Todo lo que necesito
Minato recordaba al detalle cada una de las ilusiones que le había contado ella aquel día y aunque quería hacerlo, no iba a poder cumplir con cada uno de sus deseos tal y como quería, pero se esforzaba por darle lo mejor de todo. El vestido blanco que habían elegido juntos le quedaba precioso. No iba a ser una gran ceremonia, pero iba a ser lo suficientemente bella para que Kushina no sintiera que hacia falta nada en ella. Apenas eran unas diez personas que sabían de la ceremonia y que ambos querían que compartieran ese momento en su vida con ambos.
El rayo amarillo de Konoha esperaba nervioso, como nunca, en el altar a que entrara su prometida y cuando la vio del brazo de Jiraiya, sintió su corazón saltarse un latido y ponerse aún más nervioso todavía, aunque mantenía un semblante calmo, no sabía cómo ocultar tanta dicha. Estaba tres pasos de ella de convertirse en marido y mujer, de volverse su compañero para toda la vida, de estar con ella para siempre y procurarse el resto de sus días hacerla la mujer más feliz de la tierra, así como ella se encargaba de hacerlo con él, quería devolver un poco de esa felicidad.
Jiraiya tomó la mano de Kushina y la colocó encima de la Minato, sonriéndole, se alejó de los dos y se fue a sentar a contemplar la ceremonia. Posiblemente, ninguno de los compañeros que la vieran ahora mismo, darían fe de que el Habanero sangriento pudiera verse tan linda y femenina en aquel vestido. Ni la misma Kushina se lo creía cuando se vio en el espejo y resplandeció de felicidad.
—Estás tan guapo —soltó Kushina en voz alta con los ojos brillantes de la emoción haciendo a Minato relajarse gracias a eso.
—Yo debería decir eso —respondió él poniendo su mano encima de la de ella. Kushina se sonrojó viendo sus largos dedos cubrir los suyos, alzó la vista y se encontró con los ojos azules de él mirándola risueño. Kushina sin pensarlo dos veces, lo rodeó con sus brazos y lo besó, olvidándose de la ceremonia, de los votos y de absolutamente todo. Durante muchos años, incluso, en aquel momento en que le había contado a Minato cómo quería que fuera la boda de sus sueños, pensaba que necesitaba de ello. Que sea grande, majestuosa y con mucha gente a la cual presumirle que ella iba a casarse con el mejor shinobi de todo el país. Ahora, cuando veía su mano sobre la suya, cuando pensaba en que estaban a un paso de ser marido y mujer, todo en ella cambió. Se olvidó de todas sus exigencias tontas y pensó que lo único que necesitaba para ser feliz era aquel hombre que estaba frente a ella, con el que formaría una familia, con el que sería feliz cada uno de sus días. Su compañero, amigo y amante. Su gran amor.
—Ejem —carraspeó Jiraiya —primero es la ceremonia —dijo haciendo notar al monje que esperaba casarlos.
Kushina sonrió feliz, mostrando sus dientes tan alegre y radiante que parecía no importarle haberse saltado un paso de la ceremonia, lo importante era estar juntos. Tomó de la mano a Minato y se quedó esperando las instrucciones de éste para decir sus votos y finalmente, colocar los anillos en sus dedos.
—¿Ahora sí puedo besar al novio? —preguntó ella después de colocarle el anillo, ansiosa, alegre, completa. Se lanzó encima de su ahora esposo cuando asintió y le dio un beso lleno de amor.
Era la novia más feliz del mundo y ése, era el mejor día de su vida.
¡Hola! Estoy super atrasada con esta actividad, así que voy a ir subiendo los días de manera salteada. Este fic corresponde al día 25: compañero.
Amo a Minato y Kushina, son adorables juntos y la verdad, me encanta escribir sobre ellos. El fandom necesita más amor de estos dos 3
¡Espero les haya gustado! Pronto tendrán más one-shots :)
¡Un abrazo!
