Capítulo 3: La mansión encantada

Se despertó a los pocos minutos con ánimo revitalizado.

Descubrió que se encontraba tumbada sobre un verde claro de hierba fresca, justo en medio de lo que parecía ser un bosque muy frondoso. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que en realidad no se hallaba en un bosque, sino en un gigantesco jardín, hermoso como ningún otro.

Confundida, comenzó a incorporarse para observar mejor el mágico entorno que la rodeaba. Frente a ella había una gran fuente de aguas cristalinas. A su alrededor había arboles altísimos, de diferentes tipos, que tenían hojas de colores nunca antes vistos en su reino, como el rojo, el amarillo o el rosado; todos estos arboles estaban cargados a rebozar de frutos que lucían realmente apetecibles. El prado estaba cubierto de flores de mil colores, que desprendían la más dulce de las fragancias. Decenas de mariposas revoloteaban revoltosas en torno a las flores; mientras, que un montón de inofensivos animales se dedicaban a corretear de aquí para allá, jugando a esconderse entre los arbustos y los rosales. Psyque sintió la imperiosa necesidad de salir a corretear junto a ellos, pero consiguió resistir la tentación a duras penas. Ella siempre había amado la naturaleza, así que solía escaparse de casa cuando era pequeña para jugar en los bosques, a pesar de las constantes regañinas de su madre. Sin embargo, jamás había visto un lugar tan bonito como este en ninguna de sus escapadas secretas.

- ¿Dónde estoy? – se preguntó a sí misma, maravillada ante este paraje de ensueño lleno de luz y color.

¿Estaba en el paraíso?

O … ¿quizás en algún lugar sacado directamente de un cuento de hadas?

- ¡Por todos los dioses! ¿Qué es- ...? - No pudo ni terminar la oración, pues algo llamó poderosamente su atención. Al alzar la vista divisó a lo lejos un enorme y reluciente palacio que sobresalía majestuoso sobre las copas de los árboles más altos. Y no solo eso. Una especie de escudo de fuerza invisible se expandía por toda el área. Su función parecía ser la de mantener oculto este lugar, aislándolo por completo del mundo exterior.

Incapaz de mantener a raya su incontenible curiosidad, la joven se aventuró a acercarse al misterioso palacio que divisó en la lejanía. El camino no tenía perdida, pues unos mosaicos de hermoso diseño formaban una senda que la dirigía directamente hasta su destino.

La imponente edificación era espectacular, hasta el punto de que parecía erigida por manos divinas. Su exterior estaba diseñado al detalle para lucir grande y lujoso. La fachada era lo que más llamaba la atención, porque estaba repleta de imágenes de todo tipo de bestias salvajes en relieve, que parecían preparadas para arremeter contra todo aquel que se atreviera a entrar. También había enormes estatuas de extrañas criaturas, magistralmente esculpidas, que parecían observarla mientras avanzaba sigilosa hacia la entrada principal.

Tras varios minutos de indecisión, la princesa traspasó el umbral con temerosa actitud. Al hacerlo se quedó pasmada ante el esplendor de tanta belleza. Si el palacio ya era espectacular por fuera, por dentro era un deleite:

Las paredes estaban recubiertas de una capa de oro, de modo que, cuando los rayos de sol impactaban sobre ellas, el dorado resplandecía con tal fulgor que prácticamente iluminaba toda la estancia. Los pasillos estaban decorados con decenas de arcos y columnas de exquisito diseño. Cada uno de estos elementos arquitectónicos lucía bellísimos relieves tallados a mano sobre su superficie. A lo largo del techo y las paredes podían verse hermosas pinturas de parajes encantados y bosques habitados por todo tipo de seres mitológicos. También había estatuas de oro macizo y adornos ostentosos hechos con finos materiales. El suelo era de mármol, con piedras preciosas incrustadas formando diversos patrones.

¡Qué bello era todo! ¡Qué bellas pinturas de ninfas y bosques de ensueño! ¡Y que estatuas de mármol tan exquisitamente esculpidas! ¿Eran rubíes esas piedras que decoraban el suelo por donde pisaba? Menuda maravilla.

Y justo cuando pensó que no podía asombrarse más, descubrió una gran cantidad de habitaciones con magnificas arcas repletas a rebosar de todo tipo de joyas. ¿Por qué los dueños de estas riquezas no tenían candados ni cerrojos para proteger su tesoro? ¿o vigilantes que custodiasen todas esas obras de arte?

Absorta como estaba ante tan ricas bellezas, no era de extrañarse que diese un brinco al oír un murmullo tras su espalda. Alguien estaba musitando algo, usando un tono de voz tan espectral que logró sacarla abruptamente de su ensueño. A esa voz espeluznante se le unieron muchas más, todas hablando entre murmullos que resonaban por todo el pasillo. Parecía que esas voces provenían de personas que debían encontrarse a escasos metros de distancia, pero por más que miraba no lograba ver a nadie cerca de ella.

- ¿F-Fantasmas? – balbuceó con un dramático gesto de espanto mientras iba retrocediendo lentamente, hasta que su espalda chocó contra una columna.

Los fantasmas le producían autentico pavor. Su padre le había leído durante su infancia múltiples relatos sobre ánimas que volvían al mundo de los vivos cuando los cultos funerarios no se realizaban de un modo correcto. Las almas permanecían sin reposo y podían regresar para reclamar lo que se les debía o exigir venganza. ¿Y si estaba en una de esas casas llenas de sombras espectrales? Por su propio bien, esperaba que este no fuera el caso. Su pobre corazón no lo resistiría.

De pronto, una de las voces sin cuerpo se dirigió directamente hacia ella. Sonaba muy distinta a las demás, pues no era espeluznante ni siniestra, sino todo lo contrario: dulce, educada e infantil.

- Mi ama. Bienvenida. Es todo un honor conocerla.

- ¿Q-Quien? - preguntó Psyque sobresaltada, sin poder evitar tartamudear. Pegó su espalda a la pared, tratando de alejarse lo más que pudo de ese ser que le estaba ofreciendo el más cordial de los saludos. - ¿Quién está ahí? ¡No puedo verte!

- Los ojos humanos no pueden vernos, mi bella ama. – habló de nuevo esa dulce voz que no provenía de cuerpo alguno.

- ¡Oh! ¡Qué maravilla! - comentó juguetona una segunda voz que se sumó a la conversación. También sonaba muy infantil, como una niña pequeña, pero era mucho más enérgica y jovial que la anterior. - ¡La mujer del amo es realmente hermosa! ¡Qué pícaro! Desde luego, nuestro amo sabe elegir~

Psyque mostró una expresión de absoluto desconcierto mientras escuchaba a estas dos voces incorpóreas hablando animadamente entre sí. Estas se pasaron un buen rato alabando su belleza, a la vez que comentaban el buen gusto de "su amo".

- ¿El amo? Entonces... ¿Esta es la casa del monstruo?

- ¿Monstruo? Oh, bueno ... ¡Si ese es el mote cariñoso que la señora ha elegido para el amo no seré yo quien la juzgue! ¡Desde luego que no! – dijo la segunda voz rebosante de alegría. - Además, tampoco va muy mal encaminada. El amo es tan aterrador...

Al oír eso, la asustadiza muchacha se acobardó aún más. ¿Qué quería decir exactamente ese ser cuando dijo que su amo era "aterrador"? Psyque sintió un nudo en el estómago y no pudo evitar ponerse nerviosa.

- ¡Espera! ¿Él es aterrador? ¿D-Dónde está? ¿Es un fantasma?

La princesa deseó con todas sus fuerzas que no lo fuera. Sinceramente, ella prefería mil veces a un monstruo espantoso que a un espectro o algún ser similar salido de lo más profundo del Inframundo. Por suerte, la segunda voz no tardó en responder a sus dudas mientras trataba de tranquilizarla.

- No se preocupe, porque nuestro amo no es un fantasma. Aunque me temo que no va a poder verlo...

- ¿Por qué? ¿También es invisible? ¿Está aquí? ¿¡Nos está escuchando!?

- Cálmese, señora, por favor. No hay ninguna necesidad de que entre en pánico.

- Exacto. No hay motivos para alarmarse tanto. – dijo la primera voz, la que sonaba más tranquila. - Además, el amo no está aquí, así que de momento no tiene por qué preocuparse por él. No obstante, el amo dijo que no se mantendría ausente por mucho tiempo y que probablemente volvería al anochecer. Disculpadlo, por favor. Tiene… varios asuntos que atender.

- E-Está bien. No hay nada que disculpar. De hecho, soy yo quien debería ofrecer mis más sinceras disculpas. Siento haber entrado sin el permiso de vuestro... bueno, de mi marid- ... eeeh. - Psyque tartamudeó confusa. No tenía muy claro cómo debería dirigirse a la bestia que la secuestró. - Del amo. Si... Sus riquezas. ¡No he tocado nada, de verdad! ¡Aunque son todas deslumbrantes! Ya quisiera yo tener aunque sea una mínima parte de lo que él posee.

Hubo una leve pausa tras esa última afirmación, hasta que la voz más dulce respondió un tanto confundida:

- ¿Disculpe? ¿Por qué se asombra usted de estas riquezas? Todo esto es suyo, bella señora, al igual que nosotras las voces que oyes. De hecho, nosotras dos hemos sido específicamente creadas para usted. Somos sus sirvientas y las encargadas de proveerle de todo cuanto quiera, por orden y gracia del amo.

- "¿Para mí?" - pensó ella sin salir de su asombro. - "¿Tengo sirvientas?"

Esto no era en absoluto lo que esperaba. Psyque creía que acabaría encerrada en una cueva lúgubre para ser utilizada según las apetencias de la bestia. Y, sin embargo, ahí estaba, en un lugar que parecía el paraíso en la Tierra, con riquezas e invisibles sirvientes. Esta situación se tornaba cada vez más surrealista a cada segundo que pasaba, por lo que no podía evitar pensar que todo lo que estaba viviendo no era nada más que una ilusión muy elaborada de su mente inquieta. No podía descartar la posibilidad de que la angustia que sintió cuando se quedó sola en aquel risco hubiese provocado esta extraña alucinación.

Ignorando por completo el dilema interno de Psyque, las dos voces siguieron parloteando incansablemente sobre el palacio, sus riquezas y las actividades que podía realizar en él:

- Si gusta, dulce ama, le enseñaremos los alrededores. Luego puede tomar un baño y cambiarse de ropa. Os traeré el traje más bonito que pueda encontrar para usted.

- ¡Si! ¡Tenemos una terma de agua caliente donde puede darse un chapuzón! – exclamó la más hiperactiva. - ¡Va a quedar super limpia y perfumada para su primera cita con el amo! ¡Que ilusión!

- Pero... – Psyque no sabía muy bien qué decir ni cómo reaccionar ante sus comentarios. Además… ¿Cómo qué primera cita con el amo?

Definitivamente no sabía cómo sentirse ante la posibilidad de conocer a su captor misterioso. Por un lado, no podía negar que una parte de ella deseaba reunirse con él. Después de todo, ella siempre pecaba de ser muy curiosa. Pero la otra parte estaba aterrada. La profecía no vaticinó nada bueno sobre este ser, así que debía ser precavida si quería mantenerse con vida.

- ¡Nada de peros, mi señora! ¡El amo dijo que teníamos que cuidarla muy bien! ¡Déjese cuidar por nosotras o el amo nos regañara!

- Nadie quiere ver a el amo enfadado... – dijo la voz dulce con gran pesar.

- ¡Exacto! – corroboró la segunda voz. - Además, usted quiere verse en la mejor condición posible para él. ¿¡A que sí, ama!?

- ¿Eh? ¡No! Es decir… ¿sí? - contestó Psique, un tanto abochornada. - Bueno, como digáis …

Sin más protestas, se dejó guiar por las serviciales voces incorpóreas. Primero, recorrieron juntas las principales zonas del palacio. El largo paseo transcurrió entre risas y amenas conversaciones, puesto que estas sirvientas eran adorables y sus charlas infantiles conseguían alegrar el corazón de Psyque. Después de dicho paseo, las voces la guiaron hasta los baños para que pudiera asearse. Finalmente, la ayudaron a vestirse y arreglarse.

Cuando llegó la hora de comer, Psyque tomó asiento frente a la mesa de un amplio comedor. Varios platos de comida, junto con una botella de vino perfumado, empezaron a desfilar frente a ella. Todos los manjares le eran servidos no por sirviente alguno, sino que parecían venir levitando como por arte de magia; tampoco se veían músicos ni cantores, pero en el aire sonaba música de cítara y hermosos cantos.

Psyque, sintiéndose cómoda ante un ambiente tan agradable, decidió dejar las preocupaciones a un lado, aunque fuese solo por un tiempo. Bailó al son de la música, probó todos los platos del menú, compartió bromas con sus sirvientas invisibles y se hizo amiga de los inocentes animales que merodeaban por las afueras del castillo.

Al caer la noche, se retiró a dormir, deseando que su familia hubiera estado ahí para disfrutar juntos de todas estas maravillas.

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"Esa cama de matrimonio es grande. Demasiado grande quizás."- pensó Psyque.

Efectivamente, ante ella había una cama de grandes dimensiones, con lustrosas sabanas y numerosos cojines. Tanto la cama como el resto de la habitación estaban decorados hasta el limite del exceso.

- … Mi monstruo esposo es realmente ostentoso. - se dijo a sí misma, tapándose la boca con la palma de su mano para no reír ante la prueba de su extravagancia. Definitivamente no debería reír en voz alta. El criticar a su desconocido marido sería inadecuado, aparte de potencialmente peligroso. ¿Quién sabe qué tipo de personalidad podría tener? Quizás el monstruo se ofendía con facilidad.

- Bueno, supongo que si, a veces es algo ostentoso. - contestó inesperadamente la sirviente invisible a la que Psyque bautizó con el nombre de Dulzura, por lo dulce que tenía su voz. Ella siempre sonaba serena como un mar en calma. También solía hablarle con cariño, de manera muy educada.

- ¡Ah! ¿Dulzura? - exclamó la muchacha sobresaltada. - ¿¡Aun estabas ahí!?

- Claro, pero he de irme ya, mi bella ama.

- ¡Nos veremos mañana! ¡Que descanse! – respondió la otra voz en un tono mucho más informal. Esta se llamaba Alegría por su actitud risueña, hiperactiva e impulsiva.

De todas las voces que escuchaba, estas eran las que tendían a estar más pendientes de ella. Las demás no tenían tanta personalidad y eran mucho más autómatas. A decir verdad, estas últimas a veces le daban un poco de miedo.

Psyque, un tanto fatigada por el cúmulo de emociones que le había tocado vivir, decidió que había llegado la hora de acostarse. Tras reprimir un bostezo, se despidió cariñosamente de sus dos sirvientas con un tierno beso lanzado al aire.

- Aah ¡Qué linda es! – exclamó Alegría. - ¡Déjame tirarle de los mofletes!

- No la molestes. La dulce ama necesita descansar.

- ¡No la molesto! ¡Ella me adora! ¿Es que no la has visto?

- Usted ignórela, mi ama. Acuéstese aquí tranquilita. Con su permiso, nosotras ya nos vamos. – proclamó Dulzura haciendo caso omiso a los reclamos de Alegría. – Que tenga lindos sueños.

Cuando ambas se retiraron del dormitorio, la habitación tenuemente iluminada quedó sumida en un silencio un tanto inquietante. Sin la inocente alegría que aportaban esas dos criaturas todo parecía un poco más tétrico con la llegada de la oscuridad.

La reflexiva Psyque permaneció de pie en medio del cuarto por un largo rato, tratando de poner en orden sus pensamientos. Luego dirigió sus pasos cautelosos hacía la cama de matrimonio para examinarla de cerca con cierta curiosidad...

¿Este lecho era solo para ella? ¿O vendría el dueño del palacio a dormir con ella?

Cierta preocupación comenzó a instaurarse en su alma ante estas preguntas retóricas. Su educación y cultura le imponían la norma de llegar virgen al casamiento. Pero...

¿Podría esto llegar siquiera a considerarse un casamiento?

¿Acaso su honor corría peligro esta noche?

¿Sabría esa criatura lo que implica el hecho de tener una esposa?

No tenía ni idea de lo que le iba a suceder esta noche. Tampoco quería pensar más sobre ello. Le había costado bastante estar de tan buen humor y no quería volver a angustiarse en vano. Después de todo, nada de lo que hiciera podría salvarla del destino que los dioses le habían impuesto. No podía marcharse, porque su reino sufriría las consecuencias de su desobediencia, y si se quedaba, tarde o temprano tendría que lidiar con su misterioso esposo. Hasta que ese momento llegara, trataría de relajarse y de no pensar en lo que él podría hacerle esta noche.

Así que, omitiendo deliberadamente todos sus miedos, Psyque se tumbó en esa cama envuelta en sabanas suaves como la seda y se dispuso a dormir. No podía negar que, además de ostentosa, era una cama muy cómoda. Psyque no pudo evitar llegar a la conclusión de que, aunque quisiera levantarse, su cuerpo no se lo iba a permitir, … no después de haber probado tan blando lecho. Sin duda, esta era la experiencia más cercana a acostarse en una nube que podría tener jamás.

Y así, sin darse apenas cuenta, su consciencia la fue abandonando poco a poco hasta que quedó profundamente dormida.

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Mientras, en los oscuros pasillos, seres sin cuerpo murmuraban al unisonó; el eco de sus voces retumbaba en cada rincón del palacio encantado y se confundía con el susurro del viento:

- Bienvenido sea el amo. – repetían una y otra vez. – Bienvenido sea el amo.

Todas las antorchas del palacio se fueron apagando solas, sin explicación aparente, a medida que una figura sombría avanzaba por el pasillo en dirección a los aposentos de Psyque.


ACLARACIONES:

1) He tratado de describir el palacio de la forma en la que está descrito en el relato original, pero añadiendo un par de cosas. También he añadido a estos dos personajes, Dulzura y Alegría. Les he puesto esos nombres porque considero que la dulzura y la alegría son la esencia del alma de Psyque en esta historia.

2) No sabía si el esposo de Psyque debería tener una personalidad siniestra o todo lo contrario: dulce y traviesa. Así que voy a hacer dos fic, para no tener que elegir entre las dos opciones:

- En este, la personalidad de su esposo será bastante peculiar. Ya le conoceréis en el próximo capitulo.

- Más adelante, haré el otro fic. Será muy corto (de uno o dos capítulos) con una historia un poco más oscura. El esposo de Psyque será más posesivo en ese fic, quizás habrá contenido explícito y probablemente tendría que clasificarlo como M.