Sólo porque no comprendemos a JK Rowling no quiere decir que Harry Potter no existe. Y si no comprenden esta historia, les pido paciencia, White Squirrel tiene un plan… O díganme si es un error de traducción, por favor.
Capítulo 65
El día que el expreso de Hogwarts iba a partir, los muggles en Londres se despertaron con un terrible susto. Varias víctimas, aparentemente al azar, habían sido asesinadas y desmembradas de manera horripilante en los alrededores de Kings Cross por el hombre al que las noticias se referían como el Hombre Lobo Destripador por su interés en atacar durante la luna llena. Dos oficiales de policía reportaron llegar a la escena y ser atacados por un hombre grande en un abrigo de piel, usando extraños cuchillos, y creían firmemente que sólo sobrevivieron el ataque porque se había apresurado a atacarlos antes de que salieran de su auto. Llamaron a una unidad con armas de fuego, pero el Hombre Lobo escapó antes de que llegaran.
El Diario el Profeta contó una historia algo diferente. Gracias a discretas conexiones con oficiales muggles (por las cuales Fudge se tomó todo el crédito), el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica fue informado de la llamada de emergencia de inmediato. Tres aurores y tres magos golpeadores se aparecieron a la escena al instante y se enfrentaron a Greyback, apenas salvando a los policías. Greyback de hecho mordió a uno de los magos golpeadores, pero estaba usando piel de dragón, lo cual lo salvó de la infección. Greyback escapó después de eso. Incluso sin poción matalobos, el lobo sabía cuándo estaba acorralado, y huyó al agujero del que había salido.
Harry y Hermione habían estado esperando noticias sobre ese nuevo especial de Doctor Who, Dimensions in Time. Otro ataque de hombre lobo, uno que incluso causó pánico en el mundo muggle, fue un anuncio nada bienvenido. De cualquier modo, la mayoría de los muggles estaban evitando Kings Cross esa mañana.
Ambos abordaron el expreso de Hogwarts sin incidente, se encontraron con Neville, y encontraron un compartimiento. Los Weasley pronto los encontraron para saludarlos, pero solo Ron se quedó con ellos. Ginny parecía querer hacerlo, pero en un momento de pánico escapó del compartimiento. Ron sólo sacudió la cabeza.
–Sólo espero que se calme un día –dijo Hermione–. Fue muy agradable cuando pudimos hablar con ella.
–Sí, supongo –dijo Ron–. Oye, ¿escucharon que Greyback estuvo aquí anoche? –Todos temblaron.
–Claro –dijo Hermione–. Sirius y Dora no estuvieron ahí, pero conocen a los que estuvieron. Estuvo muy cerca.
–Probablemente quería atacar a alguno de los que llegaran temprano esta mañana –agregó Harry–. Pero no podría haberlo hecho porque el Primer Ministro cerró la estación entera.
–¿El Primer Ministro está involucrado? –dijo Neville–. ¿El muggle?
–Eh, sí. Son muggles los que se la pasan muriendo. Y no están muy felices al respecto.
–Desearía que pudieran deshacerse de ese monstruo –soltó Ron–. Los muggles están muriendo; personas se están espantando cada luna llena… en especial mamá.
Harry y Hermione se encogieron ante el veneno en la voz de su amigo, aunque era sobre Greyback en particular, era bien merecido.
–No será fácil –dijo Harry–. Ha estado suelto por doce años, y no lo han capturado… desde que perdió su refugio con Voldemort. –Ron y Neville temblaron. ¿En serio? Pensó Harry. He estado viviendo con ellos por dos años.
Hubo un silencio incómodo hasta que Ron finalmente cambió el tema.
–Oigan, chicos, miren esto. Mamá y papá me consiguieron una varita nueva. Catorce pulgadas, sauce y pelo de unicornio. Algo bueno. La vieja nunca funcionó bien. La punta estaba un poco rota antes de que Charlie me la diera.
–Pues, eso y el hecho de que no te eligió –dijo Hermione–. No hubiera funcionado bien incluso en condición perfecta.
–Pero logré que funcionara –objetó Ron–. No era como si estuviera descompuesta o algo.
–Sí, pero nunca hubiera funcionado tan bien como una varita que te eligió –dijo Harry–. Es lo que Ollivander dice: la varita elige al mago. Mira, así. –Tomó a Ron por su mano derecha y sintió con cuidado la energía mágica fluyendo a través de ambas varitas y su cuerpo. Años de practicar magia sin varita habían hecho que él y Hermione se volvieran muy buenos para eso–. No sé qué tanta mente propia tengan las varitas, pero tienen una… una...
–¿Una frecuencia natural? –sugirió Hermione.
–Sí, algo así. Y nosotros también porque tenemos magia. Básicamente toda la energía la tiene. Y la energía no… no lo sé, fluye bien a menos que las frecuencias sean las mismas. Si la varita no te queda, tendrás que trabajar más. Apuesto a que tu trabajo con varita será mucho mejor con esta.
–Mmm. No se siente tan diferente… pero claro, no la he usado aún.
–Es difícil notarlo si no estás acostumbrado. Toma, inténtalo con la mía. –Harry sacó su varita de su funda y la colocó en la mano de Ron. Ron se congeló y abrió los ojos ampliamente–. No es un gran problema –insistió Harry. Revisó las energías de nuevo y las sintió chocar de manera horrible–. Ahí, ¿lo sientes? –preguntó–. ¿Cómo se empujan para alejarse?
–Eso creo –dijo Ron. Era muy sutil. Se sorprendió cuando lo notó… y que eso le era tan natural a Harry.
–Ves, por eso mi varita es mala para ti. La nueva es… bueno, hay muchas cosas que sólo podría adivinar, pero definitivamente es más… ruidosa. Creo que combina con tu personalidad de ese modo.
Hermione y Neville se rieron. Ron le lanzó una mirada de fastidio.
–Vaya, Harry… ten cuidado; comienzas a sonar como Ollivander.
–Más como Gregorovitch, de hecho –corrigió Hermione. Todos la observaron–. Harry tiene uno de sus libros en su bóveda. Gregorovitch toma un camino más científico que Ollivander.
–Pero tiene sentido –dijo Harry–. Así es como Ollivander empareja varitas con personas. Y creo que muchos de los detalles sobre las energías también vienen de tu personalidad y habilidad mágica. He escuchado que buenos creadores de varita pueden encontrar una pareja perfecta para alguien en su primer intento si los conocen bien.
–Sí –dijo Hermione–, en Auge y caída de las artes oscuras, no el mejor libro, por cierto, pero dice que Ollivander hizo eso en la última guerra… y en la guerra contra Grindelwald. –Neville se sorprendió.
–Vaya. No sabía que era tan complicado… -dijo–. Desearía tener mi propia varita.
–¿Esa no es tuya? –dijo Hermione con sorpresa. Neville sacó su varita.
–No, es la de mi papá –dijo–. Mi abuela quería que la usara… mantenerlo cerca y continuar con su legado y eso.
–Pero debe saber que te iría mejor con una varita que te eligió –insistió Hermione–. ¿Puedo? –Neville estiró su brazo y Hermione con delicadeza pasó sus dedos por su mano y la varita, frunciendo el ceño en concentración. Neville se sonrojó por el toque–. Mmm… –hizo una mueca–. Esto es… honestamente, Neville, no es una buena varita para ti para nada.
–Oh, rayos –dijo Neville horrorizado–. Pero no puedo decirle eso a mi abuela. Siempre está hablando sobre como necesito hacer orgulloso a mi papá y eso. Quiere que sea un auror como él. ¿Qué voy a hacer?
–Neville, está bien –le aseguró ella-. Sólo porque no te pareces tanto a tu papá no quiere decir que no eres un mago fuerte… o que no puedes seguir sus pasos. De hecho, obtener las calificaciones que tienes con esta varita, diría que eres bastante fuerte. Y luchaste contra un basilisco, por Merlín. Estoy segura de que tu papá estaría muy orgulloso… completamente asustado, pero orgulloso. –Se sentía extraño, sabiendo que los padres de Neville estaban vivos, por como siempre hablaba de ellos en el pasado. Hermione y Harry nunca lo habían presionado sobre lo que les había pasado, y él aún no les había dicho por su cuenta.
–¿Lo crees? –dijo Neville.
–Definitivamente. Pero tu abuela necesita aprender a dejar que seas tu propia persona. Y creo que deberías hablar con ella seriamente y decirle que te iría mejor con tu propia varita.
–No lo sé. Creo que mi abuela es más dura que un basilisco.
–Después de conocerla, quizás tengas razón –mencionó Harry. Los demás se rieron.
Neville estuvo más cómodo después de eso, especialmente porque sus amigos le recordaron las maneras en las que ya estaba tomando control de su propia vida… cosas pequeñas como trabajar duro en el club de duelo, escabullirse del dormitorio para reconfortar a Harry cuando Hermione fue petrificada, y unírseles casi todos los días para su rutina de ejercicio. (Había perdido la mayor parte de su grasa de bebé en los últimos dos años, y definitivamente lucía más fuerte que antes.)
Varias personas pasaron a saludarlos durante el viaje en tren. Oliver Wood dijo a Harry que estaba listo para la nueva temporada.
–Y Granger, Weasley, les dije que debían regresar para las pruebas, y lo dije en serio –agregó.
Ginny se detuvo un par de veces más. Y Luna se apareció con sus acciones normales, como insistir en saludarlos en parsel.
–See-aachs, Hahlee, Heyini'onee –dijo la pequeña rubia. (Extrañamente, parsel no tenía Rs.)
–See-aachs, Loonaah –respondió Harry sin pensarlo. Ella parpadeó una vez, lentamente, y él respondió por hábito felino, incluso cuando probablemente no significaba nada para ella. Quizás ni siquiera lo había notado.
–See-aachs –agregó Hermione.
Ron tembló y Neville palideció.
–¿Tienen idea de lo escalofriante que es cuando hacen eso? –preguntó Ron.
–El parsel sólo es un lenguaje con mala reputación –dijo Luna. Su voz había perdido un poco de su tono agudo, pero sonaba tan extrañamente calmada como siempre. Harry se rio.
–¿Qué tal tu verano, Luna?
–Estuvo excelente, Harry. Mi papi y yo fuimos a Islandia, y finalmente obtuvimos buenas fotos de los heliópatas.
–¿Fotos? –dijo Hermione con incredulidad.
–Ajá. –Sacó un par de fotografías de su bolso y las mostró al grupo. Mostraban un hermoso paisaje helado y montañoso en un día muy frío. El sol estaba en las fotos, bajo en el cielo y rodeado de manchas brillantes y arcos de luz.
–Eh… ¿Luna? Esos son parhelios –dijo Hermione–. Son un fenómeno atmosférico causado por cristales de hielo… –Levantó la mirada para ver el rostro angelical de Luna–. No importa.
–Lo que quiere decir es que lucen bastante similares a tipos de nubes inusuales –explicó Harry con gentileza–. Deberías mostrárselas a Colin Creevey. Probablemente puede interpretarlas mejor. –Luna inclinó la cabeza.
–Creo que lo haré.
–Sabes, me sorprende que viajaran tanto por Escandinavia. Se supone que es un lugar bastante oscuro.
–La aduana es algo complicada –respondió ella–, pero mi papi y yo somos sangre pura, y parecen pensar que El Quisquilloso no es peligroso, incluso cuando exponemos la nefaria actividad de los gigantes de hielo, así que no nos dan muchos problemas. Además, debemos tomar riesgos por el bien del periodismo. –Harry sonrió de nuevo. Sólo Luna podía dar una respuesta así de sensata.
–Oh, Luna, ¿recuerdas? Aún necesitas enseñarnos duendigonza –habló Hermione. Luna les mostró una sonrisa feral, demostrando su mejor impresión de un duende.
–Gorrog blad nochok hrow.
–Eh… lo tomaremos como un sí, entonces –respondió Hermione, para las risas de los demás.
–Harry, amigo –habló Ron una vez Luna se fue–, lamento decirlo, pero está loca.
–Sí, lo sé –respondió Harry–, pero de buena manera.
Sin embargo, otros visitantes no fueron tan agradables, ya que Draco Malfoy se dignó a agraciar su cabina, en compañía, como siempre, de Crabbe y Goyle.
–Veo que regresaron por más, Potter, Longbottom –dijo el Slytherin, conspicuamente ignorando a las personas no nobles en el compartimiento.
–¿Más de que, Malfoy? –respondió Harry con frialdad–. Sólo espero tener un año normal.
–Pues, veremos cómo te va.
–Oh, creo que me irá bastante bien, especialmente considerando que tu padre ya no puede meterse con la escuela.
Malfoy se enfureció ante eso, pero controló su temperamento. No había necesidad de causar problemas tan pronto, y había dos buenas razones para no hacerlo… ambos podían usar magia sin varita. No, su meta, bajo instrucción de su padre, era mantener vigiladas las acciones políticas de Potter. Su tía Andrómeda había demostrado un poco de apoyo por los hombres lobo durante el verano, y eso tendría que ser examinado con cuidado, y cualquier burla tendría que tomar otra dirección.
–Mi padre tiene cosas más importantes que hacer, Potter –dijo–. Es una figura importante en el Wizengamot, ¿sabes?
–Oh, claro –respondió Harry con fastidio–. ¿Molestando a la minoría de un por ciento de la población mágica? Aunque si no puede con el diez por ciento que son hijos de muggles, supongo que tiene que ir por grupos más pequeños.
–¿Y eso qué quiere decir? –dijo él.
–Quiere decir que no nos agradas, Malfoy –dijo Neville, poniéndose de pie repentinamente–. Y será mejor que te cuides –agregó, bajando su voz–. Creo que todos aquí sabemos de dónde salió ese diario. –Malfoy lo miró con burla.
–Los Malfoy nunca serían descubiertos haciendo algo así, Longbottom.
–No, no serían descubiertos, ¿no es así?
–Mmm. El hecho es que mi padre está haciendo su parte para mantener este país seguro. Creo que después de anoche, podemos estar de acuerdo que es necesario. No veo que ninguno de los dos esté haciendo mucho sobre esto, especialmente tú, Potter. Tú pareces estar yendo a la defensa de esas bestias. ¿Hay algo que deberíamos saber?
Harry se puso de pie y lanzó una mirada felina a Malfoy.
–Sólo que fui criado por muggles, como te encanta señalar. Evitamos la discriminación en cualquier forma… Y hay otras maneras de mantener a este país a salvo.
–Maneras caras, quieres decir –dijo Malfoy, obviamente refiriéndose a la poción matalobos–. Y unas que tienen sus propios riesgos –agregó, pero evidentemente, Harry le había dado algo que considerar, porque decidió irse–. Nos vemos en clase, Potter. Longbottom, por favor trata de mantenerte al nivel este año. –Ignoró a Ron y Hermione mientras él y sus secuaces se iban.
–En serio, ¿acaso tiene un contrato que dice que debe de molestarnos una vez cada que subimos al tren? –dijo Harry.
–No me sorprendería –respondió Neville–. Por lo menos está siendo más sutil y lanzando menos maleficios este año.
El resto del viaje en tren fue poco memorable, y el banquete de bienvenida fue tan excelente como siempre, aunque el gran comedor estaba más vacío que nunca. Era otra clase pequeña para el sombrero seleccionador, con sólo unos cuantos niños del principio de la explosión de natalidad que siguió a la caída de Voldemort, y las inscripciones a Hogwarts eran las más bajas en siglos.
Harry y Hermione solo conocían a unas cuantas personas en la selección. Nathan Boot y Annabel Entwhistle, sus conocidos hijos de muggles que les habían escrito sobre sus habilidades para la magia sin varita, conectaron miradas y los saludaron. Nathan fue a Ravenclaw, siguiendo los pasos de su hermano. Sin embargo, Annabel no se unió a su hermano en Ravenclaw y en su lugar fue a Hufflepuff. Astoria Greengrass hizo un pequeño gesto en su dirección antes de unirse a su hermana en la mesa de Slytherin. Finalmente, la profesora McGonagall llegó al último nombre en la lista, "Vane, Romilda", una joven saltarina de largo y rizado cabello negro. Cuando el sombrero seleccionador anunció "¡GRYFFINDOR!", corrió a la mesa y tomó el asiento más cercano a Harry, saludándolo con entusiasmo. Él la saludó de regreso algo incómodo.
Durante el banquete, intentaron descubrir que estaba pasando con los maestros ya que había un asiento menos en la mesa este año: faltaba el profesor Kettleburn. Harry nunca lo había conocido, pero le agradaba su aspecto… algo como una versión mayor y más normal de Hagrid. Y tenía un aspecto único, ya que caminaba en dos patas de palo y tenía un sorprendente artilugio como brazo izquierdo. El único maestro nuevo era un hombre de edad media con corto cabello negro y expresión solemne. Muchos especulaban sobre qué clase estaba enseñando. Harry tenía sospechas sobre lo que estaba pasando, pero se las guardó. Mientras tanto, recordando que su magia sin varita ya no era un secreto, se sirvió comida con ayuda de encantamientos levitatorios para evitar estirarse al otro lado de la mesa (Hermione suspiró y se le unió), lo cual resultó ser un espectáculo menor para sus compañeros de casa, especialmente los de primer año. Nathan y Annabel estaban recibiendo atención similar.
Dumbledore respondió sus preguntas sobre los maestros con sus anuncios normales al concluir el banquete.
–Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts –dijo–. Tengo unos cuantos anuncios de comienzo de año que realizar: las pruebas de quidditch tomarán lugar este fin de semana; información será colocada en sus salas comunes. La versión más reciente de la lista de objetos prohibidos del Sr. Filch está disponible en la puerta de su oficina. El bosque prohibido está fuera de límite para todos, sin importar la época del mes, y eso me lleva a mi siguiente punto. Sin duda están al tanto de los trágicos eventos de anoche, y los dos ataques previos este verano. Fenrir Greyback está suelto en Gran Bretaña y es extremadamente peligroso. Sin embargo, ese hecho tendrá poco efecto en Hogwarts. Las visitas de Hogsmeade serán agendadas para que no tomen lugar tres días antes de la luna llena. Además, el Ministerio proveerá seguridad adicional en las noches de luna llena. Les advierto que no se ha rechazado por completo el traer un contingente de dementores de Azkaban durante esas noches. –Susurros horrorizados irrumpieron en el comedor–. Sin embargo, si ese fuera el caso, les aseguro que no entrarán a los terrenos.
–Y finalmente, me alegro de anunciar dos nuevos maestros: Primero, permítanme dar la bienvenida a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, auror Eric Williamson, a quien el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica ha asignado por un año para impartir la clase y quien amablemente ha aceptado continuar el club de duelo. –Hubo aplausos vigorosos al saber que un verdadero auror enseñaría Defensa. El hombre de cabello oscuro saludó al comedor con poco entusiasmo. Era claro que no quería estar ahí.
–Segundo, me temo que el profesor Kettleburn finalmente decidió jubilarse. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de uno de nuestros estudiantes, nuestro guardabosques, Rubeus Hagrid, recuperó el uso de una varita, y ha aceptado tomar el puesto de profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, además de sus deberes de guardabosques.
El aplauso fue inmediato y estruendoso, especialmente de parte de los Gryffindor. A muchos de ellos les agradaba Hagrid ya que siempre era amigable con ellos, incluso si no eran cercanos. También era una figura muy visible y constante en la escuela, y a pesar de su poco conocimiento sobre el control de una varita, se sabía que era bueno con los animales. Muchos se habían molestado cuando fue arrestado el invierno pasado, y aún lucía algo delgado después de cuatro meses en Azkaban. Harry se puso de pie a aplaudir, y Hermione de inmediato lo acompañó y lanzó un silbido. Iba a ser un año interesante.
Colin Creevey saludó a Harry con entusiasmo mientras subían a la torre, pero fue eclipsado por Romilda Vane, quien saltó enfrente de él, estrechó su mano con vigor, y sacudió sus pestañas en su dirección (lo cual lucía bastante mal en una niña de once años, pensó él).
–Hola, Harry, soy Romilda –dijo ella con entusiasmo, inclinándose contra él.
–Eh, hola, Romilda. Encantado de conocerte –respondió Harry con incomodidad.
–¡Igualmente! ¡Soy tu fan número uno! ¿Es cierto que mataste a un basilisco gigante solo?
–No estaba solo –protestó Harry, pero Romilda apenas lo escuchó.
–¿Y que luchaste un duelo contra un Slytherin y lo lanzaste al otro lado del gran comedor y le prendiste fuego sin usar tu varita?
–¡No le prendí fuego!
–¿Y que te enfrentaste a un montón de bravucones para proteger a unas niñas de primer año, y después los pegaste al techo?
–¡¿Qué?! ¡¿Dónde escuchaste eso?!
–Y por supuesto, has derrotado a Quien-Tú-Sabes unas tres veces.
–Bueno, sí, derroté a Voldemort, pero eso fue por accidente –dijo Harry, intentando alejarla. Pero Romilda estaba tan emocionada que no se movió.
–Creo que es taaan genial como eres lo suficiente valiente para decir el nombre de Quien-Tú-Sabes, Harry –dijo ella, y entrelazó su brazo con el de él y se recargó contra él con adoración mientras caminaban. Harry volteó a ver a su hermana.
–¡Ayúdame! –gesticuló con sus labios.
Hermione se movió al otro lado y con gentileza tomó el otro brazo de la niña.
–No es valiente, Romilda. Es sentido común –le dijo–. Yo tampoco tengo problema diciendo el nombre de Voldemort. Y también soy tan buena para la magia sin varita como Harry. –De hecho, eso no era tan cierto ahora que estaban aprendiendo hechizos más poderosos, pero Harry no iba a objetar.
–¿Y tú quién eres? –dijo Romilda con sospecha, arrebatando su brazo.
–Soy la hermana de Harry, Hermione. Seguro has escuchado de mí. Gané una Orden de Merlín, Tercera Clase, junto a él hace dos años.
–Oh… oh, sí, eso creo. Bueno, supongo que eso también es impresionante.
–Deberías permanecer cerca de tu prefecto. Necesitarás encontrar tu camino en la mañana.
–Estoy segura de que Harry puede ayudarme –dijo Romilda, pero mientras llegaban a la torre, no pudo escapar a Angelina Johnson juntando a los de primer año para darles instrucciones.
–Vaya, mucho mejor –susurró Harry–. Dios, es peor que Ginny y Colin combinados.
–Odio decirlo, pero creo que tienes razón –dijo Hermione–. Mejor estar alertas para que no te esté acosando.
Romilda lanzó una mirada a Harry de nuevo y sacudió sus dedos como saludo.
Hermione pronto se dio cuenta de lo cansada que estaba mientras subía al séptimo piso para llegar a su dormitorio. Lavender y Parvati ya estaban intercambiando sus rumores como siempre, hablando sobre que chicos las invitarían a Hogsmeade ahora que podían ir. Pero Hermione estaba lista para cambiarse de ropa y meterse a la cama.
–Vaya, Hermione, ¿cuándo te pusiste tan guapa?
–¡¿Qué?! –exclamó ella. Se dio vuelta a medio vestir para ver a Lavender, aferrando la sábana contra su pecho por instinto.
–No tienes que ocultarlo. Todas somos chicas aquí –dijo Lavender mientras ella y Parvati se reían.
–Te ves muy bien este año. ¿Qué pasó?
–¿Eh? ¿Qué quieres decir con "qué pasó"? –dijo Hermione, recuperando el sentido–. He vivido con ustedes por dos años. Me han visto todo el tiempo.
–Mmm… quizás. Supongo que no lo había notado hasta que dejé de verte durante el verano. ¿Cuál es tu secreto?
–¿Mi secreto? –dijo Hermione con confusión–. Eh… ¿años de karate? ¿Jugar fútbol en la escuela primaria? ¿Ejercicio diario desde los seis años? No creo que ser activa físicamente es un secreto. –Supuso que estaba desarrollando una figura atlética, incluso más que muchos jugadores de quidditch, pero no lo había considerado.
–Oh, y Harry ha estado haciendo lo mismo –dijo Parvati con una sonrisa.
–Oh, sí. Oye, Hermione, ¿cómo luce Harry sin una camisa? –preguntó Lavender.
La boca de Hermione permaneció abierta por un minuto.
–No voy a tener esta conversación sobre mi hermano. Pregunten a Katie Bell si en verdad están interesadas. –Ellas se rieron de nuevo.
–¿Y qué tan bien conoce Katie a Harry? –dijo Parvati. Hermione suspiró.
–No más que compañeros de equipo, por lo que se. Y creo que eso es suficiente para esta conversación. –Se lanzó contra la cama y cerró sus cortinas sin usar su varita. Se sentía bien poder hacer eso de manera abierta.
