20 de abril
Se encontraban cada vez más solos. Lejos de todos, pero estaban rodeados. Itachi sentía una lejanía con su familia que no podía explicar. Los quería, pero había algo que no terminaba de encajar del todo. Izumi lo seguía y si Sasuke hubiese tenido la edad suficiente, se encargaría de hacerlo ver lo mismo. Sin embargo, quería que disfrutara de su niñez lo más que pudiera. Uno de los principales objetivos de Itachi era proteger la infancia de Sasuke, poco le importaba su vida si podía cumplir con eso. Aunque también quería proteger los sueños de Izumi. De tanto pensar, se daba cuenta de que no podría con todo. La aldea, su familia, Sasuke e Izumi. Era demasiado para una sola persona: demasiadas cargas, demasiado peso que cargar en su espalda, pero pocas veces llegaba a exteriorizarlo todo. Se limitaba a escaparse a esa habitación olvidada, llena de polvo donde había un piano viejo que él mismo había afinado y devuelto la vida. Entre notas tristes y bajos melancólicos, lo decía. La música era su escape.
Era una melodía exquisita la que se escapaba por las paredes de papel de bambú, sin embargo, tan triste que estrujaba el corazón. Izumi se quedó en la puerta observando la espalda ancha y los movimientos de su cuerpo al ritmo de la música. Cuando pisaba los pedales, apretaba con más fuerza las teclas o apenas las rozaba. Seguía sus movimientos audaces entre blancos y negros, sostenidos y bemoles que decían con elocuencia lo que él no podía poner en palabras. La música era su forma de hablar.
Hubo un silencio de unos instantes cuando la canción terminó. Él se quedó viendo el piano sin decir nada; Izumi se acercó y se sentó a su lado.
—Me gustaría aligerar la carga de tu corazón —le dijo apoyando su cabeza en el hombro de él. Itachi sonrió y tanteó su brazo con su mano en un movimiento lento hasta llegar a sus dedos. Izumi sentía aquella calidez y suavidad con la que la tocaba y algo en ella florecía con cada roce.
—Ya lo haces —respondió con calma. Ella frunció el ceño, no lo entendía. Jamás podría entender al gran Itachi Uchiha ni tampoco, saber todo lo que pensaba. Y aunque no le molestaba que se guardara algunas cosas para él, quería estar en lo importante y alegrarlo de alguna forma.
Itachi besó su mano sin apartar la vista de ella. Esos ojos negros y oscuros que la absorbían más y más, como un agujero negro no se separaban de su vista. Izumi, en ocasiones, no sabía cómo lidiar con todos esos sentimientos que le provocaba y acababa escapando. Corrió la mirada con un leve color invadiendo sus mejillas. Sus pensamientos se estaban saliendo de control. Se preguntaba si Itachi alguna vez se habría sentido así, si alguna vez sus pensamientos lo abrumaban y lo hacían querer perder el control de la realidad y dejarse llevar por ellos. Ella deseaba dejarse llevar por todo lo que sentía por Itachi.
Él acarició el dorso de su mano y le sonrió, aunque ella no pudo verlo.
—Te lo demostraré —dijo él volviéndose a colocar de frente sobre el piano y comenzando otra melodía. Más alegre, más vivaz, más ligera. Era para ella: linda, alegre, jovial y con tanto amor que no sabía cómo expresarlo. Su canción lo dejaba ver y quizá, tocara en algún momento su corazón expresándole sus sentimientos, aquellos que no era capaz de poner en palabras.
—Eso fue precioso —dijo ella encantada con lo que acababa de oír— deberías… —Izumi quedó en silencio cuando él le dio un beso. Corto, presionando sus labios contra los de ellas, pero con suficiente intensidad y sentimiento que fue capaz de alborotar su corazón como no era capaz de hacerlo nadie.
Itachi se separó de ella y la volvió a mirar con una sonrisa. Izumi no sabía cómo esconder el sonrojo y el calor que sentía en ese instante ¿desde cuando era capaz de alborotarla así? Desde siempre, probablemente, sólo que aún no entendía todo el poder que tenía Itachi Uchiha sobre ella. Sin embargo, ella desconocía todo lo que era capaz de influir sobre él.
—Te dejé sin palabras —se jactó engreído y en tono de broma para anular cualquier tensión que quedara en ese momento. Ella infló los mofletes y se enojó con él por jugarle esas bromas ¿qué esperaba que dijera después de besarla de manera sorpresiva?— Vamos a comer ¿quieres?
Él se puso de pie y extendió la mano hacia ella. Izumi se corrió el cabello y aceptó, saliendo de su refugio hacia un buen restaurante. No había mucha gente fuera, el viento estaba frío y los pétalos de cerezo danzaban en él coloreando el paisaje. Era un veinte de abril como cualquier otro en la aldea, pero para ellos, no lo sería. Mientras caminaban tomados de la mano, seguros, confiados en que no querían soltar al otro, sabían que harían de ese veinte de abril, un día memorable.
¡Hola, gente linda! Este es el fic que corresponde al día 27, Música. Quería hacer algo con Itachi, se lo merecía y hace mucho, deseaba escribir algo con el personaje de Izumi.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que Itachi era un músico experto. Se dibujaba solo, así que seguro que sabía tocar percusión, vientos y cuerdas sin ningún tipo de problemas. Sólo no lo hacía para no presumir y opacar (más de lo que ya lo hacía) a los demás personajes.
Espero lo disfrutaran.
¡Un abrazo!
