El semi-gigante estaba notablemente más delgado, al haber perdido bastante peso en Azkaban, y su barba crecía más gris–. Sabemos que fue falsamente culpado por esos ataques. Aunque no hubo cargos en ese momento, fue expulsado de Hogwarts y su varita rota. Hace cuatro meses, el Sr. Hagrid fue arrestado de nuevo por atacar a los estudiantes. Esta vez, tampoco hubo cargos formales en su contra, y aun así fue llevado a Azkaban sin una audiencia… una lección que el Ministerio debió aprender hace año y medio de Lord Black. –Hubo murmullos molestos en la sala–. Este es un fallo de parte de la justicia y debe de ser investigado con atención. Mientras tanto, sugiero una moción para que ambos arrestos sean eliminados del historial del Sr. Hagrid, que sea compensado cien galeones por cuatro meses de injusta encarcelación, y que sea calificado para la compra y uso de una varita.

–Avanzo la moción –confirmó Andi.

–Yo la secundo –dijo Sirius rápidamente.

Los pequeños ojos negros de Hagrid parecieron crecer el doble ante eso. Había soñado sobre ese día por cincuenta años… el poder usar una varita de nuevo (en público), pero no podía creer que Harry haría tanto por él. Harry Potter definitivamente tenía un amigo leal en Rubeus Hagrid.

–¿Alguien desea discutir la moción? –preguntó Dumbledore.

–Jefe de Magos –habló Lucius Malfoy–, el Sr. Hagrid no tiene la cualificación educacional para llevar una varita.

–No, no la tiene, Lord Malfoy –respondió Dumbledore–, pero estoy seguro de que puede conseguirla a su tiempo. Y como vive en los terrenos de Hogwarts, no veo muchos problemas. ¿Alguien más? ¿No? Muy bien. Todos a favor… –Suficientes varitas se elevaron y fue claro que la moción de Harry pasó con un gran margen.

Con eso solucionado, era hora de presentar los premios. Dumbledore dio la palabra a Fudge, quien pidió a los galardonados que bajaran.

–Como muchos de ustedes saben –dijo el Ministro–, Lord Potter derrotó a un basilisco en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería… la misma bestia que había estado atacando y aterrorizando a la escuela por meses. Lord Potter reclamó el cuerpo bajo el Derecho del Cazador y generosamente eligió dividir las ganancias de su venta equitativamente entre las víctimas, quienes han sido invitadas a atender hoy. Todos ustedes tienen la simpatía del Wizengamot por su dura experiencia y admiramos su resiliencia. Por favor vengan al frente mientras llamo sus nombres para recibir sus premios...

Después de que los costos de procesamiento, impuestos, y otras complicaciones fueron tomadas en cuenta, cada uno de los nueve estudiantes de Hogwarts, Filch, Hagrid, Snape (quien aceptó su porción de parte de Nick Casi Decapitado), y dos magos y una bruja de sesenta años que fueron víctimas en 1943, recibieron unos doscientos galeones… el equivalente a diez mil libras. Ginny Weasley casi se desmaya al ver la cantidad. Ese dinero era una gran inversión para su futuro para una familia que temía no poder dar mucho a sus hijos. Cuando Harry estrechó las manos de todos los que recibieron una porción, Ginny se lanzó a él y lo abrazó de inmediato antes de alejarse bastante sonrojada. Hagrid también lo abrazó, casi aplastándolo en el proceso.

–¡Muchas gracias, Harry, gracias! –lloró.

Fudge despidió al grupo, pidiendo a Harry y Neville que se quedaran. Neville lucía más orgulloso de lo que Harry jamás había visto mientras el Ministro leía las razones de las medallas.

–Lord Potter y el Sr. Longbottom se dieron a la tarea de ubicar la legendaria cámara de los secretos en Hogwarts cuando todos los otros métodos fallaron. Al encontrarla de manera exitosa, fueron lanzados dentro por el asesino conocido como el heredero de Slytherin. –Fudge estaba teniendo cuidado de no mencionar el nombre de Voldemort–. Dentro, el heredero de Slytherin lanzó contra ellos a un temible basilisco, el más grande registrado. Armados con sólo una espada, el Sr. Longbottom distrajo al basilisco mientras el Sr. Potter obtenía sus varitas para realizar un ataque más poderoso. El Sr. Longbottom fue mordido, y sólo fue salvado por el pronto uso de lágrimas de fénix. Lord Potter entonces tomó espada y varitas y derrotó a la bestia con un poderoso ataque dentro de su boca. También destruyó el artefacto oscuro que el heredero de Slytherin había usado para atacar a la escuela. A través de sus acciones, estos dos jóvenes salvaron la vida de la señorita Ginevra Weasley y posiblemente de otros, y salvaron al Colegio Hogwarts de ser cerrado al remover la amenaza del heredero de Slytherin para siempre. Por estas acciones, el Wizengamot se enorgullece de presentar a Lord Potter y al Sr. Longbottom con la Orden de Merlín, Segunda Clase.

La sala observó mientras Harry y Neville recibían una estrella plateada con un listón azul, la de Harry sobre su medalla de Tercera Clase, y aplaudieron con fuerza. Incluso después de tres semanas, el alivio en todo el país al concluir la amenaza en Hogwarts era palpable, y Augusta Longbottom lloraba con alegría mientras Neville recibía su medalla.

A la salida, Harry fue saludado por muchos padres y familias de estudiantes agradeciendo a él y a Neville por salvar la escuela. Comenzaba a ser algo escalofriante, pensó. Intentaron evadir a la prensa, pero como siempre, no pudieron escaparlos por completo.

–Lord Potter –llamó un reportero–, ¿qué van a hacer usted y su hermana con el dinero?

–Pues, es dinero caído del cielo –dijo Harry después de algo de consideración–. Pensamos encontrar una causa justa a la cual donarlo. Estamos trabajando en unas ideas.


10 de junio, 1993

La causa justa que decidieron fue una que había crecido en el corazón de Hermione durante el último año. Después de ver a sus compañeros sufrir por tanto tiempo, decidió hacer algo al respecto. Sus padres no estaban seguros de que era el mejor uso de su dinero, pero a Sirius le encantó la idea, y por el bien de la seguridad de los estudiantes, sino por nada más, aceptaron. Lo único que tomó fue una breve consulta con Ron y una carta.

Y así, cuando el club de vuelo se dirigió a los terrenos de entrenamiento para su penúltima reunión del año, se sorprendieron al encontrar a un mago anciano esperándolos. Se sorprendieron aún más cuando Madame Hooch lo reconoció.

–¿Winston? –dijo con sorpresa–. Winston Keitch, ¿eres tú?

–Sí, Rolanda, es bueno verte –dijo Keitch. Le dio un abrazo leve mientras los estudiantes comenzaban a hablar en susurros entusiasmados:

¿Winston Keitch? ¿Es en serio?

–Sí, estudiantes, este es Winston Keitch, Jefe de la Compañía Cometa… y por Merlín, ¿qué estás haciendo aquí, Winston? –demandó Hooch.

–Sólo hago una entrega, Rolanda –dijo. Hizo un gesto en dirección a alguien en la pared externa de los terrenos de entrenamiento, y dos magos comenzaron a cargar cajas grandes.

–¿Una entrega? –dijo Hooch.

–Sí, es de lo más curioso, recibí una carta de un par de estudiantes la semana pasada, realizando una orden de veinte Cometas 260.

Los empleados abrieron las cajas, revelando las brillantes escobas nuevas. El Club soltó exclamaciones de sorpresa y se lanzaron sobre las cajas.

¡¿Veinte?! –dijo Hooch–. ¿De estudiantes?

–Es lo que decía la carta, y el dinero es bueno. Oh, eso me recuerda, Lord Potter, ¿podría firmar esto?

–Oh, claro. –Harry firmó el formulario de entrega–. Un placer hacer negocios con usted.

–¿Potter? –preguntó Hooch.

–Dije que íbamos a poner nuestro dinero en una causa justa, si leyó el periódico, Madame Hooch –le dijo Harry–. Usted es quien dijo que alguien iba a lastimarse en las escobas de la escuela uno de estos días. No queremos que un pequeño de primer año tenga que ir a la enfermería por equipo dañado.

–Pues, eso es… gracias, Potter, y a ti también, Granger –dijo con lágrimas en sus ojos–. No estaba segura de si algún día vería escobas de reemplazo.

Ron tomó una de las escobas nuevas y la inspeccionó como un experto.

–Harry, Hermione, ¡esto es genial! –dijo–. ¿Esto es por lo que preguntaste cuál es la mejor escoba de principiantes en el mercado?

–Bueno, si Hogwarts es la mejor escuela de magia en el mundo, supusimos que deberíamos tener el mejor equipo de vuelo también –le dijo Hermione–. Que el club de vuelo tiene escobas útiles ahora es un bonus.

–Por lo menos eso es lo que dijimos al Profeta –agregó Harry.

–Muchas gracias, Harry –le dijo el resto del club–. Sí, gracias, Harry.

–No puedo creer que hiciste esto.

–¡Esto es genial!

–Vamos, todos, hay que jugar un partido de verdad –dijo Ron entusiasmado.

Todos estuvieron de acuerdo en que fue el mejor juego del año, y estaban tan agradecidos que incluso los Ravenclaw en el club no pudieron evitar estar felices por Harry cuando llevó a Gryffindor a la victoria en la copa de quidditch el sábado. El próximo año… pensaron.


13 de june, 1993

Robson Circle estaba vacío, algo poco sorprendente al ser una tranquila tarde de domingo, cuando un hombre se apareció en medio de este, aparentemente proveniente de ningún lado. Nada como ese hombre había estado alguna vez en Robson Circle, o en algún lado en la pequeña aldea de Lincolnshire. Aunque había relajado su apariencia con una sencilla túnica gris (no lucía bien en negro), su cabello blanco hasta la cintura y su barba lo harían resaltar en cualquier lado. El anciano caminó la vereda en el jardín del número ocho y tocó el timbre.

La persona que respondió la puerta era una mujer mayor, vestida completamente de negro, cabello blanco y encorvada, caminando con un bastón, sus ojos rojos por las lágrimas. Cuando vio al anciano, exclamó con sorpresa y puso su mano contra su pecho como si hubiera visto a un fantasma.

–Hola, Sra. Warren –dijo Albus Dumbledore.

Amy Warren no podía creer sus ojos. Había pasado tanto tiempo… tenía ochenta y cuatro años ahora, y este hombre… lo recordaba muy bien… debía de tener por lo menos veinte años más que ella, y aún estaba vivo.

–Es usted –dijo–. Usted es quien se llevó a mi Myrtle a esa escuela hace todos esos años… Du...Dumb...Dumbledore. Está aquí.

–Estoy aquí –respondió él.

–¿Usted… sabe qué día es? –demandó ella.

–Lo sé muy bien, Sra. Warren. De hecho, esa fue la razón por la que lo elegí.

–¿Pero por qué? ¿Qué razón tiene para regresar aquí…? –Sus palabras comenzaron a fallarle–. Para venir aquí en el… han pasado cincuenta años. Cincuenta años exactos desde que mi hija fue arrebatada de mí. ¿Por qué está aquí?

–Estoy aquí –dijo Dumbledore–, porque quería informarle en persona que finalmente determinamos qué fue lo que mató a Myrtle.

La Sra. Warren observó a Dumbledore como un venado enfrente de los faros de un auto.

–¿Después de cincuenta años? –dijo con incredulidad–. ¿Le tomó cincuenta años descubrirlo?

–La criatura era un basilisco –explicó–. Una serpiente muy grande y mortal. Sin embargo, el basilisco estaba oculto… hibernando por los últimos cincuenta años para que nadie pudiera encontrarlo. Fue despertado recientemente y comenzó a atacar a los estudiantes de nuevo. Por suerte, nadie murió esta vez. Pero más importante, puedo informarle que el basilisco está muerto.

–¿Muerto? ¿Lo logró esta vez?

–Lo hicimos. Dos jóvenes en nuestra escuela, Harry Potter y Neville Longbottom, lograron encontrar el nido del basilisco y lo mataron.

–Bueno, entonces… –dijo con incomodidad–. Supongo que son buenas noticias. Y supongo también que debería agradecerle por informarme.

–No tiene porque, Sra. Warren. Sin embargo, hay algo más. Después de matar al basilisco, Harry Potter insistió en que el cuerpo, el cual es muy valioso, fuera vendido y las ganancias fueran divididas equitativamente entre las víctimas… todas las víctimas. Como es el familiar más cercano de Myrtle, la porción de ella es para usted.

–Yo… supongo que es amable del muchacho. ¿Cuánto es?

Dumbledore sonrió y sacó un pedazo de papel de su túnica.

–Tengo un cheque aquí para usted por diez mil libras.

–¿Diez mil? –dijo la Sra. Warren–. Eso… ¿para ? ¿Tanto?

–Así es. De hecho, el joven Harry estuvo adamante de que debía encontrarla. También deseó que le diera un mensaje de su parte: "sé que no puedo reemplazar lo que perdió, pero espero que sea de ayuda. Y por favor sepa que Myrtle está feliz en donde sea que está." –Lo último era una mentira blanca, pero el fantasma sí parecía más feliz con el basilisco muerto y la señorita Lovegood a su alrededor con quien hablar de vez en cuando. Harry sugirió la posibilidad de que el fantasma de Myrtle se encontrara con su madre directamente, pero Dumbledore se rehusó. Nada bueno había pasado después de ese tipo de reunión. Incluso a su edad, no era bueno obsesionarse con sueños y olvidarse de vivir. La Sra. Warren comenzó a llorar de nuevo, pero esta vez, extrañamente, eran lágrimas de alegría. No era por el dinero, aunque a su edad le serviría bastante, pero la idea de que un niño podía ser tan generoso y amable era una extraña luz en su cerrado mundo.

–P...por favor diga… al Sr. Potter gracias de mi parte, Sr. Dumbledore –dijo–. Gracias… por traer justicia a mi Myrtle, y por pensar en ella. Y gracias a usted por el esfuerzo de hacer esto.

–De nada. –Le entregó el cheque–. Y reciba mis condolencias de nuevo, aunque atrasadas. Buenas tardes.

Dumbledore dejó el número ocho en silencio y desapareció una vez estuvo fuera de la vista.