"El admirador secreto 2da parte"

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Lado: Midoriya

Acto 29: Oscuridad

Oscuridad.

Eso es lo único que veía.

Oscuridad por todos lados. Un vacío enorme lo aspiraba, lo ingería lentamente en un torbellino de emociones raras y confusas, divergiendo entre chocar o unirse.

Una vasta y solitaria oscuridad conformaba lo que sus verdes ojos contemplaban

atentos y subyugados a averiguar qué hacía allí.

Qué era todo esto?

Será producto de su imaginación o su imaginación es el producto de nada? Estará alucinando con un escenario sin nada en él o es que la nada misma el resultado de sus propios pensamientos que en situaciones remotas no pueden accionar fácilmente?

Miles de cuestiones se le vinieron a la mente, para encontrar una explicación de lo que estaba sucediendo. O siquiera de lo que estaba viendo porque no lo entendía del todo, no entendía qué hacía allí o cuál era el propósito de no ver nada más que oscuridad.

Por qué estaba allí?

No tenía sentido vagar sin rumbo. No tenía el mínimo sentido perderse entre un abismo de oscuridad, que sin razón lo atraía a su órbita.

Tanta pesadumbre no cercioraba a su espíritu de estar tranquilo. Al contrario, detonaba incertidumbre en su pecho y unas ansias por averiguar lo que sucedía alrededor de él.

Supuso que si caminaba podría encontrar alguna respuesta, por lo que comenzó a mover los pies en el suelo plano, seguido de dirigirse a lo que él asumió que era la izquierda luego la derecha de sus pasos.

No contaba con la directriz de los cuatro polos, puesto a que no sabía a qué rumbo se dirigía, mas eso no exentaba que no pudiera averiguarlo por cuenta propia.

Desconocía el tiempo que llevaba caminando de esa manera, pero sabía que era mejor que no hacer nada. Mejor que quedarse en la interferencia que su mente giraba y giraba sin parar, con la solitud que su sed de respuestas amedrentaban lo que la simpleza de raciocinio implicaba.

Sin saber con exactitud, se topó con algo en el camino. Se detuvo en seco, viendo un recuerdo aparecer al frente de sus ojos.

"Oi, qué es esta asquerosidad con hojas? Hah, Deku?"

Era… era la voz de Kacchan? Supuso al relacionar el parecido de su voz adentrarse a sus oídos.

"Es un libro, Kacchan"

Esa era su voz. Su tono tembloroso, se amenazaba que temía por el bienestar de su libro.

Una imagen se movía delante suyo, plasmando un recuerdo de la secundaria, siendo un estudiante del segundo año. Izuku tenía catorce años en aquel entonces.

"Leer esta cochinada es una pérdida de tiempo" Bufó.

Entonces le arrebató el libro de sus manos y su expresión imploró porque le regresaran su libro. Izuku vio la imagen, la contempló vívidamente, sintiendo el ardor asentarse en su pecho con ver la cara despiadada de Kacchan dirigirse a su persona. Dirigirse a él con asco, con rechazo.

"D-dame mi libro, Kacchan….por favor" Él lloriqueó.

"Hah? Qué dijiste, estúpido Deku?" Se rió de él con gusto de verlo sufrir.

"Por favor, dámelo" Suplicó con ojos llorosos.

¡Boom!

Su preciado libro de Julio Verne fue convertido en cenizas en su mano. Los restos de su libro fueron a dar en su cara, ennegreciendo su rostro.

"Ahí tienes tu libro" Se burló soberbio de él. "Deku" Diciendo su apodo con una connotación de rechazo hacia su persona.

Izuku miraba pasmado aquel recuerdo olvidado que mantenía rezagado en su memoria para ahorrarse del sufrimiento que conllevaba recordar. Con la desgracia de tener el recuerdo existiendo en su memoria.

Qué denigrante es su cerebro al plasmarle un pedacito de su pasado que Izuku veía con dolor.

Y pensar que dejó atrás aquello que tantas penas le trajo. El pasado le suscitaba la sensación de ser rociado por una lluvia fría y húmeda por el cuerpo, se asemejaba a estar congelado por un eterno invierno.

Fue un trago amargo para su sistema. Una amargura empalagando su sed, empalagando lo que creyó dejar atrás.

Izuku quiso caminar, mas fue retenido por otro recuerdo apareciendo al frente. La imagen de un Kacchan burlándose de él y de sus fallos se proyectó al fondo. Tras sus ojos fijó la viva imagen de sus ojos rojizos enfocados en su figura, esos ojos rojos que antes lo miraban con un odio y un desprecio inminente.

"Sabes cómo obtendrás más rápido un quirk en tu próxima vida? Porque no pruebas y te tiras de la azotea"

Lo vislumbró tan irreal, porque el Kacchan de su presente no se parecía al de su pasado. Lo miró y sabía que el tiempo cambió a Kacchan, repercutió a quién fue y quien es en la actualidad.

Izuku enfocó su mirada en la del Kacchan de catorce años, repasando sus afinadas facciones, su perfilado rostro, sus bellos ojos rojos que podían consumirlo y devorarlo a su voluntad, sus manos que podían dañar a cualquiera que osara acercársele, su inaccesibilidad, su lejanía circulando con la suya.

Izuku no congenió nunca con ese Kacchan.

No podría hacerlo, mucho menos ahora.

No podría hacerlo cuando Izuku se había convertido en todo un hombre que superaba todos los obstáculos.

La imagen del Kacchan de catorce años se difuminó en cuestión de segundos, erosionándose de su contemplación.

Eso ocasionó que recordara su conversación con Todoroki, por mucho que en su momento le incomodó, no lo descartó como un punto de vista que su mejor amigo expresó en torno a su relación con Kacchan. Es decir, de su actual relación con él.

"Aceptaste a Bakugou porque sentiste culpa, no es así? Sentiste culpa porque lo rechazaste la primera vez, pero te arrepentiste enseguida y le diste una oportunidad"

Será que es así?

Será que sintió culpa y por eso lo aceptó como su pareja?

A decir verdad, sí llegó a sentirse terriblemente culpable por haberlo rechazado. Por haber visto sus lágrimas emerger de sus ojos, sus hermosas orbes rojizas.

"Le diste una oportunidad porque es Bakugou?"

Sí, esa era la respuesta que reprimió cuando en realidad conocía la verdad, mas no se animó a admitirla en voz alta.

La respuesta es sí.

Sí le dio una segunda oportunidad porque es Kacchan. Así de simple. Porque es Kacchan reconsideró el primer rechazo y tomó el camino de darle una segunda oportunidad, de la cual seguían manteniendo.

Fue cierto que evadió la pregunta, evadió todo lo relacionado a su decisión, evadió lo referente a Kacchan y lo que conllevaba ser su novio, evadió cualquier otra excusa que pudiera ocurrírsele y por eso, Izuku optó por no contestar. Optó por quedarse callado y esquivar la pregunta, por su cobardía o cualquier otro sentimiento que pudo haberle impedido de hablar lo que pasaba por su cabeza.

Quizá siempre lo supo por su cuenta, solo que nunca se percató a ciencia cierta, de lo que en realidad ocurría con él, porque ser evasivo no era parte de su persona, pero en ese contexto tuvo que serlo con Todoroki, por temor a su reacción.

Por temor a decir que siempre había sido Kacchan para él.

En su mundo siempre había sido Kacchan.

Había sido Kacchan su imagen de victoria, su imagen del héroe verdadero, su imagen de la persona a la cual debía de superar, su imagen idónea de perseguir sin importar los estragos que conllevaban tal decisión, su imagen de la persona perfecta con todo y sus defectos.

Su imagen idealizada del mejor héroe.

Ponerlo en tela de juicio, sería igual a maquinarse hasta el cansancio. Porque ponerlo en tela de juicio conllevaba a analizar todos los años que llevaban de conocerse, años cargados de sufrimiento, de estragos, de golpes, insultos, del romance, de los abrazos, de las caricias y de los besos que compartían; además de que no recordaba casi nada de su niñez y adolescencia.

Cómo cuestionarlo si no se acordaba de la mayoría de sus pasadas vivencias?

No vendría al caso hacerlo, en especial estando en un sitio recóndito como en el que caminaba.

Recién se admitía que aceptó a Kacchan porque se trataba de él; e incluso, admitía que Todoroki tenía razón al decirle todas esas cosas referentes a su persona.

Todoroki tuvo razón en todos sus argumentos, sólo que Izuku no lo vio en su momento, hasta ahora. No lo vio hasta estar encerrado en un abismo oscuro, del cual no tenía idea de cómo fue que entró.

De cualquier manera, tenía que salirse de ahí.

Debía salirse del encierro de su mente enclaustrada en el abismo que devoraba su corazón y su memoria. Su desdichada memoria. Su memoria que es tan similar a una pesadilla echa realidad, porque todo era real. No eran productos de su imaginación, ni jugadas de mal gusto, ni una ilusión de su mente. No era nada, más que un hecho.

Oscuridad que engloba un pasado que odiaba recordar.

Oscuridad que subyace en el sufrimiento que lo llevaba al rumbo que respectaba conocerse mejor; conocer su interior.

Oscuridad que lo guía, lo duerme, lo atrae, lo arredra, lo amedrenta, lo desmorona, lo zarandea, lo enfrasca y lo encierra en sus cavernas.

Triste, triste soledad.

Triste, triste esta Izuku.

Necesitaba despertar de aquel sentimiento horrible. Sentimiento sin un trazo completo.

Necesito despertar.

Tengo que abrir los ojos.

Sin saber cómo despertar, comenzó a correr, correr a donde fuera que sus pies lo llevaran, el destino sabría qué hacer con él.

Necesito saber qué pasó conmigo, dónde estoy, con quién, cuánto tiempo llevo así.

Corrió a la nada y cuánto menos lo vislumbró, cayó a un abismo que lo absorbió como si fuer aun huracán tragándolo en círculos, girando y girando en violenta turbulencia, girando en un remolino sin piedad de su cuerpo y sus gritos, girando hasta estamparlo a un destello fugaz que sus ojos captaron nítidamente.

El… el panorama curiosamente cambió, porque en cuanto parpadeó aspiró un color distinto y luminoso. Sus ojos vieron blanco. Un blanco que encarnaba la sensación de estar en el vasto cielo, un cielo esclarecido y radiante. Un blanco que representaba la pureza del lugar en el que estaba postrado.

Sin precisarlo mejor, pudo a percibir que algo ajeno a él lo tocaba.

Qué era exactamente?

Parpadeó, entrecerrando un poco los ojos, seguido de abrirlos atentamente en torno al estímulo que recibía. Movió la cabeza de lado, vislumbrando una cabellera rubia, acompañado de unos ojos rojos que lo miraban ansiosos de una respuesta, una reacción, lo que sea de salir de su parte.

Fue entonces que Izuku realizó que había despertado de su pesado sueño.


Acto 30: Despertar

El jadeo de su pareja lo conmocionó de su estado letárgico.

En menos de un segundo, tenía la cara de Kacchan a escasos centímetros de la suya y su mano apretando la suya al punto de estrujarla.

—¡Deku! Estás bien?!— Sus orbes rojizas se centraron en él, buscando un rastro de dolor o de incomodidad presentes en sus facciones. —Te duele algo? Sientes algún malestar? Ay… Deku, contéstame, di algo— Exigió al final.

Izuku apenas se percataba del lugar en el que estaba, como para saber si algo le dolía.

Intentaría hablar primero.

—¡Contéstame, carajo!— Impacientó Kacchan, posando duramente sus ojos. Sus ansias podían leerse muy claras tras sus orbes.

—K-Kacchan— Articuló mediante un suspiro, notando que su garganta carraspeaba mucho. En seguida, comenzó a toser. Tenía sed. —A-a-agua— Pidió tosiendo.

Se incorporó en la camilla, irguiendo su espalda.

—Sí, enseguida te la doy— Aseguró.

Kacchan tomó un vaso de agua que descansaba en la mesita de a lado de su camilla y se lo entregó a su otra mano, puesto a que Kacchan tenía la otra agarrada con la suya.

Parecía que no lo soltaría pronto.

Agradeció con un asentimiento y bebió de a sorbos el agua. Fue como una ventisca de aire fresco esclareciendo sus sentidos, pues el agua pasó por su garganta trayendo vida a sus adentros.

Kacchan lo observaba como halcón; no despegaba sus ojos de él, en todo el tiempo que bebió el vaso de agua hasta terminárselo.

Entendía el porqué de su comportamiento. Lo entendía, pero todavía su interior se encontraba muy vacío como para pensar en algo más. Por ejemplo, el trasfondo de sus acciones.

—Estás bien?— Preguntó su pareja, ansioso.

—Sí—

En realidad, no sentía incomodad en ninguna parte de su cuerpo. No veía el porqué estar mal, si él está bien. Muy bien, diría él, aunque bastante atosigado de tener en la punta de la lengua los recuerdos que florecieron en su inconsciente.

Vaya recuerdos bonitos.

—Cuánto tiempo llevo así?— Se animó a preguntarle.

Kacchan soltó un suspiro pesado.

—Casi cuatro horas— Tras un silencio de parte de Izuku, añadió:—Tomando en cuenta que hablábamos alrededor de las ocho, encontrarte a las once, luego tu maldita operación que duró jodidas tres horas, y tus cuatro horas dormido, son— Meció la cabeza. —Son las nueve de la mañana—

Sopesó la información, haciendo un movimiento de asentimiento con su cabeza, en amplia realización de que estuvo inconsciente. Lo bueno fue no haber estado inconsciente durante días, como en veces anteriores, donde suele suceder que durar días sin recuperar la consciencia.

—Entiendo—Salió de su boca con cierto desaire.

Sin embargo, no recordaba con claridad lo que había pasado para que terminara en la camilla del hospital. En realidad, los recuerdos del día anterior eran muy vagos como para acomodarse en pieza en su memoria.

—No recuerdas lo que pasó, verdad?— Resopló su novio, sacándolo de su trance enrarecido.

—Q-qué?— Musitó interrogante.

—Responde—

Izuku lo miró con expresión en blanco.

—No— Admitió sonriendo travieso.

—Ya lo sabía— Rezongó sarcástico.

—Qué me pasó, Kacchan?— Se atrevió a preguntar.

Kacchan se tornó inusualmente callado, sosteniendo su mano entrelazada, sin soltarla siquiera. Izuku enarcó una ceja, esperando una respuesta de su lado, mas obtuvo puro silencio. Un silencio introspectivo.

El labio inferior de Kacchan tembló, bajó la mirada, cambiando a ver sus manos entrelazadas. Sus hombros temblaron a la par y pudo ver su quijada sacudirse.

—¡Eres un estúpido, Deku!—Gritó de golpe, sobresaltando a Izuku, quien saltó por el impacto. —Cómo pudiste caminar sin ver si había alguien detrás que tu?! No que eres el sucesor de All Might?! Eres un sucesor fracaso que no puede defenderse contra ataques como esos! Qué hubiera pasado si no hubieras alcanzado a decirme que peligrabas? ¡Hah! Carajo, Deku! Por qué tienes que ser tan descuidado?— Sus ojos irradiaban una preocupación que no iba de acorde con sus palabras. Una preocupación que llegó a su mismísima alma. —Qué pasaría si no hubieras alcanzado el teléfono? Qué hubiera pasado si-si mueres…?!—Su aspecto ensombreció al finalizar aquello.

Izuku lo contempló desmoronarse de lo que pudo haber pasado si no hubiera alcanzado a pedir ayuda.

Nuevamente la realidad lo hizo sentar cabeza del desastre que pudo haber sido él si no sobrevivía semejante cortada en el hombro. Peor, una cortada en la arteria.

Casi muere desangrado por un descuido. Un solo descuido sería clave para su fin.

—Perdóname, Kacchan— Confirió forzando a que su voz sonara directa.

—¡Ni se te ocurra disculparte, maldito bastardo!— Gruñó, sus dientes tronaron. —¡Te disculpas y te mato! ¡Juro que te mato, Deku!—

Izuku abrió los ojos en sorpresa.

Lo que salían de los ojos de Kacchan eran lágrimas? Pero… pero… por qué lloraba?

—Kacchan— Estiró su mano libre, pero fue repelido por Kacchan.

—¡Aléjate, Deku!— Ocultó su rostro con su antebrazo. Las lágrimas crecieron en abundancia saliendo de sus lagrimales.

—Pero, Kacchan— Insistió.

—¡Cállate, no me hables, imbécil!— Su voz se quebró en ese punto. —Eres injusto, muy malditamente injusto—Hipó. —Si algo te hubiera pasado yo…—Soltó un sollozo desgarrador. —Yo…— No salió nada de su boca. Pero Izuku entendió lo que quiso decir.

Lo entendió.

Vio que Kacchan no tuvo valor para decirle lo que pasaría en su mundo si él desaparece del suyo. Izuku sabía con cuánto fervor Kacchan lo amaba, y entendía pero bien que si él desaparecía de su vida, Kacchan se rompe.

Simplemente se rompe.

Viéndolo llorar por él fue desalentador, en el sentido de que bien pudo haber lidiado con la situación de una mejor manera. Pero el hubiera no existe, Izuku lo planteó así en su mente. El hubiera no existe, por mucho que intentara cambiarlo, pues él está tenido en una cama de hospital con Kacchan a su lado.

Qué más podía hacer con eso?

Lo único que se le ocurrió fue que enmendar un poco de su desaliento era una buen solución para mitigar las lágrimas desoladoras de su pareja. Si eso conllevaba a que las preocupaciones de Kacchan bajaran su curso, lo haría.

Lo haría aunque estuviera inseguro con sus sentimientos; lo haría con tal de verlo tranquilo y con el ceño fruncido en todo momento, como solía ser Kacchan.

Cerró unos breves segundos los ojos, inhalando y exhalando pausadamente.

Tan sólo espero no arrepentirme de lo que haré.

Exhaló con los labios formando un pequeño círculo, sacando todo el aire de los pulmones, para así mitigar la tensión y el nerviosismo que rápidamente se apoderaron de él.

—Kacchan— Lo llamó. —Dónde están mis cosas?—

—Hah?— Sus lágrimas seguían saliendo de sus ojos, mas parecía prestarle atención a lo que dijo. —Están aquí, por qué?— Soltó un hipido. —Q-qué necesitas?—

No, no puedo verlo así, se dijo.

Esto por mi culpa.

—Hay algo en mi mochila que es para ti— Mencionó lo más franco que pudo ser.

—Qué cosa?— Quiso saber.

Al menos, servía para cambiar su atención de una preocupación, por algo mejor. Izuku estaba consciente de lo que saldría de sus labios.

—Podrías ayudarme a sacarlo de la mochila, por favor?— Pidió él amablemente. Kacchan puso cara de intriga, por lo que sus lágrimas lentamente cesaron de pasar por sus mejillas como trazos de agua amarga.

Enseguida, sacó su mochila amarilla de a lado del asiento que ocupaba él.

Kacchan lo observó en espera de lo que él dijera.

Tragó saliva.

Bien, es todo o nada, se animó.

—Está en el último bolsillo de la mochila— Instruyó. —Está en mi cartera, si la abres, ahí aparecerá lo que tengo para ti—

Kacchan siguió al pie de la letra su instrucción, moviendo sus manos ansiosamente entre el último bolsillo de su mochila. Sacó la cartera, la abrió y se quedó en pausa cuando una de sus manos sostuvo una tarjeta de color marrón oscuro. Tenía escrito en letras doradas en cursiva el nombre de "Katsuki" y el número de su habitación detallado abajo.

Sus orbes rojizas lo miraron pasmadas. Miraron la tarjeta, luego a él y después a la tarjeta.

—Deku, qué significa esto?— Interrogó ansioso.

Esa era la reacción esperada.

Se notaba que Izuku conocía muy bien a Kacchan, debido a que anticipó su reacción.

—Cuando pedí tu permiso para ingresar a la zona de residentes de la residencia, no me habían dado una tarjeta para ti, porque yo tengo una copia de la llave de mi habitación— Explicó. —Así que me decidí a pedir que me dieran una tarjeta para ti, una tarjeta original, no una tarjeta que tuviera mi nombre escrito en ella— Pausó, apuntando con su mirada la tarjeta que él sostenía con la mano temblorosa, apretando su agarre en ella. —Si vez esa tarjeta tiene tu nombre y es una llave para que puedas venir a mi habitación cuando quieras, los días que tu quieras venir—

Kacchan estaba sorprendido.

—Eso— Se trabó, sonrojándose. —Eso significa que podré ir cuando quiera a verte?—

—Sí— Aseguró, convenciéndose a sí mismo de que su decisión no fuera incorrecta. Quería creer que no lo era. —Tienes acceso a todas las comodidades que dispone la zona de residentes de la residencia; desde la piscina, el gimnasio, el sauna, rehabilitación física, el patio, los jardines privados, incluso la playa privada que dispone la residencia y obvio, mi habitación—

—Deku— Pronunció desmoronándose de la impresión. —Ya era hora de que te decidieras—

Izuku frunció las cejas, sacado de sí.

Esa no era la respuesta que se esperaba.

Kacchan limpió los rastros de lágrimas de sus mejillas y sus ojos como si nada, haciendo parecer lo anterior como un pequeño desliz de su parte.

—Esto es jodidamente genial— Observó la tarjeta con satisfacción y luego a él, plasmando una sonrisa victoriosa. —Iré todos los días, no— Se pausó, su cara se iluminó. —Esto significa que por fin podemos vivir juntos—

Izuku se arredró imperceptiblemente. Qué acababa de pasar?

Estaba consciente de que no le pidió vivir juntos.

—Bien, me mudaré contigo— Declaró sonriéndole.

Qué? Pero eso no fue lo que dijo.

Izuku dijo otra cosa distinta.

Por qué lo malentendió?

Es que no lo dijo lo suficientemente claro?

Kacchan acercó su frente colocándola sobre la suya, dirigiéndole una sonrisa emplastada en su rostro. Izuki miraba con pavor lo que acababa de hacer, realizando cuán pesadas podían ser sus palabras cuando no las meditaba a la perfección.

No tuvo el valor de negarlo todo, pues Kacchan estaba feliz. Eso es lo que valía la pena el ofrecerle un espacio en su habitación de la residencia. Sus intenciones son diferentes de las suyas, pero bueno, no hay vuelta atrás. Izuku tendrá que cooperar con el peso de sus decisiones y las consecuencias que estas conllevaban.

—Estoy jodidamente feliz por esto, Deku— Mostró su tarjeta con deslumbrante orgullo.

Izuku tragó saliva, asintiendo.

—Por fin has decidido dejar de huir de lo nuestro— Manifestó contundente. Se acercó a darle un beso corto en los labios, colocando sus manos sobre sus antebrazos, presionando su agarre. —Me haces feliz con decirme estas cosas tan cursis—

—Sí?— Izuku rió nervioso.

Kacchan juntó su frente tanto que incluso sus narices rozaban. Un despampanante sonrojo acaparando sus mejillas, denotaban la gran satisfacción y alegría que lo embargaba saber que tenía una llave para su cuarto.

—Te amo— Soltó suavemente.

Izuku supo en ese preciso instante que se adelantó a algo que aún no estaba listo, pero que ya no podía retractarse, pues la felicidad de Kacchan es más grande que la suya. Por mucho.

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P.D. Hay este Deku y sus metidas de pata.