III
Refutaciones
«¿Cómo es posible que esto me siga pasando?»
Lincoln se preguntó, mientras estaba sentado en el sofá de la sala con las manos sobre las rodillas. Levantó la mirada y se encontró con el mismo panorama que hace un par de minutos: sus hermanas viéndolo, sumamente molestas; las mayores con los brazos cruzados y completamente erguidas, intentando verse mucho más altas e imponentes que él; y las menores con el ceño fruncido y, en algunos casos, con las mejillas hinchadas. Incluso cuando él ya era más alto que su padre y casi tan musculoso como su abuelo en su juventud, seguía sintiéndose intimidado por las penetrantes miradas de esas mujeres.
—¿Y bien? —habló Lori.
—¿Tienes algo que decir? —completó Lola.
Él suspiró y dijo:
—Lo siento…
—¿«Lo siento» por qué? —preguntó Lynn, mirándolo a los ojos.
—Lo siento por no haber ido a saludarlas cuando llegué.
Todas las mujeres cerraron los ojos y guardaron silencio unos momentos; meditaban las disculpas de su hermano, hasta que éste volvió a hablar.
—Chicas, sé que están molestas; pero créanme que no fue mi intención el no saludarlas. Como les dije, estaba ayudando a Lisa con algo, y aparte estaba terminando un proyecto que podría haberme tomado el fin de semana entero. Quería terminarlo lo antes posible para pasar el tiempo con ustedes.
Lincoln esperó unos segundos a que alguna de sus hermanas decidiera hablar o, en su defecto, gritarle; sin embargo, se llevó una sorpresa cuando Luna se acercó a él y le dio un abrazo, mientras le susurraba al oído:
—Está bien, hermano. Perdónanos tú a nosotras por ponernos así. Es que como había pasado tanto tiempo y no dabas señales de llegar, nos preocupamos.
—Aparte, con todo el trabajo que hemos tenido últimamente, no habíamos podido venir en las últimas semanas. Ya deseábamos verte —añadió Lori, mientras que ella y Leni se acercaban para darle otro abrazo.
—Sí, Lincoln. No sería nada divertido que llegáramos a casa y nos enteráramos que nuestro chico favorito no vendrá a pasar tiempo con nosotras —dijo Luan, tras imitar la acción de sus tres hermanas mayores.
—Aunque ya no seas el debilucho de hace años, me sigo preocupando por ti, ¿sabes? —declaró Lynn, dándole un leve golpe en el hombro, pero abrazándolo inmediatamente después.
Las menores, sin despegar la mirada del suelo ni decir nada, se acercaron a Lincoln y también lo abrazaron. Lucy hundió su rostro en el pecho del muchacho, las gemelas lo flanquearon y se aferraron a sus brazos, y Lily lo tomó por la cintura.
Las acciones y palabras de sus hermanas conmovieron profundamente a Lincoln, pero se percató de que Lisa no era parte de aquel abrazo grupal. Levantó la mirada un momento y la vio parada a unos cuantos pasos de distancia; jugaba con su bata, mientras lo observaba fijamente; se mordía las mejillas; y su nariz estaba ligeramente colorada. «Está molesta…», pensó él; sin embargo, creyó distinguir otra emoción que no supo identificar del todo. Aun así, le dedicó una sonrisa que la invitaba a unirse a aquel momento familiar; y ella, sin decir nada, se acercó lentamente al grupo e imitó la acción de su hermana gótica.
El peliblanco cerró los ojos un momento y se dejó llevar por el cariño y amor que todas y cada una de sus hermanas le proporcionaban. Se quedaron así por un par de minutos, hasta que Leni habló.
—Por cierto, Linky, te ves muy guapo con el cabello así.
Las chicas mayores levantaron las miradas y observaron con más detenimiento la cabellera de su hermano: había crecido tanto que ahora lo tenía arreglado en una cola de caballo recogida. Las reacciones no se hicieron esperar.
—¡Literalmente te ves muy apuesto, Lincoln! —exclamó Lori, mientras le tomaba varias fotos al muchacho.
—Ese estilo sí que rockea, hermano —dijo Luna con una enorme sonrisa.
—Con esa cola de caballo te ves como todo un «semental». Je, je. ¿Entiendes? —bromeó Luan, observando con detenimiento el rostro y peinado de su hermano.
—¿Quién diría que te dejarías crecer el pelo? ¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso querías imitar el estilo de tu hermana favorita? —cuestionó Lynn con confianza, moviendo su propia cola de caballo de un lado a otro.
—¿Eh? ¿Y quién dice que él imitó tu estilo? —preguntó Luan, entrecerrando los ojos en el proceso—. De hecho, ¿quién dijo que tú eres su hermana favorita? Es más que obvio que esa soy yo.
—¿Y quién lo decidió? —se metió Lori a la discusión—. Yo soy a la que Lincoln quiere más. Punto.
—A la que quiere más alejada —se burló Lynn.
—¡¿Qué dijiste?! —gritó la mayor.
—¡Lo que oíste! —rebatió la deportista.
Lincoln estuvo a punto de intervenir en la discusión, pero dos de sus hermanas se le adelantaron.
—¡Chicas, no peleen! —dijo Leni, interponiéndose entre las dos chicas—. ¡Discutir por esto es tonto!
—Leni tiene razón —secundó Luna—. ¿En serio van a pelear por saber quién en la favorita de Lincoln? Desde allí sabemos que la discusión no tiene sentido.
—¡Exacto! —Leni les dedicó una gran sonrisa—. Linky nos quiere a todas por igual… Pero, como que, a mí me quiere un poquito más.
—Así e… ¡¿Perdón?!
Y en menos de un segundo, las cinco chicas mayores se enfrascaron en una acalorada discusión sobre quién era la hermana favorita del muchacho, hasta que Lola gritó:
—¡Cállense!
Tras hacer eso, las muchachas vieron como la chica tomaba aire y luego las señalaba con el dedo índice de su mano derecha.
—Para empezar, ¿acaso creen que una de ustedes es su favorita, ancianas gruñonas?
El comentario hizo que el rostro de las aludidas ardiera en furia.
—¡¿A quién llamas «anciana gruñona», enana?! —atacó Lori.
—¡A ustedes! —exclamó la adolescente—. ¡La edad parece que las está amargando!
—Sólo somos unos años más grandes, chica —dijo Luna entre dientes.
—¿Y? Son años que me hacen mucho más joven, bonita y agradable. En pocas palabras, eso me hace la favorita de Linky —dirigió su mirada al mencionado y pestañeó varias veces—. ¿Verdad que sí?
—Oh, entonces si hablamos de belleza, yo debería ser la favorita de Lincoln —encaró Lana a su hermana con una sonrisa confiada.
Las gemelas se miraron con furia y empezaron a discutir, mientras que las mayores proseguían con su pelea. Lincoln veía las peleas con cierta preocupación, mientras las tres chicas restantes permanecían estoicas. El muchacho las llamó.
—Oigan, ¿las detenemos?
—No, que sigan discutiendo —contestó Lucy con simpleza.
—¿Por qué? No deberíamos arriesgarnos a que esto se vuelva mucho más serio.
—No tiene caso; es mejor que ellas mismas se detengan y se den cuenta de la realidad…
Lincoln estuvo a punto de felicitar a su hermana por aquella muestra de madurez, hasta que escuchó la segunda parte de su oración:
—Eventualmente aceptaran que yo soy tu favorita.
Lucy le sonrió e hizo ademán de querer volver a abrazarlo, pero Lisa se interpuso en su camino.
—¡Hey! No te adjudiques títulos que no te corresponden. Es más que obvio que yo soy la hermana predilecta.
—Oh, ¿en serio? —retó la pelinegra—. ¿Lo dice en alguna tesis que tú misma escribiste?
—No, no lo hace —«De hecho, debería escribir una», pensó. Luego apuntó a la chica gótica con un dedo y afirmó—: Pero está claro que Lincoln prefiere una compañía más relajada y no tan infantil.
—Claro —dijo Lucy, con simpleza—, como si ser su conejillo de indias fuera relajante.
—¡Yo no lo uso como conejillo de indias! —gritó—. ¡Nunca usaría a mi Lincoln para algo como eso!
El caos que reinaba en la sala se detuvo por completo, dando paso al silencio como nuevo gobernante del lugar. Si alguna persona hubiera dejado caer una aguja al suelo, definitivamente todos habrían escuchado al objeto en cuestión. Las miradas de todas las presentas estaban clavadas en Lisa, quién finalmente recayó en el peso de sus palabras, e hizo que su rostro ardiera en vergüenza.
—Y-Yo… Este… Es que… Ahmmm… —balbuceó.
—¿Tu Lincoln? —preguntó Luna, su voz carente de emoción.
—N-No… Y-Yo n-n-no…
—Con que «tu Lincoln», ¿eh? —dijo Lynn, igual que su hermana mayor.
Lisa ya no sabía qué hacer. Quiso decirles que todo había sido una equivocación y que la palabra salió por sí sola, pero no era una excusa creíble; ella, más que nadie, sabía controlar por completo su cerebro y sus palabras; y sus hermanas lo sabían. Estaba segura de que ahora no la dejarían de molestar por nada del mundo.
—Él no es tu… ¿Lincoln? —empezó a hablar Leni, señalando a Lisa con su dedo índice; pero luego pareció confundida y volteó de un lado a otro—. Oigan, ¿dónde está Lincoln?
La pregunta de la rubia alertó a las demás muchachas, quienes no sólo se percataron de la ausencia de su hermano, sino además de la ausencia de Lily.
—Creo que ya dejaron de pelear —dijo Lincoln, mientras despegaba su oído de una puerta—, aunque me hubiera gustado detenerlas antes…
El peliblanco y la rubia se encontraban en la habitación que ésta compartía con Lisa. Luego de que todas empezaran a pelear, la niña decidió llevarse a su hermano mayor lejos de las demás mujeres para aprovechar al máximo el tiempo que él le daría; sabía que las demás también ansiaban la atención del muchacho, pero decidió no darle importancia. Ella también lo había esperado ansiosa, y nadie lo quería más que ella. Ni Lori, ni Leni, ni la acomplejada de Lisa querían a Lincoln tanto como ella lo…
—Lily —escuchó la mencionada detrás de sí, interrumpiendo sus pensamientos—, ahora que estamos aquí, dime qué quieres hacer.
La niña sonrió.
—Siéntate en mi cama —dijo.
Al chico le pareció rara la petición de la niña, pero la acató de todos modos; se quitó los zapatos y acomodó su espalda contra la cabecera. Vio como Lily buscaba unas cosas dentro de su armario y aprovechó para observar con más cuidado el cuarto de sus hermanas. Como siempre, el lado de Lisa estaba colmado de equipos de química, herramientas, prototipos de robótica y documentos con los resultados de sus experimentos; el lugar estaba algo desorganizado, pero no se comparaba a como se veía el año anterior. Lincoln sonrió al pensar que su hermana posiblemente había tomado su consejo y decidió ser más organizada.
Por su parte, el lado de Lily lucía más infantil: había dibujos y fotografías pegados en la pared, unos cuantos juguetes estaban sobre su buró, en su pequeño librero —algo que enorgullecía enormemente a Lincoln— había varios comics de Ace Savvy, y en su cama estaban acomodados su querido oso de peluche y Bun-Bun.
La sonrisa del muchacho menguó un poco al recordar la razón por la que su coneja de peluche ahora era propiedad de su hermanita. No era que él no quisiera que Bun-Bun fuera de Lily; de hecho, a los dieciocho años había llegado a la resolución de querérsela regalar a la niña en su octavo cumpleaños como sorpresa. Ella era la única que aún conservaba sus peluches y los trataba con cariño, por lo que él pensó que Lily sería la elegida para recibir aquella preciada posesión. No obstante, el día que Lincoln tuvo que partir a la universidad fue más dramático de lo que esperó, y el llanto de la pequeña aún le provocaba una punzada de dolor en el pecho.
—¡Por favor, Linky, no te vayas! ¡No me dejes sola! —decía, mientras abrazaba su cintura con todas sus fuerzas.
—Lily, sabes que tengo que irme —contestó, mientras devolvía el abrazo y acariciaba su pelo—. Además, no será por mucho tiempo. Te lo prometo.
Las palabras y la sonrisa del muchacho no parecieron calmar a la pequeña, quien lloró con más fuerza.
—¡No me importa si es poco tiempo! ¡Quiero verte todos los días! ¡Te quiero a ti, hermanito!
El rostro de la niña fue demasiado para Lincoln, quien creyó ver por un breve momento la verdadera imagen de la tristeza en los ojos de Lily. Aguantando sus propias ganas de llorar, se rehízo y tomo su mochila, de la cual sacó su amado peluche y se lo mostró a su hermana.
—Lily, ¿qué es esto?
—Ummm… ¿Bun-Bun? —contestó, completamente confundida, mientras se limpiaba las lágrimas.
—Más o menos. Pero dime, ¿qué es Bun-Bun?
—Pues…, es tu peluche favorito…, y tu…, y tu… ¿preciosa? —dijo Lily, tratando de animarse a sí misma al recordar a un personaje de esas películas que tanto le gustaban a su hermano.
—Exacto… ¡Es mi preciosa! —exclamó él, imitando la voz del susodicho personaje y haciendo reír a su hermana en el proceso—. Es mi preciosa; pero también es mi amiga, mi confidente cuando quería contarle secretos y mi protectora durante las noches… —tras decir eso, tomo las manos de su hermana y le entregó el objeto—. Y ahora es tuya.
El rostro de Lily reflejó tal sorpresa que ahora fue Lincoln quien no pudo evitar reír.
—L-Linky… ¿En serio me la estás regalando?
Él sólo asintió.
—Pero ¿por qué?
El peliblanco tomó el rostro de la rubia, y limpiándole las lágrimas, dijo:
—Porque sé que ella estará en muy buenas manos —hizo una pausa y sonrió—. Además, si un día te sientes sola o tienes la necesidad de verme, acércate a Bun-Bun, y te aseguro que a través de ella te transmitiré todo mi amor, hermanita.
Por las mejillas de Lily volvieron a correr lágrimas, pero está vez ya no gritó ni suplicó; sólo abrazó a su hermano y susurró:
—G-Gracias, Linky. Eso haré. Pero, por favor, regresa a casa tan pronto como puedas…
—En cuanto me instale en el dormitorio, ponga en orden unos cuantos documentos y me acople al nuevo ritmo de trabajo, vendré a verte —se detuvo unos cuantos segundos para pensar en su próxima oración y sonrió—. Es más, prometo que vendré a verte a ti y a las demás cada semana. ¿Qué me dices? ¿Te gusta la idea?
La niña asintió levemente con una pequeña sonrisa, pero no convencido con la reacción, Lincoln empezó a hacerle cosquillas.
—¡L-Linky! ¡Ja, ja, ja! ¡D-Detente! —suplicó Lily entre carcajadas.
—¡No hasta que me asegure que hay una sonrisa en ese rostro!
—¡Está bien! ¡Está bien! ¡Ja, ja! ¡Ya estoy riendo! ¡¿Ves?!
El chico se detuvo y dejó a la niña descansar, pero una vez que recobro sus fuerzas, Lily volvió a darle un gran abrazo a su hermano; asegurándose de frotar su rostro contra su pecho, mientras escuchaba su corazón. Siempre le daba esa clase de abrazos, pero ése en específico lo sintió más especial. Era uno que ella deseaba que durara para siempre; uno que le daba su hermano mayor, su superhéroe. Su…
«Lincoln, Lincoln, Lincoln…»
—¡Lincoln!
El aludido volteó, haciendo caso al llamado, y vio que Lily tenía unas cuantas hojas en sus manos.
—Dime, hermanita.
—Te estaba preguntando si querías ver mis nuevas fotos y dibujos —dijo ella, con una sonrisa esperanzada.
—Por supuesto que sí, Lily. Muéstrame esas obras de arte.
La niña soltó una risita, saltó a la cama, se sentó entre las piernas de Lincoln y éste la abrazo desde atrás, mientras acomodaba su mentón sobre la cabeza de la niña. La acción hizo que la niña se sonrojara y se recostara aún más contra el pecho del muchacho. No obstante, volvió a tomar las hojas y se las pasó a Lincoln, quien veía cada imagen con asombro e incredulidad.
—Y dime…, ¿te gustan? —preguntó Lily con cierta timidez.
—Me encantan. Realmente has mejorado mucho últimamente —contestó él, sin despegar la mirada de un dibujo en específico—. Sobre todo me encanta el boceto de la pareja.
—¿Eh? ¿Pareja? —preguntó ella, desconcertada—. ¿De cuál hablas?
—De éste —contestó él, mostrándole la imagen.
El rostro de Lily se volvió escarlata en un segundo y le arrebato la hoja a Lincoln con un solo movimiento. Sintió que una fina capa de sudor cubría su espalda, y que su corazón latía tan rápido como cuando Lucy la asustaba. «¡Ay, Dios! ¡Ay, Dios! ¡No se suponía que nadie lo viera!», pensó.
—Lily, ¿qué pasa? —preguntó, la actitud de su hermana lo confundió demasiado—. ¿No podía ver ese dibujo?
La niña negó con la cabeza.
—¿Por qué? A mi me pareció muy lindo. El vestido de la chica te quedó hermoso. ¿Era un vestido de novia? Creo que lo era. Y la vestimenta del muchacho también se veía asombrosa; la camisa naranja combinaba muy bien con el traje blanco. ¿O será que aún no lo terminabas de colorear? Digo, su ropa y su pelo no tenían color.
Todas y cada una de las palabras de Lincoln fueron como flechas que se enterraban en el pecho de Lily, quien sentía que se iba a desmayar en cualquier momento. Sin embargo, el sonido de una puerta abriéndose y azotándose contra la pared los hizo saltar de la impresión. Al voltear, pudieron apreciar a sus nueve hermanas en el pasillo, viéndolos con enfado.
—Con que jugando sucio, ¿eh, Lily? —cuestionó Lana, cruzándose se brazos.
—¡Eso es contra las reglas! —exclamó Lynn, señalando a su hermana menor.
—¡No puedes llevarte a Lincoln así como así! —dijo Lucy, apretando los puños y mostrando una actitud inusualmente infantil.
—¡Regrésame a m…! ¡A Lincoln! —demandó Lisa, apretando los dientes y con el rostro colorado.
Las demás chicas empezaron a vociferar sus propios comentarios; pero Lily, quien ya había tenido suficiente, se incorporó en la cama, abrazo la cabeza de su hermano, y haciendo a un lado su vergüenza, gritó:
—¡No me pueden quitar a Lincoln! ¡Él ahora está conmigo! ¡Esperen su turno!
Y sin decir algo más, les sacó la lengua.
Muy bien, realmente ésto ha recibido más apoyo del que esperé... En serio, ¿llegar a treinta y cuatro favoritos, y treinta y nueve seguidores, luego del segundo capítulo? Wow... Muchas gracias a todos, amigos. Es por ustedes que uno trata de mejorar para brindarles una historia que puedan disfrutar, incluso cuando aún no llego a la talla de otros grandes escritores del mundo.
Me disculpo por la tardanza para sacar este tercer capítulo, pero simplemente no me llegaban ideas para continuar; hice y rehíce varias partes del capítulo y no me terminaban por convencer. Tengo un problema con los terceros capítulos... Pero bueno, entre más escribía, más fluían las ideas; de corazón espero que lo disfruten.
Ahora, en cuanto a unas reviews:
Darckwilmartines, gracias por tu comentario y espero que te haya gustado este capítulo.
Ntian, gracias por tu apoyo, compañero. Espero no haberte decepcionado.
Luis Carlos, ya viste lo que pasó después; espero que haya sido de tu agrado. Sobre las demás hermanas, ya viste que serán muy importantes; y aún hay más cosas, je, je. Algún día me pasaré por uno de tus fics, lo tendré muy en cuenta.
thetriscktermax, gracias por tu apoyo y comentarios; me hace muy feliz saber que a alguien le gustan tanto mis historias y consideran que valen la pena ser leídas.
Dark-Mask-Uzumaki, no sé si es el mejor Lisacoln, pero sin duda es un gran motivador que lo digas, amigo. Agradezco tu cumplido sobre mi talento, en serio; es algo que uno a veces no espera oír. :,) Sobre las estupideces de Wattpad, no te preocupes; adoro leer ese tipo de comentarios si son tuyos, pues sí sabes hacerlos graciosos, ja, ja.
J0nas Nagera, me alegra que te gustara el capítulo anterior, y espero que encuentres éste igual. Sobre Lincoln, debo decir que lo querrás zapear varias veces, pero al ser un buen chico, se le perdonará (bueno, a medias). Como siempre, agradezco tus comentarios y se aprecian muchísimo.
Guest, déjame decirte que tu comentario realmente me tomó por sorpresa. La longitud, más todas y cada una de tus observaciones hicieron del mismo uno de mis comentarios favoritos. Lo que más disfruto es leer los comentarios, y el tuyo, amigo mío, lo leí varias veces. No pensé que disfrutarías tanto la historia, ni que me encontrarías como un autor "fuerte", como me calificaste. Ésta es una historia de comedia, pero traté de darle cierta profundidad para hacerla más interesante. Me alegra que así te haya parecido, pero jamás imaginé que la compararías con una historia del maestro J0nas. De todo corazón espero que hayas disfrutado este capítulo, y que sigas comentando esta obra. No tienes idea de lo mucho que se aprecia.
Si encuentran errores de redacción o faltas de ortografía, díganme cuales son; estoy dispuesto a recibir críticas.
Sé que no es obligación de nadie hacer esto, pero si es posible, por favor comenten la historia. Me hace muy feliz leer los comentarios de la gente.
Sin nada más que decir, me despido.
Dark Dragon Of Creation
