No interrumpan a JK Rowling cuando está siendo irónica, ni a White Squirrel cuando lo mencione. No es amable.


Capítulo 76

–Los gobiernos muggles no están preocupados por la situación.

–Los gobiernos muggles sólo ven la violencia en Ruanda. Nosotros la vemos moviéndose a Burundi, Uganda y Zaire a toda fuerza.

–La velocidad de esta retaliación impactante. Los reportes más recientes dicen que diez mil muggles fueron masacrados el jueves, y no hay nada que sugiera que ayer fuera diferente o que hoy lo será. Esos números son comparables a las muertes en los campos de concentración en la guerra de Grindelwald.

–¿Por qué debemos preocuparnos tanto por un conflicto muggle? Los rebeldes ya han lanzado un contraataque.

–Los dos conflictos están inextricablemente entrelazados. Los rebeldes nunca tomarán Kigali con Ngeze apoyando al ejército, y él está operando de manera internacional. Y no tengo que recordarte que ha acumulado un gran número de magos en los últimos días.

–El hecho es que en las Naciones Unidas muggles apenas y están hablando sobre intervenir. No han comprometido el personal necesario ni han dado la autorización necesaria.

En el abarrotado castillo que miraba a las cataratas de Reichenbach, las riñas en la Confederación Internacional de Magos alcanzaban un nivel extremo. El asesinato del Ministro de Ruanda y dos líderes muggle por Kinani Ngeze había iniciado una tormenta en África oriental. Presión para la intervención internacional se había incrementado desde la reunión del otoño pasado ya que parecía que la población mágica de la región estaba descendiendo a una guerra a toda escala. Sin embargo, iba a ser difícil de vender. Después de todo, mientras más creciera la guerra, mayor sería la amenaza al Estatuto del Secreto, sin mencionar la pérdida potencial de sangre y tesoros a cualquier coalición que enviara operativos.

Una complicación adicional era el hecho de que uno de los países involucrados, Uganda, era uno de los favoritos a ganar la Copa Mundial de Quidditch ese verano, y aunque no estaba relacionado al conflicto como tal, les daría una plataforma mayor de medios de comunicación para pedir apoyo, por injusto que eso era para sus vecinos que no tenían tal ventaja.

Se escuchó un fuerte ruido cuando se abrieron las puertas de la cámara de golpe y un hombre de piel bronceada, cabello gris, y ojos ámbar entró.

–Ah, Embajador Grayson –dijo Albus Dumbledore desde su asiento–, gracias por acompañarnos.

–Buen día, Jefe Supremo –dijo Edward Grayson con voz ronca. Caminó con paso tambaleante a su asiento mientras murmuraba bajo su aliento–. Maldita náusea de traslador… –Estiró una mano a la silla y estaba a punto de sentarse cuando notó a los otros delegados observándolo como si esperaran que dijera algo–. Creo que todos saben lo que pienso –dijo–. Hemos necesitado deshacernos de Ngeze por un tiempo. Si no podemos intervenir cuando alguien que pretende ser un lord oscuro intenta derrocar a varios países, no veo el punto de esta organización. –No era tan elocuente como sus discursos normales, pero no le importaba mucho en ese momento. Se sentó e intentó aclarar su mente mientras la discusión continuaba.


GUERRA EN ÁFRICA ORIENTAL

Mago oscuro Kinani Ngeze causa problemas en el Ministerio de Ruanda

REUNIÓN DE EMERGENCIA DE LA CIM PARA DISCUTIR LA CRISIS

Dumbledore viaja a Suiza para supervisar

–¿Puedo tener su atención? –habló la profesora McGonagall a la escuela durante el desayuno el sábado en la mañana–. Como pueden ver, el profesor Dumbledore está ausente por una reunión de emergencia de la Confederación Internacional de Magos para lidiar con la crisis en África oriental. Debo reportar que quizás esté lejos del castillo por un largo periodo.

Susurros nerviosos dieron vueltas por el gran comedor. Nadie había olvidado los varios meses desastrosos del año pasado cuando Dumbledore había sido removido del castillo por el Consejo en un intento fútil de detener al heredero de Slytherin, y había una amenaza más tangible esta vez: Fenrir Greyback. Muchos expresaron esta preocupación en voz alta.

La profesora McGonagall elevó su mano.

–El profesor Dumbledore me aseguró que hará lo posible para estar aquí durante las lunas llenas, e incluso si no puede, los profesores somos más que capaces de mantener la escuela segura. Hogwarts es un castillo por una razón, y todas las puertas y ventanas serán cerradas durante la luna llena.

Esto calmó los miedos de la mayoría de los estudiantes, pero Harry Potter aún se sentía nervioso.

–Mione, tengo un mal presentimiento sobre esto –dijo.

–¿Cuál es el problema, Han Solo? –respondió Hermione–. La profesora McGonagall dice que el castillo es seguro. Y Dumbledore probablemente regrese.

–Como si eso hubiera detenido a alguien antes.

–Bueno, no ha detenido a Voldemort, pero él es, pues, Voldemort. Greyback no es de su liga exactamente.

–Lo sé. Es solo que con Dumbledore lejos la mayor parte del tiempo y con solo dos lunas llenas restantes en el año escolar, el momento para que Greyback intente algo es ahora. No lo sé, me sentiría más seguro si lo capturaran.

–Pues, yo también, Harry, pero no creo que tengas que preocuparte del castillo por el momento.

Draco Malfoy tuvo una reacción menos calmada.

–Vaya, eso se deshará del viejo por un rato.

Sin embargo, fue lo suficiente listo para guardarse ese sentimiento para sí mismo y sus amigos. Aunque no estaba preocupado por Greyback. A esta época del año, la luna llena salía casi o después del toque de queda, y los dormitorios de Slytherin eran los más seguros de la escuela. Estaba más interesado en su campaña de correspondencia. Para su asombro, Hagrid se había vuelto mucho más competente después de su primer carta quejándose, pero sin Dumbledore cerca para proteger a su mascota mestiza, quizás podría darse a la causa de nuevo e influenciar al Consejo a que se deshaga de él.


Harry casi no fue al partido de quidditch entre Slytherin y Hufflepuff. Ambos buscadores jugando le desagradaban, y Malfoy más, con su escoba como ventaja. Estaba a punto de dejar el gran comedor y regresar a la torre de Gryffindor cuando se encontró con Cho.

–Hola, Harry, es buen día para él quidditch –dijo ella.

–Eh, sí, supongo –respondió él. Ella hizo una mueca ante su falta de entusiasmo.

–¿Quieres sentarte conmigo? –preguntó ella. Harry se iluminó ante la idea. El juego no sería una completa pérdida de tiempo de ese modo.

–Claro, sería genial –dijo.

Caminaron brazo en brazo hacia el campo, lo cual, a pesar de su primera cita, provocó cejas alzadas y unos cuantos silbidos. Esos fueron cortesía de los gemelos Weasley, quienes retrocedieron rápidamente cuando les lanzó una mirada felina y dejó que unas cuantas chispas de magia brillaran en sus dedos.

–Mi compañera de cuarto, Marietta, me ha estado preguntando sobre ti –le dijo Cho–. Le conté todo lo que me dijiste.

–Oh… ¿lo hiciste? –dijo Harry, intentando no hacer una mueca.

–Ajá. Espero que no te moleste.

–Oh, no. Quiero decir, nada de eso era un secreto –dijo. En verdad estaba siendo muy sensible, se dijo a sí mismo. Por supuesto que la niñas hablaban de sus citas. Aunque necesitaría dejarlo en claro si alguna vez tenía razón de contarle un secreto. Esperaba que ella no lo empujara. Neville prácticamente era su único amigo en quien confiaba de manera automática para que fuera discreto, aunque Ron era bastante decente, y la mayoría de sus amigos con familias en el Wizengamot sabían mantener sus bocas cerradas cuando era adecuado–. Yo, eh, no creí que fuera tan interesante –agregó.

–Claro que lo es, Harry –dijo Cho–. Eres el Niño Que Vivió. Y has recibido dos Órdenes de Merlín. Todos quieren saber todo sobre ti.

No me lo recuerdes, pensó, pero no lo dijo. Estaba un poco decepcionado por el entusiasmo de Cho sobre el tema, así que decidió continuar el resto del camino en silencio.

Cuando llegaron al campo se sentaron en el borde de las gradas entre las secciones de Gryffindor y Ravenclaw, y Harry observó el campo. Ninguno de los equipos de Slytherin y Hufflepuff era estelar, pero la diferencia estaba en los buscadores. No había duda.

–Pues, no creo que sea un juego largo –dijo Harry a Cho–. Diggory ya ha perdido contra nosotros dos, y Malfoy tiene una saeta de fuego.

–No creo que Cedric sea tan malo –lo contradijo Cho–. Sólo ha tenido mala suerte contra nosotros. –Harry le mostró una media sonrisa.

–Quizás, pero por mucho que no me gustaría verlo perder contra Malfoy, no creo que tenga una buena oportunidad.

Ella le lanzó una mirada evaluadora.

–No te agrada mucho. –Él hizo una mueca, sin querer que la conversación tomara un tono desagradable.

–No es por él. Es… es un asunto político. No vemos al mismo nivel. He escuchado que es alguien decente… Supongo… Malfoy, por otro lado...

Recordó como Malfoy había actuado aún más desagradable de lo normal en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas la última semana:

Profesor Hagrid, ¿es cierto el rumor de que fue descubierto criando cachorros de hombre lobo debajo de su cama cuando era un estudiante? –preguntó un Slytherin.

¡Eran lobos normales! –soltó Hagrid, y varios Gryffindor golpearon sus frentes. El criar a lobos normales no era algo que estar publicando tampoco–. Cachorros de hombres lobo… ¡ridículo! Merlín prohíba que haya tal cosa, serían bebés normales excepto durante la luna llena.

¿Y qué del rumor de ir al bosque a escondidas a luchar contra trolls?

No fue a escondidas. Fue por un proyecto de Cuidado de Criaturas Mágicas. Estaba estudiando un grupo de trolls que pasó por el bosque. Los trolls son criaturas poco comprendidas, saben.

Los otros Slytherin repitieron en burla la última línea a espaldas de Hagrid. Para el final de la semana, otra carta al editor había sido publicada en el Diario el Profeta quejándose de la falta de medidas de seguridad y sentido común de Hagrid.

–Sí, a mí tampoco me agrada mucho –dijo Cho en acuerdo–. Me alegré cuando logré ganarle en nuestro partido. Es casi tan bueno como tú. Me da la esperanza de aún tener una oportunidad contra ti, aún si él estaba en una Nimbus prestada entonces.

–Puedes intentarlo –dijo Harry con una sonrisa–. ¿Y si tuvo un mal día porque fue obligado a pedir prestado algo? –Harry se alegró de que, por lo menos, Cho era lo suficiente tranquila para reírse de eso.

Los dos equipos se lanzaron al aire y Malfoy voló por todo el campo. Harry no había visto a una saeta de fuego volar a la distancia, y tuvo que admitir que era impresionante, quizás más impresionante que su propio estilo. Después de todo, Malfoy volaba con gracia, como un ave, comparado con las acrobacias predatorias de Harry.

Lo único que preocupaba a Harry era que, en una saeta de fuego, Malfoy podría romper su récord de capturar la snitch en menos de cinco minutos que había logrado contra Hufflepuff en su primer año. Aunque odiaba admitirlo, Malfoy probablemente tendría el talento de lograrlo, así que se sintió feliz cuando pasaron cinco minutos sin incidente. Aun así, había pasado menos de media hora del partido cuando Malfoy atrapó la snitch y ganó el juego en una pérdida humillante para Hufflepuff.

–Pues, decepcionante, pero esperado –dijo Harry.

–No que importe mucho –señaló Cho–. Tú aún puedes ganar la copa fácilmente, e incluso nosotros podemos ganar si te derrotamos con suficientes puntos.

–Cierto, pero buena suerte con eso… Pero bueno… hay un fin de semana en Hogsmeade en dos semanas. ¿Quieres ir conmigo de nuevo? –Cho sonrió.

–Me gustaría mucho, Harry.

–Bien. Es una cita, entonces.

Cedric Diggory estaba decaído mientras caminaba fuera del campo. En su primer año como buscador, había perdido todos sus partidos, Harry Potter estaba resentido con él y estaba saliendo con una chica que le había empezado a gustar recientemente, y comenzaba a pensar que su padre y la mayoría de Gran Bretaña estaban algo paranoicos sobre los hombres lobo. Además, aún tenía que tomar sus TIMOs. Y había pensado que quinto año sería un buen año.


La segunda cita de Harry y Cho iba bastante similar a la primera: agradable, pero sin eventualidades. El cambio más agradable probablemente era que hacía más calor el último día de abril que en febrero. Harry decidió hacer algo más especial esta vez y trajo flores para Cho. Nada elegante… le trajo una rosa rosa… amistad, admiración… y para darle un leve cumplido y en honor a su herencia, agregó unas cuantas rosas chinas… belleza siempre nueva. Eso último pareció ignorarlo, aunque sí apreció el gesto. Cho, como la mayoría en Hogwarts, no conocía el lenguaje de las flores más allá de rosas rojas, rosas rosas, rosas blancas, rosas amarillas, ¿pero qué podía hacer?

Era un día agradable, y Harry estaba tarareando para sí mismo mientras Cho y él tomaban ventaja del clima y caminaban a Hogsmeade. No lo habían hecho en un tiempo. Habían visitado primero Madame Pudipié, y Harry se alegró de ver de que en días que no eran San Valentín, lucía mucho más normal, aunque aún estaba bastante lleno y tenía el aspecto romántico.

Harry estaba algo más preparado esta vez para conversar. Preguntó a Cho sobre su familia, por ejemplo. Sus abuelos habían luchado con los Aliados Mágicos durante la guerra de Grindelwald. Habían estado estacionados en Escocia por un tiempo como contactos para Dumbledore de la Agencia de Magia China y les había gustado tanto que se mudaron ahí después de la guerra. Los Chang vivían cerca del mundo muggle para asegurarse de siempre estar lo suficiente familiarizados para camuflarse, y Harry se alegró de ver de que había visto bastante televisión muggle. Sin embargo, no le gustó tanto el que no compartiera el entusiasmo de su familia por Doctor Who.

–Es entretenido –dijo–. Lo vi de repente. Pero prefiero cosas como Eastenders.

–¿Viste Dimensions in Time durante las vacaciones? –preguntó Harry.

–No, nadie lo grabó.

–No te perdiste de mucho. Fue casi tan malo como The Twin Dilemma.

–¿El qué?

–¿El que tenía a las babosas gigantes? –dijo él. Ella no mostró señales de reconocerlo–. No importa. Estuvo bastante malo.

Al preguntar a Cho sobre sus otros intereses, aprendió que era bastante atlética y disfrutaba del tenis en casa además del quidditch, pero prefería no estar tan ocupada en sus horas libres como Harry y Hermione con karate, práctica de duelo, magia sin varita, política, y varias otras actividades. Aparentemente prefería más acostarse a leer una de esas novelas románticas que Hermione siempre llamaba "tediosas, derivativas, y poco realistas."

Cho, por su parte, también logró hacer más preguntas a Harry que sí podía responder, pero sus intereses no parecieron coordinar mucho. No parecía compartir su interés en la fantasía muggle. (Si era justo, tampoco le hubiera importado mucho si hubiera sido criado en el mundo mágico.) No estaba interesada en tomarse el tiempo para aprender magia sin varita o artes marciales. Y más preocupante, aún preguntaba cosas de vez en cuando sobre sus vacaciones creciendo que parecían inspiradas por los libros de Las Aventuras de Harry Potter. Podía comprender que era difícil separar la verdad de la ficción con todas las cosas que habían sido escritas sobre él, así que intentó corregirla de manera sutil cuando salía el tema.

Como tal, Harry hizo el esfuerzo de tomárselo con calma, pero después de que dejaron Madame Pudipié, durante la calma de la media mañana, decidió improvisar e intentar mostrarle algo de la verdadera vida de Harry Potter.

–Vamos a la casa de los gritos –dijo.

–De acuerdo –dijo Cho. Mientras se levantaban para irse, Harry decidió improvisar de nuevo, y en lugar de ofrecer su brazo, tomó su mano. Estaban sonriendo mientras caminaban de la mano a "la casa más embrujada en Gran Bretaña."


Al contrario de lo que muchos creían, Barty Crouch Senior no había sido el último de su linaje, aunque era el último varón del que se sabía, así que era como si lo fuera. La mayoría habían olvidado que Artemis Crouch, la sobrina del viejo Barty, aún estaba viva. Esto probablemente era porque Artemis Crouch era un hombre lobo y no había sido vista en sociedad civilizada por unos veinte años… veinte años durante los cuales había sido criada y entrenada por Fenrir Greyback. Por muchos años, había sido un desafío para Greyback mantenerla en su manada, no por su lealtad, sino porque era un alfa natural, y esto la ponía en conflicto con la pareja de Greyback. Hubiera terminado en garras, pero Artemis no tenía interés en ser pareja de un hombre al que llamaba padre. Cuando cumplió la mayoría de edad, encontró a un beta razonablemente decente, y se quedó con él.

Pero el valor real de Artemis a la manada era como espía. Cuando no estaba corriendo bajo la luna llena, era una mujer pequeña, con pocas cicatrices y, como cierto primo suyo, era buena actuando inocente. Hoy, esa espía estaba deambulando por la casa de los gritos intentando encontrar como pasar las barreras, ya fuera por los terrenos o debajo. Aunque nunca había atendido Hogwarts, era bastante buena con una varita robada cuando le habían enseñado algunos hombres lobo mayores. Las barreras, sin embargo, eran muy fuertes. Dumbledore las debía haber colocado él mismo. Casi era imposible que un humano las pasara… poco sorprendente ya que no querían que un humano entrara si había un hombre lobo. Y por lo que podía ver, era imposible que un hombre lobo transformado las pasara, por lo menos solo. Necesitaría de un mago con ellos para abrirlas… poco sorprendente de nuevo, ya que no querían que un hombre lobo se saliera en un lugar tan cercano a las casas en Hogsmeade. Greyback sospechaba que había un túnel entre el sótano de la casa de los gritos a la escuela, pero no sabían cómo funcionaba o donde salía, y parecía impenetrable para escaneos remotos.

Artemis maldijo bajo su aliento. Tenían menos de un mes para resolver este problema. De una manera u otra, una de las leyes de los hombres lobo sería aprobada en el Wizengamot este verano, y solo quedaba una luna llena antes de que terminaran las clases en Hogwarts. Greyback ya estaba de mal humor por una pequeña revisión que había tenido que hacer a sus planes. Unos días antes, la manada había logrado obtener una prescripción completa de la poción matalobos… siete dosis… cortesía del Sr. Lyles. Con algo de presión y persuasión (y chantaje; después de todo, podrían enviarlo a Azkaban solo por darles las pociones), lo habían convencido de unirse a su plan por completo, bajo una condición: que le permitieran unirse a la cacería. Eso era suficiente malo. Era un lobo cautivo y había vivido la mayoría de su vida en sociedad mágica civilizada. Eso lo hacía el punto más débil y menos confiable.

El otro problema fue la prueba que habían hecho la última luna llena: siete hombres lobo, una dosis de poción matalobos cada uno, y una pista de obstáculos había sido preparada con anticipación. La buena noticia era que una sola dosis de matalobos hacía la diferencia: una manada de bestias sin control se volvía un equipo de perros entrenados, o lobos entrenados, capaz de seguir un plan complejo en una pista marcada si eran guiados y comandados de manera adecuada. El problema era que con una sola dosis de la poción, Greyback no estaba lo suficiente sano para liderarlos de manera fiable, y no había tiempo para otra prueba. Eso quería decir que tendría que apostarlo todo en un plan sin comprobar: Greyback tomaría dos dosis de la poción, esperando que fuera suficiente para liderar a la manada, y llevaría con él a cinco otros que tomarían una dosis… una oportunidad menor para causar problemas, pero era la única manera. Claro, aún estaban revisando con sus otros contactos, y era posible que pudieran conseguir otra prescripción para un total de trece… casi todos los de la manada que valían.

Pero todo eso no importaba si no podían entrar. Una estrategia tras otra para poder pasar por las barreras había fallado, y se les acababa el tiempo. Era eso por lo que Artemis estaba ahí en un día cuando los estudiantes estaban ahí. Ya era suficiente difícil intentar esconderse con solo los turistas regulares.

Muy pocas personas iban a la casa de los gritos en la mañana, así que Artemis pensó que tendría la oportunidad de seguir trabajando, pero no tuvo suerte. Estuvo en eso solo unos minutos antes de escuchar voces en el sendero. Se escondió donde pudo, unos arbustos a una distancia corta, y se congeló, esperando ver quien venía.

Cuando vio quien era, no pudo creer sus ojos. Era Harry Potter, el Niño Que Vivió, Cazador de Basiliscos, y amigo personal del traidor a la manada, Remus Lupin. Había una chica linda con él, y sonaba a que intentaba impresionarla para que fuera su pareja… o algo así. Había pasado un tiempo desde que tenía que pensar sobre relaciones humanas. Observó y escuchó desde las sombras mientras se detenían enfrente de la casa. Artemis no se atrevió a hacer un ruido. Lo ocurrido en Halloween había demostrado que el Niño Que Vivió tenía un buen oído.

–Oye, Cho, ¿quieres saber un secreto? –dijo Harry. Los ojos de Cho se abrieron ampliamente con anticipación. Harry era tan cerrado sobre su vida que se moría por saber más.

–Oh, sí, Harry –susurró ella–. ¿Qué es? –Él miró hacia la casa antes de hablar.

–No está embrujada realmente. –La sonrisa de Cho desapareció, y lo miró con confusión.

–¿De qué hablas? –preguntó.

–La casa de los gritos. No hay fantasmas. Ni siquiera es tan vieja. Quizás no lo sepas, ya que tus abuelos no son nativos, pero si preguntas, descubrirás que historias sobre que es el edificio más embrujado en Gran Bretaña solo comenzaron a circular en los setentas.

–¿En serio? –dijo Cho, aun tratando de comprender que tenía que ver eso–. ¿Pero cómo…? –Harry se acercó un poco más.

–¿Recuerdas a mi amigo, Remus Lupin?

–¿El hombre lobo? –dijo ella algo rápido.

–Sí. Verás, cuando Remus comenzó a estudiar en Hogwarts, necesitaba un lugar seguro donde pasar la noche durante la luna llena, lejos del resto de los estudiantes. Así que Dumbledore trajo una casa abandonada a las afueras de Hogsmeade y la encantó para contener a un hombre lobo. Entonces, creó un pasaje secreto de la casa a la escuela para que pudiera ir ahí antes de la salida de la luna esas noches.

Ella elevó una ceja cuando lo conectó.

–¿Entonces la casa de los gritos está conectada a la escuela? –preguntó.

–Sí. Si bajas al sótano, encontrarás un túnel, y desde ahí, es un camino recto hasta los terrenos de la escuela, y sales debajo del sauce boxeador en la colina pasando la cabaña de Hagrid. Hay un nudo en la base del árbol, y si lo presionas, el árbol se congela el tiempo suficiente para salir.

–Vaya… –dijo Cho, pensándolo por un momento–. Es algo decepcionante.

–¿Qué? ¿Por qué?

–Se supone que hay un montón de fantasmas super malos a quienes ni siquiera se acerca el Barón Sanguinario, ¿pero dices que todo es una farsa?

–A Remus le gusta pensar que es una broma… Le encantan las bromas.

–Aun así, no es tan interesante como el edificio más embrujado en Gran Bretaña.

Harry resistió la urgencia de sacudir su cabeza. A veces, pensó, las personas que vivían en el mundo mágico no lo entendían. Los fantasmas estaban en todos lados en el mundo mágico. Hogwarts fácilmente era el edificio más embrujado en Gran Bretaña. Claro, él no encontraba a la casa de los gritos tan interesante, pero el hecho de que Dumbledore y Remus habían engañado a todo el país era bastante genial en su opinión.

–Pero hay más –intentó de nuevo.

–¿Lo hay?

–Sí, ¿Escuchaste que Sirius Black se registró como animago?

–Eh, sí, escuché algo sobre eso.

–¿Y que Peter Pettigrew era uno?

–Sí, lo recuerdo.

–Pues, mi papá también lo era. Era un ciervo. Los tres se volvieron animagos cuando estaban en la escuela, de hecho, y en la luna llena, se escapaban a la casa de los gritos con Remus en formal animal.

–¿Tu papá era un animago? –dijo Cho con sorpresa, de repente sonando mucho más interesada.

–Ajá.

–Supongo que eso es bastante genial. ¿Alguien más en la familia?

–No hay necesidad –dijo Harry con cuidado–. Remus ya no está en la escuela. Puede salir solo, o Sirius puede hacerle compañía. –Todo eso era técnicamente cierto, pero no estaba nada listo para revelar la historia completa. Ni siquiera le dijo que los merodeadores habían dejado la casa de los gritos para explorar el bosque prohibido. Esperaba que si Cho probaba ser confiable con lo que ya era básicamente un secreto abierto sobre Sirius volviéndose un animago en la escuela, y permanecían juntos, quizás podría confiarle sus secretos más grandes después.

–Pues, ¿regresamos a almorzar? –dijo Cho después de algo más de conversación.

–Claro, vamos –dijo Harry en acuerdo. Se dieron la vuelta y se alejaron de la casa de los gritos de la mano.

Artemis no podía creer sus oídos cuando escuchó la conversación. El maldito Harry Potter había revelado casi toda la información que necesitaba, ignorando por completo quien pudiera escucharlo. Era casi perfecto. Esperó a que la joven pareja se alejara, y se desapareció al instante. Parecía que su día sí había sido productivo después de todo.


Harry y Cho compartieron un agradable almuerzo en las Tres Escobas, el cual solo se volvió desagradable cuando se levantaron para irse porque fue entonces que Cedric Diggory caminó a ellos.

–Buenas tardes, Lord Potter –dijo él.

Harry se congeló y lanzó una mirada cautelosa al Hufflepuff. Títulos formales… eso quería decir algo serio.

–Buenas tardes, Sr. Diggory –respondió.

–Me preguntaba si podía hablar con usted… –lanzó una mirada a Cho–. ¿En privado?

Harry también lanzó una mirada a Cho.

–¿En verdad es necesario? –preguntó.

–Sí, eso me temo. Hay asuntos sensibles del gobierno a juego.

Harry gruñó para sí mismo y después lanzó una mirada simpatética a su cita.

–Lamento esto, Cho –dijo–. Intentaré que sea breve.

Cho soltó un suspiro exasperado.

–Comprendo, Harry –dijo.

–Lamento esto, pero suena importante… Estoy seguro de que el Sr. Diggory sabe que debe ser importante.

–Lo es. Y no debería tomar mucho –dijo Cedric disculpándose. Llevó a Harry a una de las salas privadas en el fondo del pub. Harry sintió la breve necesidad de sacar su varita, pero pensó que eso era ser muy paranoico. Una vez ahí, Cedric tomó un gran aliento, preparándose para lo que estaba por venir.

–Quería decirte, Potter, que visité a la familia Robins esta mañana.

Harry sacó su varita ahora, pero la mantuvo de lado.

–¿Y qué les hiciste? –demandó.

–Nada, nada. Sólo hablamos. –Elevó ambas manos para mostrar que no quería problemas.

–¿Sobre qué?

–Esta no fue la primera vez –dijo Cedric titubeante–. Yo… quería comprender lo que estaban pasando. Necesitaba ver por mí mismo en lugar de repetir lo que todos los demás dicen.

Eso no era lo que Harry estaban esperando. Guardó su varita.

–¿Y qué descubriste?

–Yo… –Tragó saliva algo incómodo–. Creo que mi padre está mal… sobre los hombres lobo. Siendo honesto, no veo como nadie puede ver a esa pequeña y ver un monstruo. Las personas hablan de los hombros lobo como si no fueran humanos… incluyendo a mi padre… y no pueden ver lo mal que eso es. También he estado investigando la poción matalobos. Cualquiera puede ver que es perfectamente segura si se usa de manera correcta...

–De acuerdo, lo entiendo –dijo Harry–. ¿Qué trajo esto? –Cedric sacudió los hombros.

–No podía ver cómo alguien como tú era amigo de los hombres lobo si todos son tan malos.

Harry rodó sus ojos. No debería de ser eso lo que hacía que la gente entendiera.

–Pues, ya que estamos teniendo esta conversación, ¿hay algo que puedas hacer sobre tu padre? –preguntó. Cedric suspiró ante eso.

–Puedo intentarlo –dijo–, pero cuando se le mete algo en la cabeza, puede ser muy difícil sacarlo… ¿Y tú? ¿Has tenido suerte encontrando una escuela que acepte a Demelza? –Harry negó con la cabeza.

–Nada aún, pero aún sigo trabajando en eso.

–Pues, buena suerte con eso Potter.

–Claro… –se dio la vuelta para irse, pero se detuvo–. ¿Cedric? –lo llamó.

–¿Sí?

–Gracias. –Cedric sonrió.

–No hay problema, Harry.

Harry regresó a Cho de inmediato, quien lucía algo impaciente, pero se animó en respuesta a su humor mejorado. Le preguntó que estaba pasando, y él le dio un resumen breve de la situación. Ella dijo que pensaba que era dulce de Cedric el pensar en Demelza de ese modo, y continuaron con su cita sin problemas.

Para el final del día, Harry aún no creía sentir algo más que "estuvo agradable" con Cho.

Y sí, ambos se habían molestado por cosas del otro un par de veces, pero claro, en el mundo real, las cosas nunca eran perfectas, así que no dejó que lo molestara. Sí notó, sin embargo, que una de las cosas que le molestaba más a ella era cuando era interrumpido por negocios, y siendo Harry Potter, eso era seguido. Era algo que tendrían que discutir si esto iba a funcionar. Y con respecto a Harry, lo que le molestaba más eran esas veces cuando Cho comenzaba a actuar como fan del Niño Que Vivió. Pero era un rasgo común de muchas chicas en Hogwarts, y parecía estar haciendo el esfuerzo, así que intentó ignorar su fastidio por su bien.

En general, sin embargo, había disfrutado la cita, y cuando regresaron al castillo, fue Harry quien se acercó para besar a Cho esta vez.


Querido papá:

He estado posponiendo esta carta por un tiempo, pero no creo poder hacerlo más. Por la mayor parte de este año he seguido tus pasos con respecto a la Ley de Protección de los Hombres Lobo, pero si soy honesto, ha sido sólo por honor familiar. Por mucho que respeto tu trabajo, creo que hemos establecido que no soy un político como tú.

Lo siento, papá, pero no creo poder continuar apoyando la propuesta solo por honor familiar. Creo que estas cometiendo un error, tanto con la ley como con tu postura en contra de los hombres lobo en Hogwarts. Se que es una gran sorpresa escucharlo de mí, pero esto no es algo que ocurrió de la noche a la mañana. He estado pensándolo e investigándolo por semanas, y no veo la lógica. Has estado en el lado opuesto a Harry Potter en esto, y aunque no todos son infalibles, y es de esperarse que tengamos algunos desacuerdos políticos, eso debería ponerte a pensar.

Sí veo tu punto en todo esto. La propuesta de Potter quizás es muy optimista, y los problemas de seguridad de la poción matalobos son reales, pero creo que están lo suficiente cercas en sus propuestas para trabajar en las diferencias juntos en lugar de luchar en contra. Y creo que estás completamente equivocado sobre las restricciones de trabajo. Excepto por las personas más acérrimas en contra de los hombres lobo, si se les presiona, todos admiten que los hombres lobo solo son peligrosos la noche de la luna llena así que, ¿por qué deberíamos prohibirles tantos trabajos y hacer que sea más difícil que participen en nuestra sociedad?

Y en Hogwarts, quizás hubiera sido adecuado prohibir a los hombres lobo acceso a la escuela en los setentas, cuando Lupin estaba aquí, pero es mucho más seguro ahora con la poción matalobos. Hay mejores maneras que cerrar las puertas de una buena educación a gente inocente. Si nos aseguramos de que tengan acceso a la poción y hacemos que se transformen en la casa de los gritos, no debería haber problemas.

He hablado con la familia Robins durante mis últimas dos visitas a Hogsmeade. Puede que te sorprenda, pero me alegra haberlo hecho. Descubrí que son buenas personas intentando hacer lo mejor que pueden en una mala situación. Demelza es una chica dulce con optimismo inquebrantable, y es una Gryffindor natural que no lastimaría a nadie si puede evitarlo. Hay mucho que no puedo decir sin traicionar su confianza, pero puedo decirte que tienen un proveedor confiable de poción matalobos, y me sorprendí de lo fuertes que son sus precauciones y medidas de seguridad. Se lo toman muy en serio, y puedo decir honestamente que no me sentiría incómodo con ella en Hogwarts. Así que supongo que lo que quiero decir es que deberías pensar bien y reconsiderar tu postura.

Con amor,

Cedric


África occidental fue una pérdida de tiempo para Voldemort. Las tradiciones vudú, aunque variadas y poderosas y muy interesantes, no podían combinarse con su sistema de horrocrux y homúnculo. Si hubiera sabido que sus opciones iban a estar tan restringidas a los dieciséis, quizás hubiera investigado un camino diferente a la inmortalidad. Como tal, él y sus mortífagos continuaron moviéndose.

–Debí sospecharlo –murmuró para sí mismo en una voz fría y aguda–. No cualquier mago oscuro puede manejar la magia del horrocrux de manera adecuada. Si fuera fácil, no necesitaría hacer este viaje en primer lugar. Para realizar lo extraordinario, debía encontrar lo extraordinario. Egipto fue una buena idea. Líbano y Ghana no. Pero los aztecas eran más conocedores que cualquiera sobre la magia sobre la vida y la muerte. Debemos buscar esa verdadera habilidad en nuestro siguiente destino.

No era fácil conseguir un traslador internacional desde Ghana a México. De hecho, era imposible. Estaban muy restringidos. Por suerte, Voldemort sabía unos cuantos trucos. Como robar trasladores. Lograron apuntarse para un traslador de Ghana de regreso a Gran Bretaña para la Copa Mundial de Quidditch, y Voldemort enseñó a Barty como agregar un destino intermediario. Tuvo que hacerlo a ciegas ya que nunca había ido a México, pero después de consultar un mapa por las coordenadas adecuadas, la aritmancia fue fácil. El traslador los llevó a través del atlántico a un hueco oscuro cerca de Chicxulub. Entonces, los mortífagos borraron la memorias de los ghaneses y los enviaron al destino final del traslador en Inglaterra. Nadie supo lo ocurrido.

Una vez en México, comenzaron a investigar, y un nombre… o más bien título… llegó varias veces a sus oídos: La Dama Oscura de Veracruz.


Querido Cedric:

Me sorprendí bastante al leer tu última carta, mi niño. Me alegra tu interés reciente en la política, pero mentiría si dijera que no estuve un poco decepcionado en tus conclusiones. Puedo ver que tu corazón está en el lugar correcto. Es una buena idea Hufflepuff el querer ayudar a personas en situaciones difíciles. Pero en este caso, no es tan sencillo. Eres joven; es comprensible, pero deberías entender mejor las cosas.

La enfermedad de la licantropía no es el problema como tal. Lamento si te di esa impresión, pero el hecho es que los hombres lobo en general son un grupo desagradable. Solo mira a la tasa delictiva de los hombres lobo comparada con la de la población en general. O peor, mira cuantos hombres lobo respetables se unieron a la manada de Greyback durante la guerra. Admito que las restricciones en nuestra propuesta son duras, pero estamos intentando mantener alejadas a las personas que son un peligro de puestos de poder donde podrían causar daño severo a otros.

Y en lo que respecta a los de edad estudiantil, sí, es una tragedia que niños inocentes deban sufrir de esta enfermedad, en su mayoría a manos de Greyback, y es una tragedia que su educación deba sufrir también, pero Hogwarts no es inmune a espías o estudiantes radicalizados. La última guerra lo demostró. Sería un gran riesgo que un estudiante que no siga las reglas se vuelva un peligro para otros. Lo poco que se sobre la señorita Robins indica que es una niña dulce, y es muy noble que intentes ayudarla, pero no puedes basar tus conclusiones en un solo caso.

Espero que puedas ver mi postura, mi niño. Si quieres, podemos discutirlo en más detalle en casa.

Con amor,

Tu papá.

Cedric se sintió sorprendentemente molesto al terminar de leer la carta de su padre. Sabía cómo operaba su padre. Todo el asunto era una manera diplomática de decir: "Tengo razón y tú no." Podía verlo. "Me sorprendí bastante"... traducción: se molestó. Y la manera en la que lo llamó "mi niño"... Cedric sabía que lo decía con cariño, pero de algún modo, sonaba condescendiente, como si fuera un niño ignorante. De hecho, hasta lo había dicho: "Eres joven; es comprensible". Tenía dieciséis años, por Merlín.

Su padre aún estaba repitiendo los mismos puntos que todas las personas en contra de los hombres lobo usaban. Podía recitar el debate en su cabeza. La tasa delictiva de los hombres lobo era más alta, decían. Y el otro lado diría que era por la pobreza y el escrutinio desproporcionado de parte del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Y después su padre hablaría de la tasa de crímenes violentos (a pesar del hecho de que crímenes violentos eran tan poco comunes fuera de la guerra que era casi imposible hacer un análisis aritmántico significativo). Después su oponente señalaría la falta de acceso a sanación mental. Y continuaría, con ambos lados hablando con nadie tanto como hablaban el uno con el otro. El caso era que, después de todo eso, Cedric no podía ignorar la injusticia de negar una educación a alguien.

Y la advertencia sobre discutirlo en casa. Eso quería decir que su padre preferiría no ver otra carta al respecto y preferiría que Cedric lo dejara de lado. Eso era menos por enojo que por no querer lidiar con eso, pero aun así...

Y así, Cedric estaba molesto, y no lo iba a dejar de lado.

Esto probablemente no terminaría bien.


Día a día, el reporte era el mismo: diez mil muggles muertos en Ruanda. Algunos reportes decían veinte mil. Y muertes de magos todos los días a manos de Kinani Ngeze y sus seguidores… muertes y terror cayeron como una sombra sobre África oriental.

Y aun así, la CIM continuaba discutiendo en Meiringen sobre si intervenir. La justificación de permanecer al margen era que, supuestamente, los ruandeses podían cuidarse solos. Después de todo, los rebeldes muggles habían estado avanzando en abril.

Pero entonces llegó mayo, y los rebeldes muggles fueron atrapados sitiando la capital, Kigali. Ngeze había colocado barreras que la oposición mágica apenas y podía comprender, y gobernaba el centro poblacional de la zona mágica de Kigali con puño de acero mientras continuaba enviando incursiones a países colindantes. Ese era un buen argumento para enviar a un comando, pero aparentemente no lo suficiente bueno. Día tras día, debatían y no llegaban a un consenso.

Albus Dumbledore se sentía cada vez más frustrado. Este desastre quitaba valioso tiempo de sus deberes en Gran Bretaña. Podía regresar para las lunas llenas y las reuniones del Wizengamot, pero apenas, y Minerva debía estar perdiendo la cordura tratando de administrar Hogwarts sola. Merlín sabía que lo había hecho con el desastre del año pasado. Hoy, en verdad necesitaban concluir. El debate había durado hasta el veintitrés de mayo, y era el día antes de la última luna llena del año escolar. Era hora de cerrar la sesión para un receso de dos días, y entonces quizás podrían resolver algo para variar.

Desafortunadamente, el Destino parecía estar trabajando en su contra. Cerca del cierre del día laboral, un asistente entró corriendo, frenéticamente, con un mensaje para la asamblea.

–¡Esperen! ¡Detengan todo! –gritó el joven con un fuerte acento–. Jefe Supremo, tengo un comunicado de emergencia para la CIM del gobierno Burundi en exilio en Zaire.

Se escucharon varias exclamaciones de sorpresa de los delegados presentes. El gobierno de Burundi no estaba en exilio.

–Oh, vaya –dijo Dumbledore–. Por favor lea el comunicado, Sr. Thibault.

–A los Delegados de la Confederación Internacional de Magos de Pascal Hakizimana, Ministro de Magia Interino para el gobierno mágico de Burundi en exilio –leyó el asistente con voz temblorosa–. Hemos perdido nuestro país. No sabemos que ocurrió. Hubo un ataque contra nuestros aurores. No sabemos que ocurrió. No hay sobrevivientes que actúen como testigos. Lo único que sabemos es que nuestro Departamento de Aurores ya no existe… fue literalmente cortado en pedazos. Al día siguiente, Kinani Ngeze vino al edificio del Ministerio en persona. Lanzó fuego con sus manos. Sus pies hicieron temblar la tierra. No tuvimos el poder para defenderlo. Tuvimos que huir. Hay tan pocos de nosotros que no tenemos esperanza de recuperar nuestro país solos. Rogamos por la ayuda de la CIM para que intervenga y libere a nuestra gente. Fin del mensaje.

Murmullos horrorizados llenaron el castillo, y Dumbledore los observó con gravedad. Esto no era bueno. Ngeze había logrado un golpe decisivo y había expandido esta guerra más lejos de lo que los muggles sabían o veían. Intervención sería necesaria ahora, lo cual era bueno como tal, pero en un asunto más personal, parecía que tendría que enviar un mensaje a Minerva diciendo que no podría regresar a Gran Bretaña mañana por la noche.