Harry Potter le pertenece a JK Rowling aquí y en Narnia. Esta historia le pertenece a White Squirrel, aunque no estoy segura de que tan populares son los fanfiction al otro lado del ropero.

Notas de la traductora: Desafortunadamente no tengo copia en español de los libros de Narnia, así que pido disculpas si mi traducción no es la correcta.


Capítulo 66

–¡Hipogrifos! –bramó Hagrid felizmente–. Hermosos, ¿no lo creen?

Hagrid parecía querer impresionar en su primera lección de Cuidado de Criaturas Mágicas, la cual resultó ser la clase de tercer año de Gryffindor y Slytherin. Harry estaba de acuerdo con Hagrid. Los hipogrifos eran criaturas hermosas: mitad caballo y mitad águila, con garras largas y mortales, picos de aspecto cruel, y ojos agudos e inteligentes. Harry sentía bastante respeto por tales predadores majestuosos.

–Ahora, los hipogrifos… son criaturas orgullosas –continuó Hagrid–. Se ofenden fácil, sí, y no quieren insultar a uno, porque será lo último que hagan.

–Oh, maravilloso –murmuró Draco Malfoy a sus compatriotas–. Una bestia que piensa que es mejor que nosotros. En serio, ¿quieren que nosotros hagamos reverencia?

–Ya… ahora, ¿quién quiere ser el primero en conocer a uno? –preguntó Hagrid. Harry apenas y titubeó.

–Yo lo haré –dijo.

–Bien, Harry –dijo Hagrid–. Veamos cómo te llevas con Buckbeak aquí.

Draco observó con cautela como Hagrid desencadenaba uno de los hipogrifos y lo llevaba enfrente de Potter. Eso ya comenzaba a lucir peligroso. Si tenía suerte, quizás se desharía de él, pero probablemente no.

–Tranquilo, Harry. Tienes que mantener contacto visual. A los hipogrifos no les gusta que parpadees mucho.

–Espera, ¿qué? –dijo Harry, pero era muy tarde para arrepentirse. Oh, genial, justo tiene que ser lo opuesto a los gatos, pensó. Un solo parpadeo lento era un gesto de confianza para los gatos, y su lado felino se prendió ante el concurso de miradas al verlo como un desafío, pero lo mantuvo e hizo una reverencia enfrente del hipogrifo. Buckbeak pronto respondió con una reverencia en lo que no pudo evitar tomar como una señal de respeto de un compañero predador.

–Creo que le agradas –sonrió Hagrid–. Anda, acaricia su pico… ¡Creo que quizás te dejará montarlo!

–Espera, ¿qué? –repitió Harry, esta vez en voz más alta, pero Hagrid no se detuvo. Empujó a Harry a que montara a Buckbeak y dio unas palmadas a la criatura en las ancas.

Buckbeak comenzó a correr, abrió sus dos enormes alas, y se elevó al aire. Era un vuelo más difícil para Harry que en su escoba, y sintió que caería en cualquier momento. No sabía de dónde agarrarse, como estaba acostumbrado. El hipogrifo ni siquiera tenía de donde controlarse. ¡Todo era plumas! Quería inclinarse y lanzar sus brazos alrededor del cuello de la criatura para apoyarse, pero no pensaba que Buckbeak lo apreciaría mucho. ¿Qué debía hacer? De acuerdo, básicamente estaba en el cuerpo de un caballo, ¿no? Intentó recordar lo que sabía sobre montar caballos. Una línea oscura llegó a su mente, de Crónicas de Narnia de entre todos los lugares. Él y Hermione habían destrozado esos libros al leerlos una y otra vez después de que habían recibido la colección durante su primera Navidad juntos, pero nunca había esperado darles un uso práctico.

Te sostienes con tus rodillas –dijo el Caballo–. Ese es el secreto de montar bien. Sostén mi cuerpo entre tus rodillas tan fuerte como quieras; siéntate derecho, tan derecho como un atizador; mantén tus codos dentro.

Funcionó. Una vez tomó la postura correcta, Harry se sintió en la cima del mundo, como si pudiera volar por horas. Buckbeak voló alrededor del castillo y después descendió y acarició la superficie del lago y Harry gritó con entusiasmo; pero muy rápido, aterrizaron en el prado, para la adulación de sus compañeros.

La quijada de Draco cayó. No podía creer que incluso él estaría tan loco. Un libro de texto que intentaba morderte era estúpido, pero no ofensivo. Incluso el acariciar a un hipogrifo no eran tan malo. ¿Pero el montar un hipogrifo sin experiencia y sin una maldita silla? Potter tenía suerte de estar vivo, y esa no era una de sus exageraciones normales… por lo menos, no lo creía. Draco seriamente jugaba con la idea de provocar a uno de estos brutos para que lo atacara. No le llamaba la atención un viaje a la enfermería, pero quizás valdría la pena para deshacerse de este zoquete. Honestamente, ¿qué estaba pensando Dumbledore? Era mitad bestia, lo admitiera o no, apenas podía usar una varita, no era nada inteligente, y no conocía el concepto de riesgo. El fingir un accidente ahora quizás lo salvaría después. El truco sería hacerlo en el momento justo para no morir en el proceso.

Pero no, era un Malfoy. Era más listo que eso. ¿Por qué ponerse en riesgo cuando podía hacer que alguien más lo hiciera?

–Hagrid debe haber dado el fácil a Potter –murmuró a los otros Slytherin–. Apuesto a que incluso tú puedes hacerlo, Goyle. ¿Por qué no lo intentas?

En una rara ocurrencia, Goyle se le opuso.

–No soy un completo idiota, Malfoy.

–No, no por completo –murmuró Draco para que nadie lo escuchara. Una mirada rápida le mostró que ninguno de sus amigos eran tan estúpidos tampoco. Oh, bueno, había más de una manera de pelar a un kneazle. Si Potter le había enseñado algo, era la efectividad de una buena campaña de cartas… y su padre aún estaba en contacto con Rita Skeeter. Mientras tanto, necesitaba descubrir como lo había hecho Potter.

–¡Potter! –lo llamó–. ¿Nos estabas engañando? ¿Acaso habías montado un hipogrifo antes?

–Nunca había montado uno, Malfoy –dijo Harry con prepotencia–. Ni siquiera había visto uno.

–Eso es un montón de mierda de dragón, Potter. Acabas de montar uno por los terrenos sin silla.

–Pues no pensé que fuera tan difícil.

–¿Estás más loco de cómo te ves? –exclamó Draco–. ¿En verdad eres tan irritantemente bueno volando en todo, o usas magia oscura?

Harry se burló.

–Sólo tomé el consejo del Sr. C. S. Lewis.

–¿Quién? –dijo Draco.

Hermione lució confundida por un momento, pero después realizó la conexión. Sus ojos se abrieron ampliamente y soltó una carcajada.

–¡Harry, eso es brillante! –Draco lucía perdido.

Después de eso, con el apoyo de Harry, Hermione también tuvo la oportunidad de montar un hipogrifo y también le fue bien, pero nadie más fue lo suficiente valiente para intentarlo excepto Daphne Greengrass y Tracey Davis, quienes lo habían hecho antes en la hacienda de Daphne. Parecía que el año comenzaba bien.


–¿Te sientes mejor esta mañana, Remus? –preguntó Sirius. Estaba a punto de ir al Departamento de Aplicación de la Ley Mágica (el lugar al que tercamente se rehusaba a llamar "trabajo" u "oficina") por el día, pero quería asegurarse de que su mejor amigo estaba vivo y comiendo primero.

–Mucho mejor, gracias. –Remus aún sentía unos calambres en su espalda y nudos en sus músculos, pero parecía haberse recuperado después de la luna llena–. Es bueno que la lluvia se detuvo. El clima era terrible para mis articulaciones ayer.

–Ni lo digas –dijo Sirius–. Soy el único que tiene que aguantar tus quejidos cada vez… Aunque… ¿no creo que ayer estuviera tan mal? –Movió sus cejas en dirección a Remus. Remus lo miró, parpadeó un par de veces, y entrecerró los ojos.

–¿De qué estás hablando, Canuto?

–Pues, Dora estuvo aquí toda la tarde, ¿no es así? –Remus gruñó.

–Sí, lo estuvo. De nuevo. No sé en que estaba pensando.

–Hubiera pensado que era obvio.

–No puedes decirlo en serio –dijo, dándose cuenta de su error un segundo muy tarde.

–Siempre soy Sirius –sonrió su amigo–. Especialmente ahora. Dos meses seguidos… no puedes ignorar eso.

–Es completamente absurdo. ¿Qué podría ver en mí? –Sirius suspiró.

–Nada, obviamente –dijo–. Nada, nada de inteligencia, proeza en defensa, personalidad divertida, o muy buen aspecto… aunque no tan bueno como el mío, por supuesto.

–¿Buen aspecto? –dijo Remus–. ¿Ya empezaste con el whiskey de fuego tan temprano? Soy trece años mayor que ella, y mi cabello ya se está poniendo gris, sin mencionar las cicatrices.

–A algunas chicas les gustan las cicatrices. Y a Dora siempre le ha gustado caminar en el peligro. –Sirius le guiñó el ojo. Él se dio la vuelta.

–No importa. Nunca funcionaría. Ella es una brillante aprendiz de auror con una prometedora carrera por delante, y yo soy...

–No lo digas.

–...un hombre lobo. ¿Y por qué no? Mala salud, desempleado, viviendo de la bondad de sus amigos, y rehuido por la comunidad mágica… no lo niegues. Incluso si Umbridge no logra que se apruebe su ley, las personas no verán bien una relación entre un auror y un hombre lobo, Merlín prohíba que se enteren.

–Dora sabe que eres un hombre lobo y lo sabes. Obviamente no le importa. Y si continúas menospreciándote por quedarte aquí, créeme, te lanzaré un maleficio. Y tengo más dinero del que nunca necesitaré. Puedes tomar cuanto quieras. El que mi madre se retuerza en su tumba vale más que la "imposición". Además, ha estado restaurada como una hija de la Casa de los Black por casi dos años. No es como si le faltará dinero. –Remus rodó los ojos.

–¿En verdad estás de acuerdo con esto, Canuto? Me sorprende que no has hablado con ella. ¿Supongo que te parece gracioso que continúe de este modo?

Sirius se acercó a él y le dio un golpe en la parte de atrás de su cabeza.

–¡Auch!

–Vamos, Lunático, ¿en verdad crees que te dejaría acercarte a mi primita si no estuviera de acuerdo? Eres un buen hombre. Eso es lo importante. Y en lo que respecta a Dora, puede cuidarse sola. Es brillante, divertida, de buen aspecto… y todo eso es natural, por cierto; y a pesar de tu exasperante complejo de inferioridad, en verdad le gustas. Tal vez deberías dejar de quejarte. –Remus suspiró con pesadez.

–Está cometiendo un error.

–Y tú definitivamente estás cometiendo un error haciéndola a un lado –dijo Sirius con firmeza–. Y aún si ese es el caso, es su error a cometer. Merlín sabe que yo no puedo lograr que se comporte. –Sirius sonrió un poco.

He escuchado las historias… Es difícil creer que esa niña era una Hufflepuff.

–Bueno, tú sabes, el símbolo de Hufflepuff es un hurón, y esos son unos roedores bastante fuertes. Y Dora definitivamente es una hurón… intrépida, dura como una piedra, y… toma lo que quiere.

–Oh.


La comunidad mágica tuvana vivía en una pequeña aldea a cientos de millas al oeste del lago Baikal y no muy lejos de la capital muggle de Kizil. Eran una de las varias tribus mágicas indígenas dispersas por Siberia… los calmucos, los komis, los udmurtos, los yacutos, y más. Eran pocos en número y no confiaban mucho en los forasteros por su pasado problemático, pero probaron ser hospitalarios hacia aquellos a quienes estimaban.

Para Edward Grayson, esto fue algo como un desvío. Tendría que regresar a la ruta de seda para continuar su tour por el mundo, pero le había tomado tiempo ganar la confianza de estas personas, pero en verdad estaban intrigados por ese hombre con sabios ojos color ámbar e íntimo conocimiento de canciones y cantos mágicos. Incluso así, sólo fue después de que les había ayudado con su granja y curado unas cuantas enfermedades y heridas que lo habían aceptado.

Los tuvanos eran en muchas maneras la antítesis de cómo operaban las culturas mágicas en Europa. La aldea consistía en solo unos cien magos y brujas, además de unos ciento cincuenta esposos y familiares muggles y sus hijos. Como la comunidad era tan pequeña, el casarse con muggles era activamente incentivado, y los mágicos y no-mágicos vivían abiertamente lado a lado en harmonía. No muchos de los niños eran mágicos como en las comunidades de sangre más pura, pero los que crecían no eran más débiles o su magia no estaba más "diluida" a través de las generaciones, ni sus nietos cuando se saltaba una generación. Era el tipo de evidencia que muchos en Europa negarían u ocultarían, pero los resultados eran claros para que todos lo vieran.

Pero Grayson no estaba ahí para un estudio demográfico. Tenía otra razón. En esa aldea sobrevivía una de las tradiciones mágicas más únicas, una que había esperado poder aprender por mucho tiempo y por la que sentía una afinidad: las canciones mágicas de lo que los muggles llamaban xöömei, o canto tuvano efectuado con la garganta. Pocas culturas habían desarrollado el arte de cantar dos notas al mismo tiempo, y las aplicaciones para la magia sin varita eran numerosas.

Sin embargo, los tuvanos guardaban sus secretos celosamente, y Grayson, hablando a través de un intérprete que hablaba tanto ruso como chino, necesitó de considerable esfuerzo para convencerlos de que le enseñaran los conocimientos básicos.

–Hubo otro hombre una vez –dijo el anciano de la aldea a través del intérprete–. Hace mucho tiempo vino a nosotros. Era un joven brillante, y nos sentimos halagados por su interés en nuestra cultura. Había viajado por toda Siberia, aprendiendo los métodos de las tribus antiguas. Entonces, hubo una guerra. Escuchamos poco sobre eso aquí. Fue luchada del lejano oriente al lejano occidente. Pero cuando terminó, ese hombre fue coronado en Leningrado para gobernar sobre Rusia mágica y se volvió contra nosotros. Usó nuestra propia magia contra nosotros y las otras tribus. Llenó nuestra tierra de criminales y destrozó a todos los que hablaron en su contra. Desde entonces, hemos tenido mucho más cuidado con nuestros secretos.

–El nombre de ese hombre –respondió Grayson–. Era Konstantin Jugashvili.

–Así es –dijo el anciano con veneno en su voz.

–Mi padre luchó en esa guerra. En esa época estaban aliados en contra del Señor Oscuro de Berlín, a quien mi padre juzgó como alguien peor, pero después de la guerra, él y Jugashvili se volvieron enemigos. Mi padre trabajó el resto de su vida en contra de la brutalidad del régimen de Jugashvili. Yo y otros seguimos sus pasos, y Jugashvili está ahora en exilio.

–Lo sabemos. Oculto en las sombras, causando problemas en las montañas del Cáucaso. Aún seguimos en alerta de sus movimientos.

–También hemos estado vigilando sus movimientos, patriarca.

Eso llamó la atención del anciano. Tomó muchas conversaciones más largas para que Grayson pudiera convencer al anciano de que sus intenciones eran buenas y que merecía aprender sus secretos, y dos semanas enteras de entrenar su voz para producir los sonidos del xöömei y aprender unos cuantos hechizos sencillos en las canciones. Pero finalmente era hora de irse.

Se fue en la mañana, y a pesar de la fría recepción que había recibido al llegar, había muchas personas dándole buenos deseos al retirarse.

–Será más que bienvenido si algún día regresa, Edward Grayson –le dijo el anciano–. Usted y su conocimiento han sido de gran valor para nosotros.

–Aprecio su especialidad, patriarca –respondió Grayson en tuvano aceptable. (Grayson compartía el talento del fallecido Barty Crouch para aprender idiomas.)– En verdad espero poder regresar algún día. Y prometo que haré todo en mi poder para asegurarme de que Konstantin Jugashvili nunca los moleste de nuevo.

–Habla con audacia, Embajador. Aceptamos su promesa; aunque si la cumple, será honrado por toda Siberia. Le deseo lo mejor en sus esfuerzos.

–Que usted y su gente vivan en prosperidad, patriarca. Adiós por ahora.

Una vez llegó al límite de la aldea, Grayson comenzó a cantar xöömei, no un hechizo como tal, pero una de las importantes canciones culturales de la aldea, llena de elementos de canciones y sueños que había aprendido en su juventud en Australia. Sólo comprendiendo la música y cultura de la gente local… cómo vivían, como usaban su tierra, y como la tierra los influenciaba de regreso… podría ganar la comprensión más profunda que necesitaba para seguir las líneas ley. Era un proceso difícil, pero Grayson era más que adepto, e hizo buen tiempo.

Unas cuantas millas después, su paso se alentó mientras la canción se extinguía. Estaba muy lejos del corazón de la tierra tuvana. Pero eso no importaba. Tomó las canciones mongol y uigures que había cantado para llegar a Tuvá desde la ruta de seda y continuó su viaje al sur. Para la hora de la cena, estaba de regreso en la ruta de seda y moviéndose a toda prisa hacia el centro de otra antigua cultura mágica, una parte de Rusia mágica que ahora era conocida por los muggles como Kirguizistán.


El viernes fue extraño para los Gryffindor de tercer año gracias a su primera clase del día: Pociones con los Slytherin. Para el final del periodo, muchos de ellos pensaban que habían caído en un universo paralelo.

En respuesta a la renovada presión del Consejo y, peor, del público mágico, Severus Snape se resignó a lo inevitable, regresó a su hogar en Cokeworth, y buscó un libro de texto de química en la biblioteca local. Sonaría como un acto inusual para algunos, pero Snape había sido criado en el mundo muggle y era lo suficiente listo para reconocer lo que muchos hijos de muggles sabían: la gran población muggle significaba que podían producir material de mejor calidad. Quizás tendrían algo de sabiduría sobre la pedagogía que no hubiera leído antes.

Era un secreto abierto que Snape odiaba dar clases, pero Dumbledore insistía en que continuara, y Potter aún estaba en la escuela, así que no podía echarse para atrás. Sin embargo, mientras examinaba el libro de texto de química, saltándose las partes más científicas, algo extraño comenzó a ocurrir. Lo encontró interesante.

Los muggles, parecía, tenían reglas más estrictas en el laboratorio de química… reglas que normalmente solo eran relevantes para las pociones más difíciles. Sin embargo, si lo pensaba, el espantoso número de accidentes que habían ocurrido en su aula sugerían que había un mérito en ellas. Y le daba a Snape la oportunidad de hacer algo que disfrutaba: crear reglas.

–Ha llegado a mi atención –comenzó–-, que los estándares de seguridad en mi aula son considerados… inadecuados. –Lanzó una mirada amenazante a los Gryffindor–. Esto es inaceptable. Ya que muchos accidentes en años recientes han resultado en heridas peligrosas para los estudiantes, parece que una revisión de la seguridad en el laboratorio de pociones está en orden. La mayoría de estas reglas deberían ser sentido común, pero eso parece habérseles escapado. Además, para mejorar la seguridad en el aula, habrá varios cambios este año.

Abrió una caja sobre su escritorio y reveló dos docenas de lentes de plástico. Eran baratos, sólo había gastado un galeón en el set, y no eran los goggles que cubrían los ojos por completo, pero protegerían los ojos de los estudiantes de salpicaduras. Había, por supuesto, comprado un par de mejor estilo para él.

–Estos son lentes de seguridad. Deben de ser usados todo el tiempo mientras preparan pociones –dijo. Muchos de los sangre pura elevaron las cejas con sorpresa; raramente habían escuchado de algo así, o nunca. Los estudiantes hijos de muggles lucían igual de sorprendidos, pero asintieron con aprobación–. Eso te incluye a ti, Potter –agregó Snape con fiereza–. Es mi entender que pueden ser colocados sobre lentes normales. Los lentes de seguridad no pueden ser sacados del aula, y cualquier daño pérdida será a su costo. –Y por supuesto que les cobraría por un par más caro. Así podría conseguir goggles de mejor calidad sin tener que cubrir el costo.

–Además –continuó–, cabello que caiga debajo del cuello debe de estar atado. –Convenientemente, Snape había cortado una o dos pulgadas de su cabello para no tener que sufrir la indignidad de una coleta–. Y las mangas sueltas en sus túnicas deben de ser enrolladas y sostenidas con un broche, o las túnicas deben de ser removidas y almacenadas de manera ordenada. De otro modo, atuendos correctos continuarán siendo requeridos. –Esa era una buena, en su estimación. Nunca había considerado que las mangas apretadas en sus propias túnicas quizás eran causa importante de su éxito–. Collares largos o brazaletes también deben ser removidos mientras preparan pociones, y comenzando la próxima clase, sólo estarán permitidos los zapatos cerrados. Espero que todos mis estudiantes obedezcan estas reglas con atención. –Miró específicamente a sus propios Slytherin.

Después de revisar condescendientemente algunos estándares básicos sobre el manejo de ingredientes, limpieza, y seguridad contra el fuego, Snape continuó con el proceso de preparación de pociones. Había notado con interés que las instrucciones de laboratorio en los libros de texto muggle eran mucho más precisas de lo que estaba acostumbrado, y señalaban el asegurarse que los estudiantes comprendieran que reacciones deberían de ver y porque. Por muy tedioso que lo encontraba, tenía poca opción más que hacer el esfuerzo.

–En caso de que no fuera claro –dijo–, todas las instrucciones para la preparación deberán ser seguidas con exactitud. Verán como la mínima desviación puede producir resultados radicalmente diferentes. Longbottom, ¿podrías explicar porque el método preciso de cortar y preparar ingredientes es importante? –Neville intentó resistir la urgencia de temblar.

–Eh, pues… creo que los pedazos más pequeños se disuelven y reaccionan más rápido, señor –dijo.

–Una explicación simple, aunque correcta –dijo Snape, sorprendiendo a la clase al no soltar un insulto–. Espero muchos más detalles en tu tarea, Longbottom. Ahora, la velocidad en la cual se disuelven los ingredientes o cómo reaccionan en una poción es proporcional a su área superficial. El cortar los ingredientes en pedazos pequeños produce más superficies… más superficies, más áreas, y una reacción más rápida...


–¿Creen que Snape está enfermo o algo? –preguntó Ron camino a clase de Defensa–. Casi no actuó como un idiota. –Harry y Hermione se rieron.

–Pues, quizás se sienta enfermo, pero eso no es por lo que actúa extraño –dijo Harry.

–El Consejo le dijo a Snape que debe comenzar a enseñar mejor –explicó Hermione.

–Demonios, ¿y Snape los escuchó? –dijo Ron.

–Tiene que –dijo Harry–. Corrieron a Lucius Malfoy del Consejo.

–Mejor que eso, Harry –dijo Neville–, metieron a mi abuela. Es la única persona que conozco que me da más miedo que Snape.

–Pues, gracias a Merlín por la abuela de Neville –dijo Ron.

Al igual que la clase de Pociones, la clase de Defensa había mejorado en comparación al año pasado, pero eso no era decir mucho. El auror Eric Williamson, el maestro de Defensa de este año, tenía cabello oscuro, ojos oscuros, y una cara larga y delgada, la cual era exagerada por su perpetua expresión de amargura. Era claro que no estaba feliz de ser asignado a un trabajo que se deshacía de cada persona que lo tenía en menos de un año, a veces por muerte, herida severa, o cargos criminales. Snape era conocido por su personalidad acerba, pero Eric Williamson era un gruñón ese año. No era sorprendente que su actitud fuera reflejada en su enseñanza.

–Bienvenidos a su tercer año de Defensa Contra las Artes Oscuras –dijo sin entusiasmo cuando comenzó la clase. No lucía preparado, consultando con frecuencia sus notas y dos libros que había dejado sobre su escritorio-. De acuerdo al currículo oficial, al finalizar el año deberán ser capaces de sobrevivir por sí mismos cualquier encuentro en Gran Bretaña con criaturas mágicas clasificación XXXX o menos, además de estar preparados para defenderse de magos con malas intenciones. Debieron comenzar a aprender eso el año pasado, pero fui informado que el pervertido que tuvo mi puesto no enseñó nada de valor. Así que nos enfocaremos en las criaturas en clase, y deberían de atender el club de duelo para el resto.

–Pues, comencemos por el principio. –Abrió su libro de texto en la página correcta–. Gusarajos. Los gusarajos no son peligrosos. Si les dan problemas, sólo písenlos. –Recibió unas cuantas risas por esto, aun cuando no intentaba ser gracioso–. Siguiente: horklumps. Los horklumps solo son peligrosos por cómo pueden arruinar un jardín. También son muy puntiagudos, así que tengan cuidado al tocarlos. El problema real es que no pueden matarse fácilmente, y patearlos no ayudará a deshacerse de las raíces. Los gnomos o el veneno de streeler son los métodos de preferencia para deshacerse de una infestación. Para más información, vean una guía para control de plagas. Listo, terminamos con la clasificación X.

Eso recibió más risas, pero la expresión gruñona de Williamson no se fue.

–Pasaremos más tiempo en las otras clasificaciones, obviamente. Hoy, estudiaremos la primera de las criaturas XX en el libro, los augurey…


–De acuerdo, todos, es igual que el año pasado –ordenó Oliver Wood cuando comenzaron las pruebas de quidditch el sábado–. Todas las posiciones están disponibles. No voy a dejar ir a un buen jugador sólo porque decidimos conservar a uno del año pasado. Así es como Slytherin lo hace, y podemos ser mejores. Además, varios de nuestros reservas renunciaron, así que tenemos opciones ahí.

–¿No creen que Wood parece más estricto de lo normal? –murmuró Harry mientras se alineaban.

–Es su último año. Los reclutas profesionales lo estarán observando –dijo Angelina.

–Todos divídanse por posición, cazadores primero –llamó Wood.

Hermione tomó su lugar en las pruebas para cazador. Animada por ella, Ginny Weasley se le unió. Al igual que el año pasado, Wood los envió en grupos a dar vueltas al campo, rápidamente deshaciéndose de la mayoría que no estaba acostumbrada a volar en formación. Entonces, comenzaron a realizar verdaderas formaciones. Harry estaba impresionado de su hermana. Claramente había entrenado en el club de vuelo.

–Vaya, hermanita, eso estuvo tan bien como algunos de los cazadores en otros equipos –le dijo Harry–. Wood estaría loco si no te pone en reserva.

–Gracias, Harry –dijo ella–, aunque hay mucha competencia.

–Si es como el año pasado, no es tanta.

–No lo sé, la pequeña Gin-Gin quizás te lo haga difícil –interrumpió Fred Weasley–. Ha estado volando muy bien este verano.

–Sí, no podía creerlo cuando lo vi –dijo Ron.

Pronto fue el turno de Ginny de volar, y Harry también estuvo impresionado. Era natural para el vuelo… quizás mejor que las cazadoras actuales habían sido a su edad. Sería una fuerza a la cual enfrentarse en unos años.

–Te ves bien, Ginny –dijo Wood–. Tengo que preguntar, ¿alguna vez has volado como buscadora? Tienes el cuerpo para… pequeño y delgado.

–¿Buscadora? –dijo ella con sorpresa–. Pero ya tienes a Harry.

–Sí, pero no tenemos un reserva, y Potter se mete en tantos problemas que en verdad necesitamos uno. –Ginny miró a Harry con incomodidad, pero él sólo sacudió los hombros.

–Es cierto.

–Pues, supongo que puedo. Lo he hecho unas cuantas veces.

–Genial. Fórmate junto a Potter, entonces. Ahora, ¡bateadores! –llamó.

–Esos somos nosotros –dijeron Fred y George. Como siempre, esos dos estaban por delante de la competencia, aunque Cormac McLaggen dio un buen intento. Pero no había duda de cuál sería el resultado.

–¡Guardianes! –llamó Wood.

Todos los que estaban haciendo la prueba para guardián, incluyendo al mismo Wood, se enfrentaron a las cazadoras, intentando bloquear tantos tiros como pudieran. Al igual que el año pasado, Wood era impenetrable, pero hubo otros dos que también fueron bastante buenos. Cormac McLaggen, buscando dos posiciones de nuevo, salvó bastantes en su prueba… y sonrió con prepotencia al terminar. El otro desafiante fue un poco más difícil de clasificar: Ron Weasley.

–No te preocupes, pequeño Ronnie, te irá bien –dijo Fred.

–A menos que te caigas de tu escoba –respondió George.

–O te golpeen en la cara.

–O pierdas tus guantes y te rompas la mano.

–Cállense –dijo Ginny mientras Ron comenzaba a ponerse verde–. Sé que puedes hacerlo, Ron. Te he visto volar.

–Además –agregó Harry–, eres mejor en una escoba que el año pasado.

Ron miró a su Cometa 260, una gran mejoría en comparación a su Estrella Fugaz, y sonrió.

–Sí, gracias, Harry –dijo, y se lanzó al aire.

Ron no lucía tan fluido y experimentado como Wood o McLaggen, sino más frenético, volando de un aro al otro. Aun así, realizó unas paradas sorprendentes, incluyendo un par con las puntas de sus dedos, pero hubo un momento cuando falló muy mal varios goles seguidos, y parecía que solo por suerte comenzó a bloquear de nuevo. Lucía decepcionado cuando regresó al suelo.

–¡Buscadores! –llamó Wood. Harry y Ginny se elevaron. Ginny claramente lucía nerviosa por ir contra Harry, pero él logró incentivarla, y ella voló de manera impresionante, siguiendo la snitch. Harry aún le ganó; probablemente le hubiera ganado dormido con él en una Nimbus y ella en una Cometa, pero aún fue impresionante.

Después de revisar su lista, Wood alineó a los candidatos.

–De acuerdo, continuaremos con la misma alineación que el año pasado –dijo, recibiendo varios gruñidos–. Yo, Johnson, Spinnet, Bell, Fred, George, y Potter… Granger, tú serás cazadora reserva.

Los ojos de Hermione y Harry se abrieron con sorpresa y sonrieron ampliamente. Finalmente ambos estarían en el mismo equipo, aún si ella no sería jugadora principal.

–McLaggen, serás bateador reserva. Ron… felicidades, serás guardián reserva.

–¿Qué? ¿En serio? –dijo Ron incrédulo.

–Sí, lo eres, pero quiero que sigas practicando. ¿De acuerdo?

–Sí, señor, claro.

–Y Ginny, tú será otra cazadora reserva y, gracias a Merlín, buscadora reserva. Volaste muy bien, Potter, ¿te molestaría prestarle tu escoba si tiene que jugar?

–¿Eh? Sí, claro.

–Excelente. La primera práctica será el lunes en la noche, y quiero a todos aquí, incluyendo a los reservas.

Harry abrazó a su hermana con entusiasmo cuando acabaron las pruebas.

–Hermione, esto es genial –dijo–. Sabía que lograrías ser parte del equipo. Ahora podremos practicar juntos.

–Pues, solo soy reserva, pero supongo que será divertido –respondió ella.

–Potter, Granger, ¿un momento? –interrumpió Wood. Lo siguieron con confusión mientras los llevaba a una corta distancia–. Les seré honesto; estoy tomando un riesgo con su amigo, Ron –les dijo.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Hermione.

–Lo puse en el equipo porque creo que mejorará… y porque McLaggen es un idiota, honestamente. Ron es bueno. Cuando está enfocado, casi es tan bueno como yo… definitivamente mejor que McLaggen, incluso si no lo parece. Pero cuando no, en verdad está perdido. Se pone nervioso muy fácilmente. Podría perdernos el partido si eso le pasara en medio de uno. Sus hermanos quizás son muy cercanos para ser objetivos, así que quiero que ustedes dos se aseguren de que practique y sea más consistente. Y también lo quiero en mi escoba si tiene que jugar. ¿Creen poder con eso?

–Yo puedo –dijo Hermione–. Lo estuve ayudando con eso el año pasado. Ha mejorado.

–Bien. Si va a tomar mi lugar el próximo año, va a necesitar mucho trabajo. Hay que regresar. –Los tres comenzaron a caminar de regreso al castillo un poco detrás del resto del grupo.

–Oye, Wood –dijo Harry–, vi los terribles dientes de Marcus Flint en el castillo. Pensé que se había graduado.

–No, reprobó sus EXTASIS –dijo Wood–. Quiere volverlos a tomar. Aunque personalmente, creo que lo hizo a propósito para poder jugar una última vez contra mí.

–Por supuesto que tenemos que aguantar esos dientes otro año –se quejó Hermione. Harry asintió.

–Como hijos de dentistas, declaro a esos dientes un crimen en contra de la humanidad. –Wood sólo tenía una vaga idea de lo que era un dentista, pero se rio junto a Hermione.

–Oye, Wood –cambió el tema Hermione–, ¿ya has tomado clase con el profesor Williamson?

–Sí. Estuvo bien. He tenido peores maestros.

–Bueno, sí, es difícil ser peor que Lockhart –dijo ella–, pero honestamente, no es tan bueno. No sabe realmente como dar clases, y ni siquiera quiere estar aquí.

–Cierto –dijo Wood en acuerdo–, pero es Defensa. Diría que es uno de los mejores maestros que he tenido. Por lo menos sabe lo que hace. Aprenderemos algo de defensa de este modo.

Harry y Hermione podía apreciar eso, pero aún no era una solución ideal. Nunca habría buena y consistente educación en Defensa en Hogwarts hasta que se deshicieran de Voldemort y de la maldición. Una cosa más que Voldemort estaba arruinando.


Harry se sorprendió un poco cuando el profesor Dumbledore lo llamó a su oficina esa noche a través de una nota con Colin Creevey, y se sorprendió aún más de que decía en términos precisos que debía ir solo.

–Gracias por venir, Harry. Por favor, toma asiento –dijo el director cuando entró a la oficina.

Harry lanzó una mirada a todos los extraños instrumentos plateados a su alrededor, saludó a Fawkes, y se sentó en una de las cómodas sillas al otro lado del escritorio.

–¿Hay algún problema, profesor? –preguntó.

–No, Harry, ningún problema por el momento. O más bien, nada más de los que ya tenemos. Escuché que ya eres diestro para la Oclumancia.

Ah, eso es de lo que esto se trata, pensó Harry.

–Eso es lo que el Sr. Barnett dijo, señor.

–Sí, y aunque no lo conozco tan bien como me gustaría, sé que es confiable. Considerando la naturaleza sensible de la información que deseo contarte, sin embargo, ¿me permitirías examinar tus habilidades por mí mismo?

Harry titubeó un poco. El profesor Dumbledore estaba a un nivel superior que el Sr. Barnett, pero por supuesto, esto era por lo que habían estado trabajando.

–Sí, señor –dijo.

Dumbledore actuó quizás no con más fuerza, pero definitivamente era más sutil que Barnett. Harry estaba ingenuamente preparándose para escuchar el encantamiento, pero por supuesto, Dumbledore podía hacer Legilimancia sin varita y sin decir palabra. La única pista fue cuando el brillo en sus ojos se intensificó, y Harry sintió su mente perder enfoque.

Pero sintió la examinación, y la atacó con fuerza, visualizando su detallada imagen del castillo. Dumbledore intentó usar la imagen para su ventaja, intentando empujar su mente para entrar al castillo y salir del mapa mental, pero Harry poseía el mapa del merodeador en la vida real. Conocía cada rincón del castillo. Como un último intento, Dumbledore intentó empujarlo a la cámara de los secretos para provocar una reacción emocional, pero Harry evadió la trampa y empujó de regreso la imagen mental del exterior del castillo. Dumbledore concluyó su examinación.

–Progreso muy impresionante a tu edad, mi niño –dijo–. Debió tomarte un largo tiempo el construir una imagen tan detallada.

–Me gusta volar, señor –respondió con calma–. No necesitaba una excusa para volar alrededor del castillo todo el tiempo.

–Por supuesto que no. Bueno, creo que estás listo… –suspiró Dumbledore–. Hace poco más de un año, Harry, te dije que una profecía había sido realizada sobre ti, y que si aprendías Oclumancia de manera exitosa, estarías listo para escucharla... Incluso ahora, eres tan joven. Esperaba poder darte una infancia normal… –De repente, Harry sorprendió a Dumbledore con una carcajada.

–¿Una infancia normal? –dijo con incredulidad cuando recuperó el aliento–. Profesor, no tuve una infancia normal. Nunca iba a tener una infancia normal. No soy un niño normal. –Con lágrimas en sus ojos, agregó–, tuve una infancia feliz, señor… pero eso fue más a pesar de sus acciones que por ellas… Profesor, después de los últimos dos años, es bastante claro que Voldemort no va a dejarme solo, así que necesito aprender lo más que pueda, y ahora es tiempo de comenzar. –Dumbledore sonrió con melancolía.

–Tan similar a tus padres, Harry –dijo–. Ellos también se rehusaron a esconderse de la lucha… Muy bien. Sé que compartirás esto con tu familia, pero pedí que vinieras solo esta noche para darte la opción de cuanto decirles. Obviamente, no debes decir esto a nadie que no sea diestro para la Oclumancia.

–Comprendo –dijo Harry.

–Bien. Entonces es hora de que escuches la profecía completa. –Dumbledore se levantó de su asiento con solemnidad, abrió un gabinete, y sacó una vasija de piedra adornada con runas talladas por todos lados–. Este es un pensador… un artefacto particularmente antiguo y poderoso que pertenece a la escuela. Creo que estás familiarizado con uno por el juicio de tu padrino.

Harry recordaba la imagen fantasmal de Peter Pettigrew elevándose de una vasija similar y testificando en medio de la cámara del Wizengamot.

–Sí, señor.

–Lo usaremos de una manera similar esta noche. En reuniones futuras, quizás usemos más su capacidad de inmersión. –Colocó su varita en su sien y sacó un hilo largo y plateado de su cabeza, y lo colocó en la vasija–. El evento que estás a punto de ver –dijo–, lo presencié el invierno de 1980, unos cinco meses antes de que nacieras. Estaba entrevistando a una joven para el puesto de profesor de Adivinación en Cabeza de Puerco. En esa época, tenía la idea de cancelar la materia por completo. No es de gran uso para la mayoría de las brujas y magos que no tienen el Don. Sin embargo, la solicitante era la tataranieta de una vidente dotada llamada Cassandra Trelawney, y consideré que si había heredado el don de su ancestro, quizás pudiera salvar la clase. Desafortunadamente, Sybill Trelawney no mostró talento natural para la adivinación, y estaba a punto de pedirle que se retirara, cuando ella cayó en trance… el trance de una verdadera profecía. Eso lo decidió. Cuando me di cuenta de que era una vidente verdadera, aunque esporádica, tuve poca opción más que ofrecerle el trabajo para protegerla de Voldemort.

–Espere –interrumpió Harry–. Eso significa que hay dos clases que activamente mantiene con baja calidad por razones relacionadas a la guerra, sin mencionar la maldición en Defensa. –Dumbledore frunció el ceño.

–Seguramente te das cuenta de lo peligroso que sería si Voldemort ganara acceso a la profesora Trelawney. Aunque no recuerda el haber realizado la profecía, podría ser recuperado de la mente por técnicas de restauración de memorias… o tortura. Era imperativo que la protegiera.

–¿Pero tenía que traerla al castillo? –presionó Harry–. Si cancelara Adivinación podría ofrecer algo más útil, como, no sé, Magia Mundial, o algo.

–Pensé que sería lo mejor y lo que llamaría menos la atención en el momento. Y no es importante para nuestra conversación actual.

–De acuerdo, pero se lo mencionaré a mis padres, señor –respondió él–. Asumo que lo discutiremos después. Y no crea que nos hemos olvidado de Historia y Estudios Muggles.

–Lo comprendo, Harry –dijo Dumbledore con un suspiro–. Sin embargo, lo importante es que la profesora Trelawney realizó una profecía relevante sobre la guerra, y es esa lo que deseo mostrarte esta noche. Esta es la profecía que realizó esa noche...

Tocó una secuencia de runas en la vasija, y la imagen fantasmal de la cabeza de Sybill Trelawney se elevó en la superficie. Con sus lentes gruesos, marco delgado, cabello alborotado, y muchas chalinas, la mujer lucía como una mantis envuelta en algodón. En la inmersión del trance, habló con una voz profunda y chirriante, y sus ojos estaban completamente blancos.

El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... –dijo ella, y se congeló al momento en que Dumbledore congeló el recuerdo.

–Esta es la parte de la profecía que Voldemort conoce –dijo–. Tuvimos la mala suerte de ser escuchados por un joven mortífago que fue descubierto y sacado del pub.

Harry se preguntó cómo Dumbledore sabía eso y quien era el mortífago, pero lo dejó de lado en favor del problema inmediato:

–Eso no suena como si fuera sólo sobre mí, señor.

–Así es. Dos niños nacieron a finales del siguiente julio de padres que se habían enfrentado a Voldemort tres veces juntos… ambos varones, como el resto de la profecía especificaba.

Las piezas cayeron en su lugar con facilidad. Harry tenía un amigo cuya historia conocía brevemente y cuyo cumpleaños era el día antes que el suyo:

¿Neville? –preguntó, sus ojos abiertos ampliamente.

–Muy bien, Harry. La profecía inicialmente podría haberse referido a ti o a tu amigo, Neville, y pedí a ambas familias que se ocultaran en cuanto nacieron. Sin embargo, había más en la profecía, y después de los eventos de Halloween en 1981, esa parte sólo podía referirse a ti. Por favor escucha.

Presionó una runa para descongelar el recuerdo, y Trelawney continuó hablando:

Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes…

Harry tembló al escuchar las palabras.

–"Lo señalará como su igual…" –murmuró para sí mismo, tocando su frente–. ¿Mi cicatriz?

–Sí. Las profecías son difíciles de interpretar, pero esa es la interpretación más obvia. –El joven comenzó a temblar de manera más violenta mientras repasaba el resto de las palabras en su mente–. "Y uno de los dos deberá morir a manos del otro…" Así que… eso quiere decir… uno de nosotros tiene que matar al otro… al final.

¿Tiene? –dijo Dumbledore–. Esa parte es aún más complicada. Tú siempre tienes la opción de elegir en tus acciones, al igual que Voldemort. Pero tienes razón al decir que Voldemort no te dejará solo. Incluso por la parte que ya conoce, ya eres una gran amenaza para él… de hecho, la amenaza más grande, y Voldemort no tolerará tal amenaza. Mientras que ambos vivan, continuará intentando matarte. Tendrás que aprender a luchar y protegerte.

Harry respiró profundamente varias veces y apretó sus puños para evitar temblar. Cuando mencionó la profecía en su primer año, Dumbledore sólo había dicho "derrotar", pero una parte de él siempre había sabido que sería una pelea a muerte. Aun así, no era el tipo de cosa que quería escuchar a los trece años.

–"¿Y ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida?" –dijo–. No estoy seguro de entenderlo… Quiero decir, técnicamente ambos estamos vivos.

–No estoy seguro de que "vivo" describe a Voldemort en este momento. Y de cualquier modo, "vivo" puede que sea metafórico.

–Bueno, de acuerdo, pero… profesor… –dijo temblorosamente–, ella dijo que tendría un poder que Voldemort no conoce. ¿Pero qué puedo tener que él no? Él sabe magia sin varita. El espíritu de Ryddle en la cámara la usó. ¿Acaso es el que soy animago?

–Ah, eso no lo sé –dijo Dumbledore–. No puede ser sólo el que seas animago. La profecía no dice que sea un poder que Voldemort no tiene, sino un poder que él no conoce. Claro, él sabe sobre los animagos, incluso si nunca se interesó en el arte. El hecho de que eres un niño animago podría ser una posibilidad, tanto porque no comprenderá la razón ni lo estará esperando. Quizás sea algún otro poder que aún no has descubierto. Sin embargo, si pudiera adivinar, y mis predicciones usualmente son buenas, diría que tu poder es una capacidad que tienes en abundancia, pero que Voldemort, aunque la "conoce", no es capaz de comprender.

–¿Qué es, señor?

Amor, por supuesto.

Harry lo observó por un minuto.

¿Amor? –dijo él–. ¿Cómo va a ayudarme el amor a derrotar a Voldemort?

–Mi querido niño, el amor es la magia más poderosa en el mundo. ¿Qué no fue el amor lo que te llevó a enfrentarte a Ryddle en la cámara de los secretos y derrotar al basilisco?

–Eh… no realmente, señor. Quiero decir, eso es por lo que lo hice, pero no me ayudó a ganar.

Dumbledore no pareció desconcertarse.

–¿Y qué no fue también el amor por tu hermana lo que te llevó a perseguir al profesor Quirrell después de que la secuestrara, permitiéndote enfrentarse a él de una manera en la que los aurores nunca pudieron? ¿Derrotándolo –agregó–, por la protección dejada en ti por el amor de tu madre?

–De acuerdo, tengo la protección de mi mamá en mí. Supongo que eso ayuda ¿pero acaso es suficiente? Quiero decir, Voldemort está casi a su nivel, y yo… sólo soy poco mejor que el promedio.

–Mucho mejor que eso, Harry. Has aprendido habilidades en tu juventud que la mayoría de los magos nunca aprenden. Tus calificaciones siempre han sido buenas y han mejorado en los últimos dos años mientras lo incorporas a tu aprendizaje. Pronto, sospecho que Hermione será la única estudiante en tu año que pueda superarte. Y eso sólo es en lo académico, sin tomar en consideración la fuerza de tu carácter o la calidad de tus convicciones.

Harry elevó una ceja. Eso aún no sonaba muy convincente para él.

–Lamento ponerte esta carga, mi niño. Sin embargo, el Destino juega con todos. Prometo que estoy haciendo todo lo posible para asegurarme de que estés listo para esto y tu propio trabajo te ha ayudado a prepararte hasta el momento, y has actuado más allá de mis expectativas. Permanezco seguro de que ganarás esta pelea.

Harry aún temblaba un poco.

–Gracias, profesor –murmuró–. Aunque no estoy seguro. –El anciano sólo asintió.

–Tengo mucho más que decirte, pero podemos examinarlo en las semanas siguientes. Regresa a tus amigos, descansa, y habla con tu familia si lo crees conveniente. Intenta no preocuparte por el futuro. Enfócate en disfrutar cada día.

El joven asintió de manera distraída y se puso de pie. Dejó la oficina del director sin decir más.

Dumbledore suspiró y cayó con pesadez sobre su asiento una vez se fue Harry. Si tenía razón sobre el muchacho y su cicatriz, tenía un largo camino para descubrir como Harry podría sobrevivir la lucha delante de él.

Hermione se encontraba sentada en la sala común, esperando nerviosa a que Harry regresara de la oficina de Dumbledore. Sospechaba de que se trataba, y estaba preocupada sobre cómo reaccionaría. Cuando finalmente atravesó el agujero del retrato, sus peores miedos parecieron ser confirmados: Harry estaba llorando.

De inmediato se puso de pie y se apresuró a él, esperando poder interceptarlo antes de que atrajera mucho la atención. Pero al hacerlo, su hermano la tomó y la abrazó como si nunca quisiera dejarla ir, llorando en silencio sobre su hombro.

–¿Harry? –susurró ella–. ¿Harry, estás bien? ¿Qué pasó?

Él no le explico, sólo le respondió en un susurró:

–Necesitamos hablar con mamá y papá. Ve por tu espejo.