Día a día, sin embargo, JK Rowling gana más terreno. Ni la defensa de White Squirrel es suficiente.

Notas del autor: Todo lo que Fred y Hermione hacen son verdaderos pasos de swing. Sí, incluso el Angel Aerial, el Around the World Backflip, y el Rolling Pin Dip.

La reacción de Ginny a que Harry y Luna estén juntos es directamente adaptada del excelente Protection From Nargles de Arpad Hrunta. De hecho, tomo bastante de mi Luna de esa historia, pero creo que esta es la única cita directa.

JK Rowling ha redoblado su honestamente tonto comentario de que solo hay once escuelas mágicas en el mundo. Las islas británicas nunca han tenido más del 2.5% de la población mundial (en 1850-1900), así que incluso si Hogwarts es pequeño, esto es demasiado bajo. Si la demografía es similar, Hogwarts debería ser de las escuelas más pequeñas, no Mahoutokoro, y la más grande, Uagadou, debería tener entre 5,000 y 8,000 estudiantes, lo cual llega a lo absurdo. Por lo tanto, hay y continuará habiendo 60 escuelas mágicas en el universo del Animago Accidental.

Un agradecimiento especial: Vaya, nunca creí que este fic llegaría al capítulo 100… no hasta la guerra, por lo menos, la cual estará en la secuela. Pero me parece bien que el Baile de Navidad caiga en el capítulo 100 ya que es bastante importante para las relaciones de los personajes. Anticipo que esta historia tendrá unos 8-10 capítulos más antes de ir a la secuela. Gracias por todo su apoyo.

Notas de la traductora: Yo también quisiera dar un agradecimiento a todos aquello que continúan siguiendo esta historia. Si soy completamente honesta, yo también estoy sorprendida de continuar aún aquí considerando lo frecuentemente que la mayoría de los traductores dejan los proyectos en esta página. Pero no se preocupen, aquí seguiré hasta el final, el cual viene en 12 capítulos, y después viene la secuela (y una historia intermediaria dentro del mismo universo).

¡Gracias por su apoyo, en especial a aquellos que se toman la molestia de dejar reviews!


Capítulo 100

Llegó el veintitrés de diciembre, y la mayoría de las chicas pasaron lo que Harry consideró una cantidad excesiva de tiempo arreglándose para el Baile de Navidad. Harry, Neville, y los demás chicos en Gryffindor estaban en la sala común en sus túnicas de gala esperando a que las chicas aparecieran. Ya que Neville iba a ir con Hermione, Ron con Parvati, y Seamus con Lavender, Harry consideró razonable esperar con ellos en lugar de ir a esperar en el vestíbulo de la entrada.

–Entonces, Harry, ¿cómo te sientes sobre que Neville esté saliendo con tu hermana? –preguntó Ron con un guiño y un codazo. Neville lo miró molesto.

–Oh, me parece bien –dijo Harry–. Neville sabe que Hermione puede cuidarse solar. La ha visto en duelos. La única persona que pudo ganarle fue… bueno, yo.

La idea sí puso a Neville un poco nervioso, especialmente cuando Harry le lanzó una sonrisa traviesa, y los otros chicos se rieron de él. Pero la idea fue olvidada cuando las chicas llegaron.

Cuando Hermione bajó las escaleras, Harry casi no la reconoció. Fue el cabello lo que lo hizo. Además de un par de malos experimentos hace años, nunca había visto el cabello de su hermana tan controlado. Esta noche, lo había alisado y colocado en un peinado alto que debió necesitar ayuda de sus compañeras de cuarto ya que Hermione no era una experta en moda. Bajó usando la túnica esmeralda de Lily Potter, y joyería y maquillaje con el que normalmente no se molestaba, e incluso Harry tuvo que admitir que se veía hermosa. Pero apenas y lo notó ya que fue distraído por algo mucho más sorprendente.

–¡Hermione! ¡Tus dientes! –exclamó.

Hermione sonrió ampliamente, revelando dos filas de dientes perfectamente rectos. Los dientes de conejo que había visto toda su vida que siempre le había dicho se veían lindos en ella sin importar lo mucho que le molestaba se habían ido.

–Quería sorprenderte –sonrió ella–. Después de que nos separamos en Hogsmeade, convencí a mamá y papá de que me dejaran ajustarlos. He estado queriendo hacerlo por un tiempo, y el baile pareció el mejor momento.

–No tenías que, Mione –dijo Harry.

–No es tu asunto, ¿verdad? –respondió ella–. Sabes que nunca me han gustado mis dientes.

–Pues, yo creo que t...te ves g...genial, Hermione –dijo Neville, tratando de encontrar su voz, pero se recuperó y besó su mano antes de tomarla por el brazo.

–Gracias, Neville –dijo Hermione–. ¿Vamos?

–Qué manera de poner el nivel, Nev –se quejó Seamus a medias mientras tomaba el brazo de Lavender y las chicas se rieron.

–Vamos, chicos –dijo Ron–. Quiero ver quien es la misteriosa cita de Harry.

–Espero que sea Slytherin –dijo Lavender.

Todos se dieron la vuelta y la miraron–. ¿Qué? ¿Por qué? –dijo Harry.

–Porque entonces sería un amor prohibido. ¡Sería tan romántico!

–Además de que tiene cinco sickles corriendo en eso –dijo Parvati.

–¡¿Apostaste sobre quién es mi cita?!

–Bueno, eres famoso, ¿no? –dijo Hermione–, Yo aposté un sickle a que era Natalie McDonald.

–¡Hermione! ¡Tú sabes quién es mi cita! –Hermione se rio.

–¿Y quién dice que las niñas no pueden jugar bromas?

Para cuando llegaron al vestíbulo, la mayoría del grupo estaba riéndose de Harry, pero él estaba de buen humor y lo dejó ir. Los Slytherin pasaron mientras esperaban en sus túnicas extra formales y extra anticuadas. Harry no creía que se veían atractivas. Draco Malfoy, por ejemplo, lucía como un vicario. Su cita, Pansy Parkinson, lucía como un borrego caminando en sus patas traseras. Crabbe y Goyle lucían como un par de matones de mafia, pero eso era normal para ellos.

La profesora McGonagall llamó a los campeones para que esperaran a que todos los demás se sentaran antes de la procesión formal, y Harry tuvo su primera mirada a las citas de los otros campeones. Cedric estaba ahí con Cho, por supuesto. El consejo de Hermione había resultado para Viktor, quien estaba del brazo de una muy elegante Daphne Greengrass. Fleur, parecía, no había puesto tanto esfuerzo para encontrar una cita si la mirada perdida en el rostro de Roger era una indicación. Probablemente era la cita de mejor estatus que pudo encontrar… capitán de quidditch y segundo en su clase después de Cedric… pero eso no lo ayudaba a resistir su atracción.

–Adelante, Sr. Weasley –dijo McGonagall, empujando al resto del grupo dentro del gran comedor.

–Pero quiero ver la cita de Harry –dijo él.

–Vamos, la verás pronto –dijo Parvati y lo jaló dentro.

–Potter, dónde está tu pareja –demandó McGonagall.

–Debería estar aquí en un minuto –dijo él nervioso. Luna podía ser inconstante algunas veces, pero no podía imaginarse que lo dejara plantado, intencionalmente o no.

–Hola, Harry –dijo una voz animada desde las escaleras. Harry se dio la vuelta y sonrió mientras su cita caminaba hacia él.

La túnica de Luna de hecho lucía bastante normal, para ella, aunque aún quedaría mejor en una feria de renacimiento que en un baile normal. Parecía un vestido azul real brillante en el estilo medieval muggle, con mangas ensanchadas al final y lazos en el frente, aunque terminaban a la altura de los tobillos para no tropezarse en ellas. Tenían un borde brillante de color bronce y flores bronce bordadas en ellas. Y la mamá de Harry había tenido razón: la joyería de plata combinaba con sus ojos.

Luna claramente también había tomado el consejo de Hermione sobre su cabello. El aro de violetas estaba trenzado en su cabello para mantenerlo fuera de sus ojos, pero dejó que el resto cayera libre sobre su espalda, con rizos suaves y brillantes para mostrarlo.

–Se ve impresionante esta noche, señorita Lovegood –dijo Harry, besando su mano.

–Gracias, Lord Potter –respondió Luna con una risita y una reverencia–. Se ve muy apuesto también.

Los estudiantes de Hogwarts los miraron con obvio asombro… probablemente tanto porque Harry estaba yendo con Luna como porque Luna se había arreglado tan bien. Era la más pequeña y joven de las cuatro chicas (claro, Cho solo era una pulgada más alta, pero Luna se veía pequeña), pero en la opinión completamente parcial de Harry, era la que lucía mejor de todas. Incluso la profesora McGonagall lucía un poco sorprendida.

Y no querías atraer atención, pensó Harry. Oh, bueno.

–Bien, entonces, P… eh Lord Potter –dijo McGonagall. Harry podía admitir que el título se sentía apropiado esa noche–. Todos en fila, por favor. –Y los llevó dentro del gran comedor.

El comedor era una visión hermosa. Los maestros en verdad habían ido al siguiente nivel con las decoraciones. Parecía como un palacio de invierno de un cuento de hadas, lleno de escarcha, carámbanos, y guirnaldas de hiedra del suelo al techo, aún si aun cómodamente cálido. Y al igual que un baile de antigüedad, todos se pararon y aplaudieron cuando la procesión entró. Harry no notó ninguna mirada o comentario aún sobre Luna, pero estaba seguro de que había algunos.

Los campeones y sus citas se unieron a los jueces en la mesa redonda más grande que decoraba el comedor, y después de saludarlos, Dumbledore oficialmente dio inicio al banquete tomando su asiento. Harry se descubrió maniobrado a sentarse entre Luna y David Monroe, quien le sonrió ampliamente. A diferencia de los banquetes normales en Hogwarts, la comida no apareció al instante. En lugar de eso, las personas ordenaron entradas individuales de un menú, las cuales aparecieron al instante entregadas por los elfos domésticos.

Pronto, los campeones estaban hablando, comparando el baile con los banquetes que habían tenido en Durmstrang y Beauxbatons. Poco sorprendente, Viktor estaba impresionado por la demostración de Hogwarts, mientras que Fleur estaba desilusionada. Sin embargo, con tantos jugadores de quidditch en la mesa, fue natural que la conversación pronto los llevó al torneo de quidditch. Debido a la agenda ocupada, solo habían logrado tener cinco de los quince partidos planeados, así que era difícil saber cómo iban las cosas. Además, cada una de las casas había jugado dos veces, mientras que cada uno de los equipos visitantes sólo había jugado una. Sin embargo, parecía que la copa probablemente estaría entre Durmstrang, Gryffindor, y Slytherin, con Durmstrang siendo el favorito no solo por Viktor, sino porque tenía el mejor equipo en general. Beauxbatons también tenía la ventaja de tener un equipo con los mejores de la academia, pero estaban maldecidos con un buscador no tan bueno que apenas había ganado contra Cho en su primer partido y por lo tanto no podría competir contra los líderes.

–Vamos, vamos, Bagman, no puedes estar ofreciendo apuestas cuando cuatro de los buscadores están en la mesa –lo regañó David Monroe cuando su compañero juez se entusiasmó demasiado sobre el asunto. Harry creyó escuchar a Monroe murmurar algo bastante rudo bajo su aliento, pero se lo guardó para sí mismo.

–Mala forma, ¿no lo crees? –exclamó Karkaroff-. Se supone que eres el jefe de Juegos y Deportes Mágicos, después de todo.

–Solo tratando de divertirme un poco –insistió Bagman–. Deberías relajarte alguna vez, Igor.

Karkaroff parecía como si preferiría maldecir a Bagman que unirse a su diversión.

–Así que, Harry –preguntó Cho–. ¿Jugaste algún deporte antes de venir a Hogwarts? Me imagino que al crecer en el mundo muggle no tuviste gran oportunidad de jugar quidditch.

–Oh, claro. Hermione y yo jugamos fútbol en casa –dijo Harry–, y tomamos lecciones de karate por años. Esos son los únicos sobre los que estuvimos serios, pero aprendimos las bases de todos los mayores en clase de educación física, y jugábamos cosas como bádminton o rounders en el patio de vez en cuando.

–Sé sobre el fútbol –dijo Viktor–, pero no conozco este karate.

–Es un tipo de duelos muggle inventado en Japón –explicó Cho–. Hay muchas formas diferentes en el lejano oriente. Tengo algunos primos segundos y terceros en China que son maestros de uno llamado Kung Fu.

–¿Y este bádminton? –preguntó Fleur–. ¿Y… cómo dijiste? ¿Rounders?

Le tomó a Harry unos minutos explicar ambos juegos lo suficiente para que los otros los comprendieran, y cuando terminó, lucían algo perplejos.

–Eh. No sabía que los muggles tenían tantos deportes –dijo Cedric.

–Oh, eso es nada –respondió Harry–. Cambia de escuela a escuela, pero también hay cricket, tenis, basquetbol, hockey, boxeo, esgrima, remo, natación, atletismo...

¡Mon Dieu! –exclamó Fleur–. ¿Cómo pueden tener tantos?

Debe estar exagerando. ¿No es así, Potter? –dijo Daphne.

–Oh, no, creo que Lord Potter habla en serio –dijo Dumbledore, sonriendo a Harry–. Los muggles han creado muchas maneras en las cuales entretenerse.

–¿Pero cómo pueden hacer eso? –preguntó Cedric–. Debiste haber nombrado, qué, ¿trece deportes?

–Números, Cedric –dijo Harry–. Probablemente casi la mitad de los muggles juegan por lo menos uno de esos deportes en la escuela, y no todos son deportes en equipo. Además, las escuelas muggles están lo suficiente cerca que pueden jugar juntas todo el tiempo, así que normalmente hay un equipo por escuela. Verás, en el mundo mágico, es tan raro que juguemos contra otras escuelas, ya que están todas en el extranjero, que no podemos tener tantos deportes de equipo comparados con los muggles.

–Mmm… veo como los números podrían funcionar –dijo Viktor en acuerdo después de pensarlo–. Pero es aún sorprendente.

–Y yo pensaba que los magos estaban locos por los deportes –dijo Roger–. Nunca he jugado algo más que quidditch. Bueno, supongo que se puede contar a los duelos.

–Yo solo he practicado quidditch, duelos, y carreras de escobas –dijo Viktor.

–Yo jugué swivenhodge cuando era un niño, pero se pierde el gusto cuando tienes más de diez años –dijo Cedric–. ¿La mitad de los muggles? No puedo ni imaginarlo. Rayos, no me puedo imaginar aprender tantos deportes a la vez.

–No es tan difícil –dijo Harry defensivamente.

–Es por lo que Harry está tan en forma, saben –dijo una voz aguda y alegre. Todos se detuvieron y miraron a Luna, quien se giró y miró a Harry con una sonrisa completamente sincera. Harry sonrió de regreso y apretó su hombro con afecto.

–Eso es más por trabajo duro y ejercicio diario, pero gracias, Luna –dijo él.

–Oh, creo que hay más en la proeza atlética de Lord Potter que eso –dijo David Monroe–. No tuve la oportunidad de felicitarlo en persona por su actuación en la primera prueba. Eso demostró verdadero talento natural. El actuar tan bien a su edad es realmente impresionante.

–Gracias –respondió Harry, esperando que esta conversación no fuera muy lejos. No tuvo suerte.

–¿Puedo preguntar cómo lo hizo?

–Lo siento, estoy tratando de mantenerlo secreto. No quisiera perder mi ventaja en caso de necesitarlo de nuevo, ¿no lo cree?

Monroe se rio–. Un sabio sentimiento, Lord Potter. ¿Supongo que está trabajando en su plan para la segunda prueba?

Harry no dijo nada. Intentó escanear los rostros de los otros campeones, buscando por alguna pista en sus pensamientos. Honestamente no tenía idea de cómo estarían resolviendo esa pista, pero solo el primer paso había requerido de un hechizo nivel TIMO. Quizás estaba muy atrasado y no quería darlo a conocer.

Monroe notó su reticencia y frunció el ceño–: ¿O aún está trabajando en la pista?

Harry aún no dijo nada y crecía cada más incómodo con esa línea de conversación. Podía sentir las miradas sobre él.

–Creo que sería muy incómodo para los campeones discutir sus estrategias enfrente de los demás –habló Luna.

Los otros campeones y Monroe se sacudieron y dejaron salir risas nerviosas, mientras que Harry y Dumbledore dejaron salir unas más sinceras. Harry en verdad apreciaba la manera brillante de Luna de decir exactamente lo que estaba pensando en ese momento. Podía ser incómodo a veces, pero podía cortar muchos desastres como este. Suspiró con alivio y se inclinó para susurrar en su oído.

–Gracias –le dijo.

Cho pareció estar de acuerdo con Luna porque comenzó un nuevo tema–: Pues, hay una noticia sobre el torneo que nadie ha mencionado. ¿Cuántos irán a ver la producción de Navidad del Teatro Diagonal la próxima semana?

La mitad de la mesa asintió que irían, aunque las delegaciones extranjeras no parecían familiarizadas. Harry no indicó respuesta, aunque los Granger habían ido los últimos tres años.

–¿Y tú, Harry? –preguntó Cho.

–Honestamente ni siquiera se que van a mostrar –dijo–. No he tenido tiempo de prestar atención.

–¿En serio? Mandy Brocklehurst ha estado hablando de eso por semanas. Es una producción original nueva, como El mago y el cazo saltarín.

–¿Lo es? –Harry de repente estuvo mucho más interesado. Los últimos dos años, el Teatro había mostrado pruebas antiguas, pero su producción original había sido su mejor trabajo, y fue instrumental para la aprobación de la Ley de Defensa de los Muggles–. ¿Cómo se llama?

La Tragédie du Tournoi d'An I.

–Oh, ¿una obra francesa? –Fleur se reanimó.

–No, inglesa –dijo Roger–. El título es porque toma lugar en Francia.

–Sí, es sobre el último Torneo de los Tres Magos.

–¿El torneo de 1792? –dijo Madame Maxime–. Eso sería muy interesante… si es hecha bien, por supuesto.

Harry parpadeó un par de veces, aun tratando de analizar el título. Hermione había investigado los torneos pasados y descubierto que el intento más reciente que había tomado lugar había ocurrido en Beauxbatons en 1792… oh… lo cual era en medio de la revolución francesa. Y si recordaba bien, 1792 era el primer año en el calendario revolucionario. Definitivamente estaba interesado. Nunca había pensado mucho sobre cómo el mundo mágico había sido afectado por las revoluciones de ese modo–. Estaría interesado en ver eso –dijo–. Mamá y papá probablemente ya compraron boletos, pero estaré ahí de cualquier modo.

Cuando la cena terminó, Dumbledore se puso de pie y reacomodó el gran comedor para que fuera una pista de baile y un escenario, y una cámara de orquesta llenó el lugar… probablemente la misma que tocaba en el Teatro Diagonal, considerando el tamaño de Gran Bretaña mágica. Harry y Hermione nunca estaban seguros de si hacía ese tipo de cosas solo o pedía al castillo que le ayudara de algún modo, como los elfos domésticos enviaban la comida de las cocinas, pero de cualquier modo, estaban listos para bailar.

Los campeones se pararon para tomar sus lugares. Harry ofreció su mano a Luna–, Bien, entonces, ¿bailamos? –Luna sonrió y se le unió en la pista. Podía sentir las miradas sobre él de nuevo, pero las ignoró mientras la orquesta tocaba un vals. Había practicado los pasos antes del baile para refrescar su memoria, pero nunca con una pareja. Pero aun así tuvieron un buen comienzo, y Luna dio vueltas con gracia con él alrededor de la pista de baile.

De hecho, pronto se dio cuenta, Luna era bastante buena para esto. Se deslizaba en la pista a donde la guiaba, pisando donde necesitaba ir para que no se tropezaran con los pies del otro, y era tan ligera que se sentía fácil para Harry, y pronto se descubrió a sí mismo sonriendo ampliamente.

–Vaya, señorita Lovegood, pensé que dijo que no era una gran bailarina –dijo él.

Luna sonrió tímidamente de vuelta–: Pensé que usted tampoco era un gran bailarín, Lord Potter.

–Oh, puedo bailar. Tuve que tomar lecciones. Cosas de familia. Pero nunca lo disfruté mucho… no hasta ahora. Tú eres muy buena.

–Gracias, Harry. Me aseguré de practicar sola antes del baile. Sólo he bailado con mamá y papá cuando mamá estaba viva. El único mago cerca de donde vivo que no es tres años mayor que yo es Ronald, y él nunca estuvo interesado.

Harry miró hacia donde estaba Ron con Parvati, luciendo aburrido. Esperaba que Ron no la hiciera pasar un mal tiempo–. Veo lo que quieres decir –dijo él.

–Ajá. Pero me gusta esto –dijo Luna, causando que Harry se sonrojara un poco–. Quizás debería intentar bailar más seguido.

Harry no confió en su respuesta, pero continuó bailando, y cuando la canción terminó, el resto del comedor aplaudió antes de que comenzaran a tomar la pista ellos mismos. La orquesta tocó otra melodía que era más animada y de un sorprendente estilo swing. Harry estaba a punto de preguntar a Luna si conocía los pasos cuando cierta pelirroja los interrumpió y decidió causar una escena.

¡Luna Amalthea Lovegood! ¡Pensé que éramos amigas!

Varias personas dejaron de bailar y los miraron, y Harry se preparó en caso de que Ginny Weasley se hubiera vuelto loca. Colin Creevey se apresuró a alcanzarla, luciendo completamente mortificado.

Luna, sin embargo, no lucía preocupada–: Hola, Ginny. Claro que somos amigas. ¿Por qué pensarías lo contrario?

¿Harry Potter es tu cita misteriosa? ¿Cómo pudiste guardar eso como un secreto? –Y de repente, Ginny mostró una gran sonrisa–. La mayoría de las niñas se lo hubieran dicho a todos en la escuela.

–No quise arruinar la sorpresa, por supuesto –le dijo Luna–. Además, Harry sugirió que no atrajéramos atención indebida.

Y con eso Ginny se puso tan roja como su cabello cuando se dio cuenta que atraer atención era precisamente lo que estaba haciendo–. Eh, lo siento, Harry –dijo, sin mirarlo a los ojos–. Tendrás que decirme todo al respecto después, Luna. Vamos, Colin, hay que bailar.

Colin ahora lucía mareado, y murmuró algo a Harry mientras Ginny lo alejaba que sospechosamente sonó como-, Chicas. -Harry asintió con simpatía.

–Ginny es una persona bastante expresiva, ¿no lo crees? –dijo Luna.

–Eh… esa es una manera de decirlo –dijo Harry.

–Oh, puedo ver que está feliz por mí. Solo se entusiasma de más a veces.

–Creo que quizás es demasiado para Colin.

–Tal vez. Será interesante ver como lo hacen funcionar.

–Ajá. Así que… ¿Amalthea? –preguntó Harry mientras comenzaban a bailar de nuevo. Luna asintió.

–La madre adoptiva de Zeus en...

–Creta. Sí, lo sé.

–Mamá y papá eligieron el nombre juntos, por supuesto. Papá quería un nombre que sonara elevado para animarme a tener una mente elevada. –Harry suprimió una risotada, lo cual ella por suerte no pareció notar–. Así que eligió Luna. Pero mamá quería un nombre más hogareño, como el suyo. Oh, sé que Pandora es una tragedia griega, pero el nombre significa "la que da todo". Me dijo que había considerado Deméter, pero Amalthea es menos ambiguo sobre ser hogareña.

–Creo que es un nombre lindo. –Luna se sonrojó notablemente.

–Gracias, Harry.

Después de la segunda canción, Neville y Hermione se unieron a Harry y Luna al borde de la pista de baile para un breve descanso. La orquesta tocó algo más antiguo que un vals que probablemente solo Neville conocía. Predeciblemente, Malfoy y Parkinson tomaron el centro de la pista, pero no les prestaron atención.

–Estuve preocupada por un momento –dijo Hermione. Harry no necesitó mirar para saber que hablaba de Ginny, pero la pelirroja ahora lucía perfectamente contenta hablando con Colin–. Pero bueno, se veían adorables ahí afuera –continuó Hermione.

–Harry es un buen bailarín –dijo Luna.

–Sorprendentemente –dijo ella en acuerdo–. Solo no llenes tu agenda de baile, hermano, ya puedo ver a muchas chicas que tienen su mirada en ti.

Harry examinó el comedor, teniendo cuidado de no mantener su mirada en un solo lugar. Vio que muchas de las miradas de las jóvenes se giraban en su dirección. Sólo había unas cuantas en las que estaba interesado, pero aún sería un desafío dar la atención debida a Luna mientras era razonablemente amable con las demás.

En contraste con el minueto antiguo o lo que sea que fue, la siguiente canción de la orquesta fue un swing más rápido que el anterior. No muchas personas conocían este baile tampoco, pero pronto, Fred Weasley y Angelina Johnson estaban dando vueltas en la pista con tal abandono que las personas tuvieron que hacerse a un lado.

La mirada de Hermione se fijó en la pareja–. No sabía que los magos conocían el swing –dijo ella entusiasmada.

–¿Conoces ese baile? –dijo Neville nervioso.

–Sí. Aunque raramente lo bailo… no con alguien bueno… –Esperó hasta la mitad de la canción, y se decidió–. Discúlpame por un minuto, Neville.

–Oh vaya, esto va a estar bueno –dijo Harry mientras ella se acercaba a la pareja.

–¿Por qué lo dices? –preguntó Neville.

–¿Sabes cómo a Hermione le encanta sobresalir en todo?

–Sí.

–Pues, tomó clases especiales cuando tenía diez años. Yo no aprendí más bailes de lo necesario, pero ella pasó por una fase por la que no podía dejar de hacerlo… especialmente el swing… es algo extraño porque es estadounidense, pero ha sido bastante popular en Gran Bretaña en ocasiones.

–Disculpen –dijo Hermione, tocando a Angelina en el hombro–, ¿puedo interrumpir?

Angelina lucía sorprendida, pero amablemente la dejó tomar su lugar. Lucía como si estuviera disfrutando el baile, pero también lucía como si necesitara un descanso.

–¿Quieres bailar conmigo? –dijo Fred, completamente perplejo.

–Ajá.

La miró con consideración por un momento y dijo–, De acuerdo, Granger, te lo dejaré fácil.

Hermione elevó una ceja y dijo–, ¡No te atrevas!

Fred aceptó el desafío. Sonrió traviesamente y giró a Hermione rápidamente, pero ella mantuvo el paso fácilmente. La lanzó en voltereta y la atrapó, haciendo un movimiento complicado en el que la pasaba detrás de su espalda, inclinándola casi hasta el suelo, y en general comenzó a ser tan atrevido como él y Angelina lo habían sido. Una audiencia comenzó a rodearlos.

La quijada de Neville cayó al suelo–¿Los muggles bailan así?

–Algunos –dijo Harry.

Hermione mantuvo el paso a todo lo que Fred hacía, incluso cuando la levantó al aire y la lanzó sobre su hombro. Harry no tenía idea de donde había aprendido él algo como eso, pero era impresionante. Para su acto final, Fred la tomó en estilo nupcial e hizo algo que Harry sólo había visto una vez donde le dio una vuelta sobre su brazo, la movió atrás de él por sus rodillas, y la atrapó, pero entonces la soltó para que ella rodara hasta quedar colgando de un brazo y una pierna cuando la canción terminó.

La multitud estalló en aplausos. Harry sospechaba que muy pocos magos habían visto un baile como ese antes. Hermione se apresuró de regreso a Harry y Neville sonrojada y con una gran sonrisa en su rostro, con Fred y George detrás de ella.

–¡Dios mío, eso fue brillante! –dijo sin aliento–. Gracias, Fred. Casi nunca puedo bailar así.

–Fue un placer, señorita Granger. –Incluso Fred sonaba sin aliento–. Nunca te hubiera tomado como un prodigio del swing.

–Yo no sabía que un baile así era posible –dijo Neville incómodo. Harry podía ver que se sentía inadecuado después de esa demostración.

Pero Hermione continuó sonriendo y le dio una palmada en el hombro–. Puedo enseñarte si quieres, Neville –dijo ella–. Estoy segura de que puedes hacerlo con algo de práctica. Es buen ejercicio, por lo menos.

–Vaya, gracias –dijo Neville, obviamente sin saber si estar feliz o más nervioso.

–Pues, eso es algo que nunca creí ver –dijo George–. Hermione Granger y mi gemelo bailando juntos.

–Y de manera brillante –dijo Angelina–. Tendrás que enseñarme, Fred. Eso fue sorprendente.

–No hay problema, bebé –le sonrió Fred y le dio un beso en la mejilla–. Oh, por cierto, Harry, esa cosa que pediste está lista.

–Excelente –dijo Harry con una sonrisa.

Hermione se giró en su dirección al instante–. Harry James Potter, ¿qué hiciste?

–Sólo algo divertido. Les pedí que organizaran un vals extra cuando la banda se estaba preparando.

Hermione continuó mirándolo con sospecha, pero lo dejó ir.

En ese punto, al ver que nadie de su grupo estaba bailando, otras personas comenzaron a acercarse, algunas para encontrar nuevas parejas. Cedric y Fleur se acercaron mientras Roger bailaba con Cho, así como Viktor y Daphne. Desafortunadamente, también lo hicieron Malfoy y Parkinson. Malfoy tenía que decir algo, ¿no es así? Miró a Harry y Luna de arriba a abajo y dijo–, ¿Lovegood, Potter? ¿En serio?

–Sí, Malfoy –dijo Harry.

Malfoy soltó una carcajada.

Harry se enfureció–: Un caballero debería respetar a una dama, Malfoy. ¿Vamos a tener un problema aquí? –Sabía que si él hubiera hecho eso a Parkinson, Malfoy lo hubiera desafiado, sin importar lo ridículo que su vestido fuera.

–No, Potter, solo intento comprender la imagen –dijo Malfoy, aun riéndose–. Esto es perfecto, ¿no lo crees, Pansy?

Parkinson soltó una risita de niña pequeña–: Potter y Lunática. No podría haber pensado en algo mejor.

–Su nombre es Luna, señorita Parkinson –dijo Harry.

Por suerte… o no… antes de que la escena pudiera escalar más, una niña pequeña con cabello rizado se acercó a ellos–, Sólo ignóralos. ¿Te gustaría bailar conmigo, Harry? –dijo, batiendo sus pestañas.

–¿Romilda? –dijo mientras pensaba, ¿Qué no está en segundo año? No se le ocurrió nada mejor qué decir que–, ¿Cómo llegaste aquí?

–Oh, vine con Cormac, pero eso no importa. –Asintió a Cormac McLaggen, quien parecía tener su mirada en Fleur por el momento–. Así que, ¿quieres bailar?

–Oh, erm, lo siento Romilda, pero justo iba a bailar con… Fleur. –Fleur elevó una ceja en su dirección–. ¿Por favor? –articuló.

–Oh, oui, por supuesto –dijo ella con condescendencia, ofreciéndole su brazo y comenzaron a bailar un vals señorial.

Merci, Fleur –susurró. Le tomó todo su control mantener su enfoque en su mirada y no marearse al tener a la parte veela tan cerca, pero era una mejora comparada con Romilda Vane.

Fleur continuó la conversación en francés para que no los escucharan tan fácilmente–: Está bien –dijo ella en voz baja–. Ese muchacho comenzaba a darme una de esas miradas, de todos modos. ¿Quiénes son?

La pequeña acosadora es Romilda Vane. Me ha estado siguiendo desde el año pasado. El mayor es Cormac McLaggen. Es un idiota.

Miraron a la pareja, y ella y Harry vieron que a pesar de su resistencia, Romilda parecía estar disfrutando la noche, bailando inapropiadamente cerca de McLaggen.

Ah, sí. Conozco al tipo. Son dos lados de la misma moneda, ¿no es así?

Sí, lo son. He intentado dejar en claro que no estoy interesado, pero no parece aceptarlo.

Para algunas personas, no ayuda –dijo Fleur–. Si quieres mi consejo, no creo que podrás evitarla toda la noche.

¿No? –dijo Harry frunciendo el ceño. Claro, podía ver que tenía razón. Romilda era muy tenaz para eso–. ¿Qué crees que debería hacer?

Ofrécele un baile, pero deja en claro que no significa más que con ninguna de las otras chicas. No lo digas en voz alta… solo con tu actitud. Incluso si eso no funciona, hará que el resto del baile sea más agradable para ti. Y asegúrate de prestar atención a tu cita, aún si es algo extraña.

Luna es brillante, Fleur. Pero gracias. Lo intentaré.

Eres un buen bailarín, Harry. No muchos chicos pueden mantener la mente clara a mi alrededor.

Merci.

¿Sabes que aún voy a destrozarte en la segunda prueba, no? –dijo ella con una sonrisa.

Oh, sí, estoy contando con eso.

Así que Fleur ya no estaba enojada por completo sobre la primera prueba, pero aún estaba determinada a ganarle, así que era justo. Bailó un par de veces más con Luna, con Ginny, Cho, Daphne, y Luna de nuevo, pero entonces se descubrió acorralado y aceptó un baile con Romilda Vane. Desafortunadamente, este resultó ser la última canción de la orquesta, y fue un vals muy lento. Romilda tomó la oportunidad de recargarse lo más que pudo contra su pecho, y él hizo lo que pudo por empujarla y sostenerla en una posición normal de vals. Estaba usando una túnica de gala que lucía incluso más cara que la última que le había visto, y estaba usando ese perfume que, sin importar lo que dijera, aún olía a menta gatuna. No podía imaginar cómo podía dar la impresión a alguien de que él lo estaba disfrutando.

Cuando la canción terminó, él asintió con amabilidad y quitó sus dedos de su brazo–. Oh, Harry… –fue todo lo que dejó que dijera antes de irse y buscar a Luna de nuevo. Necesitaba estar en posición para lo que pasaría después.

–Hola, Harry. ¿Tienes prisa? –preguntó Luna mientras la orquesta comenzaba a irse.

–Es hora de mi pequeña sorpresa, Luna. Preparé un baile especial al que esperaba que me acompañaras. Creo que te gustará.

–¿Qué tiene de especial?

–¿Conoces a Tchaikovsky? ¿La sinfonía patética?

–No, me temo que no.

–Oh. Bueno, en ese caso, sólo sígueme.

En ese momento, Fred y George, quienes habían desaparecido unos minutos antes, sacaron un viejo fonógrafo que habían encontrado almacenado y lo colocaron al centro del escenario. Harry les había dado el disco, discretamente ordenado de una tienda muggle por Remus.

–Y ahora, damas y caballeros… –llamó Fred.

–...un pedido especial de la audiencia –terminó George, y comenzaron el fonógrafo.

Harry sonrió mientras la música comenzaba. Comenzó con un golpe de la medida anterior para hacerlo sonar como música normal. Pero entonces, susurró a su pareja–, Seis, siete, ocho, nueve, diez –y comenzó a moverse.

Luna lo miró con más sorpresa de lo normal al comprender, y se puso al paso rápidamente.

Mientras que las otras parejas que comenzaron a bailar la melodía, no tuvieron tanta suerte.

Era un vals. Sonaba como un vals… un vals bastante bonito, de hecho… hasta que se intentaba bailarlo.

La mitad del Baile de Navidad pronto estuvieron tropezándose con sus propios pies.

Harry, sin embargo, había practicado bailar un vals en métrica quíntuple en lugar de métrica triple, y no tuvo problema. La mayoría de los bailarines no sabían que hacer cuando la métrica quíntuple comenzó, porque así fue como había escrito Tchaikovsky el movimiento del vals para su sexta sinfonía. La mayoría de las personas se movieron por un tiempo, intentando encontrar el ritmo antes de rendirse. Sería bastante claro quien había hecho "el pedido de la audiencia". La únicas parejas que llegaron cerca a bailarlo bien fueron Harry y Luna, Fred y Angelina, George y Alicia, y Dumbledore (¿acaso había algo que el hombre no pudiera hacer?), quien estaba bailando sorprendentemente a cinco pasos con la profesora Vector. Hermione probablemente podría haberlo logrado, pero no empujó a Neville. De cualquier modo, fue divertido cuando Malfoy casi se cayó sobre su cara.

–Esta es una canción agradable –dijo Luna–. Aunque parece que la mayoría de las personas necesitan más práctica. –Sonaba obtusa, pero hubo un brillo en su mirada que dijo a Harry que sabía exactamente lo que él había hecho. Clásico de Luna.

–Harry, no pudo creer que hiciste una broma al comedor entero –dijo Hermione cuando regresaron.

–¿No puedes? Hermana, te falta imaginación –respondió Harry con una sonrisa.

–¡Sabes lo que quise decir!

–Pueden obligarme a participar, pero no pueden detenerme de divertirme.

Hermione suspiró–: Eres incorregible, Harry.

–Y orgulloso de serlo.

Las Brujas de Macbeth lucían muy… de los ochentas. Quizás las tendencias musicales estaban algo atrasadas. Tocaron la batería, guitarra, el bajo, pero también chelo, laúd, y gaitas. Para la sorpresa de Harry y Hermione, todos esos instrumentos quedaban muy bien juntos. Sin embargo, su primera canción, una melodía de heavy metal llamada "Do the Hippogriff" fue demasiado fuerte. La mayoría de las chicas gritaron y rodearon el escenario como si los Beatles estuvieran tocando o algo, pero Harry decidió retroceder.

–No me gusta mucho este tipo de música –medio gritó Harry a Luna–. ¿A ti?

–No, música fuerte atrae a los torposoplos –gritó ella.

Después de dos años y medio de esto, Harry comenzaba a comprender el código de Luna. "Atrae a los torposoplos" quería decir que era muy distrayente para su gusto… o por lo menos eso pensaba que significaba–. Probablemente toquen canciones más lentas después, cuando las personas se cansen –razonó él–. ¿Quieres dar un paseo por el jardín de rosas?

–Sí, eso suena agradable.

Harry, Luna, Hermione, y Neville se dirigieron fuera del gran comedor. Parecía que otras parejas habían tenido la misma idea y procedieron también al vestíbulo.

–Disculpa, Potter.

El grupo se congeló cuando escucharon a la profesora McGonagall llamar a Harry, sin usar su título–. ¿Sí, profesora? –preguntó él, girándose para mirarla.

–¿Crees que tus acciones fueron apropiadas para un evento formal?

–Con todo respeto, profesora, este torneo perdió el derecho a mi respeto cuando me obligó a participar involuntariamente –dijo Harry–. Además, al profesor Dumbledore pareció gustarle.

McGonagall le lanzó una mirada severa, pero contuvo su criticismo–. Ese no es exactamente el mejor patrocinio, Potter –dijo ella–. Pero sea como sea, espero que no haya más interrupciones esta noche.

–Yo no planeé nada más –dijo Harry honestamente.

–Bien. En ese caso, disfruten. No es seguido que tenemos un baile.

–De hecho, he querido preguntarle sobre eso, profesora –habló Hermione–. Comprendo que es una tradición del Torneo de los Cuatro Magos, pero sería agradable tener más bailes más seguido. Quiero decir, la mayoría de las escuelas muggles tienen por lo menos un baile cada año. A veces dos o tres.

–¿Dos o tres? Entre eso y los deportes, ¡me pregunto cómo es que hacen algo los muggles! –dijo McGonagall–. El director me contó tu explicación de los deportes muggles, Potter. No estaba segura de si creerlo.

–¿De qué se trata esto? –le preguntó Hermione.

–Le estaba explicando a los otros jugadores de quidditch sobre todos los otros deportes que tenemos en el mundo muggles. Algunas veces, creo que sería agradable si tuviéramos más deportes disponibles, como el fútbol, o el cricket, o...

–Calma, calma, tigre –lo interrumpió Hermione–. Esta no es una escuela muggle, ¿recuerdas? Si quieres siquiera intentar eso, creo que necesitaríamos obtener suficiente apoyo para el fútbol antes de llevarlo a más.

–Te aconsejaría ser menos ambicioso, Potter –dijo McGonagall–. Esta escuela ya está lo suficiente ocupada.

–Honestamente, no lo está, profesora –protestó Hermione para su obvia sorpresa–. Las escuelas muggles hacen mucho más que Hogwarts. Es solo cuestión de supervisión… y de que los estudiantes eligen cuales eventos atienden. Y muchos de los eventos son organizados por los estudiantes. En una escuela muggle, los prefectos serían quienes planearían los bailes.

–¿Ese es el caso? Mmm… –McGonagall lo pensó por un momento–. No sé sobre los deportes –concluyó–, pero sería bueno tener un evento como este de vez en cuando. Ha habido épocas en el pasado cuando Hogwarts tuvo bailes anuales de Navidad, Halloween, o San Valentín, pero el director Dippet no era un amante de las artes, y el profesor Dumbledore, con todas sus excentricidades, no parece pensar mucho sobre esas cosas. Quizás sería una tradición que valdría la pena revivir.

–Eso sería agradable, profesora –dijo Harry en acuerdo, para la sorpresa de Harry–. Ahora, si nos disculpa...

Continuaron su camino y se separaron en diferentes direcciones, pero antes de que pudieran llegar al jardín de rosas, Harry y Luna fueron interrumpidos de nuevo.

–Psst. ¿Harry?

Harry usó su visión nocturna felina para ver en las sombras a donde estaba Cedric parado solo. ¿Qué era esta vez? Pensó–. ¿Cedric? ¿Qué pasa?

Dio un paso al frente para verlo con más claridad–. Esperaba poder hablar contigo en privado.

Harry suspiró y miró a su cita disculpándose–, Sólo será un minuto, Luna. –Caminó hacia la esquina donde estaba Cedric–. Hazlo rápido. Estoy en una cita.

–Lo sé. Yo también. Quería preguntarte qué tan lejos has llegado realmente con la pista de la segunda prueba.

–Oh. Eso. Descubrí como abrir el disco de inmediato, pero no he avanzado desde ahí. –Cedric asintió.

–Pensé que ese sería el caso. Sin ofender. Si quieres mi consejo, creo que necesitas algo de aire.

–¿Qué?

–Sólo encuentra un lugar alto y al aire para aclarar tu mente. Como la torre de astronomía. Lleva el disco contigo.

–¿De qué estás hablando?

–Solo estoy diciendo, la torre de astronomía es un buen lugar a donde ir y pensar las cosas.

–Vamos, Cedric, yo te dije exactamente lo que era la primera prueba.

–Oh, de acuerdo. No solo es un astrolabio. En una esfera armilar colapsable. Necesitas estar en la cima de la torre de astronomía y exponerla a la luz de estrellas para abrirla. Entonces, sólo recuerda la frase clave.

–Cierto. Haré eso la próxima vez que esté a menos de cien millas de la torre de astronomía –dijo Harry. Vamos, iba a casa mañana.

–Lo siento –dijo él avergonzado–. Me tomó un tiempo descubrirlo también.

–Pues, gracias de todos modos. Y feliz Navidad.

Harry rápidamente regresó a su cita, y finalmente llegaron al patio exterior. La rambla que llevaba al embarcadero había sido convertida en un jardín de rosas a pesar del frío invernal. Estaba iluminada por una luz tenue proveniente de un número de linternas colgadas alrededor, y tenía una belleza oscura y misteriosa.

–¿De qué se trató eso, Harry? –preguntó Luna.

–Sólo una pista para la segunda prueba. Me preocuparé de eso después de las vacaciones.

–Ah. Muchas gracias por invitarme a venir contigo hoy, Harry –le dijo ella–. Nunca pensé que me divertiría tanto en un baile.

–Sí, yo tampoco –dijo Harry–. Gracias por venir conmigo.

Caminaron por los jardines por un tiempo, brazo en brazo, de arriba a abajo por la terraza, admirando el paisaje. Vieron a un número de otras parejas amorosas por el camino, y tuvieron que tener cuidado de evitar a Snape, quien las estaba separando. Fue solo cuando Harry sintió una brisa helada en su rostro que se dio cuenta del frío que hacía.

–¿Tienes frío, Luna? –preguntó él, aunque apenas y tuvo que. Pudo ver su piel de gallina en sus brazos.

–Está enfriando, ¿no?

–Toma, es por lo que los chicos usan capas extras, creo. –Rápidamente se quitó su capa externa y se la ofreció.

–Vaya, gracias, Harry –dijo ella, poniéndosela. Era mucho más pequeña que él y rozó el suelo, pero la mantuvo cálida–. Eres todo un caballero. Estos jardines son hermosos, ¿no lo crees? Espero que los conserven.

–Sí, son agradables.

Continuaron, algunas veces hablando de cosas triviales, y otras en agradable silencio. Cuando hubieron caminado por todo el jardín y de regreso, decidieron regresar dentro. Fue entonces que levantaron la mirada y vieron el muérdago puesto estratégicamente a la salida al patio.

Harry se quedó quieto, esperando a ver cómo reaccionaría Luna. Era más joven que él, y era su primera cita. Además de que era más tímida que Cho, así que no estaba verdaderamente seguro de cómo se sentía sobre besar.

–Ten cuidado, Harry. Puede estar infestado de nargles –dijo Luna.

Harry suprimió un gruñido. ¿Acaso intentaba alejarlo? ¿O le estaba dando una salida? Ciertamente no le molestaría besarla. Había besado a Cho en cada una de sus citas e interesantemente se encontraba más interesado en besar a Luna. Decidió hacer su opinión más obvia–: Pues, ¿conoces alguna manera de repeler a los nargles? –Luna inclinó su cabeza a un lado, pensativa.

–No traje mi collar encantado –dijo ella–, y tú no tienes uno de todos modos… pero puede ayudar si escondes tu cabeza –agregó ella con una pequeña sonrisa.

Eso no sonaba más alentador… ni menos confuso–. ¿Qué quieres decir? –preguntó Harry.

–Pues, si tuvieras un árbol, dónde lo esconderías –dijo ella aun sonriendo.

–¿...Qué?

Ella dio un paso hacia él–: En un bosque, tonto. –Se colocó de puntas para acercar su rostro al de él.

Harry finalmente comprendió el mensaje y sonrió también. Se inclinó y la besó con gentileza. Permanecieron así por un tiempo. Bueno, de hecho, probablemente solo fueron unos segundos, pero su sentido del tiempo parecía desorientado. Aún no escuchó a ángeles cantando (¿Acaso alguien en verdad lo hacía?), pero definitivamente había algo ahí que no había sentido con Cho. Él y Luna… quedaban mejor, supuso. Se comprendían mejor. Y aunque Cho era agradable y muy bonita, tuvo admitir que se divertía más con Luna.

Esto estaba resultando mejor de lo que había esperado.


Hermione y Neville también caminaron por el jardín de rosas, pero en dirección opuesta. Cruzaron camino con Harry y Luna un par de veces, pero las parejas se dieron espacio. Hermione y Neville se encontraron con Snape una vez, pero él solamente les lanzó una mirada sospechosa y les dijo que se movieran. Regresaron a la entrada antes que Harry y Luna, y Hermione intentó detenerlos bajo el muérdago sin ser muy obvia. Sin embargo, Neville lucía bastante incómodo cuando llegaron cerca de la puerta y no pareció notar lo que estaba haciendo.

–Yo...eh...gracias por venir conmigo esta noche, Hermione. En verdad lo aprecio –dijo él.

–Claro, ha sido una noche maravillosa –respondió ella.

–Sí –dijo Neville con una sonrisa incómoda. Y entonces, antes de que pudieran colocarse bien bajo el muérdago, Neville se inclinó y la besó… en la mejilla.

Y entonces se sonrojó profusamente. Hermione ni siquiera podía ver si lo había hecho accidentalmente o a propósito. La confianza de Neville había crecido en los últimos tres años y medio mientras ella y Harry lo ayudaban con sus hechizos y pociones y lo empujaban a estar en forma físicamente, pero aún era en oleadas, y algo sencillo podía hacerlo tropezar.

Hermione estaba decepcionada, por supuesto. Casi dejó de lado su precaución y lo besó ella, pero algo la detuvo. Neville era un perfecto caballero y ya le había demostrado una noche maravillosa, y lo conocía lo suficiente bien para ver que no era por algo que ella hubiera hecho. Si en verdad era tímido, no quería arruinar su noche. Lo vería un par de veces durante las vacaciones, y podía… hablaría con él de manera correcta sin menos presiones. Por ahora, le permitió que la escoltara de regreso a la pista de baile.

Para ahora, las Brujas de Macbeth habían cambiado a canciones más bailables, aunque solo había algo de baile organizado tomando lugar. Vio a Colin Creevey intentando explicar a Ginny sobre los bailes informales y sin coreografía que los adolescentes muggles tenían, lo cual la llevó a reírse e intentar imitarlo de manera incómoda.

–Parece estársela pasando bien –comentó Hermione.

–Sí, lo está –habló Ron detrás de ella, haciéndola saltar.

–¡Oh! Hola, Ron. No te vi ahí.

–Lo siento. Claro, mamá se va a volver loca cuando se entere que Ginny vino con un hombre lobo.

–¡No lo haría! –exclamó Hermione–. ¿No será tan malo, verdad?

–Bueno, no es como si tuviera algo en contra de los hombres lobo, si es lo que quieres decir. Es solo que es muy sobreprotectora. Claro, yo tampoco estaría muy feliz si no hubiera visto al profesor Lupin y los demás siendo amables y amistosos todo el año. Es difícil superar algo que te han inculcado.

–Historia de nuestras vidas –murmuró Hermione.

–¿No crees que tu mamá intente separarlos, verdad? –preguntó Parvati preocupada al lado de Ron–. Se ven tan lindos juntos.

–No, probablemente no. Gritará un poco, pero Ginny puede con ella.

–Pues, si estás seguro...

Ron y Parvati lucían como si se estuvieran divirtiendo, lo cual Hermione se sorprendió de manera poco caritativa. Ron no era exactamente un romántico mientras que Parvati sí que lo era. Pero estaba feliz por ellos. Harry y Luna regresaron después de la siguiente canción, con Harry sonriendo ampliamente e incluso Luna sonriendo un poco más de lo normal. Claramente algo había pasado en su paseo. Hermione observó a la distancia mientras su hermano bailaba de nuevo y daba vueltas a Luna al estilo swing (aunque nada cerca del nivel de Fred).

–Noche agradable, ¿no lo crees, Hermione? –dijo una voz exageradamente suave.

Hermione suprimió un gruñido y se giró a ver a Cormac McLaggen relajándose cerca, con la pequeña Romilda Vane sentada a su lado, mirando a la pareja en la pista de baile.

–Yo diría que el baile es un éxito, sí –dijo Hermione con cautela.

–Pues, tú ciertamente te ves bien –le dijo McLaggen con una sonrisa que estaba al borde de ser lasciva.

–Gracias, McLaggen –respondió ella sin entusiasmo–. Quise decir que la mayoría de las personas parecen estar disfrutándolo. –Se giró a ver a su hermano de nuevo y sonrió–. Harry parece estar pasándosela muy bien ahí.

–¡Ja! –chilló Romilda.

–Ey, no es tan malo, Romi –dijo McLaggen–. Aún me tienes a mí.

Romilda rodó sus ojos y le sonrió condescendientemente.

–¿Sabes lo que necesitas, Romi? Otra cerveza de mantequilla. Todo es mejor con una cerveza de mantequilla, ¿no lo creen? Te traeré una. Hermione, ¿quieres algo?

–¡Oye! ¡Su cita está aquí, McLaggen! –habló Neville.

–Cómo tú digas –dijo él.

–Sólo un vaso de ponche para mí, Neville –dijo Hermione con voz dulce, y Neville también se fue.

–Aún no lo entiendo –murmuró Romilda, aun mirando a Harry con molestia… o más bien, a la cita de Harry.

Y Hermione había tenido suficiente de esa niña–. ¿Cómo se siente Cormac de que te guste otro niño Romi? –dijo ella con astucia.

–Oh, Cormac y yo solo vinimos como amigos.

–¿Amigos? –No podía creer eso. ¿Siquiera se conocían?

–Claro. Ha sido muy dulce esta noche, y es buen bailarín, pero solo somos amigos.

¿Dulce? ¿McLaggen? ¿Esta niña estaba en negación?

–¡No lo entiendo! –repitió Romilda, dando una pisoteada–. ¡Es Lunática Lovegood! ¡Está loca!

–No está loca, Romilda. Y su nombre es Luna –exclamó Hermione–. Y claramente se la están pasando muy bien.

–¿Pero qué ve en ella? –Hermione sonrió de nuevo.

–Harry tiene la habilidad de ver la belleza interior en las personas cuando nadie más puede. –Volteó esa sonrisa a Romilda–. Eso lo sacó de su madre. –Lanzó otra mirada a la pareja–. Además, es poco convencional, y a Harry siempre le ha gustado lo poco convencional.

–¿Poco convencional? –dijo Romilda incrédula.

–Quizás deberías intentar pasártela bien con Cormac.

Romilda masculló algo y la ignoró, incluso cuando parecía haber estado disfrutando la noche cuando alguien había logrado alejar su atención de Harry.

Hermione y Neville regresaron a Harry y Luna al final del baile y los pusieron al corriente de sus conversaciones. Hermione definitivamente estaba interesada en la pista de Cedric y fastidiada de que la pareja no estaba diciendo palabra de si se habían besado o no (incluso cuando la salvó de que ella y Neville tuvieran que responder la misma pregunta).

–¿Así que Romilda aún está tras de mí? –preguntó Harry cuando Hermione le contó la tácticas de la niña.

–Sí, no hay mucho que detenga a esa niña.

–Pero parece estarse divirtiendo con su cita –señaló Luna.

–Mmm. Pues se merecen el uno al otro –dijo Hermione con firmeza.

–Sí… excepto que no se de cual estoy más preocupado –dijo Harry.

–Quizás serán una buena pareja –sugirió Luna.

De repente, su conversación fue interrumpida por Kirley Duke anunciando el último baile, y sus preocupaciones se desvanecieron. Terminaron el baile con energía y se fueron sintiéndose más contentos de lo que Harry en especial se había sentido desde antes de Halloween.

–¿Quieres que te acompañe a tu dormitorio? –preguntó Harry a Luna mientras se separaban en el vestíbulo.

–Está bien, Harry, conozco el camino –dijo ella con una sonrisa.

–Eh… no es exactamente lo que quise decir… –Luna se rio.

–Eres muy fácil, sabes, Harry. Claro que puedes acompañarme a mi dormitorio, está casi de camino, ¿no es así?

El grupo subió juntos al séptimo piso, pero Harry se separó para llevar a Luna a la torre de Ravenclaw. No estaba seguro de si Luna aceptaría un beso de buenas noches, pero resultó que fue por un abrazo de buenas noches en su lugar. Pero fue un abrazo muy cálido… y muy Luna.

–Buenas noches, Harry –dijo ella–. Tuve una noche maravillosa.

–Buenas noches, Luna. Yo también. Te veré en Año Nuevo.