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Mientras, en los oscuros pasillos, seres sin cuerpo murmuraban al unisonó; el eco de sus voces retumbaba en cada rincón del palacio encantado y se confundía con el susurro del viento:

- Bienvenido sea el amo. – repetían una y otra vez. – Bienvenido sea el amo.

Todas las antorchas del palacio se fueron apagando solas, sin explicación aparente, a medida que una figura sombría avanzaba por el pasillo en dirección a los aposentos de Psyque.

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-Capítulo 4: El monstruo, parte 1-

De pronto, el descanso de la joven humana fue interrumpido por una inexplicable ráfaga de viento que apagó todas las fuentes de luz de aquel dormitorio. Tras este inesperado suceso, notó un abrupto cambio en la atmósfera. No supo cómo explicarlo con certeza, pero algo se sentía diferente a su alrededor.

A pesar de su incertidumbre, había una cosa de la que estaba segura:

No estaba sola…

Algo entró por la ventana. Algo se había colado en la habitación y se movía sigiloso entre las sombras, oculto bajo el velo de la noche. Algo avanzaba lentamente hacia ella.

Escuchaba ruidos. Pisadas. Sentía un par de ojos depredadores observarla fijamente…

Psyque no supo si su cuerpo empezó a temblar de frío por la brisa que se colaba a través de esa ventana abierta o por el miedo que empezaba a reptar bajo su piel, provocando escalofríos a lo largo de su columna vertebral. Sintió el impulso casi incontrolable de esconderse bajo las sabanas, como una niña pequeña asustada por las criaturas que la perseguían en sus pesadillas.

- ¿Q-quién está ahí ...? – le preguntó a la nada. La oscuridad no le respondió.

Poco a poco, la joven se fue incorporando hasta quedar de rodillas sobre la cama. Entró en pánico al oír un nuevo ruido sospechoso en un punto concreto de la habitación y giró la cabeza hacia esa dirección con tanta brusquedad que, por un instante, llegó a preguntarse si se habría hecho daño en el cuello. Con su mirada recorrió frenéticamente cada rincón de la habitación en penumbra, pero la falta de iluminación le impedía ver absolutamente nada. Sin embargo, aunque no pudiera vislumbrar al supuesto intruso, estaba totalmente convencida de que ahí había alguien.

"Es mi marido. Sé que es él… ¿Ha venido a tomarme? ¿O a hacer algo incluso peor?"

- ¡Sé que estás ahí! ¡S-Sal de donde estés! – dijo en voz alta. Trató de sonar valiente y decidida, a pesar de que no se sintiera ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, el leve titubeo en su voz delataba su creciente ansiedad.

Recordó entonces que había una lámpara de aceite sobre el mueble que estaba justo al lado de la cama, así que rápidamente se hizo con ella y trató de encenderla. Le resultó complicado, pues sus manos temblaban, pero finalmente lo consiguió tras un par de intentos. Alzó la luz hacia la ventana, de forma vacilante, deseando hallar lo que se escondía en las tinieblas; pero la lámpara se apagó de inmediato, sin ningún motivo, dejándola de nuevo a oscuras. Antes de que la llama se extinguiera, pudo divisar una sombra que se desvaneció en el aire cuando dirigió su luz hacia ella. Apenas duró un segundo, pero estaba segura de que lo que había visto era real. No era su imaginación alocada. Realmente había un intruso. El susto al verlo fue tan grande que dejó caer la lámpara al suelo.

A oscuras, sin saber que hacer, la pobre chica se quedó de rodillas sobre la cama, tensa e inmóvil, esperando que algo sucediese. Algo, fuera lo que fuera…

Recordó entonces la funesta profecía, que ahora sonaba en bucle en su cabeza.

¿Y si en verdad es un fantasma o un monstruo?

¿Y si es una bestia que viene a devorarla?

Tenía miedo, o más bien dicho, sentía autentico pavor. Pensó que finalmente había aceptado el tétrico destino de ser la esposa de un monstruo, pero se ve que estaba equivocada. Ahora que llegaba el momento de la verdad, solo podía sentir desesperación.

- ¡Deja de jugar conmigo y sal, p-por favor! – le suplicó, mientras sus manos se aferraban a las sábanas con fuerza.

Su cuerpo entero se paralizó cuando la cama se hundió tras ella, produciendo un agudo crujido, como si alguien se estuviera subiendo sobre ella. Al mirar por el rabillo del ojo, efectivamente, vio que el colchón estaba hundido, a pesar de que no se podía ver a nadie allí sentado.

Reuniendo todo el valor que tenía, giró su cuerpo muy lentamente para encarar a la tenebrosa presencia. Ahora estaba segura de que se encontraba justo enfrente de ella.

Muy cerca...

La presencia estaba demasiado cerca.

Un escalofrió recorrió su espina dorsal cuando sintió el delicado toque de unos dedos sobre su mejilla. El sutil roce, lejos de lo que ella esperaba, era extremadamente gentil. Su primer impulso fue gritar ante el inesperado contacto, pero se contuvo. En su lugar, cerró los ojos con fuerza y se quedó totalmente inmóvil, al igual que la mano que ahora descansaba en su rostro. Y así permaneció por un tiempo, sin moverse ni un milímetro.

Al ver que nada malo sucedía, abrió los ojos lentamente. Centró entonces toda su atención en la sensación que le transmitía ese toque fantasmal.

- "Una mano. Parece humana." – pensó ligeramente aliviada. - "Es una mano… muy cálida."

Realmente se sentía como una mano normal. Sin garras. Sin escamas. Sin dedos de más. Tan solo una mano muy suave y gentil.

- "Cálida como ninguna otra."

Su calidez, de algún modo, la tranquilizó aún más.

Pero poco duró la calma, porque esa mano no se quedó quieta por mucho más tiempo. El desconocido comenzó a acariciar muy dulcemente su rostro. La tímida joven sintió sus mejillas arder cuando uno de sus dedos empezó a recorrer sus labios entreabiertos, a paso tortuosamente lento, como si el extraño quisiera memorizar lo suaves que estos se sentían bajo su tacto. Primero acarició el labio superior, ejerciendo una leve presión, para luego pasar al labio inferior.

Cuando finalmente abandonó los tentadores labios de la inocente joven, la mano invisible se fue deslizando muy despacito hasta hundir sus dedos en su pelo y juguetear con las finas hebras de su cabello. Luego, se deslizó hacia la parte más sensible de su nuca, provocándole un escalofrío ante su toque ligero como una pluma.

Cada una de sus caricias era suave, tierna, seductora …

La nerviosa chica sintió como su pulso se aceleraba. Podía sentir un placentero cosquilleo en la piel, ahí donde la presencia misteriosa la había tocado.

Entonces, se dio cuenta de que la presencia se acercaba aún más. Notó el cálido aliento de su respiración sobre su piel sensible y el sutil roce de unos labios contra el lóbulo de su oreja. Una voz sensual, dulce como la miel, le susurró cerca, muy cerca de su oído.

- No hay razón para tenerme miedo. Lo último que quiero es hacerte daño.

Psyque se asombró al escuchar tan mansas palabras, pero se recordó a si misma que no debía confiar en ellas. Este ser maligno tan solo estaba tratando de engañarla para que bajase la guardia y ella no estaba dispuesta a permitir tal cosa. Así que, cuando el extraño la tomó por la cintura, ella se apartó de golpe y retrocedió hasta que su espalda chocó contra los almohadones. Trató entonces de reunir todo el coraje que pudo para hablarle, a pesar de que su cuerpo empezó a temblar de miedo.

- N-No te creo. – le dijo con un hilo de voz, alejándose un poco más para intentar recuperar la compostura. Su cercanía provocaba que su corazón latiera desbocado y no la dejaba pensar con claridad. – A mis odios ha llegado la advertencia de que no puedo confiar en ti. Me han dicho que eres un monstruo horrible.

- ¿Un monstruo? - susurró muy bajito con esa voz que sonaba terriblemente irresistible. Se echó a reír por lo bajo de forma burlona y tanto cruel, antes de dirigirse a ella y preguntarle. – ¿De verdad crees que un monstruo se moriría por ti como yo lo hago? ¿O te acariciaría de la forma en la que yo quiero hacerlo?

El desconocido puso el dedo índice sobre sus labios y los acarició como había hecho anteriormente. De nuevo, su toque vino acompañado de una gentileza impropia de una bestia. Psyque no supo cómo ni por qué, pero cuando él la tocaba prendía un fuego en su interior capaz de derretir su corazón por completo. Por el contrario, cuando la breve caricia terminó, sintió un frió que heló todo su cuerpo. Una extraña conexión establecida por el mismísimo destino parecía unir irrevocablemente su corazón al de este… ¿monstruo?

Su voluntad pronto empezó a tambalearse y las dudas asaltaron su mente: ¿Podría un vil monstruo hacerla sentir de esta manera?

- N-No debo confiar en ti… - dijo Psyque, sonando ahora muy insegura sobre su propia acusación. - … Eres un monstruo que probablemente me quiere devorar.

Al parecer, el desconocido pareció notar su falta de convicción y decidió contraatacar con una provocación:

- ¿Devorarte? – Podía percibirse cierta burla mal disimulada en el tono de su voz. - ...Bueno, si ese es el caso, a lo mejor sí que soy un monstruo. Porque quizás sí que quiero devorarte. Y tal vez quiero que grites mientras lo haga, hasta que llegue un punto en el que te quedes sin voz para seguir chillando. Dime, ¿te gustaría eso?

Psyque estaba muy confundida tras escuchar estas palabras; tanto que no supo muy bien que contestar. No parecía que el desconocido estuviera hablando de que fuera a devorarla en el sentido literal de la palabra. Más bien parecía que se le estaba insinuando descaradamente para obtener algún tipo de reacción de su parte. ¿Qué clase de juego estaba jugando este sujeto? ¿Acaso era típico de los monstruos el jugar con la comida? ¿O burlarse de sus presas?

- C-Cuando digo que eres un monstruo dispuesto a devorarme, no me refiero a "devorarme" de la forma en la que lo estás insinuando…

- ¿De qué forma lo estoy insinuando?

- ¿Cómo que de qué forma lo estás insinuando? – dijo la chica claramente avergonzada por tener que aclarar algo tan obvio. - Y-Ya sabes. De la forma en la que… lo estás insinuando. De una forma… ¿sucia?

- ¿Sucia? No sé a qué te refieres. – respondió él, fingiendo ahora una inocencia evidentemente falsa.

Esto descolocó por completo a la joven e ingenua Psyque, que de nuevo no supo muy bien que responderle.

- N-No finjas que no me entiendes.

- No entiendo nada de lo que estás hablando. Solo soy un alma cándida e inocente. Me parece que la única con la mente sucia aquí eres tú.

- ¿¡Eeh!?

La chica empezó a sentirse terriblemente abochornada, hasta el punto en el que no sabía ni dónde meterse. Su miedo comenzó a disiparse para dar paso a una nueva sensación que la hacía sentirse muy alterada. ¿Y quién era el culpable? Esta criatura que parecía haber desarrollado un extraño gusto por tomarle el pelo.

- ¡No finjas que no sabes de qué hablo! ¡Ya sabes! ¡Devorar! ¡De la forma en la que un monstruo devora a una mujer!

- Ni idea. – le respondió de la forma más mordaz posible, provocando cierta indignación por parte de la chica. - Pero suena apetecible…

- ¡Basta! ¡El punto es que eres un monstruo feo y asqueroso! ¡Así que no trates de engañarme!

- Que mi mujer diga que soy feo y asqueroso me rompe el corazón.

- ¿Tú mujer qué? ¡No te burles de mí!

Estaba más que confirmado. Esta persona, monstruo, o lo que sea no la estaba tomando en serio en absoluto.

- Mejor deja de hablar. ¡Muéstrate ante mí!

- Me alegra que estés tan desesperada por verme~ - le dijo esa voz maliciosa. - ¿Y si no me muestro ante ti qué harás?

- D-Darte con un palo en toda la cara. – soltó ella sin llegar a creerse su propia amenaza, ya que no era una persona muy proclive a la violencia. Sin embargo, tal vez con estas palabras conseguiría persuadir a la criatura para que se mostrara ante ella.

- Ah, ¿sí? Qué cruel… – dijo el acompañante misterioso antes de inclinarse para tomarla de la cintura y atraerla hacía él con el mismo ímpetu con el que un depredador atrae a su presa. – Y luego dices que yo soy el monstruo.

- ¿¡Qué estás haciendo!? – exclamó sorprendida. - ¡S-Suéltame!

- Mejor verte molesta que aterrada.

Y tras decir estas palabras, se acercó para besarla. Psyque simplemente se quedó allí, pasmada, sin saber que hacer al tenerlo tan cerca, tocándola de la manera en la que lo estaba haciendo. Sus mejillas se tiñeron de rojo al sentir el calor de este cuerpo contra el suyo y al notar sus manos sobre su cintura, tocándola a través de la fina tela sin ningún pudor. Haciendo acopio de toda su voluntad, giró la cara para que no la besara y trató de alejarse débilmente. Él estaba cerca. Él estaba demasiado cerca. Tanto que podía oler el irresistible aroma de sus cabellos.

¿Por qué olía tan bien?

…Era increíble.

- ¿Qué pasa? Pensé que ibas a oponer más resistencia. – exclamó el extraño en tono melodramático. - ¡Que chica tan fácil! ¿No decías que ibas a darme un golpe con un palo o algo así? Aún estoy esperando…

La provocación fue más que suficiente para sacar a Psyque de su trance.

- "¡Es cierto! ¿Qué estoy haciendo? ¡No puedo dejar que este… ser tan irritante se aproveche de mí! ¡He de proteger mi honor!" – pensó muy molesta consigo misma y con el sujeto que la había puesto en esta situación.

Acto seguido, intentó alejarse de él todo lo que pudo. No fue muy difícil cumplir este objetivo, ya que él la dejó escapar sin apenas oponer resistencia alguna.

Psyque se echó fuera de la cama de un salto, en busca de algún objeto para poder defenderse de tan extraño sujeto. Sin embargo, debido a los nervios, tropezó con las sabanas desperdigadas cerca de la cama e hizo un par de torpes piruetas para evitar caer de bruces al suelo. Sintiéndose terriblemente avergonzada, Psyque decidió ignorar la humillación de su torpeza. Corrió hacia el otro lado de la habitación y agarró varios objetos a modo de defensa. No sabía ni lo que eran, porque todo estaba muy oscuro, pero cualquier cosa era mejor que nada, al fin y al cabo.

- ¡T-Tú! ¡Fantasma invisible! ¡Mantente alejado de mí!... Si te acercas te juro qu-ee ...

- ¿Ves? Mejor molesta que aterrada. ¿Y ahora qué vas a hacer con eso? Lamento tener que desilusionarte ahora que estás tan motivada, pero ese libro de contabilidad que tienes en las manos no es una buena arma de defensa. ¿Me vas a leer hasta que caiga dormido? Un plan bastante infalible, la verdad. - contestó alegremente esa invisible presencia. – Pero para ser sincero, antes que leer eso, preferiría hacer otras cosas contigo.

Psyque no daba crédito a lo que estaba escuchando. Este ser no era para nada monstruoso ni tenía una actitud fría, al contrario de lo que cabría esperarse tras oír aquella funesta profecía. Más bien era todo lo contrario: jovial, alegre, osado y bastante...

- ¡Descarado! – gritó la chica.

Su insulto no ofendió al aludido en absoluto. De hecho, la voz comenzó a reír suavemente, disfrutando de la reacción de la linda joven. Además, también parecía estar disfrutando de toda la conmoción que había causado con sus actos. Efectivamente, montar un caos por donde quiera que pasara era algo que se le daba muy bien.

Cansada de su absurdo juego, Psyque reunió de nuevo todo su coraje, cerró los ojos con fuerza y lanzó el libro que tenía entre sus manos en dirección al lugar donde le escuchó reír por última vez.

El libro cayó al suelo con un contundente golpe. La habitación quedó entonces sumida en un profundo silencio.

- ¿H-Hola? ¿Estás ahí todavía?

Nadie contestó.

- "¿Le habré dado?" – pensó preocupada. – "¿Y si le he hecho daño?"

Como respuesta a su pregunta recibió otro beso sorpresa. La fantasmal presencia apareció de repente, posando sus labios delicadamente sobre su piel, para luego esfumarse en la nada tan rápido como había aparecido.

- "De todos los monstruos posibles, ¿por qué me tuvo que tocar un fantasma?" – pensó muy dramáticamente, antes de soltar un grito ahogado y echar a correr hacia el otro lado de la habitación.

No obstante, Psyque no fue capaz de distinguir los obstáculos que entorpecían su huida, por la falta de luz en ese oscuro cuarto. Al girar sobre sí misma y retroceder marcha atrás, tropezó con el mismo libro que había lanzado antes y perdió el equilibrio.

Cuando estaba a punto de caer al suelo de espaldas chocó contra algo. Un cuerpo… ¿humano?

Eso parecía. Se trataba de un hombre delgado, un poco más alto que ella. Sus grandes manos, suaves como la seda, la sujetaron de los hombros con desbordante gentileza para evitar que cayera.

- Cuidado. Te harás daño. – le susurró sin dejar de sostenerla lo más cerca posible de él.

- … ¿D-De quién es la culpa? – respondió nerviosa ante su proximidad. Cuando le escuchó reír muy bajito cerca de su oído su corazón dio un vuelco.

- Tuya, por subirme el ánimo. En realidad, me había propuesto ser más delicado contigo, pero parece que me he dejado llevar... – Y tras una pausa, añadió. - Ya no me tienes miedo, ¿verdad?

Psyque estuvo a punto de contestar, pero de pronto se dio cuenta de un detalle de suma importancia que casi la deja muda: las manos que la sostenían se habían vuelto corpóreas.

- "Ya no es invisible."

Al girar levemente la cabeza, pudo vislumbrar la figura de un hombre. Alzó la vista un poco más para poder ver su rostro, pero la oscuridad no la dejaba distinguir ningún rasgo.

Y a pesar de que no sabía ni cómo era su cara ...

¿Por qué su corazón latía tan apresuradamente por este desconocido?

Era muy extraño. Jamás le había pasado algo así.

- ¿Cómo has hecho eso? Antes eras invisible y ahora no. Además, hace un momento estabas en la otra punta del cuarto y ahora estás detrás de mí, sujetándome. ¿Cómo es posible? ¿Cómo ha llegado hasta aquí en menos de un segundo? Nadie es capaz de hacer eso. Ni siquiera un monstruo.

- Tal vez soy muy rápido. O tal vez no deberías confiar tanto en tus sentidos. Si algo he aprendido a lo largo del tiempo es que la mente humana es frágil y moldeable. Engañar al cerebro para que crea que un objeto está en determinado lugar es una tarea sencilla. Asimismo, también puedo engañarlo para que no vea algo que tiene justo delante de sus narices. Cualquier hombre o bestia podría hacer algo como esto si cuenta con lo que hay que tener para hacerlo. Incluso tu propio cerebro se engaña a si mismo de vez en cuando sin necesidad de magia o entrenamiento alguno.

- Entonces podrías estar engañándome ahora mismo, para que mi mente no pueda ver tu imagen, como un mago cuando hace desaparecer un objeto que en realidad sigue estando ahí. O quizás ni siquiera eres real. Quizás todo esto es una ilusión que has creado y en realidad yo estoy sola en este cuarto.

Podría ser... Realmente se sentía como si nada de esto estuviera sucediendo. Todo lo que le estaba pasando era demasiado surrealista para ser verdad.

- Quizás. - respondió vagamente, tal vez deseando jugar con su paciencia o sus expectativas.

- P-por favor, respóndeme de forma seria y sincera. Esto... es un poco aterrador. – insistió ella, pues no tenía ánimo para más juegos. Anhelaba una verdad a la que aferrarse en estos momentos confusos. - Tú eres... ¿real?

- No es eso lo que quieres preguntar.

Hubo una pausa después de tan rotunda afirmación...

- ¿Q-Qué es lo que quiero preguntar?

- No. No soy humano. – respondió él simplemente. No hizo falta que le aclarara cuál era la pregunta, pues ya le había dado la respuesta.

Luego, él añadió:

- No soy un humano común y corriente. Tampoco se podría decir que soy un monstruo en el sentido estricto de la palabra. No soy nada. Por tu propio bien, no insistas en saber lo que soy. Eso solo te traerá desgracias.

Psyque no entendió muy bien su enigmática respuesta, pero decidió pasarlo por alto. Nada ganaba con volver a preguntar, porque recibiría un respuesta idéntica o similar a la anterior. En su lugar, tragó saliva e intentó aplacar sus nervios, reuniendo el valor suficiente para proseguir con su interrogatorio.

- ¿Y ahora qué? ¿Vas a hacerme daño?

- ¿Yo? – exclamó ligeramente indignado. - Ya te lo dije antes, mi dulce Psyque. Dañarte es lo último que quiero.

"Mi dulce Psyque" – pensó ella. Se sorprendió al escucharle pronunciar su nombre con tanta familiaridad. ¿Acaso él la conocía de algo? Y si la respuesta era afirmativa, ¿cuándo y dónde la había visto? ¿Era uno de sus admiradores?

- … ¿Psyque? ¿Cómo sabes mi nombre?

- Simplemente lo sé, mi dulce Psyque.

Pero, ¿cómo lo sabía? ¿Por qué no le daba una respuesta clara? Las preguntas no paraban de acumularse en su mente, pero seguía sin obtener las tan ansiadas respuestas que tanto buscaba.

- E-Está bien. Si no quieres aclarar mis dudas, al menos dime una cosa. ¿Qué quieres hacer conmigo? – preguntó ella ligeramente angustiada.

- Hacerte feliz.

Esta respuesta tan directa y sincera dejó a la chica sin habla por varios segundos. Realmente sonaba sincero… ¿Pero por qué querría este extraño verla feliz? ¿La conocía de algo? ¿Quién era él?

- … N-No quieres decirme qué eres, pero… ¿Podre algún día saber quién eres?

- ¿Quieres que te diga ahora mismo quién soy?

Psyque movió la cabeza afirmativamente, impaciente por desvelar el gran misterio.

- … Soy el que más te ama en el mundo.

Tras esta declaración de amor tan directa, el desconocido la rodeó amorosamente con sus firmes brazos y la abrazó fuerte hasta que no hubo separación alguna entre ambos. Su ferviente abrazo expresaba tanto amor como la declaración de sus sentimientos. Su cuerpo, aparentemente humano, encajaba perfectamente contra el suyo y le brindaba su calor. Sus cabellos le hacían cosquillas en su piel y el aroma que emanaba de ellos era hipnotizante.

Aquel desconocido permaneció un buen rato así, entregado a ese cálido abrazo, antes de girar su cabeza para depositar un beso sobre la piel sensible de su cuello. Tras este cándido beso vinieron muchos más, cada uno más tierno que el anterior.

Psyque se estremeció ante la más placentera de las sensaciones. Un calor invadió su cuerpo ante el toque prolongado de esos suaves labios contra su piel caliente.

¿Quién era este ser?

¿Y por qué todo en él le parecía tan terriblemente irresistible?

Su voz era irresistible. Su actitud era irresistible. Sus palabras llenas de afecto eran irresistibles. Su toque era irresistible.

La pobre Psyque no podía evitar caer víctima de su encanto. El efecto que este desconocido ejercía sobre ella era devastador.