¿Qué tienes en mente, JK Rowling? ¿Y tú, White Squirrel?
Capítulo 103
Después de la emoción de las vacaciones, Harry pasó gran parte del sábado antes de regresar a la escuela con Rowena. Su gata vieja definitivamente estaba más débil, y aunque no quería admitirlo, no podía estar seguro de si la vería de nuevo. Fue difícil dejarla. Incluso le ofreció llevarla a la escuela con él y le prometió todas las comodidades de casa, pero ella se rehusó. Estaba contenta donde estaba y no quería ir a un tonto viaje sentimental de humanos.
Hermione notó su mal humor en el tren, pero no lo empujó. Incluso dijo a Malfoy que se perdiera por él cuando se acercó.
Harry estuvi de mejor humor durante el banquete de bienvenida esa noche cuando Dumbledore anunció las siguientes dos visitas a Hogsmeade: la primera en dos semanas el veintiuno de enero, y la salida popular de San Valentín el dieciocho de febrero. Harry estuvo gratamente sorprendido de que hubieran logrado tener dos visitas tan cercanas en su horario acaparado. Conocía a cierta pequeña rubia en Ravenclaw a quien quería invitar… más interesado de lo que se había sentido con Cho, si se era honesto.
Estuvo casi igual de entusiasmado cuando Dumbledore anunció que el siguiente partido de quidditch sería el sábado… entre Beauxbatons y Durmstrang, ya que ambas escuelas se habían quedado y habían tenido tiempo de practicar durante las vacaciones.
Sin embargo, el buen humor de Harry se desvaneció el lunes en la mañana, cuando vio a las compañeras de cuarto de Hermione alternando miradas en su dirección y riéndose de la publicación más reciente de Corazón de bruja. Esta no sería la primera vez que aparecía ahí, pero sus reacciones lo hicieron preocuparse un poco.
–De acuerdo, ¿qué es tan gracioso? –dijo Hermione, tomando la revista después de que se rieron una vez más. Miró el artículo y gruñó.
–¿Qué dice? –preguntó Harry.
–Ve por ti mismo.
DENTRO DEL PALACIO DE HIELO: PERFILES DEL BAILE DE NAVIDAD DE HOGWARTS
¿Potter bajo una poción?
Hombres lobo al acecho
Dos escuelas, una apuesta gigantesca
Por Rita Skeeter
–¿Rita Skeeter? Ni siquiera estuvo en el baile –dijo Harry–. ¡Y ni siquiera escribe para Corazón de bruja!
–Es independiente, por supuesto –dijo Lavender–. Una columnista tan exitosa no se amarra a un solo lugar.
–¿Y qué es esto sobre estar bajo una poción? –demandó él.
–Eh, está en el perfil sobre ti.
–Genial… -gruñó él, y abrió la revista. El artículo por lo menos era equilibrado. Había perfiles en los cuatro campeones y unos cuantos más en el baile. Desafortunadamente, los contenidos de esos perfiles eran del estilo típico estilo de Rita Skeeter.
Harry Potter sin duda causó la sorpresa más grande del Baile de Navidad con su elección de pareja, una estudiante de tercer año de Ravenclaw llamada Luna Lovegood. Quizás nos anime escuchar que el joven Harry se ha recuperado tan bien de su trágica separación con Cho Chang (ahora saliendo con el campeón Cedric Diggory; ver página 5) la primavera pasada, especialmente al salir con una chica que se veía tan encantadora como la señorita Lovegood esa noche, con su túnica suelta azul y bronce y largo y sedoso cabello rubio con violetas trenzadas en él. ¿Pero está todo bien en el mundo de Harry Potter? Una examinación más cercana revela señales preocupantes.
¿Quién es Luna Lovegood? La hija del editor del Quisquilloso Xenophilius Lovegood y la fallecida Pandora Lovegood, nacida Beauchamp, quien murió en 1990 en un accidente de creación de hechizos autoinfligido. La señorita Lovegood es descrita por sus compañeros de clase como "excéntrica", "demente… y quiero decir demente", "callada y extraña", y "con la cabeza en las nubes". Su compañera de cuarto, Melanie Maxwell, dijo "está completamente chiflada. Completamente fuera de sus cabales. Siempre se la pasa hablando de sus criaturas imaginarias, pero nadie nunca le dice nada porque es amiga de Potter". (Cuando se le pidió que explicara, la señorita Maxwell dijo que se refería a las supuestas criaturas mágicas que son mencionadas con frecuencia en las páginas del Quisquilloso.)
Y sí, queridos lectores, la señorita Lovegood al parecer ha sido amiga de Harry por un tiempo, pero que fuera su cita fue aparentemente un desarrollo inesperado por completo para todos excepto los amigos más cercanos de Potter, y fuentes no identificadas declaran que su nombre ni siquiera fue mencionado en una supuesta apuesta para predecir la identidad de su cita. Además, su apariencia normal al parecer no es tan refinada como lo fue la noche del baile. Su aspecto normal es descrito universalmente como "bizarro", y su cabello alborotado. "Se arregló bastante bien", dijo su compañero hombre lobo, Colin Creevey (ver página 8), "casi no la reconocí".
Así que, ¿cómo una niña de apariencia normalmente plana y con poco encanto natural logró conquistar a Harry Potter? Eso era algo que muchas chicas en el baile querían saber, y algunas desarrollaron sus propias teorías. Compañera de clase de Harry, Pansy Parkinson, dijo, "deben de ser pociones. Lovegood es una rara, pero no es tonta. ¿De qué otro modo logró que Potter le diera otra mirada?" Sin embargo, la cita de la señorita Parkinson, Draco Malfoy (ver página 9), no compartió su opinión. "Oh, no creo que necesitara de una poción de amor" dijo él. "Potter también está chiflado. Sólo miren todas las locuras que él ha hecho. Creo que son perfectos el uno para el otro. Es la única chica tan loca como él".
¿Cuál es la respuesta? ¿Acaso las artimañas únicas y naturales de Luna Lovegood lograron ganarse a Harry, o fue algo más siniestro? Solo podemos esperar que los maestros de la joven pareja investiguen con cuidado para que todos podamos descansar más tranquilos sobre el bienestar del Niño Que Vivió.
–¡¿Pociones de amor?! –soltó Harry–. Chiflada… autoinfligido… La única chica… ¡¿Cómo pueden publicar esta basura?!
–Es lo que hace la prensa, Harry –intentó calmarlo Hermione–. Y eso es especialmente lo que hace Rita Skeeter.
–Pero ahora todos van a pensar que Luna… sabía que la iban a hacer pasar un mal momento, pero nunca pensé que le harían eso.
–Pues, podría ser peor –dijo ella–. De hecho, Malfoy fue quien dio la voz contrastante.
–Me siento mucho mejor, Mione. ¿Qué le voy a decir ahora?
–Intenta no dejar que te moleste tanto, Harry. No es tu culpa que Rita escribiera eso. Y Luna es una gran chica. Puede cuidarse sola.
–Pues, quizás debería...
–No –lo interrumpió Hermione.
–Pero ni siquiera dije...
–No –repitió ella.
Harry la miró molesto–. No sabes lo que iba a decir.
Ella rodó los ojos–. No eres tan difícil de descifrar, hermanito. O estás enojado y planeando hacer una broma a alguien que no quieres como enemigo, o te sientes culpable y te estás convenciendo de no invitar a Luna a Hogsmeade la próxima semana… O ambos.
Ese análisis lo hizo sonrojarse, pero no pudo decir nada para refutarlo. Sí sonaba como algo que haría después de todo. Así que continuó mirándola molesto.
–Solo sigue haciendo lo que estás haciendo, y si Luna tiene un problema, ella te lo dirá.
Él elevó sus cejas un poco–. Luna no siempre comparte cuando se siente incómoda, sabes –dijo él.
Hermione tuvo que conceder su punto ahí–: De acuerdo, déjame decirlo de otra forma. Si tiene un problema, podrás notarlo. Los dos la conocemos mejor que nadie excepto Ginny, y tú tienes ese sexto sentido. No te preocupes. ¿Hay algo más de interés en el artículo?
Harry gruñó y miró a la revista. Desafortunadamente, había otras personas tras las que Skeeter había ido. Notó en particular la sección sobre hombres lobo:
¿Qué tan difícil es encontrar una cita para un hombre lobo? Si el Baile de Navidad es indicación alguna, quizás no sea tan difícil como piensan. Las primeras señales muestran que, con acceso más fácil a la poción matalobos y matriculados en Hogwarts, estas criaturas de la noche tan temidas podrían estar desarrollando seguidores. Primero está Cedric Diggory quien, después de ser trágicamente infectado con licantropía la primavera pasada, logró tomar a la exnovia de Harry Potter, Cho Chang. Después, Colin Creevey, quien fue infectado en el mismo ataque, también hizo olas con su cita, Ginevra Weasley, una Gryffindor linda y vivaz. La señorita Weasley, 13 años, actuó de manera más venturosa de lo normal para su casa pasando el baile del brazo de su compañero hombre lobo en contra de la voluntad de su madre...
–¿De dónde consiguió eso? –interrumpió Hermione.
–¿Qué…? ¿Es cierto? –dijo Harry confundido.
–No exactamente. Ron dijo que su madre se quejaría, pero probablemente se calmaría. Pero no puedo creer que alguno de los Weasley sería lo suficiente tonto para decir eso a un reportero.
–Pues, lo consiguió de algún modo. Y aún está hablando sobre como los hombres lobo son bestias peligrosas.
Hermione negó con la cabeza–. Skeeter es un verdadero bicho malo –dijo ella–. Desafortunadamente, no creo que vayas a cambiar los prejuicios de las personas en medio año, incluso con Remus dando clases aquí. Desearía que pudiéramos, pero no es tan fácil.
–Oigan, ¿qué le pasa a Hagrid? –señaló Neville repentinamente.
Harry levantó la mirada a la mesa principal y se sorprendió de ver una mueca poco característica en el rostro del hombre. De hecho se veía algo verde–. Luce como si estuviera enfermándose –dijo Harry.
–Olvídense de Hagrid. ¡Miren a Madame Maxime! –señaló Lavender. Mirando a la mesa, vieron que la directora de Beauxbatons lanzaba una mirada asesina y furiosa en dirección a Hagrid y Dumbledore. Fue entonces que comenzaron a escuchar maldiciones en francés de los estudiantes visitantes.
–¿Qué se les pegó? –preguntó Harry.
–Mira la página siete –susurró Parvati.
Con un mal presentimiento, Harry regresó su mirada a la revista.
Además de los campeones, una pareja en el comedor fue literalmente imposible de ignorar. Estoy hablando, por supuesto, de la directora de Beauxbatons Olympe Maxime y el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas en Hogwarts y guardabosques Rubeus Hagrid. Tanto Maxime como Hagrid comparten su alarmante tamaño… dos veces más grandes que la altura normal de un humano… lo cual los hace sobresalir incluso en la más caótica asamblea. Aunque no asistieron al baile juntos, fueron vistos compartiendo varios bailes durante el transcurso de la noche, y uno fácilmente esperaría ver atracción entre ellos.
¿Pero dos maestros de tan prodigioso tamaño en dos escuelas diferentes? ¿Coincidencia? ¡Ciertamente no! Sanadores en San Mungo confirmaron que nadie completamente humano podría alcanzar tal tamaño y aguantar su propio peso. Después de cuidadosa investigación, esta reportera fue capaz de determinar que tanto Maxime como Hagrid son, de hecho, ¡semigigantes!
La madre de Rubeus Hagrid, podemos revelar en exclusiva, fue no otra que la gigantesa Fridwulfa, quien escapó de Gran Bretaña durante la guerra contra El Innombrable. El parentesco de Olympe es menos certero, pero no puede haber duda de su herencia híbrida. Con los gigantes siendo conocidos por su naturaleza brutal y sanguinaria, la elección de individuos con sangre de gigante como educadores ciertamente es curiosa en ambos casos...
Harry se detuvo cuando vio a Hagrid irse de la mesa principal. Al mismo tiempo, Madame Maxime se puso de pie y salió del gran comedor, con los estudiantes de Beauxbatons levantándose y siguiéndola–. Oh, no, esto no va a terminar bien, ¿verdad? –dijo Harry. Después de considerarlo brevemente, decidió seguirlos, y Hermione pronto se le unió.
Alcanzaron a Hagrid en la torre del reloj, aunque tuvieron que correr para hacerlo. Siendo tan alto, podía caminar rápido. Madame Maxime y sus estudiantes estaban caminando a su carruaje. Tendrían que preocuparse de ellos después.
–¡Hagrid! –llamó Harry, pero el semigigante no se detuvo–. ¡Hagrid! –llamó con más fuerza, y él se detuvo y se giró a ver.
–¿Harry? ¿Hermione? –dijo sorprendido–. ¿Qué estás haciendo?
–¿Estamos tratando de descubrir qué está pasando? –dijo Harry–. ¿Por qué está tan enojada Madame Maxime? ¿Por qué se fueron todos?
–Pues, vieron el artículo, ¿no? ¿Sobre ella y yo?
–Sí. ¿Y? –dijo Harry.
–Pues, no le agradó que su secreto fuera revelado a todos. Le pregunté al respecto en el baile, y se ofendió incluso de mí, ¡y le dije que yo era uno! Ella dijo que era de "huesos grandes". ¡Ja! Le mostraré huesos grandes. Claro, no estoy muy contento tampoco, el que esa mujer me diga quién era mi mamá...
–Espera, ¿eso era un secreto? –dijo Harry–. Pensaba que todos lo sabían.
Hagrid se detuvo y lo miró con los ojos ampliamente abiertos. No parecía poder procesar las palabras de Harry–. Harry… –tartamudeó–, yo… yo no le dije a nadie excepto a Dumbledore y los otros maestros… ¿Cómo lo sabes tú? ...No le dijiste a nadie, ¿verdad?
–No, no queríamos entrometernos ni nada –dijo Harry con genuina confusión–. Bueno, quizás le dijimos a Natalie McDonald, pero ni siquiera estuvo en el baile. Solo pensé que era obvio. Lo descubrimos en nuestro primer año.
–¿Primer año? ¿Cómo?
Hermione comenzó a ver porque Harry estaba tan confundido–. Hagrid, mides once pies seis pulgadas –habló ella–. Nunca ha habido un caso confirmado de un muggle que mida más de nueve pies. Nueve de diez estudiantes criados por muggles que vengan a este castillo pensarán "gigante" automáticamente cuando te vean y no les importará.
–Y… ¿y en verdad no les importa? –dijo Hagrid esperanzado.
–¡Claro que no! –dijo Harry–. Estamos luchando por los derechos de los hombres lobo, ¿no? ¿Por qué deberían ser los gigantes diferentes?
–¡Son los mejores! –exclamó Hagrid, y tomó a los dos en un abrazo rompe costillas.
–Sí… gracias, Harry –gruñó Harry cuando lo soltó–. Bueno –dijo–, ahora, todo lo que tenemos que hacer es intentar solucionar el incidente internacional con Madame Maxime… y necesito hablar con Luna...
–Y necesitas descifrar la pista de la segunda prueba –le recordó Hermione.
Harry gruñó en su dirección.
Finalmente encontró a Luna esa tarde, y pudo ver que el artículo no había sido ignorado por sus compañeros. Lucía más cabizbaja de lo normal; estaba caminando algo rápido y sosteniendo sus libros cerca de su pecho. Pero fue alentado cuando vio su rostro iluminarse cuando llamó su nombre.
–Hola, Harry –dijo con una sonrisa.
–Hola, Luna. Escucha, lamento tanto lo de ese artículo esta mañana. Parkinson fue terrible al decir eso sobre ti.
–Oh, está bien –dijo ella–. No es tu culpa, después de todo.
–Lo sé, pero aún no quiero que las personas piensen mal de ti. ¿Te han estado haciendo pasar un mal momento por eso?
Ella bajó la mirada un poco–. Las personas se han estado burlando –admitió ella–. Nada que no hubiera escuchado antes, pero unas cuantas chicas mayores pensaron que necesitaban "rescatarte" de mis entrañas.
–Oh, no. ¿Te lastimaron? –dijo Harry.
–No… pero tuve que esquivar unos cuantos maleficios.
Él gruñó–. ¿Quieres que haga algo?
–No creo que eso ayude mucho. No cambiarás la mente de las personas siendo sobreprotector conmigo.
Harry no se rindió–. ¿Quieres que Fred y George hagan algo?
Eso hizo reír a Luna, por lo menos–. No sé si podría parar a esos dos –dijo–, pero yo sé que no te di ninguna poción, y eso es suficiente para mi… Pero comprendo si quieres que te examinen.
Harry lo consideró por un momento… cémo se vería en la prensa–. Tal vez lo haga –razonó él–, pero no porque no te crea… solo para tener evidencia que usar contra las mentiras. Entonces, podría obligar a que la prensa se retracte, y si alguien sigue insistiendo, podría desafiarlo.
Luna sonrió un poco triste–. Sí, puedo ver que eso funcionaría –dijo ella–. Conozco unas cuantas cosas sobre la prensa. No es necesario que defiendas mi honor, por supuesto, pero es dulce de tu parte.
–De acuerdo, entonces. Y, además de eso, ¿puedo por lo menos convencerte de que vayas a Hogsmeade conmigo la próxima semana?
Eso hizo que Luna sonriera ampliamente–. Me gustaría mucho, Harry –dijo ella–. Las pociones deben de estar funcionando.
Harry se rio, y reflexionó que se sentía bien conocer a una chica en quien podía confiar por completo para saber que esa línea había sido una broma. (Claro, el hecho de que acababa de decir que iba a ver que lo examinaran sirvió como escudo.) No pensó haber llegado a ese punto con Cho.
–Brillante, Luna. Te veré entonces.
–Lo espero con ansias. –Lo besó en la mejilla y se fue dando saltos, tarareando para sí misma contenta.
La torre de Astronomía estaba fuera de límite excepto para clases. Esto por varias razones, incluyendo los delicados instrumentos expuestos ahí, la inclinación de los estudiantes mayores enamorados a hacer uso inapropiado, y especialmente la falta de barandillas en la parte más alta del castillo. Incluso cuando las torres tenían barreras contra caídas, era mejor estar seguros. Cedric probablemente había ido ahí legítimamente en una de sus patrullas como prefecto, pero Harry no tenía esa opción.
–Así que solo tengo que escabullirme allí –concluyó él–. ¿Quieres venir, Mione?
–Creo que me lo saltaré si es lo mismo para ti –respondió ella muy formal.
–¿Por qué no? No puedes abandonarme. ¿Y si hay una pista que tú puedes resolver y yo no?
–Entonces escríbela. No me apetece ser encontrada fuera de límites por esto.
–Tendremos mi capa de invisibilidad y el mapa del merodeador –dijo él–. Estaremos bien.
Hermione gruñó, sabiendo que su hermano no iba a aceptar un no como respuesta a este punto–. Oh, está bien –concedió ella–, pero si nos descubren, me escaparé como nutria y te dejaré con la bolsa.
–Vaya, gracias por el apoyo, hermanita.
–De nada –dijo ella solemne.
Llegaron a la torre de Astronomía sin problemas, y por suerte, estaba vacía de parejas enamoradas. Aún era antes del toque de queda, claro. Oscurecía muy temprano en enero en Escocia, y esa era una cosa menos de la que preocuparse.
–Pues, aquí estamos –dijo Harry cuando llegaron. Sacó el bastón plateado de su túnica, lo abrió al disco, y lo colocó sobre el suelo de piedra, exponiéndolo a la luz de las estrellas. Nada pasó.
–¿Qué se supone que haga de nuevo? –preguntó Hermione.
–Volverse una esfera armilar.
–¿Y cómo hacemos esto?
–Eh… no estoy seguro. Cedric solo dijo, "Recuerda la frase clave".
–¿Qué frase clave?
–No lo sé. La única frase asociada con esta cosa es… –Abrió sus ojos ampliamente–... las palabras escritas en el disco. –Giró uno de los aros que se deslizaban mágicamente para que las palabras se alinearan, y las habló en voz alta–: Todo será revelado cuando las estrellas se alineen.
El disco tomó vida. Con el distintivo sonido de metal sobre metal, los anillos que lo formaban rotaron alrededor de unos y otros, todos a diferentes ángulos, girando la cosa completa por un momento en un torbellino esférico de metal. Entonces, se calmó en la forma familiar de un globo celeste.
–Pues, eso soluciona eso –dijo Harry. Con la nueva alineación de los aros, las otras marcas finalmente tomaron la forma de términos astronómicos: ECLÍPTICA, TRÓPICO DE CÁNCER, CÍRCULO ÁRTICO, PRIMER PUNTO DE ARIES, y más. El Sol y la Luna se movían en pequeños circuitos dentro de la esfera. Era una hermosa creación, y se movía mágicamente sin engranajes visibles. Pero por todo eso, no lucía nada diferente de una típica esfera armilar.
–Es una sorprendente pieza de encantamientos –dijo Hermione–. Desearía tener el tiempo de estudiarla. ¿Pero qué hacemos con ella? ¿Ves alguna otra pista?
Ambos examinaron la esfera con cuidado, iluminando sus varitas para ver mejor. No parecía haber marcas distintivas… nada que no hubiera en una esfera normal, y nada que sobresaliera con algún significado especial. Después de un tiempo, Harry notó que unas partes del mecanismo estaban escondidas de otras. Movió los aros que controlaban la hora y fecha y comenzó a moverlo un poco para ver si se había perdido de algo.
–Harry, espera un momento –dijo Hermione–. ¿Para qué hora y fecha está?
Harry miró con cuidado a las pequeñas fechas marcadas en los anillos–. Erm… el nueve de enero, 20:15… creo. Dice año 17.
–Debe ser el ciclo metónico –razonó Hermione.
–Ajá… "Cuando las estrellas se alineen…" Así que… si está en el momento actual… ¿Lo ponemos en la fecha y hora de la prueba?
–Vale la pena intentarlo.
–De acuerdo. –Giró los anillos hasta que leyeron, 14:00, 25 de febrero, año 17
De repente, la esfera cambió. Constelaciones aparecieron, unidas por una delgada filigrana entre los anillos. Además, seis de ellas, desde el cenit hasta el horizonte en un lado, brillaron con una tenue luz blanca. Harry y Hermione miraron con los ojos ampliamente abiertos.
–Ahora, esa es una pista –dijo Harry.
–Sí –susurró su hermana.
Leyó las constelaciones que fueron indicadas–: Cefeo, Casiopea, Perseo, Andrómeda, Pegaso, Cetus.
–Pues, eso es bastante claro –dijo ella–. Está señalando al mito de Perseo.
–Sí, ¿pero qué tengo que hacer? ¿Tengo que domar a un caballo alado? ¿Tengo que matar a un monstruo terrorífico? Ya me enfrenté a un basilisco.
–No lo sé. ¿Hay algo más?
–No que pueda verlo. Veamos si se colapsa de regreso.
Necesitaron jugar un poco con los anillos, pero eventualmente lograron doblar el artilugio de regreso a su forma de disco. Estaba a punto de colapsarla de nuevo a bastón, pero Hermione lo detuvo–. Espera, Harry. ¿hay algo diferente?
Él miró de nuevo y se alegró de hacerlo–: Oh, vaya, mira. La carta astral aún está ahí. –Y sí, el realineamiento de los anillos había colocado a las seis constelaciones en la familia de Perseo en la superficie del disco. De nuevo, no había palabras obvias, pero rotando uno de los anillos, pudo hacer que una serie de palabras apareciera–. Oye, dice algo ahí –dijo, y leyó las palabras en voz alta–: "Como es arriba es abajo".
De repente, el disco emitió un chirrido ensordecedor.
–¡Ah! ¡¿Qué es eso?! –gritó Hermione.
–¡No lo sé!
–¡Hazlo parar!
–¡Eso intento!
Con dificultad, Harry cerró el disco de nuevo hasta ser un bastón, y el chirrido paró. Hermione y él se miraron horrorizados por un momento antes de que ambos dijeran lo mismo.
–¡Tenemos que irnos!
Se metieron bajo la capa de invisibilidad y corrieron abajo lo más rápido que pudieron, casi tropezando y cayendo más de una vez.
–¡Bien hecho, bola de pelos! El castillo entero debió haberlo escuchado –dijo Hermione.
–Oye, ¡no sabía que iba a pasar! –protestó él–. ¿No pudo Cedric advertirme sobre eso?
–Pues, tenemos que irnos antes de que Filch se aparezca. Oh, no, ¡y los jueces sabrán que desciframos la pista! Quiero decir, ¡sabrán que fuiste tú!
–Sí, pero me dijeron que se supone que debo descifrarlo. Y apuesto a que es la única manera de hacerlo. ¿Y qué fue ese chirrido?
–¿Y qué se yo? ¡Solo corre!
Estuvo cerca, y tuvieron que escapar del muy sospechoso Filch, además de la Sra. Norris, quien podía olfatearlos, pero Harry y Hermione regresaron a la torre de Gryffindor sin ser descubiertos. Se hundieron en el suelo, sin aliento y cansados en la sala común, para la confusión de sus compañeros, y fueron dejados tranquilos aun contemplando el significado de la siguiente pista de Harry.
Harry y Hermione intentaron cualquier cosa que pensaron para descifrar el secreto de la carta astral que gritaba durante los días siguientes, pero nada pareció funcionar. El bastón ahora se abría directamente en la carta astral, y comenzaba a gritar en cuanto la frase "Como es arriba, es abajo" era dicha en su presencia. Desafortunadamente, no estaban más cerca de descifrarlo cuando llegó el día de la visita a Hogsmeade. Pero Harry lo dejó de lado ese día para enfocarse en su cita con Luna, la cual prometía ser más agradable de todos modos.
Luna estaba usando una explosión de colores cuando Harry se reunió con ella en la estación de carruajes. Contó por lo menos nueve o diez tonos diferentes desde su sombrero arcoíris hasta sus botas índigo. Ni siquiera sabía que botas de ese color existieran, y reflexionó que eso no detendría a Luna. Pero pensó que se veía adorable, y la felicitó por su sentido de la moda. Nada bizarro, pensó.
–Y, Luna, ¿quieres ir a algún lugar especial hoy? –preguntó mientras iban en el carruaje a la aldea. Harry era un experto en esto ahora… bueno, quizás no un experto, pero se sentía lo suficiente cómodo navegando Hogsmeade con una chica, por lo menos… pero sabía que era de cortesía preguntarle primero. Conociéndola, quizás querría ir a un lugar completamente inusual.
–Pues, las chicas mayores siempre tienen cosas buenas que decir sobre Madame Pudipié –dijo ella, y Harry tuvo que luchar para no gruñir–. ¿Has ido ahí?
–Sí… un par de veces.
–¿Y qué tal te pareció?
Harry se alegró que le preguntara. Sabía que Luna apreciaría una respuesta honesta–. Pensé que era el lugar más empalagoso que hubiera visto.
Luna lo pensó por un momento–: Puedo ver porque a unas chicas les gustaría.
–Creo que la Tres Escobas es mejor si quieres algo de tomar –dijo él–. Tú sabes… más cómodo.
–De acuerdo, vamos ahí, entonces –dijo Luna con entusiasmo.
Harry sonrió y ofreció su brazo cuando salieron del carruaje. Se pasearon por la calle, disfrutando del día nevado. Fue un momento agradable… un momento para relajarse sin preocuparse por todos los problemas en los que estaba. Solo había algo en su mente que le estaba molestando. Lo ignoró por un tiempo; algo siempre estaba pasando, si era paranoico al respecto, pero prestó atención cuando llegaron a la Tres Escobas. Mirando alrededor del lugar abarrotado, nada en verdad parecía fuera de lo ordinario, pero su sexto sentido felino se enfocó en un par de personas que entraron poco antes y después que ellos.
–Luna, espera –siseó él cuando estaban a punto de sentarse. Algo no estaba bien. Preparó sus dedos para sacar su varita.
–¿Hay algún problema? –dijo ella.
Harry miró alrededor del pub, enfocándose en las personas que no se veían bien. Un hombre alto en una esquina se enderezó un poco, mirando a los clientes. En ese momento, estaba viendo a la mano de varita de Harry. Un hombre en el bar se estaba moviendo incómodo. Ludo Bagman estaba sentado cerca, hablando animadamente con unos duendes, pero eso no parecía relacionado. Y entonces, había una mujer al otro lado que estaba actuando perfectamente natural. Tenía cabello castaño oscuro, piel oliva, y una nariz muy grande; y su ropa era sencilla y monótona, pero algo en su quijada parecía familiar, y cuando levantó la mirada, Harry notó que tenía… ¿ojos violeta? Harry se relajó al instante, sonriendo y saludándola. Ella intentó ignorarlo, pero él la saludó de nuevo y señaló sus ojos. Los ojos se abrieron ampliamente y cambiaron a marrones. Él sonrió para sí mismo y se sentó. No era seguido que alguien corregía uno de los disfraces de Tonks.
–¿Qué fue eso? –preguntó Luna.
–Aurores. Dumbledore debió pedirlos. Aún no hemos descubierto quien puso mi nombre en el cáliz de fuego, así que...
–Oh, por supuesto. Es bueno estar a salvo.
–Sí –dijo Harry secamente–. Estoy seguro de que están tratando de ser inconspicuos, pero tengo un sentido arácnido bien desarrollado.
–¿Sentido arácnido? –preguntó ella.
Eso llevó a una discusión profunda sobre cómics muggles mientras tomaban el té y comían pasteles que Luna encontró muy entretenida. Era refrescante para Harry tener una amiga criada en el mundo mágico que podía comprender ideas inusuales (para ella) tan fácilmente.
–¿Así que algunos de los superhéroes son magos y brujas? –dijo ella.
–Algo así. Se llaman así ellos, pero su magia no es nada como la magia real.
–¡Harry, mi niño! –llamó una voz escandalosa, y Harry gruñó cuando Ludo Bagman se acercó para interrumpir su conversación–. Esperaba encontrarme contigo. ¿Cómo te va?
–Bien, gracias –dijo.
–¡Genial! Sabes, ¿me preguntaba si puedo hablar contigo en privado?
Harry tomó un gran respiro para intentar calmarse. Bagman parecía ser más molesto cada vez que lo veía–. Estoy en una cita, Sr. Bagman. ¿Puede esperar? –dijo.
Bagman miró a Luna como si la estuviera viendo por primera vez, lo cual parecía imposible, pensó Harry, considerando como estaba vestida–. Claro, la encantadora señorita Lovegood –dijo y besó su mano–. Espero que no te moleste, querida. Sólo quiero hablar rápidamente sobre el torneo con el Sr. Potter.
–Oh, de acuerdo, entonces –dijo Luna alegremente.
Harry pensó que estaba siendo muy confiada, pero no objetó. Le lanzó una mirada simpatética mientras Bagman lo llevaba al otro lado del bar. Entonces lanzó una mirada al auror que estaba sentado cerca, quien lucía más molesto por haber sido notado que preocupado por Bagman. Sin embargo, Harry estaba más preocupado porque su sexto sentido notó que los tres duendes los estaban mirando.
–¿Sabe que estamos siendo observados, Sr. Bagman? –susurró.
Bagman miró a su alrededor nervioso–. Uj, duendes –murmuró–. Quien sabe lo que están pensando. Es una pesadilla lidiar con ellos.
Harry no consideró que eso sonaba muy caritativo–. ¿No es ese el departamento de Amos Diggory? –preguntó.
–Eh, sí, bueno… en realidad están buscando a David Monroe. Pensaron que estaría por aquí. El problema es, se la pasan hablando en duendigonza, y yo solo sé una palabra en duendigonza. Bladvak. Significa "pico".
–De hecho, bladvak es alcotana. Pico es bladvakir. Literalmente significa "pico-cincel".
Bagman abrió los ojos ampliamente–. ¿Hablas duendigonza? –dijo.
Oh Dios, oh Dios, ¿por qué no mantuve mi boca cerrada?–. Sólo un poco –dijo rápidamente–. Luna me enseñó un poco.
–Ah. Bueno, como sea, quería felicitarte de nuevo por tu actuación en la primera prueba. Muy bien hecho. Gran espectáculo.
–Gracias.
–¿Y cómo vas con nuestro pequeño misterio? ¿Las pistas en el bastón?
–Nada mal –dijo Harry con sospecha–. Ya llegué a la parte con gritos.
Bagman sonrió:. Muy bien. Muy bien, Harry. –Bajó su voz para que apenas Harry pudiera escucharlo–. Claro, si necesitas algo de ayuda con lo último, siempre podría darte la mano. Si puedo ayudarte en algo… me agradas… como lograste la primera prueba… bueno, tú solo dilo.
Si Harry tenía sospechas antes, sabía que algo inapropiado estaba pasando ahora. ¿Por qué estaba Bagman intentando ayudarlo a hacer trampa? Le olía a corrupción… posiblemente involucrando a esos duendes… y no quería terminar enredado en eso. Ya tenía suficiente de que preocuparse por su cuenta. Así que pensó rápidamente en una manera de escaparse–. Sr. Bagman –susurró–, ya que está tan dispuesto a darme un consejo, le daré uno de mi parte. El Torneo de los Cuatro Magos fue su idea, ¿no es así? Creo que se vería muy mal en usted y en el torneo si cualquier señal de corrupción fuera descubierta… Además, hay un auror a dos mesas, y le apuesto tres sickles que está escuchando cada palabra de lo que decimos con un encantamiento supersensorial.
Cuando Bagman y el auror se miraron sorprendidos, Harry usó su distracción para escapar.
–¡Vamos, Luna! –Tomó a su cita de la mano y la alejó de la mesa, dejando suficientes sickles atrás para dejar una buena propina–. Dijiste que te gusta observar aves, ¿no? Vamos a ver qué hay cerca de la casa de los gritos.
–De acuerdo. Eso suena agradable.
Caminaron más rápido por el pueblo esta vez, Harry determinado a poner algo de distancia entre él y cualquier problema que pudiera haber dejado atrás. Miró a su alrededor de vez en cuando y rápido notó a dos aurores siguiéndolo a distancia, intentando lucir como si estuvieran dando un paseo propio. Claro, si en verdad no quisieran ser vistos podrían haberse desilusionado, pero Harry no creía meritar tal nivel de secretismo. Y sí, el tener a los aurores algo conspicuos sería una mejor manera de disuadir a personajes sospechosos. Aunque Luna tomó nota.
–Harry –susurró ella, inclinándose contra él–, ¿estás intentando escapar de la conspiración de Rotfang?
–No, de Bagman. Intentaba ayudarme a hacer trampa con la pista para la siguiente prueba. No sé porque, pero no creo que sea bueno. Pero creo poder lograrlo sin su ayuda. Descifré un poco más de la pista la semana pasada.
–¿En serio? ¿Qué era?
–Era una carta astral señalando al mito de Perseo. Fue bastante sencillo de hecho. El problema es, una vez que llegué a esa parte, el disco suelta este horrible grito. No pude comprenderlo para nada.
–Mmm, quizás es la llamada de apareamiento de un heliópata –sugirió ella.
–Erm… ¿hay alguna razón en particular por lo que lo sería, Luna? –preguntó Harry.
–No realmente. Pero podría serlo.
Harry se carcajeó, y giró su rostro para que lo viera y la besó. Este beso duró más que los anteriores… lo suficiente para que Luna lo rodeara con sus brazos. Era la primera vez que se sentía realmente natural para Harry el besar a una chica, de la nada, y ambos sonrieron ampliamente después. Esto iba mejor de lo que Harry había esperado.
Las aves no evitaban la casa de los gritos, por suerte, por lo menos no en días cuando los encantamientos estaban "inactivos". El par se acercó y miró alrededor de los árboles por aves, con Harry dejando que su instinto predatorio saliera a jugar. Con sus sentidos felinos, rápidamente encontró unas cuantas aves en el área, muchas que lucían sabrosas… eh, interesantes. Lucían interesantes. Señaló a un trío a Luna.
–¿Son gorriones, Harry? –dijo ella en voz baja–. No lo parecen.
Harry entrecerró los ojos para asegurarse de lo que estaba viendo–. No, no lo son –dijo él–. Son escribanos nivales. Su plumaje invernal luce similar al de los gorriones a distancia. Sabes, ellos emigraron aquí para hacer su hogar invernal. Estos tres probablemente pasan sus veranos en Islandia.
Luna le sonrió–: Está lleno de sorpresas, Sr. Potter.
–Busco impresionar, señorita Lovegood –respondió él, y, en una rareza, era cierto.
Estuvieron ahí por un tiempo, Harry señalando las diferentes especies, y los dos escucharon a las aves cantar. Luna intentó imitar a algunas y de hecho logró que algunas respondieran. Harry se entretuvo al ver que había varios esmerejones en el área y se preguntó si solían juntarse en zonas mágicas. Mientras miraban, un esmerejón voló desde su nido a una altura baja y cerca del suelo, persiguiendo a un escribano invernal. Justo cuando comenzaba a escaparse, un segundo esmerejón voló en caída hasta ellos y lo tomó en el aire con sus garras.
Harry pensó que fue un buen acto de cacería, pero miró a Luna nervioso. Muchas chicas sentirían lástima por el escribano, estaba seguro, pero Luna, parecía, estaba lo suficiente familiarizada con los animales para tomarlo con calma. De hecho, sonrió–. Eso es lindo de su parte, ¿no lo crees, Harry? –dijo ella.
Harry reaccionó lentamente–. ¿Qu...qué?
–Se ayudan a cazar.
–Oh, cierto. Sí, probablemente son un par en apareamiento… eh, excepto que no estamos cerca de la temporada de apareamiento –dijo, frunciendo el ceño.
–Bueno, las zonas mágicas a veces causan que los animales actúen diferente –dijo ella.
Continuaron mirando a los dos esmerejones comer su almuerzo cuando escucharon un fuerte ruido, una exclamación de sorpresa, y un golpe, y las aves pronto se alejaron.
Harry suspiró y caminó a la fuente del ruido–. Y ahora los asustaste, Tonks –dijo él. Le ofreció una mano para ayudar a levantarla.
El cabello de su prima se puso de un rojo sonrojado mientras se ponía de pie y se sacudía–. Lo siento –dijo–. La jefa dijo que mantuviera mi mirada en ustedes para asegurarse que nadie intentara algo. Y… –lanzó una sonrisa perversa–. ¿Están disfrutando su cita?
–Oh, sí. Bastante –dijo Luna–. Harry es todo un caballero.
Harry sabía que Tonks soltaría un comentario listo, así que intervino–. Sí, nos la hemos pasado bien. Tonks, ella es Luna. Luna, ella es mi prima, la auror Tonks.
–Encantada de conocerte –le dijo Tonks–. Eres una chica suertuda. Bueno, mantén a este niño fuera de problemas, por favor.
–No te preocupes. Lo haré.
–¿Ah, sí? Buena suerte con eso, Luna –dijo Harry–. Los problemas son un enemigo tenaz.
Luna se rio con una risa musical, y caminaron de regreso a la aldea de buen humor.
–Sabes, podría escuchar a tu pista, Harry, si quieres –dijo ella.
–De acuerdo… –dijo él–. Si te atreves.
