"El admirador secreto 2da parte"

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Lado: Katsuki

Acto 56: Atrás los estragos

No se guiaba por medio de una línea firmemente trazada en la estructura de su vida. Más bien se guiaba a través de sus instintos para decir lo que sea que tuviera qué decir. Si sus decisiones terminaban siendo erróneas, tendría que errarlas con mayor amplitud que carencias.

Casi siempre hay tapujos a lo largo del camino, pues no es ninguna novedad que así sea como funcionen las cosas. Aunque si bien, admitía que al afinidad con que las cosas han encajado en su composición mental, le saca una sonrisa triunfadora. Digna de que se le considere el doble de atractivo de lo que ya es.

Es con justa razón, que los besos de Deku se adhieren a su piel y se adentran a su cuerpo, creando un sentimiento favorecedor y alentador.

No negaría de ninguna manera, que le agradaba ser tratado con sumo respeto. Con cuidado de no lastimarlo, y mucho menos lesionarlo en el proceso.

Ser tratado con la cautela con la que se es tratado, lo hace sonreír. Le brinda serenidad.

La tensión que puede o no sentir debido a un suceso, se desaparece cuando se encuentra en la compañía de su novio.

Por otro lado, la intensidad que su novio le suscitaba, proporcionaba una sensación de liberación descomunal. Es definitivo el cambio tan radical que ha surgido entre ellos desde que tuvieron la charla hacía poco.

De haber sabido que las cosas entre ellos funcionarían como anillo al dedo, hubiera adelantado la charla con mucha premura, con tal de disfrutar más tiempo el deleite y satisfacción de tener a su pareja a su lado.

Sin embargo, no se quejaba con el curso que tomaron las cosas; además, presentía que vendrían cosas mejores. Momentos de alegría frecuentes, lejos de la reticencia y rechazo, que experimentó en diversas situaciones de su noviazgo.

Ahora, en el tiempo presente, el amor de su pareja floreció como la primavera. Floreciente, decadente, maravilloso. No cabía en su felicidad, de describir lo mucho que ha sentido a su lado, desde sus besos, hasta sus caricias. Su manera de tratarlo se ha convertido en cariño. Sin ser empalagoso.

Entretanto florecimiento y flujo positivo de energía, destacaba que la cantidad de tiempo que pasaban juntos crecía. Se volvía prolongado. Lo cual le encantaba. Porque el tiempo juntos es valioso para Katsuki y si ese tiempo se volvía constante, no había motivos para oponer quejas.

Las quejas se fueron por la coladera.

Lejos y fuera de su sistema.

Lejos de su psique.

Además, ya no tenía preocupaciones qué escatimar. Pues éstas, se marcharon desde que le prometió a Deku que se cuidaría y permanecería en su casa.

Es lo menos que puede hacer, luego de la escena de Deku frente al primo de Kaminari, la cual causó tanto revuelo en su corazón.


Acto 57: Puntualidad

Katsuki es puntual.

Si hay algo sumamente destacable de él es su puntualidad.

Es un estilo de vida que se auto impuso, dado a sus metas de ser el mejor. El número uno. El héroe más conocido de todos.

Sus métodos de rendir mejor durante el periodo del día, se basaban mayormente en ser puntual. Porque él siempre es puntual.

Katsuki no falla a nada.

No llega tarde a ningún lado, si lo puede evitar.

Es por eso que su eventual puntualidad, ha conllevado beneficios en cuanto a su rendimiento se trataba; y, además, su metodología se basaba en los artículos que había leído cuando adolescente, donde destacaba que la puntualidad es una virtud, más que sólo un buen hábito.

Y por otra parte, le gustaba ser puntual. Le gustaba llegar temprano a todo. Eso hacía que su orgullo aumentara.

Comoquiera, es por eso que se enojó con Deku, porque éste llegó tarde a su casa, justo de que le dijo que vendría a verlo. Y para acabarla de amolar, su idiota novio llegó tarde porque estaba hablando con Todoroki en el celular.

El muy maldito hablando con el estúpido que osaba quitarle a su novio.

Intolerable.

Peor que intolerable.

Es insolente y ruin.

Pero lo dejaba pasar, sólo porque se trataba de Deku, porque si hubiera sido obra de otra persona, lo fulminaría con una gigantesca explosión.

Lo desecharía sin pensárselo dos veces.

Sin embargo, no poseía la suficiente paciencia para dormirse después de las ocho, debido a que no rendiría el próximo día en la agencia. Lo sabía.

De todas maneras, Deku tuvo la osadía de llegar pasadas las nueve con su deslumbrante sonrisa y su actitud positiva. Viéndolo de ese modo, no tuvo las agallas de regañarlo tanto, como originalmente lo hubiera hecho.

Solamente le dio una ligera zarandeada y fue suficiente para terminar siendo besado por él y de qué manera.

Fue increíble.

La experiencia superó las expectativas que tenía puestas sobre él desde hacía tiempo. Se sintió navegar en un asiduo majestuoso. En una atmósfera intensa pero magistral.

El impacto fue tal, que casi lo deja paralizado.

Incapacitado de pensamiento.

La puntualidad nada tenía de importante en una situación así. En una atmósfera arrebatada. Casi aglomerada por la fusión que fungió entre ellos como un fuego ardiente.

Como una llamarada que no se extingue, sino que se aviva con cada sentimiento entremezclado, con cada contacto y cada caricia compartida.

Y seguían así hasta que el tiempo dejaba de reinar entre ellos.


Acto 58: Contemplación

Amaneció con el primer rayo de sol adentrarse por las cortinas de su habitación. El silencio que reinaba el sitio, le dio a entender que era muy temprano.

Se movió a un lado, topándose con la cara dormida de su novio, abrazándolo por la espalda. Los gentiles sonidos de su respiración simulaban una danza tenue y lenta. La sonoridad de su pecho expandirse y contraerse, le brindaba calma. Mucha calma.

Suspiró.

Al menos no estaba solo.

¿Cuántas veces había despertado sin tener a nadie a su lado? Muchas veces. Incontables instantes.

Una ráfaga de calor lo invadió por los poros de su rostro, animando su usual petulancia frente a los obstáculos del día a día.

Sus ojos se centraron en el mar de pecas que rodeaban su cara aniñada. Las finas pestañas que acariciaban sus pómulos ligeramente sonrosados, del mismo color que sus labios.

Adoraba sus pecas.

Y no perdía la oportunidad de perderse en el vasto espacio que poseía una de la otra, pues todas eran especiales. Todas brillaban. Esclarecían la vista hasta cegarla.

Las miró perdido.

Escribió tantas veces sobre sus pecas en sus cartas; casi como un objeto necesitado de atesoramiento. No infringía en la aparatosidad con que su muñeca se movía mecánicamente a través de la hoja blanca.

Y a pesar de que escribió sobre sus pecas innumerables veces, no se cansaba de verlas, pues podría sentarse a verlas toda una vida entera. Y aun así no le bastaría para darle un elogio merecedor.

Sonrió bendecido de tenerlo. De que su vida encajaba perfectamente con sus metas.

Sonrió porque tenía motivos para hacerlo. Lo cual le causaba gusto, y gracia de poderlo disfrutar y amar libremente.

Estiró su mano, alcanzando una de sus mejillas. Éstas se sentían cálidas. Paseó sus dedos por sus pecas, sintiendo su textura, su forma.

—Deku— Pronunció a la par que trazaba los contornos de sus pecas.

Ese apodo no se erradicaba con los años, pues estos pasaban de un suspiro. Uno muy extendido y aparatoso.

El apodo que cada uno tenía del otro permanecía. Se quedaba en la estructuración de su memoria.

Y le gustaba.

El curso de aquella sintonía lo tranquilizaba tanto.

La sonrisa de sus labios corroboraba ese hecho.


Acto 59: Mañana cálida.

Le pellizcó la mejilla a Deku, apretándola tanto que la sangre se enfocó en esa zona.

Sonrió de lado, disfrutando del pequeño ceño fruncido que hizo Deku. El nerd soltó un quejido, moviendo la cabeza hacia la almohada.

—Idiota— Murmuró, sonriendo divertido.

Pellizcó por segunda vez su mejilla, obteniendo la misma reacción de éste.

—Oi, despierta— Habló mientras jalaba el cachete pecoso de su novio. Su piel, por mucho que pareciera ser seca, era tersa.

Se ruborizó un poco, vislumbrando sus párpados abanicarse. Emitió un quejido, significando que estaba a punto de despertar, en lo que sus manos se movían tratando de extenderse.

Katsuki bajó su mano y agarró la suya, apretándola ligeramente.

Se veía tan adorable.

Decidió acercar su cabeza, recostándola cómodamente sobre su hombro, respirando tranquilo. Los rayos solares abarcaban el panorama, extendiéndose. La sutileza del toque que ejercía con la presión de sus dedos, provocaba que su pareja apretara los párpados a la vez que fruncía el ceño.

—Anda ya— Le dio una palmada en la mejilla. —Despierta, estúpido nerd.

—¿Eh…?— La voz de Deku sonó ronca. Tal vez debido a que recién despertaba, pero sonaba bien.

—Tengo trabajo— Farfulló él. —Así que despierta. Y apúrate.

—Ah, Kacchan— Verbalizó Deku, entreabriendo los párpados. —Buenos días.

—Ha— Se rió entre dientes. Volvió a estirar la mano y atrapó su mejilla nuevamente. —Buen día, nerd. Hasta que decides despertar, maldito.

Deku soltó una risita.

—Sí, Kacchan— Colocó su mano encima de la suya, sin apretarla. —¿Amaneciste bien?

—Por supuesto— Chistó el rubio. —¿Acaso crees que no?

—Yo amanecí bien— Replicó y jaló su mano hacia sus labios, donde depositó un pequeño beso. Katsuki se sonrojó furiosamente, asimilando el gesto de su novio pecoso. —Me da gusto que te encuentres bien.

El pecoso abrió los ojos despacio, apretando un poco su mano, donde nuevamente volvió a besarla. Esta vez en el dorso. Fue un beso prolongado.

—Sano y salvo— Suspiró Deku, tras su mano.

—Otra vez con eso— Refunfuñó, chasqueando la lengua. —Ya te dije que tendré cuidado, pedazo de inútil. Deja de insistir en mi bienestar y preocúpate por ti.

—Es imposible que no me preocupe por ti— Reiteró el pecoso. —Eres todo para mi, Kacchan.

—Cállate— Se sonrojó. —Cállate, estúpido. Mejor levántate y bajemos a desayunar— Se levantó, dando por hecho que Deku lo seguiría. Pero no fue así.

Al contrario, fue arrastrado de regreso a su cama, quedando debajo del cuerpo de Deku, quien cogía sus muñecas delicadamente.

El nerd no se miraba adormilado como hace rato.

—¿Qué te traes, idiota?— Inquirió Katsuki.

—Kacchan— Pronunció el pecoso.

—¿Qué?

—Te quiero— Dijo avispado.

—¿Hah?— Bramó, tomado desprevenido. —¿Qué te hace decirme eso tan temprano?

—No tengo una razón para hacerlo— Explicó dulcemente. —Solo quise decirte que te quiero. Y que me da gusto que estés conmigo.

—Deku— Expresó inutilizado por la dulzura de su voz. Fue un ataque pernicioso directo a su corazón, que dio un vuelco.

Enseguida, Katsuki tocó sus brazos torneados, acariciando su piel.

Demonios, cayó redondito a sus palabras.

—Quiero que estés bien— Dijo Deku, determinado. —Incluso después de mi caso. Solo quiero que estés a salvo.

—Eres un descarado, Deku— Replicó ruborizado. —Siempre diciendo tonterías a cualquier hora, sin considerar a los demás. Egoísta. Estúpido. Bastardo. Maldito. Idiota.

Deku rió.

—Hehe…

—No te rías— Regañó.

—Es que eres tan lindo, Kacchan. No puedo evitarlo.

—Entonces, evítalo— Advirtió, frunciendo. —Es molesto.

—Sí— Afirmó. Tras una pausa, añadió:—Te quiero, Kacchan.

—¡Ya para con eso!— Refutó, pellizcando sus brazos rápidamente.

Estaba demasiado avergonzado por como la situación se desenvolvió entre ellos, pero no negaría que le gustaba pasar así su tiempo con Deku, quien para esos momentos se inclinó a besarlo en los labios. Siendo un beso duradero, de un azucarado sabor, impregnado en la dulce gentileza que estremece su alma y dispara su corazón como un vórtice salido del suelo.

Cerró los ojos y se permitió ser besado.

Mañanas así, sólo podían hacerlo sonreír.


Acto 60: Pensamientos inoportunos

Deku se quedó a desayunar con su familia, ya que él se lo pidió (aunque en palabras de Katsuki, fue claramente una orden. No una petición), obteniendo una respuesta afirmativa que denotaba que se quedaría, a lo que él bufó sonriente.

Katsuki se quedaba tranquilo sabiendo que al menos pasarían la mañana juntos, cosa que lo alegraba, aunque él no expresaba abiertamente sus sentimientos y sus alegrías, porque no está en su naturaleza hacerlo.

Su naturaleza se considera, más bien, como agresiva. Tal vez de pésimo proceder. Mas esos son los modos que aprendió de su madre, y de los cuales se apropió con el tiempo. Su madurez y personalidad influyeron en que no fuera una copia exacta de su madre, de quien no se sentía adepto a repetir sus acciones, ya que son personas completamente diferentes, a pesar de sus grandes parecidos.

De cualquier manera, disfrutó el tiempo que pasó desayunando con sus padres y Deku, aprovechando la mañana que recién empezaba. Significando que tendría un buen día.

Sonrió para sí ante tal pensamiento.

—¿A qué hora tienes que estar en el trabajo?— Le preguntó a Deku, despues de desayunar.

—Eh— El nerd revisó su celular, que sacó del bolsillo del pantalón. —A las nueve. Y ¿tu, Kacchan?

—Ocho y media— Replicó.

—¿Quieres que te lleve?— Se ofreció su novio.

—¿Hah?— Soltó atropellado. —No es necesario. Yo me puedo mover solo.

—Anda, Katsuki— Intervino su madre, en el umbral de la entrada de la casa. —Acepta que Izuku se está ofreciendo a llevarte al trabajo.

—Deja de joder, bruja— Se quejó Katsuki. En un segundo fue golpeado en la cabeza por los nudillos de su madre, los cuales no sobraban en doler.

—A mi no me digas qué hacer, Katsuki— Gruñó su madre, levantando la voz. —Y obedece.

—Argh— Soltó una queja, mirando de reojo a Deku, quien guardaba silencio.

Bueno, sí le gustaría poderse ir al trabajo, siendo llevado por su novio. ¿Cómo no gustarle semejante oferta si venía de alguien como Deku?

Se tentaba en aceptar.

—Katsuki— Manifestó su madre, severa.

—Ay— Reaccionó Katsuki, llevándose ambas manos a los bolsillos para no emitir una explosión de molestia. —Está bien— Espetó ronco. —Vámonos Deku.

Deku asintió torpe, y fue detrás de él.

Una vez fuera, Deku lo tomó de la mano, provocándole un sonrojo. Carajo, el nerd se estaba tomando todas las libertades para hacerlo sonrojar en público y él lo permitía.

Pensaba que sus amigos lo verían así, y eso lo preocupaba; demasiado. Ya que aún no les había dicho que salía con Deku desde hace casi siete meses.

Sin desmeritar su amistad con ellos, pensaría que no lo hizo por vergüenza, puesto que su orgullo se vería afectado por las reacciones de sus amigos al ver que es novio de su amigo de la infancia, a quien le hizo bullying.

Literalmente era el antiguo atormentador de su novio.

No podría vivir con la carga sobre sus hombros si aquella verdad fuera revelada. He ahí que se sentía apretujado si caminaba cerca de los rumbos de donde se ubicaba su agencia, ya que había altas prestaciones de que alguno de sus amigos estuviera presente en la zona.

Ese pensamiento lo había carcomido por dentro en el pasado. Más o menos en las primeras semanas de su noviazgo con Deku; después de eso, el pensamiento se fue olvidando hasta convertirse en un mal recuerdo. Un pésimo recordatorio.

Apenas esa mañana le sobrevino dicho pensamiento, sacándolo de su trance enamorado de una sacudida.

Si alguien los viera así, esperaría que fuese cualquier otro extra que no formó parte de la UA.

—¿Está todo bien, Kacchan?— La voz de Deku lo sacó de sus cavilaciones, haciéndolo voltear a verlo y ruborizarse en el proceso.

Había dejado que sus pensamientos absorbieran su tiempo juntos.

Maldición.

—¿Por qué habría de estar mal?— Desvió la pregunta.

Deku puso gesto extrañado.

—Me pareció que estabas incómodo— Replicó el pecoso.

Katsuki frunció el ceño; molesto por explayarse en un pensamiento que no llegaba a nada bueno. Ya desde el pensamiento de: Si sus amigos lo vieran ruborizarse en mano de su novio, lo juzgarían.

Es lo que pasaba por su mente segundos atrás.

—No lo estoy.

—Me puedes decir— Se ofreció su novio, en señal de que lo apoyaba. —No te juzgaré.

—Te dije que no lo estoy— Recalcó.

—Bueno— Dijo Deku, un poco desorientado con su respuesta. —Solo quiero que sepas que cuentas conmigo en lo que sea. Si dices que no es nada, no te molestaré. A lo mejor y lo malinterpreté.

—Lo malinterpretaste— Disparó él; claramente evadiendo el tema.

Siquiera lo hizo por jodida vergüenza a ser cuestionado por una tontería. Una torpeza de su parte.

Regresó su atención a Deku y lo vio sonreírle. Él apretó su mano, ruborizado.

Maldición.

No le podía decir lo que sentía por pudor.

Ese tipo de pensamientos tendría que desecharlos pronto, pues no le traían nada bueno. Ni siquiera le proporcionaban una sensación de alivio.

No proporcionaban nada.

Sólo provocaban que se sintiera estúpido por temer de la opinión de los demás, en especial de sus amigos. A pesar de que Deku ya les había dicho a sus amigos de su relación y salió golpeado en el instante en que pasó el acontecer.

De sólo recordarlo, hacía bullir su sangre. A Deku nunca debieron golpearlo. Pero lamentablemente ocurrió.

A diferencia de él, Deku no huyó de lo suyo. Lo enfrentó en su lugar. No flaqueó cuando lo golpearon, tampoco para ir a su casa y decirle lo que pasaba por su cabeza y su corazón.

Deku fue sincero y lo apreciaba mucho.

Él tenía que perder el bochorno y enfrentarse a la gente de verlos juntos y tomados de la mano.

Tenía que hacerlo.

Si no lo hacía, sabía que los pensamientos inoportunos vendrían como un golpe directo al corazón, causando un aguijonazo en el centro de su inseguridad, misma que debía desechar con alta destreza.

Sus pensamientos no tendrían porqué sacar lo peor de él. Y no lo harían.

Al menos no, hasta que tuviera el suficiente coraje para gritarle a todos que es novio de Deku, cosa que sabe que haría enormemente feliz a su pareja.

No obstante, giró la cabeza ligeramente hacia él, obteniendo una vista encantadora de sus pecas y el brillo innegable de sus ojos.

Suspiró.

No se cansaba de esa vista, después de haberla contemplado durante toda una vida. Porque una vida entera, no bastaba para apreciar su irremplazable existencia.

—¿A qué hora sales del trabajo?— Le preguntó Deku, justo frente a la agencia.

—Para las seis— Respondió por reflejo. —¿Por qué?— Dijo tras una pausa.

—Hay algo que te quiero mostrar— Dijo con una sonrisa emocionada.

Esto hizo que enarcara una ceja en sospecha.

—¿Qué te traes entre manos, nerd?

—Kacchan no es nada malo— Reiteró, sacudiendo las manos en negación.—Solo te quiero mostrar lo que te dije el otro día.— Katsuki esbozó cara de interrogación. —La playa de la residencia. Esa no la conoces. Te la quiero mostrar, estoy seguro de que te va a gustar mucho.

—Ah, bueno— Masculló Katsuki, quien ocultaba su sorpresa. —Más te vale que no sea una decepción para mí, eh nerd.

—No, por supuesto que no— Aseguró rápido. —Te gustará mucho. En serio.

—Bien— Bramó.

—¡Espera, Kacchan!— Deku lo retuvo justo cuando estuvo a punto de darse la vuelta, dispuesto a entrar a la agencia.

—¿Qué quieres— Se exaltó con su repentina urgencia de retenerlo.

—¿Puedo pasar por ti?— Preguntó precavido. En su expresión facial, vio el temor de que se fuera. Mas no salía aquel sentimiento de su boca.

Su primera reacción fue fruncir el ceño duramente, para después sonrojarse abochornado por la prontitud de su atrevimiento.

Asintió.

Deku sonrió aliviado.

—Qué bueno— Expresó el pecoso. —Paso por ti a las seis— Guiñó divertido.

Él se ruborizó, procesando que sería recogido en la agencia por su novio.

Katsuki cabeceó, recuperando el color natural de su rostro.

Y se metió a la agencia, antes de que sospecharan de que estuvieron hablando fuera en la calle, donde todo mundo pudiera reconocerlos (sobretodo a él que es un héroe profesional).


Acto 61: Conversación con mi amigo

El resto del día se la pasó trabajando en la agencia, mientras era atosigado con preguntas sobre su vida privada, por su amigo Kirishima. De quien llevaba varios días sin intercambiar palabra.

Evitó lo mejor que pudo, no hablar de Deku en ningún momento de la conversación. Mostrándose indiferente, incluso parco en sus respuestas, en lo que patrullaban la zona que les habían asignado juntos.

No obstante, le chocaba ser interrogado sobre su privacidad, ya que suponía una pesadez para él de lidiar frente a otros u otras.

Es jodidamente molesto hablar de él mismo, teniendo muchos secretos que guardarse, en plena conversación.

Su amigo solamente hablaba de lo maravillosa que era su relación con su otro amigo, el cargador con patas, con quien compartía el mismo techo. Cosa que él también lo haría en su momento, debido a que su relación con Deku, por muy excelente que fuera ahora, tuvo muchos tropiezos.

Tropiezos que han ido enfrentando por su parte y sabían hacerle frente, cuando suponían una carga para ellos.

En consecuencia, quería presumir sobre su relación. Quería explayarse y sentirse orgulloso de lo que habían tenido que pasar Deku y él como pareja, para lograr la estabilidad que ya tenían actualmente.

La lengua le vibraba por contarlo. Le escocía el paladar por soltar su lengua y parlotear estupideces raras de parejas.

Sin embargo, se mantuvo callado la mayor parte del tiempo. Taciturno en su cometido. Casi mordiéndose la lengua para controlar sus impulsos de revelar su noviazgo.

Era extraño que alguien como él, sintiera tales inseguridades con respecto a la opinión ajena, siendo él que aparentaba ser una persona que le daba igual lo que los demás dijeran, cuando en realidad le importaba lo que dijeran en relación a Deku y de él.

—Oye, me estás dando el avión— Declaró su amigo pelirrojo, concertado con su actitud.

—Yo no, imbécil— Objetó él, frunciendo el ceño.

—Es que no me dices nada, bro— Repuso el pelirrojo.

—¿Debería de decirte algo?— Farfulló presuntuoso.

Su amigo arrugó el entrecejo, sonsacado con su contestación.

—Bro, ¿Hay algo que no me quieras decir?

Katsuki se tensó con aquella pregunta, puesto que lo tomó desprevenido, de alguna manera.

—No, no hay nada.

Los nervios y la tensión volcaban su interior como una aguijonazo abrasador.

Odiaba sentirse de ese modo tan patético.

—No parece— Apuntó su amigo, sospechosa.

—Dije que no hay nada— Espetó molesto. —Deja de joder, Kirishima.

—Sólo quiero saber si hay algo que quieres decir— Dijo. —No te exaltes, hombres. No es nada malo.

—Tsk— Chasqueó la lengua, moviendo la cabeza con la finalidad de tildar dicha inseguridad.

—¿No me dirás nada, Bakugou?

—Hm— Gruñó, volteando al cabeza hacia el lado contrario.

—Qué malo, bro— Dijo Kirishima, decepcionado. —Sabes que me puedes decir lo que pasa contigo.

—Tonterías, bastardo.

De ningún modo revelaría su relación con Deku. No habría manera de hacerlo sin desfallecer en el proceso.

Su amigo lo observó sospechoso.

—No creo que no sea nada— Dijo certero, haciendo que él se molestara con su insistencia.

—De todas maneras, no te diré, bastardo— Bramó.

—Eso significa que sí hay algo— Declaró el pelirrojo, asintiendo.

Katsuki se ruborizó en gran medida, realizando su metida de pata. E inmediatamente intentó corregir el error que cometió por no haberse callado cuando debio de hacerlo.

A veces su tonto orgullo lo llevaba a cometer estupideces tras estupideces en una sola acción. Justo como lo hacía ahora.

—No dije eso— Vociferó Katsuki.

—Oh, pero sí lo dijiste— Entrevió su amigo, sonriendo bonachón. —Estás ocultando algo, Bakugou. Y lo descubriré pronto. No puedes ocultarte por siempre de tus secretos.

—Silencio, bastardo— Empuñó las manos, alterado.

—Algún día tendrás que sincerarte con las personas, Bakugou— Expresó su amigo en modo de advertencia. —No puedes estar huyendo de lo que pasa contigo todo el tiempo. Qué mejor que enfrentarse a las cosas y decirlas de frente. Deberías hacer eso.

Katsuki cerró la boca en una fina línea, apretando los labios para no parlotear a lo estúpido sobre su vida personal. Eso sin dudas, no era plausible de contar.

Pero las palabras de su amigo se las tomó a pecho. Tenía razón al decirle aquello, puesto que no ocultaba un motivo de mentira en ningún caso. Y por ello, debía saberse capaz de sincerarse con sus conocidos, si quería sentirse orgulloso en su entereza de que era el novio de Deku.

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NOTA: Me tardé un tiempo en subir otro capítulo debido a que me ocupe con otros proyectos; además me costó trabajo darle seguimiento a los siguientes capítulos.