Harry Potter es un juego y JK Rowling pone las reglas. White Squirrel es el líder de mi equipo.


Capítulo 75

¡Guac! ¡Guac! ¡Guac!

Abriéndose el paso entre el abundante follaje con encantamientos cortantes sin varita (para la admiración del resto de la expedición), Edward Grayson se adentró más y más profundo en la jungla. Él y el pequeño equipo de magos brasileños que lo acompañaban ya habían viajado lo más que podían río arriba y fueron obligados a cortarse un camino para llegar a su destino.

Esperábamos, Embajador Grayson, que con su habilidad singular para los lenguajes y para lidiar con tribus remotas, que pudiera ayudarnos con este problema.

Supongo que puedo intentarlo, Ministro Cardoso. No puedo hacer promesas, pero debería por lo menos poder proveer protección a su expedición.

Este, el rincón menos explorado en Sudamérica, cerca de la intersección entre Brasil, Bolivia, y Perú, era el hogar del número más grande de tribus no contactadas en el mundo, muchas de las cuales ni siquiera eran conocidas por el gobierno… mágico o muggle. En el territorio de Brasil probablemente había poco menos de cien de esas tribus que nunca habían estado en contacto con el mundo moderno, con una población de unos veinte mil muggles entre ellas. La demografía de las tribus cazadoras era complicada, pero lo bueno era que, estadísticamente, era de esperarse que solo un niño mágico hijo de muggles naciera en una población de ese tamaño cada cien años.

Como tal, había exactamente un mago viviendo entre las tribus no contactadas en Brasil, y tenía nueve años. Desafortunadamente, la tribu había rechazado todos los esfuerzos de comunicación de su parte, y el Ministro de Magia brasileño comenzaba a temer no poder dar una educación mágica adecuada (o una, siquiera) al niño.

¡Guac! ¡Guac! ¡Guac!

Esa era la razón por la que habían pedido a uno de los magos más poderosos del mundo que liderara un equipo a lo profundo del Amazonas para encontrarlo.

La tribu que buscaban era tan remota que ni siquiera sabían su nombre, ni ninguna palabra en su idioma… no de manera concluyente, por lo menos. Sabían que el niño existía gracias a un libro similar al que registraba los nombres de los estudiantes en Hogwarts, pero eso solo les daba la latitud y longitud de donde vivía. No era capaz de registrar su nombre porque la tribu no tenía lenguaje escrito. Los oficiales ni siquiera podían decir con certeza si el niño era varón, aunque estaban razonablemente seguros. Una expedición previa había visto a un niño de la edad correcta trabajando como un aparente aprendiz para el sanador de la tribu antes de que fueran expulsados, y no había razón para pensar que no era el correcto.

De repente, el camino por el que cortaban los árboles llegó a un sendero. Parecía más como el sendero donde caminaba un animal, pero era uno que cazadores podrían usar fácilmente, así que también la expedición.

–Estén alertas –dijo Grayson a los otros magos en voz baja–. Debemos de estar cerca.

Una examinación de la unidad de GPS confirmó que estaban prácticamente sobre la ubicación de la tribu… o más acertado, la tienda donde el joven mago dormía en las noches. Era un ingenioso aparato muggle: había maneras mágicas de navegar que eran tan acertadas como un GPS, pero esto era más fácil. Era impresionante el esfuerzo Herculano del Ministro brasileño para localizar a un solo niño, pero también complicado y arriesgado. Además de la necesidad de contactar a la tribu sin problemas, debían tener cuidado sobre no introducir enfermedades mundanas, las cuales podrían arrasar con la tribu en los años después del contacto. La expedición entera había pasado por un régimen agresivo de pociones para purgar patógenos que normalmente eran reservadas para pacientes con sistemas inmunológicos comprometidos. Grayson se paró de golpe y levantó una mano para detener a los demás cuando escuchó un ruido en los árboles. Una rápida señal de mano indicó "varitas listas", y otra indicó "escudos listos". Flechas envenenadas eran un arma común en estas partes.

Hubo un momento tenso en el que nadie se movió… ni la expedición, ni los nativos, aunque Grayson casi pudo sentir la tensión en las cuerdas de los arcos, listas para ser disparadas contra ellos. Mientras el silencio continuaba, Grayson decidió que los nativos estaban esperando a que los intrusos actuaran, así que comenzó a llamarlos en el lenguaje geográfico más cercano al que tenían información en Río de Janeiro. Pero sólo habló dos sílabas antes de que media docena de voces (incluyendo la suya) soltaran "¡Protego!" y las flechas de la tribu rebotaron contra sus escudos.

Se escucharon varias exclamaciones de sorpresa entre el follaje. Los nativos debían de sospechar con certeza que los extraños visitantes con poderes sobrenaturales habían regresado, y con más fuerza que antes. Se escuchó un sonido como si planearan escapar, pero con sus escudos firmes, Grayson podía intentarlo de nuevo. En el mismo lenguaje, les habló:

–No queremos hacer daño… Queremos aprender su lenguaje.

Esa no era una petición que la tribu escuchaba seguido, de sus vecinos o de nadie más. Hombres blancos con palos mágicos extraños habían llegado a su dominio antes, pero había sido más una intromisión y habían intentado comunicar algún asunto importante para ellos en el lenguaje de comercio local sin tomar un verdadero interés en ellos. La nueva cortesía era suficiente para que tuvieran interés. Hubo una discusión apresurada entre ellos en su propio lenguaje.

Finalmente, uno de ellos salió de entre los árboles para que pudieran verlo. Su arco aún estaba apuntando a sus escudos. El cazador no sabía nada sobre la magia, pero conocía un empate cuando lo veía, y esto no sería resuelto a la fuerza.

–¿Por qué invaden nuestra tierra? –preguntó en el lenguaje de comercio.

Grayson consideró la mejor respuesta.

–Queremos poder entendernos mejor.

Una palabra con furia salió de uno de los otros cazadores. Los magos no necesitaban hablar el lenguaje para saber que era algo similar a "¡Miente!"

El cazador líder calló el arrebato.

–Otros hombres blancos vinieron antes. Intentaron llevarse nuestro aprendiz de sanación. ¿Por qué debemos confiar en ustedes?

Sí, esa era la apertura que Grayson necesitaba.

–No queremos llevarlo –respondió–. Queremos enseñarle.

Eso confundió a los cazadores de nuevo.

–¿Enseñarle? ¿Por qué quieren enseñarle?

–Es especial. Hace milagros, ¿no? –Hubo susurros entusiasmados.

–Sí –dijo el líder–. Todos lo hemos visto.

–Podemos enseñarle a hacer más que milagros –dijo Grayson–. Podemos enseñarle a hacer lo que hacemos.

Señaló los escudos a su alrededor, los que habían detenido las armas más eficaces que los nativos poseían.

Pero otro cazador habló con entusiasmo en el lenguaje de comercio.

–¿Pueden enseñar a otros esta magia?

–No. Sólo a él. Sólo él fue… elegido. Nosotros… lo hemos visto.

Pareció haber una discusión entre los cazadores después de eso, pero eventualmente, el líder ganó. Salió por completo de entre el follaje y los llevó al final del sendero, mientras enviaba a dos de sus cazadores a que se adelantaran. No era claro lo que estaba pasando en un principio, pero eventualmente descubrieron que había organizado una reunión con el jefe al borde del campamento, lo suficiente lejos para que aún pudieran defenderse. Ahí, aún con armas en alto contra los escudos mágicos, Grayson explicó su historia de nuevo, con más detalle y contexto. Se disculpó de parte de sus compañeros por su comportamiento tan rudo en visitas previas y dijo que un maestro podía ser enviado a la tribu a educar al niño en cuestión, si eso deseaban, en lugar de llevarse al niño a… no tenían una palabra para "escuela" en el sentido occidental. Claro, eso costaría una cantidad exorbitante de dinero y recursos de parte del Ministerio brasileño y a un loco voluntario, pero estaban dispuestos a hacerlo.

Lo importante era el respeto, por lo cual era que Grayson había hecho énfasis en su deseo de aprender su lenguaje y costumbres y el deseo de otros magos de dejarlos con tanto control como podían hacerlo de manera razonable. El jefe parecía feliz por esto, y aunque tomó varias muestras de magia el poder comprobar sus buenas intenciones, así como ocurrió en Tuvá unos meses antes, finalmente convenció a los nativos de bajar sus arcos. Y sí, pronto pudieron conocer al joven mago al fin. El niño dijo que su nombre era Ykunumi, aunque Grayson pensaba que ese quizás era un título.

Sin embargo, considerando el poco tiempo que tenía, Grayson decidió que incluso con su brillante velocidad para aprender idiomas, esta tendría que ser su última parada en su tour mundial. Necesitaría regresar a Australia pronto y resolver cualquier desastre creado en su ausencia antes de ir a Inglaterra para la Copa Mundial de quidditch.


Lord Voldemort y su pequeño grupo de mortífagos no estaban teniendo mucho éxito en su tour mundial. El Libro Egipcio de la Muerte tenía muchas cosas en él que hubieran sido útiles hace veinte años, pero los rituales que contenía requerían de preparaciones muy específicas que no podían hacer ahora. Y ahora, el Culto de Moloch en el Levante también les había fallado.

–Supongo que la excursión no fue una pérdida total –dijo la forma pequeña y arrugada de Voldemort con seques–. Sus sacrificios humanos ritualísticos lucen muy… interesantes. Es una lástima que no hicieron la conexión obvia de una vida por una vida. Pero vamos, debemos apresurarnos. Potter no ha estado quieto, incluso antes de ir a Hogwarts, y no podemos permitirle que tome ventaja del tiempo.

–La tormenta de arena nos transportará al atardecer –dijo Barty Crouch Junior–. Si el horario que me dieron los comerciantes es correcto, deberíamos poder hacer dos saltos mañana.

–Bien. Bien. Eso nos pondría en Burkina Faso pasado mañana, y de ahí, deberíamos poder encontrar un camino discreto a Ghana.

Estaban viajando a través del Sahara ahora... una región con una población mínima y poco vigilada. El medio de transporte de larga distancia principal aquí eran las tormentas de arena… la respuesta de los árabes a la red Flu. No era tan conveniente como los polvos Flu. Requería que una desordenada tormenta de arena en miniatura arrasara con la zona, así que sólo podía hacerse en un horario específico, excepto por magos muy poderosos. Pero cubría una zona más amplia, y al igual que las llamas de los polvos Flu la arena podía transportar instantáneamente a las personas de un oasis a otro y al otro desde Casablanca hasta Bagdad y de regreso.

Sin embargo, el destino de los mortífagos esta vez era Ghana, el corazón de las tradiciones ritualistas Vudú.

–Aún no lo entiendo –murmuró Amycus Carrow para sí mismo–. Pensé que sólo hacían inferi. –Desafortunadamente, Voldemort lo escuchó.

Son principiantes, Amycus –dijo–. Hacen cosas para niños. Un verdadero maestro del arte será mucho más sutil y quizás sepa cosas que sean útiles.

–Deja de quejarte, Amycus –siseó Alecto–. El Señor Oscuro sabe lo que hace.

–No necesito que me defiendas, Alecto –dijo la criatura envuelta en telas. Alecto de inmediato dio un paso atrás, sumisa–. Requeriré ser alimentado antes de movernos. Winky, ordeña a Nagini al instante.

Winky sólo chilló y asintió y comenzó a trabajar asustada. Encontraba muy difícil hablar en la aterrorizante presencia del Señor Oscuro. No ayudaba que él y el amo Barty dejaban que los Carrow la patearan la mitad del tiempo, dejándola teniendo que cuidar constantemente de sus muchas cortadas y moretones. Y esa serpiente. Se sentía petrificada al tener que acercarse, y aun así tenía que ordeñar el veneno de sus colmillos. Incluso cuando se comportaba y estaba condicionada a obedecer, las manos de Winky temblaban tanto que vivía con el miedo constante de picarse con un colmillo por accidente. No podía imaginarse como su vida había terminado tan mal, y no parecía que mejoraría pronto.


La noche del 25 de febrero, Fenrir Greyback sonrió para sí mismo ante la idea del mundo mágico de Gran Bretaña en alerta de nuevo… y descubriendo nada. Su manada no estaba cerca de Hogsmeade esta noche, ni cerca de alguno de los centros mágicos con más población. Los había alejado este mes a un bosque lejos de magos y muggles. Necesitaba hacer algo más constructivo que desorden y caos por las siguientes tres lunas. Greyback no era una criatura con la afinidad para la planeación a largo plazo, pero podía aprender. Era hora de experimentar.

El trabajo duro de Lycaon con Gery Lyles había resultado y había logrado conseguir para la manada una sola dosis de poción matalobos. Este era el momento que Greyback había estado esperando por diez años. El Ministerio guardaba el secreto de la poción matalobos con tanto recelo como los duendes guardaban el oro en Gringotts, pero ahora, finalmente había obtenido una muestra, y no iba a dejar que alguien más se llevara ese honor. Bebió del cáliz humeante una media hora antes de la salida de la luna y esperó con su manada. No sabía cómo la poción lo afectaría con exactitud, pero esperaba que hiciera al Lobo más inteligente y determinado y más capaz de organizar y dirigir a su manada. Eso era lo que necesitaba para que su plan funcionara.

Lo descubriría pronto. En poco tiempo, la luna llena se elevó desde el horizonte, y Greyback recibió al Lobo.

Cuando se recuperó la mañana siguiente, reflexionó sobre lo útil que era que los hombres lobo recordaban todo sobre lo que ocurría en forma lobezna la mañana siguiente, al contrario de algunas historias muggles. Cierto, los recuerdos eran borrosos y animalísticos, pero una vida entera de leerlos e interpretarlos los hacía muy claros para él, y fue capaz de evaluar con claridad los resultados de su experimento.

Había leído estudios y recuentos de hombres lobos que se habían saltado una dosis o dos de matalobos de la prescripción de siete. Aparentemente, se comportaban menos como lobos y más como magos ordinarios con pociones ilegales. Pero nadie había estudiado lo que hacía una sola dosis, ni siquiera en los experimentos más tempranos. La poción matalobos había comenzado como una poción diaria, y por experimento, Damocles Belby había descubierto que podía ser reducida a una serie de siete días cada mes, así que nunca había habido razón para investigar dosis únicas.

Así que Greyback había hecho algo completamente nuevo que tendría que analizar con cautela. En su opinión, el Lobo no había sido domado como un perro, más como un lobo entrenado… uno que aún era salvaje, pero que podía realizar trucos si lo quería. Y se alegró de descubrir que eso era suficiente para controlar sus movimientos, correr el camino que había planeado por el bosque y cazar los venados sólo en una sección particular. La mala noticia era que no lo ayudaba a controlar su manada, quienes continuaban intentando moverse por todos lados como lobos sin entrenamiento. El Lobo había pasado una gran parte de la noche frustrado con sus betas y usando su influencia alfa para arrearlos a que lo siguieran. Oh bueno, si podía obtener las siete dosis, eso sería suficiente.

Ahora, necesitaba planear sus otros experimentos. Necesitaría ver si había algún cambio si tomaba la poción la primera noche de la semana en lugar de la séptima, y necesitaba ver como un grupo de siete hombres lobo actuaba tomando una dosis cada uno. Y necesitaba descubrir cómo entrar a la maldita Casa de los Gritos. Pero era un avance, oh sí. Estaría listo para la luna llena en mayo.


Un grupo de estudiantes de tercer año en un aula vacía hubiera lucido extraño normalmente, pero cualquiera que viera a ese grupo particular de estudiantes reunidos hubiera sentido un amenazante cambio de poder, o por lo menos el potencial de uno. Harry Potter, Hermione Granger, Neville Longbottom, Susan Bones, Mandy Brocklehurst, Zacharias Smith, y las hermanas Greengrass estaban sentados en círculo, cada uno trayendo la influencia nada mínima de sus familias a la mesa.

–De acuerdo, Potter, estamos aquí –dijo Zacharias Smith, el más renuente de todos–. ¿De qué se trata todo esto?

–Pues –dijo Harry–, creo que todos pueden adivinar que es sobre el Wizengamot… específicamente, las dos propuestas de ley para regular a los hombres lobo. Ahora, algunas de sus familias apoyan la ley que mi representante introdujo, y algunos apoyan la ley que Amos Diggory presentó. Lo que esperaba era que pudiéramos discutir ambas leyes aquí con más libertad que con la que nuestros parientes pueden mientras seguimos sus afiliaciones políticas en público… no lo nieguen. Todos lo hacemos.

–¿Entonces estás tratando de convencernos de que tienes la razón? –demandó Smith.

–No, ese no es el punto –dijo Harry–. En el mundo muggle, hay algo llamado modelo del parlamento. Es donde un grupo de estudiantes se reúnen para discutir asuntos políticos como en el Parlamento muggle. Algunas veces, pueden tener influencia política real. Es el tipo de cosa que esperaba pudiéramos hacer. No queremos intentar convencerlos de apoyar nuestra ley. Pensé que podríamos hablar y ver si hay algo que pudiéramos hacer para mejorar nuestra ley… quizás encontrar algo en común en los puntos más divisorios. Si soy honesto, queremos mostrar que la ley de Diggory es una mala idea más que promover nuestra propia ley, pero para hacerlo, necesitamos la mejor alternativa posible.

–Pero mi bisabuelo dice que no hay nada malo con la ley de Diggory –habló Mandy Brocklehurst–. Dice que los hombres no eran parte de la sociedad en sus días, y no debería ser un problema.

–Sin ofender, Mandy, pero las cosas han cambiado mucho desde la época de tu bisabuelo –dijo Hermione–. Y algunas cosas deberían cambiar, como la Ley de Defensa de los Muggles.

–Daphne, tú probablemente tienes la mejor mente política entre nosotros –comenzó Harry–. ¿Qué piensas de las diferencias entre la ley de mi familia y la de Diggory?

Daphne Greengrass soltó un silbido.

–Eso es complicado, Potter –dijo–, y solo he mirado un poco las copias...

Se escuchó el ruido de papel y Hermione produjo copias de la Ley de Protección de los Hombres Lobo de Diggory y Umbridge, y la Ley de Regulación y Control de la Licantropía de Andi y Sirius.

Por supuesto que lo hiciste –murmuró Daphne–. De acuerdo, dame un minuto. –Examinó las dos leyes una al lado de la otra para recordar las estipulaciones. Eran breves… extremadamente breves bajo estándares muggles… pero aún le tomó tiempo revisarlas. Después de ir de principio a fin un par de veces, se sintió lista para hablar–. De acuerdo, la Sección 1 de tu ley, Potter, es sobre las penalidades estrictas contra crímenes cometidos por hombres lobo. Esa parte está bien. Es básicamente lo mismo que en la ley de Diggory. La Sección 2, poderes del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica para restringir los movimientos de los hombres lobo; probablemente tampoco te de muchos problemas. No es lo mismo, pero lo suficiente cercano. Ahora, la Sección 3, ¿servicios para los hombres lobo? Eso va a ser un problema. Cualquier cosa que cueste dinero es difícil, y deberías saberlo. Lo mismo pasa con la Sección 4, eliminación de las restricciones de trabajo. No importa si es justo o no, la reacción natural de las personas será resistirlo.

–Pff. Yo podría haberte dicho eso, Potter –dijo Smith–. Eso no nos dice nada nuevo.

–Nos dice que hay dos puntos reales de contención, Smith –lo contradijo Harry–. La distribución de servicios y la eliminación de restricciones de trabajo. Y agregaría un tercero, pero no estoy seguro de que el Wizengamot sea el lugar… mantener Hogwarts abierto para los hombres lobo.

Mandy, Smith, e incluso Susan soltaron un grito ahogado ante la sugerencia.

–No puedes decirlo en serio –soltó Smith.

–No, ese es mi padrino...

–¡Harry! –lo regañó Hermione.

–Lo siento. No pude resistirme. Pero sí, es en serio. Funcionó bien cuando Remus Lupin estuvo aquí, y hemos aprendido más desde entonces. Es justo que todos los niños mágicos tengan acceso a una educación mágica.

–Y tienes razón –dijo Neville–. No quieres ir sobre la autoridad de los miembros del Consejo en nada relacionado con la escuela. No les gustaría. Tendremos que buscar una manera de que Amos Diggory sea ignorado.

–De acuerdo. Eso nos trae de regreso a los servicios… saben que, dejemos de lado lo que son y enfoquémonos en lo que intentamos hacer.

–Mi tía dice que estamos tratando de prevenir más ataques –dijo Susan.

–Y queremos eso, pero también queremos que los hombres lobo sean tratados de manera justa en la sociedad –dijo Hermione–. A la raíz de todo, pensamos que lograr que la poción matalobos sea distribuida abierta y seguramente es la mejor manera de lograrlo.

–¿Cuánto costaría proveer poción matalobos a todos los hombres lobo en Gran Bretaña de manera gratuita? –preguntó Harry.

La mayoría del grupo se estremeció. Eso sonaba a una locura.

–Quiero decir en quienes confiemos –agregó–. No quise decir Greyback.

Eso no calmó la sorpresa. Tal cantidad de dinero gastada en hombres lobo era algo absurdo para la mayoría de las personas. Pero entonces, Hermione no era la mayoría. Revisó sus notas y lo pensó por un minuto.

–Mmm… a menos que el precio fuera reducido de manera significativa, no podría ser menos de veinte mil galeones al año –dijo–. Y eso es si solo se incluye a los registrados. El número real podría ser el doble.

–El Ministerio nunca haría algo así –dijo Daphne. La mayoría de los demás asintió en acuerdo.

–No, no esperaría que lo hiciera –dijo Hermione–, y es mucho para que fuera sustentable como una caridad, a menos que tu nombre sea Malfoy.

–Me temo que es peor que eso –dijo Susan–. Muchos de los ataques de hombres lobo son causados por hombres lobo como Greyback que quieren hacerlo. Los que no quieren encuentran otras maneras de controlarse a sí mismos si no pueden obtener la poción matalobos. Eso significa que no hará una gran diferencia en el número de ataques. –Smith asintió.

–Y no se olviden, siempre existe el riesgo de que algún simpatizante de Greyback obtenga la poción y la use para atacar a más personas. Mi papá dice que causa más problemas de los que resuelve.

–No para los hombres lobo, no –protestó Hermione–. Es un regalo caído del cielo para ellos. Los ayuda a mantener la cordura. Los deja con la capacidad de trabajar. Es mejor para su salud.

–Eso no es bueno si pone al resto de nosotros en riesgo.

–Pero si demostramos que podemos ayudar, quizás aleje a más hombres lobo de Greyback –dijo ella.

Durante la discusión, Neville había estado haciendo una mueca de concentración profunda.

–¿En qué piensas, Neville? –preguntó Harry.

–Oh, solo pensaba que parece que necesitamos una mejor manera de asegurarnos de que la poción matalobos no será mal usada mientras la damos a más personas.

–Es por lo que los estándares de ejecución son más estrictos.

–Eso solo ayuda después del hecho –dijo Susan–. Un solo caso de mal uso, y podríamos perderlo todo.

De repente, Astoria Greengrass tuvo una idea.

–¿Y si hacemos que los hombres lobo hagan un juramento inquebrantable?"

Eso obtuvo reacciones mixtas, desde Zacharias Smith, quien parecía interesado, hasta Hermione, quien estaba horrorizada, aunque fue diplomática al respecto.

–No puedes pedir a las personas que hagan juramentos inquebrantables de ese modo, Astoria. Tendrías que tener mucho cuidado o sería fácil romperlos.

–De hecho, no estoy seguro –dijo Harry, para su sorpresa–. Si tuviéramos una manera de comprometerlos sin ser muy restrictivos, quizás resuelva muchos problemas. ¿Creen que podríamos lograr la frase de juramento de tal manera que cubra todas las posibilidades?

–Lo dudo. Podríamos cubrir todos los casos en los que pensemos, pero son los que no los que me preocupan. Ciertamente no considerando los estándares de los juramentos inquebrantables. Y también está la distribución. Se necesita asegurarse que la poción llegue a quien la necesita cuando la necesita con la supervisión adecuada.

–No creo que puedan expandir mucho la cobertura al instante –dijo Mandy–. Se sobre la infraestructura, instalaciones, y eso, y no creo que el congregar a tantos hombres lobo el día antes de la luna llena estaría bien… no con lo que podemos hacer hoy.

–Mmm… ¿quizás eso para los planes a largo plazo, entonces? –sugirió Harry–. ¿Comenzar un nuevo programa de prueba y expandirlo conforme pase el tiempo si funciona?

–Sabes, eso podría funcionar si tienes el procedimiento correcto –dijo Daphne–. Sería algo que investigar.


En una oscura noche calurosa en abril, un hombre se paró en un círculo ritual con un puñado de seguidores escondidos detrás de barreras para repeler muggles justo afuera de un aeropuerto. Era un hombre gigante, alto, fornido, musculoso… posiblemente gracias a rituales. Su piel era bastante oscura, pero era obvio por la luz de las antorchas que estaba cubierto de tatuajes de animales y pictografías extrañas. Su pecho estaba desnudo, al igual que sus pies, y observaba sin moverse el aterrizaje de un avión muggle.

Mientras las luces se acercaban, el hombre comenzó a cantar en un lenguaje lleno de chasquidos como el de las lenguas joisanas, las cuales habían sido habladas aquí en África oriental unos tres mil años antes. Mientras cantaba, varios de sus tatuajes comenzaron a brillar con una fría luz blanca: el primero fue un erumpent, y el segundo un impundulu o ave relámpago, además de muchas otras de las pictografías.

El canto se aceleró, y las llamas comenzaron a dar vueltas a su alrededor. El avión voló cada vez más cerca para aterrizar, pero no, nunca llegó. Cuando el canto llegó a su punto más agudo, el hombre elevó sus manos en dirección al avión y bramó dos palabras:

!nomku'u, !nomku'u.

Con un rugido aún más intenso como el ruido de un cohete, una bola de fuego salió de cada una de las manos del hombre. La primera se estrelló contra el avión, y este se agitó, sus luces apagándose. La segunda se estrelló, y el avión estalló en llamas. De ahí, fue cuestión de segundos antes de que cayera al suelo, directo sobre el jardín del palacio presidencial, donde explotó con una fuerza que sacudió la tierra.

Kinani Ngeze se dio la vuelta para estar de frente a sus seguidores, y sonrió.

–Listo, ahora el Ministro de Ruanda ha muerto –dijo con voz profunda–, al igual que el tonto Burundi. Y ese muggle arribista también está muerto. Ahora, todos me llamarán Kinani… ¡El Invencible!

Sus seguidores gritaron halagos, y Ngeze soltó otra palabra:

!gu.

Por un momento, otro grupo de tatuajes brillaron: un mahamba, un cocodrilo mágico gigante, y varias otras pictografías, y un chorro de agua salió de sus manos y extinguió las antorchas.

–Vamos –dijo–, tenemos trabajo que hacer.

Doce horas después, miles de muggles estaban muertos.

Veinticuatro horas después, magos a cientos de millas alrededor estaban huyendo de una campaña de terror que no había sido vista en África oriental por muchos años.

Treinta y seis horas después, Albus Dumbledore sabía que no podía permanecer al margen. Sólo esperaba que ningún desastre cayera sobre Inglaterra durante su ausencia. Greyback aún estaba en la fuga, y con la profecía más reciente de Sybill, tenía su propio señor oscuro del cual preocuparse.