Hola amigos, soy Yuzu

Esta vez traigo un escrito tipo epístola, en este caso de Sesshomaru y sus sentimientos como opiniones con respecto a Inuyasha, aunque también con motivo del hype que está generando el capítulo 8 de Yashahime con respecto al paradero del hanyou y Aome como la supuesta separación de Moroha a manos de supuestamente en una conjura de Sesshomaru con Kirinmaru.

Espero que lo disfruten porque este escrito para mí es como antesala de las lágrimas que derramaré al ver el pasado de la best girl Moroha.

Yuzu y fuera

.

.

.

Estimado Inuyasha

¿Cómo estás?

No es como si me interesara en ese tipo de cosas pero solo quiero saber cómo es tu estado.

Supongo que en estos momentos estás sentado en lo alto de tu árbol favorito o quizás haciendo una tontería y claro, la humana que tienes por mujer te está regañando como si fueras una mascota, lo mismo que con tu hija Moroha.

Sigo notando cómo pasa el tiempo y tú sigues al lado de la humana sacerdotisa, el monje y la exterminadora y el niño zorro, peleando con y por ellos, viajando, conviviendo con ellos y disfrutando de su compañía. Y aun así, yo no lo comprendo.

Odiaría tu forma de comportarte, quizás también la manera en la que te mueves, y detestarte cuando juegas como un chiquillo insolente. Me causarías repulsión todo tu atrevimiento, tu presencia y tu forma de ser. Debería ir ahora mismo hasta donde te encuentras y matarte, solo para ver entonces como esa mujer humana corre a tu lado y se deshace en llanto al verte agonizar, para ver como tus "amigos", como los llamas, me miran con los ojos cargados con odio y espanto. Entonces los mataría también, solo para que no me miren a los ojos. Debería causarte todo el dolor que tu existencia me ha causado.

Quisiera odiarte con cada fibra de mi ser como repulsión ante tu aroma, en el que se cuela el olor a humano, debí haberte matado hace mucho tiempo solo para tener la satisfacción de saber que estás muerto, solo para poder dormir tranquilo sabiendo que la persona causante de la muerte de mi Padre se pudre bajo tierra. Debí haberlo hecho hace mucho tiempo, debí haberte asesinado en cuanto sentí tu presencia, en cuanto supe de tu existencia, debí haberte eliminado en cuanto naciste. Pero no lo hice.

Es bastante obvio que mi persona no se atrevería a eliminar a la persona fruto de la felicidad más grande de mi Padre. No podría matarte, sabiendo que mi Padre amó tanto a tu humana madre, sabiendo que él la amó tanto como para morir para que ella viviera.

Aún así, él murió para salvarles la vida. A ella, y a ti. Ni tampoco me atrevería a manchar mis manos con tu sangre, ni siquiera verte a los ojos en ese momento y ver reflejado en ellos el pánico, el desprecio, el odio... Sabiendo que mi padre peleó hasta el último momento de su preciosa vida, tratando de salvar la tuya.

No me atrevería a vivir sabiendo que soy yo el culpable de eliminar aquello por lo que él peleó con tanto coraje. Sería un insulto a su memoria como también hacer que su muerte hubiera sido en vano. Y ni me atrevería a vivir sabiendo que yo sería el causante. No me atrevería, y aún ahora, después de tantos años de rumiar mi odio contra ti, después de tantas veces de echar todo mi remordimiento por la borda y de acercarme hasta tu persona para darte muerte de una vez por todas, a la hora que he decidido que tu fin está escrito; en medio de la batalla.

Pero siempre te dejo vivir un día más, repitiéndome en mi interior que será sólo un día, que te compadezca; a pesar que la compasión no es propio de mí y jamás creí que alguien como yo pudiera sentir algo tan estúpido; que te deje vivir con la condición de que la próxima vez sí lograré eliminarte, y que será aún más doloroso y vergonzoso para tí pues sabrás que moriste a manos de tu medio hermano. Y me alejo, dejándote herido y desangrado, viendo en los ojos de tu mujer como de tu hija el alivio de saber que estarán a tu lado durante otro día más.

A lo largo de las lunas llenas he olvidado cómo odiarte, en cuanto te veo disfrutar tanto de la compañía de esas personas como de tu familia. He olvidado cómo cuando veo cómo Colmillo de Acero, la espada tan magnífica que posees, y que no mereces, crece tanto y se llena de tanto poder cada vez que tus seres queridos, sobre todo tu esposa e hija que siempre están contigo se encuentran en peligro, cuando miro cómo te desvives para protegerlos.

Lo he olvidado por completo cuando veo que esos vínculos, esas personas que siempre están a tu lado a pesar de todo, sobre todo tu mujer, esa humana se enloquece, grita, sufre, se desespera, se alegra, se enfurece, se alivia, llora por ti… De hecho ella hace de todo por ti y también por tu hija que heredó tu viva actitud y persona.

Todo eso por causa tuya, todo eso por tu culpa. Y aun así, siguen a tu lado, incondicionalmente, todos y cada uno de los días que pasan. Es extraño e impropio de mí ser pero me causas una envidia, pero no cualquier envidia, una bastante buena, sana, diría yo.

Se nota con el paso del tiempo que has aprendido a gozar de la compañía, tanto de esas personas como de la vida como si fueras otro humano. De hecho, con más de uno ahora que hiciste tu familia al igual que yo. Algo imperdonable para un youkai como yo y que al menos debería avergonzarte un poco, al ser tan siquiera un hanyou y en cuyas venas corren la noble sangre de mi Padre, al llevar en ti algo tan precioso como el legado de Inu no Taisho, lo mismo en tu hija que lleva una parte de él siendo una nihanyou.

Aun con todo lo anterior mencionado, nada de eso parece importarte. Nada de eso parece más importante que la compañía de esa humana como de tus vínculos humanos. Nada, ni siquiera el hecho de que por su causa perdiste la única oportunidad de convertirte en un verdadero youkai. Ni siquiera porque ella es la causante de la mayoría de tus desgracias, dejarás de amarla.

Siempre me he preguntado, ¿Por qué amas a esa mujer y a tu hija? ¿Por qué eres capaz de protegerlas a toda costa? Cada vez que me formulo esas interrogantes me cuesta entenderlo.

Y es que por más que me pese, cuando observo cómo das todo para protegerlas y usas esa preciosa espada para un propósito como como salvarle la vida... Sin quererlo veo a mi Padre en ti.

Sin quererlo, sin poder evitarlo, sin poder hacer nada para eliminar este sentimiento que me llena de rabia y hace hervir mi sangre cuando me doy cuenta; sin proponérmelo... me enorgullezco.

Me causa orgullo ver cómo hasta en la manera de amar te pareces a Él.

Poco a poco me he ido acostumbrando a tu modo de vida, a tu manera de ver las cosas, a tu forma de pelear, de convivir, de pensar, de sentir, de ser, de querer... Y te he ido perdonando la vida. Cada día que pasa, he decidido perdonarte un día de vida. He decidido que mereces vivir.

He decidido que no tiene nada de malo que vivas en el mismo lugar que yo, ni que respires el mismo aire que yo, ni que compartas el legado de mi Padre conmigo. He decidido que puedo perdonarte que uses a Colmillo de Acero con esos propósitos, he decidido que puedo comprender que me hiciste lo que me hiciste, con tal de salvar a esa mujer. He decidido que mi Padre se sentiría contento de ser tu Padre también.

He decidido que puedo aceptar que seas mi hermano, que esa mujer sea mi cuñada y que esa niña tan humana pero tan parecida a ti sea mi sobrina como prima de mis dos herederas.

He decidido que puedo aceptar que vivas con humanos, porque incluso yo he caído tan bajo como para aceptar que dos criaturas inferiores a mí estén a mi lado… Una de ellas es mi más grande vinculo como madre de mis dos herederas, la madre de Towa y Setsuna y el otro es mi más leal sirviente hasta diría yo que mi mano derecha.

He decidido que puedes quedarte con Colmillo de Acero para proteger a los que quieres por siempre, porque incluso yo, un youkai puro; que solía matar a las personas que osaban mirarme simplemente porque sus ojos no podían tener el privilegio de hacerlo sin recibir su castigo; no puedo vivir cada vez que mi amada esposa, mi amada Rin se entierra una astilla en una de sus manos, o se cae y llora.

No puedo vivir sabiendo que ella sufre. No puedo soportarlo. No sé qué haría si algún día alguien se atreviera a hacerle algún daño. Sufro con sus lágrimas. Sufro sabiendo que ella sufre. Lo mismo va para mis dos hijas, en especial, a mi querida Setsuna.

Por eso, he decidido perdonarte la vida. Por eso, he decidido que no me avergüenzo de ti.

Espero que leas esta carta si es que al menos sepas como hacerlo.

Con puño y letra de tu hermano mayor como monarca y gobernante de Sengoku

Sesshomaru