Obedeciendo una ley inalienable, las cosas crecieron extrañas y desenfrenadas en su impulso por JK Rowling, manipuladas por White Squirrel.
Notas del autor: Pues, el último capítulo fue mejor recibido de lo que esperaba. Gracias por su apoyo mientras pongo algo de orden en mi vida.
Ya que recibí varios comentarios al respecto, me gustaría aclarar que Luna no estaba coqueteando con Harry al final del último capítulo… o por lo menos, no estaba coqueteando de manera consciente. En verdad solo era Luna siendo Luna… Pero mucho puede pasar entre ahora y Navidad.
Notas de la traductora: ¡Sorpresa! Debido a esta pandemia, he tenido más tiempo de traducir la historia y ahora estoy BASTANTE adelantada en capítulos. Así que, a menos que algo se interponga, y mientras siga trabajando desde casa, las actualizaciones serán realizadas semanalmente. Ya estamos en el camino al final de esta primera historia en este universo, y no puedo esperar a leer sus reacciones, así que apreciaría bastante sus comentarios.
¡Y muchas gracias a todos los que han estado siguiendo esta historia y se toman la molestia de dejar comentarios!
Capítulo 95
–¡¿Dragones?! ¿Estás loco, Bagman? ¡Estamos intentando desafiar a los campeones, no matarlos!
–Aprecio considerablemente el interés de Su Majestad, Sr. Barnett. Sin embargo, me temo que no puedo prestarle mi pensador ya que lo estoy usando para la investigación sobre la entrada del joven Harry al torneo. Pero pondré una buena palabra por usted al Ministerio para ver si le prestan uno.
Harry se sintió aliviado y frustrado cuando Hermione reportó que David Monroe y Ludo Bagman aparecieron en el mapa del merodeador como ellos mismos. Por lo que podían ver, nadie en el castillo estaba siendo suplantado… por lo menos no por el momento. No podían estar seguros sobre Halloween. Era difícil cuando no podían estar seguros de quién era quien, incluso día a día. Ciertamente estarían usando el mapa de nuevo durante la primera prueba.
Ahora, si tan solo supieran cual era la primera prueba.
El artículo de Rita Skeeter sobre la conferencia de prensa salió el lunes, y fue incluso peor de lo que Harry había temido. No, no era poco razonable resumir una larga conferencia de prensa para su publicación, pero lo que Skeeter hizo no podía ser llamado un resumen:
HARRY POTTER, CAMPEÓN INESPERADO, HABLA SOBRE SU VIDA Y AMOR EN EL TORNEO DE LOS CUATRO MAGOS
Por Rita Skeeter
Harry Potter, sospechado de haber entrado al Torneo de los Cuatro Magos, habló con la prensa el sábado durante la tradicional Ceremonia de Comprobación de Varitas. Harry tenía una expresión determinada mientras hablaba de sus obvios nervios y dijo a los reporteros que estaba seguro de concluir el torneo sin problemas, a pesar de su falta de experiencia.
Un producto de un pasado trágico lleno de muertes y abuso, Harry Potter fue adoptado a los cinco años por la familia Hermione Granger, quien es conocida en Hogwarts como una bruja hija de muggles brillante y hermosa en el año de Harry. Es sabido que la vida de Harry con su nueva familia ha sido buena, excepto por las ocasionales experiencias mortales en Hogwarts que sin duda han dañado sus lazos familiares.
Ahora, a sus delicados catorce años, Harry ya ha experimentado amor y pérdida en Hogwarts. El año pasado, de acuerdo con sus amigos, salió por un tiempo con su rival en quidditch, la buscadora Cho Chang, antes de terminar al final del año. La señorita Chang parece preferir a un tipo de mago más peligroso y salvaje, ya que ahora está saliendo con el campeón rival de Harry, el hombre lobo Cedric Diggory, ocultando su relación para que Harry lo aprendiera por primera vez durante la Ceremonia de Comprobación de Varitas. Pero siempre un caballero, después de su sorpresa inicial, Harry puso una expresión valerosa y dio a la pareja su bendición.
En lo que respecta a si hay algún nuevo romance en el aire, Harry mantuvo su silencio, pero de acuerdo con sus compañeros, el asociado más cercano a Harry y Hermione es su compañero en Gryffindor, Neville Longbottom. No hay palabra aún de si Neville y la encantadora Hermione… o Neville y Harry… son algo más que amigos.
Cuando Harry, Hermione, y Neville leyeron eso, los tres se miraron con sorpresa. Cuando Neville y Hermione cruzaron miradas, ambos rápidamente se sonrojaron, lo cual hizo que Harry elevara una ceja en su dirección. Sin embargo, cuando él y Neville cruzaron miradas, ambos hicieron una mueca como si hubieran mordido algo nada agradable.
–Sin ofender, Nev, pero no eres nada mi tipo –dijo Harry.
Varias chicas a su alrededor se rieron, y Harry las miró con molestia.
–Igual, Harry –dijo Neville.
Después de esto, lágrimas inundaron esos deslumbrantes ojos verdes cuando el tema de la conferencia llegó a los padres biológicos a los que apenas puede recordar...
Harry no pudo leer más del artículo ya que en ese punto prendió el periódico en llamas accidentalmente.
–Pues, todos sabemos lo mala que es Rita Skeeter –comentó Neville, entregando su copia a Hermione para que la leyera–. Nadie va a creer esta basura.
–Eso espero.
–Erm… ¿Harry? –dijo Hermione, señalando al final del artículo–. Creo que será mejor que leas esto.
Harry rechazó todas las preguntas relacionadas a su próxima autobiografía, Harry Potter y la piedra filosofal, diciendo que la conferencia de prensa debería ser solo sobre el torneo. Sin embargo, una pregunta a Flourish y Blotts reveló que tendrá un evento de firma de libros durante las vacaciones de invierno, cuando algunas de las preguntas de las personas quizás sean respondidas.
–¡¿Qué?! ¡Yo no acepté eso! –gritó Harry.
–¿No? –dijo Hermione.
–¡No!
–Mmm… me pregunto...
–¡Hermione!
–Lo siento, Harry. No estoy diciendo que Rita Skeeter tenga razón, pero normalmente no dice nada que pueda ser verificado como falso. Creo que quizás deberías revisar tu contrato para asegurarte que no te perdiste de nada.
Harry gruñó y dejó caer su frente con la mesa con un fuerte golpe.
–Pues, si tienes que firmar libros –dijo Neville sin darle importancia–, usa tu propia pluma, y asegúrate de que lo que estás firmando es un libro real. No quieres que te atrapen en otro contrato por accidente. –Harry se puso de pie.
–Sí. Es todo. Voy a regresar a la cama. –Hermione tomó su brazo.
–Cálmate, Harry. Aún tenemos que ir a clase hoy.
–Y hay una reunión del club de duelo esta noche –le recordó Neville.
Con Malfoy y compañía, pensó Harry–. Me pregunto lo que sería tener una vida tranquila.
–Oh, por favor, Harry –bromeó su hermana–. Eso duraría dos semanas contigo.
En cuanto el desayuno terminó, Harry tuvo que soportar comentarios burlones sobre el artículo, en su mayoría de los Slytherin, quienes disfrutaban de citar sus palabras… por lo menos, asumió que estaban citándolo ya que se rehusó a leer otra palabra. Aparentemente, Rita Skeeter lo había hecho parecer como uno de esos magos brillantes pero problemáticos que les encantaba a las brujas por una razón inexplicable. Tenía un lado salvaje… lo que explicaba su participación en el torneo… y sus excentricidades eran un esfuerzo erróneo de vivir a la altura de sus padres biológicos, o algo así. También, aparentemente aún lloraba por ellos a veces (lo cual técnicamente era cierto, pero solo cuando visitaba sus tumbas, y ciertamente no había mencionado eso en la conferencia de prensa).
Y si las clases fueron malas, el club de duelo fue peor.
–¿Estás seguro de que estás listo para esto? –se burló Malfoy–. ¿Seguro de que no necesitas un pañuelo? Es impropio comenzar a llorar en medio de un duelo.
Harry rodó sus ojos al Slytherin–. ¿En verdad lees esa basura, Malfoy? –dijo–. Eres más denso de lo que pensé. –Malfoy le lanzó una mirada molesta.
–Es bueno que ya estamos en un duelo, porque lo estás pidiendo.
–¿Oh? ¿Me pasé con eso? Estoy seguro de que podría haber pensado en algo mejor.
–¡Harry! –susurró Hermione a su lado.
–Sabes qué, Potter, creo que te enfrentaré esta noche –dijo Malfoy con prepotencia.
–Pensé que nunca lo pedirías –respondió Harry. De inmediato, el gran comedor calló en silencio. Malfoy usualmente no quería arriesgar perder contra él excepto en el torneo de fin de año. Un duelo entre él y Harry era algo que no querían perderse.
–Harry, no lo antagonices –lo regañó Hermione.
–Mione, he estado queriendo lanzar un maleficio a alguien todo el día. Déjame tener esto.
–De acuerdo, de acuerdo. –Remus leyó las señales y puso la reunión en orden antes de que algo más pudiera pasar–. Parece que tendremos un duelo de exhibición esta noche: Draco Malfoy desafiando a Harry Potter. Tomen sus lugares.
El club se reunió mientras Harry y Malfoy entraban a las barreras de duelo.
–Duelo a las tres –dijo Remus–. Una… dos… ¡tres!
Caos reinó en la plataforma de duelo cuando los maleficios y maldiciones rebotaron en contra de los encantamientos escudo e iluminaron el comedor con rayos de colores. Malfoy definitivamente había mejorado desde la primavera. No hubiera recibido la pérdida rindiéndose, y Harry ni creía que su truco de conjurar a una serpiente funcionaría de nuevo. Pero él también había mejorado y estaba poniendo esfuerzo adicional para el torneo. Fue un duelo duro merecedor de algunos de los de sexto año, y la audiencia observó con asombro.
Pero después del día que había tenido, Harry en verdad quería ver el rostro de Malfoy contra la alfombra de duelo. Desafortunadamente, no era tan fácil como solía ser. Ya que hechizos sin varita eran más difíciles de realizar, Malfoy ahora podía combatir la mayoría de la magia sin varita que Harry podía lanzarle… énfasis en la mayoría. Harry había logrado dominar la convocación sin varita. Distrayendo a Malfoy lo mejor que pudo con su mano con varita, estiró su mano izquierda vacía y pensó con tanta fuerza como pudo, ¡Accio corbata!
El encantamiento convocador no funcionaba en la mayoría de las cosas con vida, pero ese no era un obstáculo. Atravesando el escudo de Malfoy con cuidado, Harry jaló al rubio hacia adelante. Desafortunadamente, Malfoy reaccionó a esto precisamente en la peor manera.
–¡Depulso!
Sonó bien a primera vista, pero con Harry jalando y Malfoy empujando, ambos volaron por el aire, acelerando fuera de control hasta que volaron fuera de las barreras y cayeron de golpe en el suelo del gran comedor.
–¡AUCH! ¡Quita tu pie de mi cara, Malfoy!
–¡Quita tu pie de mi cara, Potter! Y esa fue mi victoria. Saliste de las barreras primero.
–¡Claro que no! –dijo Harry–. Te estrellaste contra mi antes de que cayera al suelo. Eso rompió la regla de contacto.
–En tus sueños, Potter.
–¡Ejem! –los interrumpió Remus, acercándose para ayudar a los duelistas a ponerse de pie–. De hecho, eso se llama Efecto de Hechizo Diamétrico. Es considerado un empate bajo las leyes internacionales.
–Ohhhhh… -dijeron algunos de los espectadores.
Tanto Harry como Malfoy elevaron sus cejas y se miraron, su disputa no declarada ahora técnicamente resuelta. Esto se estaba volviendo complicado.
Draco decidió que discreción sería lo más valioso en esta instancia. Ya tenía suficiente en su plato–. Bien –dijo, eligiendo sus palabras con cuidado para que no pudieran ser directamente desafiadas–, por lo menos yo puedo pasar mi día sin llorar.
Potter bufó, pero sabía que no tenía respuesta ahí. Por suerte, tenía un as bajo su manga por su charla con Luna ayer.
–Malfoy, te hago saber que El Quisquilloso estará publicando una transcripción completa de la conferencia de prensa en su edición de diciembre, y personalmente te aseguro de su veracidad.
Draco se detuvo. Ese era un acto atrevido, atando su reputación a una revista que la mayoría de las personas consideraban una burla, incluso si había producido algo de material bien apoyado durante los últimos años. Esto meritaba más información.
–¿Oh, en serio? –dijo él–. No creí que irían por algo así. ¿Acaso pusiste a tu novia a que lo hiciera, Potter? ¿Qué pasó con los cacky snorglers? –Miró hacia donde Lovegood estaba en un duelo contra Lucretia Marquand.
–Primero, no es mi novia. Segundo, es snorkacks de cuernos arrugados. Y tercero, Luna me dijo que el Sr. Lovegood está posponiendo su artículo sobre criaturas más recientes hasta enero. –Draco se rio. Potter en verdad hablaba en serio.
–Ese no es el punto. ¿Estás defendiendo esa basura? Eres mucho más denso de lo que pensaba. –Estaba llegando al límite, pero el eco irónico era muy bueno para ignorarlo. Aunque de repente sintió todas las miradas sobre él. Miró de nuevo a Lovegood. Sus escalofriantes ojos plateados parecían estar atravesándolo. Lucía ofendida. No estaba seguro de alguna vez haber visto algo excepto esa mirada despreocupada en su rostro. Lucretia Marquand ahora estaba dando saltos con orejas de conejo.
–Eso no es muy amable, Sr. Malfoy –dijo Potter.
Draco no ignoró los falsos modales y la expresión dura en su rostro–. ¿Cómo es eso, Sr. Potter?
–El Quisquilloso es prácticamente la única alternativa al Diario el Profeta –dijo Potter–. Eso por sí solo requiere atención, Y quizás no parezca mucho, pero el Sr. Lovegood está intentando posicionar al Quisquilloso como una alternativa en temas en los que las personas están interesadas. Mi familia ha estado empujando por eso lo últimos años porque creemos que hay una necesidad de eso. Así que no es sorprendente que esté cubriendo con detalle el torneo. Y finalmente, aún si El Quisquilloso publica bastantes ideas poco ortodoxas, siempre confirman sus fuentes.
Draco vio a Lovegood sonreír a Potter, y sospechaba que ella misma le había dado esa línea.
–¿En serio? ¿Un Quisquilloso reputable? –dijo–. Lo creeré cuando lo vea. –Potter aún lo miró molesto, pero lo dejó en ese punto.
El jueves en la noche era luna llena, y el viernes en la mañana tres de los cuatro hombres lobo en el castillo caminaron adoloridos y adormilados desde la casa de los gritos. A la hora del desayuno, estaban sentados en la enfermería, y en lo que se estaba convirtiendo una rutina, dos de los Gryffindor de primer año fueron a visitarlos inmediatamente después.
Dennis Creevey, quien aún pensaba que tener un hermano que era un hombre lobo era "genial" en algún nivel, a pesar de todos los problemas que venían con eso, fue a la cama de un paciente Colin para escuchar como había sido su noche. Aún parecía decepcionado de que Colin no estaba teniendo aventuras como el profesor Lupin había tenido cuando era un estudiante.
Natalie McDonald, por otro lado, sabía muy bien cuanto estaba sufriendo su nueva mejor amiga. Al ser la única hija de muggles en su abarrotado dormitorio, era la única en primer año que en verdad se había hecho amiga de Demelza. Las otras la toleraban, pero ninguna quería ocupar la litera de arriba en su cama, así que Natalie y Demelza habían estado muy unidas desde que la escuela había comenzado, a pesar de su fricción inicial. Eran un par extraño. Natalie era una chica pequeña y estudiosa que quería aprender todo lo que pudiera sobre la magia, pero no se sentía muy cómoda en una escoba. Demelza sufría por el lado oscuro de la magia y tenía una personalidad agresiva probablemente producto de su licantropía. Y a pesar de su cojera y su apariencia enfermiza, era un demonio en el aire.
Pero esta mañana, no estaba ahí.
–Madame, ¿dónde está Demelza? –preguntó Natalie al ver la cama vacía.
Madame Pomfrey la miró desde donde estaba trabajando con el profesor Lupin y dijo–, Sus padres no la han traído hoy, señorita McDonald.
–¿No? –dijo Natalie preocupada–. Ha regresado los últimos dos meses. ¿Está bien? ¿Le pasó algo?
–No he escuchado nada –dijo Lupin con voz rasposa–. Supongo que no se está sintiendo bien y sus padres querían que descansara en casa.
–¡Pero eso nunca había pasado antes! –chilló Natalie–. ¿Algo salió mal?
–Por favor tranquilícese, señorita McDonald –la interrumpió Madame Pomfrey–. Es grandioso ver que la señorita Robins tiene tan buenos amigos considerando su condición, pero estoy segura de que está bien. Algunos meses son más duros que otros, especialmente una vez llega el invierno. Si en verdad está preocupada por su amiga, la profesora McGonagall habrá sido informada a estas alturas.
–¡Oh, por supuesto! Le hubieran dicho. ¡Gracias, Madame Pomfrey! –Natalie salió corriendo de la enfermería para buscar a su jefa de casa, dejando a la medimaga sacudiendo su cabeza en respuesta a la exaltada niña.
Desafortunadamente para Natalie, todo lo que la profesora McGonagall le dijo era que Demelza estaba descansando en casa y regresaría mañana, y le aconsejó que pidiera todas sus tareas de sus clases… lo cual Natalie por supuesto iba a hacer de todos modos. Aunque ciertamente no la detuvo de preocuparse de su amiga.
El sábado en la mañana, su dormitorio de nuevo se sintió muy lleno y Natalie se encontró a sí misma, como hacía seguido, en la soledad de la torre del reloj, tocando una melodía melancólica en su violín. No era que fuera una persona melancólica. Era este lugar: su habitación abarrotada contrastaba con el vacío en el resto de la escuela, el suave ruido de los engranajes del reloj haciendo eco en las paredes. Parecía quedar bien ahí.
Estaba trabajando en uno de los arreglos más lentos de Mozart en su libro de partituras cuando vio a Demelza en el patio, caminando apoyada de una mujer que asumió era su madre. Demelza estaba caminando con una muleta.
Natalie cerró su libro de música de golpe y corrió a la entrada, violín en mano–. ¡Demelza! –exclamó–. Te extrañé ayer. ¿Estás bien? ¿Qué pasó a tu pierna?
Demelza parpadeó cuando su amiga rodeó su brazo libre alrededor de sus hombros.
–Erm… hola, Natalie –dijo en una voz que sonaba más agotada de lo normal–. Eh, mamá, ella es mi amiga, Natalie. Natalie, ella es mi mamá.
–¡Oh, lo siento! Que grosera soy. Hola, Sra. Robins. Es un placer conocerla –dijo. La Sra. Robins estaba firmando el regreso de Demelza con la profesora McGonagall. Se detuvo para estrechar la mano de Natalie.
–Es bueno conocerte también –dijo–. Demelza nos ha contado todo sobre ti. Nos alegra que hiciera una amiga tan rápido.
–Estaba preocupada por ti, sabes –dijo Natalie a Demelza, acomodando sus lentes cuadrados sobre su nariz–. ¿Qué pasó?
–Oh, eso… me torsí el tobillo malo. No podía caminar ayer.
–¿En verdad? Pensé que la poción matalobos previene que te lastimes.
–Lo hace. Fue la transformación la que lo hizo. El profesor Lupin dice que eso pasa a veces. Toma más en aliviarse de lo normal cuando eso pasa… o por lo menos aliviarse hasta donde está normalmente. Necesitaré una muleta por unos días más.
–¿Quiere ver a Madame Pomfrey, señorita Robins? –habló McGonagall.
–¡NO! –gritó Demelza con algo de fuerza. Después de una pausa breve, continuó–. Disculpe, profesora, pero sé que hará que me quede ahí todo el día sin razón alguna. Si tengo que estar acostada todo el día, preferiría hacerlo en la torre de Gryffindor.
McGonagall presionó sus labios juntos, pero concedió el punto–. Bueno, entonces, si solo es su tobillo, lo permitiré. Pero si causa que falte a clases el lunes, tendremos que hablar. Señorita McDonald, ¿le molestaría ayudar a la señorita Robins a subir a los dormitorios?
–Claro, profesora. –Natalie ayudó apoyó el brazo libre de Demelza alrededor del de ella y la llevó a las escaleras más cercanas, su muleta golpeando el suelo mientras caminaban–. Sabes, este lugar no es muy amable con los discapacitados –comentó cuando llegaron a las escaleras–. ¿Qué hacen para las personas que no pueden caminar?
–¿Hay muchos muggles que no pueden? –preguntó Demelza–. La mayoría de los magos se consiguen soportes mágicos para ayudarlos a caminar si lo necesitan… a menos que estén en un hospital o algo. No tengo uno porque no lo necesito realmente excepto en días como hoy.
–Oh.
Demelza miró al violín que aún estaba en la mano de Natalie, y el libro de música acomodado bajo su brazo.
–¿Cómo va tu música? –preguntó. Natalie sonrió.
–No va mal. Me ayuda a relajarme. Estoy trabajando en un arreglo de un concierto de violín de Mozart. Puedo tocarlo para ti si quieres.
Demelza sólo tenía una idea vaga de lo que algunas de esas palabras significaban, pero apreciaba la música buena.
–Sí, me gustaría eso –dijo con una pequeña sonrisa. Después de un año de vivir como hombre lobo, sabía la suerte que tenía no solo de contar con el apoyo de Harry Potter, sino también con una amiga cercana que en verdad se preocupaba por ella. Este año no iba nada mal.
Harry y Hermione se tomaron un día libre para una agradable visita a Hogsmeade el sábado… tan agradable como podía ser con todos los residentes de Hogsmeade habiendo leído el artículo de Rita Skeeter de esa semana, por lo menos. Aun así, no hubo novedades para un cambio. Pero regresaron a trabajar el domingo, siendo ese el día en el que Dumbledore los llamó para comenzar a revisar recuerdos.
–Y yo nunca escuché la historia de primera mano –dijo Remus–. Estuve durmiendo por el dolor ese día.
–Lo sé, lo recuerdo –dijo Harry. Le entregó sus notas sobre la visión que había recibido el verano pasado. La recordaba muy bien, por lo menos la parte que logró escribir. Hubiera sido mucho más fácil si pudieran usar el pensador para verlo directamente, pero desafortunadamente no funcionaba con sueños.
–Creo que podemos comenzar a eliminar sospechosos por tus descripciones –dijo Dumbledore después de leer las notas–. Viste al viejo, claro… la víctima. Y viste a tres mortífagos… un hombre y dos mujeres.
-Así es, profesor –dijo Harry.
–Eso es inusual –dijo Remus–. Voldemort nunca tuvo muchas seguidoras. Claro, algunas de ellas podrían haber estado bajo un Imperio.
–No lo sé –respondió él–. Se que es difícil de detectar, pero ninguna sonaba como si estuviera controlada.
–Sé que tus instintos son buenos, Harry, pero no deberíamos de descontarlo –le recordó Hermione.
–Estoy de acuerdo –dijo Dumbledore–. Y también crees que había otros presentes a quienes no viste.
–Eso creo. No puedo recordar lo que dijeron exactamente. Mencionaron algunos nombres, pero no recuerdo a ninguno. Solo creo que había más que ellos tres.
–¿Escuchaste a un lobo aullar? –preguntó Remus.
–Sí. Quiero decir, estoy seguro de que fue un lobo y no un perro.
–Y en Gran Bretaña eso ciertamente quiere decir un hombre lobo… si fue en Gran Bretaña.
–El viejo era inglés, así que probablemente. –Dumbledore asintió.
–Yo también lo creo posible. Ahora, hay dos jugadores más que son posibles. ¿Mencionaste a un elfo?
–Sí, pero sólo lo escuché. No lo ví. Ni siquiera estoy seguro de si era hombre o mujer.
–Ya veo. ¿Y la serpiente?
–Era como una pitón, pero con colmillos. O quizás una víbora gigante o algo. No era un basilisco. El color era diferente. Pero no podía haber sido una serpiente común tampoco.
El director acarició su barba pensativo–. Muy curioso… –comentó.
–No es mucho con lo que actuar, Albus –dijo Remus.
–No, Remus, pero desafortunadamente, es todo lo que tenemos. Debemos enfocarnos en estos tres mortífagos. ¿Puedes decirnos algo más sobre ellos, Harry? Cualquier detalle podría ser crítico. –Harry se encogió de hombros.
–No más de lo que escribí, señor. Una de las mujeres era alta y con atuendo elegante… edad media, cabello negro. Tenía un acento extranjero también… quizás español o algo. Y actuaba como si fuera mejor que los otros dos. El tono de su voz… era como si estuviera a cargo.
–No podría estar a cargo de mucho –dijo Remus–. Voldemort no comparte poder.
–Si era extranjera, quizás era una aliada de otro país –sugirió Hermione–. Sabemos que hay otros señores oscuros en el mundo.
Los ojos de Dumbledore repentinamente se abrieron ampliamente como si hubiera recordado algo.
–Increíble –susurró–, debí hacer la conexión antes.
–¿Qué pasa? –dijo Remus.
–Me temo que he hecho una omisión seria con ustedes –dijo.
Remus, Harry, y Hermione se preocuparon al instante. Ese era uno de los viejos hábitos del director que no les agradaba.
–¿Qué quieres decir, Albus? –demandó Remus.
–No les he contado mis razones completas para creer que Voldemort está planeando su regreso inminente. –Remus se relajó, pero sólo un poco.
–Dijiste que escuchaste rumores de muchos lugares –sugirió él con cautela.
–Así es, pero hay uno en particular que fallé en conectar con la visión de Harry… –Quizás tenían razón, pensó para sí mismo. Quizás sí se estaba volviendo muy viejo para esto. Sintió como si estuviera perdiéndose un poco, con Harry siendo metido en el torneo y ahora esto–. El año pasado, durante el año nuevo, la profesora Trelawney realizó una profecía nueva.
–¡¿Una nueva?! –exclamaron Harry y Hermione al mismo tiempo.
-Oh, es cierto, una nueva –dijo Remus.
–¡¿Tú lo sabías?! –gritaron lo adolescentes.
–Lo siento, pensé que lo sabían también. El director me lo mencionó casualmente, pero dijo que no le dijo nada que no supiera ya. –Lanzó una mirada inquisitiva a Dumbledore.
–Y pensé que no –dijo el anciano mago–, pero considerando la sugerencia de Hermione, me temo haberla malinterpretado. –Se puso de pie y comenzó a buscar entre los frascos que había guardado en su gabinete donde su pensador era almacenado. Encontró el que estaba buscando y lo llevó al recipiente–. La profesora McGonagall fue testigo de la profecía, y aunque no cree mucho en la adivinación, fue responsable y la reportó y me dio una copia. Será más sencillo si se las muestro. –Dio un golpe a una runa con su varita, y la imagen fantasmal de la profesora Trelawney se elevó sobre la superficie, hablando con voz rasposa:
–El Señor Oscuro se enuentra solo y sin amigos, pero sus seguidores no lo han abandonado. Incluso ahora, lo buscan. Esta noche, antes de la medianoche, amo y sirvientes se reunirán una vez más. El Señor Oscuro regresará por la magia de una tierra distante, con más poder y más terrible que antes, trayendo horrores de todos los rincones del mundo. ¡Esta noche, antes de la medianoche, amo y sirvientes se reunirán una vez más y comenzarán su cruzada!
Por un minuto, el único sonido en la oficina de Dumbledore fue el ruido constante de sus artefactos. Fue Hermione quien habló primero, haciendo la conexión al instante.
–La bruja extranjera –dijo sencillamente.
–Sí, eso creo –dijo Dumbledore en acuerdo.
–¿Y no lo pensaste antes? –presionó Remus.
–Desafortunadamente no. Voldemort viajó a diferentes lugares en su juventud en busca de nuevas formas de magia oscura. Pensé que la profecía significaba que usaría algún hechizo o ritual que aprendió en el extranjero. No esperé que trajera a un aliado. No está en su naturaleza.
–Lo sería si está desesperado… si es un espíritu deambulante.
–Así que ahora Voldemort tiene un aliado que puede responderle –resumió Harry–. ¿Esto podría ser peor?
–Harry, ni lo digas –lo regañó Hermione–. Podría serlo.
–Espera, ¿qué quieres decir? ¡Fue retórico!
–Pero podría –insistió ella–. Por ejemplo, si Voldemort tiene un aliado, entonces "trayendo horrores de todos los rincones del mundo" podría apuntar a más.
Todos en el cuarto temblaron. Ese era un horror similar a los de la guerra de Grindelwald… algo muy terrible para siquiera contemplarlo.
–Esto es muy preocupante… –dijo Dumbledore finalmente. Pareció perdido en sus pensamientos por otro minuto antes de continuar–, Remus, creo que sería aconsejable comenzar a contactar al viejo grupo ya. –Harry y Hermione miraron a los dos hombres mientras Remus se enderezaba en su silla como si hubiera sido llamado a armas–. Por favor informa a Sirius y a la señorita McKinnon y comienza a buscar a candidatos posibles que sean simpatéticos a nuestra causa. Comenzaré mi propio trabajo.
–¿Qué de los hombres lobo? –preguntó.
–La captura de Greyback y la fundación de Sirius ya están haciendo más que cualquier cosa que logramos en la última guerra. Continúa con lo mismo.
–Profesor, ¿qué está pasando? –dijo Hermione nerviosa.
–Preparaciones –dijo Dumbledore–. Si Voldemort tiene aliados ahora, las cosas podrían volverse más complicadas que solo esperar a que recupere su fuerza. Sin mencionar que aún no sabemos dónde están los otros dos horrocruxes. Creo que deberíamos cortar nuestra investigación por ahora, pero primero, permítanme explorar un presentimiento. Harry, ¿cuál fue tu evaluación de los otros dos mortífagos?
Harry parpadeó un par de veces al ser regresado de nuevo a la conversación. Las cosas parecían estársele escapando rápidamente.
–Eran un hombre y una mujer –recordó–. Ambos eran bajos y de aspecto tosco, algo feos. No parecían muy inteligentes, y ambos tenían un acento de Cockney resollante. –Remus se enderezó de nuevo.
–Eso suena familiar.
–¿En serio?
–Sí, lo suena –dijo Dumbledore en acuerdo–. No creo que tengamos que ver recuerdos para este par. Harry, ¿estos son los mortífagos que viste? –Le entregó dos fotos, una de un hombre con un rostro asimétrico y rasgos como de cerdo, y la otra de una mujer con una mueca contraída y cabello naranja recogido hacia atrás.
–¡Sí! ¡Son ellos! ¿Quiénes son?
–Como sospechaba… Amycus y Alecto Carrow. Dos sospechosos de mortífagos que fueron absueltos bajo la palabra (creo equivocada) de su más respetable hermano, Anteros. Y quienes han estado viajando por el mundo bajo circunstancias sospechosas por la mayor parte de dos años y medio. Parece que se han reunido con su antiguo amo, como dijo la profesora Trelawney.
–Pero no hay manera de que los Carrow sean lo suficiente listos para lograr una operación como esta –objetó Remus–. Siempre fueron puro músculo. –Dumbledore asintió.
–Sí, creo que el perpetrador tendría que ser la persona o personas desconocidas a quienes Harry no vio en esta visión. Tendremos que retomar nuestra alternativa de examinar los recuerdos de Alastor de quienes se acercaron al cáliz. Pero ese es un asunto para otro momento. Ahora tenemos asuntos más urgentes a los que atender.
Raticida se escabulló a la cabaña de Hagrid a medianoche, la marca blanca en su cabeza cubierta con tinta para que pudiera parecer cualquier gato negro en el castillo, casi invisible en la noche. Hagrid le había pedido que trajera su capa de invisibilidad cuando él y el profesor Moody lo habían encontrado antes de la cena, pero a pesar de las reservas de Hermione, había decidido que ir en forma felina sería mejor por su visión nocturna y su sentido del olfato más sensible. La primera prueba era en dos días, y Hagrid prácticamente había dicho que estaba relacionado con eso, así que no quería perderse nada. Ya había alertado a su familia de estar listos para una llamada por espejo después. Cambiando de regreso a forma humana, Harry tocó la puerta, esperando que Fang estuviera dormido. Debió de estarlo porque no hubo torrente de ladridos. Hagrid abrió la puerta ligeramente.
–¿Estás ahí, Harry? –susurró el hombre enorme.
–Justo aquí, Hagrid.
–Bien… eh, ¿por qué el gorro? –preguntó cuando lo vio.
Harry estaba usando un gorro tejido para cubrir la tinta en su frente.
–Es una noche fría –dijo.
–Ah. ¿Tienes tu capa? –Harry sonrió.
–Ni siquiera sabrás que estoy aquí.
–Bien. Mantente cerca, entonces. Vas a querer ver esto.
Harry se escondió en una esquina afuera de la casa y cambió a su forma felina, siguiendo a Hagrid a una distancia segura. Con sus sentidos felinos, de inmediato notó algo extraño en Hagrid. De hecho, Hagrid había estado diferente todo el año, y esta noche no era la excepción. Había intentado peinar su cabello y estaba bien vestido, por lo menos para sus estándares. También olía a alcachofas y carne quemada (lo último probablemente por los escregutos). Y ahora, estaba hablando con Madame Maxime con lo que quizás era el acento francés más atroz que Harry había escuchado. Así que Hagrid estaba en una cita. Y el pobre tipo no tenía idea. Tenía buenas intenciones, pero no tenía la astucia necesaria para algo que no estuviera relacionado con criaturas peligrosas.
Y más importante, ¡Madame Maxime estaba aquí! Así que Harry definitivamente no era el único haciendo trampa. Como Raticida, siguió a la enorme pareja por los terrenos en un pequeño sendero dentro del bosque. Se sintió incluso más receloso entonces, al sentir presencias extrañas en los árboles… y no solo eran las criaturas que esperaba encontrar ahí. Había voces adelante, junto con los sonidos de varios animales y aromas exóticos y no familiares flotando en la brisa.
Alguien había estado ocupado importando algo. Se acercó más para descubrir qué. Raticida se sorprendió de ver a varios grupos de brujas y magos de diferentes partes del mundo mientras se escondía de la luz del fuego. Algunos lucían europeos, pero un gran grupo de ellos estaban en atuendos africanos y otro grupo de algún lugar en Asia oriental, y todos estaban peleando con jaulas enormes llenas de criaturas chirriantes y graznantes. Más por ver documentales sobre naturaleza en casa que otra cosa, pudo distinguir sonidos de simios, aves exóticas, y extrañamente, cerdos… o eso pensó… y los olores parecían apoyar esto. También había una pila de árboles con bolsas en sus raíces para ser trasplantados. No fue hasta que vio a una bruja africana jalando una cuerda que no parecía estar atada a nada que se dio cuenta que había más (literalmente) de lo que podía ver.
–Una gran selección –dijo Hagrid a uno de los magos africanos.
El mago respondió con algo como un acento francés, pero Raticida no sabía de qué país era.
–Oui, monsieur. Me dan lástima los niños que tendrán que pasar esto. El tebo por sí solo será un problema.
Tebo… esa era una pista. Ahora que miraba más de cerca, Raticida podía ver animales que parecían más o menos como jabalíes excepto que parpadeaban fuera de existencia como una luz titilante. Jabalíes que podían hacerse invisibles… nativos de Congo y Zaire… y criaturas clase XXXX. Parecía que la primera prueba sería un verdadero desafío.
Madame Maxime tomó la oportunidad al instante y comenzó a hablar en francés, aprovechando el poco conocimiento de Hagrid del idioma para obtener información.
–¿Cuántos trajo, Monsieur? –preguntó.
–Veinte adultos, Madame –dijo el mago africano, y Raticida nunca había estado más feliz de saber francés, y ese hombre aparentemente no tenía idea de que Madame Maxime no debía estar ahí–. Y no fue fácil, déjeme decirle. Son territoriales con sus lechones. Pero era lo menos que podía hacer por Messieurs Dumbledore y Grayson después de que derrotaron al Señor Oscuro en el oriente.
Varios de los domadores movieron con cuidado a dos de las cerdas y sus lechones al otro lado del claro. Adultos y lechones estaban atados.
–Manténganlos sujetados –dijo uno de los domadores–. ¡Si alguno de ellos se escapa, nunca lo encontraremos de nuevo!
–Pues, los pequeños son lindos, ¿no? –dijo Hagrid sin tener idea–. Eh… cuando podemos verlos.
–Sí, muy lindos, 'Agrid –dijo Madame Maxime con dulzura–. ¿Veamos que otros animales hay?
Sí, veamos, pensó Raticida, pero en ese momento, escuchó un ruido detrás de él. Se dio la vuelta y vio a un hombre con barba de chivo moviéndose entre los árboles. Karkaroff claramente pensaba que estaba intentando escabullirse, pero bajo estándares felinos, falló miserablemente. Raticida se movió al árbol siguiente antes de que lo viera y continuó siguiendo a Hagrid.
Otro grupo de magos africanos estaba intentando controlar a un gran grupo de aves que no volaban que parecían bolas de plumas de unos tres pies de altura. Raticida conocía bien a estos animales, incluso sin magia: dodos. Pero el mundo mágico los conocía como diricawls. No tenía idea de cómo estaban evitando que escaparan ya que podían teleportarse como los fénix, pero parecían estar haciendo un buen trabajo.
Los magos europeos parecían estar teniendo más problemas. Habían rodeado a un grupo de árboles y estaban parados perfectamente quietos, mirando a la nada. Raticida solo podía ver formas borrosas de algo moviéndose ahí.
–¿Qué está pasando aquí? –preguntó Hagrid, pero fue callado de inmediato por el mago más cercano.
–Shh… Nada de movimientos repentinos –dijo–. ¿Todos listos?
La mayoría de los magos tenían sus varitas apuntadas al grupo de árboles. Dos parecían estar buscando algo, señalando en silencio.
–Tengo uno –dijo uno, apuntando su varita.
–Tengo el último –dijo el otro.
–Bien. Aturdidores… ¡ahora!
Doce voces bramaron–, ¡Desmaius! –y doce formas infrahumanas cayeron inconscientes de los árboles, de repente volviéndose visibles. Los magos corrieron rápidamente y los tomaron.
–Vaya, eso estuvo cerca –dijo el domador líder–. Esos ghouls camaleones son problema, especialmente en grupo.
–Sí –dijo Hagrid en acuerdo–. He tenido que lidiar con unos cuantos en el pasado. Parece que será una prueba difícil.
–Oh, no han visto lo más difícil aún –dijo el domador con una sonrisa–. Están con los vietnamitas.
Ghouls camaleones. Casi invisibles cuando no se estaban moviendo. Raticida comenzaba a notar un tema, y a la mención de Vietnam, tuvo el presentimiento de que era la última pieza, lo cual pronto fue confirmado cuando Hagrid lo llevó al último grupo de magos, quienes estaban rodeando a un grupo de simios que lucían como orangutanes excepto por su delicado pelaje largo y plateado… y el hecho de que estaban desapareciendo constantemente. En el centro del círculo, una bruja vietnamita de edad mayor estaba interactuando con los simios con un simple lenguaje de señas como una mágica Jane Goodall.
–¡Alto! –dijo la bruja cuando los vio, elevando una mano. Salió del círculo y se les acercó–. No se acerquen más –dijo con firmeza–. No necesito que los espanten.
Madame Maxime pareció reconocer a la mujer porque hizo una reverencia estilo oriental.
–Pardon. Madame Thanh, escuché el rumor de que estaba aquí. Es un honor conocerla.
–Veo que mi reputación me precede –dijo Madame Thanh. –Usted es la directora de Beauxbatons, ¿no es así? –agregó en francés.
–Oui, Madame. ¿Veo que trajo a un grupo de demiguises para la prueba?
–Naturalmente. Aunque lo estoy haciendo más como un favor para Dumbledore. ¿Espero que los campeones sean calificados por recuperar el abanico sin lastimarlos?
–Por supuesto, no querríamos que criaturas tan raras y majestuosas fueran lastimadas –dijo Maxime–. Disculpe, pero ¿" el abanico"?
Ahora esto iba a algún lado. Le estaba diciendo la prueba completa. Madame Thanh buscó en su túnica y sacó una vara del tamaño y forma de un bastón de atletismo, lo cual se desenvolvió en algo como un abanico japonés de gran tamaño, excepto que hecho de metal.
–Cada uno de los campeones debe recuperar uno de estos de los demiguises –dijo–. Esos árboles serán plantados en medio del campo de quidditch. –Señaló a la pila de árboles para ser trasplantados, y Raticida hizo una mueca. No apreciaba que se metieran con el campo–. Estoy instruyendo a los demiguises para que permanezcan en los árboles mientras...
–Disculpe, Madame Thanh –dijo una voz ronca, y un mago con un sombrero de ala ancha se acercó. Era David Monroe–. No queremos revelar mucho de la prueba. Madame Maxime, no creo que tenga permitido estar aquí.
–¿Y usted sí, Monsieur Monroe? –respondió ella.
–Soy el Jefe de Cooperación Mágica Internacional. Estoy organizando esta prueba. Usted, sin embargo, es una juez potencialmente parcial… –Miró detrás de ella–. ¡Tú también, Karkaroff! ¡Te veo ahí, víbora! –gritó con sorprendente veneno. Raticida escuchó a Karkaroff irse corriendo.
–Me disculpo por la intromisión –dijo Maxime, sonando nada arrepentida–. Ha sido una caminata muy agradable, Monsieur 'Agrid, pero debo regresar a mi carruaje.
–Oh. Bien. Eh, te veo en la mañana entonces –tartamudeó Hagrid–. Bone Nu-it. –Madame Maxime se fue.
–¿Y usted, Sr. Hagrid? –dijo Monroe–. ¿Usted fue quien la trajo aquí?
–Solo quería mostrarle las crías interesantes.
Monroe miró a Hagrid como si estuviera intentando leer su mente.
–Bueno, entonces, creo que debería dejar a las… eh, crías hasta después de la prueba.
Raticida no esperó a escuchar el resto. Hagrid comprendería que querría irse antes de ser encontrado. Fácilmente regresó al castillo y a la torre de Gryffindor, donde Hermione lo estaba esperando.
–Ya era hora –dijo ella–. ¿Descubriste algo útil?
–Lotería –dijo Harry, limpiándose la tinta de su frente–. Saca tu espejo. Necesitamos hacer un plan.
