"El admirador secreto segunda parte"
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Lado: Katsuki
Acto 20: Residencia
Llegaron a la residencia y Katsuki estaba con el corazón en la garganta, preso de una emoción indescriptible asentado en la boca del estómago.
Si bien, Katsuki ya conocía la residencia de antemano, pero la zona donde se quedaban los residentes a dormir no la conocía, puesto a que no era un residente y solo los residentes podían acceder a todas las facilidades del lugar, lo que lo llevó a preguntarle a Deku porqué está vez pudo ingresar a la zona habitacional del sitio, a lo que él le respondió con tranquilidad.
—All Might y yo redactamos una orden que permitiera tu ingreso a los cuartos de la residencia, dado que estamos saliendo, no vi el por que no que te quedaras en alguna ocasión aquí a pasar la noche—
—Así obtuvieron el permiso?— Quiso saber, en lo que pasaban por el comedor que disponían los residentes, del cual seguía abierto y algunos héroes cenaban apacibles.
—Sí, el director es un poco estricto con eso de a quien deja entrar y a quien no— Explicó Deku, pasándose por los pasillos más alejados de la residencia, adentrándose a lo que parecían ser habitaciones, porque había números en cada puerta. —Se supone que dejan entrar a ciertos familiares, pero no a todos—
—Y tu mamá? Le dejan entrar?—
—No sabe que vivo aquí— Dijo Deku con reserva. —Es por seguridad, Kacchan, pero como eres un héroe fue más fácil obtener tu permiso de ingreso, con mi mamá es distinto—
—Pero es familiar tuyo— Repuso indignado con el asunto.
—Sigo en espera de que la dejen ingresar— Musitó resentido. —No he negado que sí hice la forma muchas veces, pero me la han negado todas las veces que la mandé—
—Qué jodida suerte la tuya— Refunfuñó Katsuki.
Deku lo guió por un pasillo compuesto mayormente por un escalón cada tres metros de recorrido, mientras que las palpitaciones incrementaban con cada pasillo que dejaban atrás y con cada cuarto que pasaban de largo.
Se preguntaba cuánto tenían que pasar hasta llegar a la habitación de Deku, pero sabía que debía ser paciente, pues, este tipo de cosas no estaba en sus manos solventarlo; además era su primera vez en aquella zona y desconocía la locación de todas las demás ubicaciones de las cosas, así que no era razonable armar un escándalo por su impaciencia.
De pronto, Deku apretó su mano para obtener su atención.
—Qué quieres?— Inquirió.
Deku puso un dedo entre sus labios, haciéndole signo de guardar silencio.
—Por aquí residen los más grandes de la residencia, no hay que hacer mucho ruido— Indicó con una sonrisa que irradiaba confianza. —Ya casi llegamos a mi habitación—
Katsuki asintió obediente, pues no tenía más remedio que aceptar la instrucción.
Además, todo le daba gusto, todo era nuevo en ese sitio, y el color blanco de los pasillos le brindaba tranquilidad y seguridad interna, al igual que le provocaba una sonrisa en los labios.
Una vez llegaron a la habitación de Deku, localizado en el final de las habitaciones del segundo piso.
—Llegamos— Avisó Deku con voz radiante.
—Joder, por fin— Rezongó en un golpe de impaciencia, soltando la mano de Deku para meterse de lleno a la habitación.
Deku encendió las luces, dejándole ver la tan esperada habitación. Su primera impresión fue que era un espacio bastante amplio para él solito, después vislumbró su cama cubierta por una funda de color azul y unos cojines de diferentes tonalidades derivadas del color azul, una mesita de noche con una lámpara de color blanco rodeada por unos detalles de estrellas marinas del mismo color de la lámpara, unos muebles de caoba, un librero muy bien ordenado y limpio, un juego de cortinas que cubrían las dos ventanas de dos metros de altura y dos de ancho.
—E-este es mi cuarto— Mostró Deku con cierto nerviosismo. —N-no es la gran cosa, pero es cómodo—
—Nada mal, nerd— Resopló Katsuki, adentrándose por la habitación con ganas de explorar el territorio lleno de cosas de nerd. —Pensé que lo tendrías echo un desastre, pero lo tienes limpio—
—Ah sí— Deku se rió dulcemente. —He echo mi mejor esfuerzo por mantenerlo organizado—
—Se nota— Dijo impresionado, recorriendo los estantes de libros, pasándose al escritorio donde habitaban las notas detalladas de Deku en las hojas. —Luce muy bien tu cuarto— Apreció fascinado el lugar.
—Gracias— Manifestó Deku agradecido por su halago. —Ah, sí el baño está por aquí— Le indicó la ubicación del baño y la regadera, que estaba en un pequeño cuarto de la misma habitación y después le mostró la terraza, donde tenía una silla de descanso colocada en dirección al mar y unas pequeñas plantas puestas en macetas de plástico.
Le pareció muy espacioso el sitio y admitía en sus adentros que hacía alusión a que eran una pareja recién casada y este era su cuarto. Su espacio de privacidad e intimidad exclusivo para ellos de disfrutar a solas.
Que fascinante le resultaba pensar así.
No le vendría nada mal pensar de ese modo y desear esas cosas, puesto a que Deku demostró celos ese día y eso significaba que su amor no solo eran los regalos, sino que también eran sus acciones, las cuales decían más que las cosas materiales.
—Puedes tomarte una ducha, si gustas— Ofreció Deku amable. —M-mi ropa te quedará grande, pero la puedes usar— Lo vio irse al mueble de la ropa y hurgar entre sus pertenencias un juego de pijama que le quedaría a la medida. —M-mamá me dio estas piyamas el año pasado, p-pero ya no me quedan— Le tendió la ropa doblada, sonriéndole amablemente. —Puedes usarlas—
—Sí— Katsuki aceptó, sin evitar un sonrojo aparecerle en el rostro.
¡Sí parecían recién casados! Sonrió internamente ante tremenda posibilidad.
—Necesitas algo más?— Preguntó su novio inocentón.
—No—
—B-bueno, iré por té a la cocina— Avisó formal.—Quieres que te traiga uno?—
Viéndolo tan nervioso y tan dispuesto a complacerlo, accedió rendido a los encantos de su novio.
—Qué té quieres, Kacchan?—
—El que sea, está bien— Respingó, bajando ligeramente la mirada a las pijamas.
—De acuerdo— Aseguró contento. —Ahorita regreso, no me tardo—
En cuanto Deku se marchó, Katsuki extendió su pecho, pudiendo respirar acordemente, sintiendo su rostro acalorarse y su corazón acelerado, latirle alocado desde el pecho. Hasta hace poco, había sido molestado por un tipejo estúpido y ahora estaba en la habitación de Deku y mejor aún, estaban solos. Completamente solos.
Puso ambas manos sobre sus mejillas, sintiendo el intenso ardor que emanaba de su piel en emoción de lo que disponían a solas.
Emocionado, fue al baño a tomarse una ducha con el juego de piyamas de Deku, encantado con la idea de compartir ropa. A lo que otros dirían: usar la ropa del novio.
Acto 21: Roces nocturnos
Finalizando su ducha en la regadera del baño, su curiosidad lo llevó a fijarse en el champo que usaba Deku, notando que era de olor a menta y promovían mejorar la textura y el volumen de los rizos. A ese detalle, sonrió vacilante.
Dato de vital importancia para el futuro: Deku no es vanidoso, pero cuida de su cabello.
Se dijo vislumbrando su futuro con una cara muy luminosa por el baño. Bueno, esperaba que el futuro que se imaginaba con creces fuera el real, pero mientras tanto, disfrutaría del presente actual, donde se había bañado en el baño de su novio, del cual, todo el lugar olía rebosante a él.
El olor a menta rodeaba el atmósfera del sitio, asimismo relajando a Katsuki con la extensión del olor discreto. La sutileza mezclada con la ternura, envolvía sus fosas nasales de la calidez que componía a su novio.
A pesar de esto o aquello, se miró unos instantes, lo que pareció una eternidad en el espejo del baño, ingiriendo su figura dentro de sus pupilas hasta traspasarlas con la autenticidad que conllevaba portar sus marcas con orgullo, mismas que se desvanecían con el tiempo, lo cual hizo preocupar a Katsuki, quien mirara con horror las marcas borrosas que cubrían su piel con longevidad.
Sus marcas eran como símbolos de su relación. Símbolos que de alguna manera repercutieron lo que habían construido hasta la fecha, lo que construyeron al irse conociendo a nivel emocional como pareja.
Símbolos que se adhieren al cuerpo, estremecen el alma y se vuelven las marcas talladas en el corazón, engrabadas a la memoria de manera permanente.
Saliendo del baño con la toalla colgando de sus hombros, se dio cuenta que Deku aún no llegaba, por lo que se dedicó a explorar la habitación.
Los grabados refinados que detallaban la madera del escritorio de caoba se deslizaban con el simple roce de sus dedos acariciando la madera fina. Los escritos ilustrados de Deku daban a entender que se trataba de un trabajo importante, donde se había dedicado últimamente a redactar análisis casi de manera compulsiva, puesto a que conocía como se miraba la letra cuando él escribía compulsivamente rápido y cuando escribía lento y pausado.
Cabía destacar que no se puso a leer las anotaciones que contenían las hojas, dado que confiaba en su novio, no en el bastardo mitad y mitad. Confiaba en que el contenido escrito eran cosas buenas; además, si leía algo sin permiso, sería equivalente a que no confiaba en Deku ni en sí mismo dentro de la relación, cosa que no era así.
Después de ver lo que habitaba en el escritorio, se encaminó a la terraza, dispuesto a ingerir la brisa del mar. Se dio una rápida secada en el cabello, antes de salir, para de ahí salir sin el menor riesgo de enfermarse después.
El aire proveniente del mar era refrescante y como un soplo de aire fresco que su cuerpo necesitaba, luego de todo el estrés con el que había tenido que lidiar.
Se le vino una viva imagen con la que muchas veces se había imaginado cuando él portaba la etiqueta del "admirador secreto" y visualizaba en sus ratos libres, donde rondaba el silencio y toda clase de ruidos molestos para el pensante de lidiar; veía claramente un futuro en el que Deku fuera parte de el, y que además, vivían juntos en una pequeña casa con vista al mar.
La sensación de libertad y privacidad conjuntas, le producía el mismo sentimiento de gozo que en aquel momento, porque la situación era muy similar a la de su viva imaginación de chico enamorado.
—¡Kacchan! ¡Volví!— La voz de Deku lo hizo salir de sus ensoñaciones alocadas y avispadas de su imaginación, regresándolo de una sacudida a la realidad. Movió la cabeza para recordarse en qué lugar se encontraba y en qué parte. Sí, estaba en la terraza de Deku, muy anclado al barandal, luciendo el juego de piyamas con elegancia y distinción.
Si su cuerpo parecía esculpido por los mismos dioses, pensaba para sí, puesto a que su musculoso cuerpo y fornidos hombros y brazos resaltaban el área donde más se enfocaba a la hora de hacer ejercicio; además de que su cintura delgada mostraba la línea fina que sacaba a relucir su cuerpo con la mejor disposición, su cintura era un completo atributo físico atractivo y pintoresco de su persona y formaba parte de su esencia.
Su constante dedicación y disciplina por tener un cuerpo reluciente, deslumbrante, despampanante y excesivamente atractivo lo había hecho por beneficio propio, pero luego de tener a Deku como novio, mantuvo su línea detallada y uniforme con los atractivos que ya su cara perfilada tenía por naturaleza desde la infancia y que con la adolescencia se fue refinando detalladamente y sus ojos se volvieron en un atributo innegablemente hermosos, otorgándole un aire esquisto de su persona.
—Kacchan?— Deku cantó buscándolo. —Dónde estás?—De pronto, asomó su cabeza curiosa llena de pecas hermosas, sosteniendo dos tazas de té humeante. —Ah— Suspiró contento de verle. —Aquí estás—
Katsuki asintió, sin percatarse que sus ojos se iluminaban al verlo aparecer frente a él sin anticiparlo, sin precisarlo mejor.
—Deku— Pronunció, aceptando la taza de té, girándose a seguir observando el mar, disfrutando de la brisa.
—Es hermoso, no?— Dijo, colocándose detrás suyo con un brazo aprisionándolo cálidamente, mientras que con la otra mano sostenía su taza de té. El simple gesto de su brazo desencadenó un rubor en sus mejillas. —El mar—
—Hm— Asintió mediante un gruñido apaciguado.
—Me gusta sentarme aquí a ver el atardecer cuando regreso del trabajo— Contó relajado. —Es realmente cómodo y me agrada estar a solas y reflexionar por mi cuenta—
—Ya veo— Dijo, recargando su cabeza en su pecho, asimilando el cálido tacto que irradiaba su presencia.
—Me alegra haberte traído a la residencia— Agradeció en tono reconfortante. —Es como si viviéramos juntos—
—¡Deku!— Exclamó sonrojándose.
—Qué?— Balbuceó atolondrado.
—No digas esas cosas así de repente— Recriminó, dándole un golpe en la cabeza con su puño cerrado. —¡Qué estúpido eres!—
Por su maldita culpa casi le explota el corazón de los mismos nervios que lo carcomieron en segundos.
—L-lo siento— Repuso concertado con su reacción. —D-dije algo malo, Kacchan?—
—Olvídalo, tarado— Regañó. —No vuelvas a decir que es como si viviéramos juntos cuando todavía no lo hacemos—
—Oh…—Manifestó en realización. —Perdóname—
—Está bien— Aseguró, sin borrar el sonrojo de su rostro, y su cuerpo acalorado. —Déjalo ya, sí?—
—Dije una imprudencia— Musitó bajo su aliento. —Lo siento, Kacchan—
—Ya no te agobies con eso, estúpido bastardo— Gruñó. —No te culpes, ya lo dijiste—
—E-está bien— Dijo, separándose de él para dejar su taza de té en la silla vacía. —L-lo siento por decirte algo así— Se regresó a él, apoyando sus manos entre su cuerpo, aprisionándolo con el suyo.
La sensación de sentirse protegido volvió a su interior, relajándolo del mundo exterior.
—Hm— Asintió.
Tras una breve pausa, Deku lo apretó entre su agarre, acomodando su barbilla encima de su cabeza, aplastando suavemente sus cabellos rubios.
—Kacchan— Emitió Deku. —Mañana es tu día libre?—
—Sí— Respondió. —Y el tuyo?—
—Mañana trabajo— Mencionó tranquilo.—Pero hasta el mediodía—Tras otra pausa, añadió:—Ves esa ligera brecha en medio de la oscuridad, por ahí donde esta el mar?— Señaló.
Katsuki por inercia, fijó su vista al punto que indicaba Deku, captando la brecha que habitaba en el reducido espacio.
Asintió.
—Si pasas por ahí, hay un pequeño peldaño que atraviesa gran parte de la vista que otorga la residencia para que puedas apreciar desde un mejor sitio el atardecer— Habló suavemente. —Cuando terminas de recorrer el peldaño hay una banca donde de puedes sentar, ahí es a donde te quiero llevar mañana. —Suspiró soñador— Pero no sé si alcance porque tengo trabajo—
—No importa— Dijo Katsuki.
—Puede ser cualquier otro día— Aseguró Deku con mayor disposición. —De todas maneras, puedes venir aquí cuando quieras—
—Cuando quiera?— Su rostro se iluminó y su voz se escuchó ilusionada.
—Em, sí— Musitó en tono avergonzado. —V-ven c-cuando quieras—
Entonces con gusto aceptaría venir todos los días si así le dijo Deku que podía venir cuando él quisiera. Que buen partido, se dijo para sí.
Mi jodida suerte mejora.
Mientras tanto, siguieron contemplando la vista espectacular que otorgaba la terraza del cuarto de Deku, aprovechando que al día siguiente no iría a trabajar, podía disponer del tiempo como se le viniera en gana, a fin de cuentas, nadie los estaba viendo.
Tras un rato de silencio reconfortante entre ellos, Deku rompió el silencio diciendo:
—Kacchan—
—Qué?— Espetó, deduciendo que probablemente le iba a decir alguna cosa relacionada con el clima o lo que sea.
—Sé que quizás sea un incompetente en esto de estar juntos, pero—Empezó tembloroso. —No dejaré que episodios como el de hoy sucedan, no quiero que el primo de Kaminari te toque— Lo abrazó por la espalda, haciéndole que se le escapara el aire de los pulmones. —Me sentí tan incompetente como tu novio, Kacchan—Expresó con la voz quebradiza.
—No, no lo eres, Deku— Corrigió desconcertado por aquel comentario doloroso.
—No estuve contigo cuando más lo necesitabas— Destacó. —Todo eso me hizo pensar que soy un fracaso como tu novio, pero descuida, Kacchan, haré lo posible para protegerte con todo lo que esté en mis manos—Lo apretó fuertemente, transmitiendo su calor sin igual.
Fue una estocada al corazón enamorado de Katsuki de recibir con las piernas bien plantadas en el suelo, antes de que se sintieran como gelatina a los pocos segundos de haberlo escuchado.
—Te quiero más de lo que pensé— Susurró a su oído, que su cuerpo resintió en forma de descargas eléctricas recorrerlo de un extremo a otro.
Su temperatura subió, su rostro se acaloró, sus mejillas se encendieron y sus pupilas se dilataron. Todo al unísono del sentimiento que Deku le transmitió con sus palabras y su cuerpo.
Lo estremecieron.
Lo encendieron.
Lo despojaron.
—Mucho más de lo que pensé— Susurró con su aliento traspasando su oreja. Aquello lo hizo vibrar por dentro, removiendo todos sus adentros, evocando sensaciones de cosquilleo en la boca del estómago. —Me hacen que sea imposible estar lejos de ti—
Deku se apegó a su cabeza, sus labios humedecidos rozaban la punta del lóbulo de su oreja, desencadenado una vibración incitante en su cuerpo que comenzaba a arder, asimismo su espalda se arqueó hacia él. —Te quiero, Kacchan—
El sólo zumbido de su aliento adentrarse por su oreja era suficiente para embriagarse en un trance letárgico. Desde su posición, alcanzaba a percibir los latidos acelerados del corazón de Deku, cerciorándole que no solo era él, quien se sentía de esa manera, sino también el nerd. Sonrió internamente sabiendo que era un sentimiento compartido.
Saberse amado por Deku, lo hacía sentirse seguro y protegido, abrigado bajo la protección de sus brazos, lo hacía sentirse regocijado de gozo.
La sensación placentera de ser abrazado de esa manera fulminó su corazón con una poderosa estocada, que quedaría grabada en su memoria.
Deku comenzó a besar su cuello haciendo que el sentimiento no quedara rezagado, sino que creciera en el devenir de los segundos que transcurrían sin que Katsuki se percatara de su velocidad.
El ardor y el calor lo atravesaba como flechas por todo el cuerpo. Los labios de Deku recorrer su cuello lo pellizcaban suavemente.
Las manos de Deku se anclaron a su cintura, subiendo como una llamarada solar hasta pegarse como adherente en su pecho.
De pronto se detuvo, respirando en la curvatura de su cuello con agitación.
—Mejor vamos adentro— Susurró con voz sutil.
Katsuki como pudo, asintió.
Las manos de Deku lo giraron encontrándose con sus ojos verdes que lo miraban llenos de candidez, sus labios buscaron conectar con los suyos, besándolo suave y gentil, apresándolo con sus brazos.
Sus respiraciones fueron acompasadas del rápido movimiento de sus labios al besarse, fundiéndose en un tierno y errático abrazo.
Deku mordió su labio inferior y con eso, lo sostuvo con sus brazos guiándolo de regreso a su habitación; y Katsuki lo percibió porque las cortinas desplegaron su cálido recibimiento de vuelta a la habitación reconfortante de Deku.
Asimismo, se separó de sus labios, besando su cuello, mientras cerraba la puerta que conducía a la terraza, aferrándose a no soltarlo.
Katsuki captaba lo que sucedía a su alrededor, pero mantenía los ojos fuertemente cerrados, queriendo sentir todo desde su interior, dirigiendo el momento en su máximo apogeo.
El maldito té puede irse al carajo, eso había sido una excusa para no ser escuchado desde el baño. Todo lo demás se había dado por sus sentimientos que compartían por inercia.
Por reflejo, Deku lo recostó en la cama cuidadosamente sin separar ni un instante sus labios de su cuello. Ni un solo instante. El simple hecho de reconocerlo a viva piel era sublime.
—Sabes?— Susurró Deku entre besos. —Te quedan muy bien las piyamas— Halagó encantado.
Katsuki sonrojado por el elogio, asintió empalagado con tanta dulzura que su corazón apenas asimilaba matizando en su piel.
—Puedes quedártelas— Aseguró brevemente, mientras que sus manos se deslizaban por su torso, anclándose en sus caderas, las cuales las atrajo a las suyas, provocando que su espalda se arqueara, favoreciendo el contacto.
En un atrevimiento por su parte, quiso pasar sus manos por la espalda de Deku, pero temió verse muy encimoso, por lo que optó por otra ruta de su cuerpo. Sus manos tímidamente se pasearon por el amplio pecho de su pareja, sintiendo los latidos desenfrenados que su cuerpo producía, luego su respiración agitada y profunda, después dirigiéndose por sus hombros, deslizándose por mera proximidad por sus brazos que se tensaban para apoyarse sobre sus antebrazos en la cama para hacer equilibrio con su peso sobre el suyo.
Cuando sus manos exploraban la sensación reconfortante de tocar sus brazos, Deku tomó una de sus manos entrelazándola con la suya, colocándola en la cama, con la gentil presión que éste ejercía sobre él.
En eso, Deku detuvo sus besos sobre su cuello, recostando su frente sobre la suya, mostrando una ligera sonrisa al mismo tiempo que tomaba bocanadas de aire. Sus mejillas encendidas captaron la atención de Katsuki al instante en que sus ojos se abrieron del pesado trance que se encontraban sumidos.
—Kacchan— Masculló agitado. —A-aún puedes seguir?—
Su corazón dio un vuelco.
—Sí— Repuso dispuesto.
—Ok— Asintió.
Entrecerrando los párpados, Katsuki lo alcanzó a ver que él inclinó la cabeza, y besó sus labios con devoción, conectando miradas como si pudieran comunicarse a través de sus ojos sin necesidad de decirse nada.
Se tocaban sin siquiera articular una palabra, nada.
Sus manos se flagelaron al igual que el resto del tiempo se congeló.
Acto 22: Ritmo
Contuvo la respiración cuando la mano de Deku limpió los mechones de su cabello para depositar un beso sobre su frente blanca y lisa.
Katsuki estaba ingiriendo bocanadas de aire, recuperando el ritmo de su respiración, mientras sus manos se aferraban a la playera de Deku desde su cintura.
Sus labios hinchados lucían de un hermoso tinte rosado, encarnando la viva representación del tiempo que llevaron besándose sin parar.
Unos lindos besos fueron depositados en sus mejillas por separado, combinándose con unas gentiles caricias sobre ellas, delineaban sus finas facciones de su perfilado rostro.
—No sé qué me has hecho, Kacchan, pero—Inspiró Deku mirándolo con sus luminosos ojos verdes, conectando con los suyos. —Me has hechizado, me has vuelto incapaz de estar sin ti— Le dio un beso corto en los labios, sosteniendo sus mejillas con ambas manos. —Voy muy deprisa con mis sentimientos?—
La duda cargada en su voz fue factor determinante para que Katsuki de una sacudida, encajara sus dedos en las mejillas pecosas de Deku, que se pintaron de rosa oscuro.
Deku le estaba expresando sus sentimientos, mismos que Katsuki había sentido cuando estaba en la preparatoria recién se acababa de admitir que le gustaba él.
—No vas deprisa— Aclaró certero. —Vas a tu propio ritmo—
Los ojos verdes de su pareja se alumbraron como luces incandescentes en el mar, su hermosa sonrisa surgió de sus labios rosados, pues no se hallaban hinchados como los de Katsuki.
—Me alegra que vayamos a nuestro propio ritmo, Kacchan— Confesó mediante una bocanada de aire tranquilizadora. —Porque no importa cuánto opinen los demás de nosotros, nuestra relación siempre irá a su ritmo sin importar lo que suceda—
—Bien dicho, nerd— Elogió, revoloteando su cabello verde con una de sus manos, colocando la otra detrás de su nuca. —No dejemos que los bastardos de los extras nos jodan lo que tenemos—
—Sí— Afirmó acompañado de una sonrisa despampanante, encandilando los sentidos de Katsuki.
—Deku— Pronunció embelesado. —Deku, te amo—
No obtuvo una respuesta de regreso, mas que un beso en los labios, haciéndole ver que Deku no lo amaba aún, sino que lo quería y con ello, le embargó una profunda tristeza después de que Deku se quedó profundamente dormido y él ensimismado en sus pensamientos en la viva luz tenue de la oscuridad de la noche opaca y fría.
Maldición, por un segundo había creído que Deku lo amaba, pero no era así. Quizá era muy pronto para que Deku lo amara, pero eso no restaba que el dolor fuera realmente intenso en su pecho.
Siguió pensando estando acostado entre los brazos de Deku rodeando su cintura, desconociendo el momento en que se dejó llevar por el sueño, quedando profundamente dormido en su agarre, esperando ser amado por Deku.
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P.D. Quise hacer otro capítulo dedicado a Katsuki, aprovechando lo que ocurrió en el capítulo anterior, me pareció buena idea partir de ahí.
Disfrútenlo
