Muchas cosas han sido expandidas por el tipo correcto de JK Rowling en conjunción con White Squirrel.
Notas de la traductora: No hay manera de hacer justicia a la canción del sombrero seleccionador, así que no la traduje. Por más detalles, por favor vean mis notas al final del capítulo.
Capítulo 86
–No podemos cancelar quidditch, Albus. No es justo para los jugadores que quieren mantenerse en práctica para jugar profesionalmente, especialmente los de séptimo año. Este es su año de reclutamiento.
–¿Y el hecho de que Gryffindor ha ganado la copa de quidditch tres años seguidos no tiene nada que ver, Minerva?
–Ese no es el punto, Severus. Insisto con que los arreglos del torneo son injustos. Estamos invitando a dos docenas de estudiantes, y solo uno de cada escuela podrá participar. Si queremos incentivar la cooperación internacional y la competencia amistosa, ¿no deberíamos tener más eventos en lugar de reducir nuestros seis partidos de quidditch a tres pruebas?
–Si a Remus no le molesta hacerse cargo del club de Duelo, podemos tener un torneo intraescolar al final del año.
–Sería un placer, Filius.
–Estos son sentimientos excelentes, pero consideren el tiempo. Minerva, lo que propones consumiría quince sábados adicionales si lo queremos hacer de manera justa, además de las visitas a Hogsmeade y los nuevos seminarios mensuales.
–¿Y eso es algo malo, Albus? Una de las quejas más comunes que escucho de mis Hufflepuff hijos de muggles es nuestra pequeña selección de clubs estudiantiles. Tan solo en deportes, he escuchado que la mitad de los estudiantes muggles participan en varios deportes comparado con solo un diez o quince por ciento de estudiantes que solo juegan quidditch.
–Por lo que he escuchado, creo que las escuelas tienen más empleados que nosotros para manejar ese tipo de cosas.
–Bueno, quizás no podamos hacer algo sobre eso este año, pero vamos, el Ministerio ha estado actuando como si este torneo fueran un gran evento. Sería mejor que nos eleváramos a sus expectativas.
–Muy bien. Muy bien. Aprecio su entusiasmo. Si me presentan un horario manejable para estos eventos supervisados, estaré feliz de autorizarlos.
Hubo un número de discusiones sobre lo que estaba pasando en Gran Bretaña durante la semana siguiente, ninguna muy productiva. Todos estuvieron de acuerdo de que era muy sospechoso que mortífagos atacaran la Copa Mundial tan pronto después de la visión de Harry, pero no podían ponerse de acuerdo sobre el significado.
Dumbledore ni siquiera estaba convencido de que estuvieron relacionados, pero confiaba en que había actividad mortífaga renovada en el país como no lo había visto desde principios de los ochenta. Lo único que podía decir era mantenerse en alerta y confiar en la seguridad mejorada del castillo para el año que comenzaba.
Las personas ciertamente no confiaban en la seguridad del Ministerio en ese momento. Rita Skeeter escribió un artículo mordaz sobre el ataque que era tan mal reflejo del Ministerio cómo era posible, y Sirius y Tonks trabajaron tiempo extra toda la semana para limpiar los daños.
La mañana del primero de septiembre era fría y lluviosa. Los Granger estaban empapados cuando llegaron a la estación. Hedwig y Crookshanks no estaban nada contentos. El andén nueve y tres cuartos estaba rodeado de neblina en el aire húmedo, dando un tono escalofriante a todo el asunto. Harry y Hermione estaban a punto de subir al tren cuando escucharon a una voz gritando sus nombres.
–¡Harry! ¡Hermione! –Neville Longbottom corría a ellos con la sonrisa más grande que le habían visto en el rostro. Su abuela estaba a una docena de pasos atrás, intentando mantener el paso. Era tan incongruente que no tenían idea de lo que estaba pasando. Entonces, fue más sorprendente cuando Neville se detuvo de golpe enfrente de Hermione y, sin titubear, tomó su rostro con sus manos y la besó tres veces… uno en una mejilla, otro en la frente, y otro en la otra mejilla.
Los Granger observaron sorprendidos. Sirius soltó un silbido canino. Hermione apenas lo notó.
–¿Neville? –susurró ella con ojos ampliamente abiertos–. ¿Qué fue eso?
El día anterior, en su última visita del verano, Neville y su abuela caminaron al ala Janus Thickey de San Mungo igual que siempre. No vieron a Alice paseándose por el ala, pero eso no era tan inusual, así que no pensaron mucho sobre el tema hasta que llegaron a la esquina y vieron que su cama también estaba vacía. Se dieron la vuelta preocupados y fueron recibidos por una visión sorprendente. Alice Longbottom estaba recostada en la cama de su esposo, envuelta en sus brazos. Augusta y Neville solo pudieron mirar con sorpresa.
–Oh, ¿aún sigue ahí? –se dieron la vuelta de nuevo para ver a la sanadora Strout de pie detrás de ellos.
–¿Cuándo pasó esto? –dijo Augusta.
–Oh, lo ha estado haciendo durante los últimos días, Madame Longbottom –dijo Strout–. Se que la política del hospital es no dejar que los pacientes comprometidos mentalmente compartan una cama, pero están casados, y se ven tan lindos juntos que no tuve el corazón de separarlos.
Augusta miró de nuevo a su hijo y a su nuera. Cada uno tenía una sonrisa en el rostro.
–Sí, se ven muy lindos juntos –dijo.
La sanadora Strout despertó con gentileza al par, para que pudieran ver a su familia.
–Se que no es mucho, pero Alice ha estado haciendo ruidos como si estuviera intentando hablar.
–Ha estado en eso por un tiempo –dijo Augusta.
–Hola, mamá. Hola, papá –dijo Neville. Se sentó al pie de la cama mientras Alice murmuraba algo incomprensible.
–Mi varita está en un árbol –dijo Frank. Hablaba con mucha más claridad que antes, pero aún no decía nada que tuviera sentido.
–Claro que sí, papá –dijo Neville con indulgencia–. Regreso a la escuela mañana.
–Nnnnn… –dijo Alice, inclinando la cabeza.
–Mi varita puede subir árboles –respondió Frank con una sonrisa. Strout suspiró.
–Pobre. A veces actúa como si en verdad comprendiera lo que dice.
Desafortunadamente, la mayor parte de la conversación fue así. Neville contó a sus padres todo lo que estaba pasando, aunque solo insinuando los disturbios en la Copa Mundial. Sus padres no reaccionaron de manera coherente. La respuesta más pertinente fue cuando Neville mencionó que iba a disfrutar hacer ejercicio en las noches con Harry y Hermione de nuevo, y Frank lo interrumpió.
–Mens sana in corpore sano –lo cual quería decir, "Una mente sana en un cuerpo sano". Todos se sorprendieron de eso, pero el momento pasó en cuanto llegó, y lo ignoraron. Se quedaron ahí por un tiempo hasta que a Neville se le acabaron las cosas de las que hablar, y él y Augusta se levantaron para irse.
–¡Cerezo! –gritó Frank en un tono como si estuviera intentando llamar el nombre de alguien. Neville lo miró–. ¡Carpe diem!
Neville forzó una sonrisa.
–Claro que sí, papá.
Mientras se alejaban, Alice se levantó de la cama, con su mano estirada hacia Neville. Augusta suspiró.
–¿De nuevo, Alice? De acuerdo, Neville, tómalo, sea lo que sea.
Neville se estiró para tomar la envoltura de la mano de su madre, pero cuando lo hizo, para su horror, ella removió la mano. Él se congeló, mirándola con una expresión adolorida. La sanadora Strout e incluso Augusta lucían sorprendidas.
–¿Alice? –dijo Augusta.
Pero Alice no estaba escuchando. Inclinó su cabeza, como si estuviera considerando algo. La inclinó aún más hasta que casi lo miraba de lado, y después al otro.
La envoltura cayó de su mano al suelo. Neville intentó no llorar. Alice aún lucía confundida, pero después de un tiempo, habló de nuevo.
–¿Nnnn...N…N...N...Nevvillllle?
–¡Mami! –Neville abrazó a su madre con tanta fuerza que ambos cayeron al suelo.
San Mungo fue cerrado brevemente esa tarde por miedo a un brote contagioso de histeria en masa. Después de todo, cuando múltiples sanadores reportaron a Augusta Longbottom sentada en el suelo del ala Janus Thickey, llorando como un bebé mientras su familia entera estaba abrazándose a su alrededor, y que Alice Longbottom, el caso más desesperado en el edificio, estaba hablando de nuevo, ¿qué se suponía debían pensar?
–Mi mamá me reconoció –dijo Neville.
Los ojos de Hermione se abrieron por completo. Nunca se hubiera imaginado que los padres de Neville se recuperarían tan bien con los medicamentos muggle que les habían dado.
–Oh, Neville, ¡eso es maravilloso! –exclamó. Lo abrazó de regreso y lo besó una vez… en la mejilla–. Vamos, hay que encontrar un compartimiento y puedes contarnos todo al respecto.
Una vez se sentaron, Neville les explicó un poco más sobre sus padres que antes… como su mamá le había dado una envoltura de caramelo cada que visitaba, como si intentara conectarse con él y no pudiera descifrar cómo. Y como su papá hablaba con incoherencia y se enojaba cuando nadie le respondía? Incluso Hermione sintió lágrimas en sus ojos cuando habló sobre como su mamá, después de doce años, de repente quitó su brazo, pero en lugar de eso había dicho su primera palabra desde esa trágica noche.
–Fue genial –dijo él–. Fue como… bueno, como si pudieras decir que eran mis padres por primera vez. Papá también. Lo que decía no tenía sentido, pero actuaba como si supiera lo que estaba diciendo.
–¿En serio? –dijo Hermione con interés–. Eso suena como afasia, Neville.
–¿Como qué?
–Afasia. Es un trastorno del lenguaje. Es posible que sí comprenda lo que está diciendo, pero su cerebro lo haga salir como en algún tipo de código. Escribiré a mamá y papá y les pediré que encuentren un libro sobre el tema. Si ya han llegado tan lejos, quizás terapia de lenguaje sería útil.
–¿Terapia de qué?
–Terapia de lenguaje. Es… eh… es un tipo de sanación muggle que ayuda a las personas con problemas mentales como los de ellos a comunicarse mejor.
–¿Los muggles tienen sanadores solo para eso? –dijo Neville con incredulidad–. ¿Cómo logran todo eso?
–Erm… pues, es algo feo decirlo, pero con muggles en cantidades de cinco mil a uno con los magos, quiere decir que hay dinero en eso –explicó Hermione.
–Me sorprende que hayan llegado tan lejos –dijo Harry–. Usualmente no hay mucho que se pueda hacer por heridas del cerebro traumáticas.
–Debe de ser magia –razonó Hermione–. Puede hacer muchas cosas que se supone son imposibles. Además, los doctores dijeron que las drogas podrían ayudar a formar recuerdos nuevos. Si eso es cierto, sería más sobre aprender de nuevo que recuperar.
Prometieron que investigarían y contarían a Neville lo que encontraran, y se dispusieron a disfrutar del resto del viaje en el tren. Malfoy y sus secuaces no los molestaron este año, lo cual fue una sorpresa. La única vez que lo vieron parecía tener algo más en mente, y apenas les hizo una mueca. El más antagonismo que recibieron, y del tipo amistoso, fue cuando Anthony Goldstein se detuvo en su compartimiento.
–Así que, Potter, veo que salieron las calificaciones del último año –dijo con prepotencia.
–Sí, también las vimos, Goldstein –respondió Harry. Goldstein había logrado ganarle a Harry por un margen mínimo en el promedio después de que Harry lo había superado el otoño pasado. La burla implícita no le quedaba a Goldstein, pensó Harry, así que le dio la vuelta.
–¿Espero que no haya resentimientos?
–¿Eh? ¿Por qué debería…?
Harry inclinó su cabeza hacia Hermione.
–Oh, cierto. Claro que no. –Ambos chicos eran el segundo y tercer lugar en la clase, no primer y segundo–. Y, eh, bien hecho, tú –agregó Goldstein con gracia.
–Gracias –dijo Harry. Sonrió un poco–. Claro, sabes que tendré que ganarte de nuevo este año. –Él sonrió ampliamente.
–Puedes intentarlo, Potter. –Hermione rodó los ojos.
–Chicos y sus rivalidades.
–No dirías eso si alguno de nosotros tuviera la oportunidad de alcanzarte –bromeó Harry. Hermione ignoró eso de manera obvia.
El clima se oscureció aún más mientras viajaban norte, y para cuando llegaron a Hogsmeade, estaban caminando arduamente bajo la lluvia y los rayos para poder llegar a los carruajes. Todos estaban empapados cuando llegaron al castillo y nada felices al respecto.
Había dos rostros nuevos en la mesa principal este año. Uno era esperado, pero el otro fue una sorpresa: un hombre viejo con cicatrices de batalla y un escalofriante ojo falso que parecía tener mente propia.
–¿Es Ojoloco Moody? –dijo Harry–. Pensé que se había jubilado.
–Lo hizo –dijo Hermione–. Debe de estar enseñando Defensa este año.
–¿Se volvió loco? Dora dijo que es super paranoico. ¿Por qué aceptaría un trabajo que mata a la gente?
–No lo sé. Dumbledore debió de decirle algo bastante convincente.
–Quizás sí está loco –dijo Ron desde cerca–. Mi papá dice que está algo chiflado.
–No lo sé, pero Snape no se ve contento –notó Fred. Y sí, Snape lanzaba obvias miradas molestas tanto a Lupin como a Moody desde su asiento, luciendo mucho más enojado de lo normal, especialmente para el banquete de bienvenida.
–No hay quejas aquí –dijo Harry–. Le caería bien tener a alguien que lo mantenga al margen. –Esperaba que Remus no estuvieraa por encima de realizar algunas bromas al murciélago gigante después de haber intentado meterlos a él y a Sirius en problemas en el Wizengamot.
El gran comedor se llenó lentamente, con todos intentando secarse, no caerse, y evitar a Peeves. Había varios susurros este año por la inclusión de hombres lobo en la escuela, con personas hablando bastante sobre Remus, Cedric Diggory, y Colin Creevey a sus espaldas. A pesar de las ganancias políticas del verano, ninguno era muy popular con el cuerpo estudiantil en ese momento. Un incidente obvio pasó cuando Harry notó el ruido de varios personas moviéndose, y miró para ver a Colin sentado a distancia de sus compañeros de casa quienes se habían alejado en una ridícula demostración infantil. Harry se puso de pie.
–Harry, ¿qué estás…? –dijo Hermione nerviosa.
Harry elevó su voz lo suficiente para que una gran parte de sus compañeros de casa lo escucharan.
–Que Gryffindor son. Oye, Colin, ven y siéntate con nosotros.
Todos lo miraron. Era una regla no escrita (y probablemente escrita en Slytherin) no llamar atención a los problemas de casa en público, pero en este caso, funcionó. Los otros Gryffindor lucían adecuadamente avergonzados mientras Colin sonreía y se levantaba de un salto para unirse a ellos. Los dos rasguños que había recibido de Greyback eran prominentes en su rostro, y había perdido peso, así que su cara estaba hundida y sus ojos parecían salirse de su cabeza. Estaba recuperándose, pero lentamente. Ginny dio un suave golpe al banco a su lado, y él se sentó junto a ella, para la sorpresa de su hermano. Sin embargo, sabiamente no dijeron nada al respecto, y Ron estaba más preocupado quejándose de porque el sorteo estaba tomando tanto tiempo.
Harry comenzaba a preguntarse eso también al observar el gran comedor. El lugar lucía más deprimente, vacío, y amenazante que antes, con la mitad de las casas medio vacías bajo los rayos y las nubes oscuras turbulentas en el techo encantado. Incluso las velas parecían más apagadas de lo normal. Era como si la oscuridad hubiera estado asentándose en Hogwarts durante los últimos tres años y hubiera llegado a su sombra más profunda.
Pero todo cambió cuando las puertas se abrieron de golpe y la profesora McGonagall entró con los sonrientes niños de primer año, y ellos entraron, y entraron, y entraron.
–¡Vaya, mira cuantos son!
–Esto va a tomar toda la noche.
–¿De dónde salieron todos ellos?
–¿Qué es esto? –se unió Ron a los susurros–. ¡Hay como cien de ellos! ¿De dónde salieron tantos niños?
–Ron, piénsalo –dijo Hermione–. ¿Cuándo nacieron todos estos chicos, menos nueve meses?
Ron contó con sus dedos, y abrió los ojos ampliamente.
–Oh.
Había habido muchas celebraciones después de que Voldemort fuera derrotado la primera vez, y por meses e incluso años después, parejas que habían esperado para tener hijos (o más hijos) se habían esmerado, así que no era sorprendente que la tasa de natalidad se había incrementado nueve meses después de que la victoria fuera anunciada. Ese día fue el primero de agosto de 1982, lo cual quería decir que la mayor parte del incremento en bebés comenzaba ese año en Hogwarts. Ron tenía razón: había unos cien de ellos. Muchos estaban saludando a hermanos mayores en las mesas. Por los incómodos saludos de regreso, parecía que casi todos tenían un hermano o hermana menor este año.
Al frente de la fila estaba el pequeño Dennis Creevey, quien estaba empapado de la cabeza a los pies y tenía el pesado abrigo de piel de Hagrid pesando sobre sus hombros. Saludó a Colin y enunció, ¡me caí en el lago! Lucía absolutamente feliz al respecto. El resto de los de primero lucían nerviosos, aunque muchos estaban encantados por la visión del gran comedor.
Una niña delgada de cabello castaño liso y anteojos redondos señaló al techo y habló a todos los que escuchaban:
–Está encantado para parecer como el cielo real. Lo leí en Historia de Hogwarts.
Harry se rio.
–Mira, Hermione, encontramos a otra tú.
–Ja ja –dijo ella con sarcasmo.
El entusiasmo en el comedor se incrementó cuando el banco de tres patas fue traído. Incluso el Sombrero Seleccionador lucía emocionado, como si hubiera estado esperando este día por años. Cuando la rajada se abrió en su lado, dejó una gran impresión con su canción.
WEEELLLLCOOOOOOOOOOOOME!
Welcome, all of you, to Hogwarts!
Welcome, all of you, to school!
Did you know that here at Hogwarts,
We've got a hidden swimming pool?
–¿Una alberca? –susurró Harry.
–Claro. Está en el baño de los prefectos –respondió George.
–¿Por qué se lo está diciendo a los de primero?
–¡Shhh!
Welcome to spells and enchantments, potions, and friends,
To Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw, Slytherin!
Welcome to the place our story begins, at Hogwarts!
El sombrero tuvo unos cuantos versos más cercanos a lo normal para describir las casas, pero mantuvo su canción más corta de lo normal antes de continuar directo con la selección.
–¡Ackerly, Stewart!
–¡RAVENCLAW!
–Esto va a tomar tiempo –admitió Harry.
Unos cuantos estudiantes después, Dennis Creevey se unió a su hermano en Gryffindor y fue presentado de inmediato a Harry, quien intentó ser amable al recibir a otro fan. La profesora McGonagall intentó que fuera rápido, pero el Sombrero Seleccionador no podía ser apresurado, y los estudiantes mayores, consentidos con años de sorteos rápidos, estaban cada vez más impacientes cuando llegaron a la M.
–¡McDonald, Natalie!
Harry prestó atención cuando la niña con los anteojos cuadrados dio un paso al frente y se sentó en el banco. El sombrero se tomó un minuto antes de decir:
–¡GRYFFINDOR!
Harry aplaudió con fuerza y lanzó una mirada traviesa a Hermione, quien lo miró con fastidio. Saludó a la niña y le indicó que se sentara cerca de él.
–Hola, Natalie –dijo–. Soy Harry Potter.
–¡Por todos los cielos! –chilló Natalie–. ¡He leído todo sobre ti! ¡Estás en Historia de la magia moderna y Defensa contra las artes oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX!
–Oh… –la sonrisa de Harry desapareció por un momento, y Hermione se rio y le dio un codazo de regreso–. Eh… me temo que ninguno de esos es muy cierto –dijo.
–¿No lo son? –dijo Natalie horrorizada–. Oh, no. Intenté leer sobre el mundo mágico tanto como pude.
–¿Oh? ¿Eres hija de muggles? –dijo Hermione con repentino interés.
–Sí. Nadie en mi familia tiene nada de magia. Mis padres se sorprendieron bastante cuando recibí mi carta.
Harry se rio. Esta niña sonaba tanto como su hermana a esa edad.
–Natalie, ella es mi hermana, Hermione –dijo–. Creo que las dos se llevarán muy bien.
–¡Robins, Demelza! –llamó McGonagall.
El gran comedor guardó un escalofriante silencio. Entre los susurros, una niña de aspecto enfermizo con cabello castaño rojizo, dos rasguños en su rostro, y una cojera permanente caminó hacia el banco. A pesar de sus obvias debilidades, se sentó erguida con determinación mientras McGonagall bajaba el sombrero seleccionador sobre sus ojos.
–¡GRYFFINDOR! –bramó el sombrero al instante.
Con un grito, Harry, Hermione, Colin, y Dennis se pusieron de pie, aplaudiendo con fuerza. Por unos segundos, fueron los únicos aplaudiendo además de los profesores, pero pronto, Neville, el equipo de quidditch, y unos cuantos Gryffindor comprendieron y se unieron, y un grupo de personas en Hufflepuff y Ravenclaw comenzaron a aplaudir también. Harry saludó a Demelza y le indicó que se sentara junto a Natalie. Natalie no comprendía de que se trataba, pero se presentó de manera normal.
El resto del alfabeto terminó rápidamente con Kevin Whitby en Hufflepuff y Nigel Wolpert en Gryffindor, y con eso, Dumbledore se puso de pie al frente del comedor.
–¡A comer!
Los ojos de Natalie y Dennis se abrieron por completo cuando los platos dorados se llenaron de comida, y se sirvieron con entusiasmo. Natalie debía de ser una de esas personas con rápido metabolismo, pensó Harry, considerando lo mucho que estaba comiendo. Harry y Hermione se sirvieron bastante proteína, como era normal para los animagos carnívoros. También los dos hombres lobo.
–Así que, Natalie –preguntó Harry–, ¿eres familiar de Mary Macdonald?
–Eh, no, no lo creo. ¿Es bruja?
–Sí, pero era hija de muggles también. Era amiga de mi mamá.
–¿En serio? ¿Cómo lo escribes?
–¿M-A-C?
–Oh, no, yo soy M-C. Lo siento.
–Está bien.
–¿Y cómo has estado, Demelza? –preguntó Hermione a la otra niña.
Demelza tragó su comida para hablar.
–Mejor. Estoy bien la mayor parte del tiempo, y ya no me siento tan cansada la mañana después. Aunque el viaje largo en tren fue pesado. Y los sanadores dicen que no hay más que puedan hacer por mi pierna.
–¿Qué pasó? –preguntó Natalie, su curiosidad ganándole. Demelza bajó la mirada.
–Fui mordida por un hombre lobo el otoño pasado –dijo ella.
–¿Eres un hombre lobo? –exclamó Natalie.
Ella asintió.
–¡Genial! –Demelza levantó la mirada y la observó con sorpresa–. ¡O no genial! –dijo Natalie rápidamente–. Lo siento. Es solo que es tan emocionante ver a todas las criaturas mágicas aquí.
Demelza aún la observaba sorprendida, aunque por una razón diferente ahora.
–Hija de muggles –le recordó Harry.
–Oh, claro. Todo debe de ser normal para ustedes –respondió Natalie–. ¿Hay otras criaturas en Hogwarts? Vi a los fantasmas, y a ese poltergeist. Y el Sr. Hagrid debe de ser algún tipo de gigante...
–Tranquila, Natalie –respondió Harry con una sonrisa–. No hay muchos. El profesor Flitwick es parte duende, el profesor Lupin también es un hombre lobo, y hay elfos domésticos trabajando en las cocinas.
–Yo también soy hombre lobo –admitió Colin–. El mismo me atacó en primavera. Y también a Cedric Diggory en Hufflepuff.
–Estaba mordiendo a muchas personas a propósito –explicó Harry–, pero los maestros finalmente lo capturaron. Pero bueno, la mayoría de los hombres lobo son personas normales y agradables.
–Oh, estoy segura que lo son… ustedes lo son –respondió Natalie–. Solo tienen problemas durante la luna llena, ¿verdad?
–Es lo que nosotros decimos a todos todo el tiempo –dijo Harry.
El banquete fue delicioso y divertido, como siempre, y se alegró de ver que Demelza comenzó a llevarse mejor con Natalie a pesar de su comentario inicial. Había estado preocupado por Demelza, y la mayoría de los hijos de muggles tenían problemas adaptándose, así que era bueno que parecieran llevarse bien. Sin embargo, se sonrojó cuando Demelza contó la historia de como él y Hermione la habían salvado y lo mucho que la habían ayudado durante el último año.
Después de que los postres desaparecieran, se estaba haciendo tarde, pero Dumbledore aún tenía que dar sus anuncios.
–Bienvenidos a Hogwarts –dijo con una sonrisa que escondía más preocupación que en los últimos años–. Es bueno ver sus rostros sonrientes, especialmente este gran número en primer año. Debo pedirles su atención por solo unos minutos, ya que tenemos un año muy ocupado y emocionante con muchos cambios en nuestros pasillos...
Pero Dumbledore fue interrumpido por un trueno mientras las puertas del gran comedor se abrían de golpe, y entró un hombre de tez oscura y ojos ámbar. Estaba cantando en voz alta, y el agua que lo estaba empapando se evaporó, dejándolo completamente seco cuando llegó a la mesa principal.
–Ah, Embajador –dijo Dumbledore–. Me alegra que pudiera llegar.
–Buen día, Dumbledore –respondió él–. Lamento llegar tarde. El clima me atrasó.
–Es de entenderse –dijo el mago anciano–. Permítanme presentarles a Edward Grayson, Gran Hechicero, Embajador General de Australia, antiguo Ministro de Magia de Australia, y antiguo Director de la Academia Uluru de Canto y Sueño. –Hubo susurros entusiasmados a la mención del nombre mientras aquellos que no sabían escuchaban sobre sus logros durante el verano–. Considerando los muchos eventos de interés en Gran Bretaña este año, el Embajador Grayson trabajará como profesor visitante en Hogwarts para permanecer cerca de la acción, y dará una serie de seminarios sobre un tema que sospecho será de interés para muchos… –se detuvo mientras la escuela comenzaba a imaginar que magia superpoderosa podría ser–. El ahora profesor Grayson es la autoridad mundial en magia sin varita.
La mitad de la escuela soltó una exclamación de sorpresa. Todos habían estado igual de impresionados por las muestras de magia sin varita de Harry y Hermione durante el año pasado, y por su mención de que no era tan difícil de aprender como todos lo pensaban. Con el experto mundial en el tema dando clases, quizás podrían aprender un poco también.
–También tenemos dos profesores nuevos a tiempo completo este año –continuó Dumbledore–. Primero, el profesor Alastor Moody, auror jubilado, enseñará Defensa Contra las Artes Oscuras. –Hubo aplausos intermitentes, en su mayoría de estudiantes como Susan Bones, cuyas familias Moody había ayudado a vengar–. Y el segundo, el profesor Binns ha aceptado no regresar a dar clases de Historia de la Magia este año y se ha jubilado a una carrera de embrujar la biblioteca.
Muchos celebraron, algunos con mucho entusiasmo, en su mayoría en la mesa de Ravenclaw, pero fueron ahogados por una mayoría de gruñidos. Muchos estudiantes no querían perder su hora de la siesta.
Dumbledore ignoró las protestas y continuó.
–Historia de la Magia ahora será impartida por el profesor Remus Lupin, quien será apoyado por un equipo de fantasmas de varios siglos que vivieron varios de los eventos que estarán estudiando.
Eso recibió interés. Hubo murmullos poco contentos porque un hombre lobo diera clases, pero el nuevo formato sonaba interesante. Los magos normalmente no prestaban mucha atención a los fantasmas, pero muchos de ellos estaban fascinados por hablar con alguien si se les convencía de hablar de historia. Y todos eran mejor que Binns, estuvieron de acuerdo… incluyendo a la Dama Gris, a quienes muchos consideraban muta.
–Como siempre, el bosque prohibido está prohibido para todos los estudiantes sin la supervisión de un profesor, y el Sr. Filch me ha pedido que les informe que su lista de objetos prohibidos ahora incluye yo-yos gritones, frisbees colmilludos, y boomerangs vapuleantes. La lista completa se encuentra afuera de su oficina.
–Ahora, sobre nuestros otros eventos especiales: el club de duelo y el torneo de duelo de fin de año continuarán este año bajo supervisión del profesor Lupin. Sin embargo, el torneo entre casas de quidditch no tomará lugar este año...
Fue interrumpido por fuertes gritos de protestas de los estudiantes, pero él elevó su mano para callarlos al instante.
–Cuidadosos atendientes notarán que no dije que quidditch sería cancelado –dijo el director–. Para esta temporada de quidditch, una Liga Académica de Europa del Norte ha sido establecida, la cual celebrará su propio torneo aquí en Hogwarts. Los equipos de las cuatro casas podrán participar. Capitanes, noten por favor que nuestro calendario de partidos será más apretado de lo normal, con el primer partido agendado para el primero de octubre.
–Todo esto es debido a un evento mucho más prestigioso que comenzará a finales de octubre y continuará durante el año: ¡Hogwarts ha sido seleccionado como anfitrión para el revivido Torneo de los Tres Magos!
–¡Es BROMA! –gritaron los gemelos Weasley al mismo tiempo.
–Oh, no, señores Weasley –los llamó Dumbledore–. Es bastante en serio. El Torneo de los Tres Magos es una antigua tradición entre las tres escuelas de magia de Europa del norte: Hogwarts, Beauxbatons, y Durmstrang. Originándose en 1294, las escuelas se tomaban turnos como anfitriones del torneo y cada escuela seleccionaba a un campeón para competir en tres pruebas mágicas. Era considerado una excelente manera de establecer lazos entre las naciones participantes. Sin embargo, el torneo fue descontinuado en 1792 por la gran cantidad de muertes.
–¿Cantidad de muertes? –susurró Hermione alarmada.
Pero Dumbledore respondió a sus miedos al instante.
–Aunque han habido varios intentos para revivir al Torneo de los Tres Magos en los últimos dos siglos, esta es la primera vez que es respaldado por las tres escuelas y el Ministerio anfitrión, y con nuestras preparaciones conjuntas, pueden estar asegurados de que ningún campeón se verá en peligro mortal este año.
–Mione, tengo un mal presentimiento sobre esto –dijo Harry.
–Pero Dumbledore dice que es seguro –protestó Colin, escuchándolo.
–Sí, por eso… –comenzó Harry.
–¡Shhh!
–Los directores de Beauxbatons y Durmstrang llegarán con sus candidatos y sus equipos de quidditch y duelistas interesados en octubre. Un juez imparcial examinará a los candidatos para determinar quién tiene la mejor probabilidad de triunfar en el torneo y seleccionará a los tres campeones en Halloween.
–Ahora en verdad tengo un mal presentimiento sobre esto –dijo Harry. Hermione rodó sus ojos.
–El ganador del torneo recibirá un premio de mil galeones –dijo Dumbledore.
–¡Yo lo haré! –dijo Fred al instante.
–Yo también –dijo George. Y sí, muchos estudiantes en el comedor parecían muy interesados en participar en el Torneo de los Tres Magos.
–Sin embargo, para asegurarnos de la seguridad de los campeones, ha sido decidido que solo estudiantes que han pasado sus TIMOs pueden entrar al torneo. Además, participantes que no tengan la mayoría de edad antes del treinta y uno de octubre deben tener permiso por escrito de sus guardianes... su guardián mágico... para entrar.
–Mal presentimiento, Mione –siseó Harry.
–¡Harry, no has pasado tus TIMOs! –dijo ella.
–¿Y?
–Estás siendo paranoico.
–¡Cada vez que soy paranoico es porque tengo razón!
–¡Y ahora, a dormir! ¡Vamos, vamos! –dijo Dumbledore, ignorando las preocupaciones del Niño Que Vivió, aunque tenía las suyas.
–Vaya, mil galeones –dijo Ron a nadie en particular mientras subían las escaleras a la torre de Gryffindor–. ¿No sería genial?
–Ajá –dijo Harry sin prestar atención.
–Una lástima que no podamos participar, ¿verdad, Harry?
–¿Eh?
–Especialmente tú. Estoy seguro de que podrías ganar. ¿Qué piensas?
Harry le lanzó una mirada de fastidio.
–Oh, sí, Ron, podría ganar el Torneo de los Tres Magos, y entonces, sería rico y famoso, y todas las chicas estarían tras de mí.
Todas las mujeres cerca se rieron, excepto Hermione, quien lo miró con molestia.
–Bueno, no tienes que responder de ese modo –exclamó Ron. Harry suspiró.
–Lo siento, Ron. Es solo que ya me meto en suficientes problemas. Y no quiero buscar más. Sería agradable que todos prestaran atención a alguien más por un tiempo.
Notas de la traductora: Para los que no reconocieron la canción del Sombrero Seleccionador, es la primera canción en A Very Potter Musical, producido por StarKid. Esta parodia musical es probablemente mi cosa favorita producida por fans de Harry Potter, y se las recomiendo bastante. Hay varias opciones con subtítulos en YouTube por si están interesados.
