¿En verdad debo repetirlo de nuevo? JKR, WS, yo no.


Capítulo 67

Harry se tranquilizó después de una buena noche, pero aún se perdió en sus pensamientos por la mayor parte de la semana. Hermione comenzó a preocuparse de que estaba melancólico, pero en su mente, estaba pensando las cosas con mucho cuidado. Si su crianza muggle le había enseñado algo, era que tenía que tener mucho cuidado al interpretar las profecías y considerar todas las alternativas posibles. Pensó en cada palabra en su mente una y otra vez, buscando por metáforas, significados dobles, o algún escape.

Le tomó varios días encontrar el escape obvio en el sujeto de la profecía, y eso pareció perturbarlo de nuevo.

–Hermione –alcanzó a su hermana más tarde ese día–. Necesitamos hablar.

Unos minutos después, resguardados en la privacidad de un aula vacía en uno de los pisos superiores, Harry dijo lo que tenía en mente.

–Creo que deberíamos decirle a Neville de la profecía.

–¡Harry! ¡No puedes! –dijo ella–. Escuchaste lo que dijo el profesor Dumbledore. Neville no...

–No sabe Oclumancia, lo sé –terminó él por ella–. Pero creo que deberíamos pedirle que aprenda.

–Pero… ¿pero por qué? ¿Por qué pedirle que se preocupe por eso?

–He estado pensando bastante sobre la profecía. Hay muchas maneras diferentes de interpretar partes de ella, y me di cuenta de algo hoy: Aún puede que no sea el sujeto de la profecía. –Hermione palideció.

–¿No eres el sujeto? Pero… pero no puedes decir que sea Neville –dijo ella con temor–. ¿Y lo de "lo marcará como su igual"? Neville no está marcado de ese modo. –Harry sacudió la cabeza.

–Hermione, sabes que no es tan simple. ¿Recuerdas Macbeth? Si se cree en una profecía a ciegas, puede terminar mal. Estoy marcado por Voldemort ahora, pero no hay nada que impida que marque a Neville en el futuro, y entonces él también cumpliría con los requisitos.

Todo tuvo sentido en su mente, y una expresión horrorizada atravesó su rostro.

–¿Y qué de todo lo demás? –dijo ella–. ¿Y qué de que tu varita comparta núcleo con la de él, o la protección de tu madre que impide que te toque?

–Lo sé. Sé que me queda mejor, pero no podemos ignorarlo. Técnicamente, ni siquiera sabemos que Voldemort es el "Señor Oscuro" en la profecía, pero creo que podemos asumir con seguridad que por lo menos es relevante para el tiempo y lugar en el que fue dada. Si Neville es un… un repuesto, quiero que esté listo.

–No hables de ese modo, Harry...

–No podemos ignorarlo, Hermione. Esto es guerra. No me agrada la idea de… de que Neville tenga… que tomar mi lugar tampoco, pero no podemos ignorarlo si queremos ganar.

–Oh, Harry. –Se lanzó a él y lo abrazó con ojos llorosos.

–Todo estará bien, Mione –susurró, dándole unos golpecitos en la espalda–. Lo que sea que pase, estamos en esto juntos.


Lord Harry James Potter, Cabeza de la Noble Casa de los Potter, a Maxwell Barnett, Mago Real de la Corte de Su Majestad la Reina Isabel II.

Querido Sr. Barnett:

Quiero agradecerle de nuevo por enseñarnos Oclumancia a mí y a mi familia. El profesor Dumbledore ha determinado que nuestra Oclumancia es lo suficiente buena para proteger los secretos que necesita compartir con nosotros, y apreciamos la calidad de su enseñanza.

Ahora, ha llegado a mi atención que otro de mis amigos necesita aprender Oclumancia. Este es Neville Longbottom, heredero de la Noble y Antigua Casa de los Longbottom, también un estudiante de tercer año. El Sr. Longbottom ha demostrado competencia para la magia y diligencia en sus estudios, y creo que tiene la disciplina mental para aprender el arte.

Por lo tanto, le pido que se reúna con nosotros durante nuestra próxima visita a Hogsmeade en Halloween para evaluar al Sr. Longbottom y comenzar a enseñarle. Si acepta, coordinaré un almuerzo privado en las Tres Escobas para este propósito, y será recompensado con el mismo pago que recibió por enseñarnos a mí y a mi familia. Si el Sr. Longbottom resulta dispuesto para el entrenamiento, quisiera organizar reuniones para él durante las siguientes visitas a Hogsmeade y durante las vacaciones. Muchas gracias por su consideración.

Sinceramente,

Lord Harry James Potter


El trabajo actual de Lucius Malfoy era muy sensible para una carta… no la cruzada infantil de su hijo en contra de la bestia de Hagrid; tenía trabajo más importante… así que organizó una reunión en persona en un lugar familiar en el callejón Knockturn que había utilizado año y medio antes.

–Buenas noches, Sr. Malfoy –dijo una voz exageradamente dulce

–Buenas noches, señorita Skeeter –respondió Malfoy. Rita Skeeter lo miraba de una manera hambrienta y predatoria comparada con la última vez que se habían reunido ahí. Olía sangre en el agua. El dirigir su atención a algún otro lugar era una jugada de gran importancia.

–Escuché que ha pasado momentos difíciles últimamente, Sr. Malfoy –dijo Skeeter–. Despedido del Consejo de Hogwarts y en conflicto con el Ministerio, de acuerdo a algunos. ¿Le gustaría comentar al respecto?

–No tengo nada que decir sobre eso que no haya sido dicho ya públicamente –respondió con cautela–. Le pedí que viniera porque tengo una propuesta de negocios para usted.

–¿Una propuesta de negocios? –dijo ella con interés.

–Sí. Me agradó ver sus esfuerzos para investigar a Harry Potter el año pasado, y creo que sus talentos únicos podrían ser útiles de nuevo. –Skeeter elevó una ceja.

–¿Qué tiene en mente?

–Desde que la Ley de Protección de los Hombres Lobo fue introducida en el Wizengamot, Potter ha demostrado un apoyo inusual por los hombres lobo, a pesar de los ataques recientes por parte de Greyback. Mi hijo habló recientemente con él sobre el tema, y Potter citó la postura general de su familia muggle en contra de los prejuicios como explicación. Sin embargo, sus acciones son sospechosas. Me gustaría que realizara una investigación cuidadosa a los contactos de Potter para buscar alguna conexión a los hombres lobo.

Skeeter abrió los ojos con sorpresa, y después retomó su mirada predatoria.

–Oh, si Potter tiene conexiones con los hombre lobo, eso daría mucho de que hablar a sus seguidores, quizás suficiente para tirarlo de su pedestal.

–Si tan sólo –dijo Malfoy con frialdad–. Ha puesto el cuello con sus… ideas poco ortodoxas sobre la pureza de la sangre en esas cartas al Quisquilloso. –Skeeter se mofó de esa basura–. Tonterías básicas –continuó–, y aun así, hay un número de personas que escucharán lo que sea escrito por el famoso Niño Que Vivió.

–La adulación de héroes es poco saludable –dijo ella en acuerdo mientras comenzaba a tomar notas de sus comentarios–. Algo se tiene que hacer.

–Estoy de acuerdo.

Era un asunto peligroso, pensó él. Rita Skeeter le recordaba a un escorpión: peligroso de manejar porque estaba en su naturaleza el picar a quien se acercara mientras obtuviera una historia, pero era útil si podía apuntarla en la dirección correcta.

–¿Y qué tan extensa está buscando que sea esta investigación? –dijo ella.

–Estoy preparado para cubrir sus gastos hasta la primera semana de noviembre, tiempo suficiente para cubrir las próximas dos lunas llenas… al mismo costo de siempre. Puede mandar a imprenta lo que crea necesario. Sin embargo, espero un reporte completo al finalizar el periodo sin importar si lo hace.

–Muy bien, Sr. Malfoy, eso suena como una oferta muy generosa.


Hermione escribió los nombres en una lista mientras ella y Harry estaban sentados en la sala común y Harry observaba a Crookshanks con cautela. El gato de Hermione parecía estar persiguiendo algo que Harry no podía ver en ese momento.

–¿Qué tal Mandy Brocklehurst? –preguntó Hermione.

–¿Eh? Oh, ¿Mandy? –dijo Harry–. Pues, podemos intentarlo, pero lo dudo. Su familia son un montón de tradicionalistas. Se preocupan por la relación cercana que teníamos en el pasado con los muggles, pero no tenemos una historia similar con los hombres lobo.

Crookshanks se lanzó y aparentemente atrapó a su víctima. Caminó de regreso a la mesa, luciendo satisfecho consigo mismo, y Harry vio que estaba comiendo una araña muy grande.

-Uj. ¿Una araña, Crookshanks? ¿En serio? –dijo Harry.

Crookshanks le maulló.

–Sí, sé que son una gran fuente de proteína, pero no faltan vertebrados aquí.

Miau. Rrr-rii-au.

–¿Los humanos son delicados? –dijo Harry indignado–. Dice el gato que se rehúsa a comer anchoas.

Sss-rau-uu.

–¿Muy salado? Pero son pescados...

Ejem –se aclaró la garganta Hermione–. ¿Ya terminaron?

Tenías que comprar al gato respondón, ¿no, Mione?

–¿Qué más podía hacer si mi estándar eras tú?

Purrrrr, Crookshanks se rio de Harry. Él lanzó una mirada molesta a su rival felino.

–Pero bueno, necesitamos continuar trabajando en nuestra lista… –dijo Hermione.

–Cierto, cierto. Estoy contigo.

Con un nuevo problema político encima de ellos ese año, los hermanos estaban haciendo el esfuerzo de reestablecer su red con los hijos de los otros miembros del Wizengamot, la cual había sido ignorada durante el año anterior. Desafortunadamente, en lugar de poder ser potencialmente convencidos por idealismo como fue el caso con la Ley de Defensa de los Muggles, los chicos estaban tan asustados como sus padres con Greyback suelto, y la mayoría no sentían gran simpatía hacia los hombres lobo.

–Sabes que tendremos que hablar con los Greengrass –insistió Hermione.

–Sí, lo haremos, pero dudo que logremos algo con ellos –respondió Harry–. Sabes que ese grupo no hace nada para agitar el bote. Si no podemos encontrar un ángulo que beneficie claramente a los magos de Gran Bretaña o a ellos, no lograremos nada. Lo mismo con Zacharias Smith, con el extra de que no le agrado.

–No creo que no le agrades, Harry. Él es...

–¿Un tonto engreído que cree que es mejor que todos porque es descendiente de los fundadores?

–No lo hubiera dicho exactamente así.

–Pero bueno, creo que podemos hablar con Neville sin muchos problemas, y no debería ser difícil conseguir que Arthur Weasley haga maniobras detrás de escena en nuestro favor, y ya que Dumbledore puso a Penelope Clearwater como representante juvenil, debería de estar de nuestro lado, aunque nuestro verdadero problema es esa Umbridge intentando convencer a las personas de que la Ley de Protección de los Hombres Lobo en verdad los hará estar a salvo.

–No veo que es seguro sobre hacer que los hombres lobo se vuelvan más desesperados –dijo Hermione.

–Exacto. Yo tampoco, pero mamá y papá siempre han dicho que las personas no piensan de manera lógica en la política –respondió Harry–. A menos que encontremos una alternativa que en verdad sea más segura...

–Pero por supuesto, ¡eso es, Harry!

–¿Disculpa?

–Necesitamos una propuesta alterna. Una que en verdad proteja a las personas de los hombres lobo e idealmente les de unos cuantos derechos más.

–Pero apenas y sabemos algo sobre eso… pero claro, necesitamos hablar con Susan.

La sobrina de la Jefa del Departamento de la Aplicación de la Ley Mágica no fue difícil de encontrar. Los dos adolescentes la encontraron esa tarde dando un paseo en los terrenos con su amiga, Hannah Abbott.

–Hola, Susan, Hannah, ¿les molesta si las acompañamos? –dijo Harry.

Hannah dio un salto y soltó un grito suave cuando vio quien le estaba hablando, pero Susan ya no se exaltaba alrededor de Harry.

–Para nada, Harry, Hermione. Adelante –dijo la joven pelirroja–. ¿Querían discutir algo? –dijo con astucia.

–Bueno, sí… –dijo Harry algo incómodo.

–Oh, los juegos políticos nunca paran –dijo Hermione–. La verdad es que estamos bastante preocupados sobre esa Ley de Protección de los Hombres Lobo que Amos Diggory presentó durante el verano. –Susan mostró una sonrisa algo torcida.

–Pensé que sería algo así –dijo.

–Puedo irme si lo prefieres, Susie –susurró Hannah.

–Está bien –dijo Harry rápidamente–. No es un secreto.

–Mi tía no quiere involucrarse en el lado político más de lo que sea necesario, Harry –dijo Susan–. Está más preocupada por realizar su trabajo en el departamento.

–Pero eso está relacionado con esto –notó Hermione–. Queríamos saber si podrías compartir las ideas de tu tía sobre esto.

–Pues… –dijo nerviosa–, como dije, está tratando de dejar la política de lado, pero… bueno, está preocupada por la ejecución. Dice que algunas de las provisiones son tan estrictas que tendrán dificultad logrando que todos las sigan. Y claro, no es como si todos los hombres lobos están registrados.

–Es lo que nosotros pensamos –dijo Hermione–. Y también están las reacciones a la propuesta.

–¿Disculpa?

–Pues, la manera en la que está escrita, sería casi imposible para los hombres lobos el obtener trabajos de manera legal. Y si no pueden hacer eso, ¿qué harán? Romperán la ley, caerán en el crimen, o vivirán en el bosque y empeorarán… se volverán más animales, más radicales. ¿No hay preocupación ya de que reglas tan estrictas es lo que está llevando a tantos al lado de Greyback?

Hannah palideció y dejó salir un suave grito, y Susan lucía bastante nerviosa.

–Oh, Merlín, espero que no –dijo–. Greyback ya es aterrorizante.

–Podría pasar –dijo Harry con solemnidad–. Ha ocurrido en ocasiones en el mundo muggle… con otros problemas. Es por lo que estamos preocupados tanto por los problemas políticos como por los de la seguridad del público en la ley, y no nos agrada ninguno.

–¿Cuál es el problema político? –habló Hannah–. Quiero decir, ¿cuál es el problema de mantener más vigilados a esas cosas? –Harry suspiró.

–Susan, Hannah, ¿recuerdan lo mucho que luché para que pasara la Ley de Defensa de los Muggles? –Susan asintió. Hannah tuvo que pensarlo por un momento, pero también lo recordaba–. No lo hice porque fui criado por muggles… –dijo él–. O quizás sí, pero es complicado. No lo hice sólo por ellos. Lo hice porque era lo correcto. No es justo que los muggles sean tratados peor que los magos porque no tienen magia… por algo que no pueden controlar.

–¿Pero qué tiene que ver eso con los hombres lobo? –dijo Hannah.

–Porque, Hannah, es el mismo principio –dijo Harry con algo de aspereza en su voz–. Los hombres lobo tienen el mismo problema. Son discriminados por algo que no pueden controlar… porque sufren de una enfermedad peligrosa. Son tratados como parias porque la gente les teme, incluso cuando no son realmente peligrosos la mayor parte del tiempo. Sí, hay un riesgo al público, pero expulsarlos de la sociedad civilizada no es la respuesta. –Hannah lucía propiamente castigada, y Susan estaba mostrando su sorpresa desenmascarada.

–Vaya, Harry, no sabía que tenías una opinión tan fuerte sobre el tema. Quiero decir, eh, no es algo que quieras decir a todos.

–Desafortunadamente –murmuró Harry.

–Harry acaba de describir uno de los peores momentos en la historia muggle –explicó Hermione–. Con poblaciones muggles más grandes, ese tipo de cosas ha ocurrido muchas veces para contarlas. Las personas más civilizadas de dónde venimos tratan de evitar ese tipo de prejuicios.

–Miren, no estamos tratando de cambiar la sociedad –continuó Harry–. Queremos que los hombres lobo tengan más derechos cuando en forma humana, y también queremos que el mundo esté más seguro de monstruos reales como Fenrir Greyback. Y pensábamos que la mejor manera de hacer eso no es luchar contra esa propuesta, sino proponer una ley alterna que trabaje por ambas metas. Esperábamos que quizás tu tía tuviera algunas ideas sobre cómo mantener a las personas a salvo. Respetamos el trabajo que está haciendo en su departamento, y nos preguntábamos si estaría dispuesta a trabajar con algunos de mis aliados en preparar una ley como esa. –Susan lo observó, aún más sorprendida.

–Yo… no lo sé, Harry –dijo–. A mi tía no le gusta involucrarse en la legislatura. Pero… pero le escribiré y… le contaré tus preocupaciones, y le preguntaré si estaría interesada. –Harry sonrió.

–Muchas gracias, Susan. Si estaría dispuesta a ayudar a escribirla, eso le daría un gran apoyo.

–Claro, no hay problema, Harry.


Lumos.

¡FLASH! ¡CRACK!

Lumos.

¡FLASH! ¡CRACK!

¡Lumos!

¡BANG!

¡AHHH!

Una luz cegadora iluminó el gran comedor en medio del almuerzo, y la mayoría de los presentes se detuvieron y fijaron sus miradas. Nathan Boot y Annabel Entwhistle estaban enfrentándose en medio del comedor, intentando que sus varitas funcionaran de manera correcta.

–Creo que deberíamos hacer algo, Harry –dijo Hermione.

–Sí, probablemente –respondió él. Se pusieron de pie y caminaron para interceptar a los dos niños de primer año.

–Oigan, ya, ya, tranquilos –dijo Harry, sosteniendo a Annabel para que no intentara el encantamiento de nuevo. Hermione hizo lo mismo con Nathan para evitar que agitara su varita–. El aprender encantamientos es algo diferente cuando ya saben magia sin varita –explicó Harry–. ¿Han hablado con el profesor Flitwick sobre esto?

–Sólo un poco –dijo Annabel.

–Pues quizás deberían hablar más. Nos ayudó a Hermione y a mí a aprender encantamientos bien.

–Es más fácil empujar magia a través de una varita –dijo Hermione–. Si usan mucho poder en hechizos sencillos como este, su varita básicamente entra en corto circuito. Necesitan enfocarse en solo usar un toque ligero. No se necesita de mucho poder para un Lumos.

–¿Pero cómo? –dijo Nathan–. Yo sólo me enseñé a hacerlo de un modo. No entiendo cómo debe de ser diferente.

–No es tan difícil una vez que sabes cómo debe sentirse –dijo Harry–. ¿Han trabajado en sentir las diferentes energías mágicas, cierto?

–Ajá –dijeron los dos de primer año.

–Bien. Sólo necesitan sentir lo que pasa cuando usan menores cantidades de poder. Eh… lo tengo. ¿Han intentado prender y apagar velas?

–Sí.

–Bien. Lacarnum Inflamari –susurró Harry y una bola de fuego azul apareció en su mano. Nathan y Annabel retrocedieron y varios de sus compañeros observaron con asombro–. Toma, Annabel, estira tu mano.

–¿¡Qué!? –Ella alejó la mano más.

–Es completamente seguro, te lo prometo –dijo Harry, pasando la llama fría de una mano a otra. Con eso, Annabel estiró su mano nerviosa y Harry colocó el fuego con gentileza sobre su palma. Se arremangó para poder sentir la magia fluyendo por su brazo. Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras la pequeña sentía las llamas como agua caliente lamiendo sus dedos.

–Ahora, intenta que las llamas se apaguen lentamente –le dijo. Hermione comprendió al instante y conjuró una llama azul para que Nathan lo intentara–. Es más grande que una vela, así que debería ser más fácil.

La niña asintió, y Harry sintió un pulso descontrolado en su brazo. La llama casi se apagó al instante.

–¡Espera! ¡Tranquila! ¡Tranquila! –dijo.

–Más y más lento –dijo Hermione a Nathan mientras él intentaba lo mismo.

–No se necesita de mucho –dijo Harry–. Como levantar una pluma.

Annabel calmó su magia, obligándose a que se volviera un cosquilleo lento aunque inestable. La llama comenzó a reducirse en tamaño.

–Listo, sí, ¿lo sientes?

–Eso creo –dijo ella mientras la llama se apagaba lentamente–. Es muy fácil de perder.

–No, eso es bueno. Sólo necesitas practicar. Ahora, intenta mantener esa sensación, toma tu varita, y realiza el hechizo de nuevo.

Annabel tomó su varita y cerró los ojos, intentando mantener su magia fluyendo de manera uniforme. Finalmente, la sacudió:

Lumos. –Escuchó el grito celebratorio de Harry, seguido de una ronda de aplausos. Abrió los ojos y vio a su varita prendida, titilando, pero muy breve. Sonrió ante su éxito y observó como Nathan lo lograba un minuto después.

–¡Vaya!

–¡Genial!

–¡No puedo creerlo!

–¿Cómo lo hizo?

–¡Harry, eso fue increíble! ¿Puedes enseñarme por favor? ¿Por favor? –dijo Romilda Vane.

La mitad de la escuela miraba a Harry con asombro, y también un poco a Hermione, pero muchos aún creían la leyenda y asumían que Harry le había enseñado. La mayoría de ellos nunca había visto a un mago razonar las cosas de ese modo, simplemente observando y tocando, y si lo habían hecho, había sido Dumbledore. Incluso con Nathan y Annabel mostrando su propia magia sin varita, Harry no se dio cuenta hasta después del suceso la aparente muestra de poder de su parte que eso fue.

De repente, fueron interceptados por un pequeño mago de cabello blanco.

–Excelente trabajo señorita Entwhistle y Sr. Boot –dijo el profesor Flitwick–. Diez puntos para cada uno. Y excelente enseñanza, Sr. Potter y señorita Granger. Parecen tener el talento. Esperaba que pudieran ayudar a nuestros nuevos practicantes de magia sin varita. Veinte puntos para Gryffindor.

Bueno, definitivamente era útil para eso.


Queridos Harry y Hermione:

Aún estamos buscando un nuevo par de espejos de comunicación, pero hasta entonces, estas cartas tendrán que ser suficientes. Por lo menos ya pueden hablar con sus padres.

No se preocupen por la reunión del Wizengamot del próximo sábado. Andi y yo podemos manejarlo. Sé que las cosas no se ven bien; no tenemos mucho apoyo de nuestro lado, pero su idea de una propuesta en respuesta es buena. Andi y yo hablamos con Amelia Bones esta semana. No nos va a ayudar a escribir la propuesta como tal, pero sí nos dio alguna buenas ideas, como proveer zonas seguras para que los hombres lobo transformados puedan correr libres bajo la luna llena e incentivos para que las usen, y apoyo para que tengan acceso a la poción matalobos, y más.

Vamos a necesitar más tiempo para poder armar la propuesta, pero Andi y yo podemos posponer cualquier acción por lo menos un mes, incluso si alguien intenta actuar ahora. Estamos planeando introducir nuestra propuesta el próximo mes. ¡Ganaremos!

Remus dice hola. Aún no hemos logrado convencerlo de que salga con alguien.

Como si tú eres mejor con Vicky, Sirius –R.

Por lo menos yo admito que me gusta. Es sólo que he estado fuera del juego por mucho tiempo que (lo siguiente había sido tachado).

¿En verdad vas a usar esa excusa? Tu ser de dieciséis años quiere golpearte en este momento –R.

Pero bueno, aún estamos trabajando en él. Felicidades a ambos por estar en el equipo de quidditch. Estamos muy orgullosos. Y buen trabajo ayudando a esos niños de primer año. Harry, definitivamente heredaste la habilidad para los encantamientos de tu madre, y todos sabemos lo brillante que tú eres, Hermione.

Y finalmente, Harry, no te preocupes por esa profecía. Sabemos lo que dice, pero aún no es tu responsabilidad. Y si, Merlín lo prohíba, terminas enfrentándote a Voldemort, vas a tener a muchas personas apoyándote. Por ahora, pon atención a tus estudios, búscate una novia, y disfruta tu vida.

Con amor,

Sirius (y Remus)


Dumbledore lo llamó a otra reunión el domingo por la noche, y esta vez, Harry no fue solo.

–Veo que decidiste acompañarnos, Hermione –dijo el director.

–No dejaré que mi hermano haga esto solo, profesor –dijo ella. Él sonrió con gentileza.

–Admiro tu lealtad. Eres bienvenida, por supuesto.

–¿Cómo estuvo la reunión del Wizengamot ayer, profesor? –preguntó Harry.

–Como era de esperarse, decisiones importantes fueron pospuestas. No hay mucho de qué preocuparse hasta el próximo mes. Y en lo que respecta a nosotros, tenemos mucho que discutir –dijo Dumbledore. Sacó su pensador del gabinete y Hermione exhaló con admiración y se acercó.

–Por Dios, no pensé que algún día vería uno de cerca –exclamó–. Las runas son hermosas. Podría pasar todo el año estudiándolo. –Dumbledore sonrió.

–Estoy seguro que sí. Desafortunadamente, tenemos menos tiempo esta noche. Tengo varios recuerdos que mostrarles sobre el pasado de Voldemort. Debo advertirles que no se todo sobre el temo. Mucho de lo que verán en estas sesiones es especulación y adivinación. Sin embargo, creo que es esencial para comprender a Voldemort, y a través de eso, comprender como derrotarlo.

Hermione y Harry se miraron y asintieron, reforzando en silencio lo que ya habían decidido: cuestionar lo que decía Dumbledore hasta ser confirmado. Después de los últimos dos años, estaban más que conscientes de que podía cometer errores.

–Muy bien. Hay poca urgencia al momento, pero tengo la intención de mostrarles todo lo que tengo antes de Navidad. A partir de ahí tendremos, como dicen, improvisaremos. El primer recuerdo que tengo para mostrarles lo obtuve de un hombre muy anciano de nombre Bob Ogden quien, en ese entonces, era el Jefe de la Patrulla de Aplicación de la Ley Mágica. Fui muy afortunado al poder encontrarlo, o a cualquier persona con vida que tuvo contacto con los sujetos de este recuerdo, y dudo que viva mucho tiempo más. –Abrió un frasco y derramó los contenidos sobre el pensador–. Iremos dentro del recuerdo esta vez. Hay muchos detalles importantes que no se ven en la proyección. Sólo necesitan tocar la superficie del agua. Cuando estén listos...

Hermione y Harry sacudieron los hombros y tocaron la superficie con sus dedos. Sintieron algo extraño, como si fueran succionados dentro de la vasija, seguido de una sensación de dar vueltas, como si estuvieran viajando por la red Flu, y entonces aterrizaron en lo que parecía un camino rural a un lado de un seto mal cuidado.

–Increíble –exhaló Hermione–. Parece tan real. –Se dio la vuelta y vio a un hombre bajo y regordete con lentes–. ¿Él es Ogden?

–Así es –dijo Dumbledore.

Hermione gritó con sorpresa cuando la imagen de Bob Ogden caminó y la atravesó, pero pronto continuó con su interrogación.

–¿Cómo podemos ver lo que está detrás de él?

–Magia –dijo Dumbledore con una sonrisa.

Para la sorpresa de Harry, Hermione lo miró con molestia.

–O más bien, podemos ver cualquier cosa que Ogden vio en cualquier momento de su recuerdo –aclaró–, incluso aquello que no recuerda de manera consciente. Es muy difícil que una mente humana pierda algo de sus recuerdos.

Sintieron un jalón de algún lado y fueron obligados a seguir a Ogden en el recuerdo mientras caminaba a una zona boscosa. Fue entonces que Hermione notó el atuendo antiguo del hombre.

–¿Cuándo tomó lugar esto?

–1925 –respondió Dumbledore.

–¿1925? –dijo Harry–. ¿Voldemort ya existía entonces?

–Aún no.

–¿Entonces…?

–Paciencia, mi niño, y observa con cuidado.

Continuaron observando como Bob Ogden se acercó a lo que parecía ser una cabaña abandonada que resultó no estarlo.

–¡Profesor! –dijo Harry con entusiasmo–. Esa cabaña… Sirius la describió para nosotros. Es la cabaña que visitaron este verano, ¿no es así?

–Buen ojo, Harry; lo es, pero más de eso después. Son los ocupantes a quienes quiero que veas.

En ese momento, un hombre feo vestido en harapos bajó de un árbol se enfrentó a Ogden.

No eres bienvenido –siseó.

–¡Eso fue parsel! –chilló Hermione.

–Correcto, Hermione. Lo escucharás bastante.

El hombre resultó llamarse Morfin Gaunt, y a él y su padre obviamente no les agradaban los muggles, o nadie más, de hecho. La siguiente vez que alguien habló parsel, Hermione habló:

–Eso fue muy rápido para mí. ¿Qué dijo?

–"Entra a la casa. No discutas" –respondió Harry.

Los Gaunt vivían en miseria absoluta… una cabaña de tres cuartos que ni siquiera parecían intentar limpiar. Morfin cantaba canciones escalofriantes en parsel a su víbora mascota, y su hermana, Merope, intentaba cocinar la cena mientras sufría el abuso de sus parientes por su mala habilidad para la magia. Harry sintió lástima por ella. Su familia parecía muy similar al tío Vernon y Dudley cuando era más joven.

Pronto aprendieron que Morfin estaba en problemas por hechizar a unos muggles, pero parecía orgulloso de haberlo hecho. De manera similar, a pesar de su mal estado, el anciano Gaunt estaba ferozmente orgulloso de su herencia sangre pura (y era obvio que su sangre era la más pura en el país si se le observaba, la endogamia era clara), y presumió dos ordinarias pero antiguas piezas de joyería que probablemente valían más cada una que la cabaña con todo dentro, incluyendo a las personas: un guardapelo de oro con una S que aparentemente había pertenecido a Salazar Slytherin, y un anillo con una enorme piedra negra que había pertenecido a los Peverell.

Y entonces, la verdad salió: Morfin había hechizado a un aristócrata local llamado Tom porque Merope estaba enamorada de él. Eventualmente vieron el rostro del hombre al final del recuerdo, y Harry soltó una exclamación de horror cuando lo vio.

–¡Es él! –dijo–. ¡Es igual a Ryddle!

–Sí, Harry –dijo Dumbledore mientras regresaban a su oficina–. Tom Ryddle Senior… el padre de Voldemort.

–¿Y la mujer? –preguntó Hermione, sintiéndose algo enferma–. ¿Su madre?

–Correcto. Merope Gaunt, la hija de Sorvolo Gaunt y madre de Tom Sorvolo Ryddle.

–Pues, es obvio de dónde sacó su buen aspecto Voldemort –murmuró Harry. Hermione lo miró con confusión–. El Ryddle de dieciséis años en la cámara también era apuesto –explicó–. Pero Sorvolo parecía un mono, y Morfin y Merope parecían un par de lagartijas. –Hermione asintió con comprensión.

–Como Carlos II de España –dijo ella–. Parecía como si no se hubieran casado con nadie más lejano que un primo cercano en los últimos doscientos años. Me sorprende que Voldemort no terminó con terrible salud... de hecho, es bastante sorprendente que Voldemort naciera. Merope fácilmente podría haber sido infértil.

–Hubiéramos evitado grandes dificultades si ese hubiera sido el caso –dijo Dumbledore–. Pero este es un caso extremo de la profundidad a la que una antigua familia sangre pura puede caer. Las personas que vieron ahí eran, de hecho, lo últimos patéticos sobrevivientes de la Noble y Antigua Casa de los Gaunt. En el siglo XI, eran más ricos y poderosos que los Malfoy, y grandes aliados de las Casas de los Slytherin y Peverell.

–¿Más ricos que los Malfoy? –dijo Harry–. ¿Qué pasó?

–Para empezar, despilfarraron su fortuna durante los siglos. Al tener menos y menos a su nombre además del estado de sangre pura, comenzaron a proteger su pureza más y más celosamente. La endogamia en la familia se volvió más prevalente, se volvieron más incompetentes, y aceleraron su caída. Renunciaron al Wizengamot en 1811 en protesta cuando el Ministerio se rehusó a clasificar a los muggles como bestias, y dejaron de atender Hogwarts alrededor de ese tiempo, llevándolos a perder control de su magia. Para 1925, el resultado es lo que vieron.

Dumbledore entonces explicó que no podía relatar las acciones de Merope Gaunt después de ese día. Sin embargo, Sorvolo y Morfin fueron arrestados, y parecía que, liberada de su abuso, procedió a atrapar a Tom Ryddle con una poción de amor. Cuando se embarazó evidentemente dejó de dársela porque él la dejó al instante. Lo que ocurrió después fue dejado para otro momento.

Harry y Hermione estaban escépticos de que todo esto era en verdad relevante para derrotar a Voldemort, pero decidieron dar a Dumbledore el beneficio de la duda… por el momento. Estaban a punto de irse cuando Harry se detuvo y recordó el cuaderno que había llevado con él.

–Oh, profesor, casi lo olvido. Tengo algo que mostrarle. –Dumbledore elevó sus gruesas cejas.

–¿Ah sí, Harry?

–Sí, yo, eh, escribí un libro… sobre nuestras aventuras en nuestro primer año… el desastre con Quirrell y eso.

–¿Un libro Harry? Esa es una sorpresa agradable. He conocido muy pocos escritores de tu edad en mi vida.

–Bueno, Remus me ayudó, señor. Dijo que debería mostrárselo, y quizás usted podría editarlo para que pudiera publicarlo. Creo que me gustaría publicarlo. Sería bueno aclarar muchas de las cosas que piensa el público.

–Harry, mi niño, si encontraste una manera de en verdad "aclarar las cosas", serás un hombre más sabio que yo –dijo Dumbledore con una sonrisa–, pero estaré muy feliz de examinar tu libro y ver si puedo ordenarlo de manera que sea seguro publicarlo.

–Eso sería genial. Gracias, profesor.

Dumbledore tenía una sonrisa triste mientras Harry se iba. Había sido animado por las habilidades que Harry había demostrado en varias áreas de la magia, pero la escritura no era algo que hubiera esperado. Pero quizás resultaría útil algún día.