Es la técnica de la "Gran Mentira", Harry. Suena como si supieras de lo que estás hablando, cuando solo es White Squirrel recitando a JK Rowling.
Notas del autor: Crédito a Tharl por señalar la conexión de magia sin varita entre Harry-Grayson.
Las reacciones y análisis sobre el nombramiento de Harry fueron influenciadas por el ensayo de Josie Kearns sobre El cáliz de fuego en el blog de acompañamiento de Harry Potter, el cual les recomiendo.
Capítulo 91
–¡El veinticuatro de noviembre es un jueves! Nuestro horario ya es lo suficiente complicado este año. No necesitamos interrumpir las clases.
–Bueno, podemos ajustar las fechas...
–¿Y qué es eso sobre que los campeones están exentos de los exámenes de final de año? ¿Te das cuenta de que el campeón de Hogwarts probablemente esté tomando sus EXTASIS este año?
–¿Qué? Oh, mmm, esa es una regla antigua, supongo. Pensé que nos habíamos deshecho de ella.
–Harry, fuiste metido como campeón para la Academia Uluru de Canto y Sueño en Australia.
Harry lo miró y lentamente se dirigió a Edward Grayson. El embajador australiano lucía tan sorprendido como él se sentía. ¿Era un acto? ¿O era una cubierta para el verdadero culpable? Había esperado que Voldemort actuara, ¿pero esto? No tenía sentido. ¿Por qué lo querría Grayson en el torneo? ¿Por qué lo querría alguien en el torneo?
–¿Harry?
Únete a los otros campeones, pensó Harry. Tenía el presentimiento de que no se iba a salir de esto discutiendo. Se dio la vuelta y vio a Hermione, dispuesto a decirle que corriera a la torre de Gryffindor y llamara a su familia con los espejos, pero ya estaba lista. En cuanto cruzaron miradas, ella se puso de pie, asintió, y salió del gran comedor.
Los murmullos del resto de los estudiantes habían alcanzado un gran volumen, y muchos de ellos lo miraban a él y a Grayson con sospecha. Harry se dirigió de nuevo a la mesa principal y observó a los maestros por un momento. Hagrid lucía anonadado. Remus lucía asustado. Dumbledore lucía muy serio cuando Harry le lanzó su mirada felina más desaprobadora.
–Discutiremos lo ocurrido, director –dijo. Dumbledore asintió con tristeza, y Harry lo pasó para entrar a la antecámara.
Nunca había estado en esa pequeña sala antes. Sospechaba que era usualmente usada por los maestros si se enfermaban o tenían una emergencia durante la cena. Había muy pocos retratos en las paredes, y un atractivo fuego fulminaba en la chimenea. Cedric, Fleur, y Viktor estaban de pie enfrente del fuego esperando sin hacer nada. Fleur lo escuchó entrar primero.
–¿Qué pasa? ¿Quieren que regresemos al comedor?
Harry negó con la cabeza sin hablar.
–¿Qué pasa, entonces? –preguntó Cedric.
–Mi nombre salió del cáliz.
Los tres campeones soltaron un grito ahogado… bueno, Viktor no, pero sus gruesas cejas se elevaron cómicamente y miró a Harry con cautela. Cedric lucía perplejo. ¿Cómo podía haber otro campeón? Fleur casi se rio, pero la expresión en el rostro de Harry era suficiente para decirle que era en serio.
–Pero eso debe ser un error –dijo ella–. Eres muy joven.
–Es lo que dije.
–¿Y tú no pusiste tu nombre? –preguntó Viktor.
–No, no lo hice –dijo Harry con molestia.
–Pero ya tenemos un campeón –protestó Cedric.
–No fui metido bajo Hogwarts. –La confusión de Cedric se incrementó.
–¿Bajo qué escuela fuiste metido entonces?
–Uluru. La antigua escuela de Grayson.
Eso sorprendió a los tres con las mismas preguntas que todos los demás estaban pensando. ¿Cómo? ¿Por qué? Pero no pudieron preguntar más porque la puerta detrás de él se abrió de golpe, y un hombre grande y rubio y bastante entusiasmado entró.
–¡Extraordinario! –dijo Ludo Bagman con una sonrisa–. ¡Absolutamente extraordinario! Damas y caballeros, permítanme presentarles, por muy asombroso que parezca, ¡al cuarto campeón del Torneo de los Tres Magos! –Tomó el brazo de Harry como si para mostrarlo a los demás, ignorante del hecho de que ya conocía a los tres.
Harry bufó con fuerza y arrebató su brazo, suprimiendo el impulso de arañarlo con sus garras no-existentes.
–Ya les dije –gruñó. Los otros organizadores entraron a toda prisa: Dumbledore, Maxime, Karkaroff, y David Monroe, así como los profesores Grayson, Moody, Snape, y Lupin, haciendo que la sala se llenara.
–Madame Maxime –dijo Fleur al instante–. ¡'Arry dice que también va a competir!
–Es cierto, Fleur –le dijo Madame Maxime–. Y deseamos llegar al fondo de esto, ahora.
–Sí –dijo Karkaroff en acuerdo, y de repente se giró en dirección al hombre australiano–. ¿A qué juegas, Grayson? ¿Intentas que tu amigo tenga un campeón extra con esa artimaña?
–Ciertamente no. Estoy tan sorprendido como usted, profesor Karkaroff, y sin ofender al Sr. Potter, pero si fuera a intentar algo como eso, no hubiera elegido a un estudiante de cuarto año.
–Pero Potter no es cualquier estudiante de cuarto año –respondió Karkaroff–. Tiene habilidades avanzadas… ha luchado contra magos oscuros, usa magia sin varita.
–No tan avanzada, se lo aseguro.
–O quizás él mismo lo hizo. ¿Qué tienes que decir de ti mismo, niño? –Tomó un paso hacia Harry, pero fue detenido por la varita de Moody.
–Quédate quiero, Karkaroff –le advirtió el viejo auror.
–No lo dudaría de Potter, Moody –habló Snape–. El muchacho es propenso a meterse en problemas de una manera sorprendente. –Harry miró con molestia a Snape.
–Casi nada de eso fue mi culpa, profesor –protestó él–. No es mi culpa que magos oscuros estén detrás de mí.
–No hay necesidad de ser tan dramático, Potter –le respondió Snape la mirada.
–No lo hizo, Severus –dijo Remus, pero eso no mejoró el humor amargo del hombre.
–El chico tiene un punto –dijo Moody–. Este torneo es peligroso… creado para probar los límites de estudiantes tres años mayores que él. Sería terriblemente conveniente para ciertas personas que no saliera con vida.
Harry palideció. Por supuesto, esa era la razón más obvia para meterlo en el torneo… aunque parecían demasiados problemas. ¿Por qué no solo lanzarle una maldición asesina en Hogsmeade?
–Y esa sería una gran pérdida –continuó Snape.
–Severus, te lo advierto… –gruñó Remus.
–Eso es suficiente –los interrumpió Dumbledore.
–Albus, no puede competir –insistió Remus.
–Me temo que quizás no sea tan simple –respondió el director–. Debemos determinar lo ocurrido. Ahora, Harry, para el récord, ¿pusiste tu nombre en el cáliz de fuego?
–¿Qué, piensa que estaba aburrido al no estar en peligro mortal aún este año?
–Harry...
–¡Por supuesto que no!
–¿Pediste a alguien mayor que pusiera tu nombre?
–No. ¿Cómo podría? ¿Qué no todas las firmas fueron revisadas?
–Sí. Yo chequé la mayoría –dijo Moody–. Me gustaría saber cómo alguien me engañó a mí también. –Su ojo mágico pareció enfocarse en Grayson. Era una sospecha obvia, ya que Grayson se suponía que era el igual de Dumbledore y era lo suficiente poderoso para hacerlo.
–¿Y qué de la cuarta escuela que supuestamente fue agregada al torneo? –preguntó Karkaroff.
–¿Qué del hecho de que nunca firmé nada? –demandó Harry.
–Como dije, puede que no sea tan sencillo –le dijo Dumbledore. Le entregó un pequeño pedazo de pergamino, quemado en los bordes–. ¿Es esa tu letra, Harry?
Harry tomó el pergamino, y sintió su corazón hundirse. Ahí, en su propia letra, estaba su firma:
Harry Potter
Y debajo, en una letra completamente diferente:
Academia Uluru de Canto y Sueño
–La firma lo es –admitió–. Profesor, esto parece como si fue tomado de una de mis tareas.
Dumbledore elevó una ceja.
–¿Cómo lo sabes?
–Está cortado de la esquina derecha. Solo escribo mi nombre ahí para las tareas.
–Entonces los maestros hubieran tenido el acceso más fácil para hacerlo –habló David Monroe por primera vez, y los jueces miraron a los tres maestros en la sala con sospecha.
Y el profesor Moody era quien revisaba las firmas, pensó Harry. Pero eso no tenía sentido tampoco. Moody era la última persona que haría algo por Voldemort.
–Pero no lo comprendo, señor –dijo él–. Yo no acepté entrar al torneo de manera voluntaria. Y no soy lo suficiente mayor.
–El cáliz de fuego no es exigente, Harry –respondió él–. Sus encantamientos son poderosos, pero no precisos. Tu firma fue suficiente. Era la responsabilidad de los organizadores asegurarse de que las firmas fueran legítimas, y lamento decir que fallamos en ese aspecto.
–Pero ni siquiera soy un estudiante en Uluru. ¿Cómo pude ser metido bajo ellos?
–De eso, no estoy seguro, pero es a lo que he enviado a Minerva a revisar.
Los otros tres campeones habían estado observando este intercambio con gran interés. Los organizadores estaban por lo menos haciendo su diligencia debida al investigar, pero no les gustaba a donde iba esto. El rostro de Viktor se ensombreció cuando se dio cuenta que Harry no iba a salirse de esto. Fleur parecía preocupada por el chico más joven, y Cedric parecía generalmente molesto.
–¿Está diciendo que Harry tendrá que competir, director Dumbledore? –preguntó Viktor.
–Eso parece, Sr. Krum. Sabremos más dentro de poco.
De repente, la puerta se abrió de nuevo, provocando que Harry diera un salto, y la profesora McGonagall entró a la sala, luciendo pálida y temblorosa.
–Ah, Minerva, que buen momento –dijo Dumbledore–. ¿Qué encontraste?
–Revisé los registros, como dijiste. Tenías razón, Albus. Harry Potter está marcado este año como un estudiante de intercambio de la Academia Uluru.
–¿Estudiante de intercambio? –dijo Harry sorprendido–. ¿Tenemos esos? ¿Y no tendría alguien que firmar algo para eso?
–Eso es lo preocupante, Potter –dijo ella–. Tu guardián mágico no dio el permiso para que los documentos fueran llenados, como debería haber ocurrido, y aun así Hogwarts pareció aceptar los documentos como válidos. No puedo explicarlo.
–Pues, incluso si son válidos, eso no debería ser suficiente –razonó Grayson–. Debería haber sido matriculado de manera oficial en… –Su rostro se ensombreció, y buscó en su túnica, sacando un espejo de mano–. Eso necesita ser investigado. Kylie Grayson –dijo.
Después de unos momentos, la voz de una mujer joven se escuchó del espejo.
–¿Abuelo? –dijo ella–. ¿Sabes qué hora es?
–Lo siento, Wallaby, pero esto es urgente –dijo con gentileza–. Necesito que vayas a la Academia Uluru ahora mismo y busques en el registro de estudiantes a un Harry Potter.
–¿Harry Potter? –dijo Kylie con confusión–. ¿Qué no se supone que él está…?
–Está aquí en la sala conmigo, pero su nombre fue seleccionado para este Torneo de los Tres Magos… bajo Uluru. Intentamos descubrir si es legítimo.
–Harry Potter… bajo Uluru… ¿cómo demonios…? –murmuró Kylie.
–No estoy seguro, pero Potter está aquí como un estudiante de intercambio de Uluru. Necesito que veas si hay un documento correspondiente ahí. Rápido, si puedes.
–Cierto… de acuerdo, abuelo, ya voy. Te llamaré por el espejo si necesito algo.
–Gracias, Kylie. Espejo apagado.
Así que Grayson tenía un espejo de comunicación. Eso sorprendió a Harry, aún si probablemente no debería haberlo hecho. Era solo que la mayoría de los magos parecían extrañamente contentos con los métodos de comunicación de menor calidad como las llamadas por Flu.
–¿Esperas encontrar algo, Grayson? –dijo Moody con sospecha–. Probablemente sería fácil para ti llenar esa matriculación.
–Le aseguro que no tuve nada que ver con eso, profesor Moody –respondió él–. Si quisiera que Uluru fuera representado, podría haberlo hecho fácilmente con el debido proceso.
–¿Y si es una muestra del poder de la magia sin varita? –dijo Karkaroff–. El chico se supone que es muy adepto. Quizás le guste la publicidad.
–¿Olvida de dónde soy, director Karkaroff? Muchos de los estudiantes mayores en Uluru son mejores que el Sr. Potter para la magia sin varita. Y, de cualquier modo, probablemente hubiera sido más fácil registrar esos documentos a través del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. –Todas las miradas se dirigieron a David Monroe, el jefe de ese departamento.
–¿Qué, creen que yo lo hice? –dijo él.
–Pues, ya escuchaste al hombre –dijo Karkaroff, caminando a él.
¿David Monroe? Pensó Harry. Pero se supone que es el miembro más liberal del Wizengamot. Nunca estaría en liga con Voldemort… si es quien está detrás de esto. ¿Y qué motivo posible podría tener alguien más para hacerlo competir? Pero entonces, ¿qué motivo podría tener Voldemort?
–No pienses que esto te deja a ti libre de sospecha, Karkaroff –exclamó Moody–. El perdón puedo tolerarlo, pero no comprendo cómo alguien estuvo lo suficiente chiflado para contratarte. Eso ya es sospechoso para mí.
–¿Y qué de ti? ¿Tú fuiste quien estuvo como guardia del cáliz con ese ojo loco tuyo?
–De acuerdo, paren por un minuto –habló Remus antes de que un duelo pudiera comenzar–. Pensemos esto de manera lógica. No cualquiera podría haber hecho esto. Quien sea que está detrás de esto debió hacer tres cosas: uno, hacer algo al cáliz de fuego para agregar una cuarta escuela al torneo; dos, poner el nombre de Harry bajo nuestras narices o a través de las barreras de Albus; y tres, llenar los documentos de matriculación para que la entrada de Harry fuera legítima.
Harry estaba bastante seguro de que ese discurso era para su beneficio tanto como para el de los adultos. Eso en verdad reducía la lista de sospechosos. De hecho, sonaba como que la mayoría, sino todas las personas que podrían haberlo hecho estaban en esa sala. Pero ninguno de ellos tenía sentido excepto Karkaroff, y extrañamente, aunque Dumbledore parecía sospechar de él, no parecía considerarlo el culpable.
–Creo que esa investigación tendrá que ser dejada para otro momento, Remus –dijo Dumbledore con un tono de advertencia–. La preocupación más importante es si Harry debe competir en el torneo. Desafortunadamente, me temo que el contrato lo requiere.
–Entonces –habló Madame Maxime–, Monsieur Monroe, Monsieur Bagman, ustedes son nuestros jueces imparciales. ¿Cuál es su fallo?
David Monroe y ajustó su sombrero antes de responder.
–Las reglas del Torneo son claras. Si el Cáliz aceptó el nombre del Sr. Potter, está obligado por contrato a competir.
–Estoy de acuerdo con David –dijo Bagman. Había observado el proceso con perplejidad, pero ahora, una sonrisa infantil estaba naciendo en su rostro–. Pero no creo que el torneo será de gran problema para Harry Potter. Mató a un basilisco en su segundo año, saben.
–¡Eso no quiere decir que quiera hacerlo! –protestó Harry. Pero Bagman no estaba escuchando.
–Oh, será divertido. ¿Creen que deberíamos cambiar el nombre? Veamos, ¿Torneo de los Cuatro Magos sería la forma correcta?
–Deberíamos volver a sacar nombres –insistió Karkaroff–. O sacar más para que todos tengamos dos campeones. Es lo justo.
–Lo siento, Igor, no podemos hacer ninguna de esas opciones –dijo Bagman, frunciendo el sueño–. El cáliz se ha apagado. No se prenderá de nuevo hasta el siguiente torneo.
–Mmm. Entonces insisto que el registro oficial diga que Potter es campeón de Uluru y solo Uluru. Nada de reconocimiento a Hogwarts en el caso improbable de que gane. No toleraré que Hogwarts tome… ¿cuál es la expresión? Una segunda mordida.
–De acuerdo –exclamó Harry, causando que Karkaroff lo mirara con sorpresa–. No quiero estar en esto de todos modos, y no quiero eclipsar a Cedric tampoco. Sí quiero ver una copia de este contrato. ¿Qué pasa si lo rompo? –Todos en la sala soltaron una exclamación de sorpresa.
–Sr. Potter, no puede romper un contrato mágico inquebrantable –habló David Monroe.
–Sé cómo funcionan los contratos mágicos inquebrantables, Sr. Monroe –dijo Harry–. Los he usado antes. Hay penalidades si se rompen. Pueden ser bastante malas, pero no pueden matarte. Creo que es justo que yo decida eso por mí mismo. –Aún lo miraron con sorpresa. Ese tipo de cosas no se hacía… elegir romper un contrato y aceptar la penalidad–. Así que, ¿puedo recibir una copia?
–A mí también me gustaría una copia –habló Viktor–. Normalmente no firmo nada sin que mi abogado lo lea antes.
–Eso suena como una buena idea para mí también –dijo Cedric, y Fleur asintió.
–De acuerdo, de acuerdo, entonces –dijo Monroe. Sacó un pequeño libro de pergamino de aspecto elegante de su túnica y usó un hechizo de duplicación para crear cuatro copias, las cuales entregó a los cuatro campeones.
Bagman aplaudió con entusiasmo.
–Entonces, está acordado. Comencemos. La primera prueba tomará lugar el sábado, veintiséis de noviembre en frente de los estudiantes y un panel de jueces. Oh, y sus familias están invitadas a atender. La primera prueba está diseñada para probar su valor, así que no vamos a decirles lo que es.
–¿Eh? ¿Cómo está relacionado eso? –dijo Harry.
–Valor enfrente de lo desconocido es una cualidad importante en un mago –respondió Monroe por él–. No pueden preguntar o aceptar apoyo de sus maestros para completar las pruebas, y enfrentarán el primer desafío armados sólo con sus varitas. La segunda prueba, por otro lado, probará su habilidad para planear y resolver problemas, y el completar la primera prueba será crítico para recibir la pista para la segunda. Eso será todo por ahora.
–Lo cual solo deja el asunto del registro de Harry –señaló Remus.
–Si conozco a Kylie, no tomará mucho –dijo Grayson.
–¿Porque sabe dónde buscar? –soltó Moody.
–Alastor –le advirtió Dumbledore.
Harry sospechaba que Moody aún estaba molesto por ser acusado por Karkaroff más que con Grayson. Aunque aún sospechaba de Moody. Su cabeza daba vueltas con la mitad de la sala acusándose los unos a los otros. Y aun así, Moody era el mejor cazador de magos oscuros en Gran Bretaña. Karkaroff aún parecía posible, excepto que sonaba tan molesto al respecto (y con razón).
–Ejem, aún hay otro asunto pendiente –habló Monroe.
–¿Lo hay? –Incluso Dumbledore lucía como que no había esperado más.
–Las reglas del torneo indican que la cabeza de cada escuela de los campeones, o un representante, debe tomar lugar en el panel de jueces. Director Karkaroff, si desea que el Sr. Potter sea marcado bajo Uluru, entonces el Embajador Grayson tendría el derecho de unirse como un juez.
Las cejas de Karkaroff se elevaron con furia. Se volteó a ver de Monroe a Grayson con renovada sospecha, entonces a Harry, y finalmente, lanzó a Viktor una mirada calculadora.
–Yo no objeto, director –dijo Viktor.
–Muy bien –aceptó Karkaroff al instante–. Si solo para ayudar a mostrar la farsa que es esto. Vamos, Viktor.
Karkaroff y Maxime se llevaron a Viktor y Fleur en ese punto, pero Cedric y los demás se quedaron para la noticia. Unos minutos después, se escuchó un zumbido, y Grayson sacó su espejo.
–Espejo prendido –dijo–. ¿Kylie? ¿Qué descubriste? –Kylie silbó.
–Nunca vas a creer esto, abuelo. Encontré tres cosas sobre Harry Potter en nuestros récords. Tengo una antigua carta de aceptación que fue enviada hace tres años, pero nunca fue respondida. Tengo un formulario de matriculación para él como estudiante de intercambio de Hogwarts. Pero aquí está lo mejor. También encontré un formulario que lista a Harry Potter como estudiante de intercambio de Uluru en Hogwarts.
–¿En Hogwarts? –dijo Harry.
–Rayos. Así que Potter técnicamente es un estudiante en ambas escuelas.
–Eso parece. Lo único que no comprendo es que los formularios no tienen las firmas correctas. Nunca debieron ser aceptados.
Grayson suspiró con comprensión.
–No necesitan las firmas porque Potter nunca fue a ningún lado. Nunca hizo nada contra los deseos de sus guardianes. La documentación solo es ficción legal para permitirle que fuera metido en el torneo bajo Uluru.
Hubo un bufido repentino, pero no salió de Harry. Salió de la profesora McGonagall. Harry se estremeció. Normalmente mantenía sus tendencias felinas bien bajo control.
–Esto no es bueno. Se tomaron tantas molestias… Alguien planeó esto en gran detalle, Albus –dijo ella–, y lo que sea que están planeando, está funcionando.
–Estoy al tanto, Minerva –dijo Dumbledore.
–Me gustaría poner mis garras en quien sea que hizo esto a uno de mis cachorros –murmuró ella.
–Y yo ayudaré –gruñó Remus.
–Por admirable que eso es, no hay más que podamos hacer esta noche. Creo que es hora de que regreses a la torre de Gryffindor, Harry –dijo Dumbledore–. Tu familia sin duda querrá saber sobre esto. Los estudiantes ya han sido enviados a dormir, pero haré el anuncio durante el desayuno mañana para que todo quede claro. Por favor informa a la profesora McGonagall antes de sobre tu decisión de competir… aunque te pido que lo hagas.
–Sí, señor –dijo Harry debidamente, y se dio la vuelta para irse.
–Iré contigo, Harry –dijo Remus–. Ayudaré a tu familia a solucionar esto.
–Sabes que no tienes permitido ayudar a Harry con las pruebas, Remus –le dijo Dumbledore. Remus se enfureció, pero permaneció calmado al responder.
–No voy a ayudarlo con las pruebas, Albus, aunque puedo asegurarte de que si supiera que son las pruebas, ya hubiera renunciado para hacerlo. Pero sí voy a ayudarlo a comprender el contrato y tomar su decisión.
McGonagall lucía pensativa mientras se iba. Ella sí sabía una cosa o dos sobre las pruebas, y aunque podrían haber sido peores, no estaba nada feliz de que Harry Potter fuera obligado a competir en ellas. ¿Valdría la pena dejar su puesto para ayudarlo? Cedric permaneció cerca de Harry mientras sus caminos a sus salas comunes coincidían, pero no dijo nada.
–Lamento todo esto, Cedric –dijo Harry–. Se suponía que este era tu momento. Cuando fuiste elegido, pensé que tendrías una buena oportunidad de reconstruir tu reputación, y quizás decir algo sobre los hombres lobo. No quise eclipsarte.
–Está bien, Harry –dijo Cedric con un suspiro–. Puedo ver que no querías hacer esto. Haré lo posible para minimizar los daños en Hufflepuff.
–Gracias, Cedric.
Hermione había intentado permanecer solemne mientras salía del gran comedor, pero comenzó a correr en cuanto estuvo fuera de vista. Se apresuró a la torre de Gryffindor y después corrió los siete pisos a su dormitorio para tomar su espejo de comunicación que la conectaba a sus padres, y corrió abajo y de nuevo arriba para ir al dormitorio de Harry, donde encontró su espejo que lo conectaba al de Sirius en su baúl. Finalmente, sin aliento y casi en lágrimas, se sentó en el escritorio de Harry y los llamó.
–Daniel Granger, Sirius Black.
Los tres aparecieron bastante rápido, luciendo preocupados.
–¿Hermione, qué pasa? –preguntó Emma.
–El nombre de Harry salió del cáliz.
Hermione de inmediato se encontró diciendo a sus padres y padrino estupefactos todo lo que sabía, lo cual desafortunadamente no era mucho al momento. Estaba tan absorta en su explicación que se sorprendió cuando, sólo unos minutos después, Ron entró. Él se paralizó cuando la vio y la regañó.
–¿Hermione? ¿Qué estás haciendo tú aquí? ¡No puedes estar aquí!
–No es contra las reglas, Ron, y estoy hablando con mi familia.
–¿Contándoles lo emocionada que estás? –dijo él.
Ruidos indignados salieron de los espejos.
–No, contándoles lo preocupada que estoy e intentando decidir qué vamos a hacer al respecto.
–¿Oh? Pensé que estarías celebrando abajo con el resto.
–¿Están celebrando? –exclamó Emma desde el espejo.
–No me sorprende –dijo Sirius–. Los Gryffindor no necesitan una excusa para una fiesta, y probablemente hay algunos a los que solo les importa tener un campeón de su casa.
–¿Después de que se paró en el gran comedor y anunció que no quería ser parte? –dijo Hermione.
–Odio denigrar a mi casa, pero no son Ravenclaw. Algunos de ellos serán unos idiotas. –Hermione miró a Ron con fastidio de nuevo.
–Pues, estoy segura de que Harry les dirá algo cuando regrese. No lo va a apreciar.
–¿Oh, en serio?
–Sí, en serio, Ronald. Sabes que a Harry no le gusta que lo traten como a una celebridad.
Ron sólo gruñó su respuesta. Hermione regresó a su discusión con sus padres y Sirius, pero sin más información, lo único que podían hacer era esperar a que Harry regresara.
Eso tomó un tiempo. Pero cuando regresó, se sorprendieron un poco al ver que Remus estaba con él.
–Tenías razón, Harry –dijo Remus cuando vio a los espejos–. Como una máquina bien aceitada, ustedes dos.
–¡Lunático! ¡Cachorro! Gracias a Dios, ya era hora –dijo Sirius.
–¿Estás bien, Harry? –dijo Emma–. Hermione nos dijo todo lo que sabía.
Harry cayó de golpe sobre su cama y suspiró con pesadez.
–Pensé que no ibas a entrar, Harry –dijo Ron, aún sonando fastidiado.
–Yo no entré –dijo Harry.
–Sí, apuesto a que no podías pasar a Moody solo. ¿Hiciste un trato con Grayson porque ambos pueden hacer magia sin varita? –Harry se sentó y lo miró con enojo.
–Ron, no quiero estar en esta cosa. Te lo dije antes, no hay sentido en que yo participe.
–¿O es porque ambos son animagos? ¿Él es un animago también, no? Y ni siquiera entraste bajo Hogwarts. ¿Qué onda con eso?
–Ronald Weasley, eso es suficiente –exclamó Remus–. Pensé que apoyarías más a tu amigo. El resto de nosotros estamos muy preocupados por el peligro en el que está. Harry dejó muy en claro que no entró al torneo y que no quería hacerlo. No sabemos quién lo metió, pero intentamos descubrirlo. –Ron elevó las cejas.
–¿Por qué querría alguien meterte? –preguntó.
–No lo sé –dijo Harry–, pero tengo el mal presentimiento de que Voldemort está involucrado de algún modo. –Ron se estremeció.
–¿En serio, Harry? ¿Quien-Tú-Sabes?
–Ron, siempre hace su primer acto en Halloween. Tú recuerdas nuestro primer año. Y segundo año. Si este año es como esos, este es el primer paso de algún plan complicado que termina con él intentando matarme en junio.
Ron lucía desconcertado. Era lo suficiente listo para ver la verdad en las palabras de Harry. No se sentía tan celoso cuando lo ponía de ese modo.
–Vaya, lo siento, Harry. No había pensado en eso.
–Pues… ahora lo sabes.
–Ejem –dijo Dan. Harry se dirigió a los espejos–. Harry, sabes que no nos gusta cuando hablas de ese modo. Queremos que todos hagan lo que puedan para asegurarse de que no tengas a nadie intentando matarte este año.
–Sí, yo también, pero este tipo de cosas sigue pasando.
–Harry, ¿qué dijo el profesor Dumbledore? –intervino Hermione–. ¿No tienes que competir en esta cosa, verdad? –Harry negó con la cabeza.
–Dice que probablemente tengo que.
–¿Qué? ¿Por qué? –preguntaron sus padres.
–Quien sea que puso mi nombre tomó la firma de mi tarea. Aparentemente, eso fue suficiente para unirme al contrato.
–Rayos –gruñó Sirius–. Contratos mágicos inquebrantables son malas noticias.
–¿Qué pasa si lo rompes? –dijo Dan con sensatez.
–No lo sé aún. Pero me dieron una copia del contrato. –Harry sacó el pequeño libro de pergamino y lo revisó, murmurando para sí mismo–. Ajá. Aquí está… Quien se rehúse a competir cuando elegido, o quien se lastime a sí mismo con el propósito de prevenirse de competir… será marcado como un cobarde para que todos lo vean… oh no… será agobiado por debilidad en las extremidades y… enfermedad del estómago para ser confinado a la cama hasta que se arrepienta de su cobardía o, hasta que el torneo concluya.
–Eso suena mal –dijo Hermione con obviedad.
–¿Tú crees? –dijo Harry–. Eso quiere decir que si rompo el contrato, estaré enfermo por el resto del año.
–Es peor que eso –dijo Sirius con tono sombrío–. Si está escrito en el contrato, "marcado como un cobarde para que todos lo vean", no solo es un decir. –Harry lo miró.
–¿Quieres decir que tendré escrito "cobarde" en mi rostro o algo?
–No dije escrito; dije marcado. Eso probablemente deje una cicatriz.
Harry se estremeció y dejó salir un chillido que sonó como un maullido.
–¡Eso es barbárico! –lloró Hermione. Tomó el contrato para leerlo por sí misma.
–Esa no es la parte importante –dijo Remus–. El problema principal es que estamos bastante seguros de que Voldemort está planeando algo contra Harry de nuevo, y si no compite, la penalidad lo debilitará y no podrá defenderse.
–Oh, Dios –exclamó Emma.
–Remus, ¿sabes qué serán las pruebas? –preguntó Dan después de un momento.
–No. Estoy intentando que los organizadores me den algunas pistas. Técnicamente no puedo ayudar a Harry, pero imagino que podemos encontrar la manera.
Emma suspiró y frotó su frente.
–Así que la verdadera pregunta es, y no puedo creer que estoy diciendo esto, ¿qué es más peligroso, las pruebas, o estar enfermo y perderse un año de escuela?
–Modificaron el torneo –le recordó Hermione–. Las pruebas no se suponen que sean mortales.
–A menos que Voldemort haga algo para sabotearlas –dijo Sirius.
–Si solo está enfermo, quizás esté más a salvo mientras tenga protección –dijo Remus.
–Excepto que estará un año atrás en sus estudios –objetó Hermione–. Eso podría dañarlo a largo plazo.
–Y Voldemort aún podría intentar matarlo cuando esté vulnerable –notó Sirius.
–De cualquier modo, ¿en cuánto peligro estará Harry en Hogwarts? –dijo Hermione esperanzada–. De hecho, ¿por qué tantos problemas en primer lugar? ¿Por qué no atacarlo en la calle?
–No lo sé, excepto que quizás en Hogwarts, Voldemort sabe dónde está Harry todo el año –dijo Remus–. Será más fácil de encontrar.
–Espera, ¿piensas que se infiltró a la escuela de nuevo, Remus? –dijo Dan horrorizado.
–Tiene razón –dijo Sirius–. Un plan tan ridículamente complicado solo tiene oportunidad de funcionar si tiene a alguien adentro. ¿Sabe Dumbledore cómo entró el nombre de Harry en primer lugar?
–Cómo, sí, pero no quien. Tenemos unas ideas, pero ninguna parece buena.
–¿Karkaroff? –gruñó Sirius.
–Tal vez.
–De acuerdo, qué tal esto, Harry –razonó Hermione. Aún estaba leyendo el contrato–. De acuerdo con esto, parece que aún puedes continuar de manera normal, y cuando llegues a la primera prueba, si es muy difícil, puedes rechazarla y tomar la penalidad. Y si participas en la segunda prueba, regresarás a la normalidad.
–Si puedo –dijo Harry–. Eso podría ser un problema… –Hermione no estaba escuchando.
–Y aún entonces, si te lastimas en alguna de las pruebas por alguna razón no relacionada, estás libre, ¿no?
–Sí –interrumpió Sirius–, pero no intentaría que tú lo lastimaras a propósito para librarlo. Incluso yo no sé lo que pasaría entonces. La penalidad podría afectarlos a los dos.
–Oh.
–Otra pregunta importante –dijo Dan–. ¿Cuál es la definición de "competir" de acuerdo con el contrato?
–No creo que importe –dijo Harry–. Tengo que dar todo de mi en la primera prueba… tengo que ganar para poder obtener la pista para la segunda prueba.
–Oh… –repitió Hermione.
–Probablemente sea más seguro si das un esfuerzo genuino –dijo Sirius.
–Pero con una estrategia para que no salgas herido –respondió Emma–. El ser obligado a un torneo peligroso… Eso no debería ser permitido. Y no pueden creer que tienes una oportunidad de ganar, Harry, no contra estudiantes de séptimo… lo siento.
–Está bien, mamá –dijo Harry con tono suave.
–Estará bien, Emma –la confortó Dan–. Por lo menos no está completamente fuera de nuestro control.
–Eso es cierto –dijo Sirius en acuerdo–. Lo tomaremos una prueba a la vez. Y Harry no tiene que ganar; solo necesita salir de esto en una pieza. Así que esto es lo que haremos. Lunático, haz lo que puedas por conseguir información para Harry sobre la primera prueba, y entonces, haremos un plan para la prueba, o mantendremos a Harry a salvo si es muy peligroso, y tendrá que esperar hasta la que sigue. Podemos hacer esto.
Emma tomó un gran respiro–. Tienes razón, Sirius –dijo ella–. Solo necesitamos más información. Lamentamos que tengas que pasar por esto, Harry. Desearía que pudieras tener un año normal.
–Sí, la historia de mi vida –gruñó Harry–. Pero gracias. –Hermione lo abrazó en solidaridad.
–De acuerdo, está arreglado –habló Sirius–, ¿cómo terminó tu nombre en el cáliz y qué saben de quién lo hizo?
Harry y Remus entonces contaron todo lo que había sido dicho en la reunión con los profesores y jueces, desde la firma de Harry en el pergamino hasta que fue matriculado como estudiantes de intercambio en dos escuelas. Remus reiteró sus tres puntos sobre quien lo hizo, lo cual llevó a considerar la lista de sospechosos.
–Odio admitirlo, pero Grayson o Monroe hubieran tenido más facilidad para llenar esos documentos –dijo Sirius. Tenía la mejor idea de cómo funcionaba la política–. Cualquiera podría haberlos llenado en Australia a través de correo internacional.
–Pero cualquiera podría haberlo hecho si robaron la firma de Harry –respondió Remus.
–Hubiera sido más fácil para un maestro, ¿no es así? –preguntó Dan.
–Más fácil, pero no imposible para nadie más. Además, los únicos maestros que no han estado aquí por años somos Moody y yo. Los demás pueden ser confiados.
–¿No dijiste que Moody era quien revisaba las firmas? –presionó él.
–Sí, la mayoría, pero aun así, es Ojoloco Moody. Sería difícil encontrar a alguien que odie a Voldemort más que él.
–Esperen; deberíamos escribir esto –dijo Hermione. Tomó un pedazo de pergamino de las cosas de Harry y comenzó a escribir los nombres de los sospechosos potenciales con columnas para Evidencia a favor y Evidencia en contra. Su madre se rio débilmente. Ella estaba a punto de hacer algo similar.
Sirius tenía otro punto–: La verdadera clave es quien logró confundir al cáliz para agregar a una cuarta escuela al torneo. Ese es un artefacto mágico poderoso. No puede ser tan fácil.
Remus asintió–. Yo eliminaría a los estudiantes como sospechosos en base a eso –dijo él–. Incluso si alguien les dijo como, dudo que pudieran lograrlo. Grayson podría, así como varios de los otros maestros.
–Karkaroff –repitió Sirius–. Es el sospechoso obvio.
–Excepto que soltó todo lo que sabía para permanecer fuera de Azkaban. No creo que nada… perdón, no creo que nada excepto que el que mate a Harry convencería a Voldemort de aceptarlo de regreso.
–¿Pero no es ese su plan? –dijo Harry–. ¿Quiere que muera en el torneo?
–No, muy complicado –dijo Sirius–. Sabemos que tiene a alguien ayudándolo adentro, y no sabemos quién. Hay cientos de maneras más fáciles. No, te debe querer en el torneo por alguna razón.
–¿Pero por qué? ¿Qué podría ganar Voldemort de mi participación en el torneo, gane o no?
–Y más importante, ¿no es esa una buena razón para sacarlo? –sugirió Emma.
–A menos que eso sea lo que espera que hagamos… –comenzó Remus.
–¡No! ¡No! ¡Basta! –dijo Sirius–. ¡Ahí está la locura! Estamos hablando en círculos; no podemos decidir nada en base a esto.
–Y si… –habló Hermione–. ¿Y si Voldemort no está detrás de esto?
–¿Qué? –Todos la miraron sorprendidos.
–¿Y si alguien más puso el nombre de Harry y solo es una coincidencia?
–Mione, eso no tiene sentido –protestó Harry–. Aún no explica el quien o porqué.
Escribió una columna adicional en su pergamino llamada Motivo.
–¿Alguien que genuinamente crea que puedes ganar?
Remus lo pensó por un minuto, pero negó con la cabeza.
–Las únicas personas que son siquiera tan absurdas son Hagrid y Bagman, y ninguno de ellos tiene la habilidad.
–Quizás es alguien tratando de hacer que pase un mal tiempo –dijo Harry.
–¡Snape! –gritaron Sirius y Ron al mismo tiempo.
–No –dijo Remus con firmeza.
–Ha sido más molesto conmigo de lo normal este año –dijo Harry.
–Pero no es estúpido. Sabe que Dumbledore lo mataría, y si no, Canuto y yo lo haríamos.
Una idea terrible cruzó la mente de Emma–. Dumbledore –susurró.
–¿Qué fue eso?
–De acuerdo, sé que esto sonará como una locura, ¿pero existe la posibilidad de que Dumbledore lo haya hecho?
–¡Eso es una locura! –dijo Ron.
–¡Ron! –gritaron Harry y Hermione de regreso.
Ron tembló bajo sus miradas. Sabía que ya estaba al borde del precipicio por gritar a Harry antes.
–Lo siento, Sra. Granger –murmuró–. Pero en serio, ¿por qué querría Dumbledore hacer eso?
Los adultos se miraron nerviosos a través de los espejos. Ron no conocía la historia completa y no se suponía que la supiera. Dan aclaró su garganta.
–Erm, escucha, Ron, no podemos decirte todo, pero en tu primer año, el profesor Dumbledore intentó… bueno, intentó manipular a Harry para que hiciera cosas peligrosas porque pensó que sería un buen entrenamiento.
–¿En serio? –dijo Ron sorprendido.
–Bueno, algo así, pero no lo creo ahora –dijo Remus con firmeza–. Si lo recuerdan, incluso en el primer año de los cachorros, Dumbledore dejó la idea antes de implementarla por completo. No lo haría algo… No lo rechazaría de Moody… pero no hay manera de que lo haría sin la autorización de Dumbledore.
–Así que regresamos a Voldemort –dijo Harry resignado–. ¿Y cuántos sospechosos tenemos, Mione? –Hermione miró a su lista.
–Uno… si contamos a Karkaroff.
–¿No estamos olvidando algo? –dijo Dan.
–¿Qué?
–Estamos hablando de personas que pueden usar magia. ¿Y si el hombre de Voldemort está disfrazado como alguien más… quizás como un estudiante?
Muchos pares de ojos se abrieron sorprendidos, y varias voces gritaron "¡Demonios!" al mismo tiempo.
–Pero… pero eso quiere decir que podría ser cualquiera –dijo Hermione temerosa. Incluso miró a Remus y Ron de reojo a pesar de sí misma.
Por suerte, Remus era más calmado–. No cualquiera –dijo él–. Sería difícil pretender ser un estudiante. Tienen amigos. Familias. Tendrían que interactuar con los otros estudiantes en los dormitorios y con los maestros en clase. Incluso los estudiantes extranjeros, sería difícil. Alguien lo sospecharía. Y más importante, dudo que pudieran haberse acercado al cáliz de ese modo sin levantar sospecha. Lo mismo para los maestros excepto Moody, pero Dumbledore lo conoce por años, y es muy paranoico para no tener preguntas de seguridad.
–¿Preguntas de seguridad? –preguntó Hermione. Sirius respondió.
–Pregunta a alguien algo que solo ellos sabrían la respuesta. Lo hicimos bastante durante la guerra. Idealmente inventado al instante para no poder secuestrarte y obligarte a contarlo. Como esto: Lunático, ¿cómo es que James y Lily en verdad fueron maldecidos para recibir un shock de electricidad cada vez que se tocaban en quinto año?
–Lily me sobornó para que lo hiciera con chocolate muggle importado. Pensó que mantendría a James lejos por un tiempo.
–Sí, definitivamente eres Lunático –dijo Sirius mientras los otros se reían–. Y tiene razón. Ojoloco es muy paranoico para no hacer eso. No creo que es ninguno de los maestros en Hogwarts si Remus no. Nadie puede pretender ser Maxime porque no es completamente humana, aunque podría estar bajo un Imperio. Pero Karkaroff aún es un sospechoso. Ten cuidado a su alrededor, Harry, sin importar que.
–Las únicas otras posibilidades son Monroe, Bagman, y Grayson –dijo Hermione.
–No Grayson –la corrigió Harry–. Es un animago, ¿recuerdas? No se puede falsificar eso. Y ha estado aquí todo el semestre.
–De acuerdo, así que tenemos tres personas posibles –dijo Remus–. No es una certeza, pero es un buen comienzo.
–¿No podemos interrogarlos a todos? –preguntó Emma.
–No sin evidencia. Pero tenemos que observarlos. Monroe y Bagman no vendrán seguido, pero por lo menos son dos cosas menos de las que preocuparnos.
–Deberían decir todo esto a Dumbledore –dijo Dan.
–Lo haré. Probablemente ya llegó a la misma conclusión por su cuenta. Es Dumbledore, después de todo.
Dan tomó un gran respiro–. De acuerdo, supongo que tenemos esto arreglado tan bien como podemos por el momento. Manténganos informados. Tengan cuidado, chicos.
–Lo haremos –dijo Harry.
–Ajá. Oh, papá, creo que encontré algo –dijo Hermione.
–¿Qué?
–Pues, he estado leyendo este contrato, y parece que esta regla en contra de hacer trampa es bastante suelta.
–¿Qué quieres decir? –preguntó Dan.
–La cláusula de penalidad severa no aplica a hacer trampa. Solo a no competir. No hay mucho que los jueces te permitan que hagas, Harry, pero aun así...
Todos se detuvieron, y Sirius y Remus le sonrieron.
–Ahora eso es pensar como un merodeador, Señorita Pescadora –dijo Sirius.
