A es por JK Rowling. B es por White Squirrel. C es por JK Rowling de nuevo. Y así.
Notas del autor: Vaya, este es el primer capítulo del que he tenido que escribir tres versiones. Tomó bastante trabajo lograr todas mis metas en esta confrontación en lo que espero es una manera bastante posible y realista. Muchas gracias a Endgames por sus consejos para este capítulo.
He elegido ignorar la aseveración de JKR de que Hufflepuff tiene la sala común más segura en Hogwarts junto con unos cuantos detalles porque no coordina con la descripción, y no es posible que nadie (ni siquiera los merodeadores) lograran entrar en mil años. También usé el plano de la película para construir el plan de batalla.
Capítulo 77
–Oye, ¿dónde está Dumbledore?
–Hay luna llena esta noche.
–Se supone que debe estar aquí.
–¿Qué pasa si no está?
Los susurros volaban rápidos y furiosos en el gran comedor la mañana del veinticuatro de mayo. El profesor Dumbledore no estaba en el desayuno, y la aprehensión rápidamente creció a tal nivel que la profesora McGonagall tuvo que ponerse de pie para dar un anuncio.
–¿Puedo tener su atención, por favor? –los llamó, y el comedor guardó silencio–. Como muchos han notado, el profesor Dumbledore aún está ausente hoy. Me temo que ha sido detenido en Suiza por más tiempo de lo esperado debido a acontecimientos recientes en la crisis en África oriental, y no regresará esta noche. –Murmullos preocupados interrumpieron ante eso–. Les aseguro que no hay razón para alarmarse –dijo, elevando su voz un poco más–. Continuaremos con una serie especial de medidas de seguridad esta noche, al igual que en lunas llenas anteriores. Estamos viviendo en un castillo, si lo recuerdan, y ningún hombre lobo transformado puede pasar por ninguna puerta o ventana cuando Hogwarts está sellado, así que no quiero escuchar más preocupaciones sobre el ciclo lunar.
–Pues, parece bastante segura –notó Hermione.
–Sí. Aunque ésta aún será la mejor oportunidad para Greyback –dijo Harry–. Si quiere actuar, tendrá que ser esta noche.
–Estoy segura de que los maestros lo saben, Harry. Y también los aurores. Estarán listos.
–Además –dijo Neville–. ¿Qué no lo que Greyback quiere es un ejército de hombres lobo muggles?
–Es lo que dicen todos, pero es solo una suposición –respondió Harry–. Me sentiría mejor si tuviéramos una idea sólida de sus planes.
–¿Hay alguna manera de que podamos mantener vigilar? –dijo una voz entusiasmada. Todos en la cercanía miraron a Colin Creevey.
–¿Vigilar? –dijo Ginny Weasley, quien estaba sentada enfrente de él–. ¿Cómo? ¿Quién va a ir al frente a vigilar?
–Quiero decir desde las almenas o algo –dijo Colin–. Si Greyback se aparece, va a tener que cruzar los terrenos, ¿no?
–No tendría que –dijo Ron–. Hay pasadizos secretos que entran al castillo… ¡Oigan, Fred, George! ¿Podría usar un hombre lobo uno de los pasadizos secretos?
Fred y George hablaron entre ellos, y Harry también consideró la pregunta ya que conocía el mapa del merodeador tan bien como ellos ahora, pero llegaron a una conclusión antes que él.
–Nah, no puede. El único que podrían usar necesita de pulgares para ser usado.
–Dudo que podamos vigilar con más atención que los maestros, Colin –dijo Hermione–, pero es una buena idea.
–Pues, quizás yo tenga un truco o dos… –comenzó Harry, pero algo más lo distrajo–. Oh, miren, llegó el correo.
Las lechuzas del correo volaron dentro del gran comedor; Harry se sorprendió cuando una lechuza extraña se detuvo con cautela enfrente de él, soltó su carta, y de inmediato tomó dos salchichas de su plato.
–¡Oye! –exclamó Harry.
Al principio, pensó que el ave era un búho real, pero era más delgado, de color más naranja, tenía mechones de plumas en las orejas más largos, y si era posible, una mirada más severa. Era un búho americano. De los Estados Unidos.
Harry ignoró lo de las salchichas y abrió la carta con entusiasmo.
–¡SÍ! –dijo él.
–¿Harry, qué pasa? –demandó Hermione.
Leyó la carta en voz alta:
Querido Sr. Potter:
Me disculpo que nos tomara tanto tiempo responderle. Hubo varios pendientes que resolver. No lo aburriré con los detalles, pero basta decir que su pedido tenía que ser aprobado por el Departamento de Educación Mágica en Boston, nuestro consejo escolar aquí en Nueva Orleans, y nuestra Organización de Padres y Maestros. Sin embargo, me alegra informarle que los obstáculos finales han sido resueltos. Con esta aprobación, estamos felices de admitir a su amiga que sufre de licantropía para el año escolar 1994-1995 bajo la condición de que tome la poción matalobos cada mes. Siempre hemos apreciado la diversidad aquí en Río Largo, y estamos honrados de trabajar con alguien que cree con tanto vigor en la igualdad mágica, especialmente en el extranjero.
Sinceramente,
Sequoyah Proctor
Decano de Admisiones y Maestro de Magia Defensiva
Colegio Río Largo de Arcana
Nueva Orleans, LA, .
–¿Por qué no tenemos nosotros una organización de padres y maestros? –se preguntó Hermione.
–¿A quién le importa? Finalmente encontré un lugar para Demelza. ¡Es genial! Tengo que escribirle de inmediato. –Ella sonrió por el entusiasmo de su hermano.
–Sí, Harry, es bueno que pudieras hacer eso por ella. Pero aun así, creo que una organización de padres y maestros ayudaría bastante aquí.
–Pues, pide a Neville que escriba a su abuela –dijo Harry. Una vez terminó el desayuno, se levantó de golpe y corrió a la lechucería.
Después de que se fue, Hermione se dio la vuelta para ver a Neville y suspiró.
–Y Harry Potter hace lo imposible de nuevo. Sabes, a veces me hace preguntarme si en secreto le gusta ser famoso.
–Sí, a mí también –dijo Neville–. Casi.
Era hora.
Después de tres semanas de cuidadoso y doloroso trabajo y planeación, Fenrir Greyback tenía todas sus piezas en su lugar. Para su gran fortuna, uno de sus reclutas había obtenido otra prescripción de poción matalobos, y así, tenía trece hombres lobo listos para ir a Hogwarts, y ahora, gracias a su querida Artemis, tenía una manera de entrar. Que apropiado que había sido el mismísimo Potter quien había dejado escapar la información que necesitaba. Ahora que sabían la ruta exacta del pasadizo secreto a los terrenos, no necesitaban entrar a la casa de los gritos. Lo único que necesitaban hacer era encontrar un lugar oculto sobre el pasadizo y excavar.
Lentamente, cuidadosamente, se prepararon, excavando en un lugar escondido bajo un árbol en el bosque prohibido, justo afuera de las barreras, usando tan poca magia como pudieran para evitar sospecha. Ahora, tenían un agujero lo suficiente grande para bajar en forma humana. Una vez en el túnel, prendieron una luz y procedieron al castillo. Sintieron un hormigueo cuando pasaron las poderosas barreras de los terrenos de Hogwarts, diluidas por la tierra sobre ellos, y otra barrera en el túnel. No había indicación de que las hubieran alertado por pasar sin transformarse. En el suelo encima, eran alertados por cualquier humano que cruzara por cualquier lugar que no fuera la puerta, o todo esto hubiera sido mucho más sencillo, pero las barreras en el túnel habían sido adaptadas para permitir que hombres lobo sin transformar pasaran en ambas direcciones para que el traidor a la manada, Lupin, las pasara hace años.
Con ese obstáculo fuera del camino, llegaron a la salida del túnel bajo el sauce boxeador. Sacando la mano, encontraron el nudo que lo inmovilizaba y lo probaron. Todo funcionó de acuerdo con el plan. Podrían atacarlo de nuevo antes de la salida de la luna.
–Bien, bien –susurró Greyback a sus camaradas. Lycaon estaba ahí, al igual que Artemis Crouch, Geri Lyles, y casi todos los cazadores buenos en su manada–. Todo está listo –dijo–. Finalmente, obtendremos nuestra venganza.
–De acuerdo, niña –dijo un mago viejo, de aspecto áspero y con un ojo–. Este es tu examen final: el turno de luna llena en Hogsmeade. Y recuerda, es la última luna llena del año escolar. Si algo va a pasar aquí, será esta noche, así que actúa con ¡ALERTA PERMANENTE!
–Claro que sí, jefe. –Nymphadora Tonks cambió su cabello a un morado oscuro para que fuera menos conspicuo en la oscuridad, y revisó sus fundas de varita (siendo la aprendiz de Ojoloco Moody tenía que tener por lo menos dos), y mentalmente se preparó para la noche que la esperaba. Tres años de entrenamiento la habían llevado a esta noche. Si le iba bien, sería una aurora calificada. Y había una buena posibilidad de que habría problemas esta noche, pero decidió estar lista. Una vez que todo terminara, ella… ¿qué haría? ¿Qué quería hacer? Sonrió cuando tuvo una idea.
–Será mejor que me asegure que los Robins están a salvo, Ojoloco. Mi primo no está exactamente en ¡ALERTA PERMANENTE!
Ojoloco se rio y la dejó ir. (Había suficientes aurores y magos golpeadores en la aldea que no necesitaban ir en equipos como tal.) Caminó rápidamente por las calles hasta llegar a la casa de paja donde vivía el declarado hombre lobo de Hogsmeade y donde su primo y su mejor amigo estaban de nuevo para pasar la noche.
–¿Sirius? ¿Todo listo aquí? –preguntó cuando los encontró.
–Todo listo, Tonks –dijo él–. Incluso coloqué unas cuantas barreras extra como Ojoloco quería. Si Greyback intenta venir aquí, por lo menos lo detendrán lo suficiente para darle lo que se merece.
–No seas engreído, Canuto –lo regañó Remus–. No podemos permitirnos errores esta noche.
–Lunático, hemos estado bien por meses. Se cómo ser cuidadoso. Así que, es una noche importante, ¿no, Tonks? ¿Terminaste tu entrenamiento? ¿Sólo tienes que durar hasta la mañana sin arruinar nada?
–Si. Y estaré completamente calificada –dijo Dora con una sonrisa–. Será genial ya no tener que presentarme como "aprendiz de aurora". –Se detuvo y lanzó una mirada a Remus–. Oye, lobito, cuando termine, te voy a llevar a tomar algo para celebrar.
–Yo… espera, ¿qué? –exclamó Remus.
–Me escuchaste. Vamos a ir a tomar algo.
–Erm… Dora, ¿qué no se supone que debo ser yo quien te invite?
–Pues, ya que estás ofreciendo, sería un honor.
Remus se golpeó la frente. Sirius ladró una carcajada.
–Demonios, Lunático, caminaste justo a eso.
–¿Cómo caí en ese? –gruñó él.
Pero antes de poder arrepentirse, escuchó una risita traviesa. Se dio la vuelta y vio a Demelza asomándose por las escaleras para ver a los tres a través de las barras del barandal con una gran sonrisa en el rostro.
–Es tan romántico –dijo la pequeña bruja. Dora se rio junto a ella. Demelza ya estaba de muy buen humor después de recibir la carta de Harry más temprano, lo cual la ponía bastante risueña por todo.
–Esto no es romántico –protestó Remus–. Intentó engañarme para que la invitara a salir.
–Espera, espera, espera. No intenté engañarte –dijo Dora–. Lo logré.
–Tiene razón, Sr. Lupin –dijo Demelza–. Ahora tiene que llevarla.
–Tienen que estar bromeando –murmuró él.
–Vamos, Sr. Lupin –dijo la pequeña de manera insistente–, la aurora Tonks tiene que salvarlo antes de que su corazón se ponga todo peludo y asqueroso.
Sirius se carcajeó aún con más fuerza por la referencia a un cuento de hadas y cayó al suelo. Dora e incluso los padres de Demelza lo observaron y se rieron del predicamento de Remus.
–¡Inútiles! ¡Inútiles todos ustedes! –gruñó con aire burlón–. ¿Por qué todos insisten en actuar de casamenteros conmigo?
–Porque te rehúsas a tomar iniciativa –dijo Sirius sin titubear–. Y en el fondo, en verdad no quieres estar solo.
–Te dije, no es cuestión de si yo quiero...
–¡Claro que lo es! –interrumpió Demelza. Bajó las escaleras corriendo y se paró enfrente de él, mirándolo con grandes ojos llenos de súplica–. Sr. Lunático –dijo con más timidez, usando su apodo por primera vez–, Harry Potter me dijo que puedo hacer lo que yo quiera con mi vida. Incluso encontró una escuela a la que puedo ir. Dijo que no debo dejar que ser un hombre lobo me detenga, y cualquiera que diga lo contrario es un tonto. Y si es su amigo, quizás usted debería de dejar de ser estúpido y escucharlo también.
Remus observó a la niña, preguntándose como había llegado tan lejos para darle una bofetada verbal para que recuperara el sentido. Sería una Gryffindor definitivamente si podía ir a Hogwarts. Y aun así, continuó dándole esa mirada suplicante. Se preguntó si quizás Sirius y Remus, y prácticamente toda su familia, tenían razón. Casi todos le habían dicho que no dejara que su licantropía lo derrotara de una manera u otra. Y sobre cómo se sentía sobre Dora… si se era honesto, no estaba seguro de si funcionaría incluso con su problema peludo. Era trece años menor que él y casi tan loca como Sirius lo había sido a su edad. Pero claro, muy pocas personas hubieran pensado que Remus era un merodeador como James o Sirius. Podía adaptarse. Y tenía que admitir, Dora era divertida; le recordaba a los días más relajados de su juventud, y en verdad se preocupaba por él, considerando como siempre intentaba reconfortarlo después de la luna llena. Aún no podía comprender que veía en él, pero quizás valía la pena… Demelza ciertamente parecía pensarlo.
–Oh, Merlín, no puedo decir que no a una mirada como esa –dijo–. De acuerdo, tú ganas, Dora, el viernes en la noche, iremos a tomar algo… sólo por el bien de Demelza, claro...
–¡Sí! –Dora corrió a él y lo abrazó con fuerza y le dio un beso en la mejilla–. Ya era hora de que te decidieras, lobito. Gracias, niña, te debo una.
–Estoy condenado, ¿no? –dijo Remus.
–Sí –respondió Sirius.
La salida de la luna en Hogwarts fue a las 9:12 de la noche el 24 de mayo, poco después del toque de queda. La luna estaba en escorpio, lo cual la profesora Trelawney dijo significaba que alguien sería picado esa noche, aunque casi nadie le prestó atención. A salvo dentro de los muros de Hogwarts, las cosas iban bien. Patrullas de prefectos y maestros continuaban normales. En la sala común de Gryffindor, incluso Harry Potter no estaba preocupado.
Entonces, a las 9:13, un sonido espeluznante se escuchó por todos los terrenos: ¡Aaaaauuuuuuuu...rggg!
Harry levantó la mirada para ver a Hermione y Neville, quienes estaban trabajando en su tarea de Encantamientos. Hermione estaba acariciando a Crookshanks con su mano libre. Unos cuantos humanos más y el gato notaron el sonido y temblaron.
–Eso se escuchó cerca –dijo Harry.
–Mmm, quizás –dijo Hermione sin prestar atención.
Cuando nadie más dijo nada, Harry continuó.
–Como si estuviera en los terrenos cerca… y como si alguien intentara callar a ese lobo.
–Lo dudo. No hay manera de que pasen las barreras.
–No lo sé, Mione. Me sentiría mejor si… por supuesto, el mapa.
–¿El mapa? –dijeron Hermione y Neville al mismo tiempo.
–Sí, para revisar si hay alguien en los terrenos.
–¿En serio, Harry? –dijo Hermione.
–Oye, no duele el revisar. Sólo subiré rápido y daré una mirada.
Harry podía subir los siete pisos a su dormitorio bastante rápido, pero esta noche, una extraña sensación de urgencia lo sobrellevó. En cuanto estuvo fuera de la vista de la sala común y estaba seguro de que nadie lo miraba, cayó sobre sus rodillas, cambió a forma felina, y corrió arriba. Cambió afuera de la puerta y entró de golpe. Con un movimiento de su mano y un encantamiento sin varita, abrió su golpe y sacó el mapa del merodeador.
–Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
El mapa rápidamente le mostró lo que necesitaba ver.
–¡Malditos demonios! –Harry se lanzó por su espejo de comunicación–. ¡Sirius Black! ¡Sirius Black!
Fue una agonizante larga espera antes de que la conexión fuera respondida, incluso si probablemente solo fueron unos segundos. Finalmente, el rostro preocupado de Sirius apareció en el espejo. Comenzó a decir una palabra o dos, pero Harry no lo escuchó y gritó encima de él.
–¡Greyback está en los terrenos!
–¡¿Qué?! –gritaron tres voces humanas. Al mismo tiempo, se escuchó el sonido de un gruñido y un gemido en el fondo.
–Tiene toda una manada… mira, sólo mira –Harry no perdió tiempo en describir lo que vio y en su lugar colocó el espejo sobre el mapa para que Sirius pudiera verlo.
La respuesta de Sirius fue incluso más colorida que la de Harry. Trece puntos estaban subiendo por la colina del sauce boxeador en dirección al castillo, moviéndose rápidamente y en aparente fila. El punto líder estaba marcado como Fenrir Greyback.
–¿Cómo? ¿Cómo entraron? –dijo Sirius–. No pueden pasar las barreras.
–¿Quizás ya estaban aquí?
–Pero como… no importa. Alertaré a los aurores, y Lunático y yo iremos al castillo. Les servirían unas garras extras de su lado.
–Sirius...
–No hay tiempo, cachorro.
–Yo… ten cuidado. Yo advertiré a McGonagall.
–¡Harry, no!
–Estaré bien. Los animales están a salvo si no atacan. No tengo que tomar forma humana para nada.
–Aj… demonios, sólo ten cuidado también. Espejo apágate.
Sirius dejó el espejo y se dio la vuelta.
–¿Escuchaste eso Lunático? –dijo. El hombre lobo asintió–. De acuerdo, necesitamos meterte por cual fuera el camino que tomaron y llevar a los aurores. Mantente cerca y déjame hablar. –Lunático gruñó ante la mala broma, pero no había tiempo para pelearlo–. Lo siento, Sr. y Sra. Robins, pero tenemos que irnos. Quédate –dijo Sirius con firmeza, señalando a Demelza. La lobezna se quejó indignada.
Corrieron arriba y salieron por la puerta principal de la casa. Sirius examinó a su alrededor en la calle con Lunático parado detrás de él. Al encontrar a alguien que pudiera ayudar, lo llamó.
–¡Oye, auror! ¡Auror Savage!
Lutetia Savage se dio la vuelta y de inmediato elevó su varita cuando vio a un lobo al lado de un mago golpeador.
–¿Black? ¿Qué ocurre?
–¡Harry Potter dice que Greyback está en Hogwarts! Voy a ir con Lupin para intentar seguir su rastro. Necesitas llevar a todos a las puertas.
El rostro de la aurora Savage palideció.
–¿Estás seguro? –dijo.
–Positivo. Vi los hechizos de rastreo que lo encontraron.
–Ve, entonces. Yo te cubriré. ¡Apresúrate!
–Cierto, vamos, Lunático. –Sirius se transformó en Canuto y corrieron a toda prisa al borde de la aldea hasta llegar a la casa de los gritos. Pero una vez ahí, sus agudos sentidos animales les dijeron que las barreras no habían sido quebrantadas. Rápidamente pusieron sus narices caninas a trabajar y encontraron el rastro que los llevó al bosque prohibido. Este era otro de sus antiguos terrenos conocidos y pudieron moverse a toda prisa. El aroma se intensificó cuando llegaron a un árbol grande, y bajo él, un agujero recién excavado.
Canuto ladró y gruñó mientras conectaba los puntos. Los bastardos no habían entrado a la casa de los gritos, donde las barreras eran casi impenetrables. Habían excavado directamente sobre el túnel. Con otro ladrido, indicó a Lunático que entrara después de él. El hombre lobo apenas y cupo, pero lo lograron. Las esencias de los monstruos eran fuertes ahí, y corrieron por el túnel… Sólo que Lunático pareció chocar contra un muro un poco después. Canuto se transformó y se dio la vuelta.
–Oh, Merlín no, las barreras –dijo. Y sí, las barreras en el túnel estaban haciendo exactamente lo que debían hacer… manteniendo a un hombre lobo fuera del castillo. –. Vamos, vamos, piensa –murmuró para sí mismo–. ¡Ajá! Lo tengo. Lo siento, amigo. –Las barreras tenían una debilidad obvia, la cual había sido dejada porque nadie hubiera sido lo suficiente loco para intentarlo en la década de los setentas, ni siquiera los merodeadores. Sacó su varita, la agitó hacia el hombre lobo, y exclamó–, Homorphus Revertio.
Bajo el hechizo del complejo y endemoniadamente difícil encantamiento Homorphus, Remus Lupin tomó forma humana, y se colapsó sobre su rostro por el dolor. Era un hechizo difícil de aguantar… casi no valía el esfuerzo las primeras veces, cuando duraría toda la noche. No pudo mantenerse en pie. Con poco tiempo, Sirius lo tomó con ambas manos y lo jaló adelante hasta no poder sentir la energía vibrante de las barreras del castillo. Desafortunadamente, no podía esperar cuarenta y cinco minutos para que el encantamiento se acabara por sí solo. Esperaba que esto funcionara. Apuntó su varita de nuevo.
–Esto probablemente te dolerá más, lo siento. Finite Incantatem.
Funcionó. En segundos, el lobo estaba de regreso, gruñendo y aullando por el dolor, pero de pie. Sirius no perdió el tiempo. Se transformó de nuevo en Canuto y comenzó a correr por el túnel de nuevo con Lunático detrás de él. Se preguntó qué tan lejos Greyback y su manada habían llegado. ¿No podían estar en el castillo, verdad? Todas las puertas y ventanas estaban cerradas. Incluso los túneles de drenaje bajo las mazmorras tenían rejillas en ellos después del incidente del troll hace dos años.
No había manera de entrar… ¿verdad? Pero entonces, un recuerdo le llegó… algo que había considerado cuando estaba en la escuela y pensó poder lograr si lo intentaba… algo que siempre había querido intentar, pero nunca lo había podido hacer.
¡Oh, Merlín, no!
Colin Creevey no sabía nada sobre las acciones de Harry Potter. Había tomado el asunto en sus propias manos. Aún pensaba que su idea de vigilar desde las almenas era buena. Quizás estaba siendo paranoico, pero Harry Potter pensaba que había razón para preocuparse, y eso era lo suficiente bueno para él. Y fue lo suficientemente fácil. El dormitorio de los de segundo año estaba un piso arriba de la sala común. No podía escaparse de la torre de Gryffindor por la sala común después del toque de queda, no con Percy Weasley, Premio Anual, vigilando que no hubiera problemas. ¿Pero cómo se escapaba un adolescente muggle de su habitación? Bueno, quizás Colin aún no tenía trece años, pero la idea era la misma. Amarró algunas cobijas y bajó por la ventana, deslizándose hasta las almenas.
Y así vigiló, listo para actuar si veía problemas. La luna llena se elevó por el horizonte. Por un minuto, nada ocurrió, y entonces escuchó un aullido: ¡Aaaaauuuuuuuu...rggg! Miró hacia esa dirección al instante. No pudo ver nada al principio, incluso bajo la luz de la luna. Quizás el sonido no había sido nada. O quizás lo que lo hizo había corrido en otra dirección donde no podía ser visto. No pasó nada por un tiempo, y entonces, ¡lo vio! Una manada completa de figuras oscuras y animalistas estaban cruzando el césped colina arriba hacia la escuela. Elevó su cámara nocturna mejorada con magia (quizás pudiera tomar una buena foto o dos mientras estaba en eso), y tomó una foto. Notó que los hombres lobo estaban corriendo hacia la esquina de la escuela, cerca de los invernaderos. Se confundió por un minuto mientras observaba (y tomó otra foto), hasta que se dio cuenta de lo que estaban haciendo. ¡Estaban entrando! Corrió a la puerta más cercana para entrar al edificio y buscar a un maestro… cualquier maestro.
Hermione y Neville se sorprendieron cuando un gato blanco y negro bajó corriendo por la escalera de los niños, cruzó la sala común, y comenzó a rasguñar el agujero del retrato, maullando con urgencia. Hermione se sorprendió aún más cuando Crookshanks se levantó del sofá y se unió a su hermano en la entrada. Entonces, escuchó con claridad lo que el gato más pequeño decía. Desde que había logrado su transformación animaga, incluso como un animal diferente, descubrió que podía comprender mejor los maullidos de Crookshanks. Los animagos de diferentes especies podían entenderse sorprendentemente fácil en forma animal, y Raticida, Canuto, y Crookshanks podían entenderse bien. No sería difícil que Pescadora se uniera, así que incluso en forma humana, podía comprender unas palabras.
Sólo necesitaba una: el maullido doloroso de un gato intentando aullar.
–Dios mío –exhaló. Miró a su alrededor en la ocupada sala común. El agujero del retrato era lo suficiente seguro que no necesitaría advertirles, pero sería vista de inmediato al abrirlo. No había tiempo para crear un plan. Merlín, ¿cómo es que Greyback… quien era el único que podría haberlo logrado… había entrado a Hogwarts? Al ver una apertura posible, agitó su mano y con un hechizo sin varita, la copa de quidditch y la copa de las casas que estaban sobre la chimenea cayeron al suelo con un fuerte golpe. Todos quitaron la mirada por un segundo, dándole la oportunidad a ella y los gatos de salir.
–De acuerdo, Raticida, ¿qué…? –Hermione dijo mientras el retrato de la Dama Gorda se cerraba. Pero ni siquiera había terminado la oración cuando los gatos se fueron corriendo por el pasillo–. ¡Raticida! ¡Crookshanks! –los llamó de nuevo, pero no se detuvieron–. Aj… felinos. –Corrió detrás de ellos, pero eran muy rápidos para ella. En lugar de eso, se metió al primer nicho que encontró, cerró los ojos, y se concentró. Unos segundos después, estaba en forma de nutria, y corrió de nuevo. Una nutria no era tan rápida como un gato, pero aún era más rápida que Hermione Granger en dos piernas, por lo menos en distancias cortas.
Raticida, por otro lado, estaba moviéndose rápido con Crookshanks manteniendo el paso a su lado. Tenía que encontrar a maestra-gata… eh, a la profesora McGonagall, y rápido. ¿O tenía qué? Se supone que el castillo estaba sellado. No había manera de que los hombres lobo entraran… ¿verdad?
Usó su oclumancia. Para proteger su mente, Harry se había memorizado cada detalle del castillo para crear un muro sólido de imágenes enfrente de cualquier intruso. Intentó pensar si había alguna manera de que los hombres lobo entraran con las puertas y las ventanas selladas… ¡Oh, Merlín, no! Había una manera. No será fácil, pero podía verlo con claridad. Necesitaba apresurarse.
Minerva McGonagall estaba algo preocupada. No solo Albus estaba ausente durante la luna llena, pero tenía un mal presentimiento sobre esta noche en particular. Quizás solo era que era la última luna llena del año escolar, pero su sexto sentido felino había estado molestándola todo el día. Así que ya estaba nerviosa, pero ese fragmento de un aullido la puso en alerta. Algo definitivamente estaba mal.
Su lado racional le decía que se estaba preocupando mucho. Que no había manera de que los hombres lobo entraran al castillo, incluso si estaban en los terrenos. Pero muchas cosas imposibles habían pasado en Hogwarts en los últimos tres años, y Minerva había aprendido a confiar en sus instintos. Así que estaba patrullando los pasillos ella misma, vigilando por cualquier cosa fuera de lo normal.
Desafortunadamente, las cosas dejaron lo normal muy rápido cuando, sin advertencia, dos gatos salieron de una esquina corriendo y se detuvieron a sus pies. Dirigió su varita a ellos, pero entonces vio que gatos eran. Uno era el kneazle grande de Hermione Granger, y el otro era el pequeño negro con un rayo en su frente.
–¡Potter! –dijo con sorpresa–. ¿Qué crees que estás haciendo?
Harry estaba a punto de responder cuando un tercer animal apareció en la esquina. Pero este no era un gato. Era una nutria café con pelaje alborotado.
–¡Granger! –exclamó Minerva. Sólo había visto la forma animaga de la niña dos veces, pero la reconoció al instante. Ambos estudiantes claramente estaban haciendo algo imprudente, pero entonces, Harry maulló una advertencia que hizo que su sangre se congelara–. ¿Hombres lobo? ¿En el castillo? –exclamó. Harry asintió–. ¿Estás seguro? –Asintió de nuevo–. ¡Sonorus! Todos los estudiantes regresen a sus dormitorios de inmediato. Todos los maestros en alerta. ¡Hay intrusos en los terrenos! Quietus. Ahora, Potter, ¿dónde están?
Harry maulló, las torres que suenan.
–¿El campanario? ¿Crees que están adentro?
Harry comenzó a maullar para intentar explicar, pero McGonagall lo interrumpió.
–¿Escalar paredes desde las casas de plantas…? Oh, vamos, cambia de forma y dímelo, Potter. –Él lo hizo al instante.
–Lo siento, profesora –dijo él–. No pensé que pudieran entrar, pero entonces pensé que si estaban aquí, probablemente tenían un plan, y me di cuenta de que podían saltar desde los techos de los invernaderos al edificio de los terrenos de entrenamiento a los aleros y después a las almenas, y...
–Ya veo; Ya veo, Potter. Por Morgana, ¡no nos molestamos en sellar los pisos superiores! Si logran entrar, entonces donde… por supuesto, el blanco más obvio. De acuerdo, regresen al dormitorio al instante, yo llamaré a los maestros e intentaré detenerlos.
–Profesora, ¡son trece!
–¿Trece? –exclamó ella horrorizada.
–Sí. Llamé a los aurores, pero eso tomará tiempo.
–Haremos lo que podamos. Ahora, vayan –insistió McGonagall. Y sin decir otra palabra, se transformó en gato y corrió hacia las escaleras.
Harry también se transformó en gato y señaló a Pescadora y Crookshanks a que lo siguieran.
¿A dónde van los hombres lobo? Preguntó Pescadora.
Raticida lo pensó por un momento. La presa más fácil es la casa hurón. No hay miau secreto.
Cachorro de hombre que odia lobos está ahí también, notó Pescadora.
Sí. Quiero ayudar más.
Muy peligroso, dijo ella. Somos animales pequeños… no buenos para pelear hombres lobo.
Pescadora está bien, Muerte a Ratas, le dijo Crookshanks. Al ser mitad kneazle podía llevar una conversación inteligente. Necesitamos muchos gatos para cazar como leones.
Raticida se detuvo. Ambos amigos animales lo miraron. Hay muchos gatos en las casas humanas, Crookshanks. ¿Pueden ayudar?
Crookshanks le lanzó una mirada escéptica, como si fuera un gatito tonto. Arrear gatos es arrear gatos, dijo con sabiduría.
Creo que debemos ayudar, dijo él. Necesitamos otro modo.
Pescadora lo pensó. Gatos en gran número podrían luchar contra los hombres lobo, pero sería una buena manera de ser comidos. Para ser lo suficiente seguro para intentarlo necesitarían un método perfecto de evadirlos. Entonces le llegó. Los gatos no podían lograrlo, pero había otro animal que podía. Tengo una idea, dijo. Estaremos afuera y a salvo. Enviaremos a amigos lechuzas a ayudar.
Raticida lo comprendió al instante. Sí, amigas lechuzas pueden ayudar, dijo en acuerdo. Los tres animales se desviaron camino a la casa del gato grande para ir a la lechucería.
Cedric Diggory también estaba nervioso esa noche, y sus nervios se incrementaron rápidamente cuando se escuchó el eco del aullido distante en los terrenos. Cuando se escuchó la voz mágicamente amplificada de la profesora McGonagall, diciendo a todos los estudiantes que regresaran a sus dormitorios (aunque sólo debería de haber algunos prefectos en los pasillos de todos modos), se asustó. Con su padre liderando la ley contra los hombres lobos en el Wizengamot, sabía que era un blanco, y por extensión, eso hacía a la casa Hufflepuff un blanco. Aunque sólo era un prefecto de quinto año, decidió que era hora de liderar.
–Todos excepto los prefectos regresen a sus habitaciones –ordenó, poniéndose de pie–. Digan al resto de los prefectos que vengan.
Hubo algo de discusión, pero se mantuvo firme, y su casa pronto lo obedeció. Unos minutos después, las únicas personas en la sala común de Hufflepuff eran los seis prefectos de la casa.
–¿De qué está hablando McGonagall, Diggory? –dijo Gabriel Truman, el prefecto de séptimo año–. ¿Hombres lobo?
–¿Qué más podría ser? –dijo él.
–¿Crees que vienen aquí? –dijo Ellen Towler preocupada.
–Quizás. Hufflepuff normalmente es el blanco más débil en la escuela. Tenemos que asegurarnos de que no lo es.
–Pero… ¿cómo? –preguntó su compañera de año, Elizabeth Smith–. Si en verdad son hombres lobo...
–Usen su entrenamiento en defensa –dijo Cedric–. Comiencen con aturdidores, y después usen todo lo que tengan… maldiciones cortantes y lo que sea.
–¿Quieres decir… luchar?
–Sí, Elizabeth, es exactamente lo que quiero decir. –Cedric estaba de pie en el centro de la sala común, rodeado por los otros cinco prefectos, mirando a la entrada con forma de barril de los dormitorios de Hufflepuff. Y entonces, mientras miraban, hubo un fuerte ruido que los hizo dar un salto. Entonces, se escucharon golpes en la puerta, y una serie de aullidos inhumanos.
–¿No pueden entrar, verdad? –dijo Ellen temerosa–. No pueden entrar sólo golpeando la puerta.
–No estaría tan seguro –dijo Cedric con pesadez. No había contraseña para los dormitorios de Hufflepuff. Sólo se tenía que golpear el barril correcto cinco veces con el ritmo de "Helga Hufflepuff." Les gustaba pensar que era muy seguro, pero era solo un buen pensamiento. El ritmo no tenía que ser muy preciso, y las medidas en contra de quien lo hiciera mal no eran muy efectivas. Por lo que escuchaban, el ser rociados con vinagre solo hizo que los hombres lobo se enojaran, y, desafortunadamente, los hombres lobo eran persistentes. Un momento después, hubo cinco golpes en la puerta, y esta se abrió por completo. Lo siguiente que supieron, había un hombre lobo entrando, gruñendo y mordiendo (y con un fuerte olor a vinagre). Lo prefectos colocaron escudos y lanzaron aturdidores a ellos. El hombre lobo cayó rápido, pero había más detrás de él. Otro lobo entró por la puerta al instante y usó a su camarada caído como escudo. Lo malo de un muro de encantamientos escudo era que era difícil apuntar hechizos alrededor, y era difícil de maniobrar y fácil de rodear. El segundo hombre lobo pronto superó a los prefectos, y mientras se movía, un tercero entró a la sala común.
Estaban en problemas.
Canuto y Lunático corrieron por los terrenos de Hogwarts, siguiendo el rastro fuerte de Fenrir Greyback. Lunático, aunque por completo en su mente humana, estaba furioso. Su enemigo, Greyback, se había atrevido a atacar la guarida de los cachorros de su compañero de manada. Pagaría por eso. Canuto pensaba lo mismo.
Fue un camino difícil al castillo, pero mientras seguían el rastro de Greyback, descubrieron que no era insuperable. Había varias entradas al aire libre en el castillo… balcones y así… que no habían sido selladas porque pensaron que serían inaccesibles. La mayoría lo eran. Pero Canuto y Lunático siguieron el camino que habían considerado en sus días de escuela, y corrieron por el techo. Desde ahí, se lanzaron al techo del edificio de los terrenos de entrenamiento, de ahí a los aleros del techo del segundo piso del ala este, del segundo piso a las almenas del tercer piso, y de la cumbre de ese nivel a las ventanas al aire del campanario, y estaban en el castillo.
El rastro estaba ahí también, lo cual lo hacía incluso más urgente. La manada de Greyback ya estaba dentro. Corrieron por el castillo, atravesando el puente, y bajando las escaleras, eventualmente llegando a cierto pasillo cerca de las cocinas. Era caos dentro. Por golpe de mala suerte, había varias esquinas camino a la sala común, haciendo más fácil para los hombres lobo detener los maestros mientras se resguardaban. Si solo fuera cuestión de lanzarles hechizos ofensivos, la lucha hubiera terminado rápidamente, pero los hombres lobo eran rápidos y agresivos, y habían mejorado su posición lanzándose contra todos los que intentaban atacarlos y manteniéndolos a la defensiva. Canuto y Lunático ignoraron la cubierta que proveían y se lanzaron a la acción. Casi fueron atacados cuando los maestros vieron a Lunático, pero McGonagall los reconoció.
–¡Paren! ¡Paren! –y lograron pasar.
Había ocho o diez hombres lobo en el pasillo, gruñendo y atacando a cualquiera que se acercaba por la esquina intentando pasarlos. Podían oler la sangre en el aire, junto con el fuerte olor a vinagre. Mirando al fondo del pasillo, la puerta de la sala común de Hufflepuff estaba abierta, y pudieron ver los rayos de luz de la batalla dentro.
Era sorprendentemente difícil luchar contra hombres lobo. Especialmente si no estabas calificado por completo en Defensa. Claro, todos los prefectos de Hufflepuff habían completado o casi completado su TIMO en Defensa, lo cual era hasta donde la mayoría de los magos llegaba, pero los hombres lobo eran clase XXXXX por una razón. Los hombres lobo eran rápidos, feroces, y resistentes a la magia, capaz de ignorar múltiples aturdidores, mientras que los prefectos estaban cansándose y superados en número, sus defensas rompiéndose.
Un hechizo cayó de repente, y Gabriel Truman estaba en el suelo siendo mordido antes de saber lo que lo había golpeado.
–¡NO! ¡REDUCTO! –exclamó Cedric. El lobo que había atacado a Gabriel fue arrojado lejos con el horrible sonido de sus costillas rompiéndose. Claro, Reducto era uno de los muchos hechizos que no funcionaban bien en tejido vivo, o la bestia estaría muerta, resistente a la magia o no, pero era un poderoso hechizo ofensivo.
–¡Ellen, cuidado!
–¡AAAHHH!
Ellen Towler cayó luchando con un terrible rostro ensangrentado y dos mordidas diferentes. Estaba retorciéndose en el suelo. Sus posibilidades eran cada vez peores, y aún había varios hombres lobo entre ellos y la ayuda, a pesar de que parecía que había un par de perros luchando contra ellos. Los lobos continuaban acercándose. Lucharon con todo, pero era una batalla perdida. Pronto, ambos prefectos de sexto año cayeron, no mordidos, pero golpeados cuando hombres lobo se estrellaron contra ellos, y no pudieron levantarse, dejando a Cedric y Elizabeth como los únicos prefectos de pie.
El siguiente lobo que cruzó la puerta era más grande que el resto, y tenía esos ojos que dejaban claro quién era… azul dentro de un aro negro: Greyback. Se lanzó al frente con tanta fuerza que Cedric y él cayeron al suelo, con todo y encantamiento escudo. El impacto lo desorientó, y su escudo falló. Sintió las garras contra su rostro y una quijada alrededor de su garganta.
Por un segundo, Cedric Diggory estuvo seguro de que estaba muerto, pero la quijada sólo rompió la piel antes de separarse. Levantó la mirada y se sorprendió por lo que vio: otro hombre lobo tenía su quijada aferrada a la pierna de Greyback. El lobo más grande se dio la vuelta y se lanzó de nuevo, y ambos cayeron al suelo.
Un gato plateado fantasmal recibió al equipo de una docena de aurores y magos golpeadores, incluyendo a Ojoloco Moody, Tonks, y Lutetia Savage, al llegar a las puertas principales de Hogwarts.
–¡Sala común de Hufflepuff! ¡Trece! –habló el gato patronus en la voz de la profesora McGonagall. No perdieron el tiempo en correr abajo a ayudar. Desafortunadamente, no fueron de mucha ayuda. En el reducido espacio del pasillo, con sus esquinas, había muchas personas en el camino. Por lo menos la mitad de los hombres lobo estaban incapacitados, pero aún no podían llegar a la sala común a ayudar a los Hufflepuff atrapados.
–Fuera de mi camino –gruñó Moody.
–Aurores pasando –exclamó Tonks. Empujaron su camino hacia el frente del grupo para tomar el lugar de los maestros sin interrumpir el ataque–. ¡Diffindo! ¡Bombarda! ¡Protego!
Desafortunadamente, tuvieron el mismo problema que los estudiantes, intentando maniobrar hechizos alrededor de escudos y por las esquinas mientras intentaban evitar ataques directos.
El auror Williamson, el profesor de Defensa, se mantuvo firme junto a sus compañeros aurores. Desafortunadamente, la batalla, la angosta ubicación, y todo lo demás resultó ser mucho para él. Salió un poco de más en una de las esquinas, su escudo se debilitó un poco, y un hombre lobo saltó sobre él, mostrando los dientes. Sirius saltó sobre el hombre lobo y lo jaló lejos, y el lobo se dio la vuelta a toda velocidad y pronto estaba encima de él, su quijada dirigiéndose a su garganta.
–¡Sirius! –lloró Tonks–. ¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desma…!
¡IIIIIICH!
Tonks titubeó, recuperando su conocimiento de la situación, e intentó analizar el nuevo desarrollo. Se sorprendió cuando vio el origen del sonido. Doce lechuzas volaron al pasillo. De donde habían salido, no tenía idea, pero cada una llevaba un furioso sobre rojo en su pico, y cuando pudo verlos bien, vio que todos estaban dirigidos a Sirius Black.
Las lechuzas volaron por la esquina y soltaron sus vociferadores sobre Canuto, manteniéndose los suficiente lejos de los dientes y garras de los hombres lobo. Canuto no tenía idea de que estaba pasando tampoco, pero reconocía una oportunidad cuando la veía. Comenzó a tomar las cartas con sus dientes y lanzarlas a los hombres lobo como frisbees colmilludos. En cuanto los tocaron, el reloj comenzó a avanzar, y entonces...
¡BUM! ¡BUM! ¡BUMBUMBUM!
No hubo gritos. Los vociferadores estaban en blanco, pero los sobres explosivos fueran lo suficiente para desorientar a los hombres lobo y hacer que se tambalearan por el pasillo en pánico. Sin perder tiempo, los aurores avanzaron. Ahora, tenían la ventaja, y los hombres lobo fueron sometidos… todos menos uno.
Raticida y Pescadora estaban nerviosos mientras corrían de regreso al castillo con Crookshanks. Esperaban que su plan con las lechuzas hubiera funcionado. Era una buena idea, pero no sabían cuánto ayudaría a los defensores del castillo en contra de los hombres lobo.
Era un plan sencillo. Una vez en la lechucería, se transformaron. Hermione comenzó a crear los vociferadores en blanco, lo cual no era tan complicado, y Harry se los dio a Hedwig y a un escuadrón de lechuzas de la escuela y les ordenó que las entregaran de inmediato y se fueran. Ellas obedecieron, aun cuando no era la hora normal de entrega.
Personalmente, Hermione pensó que fue demasiado cuando Harry gritó "¡Vuelen, vuelen!" cuando envió las lechuzas, sin importar lo mucho que se justificó diciendo que intentaba aliviar la situación.
Los animales escucharon un bufido cuando regresaron al castillo y vieron a una delgada gata atigrada café con ojos como lámparas saliendo de entre las sombras. Por suerte, la gata atrapa niños humanos malos estaba de su lado. Les maulló, Tengan cuidado. Perros malos en el castillo. Raticida maulló su comprensión y continuaron su camino, aunque la felina continuó caminando bastante cerca de él.
Con todo el entusiasmo, nadie había notado a Colin Creevey atrás de los defensores, tomando fotos en silencio. No podía obtener muy buenas fotos desde la esquina, pero pensó que había conseguido unas buenas. Había confiado bastante en la habilidad de tal cantidad de magos para evitar que alguno de los hombres lobo escaparan, y cuando las explosiones se escucharon, sintió que la batalla estaba terminando y era hora de irse. Corrió las escaleras hacia la torre de Gryffindor. Pero no había llegado lejos… ciertamente no lo suficiente lejos… cuando escuchó gruñidos detrás de él. Uno de los hombres lobo se había escapado y estaba corriendo detrás de él.
Corrió en el mismo nivel. Era difícil hacerlo en las escaleras. El hombre lobo era rápido… muy rápido. Sólo había llegado al tercer piso, cerca de la entrada de la torre del reloj, cuando la bestia se escuchó casi detrás de él.
De repente, Colin se tropezó sobre tres gatos y… ¿era una nutria?... que eligieron ese momento para correr por el pasillo. Se dio la vuelta y vio a un enorme lobo corriendo detrás de él, sus ojos azules en negro llenos de ira. Colin no sabía ninguna maldición lo suficiente poderosa para detener a un violento hombre lobo, así que hizo lo único que pudo. Colocó el flash en su cámara y presionó el botón.
¡Flash! El hombre lobo aulló y se detuvo, desorientado, pero no fue disuadido.
Raticida sabía que tenía que hacer algo o el niño humano iba a morir. Estando familiarizado con todo lo felino, sabía que los leones normalmente cazaban en grupos de cinco o seis hembras además de un macho, y normalmente iban tras presas dos o tres veces su tamaño, pero algunas veces mucho más grandes… casi tan desproporcionadamente grandes como un hombre lobo, pero no tendrían oportunidad en contra de un hombre lobo real con menos de una docena de gatos. No era un buen plan de batalla.
Por otro lado, los leones no tenían una buena idea de donde estaban los puntos vitales de su presa, y eso era una ventaja para él, y sí tenían una buena estrategia para montar a un animal grande: rodearlo, encajar sus garras en sus ancas, y comenzar a escalar.
¡Vamos, Crookshanks! Dijo, y rodeó al lobo grande y malo y dio un salto.
El lobo continuó avanzando, y Colin corrió distraído mientras intentaba apuntar su cámara de nuevo. Sólo estaba vagamente consciente de las extrañas acciones de los animales.
¡Flash! El lobo se tambaleó y sacudió su cabeza de nuevo. Si hubiera podido analizar la situación, Colin hubiera notado que dos de los gatos habían saltado sobre las ancas del lobo e intentaban incapacitarlo con sus garras. La nutria corrió alrededor de sus piernas, intentando hacerlo tropezar.
¡Flash! El gato negro escaló hasta el cuello del lobo e intentó rasguñar su garganta.
¡Flash! Una gata atigrada gris salió de la esquina, y, sin siquiera detener su paso, analizó la situación y se lanzó también sobre la espalda del lobo.
¡Flash! El lobo aún estaba avanzando. Casi estaba sobre Colin.
¡Flash! ¡Flash! ¡Flash!
–¡AAARRRGGGHHH!
El hombre lobo golpeó a Colin, arañando su rostro con sus garras, y lo mordió con fuerza en el brazo. Raticida se rindió en la garganta y fue por los ojos. El lobo grande y malo aulló adolorido, en un sonido que parecía muy horrible para salir de la garganta de un humano o un lobo. El lobo se sacudió con fuerza, y los tres gatos salieron volando contra las paredes. Se dio la vuelta y atrapó a Raticida, colocándose sobre él.
¡GUAU!
Canuto y Lunático salieron de la esquina y gruñeron con rabia al lobo que se había atrevido a atacar a su Cachorro. Se lanzaron contra él con fuerza, y el pasillo pronto fue un borrón de dientes y garras. Greyback era más grande y fuerte que ellos, pero con dos, y con más cordura, lo lanzaron contra el suelo y lo sostuvieron, y entonces...
–¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desmaius! ¡Desmaius!
La profesora McGonagall se había transformado y lanzado aturdidores tan rápido como pudo. Sin poder correr, Fenrir Greyback cayó inconsciente en el suelo del pasillo cuando los aurores llegaron.
De regreso en el pasillo de Hufflepuff, Elizabeth Smith, la única prefecta aún en pie, salió de la sala común con cautela y examinó la escena. Un pequeño ejército de defensores, incluyendo a un perro y a otro hombre lobo, habían luchado contra la manada de Greyback en el pasillo. El suelo estaba pegajoso por la sangre, y había lobos seriamente heridos por todos lados, atados a toda prisa por los aurores restantes. Cedric, Gabriel, y Ellen habían sido mordidos en esa pelea terrible, y ella misma estaba agradecida de estar viva.
Entonces, cuando otra parte de la escena llamó su atención, gritó… incluso más fuerte que cuando los hombres lobo habían entrado al dormitorio.
El auror Eric Williamson, el profesor de Defensa, estaba en el suelo en un charco de su propia sangre con su garganta desgarrada.
