Harry Potter tan profundo como esto está más allá de la posible sin tenerse a JK Rowling también, aunque es visible con algo de White Squirrel.
Notas del autor: JK Rowling dice que las partes más difíciles de escribir en Harry Potter fueron los partidos de quidditch, y estoy completamente de acuerdo. Sin embargo, aseguro a los fans del quidditch que estaré documentando los momentos más importantes.
Capítulo 89
Las cosas continuaron tranquilas conforme el año avanzó. Lo más preocupante en los terrenos eran los escregutos de cola explosiva de Hagrid, los cuales crecían a una velocidad alarmante. A finales de septiembre, ya tenían caparazones y comenzaban a tomar forma, aunque esa forma aún era un misterio. Tenían el tamaño de un gato ahora y también el talento de matarse los unos a los otros.
–No puedo creer que aún estamos trabajando con estas bestias –dijo Draco Malfoy durante la última clase del mes–. Y que ese tonto no nos ha dicho para que sirven. No es como si alguna vez tendremos que descubrir algo así por nuestra cuenta. Mi padre debería de cancelar esta operación. –Draco se había quejado con su padre en sus cartas, pero él parecía extrañamente distante en sus respuestas. Lucius había, por supuesto, expresado su desdén por Hagrid y por la baja calidad de sus clases, pero no había tomado gran acción, y había realizado un sorprendente número de preguntas sobre las bestias.
En privado, Draco pensaba que su padre estaba demasiado absorto en su nueva pasión por las criaturas mágicas. Era un buen pasatiempo, pero demasiado no era propio de un lord.
–Deja de hablar de tu padre, Malfoy –se burló Potter de Draco–. Nadie más aquí habla sobre su familia rica todo el tiempo.
–¿Celoso, Potter? –se burló Draco de vuelta–. ¿Buscando algo mejor que los muggles?
–¡Ja! Pero si tú alguna vez quieres buscar algo mejor que los mortífagos, me avisas.
–Harry –escuchó Draco sisear a Granger en advertencia.
–Mi padre es un respetado miembro de la sociedad, Potter –dijo Draco–. Di eso de nuevo y te desafiaré.
Potter parecía que iba a hacer justo eso, pero Granger lo detuvo.
–Harry, no lo provoques.
Chica lista, pensó Draco. Por lo menos es buena para algo.
–Bueno, Sr. Malfoy, si su padre muestra su brazo izquierdo en público, me disculparé públicamente –dijo Potter.
No era el primero en dar ese desafío, ni sería el último, y Draco hizo lo que su padre siempre hacía ante tal desafío: reírse como si estuviera por debajo de él… lo cual era el caso. Era un Malfoy, después de todo; no importaba la verdad sobre el asunto.
–Aún estoy intentando adivinar que son estas cosas –dijo Granger un poco después–. La parte trasera parece estar cubierta de un caparazón artrópodo...
–¿La parte trasera? –dijo Weasley estúpidamente–. ¿Cómo distingues cuál es la parte trasera? ¡Se ven iguales!
–Caminan en una dirección, Ron –respondió Granger–. Y hay algunas diferencias. La parte trasera parece como el caparazón de un artrópodo, como un insecto… o un escorpión. La cola es similar a la de un escorpión. Pero el frente está cubierto de estas pequeñas escalas hexagonales, y son más brillantes… casi metálicas.
Draco miró al escreguto en frente de él por sí mismo casi de manera automática. Tenía razón. La espalda y las muchas patas del animal tenían un caparazón liso, como el de un escorpión, pero el tronco del animal era un pedazo sólido de caparazón cubierto de placas hexagonales… más pequeñas que las de una tortuga. De hecho, lucían casi como…
–¡Cangrejos de fuego! –exclamó.
–¿Qué? –La clase levantó la mirada. Granger le lanzó una mirada interrogante.
–Cangrejos de fuegos, Granger –dijo Draco con prepotencia, revelando el poder decir algo más inteligente que ella por el momento–. La espalda encorvada de los escregutos es similar a la de los cangrejos de fuego, si estuvieran hechas de hierro y no de joyas.
Granger abrió los ojos con sorpresa, y miró al escreguto con más atención antes de dar un salto atrás con un chillido infantil cuando este le lanzó una llamarada.
–Puedo ver las similitudes –dijo–. Podría marcarlo como un pariente de los cangrejos de fuego excepto por las patas y las colas. Las patas y las colas definitivamente son de un escorpión.
–Pero no puede ser un escorpión normal –intervino Potter.
–¿Por qué no?
–¿Recuerdas todas esas películas antiguas con insectos gigantes que no funcionarían en la vida real? Las piernas de los escregutos no podrían aguantar su propio peso. Son muy grandes.
–Mmm… quizás. Sería claro si crecieran más, lo cual espero no pase. Si lo son, deben de ser más fuertes mágicamente. Pero la única criatura mágica que conozco con características de un escorpión son las mantícoras. No tengo idea de que tipo de criatura luciría como un cruce entre un cangrejo de fuego y una mantícora.
Draco casi soltó su varita.
–¡No se atrevería! –exclamó a nadie en particular.
–¿Quién no lo haría? –dijo Pansy, acercándose a él.
–¡Cruzarlos!
–¿Cruzarlos? Espera, ¿quieres decir que estas cosas son cruces entre especies? –dijo Pansy.
–Pues, preguntemos a Hagrid, ¿por qué no? ¿Son un cruce de especies, profesor?
Hagrid de repente lució muy incómodo.
–Bueno, eh, eso no es para nada importante –dijo él, moviendo sus manos de manera sospechosa.
–Espera un minuto, ¿crees que son un cruce entre especies? –dijo Granger–. ¿De qué estás hablando, Malfoy?
–Oh, no te hagas la tonta, Granger. Eres prácticamente una Ravenclaw. ¿Cuál es la explicación más lógica para una bestia que parece un cruce entre un cangrejo de fuego y una mantícora?
Para su sorpresa (y deleite), Granger y Potter lucían completamente perdidos, pero Weasley comprendió la respuesta "tonta".
–Rayos, ¿son un cruce entre un cangrejo de fuego y una mantícora?
–Ron, eso es ridículo -dijo Granger.
Oh, eso es interesante, pensó Draco. Granger estaba contradiciendo a Weasley, ¿y Weasley tenía razón? Esto tenía que verlo.
–¿Qué es ridículo? –exclamó Weasley.
–No se puede cruzar a cangrejos de fuego con mantícoras. Sus genes son completamente diferentes.
–¿Genes? ¿Qué rayos son los genes? –dijo Weasley.
–Son… son la cosa que permite que rasgos sean heredados de padres a hijos.
–¿Como la sangre?
–No, quiero decir… erm… lo que los magos llaman sangre, supongo, pero sólo en términos coloquiales. El punto es, no se mezclan entre especies, especialmente entre especies muy diferentes.
–Por supuesto que sí –gruñó Hagrid. Todos lo observaron, y agregó–: No debí decir eso. –Potter y Granger lucían verdaderamente perturbados. Así que los muggles sabían un cosa o dos sobre la sangre, ¿pero lo llamaban jienes…? ¿Genes? Lo llamaban algo diferente, y lo comprendían de manera completamente diferente. Eso quizás valdría la pena investigarlo si Draco encontraba a un tonto a quien preguntar.
–¡Demonios! –gritó Pansy–. ¿Quieres decir que hemos estado trabajando con híbridos peligrosos todo el año?
–No son tan peligrosos mientras se tomen precauciones adecuadas –protestó el gran bobo.
Draco no pudo ignorar eso.
–¿No tan peligrosos? –se burló–. ¿Hola? Tienen habilidades completamente desconocidas, y uno de los padres es una criatura clase XXXXX. Sus punzadas venenosas nunca han sido probadas, y ni siquiera sabemos qué tan grandes van a crecer.
Hagrid podía ver que había perdido el control de la clase. Incluso la mayoría de los tontos Gryffindor se pusieron en su contra ante la realización. Potter lucía bastante incómodo, aunque aún era el que más lo apoyaba.
–Hagrid, por favor dinos que por lo menos tienes un permiso para criar a estas cosas –le rogó Granger.
–Por supuesto que tengo un permiso. No te preocupes por eso, Hermione. El Ministerio dijo que los querían para… eh… pues, para un proyecto especial.
Ese proyecto es el torneo o soy un troll, pensó Draco. Me pregunto si padre lo sabe. Parece estar metido en muchas cosas de este tipo últimamente.
Granger parecía aliviada con eso, mientras que Potter observaba a los escregutos de manera reflexiva.
–¿Qué las mantícoras no son inteligentes, Hagrid? –preguntó él–. ¿Cómo las convenciste de reproducirse con los cangrejos de fuego?
–¿Reproducirse? –exclamó Hagrid. La mayoría de la clase e incluso Hagrid lucían asqueados. Draco sintió nausea. Así era como los muggles lo hacían–. Muestra algo de decoro, Harry –respondió Hagrid–. Un cangrejo de fuego no puede reproducirse con una mantícora. Eso nunca funcionaría, incluso si la mantícora no se lo comiera. Se usa magia.
–Oh, magia. Cierto… ¿Pero por qué estabas tan preocupado si tienes un permiso? –le preguntó Potter. Granger tenía la respuesta.
–Aún no están en el currículo, Harry. Ni cerca. Odio estar de acuerdo con Malfoy, pero tiene razón. Son muy peligrosos para que los estudien en cuarto año. De hecho, ya que no sabemos nada de ellos, no estoy segura de que los estudiantes de EXTASIS deberían tocarlos.
–Solo quería que la clase fuera más interesante –dijo Hagrid con tristeza–. Probablemente debería preguntar a Dumbledore.
–¿Cangrejos de fuego y mantícoras? –dijo La Pantera en tono casi erótico. Eso dio más escalofríos a Lucius que Bellatrix–. Interesante. Ambicioso… Quiero uno.
–Veré que puedo hacer, Lady Pantera –respondió Lucius Malfoy con tanta soltura como pudo. Se dirigió al Señor Oscuro, obligándose a observar al constructo feo y mutilado en la silla–. Si le parece a mi Señor, traeré a Macnair a usted al instante. Trabaja como verdugo para el Departamento de Criaturas Mágicas. Podrá obtener uno con menos sospecha. –Y les dará a alguien más a quien dar órdenes por un tiempo.
–Oh, mejor –interrumpió la sacerdotisa azteca–. Me serviría un monaguillo con experiencia.
¿Por qué suena eso escalofriante saliendo de ella?
–Una idea excelente, Lucius –siseó Voldemort–. Tráelo en cuanto puedas.
–Sí, Amo.
Si se era honesto, Lucius no estaba seguro de porque no había sabido antes sobre los escregutos, pero no se estaba quejando. Su tarea sería relativamente fácil. Lo malo era que Draco estaría decepcionado. Si Hagrid podía cruzas criaturas como esas, era más útil de lo esperado.
–¿Una temporada difícil este año, no lo crees Harry? –preguntó Cho Chang camino al campo de quidditch para el primer partido del año–. Cinco juegos en lugar de tres, y contra los mejores buscadores de Beauxbatons y Durmstrang.
–Oh, puedo mantener el paso, Cho –dijo Harry a la que una vez fue su novia–. Además, tú serás un buen calentamiento.
–Te comerás tus palabras, Potter. He estado practicando.
–De acuerdo, entonces, muéstrame una mejor estrategia que solo marcarme y te creeré.
–¡Vamos!
Harry en verdad creía que Cho podría ser una buena buscadora, pero tenía el hábito de marcar al otro buscador cuando se enfrentaba a alguien mejor en lugar de jugar por sí misma. Por lo que había leído en las revistas de Ron, era una buena manera de mejorar el porcentaje de captura, y muchos profesionales usaban esa estrategia, pero no ayudaba a mejorar. Y en la liga escolar, había tan pocos juegos que las estadísticas no importaban mucho. Necesitaba mejorar su estrategia ahora, mientras estaba en Hogwarts, para eventualmente participar en la liga profesional.
–Hola y bienvenidos a el primer partido en la historia de la Liga Académica de Quidditch de Europa del Norte –resonó la voz de Lee Jordan por las gradas y la radio mágica–. Es temprano en este brillante primero de octubre porque tenemos una temporada extendida y llena de acción: quince juegos e incluyendo equipos intraescolares de Beauxbatons y Durmstrang, los cuales llegarán a finales de mes para el Torneo de los Tres Magos. ¡El partido de hoy es Ravenclaw contra Gryffindor! –La multitud celebró–. Gryffindor lleva invicto tres años gracias a los esfuerzos de su buscador estelar, ¡Harry Potter! –Más gritos celebratorios–. Veremos si puede mantener su récord perfecto...
Cho puso una buena lucha. Harry se sorprendió bastante. Realizó nuevos movimientos para ayudar a los buscadores, como los buscadores hacían frecuentemente para interferir con jugadores del equipo contrario. Su constitución ligera y pequeña les daba un campo de actuación diferente que a los bateadores más grandes. Como resultado, a los cazadores de Ravenclaw les fue mucho mejor que el año pasado. Ella patrulló lejos de Harry, encontrando su propio patrón, pero aún mantuvo su mirada en él. Fue muy fácil hacerle una finta. La confundió e hizo que dudara de sí misma de ese modo, una desventaja fatal en quidditch. Cuando Harry finalmente vio la snitch, fue muy lenta para responder, y él fácilmente le ganó. Ni siquiera necesitó de la capacidad superior de su saeta de fuego.
–Nada mal, Cho –le dijo después del partido–. Otro año o dos y quizás seas un verdadero desafío.
Cho lo miró indignada, pero antes de poder decir algo, Hermione llegó detrás de él y lo golpeó en la cabeza.
–¡Auch! ¿Qué fue eso?
–Estas dejando que se te pegue la actitud de Sirius, Harry. Eres mejor que eso.
–Oye, es quidditch. Todo es por diversión.
–¿En serio? Sabes cómo era Sirius en la escuela, Harry.
–Mione, no haría la mitad de las cosas que él y mi papá –le aseguró–, pero nos burlamos los unos de los otros en el equipo de quidditch todo el tiempo.
–Está bien, Hermione –dijo Cho en acuerdo–. Puedo manejar a Harry Potter yo sola. –Merlín, ¿en verdad dije eso? Pensó. Eso podría ser tomado más en serio de cómo sonó en mi cabeza.
–Me sorprende cuantos de ustedes entregaron permisos para el entrenamiento con la maldición imperio –dijo el profesor Moody. Sonaba casi animado, pero su tono se ensombreció de nuevo al continuar–. Pero no me gustan las sorpresas. Nunca. Para aquellos que pidieron sesiones privadas, estaré feliz de hacerlo después de clase. No mostrar sus fortalezas y debilidades es buena práctica.
Harry Hermione se miraron. Ni siquiera habían considerado eso, y Sirius no lo había sugerido.
–Para aquellos a los que no se les ocurrió pedir que otro maestro estuviera presente como testigo en esas sesiones privadas, diez puntos menos por ser idiotas. Entrenar con la maldición imperio siempre requiere de un testigo calificado en Defensa para asegurarse de que el que lanza el hechizo no abuse del poder. El profesor Lupin será el testigo para esta clase.
Ah, esto lo explica, pensaron Harry y Hermione. Se habían estado preguntando porque estaba Remus ahí.
–Ahora, señorita Brown, veo que sus padres enviaron un permiso firmado para usted, pero usted no se molestó en firmarlo –continuó Moody–. ¿Le gustaría firmarlo ahora, o prefiere ser excusada?
–Eh… yo no creí que fuera tan importante, profesor –dijo ella.
–¿No es importante? –ladró él–. ¿No crees que es importante, Brown? ¿Cómo te sentirías si fueras maldecida por un mago que quiere hacerte daño? Claramente sabes que eres una chica atractiva con todo el esfuerzo que pones en tu maquillaje. Las personas notan tu tipo de aspecto...
Hermione lo miró boquiabierta. ¿En verdad dijo eso?
Lavender palideció dramáticamente, pero mantuvo su protesta, más para paz mental que una objeción real.
–¿Pero en verdad estamos en tanto peligro? –Moody fijó ambos ojos en ella en su modo perturbador.
–Señorita Brown, ¿recuerda lo que dije en nuestra primera lección?
–Eh… –comenzó a buscar entre sus notas.
–Le ahorraré el problema. Dije que dos de sus maestros previos fueron asesinados en el trabajo. –Todos en la clase sintieron un escalofrío–. Hay magos oscuros ahí afuera, y han atravesado los muros de este castillo varias veces. Si es lista, recordará eso y hará lo posible por protegerse. Y eso va para todos. –Su ojo falso miró a toda el aula de nuevo mientras colocaba el permiso en su escritorio–. Ahora, pregunto de nuevo, ¿le gustaría firmar?
Lavender asintió en silencio y escribió su nombre.
–Bien. Ahora, Sr. Boot, usted es el primero alfabéticamente. Al frente y centro, ahora.
Como un hijo de muggles, el guardián mágico de Terry Boot era Dumbledore, así que no tuvo obstáculos para firmarlo, lo cual hizo bajo consejo de Harry y Hermione. No eran tan paranoicos como Moody, pero Harry se había enfrentado a magos oscuros en múltiples ocasiones, así que comprendían la importancia del entrenamiento. Bajo la mirada cautelosa de Remus, Moody apuntó su varita a Terry y lanzó un Imperio.
La clase se rio mientras Terry comenzaba a bailar al estilo disco. Hubo más risas cuando una Lavender nerviosa imitó a una ardilla, y más durante el resto de la clase que tenía permiso. Nadie tuvo suerte en resistirse hasta Hermione. Cuando Moody lanzó la maldición, ella hizo una mueca, apretó los dientes, y tartamudeó un poco antes de comenzar una interpretación mala de ambas partes de "Don't go breaking my heart", la cual había estado entre las canciones más escuchadas en el mundo muggle la primavera pasada. Harry se rio histéricamente, y ella lo miró con fastidio.
–Es un buen comienzo, Granger –le dijo Moody cuando terminó–. Pude notar que te estabas resistiendo. Eso será de gran ayuda. Si las personas pueden notar que estás bajo los efectos, no serás tan útil para un mago oscuro.
Neville no tuvo tanta suerte. No titubeó cuando Moody lo hizo realizar una serie de acrobacias asombrosas que dejaron a la clase mareados.
–Profesor, ¿cómo hizo eso? –exclamó Hermione.
–¿Perdón? –dijo Moody–. Usé la maldición imperio.
–Sí, lo sé, señor, pero Harry y yo tenemos una muy buena idea de lo que Neville es capaz de hacer físicamente, y honestamente, no es tan coordinado, y no sabe cómo hacer acrobacias como esas.
–Ah, pero yo sí, señorita Granger –respondió él–. La maldición imperio no es un instrumento para ordenar a alguien. Es control total. Un practicante habilidoso puede controlar a su víctima tan bien como a su propio cuerpo y hacerlo que haga cosas que nunca haría normalmente. No subestimes a alguien bajo la maldición imperio. Puede que sean mejores luchadores de lo que piensan.
Cuando llegó el turno de Harry, la orden que Moody le dio fue aburrida comparada con algunas de las otras, pero la maldición como tal era una de las cosas más insidiosas que había sentido. En verdad se sentía bien. Una sensación maravillosa y flotante lo sobrellevó. Todos los pensamientos y preocupaciones huyeron de su mente, dejando solo una felicidad vaga e ilocalizable. Era como estar en… bueno, como una droga muggle. No estaba seguro de cual. No había tenido experiencia de primera mano, y no le importaba lo suficiente para pensar sobre eso en este momento.
Pero también escuchó la voz de Moody, no por sus oídos, pero como un eco en un rincón distante en su mente: Salta sobre el escritorio… Salta sobre el escritorio.
Para ahora, la respuesta condicionada normal de Harry hacia cualquier fuerza en su mente era usar Oclumancia. Intentó imaginar su muro… su imagen mental del castillo de Hogwarts y los terrenos que usaba para detener a cualquier intruso de que accediera a sus recuerdos, pero había dos problemas con esto. Uno: la sensación eufórica de la maldición había entumecido su buen juicio, haciendo más difícil que lo imaginara con claridad. Y dos: el "intruso" no quería sus recuerdos. Quería que...
Salta sobre el escritorio… Salta sobre el escritorio...
No, creo que no lo haré, dijo otra voz en su cabeza. Tan alejada que no la registró como la suya.
¡Salta!
¡No!
¡SALTA AHORA!
–¡Sal de mi cabeza! –gritó Harry en voz alta y dio un paso atrás tambaleante. Sus piernas habían intentado saltar, pero no tuvieron el suficiente apoyo, así que se tropezó y casi cayó sobre su trasero. La clase dio un salto ante su respuesta.
–¡Así se hace, Potter! –dijo Moody con entusiasmo–. ¿Ven eso, ustedes? Potter casi lo logró. Tendrán problemas controlándote a ti, Potter. Eres un luchador.
–Me han dicho que soy muy voluntarioso, profesor –dijo Harry levantándose temblorosamente.
–Sí, eso eres. La imperio no es como otra magia mental en la que puedas pensar como liberarte –dijo Moody. Harry notó a Hermione bajar su mirada–. Es una batalla de voluntades, y eso da al que la lanza la ventaja. Es lo que es tan insidioso y terrible de ella. Muchos de ustedes lo sintieron. No te obliga a hacer las cosas. Solo te pone demasiado feliz para que luches. Pueden hacer las cosas más terribles que se puedan imaginar, y son muy felices para notarlo, mucho menos para detenerse.
–Como dije, no todos tienen lo que se necesita. No muchos tienen una voluntad tan fuerte para lucharla, pero si saben cómo se siente, quizás les dé una oportunidad.
Hermione aún lucía algo afectada cuando dejaron la clase.
–Eso fue horrible –dijo ella–. Sentí como si alguien hubiera puesto alcohol en mi jugo de calabaza. Incluso intenté la oclumancia para intentar enfocarme en algo más, pero casi no hizo nada.
–Lo sé. Fue igual para mí –dijo Harry–. Tuve que enfrentarla directo.
–No sé como pudiste lucharla de ese modo. Desearía poder.
–Te fue mejor que a muchos, hermanita.
–Mmm… –ella aún lucía perturbada.
–Oye, por lo menos lo aprendimos aquí antes de que algún mago oscuro viniera tras nosotros.
–Lo sé. Es sólo que...
–¿Qué? ¿Estás bien? –preguntó Harry preocupado.
–No, no soy yo, pero… es lo que Moody dijo a Lavender –dijo Hermione–. Eso fue horrible. ¿Está tratando que lo despidan? –Harry se detuvo.
–Sí. Lo está, Mione –dijo él.
–¿En verdad?
–Es super paranoico, ¿recuerdas? Está aquí bajo un contrato de un año, pero eso no salvó al profesor Williamson. Aún fue asesinado por Greyback. Moody está intentando darle una excusa a Dumbledore para que lo despida por si acaso.
–Eso es… brillante –dijo Hermione–. Y loco. Y ofensivo. Además, ahora yo voy a tener que lidiar con las pesadillas de Lav.
–Lo siento. Supongo que así es Moody.
El veintitrés de octubre se anunció que las delegaciones de Beauxbatons y Durmstrang llegarían en una semana, el domingo treinta. La mayoría en la escuela estaban emocionados, por el torneo y después por el segundo seminario de magia sin varita del profesor Grayson de ayer. (Muchas personas habían tenido resultados esta vez) Harry Potter, sin embargo, comenzaba a sentirse preocupado mientras Halloween se acercaba.
–Les digo, chicos, algo malo siempre pasa en Halloween, y el torneo es una buena oportunidad de que algo más salga mal.
–Y yo te digo a ti, Harry, que esa es la falacia del apostador –lo contradijo Hermione–. Solo porque cosas malas han pasado en Halloween los últimos tres años...
–Espera –interrumpió Sirius. Harry y Hermione habían colocado sus espejos de comunicación en la oficina de Remus para poder hablar con Remus, sus padres, y Sirius al mismo tiempo–. No lo ignores, Hermione. El que cosas malas hayan pasado en ese día en particular no es una coincidencia si hay una razón para eso. –Hermione frunció el ceño.
–¿Qué quieres decir? –Remus le respondió.
–¿Por qué crees que Voldemort atacó a la familia de Harry en Halloween? ¿Qué les dijo Dumbledore el año pasado cuando les contó sobre los horrocruxes?
–¿Que a Voldemort le gustan los fundadores? –dijo Harry. Hermione realizó la conexión.
–Que Voldemort está obsesionado con el simbolismo.
–Exacto. Incluso en el mundo mágico, Halloween es considerada la noche cuando la oscuridad es más fuerte… o lo era hasta que Voldemort fue derrotado. Por eso fue que intentó matarte esa noche en particular, Harry, y apuesto a que es por eso que actuó por primera vez en Halloween en tus primeros dos años. El año pasado fue una coincidencia… luna llena la mañana de Halloween… pero las otras no.
–Y Dumbledore dice que Voldemort está recuperando fuerza –razonó Dan–, así que es probable que actúe de nuevo.
–Exacto.
–Pero ya hizo su acto inicial –dijo Hermione–. La Copa Mundial. –Sirius negó con la cabeza.
–Eso si fue él. ¿Dar su mano antes de que haga algo? ¿Lanzar la marca tenebrosa, y para qué? ¿Qué ganó? No, no lo creo. Creo que fueron mortífagos borrachos reviviendo los buenos tiempos.
–Lo cual significa que su primer acto está por venir –dijo Emma–. En Halloween.
–De acuerdo, pero Voldemort no está aquí, ¿verdad? –dijo Hermione nerviosa–. El profesor Dumbledore lo hubiera notado.
–Eso espero –dijo Remus en acuerdo–. Pero aún creo que deberíamos ser más cuidadosos en Halloween.
–Igor Karkaroff estará ahí –dijo Sirius con tono sombrío–. Él es quien más me preocupa.
–¿Quién? –preguntaron los Granger.
–El director de Durmstrang. Fue mortífago durante la guerra, pero se libró de Azkaban informando sobre sus compañeros mortífagos. Tendría que hacer algo muy grande para siquiera tener la esperanza de ser invitado de regreso, y esta sería la oportunidad perfecta.
–Definitivamente hay que vigilarlo, entonces –dijo Dan–. ¿Sabemos quién más irá?
–Olympe Maxime, la directora de Beauxbatons. No estoy preocupado por ella. Es un secreto abierto que es semigigante… eso es más tolerado en el continente… así que será difícil que hagan algo a través de ella. David Monroe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional… ahí no hay de qué preocuparnos. Probablemente es la persona más liberal en el Wizengamot. Sería más fácil que se uniera a una comuna hippie muggle que el que apoye a Voldemort. Y Ludovico Bagman del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Está metido en asuntos turbios, Bagman… fue acusado de ser un mortífago partidario, pero fue absuelto, y Dumbledore le creyó. Lo descontaría por completo, excepto por una cosa. ¿No sé si han escuchado sobre esa bruja, Bertha Jorkins? Estaba en el departamento de Bagman, y desapareció el mismo día que tuviste ese sueño, Harry. Algo puede estar pasando con él, pero creo que Karkaroff es a quien vigilar.
–De acuerdo, entonces. Estaré en alerta –dijo Harry.
–Hablando de horrocruxes –recordó Emma de un momento anterior en la conversación–, ¿han progresado con ellos? Son lo que nos está dando tantos problemas en primer lugar, ¿no?
–Cierto –dijo Remus–, pero por lo que sabemos, aún estamos donde estábamos hace un año. Tres destruidos, dos desconocidos, y eso si no hizo otro, lo cual Dumbledore cree que hizo. Aún estamos buscando en la historia de Voldemort y las actividades de los mortífagos, pero no hemos encontrado mucho. Incluso pregunté a algunos de los fantasmas sobre el joven Tom Ryddle, pero no encontramos mucho. Aunque continuaremos investigando.
–¿Siri? –llamó una voz del espejo de Sirius. Todos abrieron los ojos con sorpresa.
–¿Siri? –exclamó Remus–. Nunca dejas que nadie te llame Siri… bueno, excepto Lily. ¿Es… es Vicky?
–Siri, ¿dónde estás?
–Hablando con los cachorros, Vicky –dijo Sirius rápidamente–. Ya casi termino.
–¿Oh, en verdad? –Victoria McKinnon apareció en el espejo, envuelta en una bata de baño, para la mayor sorpresa de los espectadores. Se inclinó cerca del espejo–. Hola, Harry. Hola, Hermione… oh, y el resto, hola también.
–Hola, Victoria –dijo Remus amablemente, rápidamente seguido por–, Sirius Orion Black, ¿estás por lo menos usando pantalones?
–Eh, suficiente sobre mí. ¿Cómo van tú y Dora, Lunático? –Remus gruñó un poco.
–No cambies el tema… –Sirius lo miró fijamente, reivindicando su estado de alfa.
–No creo que un "maestro" es lo suficiente intrépido para ella. Ahora, responde la pregunta.
–Pues, creo que esta ha sido una conversación muy productiva –dijo Sirius con una sonrisa–. Espejo apagado.
–¡Canuto! –gritó Remus, pero fue muy tarde.
–De acuerdo, no puedes hacer un traslador sin ser detectado –dijo La Pantera a Voldemort y su colección cada vez mayor de mortífagos–. ¿Cómo vas a obtener al muchacho, entonces? Aún me estás pagando, sabes. ¿En verdad crees poder sacarlo?
Voldemort estaba furioso en su asiento. No estaba cómodo perdiendo tanto tiempo. El torneo estaba a punto de comenzar en Hogwarts, y aún no tenía un plan. Todas esas visitas serían perfectas para meter a un agente al castillo, pero sacar a Potter del castillo sin ser notado sería más difícil. Especialmente con Dumbledore vigilando como un halcón.
Lucius Malfoy no había sido nada de ayuda. No estaba directamente involucrado, ni ninguno de los otros mortífagos que había traído de regreso a la causa. Macnair era el mejor recurso que tenían, y Voldemort no quería tener que confiar en él de nada importante. Y claro, los Carrow eran muy estúpidos para ser de utilidad.
Barty Crouch Jr. estaba sentado perdido en sus pensamientos. Había estado buscando una mejor solución que solo tomar a Potter y jalarlo a las puertas del castillo para desaparecerse con él… o hacerlo en Hogsmeade. Eso quizás funcionaria, o lo seguirían con tanta rapidez que no completarían el ritual. Sabía lo constante que era la seguridad a su alrededor. En ese momento la idea que tenía era fingir la muerte de Potter en el torneo para que nadie lo buscara, pero eso tenía sus propios problemas.
La prima hombre lobo de Barty, Artemis, se inclinó contra él cariñosamente, también intentando encontrar una respuesta. A pesar de su falta de educación formal, era muy lista y quizás sería un mejor zorro que lobo. Los otros mortífagos miraban con recelo a lo cercano que era Barty con ella, pero era el mortífago más fiel del Señor Oscuro, así que se le permitía algo de libertad.
–¿Así que necesitan una manera para que la ausencia de Potter no sea sospechada por unas horas? –razonó Artemis.
–Sí, es todo lo que necesitamos, Arti, querida –respondió Barty, acariciando su cabello–. El problema es que Potter nunca pasa mucho tiempo solo.
–Mmm… vamos a dar otra mirada a esas pruebas –dijo ella. Barty chasqueó sus dedos, y Winky le entregó varios pergaminos de su sesión interrogando a Bertha Jorkins–. Primera prueba, no. Segunda prueba, no. Tercera prueba… mmm...
–¿Sí, Artemis? –dijo Voldemort, inclinándose.
–Este sistema de proyección de imagen que planean usar para la tercera prueba luce bastante frágil, mi señor –dijo ella–. Sería una lástima que fallara. Y si Potter estuviera en el laberinto, estaría oculto todo el tiempo, no lo creen… incluso de Dumbledore.
–Arruinar el sistema de proyección… –murmuró Barty–. Definitivamente es posible si tenemos un agente dentro, pero aún está el problema de sacar a Potter del laberinto… a menos que… –Miró a La Pantera recordando como habían llegado a México en primer lugar–. Oh, sí… no… esperen… ¡SÍ!
–¿Sí? –dijo Voldemort.
–Amo, ¿no sería más dramático si, en lugar de solo tomar la Copa de los Tres Magos, esta fuera un traslador que transporta al ganador de regreso a la entrada del laberinto? Si convencemos a los organizadores de agregar eso, podríamos hacer lo que me enseñó y agregar un destino adicional. Crearíamos un traslador justo bajo sus narices.
–Eso requeriría que Potter ganara el torneo, Barty –señaló Voldemort.
–Puedo hacerlo, Amo. Organizar un traslador, meter a Potter en el torneo, arruinar la proyección mágica, asegurarme que Potter gane, y transportarlo aquí cuando lo haga. Ninguna es tarea difícil si finjo ser la persona correcta… y se justo quien es la persona correcta.
–Estás completamente loco –lo regañó La Pantera–. Excepto que es menos loco que todas sus otras ideas. Quizás funcione con el resto de tus servidores alrededor cubriendo que nada salga mal.
–Sí. Sí, creo que funcionará –dijo Voldemort–. Barty, haz mostrado gran habilidad planeando en el pasado. –Asintió en dirección a Artemis–. Confiaré en ti para este plan.
–¡SÍ! No lo decepcionaré, Amo. Arti, eres brillante. –Barty la besó en la boca. Voldemort rodó los ojos. Podía dejar que un sirviente valioso tuviera sus indulgencias.
Los Carrow fueron más vocales.
–¡Primos besándose! –silbó Alecto.
–¡Y una loba! –agregó Amycus con una mirada lasciva.
–Quizás la gente dejará de inventar cosas sobre nosotros ahora –dijo Alecto.
Barty sacó su varita y les lanzó un maleficio no verbal.
Al día siguiente, los estudiantes de cuarto año de Gryffindor y Slytherin fueron introducidos al siguiente fantasma orador en su clase de Historia de la Magia. Habían llegado al límite de la experiencia del Barón Sanguinario y conocieron a alguien más joven.
–Me gustaría presentarles a Sir Robin Greengrass de Wiltshire, heredero de la que era entonces la Noble Casa de los Greengrass, mejor conocido como el Caballero Negro –dijo el profesor Lupin a la clase–. Quizás hayan escuchado sobre el Mago de la Corte Real, Maxwell Barnett, quien ayudó a planear la Copa Mundial de Quidditch este verano. Sir Robin fue Mago de la Corte Real para Edward Longshanks de 1272 hasta su desafortunada muerte en la batalla en el puente de Orewin en 1282. Él enseñará historia mágica de Bretaña de 1066 a 1314. ¿Sir Robin?
Un fantasma en armadura de placas y malla oscura fantasmal entró a la clase. Usaba su yelmo con la visera abajo, así que no era fácil de comprender, pero como explicó al instante:
–El yelmo es para su beneficio. Cuando recibes una flecha en el ojo, no es agradable.
¿Un Greengrass? Pensó Draco Malfoy. Otro Slytherin, o por lo menos la familia lo es ahora. Él y Daphne se descubrieron mirándose. Lupin está intentando probarse a nosotros, ¿pero qué es eso sobre un Greengrass trabajando con un rey muggle? ¿Qué planea?
Sir Robin rápidamente comenzó la lección, y lo que tenía que decir era nada como Draco lo había esperado.
–Lo que tienen que recordar –dijo el Caballero Negro–, es que la época entre la Casa de Normandía y la Casa de Plantagenet fue la época de oro para la cooperación entre muggles y magos en Inglaterra, Escocia, y Gales… después de que los magos se organizaron bajo el Conejo de Magos y antes de que la quema de brujas comenzara. Así que necesitan conocer más sobre historia de muggles que en otras épocas para comprenderlo.
Draco frunció el ceño, y también Daphne, vio. No lucía bien para la Casa de los Greengrass el tener un ancestro hablando así.
–La historia en verdad comienza en enero de 1066, con la muerte de Edward el Confesor en Inglaterra. Su sucesor, Harold Godwinson, era considerado más débil por William de Normandía, quien comenzó a planear una invasión, junto a su mago mano derecha, Armand Malfoy.
–¡Mentiras! –soltó Draco antes de poder detenerse a sí mismo. Pero el resto de la clase soltó una exclamación de sorpresa, tan incrédulos como él… excepto que él no ignoró la expresión prepotente en el rostro del hombre lobo.
Sir Robin levantó su visera, revelando un agujero feo y sangriento donde su ojo derecho debería estar. Flotó al escritorio de Malfoy y lo observó cara a cara con su buen ojo–. ¿Impugnas mi honor, niño? –demandó él–. ¿Y quién eres?
–Draco Malfoy, heredero de la Casa Noble y Antigua de los Malfoy –dijo con orgullo, rehusándose a temblar bajo la mirada del rostro arruinado–, y usted impugna mi honor, o difunto heredero de los Greengrass, sugiriendo que uno de mis ancestros fue sirviente de un muggle común.
La clase entera estaba en silencio ahora. ¿Un fantasma y un estudiante se estaban enfrentando en un tema de honor? Eso era nuevo. Además, nunca habían escuchado esta historia antes.
–¿Qué? –dijo Sir Robin, sus cejas elevándose en sorpresa–. ¿Eres un Malfoy y no conoces tu propia historia?
–Conozco mi historia perfectamente.
–¿Y aun así no conoces la historia del fundador de tu linaje? Que bajo ha caído una gran casa. Armando Malfoy fue la mejor mente política del siglo XI. Fue segundo solo contra Merlín en astucia e influencia.
–Bueno, eso es cierto –dijo Draco en acuerdo–. Y aun así habla mentiras diciendo que sirvió a un rey muggle.
–¿Eres tan tonto, niño? A Armando Malfoy no le importaba la herencia de un hombre mientras fuera útil. Se posicionó como el poder detrás del poder en ambos mundos. Fue un mago moderadamente exitoso en Francia, pero vio una oportunidad y se formó una alianza con William de Normandía, ayudándolo a derrotar a Harold y sus magos. En recompensa, William lo nombró el primer Mago de la Corte Real. –Eso llevó a una nueva ronda de exclamaciones de sorpresa y Granger frenéticamente buscó en su libro de texto–. Armando tuvo a reyes muggles en la palma de su mano el resto de su vida. Mientras tanto, impresionó tanto a Merlín con sus habilidades mágicas que cuando William consolidó a los magos ingleses y normandos bajo el Consejo de Magos, Armando fue un miembro fundador, y fue un experto en usarlos para su ventaja. Fue su influencia tanto en las cortes del mundo mágico como en el muggle que convirtió a los Malfoy en la familia mágica más rica en Inglaterra. Seguramente el heredero de su línea sabe estas cosas.
Draco estaba temblando, nada seguro de qué decir. ¿Qué no todo eso sonaba como típico de un Malfoy? Mejor que lo que su padre o abuelo habían hecho por sí mismos, y ellos eran maestros para la política también. Y aun así, conocía su historia, como debía. Sabía sobre Armando Malfoy y la fundación del Consejo de Magos. Pero nunca había aprendido sobre… esto. Lo pensó por un minuto y dio la respuesta que se "suponía" debía dar, esperando obtener más información.
–La Casa de los Malfoy no se asocia con muggles. Nos hemos mantenido puros desde el comienzo.
–Si así es como lo aprendió, heredero Malfoy –dijo Sir Robin con tono neutral–, entonces su educación ha estado incompleta. Los Malfoy siempre se han mantenido en poder y riqueza ejerciendo su influencia en el mundo muggle tan bien como en el mundo mágico. Incluso aquellos en su línea que consideraban a los muggles como inferiores fueron lo suficiente sabios para reconocer su utilidad.
Draco (y el resto de los Slytherin en realidad), estaban digiriendo esto cuando Granger habló.
–Disculpe, ¿Sir Robin?
–¿Sí, milady? –el Caballero Negro bajó su visera como cortesía y la miró–. ¿Y su nombre?
–Hermione Granger… eh, de la línea cadete a la Casa de los Fawley, si importa. Nuestro libro de historia no dice nada sobre eso. Habla de Armand Malfoy y la fundación del Consejo de Magos, pero hay muy poco sobre los Magos de la Corte Real y no menciona para nada indicación de que fue el primero.
–¿Oh, en serio? Entonces parece una mala elección de libro, milady. Quien lo escribió hizo un mal trabajo.
–He conocido a la autora –protestó Granger–. Bathilda Bagshot. Es muy vieja ahora, pero fue una académica excelente en su día.
–Me temo que debo contradecirla, milady –se disculpó Sir Robin–. Madame Bagshot ciertamente nunca me entrevistó o a los otros fantasmas del castillo para cualquier estudio académico en el que estuvo involucrada.
–¿No? ¿Quiere decir que nunca se molestó en consultar a fuentes primarias? –Granger observó a su libro de Historia de la magia con una versión más fuerte de la expresión que Draco tenía en ese momento… una mirada que cuestionaba todo lo que sabía. Pero Draco no pudo disfrutarlo ya que intentaba comprenderlo también.
–Ejem –habló Lupin–. Creo tener una teoría sobre todo esto. Muchas cosas cambiaron en el mundo mágico cuando el Estatuto del Secreto fue implementado. Es posible que muchas de estas historias fueran perdidas. De hecho, creo que muchos de ustedes recordarán que hace un par de años fue revelado que los queridos Cuentos de Beedle el Bardo no fueron mantenidos siquiera cerca de sus versiones originales. De algún modo, no parece que se le hubiera ocurrido a alguien preguntar a personas que estuvieron ahí… me disculpo, Sir Robin. Hablaré con el Cavalier y Bandolero antes de la próxima clase para ver si pueden corroborar mi teoría. Son de la época del Estatuto.
Esto concluyó el debate por ahora, pero Draco apenas comenzaba a sudar, y podía ver que Daphne estaba algo agitada también. Los Cuentos de Beedle el Bardo era lo que le preocupaba… ¿y "preocupar" era la palabra correcta? Había estado sorprendido cuando Lord Brocklehurst había revelado, con buenos estudios académicos, que la versión original de los cuentos estaba mucho más a favor de los muggles que la versión con la que Draco había crecido. Que Lupin podría encontrar evidencia del cuento del Caballero Negro parecía posible, pero eso ponía en cuestión todo lo que Draco sabía sobre su familia.
¿Acaso sus ancestros se habían asociado con muggles, incluso si para su beneficio? ¿Era en verdad una pérdida lidiar con muggles cuando proveían algo valioso? ¿Armand había sido un mejor Lord Malfoy que las generaciones más recientes porque estuvo dispuesto a trabajar con ellos? Draco nunca hubiera pensado eso, pero ahora, las preguntas lo molestaban. Nunca había cuestionado por un minuto que la manera de actuar de su padre era la correcta, pero si el Caballero Negro tenía razón, quizás estaban perdiéndose de oportunidades. Era una sensación aterradora, que sus creencias fueran cuestionadas de ese modo.
Pero no le podía decir a su padre, por supuesto. Eso no estaría bien. Pero quizás a su madre. Ella siempre parecía ser más comprensiva.
