Es lo desconocido lo que tememos cuando vemos a JK Rowling, White Squirrel, y Harry Potter, nada más.
Capítulo 69
–Sí, estamos de acuerdo con que los hombres lobo, o por lo menos Fenrir Greyback en particular, son una amenaza seria –se dirigió Sirius Black al Wizengamot el treinta de octubre, apropiadamente, el día de la luna llena–. Aplaudo a Madame Bones por proveer seguridad adicional para esta reunión, y comparto las preocupaciones de muchos de mis colegas sobre los ataques devastadores cada luna llena. Sin embargo, también me preocupa que el colocar restricciones más severas en los hombres lobo a ciegas simplemente los llevará a ocultarse y que sean más difíciles de rastrear. Lo que este país necesita es regulación más inteligente que esté enfocada en reducir el riesgo de ataques en noches como esta. Con esa intención, deseo presentar para la consideración del Wizengamot la Ley de Regulación y Control de la Licantropía como una alternativa a la propuesta actual.
Se escucharon aplausos dispersos, pero la mayoría permanecieron serios. La mayoría de los magos en Gran Bretaña sólo estaban interesados en que sus familias estuvieran a salvo, sin importar como. Unos cuantos claramente confiaban en la propuesta del Ministerio más que en la de Sirius, o al contrario, y hubo varios comentarios mientras Sirius explicaba las provisiones de su ley en oposición a la otra, lo cual ganó a varios conversos, pero sería una batalla difícil.
Una historia probablemente más interesante que la acción de Sirius fue lo que no pasó: con una reunión del Wizengamot agendada horas antes de la luna llena, todos esperaban un ataque en las inmediaciones esa noche, quizás en contra de los que permanecieran tarde en el Ministerio. Pero ningún ataque ocurrió. Sin embargo, sólo unas cuantas personas fueron lo suficiente ilusas para pensar que todo había acabado.
Incluso a pesar de ser la noche después de la luna llena, el entusiasmo era profundo en Hogwarts la mañana de Halloween. Los estudiantes de primer y segundo año se despertaron al aroma de pasteles de calabaza por los pasillos, y los estudiantes mayores estaban emocionados por el retrasado primer fin de semana en Hogsmeade del año.
Incluso Harry y Hermione, para quienes Halloween era una ocasión solemne, estaban felices esa mañana. Tenían planeado un tour: Honeydukes, Zonko, la Casa de los Gritos, y más, además de ver si los rumores sobre que el hermano de Dumbledore era el dueño de la Cabeza de Puerco eran ciertos.
–Recuerda, Neville, almuerzo en las Tres Escobas –dijo Hermione mientras el carruaje jalado por thestrals iba en camino a la aldea–. Harry reservó un cuarto privado, así que sólo dile a Madame Rosmerta que estás con él.
–De acuerdo –dijo Neville–. Los veré para almorzar.
Harry y Hermione sólo habían visto Hogsmeade en su reunión con Sirius y Remus en las Tres Escobas hace dos años, y era agradable ver el lugar de nuevo. Todos los edificios lucían como casas sacadas de la época medieval, con techos y chimeneas altas, creando un ambiente pintoresco.
Algunos estudiantes se reunieron con sus padres en Hogsmeade. Después de todo, una quinta parte de las brujas y magos en Gran Bretaña vivían en la aldea, y los otros podían viajar ahí fácilmente. Pero para la mayoría, era una oportunidad para salir del castillo por unas horas e ir de compras, salir a una cita, o sólo disfrutar de la aldea por un día. Sin embargo, la atmósfera en la aldea era tensa esa mañana cuando el carruaje llegó a la estación, y el lugar estaba lleno de aurores.
–Disculpe, ¿qué ocurre? –preguntó Harry al auror más cercano cuando bajaron.
–¿No escucharon los aullidos anoche? –dijo–. Pensamos que Greyback estuvo aquí. No hubo señal de algún ataque, pero aún no sabemos que estaba planeando.
–Oh Dios mío –dijo Hermione–. No pensé que llegaría tan cerca.
–Va a donde quiere. Estamos intentando descubrir a donde fue desde aquí.
Los aurores definitivamente arruinaban el día, especialmente para Harry.
–Tengo un mal presentimiento sobre esto, Mione –dijo él.
–Te estás preocupando mucho –dijo Hermione–. La luna llena ya pasó. ¿Qué podría ocurrir? –Harry gruñó.
–¿Qué no es eso lo que siempre dicen antes de que algo malo pase?
–Esto no es una serie de televisión, Harry. Vamos, hay que intentar pasarla bien hoy.
–Lo que tú digas, hermanita.
A pesar de las preocupaciones de Harry, sí disfrutó la mañana. Era fascinante ver todos los tipos diferentes de dulces en Honeydukes, y ya que era Halloween, ambos comieron bastantes más de los que probablemente deberían haber comido. Zonko lucía peligroso, pero sí tenían unas cosas interesantes y útiles. Después de eso, su última parada esa mañana era la casa de los gritos. No muchos estaban en la casa de los gritos a esta hora en la mañana. De hecho, eran los únicos en ese momento, dejándoles espacio para hablar sobre la verdad del lugar.
–Y pensar que ni siquiera está embrujada –dijo Harry–. Sólo un estudiante gruñón y sus amigos. –Hermione se rio.
–¿Gruñón, Harry?
–¿Qué? Sí queda. Sólo me sorprende que nadie notó que solo parecía estar embrujada durante la luna llena.
–Bueno, eso es sencillo –respondió ella–. Dumbledore la encantó para hacer ruidos extraños en otros momentos del mes.
–Uh, debí pensarlo… No es tan impresionante cuando sabes la verdad.
–No, supongo que no. Aunque es parte de tu legado.
–Sí, más o menos. –Ambos estaban a punto de irse cuando Harry se detuvo de golpe–. ¿Escuchaste algo?
Hermione colocó una mano cerca de su oído.
–No escucho nada –dijo.
–No, sé que escuché… Ahí está de nuevo.
–No creo haber escuchado algo.
Pero Harry no iba a ignorar su oído de nuevo, no después del año pasado.
–No, sé que escuché algo. Cúbreme.
–¡Harry! –lloró Hermione, pero no fue lo suficiente rápida. Harry se apresuró a esconderse detrás de un árbol, miró a su alrededor para asegurarse de que nadie los estaba viendo, y se transformó en un gato.
Como Raticida, el oído de Harry era mucho más nítido, y solo pasaron unos segundos antes de que escuchara el extraño lloriqueo de nuevo… lo que sonaba como el sollozo de un niño humano. Corrió pasando a Hermione hacia la fuente del sonido, dándole poca opción más que seguirlo.
Muchas de las casas cerca de la casa de los gritos estaban abandonadas ya que muchos magos no querían vivir en la misma calle que un edificio tan "embrujado". Fue de una de esas casas que emanaba el lloriqueo. Cuando se acercó, no había error: una niña pequeña estaba llorando por el dolor. No era un fantasma: podía olerla… unos cuantos años más joven que él, pensó. Olió sangre. Escuchó y olfateó en caso de que hubiera predadores cerca, pero no había ninguno. Había la esencia dejada por un animal muy grande y escalofriante, pero era de muchas horas atrás, y no había indicación además de que la niña estaba sola. Al examinar de nuevo, se escondió detrás de otro árbol y se transformó en humano antes de correr a la casa abandonada.
–¿Hola? –llamó–. ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?
–¡Ayuda! –lloró una voz aguda y en pánico–. ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme!
Harry dio vuelta a la esquina y vio una visión terrible: una niña de unos nueve o diez años de cabello cobrizo estaba en el suelo, aferrándose a su pierna y cubierta en sangre.
–¡Oh, rayos! ¡Hermione! –gritó Harry mientras se apresuraba al lado de la niña.
Con dentistas como padres, sin mencionar el riesgo de ataques de magos oscuros, Harry y Hermione sabían primeros auxilios, lo cual permitió a Harry analizar rápidamente la situación. La niña estaba intentando apretar su pantalón sobre su pierna, donde la mayor cantidad de sangre parecía concentrarse. Estaba pálida, sudando, y temblando donde se encontraba. Eso no era una buena señal. También tenía un rasguño largo en su brazo y dos rasguños largos y paralelos en su rostro que lucían extrañamente familiares.
–¿Harry…? ¡Dios mío! –dijo Hermione. Al instante, dio un paso atrás y lanzó chispas rojas al aire con su varita como una llamada de auxilio. Con suerte, un auror llegaría ahí pronto–. Pedí ayuda –dijo mientras también se apresuraba al lado de la niña–. ¿Qué le pasó?
–No lo sé –dijo Harry–. La encontré así. ¿Puedes decirme qué pasó? –preguntó a la niña.
Los ojos de la niña se abrieron ampliamente cuando él sacudió su frente.
–¿Ha...Ha...Harry P...Potter? –chilló ella.
–Sí, soy Harry Potter, pero necesito saber que ocurrió –dijo él impaciente.
–Fue un...un...un... Un lobo –dijo la niña.
El rostro de Harry se ensombreció, su miedo confirmado. Los lobos verdaderos habían estado extintos por mucho tiempo en Gran Bretaña muggle, y sólo había unos cuantos en las áreas mágicas. Pero para estar seguro, preguntó:
–¿Un lobo? ¿Era más grande de lo normal con hocico pequeño?
–Tal… tal vez –dijo ella–. Vi… vi sus ojos...
–¿Ojos? –dijo Harry.
–Los ojos –dijo ella temerosa–. Azules… y negros… azul dentro de negro.
Harry perdió el aliento. Incluso en forma de lobo, no había duda sobre esos ojos.
–Greyback.
La niña comenzó a llorar, y Harry y Hermione intercambiaron una mirada horrorizados. Harry sabía ahora donde había visto los rasguños en su rostro antes. Eran casi idénticos a las cicatrices paralelas en el rostro de Remus, casi como si fuera la firma del monstruo.
–Voy a revisar la herida –resolvió Hermione–. ¿Dónde están esos aurores?
–Cuidado –dijo Harry–, la sangre… incluso sin la luna...
–Está bien, no tengo que tocarla –dijo ella. El riesgo de contaminación por solo la sangre en lugar de una mordida era mínimo, pero era mejor estar seguros. Hermione removió con magia los pedazos de telas de la pierna de la niña, revelando una mordida profunda y peculiar.
–Oh, Dios –exclamó.
La niña comenzó a llorar y temblar con más fuerza.
–¡Ey! ¡Ey! –Harry se acercó y se sentó a su lado, colocando la cabeza de la niña sobre su pierna y tomando su mano buena–. Vas a estar bien. Vamos a ayudarte. ¿Cómo te llamas?
–Me duele –sollozó la niña.
–Sé que duele, pero vamos a ayudarte. Vamos, ¿cuál es tu nombre?
–D...Demelza… Demelza Robins.
–Encantado de conocerte, Demelza. No te preocupes, vas a estar bien.
–Harry –susurró Hermione–, necesitamos cerrar esta herida o va a desangrarse. –Harry palideció.
–¿Pero cómo? Es una herida maldita. Necesitamos plata y díctamo para cerrarla.
–Lo sé, lo sé. Déjame pensar… –Hermione se mordió el labio y caminó mientras pensaba–. ¡Una sutura! –dijo–. Necesito una aguja e hijo, y hay que asegurarse de que sean estériles.
–¿Aguja e hilo? ¿De dónde voy a sacar eso?
–Harry, ¿eres un mago o no?
–Oh, cierto. –Examinó el cuarto y vio una piedra del tamaño correcto en el suelo. La levitó sin varita y la hizo flotar cerca de sus manos. Chasqueando los dedos (de su mano izquierda para no activar la funda de su varita) y empujado su magia, se prendió en llamas, pero las llamas pronto pararon en cuando el polvo se quemó, dejándola esterilizada. Entonces, movió su mano, y se transformó en un carrete de hilo, el cual levitó hacia Hermione. Entonces, tomó un pedazo de madera expuesto del marco de la casa y repitió el proceso, asegurándose de que sólo estuviera chamuscada y no quemada hasta ser cenizas. Rápidamente la transformó en la aguja curva quirúrgica.
Demelza observó con asombro su muestra de magia sin varita.
–Tú has las puntadas –dijo a su hermana–. Eres mejor para trabajos detallados.
–Sí. Lo siento, Demelza; esto te va a doler.
Demelza gritó y se movió por el dolor mientras Hermione comenzaba a suturar su pierna.
–¡Sostenla! –gritó Hermione mientras se inclinaba sobre la pierna buena de la niña para mantenerla tiesa.
Harry apretó su mano con fuerza, y estiró la mano para sostener su pierna lastimada con magia.
–¡Demelza! –dijo–. Escúchame. Concéntrate en mí. –Ella levantó la mirada para verlo con ojos llorosos–. Estás haciéndolo muy bien Esto solo tomará unos minutos. Vamos, ¿cuántos años tienes?
–D...d...diez –dijo ella.
–Bien… –Harry comenzó a respirar con dificultad por el esfuerzo de sostenerla–. ¿Juegas quidditch? ¿Liga infantil?
Demelza asintió débilmente.
–¿Qué posición?
–Ca...Cazadora.
–Genial. Vamos a necesitar cazadoras en unos años. Si estás en Gryffindor, deberías hacer la prueba.
Para la sorpresa de Harry, su intento de distraerla falló. Demelza comenzó a sollozar sin control.
–¡Harry, haz algo! –dijo Hermione mientras continuaba intentando hacer las puntadas.
–¡Estoy intentándolo! –dijo él–. Demelza, ¿qué pasa? ¿Cuál es el problema?
–Yo… no… no puedo… –sollozó–. ¡No puedo ir a Hogwarts ahora!
Harry se aferró más a su mano e incrementó la presión en su pierna.
–¿De qué estás hablando? Claro que puedes –dijo.
–N...n...no… ellos nunca… nunca dejarán que yo… un lo… –-Su voz se perdió en un alarido.
–¡Sí, lo harán! ¡Sí lo harán, Demelza! ¡Escucha! ¡Escúchame! –Acercó su cabeza a su rostro y le habló en susurros–, ¿quieres saber un secreto? –Ella levantó la mirada para verlo en confusión–. Tengo un buen amigo que es un hombre lobo. –Ella soltó un grito ahogado ante las palabras–. Fue mordido cuando solo tenía cinco años. Fue a Hogwarts por siete años e incluso fue un prefecto. Y eso fue antes de que la poción matalobos fuera inventada. No tienes que aislarte solo porque es lo que Él quiere. Aún puedes tomar control de tu vida.
Demelza resopló un par de veces y comenzó a llorar de nuevo, pero entonces, sin advertencia, utilizó su fuerza restante para estirarse y rodear el cuello de Harry con sus brazos.
Harry se tensó ante el contacto, pero rápidamente se relajó y le dio unas palmadas suaves en la espalda.
–Todo va a estar bien –susurró–. Todo va a estar bien.
La recostó en el suelo con gentileza ya que parecía estar a punto de colapsarse. Entonces, casi automáticamente, sacó su varita con un chasqueo de sus dedos y limpió la sangre sobre él. Y era bueno que había sacado su varita porque en ese momento, un auror finalmente corrió dentro de la casa abandonada.
La aurora Lutetia Savage estaba respondiendo a una llamada de auxilio con chispas rojas cerca de la casa de los gritos, y aunque era posible que sólo fue un estudiante que se asustó por la casa, no iba a arriesgarse. Le tomó unos minutos revisar las casas abandonadas cercanas antes de escuchar voces y se apresuró dentro. Cuando entró a la casa, vio a una niña pequeña, cubierta de sangre, siendo sostenida a la fuerza por dos adolescentes, uno de los cuales parecía estar realizando puntadas en su pierna, y llegó a la perfectamente razonable conclusión de que estaban torturando a la niña.
–¡¿Qué demonios están haciendo?! –gritó Savage–. ¡Desmaius!
–¡Contego!
Su aturdidor explotó contra el sencillo encantamiento de bloqueo del niño y él recibió la mayor parte de este y cayó sobre su trasero, delirante. Ambas niñas gritaron. Savage estaba a punto de atacar de nuevo, pero la defensa del niño compró unos preciados segundos para que pudiera ver bien su rostro.
–¿Harry Potter? –dijo.
Pero la niña mayor ya estaba gritando.
–¡Oye! ¡No la estamos lastimando! ¡Estamos intentando salvar su vida! Hacen esto todo el tiempo en el mundo muggle.
–¿Qué…?
–Fue mordida por Greyback. ¡Necesita un sanador ya!
–Greyback… ¡Oh, Merlín! ¿Pero qué estás…?
–Se llaman suturas –dijo la niña de cabello alborotado–. Es como lo hacen los muggles.
Al contrario de muchos de sus colegas, Lutetia Savage sí se detenía a pensar antes de actuar si tenía el tiempo de hacerlo. Amelia Bones había ordenado un curso sobre los hombres lobo para todos los miembros de su Departamento cuando Greyback había regresado. Recordaba que las mordidas de hombre lobo eran difíciles de cerrar y como resultado provocaban que la víctima se desangrara. La pequeña tenía una mordida terrible en su pierna, pero la mayor… Granger, recordó… la hermana adoptiva de Potter… cosía su piel… Era barbárico, pero parecía haber detenido el sangrado.
–De acuerdo –dijo ella, tomando una decisión rápida–. Quédense con ella. Iré por un sanador. –Y acabo de atacar a Harry Potter, pensó para sí misma. Genial.
Pasó mucho menos tiempo antes de que la aurora Savage regresara con dos sanadores que habían sido enviados a Hogsmeade esa mañana para lidiar con cualquier herida que fuera encontrada. Habían esperado que la falta de reportes indicara que no hubo ataques esa noche, pero se sorprendieron al descubrir que habían estado equivocados.
–¿Qué pasó? –uno de los sanadores dijo mientras se apresuraba al lado de Demelza. Harry, quien estaba intentando levantarse, lo reconoció como el amigo de Andi, Hippocrates Smethwyck.
–Greyback –dijo Hermione–. Intentamos ayudarla...
–¿Qué hicieron? –dijo Smethwyck.
–Puntadas… técnica muggle. Era la única manera de detener el sangrado.
–El hilo es transformado –agregó Harry, una mano en su cabeza–. Necesitarán quitarlo en unas horas.
–¿Y qué le pasó a usted, Sr. Potter?
–Yo… lo aturdí –dijo la aurora Savage–. Hubo un malentendido.
El otro sanador agitó su varita sobre Harry, pero él la hizo a un lado.
–Estoy bien –dijo.
–¿Alguno de ustedes tocó la sangre? –preguntó Smethwyck.
–No –dijo Hermione.
–Un poco, pero la limpié de inmediato –dijo Harry.
–De acuerdo, deberías estar bien. ¿Identificaron a la niña?
–Demelza Robins, diez años –le dijo Harry.
–De acuerdo. Vas a estar bien, Demelza. Auror, podemos continuar solos. Vea si puede encontrar sus padres.
–De acuerdo.
–Auror –la detuvo Harry–. No escuché su nombre.
La auror se detuvo preocupada. Fue dicho casualmente, pero aún era el tipo de cosa que las personas decían antes de quejarse formalmente, y el aturdir al Niño Que Vivió no se vería bien en su expediente, pero tenía que responder.
–Lutetia Savage, Sr. Potter –dijo ella.
–Muchas gracias por su ayuda, auror Savage –dijo Harry–. Me aseguraré de decir a la directora Bones que hizo un buen trabajo.
Lutetia Savage dejó la casa abandonada sintiéndose aliviada, pero confundida.
Harry y Hermione se sentían bastante cansados y agotados cuando llegó la hora de que fueran a las Tres Escobas para reunirse con Neville. Los aurores habían recibido su declaración después de que Demelza fue llevada a San Mungo, y las personas rápidamente notaron que algo estaba pasando. Los estaban observando y susurrando sobre ellos de nuevo, en su mayoría sobre lo que pensaban que era la última hazaña de Harry.
–Espero que Demelza esté bien –dijo Hermione en voz baja–. Lucía bastante desconsolada.
–Creo que lo estará –respondió Harry–. Hablaré con Dumbledore sobre ella y le pediré a Lunático que la visite. No creo que haya ningún problema el próximo año.
–Pues, me alegra que la auror comprendiera lo de las suturas, incluso si te aturdió. Hubiera terminado mal si no lo hubiera comprendido.
–De hecho, me alegra que sus reacciones fueran tan rápidas. Como dije, muestra que es buena en su trabajo. Debió de verse bastante mal cuando llegó. –Hermione frunció el ceño.
–Eso supongo –dijo ella–. Pensar que Greyback estuvo tan cerca del castillo.
–Sí, debí saberlo –gruñó Harry–. Algo malo siempre parece pasar en Halloween.
–Coincidencia, Harry –dijo ella sin darle importancia–. No sabemos con seguridad que el ataque ocurrió el día de Halloween. Pudo pasar antes de medianoche.
Para cuando llegaron a las Tres Escobas, Neville y Maxwell Barnett ya estaban esperándolos.
–¿Harry, qué pasó? –dijo Neville preocupado–. Las personas están diciendo todo tipo de cosas sobre ti… ¿algo sobre salvar a una niña?
–Encontramos a una niña que había sido mordida por Greyback y la ayudamos –dijo Harry–. Preferiría que nadie se enterara de su nombre.
–Más que eso –dijo Hermione–. Harry la descubrió con su oído felino. Probablemente estaría muerta si no lo hubiera hecho.
Neville y Barnett lanzaron una mirada preocupada al otro.
–No se preocupen, lo sabe –dijo Harry, dirigiéndose a los dos.
–Oh –dijo Neville.
–Justo estaba explicando mi posición en la sociedad mágica y muggle al Sr. Longbottom –dijo Barnett–. Como el maestro de Oclumancia de Lord Potter, por supuesto que conozco todos sus secretos. Lord Potter, ¿es por esto por lo que pidió a su amigo que aprendiera Oclumancia?
–No, Sr. Barnett, es por ese otro secreto que discutimos –respondió él–. Creo que es relevante para él.
El Sr. Barnett lo miró con algo de sorpresa.
–Muy bien –dijo formalmente–. Sr. Longbottom, si está listo, quisiera evaluar su aptitud natural para la Oclumancia primero...
Tomó unos minutos de intromisión en la mente de Neville para que el Sr. Barnett tomara sus conclusiones. Al final, Neville lucía mareado y bastante confundido.
–Está bien, Neville –dijo Hermione, dándole una palmada suave en el hombro–. Puede ser bastante difícil la primera vez.
–Mmm… muy interesante, Sr. Longbottom –dijo Barnett finalmente.
–¿Qué...qué es interesante, señor? –dijo Neville.
–Parece estar bajo la impresión de que tiene muy mala memoria.
–Pero la tengo. Siempre estoy olvidando las cosas.
–Ah, pero olvidar las cosas no quiere decir que tenga mala memoria. Creo que de lo que en verdad sufre es de ser distraído.
–¿Cuál es la diferencia?
–Vi sus calificaciones en Herbología, Sr. Longbottom. Son muy buenas.
–Supongo –dijo Neville.
–Tiene razón –le dijo Harry–, me estás ganando a mí en Herbología, y no te lo estoy haciendo fácil.
–Exacto –dijo Barnett–. Tiene una gran pasión por la Herbología, Sr. Longbottom… tan profunda que quizás no haya notado que el estudio de Herbología requiere bastante memorización.
–¿En serio? –dijo Neville con sorpresa–. Bueno… sí, ahora que lo menciona, supongo que sí. No puedo creer que no lo había notado antes.
–Verá, para las cosas que lo entusiasman, tiene una muy buena memoria, y ese es el comienzo para que pueda usar la Oclumancia. Enfóquese en recitar listas de plantas en su mente, y sus propiedades, y cualquier cosa más que necesite saber para esa clase, y será un primer buen paso para alejar a los intrusos de su mente.
El Sr. Barnett ayudó a Neville con algunas técnicas básicas para practicar su Oclumancia y agendó varias sesiones de entrenamiento intenso durante las vacaciones de Navidad. El resto del día estuvo bien, y animado por Neville y Hermione, Harry decidió que iría con ellos al banquete de Halloween.
En casa, los Granger siempre habían celebrado Halloween de manera normal y visitado la tumba de los padres de Harry el domingo siguiente. El año pasado, Harry había visitado en la noche de Halloween gracias al espejo de comunicación de Sirius, pero eso sólo había funcionado porque todos le daban bastante distancia a Lord Black. Este año, Halloween cayó en domingo, y el espejo de comunicación de Sirius se había roto, así que tuvieron que comprometerse. Dan y Emma visitarían el valle de Godric la noche siguiente con su espejo de comunicación que estaba emparejado al de Hermione.
Mientras tanto, el profesor Dumbledore estaba ahí para recibirlos cuando regresaron al castillo, de regreso de su viaje a Suiza.
–Pensé que querrían saber que Demelza Robins está recuperándose en San Mungo –les dijo–. Desafortunadamente, los sanadores no podrán arreglar la pierna por completo, pero se recuperará de otro modo, además de su trágica condición.
–Es bueno escucharlo, profesor –dijo Harry–. ¿Asumo que no habrá problemas en que venga aquí el próximo año?
–No veo razón por la cual pensarlo en nuestra situación actual, Harry –dijo el director–. Ambos merecen felicitaciones por sus acciones. El sanador Smethwyck dijo que ciertamente salvaron la vida de la señorita Robins con sus técnicas muggle. Creo que cincuenta puntos para Gryffindor están en orden por su heroísmo y pronta acción.
–Gracias, señor –Hermione y Harry sonrieron.
Esa noche, Harry se estaba sintiendo lo suficiente bien para celebrar, aún si su estómago aún estaba revuelto por esa mañana. El gran comedor estaba decorado con calabazas flotantes, murciélagos vivos, y banderines naranjas. Sin embargo, hubo una adición inesperada cuando una asamblea de búhos voló dentro del comedor y comenzó a soltar periódicos sobre las mesas. Harry se tensó. El periódico sólo era publicado en las noches para una edición especial. Sus peores miedos fueron confirmados cuando vio el encabezado.
–¡Dobles demonios!
El Profeta vespertino
31 de octubre, 1993
¡HARRY POTTER SE JUNTA CON UN CONOCIDO HOMBRE LOBO!
Remus Lupin, amigo de la familia Potter, expuesto
Por Rita Skeeter
Y eso sólo era la primera página. Cuando miró al reverso, se puso peor.
¡POTTER Y GRANGER SALVAN LA VIDA DE UNA NIÑA MORDIDA POR GREYBACK!
Demelza Robins, 10 años, encontrada por Potter en Hogsmeade esta mañana.
Por Rita Skeeter.
–¡Esa perra! –gritó Harry–. ¡Si algún día coloco mis manos en ella…!
–¡Harry! –lo regañó Hermione.
Harry levantó la mirada y se dio cuenta de que había prendido en llamas su asado de res. Rápidamente redujo su magia y apagó las llamas.
–Lo siento –murmuró–. ¿Pero por qué tuvo que exponer a Demelza de ese modo? No hizo nada malo.
–Bueno, tampoco Remus, si lo recuerdas –dijo Hermione con seques–. Incluso rechazó el puesto de maestro porque tenía miedo de ser expuesto.
–Pero Remus tiene enemigos –dijo Harry–. No me gusta, pero trabajó con Dumbledore. Sabe que hay personas tras él. Pero Demelza es inocente. Su único crimen fue ser atrapada en una de las estúpidas historias de Skeeter. No hay razón para imprimir su nombre. Ningún periódico muggle haría eso a un niño.
–Es una columnista de chismes, Harry –intentó calmarlo Hermione–. Es lo que hace.
–Pues, necesita ser detenida –gruñó él, regresando al primer artículo–. Mira esto.
Lord Lucius Malfoy, líder de la facción conservadora en el Wizengamot habló sobre el tema: "Que ese Dumbledore, el supuesto 'líder de la luz', permitiera que una criatura oscura bastante peligrosa atendiera Hogwarts por siete años, e incluso fuera prefecto, es prueba positiva de su imprudencia con respecto a la seguridad de nuestros niños. El desastre de la cámara de los secretos del año pasado sólo cementa más esta conclusión. Además, tal acto habla de hipocresía cuando es visto junto con la oposición de largo plazo de Dumbledore al uso de la magia oscura y otras criaturas como los dementores. Pido al Wizengamot y al Consejo de Hogwarts que se aseguren que tales actos de imprudencia no sean repetidos en el futuro."
–¿Lo ves? –dijo Harry–. Sabes que van a intentar alejar Demelza de Hogwarts ahora. No voy a permitir que esa mujer me convierta en un mentiroso.
–Harry, no hagas nada estúpido –rogó Hermione.
–¿Quién está haciendo algo estúpido? –dijo él–. Voy a escribir a Sirius y pedirle que contacte a su abogado.
–Oh… eso está bien, entonces… Aunque sabes que va a tener sus manos llenas con Remus.
–Y puede pedir un trato de dos por uno.
Comieron en silencio por un tiempo. Después del incidente con el asado de res, nadie se atrevió a preguntar a Harry directamente sobre la historia. Incluso Ron no fue lo suficiente tonto para mencionarlo, pero por la manera en la que sus amigos estaban hablando sobre el tema, los susurros rápidamente se dispersaron por el comedor asumiendo que las historias eran ciertas. El segundo artículo sí daba una buena impresión de los hermanos como héroes por salvar a Demelza, y ellos agradecieron a Dios en silencio de que Skeeter no pareció descubrir la habilidad animaga de Harry, pero eso fue un pequeño consuelo, especialmente cuando especulaba sobre la "afinidad especial" de Harry hacia los hombres lobo.
–¿Sabes cuál es la pregunta más importante? –dijo Hermione.
–¿Cuál?
–¿Cómo descubrió Rita Skeeter todo esto en primer lugar? –Eso hizo que Harry se detuviera.
–¿Qué historia? –preguntó.
–Ambas.
–No lo sé… –La parte sobre Demelza era sencilla–. No lo sé. Está bastante adornado, pero se lee como si tuvo acceso a nuestra declaración a los aurores. Aunque no puedo imaginar como la consiguió. Se supone que las investigaciones están selladas, ¿no?
–Sí, definitivamente, incluso en el mundo mágico.
–Exacto. Ni siquiera puedo ver como descubrió su nombre. No le dijimos a nadie, y las únicas otras personas que lo sabían eran los aurores y sanadores, Dumbledore, sus padre… oh, Merlín, ¡probablemente piensa que yo lo conté!
–Lo dudo –dijo Hermione–. Todos saben que no revelarías a Remus de ese modo.
–No, nosotros lo sabemos. Nadie más. La página 2 del artículo parece como si yo hubiera dado una entrevista.
–Pero no lo harías...
–¡Pero todos creen que soy una celebridad, Hermione! ¿Quién sabe qué pensaría que diría? O quizás piensan que le dije a Ron o tú a Lavender o alguien, y ellos lo revelaron.
–¿Perdón? –interrumpió Lavender al otro lado de la mesa.
–Oye, estoy aquí –agregó Ron.
–Ignórenlo –dijo Hermione–. Harry está algo molesto en este momento. Te estás preocupando demasiado. Sólo escribe a Demelza y dile lo que pasó. –Harry se detuvo y suspiró.
–Sí, supongo que puedo hacerlo.
–Lo que me preocupa más es como Skeeter descubrió a Remus –dijo Hermione–. Ha estado guardando su secreto por décadas y nunca tuvo problemas.
–Está registrado, ¿no es así? Quizás sobornó a alguien en la Oficina del Registro de los Hombres Lobo.
–Mmm… podría ser… pero eso significaría que lo estaba buscando.
–¿Por qué no? –dijo Harry–. Es el tema político del año. Estoy seguro de que alguien pagó buen dinero por esta información. Vámonos, Mione, tengo cartas que escribir.
Dejaron el banquete temprano para que Harry pudiera trabajar, pero aparentemente no lo suficiente temprano porque Draco Malfoy aún logró encontrarlos.
–Así que es cierto –dijo el Slytherin–. Harry Potter, ¿amigo de los hombres lobo?
Harry se enfureció al instante, y Hermione tomó su brazo con fuerza, temiendo que hiciera algo de lo que se arrepentiría. Pero mantuvo su cabeza.
–Remus Lupin fue un buen amigo de mi padre, Malfoy –dijo–, y lo elegiría sobre cualquiera de los amigos de tu padre.
–Obviamente, Potter. Igual que Dumbledore, ambos, dejando que las criaturas hagan lo que quieran.
–No llames a Remus una criatura.
–Oh, ¿en serio, Potter? ¿Sientes algo por cosas que quieren comerse tu cara? Oh, pero por supuesto, eres amigo de Hagrid y todas sus mascotas. Lo olvidé.
–Sigue hablando, Malfoy. Ya gané contra tu perro de ataque en un duelo. ¿Quieres probarlo también?
–Harry, no –siseó Hermione.
–Mejor escucha a tu hermana –dijo Malfoy–. Yo sólo estoy intentando mantener a esta escuela y al mundo mágico de Gran Bretaña seguro para el público que sigue las reglas.
–¡Público que sigue las reglas! ¡Que ton…! –Hermione dio un codazo a Harry en el costado. Él tomó un gran respiro y cambió de estrategia–. ¿No crees que has hecho el daño suficiente? No me digas que el artículo sobre Remus no tiene las huellas de tu padre por todos lados.
–¿Y qué si ese es el caso, Potter? –respondió Malfoy con prepotencia–. De donde vengo, llamamos a eso "periodismo responsable".
Harry echó humo. Una ola de magia salió de él con la suficiente fuerza que se sorprendió de que Malfoy permaneció en pie.
–¿Y fue periodismo responsable el publicar el nombre de Demelza? –soltó–. Si descubro que tuviste algo que ver con...
–No sé de dónde sacó el nombre de la niña –lo interrumpió Malfoy–, pero no lo lamento. No puedes creer en serio que alguien permitiría otro hombre lobo en esta escuela, especialmente después de que Dumbledore encubrió el primero.
Eso fue mucho para Harry. Se lanzó contra Malfoy, pero Hermione aún lo tenía agarrado.
–Harry, este no es el momento o el lugar –le dijo ella.
Intentó separarse, pero su hermana tenía años de experiencia lidiando con él, y mantuvo su agarre. Finalmente, respondió:
–En verdad me gustaría enfrentarte en un duelo y dejarlo de lado, Malfoy, pero supongo que tendré que conformarme por vencerte en el campo de quidditch… de nuevo.
–Puedes tratar, Potter.
Queridos Demelza y Sr. y Sra. Robins:
Primero, les juro que no tuve nada que ver con los artículos en el periódico de esta noche. No sé cómo Rita Skeeter consiguió su nombre, pero no fue por mí. Esa mujer ya me ha arruinado tantas veces que nunca lidiaría con ella.
Estoy muy consciente del hecho de que, considerando mi fama, el estar involucrado en su situación probablemente atrajo la atención del público hacia ustedes, y por eso me disculpo. He contactado a mi abogado para ver si el Diario el Profeta ha hecho algo que pueda ser procesable con respecto a cualquiera de las historias.
Sé que esta debe ser una época muy difícil para ustedes, pero confío en que pueden superarlo. La licantropía no es tan difícil de vivir como antes, y muchas personas con la enfermedad pueden vivir vidas en su mayoría normales. He pedido a Remus Lupin, de quien ya debieron leer a estas alturas, que vaya a hablar con ustedes y los ayude. Estoy seguro de que estará de mal humor por los próximos días, pero es una persona muy agradable cuando tiene a alguien que le dé un empujón de vez en cuando.
Finalmente, Demelza, te prometo que encontraré una manera para que vayas a la escuela, si no a Hogwarts, a otro lado. Tengo amigos en Francia, Canadá, y Egipto, y puedo obtener contactos con facilidad en otros lados. No voy a dejar que la intolerancia detenga a nadie si puedo hacer algo.
Permanece fuerte, Demelza. Todo va a salir bien al final.
Sinceramente,
Lord Harry James Potter
