Harry Potter le pertenece a JK Rowling, pero Ratsbane le pertenece a White Squirrel… y yo me tomo el crédito por traducirlo a Raticida.


Capítulo 78

Por la mañana, parte de la enfermería de Hogwarts parecía hospital veterinario, lleno de dos gatos, una nutria, un perro, y un hombre lobo completamente domesticado que esperaban a que llegara la mañana. Desde el comienzo, Canuto había dado una grave advertencia a Raticida y Pescadora: Permanezcan como animales hasta que el sol esté arriba para detener enfermedad de lobo, una advertencia que la profesora McGonagall había repetido. Ella se había tenido que transformar por Greyback, así que tendría que aceptar cualquier cicatriz que recibió de la pelea.

Ninguno de los animagos había sido mordido, pero todos habían sido rasguñados, y las heridas malditas se curarían mucho mejor si no se les era permitido supurar en forma humana bajo la luna llena. Si esperaban hasta la mañana para transformarse, las cicatrices quizás desaparecerían por completo.

Lo mismo no podía ser dicho de Colin Creevey, Cedric Diggory, Gabriel Truman, y Ellen Towler. Ellos habían sido infectados. Cedric y Colin tenían las cicatrices características de Greyback en el rostro. La única razón por la que seguían en Hogwarts y no en San Mungo era que Madame Pomfrey se había abastecido de cataplasmas con plata y díctamo, por si acaso.

Gabriel y Ellen estaban tan desolados que se tuvieron que ser obligados a beber poción para dormir sin sueños. Cedric parecía resoluto, pero era difícil de leer. El joven Colin estaba de buen ánimo. Aunque estaba traumatizado por el ataque, como hijo de muggles, no estaba familiarizado lo suficiente con los prejuicios en contra de los hombres lobo para que lo molestaran.

Los aurores habían ido y se habían llevado a los hombres lobo a un ala segura en San Mungo donde pasarían la noche y serían identificados y tratados en la mañana. Gracias a las maldiciones violentas que los defensores habían usado, dos hombres lobo habían muerto en la escena, y dos más quizás no sobrevivirían la noche. Además, Greyback había perdido un ojo y su orgullo gracias a Raticida. También se llevaron el cuerpo del profesor Williamson. El único consuelo de su muerte era que era un viudo cuya esposa había fallecido en la guerra y que no tenía familia cercana, pero sería extrañado por sus compañeros aurores, sin mencionar que sería mucho más difícil conseguir un maestro para el próximo año.

Raticida se sentía cada vez más incómodo por el comportamiento de la Sra. Norris toda la noche. Lo había seguido a la enfermería y había permanecido cerca de su cama felina. Intentaba acariciarlo y le maullaba con frecuencia. También olía algo extraña, y lo más sospechoso de todo, la escena hacía que Canuto sonriera. Por lo tanto, Harry estuvo feliz cuando le dijeron que podía transformarse (detrás de una cortina para que nadie lo viera). Cuando lo hizo, los ojos de la Sra. Norris casi se salieron de su rostro como en una tira cómica, y bufó y salió huyendo de la enfermería como si fuera el mismo infierno.

–Oh, es bueno quitarse todo ese pelaje –dijo él en voz baja mientras se estiraba–. Por un minuto, durante… pensé que había olvidado que especie era.

Hermione estaba estirándose deshaciéndose del entumecimiento de sus extremidades ahora de tamaño normal, y se acarició su piel suave.

–Nunca había estado transformada por tanto tiempo… Tú lo hiciste por semanas antes. No sé cómo lo lograste.

–Tenía cinco años. Era diferente.

–De acuerdo, ustedes dos. –Para su sorpresa, no era Madame Pomfrey, sino la profesora McGonagall quien salió del otro lado de la cortina–. Muffliato –lanzó–. Oficialmente, estoy atendiendo a los pacientes animales en la enfermería, y nunca estuvieron aquí. Tuvieron suerte de no estar más lastimados, y que tengo la suficiente experiencia en sanación para ayudar con sus problemas actuales. Aún no se cómo voy a explicar a Madame Pomfrey como llegó una nutria al castillo. –Hermione se sonrojó–. Ahora, me gustaría que me digan exactamente porqué estaban luchando contra un terrible hombre lobo diez veces su tamaño mientras estaban en formal animal.

Los dos le dieron un resumen breve de sus acciones… ir a la lechucería a enviar los vociferadores, regresar al castillo y tener la mala suerte de encontrarse con Colin justo cuando era atacado por Greyback. En ese punto, solo era cuestión de intentar salvar a su compañero de casa.

–Muy bien –concedió McGonagall–. Aún fue muy imprudente de su parte, incluso si intentaban proteger al Sr. Creevey. Veinte puntos para Gryffindor por su truco con los vociferadores. Eso fue muy listo y nos ayudó bastante. Y dos detenciones para cada uno. Oficialmente, son por salirse e ir a la lechucería, pero es más porque desobedecieron mis órdenes y porque se metieron en una pelea tan peligrosa. Además, discutiremos esto con sus padres cuando lleguen.

Harry y Hermione intercambiaron miradas incómodas. El amanecer era temprano en esta época del año. Aún no eran las cinco de la mañana, y la mayoría de los pacientes seguían dormidos, al igual que sus padres debían estarlo.

–No los va a despertar para esto, ¿verdad? –preguntó Harry. Las cosas ya eran suficiente malas sin tener que despertarlos temprano.

–No en este momento, Sr. Potter, pero necesitaremos contactar a todas las familias de las víctimas antes de que aprendan del ataque por el periódico matutino.

Tanto Harry y Hermione reprimieron una exclamación de sorpresa.

–¿Qué esperaban? Los aurores estuvieron entrando y saliendo toda la noche, y creo que todos sabemos lo poco discreto que es el Ministerio.

–Debería contactar a nuestra prima Andi entonces –dijo Hermione–. El Wizengamot se reúne en tres días, y necesitará poder responder lo más pronto posible.

McGonagall asintió, aunque se sintió internamente fastidiada de que asuntos políticos tuvieran que ser considerados con tanta urgencia en un momento como ese.

–¿Cómo están Sirius y Remus? –preguntó Harry.

–En peor forma que ustedes cuando los trajeron. Ambos fueron mordidos, pero claro, su padrino estaba en forma animal, así que se recuperará por completo. Dejaré que hablen con ellos en cuanto termine de limpiarlos lo suficiente para que no sea sospechoso… ya que estoy segura de que no podré detenerlos –agregó McGonagall con exasperación.

Hubo varios movimientos para que pareciera como si Sirius y Remus habían estado en la enfermería todo el tiempo, y Harry y Hermione acababan de venir a visitarlos. Ambos hombres tenían varios vendajes. Al contrario de Harry, que había logrado subirse a la espalda de Greyback, donde había estado relativamente a salvo, ambos se habían atacado a dientes y garras, y Remus también tenía su fatiga usual después de la luna llena. Sus ojos se abrieron cuando le dieron un leve empujón.

–¿Cachorros? –gruñó con voz suave.

–Hola Remus –dijo Harry.

–Estoy… ¿en Hogwarts?

Harry asintió.

–Esperaba que fuera un sueño. ¿Están bien? ¿Fueron…?

–Estamos bien –susurró Harry–. Solo unos cuantos rasguños, y estábamos en forma animal, ¿recuerdas?

–Oh… oh, ¡lo recuerdo! –gruñó cuando regresó a él.

–Sí, yo también –se quejó Sirius desde la otra cama–. Las lechuzas… ¿eso fueron ustedes? –Ellos asintieron–. ¿Y la pelea con el maldito Greyback?

–Eso fue un accidente –insistió Harry–. Nos encontramos con él de regreso.

–¿En serio? Tienen toda la suerte, ¿no?

Harry y Hermione estuvieron de acuerdo.

–Aun así… Harry… –dijo Remus–. Lo que hiciste anoche… Fenrir Greyback perdió un ojo por tu rasguño. Y… lo atrapamos… finalmente lo atrapamos. –Lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos–. Décadas de terror, y nadie había podido atacarlo de ese modo. Estoy orgulloso de ti, Cachorro… pero estás loco. En serio, ¿qué estabas pensando?

–Deberíamos haberlo esperado, Remus –le dijo Sirius–. Es tan James como James lo fue.

–Y yo esperaba que sacaras la sensatez de tu madre –suspiró el hombre lobo–. Pero ella probablemente hubiera hecho lo mismo. –Se acomodó en la cama–. ¿Cuántos estudiantes…?

–Cuatro –dijo Hermione–. Incluyendo al hijo de Diggory. –Remus gruñó de nuevo.

–Esto no va a terminar bien.

–Odio admitirlo, pero hubiera sido mucho peor sin la intervención de Harry y Hermione –dijo McGonagall detrás de ellos–. Si nos hubieran atrapado de sorpresa, los dormitorios de Hufflepuff hubieran sido arrasados. Aun no comprendo cómo esos… esos animales entraron.

–Nosotros sí –dijo Sirius, y explicó sobre el túnel de Hogsmeade al que habían entrado y el camino de techos al campanario, como buena medida. McGonagall bajó la mirada avergonzada.

Dos problemas en nuestras defensas. ¿Qué dirá Albus?

Era una pregunta que no sería respondida por un tiempo ya que el director aún estaba en Suiza, pero no había duda de que sería un mal reflejo en la escuela, especialmente después del fiasco de la cámara de los secretos. Los problemas en la seguridad ciertamente dejaban que desear, incluso cuando eliminaban las amenazas obvias.

Había mucho control de daños que hacer, y Harry decidió que necesitaría comenzar con los cuatro desafortunados estudiantes en la enfermería. Sabía que no faltaba mucho antes de que sus padres llegaran, así que necesitaba actuar rápido. Tomó una silla y se sentó enfrente de ellos.

–Oigan, ¿están despiertos?

–Difícil dormir después de anoche, Potter –dijo Gabriel Truman con remordimiento.

–Escuché la noticia. Lo siento. Intenté ayudar. Alerté a los aurores, y Hermione y yo enviamos a las lechuzas. Desearía poder haber hecho más.

–No ayudó mucho, ¿verdad? –dijo Truman, y se dio la vuelta en silencio. Ellen Towler lucía casi catatónica.

–Oye, hizo lo que pudo –intervino Colin. Truman no respondió.

–¿Potter? –habló Cedric débilmente.

Harry se congeló. Cedric era el comodín en todo esto.

–¿Sí, Diggory?

–¿Dijiste que encontraste un lugar para que Demelza fuera a la escuela?

–Oh, cierto, Río Largo en América. No te preocupes, les escribiré y veré si pueden aceptar a dos más. Creo que lo harán, especialmente ahora que atrapamos a Greyback y no pasará de nuevo. Veré si también aceptan a tu hermano, Colin.

–Potter –lo interrumpió Cedric de nuevo.

–¿Sí?

–Gracias… ¿Cómo es que tú… que no ves las cosas de la misma manera que el resto del mundo mágico? –Harry sonrió débilmente.

–Pues, ayuda que ya tengo un amigo que es hombre lobo, pero si soy honesto, los muggles aprendieron hace mucho tiempo que ese tipo de prejuicio nunca resuelve nada.

–Eh… Pues, eres un buen mago, Potter –respondió él–. Extraño, pero bueno.

–Gracias.

El grupo pudo descansar en silencio después de eso. No había noticias, y no había mucho que decir después de una tragedia como esa. La profesora Sprout entró a la enfermería a las seis para intentar reconfortar a sus estudiantes y, una vez comenzaran las horas de visita, ahuyentar a los visitantes menos respetuosos. Pero la mayoría de sus Hufflepuff habían escuchado la historia completa de ella anoche y veían a los prefectos como héroes por defender su madriguera como verdaderos hurones. La situación de Colin no sería tan buena. Incluso bajo estándares Gryffindor, sería visto como un tonto hijo de muggles que se había metido en problemas sin pensarlo. Y en lo que respectaba a Harry y Hermione, nadie los había visto desde anoche, y la profesora McGonagall había sido muy vaga en lo que había dicho a los otros Gryffindor, así que todos deberían estar preocupados por noticias.

A las seis y media, la profesora McGonagall se llevó a Harry y Hermione de la enfermería rumbo a su oficina. Tenían un mal presentimiento sobre cómo terminaría esto.

–¡Harry! ¡Hermione! –lloró Emma Granger cuando los vio. Corrió a ellos y los abrazó–. ¡Gracias a Dios que están bien! Ah, y están castigados.

Dan Granger se controló más que su esposa, pero también tenía lágrimas en sus ojos y abrazó a sus hijos.

–No sé cómo se meten ustedes dos en tantos problemas. ¿Y lucharon contra ese hombre lobo…?

–Sólo intentábamos ayudar a distancia, papá –dijo Hermione–. Estábamos en el lugar equivocado a la hora equivocada.

–Incluso así, solo tienen trece y catorce años. Son muy jóvenes para enfrentarse a cosas que se los pueden comer, a pesar de los maestros poseídos, y serpientes gigantes.

–Lo sentimos, papá, mamá –dijo Harry cabizbajo–. Supongo que ambos nos dejamos llevar cuando vimos a Colin.

–Creo que "dejarse llevar" es decir poco, jovencito –dijo Emma, intentando mantener la compostura–. Ambos pudieron haber muerto. Hemos tenido suficientes preocupaciones como estas para una vida.

–Nos alegra que estén bien –dijo Dan–. Y estamos orgullosos de ustedes por proteger a su amigo, incluso si no estamos de acuerdo con como lo hicieron. Aunque creo que aún apreciaríamos la historia completa.

Harry tomó un gran respiro y comenzó a explicar.


Poco después de que los Granger llegaron a través de la red Flu de la oficina del director, Amos y Lucille Diggory llegaron por las puertas del castillo. Siguieron a toda prisa al profesor Flitwick a la enfermería, y al entrar, vieron a cuatro estudiantes en camas, con heridas por mordidas. Sirius Black y Remus Lupin también estaban ahí, junto a varios aurores. Lucille de inmediato corrió a su hijo en lágrimas. Amos la siguió, pero se detuvo cuando vio a Remus.

¡Tú! –Se lanzó a él con furia y levantó al mareado y adolorido Remus de su cama por el collar de su camisa para que pudiera colocar sus manos alrededor de su garganta.

–¡Esto es tu culpa, hombre lobo! Tú y tu maldito pasadizo secreto...

–¡Papá, basta!

La enfermería cayó en silencio cuando Cedric habló. Amos relajó sus manos alrededor del cuello de Remus, lo cual lo salvó de un puñetazo en el rostro cortesía de Sirius.

–No es su culpa –insistió Cedric–. Estaba de nuestro lado… y… salvó mi vida. Es quien quitó a Greyback de encima de mí. Culpa a Dumbledore, si quieres, por la seguridad… pero no a él.

Amos casi perdió el equilibrio, y se tambaleó hacia la cama de Cedric.

–Oh, mi niño, mi pobre niño. Todas esas cartas… no tenía idea.

–¿Eh? –dijo Cedric, pero su padre no lo escuchó.

–Sólo pensé que intentabas hacer tu propio camino...

Traducción: rebeldía juvenil, sugirió amablemente el cerebro de Cedric, pero fue de manera inconsciente mientras Amos continuaba.

–Si hubiera sabido que te habían convencido de este modo, yo...

Pero lo que Amos hubiera hecho no lo descubrió porque algo había pasado que nunca nadie había visto antes.

¡SMACK!

Pomona Sprout había dado una bofetada a Amos Diggory. Con fuerza.

–¡Que vergüenza, Amos! –lo regañó como si fuera un niño de primer año descarriado–. ¿Convencieron a Cedric? Nunca me había sentido tan insultada a nombre de uno de mis estudiantes, ¡y por su propio padre! Tu hijo organizó a los prefectos para que defendieran los dormitorios de Hufflepuff. Lo vi en la vanguardia de esa batalla, luchando contra las bestias como un verdadero hurón. Si crees que quería esto de algún modo, estás tan cegado por tu propio prejuicio que… que… oh, como me gustaría poder darte una detención.

Amos fue tomado por sorpresa por segunda vez. De hecho, no estaba cegado por prejuicio. Estaba cegado por su dolor y no pensaba de manera racional. Su hijo, un hombre lobo… apenas y podía procesarlo. Pero esa bofetada le había regresado algo de sentido.

–Oh, vaya –dijo él, sentándose a un lado de su hijo–. Lo siento tanto, Cedric. Nunca quise que nada de esto pasara. Sólo he estado intentando ayudar… ayudarte y al resto de Gran Bretaña. Y entonces ocurrió lo de anoche...

–Estará bien, papá –le intentó asegurar Cedric–. Veremos que hacer.

–Oh, claro, claro –dijo su padre con entusiasmo–. Tenías razón sobre una cosa. Es mucho más fácil que personas vivan vidas plenas con… con esta enfermedad que antes. Y… y estoy seguro de que podemos hacer un arreglo especial para tu educación el próximo año...

Cedric sabía que probablemente no debía hacerlo. Sería nada Hufflepuff patear a su padre cuando se sentía tan mal. Y aun así, la manera en la que el hombre había estado actuando las últimas semanas: "Todas esas cartas… Te convencieron…" Bueno, quizás Cedric actuaba como un adolescente rebelde, pero habló de nuevo.

–No, papá.

Amos se detuvo de golpe.

–¿Qué? –dijo con confusión.

–Ya dejaste tu lado bien claro –le dijo su hijo–. No necesito regresar a Hogwarts el próximo año.

La profesora Sprout, Colin Creevey, y los padres de Cedric lo miraron horrorizados.

–Pero… eso… eso… las reglas pueden cambiarse, hijo. ¿Y tus EXTASIS? –dijo Amos.

–Harry Potter dijo que encontró otra escuela que acepta hombres lobo. Puedo ir al Colegio Río Largo de Arcana en América en lugar de a Hogwarts. No hay necesidad de que te vuelvas un hipócrita por mí.

Amos Diggory casi siempre tenía algo que decir, pero ahora, estaba sin habla.

–¿A.…A...América? –tartamudeó su esposa.

–Está en Nueva Orleans, mamá –dijo Cedric con gentileza–. O cerca. Suena como un lugar agradable, muy diverso, y tiene un gran programa de Magia Mundial

–Y… y tú irías ahí, Ced –preguntó ella–. ¿Dejarías tu hogar por otro país?

–No más que lo hago aquí. Aún regresaría para las vacaciones.

–Tú… ¿sabes que podríamos arreglar algo aquí?

–Estoy seguro de que sí, mamá, pero mi papá ha dejado su postura bien en claro, y yo le he dejado en claro la mía durante las últimas semanas. Papá, te dije que respeto lo que intentas hacer, aún si no estoy de acuerdo. Pero creo que deberías tener el valor de mantener tus convicciones, o deberías dar un paso atrás y objetivamente reevaluarlas para ver dónde estás mal.

–Hijo, lo siento. En verdad podemos cambiar las cosas por...

–¿Por ? –lo interrumpió Cedric–. Eso es lo que ibas a decir, ¿no? ¿O es lo que querías decir? No, papá, ese es el punto. No quiero que cambies tu opinión solo porque soy yo el afectado ahora. Puedo crear mi propio camino. Si en verdad quieres cambiar tu postura, ya sea sobre tu propuesta a ley o en Hogwarts, entonces ve a Hogsmeade y discúlpate con la pequeña Demelza Robins primero porque ella ha sido afectada mucho más que yo.

Eso dejó a Amos aún más sorprendido que antes. Probablemente no estaría mal decir que Amos era el tipo de padre que estaba tan orgulloso de su hijo que nunca lo escuchaba. Eso era, hasta que dejaban de discutir y finalmente se ponían firmes. Y el rehusar la ayuda de su padre, especialmente por algo tan importante como su educación, ciertamente contaba como eso.

–De...de acuerdo, Cedric –dijo Amos, sin poder responder otra cosa–. Intentaré regresar y… y dar una mirada objetiva desde el comienzo.

–Gracias, papá. –Eso era todo lo que quería que hicieras desde el principio.


Había varios rumores corriendo por todo Hogwarts cuando llegó la hora del desayuno. Todos habían escuchado por lo menos algo de los ruidos de la batalla de anoche, pero solo los Hufflepuff conocían los detalles. Antes de aclarar las cosas para sus compañeros, los rumores iban desde que todos los Slytherin habían sido transformados en un ejército de hombres lobo hasta que Greyback había desmembrado a todos los elfos domésticos en el suelo del gran comedor (aunque la mayoría de ellos eran menos exagerados). Luna Lovegood insistía que Greyback había tomado control del castillo en secreto como una fortaleza en contra de la conspiración Rotfang y que estaba esparciendo un nuevo tipo de licantropía al que llamó Umbridgitis hasta que Harry la llevó a un lado y le dijo que había escuchado relatos de testigos que probaban lo contrario.

La profesora McGonagall reveló la historia verdadera durante el desayuno, justo antes de que llegara el periódico.

–Lamento informarles que poco después de la salida de la luna anoche, una manada de trece hombres lobo liderada por Fenrir Greyback entró con éxito a Hogwarts a través de dos debilidades imprevistas en las barreras, y entró a la fuerza a los dormitorios de Hufflepuff. Una de estas debilidades ya ha sido solucionada, y la otra está siendo investigada. Todos los hombres lobo fueron detenidos y capturados o matados por las fuerzas combinadas de los profesores, aurores, magos golpeadores, y los seis prefectos de Hufflepuff, quienes lucharon para defender al resto de su casa. –No había necesidad de mencionar el comportamiento imitable de Harry y Hermione por el momento–. Por los actos heroicos de estos prefectos, otorgó trescientos puntos a Hufflepuff. –Hubo varios aplausos dispersos, pero el comedor permaneció en su mayoría en silencio porque sabían que había más malas noticias–. Desafortunadamente, cuatro estudiantes fueron mordidos por los hombres lobo. Están confinados a la enfermería en este momento, y sus planes a largo plazo aún no han sido decididos. También, con profunda tristeza debo reportar que el profesor Williamson murió durante el ataque. –Eso provocó más exclamaciones de horror de la mayoría de los estudiantes–. Las clases restantes del profesor Williamson serán manejadas por el procedimiento estándar cuando un profesor muere o es incapacitado. –Un procedimiento estándar que solo existía por la maldición en el puesto de Defensa–. Todas las clases de hoy están canceladas en reconocimiento de esta tragedia.

El profesor Flitwick se levantó de golpe para dar su propio anuncio.

–El torneo del club de duelo aún tomará lugar durante la última semana del año bajo mi supervisión, en honor al trabajo duro que el profesor Williamson puso en el club. –Como un auror, Williamson siempre se había preocupado más por el club que por la clase.

Harry y Hermione fueron rodeados mientras comían su desayuno. Aunque la profesora McGonagall no había mencionado su parte en el asunto, Elizabeth Smith y los otros Gryffindor conectaron los puntos. Muchas personas los felicitaron por su truco de enviar los vociferadores a la batalla, incluyendo a Fred y George, quienes parecían muy felices por eso. Oficialmente, los nombres de los estudiantes que habían sido mordidos no habían sido revelados, pero Elizabeth Smith se había encargado también de eso. Muchas de las chicas mayores se lamentaban por Cedric en particular ya que era dotado y apuesto, y ahora, para ellas, tanto su complexión como su futuro estaban arruinados. Harry (y Hermione hasta cierto punto) estaba ofendido por Cedric por tal superficialidad, pero se contuvo de comentar algo en el ambiente ya tenso.

Dan y Emma aún estaban en el castillo, en un cuarto privado. Harry y Hermione necesitaban mantener las apariencias de no haber estado tan involucrados, así que no había razón pública para que sus padres estuvieran ahí, pero aún había asuntos que atender, o eso les había dicho la profesora McGonagall, y cuando llegaron al cuarto privado después del desayuno, recibieron otra sorpresa.

–¿Profesor Dumbledore? –exclamaron.

–Pensé que estaba en Suiza –agregó Hermione.

–Lo estaba –dijo el anciano con solemnidad–. Sin embargo, me sentí perturbado cuando vi el Diario el Profeta esta mañana –dijo Dumbledore. Sacó una copia para que la vieran:

¡TERROR EN HOGWARTS! ¡LA MANADA DE GREYBACK ATACA!

¡CUATRO ESTUDIANTES MORDIDOS! ¡UN MAESTRO MUERTO!

¡GREYBACK CAPTURADO POR MCGONAGALL, AURORES!

–Lamento mucho no haber estado aquí para ayudar a defender el castillo –dijo–, y que me perdí esas debilidades en las barreras. Nos podríamos haber librado de todos estos problemas. En lugar de eso, nuestros enemigos lograron una victoria, aún si en su mayoría arruinada.

Los Granger no estaban seguros sobre que decir. Tres hombres habían muerto, incluyendo a dos hombres lobo, y cuatro niños habían sido discapacitados. Fue un ataque bastante devastador como tal.

–¿Qué pasó en África, profesor? –dijo Hermione finalmente.

–Kinani Ngeze derrocó al Ministerio Burundi por métodos desconocidos. Esta falta de conocimiento, más que el alcance de la violencia asustó a la CIM para que aprobara una intervención internacional en el conflicto. Algunos operativos ya van en camino… Si tan solo todos nuestros problemas aquí pudieran ser resueltos tan rápido.

–¿Eso nos afectará aquí? –preguntó Emma preocupada.

–¿Ustedes personalmente? Probablemente no. Ahora que Greyback ha sido capturado, el Ministerio británico probablemente será llamado para que envíe algunos aurores y magos golpeadores, pero Francia estará a cargo de la operación. Sin embargo, yo también me uniré a la expedición. Estaré aquí para la reunión del Wizengamot el sábado para contener el daño aquí, pero después de eso, puedo garantizar poco. De nuevo, desearía poder mantener un rol más activo aquí.

–Comprendemos lo importante que es este conflicto, Dumbledore, ¿pero no hay alguien más que pueda hacer ese trabajo? –preguntó Dan.

–Es lo que espero lograr una vez en Ruanda, Sr. Granger, pero estas cosas toman tiempo.

–Ejem. –El grupo levantó la mirada y vio que McGonagall había regresado a la sala. Otra bruja con un monóculo estaba a su lado–. Albus, Madame Bones acaba de llegar y desea hablar con el Sr. Potter al instante.

Los Granger intercambiaron miradas preocupadas y se preguntaron de que podía tratarse esto. ¿Acaso Harry había sido descubierto? Pero Dumbledore no parecía preocupado.

–Ah, pasa, Amelia –dijo con calma–. Me temo que aún no estoy al tanto de todo. ¿Podrías decirme cual es la situación? –La directora del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica se erizó.

–Los hombres lobo están a salvo, Jefe de Magos, no gracias a usted –dijo ella–. Discutiremos su parte en esto más tarde. Aún estamos intentando identificar a algunos de ellos. Un tercer hombre lobo murió en San Mungo esta mañana. El resto se espera que vivan, aunque dos de ellos están discapacitados de manera permanente, además del ojo perdido de Greyback. –Harry se sintió sonrojar y esperó que Bones no lo notara–. Además, un Gery Lyles intentó lastimarse a sí mismo cuando recuperó el sentido esta mañana. Está bajo vigilancia de suicidio.

–¡Por Dios! –dijo Emma.

–Suena a que recibieron fuertes golpes en respuesta a lo que hicieron –agregó Dan.

–Así es, Sr. Granger. Sin embargo, estoy aquí porque necesito hablar con su hijo. Pueden permanecer presentes si lo desean.

Eso puso a los Granger mucho más nerviosos. No podían imaginar de que se trataba esto si Harry no había sido descubierto como animago. Miraron a Dumbledore para pedir ayuda, pero él también parecía sorprendido. Cómo Harry había sido descubierto no podían imaginarlo. Debería haber estado muy oscuro y la acción muy rápida para que alguien pudiera ver con claridad el rayo blanco en la frente de Raticida.

A menos que… Una idea llegó a la mente de Harry.

–Madame Bones, ¿esto tiene algo que ver con la cámara de Colin Creevey? –preguntó él.

–No. ¿Por qué? ¿Debería? –dijo ella.

–Pues… él la tenía anoche. Quizás tomó una foto de Hermione y de mi en los pasillos. –Casi pudo sentir al resto de su familia poniéndose tensos a su lado.

–Ah, no –dijo Madame Bones–. En lo que a mí respecta, ese es un asunto interno de Hogwarts, Sr. Potter. –Sin embargo, detrás de ella, el resto del grupo vio la expresión de sorpresa de la profesora McGonagall, y ella salió de la sala sin hacer ruido–. No, estoy aquí por algunas de las cosas que aprendimos de los hombres lobo al interrogarlos esta mañana.

–¿De... de ellos? –dijo Harry con confusión.

–Al interrogar a los hombres lobo, aprendimos que dos de ellos estaban registrados como usuarios regulares de poción matalobos que habían sido radicalizados por los problemas con la Ley de Protección de los Hombres Lobo en el Wizengamot y la postura en contra de los hombres lobo del Consejo de Hogwarts.

–Oh, Dios –exclamó Harry–. Obtuvieron algo, ¿verdad?

–No me sorprende –interrumpió Dumbledore. Madame Bones lo observó–. Creo que la única manera en la que tantos hombres lobo podrían haber escalado al campanario era si habían tomado algo de poción matalobos. Un plan en verdad audaz –exclamó–. Requería que por lo menos tres cosas salieran bien… peligrosamente complicado… pero lo lograron.

–Sea como sea, Jefe de Magos, nuestra preocupación principal es esta: uno de los hombres lobo, que sorprendentemente resultó ser Artemis Crouch, declaró que aprendió como entrar a los terrenos de usted, Sr. Potter, durante una de sus visitas a Hogsmeade.

Los Granger soltaron una exclamación de sorpresa. El corazón de Harry saltó a su garganta, y su estómago dio una vuelta. Ella pensaba que él les había dicho… quizás tenía simpatías radicales hacia los hombres lobo. Su apoyo y promoción durante el año pasado, su amistad con Remus, incluso su milagroso rescate de Demelza… todo podía ser torcido en su contra bajo ese tipo de actitud.

–Harry, ¿qué pasó? –dijo su padre horrorizado.

–Yo… no… no fue mi intención.

–¿No fue tu intención? –dijo Madame Bones con severidad.

–No sabía… ¡sólo le conté a Cho! ¡No pensé que hubiera alguien más ahí!

–¿Cho? –dijo Madame Bones.

–¿Le dijiste? –demandó Emma.

–Estábamos en una cita. Quería que le contara sobre mi familia. Le mostré la casa de los gritos y le conté que era ahí a donde Remus solía ir para la luna llena. Le dije que había un pasadizo secreto desde el sótano de la casa de los gritos hasta el sauce boxeador. Juro que no pensé que lastimaría a alguien. No pensé que alguien pudiera pasar las barreras… –Harry había comenzado a llorar–. Fue todo lo que dije, Madame, lo juro.

–Harry, pensé que te criamos mejor que eso –dijo Emma–. Se que preferiríamos no tener que guardar secretos, pero sabes que hay buenas razones por las que tenemos que hacerlo.

–Lo siento, mamá. Intentaba ser cuidadoso. No le dije nada mayor que eso. No lo haría. Con todo lo de Remus revelado, no pensé que importara.

La voz de Emma era helada.

–Pero obviamente importó. Necesitas consultarnos o a uno de los maestros que sabe sobre eso antes de hacer algo así de nuevo.

–Sra. Granger –la interrumpió Dumbledore–. Y Madame Bones. Creo que Harry tiene razón. Revelar estos secretos no debió hacer la diferencia. Greyback podría haberlo descubierto por sí solo. El conocimiento de esto no debió de haber dejado a la escuela vulnerable. Si es culpa de alguien, es mía por no darme cuenta de que los hombres lobo podían excavar directamente sobre el túnel antes de la salida de la luna para pasar las barreras. Les aseguro que siempre he considerado que Harry muestra la suficiente discreción.

–Pues… –dijo Dan. El resultado más dañino fue evitado, pero aún no se sentía contento con la situación–. Aun así, queremos que tanto tú como Hermione consulten a un adulto antes de revelar más secretos. ¿Entendido?

–Sí, papá –dijeron ambos.

–Ya veo –habló Madame Bones de nuevo–. Si eso fue todo, entonces supongo que no tenemos un problema, aunque quizás le pida que testifique de manera formal, Sr. Potter. Mientras tanto, me gustaría hablar con esa Cho sobre los eventos en cuestión.

–Cho Chang –ofreció Harry–, pero no creo que se lo diría a nadie. Apuesto a que el hombre lobo estaba escuchando a escondidas.

–Lo investigaré también… De acuerdo, creo que tengo lo que necesito por ahora. Estaré en contacto.

Dejó la sala, dejando a Harry, y hasta cierto punto su familia, aguantando las lágrimas. Aún con la defensa de Dumbledore, sabía que todo esto sería un mal reflejo en él personalmente, y en todo lo que había trabajado durante el año pasado.

Sintiendo su angustia, Dumbledore colocó una mano sobre su hombro.

–No te culpo, Harry –le aseguró–. Es natural que quisieras abrirte y ser honesto con aquellos cercanos a ti. Y creo que tuviste el suficiente cuidado. –En una rara ocurrencia, dirigió una mirada severa a Dan y Emma–. Te ayudaré a contener el daño político que anoche causó.

Harry sopló su nariz, limpió sus ojos, y se calmó un poco.

–Gracias, profesor.

–Es lo menos que puedo hacer bajo las circunstancias. Actuaste con valor anoche, aunque de manera insensata, como no tengo duda has escuchado… la marca de un verdadero león creciendo. Buen día.


–¿Así que corrieron a la lechucería y enviaron un montón de vociferadores a Sirius para usarlos en la pelea? –dijo Ron. Harry y Hermione estaban explicando lo que en verdad había ocurrido anoche a Ron y Neville, ya que eran los únicos que sabían que eran animagos.

–Sí, así fue –confirmó Harry.

–Y entonces –dijo Neville–, ¿casualmente se encontraron con Greyback de regreso y lucharon contra él?

–Bueno, intentamos luchar contra él –dijo Harry.

–¡Genial! –dijo Ron.

–No tan genial cuando estás en medio de todo. Y hubiera sido agradable si la Sra. Norris hubiera ayudado en lugar de quedarse sentada.

–Sí, ¿qué le estaba pasando a la Sra. Norris anoche? –preguntó Hermione.

Harry se sonrojó, para la confusión de los demás.

–Vamos amigo, ¿qué pasó? –preguntó Ron.

–Harry, ¿hay algún problema? –preguntó Hermione.

–Está bien –dijo rápidamente–. Es sólo… la manera en la que estaba actuando en la mañana… –suspiró. Podía ver por la manera en la que lo estaban mirando que no lo iban a dejar de lado–. Creo que la Sra. Norris se me estaba insinuando –susurró.

Las cejas de Hermione desaparecieron debajo de su cabello.

–¿Quieres decir que estaba en celo? –dijo ella, y entonces se cubrió su boca con su mano.

Ron se carcajeó a costa de Harry, mientras que Neville se sonrojó casi tanto como Harry. Harry no lo encontraba divertido, ni Hermione, pero Ron no pudo contenerse.

–Oh… Merlín… no… puedo… respirar… –exclamó–. Quisiera… poder decir… a Fred y George. Es lo más horroroso… ¿Tú y la Sra. Norris?

–¡Lo sé! Vamos, es lo suficiente vieja para ser mi madre, y más. ¡Casi tiene siete años!

Ron, Neville, y Hermione lo miraron algo extrañados.

–Lo siento, me sentí algo felino. Además, siempre está detrás de los niños problemáticos, y yo me meto en más problemas que cualquiera aquí. Está mal. –Neville sonrió.

–Sí, ¿qué no tiene estándares?

–Bueno, los gatos son poliamorosos y no discriminan, así que sus estándares son muy bajos… ¡oye, espera un minuto!

Ron se rio con tanta fuerza que se cayó, e incluso Hermione se rio.

–Bien, ríanse –dijo Harry–. Por lo menos no le pueden contar a nadie más. Voy a dar una vuelta.

–Harry, amigo, no quisimos insinuar nada… –dijo Neville.

–No, está bien, Neville. No es sobre eso. Sólo necesito un tiempo a solas. –Miró a Hermione a los ojos–. En serio –insistió, y ella asintió su comprensión.

Con eso, Harry se fue, y Ron pronto se separó para hacer lo suyo, dejando a Hermione y Neville hablando solos.

–Lo de los vociferadores fue brillante, Hermione –le dijo.

–Gracias, Neville –respondió ella con una pequeña sonrisa–. De hecho, no lo pensé al principio. Mi primera idea fue reclutar a las lechuzas como Harry quería reclutar gatos, pero no estaba segura de cómo. Sólo se me ocurrió la idea de los vociferadores cuando hablé con Hedwig e intenté imaginar cómo hacer que las demás la siguieran.

–Aun así fue brillante. Desearía poder pensar al momento así.

–Pero eres bueno para eso –le aseguró ella–. Te ha estado yendo muy bien en el… –se detuvo de golpe y bajó la mirada–. En el club de duelo.

Neville se sentó en silencio, incómodo por un minuto, y entonces lentamente estiró su mano y tocó la de Hermione.

–Me alegra que no fueras lastimado anoche –dijo con timidez.

–Gracias. Desearía poder haber hecho más.

–Hermione, hiciste más que la mayoría de las personas podrían. Estoy seguro de eso. Incluso si te metiste en problemas, creo que estuvo genial. –Hermione le sonrió con timidez.

–Eres un buen amigo, Neville –dijo ella. Se puso de pie y lo abrazó. Él se puso rígido por un momento y después le dio una leve palmada incómoda en su espalda. Su rostro tenía un suave color rosa cuando se separaron.

–Oh, Dios –dijo ella, recordando su situación actual–. Falta sólo semana y media para los exámenes. Y estoy atrasada en mi revisión después de anoche. ¿Te importaría darme una mano con Herbología?

–Eh… claro, me encantaría.

–Gracias. Vamos. –Tomaron sus cosas y caminaron juntos a la biblioteca.


La enfermería estaba tranquila ese día. Las víctimas del ataque de anoche habían tenido pocas visitas además de sus padres, incluso cuando Madame Pomfrey lo permitía. Pero la mayoría de sus amigos permanecieron lejos. El estigma y miedo infundado sobre la licantropía era tan fuerte que de pronto se encontraron muy solos, incluso con personas que consideraban cercanas.

Colin Creevey nunca había pensado que los hombres lobo eran malos… y aún no lo creía, de hecho. Había visto las actitudes hacia los pacientes con SIDA en el mundo muggle y había sido educado lo suficiente para saber que esos miedos eran infundados. La licantropía no era tan mala como el SIDA, pero nunca había notado hasta hoy que la actitud de los magos hacia los hombres lobo era incluso peor.

En verdad marcó a Colin cuando la novia de Cedric Diggory entró y rompió con él a lágrimas, diciendo que no podía estar con un monstruo. No, esas no fueron sus palabras exactas, pero estaba obviamente implícito. Esa fue una sorpresa. Aunque era tres años mayor que él, Colin sabía que Cedric era uno de los chicos más populares en la escuela, y ahora parecía ser persona non grata.

Ellen Towler estaba incluso peor. Había sido lastimada peor que los otros. Había perdido mucha sangre y probablemente sufriría de daño permanente en el movimiento de su brazo de varita, y había marcas profundas donde el hombre lobo que la había atacado la había mordido en el rostro. Pero las cicatrices físicas no eran las peores. Su novio fue durante una calma en las visitas, se arrodilló a su lado, susurró algo en su oído, y se fue. Colin aprendió de los sollozos incoherentes de Ellen que soltó a su amiga aún leal después que le había dicho que aún la amaba, pero sus padres lo desheredarían si se quedaba con un hombre lobo, y no podía hacer esa elección.

Madame Pomfrey controló a las visitas con más cuidado después de eso.

Gabriel Truman no tenía novia, pero su único amigo que se molestó en visitarlo le dijo cómo la mayoría de sus otros amigos no quería saber nada de él. Colin estaba devastado cuando vio cómo les estaba yendo a las otras tres víctimas. Parecía que su vida social había acabado. Sus padres, por supuesto, lo apoyaron cuando llegaron, aunque lo regañaron por un largo tiempo por ponerse en tal peligro. Dennis dijo que no le importaba, pero Dennis aún pensaba que un dragón sería una mascota "increíble". Se aliviaron cuando escucharon que Harry Potter estaba dispuesto a ayudarlos. Los Granger los habían apoyado bastante el año pasado cuando Colin fue petrificado, y era bueno saber que aún estaban con ellos.

El resto de la familia había ido a almorzar por unos minutos cuando escuchó una voz inesperada a su lado.

–Hola, Colin, ¿cómo te sientes?

Él se giró y vio el brillante cabello rojo.

–¿Ginny?

–Hola.

–Hola… Estaré bien… Supongo… ¿Estás aquí?

–Eh, sí.

–¿No me tienes miedo?

Para su sorpresa, Ginny se rio. Era una risa incómoda, pero era una de las pocas risas que había escuchado en la enfermería en toda la mañana.

–Colin, fui poseída por Quien-Tú-Sabes y te ataqué con una serpiente gigante –dijo ella–. Aún creo que deberías estar asustado de , pero nunca lo estuviste.

–Pero eso no fue tu culpa. Y… bueno, tu maleficio de los mocomurciélagos me asusta un poco. –Ella se rio y él sonrió débilmente–. Pero gracias por venir. A los otros tres no les ha estado yendo tan bien con sus amigos.

–Entonces sus amigos son estúpidos –dijo Ginny–. Harry tiene razón. El prejuicio en contra de los hombres lobos es tonto. No eres un monstruo más que yo. Y el Sr. Lupin tampoco lo es. McGonagall dijo que luchó con los maestros. Sólo lo son los que son como Greyback, y por lo menos finalmente lo capturaron.

Colin sonrió por completo.

–Gracias Ginny. Por lo menos eres mi amiga.

–Hola, señorita Weasley –dijo la profesora McGonagall detrás de ellos. Ginny se dio la vuelta para enfrentarla, pero ella continuó–. No quise interrumpirlos. Sólo quería darle sus fotos, Sr. Creevey. Ya las terminé de revelar.

–Oh, genial. Gracias, profesora –dijo Colin.

–No hay problema. Oh, y señorita Weasley, cinco puntos para Gryffindor.

–¿De qué se trató eso? –preguntó Ginny mientras se alejaba.

–Usé el flash de mi cámara para intentar luchar contra el hombre lobo –explicó Colin–. No funcionó, pero la profesora McGonagall se ofreció a revelar las fotos mientras estaba aquí.

–Eso fue amable de su parte.

–Sí, especialmente considerando… considerando que no debería haberlo hecho. Pero bueno, me alegra que las haya revelado. Si tengo suerte, quizás pueda venderlas al Profeta o algo. –Saco las fotos del sobre y dio una mirada. La primera mostraba a la manada de hombres lobo corriendo por el césped hacia el castillo. La segunda los mostraba intentando pasar la pared a los invernaderos. Las siguientes eran de la pelea en el pasillo afuera de la sala común de Hufflepuff, con los hombres lobo y los magos luchando en silencio con hechizos volando y, más tarde, lechuzas soltando vociferadores para ayudar.

–Eso luce brutal –dijo Ginny–. ¿No te asustarte de estar allí?

–Sí, pero eso no fue lo peor –dijo mientras continuaba mirando a las fotografías moviéndose. La última secuencia era una serie de fotos cada vez más aterrorizantes de un hombre lobo enfurecido encogiéndose bajo el flash de la cámara y atacando la cámara, para después ser detenido por, sorprendentemente, tres gatos. Frunció el ceño al ver la imagen–. Mmm –murmuró.

–¿Qué?

–El gato enfrente… –señaló a un gato completamente negro sentado sobre la espalda del hombre lobo–. El que atacó los ojos. Hubiera jurado que tenía marcas blancas anoche.

–Bueno, estaba oscuro. Y tú estabas asustado –dijo Ginny–. Quizás no lo viste bien.

–Sí, probablemente.