Cuando un día que sabes que es miércoles comienza sonando como un domingo, hay algo seriamente JK Rowling. Pero si cae en el día correcto, autores como White Squirrel seguramente lo han arreglado... A menos que estemos en cuarentena, y entonces sí no hay diferencia entre un día y otro.
Capítulo 90
El treinta de octubre el gran comedor fue decorado con estandartes de colores para cada una de las cuatro casas con el escudo de Hogwarts colocados detrás de la mesa principal. Era más de lo que tenían en los banquetes de bienvenida y fin de año, y Harry y Hermione se preguntaron si habían sido hechos especialmente para la ocasión. Los maestros habían pasado toda la semana alentando a los estudiantes a que lucieran más presentables, visual y mágicamente. Muchas de las chicas pensaron que se estaban enfocando de más en los estándares del uniforme, prohibiendo joyería en exceso y eso, pero no había nada que pudieran hacer al respecto.
A las seis de la tarde, los estudiantes se colocaron en fila afuera de las puertas del ala este cerca de los invernaderos, la ubicación tradicional para recibir visitas (antes de que los invernaderos fueran construidos). Aparentemente, era donde la escuela había recibido a estudiantes visitantes la última vez que Hogwarts había sido anfitrión del torneo doscientos años antes. Era una tarde fría y silenciosa mientras los estudiantes esperaban, algunos buscando en el cielo oscuro por cualquier señal de su llegada.
–¿Vendrán volando? –preguntó Harry–. Un traslador tendría más sentido.
–No lo sé –dijo Hermione–. No estoy segura de que se pueda usar un traslador dentro de los terrenos.
–¿Quizás deberíamos vigilar el sendero, entonces?
–No creo que sea un traslador –dijo Fred Weasley detrás de ellos.
–No, no es lo suficiente llamativo –dijo George en acuerdo.
–¿Qué, entonces? –dijo Harry–. No pueden volar escobas tan lejos, y las alfombras están bajo embargo por una tonta razón.
–¡Ajá! –habló Dumbledore mirando a los terrenos–. Creo que la delegación de Beauxbatons ha llegado.
–¿Dónde?
–¡Ahí!
Estaba en el cielo, pero no era una escoba o una serie de escobas o siquiera una alfombra voladora. Aunque Harry estaba bastante seguro de que necesitó una excepción al embargo. Era un carruaje del tamaño de una casa de color azul claro, jalado por no menos de doce abraxans… caballos voladores del tamaño de elefantes. Se giró al sur y aterrizó justo afuera del perímetro de los invernaderos con un gran estruendo, los caballos elevados al nivel de la rambla para tocar el suelo corriendo. El carruaje se detuvo justo al llegar al sendero, y un chico vestido con una pálida túnica azul saltó afuera de la puerta y bajó unos escalones dorados.
Un zapato de tacón negro salió y dio una gran pisotada en el primer escalón… un zapato cerca de dos pies de largo. Fue seguido por una enorme mujer de piel morena y casi tan alta como Hagrid, aunque con mucho más estilo.
–Esa es una gran mujer –murmuró Seamus Finnigan.
–Esa debe ser Madame Maxime –susurró Harry, recordando la explicación de Sirius.
Dumbledore y Grayson dirigieron a los estudiantes en un fuerte aplauso y después besaron la mano de Madame Maxime antes de que ella presentara a sus estudiantes. Unos veinte chicos y chicas usando delgadas túnicas azules bajaron los escalones, temblando un poco. La mayoría parecían ser mayores de edad, pero había algunos más jóvenes… probablemente los jugadores de quidditch. Una joven rubia especialmente bonita hubiera sido difícil de identificar con la bufanda cubriendo su rostro, excepto que llevaba de la mano a una copia exacta de ella misma en miniatura, luciendo imposiblemente linda en una versión infantil del uniforme.
–Hermione, mira, son Fleur y Gabrielle –las señaló Harry.
Fleur Delacour lo saludó desde lejos, provocando miradas de sus compañeros, pero la pequeña Gabrielle jaló la mano de su hermana.
–Fleur, c'est 'Arry Potter ! C'est 'Arry Potter ! –Fleur la calló y la llevó junto al resto del grupo detrás de la directora.
–¿Ya llegó Karkaroff, Dumbledore? –preguntó Madame Maxime con voz profunda.
–Creo verlo ahora, Madame.
No había nada en el cielo, pero Lee Jordan señaló una perturbación en el lago negro. Había muchas burbujas en la superficie que se convirtieron en un remolino, y una forma oscura comenzó a elevarse de este, indistinguible en el crepúsculo. Harry tomó ventaja de su visión nocturna felina para verlo con más claridad.
Al acercarse a la orilla, el barco de Durmstrang era una visión impresionante. Parecía un barco vikingo con un dragón en la proa, pero ampliado para tener múltiples cubiertas con portillas fantasmales. Se acercó a la parte menos empinada, pero aún impasable de la rambla directamente debajo de los invernaderos.
–¿Cómo van a subir aquí? –se preguntó Ron.
Su pregunta fue respondida rápidamente cuando Dumbledore habló con voz potente.
–¡Scalaria Locomotor! –De inmediato, se escuchó el ruido de engranajes, y todos miraron con sorpresa a lo que estaba pasando: las escaleras de piedra que llevaban de la caseta para botes al gran comedor se habían separado y estaban moviéndose a lo largo de la rambla para llegar al barco de Durmstrang. Hermione se rio.
–Es Hogwarts, Ron –dijo ella–. Las escaleras se mueven.
Tomó unos minutos para que los estudiantes de Durmstrang subieran las escaleras. El primero en llegar a la cima del acantilado fue Igor Karkaroff. Usaba un lujoso abrigo de piel plateada y un ushanka grande sobre su cabeza. Su barba en punta estaba igual de plateada, y tenía un aspecto hosco que podría ser confundido con Salazar Slytherin, excepto con más cabello. Llevaba un bastón bañado en oro en una mano. Karkaroff saludó a Dumbledore de manera muy amistosa para ser un mortífago. Dumbledore fue amable, aunque algo más distante.
Sin embargo, Karkaroff no recibió la atención de los estudiantes por mucho tiempo porque todos estaban observando a la siguiente persona que subió las escaleras. Harry reconoció la prominente nariz encorvada y las gruesas cejas negras al instante.
–¿Qué demonios? –dijo él–. ¿Viktor Krum va a Durmstrang?
–Dios mío, Harry –siseó Ron, dándole un codazo–. No puedo creerlo. ¡Es Krum, Harry! ¡Viktor Krum!
–Sí, Ron. Sé que es Viktor Krum –siseó Harry de regreso–. Te dije que lo conocí en la Copa Mundial. No puedo creer que va a Durmstrang. Bulgaria no está cerca de Durmstrang.
–Eso pensamos –dijo Hermione–. Nadie sabe dónde está Durmstrang, ¿verdad?
–Mira cómo está vestido –respondió Harry, señalando a las túnicas forradas en piel–. No va a ser en el balcánico.
–Mmm. Cierto.
–Bien, ¿vamos a cenar? –dijo Dumbledore con un aplauso. Se dio la vuelta y entró al castillo, seguido de los contingentes de Beauxbatons y Durmstrang y finalmente por la multitud del cuerpo estudiantil de Hogwarts. Muchas personas estaban empujándose para ver mejor a Krum y susurraban sus planes para obtener su autógrafo.
–Vamos, sólo es un jugador de quidditch –se quejó Hermione. Harry, sin embargo, estaba sonriendo.
–Pues, hay algo bueno en todo esto: será bueno no ser la persona más famosa en el castillo por una vez. Casi nadie me ha pedido mi autógrafo… bueno, excepto Colin. –Ron se rio.
–Harry, estás loco.
–Está bien, Harry. –Harry dio un salto cuando una niña de segundo año de cabello rizado apareció de la nada a su lado y tomó su brazo–. Aún me gustas.
–Eh, gracias, Romilda –dijo Harry secamente y con cuidado quitó sus dedos de su brazo.
Los estudiantes de Durmstrang lucían impresionados por el castillo de Hogwarts, más que los de Beauxbatons. Eso no era sorprendente considerando que Beauxbatons lucía como un palacio del renacimiento. Aunque el tour estuvo diseñado para impresionar, ya que pasaron por la gran galería, cruzaron el puente de piedra, y a través de la entrada principal hacia el gran comedor.
Los estudiantes de Hogwarts se sentaron en sus mesas de casa, pero incluso con la enorme clase de primer año, había suficiente espacio para los cuarenta y tantos invitados. Con un susurro de Madame Maxime, la mayoría de los estudiantes de Beauxbatons tomaron asiento en la mesa de Ravenclaw, pero Gabrielle jaló la mano de su hermana.
–Fleur, Fleur.
–Bien, Gabrielle, bien. –Fleur y Gabrielle se deslizaron a la mesa de Gryffindor y se sentaron enfrente de Harry y Hermione. Fleur se quitó la bufanda de su rostro, y de inmediato, la mayoría de los chicos y por lo menos una chica se le quedaron viendo. El resto de las chicas estaban embobadas con la adorable Gabrielle.
–B.…b...bon soir –tartamudeó Ron.
–Ron –siseó Harry y le dio un codazo.
–Bon soir, 'Arry, 'Ermione –dijo Fleur en su voz melodiosa–. Comment ça va ?
–Ça va bien –respondió Hermione–. C'est bon de vous voir.
–Gabrielle, qu'est-ce que tu fais ici ? –preguntó Harry. Gabrielle se rio.
–Je visitais avec Fleur pour le Tournoi.
–Gabrielle quería ver la selección de los campeones, y nuestros padres dijeron que podía venir conmigo –explicó Fleur, cambiando al inglés.
–Estagué aquí también paga las pgüebas –dijo Gabrielle.
–Si soy seleccionada, Gabrielle –la previno Fleur.
–Disculpe, Sr. Potter. ¿Está ocupado este asiento? –Viktor Krum se había acercado a la mesa y señaló al asiento junto a Gabrielle. Al instante, la mayoría de las chicas y Ron se le quedaron viendo.
–Hay espacio suficiente, Sr. Krum –dijo Harry con una sonrisa. Estrechó la mano de Krum antes de que se sentara.
–Así que, ¿se conocen? –preguntó Krum a Harry, señalando a las dos chicas francesas.
–Oh, cierto. Sí, nos conocimos en Francia hace unos años. Todos, ella es Fleur Delacour y su hermana menor, Gabrielle.
Gabrielle soltó un chillido sin palabras mientras observaba a Krum. Él besó su mano y la saludó.
–Enchantée, madeimoselle. Lo siento. No hablo más francés.
–Fue muy bueno en la Copa Mundial, Monsieur Krum –logró Gabrielle.
–Gracias, Gabrielle.
–¿Está aquí para el torneo de quidditch, Sr. Krum? –preguntó Hermione.
–Quidditch y el torneo, si lo logro.
–Y ahí quedó mi récord perfecto –dijo Harry.
–Veremos, Sr. Potter. Espero un buen juego cuando nos enfrentemos… –Krum miró a su alrededor–. ¿Están todos bien?
Harry se dio la vuelta y vio a Ron y a Ginny observando a Krum boquiabiertos. Dio un codazo a Ron, quien dio un codazo a Ginny.
–Él es Ron Weasley –presentó Harry a su amigo–. Extraordinario fan de quidditch, y un muy buen guardián. Y Ginny Weasley, nuestra buscadora reserva.
–Ah. Encantado de conocerlos.
–Encantado de conocerlo –murmuró Ron, estrechando la mano de Krum–. ¡Merlín, esto es genial! Rayos, Harry, si le ganas, tú serás el mejor buscador del mundo.
–Ron, solo es un partido –lo corrigió Harry–. Quien gané, será por mucha suerte.
–Veremos –repitió Krum.
Mirando alrededor del comedor, Harry vio que la mayoría de los estudiantes de Durmstrang se habían sentado en la mesa de Slytherin, y Karkaroff los miraba con aprobación junto a Dumbledore. Harry creyó ver una mirada condescendiente cuando Karkaroff miró en dirección a Krum. También notó a Draco Malfoy mirándolo con molestia, pero eso era normal. Una vez todos estuvieron sentados, Dumbledore se paró a hablar.
–Buenas noches, damas y caballeros, fantasmas, e invitados de honor. Es mi gran placer darles la bienvenida a Hogwarts para el Torneo de los Tres Magos. Espero que su estancia aquí sea cómoda y agradable. El Torneo dará comienzo de manera oficial al finalizar el banquete. Aún estamos esperando a dos de nuestros invitados. Pero antes de comenzar, quiero presentarles a dos personas y hablarles de algunas actividades extracurriculares de las que quizás no hayan escuchado. Primero, estamos felices de tener al profesor Edward Grayson, Gran Hechicero, Embajador General de Australia, etcétera, como invitado. El profesor Grayson está dando un seminario sobre magia sin varita en sábados selectos y estará disponible para tutorías privadas durante el año. Segundo, nuestro profesor de Historia de la Magia, Remus Lupin. El profesor Lupin está a cargo del club de duelo de Hogwarts, y estará feliz de aceptar a todos nuestros invitados al torneo de duelo que será realizado en junio. El campeón de duelo actual entre nuestros estudiantes es el Sr. Cedric Diggory, de la casa Hufflepuff. Y ahora, los invito a comer, beber, y a que se sientan en casa.
Los platos dorados se llenaron de una variedad de comida, en su mayoría una mezcla de platillos ingleses, franceses, y alemanes. Los elfos domésticos en verdad se habían esmerado esa noche. Era un banquete fantástico.
–Ah, un torneo de duelo –exclamó Krum–. Esos son muy populares en Durmstrang. Tendré que participar si tengo el tiempo.
–Oui –dijo Fleur en acuerdo–. No he tenido oportunidad de participar en uno antes.
–Así que, Sr. Krum, si puedo preguntar, ¿por qué estudia en Durmstrang? –dijo Harry, haciendo conversación–. ¿Está en algún lugar en Escandinavia, no? Bastante lejos de casa.
Krum frunció el ceño y dejó su tenedor sobre la mesa.
–¿Asumo que no sabe mucho sobre las escuelas en Europa oriental? –dijo.
–No realmente –dijo Harry.
–Un poco –agregó Hermione.
–¿Saben sobre el Pacto de Varsovia?
–Por supuesto.
–Bien. Tradicionalmente, los búlgaros asistían a la Academia Charnoksiesto en Polonia. Era una buena escuela, asistida en su mayoría por los eslavos. Pero después de la guerra de Grindelwald, Charnoksiesto cayó bajo el poder de Konstantin Jugashvili. Él hizo que otros miembros del Pacto de Varsovia asistieran… Rumanos, húngaros, y de Alemania Oriental. A nadie le gustó esto. Muchos eran hablantes de polaco pobres, y la calidad de la escuela sufrió. También prohibió que los que no fueran miembros asistieran. Esto dejó a los yugoslavos sin una escuela, y tuvieron que crear una. Es la Escuela Nacional de Magia de Yugoslavia, pero Yugoslavia es muy pequeño para mantener una buena escuela. Los maestros no son muy buenos, y ofrece muy pocas clases.
–Eso es terrible –dijo Hermione. Harry ni siquiera rodó sus ojos ya que estaba de acuerdo.
–Da. Incluso hoy, después de que Jugashvili perdió el poder, muchos búlgaros no van a Charnoksiesto –continuó Krum–, y no solo por la calidad. Muchos se van por razones políticas. Los ricos pueden cubrir el costo de enviar a sus hijos a Durmstrang… la mejor escuela que nos recibe. Pero para la mayoría de los búlgaros, la única otra opción es la Nacional de Yugoslavia.
Harry podía adivinar la otra parte. Hermione quizás no lo haya notado, pero él había sido pobre una vez. Krum no creció rico… quizás aún no lo era. El quidditch no pagaba tan bien, incluso si se era el mejor en el mundo. El tamaño pequeño del mundo mágico lo obligaba.
–¿Está en Durmstrang bajo una beca, no es así? –dijo.
–Da.
–¿Lo está? –dijo Hermione sorprendida.
–¿Lo está? –repitió Ron, igual de sorprendido.
–Da –repitió Krum–. ¿Cómo lo supo, Sr. Potter? No es muy sabido en Europa occidental.
–Lo adiviné. Pasa bastante en el mundo muggle.
–Ah. Es cierto. Hubiera ido a la Nacional de Yugoslavia si no fuera por el quidditch. La mayoría de mis viejos amigos fueron ahí. Pero yo amo el quidditch desde que pude montar una escoba por primera vez. En la Liga Infantil, jugué tan bien como jugadores del doble de mi edad. El director Karkaroff me notó y me ofreció pagar mi matriculación completa para que asistiera. Fue buena prensa para él, pero yo aún le debo mucho. Estaba invicto mis primeros cuatro años en Durmstrang cuando fui reclutado por el equipo nacional de Bulgaria. Verá, entonces, porque se lo sugerí, Sr. Potter. –Él asintió.
–Por favor, llámeme Harry –dijo casi automáticamente–. Nunca había escuchado sobre eso. Sabe, creo que, si hubiera crecido en el mundo mágico, nuestras historias hubieran sido incluso más similares.
–Quizás. Y tú puedes llamarme Viktor.
Fleur no tenía mucho en común con el resto del grupo en la mesa de Gryffindor, incluso con Hermione, quien estaba en el equipo de quidditch en su mayoría por Harry. Pero Gabrielle estaba fascinada de conocer a otra celebridad, así que Viktor la mimó contándole historias graciosas de sus experiencias en quidditch. Ron estaba buscando el valor de pedirle un autógrafo mientras intentaba no mirar a Fleur de manera muy obvia. Neville parecía algo nervioso en presencia de Fleur para hablar. De cualquier modo, la conversación fue ligera excepto cuando Fleur sacó el tema de la selección de los campeones de mañana por la noche, y la ansiedad de Harry regresó.
–¿Qué pasa, 'Arry? –preguntó Fleur–. ¿Tienes un problema con el torneo?
–No, no tengo un problema con el torneo –dijo–. Tengo un problema con la fecha.
–¿Con la fecha? Oh, claro, ¿Halloween?
–¿Qué hay de malo con Halloween? –preguntó Gabrielle.
–Calla, Gabbie. Lo siento, 'Arry. Debe ser difícil para ti. Siempre hay muchas celebraciones el día que fallecieron tus padres.
–No es tanto sobre eso… –Lanzó una mirada a Viktor, sin estar seguro de que tanto involucrarlo. Pero parecía una buena persona, incluso si Karkaroff no lo era. Se inclinó sobre la mesa e indicó a Fleur y Viktor que se acercaran–. Voldemort no está muerto –dijo.
Fleur soltó un grito ahogado y abrazó a su hermana alrededor de los hombros, mientras que Gabrielle se cubría la boca con sus manos. El rostro de Viktor se ensombreció.
–No hay muchos que dicen ese nombre, incluso en Durmstrang.
–Dumbledore dice que no deberíamos tener miedo de decirlo –respondió Harry–. Pero aún está ahí afuera. Lo he visto. Es un espíritu vagabundo, intentando regresar. Dumbledore dice que está recuperando fuerza. Ha venido tras de mi dos veces desde que estoy aquí, y ambas veces, ha comenzado su plan en Halloween. Tengo el mal presentimiento de que va a causar algún tipo de problema mañana.
A ese punto, Gabrielle comenzó a llorar y balbucear en francés, y Fleur la recostó sobre sus piernas y la sostuvo, intentando reconfortarla en susurros.
–Je suis désolé, Gabbie –dijo Harry–. Je ne voulais pas t'effrayer.
–Lo entiendo, 'Arry –le aseguró Fleur–. Es bueno saberlo. ¿No crees que Vol-de-mort está aquí, verdad? –susurró ella.
–No, no lo está. Lo sabría si lo estuviera. Pero estoy seguro de que algo va a pasar. Puedo sentirlo en mis entrañas.
–Esa es buena razón para preocuparte –dijo Viktor–. Siempre confía en tus instintos. Nosotros nos mantendremos vigilantes.
–Nosotros también –dijo Fleur en acuerdo.
–Gracias –dijo Harry–, pero apreciaría si no le dijeran a nadie exactamente por qué. Especialmente tú, Viktor. Sin ofender. No estoy seguro de que todos tus amigos en Durmstrang sean buenas personas. Pero tú debes conocer la reputación de tu escuela.
–Da. No es tan malo como las personas dicen, pero tiene sus puntos malos. Nuestro rechazo a los hijos de muggles es un problema para muchos en Europa. Seremos discretos si lo deseas.
Con eso acordado, Harry se sintió un poco mejor, aunque aún tenía el presentimiento de que no podría evitar lo que fuera que Voldemort tenía planeado. Fueron unos minutos después que las puertas del gran comedor se abrieron de nuevo, y los dos organizadores restantes del torneo entraron.
–Lamentamos llegar tarde, director –dijo el hombre con el sombrero tirolés de ala ancha–. Tuvimos que detenernos en el camino. Asunto oficial. Sabe cómo es.
–No hay problema, Sr. Monroe –respondió Dumbledore–. De hecho, llegan justo a tiempo para comenzar. Damas y caballeros, para dar apertura oficial al Torneo de los Tres Magos, quisiera presentarles a David Monroe, jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, y Ludo Bagman, jefe del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos.
Los dos magos del Ministerio tomaron sus asientos junto a los tres directores. Los cinco juntos serían los jueces del torneo, lo cual parecía algo extraño, pero nadie lo cuestionó. Incluso ahora, nadie parecía saber quién era el "juez imparcial" que elegiría a los campeones, hasta que el Sr. Filch trajo un cofre incrustado con joyas que contenía un gran cáliz de madera lleno de llamas azules.
–El Cáliz de Fuego –dijo Dumbledore con reverencia–. Un artefacto antiguo de origen desconocido, el cual ha sido usado desde tiempos inmemorables con el propósito de elegir. Campeones aspirantes tienen veinticuatro horas para colocar sus nombres en el cáliz. Mañana por la noche, regresará los nombres de aquellos tres a quien juzgue más merecedores de representar a sus escuelas… aquellos más capaces de triunfar en las pruebas mientras mantienen un buen espíritu deportivo y los estándares de cooperación internacional.
–Reitero que solo estudiantes que han pasado sus TIMOs o exámenes equivalentes pueden colocar sus nombres, y aquellos menores de edad necesitan tener permiso por escrito de un padre o guardián mágico. Un maestro u organizador del torneo inspeccionará en persona todos los nombres ingresados al cáliz para asegurarse de que las reglas sean seguidas, y yo colocaré una barrera alrededor del cáliz para asegurarme de que ningún estudiante pueda accederlo física o mágicamente mientras no está siendo atendido.
–Finalmente, deseo recalcar que el colocar su nombre en el Cáliz de Fuego constituye un contrato mágico inquebrantable. No puede haber un cambio de parecer una vez son elegidos campeones. Si son seleccionados, deben competir hasta que el torneo concluya, por cuanto puedan hacerlo. Así que asegúrense de que sus corazones estén preparados antes de entrar. Ahora, creo que es hora de ir a la cama. Buenas noches a todos.
–Rayos, Harry, ¿cómo conociste a esa chica Fleur? –dijo Ron mientras caminaban a los dormitorios.
–Te lo dijimos. Nos conocimos en Baton Vert en vacaciones hace dos años –dijo Harry–. El mundo mágico es pequeño comparado con el de los muggles. Es posible encontrarse con todos tarde o temprano.
–Aun así, ¿eres amigo de una veela verdadera y no me lo dijiste?
–Solo es cuarta parte veela, Ron –dijo Harry–. Y no es importante.
–¿No es importante? ¿No la viste? –Hermione lo regañó.
–Creo que todos la vieron, Ron. Hombres. Me da miedo pensar como reaccionarías a una veela completa.
Harry no se unió a la naciente discusión. Estaba muy ocupado contemplando el banquete. Había evitado a Karkaroff cuando llevó a los estudiantes de Durmstrang de regreso a su barco, pero no se perdió que el antiguo mortífago había comenzado una conversación animada con Viktor, ni que se encogió bajo la mirada intensa de Ojoloco Moody. Harry también sabía que Sirius querría un reporte completo de inmediato, en caso de que se hubiera perdido de algo. Algo era seguro: pasara lo que pasara, no se quedaría quieto esta vez.
Desafortunadamente, aún había clases la mañana siguiente, pero eso no detuvo a los campeones aspirantes a formarse antes del desayuno. Moody estaba inspeccionando todas las entradas, usando su paranoia nativa para asegurarse de que no estuvieran haciendo nada sospechoso. Sin embargo, Harry y Hermione se sorprendieron de ver a tres magos menores de edad en la fila: Fred y George Weasley y Lee Jordan.
–¿Fred? ¿George? ¿Están entrando?
–¡Claro que sí! Por mil galeones, ¿crees que podrían mantenernos lejos? –respondió George.
–Lo dividiremos en tres partes si uno de nosotros gana –dijo Lee.
–Era esto o intentar convencer a Bagman de que nos dé el dinero que ganamos en la Copa Mundial –agregó Fred–. Larga historia.
–¿Y sus padres los dejaron? –dijo Hermione–. No, me rehúso a creer que su madre aprobó esto.
–Y estaría en lo correcto, señorita Granger –respondió Fred con una sonrisa–. Pero no necesitamos de la firma de mamá. –Elevó su permiso firmado por Arthur Weasley.
–¿Es una firma real? –dijo Hermione sorprendida.
–Ciertamente.
–Verás, convencimos a papá de que no hay manera de que elijan a alguno de nosotros –explicó George.
–No con nuestros TIMOs.
–¿Entonces por qué molestarse? –preguntó Harry.
–Porque supusimos que el pensar fuera de lo normal es justo la ventaja que tenemos –dijo Fred.
–Y, de todos modos, si uno de nosotros sí es elegido, quiere decir que tenemos la mejor probabilidad de ganar –agregó George.
–¿Y cómo van a ganar contra la ira de su madre cuando se entere? –preguntó Hermione con astucia–. ¿Sean elegidos o no? –Fred y George se encogieron un poco.
–Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a eso –dijo George.
–Hubo varios rumores circulando por la escuela sobre quien había entrado al torneo y quien sería elegido. Muy pocos dudaban que Viktor sería elegido para Durmstrang, y era considerado el favorito para ganar. Nadie sabía mucho sobre las chicas de Beauxbatons, pero muchos de los chicos querían que Fleur ganara en principio. Y en Hogwarts, las personas estaban divididas. Algunos pensaban que Cedric Diggory sería seleccionado, incluso cuando solo estaba en sexto año, porque era el mejor duelista en la escuela. Otros decían que sería elegido por su supuesta fuerza sobrehumana y la estamina de un hombre lobo. Pero había otro contingente que opinaba que no merecía ser un campeón por su licantropía. Aquellos eran en su mayoría Slytherin que apoyaban a su propio bruto, Cassius Warrington.
La especulación continuó entre clases todo el día y durante el banquete de Halloween. Aunque Harry estaba nervioso por otra razón completamente diferente. Nada parecía extraño hasta el momento, pero aún había el suficiente tiempo para que algo ocurriera.
Durante el banquete, Madame Maxime y el director Karkaroff insistieron que sus estudiantes se sentaran juntos, así que Harry no pudo hablar con Fleur y Viktor, pero deseó suerte a ambos. Finalmente, los platos dorados estaban vacíos y la escuela esperó sin aliento a que el Cáliz de Fuego tomara su decisión.
–Pediré a los campeones que, cuando sus nombres sean llamados, pasen al frente y procedan a la antecámara detrás de mí a esperar instrucciones adicionales –dijo Dumbledore–. Deberíamos saber los resultados pronto… ah, ahí está.
Las llamas en el cáliz cambiaron de azul a un carmesí profundo. Salieron chispas, seguidas de un pedazo de pergamino con los bordes quemados. Dumbledore lo atrapó y lo leyó.
–El campeón de Durmstrang será Viktor Krum –dijo.
Un aplauso estruendoso inundó el gran comedor. Viktor tenía fans en todos lados, así que muchas personas estaban emocionadas por verlo competir. Viktor caminó con confianza al frente y a la antecámara.
Un segundo pedazo de pergamino salió del cáliz:
–El campeón de Beauxbatons será Fleur Delacour.
Fleur también recibió un gran aplauso, aunque en su mayoría de los chicos. Las chicas no parecían particularmente felices por la presencia de una parte veela en la escuela, y los compañeros de Fleur no se lo tomaron tan bien como los de Viktor. Gabrielle, sin embargo, saltó a una silla y silbó con fuerza, haciendo sonreír a Fleur.
–El campeón de Hogwarts será Cedric Diggory –llamó Dumbledore cuando salió el tercer pedazo de pergamino.
Cedric fue el único campeón en recibir abucheos audibles, aunque en su mayoría de los Slytherin. Hufflepuff estaba detrás de él por completo, raramente recibiendo gloria, y Harry, Colin Creevey, y Demelza Robins aplaudieron de pie. Fred, George, y Lee lucieron decepcionados, pero no abuchearon a Cedric.
–¡Excelente! Bravo, Sr. Diggory –dijo Dumbledore–. Ahora que tenemos a nuestros tres campeones, espero que pueda contar con todos ustedes para darles su apoyo por completo...
Pero Dumbledore se detuvo cuando las llamas en el cáliz se volvieron carmesí de nuevo, y un pedazo de pergamino salió flotando. Todos se congelaron. Harry Potter abrió los ojos ampliamente con comprensión y horror al darse cuenta de lo que estaba pasando.
–Oh no –susurró.
–¿Qué? –dijo Hermione, pero entonces ella también dedujo lo que Harry había adivinado.
–Oh no. Oh no –repitió Harry. Algunas personas lo miraron.
Dumbledore tomó el pergamino y lo leyó. Palideció donde estaba parado, y su mirada se dirigió con sorpresa a uno de los invitados.
–Oh no oh no oh no oh no...
–Harry Potter.
–¡OH DIABLOS NO! –gritó Harry. Se puso de pie y miró a Dumbledore con enojo.
Hubo un breve silencio, seguido de un zumbido de susurros como abejas molestas. Los profesores ya estaban de pie y moviéndose.
–Harry, me temo que debes pasar al frente –dijo Dumbledore. Harry se plantó firme donde estaba.
–No puse mi nombre, profesor –respondió en voz alta.
–Pero tu nombre ha sido elegido del Cáliz de Fuego –respondió Dumbledore.
–No tengo la edad –respondió Harry–. No tengo permiso.
–El cáliz no sabe eso, Harry. Ha aceptado tu nombre y firma. Lo siento, pero estás obligado por el contrato a unirte a los otros campeones.
Harry caminó con enojo al frente del gran comedor. Tenía el presentimiento de que esto pasaría, pero no creyó que siquiera Voldemort podría lograr algo así enfrente de Dumbledore. Parecía muy improbable para ser el plan real.
–Y ahí quedó de nuevo su gran seguridad –dijo en voz alta–. ¿Cómo fui elegido? Hogwarts ya tiene un campeón.
De algún modo, Dumbledore lució aún más incómodo. Pareció renuente al responder.
–No fuiste metido bajo Hogwarts, Harry. –Harry se detuvo y lo miró.
–¿Bajo qué escuela fui metido, señor? –dijo.
–Harry, no creo que este sea el momento adecuado...
–¿Por qué no? Será de conocimiento público pronto. ¿Bajo qué escuela fui metido?
–También me gustaría saberlo, Dumbledore –habló Madame Maxime.
–Igual yo –escupió Karkaroff–. ¡Un cuarto campeón! ¡Prepóstero!
Harry mantuvo su mirada felina, y Dumbledore aceptó bajo la presión de los otros directos. Cerró sus ojos y soltó un suspiro.
–Harry, fuiste metido como campeón para la Academia Uluru de Canto y Sueño en Australia.
