Cuando Harry Potter tenía un problema, JK Rowling le decía que lo mirara desde otro ángulo. Pero fue justo por eso que los fanfiction como los de White Squirrel se volvieron necesarios.

Notas del autor: Este es uno de esos capítulos que he esperado escribir prácticamente desde el comienzo de la historia. No todos mis planes sobreviven contacto con la trama, pero este era uno que en verdad quería hacer realidad. Disfruten.


Capítulo 72

Como cada vez que los chicos estaban en casa, las vacaciones estuvieron ocupadas para los Granger. Pero su primer tarea era que Harry y Hermione vieran el especial nuevo de Doctor Who que sus padres habían grabado: Dimensions in Time. Sin embargo, cuando terminó, desearon no haberlo hecho.

–Eso. Fue. Terrible –dijo Hermione.

–¿Qué idiota decidió que fuera un crossover con EastEnders? –demandó Harry.

–No lo sé, pero es el treinta aniversario. Eso fue un insulto. Fue peor que The Twin Dilemma.

–Para nada. Nada es peor que The Twin Dilemma… pero estuvo muy cerca.

–Odio decirlo, Harry, pero creo que Doctor Who ha muerto.

–Pues, si es así, esa cosa lo mató –se quejó Harry–. ¿Crees que un mago oscuro confundió a los escritores, Mione?

–Normalmente diría que no, pero con algo tan malo, creería tal cosa.


En la semana antes de Navidad, visitaron Grimmauld Place de nuevo para que Harry y Hermione pudieran mostrar a sus padres lo que habían aprendido en la escuela y parte de lo que habían aprendido en el club de duelo (el profesor Williamson era menos gruñón y más interesante ahí que en clase), y más importante, Hermione tenía otro proyecto que estaba lista para completar.

–Dos años de trabajo, y ya estás lista para intentar la transformación animaga –dijo Sirius impresionado–. En verdad eres la bruja más inteligente de tu generación.

Dan y Emma no lucían tan entusiasmados con la situación. No apreciaban que su hija realizara tal estudio tan arriesgado, el cual normalmente sólo se hacía como un adulto, incluso si su hijo ya podía hacerlo.

–¿Y puedes arreglarlo si algo sale mal? –preguntó Emma.

–No te preocupes, Emma –dijo Sirius–. Si pudimos hacer que la rata hiciera esto, será fácil para Hermione.

–En verdad es bueno que lo aprenda ahora –dijo Remus–. Si, Merlín lo prohíba, se llegara a encontrar con Greyback, será capaz de transformarse para evitar la infección.

–Sí, ¿lo ven? Puede ser útil –dijo Hermione con optimismo.

–Ese es el espíritu –dijo Sirius. Se sentó enfrente de ella e intentó guiarla en la meditación final. Dijo que quizás tomaría varios intentos, pero por la manera en la que ya podía hacer que pelaje saliera de su piel y sus dotes naturales, pensó que quizás lo lograría en el primer intento.

Al final, no lo logró por completo en un intento, pero sí en una sesión. En múltiples ocasiones esa tarde, Hermione creció pelaje, y su cuerpo comenzó a cambiar de forma, pero cada vez, regresó a su forma humana de golpe. La profesora McGonagall tenía razón: había mucha resistencia que tenía que sobrepasar. Parecía un esfuerzo Sísifo, pero justo cuando Sirius iba a rendirse, ocurrió. Su cuerpo se encogió hasta tener unas quince libres y enfrente de los Granger se encontraba una hermosa nutria eurasiática, luciendo algo desorientada por un momento y después bastante contenta consigo misma. La única diferencia con una nutria normal era que en lugar de un estómago de color crema, su pelaje era completamente castaño.

–¿Hermione? –dijo Emma.

La nutria asintió e hizo un sonido que era sorprendentemente similar a un maullido, pero más chillón. Entonces, comenzó a pasearse por el cuarto. Harry de inmediato cambió a Raticida y la siguió, con Canuto siguiéndolos de cerca.

–Nuestra hija es una nutria –dijo Emma–. Nuestro hijo es un gato, y su padrino un perro. Recuérdame de nuevo como terminamos en esta situación.

–Si adoptas un gatito perdido nunca sabrás con que terminarás, supongo –dijo Dan.

Sirius cambió de regreso y acorraló a Hermione para lograr que cambiara también. El cambiar de regreso a humano se suponía que era más fácil, pero aún necesitaba algo de ayuda. Con su guía, logró hacerlo después de un par de intentos.

–Felicidades, Hermione –dijo Dan cuando regresó a la normalidad–. ¿Cómo te sientes?

–Bastante bien –dijo ella con una sonrisa–. Excepto que se me antoja algo de pescado.

Sirius y Harry se rieron de ella.

–Bienvenida a mi mundo –dijo Harry.

–Pues, estoy muy orgullosa de ti por aprenderlo tan rápido, gatita –dijo Sirius–. Continuaremos practicando durante las vacaciones, y entonces deberías poder cambiar en la escuela bajo la supervisión de Harry si lo necesitas. Y claro, McGonagall puede arreglarlo si algo sale mal.

–¿Has pensado en tu nombre de merodeador, Hermione? –preguntó Remus.

–Señorita Pescadora, creo. Busqué nutrias en literatura, pero no encontré nada bueno.

–Pescadora será –dijo Sirius. Dio un golpe suave a sus hombros con su varita–. Por el poder investido en mi como Merodeador Mayor, Yo, el Sr. Canuto, la nombro a usted Señorita Pescadora. Use su poder solo en aquellos que merezcan travesuras.

–Estaríamos mejor sin las travesuras, gracias –dijo Emma sin efecto.


Unos días después, era Nochebuena, y los Granger estaban de regreso en casa, y sus abuelos habían llegado. Hermione estaba progresando bastante en su transformación, aunque aún no podía hacerlo con sus abuelos cerca. Sabían sobre la magia, pero era más seguro si no sabían sobre sus formas animagas.

–¿Sabías que las nutrias eran consideradas sagradas para los persas, Harry? –dijo mientras se relajaban en el cuarto de Harry.

–No, no lo sabía. Bueno, supongo que eso nos pone a mano –dijo–. Yo me quedo con Egipto y tú con Persia. –Mientras se reía, se sorprendió al ver a la lechuza de Andi acercarse y comenzar a dar golpes con su pico a la ventana. Harry la abrió–. ¿Tienes algo para mí? –preguntó. La lechuza estiró su pata. Un momento después, Harry palideció mientras leía la nota–. ¡Oh no! –dijo, y corrió abajo.

–¿Harry? ¡Harry! –Hermione corrió tras él.

–¿Harry, qué pasa? –preguntó Dan cuando llegó al salón.

–¡Dora está en el hospital!

–¿Qué?

–¡Oh no!

–¿Qué pasó?

Harry se calmó lo suficiente para leer el resto de la nota y se relajó.

–Accidente de entrenamiento, creo –dijo–. La carta dice que Ojoloco los ha estado haciendo trabajar en varios ejercicios activos, y fue golpeada por varios maleficios que interfirieron con su habilidad metamorfomaga. Dice que estará bien, pero estará en San Mungo para Navidad.

–Oh, es una lástima –dijo Emma–. Deberíamos ir a verla mañana. Podemos incluirlo en nuestros planes.

El resto del día estuvo muy ocupado entre hornear, otras preparaciones, e ir a la Iglesia. La mañana siguiente, Sirius y Remus llegaron para abrir regalos, como siempre, pero los regalos eran sospechosamente más grandes este año.

Primero, Sirius y Remus regalaron a Harry un nuevo espejo de comunicación conectado al de ellos.

–Intenta no romper este –dijo Sirius medio en broma–. No son tan fáciles de encontrar.

Pero fue el regalo de Hermione lo que elevó varias cejas. Cuidadosamente guardado en una gran caja, la cual, por supuesto, era más grande por dentro, había un caldero de bronce y un detallado set de frascos, botellas, viales, e ingredientes, incluyendo algunos raros.

–¡Dios mío! –dijo ella–, este es un laboratorio de pociones portátil de nivel profesional. ¡Es increíble, Sirius!

¿Laboratorio de nivel profesional? Pensaron Dan y Emma. Eso tenía que ser caro. Se preguntaron porque haría eso, pero entonces notaron el sospechoso regalo delgado de Harry. Sólo había unas cuantas cosas que podría ser, y tenían una buena idea. Harry lo abrió y soltó un grito ahogado.

–¡Por la barba de Merlín! ¡Es una saeta de fuego! Es la escoba más rápida del mundo. La mejor en el mercado este año. No puedo creer que la compraste.

–¿Una saeta de fuego? –dijo Dan sorprendido–. Sirius, es mucho. ¿Qué no esas cuestan cientos de galeones? Harry aún tiene una escoba que puede ser arreglada.

–Sí, la tiene –respondió Sirius–, pero por mucho que odio ser tan materialista como los Malfoy, tienen razón sobre algo: la Nimbus 2000 ya no es la mejor escoba en el mercado. Aún tengo algo de poder sobre Kreacher, y gracias a él, descubrí que Draco también iba a recibir una saeta de fuego en Navidad. Si Harry quiere seguir ganando, necesitará la mejor oportunidad para estar parejo. Y entonces, claro, tuve que pensar cual sería la mejor manera de consentir a Hermione. Y por eso el laboratorio de pociones.

–Es maravillosa, Sirius –dijo Harry–. Muchas gracias.

–Solo lo mejor para mis ahijado.

Se limpiaron después de abrir regalos y comieron su cena de Navidad, después de la cual todos excepto los abuelos hicieron un viaje especial al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas para visitar a los Tonks. Dora estaba en el cuarto piso para heridas de hechizos, y de acuerdo a los sanadores, estaba bastante molesta. Cuando llegaron a su ala, vieron porque. El cabello rosa preferido por Nymphadora Tonks se había ido. En su lugar, su cabeza entera estaba cubierta de pequeñas púas. También estaba verde.

Todos, incluso Dan y Emma, intentaron no reírse de ella.

–Oh, ya, ríanse –se quejó ella.

–Ese… ese fue un gran accidente de entrenamiento –dijo Sirius.

–Dios mío, es un cactus –susurró Harry.

–¿Creen que es gracioso? –dijo Dora–. También están en mis brazos y piernas. No puedo moverme sin picarme.

–Eh, lo siento –dijo Harry.

–¿Me atrevo a preguntar qué pasó, Dora? –se aventuró Remus con precaución.

–¿Pues qué parece? Me golpearon con un maleficio de erizo de mar y una maldición de pérdida de cabello al mismo tiempo. Y también con el encantamiento de cambio de color verde que usamos para simular la maldición asesina.

–¿Así que estás muerta? –dijo Sirius.

–No tan muerta como tú lo estarás, bola de pelo.

–¿Y eso fue suficiente para que terminaras en el hospital? –interrumpió Emma antes de que comenzara una pelea.

–No, Emma, también me golpearon con un maleficio de piernas gelatina, y ese se conoce por interferir con maleficios que alteran la apariencia. La combinación se metió con mi habilidad metamórfica así que no puedo cambiar de regreso. Dicen que debería estar bien para Año Nuevo.

–Genial, no te perderás la fiesta –mencionó Sirius.

–Sí, eso.

Se sentaron y hablaron por un tiempo sobre cómo iba su Navidad. Dora se emocionó al escuchar sobre la nueva saeta de fuego de Harry y declaró que Harry iba a llevar a Gryffindor a ganar la copa de quidditch este año. (Claro, fue lo mismo los últimos dos años.) Los Granger también prometieron regresar más tarde en la semana para darle un resumen de la obra de Navidad del Teatro Diagonal. (Este año la función era una obra histórica sobre Merlín.) Después de un tiempo, decidieron que era hora de irse y pronto dejaron el ala...

Y se encontraron frente a frente con Neville Longbottom.

¿Neville? –dijo Hermione con sorpresa.

Neville dio un salto cuando los vio, pero los saludó nervioso.

–Eh, hola, Harry. Hola, Hermione. ¿Qué están haciendo aquí?

–Visitando a nuestra prima, el cactus –respondió Harry.

–¡Te escuché!

–Accidente de entrenamiento en el Departamento de Aurores –aclaró él.

En ese momento, una bruja de aspecto formidable con un vestido verde y un sombrero con un buitre disecado en la punta llegó desde la esquina.

–Oh, hola, Lord Potter, señorita Granger –dijo Augusta Longbottom con algo de sorpresa–. Que coincidencia. Traje a Neville a visitar a sus padres. Son bienvenidos a conocerlos si gustan.

–Eh, no querríamos imponernos, Madame Longbottom… –comenzó Hermione.

–Oh, para nada, para nada, pequeña. Me sorprende que Neville no los haya invitado antes.

Harry y Hermione intercambiaron una mirada incómoda con Neville. De hecho, él los había invitado a visitar a sus padres el año pasado, pero ellos no habían querido entrometerse en algo que obviamente era un tema doloroso para él. Su abuela no parecía tener la misma sensibilidad.

–Está bien –dijo él en voz baja–. Pueden venir.

–Estaremos en el salón de té –dijo Remus, llevándose a Sirius.

Madame Longbottom llevó a los niños y a Dan y Emma a una sala cerrada nombrada el Ala Janus Thickey. Pronto fue obvio que era el ala psiquiátrica de largo plazo del hospital ya que sólo podían ver ahí víctimas de los hechizos de alteración de mente más intratables. Y paseándose lentamente a lo largo de la sala había una mujer de cabello blanco con un camisón. Neville suspiró y caminó al frente para tomar su mano.

Alice Longbottom no había dicho palabra inteligente en doce años, aunque tarareaba con frecuencia y pasaba gran parte de su tiempo caminando de un lado a otro en el ala. Sólo tenía treinta y seis años, pero parecía tener cincuenta. Su cabello era completamente blanco y se le pegaba en la frente, y su rostro era delgado y lucía desgastado, con la apariencia de una mujer dos décadas mayor de su edad. Había temblores leves en sus movimientos, y se movía con pasos inestables. No había chispa de vida en sus ojos ni tampoco un rayo de reconocimiento, aunque parecía estar especialmente atraída hacia Neville y se quedó cerca de él mientras visitaban.

El esposo de Alice, Frank, podía hablar unas cuantas palabras, pero lo que decía siempre salía como balbuceos incoherentes. Estaba postrado en cama, incapaz de caminar, y los sanadores tenían que trabajar con él regularmente para que sus músculos no se atrofiaran. Sus manos temblaban cuando intentaba usarlas, y a veces golpeaba a los sanadores si lo trataban bruscamente.

Frank tampoco reconoció a Neville, pero Neville pacientemente se sentó y habló con ambos sobre cómo iba su año, y presentó a Harry y Hermione.

Dan y Emma observaron la escena con admiración al amor y devoción de Neville, pero también con algo de desasosiego por lo que estaba pasando a sus padres.

–Madame Longbottom –dijo Dan con algo de titubeo–, si no le molesta que pregunte… ¿qué les pasó?

–¿Qué? ¿No lo saben? –dijo Madame Longbottom–. Neville, ¿no has contado a tus amigos de tus padres?

–Nunca le preguntamos –dijo Hermione rápidamente cuando vio que Neville lucía cada vez más incómodo.

–Pues, esa no es excusa –dijo ella imperiosamente–. Deberías estar orgulloso, Neville. ¡Orgulloso! Tus padres dieron su salud y cordura para proteger a su hijo. No tienes por qué estar avergonzado de ellos.

–No estoy avergonzado –dijo Neville.

Harry y Hermione también estaban observando a Frank y Alice con atención. Comenzaron a sentir que algo no estaba bien. Una mirada rápida les dijo que sus padres pensaban lo mismo.

–Mi hijo y su esposa –dijo Madame Longbottom–, fueron torturados hasta perder la cordura por seguidores de Quien-Ustedes-Saben. Eran aurores, saben… bastante dotados, ambos… –La sensación era como una alarma escandalosa.

–¿Torturados? –dijo Emma con confusión, interrumpiendo los cumplidos de Augusta a su familia–. Disculpe, pero el dolor no hace eso.

–Pues, la maldición Cruciatus lo hace. –Augusta claramente no era tímida sobre discutir esto enfrente de las víctimas.

–Pero eso no… algo no parece estar bien… –dijo Emma con incertidumbre.

–No puedo ver cuál es el problema.

–¿Quién es, eh, el sanador a cargo de esta ala? –preguntó Dan.

–Miriam Strout, señor. ¿Cómo puedo ayudarle? –Una mujer de aspecto estricto pero maternal se acercó a ellos. Sonaba dulce, pero lucía muy ocupada por examinar a todos sus pacientes.

–Pues, mi esposa y yo tenemos algo de, eh, entrenamiento como sanadores muggles, y nos preguntábamos si podría decirnos cual es el diagnóstico de ellos dos.

–¿Oh, los Longbottom? –dijo Strout–. Pobres. Exposición extrema al Cruciatus. Están locos… sus mentes secas. Hemos intentado ayudarlos, por supuesto, pero no hay mucho que pueda hacerse en un caso como este. Pero tienen una familia tan agradable, que los visita cada semana.

Esa respuesta confirmaba que había algo mal. Lo que Harry y Hermione apenas comprendía, Dan y Emma sabían bien: Frank y Alice parecían pacientes de Alzheimer en etapa avanzada, con algunos síntomas de Parkinson.

–Sí, me temo que no hay mucho que puedan hacer –dijo Augusta–. Lo importante es mantener su legado. ¿No es así, Neville?

Neville no dijo nada.

–Madame Longbottom –dijo Emma–, esto quizás suene extraño, ¿pero alguna vez han sido examinados por un doctor muggle?

Ambas mujeres se detuvieron.

–¿Qué? –dijo Augusta–. ¿Los que cortan a las personas? ¿Por qué haría eso?

–No, no, esos son cirujanos –dijo Emma, sintiéndose un poco ofendida como una dentista que hacía eso algunas veces–. Los doctores examinan el cuerpo, intentan comprender enfermedades, y prescriben medicinas, muy similar a sus sanadores.

–Oh, pero no puedo imaginar que harían algo mejor que nosotros, querida –dijo Strout.

–Se sorprendería. Quizás puedan.

–Lo siento, señora...

–Granger.

–Pues, Sra. Granger –dijo Strout con aspecto severo–, no veo como los sanadores muggles podrían hacer algo que nosotros no.

–Pues, en primer lugar, podrían dar el diagnóstico correcto.

El silencio llenó el ala… tanto silencio como podía haber en un ala psiquiátrica, por lo menos. Una mujer con pelo en el rostro en la cama cercana comenzó a ladrar. Neville observó a Emma con la boca abierta, sorprendido por la implicación.

–¿El diagnóstico? –dijo Augusta con sospecha–. ¿Está implicando que tenemos el diagnóstico incorrecto? ¿Después de doce años?

Los Granger titubearon, preocupados de haber llegado muy lejos, pero Dan lentamente respondió.

–Madame Longbottom, no queremos causar más dolor para usted o Neville. Es sólo que nos preocupa lo que estamos viendo. En el mundo muggle, la locura no es un diagnóstico, sino un síntoma. Ahora, la maldición Cruciatus quizás es la causa, pero el hecho es... –miró a su esposa para pedir ayuda.

–El hecho es, Madame –continuó Emma–, que debería ser obvio que su hijo y su esposa no están sufriendo de locura. Están sufriendo de demencia. Pérdida extrema de memoria. Hay muchas enfermedades que pueden causarlo.

–¿Pérdida de memoria? Oh, Sra. Granger –dijo Strout con aire de superioridad–. Comprendo que no está familiarizada con la sanación mental, pero he lidiado con casos de desmemorización completa accidental antes, y no son nada como los Longbottom. Aún podían caminar, hablar normal, por ejemplo...

–No, Madame, creo que mi mamá tiene razón –habló Hermione de repente mientras su mente comenzaba a trabajar–. Eso suena a amnesia, y eso es sólo un tipo de memoria. Si así es como funciona la desmemorización, entonces sabemos que hay otros tipos de memoria en el cerebro que la desmemorización no toca… como el cómo caminar o hablar, y en casos más severos, el cómo comer y respirar. Si los Longbottom sufrieron daño cerebral por la maldición, podría haber afectado eso también, pero a menos que tenga algún buen encantamiento de diagnóstico para el cerebro, necesitaríamos una IRM, ¿verdad, mamá? –Su mamá asintió.

–¿Un IRM? –dijo Augusta–. ¿Qué es eso?

–Oh, es una máquina que toma fotografías del cerebro desde afuera de la cabeza –dijo Harry. Augusta y Strout lo miraron con sorpresa.

–¿Pueden hacer eso? –dijo Strout.

–¿Es seguro, Sr. Potter? –agregó Augusta.

–Claro, nuestros doctores lo hacen todo el tiempo. Quizás nos diga algo nuevo.

–Saben, chicos, creo que eso sería una buena idea –dijo Dan en acuerdo–. Madame Longbottom, creo que una IRM muggle podría darle algo de información valiosa.

Si la sanadora Strout estaba intimidada por ver a Harry Potter y su familia, no lo mostró. Por muy amable que era, este era su territorio.

–¿Quiere decirme –dijo incrédula–, que quiere llevar a dos de mis pacientes a estos… "doctores" muggles, y ponerlos en una máquina que de algún modo puede tomar fotos de sus cerebros, y cree que podrían ayudar con sus pociones muggles?

–Sí, justo eso –respondió Harry.

Neville miró a sus dos amigos y a sus padres, y aun procesando e intentando comprender que estaba pasando. Habían ido ahí por primera vez ese día y en menos de una hora habían dado una explicación alterna sobre lo que estaba mal con sus padres, todo mientras acusaban a los mejores sanadores en Gran Bretaña de haberlo hecho mal por doce años. Normalmente, eso sería una locura, y su abuela parecía lista para expresarlo, pero necesitaba estar seguro. Habló antes de que ella pudiera hacerlo.

–¿En verdad creen que pueda ayudar?

Hermione estiró una mano y la colocó sobre su hombro. Él se sonrojó y su mirada se dirigió a ésta al instante, y enseguida a su rostro.

–No lo sé –dijo ella–. Es difícil saber. Probablemente no puedan hacer mucho, si soy honesta. Los muggles no saben mucho sobre revertir daño cerebral… pero hay medicinas diseñadas para reparar funciones cerebrales anormales. Podrían por lo menos ayudar con los temblores, y… dependiendo de qué más esté mal, quizás puedan hacer más.

Augusta se sorprendió por esta muestra de interés de su nieto. Había estado a punto de ignorar lo dicho por los Granger, pero algo en el fondo de su mente le dijo que quizás era un prejuicio injusto al que aún se adhería. Después de todo, Harry Potter había hecho lo imposible más de una vez.

–¿En qué estás pensando, Neville? –preguntó con curiosidad genuina.

La voz de Neville fue suave, pero firme.

–Yo… confío en Harry y Hermione, abuela. –Dio un abrazo incómodo a Hermione, para la sorpresa de la joven, y se separó para mirarla de frente–. Creo que deberíamos intentar lo que dicen. ¿Qué daño puede hacer?

–Pues, Neville… –dijo Augusta, poco segura de cómo proceder–, admiro tu interés en el bienestar de tus padres, pero desconfío de esas máquinas muggles.

Neville rápidamente bajó la cabeza. Su abuela no era una mujer fácil de convencer.

–Madame Longbottom –dijo Harry–. ¿Y si yo lo hago primero?


Harry no se dio cuando de la gran impresión que había dado a los sanadores. Él, Harry Potter, se había ofrecido a someterse a lo que veían como un extraño procedimiento médico nuevo en un impulso para ayudar a la familia de su amigo que acababa de conocer. Él no lo veía de ese modo. Como él lo veía, sólo estaba sometiéndose a una inofensiva examinación médica como un favor a uno de sus mejores amigos. Gastaría algo de dinero, pero Neville intentaba convencer a su abuela de cubrir el gasto.

De cualquier modo, la palabra de Harry Potter podía mover montañas… de papeleo. Unos días después, estaba en un hospital dentro de una máquina de resonancia magnética, la cual era lo suficiente cómoda, pero muy ruidosa, y Madame Longbottom había firmado la salida de Frank y Alice de San Mungo para llevarlos ahí a una evaluación. Podían ser trasladados fuera del ala por breves periodos de tiempo, pero nunca habían tenido la necesidad antes.

Si se era honesto, Harry no estaba seguro de lo que los doctores encontrarían. ¿Había algo diferente en un cerebro mágico? Tal vez, pero lo dudaba. Los magos y muggles pensaban de manera muy similar. Además, hijos de muggles recibían IRM de vez en cuando antes de descubrir la magia, ¿no? Cualquier cosa rara sería vista de inmediato. Así que no esperaba que las imágenes mostraran algo extraño, hasta que escuchó al neurólogo.

–¿Qué demonios es eso?

–¿Perdón? –dijo Harry.

–¿Cuál es el problema? –dijeron Dan y Emma al mismo tiempo.

–Esto es… nunca había visto nada… –El doctor se detuvo y sacó a Harry de la máquina. Una vez que pudo mirarlo directamente, habló–. Esa cicatriz en tu frente… ¿cómo la recibiste?

–Eh… en un… ¿accidente automovilístico? –dijo Harry preocupado. No le gustaba a donde iba todo eso–. ¿Hay algún problema?

–Pues, no sé si sea un problema, pero luce extraña… ¿Alguna vez han tomado una radiografía a tu cabeza?

–No.

–Creo que deberías.

Quince minutos después, el doctor tenía una radiografía y una tomografía enfrente de él. Mostró la radiografía a la familia primero. Ahí, tan claro como el día justo encima del ojo, había una línea delgada de color gris oscuro en forma de rayo.

–¿Mi cicatriz está en mi cráneo? –dijo Harry.

–Esa no es una cortada normal en su frente, Sr. Potter. Eso es seguro –dijo el doctor–. Atraviesa completamente el hueso. Nunca había visto que un accidente automovilístico hiciera eso… Parece que hubiera sido cortada con una sierra, pero con la tomografía...

Eso ya era suficientemente extraño. Los Granger nunca habían tenido razón para pensar que la cicatriz estaba más profunda, pero entonces, nunca se habían molestado en intentar alterarla cosméticamente o algo similar.

–¿Qué con eso? –presionó Emma.

–Pues, el cerebro es la parte extraña. –El doctor les mostró la vista frontal del cerebro de Harry, y soltaron un grito ahogado. Las circunvoluciones en la superficie del cerebro eran diferentes para cada persona, pero usualmente eran casi simétricas. Estas no lo eran. Justo en la parte derecha del lóbulo frontal había una circunvolución que parecía más profunda que el resto… una circunvolución con la forma de un rayo.

–¿Está en mi cerebro? –dijo Harry preocupado, tocándose su frente.

–¿Cómo es eso posible? –preguntó Dan.

–No tengo idea –respondió el doctor–. Por lo que puedo ver, ese surco pasa por todo el lóbulo frontal, la sustancia gris y la sustancia blanca, y está alineado perfectamente con la cicatriz en tu piel, pero no pueden ser por la misma causa.

–¿Por qué no?

–Porque, Sr. Granger, el área alrededor de la cicatriz en el cráneo parece tejido cicatrizal. Definitivamente fue cortado por algo, pero esta circunvolución en su cerebro parece tejido cerebral sano. Parece que su cerebro creció de ese modo.

–Pero… ¿es un problema?

–No lo creo. Si no ha afectado su desarrollo aún, dudo que lo haga en el futuro. Sólo no veo cómo puede estar ahí en primer lugar. –Emma suspiró.

–Gracias, doctor. Pero ¿estábamos aquí por nuestros amigos, los Longbottom?

–Cierto… –cambió de documento–. ¿Las… víctimas de un ataque terrorista? –dijo con sospecha. Sin récords muggle era difícil encontrar una historia posible–. Pues, no tengo más que decir sobre las imágenes de su hijo. Sólo que quizás quieran que repita los estudios cada par de años. Vamos a alistar a sus amigos.

Cuando los Granger salieron a la sala de espera, Neville de inmediato saltó de su asiento.

–Harry –dijo–. ¿Qué tomó tanto tiempo? ¿Pasó algo?

–No, no, Neville –dijo–. Sólo acabo de descubrir que mi cicatriz llega hasta mi cerebro.

–¿Qué? ¿C.…c...cómo?

–No tengo idea. Tendré que preguntar al profesor Dumbledore. De cualquier modo, están listos para tus padres.

Frank y Alice Longbottom estuvieron obviamente incómodos al tener que estar en la ruidosa y pequeña máquina de IRM, pero no mostraron efecto adverso alguno. Después, el doctor se reunió con Augusta y Neville y explicó la situación.

–Una examinación rápida indica daño severo por convulsiones –dijo. Esto no era una sorpresa ya que así era como la maldición Cruciatus funcionaba en esencia. Lo que era sorprendente era que los sanadores de San Mungo habían fallado en articular esa conclusión por tanto tiempo–. Ahora, la buena noticia es que sorprendentemente hay muy poca atrofia en el tejido cerebral. La mala noticia es que no hay manera de saber cómo reparar el daño. Hay algunas cosas que podríamos intentar que quizás hagan algo. Podemos darles levodopa para los temblores. Eso ciertamente funcionaría, aunque los efectos secundarios pueden ser algo severos. En lo que respecta a su memoria, podríamos intentar darles tacrina y memantina. Esas son las medicinas principales para el tratamiento de Alzheimer. Quizás ayuden a aclarar sus mentes un poco; tal vez incluso los ayuden a retener memorias nuevas mejor, pero será difícil que recuperen lo que han perdido. Lo lamento, pero es lo mejor que puedo hacer.

Augusta habló del tema con los Granger y Neville. Al escuchar las opciones, los Granger estuvieron a favor de intentarlo, y la respuesta de Neville permaneció igual que antes.

–Confío en Harry y Hermione.


Los Granger sinceramente esperaban que los tratamientos muggle ayudarían a los Longbottom, pero sería un camino difícil. Aun así, decidieron dar una visita de cortesía a la mansión de los Longbottom la víspera de Año Nuevo antes de la fiesta de Sirius para ver cómo iban las cosas.

–Pues, debo decir –dijo Augusta Longbottom–, que fue bueno que nos advirtieron sobre esos "efectos secundarios" o hubiéramos detenido esas pociones muggle más rápido de lo que pueden decir "pamplinas". Como tal, tomó bastante esfuerzo convencer a los sanadores de que no estábamos envenenando a Frank y Alice. ¿Todas las pociones muggle hacen eso?

–Usualmente no tan mal, pero muchas lo hacen –dijo Dan.

–Qué lástima que no pueden hacer las cosas de manera correcta. De cualquier modo, los sanadores les están dando pociones para prevenir la náusea y detener los problemas digestivos, y uso prolongado de poción para aclarar los sentidos para revertir el incremento en su confusión. Claro, los sanadores no están felices de tener que dar cinco pociones al día para el uso permanente, y esas pequeñas píldoras en verdad complican las cosas, ¿no lo creen?

–Créalo o no, eso es bastante ligero para muggles con mala salud –dijo Emma, sintiéndose insultada. Brujas mayores y cerradas como Augusta tendían a hacer eso a las personas–. Muchos muggles toman más que eso. ¿Pero cómo están?

–Para la sorpresa de los sanadores, algo mejor, lo cual es por lo que lo continúan con el tratamiento. Los temblores de Frank casi han desaparecido, Alice camina con más confianza, y parecen estar pensando con más claridad, aunque es difícil de ver.

–Los visitamos de nuevo hoy –habló Neville–. Pensé que mi papá casi tuvo sentido. Sé que lucen mejor. Los doctores dicen que quizás tome meses para que la memoria funcione, si lo hace, pero… gracias. No creí que algún día llegaría a ver mejoras en ellos.

–Estamos felices de ayudar, Neville –dijo Hermione–. Estamos felices de poder hacer algo por ellos, aún si sólo es un poco.

Neville sonrió.

–Oye, Neville –intervino Harry–, mientras estamos aquí, deberíamos hablar sobre varitas.

–¿Varitas? –dijo Augusta.

–Sí, Madame. Sabemos que Neville ha estado usando la varita de su papá en la escuela, y estábamos pensando si le iría mejor en clase si tuviera su propia varita.

Augusta miró a su nieto con sorpresa.

–Neville, ¿hay algo malo con la varita de tu padre? –dijo con tono intimidante. Hermione lo salvó.

–Estoy segura que es una varita perfectamente buena, Madame, pero no es el mejor par para Neville. Estoy segura que sabe lo que dice el Sr. Ollivander: la varita elige al mago. Sabe cómo Harry y yo somos buenos para la magia sin varita, ¿verdad? –Ella asintió–. Pues, también podemos sentir las energías mágicas. El Sr. Ollivander nos dijo que varitas heredadas nunca funcionan tan bien como las que son elegidas en persona, y podemos sentir cuando la tocamos que tiene razón. –Augusta no fue disuadida.

–¿Y por qué la varita de Frank no es un buen par para Neville?

–Incluso los padres e hijos pueden resultar diferentes, Madame –dijo Harry–. De acuerdo a Sirius, mi mamá pensaba que mi papá era un tonto arrogante hasta su sexto año, y siempre he intentado no serlo.

–De hecho, estaba pensando sobre eso –agregó Hermione–. Neville, ¿tienes la varita de tu mamá?

–Por supuesto. Iré por ella.

Un minuto después, Neville trajo las dos varitas de sus padres, y Augusta Longbottom observó la extraña visión de Hermione pasando sus dedos lentamente por el brazo de su hijo.

–Mmm… –dijo Hermione–. Neville, ¿cuál era la mejor materia de tu papá en la escuela?

–Herbología y Transformaciones –respondió Augusta por él–. Frank era muy bueno en ambas.

–¿Y su mamá, Madame?

–Encantamientos, en su mayoría, aunque siempre fue muy dotada también.

–Bueno, eso lo explica –dijo Hermione–. Te he visto, Neville. Eres mejor para Encantamientos que Transformaciones. Y eso quiere decir que la varita de tu mamá es un mejor par para ti que la de tu papá… aunque aún no es perfecta. Estarías mejor con tu propia varita.

Tanto Neville como su abuela fruncieron el ceño.

–Pensé que sería el caso –dijo Harry–. Eres como yo, Nev. Mi papá era bueno en Transformaciones, y mamá también era buena para Encantamientos. Me parezco más a mi mamá, con lo de la magia sin varita.

El humor de Neville mejoró al ser comparado con Harry Potter, y Augusta fue obligada a reconsiderarlo. Después de tantos años de empujarlo a ser como su padre, esto era decepcionante para Augusta. Amaba a Alice como si fuera su hija, claro, pero siempre había querido ver a Frank en Neville. Había estado feliz al verlo trabajar más y entrenar después de que se volvió amigo de Harry y Hermione en su primer año, pero incluso entonces tuvo que preguntarse si estaba negando lo mucho que se parecía a Alice.

–Está proclamando cosas serias, Lord Potter –dijo–. No esperaría que alguien de su edad supiera tanto sobre varitas. Ahora, admito que a Neville no le estaba yendo tan bien como esperaba en la escuela, pero me pregunto cómo podría demostrar todo eso.

–Pues, el profesor Dumbledore estará en la fiesta esta noche, Madame –dijo Hermione–. ¿Y si le pedimos que examine a Neville con ambas varitas?