Estas teorías están basadas en la hipótesis de que todos los Harry Potter en el universo fueron creados en un gran JK Rowling en un momento particular en el pasado remoto y ninguna función de White Squirrel modifica esto.


Capítulo 85

Un placer hacer negocios con usted, Sr. Fudge.

Admito que me sorprende decir esto, pero igualmente, Sr. Major.


La Copa Mundial de Quidditch era una maravilla de la ingeniería, logística, y diplomacia mágica moderna. Un diez por ciento de las brujas y magos en el mundo atenderían la final, con una gran minoría llegando por traslador en las últimas dos semanas, todos listos y provistos para hospedarse en una ciudad campamento fuera del enorme estadio creado para la ocasión que tuvo que ser construido en una semana y sería derrumbado una semana después de que todo terminara, sin dejar rastro atrás.

Este año, hubo un gran cambio en la Copa Mundial de Quidditch. El Primer Ministro muggle, John Major, había insistido en estar involucrado, y el olvidado nombre y título de Maxwell Barnett, Mago de la Corte Real, también disfruto… de una pequeña cantidad de atención en la prensa mágica. El Wizengamot británico y la Asociación Internacional de Quidditch estuvieron nerviosos al principio de involucrar al gobierno muggle, pero la oposición pronto desapareció cuando fue anunciado que el Estatuto del Secreto no sería enforzado en la zona. Y eso fue antes de que incluso consideraran la reducción de costos al no tener que enforzarlo.

El gobierno muggle había cerrado un gran trecho de territorio público bajo la excusa de un ejercicio militar, lo cual fácilmente encubría cualquier suceso extraño. El Ministerio Británico les rentó el terreno a un precio justo, convertido de galeones a libras directamente por los duendes a un costo "razonable", el cual sería recuperado con la venta de boletos y renta de zonas para acampar. Eso quería decir que las brujas y magos atendiendo al evento podían pagar con dinero mágico, haciendo que todo fuera más controlado. El gobierno muggle recibió buenas ganancias, los magos de todo el mundo podían presumir su magia, y Fudge lució bien al negociar tan buen trato. Todos ganarían.

Sirius Black, al ser rico, teniendo influencia, y siendo el padrino del Niño que Vivió, naturalmente compró ocho boletos en la tribuna principal para la final… cuatro para los Granger, dos para él y Remus, y dos para sus citas, Victoria McKinnon y (ignorando las protestas de Remus) Tonks. Sirius y Tonks estaban de turno para seguridad general, pero podían justificarlo como seguridad para Harry. Y sí, Dumbledore había solicitado seguridad especial para Harry para este evento, ya que era un evento público en el que su itinerario sería conocido con anticipación. Había estado leyendo las señales, y la visión de Harry de la noche anterior era solo una pista más en una lista alarmante.

Sirius consiguió un traslador para una hora decente… después del atardecer. Los Granger sólo habían viajado por traslador un par de veces, y no estaban muy entusiasmados, pero era la única manera para llegar al campamento que podían usar. El traslador de regreso no sería hasta el día siguiente, así que Sirius había llevado dos tiendas de campaña mágicas… más grandes por dentro. Remus había ido, caminando, aunque sosteniéndose del brazo de Tonks. El hombre lobo no estaba seguro de si estar agradecido o molesto con Harry por ofrecerlo para dar clases de Historia, de entre todo, y mientras intentaba crear planes frenéticamente en medio de una cruda por luna llena, se inclinaba por molesto, pero lo dejaría de lado hoy por el bien de su amor mutuo por el quidditch. Todos estaban emocionados por el día. Apenas y notaron el anuncio de la muerte de Artemis Crouch en el Profeta, y ciertamente no pensaron nada de eso.

El campamento era uno de los lugares más fantásticos que los Granger hubieran visto. Tiendas mágicas multicolor cubrían el paisaje, y entre ellas, todo tipo de objetos mágicos estaban a la vista. Niños pequeños volaban en escobas de juguete mientras sus padres cocinaban en parrillas obviamente mágicas. Vendedores se estaban apareciendo por todos lados con bandejas con mercancía arcana. Los Granger compraron unos omniculares para ver el partido. Secciones grandes estaban reservadas para grupos nacionales en particular (o más estrictamente, grupos por idioma, lo cual era la manera más fácil de separar las cosas en el mundo mágico), cada una decorada con sus colores nacionales. Aunque ahora que habían llegado a la final, el verde irlandés y el rojo búlgaro lo cubrían todo. La mayoría de las escuelas mágicas del mundo y muchos equipos de quidditch profesionales también tenían tiendas representándolos.

Harry y Hermione vieron a bastantes de sus amigos ahí. Probablemente la mayoría de Hogwarts estaba ahí. Se encontraron con Seamus Finnigan y Dean Thomas en la sección irlandesa, dijeron hola a Luna Lovegood, quien estaba corriendo cerca, persiguiendo a criaturas invisibles con una red para mariposas, y tuvieron una plática agradable con los Weasley, quienes habían conseguido boletos justo debajo de la tribuna principal. Sirius los presentó a Ludo Bagman, Director de Deportes y Juegos Mágicos, quien le había vendido los boletos. Bagman era un antiguo bateador, como Sirius, pero también había jugado profesionalmente. Era alto y rubio con rostro infantil, pero se había dejado de cuidar en su edad media. Estaba tomando apuestas para el partido, pero se puso nervioso y se disculpó cuando Remus preguntó, aparentemente conociendo su reputación, si podía cubrirlas.

La reunión más interesante llegó cuando caminaron por la sección francesa del campamento y unas de las pocas personas que reconocerían a Harry sin ver su cicatriz los vieron. Primero notaron a la joven voz femenina que gritó:

C'est Arry Potter! C'est Arry Potter ! –Y una pequeña de cabello rubio platinado corrió a saludarlos. Sirius y Tonks sacaron sus varitas, tomándose su trabajo en serio, pero se relajaron cuando vieron que solo era una niña, y una muy linda. Harry también se confundió por un momento, pero Hermione fue la primera en reconocerla.

–¡Gabrielle Delacour! –dijo.

–Oh, Gabrielle –Harry la reconoció–. Comment ça va ?

–Estoy… muy bien –dijo la pequeña lentamente–. He estado... practicando… mi anglés.

–Así es –sonrió Harry–. Suena bastante bien.

Tres otras personas caminaban hacia ellos: una hermosa adolescente, su incluso más hermosa madre, y un hombre pequeño de rostro redondo: los Delacour. Dos años antes, los Granger se habían encontrado con los Delacour en Francia y se sintieron refrescados al tener una conversación con personas a las que no les interesaba la fama de Harry. Un año antes, habían ayudado a adquirir las mandrágoras para curar a Hermione cuando fue petrificada por el basilisco de Slytherin, así que ciertamente contaban como amigos.

'Arry Potter, es bueno verte –dijo la adolescente, Fleur. Le dio un beso en cada mejilla como era costumbre, y Harry se esforzó en regresar el saludo sin sonrojarse, lo cual no era fácil considerando que era parte veela–-. Nos preguntábamos si te veríamos aquí. Has crecido mucho.

–Gracias. No podía perderme la final de la Copa Mundial, ¿no lo crees? –respondió Harry–. Hubiéramos venido a más partidos, pero siempre estamos muy ocupados en el verano. ¿Cómo han estado? ¿Ya te graduaste?

–No, tengo un año más. Estoy muy bien. Terminé en primer lugar en mi sexto año.

–Oh, dejaré que hables con Hermione entonces. –Fleur se rio mientras que Hermione se sonrojaba y le lanzaba una mirada molesta.

Bonjour, 'Arry Potter, Monsieur et Madame Granger, 'Ermione –dijo la madre de Fleur y Gabrielle–. Espero que estén bien. ¿Veo que están aquí con amigos?

–Oh, sí –dijo Harry–. Él es nuestro padrino, Sirius Black, su cita, Victoria McKinnon, nuestro tío honorario, Remus Lupin, y mi prima Tonks… solo Tonks.

Los Delacour intercambiaron algunas palabras entusiasmadas en francés, y Madame Delacour se acercó a Sirius.

–Lord Black, hemos estado siguiendo las noticias británicas, y nos gustaría agradecerle por su trabajo ayudando a los hombres lobo. Las veela no son tratadas tan mal, pero nos importan todos los que ayuden a los no-humanos.

–Pues, gracias, Madame. Obviamente, es un problema cercano a nosotros. –Inclinó su cabeza en dirección a Remus.

–Por supuesto. Les deseamos suerte en su continuo esfuerzo.

Continuaron a su campamento y se relajaron hasta la noche. El estadio como tal era algo como de una fantasía del paraíso. Brillando como si fuera de oro, era igual a uno de los estadios muggles más grandes y mucho más alto, de más de cincuenta pisos y rodeando al campo, dando a todos una mirada cercana a la acción. Por consejo del Primer Ministro, elevadores mágicos habían sido instalados en el perímetro… acceso para personas con discapacidades y eso. Una enorme pizarra mágica al otro lado de la tribuna principal mostraba anuncios publicitarios, haciendo que el estadio luciera extrañamente normal. Varias brujas y magos llegaron a la tribuna principal durante la media hora siguiente, pero los invitados principales llegaron con el Ministro Fudge.

–Ah, Harry, ni niño –dijo el Ministro, estrechando su mano con calidez–. Es bueno verte a ti y a tu familia. ¿Cómo estás?

–Eh, bien, Ministro –dijo Harry con rigidez. Fudge obviamente estaba queriendo dar la impresión de que estaban en buenos términos, lo cual no era el caso, con Fudge estando en el bolsillo de Lucius Malfoy y oponiéndose a Harry en los temas políticos más importantes.

–Harry, me gustaría presentarte a nuestros dos invitados de honor –dijo Fudge, señalando a dos magos a su lado. El hombre a su izquierda era pálido y de cabello oscuro con cejas pesadas y estaba vestido completamente de rojo–. Él es el Sr. Oblansk… Obalonsk...

–Oblonsky –dijo el segundo hombre.

–Gracias. Bueno, es el Ministro de Magia de Bulgaria. No habla ni una palabra de inglés. Por suerte, el Embajador aquí, es tan brillante para los idiomas como lo era el pobre viejo Barty Crouch. –Señaló al segundo hombre, quien estaba vestido conspicuamente en verde y amarillo. Este hombre tenía tez oscura, cabello gris, y penetrantes ojos ámbar que parecían ver el alma de Harry cuando lo miró–. Él es Edward Grayson, Embajador de Australia. Caballeros, este joven es Harry Potter. Estoy seguro de que saben quién es… el niño que sobrevivió a Quien-Ustedes-Saben… mató a un basilisco el año pasado...

Los ojos del Ministro de Bulgaria se dirigieron a la frente de Harry mientras Grayson traducía. Harry suspiró y levantó su fleco. Normalmente no se molestaría, pero haría una excepción por dignatarios extranjeros. El Ministro señaló su cicatriz y comenzó a balbucear con entusiasmo. Por suerte, Grayson era más tranquilo y estrechó la mano de Harry con calma.

–Buen día, Sr. Potter –dijo–. Es bueno conocerlo finalmente. He leído bastante sobre usted.

–Y algo de eso quizás sea cierto –respondió Harry. Los ojos de Fudge se abrieron ampliamente con preocupación, pero Grayson solo se rio.

–Muy cierto, Sr. Potter. La palabra escrita con frecuencia está equivocada. ¿Pero hay algo de verdad en los rumores de que es uno de los magos más dotados en Gran Bretaña para la magia sin varita? –Harry sonrió.

–Oh, esa parte es cierta. Aunque mi hermana es mejor… Oye, Hermione, ven. Ella es mi hermana, Hermione.

–Vaya, usted es el Gran Hechicero australiano –exclamó Hermione cuando estrechó su mano–. ¡Ayudó a Dumbledore a derrotar a Kinani Ngeze y cazar a un nundu!

–Veo que también ha estado leyendo sobre mí. Es un placer conocerla, señorita Granger. –Besó su mano. Harry se sorprendió de que supiera su apellido correcto–. Estoy seguro de que saben, entonces, que yo también practico la magia sin varita. Si podemos encontrar el tiempo, me gustaría discutirlo con ustedes alguna vez.

–Se que a ambos nos encantaría, Embajador –dijo Harry. Estaba presentando a los invitados al resto de su familia y a sus citas cuando Fudge señaló a otro grupo de invitados.

–Ah, aquí está Lucius –dijo.

Todos los Granger y Sirius y Remus se detuvieron y se dieron la vuelta para ver la entrada de la tribuna principal. Se habían conocido antes en una de las fiestas de Año Nuevo de Sirius, pero siempre era un momento tenso cuando se ponía a los sangre pura más orgullosos en el mismo lugar que a muggles.

–Lord Black, Lord Potter –dijo Lucius Malfoy, conspicuamente no dirigiéndose a ninguno de los demás.

–Lord Malfoy –respondió Sirius con una mirada cautelosa.

–Tía Narcissa –se dirigió Tonks a la Sra. Malfoy sabiendo perfectamente que estaba obligada a reconocerla como familia por Sirius.

Desafortunadamente, terminó mal cuando Narcissa respondió.

–Nymphadora.

–Pensé que intentabas invertir de manera responsable estos días –provocó Lucius a Sirius–. Estos asientos debieron ser costosos considerando tus "obligaciones" autoimpuestas.

–Se cómo administrar mi dinero, gracias –respondió Sirius.

Fudge parecía no haber escuchado bien o para nada, porque explicó la situación con entusiasmo.

–Lucius está aquí como mi invitado. Acaba de dar una donación muy generosa al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.

De repente, Harry tuvo una idea. Hermione le lanzó una mirada de advertencia cuando vio su sonrisa, pero él continuó de todos modos con aire exagerado.

–Mi padrino, Sirius, también ha estado involucrándose en el campo de la sanación. Acaba de abrir una clínica para proveer poción matalobos a hombres lobo sin costo.

El comentario funcionó como lo planeó. Malfoy y Fudge lucían como si hubieran chupado un limón al no querer criticar la ley a la que se habían opuesto con tanta vehemencia enfrente de sus invitados. Draco sabiamente se detuvo a sí mismo y no lanzó una mirada de menosprecio a Harry y Hermione.

Mientras la noche continuaba, los Granger no estaban seguros de si Grayson estaba traduciendo. Por lo que parecía, él y el Ministro búlgaro parecían estar teniendo su propia conversación, periódicamente sonriendo a Fudge sobre una broma que no estaba comprendiendo.

Los últimos dos magos en entrar a la tribuna principal fueron los organizadores del Ministerio: Ludo Bagman y David Monroe, el Director de Cooperación Mágica Internacional. Harry se sorprendió cuando vio a Monroe. Cuando lo había visto en reuniones del Wizengamot, David Monroe siempre había lucido algo incómodo, pero ahora, lucía bastante relajado en túnica de piel y un sombrero tirolés de ala ancha que lo hacía ver como Indiana Jones. Estaba seguro de que había una historia detrás de eso, pero no tuvo oportunidad de hablar con él. Se presentaron a sí mismos y comenzaron el partido de inmediato, con Bagman como comentarista.

–¡Y ahora, pongan sus manos juntas para las mascotas del Equipo Nacional de Bulgaria! –rugió.

Harry no sabía lo que serían las mascotas, pero su pregunta fue rápidamente respondida cuando cien hermosas porristas de cabello plateado salieron al campo. No estaba seguro de que era tan divinamente etéreo en ellas hasta que Sirius gritó.

–¡Prepárense, son veela! –Dan lucía notablemente mareado y Emma se aferró a su brazo con un poco más de fuerza para mantenerlo sentado. Sirius tenía la suficiente experiencia con las mujeres que parecía no haber sido afectado. Harry no estaba seguro de si él reaccionaría a las veela tampoco. Cuando se habían encontrado con los Delacour en Francia, Fleur había pensado que quizás era inmune, pero había sido dos años más joven, y ella no era una veela completa. Pensaba que las veela eran muy atractivas, y le gustaría acercarse a ellas, pero eso no era mucho. Después de todo, ¿de qué otro modo reaccionaría un adolescente a cien mujeres hermosas?

Entonces, las veela comenzaron a cantar y bailar.

No, no, no, no soy inmune. Sólo resistente, pensó Harry. Una idea repentina de darse un clavado desde la tribuna principal para impresionarlas pasó por su mente. Podía reducir su velocidad de caída con magia sin varita, y los gatos eran buenos sobreviviendo desde grandes alturas, y… ¡Oclumancia! ¡Oclumancia! ¡Oclumancia! Ni siquiera estaba seguro de si la Oclumancia lo ayudaría en esa situación, pero pareció hacerlo. Quizás solo era la distracción mental, pero su lujuria irracional fue calmada.

Harry miró a su alrededor y descubrió que estaba recibiendo miradas impresionadas de las mujeres en la tribuna, cada una deteniendo físicamente al hombre con el que estaba, además de Hermione.

–Oclumancia –susurró, y su madre y hermana asintieron con comprensión.

Un rugido masculino de ira se elevó por las tribunas mientras las veela se iban del campo, pero los fans irlandeses pronto lo superaron cuando sus propias mascotas aparecieron, un cometa verde de leprechauns que voló en formaciones elegantes y soltó oro de tontos sobre las gradas. Una vez terminaron su espectáculo, los equipos salieron al campo.

–¡Dimitrov! ¡Ivanova! ¡Zograf! ¡Levski! ¡Vulchanov! ¡Volkov! ¡Yyyyyyyy Krum! –anunció Bagman. La mitad de la audiencia celebró mientras el equipo búlgaro dio una vuelta volando alrededor de las gradas. Harry estaba apoyando a Irlanda en nombre, pero estaba interesado en especial en el buscador búlgaro, Viktor Krum, quien había asombrado al mundo del quidditch los últimos dos años. Considerado como el mejor buscador de su generación, con solo dieciocho años, había llevado a Bulgaria hasta la final del torneo, a pesar de haber sido llamado previamente una ofensa débil. Dio su vuelta inicial con maniobras con las que Harry nunca había soñado: volando en reversa, boca abajo, de solo un brazo, y más.

–Ni lo pienses, Harry –dijo Emma.

–Oh, vamos, mamá, la saeta de fuego obviamente está haciendo la mitad del trabajo –protestó él.

–¡Connolly! ¡Ryan! ¡Troy! ¡Mullet! ¡Moran! ¡Quigley! ¡Yyyyyyyy Lynch! –introdujo Bagman al equipo irlandés. Irlanda tenía a un brillante escuadrón de cazadores, pero su buscador, Aidan Lynch, no era considerado ni cerca del nivel de Krum. Sería un partido interesante.

–Creo que Mullet es hijo de muggles –dijo Hermione.

–¿Por qué? –preguntó Harry.

–Solo mira su cabello.

Harry incrementó el zoom en sus omniculares y se rio. Mullet llevaba el mullet más ridículo que hubiera visto.

–Oye, se ve bien –comentó Sirius–. Quizás debería probarlo.

–Ni lo pienses, Sirius –dijo Remus–. Ese peinado está fuera de moda desde 1990. –Todos lo miraron–. ¿Qué? Pasé la mayor parte de los ochenta en el mundo muggle.

–Ven, es por eso por lo que hacemos buena pareja –dijo Tonks, tomándolo y besándolo. Sabían bien de su interés en la música heavy metal muggle. Remus solo se quejó un poco. Aún no estaba seguro de si había esperanza para los dos, pero ella había trabajado duro para asegurarse de que se sintiera cómodo al ser visto con ella, y definitivamente no lo iba a dejar irse por ser un hombre lobo. Tal vez...

El partido de quidditch fue a una velocidad que Harry nunca había visto antes. Bagman apenas y podía mantenerse al ritmo de los pases en sus comentarios mientras los jugadores llevaban a sus escobas (todas saetas de fuego) y a sus cuerpos al límite. Harry sabía por experiencia que la saeta de fuego, empujada al límite, era lo más que un cuerpo podía manejar de manera segura. Irlanda anotó tres veces antes de que Bulgaria apareciera en el tablero. Entonces, Krum empujó ese límite aún más al lanzarse en picada a toda velocidad, desafiando a Lynch a alcanzarlo. Krum se elevó a tiempo. Lynch no.

–Dios mío, ¿cómo es eso legal? –dijo Emma.

–Estará bien –exclamó Sirius. Y sí, tuvo razón. Tomó unos minutos, pero Lynch no solo se levantó, comenzó a volar de nuevo.

–En el mundo muggle, obligarían a enviar a un sustituto después de una caída como esa –dijo Dan–, aún si puede caminar.

–Creo que descubrirá que los magos están hechos con mayor resistencia, señor –dijo Lucius Malfoy con prepotencia.

El partido fue corto… ciertamente comparado con los de Hogwarts. Todo terminó en treinta minutos. La snitch de regulación no era lo suficiente rápida para un juego en el que los buscadores estaban en saetas de fuego. Durante ese tiempo, Irlanda anotó diecisiete veces, Bulgaria anotó una, el árbitro intentó correr a las veela del campo por distraer demasiado, las veela se pelearon con los leprechaun, transformándose en su forma de arpía y lanzando bolas de fuego por el campo, y Krum recibió una bludger en la cara y continuó volando.

–Se acabó –dijo Harry a pesar de todo eso.

–No si Bulgaria tiene suerte –dijo Hermione.

–Krum quizás espere a que Irlanda tomé otro gol de ventaja, pero es todo. Después de eso salvará su dignidad y se lanzará por la snitch.

–Cuando la vea.

–Ya la vio –dijo Harry con una mirada perdida, dirigiéndola con intensidad al campo.

–¿Cómo sabes? –demandó su hermana. Harry sonrió.

–Porque yo la encontré hace dos minutos.

Todos en la tribuna principal lo miraron con sorpresa, incluyendo a Bagman. Incluyendo a los Malfoy.

–Está ahí abajo, a nuestras dos, a unos treinta pies de altura.

Todos lo miraron. Draco Malfoy usó su propia habilidad como buscador y masculló.

–Demonios, tiene razón.

–¿Qué? Es más fácil cuando no te estás moviendo –dijo Harry a sus miradas de asombro–. ¡Lynch la vio!

Todas las miradas en la tribuna principal levantaron la mirada y observaron a Lynch lanzarse en picada. Krum se inclinó por completo sobre su escoba y se lanzó detrás de él, de algún modo alcanzándolo y capturando la snitch bajo su nariz. Lynch pronto se estrelló de nuevo y casi murió a manos de una multitud de veela enojadas.

–¡IRLANDA GANA! –gritó Bagman–. ¡KRUM ATRAPA LA SNITCH, PERO IRLANDA GANA! ¡Dios mío, no creo que nadie lo viera venir!

Los buenos oídos de Harry, Sirius, y Remus escucharon los gritos de entusiasmo directamente debajo de ellos que sonaban sospechosamente como los gemelos Weasley.

Ambos equipos fueron a la tribuna principal a saludar al Ministro. La mayoría de los halagos fueron a Irlanda, por supuesto, pero todos estrecharon manos con ambos equipos. Harry estaba entusiasmado por conocer a Krum. Se sorprendió de ver que lucía menos imponente en persona. Cierto, Krum era más alto y fornido que Harry, y tenía una expresión malhumorada (la cual era exagerada por su rostro ensangrado), pero se veía algo incómodo y encorvado en el suelo. Harry no esperaba poder hablar con él, pero cuando el Ministro Búlgaro lo abrazó, murmuró algo que lo hizo dar una mirada más cercana a Harry. Se acercó a él.

–Tú, tú eres Harry Potter, da?

Harry lo observó sin parpadear por la sorpresa.

Da –dijo–. Quiero decir, sí, lo soy.

–Entonces es bueno conocerte –dijo, estrechando la mano de Harry con firmeza–. He estado siguiendo tu carrera. Parece que eres muy bueno.

–¿Mi carrera? –tartamudeó Harry, casi ahogándose por la sorpresa.

–Por supuesto, Sr. Potter. Presto atención a todos los buscadores jóvenes que podrían ser rivales.

–¿Rivales? –exclamó él–. ¿Cree que yo…?

–Es campeón en su escuela, ¿correcto? ¿Nueve juegos y nueve capturas?

–Bueno, sí, pero eso no es… –Harry se detuvo cuando se dio cuenta que era impresionante. Incluso después de todos estos años, aún olvidaba lo pequeño que era el mundo mágico. La liga profesional de quidditch en Gran Bretaña incluía a casi todos los que habían jugado en la escuela y habían querido continuar, y la mayoría duraba varios años porque el compromiso de tiempo era similar. Y cualquiera que hubiera logrado la victoria de su equipo de casa por múltiples años era fácilmente lo suficiente bueno para ser parte de uno de los cuatro equipos nacionales. Harry se dio cuenta de golpe que ya estaba jugando a nivel nacional.

–No muchos buscadores pueden capturar la snitch cada juego –le dijo Krum–. Y su récord es más que números. Escuché que capturó la snitch con un brazo roto y en otra ocasión con una escoba defectuosa. Y escuché que el año pasado se lanzó en picada media milla en una tormenta de granizo y aterrizó a salvo con la snitch y su oponente.

–Aún insisto que podría haber aterrizado solo –interrumpió una voz obsequiosa–. Draco Malfoy, Sr. Krum. Estoy seguro de que ha escuchado de mí.

Da, Sr. Malfoy, así es. Las transcripciones de los partidos muestran que es casi tan bueno como el Sr. Potter. –Malfoy se sonrojó al ser llamado el segundo mejor, mientras que Harry estaba sorprendido de que las transcripciones de los partidos fueran lo suficiente detalladas para que pudiera notarlo. Krum no mostró molestia alguna, pero sí dio ver su desaprobación por la interrupción al excluir a Malfoy de su siguiente comentario–. Sr. Potter, quizás tenga el placer de enfrentarlo en la Copa Mundial de 1998.

–¿La Copa del '98? Pero apenas habré terminado la escuela.

–Tendrá la misma edad que yo. Pospuse mi matriculación y tomé cursos por correspondencia durante la ronda de grupo.

–¿Tuvo tiempo de estudiar durante un tour mundial de quidditch? –dijo Hermione con sorpresa. Krum se volteó a verla.

–¿Es la hermana del Sr. Potter? –ella sintió–. Terminé un año atrasado, señorita –dijo. Terminaré mi último año este año, pero si su hermano es tan bueno como los reportes dicen, creo que valdrá la pena.

–Vaya, Harry, ¿jugador más joven en Gran Bretaña? –dijo Sirius con entusiasmo–. Tu papá estaría muy orgulloso.

Harry estaba seguro de eso, pensó algo aturdido. No podía creer que Krum lo halagó de tal modo. Aunque su mamá quizás no estaría tan contenta. Ciertamente, sus padres adoptivos no lo lucían.

–Vaya… erm… Nunca lo había pensado, Sr. Krum –dijo–, pero definitivamente lo consideraré. Y esa fue una actuación brillante, Sr. Krum.

–Gracias, Sr. Potter. Espero verlo pronto.


Harry estaba rebosando de alegría mientras él y su familia regresaban a sus tiendas. Nunca se había imaginado competir en la Copa Mundial de Quidditch de 1998. Había tenido una vaga noción de pasar algunos años en la liga profesional, quizás intentar formar parte del equipo nacional, y posiblemente llegar al torneo de la Copa Mundial del 2002, pero esto abría todo un mundo nuevo para él, incluso si sus padres no lo dejarían saltarse un año de escuela. De cualquier modo, Viktor Krum lo consideraba como un rival serio. Eso estaba más allá de sus fantasías más locas. Estaba seguro de que dormiría bien esa noche, pero no terminó siendo el caso.

Con su oído felino, el ruido lo despertó primero en la tienda de su familia. En la distancia, podía escuchar gritos, personas corriendo, y explosiones que podrían ser confundidas con balazos. No era una celebración; los cantos habían parado. En el mejor de los casos, la celebración había dado un giro horrible. Harry se puso de pie al instante, en alerta. Tomó su varita, sus lentes, y sus zapatos, y amarró su funda a su brazo mientras caminaba al cuarto de su hermana.

–¡Hermione! –susurró, con un empujón.

–¡AH! –Hubo un ruido cuando Hermione, no acostumbrada a que Harry entrara en su cuarto, le lanzó un hechizo sin varita, el cual bloqueó.

–¡SHH! –dijo–. ¡Escucha! –Ella se detuvo y escuchó los gritos.

–Dios mío, ¿es una protesta? –dijo.

–No lo sé, pero creo que tenemos que irnos.

–Buena idea. –Hermione tomó su varita, zapatos, y bolso mientras Harry se apresuraba al cuarto de sus padres.

–¡Mamá, papá, levántense, rápido!

–¿Eh?

–¿Qué?

–¿Qué está pasando?

Antes de que Harry pudiera responder, el grito de Sirius se escuchó desde afuera de la tienda.

–¡FUERA! ¡FUERA! ¡TODOS AFUERA! ¡FUEGO!

Eso hizo que Dan y Emma se movieran rápidamente. Salieron de la tienda a los brazos del resto del grupo.

–¿Qué está pasando? –demandó Emma, pero una mirada a su alrededor le dijo la historia.

El campamento estaba quemándose. Tiendas de campañas estaban en llamas y muchos corrían por el bosque a la distancia. Un grupo de magos caminaban por el campamento en formación. No parecían tener rostros, pero a inspección más cercana, podían ver que usaban máscaras pintadas como calaveras.

–¡Mortífagos! –dijo Sirius.

–Espero que no empacaran nada frágil –gritó Remus. Agitó su varita, y la tienda se enrolló en un bulto irregular, con todo y equipaje.

Todos los Granger estaban lo suficiente preocupados, pero la cita de Sirius parecía estar en peor forma.

–Oh, Merlín, ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos? –dijo Victoria.

–Cálmate, Vicky –dijo Sirius–. Somos la seguridad de Harry. Tenemos que sacarlo de aquí. Si ponen sus manos en un par de muggles, los matarán. Ahora, hay cuatro de nosotros y cuatro de ellos. ¿Puedes hacer aparición conjunta?

–Sí.

–Bien. Todos, corran al campo donde llegó nuestro traslador y permanezca cerca. En cuanto estemos fuera de las barreras, nos apareceremos a mi casa. ¿Dora? ¿Remus?

–Estamos bien –dijo Tonks–. Dan, Emma, en el medio. Harry, Hermione, entre nosotros también, pero defiéndase como sea necesario. ¡Vamos!

Corrieron. El campamento era en su mayoría campo abierto, pero se camuflajearon bien entre la multitud. Varias maldiciones lanzadas llegaron cercas de ellos. Corrieron lo más rápido que pudieron con los adultos mágicos en formación protectora cercana. Dan y Emma eran el punto débil. Estaban en forma decente para su edad, pero eran los mayores y no en una carrera físicamente activa. Más maldiciones comenzaron a volar cuando el resto de la seguridad del Ministerio interceptó a los mortífagos. Por el ruido, las cosas estaban poniéndose feas.

–Oh, hola, Harry –dijo una voz sin aliento. Varias varitas apuntaron en esa dirección, pero fueron bajadas cuando vieron que solo era una pequeña adolescente con largo cabello rubio. A su lado opuesto, un hombre alto de cabello blanco la llevaba de la mano.

–Luna, ¿estás bien? –la llamó Harry.

–Estoy… bien… –respondió ella, resoplando–, pero creo… que quizás necesite… hacer más ejercicio… Esto es agotador.

–Está bien, mi rayo, ya casi llegamos –dijo Xeno Lovegood, llevándola en una dirección diferente.

–Te veo en la escuela, Harry –llamó Luna antes de que ambos desaparecieran con un pop.

–Bien. Ya estamos aquí, también –dijo Tonks–. Todos en parejas, agárrense bien. –Tomó a Emma del brazo, y Dan, Harry, y Hermione se emparejaron con uno de los demás–. A las tres… ¡TRES!

Hubo tres ruidos fuertes, y, después de una sensación muy incómoda de ser estrujado por un tubo, aterrizaron en el pórtico de Sirius. Los Granger nunca se habían aparecido antes y después de esa experiencia, no querían hacerlo de nuevo.

¡Confundus! –dijo Tonks, y un muggle caminando cerca con su perro parpadeó en confusión y continuó–. De acuerdo, estamos a salvo. ¿Todos tienen todos sus dedos?

Sorprendentemente, sí.

–¿Acaso esa fue una de esas "señales" que Dumbledore mencionó estaba leyendo? –preguntó Dan. Nadie respondió.

–Tengo un mal presentimiento sobre esto –dijo Harry.


–Idiotas –murmuró Barty Crouch Junior mientras observaba al grupo de mortífagos avanzar. Había sorprendentemente muchos de ellos. Parecía quizás lo que quedaba del círculo interno, casi todos. Claro, una reunión más para celebrar los viejos tiempos, pensó. Sin pensar en que el Señor Oscuro regresaría. Le daba asco. Aun así, su blanco estaba en la mira, y quizás era su mejor oportunidad de acercarse a él. Transformó una máscara de calavera para sí mismo, y se metió entre las filas por atrás.

Lucius era descuidado en su vieja edad, al no tener al Señor Oscuro alrededor para mantenerlo en forma por tanto tiempo. Su cabello largo era visible debajo de la máscara, haciendo su identidad obvia para todos los que lo miraran. Barty se acercó a él al instante, empujando entre las filas y deteniéndose a su lado.

–Hola, Luci –susurró en su oído, tomándolo con fuerza del brazo–, ¿no te estás olvidando de algo? –Cuando Lucius se endureció, Barty elevó su varita al cielo–. ¡Morsmordre!

De repente, el tipo de hechizos cambio. Una barricada de maldiciones para romper barreras creó un agujero en la barrera anti-aparición, y los mortífagos desaparecieron en pánico antes de que el Departamento de Aplicación Mágica pudiera atraparlos. Barty también se desapareció, pero se llevó a Lucius Malfoy con él de regreso a la mansión Ryddle.


–Lucius, mi amigo resbaladizo.

Esto no es bueno, pensó Lucius Malfoy.

–Que amable de tu parte enviar un mensaje por mí.

¿Cómo demonios sigue con vida?

–¿Torturaste a algunos sangre sucia, espero? Vi que los muggles fueron inteligentes y mantuvieron a los suyos lejos.

Todos los señores oscuros hablan de inmortalidad. Se supone que solo hablan.

–Es una lástima que ninguno de tus "mensajes" tuviera mucho efecto –dijo el pequeño cuerpo y construido de Voldemort–. Oposición a la Ley de Defensa de los Muggles, la cual falló. Apoyo a una ley para la regulación más estricta a los hombres lobo, la cual también falló.

Una mujer de aspecto salvaje reclinada en un lado del salón gruñó con enojo. Su primo le dio una palmada en el hombro para calmarla.

¿Y cómo demonios sigue con vida Barty Junior? Pensó Lucius. Había dos fugitivos de Azkaban en ese cuarto, ambos supuestamente muertos. Muertos y enterrados. Cuerpos identificados por aurores y enterrados en la isla de Azkaban, y aun así ahí estaban. ¿Entonces quién estaba en esas tumbas?

–Y escuché un rumor muy interesante, Lucius, sobre la famosa cámara de los secretos en Hogwarts –continuó Voldemort sin interés.

Mierda.

–Ah, veo que lo escuchaste. Quizás también escuchaste que la cámara fue abierta, y que el monstruo adentro fue matado por dos niños de doce años, un ave cantarina y un viejo sombrero.

Una mujer alta de mediana edad y de aspecto malicioso se burló. Lucius la miró y vio que estaba afilando una escalofriante daga negra.

–Oh, pero dónde están mis modales –dijo Voldemort–. Conoces a los Crouch y a los Carrow, por supuesto, Lucius, pero permíteme presentarte a la Gran Sacerdotisa, La Pantera de Veracruz, quien me está ayudando con mi proyecto actual.

Lucius estaba al tanto de la política internacional, y sabía exactamente quien era La Pantera, una señora oscura considerada al nivel de su Amo. Esto se está saliendo de control, pensó. Ahora hay dos.

–Así que, considerando tu mal historial actuando solo, quizás tu energía hubiera estado mejor dirigida encontrando y ayudando a tu Amo.

–Mi Señor, estaba en alerta constante –intentó Lucius lo único que tenía–. Si hubiera habido una señal, un susurro de usted...

–No mientas a Lord Voldemort –fue interrumpido–. Mis señales fueron suficientes hace dos años para que los Carrow dejaran de ocultarse y me buscaran. Nunca pensé ver el día en el que ellos mostraran más inteligencia que Lord Malfoy. –Los hermanos Carrow sonrieron con prepotencia, y entonces fruncieron el ceño al registrar lo que había dicho–. Tu falta de acción es obvia. ¿Qué excusa tienes?

Mierda doble. Lucius no dijo nada.

–Por suerte para ti, debo mantener mi discreción por el momento, y debes continuar sin ser sospechado. Tus pecados serán castigados cuando tenga el lujo de poder hacerlo de manera abierta. Sírveme con lealtad hasta entonces, y quizás pueda ser persuadido de reducir tu castigo.

–Por supuesto, mi Señor. Es misericordioso, gracias. ¿Qué necesita?

–Primero, los servicios de Lady Pantera no son baratos. Tiene preferencia por el oro y los animales exóticos. Tú tienes ambos. Segundo, contactarás personalmente a mis otros seguidores escabullizos y los traerás de regreso a la causa. Asegúrate de no levantar sospechas en el Ministerio, o con Dumbledore, o incluso Potter. Cuando termines, comenzaremos a reclutar de nuevo para que cuando recupere mi fuerza, estemos listos para atacar con todo lo que tenemos. Nuestra primera acción, por supuesto, será Azkaban. El liberar a dos prisioneros de seguridad mínima es nada comparado con liberar a los fieles en el ala de máxima seguridad. Una vez reunidos, regresaremos a nuestra antigua gloria.

¿Soy yo, o está hablando más como un semidios que antes?

–Será como usted lo diga, mi Señor.