JK Rowling y Harry Potter van juntos como el café con leche. Aunque yo también disfruto de un buen cappuccino con un toque de White Squirrel.
Notas del autor: En verdad hubo un brote de ébola en Zaire en 1995, pero el que estoy describiendo será mucho peor que el del mundo real, más similar al brote en 2014-2015 en África occidental. Tales divergencias con la historia real continuarán creciendo en el futuro en esta historia, especialmente conforme Voldemort gane poder.
Capítulo 104
–De acuerdo, aquí vamos –dijo Harry–. Como arriba, es abajo.
El disco plateado que ahora mostraba una carta astral comenzó a gritar, y Harry hizo lo que pudo para sofocarlo con una almohada. Aún estaba saliendo a un volumen ensordecedor.
Había tomado unos días organizar esta reunión con Luna para examinar la pista, en su mayoría para intentar evitar perturbar la escuela con el ruido. Pero Harry no estaba preocupado. Había disfrutado su cita con Luna en Hogsmeade más que cualquiera de sus citas con Cho, y ver a Luna en el comedor todos los días llevaba una sonrisa a su rostro cuando previamente había estado angustiado por el torneo. Incluso Hermione lo notó, a lo cual le sonrió con sabiduría y dijo que era un cambio refrescante.
Pero al momento, Harry en su mayoría esperaba que Luna pudiera dar luz a esta pista con su conocimiento extraño y esotérico. Pero estaba seguro de que sería difícil. Solo sonaba como uñas contra una pizarra para él. Así que se sorprendió cuando ella habló sin titubeo–, Oh, Harry, ¡es sireno!
–¡¿Qué?! –dijeron él y Hermione sorprendidos.
–¿Reconoces eso? –agregó Hermione.
–Oh claro. Mamá me enseñó sireno bastante bien. Las sirenas son normalmente útiles cuando se buscan dabberblimps y snabbers.
Harry y Hermione solo la miraron.
–¿Podrías comenzarlo de nuevo, por favor? No lo escuché todo.
Harry asintió aturdido y cerró el bastón. Al abrirlo de nuevo, habló la frase clave, y Luna intentó traducirlo.
–Como arriba, es abajo –dijo ella–, sigan a quien… fue… cazar la… algo de nombre temible… erm… algo sobre una doncella… no, no. Lo siento, Harry, es muy rápido. Tendrás que ponerlo en agua para comprenderlo.
–Está bien, Luna… espera, ¿en agua?
–Claro. Sireno suena como inglés bajo el agua.
–Así que estás diciendo que en lugar de sofocarlo con una almohada, ¿debería ahogar esta cosa en una tina? –dijo Harry sin expresión.
Luna se rio musicalmente, lo cual era algo preocupante considerando lo mórbida que había sido la broma.
–De acuerdo… –dijo Hermione nerviosa–. Pero necesitaremos de un cuerpo de agua lo suficiente grande para hacerlo. Incluso bajo el agua, es tan fuerte que podría dañar tus oídos de cerca, y no me apetece saltar al lago en enero.
–Mmm… oye, Mione, ¿no dijo el Sombrero Seleccionador que tenemos una piscina en el castillo?
–Sí, pero Fred y George dijo que está en el baño de los prefectos.
Harry consideró esto por un momento y sonrió.
–Oye, Cedric –dijo Harry–. ¿Cuál es la contraseña para el baño de los prefectos?
–¿...Por qué?
–Porque me debes por no decirme sobre los gritos.
–Oh… sí, lamento eso. La contraseña es "pino fresco".
–Nunca he ido a una fiesta de piscina –dijo Luna entusiasmada.
–No es realmente una fiesta de piscina –le advirtió Hermione. (No se había molestado en protestar el rompimiento de las reglas de Harry esta vez.)– Solo intentamos resolver esta pista.
–Aun así, es muy emocionante. Los prefectos siempre hablan sobre lo maravilloso que... –Atravesaron la puerta, y la vista que tuvieron les quitó el aliento–... es su baño –susurró ella.
Podría haber sido un baño romano de la clase más alta: todo de mármol blanco, con cortinas de lino blancas, y vitrales con un candelabro colgando encima de todo. La "tina", actualmente vacía, era pequeña en comparación con otras piscinas, de "solo" unos treinta pies por veinte, pero era lo suficiente profunda para una tabla de clavados. También tenía unos cien grifos de agua a los lados, lo cual hacía lucir a la tabla distintivamente extraña. No había duda de cuál era el uso previsto, ya que había vestidores para chicos y chicas a cada lado del cuarto.
–Este lugar es sorprendente –dijo Harry–. ¿Cómo es que solo los prefectos tienen acceso a una piscina?
–Ponlo en la lista de cosas de que quejarse con Dumbledore –dijo Hermione. Se puso de rodillas a un lado de la piscina y experimentó con uno de los grifos. ¡Blup! Agua salió a brotes, pero más notablemente, también burbujas rosas y azules del tamaño de balones de fútbol–. ¡Vaya! –dijo ella, levantándose–.Es un extraño baño de burbujas.
–Oh, nunca había tomado un baño de burbujas mágico tampoco –dijo Luna. Comenzó a probar los grifos en sucesión rápida y pronto estuvo riéndose como una niña de la mitad de su edad. Su risa parecía incluso más contagiosa de lo normal. Muchos de los grifos produjeron diferentes tipos de burbujas, pero aquí y allá, tuvieron otros efectos. Uno produjo nubes moradas perfumadas, y otro emitió un chorro de agua que rebotó por la superficie. Dos grifos grandes a cada lado de la tabla de clavados eran los normales, aparentemente diseñados para llenar la piscina rápidamente. Pronto, estuvo llena de agua y burbujas.
–Será mejor ponernos nuestros trajes entonces –dijo Hermione. Harry y Luna estuvieron de acuerdo y rápidamente fueron a los vestidores.
Harry, predeciblemente, estaba interesado en ver a Luna en un traje de baño. Claro, estaba vestida con un traje normal de una pieza en azul Ravenclaw; los magos no eran puritanos en todos los sentidos, pero su ropa sí era del lado conservador. Aún pensó que se veía muy bien en él. Si la manera en la que ella lo estaba mirando era indicación alguna, ella también apreciaba su físico. Años de karate y quidditch le habían hecho mucho bien.
El lado opuesto a la tabla de clavados estaba abierto, con escaleras para entrar, y los tres descendieron al agua caliente. Hermione quería lanzarse directo a la pista, pero Harry y Luna ganaron el voto salpicándola bastante, logrando con éxito relajarla por un tiempo. Resultó que ninguna de las burbujas era irritante para los ojos, así que no hubo problemas ahí, y Harry sospechaba que algunas de ellas estaban encantadas para tallarlos en lugar de jabón, ya que podía sentir una mezcla de magia en ellas. Fue solo cuando llegaron a su límite de nado, salpiqueo, y hundirse los unos a los otros que Harry abrió el bastón plateado para escuchar la pista.
–¿Así que solo necesito ponerlo bajo el agua? –dijo él.
–Así es –respondió Luna–. Si lo escuchas bajo el agua, debería ser perfectamente comprensible.
–De acuerdo, entonces –dijo Harry. Tomó un gran respiro y habló la frase clase: Como arriba, es abajo. –En cuanto el disco comenzó a gritar, lo soltó en el agua, y se hundió hasta el fondo. Desde arriba, sonaba apagado, pero cuando metió su cabeza bajo el agua, se sorprendió de escuchar un hermoso canto. Hermione y Luna pronto se le unieron. La canción era larga, y tuvieron que escucharla varias veces para escucharla todo. Una vez lo hicieron, Hermione lo escribió con una pluma y pergamino que había encantado a prueba de agua:
Lo que es arriba aún es abajo,
Así que sigan a quien lejos fue,
A cazar la bestia de nombre temible
Y salvar la doncella en cadenas.
Ven a buscarnos donde escuchas nuestras voces
(No podemos cantar sobre la tierra),
Y sigue el camino que él tomó
Para encontrar donde debes buscar.
Elige, ahora, tu doncella, príncipe, o caballero,
Una princesa, moza, o valiente aliado.
Primero cautivo, pero al escapar,
Envía a uno que esté listo al luchar.
Y elige el camino que prefieras:
El difícil, pero con tu varita corto,
O consérvala a lo largo
Hasta encontrar tu camino en lo alto.
–Vaya, eso es sorprendentemente informativo –dijo Harry. Desafortunadamente, estaba acostumbrado a juegos y acertijos de alto riesgo, pero en lo que respectaba a acertijos, este no era tan malo.
–Eso supongo –dijo Hermione en acuerdo–. Parece que la prueba definitivamente es un paralelo al mito de Perseo. Y "Ven a buscarnos donde escuchas nuestras voces" debe de significar las sirenas, así que suena a que comenzará en el lago.
–Y tengo que salvar a una doncella de un monstruo marino –razonó Harry.
–No tiene que ser una doncella –corrigió ella–. La canción dijo un príncipe, caballero, princesa, o moza. Eso quiere decir que podría ser cualquiera, pero suena a que tendrán que ayudarte a luchar de regreso.
–Y tengo que elegir a alguien. Eso es diferente. ¿Lo harás tú, entonces?
–¿Yo? –dijo Hermione con los ojos abiertos.
–Pues, tú eres la única que puede competir conmigo en nuestro año. Probablemente eres tú o uno de los gemelos Weasley si quiero la mejor combinación de inteligencia, y habilidad, alguien en quien confíe… sin ofender, Luna.
–Está bien, Harry –dijo ella–. Creo que necesitarás más que hechizos de tercer año.
–Mmm… –pensó Hermione–. Supongo que no puedo discutir con tu lógica… Lo haré si mamá y papá no lo prohíben. Pero creo que deberías incluir a Neville en tu lista corta. Puede defenderse bien; enfrentó el basilisco contigo, ¿recuerdas?
–Oh, cierto. Debí pensarlo. Pero bueno, ¿cómo pensamos que esto suceda?
–Pues, si seguimos el mito, primero necesitas obtener algunas armas para enfrentar a Medusa. Aunque asumo que no te enfrentarás a algo tan peligroso como una gorgona real.
–Cierto. ¿Cuáles fueron las armas?
–Una… espada, un escudo, y un casco de invisibilidad, creo –dijo Hermione.
–También hubo sandalias aladas –habló Luna.
–¿En verdad? –dijo Harry.
–Sí, para que pudiera volar a la cueva de los gorgonas.
–¿En serio? Pensé que Perseo tuvo que domar a Pegaso para encontrar a Medusa.
Luna le lanzó una mirada confusa–: No, Harry, Pegaso nació de la sangre de Medusa cuando la mató.
–¿Qué? Pero pensé...
–Espera un minuto, Harry –dijo Hermione–. ¿Estamos siguiendo el mito verdadero de Perseo, o la película de Harry Hausen?
Harry abrió su boca para hablar, pero entonces, se golpeó en la frente–. De acuerdo, Luna, tú eres la experta en mitología. ¿Cómo va la historia real?
Ella les contó. La misión original de Perseo era obtener la cabeza de Medusa. Atenea lo envió a las Grayas, quienes le dieron la ruta al jardín de las Hespérides, donde las ninfas de Hera le dieron sus armas. Entonces viajó a la guarida de Medusa y la descabezó haciéndola que mirara a su reflejo en su escudo. Pegaso brotó de su cuello, junto con un guerrero con una espada dorada que no tenía lugar en la historia, y entonces voló de regreso a casa en el caballo alado. Pero en el camino, se encontró con Andrómeda de pura casualidad. Estaba siendo ofrecida a Cetus como sacrificio, así que Perseo convirtió al monstruo en piedra con la cabeza de Medusa, y (este siendo un mito griego) se casó con la princesa de inmediato.
–De acuerdo, la pelea de regreso no queda, entonces, pero supongo que necesitaremos hacer algo para el trabajo en equipo –concluyó–. Así que tendré que ir río arriba, probablemente encontrar alguna cueva oculta o algo...
–Espera, ¿por qué dices eso? –dijo Hermione.
–¿Qué quieres decir?
–No sabes si tu compañero estará río arriba –dijo ella–. La canción solo dice "en lo alto". Podrían estar en las montañas o algo.
Él negó con la cabeza–: Andrómeda estaba encadenada a una roca junto al mar. El lugar más obvio para eso es en la rambla. Quizás sea en algún otro lugar en el castillo o en el río, pero por alguna razón, no creo que iremos muy lejos del agua.
–Mmm, buen punto, supongo. La última estrofa también es interesante. Suena a que al comienzo, tendrás que elegir entre sobrepasar un obstáculo difícil sin tu varita, o tomar un camino más largo con ella. Eso parece extraño. No hubiera esperado algo como eso.
–Pues, funciona para mí. Puedo hacer magia sin varita. Aunque me pregunto cuál es el obstáculo.
Lo pensaron por un minuto, y entonces Luna tuvo una idea–. Cuando Perseo nació –dijo–, su padre lo dejó a la deriva en el mar en una caja de madera.
Harry y Hermione se miraron, y después miraron a Luna–. ¿Crees que el primer paso será algún tipo de acto de escape? –dijo Harry–. Parece posible. Y la prueba se supone que es sobre resolver problemas.
–Y no pueden obligarte a dejar tu varita, así que tienen que proveer una ruta alterna –dijo Hermione–. No que tú la necesitarías. Bien pensado, Luna.
Cuando se secaron y cambiaron de nuevo a sus túnicas, Harry caminó a Luna de regreso a su dormitorio de la mano–. Pues, eso no fue tan difícil –dijo él–. Me alegra tener una amiga como tú que casualmente sabe sireno y mitología griega.
Ella le sonrió–. Podría enseñarte sireno si quieres. –De repente, cambió a parsel–. Aún me alegra que me hayas enseñado el habla de las serpientes.
Harry se rio y le sonrió–. Me gustaría si alguna vez encontramos el tiempo –dijo. Pero cuando Harry alejó la mirada, una expresión triste y pensativa atravesó su rostro. No habló hasta que llegaron cerca de la torre de Ravenclaw, donde se detuvo y se giró a mirarla de nuevo–. Luna, ¿podrías guardar un secreto por mí? –dijo con voz suave.
Hermione se tensó de inmediato y lo llevó a un lado–. Harry, ¿qué estás haciendo? –susurró.
–Mione, sólo quería decirle a Luna sobre lo del parsel. Confío en ella, y creo que se merece saberlo.
Le tomó un minuto comprender lo que Harry quería decir, pero cuando lo hizo, habló–, Harry, ¡no debes! Recuerda lo que pasó la última vez que contaste a alguien un secreto...
–¡No fue mi culpa! –exclamó él–. Dumbledore incluso dijo que estaba siendo lo suficiente responsable. Fue solo mala suerte que alguien que podría usar mal la información lo escuchara. Además, me iba a asegurar de que estuviéramos solos de todos modos. –Señaló a los retratos en los pasillos. Sabía muy bien que en Hogwarts, las paredes literalmente tenían oídos.
–Ese no es el punto. Prometiste que pedirías permiso a mamá y papá antes de contar algún otro secreto importante.
–No es la gran cosa...
–¡Claro que lo es! Por lo menos está conectado con algunas cosas que no queremos que se sepan, y lo sabes.
–Pero yo… –Miró a Luna, quien lucía simpatética, y entonces de nuevo a la expresión molesta de su hermana. Finalmente, suspiró y bajó la cabeza–. Lo siento, Luna –dijo él–. En verdad quiero decirte, pero tengo asuntos familiares que atender primero.
–Está bien, Harry. No quiero causarte problemas –dijo ella, dándole uno de sus parpadeos lentos.
–No lo harás, estoy seguro –dijo él, automáticamente parpadeando de regreso, pero deseando tener más certeza–. Sólo necesito asegurarme que todos estemos en la misma página.
Harry lo intentó, pero no tuvo la oportunidad de contar su secreto a Luna esa semana. Mientras más lo pensaba, más complicado parecía ser. No quería desafiar a sus padres, pero se sentía más indeciso de hablar con ellos mientras consideraba las complicaciones. Claro, no quería lastimar a Luna tampoco. Era tan frustrante no poder decírselo y ya, incluso cuando se sentía nervioso al preguntarse qué pensaría de él.
Aunque aún pasó tiempo con Luna, estudiando con ella en la biblioteca, algunas veces sentándose a su lado o invitándola a que se sentara con él para el postre, aguantando los susurros y maleficios ocasionales porque estaban juntos. Harry admiraba su tenacidad. Sabía que los susurros y comentarios poco amables la lastimaban, pero estaba determinada a no dejar que lo que los demás pensaran controlaran su vida. Amaba su risa también: usualmente una pequeña risita o una sonrisa conocedora, pero cuando sus emociones explotaban, se convertía en una carcajada escandalosa que iluminaba todo el cuarto. Era muy ingeniosa, y sospechaba que estaba algo (quizás solo un poco) más al tanto de la realidad de sus criaturas de lo que todos pensaban. Todo eso era lo que hacía tan difícil para él ocultarle las cosas.
Eventualmente, se le ocurrió un plan. El cumpleaños de Luna era el trece, seguido del día de San Valentín el catorce, y el tradicional fin de semana de San Valentín en Hogsmeade el dieciocho, una semana antes de la segunda prueba. El momento era ideal. Ya había decidido lo que haría; le daría pequeños regalos en los primeros dos días y guardar el regalo grande para el sábado. Sólo necesitaba convencer a su familia de que lo aceptaran. Aunque pensaba poder convencer a Dumbledore. Eso sería para su ventaja si podía lograrlo.
Harry y Hermione diligentemente regresaron a la oficina del profesor Dumbledore con Remus ese fin de semana para otra ronda de recuerdos en el pensadero, pero la investigación sobre el torneo no iba bien. Habían agotado todos los recuerdos disponibles sobre el cáliz de fuego desde el momento en que fue encendido hasta que escupió el nombre de Harry, y no habían visto nada inequívocamente fuera de lo ordinario. Este semestre, habían comenzado a observar los recuerdos representantes de aquellos sospechosos de ser mortífagos que habían escapado Azkaban para ver si alguno podía notar algún patrón o manierismo que pudiera traicionar al impostor. Los tres tenían intuición animal para eso, aunque no era infalible, como Pettigrew probaba.
Sin embargo, había una nueva complicación en esto. Después de su cita, Harry había mencionado el sospechoso comportamiento de Ludo Bagman a Sirius (quien había querido un reporte completo, por supuesto), y había dicho que Dumbledore debería saberlo.
Los tres entraron a la oficina de Dumbledore para ver al mago anciano de pie sobre su escritorio, manos a su espalda, con una expresión solemne en el rostro. Inusualmente, había recortes de periódico en varios idiomas sobre su escritorio. Los que podían leer tenían encabezados serios como, Fiebre hemorrágica ataca Zaire: Docenas de muggles y magos muertos, y El legado mortal del nundu de Ngeze.
–Ah, buenas tardes, Harry, Hermione, Remus –dijo Dumbledore, mostrando una sonrisa en su rostro que lentamente comenzaba a lucir falsa.
–Buenas tardes –respondieron ellos. Hermione en particular miró su escritorio preocupada.
–¿Más problemas en África oriental, profesor? –dijo preocupada.
–Eso me temo, Hermione. He temido este resultado por un tiempo. Los nundus fueron desastrosos en siglos pasados cuando aterrorizaron pequeños tramos de un bosque. Con el mundo muggle más conectado en la actualidad, las plagas que propagan podrían ser catastróficas.
–¿Hay algo que pueda hacer? –preguntó Hermione.
–¿Hay algo que necesites hacer? –dijo Remus más pragmático. La última vez que Dumbledore había pasado un periodo extenso en el extranjero, no había terminado bien.
–No –dijo–, para bien o para mal, es poco lo que puedo o debo hacer en esta crisis. Confío en los sanadores locales que han lidiado con brotes similares antes. Por favor, siéntense. –Con un movimiento de su varita, los artículos se organizaron en uno de los cajones del escritorio–. Ahora, Harry –continuó–, realicé unas consultas discretas sobre Ludo Bagman después de tu reporte de su comportamiento sospechoso. El auror que lo interrogó no descubrió causa probable, pero cuando investigué más profundo, descubrí que ha acumulado una alarmante deuda de apuestas, y es probable que esté intentando influenciar el resultado del torneo para ganar una de estas apuestas.
–Eso tiene sentido –dijo Remus en acuerdo–. Bagman es un notorio apostador. Es exactamente el tipo de cosa que haría.
–¿Cree que hubiera puesto mi nombre en el cáliz por una apuesta? –preguntó Harry. Si eso era todo lo que era, su cabeza daría vueltas.
–Es una posibilidad distintiva –dijo Dumbledore en acuerdo–. Quizás incluso nuestro sospechoso más probable hasta el momento, no que eso dice mucho. Bagman podría haberse creído la leyenda del Niño Que Vivió, o, incluso si tu victoria no era un resultado improbable, un apostador compulsivo no se preocuparía por tales detalles. Casi quedaría. Sin embargo, hay una pieza de evidencia que aún sugiere que Voldemort está involucrado.
–¿Qué? –dijo Harry.
–El hecho de que tu matriculación fue alterada en Uluru y Australia. Eso requeriría planeamiento extensivo y probablemente muchas personas. Y Bagman no parece lo suficiente astuto o desesperado para ser la mente maestra detrás de un plan tan complejo. Creo que a lo mucho fue una víctima ingenua de Voldemort para este plan, y aún hubiera necesitado a un contacto mortífago para lograrlo.
–No obstante –continuó–. Creo deberíamos examinar más de cerca a los organizadores del torneo. Igor Karkaroff, como saben, es un mortífago desertor. Ludo Bagman fue también acusado de trabajar con ellos en una ocasión. No creo que David Monroe tenga tendencias oscuras, pero también creí que Madame Maxime estaba por encima de los chantajes, y considerando su reacción al artículo de Rita Skeeter, me fui obligado a reconsiderarlo… aunque después de una conversación honesta, aún creo que nadie tenía algo sobre ella y no estuvo involucrada.
–¿Y qué estamos mirando hoy, Albus? –dijo Remus, intentando llegar al punto.
–Los juicios de Igor Karkaroff y Ludo Bagman, ambos poco después del final de la guerra. Debemos examinar de cerca por cualquier irregularidad en ellos dos en particular. Comencemos.
El primer juicio de Karkaroff fue directo. Fue capturado en el acto por Moody y sentenciado a Azkaban. Fue traído de Azkaban para el segundo juicio, ya que había decidido venderse a cambio de clemencia. Lucía más aterrorizado la segunda vez. Estaba temblando de manera obvia y estaba vestido en trapos de prisión. Remus sacudió la cabeza un poco, recordando como Sirius había estado atrapado ahí por tantos años.
Barty Crouch Senior presidió los juicios, el hombre que había sido deshonrado después de que Sirius fuera liberado, y entonces asesinado por ladrones en su hogar. En los juicios, fue un juez duro y fiero, aunque no por encima de hacer un trato. Karkaroff estaba obviamente desesperado por salir y se volvió más frenético cuando aprendió que todos los nombres que había dado ya habían sido capturados o estaban muertos. Solo Augustus Rookwood del Departamento de Misterios fue noticia para Crouch, aunque eso fue suficiente para liberarlo.
Bagman, entonces en la cima de su carrera, fue acusado de pasar información a Rookwood, pero declaró que no tenía idea de que era un mortífago, y sus fans lo apoyaron lo suficiente fuerte que el Wizengamot lo liberó fácilmente. Considerando lo bien que Rookwood se había ocultado, Dumbledore sospechaba que Bagman en verdad había sido "algo idiota" y no lo había sabido, pero no tenían la certeza.
–Así que Bagman definitivamente es sospechoso –concluyó Dumbledore–. No he podido descartar de manera concluyente una conexión con los mortífagos, y aún está el asunto de Bertha Jorkins, quien trabaja en su departamento y nadie ha visto desde el verano pasado. Creo que probable ella sí terminó involucrada con mortífagos dadas las circunstancias. Hablaré con Amelia Bones para ver si podemos indagar más en la vida de Bagman, pero mi instinto me dice que estamos ladrando al árbol incorrecto.
Harry, Hermione, y Remus estuvieron de acuerdo. Sus instintos no eran seguros, pero Bagman no les daba la vibra de "mortífago" como Lucius Malfoy.
–Pero te pido que tengas cuidado a su alrededor –agregó Dumbledore–. Incluso si no es un mortífago, deudas de apuestas con los duendes son algo mejor evitado.
Todos asintieron a eso también. Harry no necesitaba que se lo dijeran dos veces.
–Ahora, ¿tienen alguna otra preocupación antes de que concluyamos? –preguntó Dumbledore.
–De hecho, profesor –habló Harry–. Tenemos un desacuerdo para el que nos gustaría escuchar su consejo...
Cuatro semanas, dos partidos seguidos de Ravenclaw, y uno de los seminarios de magia sin varita de Grayson después de su cita previa, Harry y Luna se encontraban de nuevo juntos en Hogsmeade. El plan de Harry iba bien hasta el momento. El lunes, le había dado una pluma de emú para su cumpleaños y había pedido a los elfos que le hornearan un pequeño pastel. El martes, le había dado una tarjeta y una caja de chocolates muggles y la había invitado oficialmente a Hogsmeade. Hoy, daban un paseo por la calle principal. Su primera parada había sido la florería, donde Harry compró a Luna tres rosas. Normalmente, era peligroso dejar las rosas de San Valentín al último minuto, pero Harry no tuvo ese problema porque las que había comprado no eran del tradicional rojo, rosa o blanco. Los tres colores que había elegido fueron azul real (imposible e inalcanzable, y un cultivo mágico), multicolor (variedad y alegría), y lavanda (encanto). Luna colocó las tres flores en su cabello y sonrió ampliamente cuando se las dio.
De nuevo, tres aurores los estuvieron siguiendo de manera notable toda la mañana. Y eso comenzó a dar a Harry una idea.
–Luna, creo que estoy cambiando de opinión sobre Madame Pudipié –dijo.
Luna inclinó su cabeza con curiosidad y habló en el tono quizás más serio y normal que había escuchado de ella… nada de su usual cualidad soñadora y etérea–. ¿Por qué? –preguntó–. Dijiste que era el lugar más empalagoso que hubieras visto, y he escuchado que es peor el día de San Valentín.
Harry no pudo evitar mirarla sorprendido. El cambio repentino fue como pulsar un interruptor… y ni siquiera sabía que Luna tuviera uno.
–Harry, ¿estás bien?
–¿Qué? Oh, sí. Quiero decir, sí, el lugar es terrible el día de San Valentín, pero pensé que sería un buen lugar para mirar a la gente… en su mayoría, quiero ver lo que Tonks haría. –Miró a donde había notado a Tonks y le guiñó el ojo. Para su crédito, su disfraz era impecable si no se le conocía. Aunque si alguien conocía sus manierismos y su torpeza natural, era fácil de notar. Después de todo, había sacado calificación perfecta en Decepción y Ocultamiento, pero casi había reprobado Sigilo y Rastreo.
Mientras tanto, Luna había retomado su normal tono soñador como si nada fuera de lo ordinario hubiera ocurrido–. Mm, supongo que eso sería interesante –dijo–. ¿Vamos, entonces?
Fueron a Madame Pudipié al instante, y Tonks, luciendo algo preocupada por bromas posibles, los siguió.
Al igual que el año pasado, Madame Pudipié estaba abarrotado de rosa, lazo, y confeti con forma de corazón que se metía en todo. Harry no podía comprender como el día de San Valentín eran tan popular aquí cuando no se podía beber el té sin que hubiera pedacitos de papel en él. Pero claro, la mayoría de los clientes en San Valentín no ponían mucho esfuerzo en beber su té. Harry y Luna se sentaron y ordenaron sus bebidas sin problema, pero en ese momento, el plan de Harry fracasó cuando Tonks entró. Se había transformado para lucir más joven, con largo cabello dorado. Había reproducido sus ojos violetas, y colocó una risita afectada que le recordó a Lavender Brown, y al instante, se colocó enfrente de Harry y habló en voz alta–, ¡Oh, Harry, querido! ¡Ya nos conseguiste una mesa!
Por supuesto, todos los miraron. Por suerte, Luna sabía lo que estaba pasando y no lució ofendida, pero aun así, Harry sintió que no tenía más opción que responder del mismo modo–. Es bueno verte también, prima –dijo–. Luna, ella es mi prima. Su nombre es Nympha… ¿cómo iba el resto…? ¡auch!
Tonks hizo una mueca y golpeó a Harry en la cabeza con fuerza, y entonces se deslizó en la mesa junto a él y Luna–. El nombre es Tonks. O lo verás –dijo–. Entra, Shack. –Su compañero apareció: alto, de tez oscura, y luciendo muy incómodo y fuera de lugar en el pequeño salón de té. No era muy seguido que se veían aurores en un lugar como ese, encubiertos o no–. Eso fue bajo, Harry –gruñó ella–. No tienes idea de los terribles apodos que me pusieron en la escuela. ¿Por qué crees que voy por Tonks? No es porque Nymphadora es florido y excesivo.
–Oh… –dijo Harry–. Lo siento, no me di cuenta.
–Curioso. Mamá y papá tampoco se dieron cuenta hasta que cumplí trece. Y bueno, tú empezaste, viniendo aquí.
–Es fin de semana de San Valentín –protestó Harry.-
–¿Así que estás diciendo que no fue una broma para los aurores que están aquí para protegerte?
–Ya, ya, admito que no fue la mejor idea. Pero te advierto, si esto termina en la siguiente columna de Rita Skeeter, te echaré encima a Sirius y Remus.
Tonks lo pensó por un minuto y dijo–, Me parece justo.
Se sentaron en incómodo silencio por unos minutos. Harry sostuvo la mano de Luna sobre la pequeña mesa. Tonks sabiamente no intentó nada con el auror Shacklebolt, y los dos recibieron una gran cantidad de miradas, aunque Harry ciertamente no estaba molesto que la atención no estuviera en él.
–Me gusta tu atuendo, Luna –dijo Tonks eventualmente. Luna estaba usando su abrigo de invierno color arcoíris de nuevo.
–Gracias –dijo ella, mostrando una sonrisa a Harry–. Creo que a Harry también le gusta.
–El invierno necesita un poco más de color –respondió Harry.
–Pues, me alegra que los dos se la estén pasando bien.
–Sí. Yo también. ¿Y tu novio sabe que estás aquí con otro hombre? –dijo Harry cuando comenzó a sentirse atrevido de nuevo. El auror Shacklebolt rodó sus ojos.
Tonks arqueó una ceja en su dirección–: Quieres decir Remus… Eh, no sé si eso está funcionando.
–¿En serio? –dijo Harry sorprendido–. Por lo que él dijo, estuviste encima de él todo el año pasado.
Tonks se rio–. Pues, Remus no es una fuente muy imparcial –dijo ella–. La verdad es que no estoy completamente vendida en un maestro. Estoy buscando más aventura.
–Erm… ¿hombre lobo? –dijo Harry.
–Se está volviendo muy popular.
Harry y Luna se rieron con fuerza, molestando a los otros clientes, no que a Harry le importó–. Sólo tú, Tonks –dijo él–. Aunque espero que esté bien.
–Creo que estará bien. Como yo lo veo, hice mi parte abriéndolo a la idea de un romance, pero ya es hora de conseguirle a alguien más a su velocidad.
Personalmente, Harry pensaba que Remus necesitaba alguien con la personalidad burbujeante de Tonks para balancearlo, pero entonces, estaba mejor ahora que tenía empleo productivo y estudiantes como Colin y Demelza admirándolo. Bueno, tenía que mantener una mirada en las cosas.
–Lamento eso, Luna –dijo cuando dejaron el salón de té–. Se me escapó de las manos.
–Oh, no estuvo tan mal, Harry –dijo ella–. Fue algo divertido. Y disfruté pasar el día contigo.
–Sí, yo también lo disfruté. ¿Te importaría conseguir un cuarto privado en las Tres Escobas? Tengo unas cosas que decirte, eh, en privado.
Luna parecía confundida, pero confiaba en Harry lo suficiente que rápidamente aceptó. Caminaron a las Tres Escobas para conseguir un cuarto privado. Sirius tuvo la presencia de darse cuenta de que Madame Rosmerta no rentaría uno a unos menores, así que Harry produjo una carta firmada por Sirius dándole permiso. Ella los miró con sospecha, pero aceptó la carta. Una vez en el cuarto, Harry colocó un Muffliato y un encantamiento alarma en la puerta, y lanzó un Hominem Revelio para asegurarse de que realmente estuvieran solos. Se sentía como una exageración, ya que no era probable que alguien estuviera ahí, pero sus padres habían insistido que se asegurara que no fuera escuchado.
–Probablemente no necesitamos la intriga y misterio –dijo a Luna, esperando que no estuviera preocupándose de sus intenciones–. Es sólo que después del año pasado, necesito estar verdaderamente seguro.
–Comprendo. ¿De qué querías hablar? –dijo ella.
Harry cayó sobre uno de los sofá. Era un cambio refrescante, finalmente capaz de hablar con alguien francamente. Casi ni se había dado cuenta de cuanta tensión estaba cargando–. Hay un par de cosas. Lo primero es… sólo pensé que deberías saberlo. Es sobre mi habilidad para hablar parsel. Quiero decir, has sido de gran ayuda con eso… Pero, durante las vacaciones navideñas, nos reunimos con el profesor Dumbledore, y dijo que mi habilidad no es solo por lo que me pasó cuando era un bebé… Es porque aún tengo un tipo de conexión mágica con Voldemort.
Esa era la parte que esperaba que comprendiera. Si la idea le asustaba, tendría que dar un paso atrás. Sin embargo, Luna no pareció más que curiosa. Era una Ravenclaw, después de todo–. Eso es interesante –dijo–. Bueno, no interesante para ti. Imagino que es perturbador. Pero creo que eso tendría más sentido. De este modo, la habilidad estaría derivada directamente de la conexión con la magia de Quien-Tú-Sabes más que una transferencia de conocimiento o sangre o algo similar por la que no habría ninguna razón real. Aunque no tengo idea de cómo una conexión como esa podría formarse.
–Erm… pues… Dumbledore dijo que tenía algo que ver con la maldición asesina quemando parte de la protección de mi madre hasta llegar a mi cabeza… No lo comprendo realmente. De hecho, dudo que alguien excepto Dumbledore y Grayson lo hagan. El punto es, no es bueno porque de vez en cuando, recibo una visión o algo de Voldemort, y podría atacar mi mente a través de eso. Así que Dumbledore y Grayson están intentando encontrar una manera de cortar la conexión de manera segura.
–Ah. Ya veo. Si hacen eso, entonces probablemente pierdas tu habilidad para hablar parsel.
Después de dos años y medio, Luna aún sorprendía a Harry con lo rápido que podía comprender las cosas–. Sí, así es –dijo.
–Es lo mejor, claro –respondió ella con calma–. Después de todo, sería muy malo si Quien-Tú-Sabes descubriera como leer tu mente.
–Lo sé. Y si descubren como hacerlo, no dudaré. Es sólo que… suena como una locura cuando lo digo en voz alta, pero no quiero perder el parsel. Probablemente viene de vivir con Hermione por tanto tiempo. Y ni quiero olvidar lo que sé.
–Eso es comprensible. –Ella se inclinó sobre la mesa y colocó su mano sobre la de él de manera reconfortante.
–Pero sabes, aprendí parsel de ti bien. Podríamos practicarlo para que aún recuerdes todas las palabras después.
–¡Exacto! Hermione dijo lo mismo. Pero conoces el lenguaje mejor que ella. Sería mejor contigo, y quería que supieras porque quiero hacerlo.
Ella apretó su mano un poco–. Eso es muy bueno, Hahlee. Veo con claridad lo que quieres hacer –dijo ella en parsel–. Yo te ayudaré.
–Gracias, Lunah –respondió él–. Sería agradable si pudiéramos hacer una lista comprensiva de las palabras. El problema es que el diccionario es enorme, y la mayoría de las palabras no se traducen.
–Lenguaje de serpientes es sencillo. No tiene muchas palabras –ofreció ella–. La parte difícil será descubrir cuales palabras tiene y no. Podríamos usar los diccionarios sireno y duendigonza como referencia. Esos solo tienen las palabras que los traductores consideraron importantes.
–Sí, eso podría funcionar. Hay versiones simplificadas de inglés que podríamos usar también. –Harry recordó escuchar en algún lado que Orwell había basado su idea de neolengua en el intento de alguien de inventar una versión simplificada del inglés para la adquisición de una segunda lengua con solo 850 palabras. Probablemente podría encontrarlo.
–Sería agradable si tuviéramos una manera más clara para escribir las palabras –dijo Luna–. Sólo escribimos las palabras como sonaban.
–Sí. He hablado con Hermione un poco. Piensa que deberíamos escribirlo en AFI.
–¿Qué es AFI?
–Alfabeto Fonético Internacional. Es una manera explícita de escribir todos los sonidos que pueden ser hechos con la voz humana.
–Oh. Fascinante. Tendré que preguntarle sobre eso.
–Cierto, pero bueno, eso no era lo único que quería decirte, Luna.
–¿No?
–No, había… algo más importante. Verás, este es uno de mis secretos grandes. Hay unas cuantas otras personas que lo saben, pero sólo se lo he dicho voluntariamente a Sirius y Remus.
–Oh vaya. No tienes que...
–Lo sé, pero quiero. Y no fue fácil convencer a mis padres de que me dejen, así que...
–Pues, me alegra que confíes tanto en mí, Harry. ¿Qué es?
Harry tomó un gran respiro–. Déjame enseñarte –dijo él–. ¿Recuerdas que escapé de mis tíos cuando tenía cinco? –Ella asintió–. Pues… así es como lo hice. –Se puso de pie con sus manos y cambió a forma de gato sobre la mesa.
–¡Absolutamente no! –dijeron sus padres cuando les preguntó sobre esa idea–. Suficientes personas saben ya sobre tu habilidad. No necesitamos más. Si vas a contarle a todas las chicas con las que salgas, para que nos molestamos.
–No les estoy diciendo a todas las chicas con las que salgo –protestó él–. Nunca le conté a Cho.
–Sí, y saliste con Cho por ocho meses y nunca lo mencionaste –señaló Hermione–. Sólo has estado saliendo con Luna dos meses.
–Lo sé, pero… pero ya me gusta Luna más de lo que me llegó a gustar Cho. Es entretenido estar con ella, es amable, comprensiva; confío en ella. Además, Luna ha sido una buena amiga en quien confiar desde antes de que comenzáramos a salir. Cho no. –Sirius comenzó a reírse de la descripción de Harry.
–Oh, vaya, te pegó mal, cachorro. –Harry suspiró.
–No estás ayudando, Sirius. El punto es, no lo consideraría si no conociera a Luna tan bien como la conozco, además de estar saliendo.
–Eso es muy amable de tu parte, hijo –dijo su padre–, pero sea como sea, eso no lo hace una buena idea. Y no lastima a nadie no decirle. No la estás eligiendo para que te ayude en la segunda prueba, y no está involucrada en la lucha contra Voldemort. No tiene razón para saberlo.
–Sé que no tiene razón, pero aún quiero que lo sepa. Y no solo es porque no quiero mantenerlo como secreto… ustedes saben, en el abstracto. ¿Recuerdan la primera prueba? ¿Cómo dijimos que quizás tendría que revelar mi habilidad en una emergencia? Pues, lo mismo aplica a la segunda prueba, ¿no? Y si tengo que revelarlo, no quiero que lo descubra de ese modo. En verdad me gusta Luna, y no quiero ser el chico que guarda el secreto de ella y después eso pasa.
Su familia pensó que era considerado de su parte, pero aún no era muy convincente. Sirius, siempre el galán, estaba de su lado, lo cual no ayudaba mucho a su caso. Lo que finalmente convenció a sus padres fue cuando Remus reportó que Luna parecía ser una chica confiable por lo que había visto en sus clases, y, para su sorpresa, también estaba del lado de Harry. Quizás Tonks en verdad le había hecho bien. (Dumbledore había dicho que no era su lugar intervenir, pero no había rechazado la idea, y eso era suficiente bueno para Harry.)
–¡Ah, Harry, eres adorable! –chilló Luna.
Luna era obviamente una amante de los gatos. Ya había dominado los parpadeos lentos, los cuales usaba en él de manera regular sin siquiera pensarlo, y estaba tan feliz de verlo de ese modo para que no hubiera duda. Él se acercó a ella, y ella comenzó a acariciar su espalda y rascarlo detrás de las orejas. Él ronroneó feliz, haciéndola reír. Era irónico, pensó distante; esto probablemente era lo más íntimo con lo que Luna se sentiría cómoda por un tiempo.
–Eres un gato hermoso, Harry. Tu pelaje está muy bien cuidado, y resalta tus ojos –dijo ella.
Harry saltó de la mesa y cambió de regreso a forma humana–. Gracias, Luna. Me alegro que te gustara. En verdad quería que lo supieras.
–¿Has podido hacer eso desde que tenías cinco años? ¿Cómo pasó eso?
–Magia accidental. Pensamos. Podría ser algún poder extraño del Niño Que Vivió, pero no hay razón para que lo sea.
–Debiste ser un gatito adorable.
Harry se rio–. Pues, Hermione lo pensó. Tenemos unas cuantas fotos escondidas por algún lado. Así es como llegué a Hermione, de hecho. Pude olfatear su magia en forma felina.
Luna se rio de nuevo–. Quizás deberíamos llamarte Potter Peludo.
Harry gruñó–. Por favor no. Hermione cansó ese apodo cuando tenía ocho años.
–Oh, es una lástima. Pero me alegra que me dijeras. Es bueno saber que confías en mí de este modo.
–Claro que sí. Hermione y yo siempre hemos podido confiar en ti. Pero en verdad quería decírtelo por si acaso, porque si hay una emergencia, puede que necesite hacerlo durante la segunda prueba la próxima semana. Quería decírtelo antes de tiempo si eso pasa.
–Gracias, Harry –se sonrojó ella–. En verdad significa mucho que pensaras en mí.
–Bueno, en verdad me gustas, Luna –dijo él, y se preparó a sí mismo y continuó–. Y, si no te molesta, y si puedes ignorar todo lo demás en mi vida y el hecho de que Voldemort aún quiere matarme… ¿aún quieres ser mi novia?
Luna se sorprendió tanto como cuando la había invitado al baile de Navidad. Su pregunta había sido algo despreocupada, y ella se paralizó por tanto tiempo que pensó que no lo había escuchado, pero una amplia y traviesa sonrisa pronto apareció en su rostro–, Sí, Harry, eso me gustaría mucho. –Se paró de puntas y lo besó.
Harry aún estaba sonriendo como un loco varios minutos después cuando canceló los encantamientos de privacidad en la puerta.
–¿Madame Rosmerta? –llamó–. Un especial de San Valentín para dos, por favor. Y unas velas.
Luna se rio un poco–. Me está consintiendo, Sr. Potter –dijo.
–Sólo lo mejor, señorita Lovegood –dijo con una sonrisa. Era más un almuerzo tarde que cena, pero era el fin de semana de San Valentín, e iba a comer a la luz de las velas. Encendió tres al mismo tiempo, sin varita, con un chasquido de sus dedos.
–¿Puedes enseñarme a hacer eso? –preguntó Luna.
–Cuando tú quieras, Luna –le dijo–. Cuando tú quieras.
–Parece que alguien tuvo una cita agradable –dijo Hermione cuando regresaron al castillo.
–Fue excelente, muchas gracias –dijo Harry con orgullo–. Luna oficialmente aceptó ser mi novia.
–Eso sospeché. En verdad estoy feliz por ti. Pero… hay una cosa más que quiero que sepas.
–¿Qué es? –Hermione le mostró una sonrisa malvada.
–Luna es una niña muy dulce, y sabes que ha tenido problemas en su vida. No tiene muchos amigos. Ha perdido a casi toda su familia. No tiene a nadie más que a su padre realmente, y seamos honestos: él no está completamente bien. Así que te lo advierto ahora, bola de pelos… si la lastimas, yo haré que lo pagues.
