Por supuesto que está pasando en tu mente, Harry, ¿pero por qué significa que no es JK Rowling o White Squirrel?


Capítulo 73

Una propuesta interesante, Sr. Bagman. Hable con David Monroe, y si está de acuerdo, creo que podríamos conseguir financiamiento. No creo que Dumbledore le dé problemas.


La fiesta de Año Nuevo fue tan emocionante como siempre. Todas las personas de importancia estaban en Grimmauld Place, excepto por las que no le agradaban a Sirius. Los Lovegood estaban ahí, esforzándose por confundir a todos. Lo que había comenzado como una broma con Stubby Boardman dos años antes se había vuelto una invitación constante, en su mayoría a pedido de Harry.

–Papá piensa que Fenrir Greyback está planeando una pelea hasta la muerte entre su manada, la Conspiración Rotfang, y los magos golpeadores –dijo Luna a Sirius–. Los vampiros y los hombres lobo son enemigos naturales, como sabes. En cuanto los aurores se pongan en contra de los magos golpeadores, Greyback actuará y atacará al Ministerio mientras está vulnerable, y acabará con el resto desde una buena posición.

–Erm… no lo creo, Luna –dijo Sirius, intentando seguirle la corriente–. Él, eh, no podría lograrlo a menos que tuviera poción matalobos, y guardan esa con más seguridad que una reserva de dragones.

Luna abrió más los ojos en obvia sorpresa.

–¿No lo saben? –dijo–. Greyback ya tiene un agente en el Ministerio. Está en la publicación de este mes del Quisquilloso.

–¿Un agente en el Ministerio? –dijo Remus–. ¿Quién es?

–Dolores Umbridge.

–¡¿Qué?!

–Oh sí, es que odia a los hombres lobo tanto que se niega a sí misma el ser uno. La mitad de las personas en el Departamento de Criaturas Mágicas lo saben, pero lo están encubriendo porque está teniendo una aventura con el Ministro, y él puede hacer que el Departamento de Misterios envenene a todos los que hablen en su contra...

En ese punto, Harry comenzó a toser tanto que se le salió el ponche por la nariz, y Remus comenzó a reírse a carcajadas al punto de que no pudo permanecer en pie.

–¡Por la barba de Merlín! –exclamó el hombre lobo–. ¡No me puedo quitar la imagen!

–Es la cosa más escalofriante que he escuchado –dijo Sirius.

–Vamos, Luna –dijo Harry una vez se limpió–. Creo que es hora de enseñarte algo llamado el principio de Hanlon.

–¿Qué es eso, Harry? –preguntó ella.

–Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez. En otras palabras, normalmente es la culpa de los torposoplos. –Luna se rio ante la broma y pronto se dobló de la risa. Harry no pudo evitar sonreír. La risa de Luna era contagiosa. Probablemente por los nargles, pensó.

Poco después, se encontraron con Neville, quien acababa de regresar de su evaluación con el profesor Dumbledore. Para su sorpresa, abrazó a Hermione y dio una palmada en la espalda a Harry.

–Buenas noticias, chicos –dijo él–. Dumbledore dijo que tenían razón. La varita de mi mamá funciona mejor para mí que la de mi papá. No ha dicho nada aún, pero creo que puedo convencer a mi abuela de que me compre una ahora.

–Oh, eso es genial, Neville –dijo Hermione–. Estoy feliz de poder ayudar.

–En verdad deberías conseguir una varita nueva, Neville –habló Luna–. Una varita que no es par atrae a las sanguijuelas mágicas.

Todos se detuvieron y la observaron.

–Erm, no lo sé, Luna –respondió Harry-, pero sé que sus hechizos serán mejores con su propia varita.

–Creo que eso fue lo que dije –respondió ella.

Sin embargo, no tuvieron la oportunidad de descifrar la mente de la Luna porque el profesor Dumbledore había llegado con un hombre grande con un bigote de morsa.

–Ah, Harry, Hermione –dijo el director–. Creo que recuerdan a mi viejo amigo, Horace Slughorn. Esperaba que los cuatro pudiéramos hablar en privado.

–Ah, cierto, asunto secreto –dijo Harry–. Los veremos después, chicos.

Los Granger habían hablado sobre Slughorn con Sirius y Remus antes de la fiesta. Había un número de cosas que necesitaban saber, como que secretos valiosos podría conocer, y cómo iban a lograr que se los dijera.

Pues, Slughorn era un buen maestro –dijo Sirius–. Es bastante sabio. Puede preparar Felix Felicis sin error. La cosa es, no creo que esto sea sólo sobre enseñanza. Él tenía algo llamado Club de las Eminencias, el cual era básicamente un club para los ricos y talentosos. Niños… cualquiera con buenas conexiones o quienes creía serían de gran influencia en el mundo mágico. Tu madre fue parte, Harry.

¿Lo fue?

Bueno, era la mejor en nuestro año –explicó Remus–. Slughorn mantenía una red… una red de personas de influencia para asegurarse de siempre ser invitado a las mejores fiestas, escuchar la información, sobre todo, y recibir los mejores regalos de Navidad de sus antiguos estudiantes.

Eso es algo escalofriante –dijo Harry–. Casi suena como una versión benigna de Voldemort.

Explicó como él y Hermione habían visto en los recuerdos que Voldemort había creado una red de estudiantes en la escuela y quería enseñar para reclutar a la siguiente generación.

Vaya, eso es bastante similar –dijo Sirius–, pero supongo que es la misma ambición Slytherin trabajando. Por suerte, Slughorn no es malvado, sólo hedonista. Bueno, estoy seguro de que saltará a la oportunidad de coleccionar a Harry Potter. Adoraba a tu mamá… pensó que sería una brillante Maestra de Pociones. –Suspiró–. No hubiera estado mal.

¿Tienen alguna idea de lo que dijo a Ryddle? –preguntó Hermione.

No realmente –dijo Remus–, pero Slughorn conoce de muchos temas. Tanto como Dumbledore. Sabe bastante sobre las Artes Oscuras, aunque sospecho que solo es para presumir.

Sí, pero si Ryddle era tan brillante en la escuela como dicen, estoy seguro de que tenía a Slughorn en la palma de su mano –dijo Sirius.

Harry y Hermione esperaban que eso sería información suficiente para obtener lo que necesitaban de Slughorn. Aunque ciertamente era de ayuda tener a Dumbledore de su lado, mientras describía sus proezas en la escuela al hombre. También ayudaba que el indulgente Slughorn ya había tomado bastante.

–Estoy seguro de que estás familiarizado con la carrera del joven Harry, Horace –dijo el director–. El buscador más joven en Hogwarts en un siglo, e invicto en el campo, Orden de Merlín, Tercera Clase, promovida a Segunda Clase después de derrotar al basilisco de Slytherin, ejerciendo influencia considerable en el Wizengamot y el Consejo de Hogwarts a su corta edad. Pero quizás no hayas escuchado que él y su hermana tienen mejor habilidad para la magia sin varita que Lily.

Slughorn elevó sus cejas.

–¿En verdad, Albus? –preguntó–. ¿Mejor que Lily?

–Así es. ¿Quizás puedas ayudarme con una pequeña demostración para el profesor Slughorn, Harry?

Harry lo mantuvo (relativamente) sencillo. Se terminó su vaso y lo levitó sin varita para que Slughorn lo viera. Entonces usó un encantamiento para secar y lo hizo bailar sobre la mesa, lo rompió a propósito, y lo reparó.

–¡Maravilloso! –dijo Slughorn–. ¡Maravilloso! No había visto ese tipo de talento en décadas.

Era más trabajo duro que talento, pensaron los adolescentes, pero no lo dijeron.

–Una cosa que no es de conocimiento público, Horace, es que Harry y Hermione también se han vuelto bastante buenos para la Oclumancia –agregó Dumbledore con una sonrisa.

–¿Oclumancia? –dijo con sorpresa–. ¿Tan jóvenes, Albus?

–Estuvieron bastante motivados. Y ya que han aprendido esta habilidad, hemos pasado un tiempo interesante examinando algunos recuerdos en mi colección –dijo el anciano inocentemente. Slughorn se cerró al instante.

–Ahora, Albus –dijo–, sé de que se trata esto. Aprecio la oportunidad de conocer mejor a estos dos jóvenes maravillosos, pero ya te dije que no tengo más que decir sobre ese recuerdo.

Harry resopló con sorna.

–¿Qué? ¿Te la mostró, no es asó? –preguntó a los estudiantes. Ellos asintieron–. Y supongo que te dio una historia ridícula sobre cómo había sido modificada.

–Eh, si somos honestos, señor, fue bastante obvio –dijo Hermione tímidamente.

–Pues, me temo que está equivocada, señorita –dijo él, apenas conteniendo su enojo–. Soy un hombre mayor y mi memoria es algo borrosa a veces.

–El profesor Dumbledore nos mostró recuerdos de personas mayores que usted, y estuvieron bien –notó Harry.

–Pues, no todos tenemos tanta suerte, Harry. Les digo, no sé nada… nada… sobre horrocruxes.

–¿Y no nos lo diría aún si supiera? –dijo Harry.

Slughorn se detuvo y lo observó nervioso. Recordaba haber insertado esa línea en el recuerdo que había dado a Dumbledore.

–Eso sonó algo extraño, señor –dijo Hermione–, por lo menos a un estudiante al que no tendría razón de sospechar tener propósitos nefarios. Después de todo, no es secreto que Ryddle era uno de sus favoritos hasta que se graduó. Incluso fue Premio Anual. No es difícil comprender lo que pasó. Ryddle le preguntó sobre los horrocruxes, y como usted pensaba que era un estudiante brillante y prometedor, le dijo lo que sabía. Pero entonces fue y usó ese conocimiento para el mal. Así que, ya sabemos su secreto, profesor.

–Exacto –dijo Harry comprendiendo su plan–. No fue la primera o la última persona a quien Voldemort maravilló con sus mentiras. –Slughorn tembló ante el nombre.

–Mira, no es cuestión de… –comenzó él–. No tiene sentido...

–Puede que sí –dijo Harry–. Voldemort sigue afuera. Lo he visto. –Slughorn soltó una exclamación de sorpresa y se cubrió su boca con su mano–. El profesor Dumbledore nos ha mostrado los recuerdos que ha coleccionado. No los comprendemos aún, pero confiamos en él cuando dice que necesita esta información para deshacerse de Voldemort para siempre. Necesito… –Harry guardó silencio antes de mencionar la profecía, poco seguro de cuánto podría revelar. Slughorn comenzó a lanzarle una mirada curiosa, así que improvisó–. Por… por mis padres –tartamudeó–. Necesito asegurarme de que se vaya para siempre, por su bien. Le agradaba mi madre, ¿no es así, profesor?

–¿Agradarme? –dijo, con lágrimas en sus ojos–. No creo que nadie la conociera y que no les agradara. Muy inteligente, graciosa… fue terrible cuando...

Harry sintió una oportunidad y fue tras ella.

–Dio mi vida por mí. ¿Lo sabía, señor? –Slughorn perdió el aire.

–Yo… nunca había escuchado nada sobre...

–¿Escuchó lo ocurrido al final de mi primer año en Hogwarts?

–Yo… no, ¿qué?

Harry no estaba seguro de poder sacar las palabras de manera correcta, en la manera en la que quería decirlas, pero tenía una idea. Se dirigió a Dumbledore.

–Profesor, ¿cree que sería seguro mostrar al profesor Slughorn la versión sin modificaciones de mi libro? Usted sabe, ¿para que tenga una mejor idea de la situación?

–¿Libro? ¿Qué libro?

Dumbledore lo miró pensativo.

–El profesor Slughorn es un experto en Oclumancia, Harry, lo cual explica el recuerdo –dijo, el brillo regresando a sus ojos por un momento–. Creo que podemos confiar en él con un segmento apropiado de esa información, ya que parece ser bueno para guardar secretos. –Slughorn hizo una mueca mientras Dumbledore lanzaba tal pedrada–. Desafortunadamente, tu manuscrito aún está en mi oficina, así que tendremos que buscar otro momento...

–De hecho, creo que Remus aún tiene una copia, profesor –dijo Harry–. Iré a ver. –Se apresuró arriba y rápidamente encontró a Remus, quien confirmó que aún tenía una copia del libro de Harry en su habitación. Unos minutos después, regresó a donde estaban Hermione, Slughorn, y Dumbledore. Abrió el cuaderno en el último capítulo, donde perseguía a Quirrellmort por la trampilla para salvar a Hermione, cuidadosamente saltándose la parte en la que mencionaba su habilidad animaga–. Aquí, profesor –dijo–, escribí esto sobre cómo me encontré con Voldemort en mi primer año.

Durante los minutos siguientes, Slughorn palideció cada vez más mientras leía sobre el espíritu de Voldemort poseyendo al profesor Quirrell y usando a Hermione como rehén, después sobre la pelea por la piedra filosofal… ¡que cerca había estado Voldemort de recuperar su poder! Y entonces Harry lo había derrotado milagrosamente, y Dumbledore explicó el poder del sacrificio de su madre después de que despertó.

–¡Por la barba de Merlín! –exclamó Slughorn cuando Harry lo interrumpió–. Eso… ¿todo eso es cierto, Harry? –dijo preocupado.

–Cada palabra. Verá, mi madre dio su vida por mí, y cuando lo hizo creó un arma para luchar contra él. Lo único que necesito es su recuerdo, señor. Eso me ayudará a enfrentarlo también. ¿Lo haría por ella, señor? ¿Lo haría por mi madre?

Slughorn observó a Harry nervioso por un largo tiempo. Un joven de trece años normal se hubiera rendido, pero Harry era un gato por dentro. Podía observar fijamente mejor que cualquiera, excepto quizás McGonagall, y Dumbledore y Hermione sabiamente no lo interrumpieron. Harry continuó observándolo sin parpadear por un largo tiempo, obligándolo a ser el primero en responder. Para él, era una competencia de dominio, y Slughorn, aún si mayor y más sabio, era débil por una vida de lujo y alcohol y estaba en un estado emocional delicado en ese momento. Tomó un tiempo, pero el resultado nunca fue dudado.

Finalmente, Slughorn perdió. Extendió su mano a Dumbledore.

–¿Albus? –susurró Slughorn. Dumbledore sacó un frasco de su túnica y lo colocó en la mano de Slughorn. Entonces, Slughorn colocó su varita en su sien y, con una expresión dolorosa, sacó un largo hilo plateado–. Estoy avergonzado de lo que este recuerdo muestra –susurró–. Espero que no piensen mal de mi cuando lo vean.

–Como Hermione dijo, profesor –dijo Harry–, ya tenemos una idea de la mayor parte. Muchas gracias.

–Eres un buen chico. Tienes sus ojos… –El hombre después miró a Hermione, pensando en cómo Harry había ido tras Voldemort para proteger a su hermana–...y su corazón.


–Vaya Sybill, es curioso verte aquí abajo –dijo Minerva McGonagall mientras patrullaba los pasillos silenciosos de Hogwarts–. ¿Decidiste unirte a los demás profesores para la celebración de medianoche?

–Quizás, Minerva –dijo Sybill distraída–. Me sentía extrañamente asfixiada en la torre norte esta noche, y decidí dar un paseo para aclarar mi aura.

Minerva suprimió su impulso de rodar sus ojos. Sybill necesitaba aclarar algo, en su opinión.

–Pues, disfruta tu paseo, Sybill –dijo–. Me atrevo a decir que te haría bien.

La pasó y comenzó a alejarse en dirección opuesta cuando escuchó una extraña voz rasposa resonar detrás de ella.

¡Pasará esta noche!

–¿Qué? –Minerva se dio la vuelta para ver a Sybill observándola, sus ojos con aspecto soñador detrás de sus gruesos lentes. Conocía esa mirada por descripción. Tenía un mal presentimiento.

El Señor Oscuro se encuentra solo y sin amigos, pero sus seguidores no lo han abandonado. Incluso ahora, lo buscan. Esta noche, antes de la medianoche, amo y sirvientes se reunirán una vez más. El Señor Oscuro regresará por la magia de una tierra distante, con más poder y más terrible que antes, trayendo horrores de todos los rincones del mundo. ¡Esta noche, antes de la medianoche, amo y sirvientes se reunirán una vez más y comenzarán su cruzada!

Sybill se tambaleó y salió de su trance. Parecía estar a punto de caerse y Minerva se apresuró a ayudarla.

–Ah, lo siento mucho, querida Minerva. Creo que mi aura necesita más limpieza de lo que pensé. ¿Qué estaba diciendo?

–Erm, oh, tú sabes, Sybill –respondió Minerva nerviosa–, tu terrible predicción usual para el próximo año.

–Oh, sí, claro.

–Quizás deberías ir a sentarte. Te ves algo cansada. –Y yo también, pensó Minerva. Necesitaré más que un pequeño trago esta noche… A Albus no le va a gustar esto.


Meses buscando en la península balcánica había llevado a los tres mortífagos a los bosques más oscuros y profundos de Albania. Sorprendentemente, aún no se habían matado, pero estaban cerca.

–Es la maldita víspera de Año Nuevo –se quejó Amycus Carrow–. ¿No podemos descansar?

–No –siseó el joven Barty Crouch–. Estamos cerca esta vez. ¿No pueden sentirlo?

–Lo único que siento es el maldito frío.

–Ah, cállate, y deja de quejarte –dijo Alecto Carrow, golpeando a su hermano en la nuca–. Estamos viviendo mucho mejor que el último invierno… clima más cálido, y tenemos a un elfo cocinando.

–Si tan solo Barty nos dejara enviarla por algún tentempié...

–¡No ahora! –dijo Barty–. Necesitamos estar todos presentes cuando encontremos al Señor Oscuro. Winky, mantén el paso.

Winky sollozó en voz baja y aceleró el paso. La elfina lucía sucia y harapienta, y sus pies descalzos estaban en una terrible condición. Barty Junior no era abusivo en particular, pero estaban viviendo de la naturaleza, y ella había estado sufriendo por meses al ser forzada a servir a los magos oscuros que su antiguo amo había pasado toda su vida luchando, así que no estaba cuidando bien de sí misma.

Barty podía sentir al Señor Oscuro cerca por el cosquilleo en su Marca Tenebrosa. Mientras la noche continuaba, se habían acercado aún más sin verlo. El silencio en este tramo del bosque era más profundo que en el resto. Estaba descuidado; una sombra parecía yacer sobre este, y los animales lo evitaban.

–¿Si está aquí, dónde está? –gruñó Amycus–. Hemos estado buscando por todo Albania...

–¡Silencio! –siseó Barty.

Fue entonces que lo notaron: una neblina oscura, más oscura que la noche, revoloteaba entre las ramas, llevando consigo susurros de algo maligno. Se dio la vuelta de repente y se acercó a ellos, pasándolos como una brisa cargando polvo. Pero entonces, se ocultó en el bosque. Los mortífagos se miraron con confusión. De repente, escucharon los gemidos de un animal herido. Amycus y Alecto dieron un salto, y Winky chilló y se ocultó detrás de las piernas de Barty.

Escucharon un crujido acercarse a ellos. Sacaron sus varitas y las apuntaron a la maleza, y finalmente algo salió hasta estar enfrente de ellos.

Irradiaba un aura de maldad. Era tan grande como un perro de tamaño mediano, pero delgado y arrugado, con sólo unos cuantos pelos en su cuerpo. Tenía una cabeza puntiaguda con orejas largas sobre un cuello largo que se movía de un lado a otro de manera serpentina. Su quijada estaba llena de dientes amarillos. Lucía medio muerto, pero trotó con confianza y se sentó sobre sus ancas, observando a los mortífagos con brillantes ojos rojos.

Amycus y Alecto dieron un paso atrás ante la visión demoniaca, pero Barty permaneció donde estaba. Había reconocido al animal. Era, estaba bastante seguro, un chacal europeo sarnoso y sin pelo. Y el significado del animal, sus expectativas pronto fueron confirmadas, cuando el chacal abrió su quijada y comenzó a hablar como si fuera humano.

–Tres de mis sirvientes regresan a mi después de tantos años –dijo–. Amycus Carrow. Alecto Carrow. Y Bartemius Crouch Junior. Que… sorpresa tan agradable. Tres mortífagos regresan a Lord Voldemort finalmente.

–Amo, estamos tan felices de encontrarlo finalmente –dijo Barty, postrándose de rodillas ante el chacal.

–¿Felices, dices? Y aun así han tardado tanto tiempo –respondió Voldemort sin alegría–. ¿Pueden entonces darme una explicación de sus acciones durante los últimos doce años?

Barty miró al chacal directo a los ojos para que sus recuerdo estuvieran disponibles para su lord.

–Yo puedo, mi Amo. Mi padre me sentenció a pudrirme en Azkaban, pero me liberó ante los ruegos de mi madre. Por once años me mantuvo cautivo en mi propio hogar, capturado bajo la maldición imperio. Pero entonces fui liberado por un feliz accidente, y en cuanto estuve libre, maté al bastardo y vine a buscarlo. Mire, también le traje a nuestra elfina, Winky, para ayudarlo como usted crea necesario. –Winky había caído sobre su rostro, intentando ocultarse de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado.

–Ah, un sirviente leal entonces –habló Voldemort de una manera que era lo más cercano que nunca llegaría al afecto–. Hiciste bien, Barty. Pero Amycus y Alecto, sé que no fueron enviados a Azkaban. ¿Qué explicación pueden darme?

–Lo...lo...lo buscamos –tartamudeó Amycus.

–Sí, Amo –agregó Alecto rápidamente–. En cuanto nos dimos cuenta que usted seguía… trabajando, empacamos nuestras cosas y comenzamos a buscarlo.

–Y aun así se sentaron sin hacer nada por diez años –dijo el Señor Oscuro con fiereza, deduciendo el resto de la historia–. Por diez años, perdieron fe y sólo vinieron a buscarme cuando tenían razón de temer represalias. Cobardes, y flojos...

–Mi Señor, lo hemos buscado por varios… –dijo Alecto.

–¡Silencio! Sus crímenes merecen castigo, pero no puedo permitirme desperdiciar seguidores ahora. Paguen sus años de cobardía y todo será perdonado, así como haré que paguen los cobardes que aún no han regresado.

–¿Qué necesita, mi Señor? –preguntó Barty–. Estoy seguro de que tiene una manera de regresar al poder.

–Ese es un asunto complicado, mi fiel sirviente, y hay otras cosas que hacer primero. Este animal es muy débil para sostenerme. Lo he mantenido cautivo por semanas, sólo poseyéndolo cuando lo necesitaba, pero aún está muriendo. Sin embargo, ahora que mis mortífagos han regresado, puedo conseguir algo mejor. Una serpiente puede ser preparada para servirme como un mejor portados con un sencillo ritual que requiere la sangre de un mago, un ashwinder vivo, y las entrañas de un predador de sangre caliente. Este chacal es muy débil para servirme, pero un gato estaría bien, por ejemplo.


–Profesor Dumbledore –dijo Harry cuando regresaron con sus padres–. Hay algo más de lo que necesitamos hablar con usted.

–¿Algo más? –dijo el mago anciano.

–Sí, señor. Cuando intentamos ayudar a los Longbottom esta semana, tomaron imágenes a mi cerebro...

Dumbledore colocó rápidamente algunos encantamientos de privacidad mientras los Granger explicaban la tomografía y la radiografía, poniendo en términos que pudiera comprender la extrañez en la cabeza de Harry. Le sonó bastante preocupante. Tenía un presentimiento sobre lo que estaba pasando, pero necesitaba examinar al joven con un instrumento mágico en particular para estar seguro. No creía que le gustaría el resultado.

–Pues, Harry –dijo finalmente–, creo que el doctor muggle tiene razón: si tu cicatriz no te ha afectado aún, dudo que lo haga en el futuro. Eres un joven muy brillante y bien adaptado con o sin tu cicatriz, y no creo que deberías preocuparte.

Si tan solo la falta de influencia en su personalidad pudiera extenderse al resto de su vida.


En la mañana, el espíritu de Voldemort residía cómodamente en el cuerpo de una víbora de Orsini hinchada. De hecho, era tan cómodo, que la idea de dejar un pedazo de él ahí de manera permanente. Después de todo, no era del tipo de huir de este tipo de experimentos mientras tuviera apoyo. Pero se preocuparía de eso después.

–Mussscho mejorrr –siseó, aún en lenguaje humano–. Viajaré mussscho mejorrr en esssta forma. Pero esssta forma sssolo esss el comienzssso. Requiero de una forma sssuperior, una que pueda usssar una varita, y entonssscesss encontrar el método para recuperar mi fuersssza completa.

–Pero supongo que sabe cómo, mi Señor –dijo Barty.

–Lord Voldemort sssabe muchasss cosssasss, pero debo essstar ssseguro de tener el mejor método antesss de actuar. Muy ssseguido, acssscionesss hessschasss sssin pensssar llevan al desssassstre, como Potter ha demossstrado. Algunosss messsesss essstudiantd prácticasss necrománticasss alrededor del mundo ssserá un pequeño pressscio a pagar por tal ssscerteza. En lo que ressspecta a la primera parte, hay una provisssión de essscritosss en Sssalzsssburg que contiene la informasssción que requiero. Prossscederemosss ahí al inssstante.

Barty sonrió al finalmente poder tomar acción. Se dirigió a Amycus, Alecto, y Winky, quienes acababan de terminar de desayunar.

–Bien, ¿qué están esperando? Ya lo escucharon. ¡Allons-y!


Hogwarts estaba lleno de actividad cuando los estudiantes regresaron de vacaciones de Navidad. Las calificaciones de los exámenes de fin de semestre fueron entregadas, y la competencia era más intensa por los primeros lugares en tercer año. O más bien, por el segundo lugar. Hermione aún era indiscutiblemente la mejor de la clase, pero el segundo lugar había sido tomado por alguien que no había estado ahí antes: Harry Potter.

–¡Ey, Potter! ¿Cómo te me adelantaste? –dijo Anthony Goldstein, quien había sido el segundo lugar en la clase desde su primer año, y quien no estaba particularmente feliz por esto. No era el tipo de quejarse, pero era Ravenclaw, y quería respuestas.

–No lo sé –respondió Harry–. ¿Cuáles fueron tus calificaciones en los exámenes?

Después de unos minutos comparando resultados, encontraron la razón del cambio. Ya que Snape estaba siendo obligado a enseñar y calificar más justamente este año, la calificación de pociones de Harry se había incrementado bastante. Eso quería decir que su calificación había sido baja los últimos dos años, y, por lo tanto, probablemente había sido el segundo lugar todo el tiempo.

–¡Debes de estar bromeando! –dijo Anthony–. Pues, veremos quien saca mejores calificaciones al final del año –dijo, con un escalofriante brillo en sus ojos similar al de Hermione.

–Erm, claro, supongo que sí –dijo Harry.

Además de eso, las cosas eran bastante normales, excepto por el hecho de que Hermione inexplicablemente parecía haber adoptado las preferencias carnívoras de Harry en su dieta, con una afinidad más fuerte por el pescado. El par esperaba que nadie sospechara. Claro, sólo la profesora McGonagall podría notar las señales de una nueva animaga, pero las personas comenzaron a susurrar que la personalidad de Harry se le debía estar pegando a Hermione, o que la controlaba con su magia oscura, lo cual era tonto porque nadie podía controlar a Hermione Granger.

De cualquier modo, Dumbledore llamó a Harry y Hermione a su oficina ese fin de semana para ver el recuerdo de Slughorn. Vieron el recuerdo sin alteraciones con atención mientras Tom Ryddle, hablando con tono casual y palabras aduladoras, extraía la información que quería de Slughorn. Un horrocrux, el profesor explicó, era un objeto que contenía un pedazo del alma del mago, creado por el acto terrible de separar su alma a través de un asesinato ritual. Mientras el horrocrux existiera, el creador no podría morir. Si su cuerpo moría, podrían continuar como espíritus, como la cosa que había poseído a Quirrell… o eso sospechaban.

Pero Tom Ryddle no estaba contento con la idea de un solo horrocrux. Preguntó si no sería mejor dividir su alma en siete piezas. Ante eso, Slughorn retrocedió horrorizado y rápidamente, aunque amablemente, terminó la conversación. Pero aun así, Ryddle lucía extrañamente feliz con el resultado, incluso si no había obtenido todo lo que quería. Pero ese fue el recuerdo completo.

–La última pieza del rompecabezas –dijo Dumbledore con voz suave. La manera en la que los retratos de los antiguos directores lo escuchaban, con más atención que nunca, dio un nuevo significado a la frase "las paredes tienen oídos"–. He estado esperando por esta evidencia por un tiempo, y confirma la teoría en la que he estado trabajando durante los últimos dos años.

–¿Cree que lo hizo, entonces? –preguntó Harry–. ¿Creó un horrocrux?

–¿O creó seis de ellos? –dijo Hermione. Harry palideció horrorizado.

–¿O siete?

–No, seis. Siete piezas en total.

–Oh, cierto. ¿Seis horrocruxes, entonces?

–Esa parece haber sido su intención –confirmó Dumbledore–. Y esto separa a Voldemort de otros magos oscuros, ya que nunca había escuchado de otro mago creando más de un horrocrux… o dividir su alma más de una vez.

–¿Y tienen que ser destruidos antes de que Voldemort pueda morir para siempre?

–En breve.

–Pero… ¿pero cómo? ¿Cómo podemos encontrarlos?

–Ah, sobre eso, creo que hemos sido afortunados y hemos avanzado. Verás, Harry, ya destruiste uno.

–¿Qué? –gritaron Harry y Hermione al mismo tiempo.

Dumbledore buscó en su escritorio y sacó un libro desgastado, manchado de tinta, con un gran agujero en el centro como si hubiera sido quemado con ácido.

–El diario de Ryddle –exclamó Harry.

–¿El diario era un horrocrux? –dijo Hermione.

–Sí. Las señales fueron más claras después del hecho. Un simple recuerdo no puede pensar por sí mismo y atacar estudiantes. Ni tampoco puede poseer a una niña y extraer su vida. Eso requiere de algo más siniestro.

–Es lo que Bill Weasley estaba pensando –dijo Harry con comprensión–. Lo reconoció como un horrocrux.

–Así es. He estado en correspondencia con William en caso de que sus servicios fueran necesarios para lidiar con este problema, aunque hasta el momento no ha sido el caso. De cualquier modo, los eventos dieron una vuelta favorable cuando estuviste en la cámara de los secretos Harry. Los horrocruxes son casi indestructibles, al ser protegidos por poderosa magia oscura, pero una de las cosas que puede destruirlos es el veneno de basilisco. Al hacerlo, no solo salvaste la vida de la joven Ginevra, pero también destruiste un pedazo del alma de Voldemort.

Harry lucía orgulloso y algo nervioso al mismo tiempo.

–Sin embargo, eso no fue lo primero que me llevó a la teoría de los horrocruxes –continuó Dumbledore–, pues así como tú has destruido uno, yo también lo he hecho. –Aquí, sacó un trozo de metal torcido y medio derretido y lo soltó sobre el escritorio. Los dos adolescentes no lo reconocieron al principio, pero él explicó–. Este era el guardapelo de Salazar Slytherin que vieron en el recuerdo.

Hermione hizo la conexión al instante.

–Su colección –dijo ella. Todas estas lecciones extrañas tomando sentido–. Estaba coleccionando artefactos para usar como horrocruxes.

–Muy bien, Hermione. Artefactos de gran valor histórico y material, y con supuestos poderes mágicos. Voldemort probablemente los hubiera considerado intrínsicamente fuertes, y que muchos hubieran estado renuentes por destruirlos. Desafortunadamente, no podemos permitirnos tal sentimentalidad.

–Estuve muy afortunado de encontrar esto en su primer año. Resulta que su padrino lo encontró en Grimmauld Place mientras él y Remus limpiaban la casa y me lo trajeron. Hay una historia interesante detrás de cómo llegó ahí, pero esa historia es de Sirius. Lo destruí con fuego maligno, un hechizo extremadamente peligroso que sólo me atrevía a usar sobre el océano abierto, lejos de cualquier isla habitada. Por un breve momento después de que luchaste contra el profesor Quirrell, Harry, creí que Voldemort había sido derrotado para siempre, pero el profesor Snape me mostró que su Marca Tenebrosa no había desaparecido. Fue entonces que supe que había creado múltiples horrocruxes.

–Y finalmente, Sirius también destruyó un horrocrux. –Dumbledore colocó el anillo de la familia Gaunt sobre el escritorio. La enorme piedra negra tenía una rajada en el medio–. Como pueden sospechar, estaba escondido en la vieja choza de los Gaunt que visitamos el verano pasado. Sirius usó la espada de Gryffindor, la misma espada que usaste para derrotar al basilisco, Harry. Al ser hecha por duendes, absorbió algo del veneno en su filo.

–Entonces la copa de Hufflepuff debe de ser otro –concluyó Hermione–. ¿Sabe dónde está? ¿O los otros dos?

–Desafortunadamente no. Voldemort parece haber usado lugares significativos de su vida como escondites… el hogar de su madre, una cueva que visitó cuando era niño, la mansión de los Malfoy. Estoy examinando su vida intentando encontrar otros lugares posibles, sin resultados. En lo que respecta a qué son los otros, aquí es donde se pone complicado. Habrán notado que Voldemort colecciona artefactos que pertenecieron a los fundadores de Hogwarts… no solo Slytherin, sino Hufflepuff también. Cuatro artefactos de los cuatro fundadores serían una poderosa atracción par Voldemort, y hubiera llegado a sus seis requeridos. Sin embargo, no he encontrado indicación de que haya desaparecido alguna reliquia de Ravenclaw y Gryffindor durante la vida de Voldemort, así que ese callejón está cerrado. Sin embargo, hay buenas noticias.

–¿Cuáles, profesor? –preguntó Harry.

–No creo que Voldemort lograra crear sus seis horrocruxes. Creo que sólo creó cinco.

Harry estaba confundido.

–¿Por qué es eso, señor?

–Me parece que Voldemort reservó la creación de sus horrocruxes para sus asesinatos "significativos". –Mintió Dumbledore. No tenía razón de pensar eso. Su única evidencia para eso era Harry–. Tú, Harry, ciertamente hubieras sido de gran importancia para él… el niño profetizado para tener el poder para derrotarlo. Al matarte para crear su horrocrux final, no sólo hubiera completado su alma en siete partes, pero también escapado la profecía. Voldemort es un gran creyente en la magia del simbolismo. El combinar los dos actos juntos hubiera representado la última victoria. Pero por supuesto, sabemos que falló, lo cual lo dejó con sólo cinco horrocruxes. –Claro, la razón verdadera de esa teoría era que, si tenía razón sobre Harry, Voldemort debió hacer preparaciones para el ritual del horrocrux esa noche antes de ir al Valle de Godric. Pero para lo que Harry necesitaba saber, era lo mismo.

–De acuerdo, así que quedan dos horrocruxes –concluyó Harry–. Sólo sabemos lo que es uno, y no sabemos dónde está ninguno.

–Correcto, Harry; sin embargo, aún estoy trabajando en ambos problemas. No tienes preocuparse de eso por el momento. Tengo planes definitivos, y ciertamente ninguno que requiera tu presencia. Pero ahora saben todo lo que yo se… –Otra mentira, pero iba a guardar su último secreto–... así que estarán preparados si algo pasa.

–Pues… gracias por decirnos, profesor. Lo apreciamos –respondió Harry. Aún no estaba seguro de que se suponía debía pasar. Era el profetizado a matar a Voldemort, pero no podía hacerlo si aún había horrocruxes perdidos.

–Profesor, hay algo más que aun no comprendo –dijo Hermione.

–¿Lo hay? –preguntó Dumbledore.

–Algo no tiene sentido sobre la cronología –dijo ella–. Ryddle mató a Myrtle al final de su quinto año. Por lo que Ginny dijo, suena a que el diario no pasaba de ahí. Así que parece que el horrocrux fue creado entonces.

–Sí. Yo también llegué a la misma conclusión.

–Pero Ryddle habló con el profesor Slughorn sobre los horrocruxes en su sexto año. Debió saber todo sobre ellos entonces.

–Ah, pero debes recordar que Ryddle preguntó en particular al profesor Slughorn sobre múltiples horrocruxes. Creo que durante ese verano, Ryddle encontró y asesinó a su padre y comenzó las preparaciones para crear un segundo horrocrux entonces, pero titubeó, sin saber lo que le haría. Después de todo, nunca había sido intentado antes. Quizás hubiera destrozado por completo la parte de su alma que quedaba en su cuerpo. Así que decidió preguntar de manera sutil al profesor sus ideas sobre el tema.

–Pero Slughorn no respondió su pregunta –protestó Harry.

–¿No? Creo que fue menos lo que dijo y más lo que no dijo lo que resultó importante. –Hermione consideró esto, repitiendo en su mente la conversación en el recuerdo. Dumbledore esperó pacientemente a que ella (o Harry) lo descubrieran. De repente, ella soltó un grito ahogado.

–No dijo que fuera imposible.

Dumbledore sonrió.

–Así es, Hermione. Estaba horrorizado ante la idea de matar a seis personas, y horrorizado ante la idea de dividir un alma en siete piezas, pero nunca cruzó su mente que no pudiera ser posible, y eso fue suficiente para Ryddle.

–Y ahora –dijo el director–, se hace tarde. Nuestras sesiones aquí han concluido, y espero que disfruten el resto del año.

Los dos adolescente agradecieron a Dumbledore y se fueron. Una vez lo hicieron, se levantó de su asiento y se acercó a uno de los instrumentos de plata en las muchas mesas en su oficina. Le dio un golpe leve con su varita, y el objeto tomó vida, exhalando una nube de humo que tomó la forma de la cabeza y hombros de Harry Potter.

–¿Divididos en esencia? –preguntó el anciano a la máquina. El Harry de humo se dividió al instante en dos formas, pero la segunda no lucía como Harry para nada. Más como un feto no-nacido: calvo, arrugado, y demacrado, con ojos rojos grandes, sin nariz, orejas pequeñas, y casi sin barbilla.

Dumbledore se deshizo de la aparición y se sentó de nuevo con un gran suspiro, descansando su cabeza en sus manos. El análisis lo confirmaba: Harry Potter definitivamente era un horrocrux.

Le dolía mentir al niño de ese modo, después de haberle fallado tantas veces en el pasado, pero si era posible, no quería que Harry o su familia se preocuparan hasta tener una solución. De inmediato comenzó a pensar cómo podría remover el horrocrux del niño sin tener que matarlo. Sólo había unas cuantas maneras conocidas de destruir a un horrocrux: veneno de basilisco, fuego maldito, la maldición asesina, y un dementor. (Bueno, también remordimiento, pero eso no parecía estar en juego.) De esas, sólo un dementor permitía separar dos almas, y para eso, el costo de un error era muy grande.

Quizás si hubiera algún tipo de conexión sanguínea entre Harry y Voldemort podría unir a Harry a la vida de Voldemort, pero eso requeriría que Voldemort recuperara su cuerpo… una opción poco atractiva. Aun así, de acuerdo con la profecía más reciente de Sybill, parecía que ese día se acercaba, lo cual era por sí mismo preocupante.

Sin embargo, las imágenes muggle del cerebro de Harry eran bastante interesantes y, quizás, un golpe de suerte. Comprendía que un pedazo del alma de Voldemort se había adherido a la de Harry, ¿pero y si eso se había manifestado como un efecto físico en su cerebro? En ese caso, quizás sería posible... y no podía creer que estaba pensando cómo esos barbáricos cirujanos muggles... pero quizás sería posible cortar la parte afectada del cerebro de Harry de su cabeza y destruirla por separado. No sería tan difícil y se dejaba el resto del cerebro intacto: sería la única pieza que sería indestructible, y podría cortar tan cerca como pudiera. Pero incluso entonces, sería increíblemente arriesgado. No se podía saber lo que el cortar parte de su lóbulo frontal haría a Harry, incluso si enfermo, y eso sin contar con el sangrado y otras complicaciones. No, eso era algo que sólo se intentaría como último recurso.

Continuaría buscando.


Mientras tanto, Harry logró alejar el tema de su mente con éxito. En lo que a él le concernía, ninguna noticia era buena noticia, o por lo menos no era mala. Estaba mucho más interesado en la temporada de quidditch, y esta había comenzado de manera feroz con el partido de Slytherin contra Ravenclaw el fin de semana siguiente. Los rumores volaban rápidos y furiosos sobre Draco Malfoy montado en una nueva saeta de fuego, y la mayoría de la escuela asumía que la victoria de Slytherin era obvia.

Por lo mismo, Harry decidió que Cho Chang necesitaba de su ánimo, así que se reunió con ella de nuevo camino al campo.

–Hola Cho –dijo–. Buena suerte.

–Gracias, Harry –dijo ella nerviosa–. Creo que voy a necesitarla. ¿En verdad es cierto que Malfoy tiene una saeta de fuego?

–Sí, eso me temo. Sabes lo ricas que son esas familias –respondió él, intentando no decir mucho sobre su propia arma secreta–. Sólo da lo mejor de ti… y el resto del equipo. No siempre depende de los buscadores, sabes. –Cho forzó una sonrisa.

–Gracias, Harry –dijo ella. Comenzó a alejarse rumbo al campo.

Vamos, Harry, coraje Gryffindor, pensó.

–¡Cho! ¡Ey, CHO! –la llamó. Ella se detuvo y se dio la vuelta para verlo–. Erm… hay una visita a Hogsmeade el fin se semana de San Valentín el próximo mes… ¿quieres ir conmigo?

Cho abrió sus ojos como platos. Harry pensó que quizás había causado un corto circuito en su cerebro. Después de todo, la celebridad más grande de su generación la acababa de invitar a salir. Pero de repente, dejó salir un chillido.

–¡Oh! ¡Me encantaría, Harry!

–Genial –dijo Harry, sonriendo–. Yo, eh, te veré más tarde.

Ravenclaw luchó con valor ese día, pero Cho no era rival para la saeta de fuego de Malfoy. El rubio Slytherin volaba tan rápido que apenas y se le veía en el campo, y siempre había sido lo suficiente bueno para ser competencia de Harry. Aun así, estuvo más cercano de lo que la mayoría esperaba: Ravenclaw sólo perdió por ochenta puntos, lo cual aún los dejaba al alcance de la copa de quidditch. Y Harry estaba de muy buen humor para dejar que incluso la victoria de Malfoy le arruinara el momento.


Fenrir Greyback comenzaba a sentirse frustrado. Él y su manada tuvieron que mantener un bajo perfil después de Navidad. Atacar Hogsmeade dos lunas llenas seguidas había llamado mucho la atención. No era bueno estar en un solo lugar por mucho tiempo como un hombre lobo salvaje. Pero la información que necesitaba estaba en Hogsmeade, por lo menos desde ese artículo en el periódico en Halloween.

Un hombre lobo había asistido a Hogwarts… y convenientemente había sido uno de sus "niños". Eso lo hacía ver las cosas completamente diferentes… no su filosofía, esa no cambiaría pronto… pero la aldea, y la casa de los gritos.

Punto: todos "sabían" que la casa de los gritos era un edificio muy antiguo, y el más embrujado en todo Gran Bretaña.

Punto: nadie mayor de cuarenta años recordaba haber visitado la casa de los gritos durante sus fines de semana en Hogsmeade cuanto estudiaron en Hogwarts.

Punto: ahora se sabía que un hombre lobo de treinta y tres años había asistido a Hogwarts.

Punto: los ruidos en la casa de los gritos fueron encubiertos al no siempre ocurrir en la luna llena, pero las descripciones, en especial en la década de los 70s, sonaban sospechosamente como un hombre lobo enjaulado.

Punto: Fenrir Greyback no había llegado a donde estaba siendo estúpido.

Tenía el presentimiento, y más de un presentimiento, de que había un pasadizo secreto entre la casa de los gritos y los terrenos de Hogwarts, si tan solo pudiera encontrarlo. Si pudiera resolver ese rompecabezas, entonces la mitad de su coup de grace estaría en pie.

En lo que respectaba a la otra mitad, no podía lanzarse contra el castillo como un tonto animal. Quizás lograra infectar a unos cuantos estudiantes, pero no viviría lo suficiente para hacer la diferencia. Para eso, necesitaba dos cosas: números, y poción matalobos.

Eso era difícil, pero tenía un plan. Uno de sus betas estaba en negociaciones secretas con un tal Geri Lyles, intentando disuadirlo a la causa. Geri era un "buen hombre lobo", y por "bueno", quería decir "domesticado". Vivía solo, lejos de otras personas, y no tenía familia. Tomaba su poción matalobos responsablemente cada mes, aun cuando le era difícil mantener sus gastos. Intentaba ser un "ciudadano modelo", y para alguien así, la nueva ley en contra de los hombres lobo era como una bofetada en el rostro. Este mes, supuestamente estaban debatiendo si los hombres lobo podían atender Hogwarts. Ese debate seguramente enfadaría a muchos, lo cual era bueno para él. Greyback desesperadamente quería poner sus garras en poción matalobos, porque entonces, podría poner su plan en acción.

Para poder mantener la mente humana bajo control era necesario tomar una dosis de poción matalobos cada día por los siete días antes de la luna llena. Pero incluso una dosis por sí sola tenía efecto… y esperaba fuera suficiente para apaciguar al Lobo, no controlarlo, pero quizás poder motivarlo. Idealmente, le gustaría poder experimentar para asegurarse de poder lograr su plan. Si Greyback podía obtener la prescripción completa de la poción, tendría a siete hombres lobo "motivados" a su disposición, y eso sería un fuerte golpe… si podía encontrar su camino a la casa de los gritos.

Los magos temían que crearía un ejército de hombres lobo si obtenía poción matalobos. Esa era una opción, pero no una buena. Los magos tenían menos remordimientos sobre destrozar a un ejército de muggles en la luz del día, especialmente si amenazaban su mundo. No, una manada nueva de magos estudiantes sería mucho mejor.

Continuó buscando en el área durante el día, pero se fue cuando salió la luna llena, y llevó a su manada a una cacería salvaje entre la población escasa de un bosque lejos de Escocia. Algo de terror al azar nunca dolía.


La solución para el primer problema de Lord Voldemort, el obtener un cuerpo que pudiera usar una varita, era sorprendentemente, un ejercicio en alquimia. Fue el gran alquimista suizo Paracelso quien inventó la técnica, la cual nombró homúnculo. La técnica original de Paracelso requería de trescientos veinte días para crear un cuerpo humano miniatura con vida, pero Voldemort no era un holgazán. Había estudiado alquimia en la escuela, y Barty también, y entre ambos desarrollaron un número de mejoras para reducir el tiempo a treinta y dos días.

La primera mejora fue usar un vientre humano como incubador, preservado mágicamente y abierto para el libre acceso, en lugar del venter equinus… una fuente de calor alquímica genérica. Este fue fácilmente obtenido de una desafortunada prostituta muggle. Voldemort consideró usar a Alecto para esto, pero la necesitaba con vida, y no estaba seguro de poder modificar el proceso para trabajar in situ sin matarla. Después, había un gran número de rituales oscuros para acelerar el desarrollo, fácilmente extrapolados de las instrucciones originales de incubar el cuerpo con sangre humana. Dejarían al cuerpo nuevo débil, pero con tres mortífagos y un elfo doméstico para atenderlo, Voldemort no estaba preocupado de eso, y, de cualquier modo, era inmortal; siempre podía intentar de nuevo. Finalmente, agregó dos ingredientes que normalmente no funcionaban bien juntos: sangre de unicornio para unir su alma al homúnculo, y veneno de serpiente de la víbora en la que residía (había decidido llamarla Nagini) alimentaría su afinidad a la magia oscura.

Y ahora, después de treinta y dos días en Salzburgo, el proceso fue completado. Lord Voldemort emergió del incubador de un tamaño de veinte pulgadas, apenas cinco libras de peso, y sin poder pararse por sí solo, pero aproximadamente humano… lo suficiente humano para usar una varita. Desafortunadamente, su varita de tejo estaba bajo llave en el Ministerio británico, así que tendría que conformarse con la varita de Barty Crouch Sr. por ahora.

–Tu varita, Barty –siseó el homúnculo con voz cansada.

–Sí, mi Señor. –Barty colocó la varita de su padre en la pequeña mano esquelética del homúnculo. Él usaría otra varita robada por el momento.

Voldemort elevó la varita al cielo y un rayo salió de esta. Dejó salir un sonido que debía ser una risa.

–Es bueno poder sentir la magia en mis venas de nuevo –dijo–. Y ahora, mis seguidores, debemos de recuperar el tiempo perdido. Barty, en base a tu investigación, ¿cuáles son las tradiciones mágicas más prometedoras en las cuales podríamos encontrar un ritual de resurrección para regresar este cuerpo a mi antigua gloria?

Barty, al ser el cerebro de la operación, había sido enviado a investigar para el grupo mientras los Carrow y Winky se habían quedado a cuidar del incubador. Después de un mes de lectura encubierta en la escritura de Paracelso y otras bibliotecas, había creado una lista de destinos.

–Conocemos los rituales de los celta, mi Señor –dijo–. Pero en Gran Bretaña, Dumbledore mantiene su vigilancia. Además de esos, están las prácticas de momificación de los egipcios, el culto de Moloch en el Líbano, los sacrificios funerarios de los antiguos chinos, las tradiciones vudú de África occidental y sus derivados, y los aztecas y también los incas en América.

–Siete opciones –respondió Voldemort–. Haz hecho bien, Barty. Podemos llegar a Egipto fácilmente desde aquí. Desde ahí, iremos al Líbano y continuaremos al occidente hasta encontrar un ritual apropiado y compatible con el homúnculo. En unos meses, estaré listo para realizar mi regreso triunfal. Como te gusta decir a ti, Barty, ¡Allons-y!