Cuando se elimina lo imposible, aun si es improbable, Harry Potter le pertenece a JK Rowling y esta historia a White Squirrel.

Notas de la traductora: Como muchos saben, he estado traduciendo esta historia de manera simultánea a Aritmancia. Esta semana, la primera parte de esa historia ha llegado a su fin y continúa en la secuela Lady Arquímedes, de la cual también he publicado ya el primer capítulo.

Aún nos faltan treinta capítulos para completar El Animago Accidental, y la secuela aún sigue siendo publicada, así que queda un largo camino por delante. Muchas gracias a todos los que me han apoyado en este largo proceso de traducción, y por toda su paciencia a pesar de los muchos retrasos provocados por mi trabajo. Espero que estén disfrutando de la historia, y como siempre, sus comentarios son más que bienvenidos y es lo que me motiva a continuar.

Por ahora, ¡disfruten!


Capítulo 84

La familia Granger se despertó ese lunes por la mañana con un sorprendente anuncio en las noticias matutinas, uno que indicaba que algo estaba pasando.

–La guerra civil ruandés concluyó temprano esta mañana cuando el ejército hutu en la ciudad fronteriza de Gisenyi se rindió sin levantar armas –leyó el comentarista–. El Frente Patriótico Ruandés tutsi se sorprendió de descubrir que Gisenyi ya se encontraba en ruinas cuando llegaron, con una ola de destrucción obvia por toda la ciudad llena de edificios explotando, árboles arrancados de raíz, y locales en delirio hablando de una estampida de monstruos gigantes. La fuente de la destrucción no es clara, pero es sabido que ocurrió ayer por la tarde, y fuentes anónimas culpan a un ataque aéreo fallido, incluso si ningún gobierno o milicia ha admitido tener algún plan de ataque para el área. La ONU está investigando el incidente.

–Una labor humanitaria está siendo organizada para ir a Gisenyi a reconstruir, así como para proveer apoyo médico ya que la ciudad está experimentando un brote severo de cólera. Contaminación del suministro de agua durante el ataque aéreo ha sido culpada.

–Eso no suena como un ataque aéreo –dijo Daniel Granger con astucia.

–No, definitivamente no –dijo Emma en acuerdo–. Suena a que Dumbledore finalmente ganó la guerra.

–Bueno, eso es algo menos de lo que preocuparnos –dijo Harry mientras terminaba su desayuno y colocaba su plato en el lavabo.

–Sabes, no creo que sea lo mismo para él después del asunto con Greyback –dijo Hermione–. Muchas personas aprendieron que no pueden confiar en él… muchas más que antes… y pondrán más esfuerzo en actuar sin él.

–Aun así hubiera sido agradable tenerlo cerca –dijo Harry–. Me importa Ruanda tanto como a muchos, pero tuvimos que luchar sin él… física y políticamente… de nuevo.

–Por lo menos está funcionando en su mayoría –comentó su madre.

–Sí –dijo su hermana en acuerdo–. Obtuvimos lo que queríamos del Wizengamot, y el Sr. Diggory cree poder lograr que el Consejo de Hogwarts permita que los hombres lobo asistan a la escuela el próximo año.

–Cierto –concedió Harry. Acarició a Hedwig y limpió su jaula con un movimiento de su mano. Después, se sentó en el suelo junto a Rowena y la colocó sobre sus piernas. Ella comenzó a ronronear adormilada. Había estado consintiendo a la vieja gata todo el verano. Ya tenía dieciséis años, y era más lenta de manera notable, así que estaba haciendo lo posible porque estuviera cómoda mientras estaba en casa–. Oye, hablando de Hogwarts –agregó–, nunca tuvimos la oportunidad de hablar con Dumbledore sobre el profesor Binns. Deberíamos contactarlo ahora que la guerra terminó.

–Eso sería bueno, considerando el tipo de educación que ambos están recibiendo en la clase de Historia –dijo Emma–. Aunque me temo que eso sería lo más difícil, como van las cosas hasta ahora.

–No debería serlo –dijo su hija–. El profesor Binns no es nada efectivo. Ni siquiera puede recordar nuestros nombres. Ni siquiera puede recordar el nombre de Harry, y eso es algo.

–Lo sé, cariño, pero es difícil despedir a un profesor malo en escuelas muggle. El profesor Binns no será fácil de despedir si incluso la muerte no lo detuvo. Hay antigüedad de la cual preocuparse.

–Bueno, eso es cierto. Contando cuando estaba vivo, Binns ha estado en Hogwarts más que el mismo Dumbledore.

–Oh, el periódico está aquí –llamó Harry. Tomó el Diario el Profeta de la lechuza y lo desenrolló. Y sí, la historia real de lo que había pasado en Ruanda estaba en primera plana, y era más grande de lo esperado.

¡VICTORIA MILAGROSA! ¡DUMBLEDORE, GRAYSON ENFRENTAN A NUNDU PARA GANAR GUERRA AFRICANA ORIENTAL!

¡EJÉRCITO PEQUEÑO, BATALLA MÁS RÁPIDA CONTRA UN NUNDU EN LA HISTORIA!

La guerra africana oriental entre el ejército de la CIM liderada por los Grandes Hechiceros Albus Dumbledore y Edward Grayson, y el ejército del señor oscuro Kinani Ngeze, concluyó ayer en lo que ya es llamado una "batalla histórica" en la fortaleza rebelde final en Gisenyi. Sobrevivientes de la batalla reportan que Dumbledore, Grayson, y Ngeze realizaron actos de magia que nunca habían visto antes, con algunos yendo tan lejos hasta llamarlo el duelo más grande en el mundo desde la derrota de Grindelwald a manos de Dumbledore en 1945.

Pero el evento más sorprendente de ayer llegó al final de la batalla. Dumbledore y Grayson habían logrado acorralar a Ngeze y derrotar a su ejército, pero en ese momento, Ngeze liberó su arma secreta, la cual había usado anteriormente para destruir a tres Ministerios de Magia a tal nivel que no dejó ningún testigo con vida.

El arma secreta de Ngeze resultó ser un nundu, una bestia enorme similar a un leopardo creada por magia oscura, el cual es inmensamente más fuerte y resistente a la magia que un dragón y lleva consigo enfermedades virulentas en su aliento. Una vez llamado, Ngeze huyó del área, mientras que Dumbledore, Grayson, y veinticinco otros brujas y magos de la CIM se encontraron entre el nundu y un lago lleno de majambas y cocodrilos come hombres. A pesar de la aparente probabilidad insuperable, estos veintisiete brujas y magos lograron matar al nundu en minutos, en gran parte gracias al gran conocimiento de magia poderosa de los Grandes Hechiceros. Seis soldados de la CIM murieron luchando contra el nundu y treinta y uno murieron en la batalla precedente.

Nundus están prohibidos como un arma ilegal de destrucción masiva por la convención de la CIM, y cada instancia confirmada de un nundu es respondida por un ejército de la CIM. En situaciones pasadas, nundus han sido derrotados con la creación de fuegos forestales o incluso con saturación de bombas muggles, si una excusa adecuada puede ser organizada. El único intento conocido de procrear a un par de nundus adultos fue realizado por una facción de antiguos seguidores de Grindelwald en Argelia en la década de los 50s, y esta fue convertida en una zona de prueba de armas nucleares muggles que permanece fuera de límite hasta el momento. Antes de ayer, ningún nundu había sido derrotado en combate directo por un equipo con menos de cien magos.

Cuando fue interrogado sobre este imposible resultado, el famoso experto en criaturas mágicas, Newt Scamander, tuvo esto que decir: "Bueno, claro, es posible matar a un nundu con solo veintisiete magos. Es probablemente posible con solo diez, pero estarían locos de intentarlo con menos de cien, así como ha habido muchos ejemplos de enfrentamientos solitarios con dragones, pero estarían locos de intentarlo con menos de diez." (Énfasis suyo.)

El ejército de la CIM, incluyendo a Dumbledore, será mantenido en aislamiento durante las siguientes tres semanas para asegurarse de que no fueron infectados por alguna enfermedad peligrosa por parte del nundu. Todos los ataques nundu conocidos han resultado en epidemias de cólera, pero son más temidos por propagar fiebres hemorrágicas virales. El incidente más reciente, el nundu sudanés de 1976, es pensado ser el origen del virus del ébola que mató a 9 magos y a 431 muggles ese año. Un segundo contingente de brujas y magos de países cercanos se han reunido en Gisenyi para encubrir los aspectos mágicos del daño e intentan contener cualquier enfermedad que fue propagada. Las autoridades muggles han sido informadas que un ataque aéreo fallido en el lado muggle de la guerra fue la causa de la destrucción.

–¡Por Dios! –fue la única respuesta de Hermione cuando vio el encabezado. Solo ella había leído lo suficiente en el pasado para comprender las implicaciones de lo que había pasado, aunque la mención de armas de destrucción masiva era suficiente para que el resto comprendiera un poco. Dumbledore había perdido algo de su brillo últimamente y permanecería como una figura controversial por el ataque de hombres lobo la primavera pasada, pero sería un orgullo para el mundo mágico de Gran Bretaña que su Jefe de Magos hubiera ayudado a derrotar al animal más peligroso en el planeta.

Harry estaba menos impresionado, en su mayoría por ignorancia.

–¿Tres semanas? –dijo decepcionado–. Bueno, supongo que no vendrá a mi fiesta de cumpleaños. Tendremos que arreglar todo con él después.


–Ese viejo bastardo –siseó Voldemort cuando vio el artículo–. Un señor oscuro que conquistó tres países y lanzó un nundu contra él, y aun así no tiene la cortesía de morir. Y tiene la vergüenza de acusarme a de engañar a la muerte.

–No lo sé. Aún elegiría a un nundu sobre crear cinco horrocruxes cómo lo menos loco –dijo La Pantera desde su sillón.

–¡Silencio! No te lo pregunté, Pantera.

–No me importa. Y no tengo que repetirte que aún me necesitas.

Voldemort no respondió a eso, pero se entretuvo en imaginar maneras de matar a esa molesta mujer en cuanto no la necesitara más.


El cumpleaños de Harry fue organizado igual que siempre: para el almuerzo, se reunirían con sus amigos de la primaria, Paul y Tiffany… sus únicas conexiones reales en el mundo muggle además de John-sensei, con quien trabajaban como voluntarios cada verano. En la noche habría una fiesta con su familia mágica en la casa de Sirius. Sirius, por supuesto, estaba muy ocupado organizando la Fundación Cor Humanum para poder proveer poción matalobos a los hombres lobo antes de que comenzara el ciclo escolar, pero había comprado otra propiedad para ese propósito.

–Hola, amigos –dijo Paul cuando él y Tiffany llegaron–. Es genial verlos. Feliz cumpleaños, Harry.

–Gracias. Es bueno verlos también –dijo Harry.

–Es una lástimas que sólo nos vemos un par de veces al año –dijo Tiffany–. Tenían que ir a esa escuela para niños dotados, ¿no?

–¿Crees poder alejar a Hermione de una escuela para niños dotados? –dijo Harry. Hermione lo miró con molestia mientras el resto se reía.

–¿Y qué ha estado pasando en esa escuela? –preguntó Paul.

–Hombres lobo –dijo Harry–. Hombres lobo por todos lados. Tú sabes… lo normal. –Paul se carcajeó.

–¿Cómo se te ocurren estas historias?

–Solo Dios sabe –intervino Hermione cortante, previniendo a Harry de forzar su suerte.

–Así que, Harry –dijo Tiffany–, ¿veo que te estás dejando crecer el cabello?

–Sí. –Harry ahora tenía el suficiente cabello para cubrir su frente, orejas, y cuello con la esperanza de que escondería su cicatriz mejor y que el peso extra haría que se controle–. ¿Qué opinas? –Tiffany rodó los ojos.

–Harry, deberías raparte. No podrías salvar tu cabello ni con una varita mágica. –Harry y Hermione se rieron incómodos.

–No, lo intenté una vez –dijo Harry–. Se veía terrible.

En verdad era una lástima que no podían ver a sus amigos muggle más seguido. Claro, muchos hijos de muggles en la escuela decían que era difícil relacionarse con sus familias, así que en ese aspecto, tenían suerte. Paul y Tiffany habían comenzado a salir el verano pasado, y, sorprendentemente para un primer romance, aún estaban juntos. Esto, por supuesto, llevó a Tiffany a preguntar si Harry o Hermione tenían su mirada en alguien.

–No, aún no –dijo Hermione, pero se sonrojó cuando lo dijo. Tiffany soltó un grito ahogado.

–¡Lo hay! ¡Lo hay, Hermione! ¡Vamos, dime!

–¡No lo hay! –protestó ella.

–¡Sí lo hay! Harry, dime quien es.

–¡No te atrevas!

–Vamos, Mione, Neville no es tan malo… ¡auch!

–¡Tonto! –dijo ella golpeándolo en el brazo–. Solo somos amigos, es todo. Harry y yo le hemos estado enseñando algo de karate y ejercicios.

Oh, ¿así que se están ejercitando juntos?

–¡Basta! Pregunta a Harry sobre su vida amorosa.

Ambos amigos dirigieron sus miradas a Harry. Él se sonrojó un poco, pero lo aceptó.

–Salí con esta chica, Cho, de uno de los otros equipos de fútbol un par de veces –dijo.

–¿Oh? ¿Guapa? –preguntó Paul.

–Bueno, sí, pero ambos estuvimos de acuerdo que no éramos el uno para el otro.

–Oh… ¿Alguien más?

–No, aún no.

–Qué lástima –comentó Tiffany–. Podríamos haber tenido una cita doble. –Lanzó una mirada penetrante a Hermione–. O triple.

–¿Alguna locura en sus vidas en el último año? –cambió Hermione de tema.

–Bueno, no creo que podamos superar a los hombres lobo… –dijo Paul–. A menos que cuenten a la invasión alienígena.

El grupo se soltó a carcajadas.


El día después del cumpleaños de Harry, los Granger realizaron sus compras escolares. Eso no fue nada fuera de lo normal excepto por un objeto inesperado en la lista: túnicas de gala para ocasiones formales.

–Espero que sea un baile escolar –dijo Hermione mientras iban a la bóveda de Harry por dinero y para que Hermione cambiara libros de la colección de sus padres–. Es una gran falta que no haya habido ninguno.

–Estoy de acuerdo –dijo su madre–. Hogwarts en verdad no tiene actividades extracurriculares. Nada de obras, bailes, solo un deporte...

–No mucha música tampoco –dijo Hermione–, aunque hay un coro. ¿No sería genial si hubiera un baile, Harry?

–Sí, genial –dijo poco convencido. Ella rodó los ojos.

–Niños –murmuró.

Llegaron a la bóveda y Hermione examinó los libros raros. Mientras tanto, Harry dio una vuelta, mirando las otras reliquias de sus padres. Abrió sin interés el guardarropa… el que tenía algunas de las prendas más elegantes de sus padres biológicos. Sacó una túnica que había pertenecido a James Potter y la examinó. Muy larga. Aún necesitaba unas pulgadas más para alcanzarlo.

Aunque...

–Oye, Hermione, sobre esas túnicas de gala...

–¿Qué de eso?

–Creo que algunas de estas te quedarían.

Ella se dio la vuelta y vio a la que estaba señalando.

–¡Harry, no podría! –exclamó ella.

–¿Por qué no?

–Pero fueron de tu mamá.

–Sí. Creo que tienes su talla, por las fotos.

–Pero… pero no estaría bien.

–Claro que sí, Mione, estoy segura de que a mamá no le hubiera molestado compartir contigo. Y de cualquier modo, solo están acumulando polvo aquí. Has sido una buena hermana, y no puedo pensar en nadie más a quien me gustaría que las usara una vez más.

–Yo… pues, yo… –tartamudeó Hermione. Sus ojos estaban brillando por el cumplido.

–Creo que suena como una idea adorable, Harry –dijo Emma–. ¿Por qué no das una mirada, Hermione? Estoy segura de que un sastre podría ajustarlas para que te quedaran.

–Eh… de acuerdo… Gracias, Harry. –Lo abrazó antes de dar una mirada al guardarropa. Examinó algunos de los vestidos y después de considerar varios y consultar con su madre, seleccionó el que Harry sospechaba había sido el favorito de Lily. Era un vestido largo de seda verde esmeralda del color exacto de sus ojos–. ¿Qué opinas? –preguntó.

–Brillante –dijo Harry con sinceridad–. Sabes, probablemente también hay joyería a juego por aquí.

Hermione lo miró con sorpresa.

–Harry, cuando encuentres a la chica correcta, creo que la vas a hacer muy feliz.


Dumbledore regresó a Gran Bretaña el quince de agosto, y justo a tiempo, ya que se le esperaba que ayudara con las rondas finales de la Copa Mundial de Quidditch. Se necesitaba de todos en el Ministerio para trabajar en eso. Sirius había conseguido boletos para la tribuna de honor para toda la familia Granger, junto a él y Remus, y dos más para sus citas. Aunque Remus no estaba seguro de ir ya que solo tendría un día para recuperarse después de la luna llena.

Harry había escrito a Dumbledore sobre varios temas mientras el mago anciano estaba en cuarentena, y, para su sorpresa, él había aceptado ir a hablar con él la noche que regresara. Invitaron a Sirius y Remus esa noche también, ya que estaban involucrados. Dumbledore llegó por la puerta esta vez en lugar de la red Flu que había usado durante el año escolar. Lucía en sorprendente buena forma considerando que había pasado meses luchando en una de las guerras más terribles en África, pero estaba vestido quizás con el atuendo más ridículo que le habían visto. Su túnica era de estampado de leopardo de gran tamaño, y era fácil ver de dónde había salido.

–Dios mío, ¿sabes cuánto cuesta una túnica como esa? –soltó Sirius.

–Estoy bastante consciente del costo, Sirius –respondió Dumbledore con rigidez.

–Oh, lo siento –murmuró él.

–De hecho, fue idea del Embajador Grayson. Normalmente, no soy proponente de la venganza, pero en este caso, decidí hacer la excepción y mandé hacer esto del pelaje de la bestia. Y tiene su uso práctico.

–¿Cómo el hecho de que puede aguantar una granada muggle? –sugirió Remus.

–Sospecho que podría.

–Ejem, bienvenido, director –dijo Emma–. Pase. Se ve bien.

–Gracias, Sra. Granger. Me atrevo a decir que esas tres semanas de descanso me hicieron bien. –Todos se acomodaron en el salón, y Dumbledore produjo un cuaderno gastado: el borrador del libro de Harry sobre su primer año en Hogwarts, Harry Potter y la piedra filosofal–. Debo decir que me sorprendió que decidieras escribir tus recuerdos, Harry –continuó–, aunque comprendo tu deseo de que las personas conozcan la historia verdadera a la ficción que está publicada. ¿Asumo que aún quieres publicarlo?

–Sí, señor –dijo Harry–. Estoy cansado de sentarme en tres años en los que lo único que fue escrito sobre mi fueron esos tontos libros para niños y los artículos de Rita Skeeter.

–Comprendo. Con todas las historias locas que han escrito sobre mí, también he considerado publicar mis recuerdos. Y creo que podrías publicarlo fácilmente. Está bien escrito.

–Es gracias a Remus, señor. Él hizo gran parte del trabajo editorial.

–Entonces mis cumplidos a ambos. Espero que comprendas, entonces, que hay algunas partes de la historia que no deberían ser públicas.

–Sí, señor –repitió Harry–. Es por eso que se lo mostré.

–Sí, y me disculpo por no regresarlo antes. Ha sido un año muy ocupado. Sin embargo, recientemente tuve tres semanas en las que pude otorgarle mi atención completa. He marcado mis redacciones en el texto. –Entregó a Harry el cuaderno–. Creo que dejé suficiente para contar una historia coherente. Removí los detalles sensibles que no queremos que sean conocidos públicamente, como tu dirección aquí, el que tu varita es hermana de la de Voldemort, y, por supuesto, todas las referencias a la profecía. También removí una conversación personal con el profesor Snape, la cual él pidió que fuera removida cuando lo consulté, así como algunas conversaciones políticas sensibles con tus compañeros y mucho de las maniobras políticas que tomaron lugar para la aprobación de la Ley de Defensa de los Muggles. También removí especulaciones sobre cuáles de los padres de tus compañeros son mortífagos. No es necesario golpear a ese enjambre político. Todos son puntos de tramas menores.

–En una nota más seria, tuve que remover todas las referencias al que seas un animago, lo cual incluye partes significativas de tu investigación sobre la piedra filosofal. Eso deja ciertos huecos en la historia, pero no es mucho lo que se puede hacer. También inserté nuestra historia encubierta de la captura de Peter Pettigrew, y me tomé la libertad de remover referencias al mapa del merodeador y tu capa de invisibilidad.

–Gracias –dijo Sirius.

–De nada. Ahora, los eventos relacionados con el profesor Quirrell y la piedra filosofal fueron los más difíciles de analizar. Mucho no fue revelado al público, por obvias razones. Al riesgo de sonar egocentrista, he reducido bastante mi terrible plan de involucrarte de manera deliberada, Harry. Espero que estés de acuerdo que el prevenir el daño a la reputación a la escuela vale tal omisión.

Harry no quería admitirlo, pero podía comprender de dónde venía Dumbledore con eso. Después del basilisco y los hombres lobo, Hogwarts tenía ya bastante que limpiar en su reputación, y Quirrell solo agregaría más a eso incluso sin poner en duda la competencia de Dumbledore. Intercambió miradas con su familia, quienes aceptaron con renuencia, y asintió en dirección al director.

–Muy bien. Naturalmente tuve que simplificar como descubriste que Hermione había sido secuestrada y como la seguiste. Y, más importante, removí toda referencia a que Quirrell fuera poseído por Voldemort.

–¿Qué? –dijeron los Granger al mismo tiempo. Sirius realizó la pregunta obvia.

–Albus, tú eres quien ha declarado por trece años que Voldemort sigue con vida.

–Sí, Sirius –dijo Dumbledore con calma–. Sin embargo, el anunciar que se infiltró a Hogwarts con éxito y atacó al Niño Que Vivió de nuevo solo causará pánico. Es suficiente que el público sepa que Quirrell trabajaba en secreto para Voldemort.

–¿Pero cómo terminó la historia? –preguntó Harry–. Solo derroté a Quirrellmort por la protección de mi madre biológica.

–Así es. Adapté la historia para que Quirrell intentara matarte solo, Harry. Tú y Hermione se defendieron, y llegué a tiempo para salvarlos. Esto tiene el beneficio de ser cierto. Quirrell estaba visiblemente enfermo, y Voldemort le había prometido sanarlo con la piedra filosofal, así que oficialmente, murió de una combinación de su enfermedad y sus heridas en la pelea.

Eso sonó bastante sensato una vez lo describió por completo. No era completamente cierto, por supuesto, pero definitivamente daría una mejor idea sobre el rol de Harry en los eventos que lo que tenían al momento.

–Creo que eso funcionará –concluyó Harry–. Gracias, profesor. Mamá, papá, ¿creen que podríamos buscar a alguien que lo publique antes de que comience el año escolar?

Dan y Emma intercambiaron una mirada incómoda. Habían pasado los últimos nueve años intentando evadir la fama de Harry. Pero aun así, podían comprender su lógica, y estaban orgullosos de su hijo por desarrollar una habilidad tan útil al escribir el libro.

–Supongo que podemos si lo revisamos una vez más –dijo Dan–. Sirius, Remus, ¿saben de alguna buena editorial en el mundo mágico?

–Yo recomendaría Whizz Hard Books en el callejón Diagon –dijo Remus al instante–. Son quienes publicaron Hocico peludo, corazón humano. Ese libro fue mi línea de vida en esos años que estuve solo. En verdad comprenden a personas que son diferentes o están en el margen de la sociedad.

–¿No son quienes publicaron Las aventuras de Harry Potter, verdad? –revisó Harry.

–No, eso fue Little Red Books. Tienen buenos títulos, como la mayoría de las historias de Bathilda Bagshot, pero también son los editores de Gilderoy Lockhart. Casi terminaron en bancarrota cuando fue enviado a Azkaban.

–Oh, de acuerdo, entonces. Y si no le molesta, profesor, Remus y yo tenemos algo más para usted. –Harry le entregó otro cuaderno.

Dumbledore miró al nuevo manuscrito y elevó una ceja, y después sonrió.

–Debí saberlo: Harry Potter y el heredero de Slytherin.

–Acabamos de terminar de editarlo –dijo Harry con orgullo–. Incluso hablé con Ginny para obtener su versión y preguntarle qué se sentía cómoda que incluyera. Eso fue idea de Hermione.

–Veo que han sido bastante exhaustivos. Muy bien, recomendaré cambios para este libro también.

Por supuesto, ese no sería el último libro. Harry ya había comenzado a escribir Harry Potter y el año del lobo.

–Ahora, ¿creo que querían discutir el puesto de Historia de Magia en Hogwarts? –continuó Dumbledore.

Harry dejó que Hermione respondiera esto.

–Sí, profesor –dijo ella–. Honestamente, el profesor Binns debió ser despedido hace años. Nunca aprendemos nada en clase de Historia. La mayoría de los estudiantes usan ese periodo para tomar una siesta y pasan los exámenes copiando las notas de los estudiantes mayores. Una opción de EXTASIS ni siquiera es ofrecida, como sería el caso en escuelas muggles. Necesitamos un maestro real. –Dumbledore suspiró.

–Desafortunadamente tienes razón, Hermione –dijo–. He pensado en hacer algo sobre esa clase por mucho tiempo, pero nunca parece funcionar. Ya que el profesor Binns murió en medio del año escolar, el director Dippet determinó que podía continuar al año siguiente, y no hubo gran esfuerzo para encontrar a un reemplazo cualificado. Su mala memoria en sus últimos años continuó en su muerte y bajó la calidad de su clase, así que el problema creció conforme pasó el tiempo. Ahora, me temo que la única persona cualificada para enseñar Historia de la Magia es Bathilda Bagshot, quien es muy vieja para hacerlo.

–Además, por muy ineficiente que es, el profesor Binns es el maestro más dedicado que he visto. –Los Granger soltaron una carcajada, pero Dumbledore continuó–. No lo dije como broma. Consideren lo que significa cuando un hombre muere y se levanta de su silla al día siguiente y continúa enseñando. Los fantasmas solo permanecen en este mundo porque se aferran a la vida que tuvieron en lugar de descubrir el territorio de la muerte. Para que Binns continuara con su trabajo quiere decir que la única satisfacción que tenían en vida era dar clases, y confieso que no he tenido el corazón para despedirlo.

El rostro de Hermione se suavizó por el fantasma. No era una historia que hubieran escuchado antes. La mayoría de los estudiantes bromeaban que Binns estaba tan viejo y perdido que nunca había notado que estaba muerto. No estaba muy segura de que decir sobre eso.

Sin embargo, Emma, siempre una madre práctica, no fue disuadida.

–Eso es muy desafortunado para él, Dumbledore –dijo–, pero no puede comprometer la educación de todos los niños por el bien de un hombre, muerto o vivo. Animamos al profesor Snape a mejorar sus métodos de enseñanza a cambio de su protección en Hogwarts, y lo hizo. Si el profesor Binns no puede hacer lo mismo, no creo que pueda justificar dejarlo continuar.

–Quizás tenga razón, Sra. Granger, ¿pero con quién lo reemplazo? Debe de ser alguien familiarizado con la historia de la magia de Europa y calificado para enseñar.

–Es por eso que le escribí, profesor –intervino Harry–. Tuvimos una idea hace un tiempo, pero nunca tuvimos la oportunidad de decírsela. No tenemos un problema con que un fantasma de la clase. Es solo que Binns no puede. Y nos dimos cuenta de que hay muchos otros fantasmas en el castillo que saben más sobre historia que cualquier libro y pueden enseñar.

–O dar una lección, por lo menos –aclaró Hermione–. Hay suficientes que podríamos tener uno para cada siglo.

Las cejas de Dumbledore se perdieron en su cabello, como si nunca lo hubiera pensado antes.

–Esa es una idea muy interesante –dijo–. Creo que tiene algo de mérito, y por lo menos algunos de los fantasmas estarían interesados.

–Más que suficientes, apuesto –habló Sirius–. Estoy seguro de que Nick Casi Decapitado lo haría. Veamos; murió en 1492; después estuvo el Caballero en… ¿Lunático?

–1651 –dijo Remus–. Y el Bandolero en 1739, Jacob Marley en 1836...

¡¿Jacob Marley?! –exclamaron todos los Granger excepto Hermione.

–¿Qué, no lo han conocido? –preguntó Sirius–. Tipo raro, ese, pero creo que sería bueno para esto. Y claro, está el fantasma de quidditch, Edgar Cloggs… 1920. Eso es suficiente para cubrir todo desde el Renacimiento, por lo menos.

–Mmm, sí. Puede ver que la rotación funcionaría bien –dijo Dumbledore–. Aunque no creo confiar en que todos los fantasmas enseñen bien, y sin ser parciales. No creo que en buena conciencia podría poner a Dick Turpin enfrente de una clase de primer año por sí solo.

–Estábamos pensando que necesitaría de un maestro real para moderar la clase –dijo Harry–. Lo bueno es que con los fantasmas sabiendo la historia, no tendría que ser un experto. Solo tendría que ser alguien que tiene conocimiento decente y algo de talento natural para dar clases… –Se interrumpió cuando una idea llegó a su mente y lanzó una sonrisa predatoria a Remus que lo hizo palidecer cuando la vio–. Oye, Lunático –dijo–, suena a que conoces tu historia...


Probablemente la última persona a la que Timothy Drucker de Whizz Hard Books esperó ver pasar por su puerta era Harry Potter. Drucker era un lector ferviente, y fácilmente podía leer entre líneas lo que la basura del Diario el Profeta publicaba. Podía ver que Harry Potter era una persona muy privada a quien no le gustaba mucho la atención.

¿Entonces por qué estaba ahí? ¿Acaso era por esos libros para niños? Seguramente sabía que fueron impresos por una editorial diferente.

–Disculpe, señor –dijo el chico–. Me gustaría hablar con el gerente, por favor.

–Yo… yo soy el gerente –tartamudeó–. Timothy Drucker, a su servicio, Lord Potter.

–Excelente. Tengo un libro que me gustaría venderle, Sr. Drucker.

–Un… ¿un libro? –Drucker perdió su voz.

El Niño Que Vivió no dijo nada. Solo colocó el manuscrito escrito en máquina sobre el mostrador. Drucker no estaba acostumbrado a los manuscritos impresos en máquina, pero apreciaba lo leíbles que eran. Sirius y Remus, quienes habían trabajado con tales cosas hace años para ayudar a Lily, habían encantado una máquina de escribir para que tomara dictado, y así Harry logró acabar en un par de días.

El título del manuscrito leía:

Harry Potter y la piedra filosofal

La verdadera historia en sus propias palabras

Por Harry James Potter

Timothy Drucker se desmayó.

–Vaya, nunca pensé que tendrías ese efecto en un hombre mayor, Harry –dijo Hermione.

Cuando recuperó el sentido, la asistente de gerencia de Drucker estaba de pie a su lado mirándolo preocupada, con varita en mano. Sin embargo, Priscilla no tuvo que preocuparse, considerando las primeras palabras masculladas que salieron de sus labios:

–¿Cómo se siente con Navidad como fecha de publicación, Lord Potter?


La fase de la luna necesitaba ser exacta para esto, y el hombre vestido como un burócrata del Departamento de Aplicación para la Ley Mágica solo tendría una oportunidad. No tendría tiempo después de este mes, y no podía cometer un error. Por suerte, sabía bien de su padre cómo funcionaba el sistema, y llegó a la puerta correcta.

–Hola, prima –susurró.

–¿Prima? –dijo una mujer con voz temblorosa desde dentro de su celda a lo que parecían ser dos oficiales del Ministerio–. ¿De qué hablan? No tengo familia.

–Vamos, ¿no me recuerdas? Las veces que nadamos juntos en el estanque detrás de la mansión de mi padre fallecido. ¿No recuerdas la vez que atrapaste a una rana con tus dientes? Nunca descubrí como lo lograste.

–¿Barty Junior? –exclamó Artemis Crouch, levantándose de golpe y presionándose contra las barras para tomar sus manos. El hombre afuera no lucía como el hombre que declaraba ser, pero había maneras de falsificar eso. Y solo una persona con vida sabía sobre ese incidente en particular–. ¡Se supone que estás muerto! Y si no lo estás, se supone que deberías estar en este lugar conmigo.

–Las cosas no siempre son como parecen, Arti. –Estiró su mano y tomó un cabello de su cabeza.


Frank Bryce había sido el jardinero de la Mansión Ryddle por cincuenta y dos años, aun cuando nadie había vivido ahí por treinta y siete de esos años. Los Ryddle habían muerto en 1944 bajo misteriosas circunstancias. De hecho, "misteriosas" ni siquiera comenzaba a describirlas. Frank había sido arrestado por su asesinato ya que era la persona más cercana a los Ryddle y la única persona que había sido vista cerca de la mansión ese trágico día. Pero la policía no pudo descubrir cómo habían sido matados los Ryddle, y mucho menos quien lo hizo. La palabra oficial era que habían sido asustados hasta la muerte, pero incluso eso hubiera dejado señas de un ataque al corazón, lo cual no era el caso. Era como si hubieran simplemente caído muertos ese día.

Frank sabía que el asesino real tenía que ser el joven de cabello oscuro que había visto en la mansión ese día, pero la policía estaba convencida de que Frank lo había inventado. Aun así, tuvieron que dejarlo libre, y él había permanecido en la casa del jardinero desde ese día, sin importar lo que las personas en Little Hangleton pensaran de él y cuántos de esos molestos polis intentaran hacerle la vida difícil. La casa pasó por una serie de dueños que nunca permanecieron por mucho, quizás porque habían escuchado los rumores sobre Frank, hasta que en 1957 un caballero rico llamado Jeremy Jaffe había comprado el lugar y se había olvidado de él, ya que había permanecido vacío desde entonces. Pero Frank aún era pagado para que cuidara del jardín, así que no se quejaba.

Y entonces, una noche en agosto, Frank vio algo que no había visto en treinta y siete años. Había luz una luz en la Mansión Ryddle. O por lo menos, pensó que la había. Era extraño: una luz tenue y parpadeante, como si no estuviera por ahí por completo. No estaba seguro de qué estaba pasando, pero cojeó a la casa para investigar. Cuando llegó a la cocina, recibió una gran sorpresa. No solo la Mansión Ryddle estaba en excelente condición, sin polvo, óxido, o basura, pero parecía que alguien vivía ahí, como si alguien se hubiera mudado unos meses antes y hubiera limpiado el lugar. Pero eso era imposible. Lo hubiera notado.

La única actividad que podía escuchar venía de arriba, así que se acercó para escuchar.

–Amo Señor Oscuro, señor, aún hay más en la botella.

–No ahora, Winky. Ordeña a Nagini para llenarla cuando regrese.

Frank se detuvo confundido. La primera voz… Winky… sonaba como a una niña pequeña y sonaba muy asustada. Había llamado al otro "Amo" ... "Amo Señor Oscuro", además. Esa no era una buena señal. La segunda voz también era aguda, pero sonaba más como un hombre afeminado, si adivinaba bien.

–Me sorprende que confíes en Barty con una misión tan importante dos días seguidos, Voldemort. –Fue una tercera voz, esta claramente de una mujer con tono severo. Tenía un acento extranjero… latinoamericano, quizás… pero sonaba como si tuviera más control de la situación que cualquiera de los demás. Eso solo provocó más preguntas. ¿Por qué toleraría ese tratamiento a la niña? ¿Era parte de? ¿La esposa, quizás?

–Barty ha probado ser mi sirviente más fiel, Lady Pantera –dijo la voz fría y aguda–. Su poción multijugos ha sido probada para que dure muchas horas, y dejé en claro que su prioridad era regresar sin ser capturado. No se alejará de la misión real.

¿Voldemort? ¿Pantera? ¿Multijugos? Frank pensó que estaba perdiendo su oído. Estas personas no tenían sentido.

–Sabes lo seria que es la seguridad por todo el país –dijo la mujer.

–Por la Copa Mundial de Quidditch, claro. Te recuerdo que he interrogado y usado Legilimancia en Barty con mucho cuidado sobre su plan. Brujas y magos llegando de todo el mundo, y el Ministerio en alerta máxima… en la Copa Mundial. Azkaban estará en alerta, pero con poco personal, ya que la seguridad será desviada, y Barty entrará y saldrá antes de la salida de la luna. Una transformación de humano a hombre lobo bajo poción multijugos durante la luna llena es letal. Eso ha sido sabido por un tiempo.

–Y Barty se asegurará de que Bertha no pueda hablar más.

¡Esa fue una cuarta voz! Una voz de hombre, profunda. La mente de Frank daba vueltas. Esas personas hablaban de magia… magia de brujas y escobas… y sonaba a que iban a intentar matar a alguien. Tenía que hacer algo. Estaba a punto de moverse, pero se detuvo cuando escuchó el escalofriante aullido de un lobo en la distancia. No estaba seguro de porque lo detuvo, pero las personas en el salón de arriba reaccionaron.

–¡Ja! ¡Parece que su plan funcionó, Lady Jaguar!

¡Jesucristo! Había cinco de ellos ahora, además de uno o dos más que estaban fuera de la casa… algo relacionado con ese lobo. Esta era otra mujer, pero más brusca y menos culta que la otra… más como el hombre de voz profunda. Su burla fue seguida de un gruñido que pareció haber salido de un jaguar real.

–No insultes a nuestra… invitada, Alecto –dijo el hombre de voz aguda–. Pero tiene razón. Barty ha logrado su misión, y tenemos a otro jugador disponible. Mmm… que desafortunado que Potter arruinó el plan de aislar a los hombres lobo, o estaríamos en mejor posición para reclutar –comentó.

–Pues, con el número que tenemos, ¿por qué no vamos por un ataque directo? –dijo la mujer extranjera–. ¿Por qué este plan complicado del torneo?

–Porque recibiría una respuesta rápida y severa –respondió él con fiereza–. Si te importa, te aseguro que no estaremos tranquilos durante este tiempo. Llamaré a mis seguidores uno por uno mientras esperamos y acumularé mis recursos y reclutaré. Para cuando tenga a Harry Potter a mi alcance, estaremos listos para luchar.

La mujer extranjera suspiró con fuerza.

–Aún creo que estarías mejor si no te molestaras con el niño, pero de acuerdo, tú eres quien paga.

Esto era demasiado. No solo eran un par de asesinos. ¡Era toda una maldita banda criminal! Frank solo podía comprender una mitad de lo que decían, pero parecía que se estaban preparando para una guerra. ¿Contra quién? ¿La policía? Quizás los apoyaría en eso, pero no si iban a matar a un niño. Ese Harry Potter, quien sea que fuera, parecía estar al centro de todo. Era hora de actuar. Comenzó a bajar las escaleras y… ¡SERPIENTE!

La serpiente que se estaba deslizando escaleras arriba era enorme… fácilmente de unos doce pies de largo. Parecía una pitón, pero Frank notó unos colmillos del tamaño de cuchillos en la luz tenue. Se recargó contra la pared, seguro de que estaba a punto de morir, pero la serpiente pasó a su lado y entró a la sala de los criminales. La voz aguda comenzó a sisear, y la serpiente siseó de regreso. De golpe, Frank se dio cuenta de que quizás en verdad había magia. Ese hombre podía hablar con las serpientes.

–Que interesante –dijo el hombre–. Tenemos otro invitado. Winky, por favor déjalo pasar.

–Sí, Amo. –Era la niña pequeña de nuevo. Frank salió de su sorpresa y se preparó para actuar. Tomaría a la niña cuando abriera la puerta y saldría corriendo lo más rápido que pudiera.

Y entonces la puerta se abrió.

No era una niña. Era pequeño, quizás hembra, pero definitivamente no humano. Tenía unos tres pies de altura, con largas orejas puntiagudas como de un murciélago, enormes ojos cafés del tamaño de pelotas de tenis y una nariz de payaso con la forma y tamaño de un tomate. Estaba llena de cicatrices y se veía maltratada, y parecía estar usando una funda de almohada, y Frank consideró tomarla y correr en principio general, pero entonces abrió su boca:

–Pase por favor, señor –dijo en un chillido.

Muy confundido para hacer otra cosa, Frank obedeció. Examinó la sala. Un hombre hosco de aspecto torpe y una mujer similar estaban sentados contra una pared. Una mujer alta de aspecto latino, de edad media pero aún bastante elegante, estaba recostada contra la pared opuesta, como si fuera la dueña del lugar. El otro hombre debía estar sentado en el sillón enfrente de la chimenea con su espalda contra él, y debía ser casi tan pequeño como la criatura-Winky, ya que Frank no podía ver la parte de atrás de su cabeza. La serpiente estaba enroscada alrededor de su sillón.

–Ah, Sr. Bryce, creo –dijo la voz aguda del hombre desde el sillón.

Frank se detuvo antes de responder.

–¿Quién quiere saberlo?

Eres Frank Bryce –confirmó.

–¿Cómo lo sabe?

–Oh, pero nos hemos conocido antes. Me conoces como Jeremy Jaffe.

–¿Jaffe? ¿El tipo que compró la casa? ¿Finalmente se mudó? –Frank estaba tan sorprendido que olvidó por un momento lo del asesinato.

–La ubicación recientemente fue conveniente para mí. Se suponía que debía estar oculta. ¿Cómo entraste?

–Vi una luz en la ventana. Pensé que unos niños se habían metido.

–Rayos. –Fue la mujer latina–. La barrera camaleón debe estar desgastándose. Debe ser el clima más frío. Tendré que reinstalarla.

–Asegúrate de hacerlo –el hombre… aparentemente el líder… habló–. ¿Lo escuchaste todo, muggle? –preguntó a Frank.

El aparente insulto recordó a Frank lo que estaba pasando.

–Escuché lo suficiente para que sea de interés de la policía. Los llamaré. Y si no regreso, mi esposa lo hará.

–No mientas a Lord Voldemort. Siempre lo sabe. No tienes esposa, muggle.

Frank se estaba enojando más que asustando, ahora. Extrañamente, quería una pelea por primera vez en años.

–Oh, ¿te crees muy inteligente Lord-hablo-sobre-mi-mismo-en-tercera-persona? ¿Por qué no te das la vuelta y me enfrentas como un hombre?

Hubo una larga pausa en el sillón. El par hosco y la criatura aguantaron el aliento.

–Amycus, da vuelta al sillón –siseó.

El hombre torpe se puso de pie y caminó nervioso para dar la vuelta al sillón. Frank se paralizó horrorizado cuando vio lo que había ahí. La… cosa apuntó un palo a él.

–Como puedes ver, soy más que un hombre, Sr. Bryce –dijo eso–. He querido crear mi sexto horrocrux por un tiempo. Tú serás suficiente.

–Estás cometiendo un error –dijo la mujer latina con voz cantarina.

–No pedí tu opinión. Avada Kedavra.


–¡AHHHHH!

–¡Harry! ¡Harry! ¡Despierta!

Harry Potter se levantó de golpe en su cama. Hizo una mueca de dolor y se llevó su mano a su frente antes de saber dónde estaba.

–¿Harry, qué pasa?

–¿Eh? –Harry abrió los ojos, intentando ver en la luz–. ¿Hermione? ¿Mamá? ¿Papá?

–Estamos aquí, Harry –dijo su mamá–. ¿Es tu cicatriz?

–Uj… sí.

–Estabas gritando tan fuerte que podrías haber levantado a un muerto –dijo Hermione preocupada–. Pensé que un hombre lobo se había metido. Hay luna llena, después de todo.

–No, no –dijo él, aun sobándose la frente–. Fue… tuve un sueño.

–¿Un sueño?

–O quizás una visión. No lo sé.

–Ven, déjame ver. –Emma quitó su mano y levantó su fleco para ver su cicatriz–. Bueno, se ve normal.

–Sentí como si alguien hubiera puesto un cable caliente sobre ella.

–Eso no suena como un sueño normal, hijo –dijo Dan–. Y la última vez que tu cicatriz dolió de ese modo fue cuando Voldemort estuvo cerca en tu primer año –agregó con urgencia–. ¿Crees que está cerca?

–¿Qué? No, no puede estarlo. Fue… –Cerró sus ojos con fuerza, intentando recordar. El sueño se estaba alejando rápidamente–. Estaba en una casa en algún lugar… una casa elegante. Nada como lo que hay cerca.

–¿Lo viste? –exclamó Dan.

–No. No lo hice. Pero… lo escuché. Había personas con él, y escuché… –Guardó silencio, no queriendo repetirlo en voz alta: Avada Kedavra. La mayoría de las personas temblaban al escuchar el nombre de Voldemort, pero Harry más sensato temblaba con esas palabras–. Mató a alguien, creo… Mató a un viejo. –Su familia soltó un grito ahogado–. Y… y creo que está planeando matarme a mí también. –Dejaron salir un grito ahogado de nuevo, aunque Harry pensó que debían haber esperado eso.

–Deberíamos llamar a Dumbledore –dijo Hermione.

–Sí, definitivamente –dijo Emma en acuerdo.

–¿En verdad crees que tenemos? –Harry no quería molestar al hombre mayor a esta hora de la noche.

–Dumbledore dijo que lo contactáramos de inmediato si algo extraño pasaba, y creo que esto definitivamente califica –dijo Emma–. Dice que hay rumores escalofriantes. Dan, ve y llámalo, por favor.

Dan bajó las escaleras para llamar a Dumbledore a través de la red Flu mientras que Emma se aseguraba de que su hijo estuviera bien. Regresó unos minutos después.

–Estamos bien. Dijo que no hay peligro aquí. Harry, dijo que escribas todo lo que recuerdas antes de que regreses a dormir. Vendrá con Sirius en la mañana para hablar contigo. Remus probablemente descansará.


Harry obedeció y escribió cada detalle que podía recordar. Era sorprendentemente poco considerando lo vívida que había parecido la visión en ese momento. Quizás no fue un sueño, pero ciertamente estaba desvaneciéndose como uno. Dumbledore y Sirius llegaron antes del desayuno, ambos luciendo muy preocupados. Leyeron sus notas antes de interrogarlo.

–Recuerdo ver a cuatro personas en el cuarto –explicó Harry–. Aunque no reconocí a nadie. Había una pareja muy fea, y una mujer con un acento extranjero, y el anciano. Y creo que también había un elfo o algo. Y escuché a una serpiente. Estaba hablando parsel.

–¿Entonces viste a Voldemort? –preguntó Dumbledore.

–No, no lo vi –respondió–. No podía verlo, pero… era como si estuviera cerca. De hecho, era como si estuviera hablando justo en mi oído. –Dumbledore frunció aún más.

–¿Dónde, exactamente, estabas posicionado en la visión? –preguntó–. ¿Estabas de pie con los otros en el cuarto? ¿O quizás flotando sobre la escena?

–No, fue extraño. Como si tuviera tres pies de altura y mirara arriba para verlos a todos… pero no creo haber sido el elfo. Quiero decir, eso no tiene sentido, ¿verdad?

–No. No el elfo –murmuró Dumbledore, aparentemente para sí mismo.

–Albus –susurró Sirius–. ¿Crees que tiene que ver con tú-sabes-qué?

–Probablemente… más tarde, Sirius –susurró de regreso. Harry estaba a punto de preguntar de que se trataba eso cuando Dumbledore habló–. Harry, lamento decir que creo que lo que viste en verdad pasó. –Harry asintió. Era más o menos lo que había esperado–. Te dije hace un año que tu habilidad para hablar parsel fue transferida a ti cuando Voldemort intentó matarte. Por este incidente, es claro que sin saberlo hizo más que eso. Compartes un tipo de conexión psíquica con Voldemort, por la cual sentiste su ambiente cuando estaba sintiendo emociones muy fuertes… probablemente emociones asociadas con la muerte de ese anciano.

–¿Estás seguro de que no puedes describir mejor a ninguno? –presionó Sirius.

–No, lo siento. Los reconocería si los viera… pero espera, ¿no podríamos usar un pensador para eso, profesor? –Dumbledore negó con la cabeza.

–Me temo que no. La magia del pensador muestra lo que te rodea físicamente… información obtenida por tus sentidos físicos. Un recuerdo en un pensador solo te mostraría en cama.

–Oh.

–Este es un asunto serio –insistió, y Sirius mostró lo serio que era al no interrumpir con una broma–. Si Voldemort obtiene acceso a tu mente, podría ser muy peligroso. ¿Por qué no usaste tu oclumancia?

Harry miró a sus zapatos.

–Lo siento, profesor. No me di cuenta hasta que desperté. Podría hacerlo si pasara de nuevo.

–Hazlo. Si llegaras a tener otra visión como esta, usa tu oclumancia al instante, e infórmame después.

–Sí, profesor.

–Quiero que quede bien claro. Cualquier información que obtengas es menos importante que mantener a Voldemort fuera de tu mente.

–Lo entiendo.