Harry Potter no es libre de JK Rowling, sin importar todos los cambios al canon que ella realice. Y es por todos los cambios que él realizó que esta historia le pertenece a White Squirrel.

Notas de la traductora: Disculpen el retraso. Estaba de viaje de trabajo y no tuve nada de tiempo para editar el capítulo hasta ahora. ¡Disfruten!


Capítulo 64

Queridos Harry y Hermione:

Adivinen qué. ¡Papá se ganó la lotería! ¡Ganó 700 galeones en la lotería del Profeta! Vamos a usarlos para que toda la familia viaje a Egipto a visitar a Bill por un mes. Trabaja como rompe maldiciones, abriendo todas las tumbas antiguas para Gringotts. Siempre habíamos querido ver todas las cosas que hace ahí. ¡Va a ser genial! (Sólo espero que mamá me deje entrar –G.) También van a comprarme una varita nueva y otras cosas con el dinero extra. La punta de mi varita vieja está rota –R.

¿Qué piensan de ese hombre lobo? Greyback suena como un mal tipo en cualquier día del mes. Fred y George dicen que trajo a una manada completa con él y que está intentando tomar control del mundo mágico. No sé si creerles… suena bastante loco, pero los hombres lobo me dan escalofríos –R. Mamá está feliz de que estaremos fuera del país durante la siguiente luna llena, pero la que sigue será la noche antes de que vayamos a Hogwarts. No sabemos qué haremos entonces. Mamá y papá han estado discutiendo sobre esa nueva ley de hombres lobo. A mamá le agrada, pero papá piensa que es muy dura y que empeorará las cosas. ¿Qué piensan? ¿Es un asunto político secreto?

Esperamos que su verano vaya bien. Escuchamos que su padrino está en el hospital. ¿Qué le pasó? ¿Se recuperará pronto? ¿Qué tal el mundo muggle? (Papá quiere saber todo sobre eso.) Regresaremos la semana antes de que comiencen las clases. Esperamos que puedan visitarnos.

Sus amigos,

Ron y Ginny

P.D. Percy acaba de enterarse que es Premio Anual y está actuando tan engreído como se lo están imaginando.

–Oh, genial, Ron tiene un problema con los hombres lobo –se quejó Harry cuando leyó la carta.

–Bueno, no puedes esperar que todos tus amigos estén de acuerdo con ellos –dijo Hermione con sensatez–. Sabíamos que era un prejuicio común en el mundo mágico. Y nunca le dijimos a los Weasley sobre Remus. Por lo menos el Sr. Weasley piensa con claridad sobre el tema.

–Pues sí, está eso –dijo Harry–. Y vaya, Egipto… y Egipto mágico. Que genial. Creo que se merecen unas vacaciones así después del año pasado.

–Definitivamente –dijo Hermione en acuerdo–. Y estoy segura de que Egipto mágico debe ser absolutamente fascinante. Los egipcios antiguos tienen la tradición de magia escrita más antigua en el mundo, incluso más antigua que los sumerios. Sus amuletos aún son muy cotizados, y creadores de hechizos modernos aún estudian su magia animal, y… ¡mmf!

Harry había cubierto su boca con su mano.

–Mamá, papá, ¿por qué nunca hemos ido nosotros a Egipto? –preguntó. Dan y Emma elevaron las cejas.

–Supongo que nunca lo habíamos pensado –dijo Dan–. Hay tanto que ver en Europa. ¿Quieren ir a Egipto?

–Claro. Sería genial, especialmente con todos Weasley ahí. Nunca hemos conocido a Bill y Charlie antes, y tendríamos la oportunidad de ver una cultura mágica muy diferente.

–Oh sí, eso sería maravilloso –comenzó Hermione de nuevo, haciendo su mano a un lado–. ¿Sabían que los hablantes de árabe usan caligrafía en lugar de runas? Aunque algunas veces también usan mosaicos geométricos.

–Creo que lo habías mencionado –la interrumpió Harry–. También sé que solían venerar a los gatos en Egipto.

Hermione rodó los ojos y lo golpeó en el brazo.

–Esa no es una razón convincente para ir.

–Pero suena como una buena idea –dijo Emma–. Creo que podríamos ir por una semana comenzando el día después de tu cumpleaños, ¿no lo crees, Dan?

–Sí… eso creo –dijo–. Es un poco de último momento, pero podemos arreglar las cosas en el consultorio para que permanezca abierto esa semana. Supongo que es bueno que no planeamos un viaje este año.

–Sí –dijo Harry.

–Aunque… eso quiere decir que no estaremos aquí para cuidar de Remus el tres de agosto –recordó Hermione–. Sirius quizás aún esté en el hospital, y Dobby tiene que pasar la mayor parte de su tiempo con él porque no puede usar sus manos.

–Estoy segura de que Andi estaría dispuesta a visitarlo –sugirió Emma.

–Eso funcionaría –dijo Harry–. Es bueno tener muchos primos. Ya nos está ayudando para que no tenga que ir a la reunión del Wizengamot en mi cumpleaños.

–Deberíamos de comprarle algo uno de estos días –dijo Hermione.

–De acuerdo, creo que está decidido –concluyó Dan–. Volaremos a Cairo el primero, y… ¿buscaremos el Ministerio de Magia una vez lleguemos?

–Creo que tendremos que –dijo ella.

–Ajá. ¿Van a escribirles a Ron y a Ginny?

–Mmm… no –dijo Harry con una sonrisa–. Deberíamos sorprenderlos. Además, sería genial hacerles una broma a Fred y George. Enviaré una carta a Bill para que sepa lo que está pasando. Estoy seguro de que estará feliz de ayudar.


El cumpleaños de Harry pasó, afortunadamente sin novedades. Una fiesta perfectamente ordinaria fue lo único de lo que tuvieron que preocuparse ese día. El Wizengamot continuó su debate de la orwelliana "Ley de Protección de los Hombres Lobo", pero fue bastante fanfarronado, por lo que escucharon. Las líneas de batalla fueron modificadas después del regreso de Greyback, desafortunadamente con más a favor de la ley, pero eso también causó que todo el proceso perdiera un mes.

Temprano la mañana del primero de agosto, la familia empacó sus cosas y manejó a Heathrow, desde donde tomaron el vuelo directo a Cairo y, siguiendo las direcciones de Bill, encontraron el Ministerio de Magia de Egipto, donde ya había un traslador registrado esperándolos. Los Granger nunca habían viajado antes por traslador, y no sonaba mucho más agradable que cualquier otro de los métodos de transporte mágico que habían probado. En este caso, el traslador era una tetera. Tuvieron la urgencia de aferrarse de la cosa, especialmente considerando que se suponía que volarían por el aire, o quizás por un hiperespacio mágico, pero el oficial del Ministerio egipcio les dijo que tocarla con un dedo sería suficiente. Los Granger se sintieron bastante tontos sosteniéndose de una tetera mientras el oficial contaba los segundos:

–Tres… dos… uno...

De repente, hubo una sensación desagradable de ser jalado por un gancho en algún lugar en sus entrañas, una sensación de ser arrojados dentro de algo fuera de las tres dimensiones, y una ráfaga de viento a una velocidad imposible. Tuvieron la vaga sensación de arena apresurándose a su alrededor en una vista bastante distorsionada, pero solo pasaron unos segundos antes de que… ¡Bam! Golpearon el suelo, y los cuatro cayeron unos sobre otros.

–¿Primer viaje en traslador? –dijo una voz con acento.

Levantaron la mirada y vieron a un egipcio de tez oscura usando una kufiyya blanca observándolos.

–Eh, sí –dijo Dan. Se pusieron de pie.

–¿Ustedes son los Granger, aquí para ver a William y a su familia? –dijo el hombre.

–Así es. Supongo que estamos en el lugar correcto.

–Sí, Sr. Granger. Mi nombre es Sayed, el compañero de William en esta expedición. Los llevaré a él. –Se detuvo enfrente de Harry–. Harry Potter, estoy honrado de conocerlo –dijo. Los Granger trataron de permanecer amables, pensando que se refería a su fama en Gran Bretaña, pero él continuó–. Su hazaña más reciente ya es legendaria entre los rompe maldiciones. Debemos enfrentarnos a guardianes de tesoro con frecuencia, y los basiliscos están entre los más raros y más temidos.

–Y con buena razón –respondió Harry.

–Así es. Síganme, por favor.

Estaban caminando por un pequeño valle en el desierto. Era un lugar inhóspito y árido. No había arena, pero el suelo estaba cubierto por rocas escarpadas de todos los tamaños. El lugar entero cabría con comodidad dentro de los terrenos de Hogwarts. El suelo del valle estaba lleno de tiendas, y en los bordes podían ver las parcialmente excavadas entradas a las tumbas.

–Esta es una expedición conjunta entre Gringotts y el Ministerio de Egipto –explicó Sayed–. El equipo está conformado por ambos lados. Gringotts provee sus servicios de rompimiento de maldiciones a cambio de una porción del tesoro. Yo soy arqueólogo. Identifico los artefactos y, lo mejor que puedo, las maldiciones en ellos.

Hermione estaba pendiente de cada palabra, y el resto de la familia también lo encontró interesante. Llegaron a una de las tiendas más grandes y Sayed colocó un dedo sobre sus labios y les indicó que entraran sigilosamente. Apenas lograron mantener su sorpresa. La tienda era más grande por dentro, y estaba amueblada como un apartamento. ¡Acabamos de entrar al TARDIS! Pensaron todos.

En medio de la tienda, vieron a cinco cabezas de cabello rojo. Todas menos una estaban mirando al otro lado. Un joven alto con cabello largo y un colmillo como arete estaba al frente del grupo, entreteniendo a su familia con alguna historia de sus aventuras… Bill, aparentemente. Sus ojos se posaron sobre los Granger sin dar a ver que los había visto, lo cual parecía ser parte del plan.

–Así que el guardián resultó ser un grifo –dijo Bill Weasley–. Y normalmente, podemos manejar a un grifo, pero esta cosa había estado alimentándose de la magia de los encantamientos en la cueva por un largo tiempo. Lo primero que notamos fue que era dos veces más grande de lo normal, y entonces comenzamos a lanzar hechizos, ¡y todos rebotaron! La cosa era resistente a la magia. Más resistente que la piel de dragón.

Y ese fue el momento que Harry esperaba.

–Suena a que te hubiera servido una espada –dijo desde la entrada de la tienda.

Todos los Weasley se dieron la vuelta, expresiones de sorpresa. Incluso Charlie sabía quién era por la descripción.

–¡Harry! –gritaron todos, seguido por varios gritos de "¡Hermione!" Hubo un barullo mientras todos saltaban a saludar a las visitas. Ginny abrazó a Harry con entusiasmo, pero rápidamente dio un salto atrás, sonrojada, antes de abrazar a Hermione. Ron y los gemelos dieron varias palmadas a Harry en la espalda, y el Sr. y la Sra. Weasley estrecharon las manos de Dan y Emma.

–Harry, Hermione, ¿qué hacen aquí? –dijo Ron.

–¿Qué no podemos ir de vacaciones si queremos? –dijo Hermione.

–Bueno, sí, pero no esperaba… Es bueno verlos. Egipto es genial. Les encantará.

–Harry Potter, Charlie Weasley. Encantado de conocerte –dijo el segundo hijo de los Weasley, estrechando su mano–. Quería agradecerte por todo lo que has hecho por mi familia. –Charlie parecía ser el único de los siete Weasley que se parecía a su madre en lugar de su padre en apariencia. Charlie era más bajo y fornido en lugar de alto y delgado como los demás (aunque Ginny quizás era una combinación). Parecía calloso y castigado por el clima, y su cabello estaba desarreglado de tal modo que la Sra. Weasley debía desaprobarlo.

Pero los Granger apenas tuvieron tiempo de saludar a Charlie antes de que la multitud hiciera espacio y Bill diera un paso al frente. Tomó la mano de Harry con firmeza.

–Lord Potter –dijo con voz suave–. No puedo decirle lo agradecido que estoy con usted por salvar a mi hermana pequeña. Cuando los circulares hicieron sus rondas y anunciaron que dos chicos de once años habían luchado contra un basilisco de mil años y ganado, no podíamos creerlo, pero supongo que si alguien podía hacerlo, sería usted.

–Mucha suerte y ayuda –dijo Harry en desacuerdo–, pero me alegra haberla salvado. Y Ginny también es una luchadora, ¿sabes? –Bill sonrió.

–Más de lo que creo que ella se da cuenta. Si no le molesta, Lord Potter, me gustaría hablar con usted en privado sobre lo ocurrido en la cámara. Como rompe maldiciones, quizás pueda identificar ciertos detalles que otros ignorarían.

–Yo… estoy de acuerdo –respondió–. Y por favor, llámame Harry.

–Gracias, Harry. –Bill entonces se dirigió al grupo–. Sí, si sospechan que sabía que venían los Granger, tienen razón. Pedí al cocinero que preparara una cena especial, y nos encantaría que nos acompañaran.

–Nos encantaría, William –dijo Emma–. Y gracias por tu hospitalidad.

–No hay problema. Es lo menos que podemos hacer.

La cena fue un tradicional banquete egipcio, el cual, por muy cosmopolitas que eran, fue algo discordante para los paladares de los Granger. Harry en especial no apreció que la comida era en su mayoría legumbres, y se enfocó en los kebabs y shawarma. Hermione, por otro lado, absolutamente disfrutó el falafel y la ensalada de ajo y tomate, y continuó regañando a Harry por no comer suficientes vegetales, para el acuerdo de la Sra. Weasley y la diversión de todos los demás. (Espera a que te conviertas en animago, pensó Harry.)

Todos se la pasaron bien, con Bill y Charlie entreteniendo a todos con historias sobre sus aventuras sobre el rompimiento de maldiciones y el manejo de dragones. Los Granger les dieron un resumen de sus vidas, y el resto de los Weasley tenían bastantes historias sobre su infancia antes de Hogwarts.

El único problema llegó cuando aprendieron que el postre sería baklava. El platillo era tan pesado y meloso que Harry no pudo terminárselo y lo hizo a un lado. Tuvo que disculparse bastante con el ofendido cocinero, diciendo que su comida era excelente, pero tenía un problema y no podía tolerar algo tan dulce. Los Weasley se confundieron aún más cuando se comió una varita de regaliz para quitarse el sabor, aunque Ron le lanzó una mirada simpatizante.

Después de la cena, Bill llevó a Harry a un cuarto privado para hablar. Harry consideró llevar a su familia, o por lo menos Hermione, pero Bill parecía insistente en que fueran sólo ellos dos.

–Harry, ya escuché la historia de Ginny –dijo–, pero quería escucharla de ti también. Había algo en raro en la manera en la que habló de ese diario. Incluso para artefactos oscuros como ese, la posesión es inusual. Esperaba que pudieras decirme exactamente lo que ocurrió en la cámara de los secretos y lo que observaste sobre el diario.

Harry asintió y comenzó a hablar, comenzando desde el momento en el que se había despertado en la cámara. Como Bill había esperado, fue capaz de llenar muchos detalles sobre lo que había ocurrido cuando Ginny fue poseída y aún más de cuando estuvo inconsciente. Preguntó bastantes detalles sobre la sombra de Ryddle: como lucía, que había dicho, que tan rápido se había solidificado, sus efectos físicos sobre Ginny, y más. Cuando mencionó que estaba quitando la fuerza vital de Ginny para regresar a la vida, Bill palideció y, una pregunta llevó a la otra, y habló sobre el encuentro con Quirrellmort el año anterior, lo cual llevó a una nueve serie de preguntas. Cuando Harry terminó finalmente, Bill lucía agitado. Sabía que el diario debía ser malo, pero pensaba que sería tan malo.

–Harry, creo saber lo que era el diario –dijo lentamente–. ¿Dumbledore no te dijo nada sobre eso?

–No mucho –pensó Harry–. Dijo a Sirius y Remus que era un "ya-saben-que". Y no lo dijeron, pero creo que la misión a principios de verano en la que se lastimó Sirius fue porque estaban buscando otro.

Bill se puso blanco y aferró una mano a su pecho.

–¡Por los huevos de Merlín! –exclamó–. ¿Más de uno?

–Eh, sí… ¿es malo?

–Harry, por favor dime que los tienen todos. –Él sacudió la cabeza con tristeza.

–Dumbledore dice que hay por lo menos un "objeto" más.

Bill se sentó y enterró su cabeza en sus manos. Harry no podía comprender que era tan terrible que hiciera que un rompe maldiciones decayera en la desesperanza.

–Esperaba que hubiera terminado –murmuró más de una vez. Después de unos minutos, levantó la mirada–. Dudo si decirte lo que esa cosa era, pero podría ser muy importante para ti en el futuro… –Harry elevó su mano para detenerlo.

–No creo que debas. Dumbledore dice que nos dirá en otoño, pero quiere que terminemos nuestro entrenamiento en Oclumancia primero.

–¿Oclumancia…? –dijo Bill, para después superar su sorpresa–. Por supuesto. Oclumancia. Eso sería bueno. De acuerdo, dejaré que Dumbledore te diga. Sólo quiero que sepas que si ese diario era lo que creo que era… bueno, está mucho más allá de mi nivel de conocimiento, pero creo que si Ryddle hubiera… si hubiera terminado el ritual, no hubiera sido el verdadero Tú-Sabes-Quien. Creo que hubiera sido… una copia, básicamente, de él a los dieciséis años… aún peligroso, pero lo más peligroso hubiera sido que fuera a encontrar al verdadero Tú-Sabes-Quien para ayudarlo.

Harry finalmente comprendió en parte porque era tan terrible.

–¡Demonios! ¡Hubiera habido dos!

–Sí, y ese peligro aún sigue presente hasta que Dumbledore se deshaga de esos otros "objetos", así que todos necesitamos mantenernos vigilantes.

–Definitivamente –dijo Harry en acuerdo.


Dos días después, Remus Lupin estaba acostado en su cama en el número doce de Grimmauld Place, sufriendo por el dolor. Sirius sería dado de alta de San Mungo el viernes, para todo el bien que le hizo, y aún necesitaba que Dobby hiciera bastante por él hasta entonces, a pesar de las visitas frecuentes de Vicky. El elfo había pasado a verlo esa mañana para llevarle el desayuno, pociones para el dolor, y preguntar si necesitaba algo más. Por muy terco que era, Remus le aseguró que estaba bien y lo envió de regreso a Sirius. Se tomó las pociones de un trago, pero apenas y tocó el desayuno. No podía comer mucho en ese momento. Se desparramó boca abajo e intentó dormir más.

¡DONG!

El timbre. ¿Quién se aparecería en la puerta en un día como ese? Lo ignoró y esperó que quien sea que fuera se rindiera. Pasó un minuto entero antes de que el sonido se repitiera.

¡DONG!

Genial. No se iban a ir. De hecho, parecía que esperaban que se tardaría un tiempo en abrir la puerta. Gruñó en voz alta y deseó poder llamar a Dobby. Pero sólo un miembro de la familia podía llamar al elfo, sin importar lo cercano a su amigo que fuera.

¡DONG!

–Ya, ya, ya voy –gruñó de nuevo y se forzó a levantarse, sus músculos doliendo por el esfuerzo. Envolviéndose con la sábana, se tambaleó fuera del cuarto.

Por suerte, estaba en la habitación principal en el segundo piso, la cual había sido renovada para aguantar sus transformaciones, en lugar de su cuarto normal en la antigua habitación de Regulus en el cuarto piso. Aun así, bajar dos pisos en su condición actual era un asunto doloroso. Casi se rindió de nuevo, esperando que la visita se hubiera ido.

¡DONG!

No tuvo suerte. Tuvo que continuar. De repente, una terrible idea le llegó: ¿Y si había sido expuesto? ¿Qué tal si la persona en la puerta, quien parecía saber su predicamento, no era una de las pocas personas que sabían que era un hombre lobo (y la mitad de ellas no estaban en posición de estar ahí ese día)? ¿Y si era un auror, un reportero, o alguien más interesado en hablar con un hombre lobo en su día más vulnerable, especialmente uno conectado al Niño Que Vivió?

Pero era muy tarde para hacer algo ahora. Finalmente llegó a la puerta principal y la abrió lo suficiente para ver quién era.

Era un auror.

O más bien, una aprendiz de auror.

–¿Dora? –dijo adormilado.

–Hola, Remus, ¿cómo vas? –La animada prima de Sirius tenía su cabello de color azul eléctrico con rizos que eran muy dolorosos para sus ojos y sonaba muy alegre para el gusto de Remus. Ya debía haber bebido su café.

–¿Qué estás haciendo aquí? –dijo él.

–¿No puedo visitar a mi amigo cuando está enfermo? –dijo ella indignada.

–Bueno, supongo que puedes, pero...

–Genial. –Empujó la puerta para entrar, lo tomó del brazo, y lo movió junto a ella en el vestíbulo.

–Espera un minuto, Dora –intentó resistirse Remus–. ¿De qué se trata todo esto?

–Pues, Harry me pidió que viniera a verte, por supuesto. –Remus se detuvo y la observó.

–¿Lo… lo hizo?

–Sí. Bueno, técnicamente se lo pidió a mi mamá, pero le dije que yo lo haría.

–Eh, eso es muy amable de tu parte, pero estoy bien, en serio. –Ella lo miró de arriba a abajo.

–Estás apenas de pie medio dormido solo cubierto por una sábana… ¿Y hay algo abajo? –agregó ella con un guiño.

–¡Dora! Yo… sí, lo hay –tartamudeó, sonrojándose, pero aun así, apretó la sábana a su alrededor. Dora sólo sonrió.

–Vamos, lobito, deberías recostarte. –Comenzó a llevarlo de regreso arriba, pero se tropezó con la sábana, y ambos cayeron al suelo, con él cayendo sobre ella–. Eh… ignora eso –dijo ella. Su habilidad metamorfomaga no fue suficiente para ocultar su sonrojo. Lo ayudó a ponerse de pie, colocó su brazo sobre sus hombros, y con cuidado lo ayudó a subir las escaleras. En lugar de regresar al segundo piso, lo recostó en el sofá en el salón.

–En verdad no tienes que hacer esto –protestó Remus.

–Oh, cállate y relájate por un tiempo –dijo ella–. Pensé que estarías feliz de tener a alguien haciéndote compañía hoy.

–¿No tienes que trabajar?

–No, me tomé todo el día libre. Incluso Ojoloco tiene que darme tiempo libre.

–No deberías desperdiciarlo en mí.

–Haré lo que quiera en mi día libre –exclamó Dora–. Merlín, Sirius me dijo que siempre te pones así el día después de la luna llena. Vamos, necesitas… ah… –gruñó Dora mientras empujaba la cabeza de Remus lo suficiente para poderse sentar en el sofá, recostando su cabeza sobre sus piernas–. Necesitas dejar de sentirte mal por ti mismo y vivir un poco.

–Eh… –dijo Remus.

–Shh… –Dora colocó un dedo sobre sus labios, dejándolo con una mirada confusa en silencio mientras ella comenzaba a jugar con su cabello.


La estadía de los Granger en Egipto fue excelente. Fue emocionante ver todas las tumbas mágicas, y aprendieron bastante sobre la magia egipcia antigua y el rompimiento de maldiciones en general. Fred y George lograron hacer por lo menos una broma a todos con éxito, aunque Bill rápidamente dejó salir a Percy de la tumba en la que habían intentado encerrarlo.

Tuvieron una conversación con el Sr. Weasley sobre la Ley de Protección de los Hombres Lobo y lo que podría hacerse para contrarrestarla. No lograron mucho en lo que respecta a conclusiones, pero sí se aseguraron que Ron escuchara su postura sobre que los hombres lobo no eran tan malos. Charlie estuvo de acuerdo por completo, ya que su actitud sobre las criaturas mágicas era un nivel menos que la de Hagrid.

Pero después de una semana, tuvieron que dejar a los Weasley en Egipto y regresar a Inglaterra. Justo antes de irse, Bill entregó un sobre a Harry.

–Harry, ¿puedo confiar en que entregarás esto a Dumbledore la próxima vez que lo veas? Es sobre lo que discutimos en privado, así que sólo dáselo directamente en sus manos.

–Comprendo, Bill –dijo Harry–. Se lo daré lo más pronto que pueda.

A su regreso, se reunieron con Sirius y Remus, quienes los recibieron con rumores sobre la vida amorosa del otro, lo cual ambos negaron categóricamente. Remus también reveló que Dumbledore le había pedido de nuevo que considerara el puesto de profesor de Defensa, por el regreso de Greyback, pero él se había rehusado.

–Si estuviera en otra posición, quizás lo consideraría –dijo–, pero no voy a arriesgar esa maldición.

Después de eso, Harry y Hermione aún tuvieron sus manos llenas. Se tomaron el tiempo de salir con sus amigos, revisar sus habilidades para el karate, prepararse para el año escolar, y, quizás más importante, completar su entrenamiento en Oclumancia.

Legilimens.

Harry sintió la intromisión al instante… el inestable control sobre sus propios pensamientos. Era una sensación única, pero para ahora familiar, y se aferró a esta rápido y con fuerza, imaginando el paisaje de los terrenos de Hogwarts. Había comenzado a trabajar en su técnica de laberinto y unos cuantos trucos y continuaría haciéndolo, pero esto funcionaría mejor en un ataque real. Resistiendo la presión de pensar en otras cosas, se enfocó en ilustrar los detalles de la escena en su mente, mientras reservaba algo de poder mental para prestar atención a lo que lo rodeaba físicamente… algo que sería crucial en una pelea. El ataque flaqueó, creciendo más fuerte o débil y en ocasiones con golpes agudos, pero su resistencia fue firme. Después de varios minutos de empujar y escarbar, el Sr. Barnett rompió la conexión.

–Excelente, Lord Potter –dijo–. Debo decir, no creí que alguien de su edad podría lograr tal progreso en un año. El profesor Dumbledore tendrá que tomar la decisión final, por supuesto, pero creo que están listos para aprender los secretos que ha reservado de ustedes.

–Gracias, Sr. Barnett –sonrió Harry. Sabía que era un gran logro. Maxwell Barnett era bueno para lo que hacía, y su halago no era dado con ligereza. No pudo evitar sentirse orgulloso de sí mismo, aún si esto abría la puerta a más dificultades. Finalmente podría aprender la profecía y sobre los objetos malditos que Dumbledore estaba buscando, aunque por lo que Bill había dicho, no estaba seguro de querer saberlo ahora.

Una vez el Sr. Barnett estuvo listo de nuevo, dirigió su atención a Hermione.

–Ahora usted, señorita Granger. Legilimens.

Hermione también sintió la intromisión al instante, pero su estrategia, por supuesto, fue diferente. Casi como un reflejo, cambió sus pensamientos sueltos a la entrada de su laberinto mental, y con cada empuje a un recuerdo protegido, lo dirigió a través de asociaciones más fuertes entre los pensamientos en su laberinto. Sus padres lo encontraban agotador, pero Hermione estaba segura de que podría hacerlo todo el día, y sí, varios minutos del constante ataque de Barnett no interrumpieron su concentración.

–Espléndido, señorita Granger –dijo al romper la conexión–. He visto muy pocos con una mejor memoria que la suya, y la usa bien. Creo que también está lista. –Unos minutos después también pronunció que Dan y Emma habían pasado, y pensaron estar todos listos para lo que Dumbledore tenía para ellos.

–Muchas gracias por toda su ayuda, Sr. Barnett –le dijo Dan cuando terminaron.

–Para nada, Sr. Granger. Siempre es un placer enseñar a estudiantes tan dedicados. Oh, y antes de irme, creo que es de su interés el saber que he tenido varias reuniones con el Primer Ministro sobre la situación con Fenrir Greyback.

–¿Oh? –dijo Emma–. Sabíamos que algo debía estar pasando con respecto a eso. Ha estado en las noticias como un asesino en serie. ¿Qué está haciendo el Primer Ministro?

–Sólo cosas pequeñas… boletines a la policía muggle y así. Greyback fue visto durante la última luna llena, pero con la seguridad, no fue capaz de infectar a nadie, gracias a Merlín. Sólo quería decirles que ya que habrá una luna llena la noche antes de que comiencen las clases en Hogwarts, el Sr. Major va a buscar una excusa para cerrar Kings Cross esa noche. Debería abrir de nuevo para cuando lleguen ahí, pero ahora lo saben en caso de que vean algo extraño.

–Lo recordaremos. Gracias.


Lo único que los Granger aún tenían que hacer antes de que Hermione y Harry regresaran a la escuela era comprar sus nuevos libros de texto y útiles escolares. Ambos iban a tomar más clases este año ya que habían seleccionado Runas Antiguas, Aritmancia, y Cuidado de Criaturas Mágicas y por lo tanto, necesitarían más libros de lo normal (o lo que hubiera sido normal el año anterior si no fuera por Lockhart).

Pero este año, después de pensarlo por los últimos meses, había algo más que Hermione quería desesperadamente.

–En verdad me gustaría tener un gato que pueda llevar a la escuela conmigo –dijo a sus padres–. Me hubiera gustado llevar a Rowena desde el comienzo si hubiéramos podido, y no es lo mismo con Hedwig.

–¿Por qué necesitas tu propio gato si me tienes a mí? –dijo Harry.

Los dedos de Hermione brillaron de color azul y los apuntó hacia él, indicando que estaba a punto de lanzarle un hechizo punzante.

–¡Ya! ¡Ya! –Harry elevó sus manos–. Era una broma. –Algo así.

–Sabes que cuidar de un gato a tiempo completo es una responsabilidad mayor que cuidar de una lechuza –dijo Emma–. Hedwig se puede quedar en la lechucería y cazar sola, pero un gato tendría que quedarse en tu dormitorio.

–Lo sé, mamá –dijo Hermione–, pero he lidiado con gatos por años, y creo que en verdad quiero uno para establecer una relación con él en la escuela y quedármelo después.

–Oye, Rowena aún tiene mucha vida –protestó Harry automáticamente. Probablemente no tanta, pero aun así.

Hermione suspiró y le lanzó una mirada simpatizante.

–No estoy intentando reemplazar a Rowena, Harry –le dijo–. Sé que la quieres mucho, pero ese es el problema. Siempre ha sido más tuya que mía. Perteneció a tus padres biológicos después de todo.

–Bueno… sí… –admitió él–. Mira, Mione, lo entiendo. Está bien si quieres un gato. Sólo espero que se lleve bien con Rowena. Está muy vieja para lidiar con mucho drama.

–Estoy segura de que puedes calmar las cosas entre ellos si es necesario, hermanito.

–Bueno, si ambos están de acuerdo, creo que podemos ir a la Tienda de Animales Mágicos para ver si tienen alguno que te guste, Hermione –dijo Dan–. Te debemos un regalo de cumpleaños temprano, después de todo.

Cuando llegaron a la tienda de mascotas, vieron a todo tipo de bizarras criaturas mágicas, pero Hermione se enfocó en los gatos. Harry se burló mientras se embelesaba con los pequeños y peludos gatitos… eso fue, hasta que escuchó con más atención a sus maullidos y se sintió algo incómodo.

–Quizás deberías comprar uno mayor –le susurró.

–¿Por qué?

–¡Se la pasan diciendo "mamá"!

Hermione se rio con tanta fuerza que casi se cayó, para el fastidio de Harry.

–Crookshanks, compórtate –dijo una bruja con tono agobiado. Miraron detrás del mostrador para ver a la vendedora con un enorme gato naranja con rostro aplastado. Harry de inmediato pudo reconocer que era un cruce con un kneazle.

–Oh, ¿y ese? –dijo Hermione emocionada–. Disculpe, ¿podemos ver ese gato?

–Bueno, puedes, pero te advierto, es una amenaza –dijo la bruja–. Siempre causa problemas. Han intentado adoptarlo tres veces, y siempre lo traen de regreso.

–¿Es en serio? –dijo Hermione–. Tal vez no ha encontrado a la familia correcta. –Ofreció una mano al gato, y él se acercó con precaución. Pero pronto, con algo de insistencia y caricias, Crookshanks estaba a su lado recostándose contra su mano. La vendedora abrió la boca ampliamente.

–Tal vez –dijo–. No puedo creerlo, pero parece que le agradas. Nunca había visto eso antes.

–Sabe que soy buena con los gatos –dijo Hermione, sonriendo en dirección a su hermano–. ¿Cuántos años tiene?

–Yo diría unos tres años –dijo Harry, incluso mientras Crookshanks maullaba la misma respuesta (aunque significaba más literalmente, "tres estaciones cálidas de caza"). Era bastante sagaz, aparentemente.

–Así es, joven… ¡ah! –La vendedora notó la cicatriz de Harry. Harry se dio la vuelta para ver a Hermione y rodó los ojos.

–Bueno, Harry, ¿qué piensas?

Él suspiró y se acercó al gato.

–Hola, Crookshanks. Soy Harry.

Crookshanks maulló como saludo y le lanzó una mirada penetrante. Lo sabe, pensó Harry. Sospecha lo que soy, por lo menos. Claro, no podrá decir a nadie. Levantó la mirada y vio que la vendedora ayudaba a otro cliente.

–Pues, parece ser muy listo –dijo Harry–. Me agrada que es mitad kneazle. –Lanzó otra mirada–. Si soy honesto, nunca me han agradado mucho los persas –dijo en voz baja. Crookshanks bufó en protesta.

–No lo quise decir de ese modo. Estoy seguro de que tu madre es una reina muy agradable. Sólo digo, a quien se le haya ocurrido la idea brillante de darles esa forma merece ser desgarrado.

Crookshanks gruñó un poco, pero incluso él tuvo que conceder ese punto.