El mundo es oscuro y JK Rowling es preciada. Acércate, querido lector. Confía en mí. Voy a contarte una historia de White Squirrel.


Capítulo 70

–Mira, Harry, sé que quieres ser justo con todos, pero no pensé que en verdad serías amigo de un hombre lobo –dijo Ron.

–¿Por qué no, Ron? –demandó Harry–. ¿Qué hay de malo con ellos?

–Pues, son peligrosos, ¿sabes? Criminales violentos. No trabajan; causan problemas todo el tiempo. Y son salvajes y viven en el bosque y eso.

–No todos los hombres lobo son malos –dijo Harry indignado–. Remus es un mago perfectamente respetable. Es un honorable miembro de la sociedad, y la única razón por la que no tiene un trabajo además de administrar las finanzas de Sirius es porque nadie más le da uno. Es inteligente también. Remus es quien enseñó a Hermione y a mí como luchar. ¿Recuerdas lo que hice a Theo Nott el año pasado?

–¿Lo aprendiste de él? –dijo Ron sorprendido–. Bueno, tal vez él está bien –concedió–, pero hay una razón por la que nadie quiere contratar a hombres lobo. Quiero decir, sólo mira a Greyback.

–¿Greyback? –se enfureció Harry–. Greyback es un monstruo, pero la mayoría de los hombres lobo no lo son. ¿De quién es la culpa de que tengan reputación por ser buscapleitos peligrosos y sin empleo? Magos normales son los que los aíslan en la sociedad. Son ellos quienes esparcieron el mito de que los hombres lobo son peligrosos todos los días cuando todos saben que sólo es en la luna llena. Causarían muchos menos problemas si se les trataran como personas en lugar de monstruos. Tu papá lo comprende. Por eso nos está ayudando. Quizás deberías escucharlo más.

Ron dio un paso atrás bajo la ira de Harry.

–Vaya, tranquilo –dijo–. No sabía que era tan importante.

–Remus es un buen amigo nuestro –dijo Hermione, intentando calmarlo–. No queremos ver que sea tratado injustamente, y no es tan difícil decir lo mismo sobre todos los hombres lobo.

–Es más que eso –dijo Harry en voz más baja–. Era amigo de mis padres biológicos. Mi papá descubrió su secreto en segundo año y lo apoyó todo el tiempo cuando podría haber hecho que lo expulsaran en cualquier momento. Los estoy siguiendo al hacer esto, tanto como que estoy luchando por la justicia.

–Vaya. Yo… lo siento, Harry. No sabía. Es sólo que, a muchas personas no les va a gustar cómo estás apoyando a los hombres lobo de este modo.

–Sí, pues, no me importa. Ese es su problema. ¿Tú tienes un problema con esto, Ginny? –dijo Harry con voz cortante.

Ginny se estremeció bajo su mirada.

–Yo… no lo sé… –dijo ella–. Quiero decir, los hombres lobo son escalofriantes… o… o Greyback es muy escalofriante –agregó rápidamente–. Pero, quiero decir, entiendo que son víctimas, y no tienen una elección en todo esto, así que supongo que no es justo hacer las cosas más difíciles para ellos.

–Sí, es lo que estamos pensando –dijo Hermione antes de que Harry pudiera decir algo más–. Queremos que la ley proteja a las personas, pero también que sea justa… y si logramos que eso pase, probablemente menos hombres lobo apoyen a Greyback.

–No lo había pensado de ese modo –dijo Ginny.

–Supongo que tiene sentido –admitió Ron–. Aunque no se si a otras personas les agrade.

–Bueno, sólo piénsalo –dijo Hermione–. Quizás escribe a tu papá. Él puede explicarte más.

No fue una victoria completa, pero Harry y Hermione esperaban que los Weasley los apoyarían pronto… si Harry podía ser civil al respecto.


–Vamos, lobito, no te atrevas a hacerme a un lado.

–Estoy intentando hacer lo mejor para ti, Nymphadora –dijo Remus a través de la puerta de su habitación.

¡Oh, suficiente! –exclamó Dora, lanzando maleficios a la barrera–. Cuando pase esta puerta, en verdad lo pagarás.

–Nymphadora, se razonable –dijo Remus–. Nunca va a funcionar entre nosotros.

–No lo sabes, Remus. No puedes decir eso cuando ni siquiera lo hemos intentado. Por Merlín, no te estoy pidiendo un anillo. Sólo quiero una cita. Pensé que ya había dejado en claro que no me importa tu condición.

–Pero a otras personas sí –soltó él–. Con la nueva ley, tendrás suerte de mantener tu trabajo si te asocias conmigo, incluso si sólo estamos saliendo. No voy a hacerte eso.

–Pues, esa ley nueva aún no es ley –dijo ella–. Y es mi decisión, ¿no es así? Mira, quizás funcione entre nosotros, o tal vez no, pero no voy a dejar que estúpidos prejuicios decidan por nosotros...

Fue interrumpida por la mano de Sirius sobre su hombro.

–Dora, Dora –dijo él, intentando calmarla–. Aprecio lo que intentas hacer, pero no creo que sea el momento. Lunático acaba de recibir una gran sorpresa. Nunca había tenido que lidiar con el público. Y yo tengo un desastre en mis manos y a mis ahijados. Intenta hablar con él en unos días cuando sea más sensato. –Dora suspiró.

–De acuerdo –dijo–. Lo dejaré solo por el momento. Pero regresaré. Alguien tiene que darle una patada en el trasero uno de estos días.


Queridos Harry y Hermione:

Es bueno saber de ustedes. Nunca tuve la oportunidad de agradecerles por detener al heredero de Slytherin el año pasado. Incluso si ya no estoy ahí, es bueno saber que todos los otros hijos de muggles están a salvo. Se que podría haber regresado a Hogwarts este año, pero honestamente, me encanta Athabasca. (Además, mis padres no hubieran estado bien con Greyback cerca.) Estoy aprendiendo todo tipo de magia de las Primeras Naciones aquí, y tengo amigos de lugares tan lejanos como Sudamérica. Y el campus es hermoso. Es bastante como Hogwarts, pero en un río en lugar de un lago, con cataratas por todos lados.

Escuché sobre esa pobre niña en el periódico de hoy… en realidad fue un artículo sobre ti, Harry. Lo siento, pero te siguen por todo el mundo. Buen trabajo al salvarla. Hablé con el director aquí sobre si podríamos recibir a una estudiante con licantropía. Dijo que sería posible, pero sería difícil de convencer al Consejo. Sugirió que quizás tendrías más suerte con las escuelas en los Estados Unidos. Estados Unidos está más dedicado a la igualdad entre seres mágicos que la mayoría de los otros países. Lamento no poder ser de más ayuda, pero es todo lo que tengo.

Su amiga,

Sally-Anne Perks


Querido Sr. Potter:

Apreciamos su pedido. Es cierto que la mayor parte de estudiantes no-humanos en Europa atienden Beauxbatons, y son más complacientes con respecto a estudiantes con necesidades especiales como las veela, las harpías, e incluso los vampiros. Desafortunadamente, la inclusión de vampiros ha sido bastante controversial, y el prejuicio contra los hombres lobo es aún peor. Es desafortunado, pero comprendemos como controlar a los vampiros mucho más que a los hombres lobo. Podemos hablar con Madame Maxime, pero no creo que tenga mejor suerte que la tendría en Gran Bretaña, especialmente si Hogwarts ya lo ha hecho. Buena suerte.

Sinceramente,

Los Delacour


A pesar de las dificultades, Harry se sentía más tranquilo cuando llegó el día del partido de quidditch. Sin embargo, el clima no estaba de acuerdo con él. Lo bueno era que los Slytherin se veían aún más incómodos conforme el clima empeoró. Incluso había un rumor de que estaban intentando cambiar con Hufflepuff para evitarlo, pero nada resultó de eso.

Sin embargo, el día del partido lucía bastante peligroso ya que una enorme tormenta otoñal estaba atravesando Escocia. Las barreras de la escuela bloquearían los rayos, pero el viento y la lluvia eran las peores condiciones en las que Harry había volado y le recordaban a la gran tormenta que había destrozado el vecindario de los Granger en 1987.

Estaba a punto de dirigirse al campo de quidditch cuando fue detenido en la entrada por la chica de Ravenclaw de ascendencia china a quien había visto antes pero no podía recordar su nombre. Quien sea que era, estaba seguro de que no había estado tan bonita el año pasado.

–Hola, Harry –dijo la joven.

Harry se sorprendió cuando su voz salió con un fuerte acento escocés. No tenía nada en contra, pero se escuchaba fuera de lugar. Le tomó un momento el registrar lo que le había dicho.

–Eh, hola –respondió él incómodo.

–Soy Cho Chang, la nueva buscadora de Ravenclaw –respondió la chica.

–Oh. Encantado de conocerte.

–Sólo quería decir, espero que derrotes a Malfoy ahí afuera. Ha estado molestando a todos los equipos. –Harry le mostró una sonrisa predatoria.

–Oh, no te preocupes, lo haré. Lo tiene merecido por insultar a mis amigos. –Cho Chang le sonrió de manera muy bonita.

–Gracias, Harry –dijo, lo cual casi lo hizo tropezar, pero caminó con confianza al campo de quidditch, a pesar de que su lado felino estaba protestando el aporreo de la lluvia.

Cuando ambos equipos se alinearon en el campo, con Harry enfrentándose a Malfoy, ninguno habló. Sólo se lanzaron miradas molestas. A Harry le recordó a una confrontación en un western europeo.

Harry miró a Malfoy con molestia.

Malfoy miró a Harry con molestia.

Harry estiró su mano y limpió la lluvia de sus lentes para poder ver bien.

Lo miró más.

Malfoy lo miró más.

Harry estiró su mano y limpió sus lentes de nuevo.

Malfoy se burló de él.

Harry se quitó sus lentes, los sostuvo en sus manos, y lanzó un Impervius sin usar su varita. Cuando se los puso de nuevo, sonrió a Malfoy.

Malfoy hizo una mueca.

Entonces, se escuchó el silbato, y comenzaron. Era quidditch de lo peor. Incluso con sus lentes encantados, Harry apenas y podía ver a los otros jugadores a través de la lluvia, y no podía escuchar los comentarios sobre la lluvia. En cinco minutos, la lluvia empapó todas sus capas de ropa, y la hipotermia se volvió un verdadero peligro en el frío, y se maldijo a sí mismo por no usar Impervius en su ropa también. En diez minutos, no podía decir con certeza el puntaje, y a los quince, ya no le importó. Lo único que quería era encontrar la snitch lo más pronto posible y derrotar a Malfoy. A Malfoy no le estaba yendo mucho mejor. La tormenta era tan mala que ni siquiera tenía la oportunidad de molestar a Harry. Su único pensamiento también era el terminar ese juego lo más rápido posible.

Cuando comenzaron los rayos, si era posible, la tormenta empeoró… las nubes más densas y el ambiente más oscuro, a pesar de que era casi mediodía. Necesitarían de mucha suerte para ver la snitch en esas condiciones, y cómo iban era probable que la tormenta no terminaría hasta noche, lo cual significaba horas volando sin sentido en la oscuridad antes de poder ver de nuevo.

No podían continuar así. Harry forzó a sus ojos, buscando con desesperación por un pequeño brillo dorado, deseando con todo su poder el ver mejor.

De repente, ¡pudo hacerlo! No podía creerlo. La escena entera se veía mucho más brillante y podía ver todo en la casi oscuridad, casi como… ¡No! Se detuvo a sí mismo en cuanto hizo la conexión, dejando las implicaciones hasta después. No estaba tan desesperado como para hacer trampa. Iba a ganar de manera justa.

Ambos buscadores volaron a lo largo del campo una y otra vez, buscando por lo que parecieron horas, y entonces, después de una vuelta en la que se encontraban a lados opuestos del campo, la snitch apareció justo en medio. Harry y Malfoy la vieron al mismo tiempo. Se lanzaron por ella, pero la snitch no sería capturada tan fácilmente. Se movió no a la derecha o izquierda, pero hacia arriba, y ambos se elevaron para seguirla.

La snitch se elevó más y más. Pronto estuvieron a trescientos pies en el aire y seguían subiendo. Debía de estar funcionando mal, pensó mal. Se suponía que no volaba tan alto, pero continuaron elevándose tras ella mientras daban vueltas alrededor del otro. Volaron más y más rápido, más rápido que las escobas podían elevarse, y la snitch aún continuaba ganando. Harry notó que estaban dejando bastante viento de cola. Parecían estar atrapados en una corriente ascendente. Y volaron más y más alto. Debían de estar a mil pies de altura ahora.

De repente, el aire se volvió más frío, pero continuaron elevándose, a cientos de pies más. Finalmente, la snitch redujo su velocidad mientras perdían su viento de cola, y fueron bombardeados por aguanieve mientras un frío viento se acercaba desde arriba.

–Ya casi… –gruñó Harry, estirando su mano.

–¡Te ganaré, Potter! –gritó Malfoy.

Volaron en círculos alrededor del otro cada vez más cerca mientras se elevaban, más y más cerca de la snitch… cinco pies, tres, uno. Estiraron sus manos sobre sus cabezas… ¡Harry la atrapó!

Ambos buscadores dieron una pirueta lejos del otro y se estabilizaron en sus escobas, Malfoy murmurando algunas palabras inapropiadas.

Pero Harry no se tomó el tiempo para regodearse. Su sexto sentido felino estaba cosquilleando. Cuando observó sus alrededores, se dio cuenta de que estaban a media milla sobre el campo. Por lo menos los encantamientos para mantener la snitch dentro del campo habían funcionado, pero no podía creer que la tormenta los había llevado tan arriba. Todo esto lo notó en un segundo mientras la aguanieve se intensificaba. Entonces, recordó algo que había aprendido hace años en la escuela muggle… algo sobre cómo funcionaban las tormentas eléctricas.

–¡Granizo! –gritó.

–¿De qué hablas, cara rajada? –-gritó Malfoy de regreso.

Harry señaló sobre su cabeza.

¡GRANIZO!

Pat. Pat. Pat. ¡Clunk! ¡Clunk!

¡GRANIZO! –gritó Malfoy.

Ambos chicos volaron en picada, pero el granizo caía con fuerza cerca de ellos. Ninguno había volado abajo desde tal altura antes. Tenían el espacio para empujar sus escobas a imposibles velocidades, pero no sabían cuando tendrían que parar. Si lo hacían muy pronto, el granizo podía golpearlos y dañar sus escobas aún a cientos de pies del cielo. Si lo hacían muy tarde podría ser peor. Pero tenían que escapar. Fueron directo abajo a toda velocidad hasta que el granizo parecía detenerse alrededor de sus rostros, y después caía detrás de ellos. El suelo se acercó a una velocidad escalofriante. Harry se sentía como si estuvieran atrapados en una prensa gigantesca, entre el martillo del granizo sobre ellos y el yunque de la tierra bajo ellos. Sus ojos se adaptaron de nuevo por cuenta propia y pudo ver con más claridad cuanto le quedaba aún por bajar para poder detenerse en el momento correcto.

Malfoy se detuvo primero, estabilizando su escoba e intentado disminuir su velocidad detrás de Harry. Harry, con su sentido más agudo de la distancia y el tiempo, espero más, pero sólo un segundo antes de que él también comenzara a frenar. Intentó colocar una barrera sin varita para protegerse del granizo, pero sus hechizos defensivos no podían contra tal fuerza.

Clunk. Clunk. ¡Crack!

El granizo lo había golpeado con fuerza en su espalda y cabeza, y peor, la cola de su escoba. Comenzó a perder control al instante y las cerdas comenzaron a romperse, temblando y perdiendo altitud rápidamente. Automáticamente, miró a su alrededor y encontró a Malfoy, cayendo en espiral en una escoba que parecía lista para arrojarlo.

Harry inclinó su escoba, intentando sacar cuanta altitud pudo, y se dirigió a Malfoy. Necesitaba una mano libre para esto. Guardando la snitch lo más rápido que pudo, se estiró y tomó la punta del mango de la escoba de Malfoy. Malfoy lucía asqueado, pero no era un tonto. Se agarró también del mango de la escoba de Harry. Incluso dañadas, dos escobas creaban una plataforma más estable. Y lograron estabilizarse y descender a una velocidad segura por el momento. Pero el granizo seguía cayendo. Se inclinaron y rogaron que pudieran llegar al suelo antes de que las cosas empeoraran.

Sus horrorizados compañeros de equipo se dieron cuenta de lo que estaba pasando y rodearon a los buscadores al instante. Necesitarían llegar al suelo en unos minutos. Barreras para bloquear los relámpagos eran una cosa, pero el evitar granizo era mucho más difícil, y era una de las pocas cosas que podía arruinar un partido por completo. Creando una improvisada cadena humana de escobas, golpearon el lodo con fuerza, donde los estudiantes mayores pudieron protegerlos mejor.


En el número doce de Grimmauld Place en Londres, y en la residencia de los Tonks, y en la casa de los Granger en Crawley, la familia de Harry rodeó al radio con preocupación mientras escuchaban los comentarios de Lee Jordan en la red mágica.

–Lo siento, no puedo ver lo que está pasando –dijo–. Gryffindor tiene la quaffle… creo. No sé donde están las bludgers. Esperen, veo algo. ¡Arriba! ¡Son los buscadores! Están bajando. Oh, Merlín, nunca había visto a alguien volando en picada a tal velocidad. Eso podría quedar en los libros de récords. ¡Elévense! ¡Elévense!

Sentados en el salón, Dan y Emma Granger se abrazaron en el sofá. Escuchar los partidos de Harry siempre los ponía nerviosos, pero esto… no deberían estar jugando en tal clima en primer lugar.

–¡Malfoy comienza a frenar! ¡Potter comienza a frenar! Algo está mal. Sus escobas están temblando… oh, demonios, ¡granizo!

–Oh, demonios –repitió Sirius Black. Como un antiguo golpeador, sabía lo malo que podía ser.

–Potter está dando vueltas. Se está moviendo. Se… ¿se aferra a la escoba de Malfoy? Sí, están descendiendo de forma segura… Ambos equipos los están ayudando… Ya casi… Vaya, todos están en el suelo.

–Gracias a Merlín, que alivio –dijo Andromeda Tonks.

–Oh, gracias a Dios. Recuérdame porque los dejamos jugar ese juego –dijo Emma Granger.

–Por supuesto que Harry fue y ayudó al chico Malfoy –dijo Remus Lupin.

–Sí, suena como Harry –respondió Sirius–. ¿Pero quién ganó?


–¿La atraparon? –demandó Marcus Flint.

–¿Quién atrapó la snitch? –preguntó Wood.

Harry escupió la snitch fuera de su boca y la elevó para que todos la vieran.

Un estruendo de aplausos se escuchó en las tribunas. En un extraño evento, todas las casas estaban celebrando. Ginny Weasley y Colin Creevey, quienes habían estado parados juntos aferrándose del mismo modo al barandal, se abrazaron y dieron saltos antes de separarse rápidamente, sonrojados. Cho Chang gritó con entusiasmo y silbó hacia Harry. Los Hufflepuff de tercer año admiraron con sorpresa las habilidades de su compañero. Incluso algunos Slytherin celebraron, aunque en su mayoría era porque querían alejarse de la tormenta. El equipo de Slytherin lucía molesto, pero casi nadie más, y Malfoy ni siquiera se burló de Harry por sostener la snitch con sus dientes. Claro, eso quizás era porque estaba siendo regañado por Flint por perder.

Acababan de salir del campo cuando Harry fue cegado por el misil de cabello castaño que acababa de estrellarse contra él. Su hermana lo abrazó hasta que casi se cayó y después lo golpeó en el brazo.

–¡Harry James Potter! ¡No me asustes así! –gritó Hermione sobre el diluvio–. ¿Qué estabas pensando al lanzarte en picada de ese modo?

–Estaba pensando, "evita el granizo". No funcionó tan bien. –Elevó la cola de su Nimbus 2000 para examinarla. Era un nudo de cerdas dobladas o rotas, y había varios rasguños en el mando–. Ah, tendremos que enviarla a la compañía para arreglar eso.

–Pff. Vamos, Potter, ¿qué no puedes comprarte una nueva? –Malfoy había recuperado sus sentidos lo suficiente para ser un fastidio de nuevo–. Pensé que eras rico.

–Soy responsable con mi dinero, Malfoy –respondió Harry–, pero no te preocupes. Estaré listo para ganar la próxima vez.

–Harry, ¿estás bien? –preguntó Hermione–. Debiste ser golpeado tanto como la escoba.

–Estoy bien… ¡AUCH! –Hermione le dio un suave golpe en la espalda.

–Eso es todo, a la enfermería, todos –dijo Madame Hooch–. A que los revisen. Anden.

Caminaron con renuencia hacia la enfermería bajo los encantamientos escudo de los estudiantes mayores y los profesores hasta que el granizo disminuyera. Madame Pomfrey revisó a ambos equipos, pero sólo Harry y Malfoy tenían heridas lo suficiente malas para no dejarlos ir de inmediato. Una vez la adrenalina se fue, Harry notó que varios de sus moretones eran bastante malos, pero fueron arreglados rápidamente y pronto, él, Hermione, Malfoy, y su admiradora, Pansy Parkinson, eran los únicos en la enfermería, pero Malfoy no dio nada de su tiempo a la joven Slytherin.

–Pansy, ¿podrías darme un minuto por favor? –dijo–. Me gustaría hablar a solas con el Sr. Potter.

Pansy se puso de pie y miró a Harry con sospecha, pero se fue.

–Granger, ¿te importa? –agregó.

–Cualquier cosa que quieras decir enfrente de mi puedes decirlo enfrente de Hermione, Sr. Malfoy –le dijo Harry.

–De acuerdo, Sr. Potter. Ahora, suéltalo. ¿Por qué lo hiciste?

–¿Disculpa?

–No tenías que advertirme del granizo, pero fuiste tú quien supo que venía. Y hubieras estado más seguro aferrándote de la escoba de alguien más. ¿Por qué me ayudaste?

Harry observó al rubio Slytherin con sorpresa. No lo había visto como una opción. No podía soportar a Malfoy como persona, pero no tenía interés en verlo morir. En la intensidad del momento, no advertirle o ir a la escoba de alguien más ni siquiera cruzó su mente.

Incluso Hermione estaba algo sorprendida. Claro, ella intentaría salvar a alguien en problemas, pero se sorprendió de que su hermano hubiera hecho tanto por Malfoy.

–Harry, creo que tienes un complejo de salvar personas –dijo. Harry sonrió.

–Sí, eso es. ¿Qué puedo decir? Tengo un complejo de salvar personas.

–Sabes, Sr. Malfoy –se dio cuenta Hermione con una sonrisa–, si Harry salvó tu vida de una tormenta de granizo en una escoba cuando no tenía que hacerlo, ¿eso cuenta como una deuda de vida?

Una expresión de horror atravesó el rostro de Malfoy, y guardó silencio por varios segundos más de lo que parecía necesario.

–Claro que no, Granger. Podría haber bajado solo.

–Lo que tú digas, Malfoy –respondió Harry–. Lo que tú digas.


Un poco después, mientras Harry y Hermione subían a la torre de Gryffindor, se encontraron con cierta Ravenclaw escocesa por segunda vez.

–Felicidades, Harry –dijo Cho–. Eso fue increíble. No sabía que una Nimbus podía hacer eso.

–No puede –dijo Harry con firmeza–. No a menos que tengas el hábito de volar en un huracán. Fue exhilarante, en serio, escalofriante. No lo intentaría de nuevo.

–Vaya. Aun así, creo que lo tendré bastante difícil hasta la final –dijo ella.

–Oh, definitivamente –sonrió Harry–. No espere que se lo deje fácil, señorita Chang.

–No se preocupe. No lo haré, Sr. Potter. Pero gracias por derrotar a Malfoy por mí.

–Fue un placer, señorita Chang. –Harry se quitó un sombrero imaginario, y continuó su camino.

Él y Hermione ya casi estaban llegando al retrato de la Dama Gorda cuando Harry se detuvo de golpe.

–Mione, adelántate por tu espejo y diles a mamá y papá que estoy bien, pero hay algo que necesito decirte primero. Algo pasó durante el partido.

–¿Qué? ¿Qué quieres decir con que pasó algo?

–Mira más de cerca. –Se quitó sus lentes para que ella pudiera ver mejor–. Mira a mis ojos.

Ella miró, sin saber que tenía que ver, pero entonces, mientras observaba, sus ojos cambiaron. Los iris esmeraldas crecieron hasta cubrir lo blanco de sus ojos, y las pupilas cambiaron de círculos a una forma vertical… sus ojos felinos.

Y entonces Hermione se dio cuenta de porque debieron cambiar.

¡Harry! –siseó–. Si hiciste trampa...

–¡Claro que no! Los cambié de vuelta en cuanto me di cuenta de lo que había pasado.

–Oh. ¿Pero cómo es posible?

–No lo sé. He intentado hacerlo por cuatro años y nunca funcionó hasta ahora. Supongo que es como cuando cambié por primera vez. Estaba lo suficiente desesperado que sólo pasó. Avísale a mamá y papá, y ellos pueden preguntar a Sirius.

–Claro… –dijo Hermione.

Entraron a la sala común y se unieron a la fiesta. El ganar el primer partido había sido en su mayoría suerte, pero aun así celebraron. Hermione pronto se extrajo para un viaje rápido a su dormitorio. Desafortunadamente, eso dejó a Harry a la merced de Romilda Vane.

–¡Harry, estuviste increíble! –dijo la hiperactiva niña de primer año, sus rizos negros rebotando–. Pensé que ibas a estrellarte, pero entonces pensé que no. ¡Eres Harry Potter!

–Pues, eh, no fue fácil –dijo Harry. Por favor apúrate, Mione, pensó.