Nada es más extraño para Harry Potter que su propia JK Rowling, aunque descubrir que también tiene un White Squirrel y muchos otros fans está cerca del nivel.

Notas del autor: He recibido varias quejas de que hice que los malos tengan mucho poder en el capítulo anterior y que la historia se está volviendo muy deprimente con Harry no pudiendo avanzar. Quiero enfatizar que esto no ha acabado. Solo tengan paciencia por este capítulo y el que sigue y verán cómo termina.

La política es difícil, y no siempre se ganan todas las batallas. Creo que he mencionado antes que me desagrada cuando las personas hacen las cosas muy fáciles para Harry. Esto es mucho más cierto en historias políticas en las que la oposición simplemente desaparece, y Harry reforma por completo la sociedad mágica prácticamente de la nada. Estos intereses han sido adoptados por décadas y no van a ser desmantelados tan fácilmente.

Dicho eso, los malos han jugado su mano, y es hora de que Harry ataque de regreso… y lo hará. Ya tiene todo lo que necesita para darle la vuelta al asunto. Ahora, sólo tiene que organizarlo.

Notas de la traductora: Todo aquello escrito originalmente en español estará en itálica, para distinguirlo del resto del texto. (Y me disculpo porque se que es difícil distinguir entre énfasis, pensamientos, y otros idiomas a veces, pero espero que el contexto sea suficiente).

NT2: ¡Feliz Aniversario! Ha sido un placer compartir esta historia con la comunidad hispanohablante. Y como ya es tradición, recuerden que estoy publicando DOS capítulos nuevos. ¡Así que no se olviden de leer el siguiente!


Bueno, Dumbledore, ya nos deshicimos de los hombres lobo. No veo porque deberíamos de preocuparnos por el torneo.

Tienes el poder de rechazar mi opinión si lo deseas, Cornelius, pero te advierto que he escuchado rumores mucho más desagradables que esos hombres lobo.

Todos los otros jugadores están de acuerdo, Albus. Sugiero que comiences de inmediato, o tendré que hablar con Minerva para que se encargue si vas a estar lejos de nuevo.


Harry y Cho estaban empatados en una batalla épica durante el último partido de quidditch del año. Una victoria para Gryffindor les daría la copa de quidditch. Si Ravenclaw ganaba, por la manera en la que funcionaba el puntaje, la copa iría a Slytherin… por lo menos por lo mal que los cazadores de Ravenclaw estaban jugando. Harry extrañamente se la estaba pasando bien. Era un buen descanso entre todos los asuntos políticos.

Este en especial era un buen partido para Harry y Hermione porque Alicia estaba enferma, así que Hermione logró jugar su primer partido. Y definitivamente podía jugar. No era tan buena como Alicia, pero aún asombró a la escuela dando vueltas por el campo con una habilidad y atletismo que pocos esperaban de una niña estudiosa.

Harry tomó la oportunidad para tomar el papel de hermano protector en este partido. Se lanzó en picada enfrente de los cazadores de Ravenclaw un par de veces cuando intentaron interferir con las jugadas de Hermione. A Hermione no le agradó.

–Puedo cuidarme sola, sabes –dijo.

–Sí, pero yo tengo la escoba más rápida –señaló Harry.

Esa era una gran ventaja, descubrió rápidamente, y no solo por cómo interrumpía al otro equipo. Cho había aprendido con Malfoy que no valía la pena intentar superar a la saeta de fuego en velocidad. En lugar de eso, decidió marcar a Harry de cerca, atravesándose en su camino con frecuencia y previniendo que usara la velocidad de su escoba. Una vez, dos veces, lo detuvo de capturar la snitch, aunque ambas veces ella también falló. Cho era un desafío; eso era claro. Sin embargo, la tercera vez que la vio, se lanzó arriba de ella, y tuvo el camino libre. Cho no tuvo oportunidad en contra de la aceleración sin restricciones de la saeta de fuego.

La multitud eructó en vitoreos cuando Harry atrapó la snitch. Hufflepuff merecía ganar la copa de las casas este año, pero Gryffindor estaba feliz de obtener la copa de quidditch por tercer año consecutivo. Oliver Wood estaba especialmente feliz. Era su último año, y los reclutas profesionales estaban ahí, mirándolo con atención. Había estado incluso más frenético de lo normal antes del juego, haciendo lo posible para asegurarse de que ganaran la copa.

Hermione fue elogiada por sus compañeros de equipo y casa. Siempre había algo de presión al ser jugadora novata, pero había jugado bien. Neville en especial estaba entusiasmado por felicitarla por su gran habilidad, lo cual ella agradeció con amabilidad, y varios estudiantes mayores la felicitaron.

–Bien hecho, Granger. ¿Quién lo hubiera pensado?

–Buen juego, señorita Chang –dijo Harry sonriendo cuando estrechó la mano de Cho al terminar.

–Sí, excelente actuación –dijo ella–. Pero sabes que deberás pagar por eso, ¿verdad, Potter?

–Pues, es bueno que aún tenemos otra visita a Hogsmeade la próxima semana, ¿no lo crees? –continuó él.

–Sí, supongo que lo es.


Harry estuvo listo para su cita temprano la mañana del sábado siguiente. Los exámenes habían terminado y todos estarían fuera. Era un día soleado y caluroso, y Cho lucía más bonita que nunca en un corto vestido de verano. Decidieron tomar ventaja del buen clima y caminaron por la aldea.

–Qué año, ¿no lo crees? –dijo Cho, intentando iniciar la conversación.

–Tres años, más bien –respondió Harry–. Me han pasado cosas locas desde el comienzo.

–Vaya… sí, supongo que sí. –Titubeó por un minuto antes de expresar lo que la había estado preocupando–. Así que… no habíamos tenido la oportunidad de hablar bien desde… bueno, desde la luna llena.

Harry se endureció en lo que Cho no reconoció como una reacción muy felina, pero solo duró un momento antes de obligarse a sí mismo a relajarse.

–Supongo que no –dijo él.

–Harry, lamento todo lo de la casa de los gritos –dijo de repente.

–Está bien, Cho.

–No, te empujé a que me contaras tus secretos...

No, Cho. Fue mi decisión. Fue mi culpa por no tener más cuidado. Además, Dumbledore tiene razón, en realidad no era un secreto.

–Aun así, si hay cosas que no te sientes cómodo diciéndome...

–Entonces no lo diré, pero si soy honesto, ya lo estaba haciendo. Sólo te dije lo que… lo que me sentía cómodo expresando. –Casi dijo "lo que sentía que podía confiar en ti", pero se detuvo.

–Oh. Bueno, aprecio tu fe en mi –dijo con sinceridad–. ¿No te metiste en problemas por eso?

–No. Mis papás se enojaron al principio, pero lo comprendieron una vez se calmaron. Aunque lo de la lechucería...

–Pero eso en verdad ayudó –protestó Cho–. Es lo que dijo Elizabeth Smith.

–Lo sé, pero mis padres son grandes creyentes en basar los castigos en lo malo que el análisis de riesgo y recompensa era al momento. –Ella le lanzó una mirada inquisitiva–. Básicamente, no teníamos razón para pensar que ese truco ayudaría en ese momento, así que deberíamos haber hecho lo más seguro y regresar a la torre.

Cho lanzó a Harry una mirada divertida.

–Tus padres saben que son Gryffindor, ¿no? –preguntó.

–¡Cho! –dijo él indignado–. Me adoptaron a , ¿no? –Claro, se dio cuenta al instante, ella no comprendía la historia completa detrás de esa decisión… como la habían tomado en veinticuatro horas después de que se había aparecido asustado y solo en su hogar, como Dumbledore les había advertido (correctamente) que Voldemort aún estaba fuera con una sed de venganza, como ese día había sido su primera introducción al mundo de la magia. Sólo sabía la versión corta y corrupta que Rita Skeeter había reportado en el Diario el Profeta hace dos años, y por cualquier razón, Harry no se sentía cómodo diciéndole más aún.

Aun así, ella pareció comprender su significado lo suficiente.

–Lo siento –dijo ella–. No quise decir… solo fue una mala broma.

–Oh… Está bien –dijo Harry, sintiéndose avergonzado. Por supuesto que era una broma. ¿Cómo no podía serlo? Era algo sensible sobre su familia por naturaleza.

Hicieron a un lado el incidente y caminaron por la aldea. Prácticamente toda la escuela estaba ahí, los que tenían la edad. Pasaron a Cedric en la calle, y él y Harry se saludaron. Harry estaba feliz de ver que Cedric lucía mejor. Sabía que el joven de quinto año estaba en camino a otra reunión con la familia Robins, Sirius, y Remus. Se habían reunido tanto como habían podido desde esa noche.

–¿Qué crees que le pasará el próximo año? –preguntó Cho.

–No lo sé –respondió Harry–. El rumor es que su padre se ha tomado una ausencia extendida de su trabajo y no están seguros de si regrese. Lo mismo con el Consejo de la escuela. Quizás cambie de opinión, quizás no, o quizás renuncie… Espero que cambie su postura… Se que el padre de Remus lo hizo.

–¿Pero crees que lo dejen regresar a Hogwarts? –dijo ella. Aún no lucía feliz por la idea.

–Por qué no. Es perfectamente seguro.

–¿Lo es? Pensé que después de lo que había pasado… Quiero decir, aún necesitarían usar la casa de los gritos, ¿no? –Harry pensó ver lo que estaba insinuando.

–Probablemente, pero sabemos que la casa de los gritos es segura –dijo él–. La casa de los gritos nunca ha sido penetrada. Y el túnel es fácil de arreglar. Además, con la poción matalobos, quizás podamos descubrir otras opciones.

El rostro de Cho se ensombreció con ese comentario.

–Así que –dijo ella–, ¿tú aún crees que el Ministerio debería distribuir poción matalobos?

Harry se detuvo y se giró para verla. Tomó un gran respiro para calmarse y evitar que esto terminara como una pelea a gritos.

–Sí –dijo–. La poción matalobos es lo mejor que ha pasado a los hombres lobo en los últimos cien años. Antes de que fuera inventada, la razón principal por la que un hombre lobo no podía mantener un trabajo tanto en el mundo mágico o muggle era porque estaban en cama por muchos días cada luna llena. Con la poción matalobos, sólo se perderían uno. Es por lo que estamos hablando ahora sobre restricciones de trabajo. Y eso sin hablar de las mejoras a largo plazo en su salud.

–Lo entiendo, Harry, pero sabes que Greyback usó la poción para atacar la escuela.

–Esa no es razón para quitársela a los demás… tú sabes, de los que estamos seguros. La mayoría de los hombres lobo solo quieren vivir vidas normales.

–Pero Greyback obtuvo la poción de hombres lobo que tenían permitido su uso –le recordó ella.

–Sí, pero eso solo quiere decir que necesitamos una mejor manera de controlarlo… hacer más para que no se salga de las manos de quienes confiamos. Es por eso por lo que deberíamos tener una clínica… dar la poción ahí para que no puedan llevársela. Pero las personas no quieren a tantos hombres lobo en un solo lugar.

Cho lo consideró, pero al final lo rechazó.

–Pero hay otros problemas con eso. El crear la poción matalobos en masa, en un lugar, lo haría un blanco más grande para ladrones, ¿no?

–Mmm… supongo que tienes razón –admitió Harry–. Pero aun así, hay lugares con barreras lo suficiente fuertes para alejar a los ladrones. No debería ser tan difícil.

–¿En verdad se puede detener a los hombres lobo de usarla mal? –dijo ella. Ella elevó una mano para detener su respuesta-. Se que la mayoría son buenos, pero solo se necesita de un error para que algo malo pase de nuevo. A menos que hagan un juramento inquebrantable para que no la usen mal, no creo que sea una buena idea.

Harry la observó con interés.

–Astoria Greengrass dijo lo mismo hace unas semanas –dijo–. Es una idea tentadora, pero si te soy honesto, los juramentos inquebrantables me ponen algo nervioso.

–Bueno, si no quieres hacer eso, no sé qué más puedas hacer –dijo Cho con molestia.

Harry se sintió abatido bajo su mirada y suspiró.

–Ese es el problema que hemos tenido todo el año… Oh, vamos, se supone que deberíamos estar disfrutando el día. No hay que preocuparnos de esto por el momento.

Cho se sorprendió un poco ante el cambio repentino de tema, pero no se quejó mientras Harry la llevó por la calle, de la mano. Habían comenzado tarde esa mañana, aún más por tomarse tanto tiempo caminando por la aldea. Así que se saltaron Madame Pudipié y solo entraron a unas tiendas hasta el almuerzo. Harry fue recordado de lo pequeño que era el mundo mágico. No había muchas opciones para una cita en una pequeña aldea de dos mil. Pero encontraron cosas que hacer hasta que decidieron que era hora de ir a la Tres Escobas.

Al igual que en sus visitas anteriores a Hogsmeade, se encontraron con Neville Longbottom mientras terminaba su lección de Oclumancia con Maxwell Barnett. Lucía sorprendentemente bien estos días. El ejercicio ahora diario estaba funcionando, y la Oclumancia combinada con su varita nueva habían mejorado su trabajo en clase de manera considerable.

–Hola, Neville –dijo Harry–. ¿Cómo va todo?

–Genial –respondió–. El Sr. Barnett dice que mi Oclumancia está casi lista para calificar.

–Es cierto –habló Maxwell Barnett detrás de él–. Si el Sr. Longbottom pasa una semana después del fin de curso en entrenamiento intensivo, creo que estará listo.

–Eso es bueno –respondió Harry, ocultando su incomodidad por la razón por la que habían pedido a Neville que lo aprendiera en primer lugar–. Neville, si estás listo a tiempo para la siguiente reunión del Wizengamot, creo que Hermione y yo podríamos reunirnos contigo después.

Las cejas de Neville se elevaron cuando él también recordó lo que le habían dicho era la razón para este ejercicio.

–De acuerdo, Harry. Intentaré estar listo entonces.

–Creo que es bastante posible –dijo Barnett–. Y ahora, Lord Potter, si me disculpa, tengo una reunión con el Primer Ministro Major. –Se inclinó y susurró de manera conspiratoria–. No lo escuchó de mí, pero está haciendo que el Ministro Fudge revise algunos de sus planes mal pensados para la Copa Mundial. –Harry sonrió.

–Suena como el Ministro Fudge. Buen día, Sr. Barnett. –Observó al hombre por un minuto mientras salía de su ensimismamiento–. De acuerdo, te veré después, Nev. Vamos, Cho, hay que encontrar una mesa.

La besó mientras la llevaba a su asiento, y ella se sonrojó bellamente, aún si él parecía algo distraído en el momento. Disfrutaron de un agradable almuerzo y hablaron de nada en particular mientras evitaban con cuidado el retomar la discusión de esa mañana.

La tarde fue más o menos lo mismo. Algunas personas habían decidido ir a nadar al estanque grande en la aldea en el lado opuesto de la casa de los gritos, pero Harry, considerando sus tendencias felinas, no era fan de la natación, y, además, no se habían preparado para eso. Así que, en lugar de eso, caminaron por el perímetro para ver las hazañas de los nadadores.

Fue mientras caminaban en silencio que Cho comenzó a pensar sobre algo más. Las últimas dos semanas desde la luna llena la habían puesto a pensar bastante sobre su relación con el Niño Que Vivió… no, Harry. Ciertamente actuaba más como Harry que como el Niño Que Vivió. No era nada como lo que había esperado ni tampoco como quería que fuera, pero lo descubrió extrañamente encantador. Merlín, pero era complicado. Estaba el Niño Que Vivió, el héroe, quien era el tema de libros, aunque incorrectos, y que realizaba hazañas llamativas de valentía, aunque con renuencia. También estaba Harry, el niño ordinario, quien era muy amable y caballeroso y abierto sobre la mayoría de las cosas y solo quería pasarla bien… el niño que quería ser estaba segura. Y también estaba Lord Potter, quien era formal, guardaba secretos, y estaba enfocado en la política por necesidad. Podía ver que ese rol había sido impuesto en él; le quedaba más incómodo que cualquiera de los otros dos, pero estaba ahí.

Pero Cho no estaba preocupada sobre si podía navegar las complejidades de la vida de Harry. Lo que estaba notando era el desarrollo de su relación… o más bien, la falta de. Sus citas habían sido agradables, por supuesto. Harry era un verdadero caballero. Pero no habían sido más que eso, y esta última se había sentido superficial en ocasiones. Eso era comprensible; Harry tenía muchas otras cosas en mente, pero aun así, demostraba lo que estaba sintiendo últimamente.

Finalmente, cuando llegaron al punto más remoto del estanque, se dio la vuelta para ver a su cita y habló:

–Harry, ¿puedo hacerte una pregunta y recibir una respuesta honesta?

Harry elevó una ceja en fracción. Esa podía ser una pregunta peligrosa, dependiendo de lo que fuera. Aun así, no pudo pensar como sabría alguno de sus secretos más grandes para preguntar sobre eso. Decidió tomar una lección de Dumbledore.

–Si me preguntas, no te mentiré, Cho.

–¿Ves yendo esto a algún lado? Nosotros, quiero decir.

Una pequeña parte del cerebro de Harry sintió algo de alivio que no hubiera preguntado algo más sensible. La mayor parte estaba pensando, Oh, Dios, esto no va a terminar bien. Mantuvo una apariencia tranquila por fuera mientras lo procesaba en su mente, intentando cobrar sentido de sus sentimientos por ella. Por la barba de Merlín, ¿acaso era así de difícil para las chicas? Espero tanto como se atrevió, y finalmente respondió:

–No, no realmente.

Se preparó a sí mismo para las lágrimas, pero para su sorpresa, Cho solo lucía algo pensativa y pareció suspirar con alivio.

–Es lo que estaba pensando. En verdad me gustas, Harry. Es solo que creo que ambos estaríamos mejor encontrando a alguien con quien seamos más compatibles.

–Lo entiendo, en serio, pero… quiero decir… espero que esto no sea por los secretos –respondió él.

–No, no fue eso –dijo ella rápidamente–. Comprendo porque tienes que hacerlo, y… creo que podría acostumbrarme. No estaba preocupada por eso. Erm… ¿no es lo de la poción matalobos para ti, verdad?

–No, claro que no. No tenemos que estar de acuerdo en todo. Es solo que siento que… que...

–¿Que nunca tuvimos chispa?

–Sí, eso. –Cho sonrió un poco.

–Me alegra que lo intentáramos, Harry. Lo disfruté, y fuiste muy bueno conmigo todo el tiempo. –No mencionó cuanto había disfrutado que la mayoría de las chicas en la escuela estuvieran celosas de ella; si se era honesta, quizás lo había disfrutado demasiado. No pensaba que Harry lo apreciaría.

–Gracias. Yo también lo disfruté –dijo él incómodo–. ¿Así que, aún somos amigos?

–Por supuesto. –Se puso de puntas y lo besó, en la mejilla esta vez–. Eres un buen mago, Harry Potter. Puedo ver que harás feliz a una bruja muy suertuda algún día. Te deseo suerte.

–Eh, sí. Erm, tú igual, Cho… excepto, cambia lo de bruja a mago.

Ella se rio y se alejó con una sonrisa.


–Sirius Black.

Harry había tomado a Hermione cuando regresó al castillo y la llevó a un rincón para una importante conversación con su padrino.

–Hola, Harry. ¿Cómo estuvo la cita? –dijo Sirius con una sonrisa cuando apareció en el espejo.

–¿Eh? –dijo, sin esperar el cambio drástico de tema–. Oh, sí. Erm… sobre eso. Nosotros, eh, decidimos terminar.

–¡Oh no! –exclamó Sirius–. ¿Estás bien, Cachorro?

–Estoy bien. No hubo problemas. Ambos decidimos que no iba a ningún lado, y que estaríamos mejor con otras personas.

–No tienes que actuar valeroso con nosotros, Cachorro...

–No, realmente. Es lo que pasó.

–Es cierto –confirmó Hermione–. Los vi a ambos después. Están bien.

–¿En serio? –dijo Sirius.

–No, eres el serio –respondió Harry. Escucharon a Remus reírse al otro lado del espejo.

–Sí, pero ninguna de mis relaciones terminó tan bien –protestó Sirius.

–Eso es porque eres , Canuto. –Remus movió el espejo para que también pudieran verlo.

–Ni las de James. ¿Recuerdas cuando salió con Marlene McKinnon en quinto año? –Sirius sonrió a Harry y Hermione–. En la segunda cita, le lanzó maleficios hasta que admitió que aún estaba enamorado de Lily.

–No lo escuches. En verdad, Harry, creo que lo manejaste muy bien, especialmente para tu edad –interrumpió Remus de nuevo–. La mejor manera de terminar una relación es cuando ambos aún quieren ser amigos después.

–De hecho, creo que la única que recuerdo así fueron tú y Mary Macdonald, Lunático –dijo Sirius–. James y yo nunca tuvimos la oportunidad, y cuando Lily intentó salir con alguien, terminó muy mal entre el chico y James… y tres veces peor entre ella y James. Y claro, la rata nunca salió con nadie.

–Así que lo que estamos diciendo es que Harry nuevamente superó tus bajos estándares –dijo Remus.

–Cuida lo que dices a menos que quieras que meta a mi prima en esto –respondió él. Remus se calló–. Pero bueno, Cachorro, ¿de qué querías hablar si no era de tu cita? –continuó Sirius.

Harry tuvo que pensarlo por un minuto para cambiar al tema que quería discutir originalmente.

–La poción matalobos –le recordó Hermione.

–Sí. Intentábamos descubrir cómo hacer que estuviera disponible de manera más segura, ¿verdad?

–Así es –dijo Remus con seriedad-, pero después de Greyback… no creo que podamos… No estoy seguro de que podamos continuar la producción regular a este punto.

–Lo sabemos –explicó Hermione–. Pero el problema es que las personas no confían en que los hombres lobo no la usen mal. Un par de personas sugirieron que los obligáramos a realizar juramentos inquebrantables para que no la usaran mal si la obtenían. –Remus frunció el ceño.

–Yo probablemente realizaría ese juramento –dijo–. Y conozco a muchos otros hombres lobo que lo harían también. Pero no es una buena solución. Es otra arma de opresión, y una pesada, sin mencionar arriesgada.

–Es lo que dije, más o menos –dijo Harry en acuerdo–. Pero me puse a pensar. Cuando el Sr. Barnett nos enseñó Oclumancia firmó un contrato maldito para no revelar nuestros secretos. ¿Cómo funciona eso?

–¿El contrato maldito? –preguntó Sirius–. Es un contrato que… bueno, provoca maldiciones en ti si lo rompes. Es algo como una forma menos poderosa de un juramento inquebrantable. No puede matarte o lastimarte seriamente, pero puede hacer que te enfermes… o que tengas mala suerte… o marcarte para que las personas vean que… lo rompiste… Por supuesto –vio lo que Harry estaba insinuando–. Crees que si los hombres lobo firmaran un contrato maldito… para no dejar que alguien más tomara la poción matalobos o la usaran para atacar a alguien, sería más fácil encontrar a los que lo rompen y negarles el acceso.

–¡Exacto! –dijo Harry–. Es tan obvio, no sé porqué no lo pensamos antes.

–Probablemente porque los contratos malditos son raros. La mayoría de los contratos en el mundo mágico son como los contratos muggles… penalidades financieras y así. Contratos mágicos inquebrantables son casi tan raros como los juramentos inquebrantables.

–Eso podría funcionar, en principio –dijo Remus en acuerdo–. Pero tenemos otro problema. Después del último mes, incluso con los contratos, no estoy tan seguro de que el Ministerio quiera continuar con la producción de la poción.

Eso mató el ambiente. No estaban seguros de poder proveer todos los hombres lobo que ya estaban tomando la poción, mucho menos ayudar a más. Hermione se sentía cada vez más descontenta por todo el asunto, incluso más que Harry. Si tan solo el Ministerio estuviera dispuesto a permitir que la poción estuviera más disponible. Si tan solo ellos o alguien estuvieran dispuestos a financiarla.

Esperen un minuto.

–Si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo –susurró. Comenzó a calcular. Los otros la miraron–. Sirius, Remus –preguntó–, ¿cuánto costaría contratar a un Maestro de Pociones que tenga licencia para preparar la poción?

Sirius y Remus se miraron con sorpresa.

–¿Un Maestro de Pociones? –dijo Remus–. Uno bueno… probablemente unos mil quinientos galeones al año, menos si es a medio tiempo.

–Bien. ¿Y cuánto costaría dar seguridad a una clínica de sanación con barreras por una semana al mes? –Sirius exhaló.

–Eso es algo complicado, Gatita –dijo–. Veamos… contratar a unos cuantos aurores en sus días de descanso para seguridad por una semana… unos cien galeones al mes deberían ser más que suficientes.

–Genial. Y, disculpa, Sirius, ¿pero cuánto oro tienes en tu bóveda en Gringotts?

–Unos cuatrocientos mil galeones. Hermione, ¿estás diciendo que debería construir una clínica para preparar la poción?

–No. No una clínica. Estoy diciendo que deberías crear una fundación de beneficencia para preparar y distribuir poción matalobos. Se que es mucho...

–No, no, estoy escuchando. Tengo más de lo que podría gastar, y haría que mi familia entera se retorciera en sus tumbas. ¿En qué estás pensando?

–De acuerdo, entonces, creo que deberías crear una fundación para apoyar a los hombres lobo. Reserva unos cien mil galeones como capital inicial. Úsalo para construir una clínica, pagar algunas barreras buenas, y contratar al personal administrativo, el Maestro de Pociones, y la seguridad, y para cubrir cualquier publicidad y otros gastos que sean necesarios. Después, invierte el resto y usa las ganancias para pagar por la poción. De manera conservativa, podrías proveer la poción a una docena o dos de hombres lobo de manera gratuita. Ahora, no son muchos, pero...

Harry intervino, finalmente comprendiendo.

–¡Pero podrías decir que todos los estudiantes de Hogwarts que la necesitan la recibirán de manera automática! Y después extenderlo a todos los otros niños que puedas. Hermione, ¡eres un genio! –Tomó a su hermana y la abrazó hasta que se molestó y lo empujó.

Sirius y Remus estaban asombrados y se preguntaron de nuevo porque no lo habían pensado ellos. Claro, aunque había algunas cuantas organizaciones de beneficencia en el mundo mágico, una fundación era muy muggle para tomar tracción.

–Hermione, ¿en verdad crees que eso funcione? –dijo Remus esperanzado.

–Si puedes obtener el permiso para contratar al Maestro de Pociones –dijo ella–. Pero las finanzas lucen bien. Es cuestión de si Sirius está dispuesto a poner un cuarto de su fortuna en un esquema que el Ministerio quizás intente clausurar.

–Lo haré –dijo Sirius sin titubear.

–Canuto… –comenzó Remus.

–No, Lunático, no quiero escucharlo. Eres familia… mi verdadera familia, y mi familia vale más que eso. Además, no solo es por ti. Es por Cedric Diggory, Colin Creevey, Demelza Robins, y cualquier otro niño que lo necesite.

Remus sonrió brevemente, pero después se dirigió a Hermione con otra pregunta.

–Pero tienes razón, Hermione, diez o veinte hombres lobo solo son el comienzo. ¿Cómo lo expandimos? ¿O podemos?

Fue Harry quien respondió.

–Pues, es una fundación de beneficencia, ¿no? Pide donaciones. Me pregunto cuanto me dejarán poner mamá y papá.

–Dudo que un cuarto de lo que tienes –le advirtió Hermione–. Quizás podrías convencerlos de poner diez mil galeones si explicas el significado político. Pero lo más difícil será conseguir que otras familias ricas lo hagan. Tal vez puedas convencer a la abuela de Neville de que iguale tu donación, y estoy segura de que los Monroe también donarían, pero tomará bastante si queremos cubrir eventualmente a todos los hombres lobo en Gran Bretaña.

Remus la miró aún con más sorpresa.

–¿En verdad crees que podamos hacer eso? –preguntó. Nunca se había atrevido a pensar a futuro.

–¿Por qué no? Sería como el Servicio Nacional de Salud en el mundo muggle.

–Bueno, tenemos años para solucionar eso –dijo Sirius–. Contactaré a Andi y a nuestro abogado para ver que podemos hacer para comenzar. Ambos son brillantes, saben.

–Lo intentamos –dijo Harry con una sonrisa. Sirius se rio.

–Los amamos, cachorros –dijo. Remus lo repitió.

–Nosotros también –dijeron Harry y Hermione al mismo tiempo–. Espejo apagado.


En las regiones internas y montañosas del estado de Veracruz en México, escondida del mundo y olvidada por los muggles, había una pirámide azteca. A diferencia de muchas pirámides que ahora yacían en ruinas, o las hacían parecer en ruinas, esta estaba obviamente en uso. Estaba pintada con borde rojo y azul, y sus escalones tenían un color rojo con café por la sangre (en su mayoría) animal.

Era esta pirámide la que Barty Crouch Jr. escaló solo, buscando una audiencia con quien se encontraba dentro.

No era una de las pirámides más grande, incluso en América, con solo unos cien pies de altura. El nivel superior era un edificio del tamaño de una casa por fuera, pero mágicamente expandido para ser un pequeño pero elegante palacio dentro.

Barty entró al vestíbulo principal de este palacio, y al otro lado, en un trono de oro rodeada de ayudantes, estaba sentada una bruja que era temida por todo México. Era alta, incluso sentada, y su rostro, tanto en lo oscuro de su cabello y sus ojos y la expresión que demostraba, podía pasar por el de una Bellatrix Lestrange mesoamericana, aunque quizás unos años mayor. Usaba un enorme penacho de plumas de quetzal verdes. Su pecho estaba cubierto solo con un chal teñido con índigo, pero usaba un elaborado collar de oro con piedras preciosas. Su falda era más moderna, pero era de un blanco sencillo y a la rodilla en el estilo azteca.

En sus viajes en México, Barty había aprendido que el nombre de esta bruja era Meztli Ocelotl, pero para alguien que no tuviera un deseo mortal, era conocida como la "Suma Sacerdotisa", La Pantera de Veracruz. O, La Jaguar.

Barty se acercó al trono tan cerca como se lo permitieron los ayudantes y se inclinó en reverencia. Le enfureció tener que hacer reverencia a alguien que no fuera su Amo, pero necesitaba estar del lado bueno de esa bruja… si tenía uno. Esperó hasta que le hablaron en modo sumiso tradicional.

–¿Bien? –dijo la bruja con fiereza–. Has venido a mí, mago. ¿Pero quién eres y por qué estás aquí?

Su acento era marcado, y su voz más profunda que la de Bellatrix, pero salió con la misma helada claridad. Que Merlín nos ayude si alguna vez se conocen, pensó. Sospechaba que ya sabía quién era, o nunca le habrían permitido entrar a la pirámide, pero respondió:

–Mi nombre es Bartemius Crouch Junior, Suma Sacerdotisa. Soy un sirviente de Lord Voldemort, heredero de Salazar Slytherin, quien derrotó a la misma muerte...

–Déjate de palabrerías, Crouch. Eso es para las masas –interrumpió La Pantera–. Se quien es tu jefe. Ahora, ¿qué asunto tienes aquí?

Barty estaba indignado. ¿Cómo se atrevía a hablarle de ese modo? ¿Cómo se atrevía a hablar de su Amo de ese modo? Pero recordó que esta mujer era más poderosa que él, y de quien necesitaban ayuda. Se calmó y resumió su problema.

–Mi Amo engañó a la muerte, pero a un costo. Su alma permanece atada a la tierra, pero su cuerpo fue destruido. Usando alquimia, hemos unido su alma a un homúnculo, pero aún busca la manera más efectiva de recuperar su poder. Por eso, mi Amo busca su ayuda, Suma Sacerdotisa.

La Pantera elevó su barbilla un poco, haciendo que su penacho de plumas se moviera.

–¿Una resurrección, entonces? –dijo ella–. Interesante. Ha pasado tiempo desde que un extraño me pidió que hiciera de curandera. –Le mostró una sonrisa escalofriante y Barty tembló mientras traducía mentalmente sus palabras y notaba el juego de palabras (para el mundo mágico). En verdad no quería pensar sobre que había querido decir exactamente.

Se levantó de su trono y se acercó a él. Era incluso más alta que Bellatrix, notó, y quizás tenías una quijada más cuadrada y sin los pómulos prominentes de la familia Black, pero la mirada loca en sus ojos era, si era posible, aún más escalofriante: era más controlada. Lo miró a los ojos, y él sintió el familiar cosquilleo de la Legilimancia. Decidiendo que algo de discreción era necesario, la sacó de su mente y esperó que no se ofendiera.

–Mmm, nada mal –dijo ella–, especialmente para alguien tan joven. –Caminó a su alrededor, escalofriantemente cerca, pero las miradas severas de los guardias le advirtieron permanecer quieto. Claro, La Pantera probablemente podría matarlo más rápido que lo que le tomaría lanzar un hechizo a él, si su reputación era cierta–. Escuché bastante sobre tu Voldemort la última vez que creció bastante. Iba bien y entonces… derrotado por un infante. Tsk tsk. Que vergonzoso.

¿Estaba intentando provocar a Barty a que arremetiera? Pues no iba a funcionar. Era un muy buen actor. Si Hogwarts hubiera tenido obras de teatro, su vida quizás hubiera sido diferente. Mantuvo su calma por el momento, pero el Señor Oscuro escucharía esto más tarde.

–¿Y cómo piensa pagar tu "Amo" por este trabajo, si me digno a tomarlo? –preguntó ella.

–Tengo acceso a muchos miles de galeones europeos. Más si logramos sacar más de algunos otros mortífagos.

La Pantera mentalmente hizo la conversión a doblones. El cambio de moneda en el mundo mágico era incluso más complicado que en el mundo muggle, pero resultaba que eran unos tres doblones por cada galeón al momento.

–Es un comienzo –dijo ella–. Lo discutiremos en términos más concretos después. Por ahora, si Voldemort viene y se somete a una examinación, y explica sus… métodos, entonces veré que puedo hacer por él, por una suma de… quince galeones.

Barty luchó para mantener su expresión neutral. Quince galeones era un precio alto para una simple consulta, pero claro, La Pantera podía cobrarle lo que quisiera y él tendría que pagarlo.

–Tenemos un trato, Suma Sacerdotisa –dijo. Entonces, (lentamente) metió su mano en su túnica y sacó el dinero de su bolso, contó quince galeones, y se los entregó.

–Un placer hacer negocios con usted, Sr. Crouch –dijo La Pantera, aún con un tono condescendiente–. Trae a tu "Amo" aquí cuando esté… disponible.

–Puedo llamarlo ahora si gusta, Suma Sacerdotisa.

–Bien. Ahorrará tiempo. Pero no aquí… en el último escalón, si no quieres que terminen como picadillo.

Sí, esta mujer era casi tan peligrosa como el Señor Oscuro. Barty miró a su alrededor para buscar alguna señal de si darse la vuelta sería una ofensa. No vio protesta, pero lo pensó mejor y solo dio una media vuelta y mantuvo su mirada en la bruja mientras salía del palacio hasta ponerse en el último escalón en la pirámide. Removió su manga izquierda y tocó su marca tenebrosa con su varita.

–Mmm. Marcado con un encantamiento proteico. –La Pantera reconoció la magia al instante–. Tiene clase. Debería intentarlo alguna vez.

Hubo un fuerte ruido y un flash que rodeó la pirámide, y de repente, escucharon una serie de maldiciones abajo. Amycus y Alecto estaban en el suelo en la base de la escalinata, sobándose sus cabezas, su aparición activando las barreras. Una voz pequeña y aguda sería el Señor Oscuro gritándoles por su incompetencia. Barty se dirigió a su anfitriona y vio a La Pantera sonriendo como un gato. Eso obviamente había sido planeado.

Amycus y Alecto escalaron la pirámide, Alecto cargando a su Amo en sus brazos.

–Hagan reverencia –siseó Barty. Los otros dos mortífagos lograron una reverencia incómoda.

–Así que tú eres… ¡auch! –comenzó Amycus y fue interrumpido abruptamente cuando Barty pisó su pie. Merlín, ¿estos dos bultos eran lo mejor que tenían?

Sin embargo, no pudo detener al Señor Oscuro de hablar primero cuando estuvo frente a frente con La Pantera, como parecía pensar que tenía el derecho. Barty no estaba en desacuerdo, pero no ayudaría con la actitud de la poderosa bruja.

–Lady Pantera –dijo Voldemort–, es un placer conocerla. Su poder y crueldad son legendarios.

La Pantera miró con desdén al homúnculo como el bebé feo y mutilado que lucía.

–Lord Voldemort. Que circunstancias tan inusuales para nuestro encuentro. Entiendo que estás en necesidad de algo de… ayuda. –Sus labios adoptaron otra sonrisa maliciosa, claramente disfrutando el tener a un mago tan temido a su merced. Sí, demasiado similar a Bellatrix para el gusto de Barty.

Pero La Pantera hacía un buen trabajo cuando era pagada de manera adecuada. Era fanática de la calidad. Sacó un genial cuchillo de obsidiana de una vaina en su cinturón que parecía tener un mango hecho del hueso de un dragón, y comenzó a lanzar hechizos de diagnóstico con él. Los mortífagos estaban sorprendidos, pero hicieron lo que pudieron por ocultarlo. Un poco más tarde, después de varios escaneos rápidos que ni siquiera Voldemort reconoció, comenzó a interrogarlo sobre cómo había terminado en ese estado.

–Una protección mágica de amor… –escupió la palabra Voldemort–... cuando maté a la madre del niño. Causa que cualquier magia ofensiva que use en él sea reflejada en mí. –Barty lo miró con sorpresa. El Señor Oscuro nunca le había dicho o a los otros esta parte de la historia.

La Pantera, sin embargo, se rio.

–¿Una protección de amor? –dijo–. ¿Amor? Por Huitzilopochtli, ¿cómo te dejaste caer en esa trampa tan vieja? ¿Qué les enseñan en Inglaterra?

Eso fue mucho para Amycus Carrow. Se lanzó contra La Pantera, gritando.

–No hables del Señor Oscuro como… ¡Aj! – ¡BAM!

El cuchillo negro apareció en la mano de La Pantera más rápido que un parpadeo, y él fue lanzado al otro lado de la sala y contra la pared antes de desvanecerse de nuevo.

–Calma a tu perro si lo quieres entero, Voldemort –dijo.

–No interfieran, ninguno –ordenó Voldemort–. Algo de… flexibilidad es necesaria. Fue un tonto descuido de mi parte, lo admito. Mi meta secundaria sería anular esa protección.

–Entendido. Amor, ¡ja! –repitió ella–. Así que tu maldición asesina rebotó y te mató.

–Fue… más dramático que eso. Creo que ese fue un retroefecto en mi varita.

–Ah, destrozado en pedazos entonces. –La Pantera ciertamente era lo suficiente dotada para la magia para descifrar ese acertijo–. ¿Cómo sobreviviste?

–Naturalmente, había tomado precauciones: Cree horrocruxes.

La Pantera entrecerró los ojos.

–¿Horrocruxes? ¿Plural? ¿Cuántos?

–Cinco.

¡¿Cinco?! ¿Cinco horrocruxes? ¿Estás loco? –Comenzó a hablar de corrido en lo que Barty pronto se dio cuenta era una mezcla de maldiciones en español y azteca, y entonces lanzó varios hechizos de diagnóstico que Voldemort solo comprendió vagamente como teniendo que ver con el alma–. Tienes suerte de aún estar cuerdo, Voldemort –le dijo–. Un horrocrux es suficiente si está bien protegido. Quizás dos si eres paranoico. ¿Qué te poseyó a crear cinco de ellos?

–Seguro lo sabes –se burló Voldemort, lo cual hubiera sido mucho más impresionante si pesara más de ocho libras, seis onzas–. Siete es el número más poderoso mágicamente.

–Uj. Europeos… magos blancos que piensan que tienen la mejor numerología del mundo. Pareces haber olvidado que el número más mágico es ocho en Asia y cuatro en América, y ninguno de esos hacer que cortar tu alma en tantos pedazos sea una buena idea.

–No vine aquí a que me regañes como a un estudiante problemático, Lady Pantera –exclamó Voldemort–. Vine aquí a buscar tu ayuda para regresar al poder. Mis horrocruxes son mi asunto.

–De acuerdo. Es tu funeral mientras me pagues. Examinemos a este homúnculo pues.

Después siguió una explicación de cómo habían creado el homúnculo, una historia que La Pantera sí encontró impresionante.

–Veneno de serpiente –dijo–. No lo hubiera pensado. Parece que tienes algunos trucos buenos.

–No estoy pagando por tus comentarios –dijo Voldemort.

–Aparentemente no. Magos –murmuró bajo su aliento–. Hablan con aire de importancia, y después son muy impacientes. Bueno –habló de nuevo–, ciertamente has complicado las cosas con todos tus cambios a los rituales. Tendré que diseñar un ritual nuevo para que todas las partes coordinen de manera correcta.

Las cejas de Barty se elevaron bajo su cabello. Sabía que esta bruja era poderosa y tenía habilidad, pero hablaba sobre crear rituales como los aritmagos hablaban de diseñar hechizos ordinarios. Quizás hubiera dudado cuando personas dijeron que ella estaba al nivel del Señor Oscuro en su cuspe, pero ahora, no estaba seguro.

–¿Puedes hacerlo entonces? –dijo Voldemort.

–¿Te parezco una seguidora novata? ¡Claro que puedo! Aunque necesitaré un par de semanas, y una comisión. Ordenaré a mis sirvientes que preparen habitaciones para ustedes en algún lugar del complejo. A un costo por noche razonable, por supuesto. Pueden irse.

No fue dicho como una orden, pero para los guardias claramente lo fue. Los llevaron fuera de la pirámide a un edificio pequeño afuera en las sombras. Una vez ahí, Barty llamó a Winky y, dándole una buena patada por su frustración, le ordenó que los ayudara a acomodarse.

–Una mujer desagradable –exclamó Voldemort enfrente de la chimenea–. Pero si puede mantener su palabra, entonces nuestra búsqueda valió la pena. Pronto, tendremos nuestra venganza.