"El admirador secreto parte 2"
.
.
.
.
.
.
Lado: Midoriya
Acto 15: Conversación paternal
La idea de viajar con Kacchan más que emocionarlo, lo intrigaba muchísimo. La simple idea de estar en un sitio a más dos horas de casa (la residencia), a solas con alguien de carácter explosivo, lo inquietaba en gran medida por la repercusión que pudiera conllevar hacer enojar a Kacchan en pleno viaje o siquiera cometer una imprudencia como darle un golpe en la cara accidentalmente o sobrepasarse con un beso inesperado, los que a veces Kacchan terminaba por enfadarse y restregarle un puñetazo en la cara o una posible explosión inminente.
No obstante, la inquietud y la incertidumbre de sobrellevar el viaje por el mes de octubre y principios de noviembre, conllevaba mucho a esperarse cualquier cosa, porque suponer no le serviría mucho, puesto a que desconocía cómo se comportaría Kacchan en un espacio intimo y privado.
Sin embargo, Izuku no se oponía a la idea de llevar a cabo el plan del viaje, sino a la idea de no hacer bien las cosas. No planear bien le ocasionaba temor.
De cualquier manera, esa misma tarde se dio la osadía de ir a visitar a su novio a la casa, con la finalidad de poderlo ver, ya que había salido temprano del trabajo y aprovechando que Kacchan también había salido temprano, se plantó en la entrada de su casa con sus shorts de color negro, una camiseta que tenía un bordado que decía "camiseta" y sus típicos tenis rojos.
Lo recibió su madre, encantado de verlo visitando a su hijo, que afortunadamente se encontraba en casa, tomándose una ducha debido a que en el trabajo, salió muy sucio en su misión de rescate.
La madre de Kacchan lo dejó sentarse en la sala en compañía de su padre, quien lo recibió esbozándole una sonrisa discreta, mientras leía una novela de Julio Verne. Izuku no se imaginaba que el papá de Kacchan tuviera esos gustos, puesto a que siempre que venía a la casa, lo veía leyendo el periódico, o viendo la televisión, ya sea una película o una serie.
El libro de "El viaje al centro de la tierra" de Julio Verne, lo había leído cuando él era un adolescente de primer año de secundaria, en aquellos tiempos donde la soledad era su compañía y su mejor amigo en la vida.
—Conoces este libro, Izuku?—
Se sobresaltó al escuchar la pregunta repentina del padre de Kacchan con respecto al libro. Lo que Izuku no estaba al tanto, fue que sus ojos contemplaban intensamente el libro con un deje de interés, mismo que lo terminó por delatar.
Izuku dio un pequeño salto, recuperándose del sobresalto, diciendo:
—Sí, lo conozco— Respondió educadamente, sonriendo ligeramente. —Es un excelente libro—
El padre de Kacchan detuvo su lectura, poniendo el separador en el libro, mostrando la portada de una de las diversas ediciones que se habían hecho de aquel libro. El ejemplar era bonito, porque se conformaba por una portada dura. Las portadas que suelen ser como una obra de arte, por su estructura, el material, la textura, el matiz de su forma.
—A mi me gusta mucho volver a leer este libro desde la adolescencia— Comentó su padre. —Me parece que siempre encuentro cosas que la última vez que lo leí—
—Yo no lo he vuelto a leer desde la secundaria— Expresó Izuku con un grado de pena, pues sus lecturas adolescentes estaban olvidadas.
—Si quieres te lo puedo prestar— Ofreció amablemente.
Avergonzado por el curso que tomaba la conversación, negó el ofrecimiento con un rubor en las mejillas.
—T-todavía tengo mi ejemplar—Repuso nervioso. —P-pero muchas gracias por el ofrecimiento, lo aprecio mucho—
Su padre depositó el libro en la mesa de la sala, reponiendo su asombro al oír su agradecimiento.
—Eres un buen chico, Izuku— Sonrió bendecido.
Izuku ruborizado por el comentario, se arredró en un manojo de nervios, en el sofá de la sala.
—G-gracias— Esbozó una sonrisa avergonzada, sintiéndose tomado en cuenta por el padre de Kacchan, puesto a que siempre su madre era la que lo incluía en sus visitas a la casa de su pareja.
—Has sido una buena influencia para Katsuki— Dijo, acomodándose en el sofá del otro extremo de la sala. —No he tenido la oportunidad de comentártelo, porque Katsuki siempre me limita a hablar contigo, pero desde que está contigo, no lo había visto tan feliz en años— Expresó diligente. —Lo vi feliz en escasas ocasiones, como el día en que apareció su quirk, y el día en que fue pasó el examen de ingreso de la U.A.—
—E-en serio?— Izuku musitó sonrojado y halagado.
Asintió.
—De hecho, desde que está contigo, todos los días lo veo contento cuando te habla por el celular, que se sale muchas veces al patio y se alcanza a ver su cara iluminada de poder tener la oportunidad de hablar contigo— Dijo con confidencia, aumentando el sonrojo de Izuku. —Me da mucho gusto ver a mi hijo sonreír, aunque para unos sea difícil distinguir sus micro expresiones, porque él no es muy expresivo con sus emociones, mucho menos con sus sentimientos y verlo así— Su padre suspiró sonriendo orgulloso. —Me llena de alegría—
Izuku contempló al padre de su pareja con el sentimiento de gozo amonontarse en la garganta, pues, al saber que su influencia en la vida de Kacchan ha sido buena significaba mucho para él. Significaba una ilusión que valía la pena mantener viva.
Izuku trataría de mantener viva la llama de aquella mención que hacía su padre, ya que no solían conversar de casi nada, mas que de los respectivos saludos y la despedida y la cosa se quedaba allí, puesto que Kacchan no le gustaba que él conversara con sus padres; detalle que lo llevaba a suponer que Kacchan se avergonzaba de su presencia en la casa y eso aunque todavía no estaba seguro de si era verdad o no, le entristecía pensar que podría ser cierto.
Sus intenciones nunca eran avergonzar a su pareja, ya que lo veía como una parte esencial de su vida, acaparando en gran medida su atención y su corazón. Para él, no tenía sentido avergonzarse de lo que tenían como pareja, pero quizás Kacchan se avergonzaba todavía y no sabía manejar la situación.
—Aprecio que me diga lo que piensa sobre lo nuestro— Agradeció Izuku con toda la disposición posible. —Significa mucho para mí saber que apruebe de nuestra relación—Hizo una leve inclinación de cabeza, acomodando sus manos sobre su regazo en pose elegante. —Me alegra poder estar con Kacchan, porque él también ha tenido una buena influencia en mi vida—
Su padre sonrió concordando con su punto de vista, para después retomar el tema que tenían con respecto al libro de Julio Verne que fue el detonante de su conversación en la sala.
Izuku aprovecharía la escasa oportunidad para crear un ambiente ameno entre el padre de su pareja y él mismo, puesto a que de eso se trataba una relación como la que él poseía con Kacchan.
—Y bueno, Izuku, cuéntame cuáles otros libros has leído de Julio Verne— Indicó su padre, ajustando sus lentes con una mano. —Aprovechando que estamos en el tema—
Izuku contó sobre los libros que había leído del autor Julio Verne, además que en el momento en que contaba sobre las lecturas que le llegaron a divertir en la temprana adolescencia, se topó con un recuerdo rezagado en su memoria.
Uno de sus libros de Julio Verne no acaparaban parte de su colección de ejemplares del mismo autor. Recordó que el libro de "Vuelta al mundo en ochenta días" faltaba dentro de su colección porque Kacchan se lo había explotado en el segundo año de la secundaria.
El recuerdo fogoso de ver su libro echo cenizas en manos de su amigo de la infancia, mismo que le tiró a la cara las cenizas que quedaron del libro, burlándose de lo miserable que se veía con su cara cubierta de los restos de su preciado libro.
Hizo un esfuerzo por no frenarse en seco y enfocarse exclusivamente a ese recuerdo porque de alguna manera no recuperaría aquel ejemplar.
No valía la pena torturarse con el pasado, si estaba en el presente.
No obstante, su padre no se percató del descenso de sus facciones al entristecerse sobre el recuerdo de las reminiscencias de su objeto preciado.
Agradeció el hecho de que no fuera notorio el repentino cambio en su rostro, pero al momento de reponerse y sobrellevar la conversación con mesura y educación impecable, apareció Kacchan con la toalla rodeándole el cuello y sus cabellos puntiagudos caídos, adornando su refinado rostro en un aura que resaltaba la finura de sus facciones.
Su corazón se volcó en su pecho dando saltos alocados, dilatando su sangre hasta la cabeza, enrojeciendo sus mejillas encendidas.
—Qué haces aquí, nerd?!— Respingó, endureciendo su fino rostro.
—Eh…— Dijo sin aliento.
—Ah, hijo, Izuku vino de visita— Notificó su padre con calma.
Kacchan hizo una mueca de disgusto.
—Ya veo— Masculló reprimiendo enfado.
Izuku sintió escalofríos de conectar sus miradas, sus ojos rojos lo analizaban coléricos, fulminantes.
Acaso su visita había sido una imprudencia?
Acto 16: Buenas noticias
Kacchan lo llevó arrastrando hasta su habitación, tomándolo del cuello de la camiseta.
Entrando a la habitación de Kacchan, él lo aventó con brusquedad contra el piso de madera, oyendo que cerraba la puerta con seguro.
—Tu— Lo señaló indignado. —Qué haces aquí sin avisar, maldito nerd?—
Izuku se repuso del golpe, tratando de ponerse de pie, notando al instante que el cabello rubio de su novio surgían unas pequeñas gotas de agua, los poros de su piel emanaban calor intensificado.
Le pareció hermoso.
—Q-quise visitarte de sorpresa— Respondió Izuku entre risitas nerviosas.
Kacchan chasqueó la lengua, sentándose en la orilla de su cama con la pierna cruzada.
—Es estúpido que vengas sin avisar— Se quejó, haciendo un puchero con sus labios. —Al menos me hubiera arreglado— Añadió a lo bajo.
Izuku lo miró perplejo, procesando aquello.
Será que Kacchan estaba avergonzado?
Parecía de broma, pero sus ojos y sus mejillas sonrojadas daban a entender lo contrario. Izuku cambió su expresión a una de seriedad.
—No me importa cómo te veas—
Kacchan alzó la mirada relajándose un poco de la tensión que acaparaba su gesto, asimismo tranquilizando a Izuku, quien buscaba que su pareja no estuviera avergonzada de su aspecto recién salido de la ducha.
—Bueno— Chasqueó Kacchan, cogiendo la toalla que rodeaba su cuello y se puso a frotar su cabello lo que faltaba para secarlo.
Izuku al verlo, no encontraba manera para decirle lo que pensaba de su figura en ese momento. En pocas palabras, su pareja se miraba ardiente.
Las ansias por tocarlo surgían en la yema de sus dedos, cosquilleando sus sentidos aglomerados; sin embargo, Kacchan mostraba otro acercamiento que el suyo, porque detuvo su acción y se encorvó en su postura.
—De qué tanto hablabas con mi papá?— Inquirió, con las cejas fruncidas.
—De unos libros— Respondió discreto.
Kacchan soltó un quejido, cambiando la pierna cruzada por la otra, poniendo los ojos en blanco.
—Libros de nerd— Refunfuñó con los dientes rechinando.
—¡Pero si son libros de Julio Verne, Kacchan!— Exclamó incrédulo. —¡Yo tengo la colección!—
Su pareja soltó otro quejido, combinado con un gruñido, que le hizo trastabillar a Izuku, quien lo miró interrogante.
—Yo te exploté uno de esos libros?— Preguntó con cara compungida.
Izuku abrió los ojos impactado, pues, no se esperaba una pregunta de esa magnitud. Sin saber cómo decirlo con palabras, se limitó a asentir despacio.
Kacchan se dio un manotazo en la frente soltando un gruñido de frustración.
—¡Joder!¡Joder!— Maldijo molesto.
—Ya pasó, Kacchan— Aseguró Izuku alarmándose de su actitud.
—Otra vez hice de las mías, maldición—Se jaló los cabellos rubios con la frustración a todo lo que da, preocupando a Izuku, que se abalanzó a tomar sus manos y detenerlas del daño que él se hacía a sí mismo. —¡No, suéltame, Deku!— Forcejeó.
—No, Kacchan— Insistió. —¡No te guardo rencor por eso!—
—¡Exploté tu-tu!— No pudo terminar la frase sin antes quererse jalar los cabellos debido a la impotencia que vio que él sentía contra sí mismo.
Preso de un impulso, en un arrebato se lanzó a abrazarlo esperando que su gesto lograra tranquilizarlo de su frustración.
—¡Maldita sea! Siempre que pienso que todo estará bien entre nosotros, otro maldito recuerdo de mi jodido pasado aparece para arruinarlo todo— Dijo con dificultad.
—Kacchan, descuida— Reconfortó Izuku, sobando su espalda con sus manos. —No te tengo rencor por haberle hecho eso a mi libro, es algo material, se puede volver a comprar—
Kacchan soltó un gruñido desmoronado, cediendo al abrazo, e Izuku lo supo, porque sintió que lo envolvían sus brazos de manera ansiosa, tratando de aferrársele como si él fuera a marcharse de su habitación en un acto precipitado del momento.
—Ya pasó, Kacchan— Aseguró con fuerza.
—Es tan jodidamente frustrante recordarlo— Dijo Kacchan con un nudo en la garganta.
—Descuida, está bien?— Se separó, juntando ambas frentes, acariciando con su otra mano su mejilla. —Si te tuviera rencor por todo, no estuviera aquí contigo— Esbozó una sonrisa tímida, resaltando sus mejillas sonrosadas.
—Odio cuando tienes razón— Kacchan se quejó, rendido ante su tacto y sus palabras reconfortantes. Izuku suspiró aliviado al saber que había podido manejar un poco mejor la situación de lo que hubiera creído lograr por su cuenta, pero calmar a un chico tan explosivo como su novio, muchas veces era complicado, porque podía esperarse cualquier cosa de su parte, incluso terminar explotado con la cara llena de cenizas en el suelo.
Impulsado por el calor del momento, tomó las mejillas de Kacchan y se inclinó a besarlo, deseoso de probar su sabor, mismo que contenía una dulzura inigualable.
Los brazos de su pareja lo rodeaban por el cuello, bajando lentamente a su espalda con timidez, extendiendo la palma de sus manos, mismas que lo frotaban despacio. El simple contacto encendía los sentidos de Izuku, quien rompió el beso, respirando profundo sobre los labios rosados de su pareja.
Sus ojos rojos lo llamaban en ese instante en que sus ojos conectaron miradas. Dentro de aquella conexión que mantenían, él respiraba el aliento cálido de Kacchan, que emanaba un aroma agradable.
Antes de continuar, el celular de Izuku comenzó a sonar. Kacchan lo fulminó con la mirada indignada por la interrupción, zafándose de su contacto, cambiando sus manos que estaban en su espalda, a empujarlo.
—Contesta tu estúpido celular— Ordenó, pasándose una mano sobre su cabello.
Izuku con prisas se recuperó de la fiebre del momento, pues su temperatura apenas empezaba a subirle en la cabeza. Recuperó la compostura, notándose bastante desorientado con sus movimientos.
Sacó el celular que se localizaba en el bolsillo de sus shorts, sorprendiéndose al ver que era Iida quien le llamaba.
Frunció las cejas.
—Iida, hola— Atendió la llamada, desorientado.
—Midoriya, te hablo en mal momento?— Dijo educado.
—Más o menos— Respondió, recibiendo una mirada penetrante de parte de su novio, que lo escaneaba con sus duros ojos rojos, oyendo sus quejidos de enfado a lo bajo.
Estaba molesto por la interrupción, de eso no le cabía dudarlo.
—Q-qué sucede? Necesitas ayuda en algo, Iida?— Ofreció Izuku en apertura.
—No, nada de eso, Midoriya— Dijo mostrándose cortés. —A decir verdad, el motivo de mi llamada tiene que ver con los recientes acontecimientos que han pasado en mi corta vida y déjame decirte que han sido todos muy gratos—Tras una breve pausa, añadió:—Es por eso que te llamo para invitarte a una reunión que se llevará a cabo el día de mañana con el propósito de celebrar que Uraraka y yo estamos saliendo—
Izuku se quedó boquiabierto, asombrado por la revelación de su amigo. No lo vio venir, juraba que no lo esperaba suceder.
Era de no creérselo.
—Vaya— Suspiró sorprendido.
Kacchan le dirigió una mirada de interés.
—¡Felicidades, Iida! ¡En verdad no me lo esperaba!— Congratuló a su amigo con sinceridad. —Qué bueno que están juntos, me mucho gusto saberlo—
—Aprecio las felicitaciones, Midoriya— Alardeó Iida en cierta vergüenza. —Entonces, cuento con tu asistencia el día de mañana?—
—A qué horas sería la reunión?—
—Seis de la tarde— Informó.
—Sí puedo ir— Confirmó sonriendo ampliamente. —Cuenten conmigo—
—Excelente, Midoriya— Dijo con satisfacción. —Bueno, sería todo por mi parte, nos vemos mañana, y te mandaré la dirección del lugar por mensaje de texto al rato, adiós—
Izuku estaba impresionado con la forma en que se desencadenaron aquellos hechos sin estar presente físicamente en lo que había ocurrido con sus amigos después de la graduación, puesto que su única prioridad era frecuentar a su novio y encargarse de trabajar en la agencia.
—De qué se trataba tu odiosa llamada con el cuatro ojos?— Lo cuestionó Kacchan a manera enfadada.
Su rostro se alumbró y le contó que Uraraka y Iida eran pareja, expresando su alegría de saber que sus amigos estaban juntos luego de haber terminado la preparatoria; además le dijo que tendría una reunión con ellos al día siguiente, lo que Kacchan se mostró molesto por ello.
—Kacchan?— Musitó Izuku titubeando.
—Estará el bastardo mitad y mitad en la mentada reunión?—
—Eh, no lo sé— Repuso dubitativo.
—Lo más probable es que el bastardo vaya, porque es amigo de ustedes nerds— Indicó él, haciendo un puchero molesto con sus labios.
Izuku meditó unos segundos la situación, ocurriéndosele una idea en un arrebato impulsivo.
—Para más seguridad, porque no vienes conmigo?— Sugirió de buena manera.
—Hah?— Frunció el ceño. —Yo ir con ustedes tontos? no creo— Izuku bajó la mirada decaído, a lo que su novio añadió:—Pero si viene el bastardo mitad y mitad, no tendré más remedio que ir—
—Oh…— Masculló.
—Qué tienes, Deku?— Refirió, dirigiéndole su ceño fruncido.
—B-bueno, es que— Dudó, pero se animó a decirle lo que sentía:—Te avergüenzas de mi, Kacchan?—
—Hah?— Escupió al aire.
—Es que, no quieres que nadie sepa que salimos— Añadió desalentado. —Y eso me hace pensar… me hace pensar que quizás mi presencia te avergüenza— Hizo una mueca triste.
—Eso piensas de mí, estúpido Deku?— Espetó ofendido.
Asintió penoso.
—Ha, serás imbécil— Se rió arrogante. —No me avergüenzas tú— Señaló. —Más bien, me molestaría que me jodieran por andar contigo, no me gusta que me hagan preguntas como se les venga en gana, es jodidamente molesto—
—P-por eso no quieres que sepan?— Preguntó Izuku en tono inocente.
—Debo de tener otras razones para ocultarlo?— Rezongó con una sonrisa soberbia acaparando su rostro. —Si ya lo entendiste, podemos seguir con lo que hacíamos antes de que nos interrumpieran—
Izuku se sonrojó, encogiéndose de hombros tímidamente.
Asintió ilusionado con su sugerencia.
Acto 17: Profundidad
—Espera— Dijo Kacchan parándolo de acercársele a su cara.
Todavía no retomaban el momento que les interrumpieron, pero Izuku se aclimataba con la alivianada atmósfera que invadía la habitación de su pareja. Tan ordenada y reluciente en su estructura; además el aire se ventilaba agradablemente, lo que facilitaba la transpiración de su cuerpo al calentarse con los besos que habían llegado a compartir en aquel sitio.
Izuku se distanció otorgándole espacio a su pareja, quien se quitaba la toalla de encima y ajustaba su cabello rubio.
Esas maneras de Kacchan de moverse lo incitaban a quererlo tocar de inmediato, pues, le parecía muy atractivo cuando sus dedos se metían dentro de los mechones de su cabello puntiagudo; la forma en que sus músculos resaltaban al requerir cierto esfuerzo para ajustar el rumbo que tomaba su cabello al recobrar la forma que solía tener normalmente.
Izuku lo observaba embelesado con su forma, su figura, sus movimientos, sin percatarse de que su mente se estaba tornando en blanco.
No sabía si Kacchan lo hacía a propósito o no, pero quedarse allí sin hacer nada era inútil. Sin pensarlo mucho y sin precisarlo mejor, al escuchar que Kacchan dijo que estaba listo, Izuku se inclinó a besarlo, acunando sus mejillas con ambas manos.
Se aseguró de no ser invasivo con su acercamiento, ya que si lo hacía, Kacchan se sentiría incómodo, por lo que Izuku siempre era gentil cuando se trataba de besarlo y tocarlo.
Sus labios chocaban entre sí, haciéndole sentirlos vivos sobre él, entre su maravillosa textura.
Su corazón se agitaba en su pecho, mientras sus labios se unían al unísono, fundidas en la textura del otro, en seguirse probando y ensimismarse al ritmo de sus labios al besarse.
El pulso errático de su corazón latiendo ferviente contra su pecho le incitaba a profundizar el contacto, mordiendo los labios de su pareja, sin querer sacándole un jadeo de su boca, que se abrió ligeramente permitiéndole acaparar toda la extensión de su boca.
Sus manos acariciaban su cintura, ralentizándose el movimiento de su acercamiento, recorriendo con sus deseos los contornos de su cintura, bajando a sus caderas, apegándolas a las suyas, anhelando sentirlo mejor, más presente. La textura de su piel parecía echa de terciopelo al plantar sus manos como raíces entroncadas de presionar cada uno de sus dedos clavados en su piel.
La respiración de Kacchan se agitaba, abanicando sus mejillas, acompasando sus respiraciones.
El aliento de Kacchan sabía a caramelo, embriagando los sentidos avispados de Izuku, quienes devoraban los labios de su pareja con fervoroso anhelo.
No sabía qué era exactamente lo que le atraía tanto de él. No sabía qué era lo que lo encendía, lo que prendía una chispa en su cabeza y lo llevaba a ser de esa manera.
Eran sus ojos rojos?Sus pestañas finas y largas? Sus labios sobre los suyos? Sus manos tímidamente acomodarse a su pecho al momento de besar? El aroma proveniente de su ser?
Qué le gustaba de Kacchan que lo desarmaba tanto y lo dejaba expuesto con una desnudez llena de sentimentalismo inequívocamente invadida de lo que revoloteaba a su persona. Se enfermaba de su sola presencia, contagiándose de su enigmática certeza, pues, todo lo que lo albergaba, depositaba en Izuku extraños sentimientos que cegaban su juicio cada vez que lo besaba, o que lo veía moverse a la distancia.
Enfrascado en lo que hacía, bajó su ritmo sobre sus labios, descendiendo lentamente en la línea de su mandíbula, plantando pequeños besos en el recorrido de la comisura de sus labios abarcando toda su mandíbula.
Fue bajando por la curvatura de su cuello, siendo delicado en su aproximación. Antes de besarlo, humedeció sus labios, para después depositar suaves besos sobre todo su cuello, ahondando el camino de su piel, enloqueciendo con su sabor, ya que el sabor de su cuello era más dulce que su boca.
Había algo más hermoso que eso?
Sentía la temperatura de Kacchan aumentarse, intensificando la dulzura de su textura, mimetizando los labios de Izuku, quienes se decantaban en el sabor, dedicándose a besarlo en el cuello, buscando no ser brusco en su proximidad.
El pecho de Kacchan se expandía agitadamente, emanando un aroma enloquecedor para los sentidos de Izuku, quien en un arrebato, expuso el hombro de Kacchan con su mano, moviendo su cabeza a esa dirección, y sin pensarlo siquiera, sus dientes se clavaron en aquella parte de su cuerpo, incrustándose como si fuera a beber de su sangre.
Lo sintió estremecerse y aferrarse a su cuerpo, jadeando.
—¡D-Deku!— Exclamó en un hilo de voz, denotando satisfacción con su acto.
Esas reacciones le gustaban mucho, las disfrutaba tanto como le eran posible ser el causante de ellas.
No obstante, su cordura regresó sintiendo que la piel de Kacchan ardía, haciéndolo regresar a sus cinco sentidos de golpe.
—L-lo siento— Masculló, separando sus dientes incrustados en su piel. El sabor a caramelo permanecía en su paladar. —T-te lastimé, Kacchan?—
—Joder— Jadeó, inspirando con la boca abierta, sediento de aire. —No—
Tras un silencio invadido de su respiración agitada, añadió:
—No hiciste nada malo, nerd—
Sus brazos lo rodearon por la cabeza, acercándolo nuevamente a su hombro que ahora poseía una marca de que sus dientes se clavaron en esa zona.
—Continua— Indicó sediento.
—Q-qué?— Abrió los ojos en sorpresa.
—Es perfecto— Expresó Kacchan embelesado. Izuku sintió las manos se Kacchan, meterse dentro de sus rizos enmarañando su cabello. —Joder, es perfecto— Repitió susurrándole agitadamente.
Izuku observó dubitativo la marca que él mismo provocó tomado por un arrebato impulsivo, ensimismado con las cosas que podía llegar a ser por su pareja. Cosas muy diferentes, incluso profundas, como dejar su marca en Kacchan.
Se impactaba de sus actos, de las actitudes que tomaba hacia él.
Tragó saliva, inspirando profundamente.
—E-estás seguro, Kacchan?— Indagó dudando.
Kacchan tomó su cabeza y la acomodó dentro de la abertura de su cuello.
—Sí— Insistió con la voz ronca. —Adelante, Deku, continúa—
Al ver que no tenía otra alternativa más que obedecerle, buscó una sección que no fuera visible, en caso de que dejar una marca en su cuello llegase a ser notoria. Encontrando un sitio ideal, humedeció sus labios y posteriormente, clavó sus dientes pareciendo vampiro devorando la sangre dulce y adictiva de su presa.
Kacchan jadeó en un hilo de voz cargado de deleite, encajando sus uñas en su espalda alta, atrayendo su cuerpo al suyo.
Saber que Kacchan le permitía tocarlo así, era alentador. Ya que Kacchan nunca dejaba que lo tocara nadie, mucho menos él; no obstante, en estos momentos de sutileza y finura, de caricias y besos, le dejaba tocarlo.
Le otorgaba el privilegio de ser el hombre que podía tocarlo sin ser destruido por sus manos explosivas.
—Deku— Pronunció Kacchan con ansias. —Deku— Repitió con mayor firmeza.
—Sí, Kacchan?—
—Te amo— Exteriorizó sediento de él. —Maldición, te amo—
Izuku sonrió y se encaminó hacia sus labios hinchados y rojos, producto de sus besos anteriores.
Se llevó una maravillosa vista.
Quiso decirle lo hermoso que se veía, lo bello que sus ojos rojos se iluminaban al conectarse con los suyos, lo sublime que era intercambiar besos y caricias en un ambiente ameno y suave, lo alentador que era saber que podía tocarlo. Pero guardó silencio, quedándose esas opiniones para después, ya que Kacchan lo deseaba en ese momento y lo incitaba a seguir hasta cansarse o hasta que él mismo le dijera que había sido suficiente.
Pero mientras tanto, Izuku seguiría pensando qué podría ser lo que le atraía de Kacchan?
Sin duda, ese era otro enigma que él debía descifrar por su cuenta.
.
.
.
.
.
.
P.D. Me atreví a escribir algo un poco más intenso, por así decirlo, para ver si podía redactarlo bien o no. Espero que haya salido bien, sino seguiré mejorando.
Deku sabe que le gusta Kacchan, pero no sabe lo que le gusta de él.
Mientras tanto, Kacchan no se detiene por nada, sabe lo que quiere y no se apena de decirlo.
Me di cuenta también que no había puesto mucho al papá de Kacchan en la historia y decidí darle más presencia.
Espero que les guste.
